AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 5 Octubre  2003
La buena fe
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 5 Octubre 2003

Atucha, en lucha
JAIME CAMPMANY ABC 5 Octubre 2003

Más tenacidad que inteligencia
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 5 Octubre 2003

El Plan Maragall
M. Isabel Calero La Razón 5 Octubre 2003

Al murciano, ni agua
PABLO PLANAS ABC 5 Octubre 2003

El equidistante
José María Carrascal La Razón 5 Octubre 2003

Maragall agita las aguas
José Cavero El Ideal Gallego 5 Octubre 2003

El espectáculo vasco
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 5 Octubre 2003

La victoria definitiva o el canto del cisne
JOSEBA ARREGI/El Correo 5 Octubre 2003

Por qué Ibarretxe debe retirar su plan
JOSU MONTALBÁN  El Correo 5 Octubre 2003

Perseverar en la alternativa
CARLOS URQUIJO VALDIVIELSO El Correo 5 Octubre 2003

Separatismo español
Miguel Martín La Razón 5 Octubre 2003

El «comando Vizcaya» utilizaba el ordenador de un ayuntamiento del PNV para lograr datos
J. M. Zuloaga / R. L. Vargas - Madrid.- La Razón 5 Octubre 2003

«El plan Ibarretxe fracasará porque los vascos desean paz y progreso»
J. J. CORCUERA MADRID El Correo 5 Octubre 2003

Múgica acusa a Ibarretxe de excluir a los vascos que buscan la paz «sin inclinarse»
AGENCIAS/LOGROÑO El Correo 5 Octubre 2003
 

La buena fe
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 5 Octubre 2003

LOS latinos acuñaron el aforismo «pacta sunt servanda» (los pactos deben ser cumplidos). En el énfasis de ese apotegma jurídico se trasluce, más que su carácter coercitivo, su hondura moral, o, en otras palabras, el principio universal de que los acuerdos tienen que cumplirse con buena fe por los que los suscriben, sin reservas mentales torticeras, con limpieza. Gregorio Peces Barba, uno de los siete padres de la Constitución española, se dolía en unas recientes declaraciones de su «ingenuidad» en la negociación del texto constitucional. Lo hacía sinceramente, con serenidad y sin rencor. Simplemente, el que fuera presidente del Congreso y uno de los mejores expertos en Derecho Público, constataba que en ningún momento pudo suponer que la norma fundamental resultase traicionada en sus pronunciamientos nucleares. Se refería a ese «híbrido» -así lo denominó- de Comunidad Libre Asociada que pretenden el PNV y el lendakari y que, hoy por hoy, representa la mayor embestida de cuantas ha soportado la Constitución española de 1978.

Peces Barba sitúa la cuestión en un terreno bien interesante, que es el moral. El pacto constitucional se fundamentó en un determinado espíritu de consenso en el que se derrochó generosidad, en el que se sacrificaron aspiraciones de unos y de otros. Cedió la derecha, cedió la izquierda, se implicaron los nacionalistas catalanes y los vascos -que colocaron el concepto difuso de «nacionalidades» y la disposición adicional primera sobre el reconocimiento y amparo de los derechos históricos de los territorios forales- se engancharon a la norma fundamental a través del Estatuto de Guernica, el primero en aprobarse, para mantener así su prurito resistente. Todo se consintió, todo se asumió, porque la inmensa mayoría de los españoles -de buena fe- quisimos cerrar un capítulo largo de nuestra historia, mediata e inmediata, desvertebrada por el disenso nacional.

Ha sido el PNV el que ha succionado con avaricia -digan lo que digan sus dirigentes en su proverbial victimismo- la savia de ese gran acuerdo nacional, a tal punto que ha sido el sistema autonómico del que disfrutan, superior en profundidad y extensión a cualquier otro, la plataforma para, desde la deslealtad, romper el delicado equilibrio que se construyó hace casi un cuarto de siglo.

Pero si hubo entonces ingenuidad, ahora no cabe llamarse a engaño. Transgredida la buena fe de 1978, procede ya la defensa del sistema constitucional con iguales dosis de serenidad que de firmeza. Sin «despliegues de la Guardia Civil» como quisiera Arzalluz para instalarse en la frustración que volvería a «justificar» la revitalización de la agonizante ETA; sin improbables «ilegalizaciones del nacionalismo» como malmeten sus líderes; sin suspensiones autonómicas, como preconizan con mejor o peor voluntad algunos. La defensa de la Constitución y del andamiaje de convivencia en España requiere de inteligencia e implacabilidad. Si las posibilidades del Plan Ibarretxe son «cero» -y creo que así es-, hay que demostrarlo con medidas como las que está poniendo en práctica el Gobierno: si se desafían las obligaciones que conlleva el Concierto Económico, se responde con las oportunas retenciones; si se adoptan acuerdos ilegales, se impugnan; si se incurre en delitos, el fiscal se querella y los Tribunales sancionan; si hay condescendencia en la lucha contra el terrorismo, se aplican las competencias supracomunitarias de carácter policial previstas en el Estatuto a favor del Estado; si los agentes sociales vascos tienen miedo, se les ayuda a superarlo y se les impele a pronunciarse; si los servicios públicos allí no se ajustan a la legalidad, se actúa a través de la Alta Inspección del Estado; si el resto de los españoles no quieren la segregación que intentan los nacionalistas, que lo digan alto y fuerte en los foros -y la calle también lo es- correspondientes, y si hay gentes y entidades que trafican con el secesionismo allí y el negocio al sur de Orduña, se les cantan las cuarenta.

Violentada la buena fe debe quedar bien aprendida la lección. Después de haber entregado, más allá de competencias, facultades, presupuestos y cesiones, cientos de vidas y un patrimonio moral de la Nación repleto de conciliación y buena fe, ha llegado el momento de poner las cosas en su sitio: el País Vasco, en España y con la autonomía que le confiere el Estatuto de 1979 y con un combate sin desmayo contra el terrorismo y sus cómplices.

Atucha, en lucha
Por JAIME CAMPMANY ABC 5 Octubre 2003

VÁLGAME san Ignacio de Loyola, el santo de la meditación de «las dos banderas», porque este Atucha me tiene desconcertado, que no sé si anda detrás de una de las banderas ignacianas o de la otra. Parecíame un hombre sensato, moderado, discreto, temeroso de Dios y cumplidor de las leyes, y en cambio resulta que se ha situado a la cabeza del desafío enloquecido que los nacionalistas rabiosos han lanzado contra el Estado y contra España toda.

En ese «España toda» que digo habrá que hacer la excepción de una parte del pueblo vasco, aquella que soporta con gusto y que vota a los retadores, y por otro lado tendremos que incluir en la «España toda» a los vascos del éxodo, a los vascos que han abandonado la patria vasca huyendo del peligro del tiro en la nuca, la amenaza de secuestro, la extorsión y el «impuesto revolucionario». Han tenido que huir a la tierra de los maketos en busca de paz, de trabajo en sosiego y de salud sin otro peligro que la enfermedad o los años.

Este Atucha se ha situado ahí, en la primera fila del desafío, junto a Arzalluz, Ibarreche, Anasagasti y algunos otros, aliados además con los batasunos, representantes políticos de la banda etarra, cómplices de terroristas y terroristas de escaño, de despacho, de pancarta y de calle. En ese desquiciado drama que protagonizan los nacionalistas rabiosos, le ha tocado a Atucha representar un papel muy feo. En ese baile le ha tocado bailar con la más fea. Porque un día sí y otro también tiene que pasarse las leyes por el arco del triunfo, comportarse como un energúmeno sin ley, saltarse a la torera las sentencias del Tribunal Supremo y en definitiva situarse fuera del Estado de Derecho, o sea, instalarse en la barbarie y en la tribu.

Parecíame que, de todos ellos, Atucha era la persona que menos se compadecía con ese feo y salvaje menester, pues había dado, como digo, muestras de sensatez y moderación. Además, su cargo de presidente del Parlamento vasco, siendo los parlamentos templos de las leyes, le obliga especialmente a respetarlas y a no convertirlas en «verduras de las eras» o en papel mojado. ¿Qué pinta en la presidencia de un Parlamento un sujeto que se pasa las normas legales y las resoluciones del poder ejecutivo por el forro de los cataplines?

Una de dos: o Juan María Atucha se ha contagiado de la esquizofrenia que ha llevado Javier Arzalluz a la dirección del PNV, o el miedo a las represalias de la banda etarra le tiene de válgame Dios por dentro, o sea, con los «gregüescos decorados», que diría un clásico. El terror aterra, que para eso sirve y para eso está inventado, y el terrorismo que impone ETA en el País Vasco explica algunas conductas inexplicables. A lo mejor, para hallar la razón de que Atucha haya dado la palabra en el Parlamento a los batasunos y les haya permitido llamar al PP «fascista torturador», hay que mirarle los gregüescos. Y es que los «fascistas torturadores» no torturan. Al contrario, mueren. En cambio, los batasunos y sus colegas etarras, matan. Y en estos casos siempre hay alguien que tiene clara la elección de sus amistades.

