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Recortes de Prensa     Lunes 6 Octubre  2003
Pesimismo ante el País Vasco
Luis María ANSON La Razón 6 Octubre 2003

Un ciudadano en el parque
GERMÁN YANKE ABC 6 Octubre 2003

El curioso caso vasco
Cartas al Director ABC 6 Octubre 2003

La brunete mediática
JUAN MANUEL DE PRADA ABC 6 Octubre 2003

Ni una gota de agua
Luis González Seara La Razón 6 Octubre 2003

El terrorismo y Occidente
 JEAN-FRANÇOIS REVEL ABC 6 Octubre 2003

«Pido a mi partido que no se deje utilizar o terminará en la deriva independentista»
carmen GURrUCHaGA La Razón 6 Octubre 2003

El PSOE ha dado al PNV y al entorno de EH decenas de cargos e instituciones en Navarra tras el 25-M
Íñigo Urquía - Pamplona.- La Razón 6 Octubre 2003
 

Pesimismo ante el País Vasco
Luis María ANSON La Razón 6 Octubre 2003
de la Real Academia Española

Cuatro promociones más egresadas de las ikastolas y formadas bajo la dictadura del miedo tendrán derecho a voto en las próximas elecciones autonómicas vascas. Añadamos la deslegalización de Batasuna que derivará en un incremento de sufragios para el PNV en porcentaje considerable. Así es que Arzallus y su marioneta Ibarreche se presentarán a esas elecciones con su plan bajo el brazo, tal vez con una tregua calculada de Eta, y con muchas probabilidades de escalar la mayoría absoluta. En tal caso, ¿quién parará al PNV? Mi escepticismo es grande.

Aquellos polvos engendraron estos lodos. La disparatada política de UCD sobre el País Vasco y la de los Gobiernos posteriores hasta el cambio de rasante del asesinato de Miguel Ángel Blanco nos han conducido a la crítica situación actual. Treinta años de tenaz acción en todos los frentes para desespañolizar el País Vasco exigían una respuesta de otros treinta años de acción para españolizar aquella región. No se ha hecho casi nada constructivo. El Gobierno de la nación, tras muchos años de claudicaciones, ya no cede, pero se bate a la defensiva. Y no es ése el camino.

Cuando llegue el día en el que el PNV obtenga mayoría absoluta en las elecciones, con capacidad además de movilizar a centenares de miles de manifestantes, me gustaría a mí saber en qué quedará el artículo 155 de la Constitución. Como me decía un destacado dirigente socialista, «antes de poner en marcha el artículo 155 hay que medir las reacciones que puede causar y las consecuencias que acarreará. Pero si no hubiera otro camino, mejor sería activar ese artículo con un PNV en minoría que con un PNV en la euforia de verse robustecido en Ajuria