Más tenacidad que inteligencia
Por ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 5 Octubre 2003

¿Cuál es la cuestión más grave, y a la vez más urgente, a la que se enfrenta España? Nueve de cada diez profesionales de la política, y aun me quedo corto, sacarían a colación el llamado «plan Ibarreche», cuyos lineamientos fueron anticipados por este diario y que ha salido oficialmente a la luz hace unos días. No por diurno, sin embargo, deja el plan de ser misterioso. Me explico. Resulta perfectamente claro hacia dónde apunta Ibarreche. Lo que él y quienes piensan como él desean, es la independencia y, a la vez, la cobertura del Estado español. Lo segundo permitiría al futuro ente vasco seguir en la UE y conservar los mercados. Y lo primero se expresa en puntos muy concretos del plan. Verbigracia, en la idea de que el Tribunal Superior vasco se convierta en tribunal de última instancia. O en la exigencia de que el parlamento vasco pudiera poner o quitar partidos. El extremo... es esencial. Impediría al PP vasco y al PSE, o lo que quedara de ellos, defender una política de reintegración en España.

Reducidos a un papel puramente testimonial, los ex partidos nacionales serían lo mismo que ruedas girando en el vacío. El PNV estaría en el mejor de los mundos. Mandaría en casa, y no habría de enfrentarse a la pesadilla de administrar una Albania cantábrica. Restan flecos, claro. Uno, ETA. Dos, el hecho de que la mitad de los ciudadanos carecería, en rigor, de representación política. Pero no se puede hacer todo a un tiempo, ni intentar el gran salto sin correr riesgos. Se comprende, en fin, lo que Ibarreche quiere para sí. Se comprende, por supuesto, adoptando provisionalmente su punto de vista.

Lo que no se comprende con igual facilidad, es cómo pretende conseguirlo. El esquema es éste: durante un año, el documento se discutiría en el parlamento de Vitoria. A continuación, se votaría. Ello nos coloca en el 2004, a corta distancia de las elecciones autonómicas. El plan sería remitido a las Cortes españolas, a las que se concedería un margen de meses para decir «sí» o «no». Si saliera «no», no se renunciaría a someter el plan a referéndum, y el gobierno y el parlamento autónomo se considerarían autorizados a proceder de modo unilateral. Esto, técnicamente, es una secesión.

Existen razones, como he escrito líneas arriba, para sospechar que la amenaza secesionista es un espantajo. El País Vasco, fuera de la Unión Europea, es completamente inviable. Las bases batasunas no reparan en gastos, por descabellados que sean. Sí lo hacen las peneuvistas, que son además, en porcentaje notable, de índole clientelar. Con el mundo de ETA en situación de ventaja, con los constitucionalistas de uñas, y sin ningún sitio al que ir, el PNV tendría todas las de perder. Pero estamos haciendo una hipótesis cuya premisa es, en sí misma, increíble. En efecto, el plan Ibarreche es inconstitucional, y necesita, para ser evacuado en Madrid, mayorías parlamentarias imposibles, en plazos y por procedimientos incompatibles con lo que el plan persigue. A fin de ver esto con claridad, coloquémonos en el supuesto más favorable a Ibarreche: el de un resultado malo para los populares en las legislativas de marzo.

Por «malo», entiendo insuficiente para formar gobierno. La alternativa, podría ser un gobierno de todos contra el PP, con intervención de nacionalistas de distinto pelaje. Ese gobierno no podría prender fuego a la Constitución, ni, por consiguiente, aceptar el trágala de Ibarreche. Pero estaría dispuesto a aflojar algunas tuercas del engranaje. Las suficientes para que la población se resignara a una reconstitución del país a medio plazo. La consecuencia inmediata sería un hundimiento del constitucionalismo en el País Vasco. El PSE se vendría a pique por complicidad en la maniobra. Y el PP tendría que nadar a contracorriente, en circunstancias muy adversas. El PNV habría dado, sin duda, un paso de gigante hacia la independencia de facto del País Vasco.

Pero esto es el cuento de la lechera. La operación sólo podría salir bien -de momento- con la complicidad de todos los partidos. Y no parece probable que el PP se prestara a ello. Cierto -y se vio cuando el Pacto de Estella- existen elementos en la derecha española, los de mentalidad más genuinamente oligárquica, que siguen pensando que la democracia de masas es una pamema, y que se puede intentar lo que fuere impunemente. Ahora bien, el gobierno virtual de que hablo sería tan impopular, que el partido en la oposición, aun suponiendo que actuara sólo por intereses, se vería forzado, literalmente forzado, a levantar la bandera de la preservación del Estado. Y arrasaría en la opinión. No existe, ni en la peor de las hipótesis, un gobierno central capaz de garantizar los mínimos, rebaja incluida, que Ibarreche persigue. Ese gobierno sería un gobierno dimisionario a las primeras de cambio.

Veinticinco años de acoso eficaz, han persuadido al PNV de que continuar empujando es una buena táctica. Las cosas, con todo, duran lo que duran. Cuando lo que se abre detrás es el abismo, cambia el carácter del acosado. Hay más tenacidad que inteligencia en el partido nacionalista vasco.

El Plan Maragall
M. Isabel Calero-Velarde es secretaria de Convivencia Cívica Catalana La Razón 5 Octubre 2003

Las opiniones de Cristina Alberdi sobre la FSM y sobre el proyecto de Maragall han levantado unos vientos en el PSOE que, a buen seguro, serán de los que dejen un profundo mar de fondo. No voy a opinar sobre el problema de la FSM: desde Cataluña sería frívolo hacerlo por falta de datos y conocimiento detallado del proceso. Pero, como ciudadana de Cataluña, preocupada y urgida por sus problemas políticos, es perfectamente legítimo que exprese mi opinión sobre los juicios de Cristina Alberdi respecto al proyecto de Maragall.

Aunque la posición del PSOE ha experimentado un giro de 180 grados desde la publicada tras la reunión de los cuatro barones socialistas con Zapatero hacia finales de julio, si mal no recuerdo, hasta la consensuada en Santillana a finales de agosto por su Consejo Territorial, el hecho objetivo es que Cristina Alberdi planteó sus reservas después del primer comunicado y que tras la publicación del segundo ha matizado su postura, apelando al fondo de la cuestión y al procedimiento seguido por la dirección del PSOE.

Para situar el debate en sus términos más justos y correctos hay un dato que debería conocerse y que no es baladí porque afecta profundamente a la concepción de la democracia y a la cultura política de la izquierda. De la misma forma que la dirección del PSC, cuando planteó su apoyo al proyecto de política lingüística del parlamento catalán, lo hizo sin que lo hubieran aprobado ni el Congreso del Partido ni sus órganos de dirección entre congresos, el actual proyecto de reforma estatutaria y constitucional, ni tienen la aprobación del Congreso del partido ni de sus órganos de dirección política. Y no es suficiente, ni de recibo, que a un mes y medio de las elecciones autonómicas sea sometido el nuevo proyecto de organización del Estado a una aprobación formal por alguno de los órganos de dirección del partido. Dada la trascendencia del proyecto, puesto que contradice las líneas programáticas aprobadas en los sucesivos congresos tanto del PSC como del PSOE, es absolutamente necesario para asegurar la calidad democrática del mismo un previo y dilatado debate. Y eso implica la convocatoria de un Congreso, tanto en el PSC como en el PSOE, tal y como demandaba Cristina Alberdi.

Aunque el PSC nos tenga acostumbrados a un bajo nivel de calidad falsificando el procedimiento democrático establecido en sus reglamentos, introduciendo como contrabando político aquellas iniciativas que sabe que su base sociológica ni necesita ni comparte, sería un grave error histórico que la dirección del PSOE se contaminara de estas prácticas políticas tan nocivas y acabara desnaturalizando su cultura organizativa.

Si esto acabara así, el PSOE perdería el valor añadido, el plus democrático que ahora poseería sobre el PP cuando en vez del «dedazo», elige a su secretario general en un proceso congresual democrático entre alternativas reales. Si la dirección del PSOE opta a partir de ahora por actuar a modo de vanguardia política prescindiendo de aquellos procedimientos de participación democrática que, por poner dos ejemplos paradigmáticos y problemáticos, como la superación del marxismo o el ingreso en la OTAN que, con toda la tensión que se quiera, se plantearon y resolvieron en sendos procesos congresuales y que le abrieron las puertas a sólidas mayorías parlamentarias, el PSOE perdería uno de sus capitales políticos más sólidos: ser un verdadero órgano colectivo, una característica histórica del socialismo democrático que lejos de hacerlo ineficaz, constituye su garantía más sólida de ser un instrumento político al servicio de la mayoría de la sociedad y no una oligarquía prepotente y cargada de soberbia por muy ilustrada que sea.

Las manifestaciones de Cristina Alberdi, aunque militante relativamente reciente, se sitúan en la línea más inveterada del PSOE y sería un grave error que la dirección del partido se obcecara en hacer prevalecer el principio de autoridad y la exigencia de disciplina por delante del respeto a las opiniones de sus afiliados, máxime cuando sabe que carece de la legitimidad congresual necesaria para acometer el proyecto que Maragall quiere imponerles.

Pero además no sólo es un problema de valores y principios de acción política democrática lo que está en juego. Estamos frente a un problema de eficacia y oportunidad política. Para que en España un nuevo diseño de modelo de estado sea viable, es imprescindible que éste cuente con el apoyo previo de una amplia mayoría social: debe ser la sociedad española quien mayoritariamente demande y sancione la reforma. Si el proyecto de reforma constitucional se pretende implantar tras el convencimiento ¬más o menos calculado o sincero¬ de los barones territoriales del PSOE se corre el grave riesgo de que no sea asumido ni por la base social del partido ni por la sociedad española en su conjunto. Lo que afectará inevitablemente a la convivencia y la paz social.

Si en las próximas elecciones legislativas la oferta electoral del PSOE no obtiene los resultados esperados por causa del proyecto federal asimétrico de Maragall, que la sociedad española podría rechazar mayoritariamente, todas las reformas sociales que el PSOE debería plantear tras ocho años del proyecto popular serían inviables. El PSOE debe elegir entre una aventura política que no cuenta con el respaldo de sus bases (el proyecto de reforma de organización del Estado no ha sido sometido a la aprobación de ningún Congreso) y la posibilidad de acometer las reformas sociales que su base electoral le demanda.

Igual que Ibarreche intenta sacar adelante su plan saltándose todos los pasos de la legalidad constitucional, así Maragall pretende sacar adelante su propio plan dentro de su partido desafiando todos sus reglamentos orgánicos.
Hay planes que por su naturaleza antidemocrática sólo pueden avanzar antidemocráticamente.

Al murciano, ni agua
Por PABLO PLANAS ABC 5 Octubre 2003

En un anuncio de compresas una voz en off preguntaba ¿cuántas gotas de agua caben en el mar? Había que estar muy atento para advertir que ese interrogante era, en realidad, un discurso potentísimo sobre la capacidad de absorción del tejido higiénico porque todo en aquel anuncio tendía a ocultar el lado real y práctico de la propuesta de compra. O sea, que la pregunta ¿cuántas gotas de agua...? parecía más bien una adivinanza infantil o el comienzo de un gran romance, pero quería decir en realidad que la compresa en cuestión era como el mar o que el mar era una compresa, un colosal fenómeno de dilución. Trasladada la fórmula al lenguaje político puede alumbrar contradicciones que no son tales. Por ejemplo, Pasqual Maragall dice que si es presidente de la Generalitat no permitirá que el agua del Ebro vaya destinada a Valencia, Murcia y Almería porque en esas zonas la despilfarran.

Es probable que el líder socialista catalán haya pretendido acogerse a la disciplina de su partido y descartar la propuesta de «eurorregión» que no hace mucho él mismo había diseñado para convertir a los territorios de la antigua Corona de Aragón en una especie de supracomunidad en la que las conexiones históricas, simbólicas y geográficas confluirían en una acción económica de grandes expectativas. Esa idea no gustó nada y ahora Maragall la ha corregido con una declaración de intenciones que ha gustado todavía menos. En política, como en la publicidad, casi todo es cuestión de perspectiva y punto de vista. En Murcia y en Valencia se preguntan de quién es el agua del Ebro, cuya propiedad tienen muy clara en Aragón y Cataluña, como si el río fuera igual que esos montes comunales de los pueblos de Castilla en los que cada vecino recibe una cantidad a cuenta de las talas de árboles para las sociedades madereras. En principio, el Ebro debería ser de titularidad estatal, pero si se aplicara el sistema autonómico en el registro de tales propiedades, el río sería de cada comunidad por la que pasa.

En cualquier caso, eso que ha dicho Maragall lo habían soltado antes políticos nacionalistas catalanes y socialistas aragoneses, pero al ex alcalde de Barcelona le va a tocar apechugar con la acusación de insolidario, algo que en la orilla sur del Ebro es un atributo con el que se suele generalizar la actitud de los políticos catalanes, aunque sean del PP. ¿Cuántas gotas de agua caben en el mar? ¿De quien es el agua del Ebro? ¿Qué dicen los políticos cuando no quieren decir lo que dicen? ¿Usar, tirar... el agua? Esa parece ser la cuestión a la que se enfrentan los interesados con un cóctel que va desde el sistema contemplativo tipo «por una nueva cultura del agua» al más directo del «por azadones» que el agua es nuestra. Es lógico que las cosas que no son de nadie sean las que más disputas provoquen. La historia está llena de dramas amorosos porque si Julieta no era de nadie tenía que ser de Romeo o de nadie más. En fin, un lío de proporciones casi tan siderales como el plan Ibarretxe.

Como diría Arzalluz, el otro día, en el Alderdi Eguna (Día del Partido) del PNV, ni Ibarretxe ni el propio Arzalluz tuvieron una sola mención a los ciudadanos vascos. No es que no hablaran de los vascos, sino que para los dirigentes del PNV, los vascos (y las vascas) forman un pueblo y son los derechos del pueblo aquellos que merecen ser defendidos. No es un cuestión menor porque se acaba de documentar y publicar en la revista «American Journal of Physical Antropology» que no está claro de dónde vienen los vascos, pero sí que llevan doce mil años viviendo en el mismo solar, desde los tiempos del Paleolítico superior final. Son muchos años, por lo que ya iría siendo hora de haberse puesto de acuerdo. El estudio, de cuatro antropólogos físicos de la Universidad del País Vasco, es serio, nada que ver con disquisiciones místicas y muestra datos tan curiosos como que los vascos se diferencian mucho del resto de los europeos y que el pueblo que más se les parece (o a quien más se parecen los vascos) es el aragonés, cosa bastante lógica por simples razones de proximidad.

El estudio, al margen de la consistencia aragonesa de los vascos, no aporta gran cosa al debate político, por mucho que Arzalluz e Ibarretxe ya se lo olieran todo eso de no parecerse a casi nadie. Pero no es lo mismo pueblo que ciudadano, que diría Alejandro Sanz. Ni es lo mismo tener un plan que vaya plan. Ni él que la otra, que dice Simancas. Léanles los labios (a los políticos) y verán (o no) si el agua está en venta, si merece la pena partir de cero, si los vascos tienen más derechos como pueblo que como ciudadanos, si van a bajar los pisos, si van a subir los sueldos y si Aida es una actriz o es que es así.

El equidistante
José María Carrascal La Razón 5 Octubre 2003

En la variada fauna de la especie humana española ha aparecido un nuevo ejemplar: el equidistante. No sabemos si es producto de la evolución o de la situación. De un cruce entre el oportunismo y la amoralidad o de las circunstancias que reinan, sobre todo en el País Vasco. En cualquier caso, es un tipo perfectamente definido. Suele definirse de izquierdas, aunque también los hay de derechas, sobre todo entre los que no han recibido el puesto que creen merecer. No les gusta meterse en líos, van a lo suyo y ante las mayores atrocidades mantienen una prudente distancia, que tratan de justificar con experiencia e incluso sabiduría barata: «No tiene sentido condenar a los bárbaros. Lo que hay que hacer es hablar con ellos, convencerles». «El asunto vasco es demasiado antiguo para intentar resolverlo con medidas radicales». «Estoy contra todo tipo de violencia, la de Eta y la institucional», y así sucesivamente. Su padre espiritual es Setién, aquel obispo que se cambiaba de acera cuando se encontraba con las víctimas del terrorismo. Su antepasado, Pilatos, que se lavó las manos ante la muerte de alguien que sabía inocente.

Decía Wilde que la hipocresía era el homenaje que el vicio rinde a la virtud. La hipocresía de estos personajes va mucho más allá. Es la reverencia que el vicio rinde al crimen. Los criminales, al menos, dicen y hacen lo que piensan. Estos individuos, en cambio, son los grandes enemigos del lenguaje claro, hablan siempre elípticamente, al menos en público, no sé en privado pues tengo a gala no tratar a ninguno de ellos. Decir que tienen una doble moral es hacerles favor, pues no tienen ninguna, y de ello han hecho no sólo el eje de su vida sino también el sendero hacia un pretendido éxito. Viven de su falta de transparencia, de contentar a todos, no importa lo que hagan, con tal de que sean más fuertes o tengan el dinero. Consideran el valor cívico algo trasnochado y desconocen lo que es tener personalidad pues se la piden prestada a aquel con quien están hablando. Se esconden tras las palabras, y el oportunismo, en ellos, no es una táctica, es su modo de ser.

En las batallas, estos cobardes no emprenden la huida, simplemente, se quedan en medio, alargando la mano a un lado y a otro, pues, eso sí, de cobrar nunca se olvidan Si el hombre es hombre y ha llegado adonde ha llegado es por saber que nada es demasiado combatiendo la injusticia y que la paz no se compra apaciguando a los asesinos. A nadie se le exige ser héroe. Pero un mínimo de decencia es siempre exigible a todo aquel que aspire a ser respetado. Mínimo de decencia que empieza por distinguir a víctimas de verdugos, para no hacer un gran favor a los segundos. Y, desde luego, por no tratar de ganarse unos euros a base de medirlos con el mismo rasero. Beltran Duguesclin debía ser también un equidistante.

Maragall agita las aguas
José Cavero El Ideal Gallego 5 Octubre 2003

No tiene que resultarle nada sencillo a Zapatero mantener la paz en su huerta socialista. Un día se entera por los periódicos de que el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, ha ofrecido al PNV gobernar conjuntamente y que el nacionalista Sudupe ha rechazado la oferta. Al día siguiente se entera, tal vez por la radio, de las declaraciones que ha efectuado Maragall sobre el agua del Ebro. Dice don Pasqual, el señor del antiguo Reino de Aragón, que ni una sola gota de agua del Ebro será trasladada a las tierras de Levante por razones de equidad, porque no saben emplear adecuadamente esas apetecidas aguas. ¿Se ha tirado de los pelos Zapatero, al observar estas actitudes tan escasamente solidarias con el resto de la nación?

Maragall está en campaña electoral, y apura la menor posibilidad que se le ofrezca para sumar votos. Y es evidente que los catalanes del delta del Ebro no son partidarios de que “sus aguas” sean llevadas a Murcia y Almería, como algún maledicente ha dicho, para regar campos de golf. Maragall ha estudiado las necesidades de Cataluña y cómo deberían afrontarse. Y son poco compatibles las desaladoras que quiere instalar en Cataluña con el envío de agua a Murcia.

En cuanto a Odón, llueve sobre mojado con este personaje que parece tener un pie en el PSE y el otro en el PNV, y que oscila a un lado y a otro de la raya intermedia. Y en este instante en el que el plan Ibarretxe fuerza a tocar a rebato contra el nacionalismo excluyente del PNV, es de la mayor inoportunidad ofrecer gobierno de coalición a los hombres de Arzalluz e Ibarretxe. Sudupe ha rechazado la oferta, por fortuna. De haberla aceptado, ¿qué hubieran dicho los Aznar, Rajoy, Arenas, Mayor, Acebes y restante cabecera del PP? Hasta Esperanza Aguirre se habría subido al carro antisocialista, nuevamente, por causa de este “Odón que va por libre una vez más, y que tiene tendencia a inclinarse y entenderse con el nacionalismo”.

Definitivamente, le faltará tila a Zapatero, a cuenta de sus correligionarios “librepensadores”, que sólo piensan en su parcelita local y que olvidan un PSOE aspirante a gobernar España.

El espectáculo vasco
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 5 Octubre 2003

EL ALCALDE de San Sebastián tiene su propio diagnóstico sobre el problema político español y vasco en particular: «La clase política se masturba poco». ¿Para qué practicar el sexo en pareja cuando se puede hacer por libre y en solitario? Sin embargo, don Onán Elorza ha propuesto una unión clandestina contra natura con sus colegas del PNV por la que les ofrecía en dote las concejalías más mollares del Ayuntamiento donostiarra: control sobre la piedra filosofal del urbanismo, la policía local, la propaganda cultural, valga la contradicción, entre otras. Como se ve, le está ayudando a hacer la campaña electoral a Maragall, pero no a Simancas ni tampoco a ¿su jefe? Zapatero, a quien se toma por el pito de un sereno. Veremos qué pasa, aunque seguro que lo que veremos es lo que no pasa. Pero si lo del alcalde es grotesco, lo del Parlamento vasco resulta bochornoso e inconcebible en un país occidental.

El espectáculo miserable consentido por su presidente, un tal Atutxa, que, por si no tuviera bastante con burlarse del Tribunal Supremo, niega el amparo a un parlamentario del PP al que una vestal de la secta batasuna había calificado de «torturador» y «fascista», no tiene parangón en Europa. El tal Atutxa practica la doctrina de la equidistancia que viene a ser lo siguiente; entre el criminal y sus víctimas hay un término medio: la culpa de que un violador asesine a Sonia o a Rocío es de éstas por ser guapas y ya se sabe que un macho es un macho. Es decir, que las pobres Sonia o Rocío eran fascistas y torturadoras por provocar indecibles padecimientos en el pobrecito violador que no pudo evitar hacer así su propia construcción nacional psicológica. Al final don Sabino va a tener razón y va a ser verdad que los nacionalistas vascos pertenecen a otra raza. Pero no por lo del rh, sino por sus dificultades cognitivas, incapacidad de raciocinio o para mantener la dignidad moral como personas.

La victoria definitiva o el canto del cisne
JOSEBA ARREGI/El Correo 5 Octubre 2003

La victoria definitiva o el canto del cisne. O una victoria que no consigue nada y un cisne que en su belleza esbelta oculta una enorme capacidad de violencia. Aunque en realidad nada importa. Porque las palabras no valen nada ya, ni significan nada como instrumentos de comunicación. Sólo sirven como manifestación de la subjetividad de quienes son incapaces de romper su propio autismo y solipsismo, ocultando los verdaderos intereses de poder en juego. Es curioso contemplar cómo, cuánto más a la izquierda se esfuerzan por colocarse algunos, más olvidan lo mejor de la crítica ideológica de Marx.

El lehendakari vuelve a presentar, después de un año, el mismo plan, con más aristas, invocando diálogo, cuando las opiniones contrarias han rebotado en él como la pelota (la piel) en el frontis (en la piedra). Invoca la convivencia, cuando a lo que aspira, en todo caso, es a liderar exclusivamente el mundo nacionalista. Invoca la paz, cuando entrega la llave que conduce a ella a quien hasta ahora la ha hecho imposible, a ETA. Las palabras en sí mismas, las bonitas, las que sólo valen como banderín de enganche, como piezas de máscaras engañosas, no sirven como vía para entender el significado de la propuesta. Ni diálogo, ni convivencia, ni paz, ni amabilidad, ni esperanza, ni ilusión, ni alternativa, nada de todo eso significa lo que pretende. Nos hemos perdido demasiadas veces en debates engañosos.

Dejemos, pues, de lado las palabras enganche y vayamos a los hechos que quiere instaurar la propuesta, a su sustancia. Se trata, dice el lehendakari, de una propuesta que va a acabar con ETA. Creíamos que la vinculación de las cuestiones políticas con la consecución de la paz, después de Estella/Lizarra, después del desastre de la tregua, era ya algo superado. Leíamos recientemente lo que decía el consejero de Interior: para acabar con ETA, lucha policial. Habíamos escuchado, hace tiempo es cierto, lo que decía el propio lehendakari: paz por paz, y no paz por autodeterminación, no paz por diálogo y negociación, como decían los Otegi y Egibar. Pero no. Vuelta atrás. Para que ETA acabe, cambio del marco político. El futuro político de la sociedad vasca en función del futuro de ETA. Ni esperanza, ni ilusión, ni futuro: vuelta al túnel del tiempo, a la propuesta de volver a enterrar a los asesinados por ETA, para que ésta, satisfecha con el nuevo sacrificio, deje de matar. Es la negación objetiva de la verdad de las víctimas, el haber sido asesinadas por ser estorbo en la Euskadi que quieren los terroristas, oculta tras la grandilocuente y vacía manifestación de cercanía hacia ellas. Además en un momento en el que ETA se encuentra debilitada gracias a las actuaciones penales del juez Garzón y a la ilegalización de Batasuna.

Una propuesta que ciertamente hace referencia al artículo estatutario que prevé su modificación, pero que anula dicha referencia cuando afirma que, haya o no acuerdo con el Estado, será aprobada por referéndum de la sociedad vasca. Una propuesta, pues, que prevé sustituir la definición y constitución políticas de la sociedad vasca a través de pacto -Estatuto de Gernika- por las de la mayoría nacionalista -si la hubiera-. No es una propuesta de reforma estatutaria, sino de ruptura con el Estatuto de Gernika, ruptura con la parte que sigue considerando que el pacto estatutario es garantía y condición de su libertad ciudadana. Porque -aunque algunos lo hayan olvidado- la convivencia con el Estado, con España, viene obligada por la convivencia entre vascos, porque ni el Estado ni España son extraños, exteriores, ajenos a la sociedad vasca, sino elementos constitutivos de ella. Al igual que España no puede ser sin una profunda distribución autonómica del poder. Ése es el significado del pluralismo. No interpretaciones voluntaristas, piadosas, de moralina barata.

Los reyes de la antigua Roma, cuando morían, eran embalsamados con la intención manifiesta de que el pueblo no percibiera ruptura en la continuidad del Estado encarnado en la persona del rey, y para que no se abrieran las puertas a la violencia siempre amenazante en toda sociedad. Esa costumbre existió también en la Edad Media, poniendo nuevamente de manifiesto la necesidad de dar continuidad al Estado por medio de su encarnación personal. La referencia al artículo 43 del Estatuto de Gernika en el plan Ibarretxe cumple la misma función: embalsamar al muerto, en este caso el Estatuto, hasta que haya repuesto.

Surgen, sin embargo, varios problemas. El dicho de que a rey muerto, rey puesto indica que el período de sustitución tiene que ser breve. ¿Cuánto tiempo puede aguantar una sociedad con el ordenamiento jurídico e institucional que la constituye como sujeto político y dota de legitimidad a la organización del poder en situación de embalsamamiento, de suspenso, de preentierro? Claro que aunque el Estatuto de Gernika se encuentre en el tanatorio, la Constitución española sigue existiendo y siendo válida. Contradicciones de la Historia: cuanto más muerto el Estatuto, más necesaria la Constitución española como garantía de los derechos y libertades de los ciudadanos vascos, incluso para aquellos para quienes la Constitución sólo era aceptable, aceptable con el Estatuto de Gernika incorporado, gracias a él.

Abundando: con el Estatuto de Gernika embalsamado y en el tanatorio, la sociedad vasca pierde su institucionalización, se divide, se desintegra, deja de ser un sujeto político. Pero sin sociedad no hay nación. El nacionalismo vasco, en su últimamente apresurada carrera hacia el triunfo final, está perdiendo en el camino aquello que le justifica, la nación posible, la sociedad vasca. La nación vasca es imposible como sociedad dividida. Pero ése es el camino elegido por el nacionalismo vasco actual en contra de su centenaria tradición.

Muchos analistas han subrayado que en la última, por ahora, presentación del plan lo novedoso radica en el calendario que nos coloca en la primavera de 2005, aunque esa fecha tenga su condición -siempre dependiendo de quién hable-, la voluntad de ETA. Se puede interpretar esa fecha como el último plazo antes del cual conviene tener preparadas las maletas, las reales, para emprender el camino del exilio, o las imaginarias para entrar en el exilio interior, rompiendo cualquier relación con la realidad exterior que se instaure en aquella fecha.

Pero quizá, y esperando contra toda esperanza, se puede interpretar dicha fecha como el momento en el que quienes de verdad creemos no en el nacionalismo por sí mismo, sino en la nación vasca posible, tengamos que volver a ponernos a trabajar para reconstruir la sociedad vasca después del paréntesis y de la paralización en la que se encuentra mientras el nacionalismo termina de romper el nudo gordiano que él se ha impuesto a sí mismo, al no querer enfrentarse a su propia renovación obligada por los profundos cambios producidos en el más de un siglo de su existencia.

Como pude escuchar una vez a un parlamentario nacionalista vasco, nos encontramos ante un misterio de la Historia: un partido que tira por la borda su mejor y mayor conquista histórica, el Estatuto de Gernika. Pero en el contexto en el que se ha producido todo este proceso conducente a la propuesta del lehendakari, ha tomado fuerza la idea de que no hay un camino hacia la solución, sino que el camino mismo es la solución, en una interpretación curiosa de los versos de A. Machado que dicen al caminante que no hay camino, que éste se hace al andar.

Quizá debiéramos todos recordar estos otros versos del mismo poeta: «El ojo que ves no es/ojo porque tú lo veas;/es ojo porque te ve. Para dialogar,/ preguntad primero;/ después...escuchad... Todo narcisismo/ es un vicio feo,/ y ya viejo vicio... Mas busca en tu espejo al otro,/ al otro que va contigo... Nuncas traces tu frontera,/ ni cuides de tu perfil;/ todo eso es cosa de fuera... Busca a tu complementario,/ que marcha siempre contigo,/ y suele ser tu contrario... No es el yo fundamental/ eso que busca el poeta,/ sino el tú esencial... Enseña el Cristo: a tu prójimo/ amarás como a ti mismo,/ mas nunca olvides que es otro... Dijo otra verdad:/ busca el tú que nunca es tuyo/ ni puede serlo jamás... Con el tú de mi canción/ no te aludo, compañero;/ ese tú soy yo... ¿Tu verdad? No, la Verdad,/ y ven conmigo a buscarla./ La tuya, guárdatela».

Por qué Ibarretxe debe retirar su plan
JOSU MONTALBÁN/MIEMBRO DE LAS JUNTAS GENERALES DE VIZCAYA POR EL PSE-EE El Correo 5 Octubre 2003

Ibarretxe continúa con su plan. La vida política de Euskadi, y también la de España, sólo se ocupa del plan Ibarretxe como si no hubiera otros asuntos mucho más importantes: el paro juvenil que repunta; la Sanidad que retrocede en su cobertura tanto cuantitativa como cualitativamente; las desigualdades sociales que aumentan; las pensiones que, aunque puedan ser revisadas, deben mantener al menos los niveles actuales; la precariedad de los empleos; la altísima siniestralidad laboral; la educación cada vez más sumisa al Gobierno; la religión cada vez más impuesta aunque ello desprecie el espíritu laico y abierto contenido en la Constitución; las libertades públicas cuestionadas por el poder; la inmigración maltratada a pesar de que haya hecho aumentar el número de niños en las aulas y vaya a ser en el futuro una importante baza en el mantenimiento del sistema de pensiones; la seguridad pública que el Gobierno ha convertido en seguridad privada; el secuestro de la información por parte de grupos económicos potentes al servicio de Aznar; la vulgarización del ocio; la frivolización de la cultura oficial; la privatización de los servicios públicos; el descenso preocupante del gasto social...

Mientras muchas inquietudes continúan impacientando a tantos españoles agobiados, Ibarretxe continúa absorto con su plan, a pesar de que incluso sus asesores ya le hayan advertido de la imposibilidad de su desarrollo y de que no encuentre apoyos de los partidos políticos ni siquiera para forzar un debate constructivo. Por esto el empecinamiento está haciendo un flaquísimo favor a la siempre maltrecha democracia vasca, a la vez que se convierte en un balón de oxígeno para la estrategia del PP y del Gobierno de Aznar en Euskadi y en España. Porque en la búsqueda de esos apoyos no está dudando en tomar decisiones cuyo único rédito es mantener las espadas levantadas frente al Estado y al Gobierno. Sólo a eso pudo responder el plante de la Mesa del Parlamento vasco ante las peticiones del Supremo. Sólo a eso puede responder la obsesión de Atutxa por compensar económicamente a los parlamentarios de SA. Y sólo a eso puede responder la demanda contra el Estado español ante el Tribunal de Estrasburgo por la Ley de Partidos. Ahora, la anulación por parte del Supremo de todos los acuerdos de la Mesa sobre Otegi y los suyos abre una nueva etapa imprevisible.

En este momento, Ibarretxe se ha convertido en el más eficaz agente electoral del PP a sólo cinco meses de las elecciones generales. Probablemente la estrategia está pensada para que el PNV obtenga réditos, pero tiene mucho de táctica para su aplicación en la lucha interna del partido ante la inminente sustitución del carismático Arzalluz, que, aunque ahora muestra una determinada imagen y opinión, nunca ha sido demasiado partidario del plan para estos momentos. Ni es lógico ahora dar oxígeno a un PP descarado en sus políticas y desvergonzado en sus ademanes, ni es ético trasladar la inestabilidad de toda una formación política a la sociedad.

Partiendo de la base de su legitimidad, el plan no es ni necesario ni oportuno. No es necesario porque en política las prioridades deben influir en la fijación de las necesidades. La solución del problema terrorista y del final de ETA junto a sus organizaciones satélites es una prioridad de tal calibre que impide que nada que lo interfiera sea necesario. No es oportuno porque su debate entorpece otras discusiones mucho más vitales para los vascos y los españoles. Hay síntomas que llevan a estas consideraciones. Por un lado se llama plan secesionista (por parte del PP principalmente) a lo que no lo es. En todo caso a nadie debe extrañar a estas alturas que el nacionalismo vasco se proclame independentista pero, leído el texto conocido del aberrante plan, no se puede afirmar que sea secesionista, aunque sea rupturista con ciertas reglas del juego político. Es decir, nadie debe creer que un hipotético éxito del plan va a colmar los deseos del nacionalismo.

El otro síntoma es que el propio Ibarretxe le haya puesto el epíteto de plan para la convivencia , sin definir a qué se refiere con convivencia . ¿Qué convivencia está en entredicho? ¿La de los ciudadanos? En todo caso es evidente que el único ámbito en que se ve patente esta falta de convivencia es en las elites de los partidos. Los vascos de a pie alegran sus semblantes cada vez que las elites políticas se ponen de acuerdo en algo. Cuando la adversidad se hace más insoportable para la sociedad -cuando se produce un atentado-, la inmensa mayoría comparte el dolor y no duda en reunirse, aunque sólo sea durante quince minutos, con los políticos y dirigentes de todos los partidos democráticos. El esfuerzo, pues, debe ir dirigido a estrechar los lazos entre líderes y partidos distanciados. El ahínco ha de ponerse en mostrar actitudes firmes de colaboración para resolver el conflicto vasco, que existe y va más allá del terrorismo. El énfasis debe ponerse en mostrar ante los fieles de los partidos la disposición de sus líderes a llegar a puntos intermedios de encuentro.

Además de estos síntomas, el plan presenta incongruencias que requieren un análisis más meticuloso. No obstante, se ha puesto demasiado énfasis por el lehendakari en que no se dará ningún paso de los considerados decisivos mientras existan manifestaciones de violencia. Por una parte, bien puede interpretarse como una coartada mediante la cual mete el plan con calzador en la mente de algunas gentes de buena voluntad siempre dispuestas a concesiones -cuando se trata de resolver los problemas- sin medir las consecuencias. Y, por otra, mendiga a la puerta del abertzalismo radical para arrancar apoyos y quizás una tregua que, como bien se sabe, es pan para hoy y hambre para mañana. Así se acaba por facilitar razones a los violentos.

En resumen, Ibarretxe debe retirar su Plan porque no sólo no es necesario sino que es un estorbo para la convivencia de los vascos; porque no sólo no es oportuno sino que se ha mostrado impertinente y desatinado; porque no ha conseguido ni un solo adepto que no lo fuera ya cuando fue filtrado a los medios, lo que prueba su futilidad; porque no ha surgido del espíritu ciudadano a favor del entendimiento de los gobernantes sino del deseo del lehendakari de pasar a la posteridad; porque, en todo caso, ha de esperar a que se produzca un acuerdo admitido por la mayoría democrática para tratar de enfrentar la asquerosa lacra terrorista, un acuerdo que satisfaga las ansias de justicia y de reconocimiento de sus víctimas; y porque, ¿todo hay que decirlo!, no cuenta con el beneplácito ni siquiera de todo su partido, peor aún, cuenta con la desaprobación de una parte excesivamente importante de su formación.

Si el lehendakari hiciera la consulta que nos tiene reservada a todos los vascos en el seno de su propia formación, el plan sería retirado y se evitaría así un motivo más de discordia y enfrentamiento en el Parlamento vasco.

Perseverar en la alternativa
CARLOS URQUIJO VALDIVIELSO/PARLAMENTARIO VASCO POR ÁLAVA DEL PARTIDO POPULAR El Correo 5 Octubre 2003

Como casi todo el mundo sabe hace unos días, fruto de un acuerdo de los socialistas con los nacionalistas e Izquierda Unida, los representantes del Partido Popular, que alguna responsabilidad tienen en el Ayuntamiento de Vitoria y en la Diputación Alavesa, quedaron excluidos de las presidencias de comisión de las Juntas Generales de Álava. La justificación de esta medida tan poco presentable obedece, en palabras del señor Rojo, a la necesidad de recordarle al Partido Popular que no tiene mayoría absoluta para gobernar. Semejante obviedad es una ofensa a la inteligencia. Siendo plenamente conscientes de nuestra posición en ambas instituciones, ofrecimos a los socialistas gobiernos de coalición que se apresuraron a descartar. Evidentemente la justificación de la medida, pataletas aparte, es consecuencia de otras estrategias más preocupantes.

No muy lejos de Vitoria, en Llodio, el Partido Socialista ha aprobado los presupuestos del Ayuntamiento para el presente ejercicio y no ha apoyado una moción del Partido Popular para que la Corporación se persone en los tribunales como consecuencia de los graves incidentes ocurridos en el pleno de constitución. La explicación, la disposición a colaborar en la gobernación de un Consistorio en el que la coalición nacionalista dispone de mayoría absoluta, así como su interés por alejarse de la crispación y la radicalidad que, al parecer, representamos los del Partido Popular.

Continuando hacia el Norte, en Bilbao, el partido de Zapatero opone frente al plan de ruptura de Ibarretxe, no la defensa de la Constitución y del actual marco jurídico sino la necesidad de explorar nuevas vías de profundización estatutaria. Curiosamente este ímpetu aventurero le sobreviene en el momento en que el nacionalismo pretende romper la convivencia, no cuando ambos compartieron gobiernos de coalición en la década de los ochenta o los noventa.

Estos tres episodios, junto a otros que menudean en la política vasca, tienen un elemento común: la obsesión del Partido Socialista por distanciarse del Partido Popular a la vez que entreabren la puerta a la colaboración con un PNV radicalizado. Esta forma de hacer política en un momento histórico para la vida de nuestro país dice muy poco a favor de la seriedad de un partido que presume de ser centenario. En mi opinión los socialistas se confunden de adversario. En el País Vasco, cuando existe una formación política que aspira a ser el partido hegemónico del nacionalismo, sea éste democrático o no, asumiendo incluso los objetivos tradicionales de una banda terrorista, no hay otro adversario que el PNV.

Es cierto que sostener un proyecto político basado en los principios, en las convicciones, en la defensa de la libertad y del Estado de Derecho no es sencillo. Lo es menos aún cuando debe defenderse en terreno hostil, en un lugar en el que, a la incomodidad social de la defensa de ciertas posiciones, se une la amenaza de muerte para quienes encarnamos esas ideas. Por ello nuestra preparación, permítanme el símil, no debe ser la del velocista sino la del corredor de maratón. Corredor de fondo que únicamente tiene un riesgo: el desfondamiento. Creo que aquí radica, en parte, la actual desorientación del Partido Socialista de Euskadi. El hecho de que las elecciones autonómicas del 2001 no dieran el triunfo al constitucionalismo ha provocado en quienes ya llegaban justitos a la recta final el desfondamiento y con él, la tentación de arrojar la toalla. No es necesario citar nombres propios para explicar qué ha pasado después con quienes protagonizaron aquel esfuerzo cuando otros, al minuto siguiente de aquellos comicios, tomaron la decisión de cambiar de rumbo.

Para terminar diré únicamente que devolver la normalidad y la cordura a la política vasca no es un trabajo sencillo pero es un objetivo alcanzable. Es verdad que ello obliga a mantener una política de firmeza y colaboración, sostenida en el tiempo, entre los partidos que defendemos un País Vasco engarzado en la España constitucional y en la Europa moderna. Esta política obliga también a no caer en los señuelos del nacionalismo con el fin de procurarnos una vida menos incómoda. A medida que avance el plan de Ibarretxe, los señuelos irán también en aumento. El PNV sabe que el avance de su plan será más sencillo si logra desactivar la alternativa, de ahí la importancia de no ceder a sus engaños.

Las rectificaciones en los partidos rara vez se producen cuando están en el Gobierno. Por tanto la única posibilidad de que el PNV rectifique una política que sólo provoca retroceso y nos conduce al enfrentamiento pasa por ganarle unas elecciones, y para hacerlo hay que perseverar en la alternativa. Ofrecer al PNV, en este momento, una mano tendida es una gravísima equivocación. Los vascos que contemplan con temor la deriva del nacionalismo nos están demandando ese acuerdo. Equivocarse de adversario constituye, a mi juicio, una torpeza. Olvidar el objetivo final, la alternativa, todo un inmenso error histórico.

Separatismo español
Miguel Martín La Razón 5 Octubre 2003

-Yo no quiero ser un problema para los compatriotas vascos: si tengo que independizarme me independizo y ya está ¬me dijo un amigo al que respondí, perplejo:
¬¿Estás loco?
¬¿Por qué? ¬se revolvió, contagiado de mi perplejidad¬-. Estamos en una democracia en la que cada uno es lo que quiere, ¿no?
¬Claro ¬asentí.
¬¿Pues yo soy separatista español! ¬se ratificó, tajante.

¬¿No fastidies! ¬incrementé mi asombro¬. ¿Cómo vas a hacer tamaña faena a los vascos?
¬A todos no ¬replicó, convencido¬; también algunos son separatistas.

¬Pobres hombres ¬admití, para reparar¬. ¿Y por esa tontería les dejarías en manos de ETA?
¬Naturalmente ¬confirmó¬. ETA pertenece a ese grupo.

¬¿¿Qué dices?! ¬me encorajiné¬ La ETA asesina es comunista, marxista, leninista, maoísta... y todo lo «ista» que se pueda imaginar, menos nacionalista.
¬Más a mi favor ¬insistía, obcecado¬. De esa forma los Arzallus, Ibarreches y compañía vivirán mucho mejor con la independencia
.
¬¿Crees que los respetarán? ¬pregunté, incrédulo.
¬No; pasarán a mejor vida, ya te lo he dicho ¬respondió, seguro.

¬¿¿Los matarán?! ¬me llevé las manos a la cabeza.
¬No hombre, no... ¬pareció asustarse y aclaró, rotundo: ¬Pasarán a mejor vida en Burgos, en Logroño o en la capital española donde decidan instalar un gobierno autonómico vasco en el exilio.

¬O sea, que eres independentista español por su bien ¬interpreté.
¬Por su seguridad ¬ratificó, con pleno asentimiento.

Bien mirado, un motivo tan humanitario justifica el separatismo español de mi amigo. Lo malo es que cuando los suicidas toman una determinación por referéndum aunque les resulte adverso la llevan a cabo.

Para la mayoría de los vascos sería tremendo que España dejara de ser un problema para Euskadi. Pero quienes peores consecuencias sufrirían es esa minoría que lo proclama: se iban a enterar de lo que es un verdadero problema, amargo e insoluble.

Quizá el separatismo español tiene el inconveniente de que los vascos nacionalistas no puedan devolverle todo lo que ha invertido por ellos. Por lo demás, mi amigo tiene perfecto derecho a pretender quitarse de encima el coñazo batasuno si no se aplica a rajatabla el artículo 155 de la Constitución que desautoriza las veleidades autonómicas.
¿Ah! se me olvidaba decir que mi amigo es natural de Girona: pero mucho más inteligente que catalanista.

El «comando Vizcaya» utilizaba el ordenador de un ayuntamiento del PNV para lograr datos
Un etarra apellidado Martínez trabajaba en las dependencias de la Policía Municipal de Amorebieta Comprobaba matrículas de coches «sospechosos» de pertenecer a las Fuerzas de Seguridad
Jorge Martínez Arcarazo, presunto colaborador del «comando Vizcaya» de ETA, utilizaba el ordenador del Ayuntamiento de la localidad vizcaína de Amorebieta, que gobierna el PNV, para obtener datos de coches «sospechosos» de pertenecer a las Fuerzas de Seguridad o para buscar matrículas con las que «doblar» las de vehículos robados. La labor de Martínez resultaba capital para que este «comando» etarra pudiera funcionar, ya que alquilaba pisos y garajes y hacía las compras que le indicaban los «liberados». Este individuo fue captado por la banda terrorista en marzo de 2001.
La Ertzaintza llevó a cabo una operación contra el comando en septiembre
J. M. Zuloaga / R. L. Vargas - Madrid.- La Razón 5 Octubre 2003

Sin embargo, de la lectura de sus declaraciones ante la Ertzaintza ¬a las que ha tenido acceso LA RAZÓN¬, que realizó, tras ser detenido, el pasado 8 de septiembre, no se deduce que fuera el «coordinador» de los distintos «taldes» (grupos) que ha tenido el «Vizcaya» desde 2001, como afirmó el consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza.

Este individuo fue captado por ETA en marzo de 2001. Tras recibir una carta de la banda en su casa, que le entregó una joven, viajó en varias ocasiones a Francia donde se entrevistó con los cabecillas Ibón Fernández Iradi, «Susper», y Ainoa Múgica Goñi, «Olga», que le integraron en la estructura de apoyo al «comando Vizcaya». Martínez conocía a Fernández «por haber estudiado juntos en la Facultad de Ciencias de la Comunicación en el campus» de Lejona.

Carpeta verde
La primera cita con los «liberados» (a sueldo de ETA) del «Vizcaya» se produjo en septiembre de ese año. Debía acudir a un centro comercial de Bilbao con una carpeta verde en la mano. Una persona le abordaría y le preguntaría si conocía a alguien en Belfast, a lo que debía contestar: «Sí, a Gerry Adams».

El etarra que se presentó dijo llamarse «Arrano» y le propuso que alquilara una vivienda para el «comando». Martínez, que no tenía trabajo fijo todavía, le contestó que era imposible. La segunda cita, con una terrorista que respondía al nombre de «Ilargi», se produjo un mes más tarde, en Amorebieta. Le preguntó cómo iban las oposiciones para acceder a una plaza en el Ayuntamiento de esta localidad, y le contestó que ya sólo quedaba él y otro aspirante.

A primeros de enero, se trasladaron a vivir al piso, que había alquilado Martínez en Amorebieta, los tres miembros del «comando», que se llamaba «Olaia» en recuerdo de la etarra Olaia Castresana. Los pistoleros eran «Ilargi», «Arrano» y un tal «Sendoa», cuya identidad era la de Asier Arzallus. Llevaron al piso unas bolsas en las que, presumiblemente, escondían armas y explosivos. Martínez alquiló, por orden del «comando», un garaje en Galdácano, que sirvió como almacén y para preparar los coches bomba, y compró diverso material, como un muñeco con aspecto de bebé y ropas para el mismo; peluches; ollas y «clausors», y bombines de cerradura de coches de las marcas Renault y Peugeot.

«Arrano» y «Sendoa» abandonaron el «comando» en los primeros meses de 2002 y, en mayo de ese año, llegaron los dos nuevos pistoleros: Hodei Galarraga y Egoitz Gurruchaga. «Ilargi» se convirtió en la responsable del grupo. Estos individuos le comentaron que no entendían por qué habían fallado dos coches bomba que aparecieron en la localidad de Ciérbana y en la calle Zamacola de Bilbao. El día que Galarraga y Gurruchaga murieron en Bilbao, cuando transportaban una bomba, « Ilargi en todo momento estaba pendiente de la radio poniéndose nerviosa por momentos. Tras confirmarse la muerte de los dos activistas, comentó a ese hijo de puta se la tengo jurada . Pensé que se refería al objetivo de la bomba. Desde entonces, la prioridad de Ilargi era ir a Francia a dar explicaciones sobre el fallo del artefacto. En alguna ocasión comentó: no entiendo lo que ha podido pasar, si lo revisamos tres veces».

La etarra desapareció del piso en octubre de 2002 y antes le ordenó que todos los domingos, a las cuatro de la tarde, «debía acudir al garaje con el fin de dar vuelta a los chorizos». Se trataba de los cartuchos de dinamita y la maniobra se realizaba para que no se deterioraran.

En mayo, se presentaron «Oier» (Juan Pedro Preciado) y «Andoni» (Eneko Aguirresarobe), que eran los nuevos «liberados». El empleado del Ayuntamiento de Amorebieta acompañó a estos individuos para cometer algunos de los atentados. El pasado mes de agosto, Preciado llamó a Martínez al Ayuntamiento y le dijo que habían detectado que podían estar siendo vigilados. Mantuvo con ellos algunas entrevistas hasta que desaparecieron.

ÁNGEL ACEBES, MINISTRO DE INTERIOR
«El plan Ibarretxe fracasará porque los vascos desean paz y progreso»
Sostiene que la firmeza no es una «estrategia política», sino la «única receta» para que avancen el Estado de Derecho y la lucha contra ETA
J. J. CORCUERA/MADRID El Correo 5 Octubre 2003

El ministro de Interior cree a pies juntillas que los últimos golpes policiales y judiciales explican la «desorientación y el retroceso» de ETA y de su entorno, aunque no oculta su preocupación por el plan de «ruptura y secesionista» que alientan el Gobierno vasco y el PNV. A su juicio, el plan de Ibarretxe es un «disparate» condenado al «fracaso» porque los vascos «quieren vivir en paz, estabilidad y progreso». Ángel Acebes encara el desafío nacionalista reclamando «serenidad y confianza» en el ordenamiento jurídico, como si de un acto de fe se tratara. «La firmeza -dice- no es una estrategia política, sino la única receta para que avancen el Estado de Derecho y la lucha contra el terrorismo».

-¿Qué es lo que está haciendo mal el Gobierno del PP para que el problema vasco vaya de mal en peor?
-La responsabilidad hay que colocarla en quien la tiene; en quien hace unas propuestas para que el País Vasco vaya a peor. Es el Gobierno de Ibarretxe el que ha puesto sobre la mesa un plan de ruptura de consecuencias muy negativas.

-¿No cree que el enfrentamiento dialéctico cohesiona y estimula al mundo nacionalista?
-Ese mundo lanza mensajes falsos desde hace mucho tiempo. Cuando presenté la Ley de Partidos decían, por ejemplo, que no era para ilegalizar a Batasuna sino al PNV. También afirmaron que la ilegalización iba a incrementar la confrontación, cuando ha ocurrido contrario. Con el plan rupturista de Ibarretxe dicen que quieren dialogar y, al día siguiente, sale Arzalluz diciendo que esto es sólo de los nacionalistas y que si ustedes lo quieren, bien y, si no, también. Es el mensaje permanentemente falso del PNV.

-¿Cómo afrontarán ese desafío?
-Desde la serenidad que da el Estado de Derecho, el ordenamiento jurídico y su cumplimiento. Habrá un momento procesal que determine la ilegalidad y la inconstitucionalidad del fondo y del procedimiento.

-Si PNV, EA e IU no han hecho caso a los fallos del Tribunal Supremo, ¿qué le induce a pensar que acatarán lo que decida el Constitucional?
-Si niegan el sometimiento al imperio de la ley estarán negando la democracia. Entonces, estaremos hablando de otra cosa. Sería de una gravedad extrema.

-Da la sensación de que sobran diagnósticos y faltan recetas.
-Sí claro..., pero es que las soluciones las tienen que dar quienes llevan la iniciativa... Éste es el principio básico de cualquier responsabilidad individual, colectiva o política. Este debate se produce cuando ETA, con capacidad para matar, está más golpeada y desorientada que nunca por los avances del Estado de Derecho. En este momento decisivo, la prioridad del Gobierno vasco no es acabar con la organización terrorista sino la ruptura y la secesión, que además perjudican la lucha contra ETA.

«Plan insostenible»
-¿Qué recorrido le ve al plan de Ibarretxe?
-Un disparate como ése, está abocado al fracaso. Introduce inestabilidad, crispación y enfrentamiento. No es posible que un plan insostenible pueda prosperar, porque no cabe dentro de la legalidad.

-Pero, ¿en qué punto concreto piensa que puede descarrilar?
-Habrá que ver qué proceso deciden poner en marcha. Los propios asesores de Ibarretxe han dicho que no hay forma de que prospere un proyecto de estas características.

-¿Una eventual suspensión de la autonomía vasca podría contemplarse como el último remedio?
-En absoluto. Habrá que esperar a lo que vayan decidiendo para adoptar las medidas oportunas. Hay que confiar en nuestras instituciones democráticas, en el Estado de Derecho y en su funcionamiento.

-¿Cree que el País Vasco se ha embarcado en una especie de ulsterización , en el sentido de que la honda división política podría derivar en la conformación de dos comunidades enfrentadas?
-Frente a la pretensión del PNV, nadie más quiere eso, y no lo van a lograr porque los vascos no lo quieren. Los vascos quieren vivir y hacerlo en paz. Quieren estabilidad, progreso, garantías de futuro. Todo lo que está dinamitando el proyecto de confrontación de Ibarretxe, que persigue hacer un país sólo de unos y excluir a todos los demás.

-¿Ve la forma de devolver al PNV a la senda constitucional?
-El camino que lleva es exactamente el contrario. Lo más significativo es cómo Ibarretxe ha dado a ETA lo que estaba pidiendo: unas fechas y un calendario. Ya sabíamos que había un proyecto y unos objetivos comunes: independencia y ruptura, pero ETA quería una concreción. Ibarretxe se la ha dado. El PNV no pretende acercarse a las posiciones constitucionales y estatutarias, sino que está más cerca de las posiciones de ETA. No me extraña que Otegi esté satisfecho. El proyecto va a fracasar. No es posible desde el punto de vista interno e internacional. Ese frente nacionalista del que habla Arzalluz va a provocar un enfrentamiento dentro del País Vasco por la exclusión de los no nacionalistas y, a la vez, un enfrentamiento con el resto de España.

-Acusan al lehendakari y al PNV de no buscar el diálogo. ¿No cree que esa crítica podría volverse en contra del PP, que desde hace más de dos años ha roto todas las relaciones institucionales con Ibarretxe?
-Ése es otro de los permanentes mensajes falsos del PNV. No quieren dialogar. Cuando lo hacen, hablan de ruptura. Arzalluz lo ha dicho con toda claridad.

-¿No piensan buscar soluciones en torno a una mesa de diálogo?
-Cuando lo que se pone sobre la mesa es un disparate de estas características, que va contra la legalidad vigente y perjudica a la lucha contra ETA, ¿de qué hay que hablar? Es un diálogo imposible. Pero, insisto, la responsabilidad es del Gobierno vasco y del PNV que quieren un plan secesionista con la compañía de quien no deben.

Defensa de la convivencia
-¿No cree que algunos de los actuales líderes vascos están quemados , incluido Jaime Mayor Oreja?
-No. De Mayor Oreja no lo creo de ninguna de las maneras. Está haciendo una defensa muy clara de la convivencia en el País Vasco y alerta cada día de los riesgos que conlleva el desafío rupturista. El PNV lo sabe, y por eso le ataca de manera falsa e injusta.

-El PSOE ha dicho que respaldará todas las iniciativas que adopte el Gobierno contra el plan de Ibarre-txe, pero sin reeditar el frente constitucionalista. ¿Le parece suficiente?
-En una cuestión de esta magnitud y gravedad, la unidad de los partidos que defendemos la Constitución y los estatutos, no debe tener ningún tipo de fisuras. La estrategia debe ser conjunta, firme y coordinada. Y, además, sin contradicciones. Se entiende mal, por ejemplo que los socialistas alaveses pacten cuestiones con el PNV.

-¿Si se conforma un frente nacionalista, lo lógico, a su entender, es que se contraponga un frente no nacionalista?
-Estamos ante una ofensiva por parte del nacionalismo contra el modelo de conviviencia. Lo lógico es que, para defender la estabilidad necesaria, los que creemos en ese modelo lo defendamos desde la ley y desde el Estado de Derecho.

-Hace años se hablaba de la solución del cáncer del norte ; es decir la enfermedad puede ser tolerable mientras no se extienda. ¿Ha tenido o tiene el Gobierno esa tentación?
-En absoluto, todo lo contrario. La prioridad del Gobierno durante todos estos años ha sido siempre la de acabar con el terrorismo.

-¿La postura de firmeza que mantiene el PP en Euskadi le reporta votos en el resto de España?
-Esa crítica es mezquina y falsa. La firmeza no es una estrategia política, es la única receta para que el Estado de Derecho avance y retroceda el terrorismo. Y hay que ser firme, no sólo en la detención de comandos, sino actuando contra la estructura de apoyo y de financiación de ETA. Cuando se le planta cara, no es para obtener una rentabilidad política sino para acabar con la agresión constante a la libertad y a los derechos elementales.

-Ibarretxe dice que la economía en Euskadi va muy bien y que irá mejor si su plan es aceptado. ¿Tiene usted datos que confirmen lo contrario?
-El desequlibrio, la falta de inversión, la recesión, el déficit y el paro se producen cuando hay inestabilidad. Lo que pretende el Gobierno de Ibarretxe es precisamente generar ese clima de riesgo y de miedo, que es el más perjudicial para la economía. Eso lo sabe cualquier economista, y es de sentido común.

-¿La ilegalización de Batasuna ha merecido la pena? ¿No cree que ha ayudado al PNV a engrosar sus filas y a dar un giro hacia la radicalidad?
-Es una de las mejores decisiones que se han tomado desde el Estado de Derecho. Batasuna sólo subsiste en el Parlamento vasco por la protección del PNV, pero ya no tiene alcaldes ni cientos de concejales ni ayuntamientos desde los que desplegar sus acciones de cobertura. Se ha impedido buena parte de la financiación, empezando por el Parlamento europeo... Se ha avanzado mucho y la ilegalización no es ajena a la desorientación, al desconcierto y al retroceso que está teniendo ETA en estos momentos.

-¿Considera que Mariano Rajoy puede imprimir algún giro a la política del Gobierno con relación al País Vasco?
-No lo creo, además así lo ha manifestado. Cada uno es como es y tiene sus formas, pero en lo esencial no hay diferencias ni siquiera de matiz.

Múgica acusa a Ibarretxe de excluir a los vascos que buscan la paz «sin inclinarse»
AGENCIAS/LOGROÑO El Correo 5 Octubre 2003

El Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, acusó ayer al lehendakari Juan José Ibarretxe de utilizar « de forma perversa» los conceptos de diálogo y tolerancia ya que esas palabras «no significan la exclusión de la mitad de los vascos que quieren la paz sin inclinarse». Múgica realizó esta declaración tras recibir de manos del presidente de La Rioja el Premio a la Tolerancia José Prat, otorgado por la Asociación de Ateneos de España.

En el acto, celebrado en el Monasterio de Yuso de San Millán de la Cogolla, el Defensor del Pueblo defendió la necesidad de reflexionar sobre el concepto de tolerancia para evitar «su uso de forma perversa, sobre todo, en el contexto político» algo que, dijo, también sucede «con palabras como diálogo o paz». Múgica valoró que «un uso perverso del concepto de diálogo es el que hace el lehendakari Ibarretxe cuando lo utiliza como aceptación de la exclusión de la mitad de los vascos que quieren la paz sin inclinarse». Añadió que la tolerancia «exige actitudes civilizadas, no serviles, sumisas o resignadas, porque no supone renunciar a las convicciones propias o ser cobarde ante las amenazas o las actitudes que atentan contra principios básicos como la vida o la libertad».

Pedro Sanz recordó que «en San Millán de la Cogolla nació el castellano, y también el euskera», por lo que expresó su deseo de que «la convivencia entre las dos lenguas se haga valer» y que «el País Vasco sea la imagen de la tolerancia y una comunidad integrada en España».

El premio José Prat ha sido otorgado en ediciones anteriores a, entre otros, el presidente de Unicef en España Joaquín Ruiz Jiménez, y el ex director de la Unesco Federico Mayor Zaragoza.

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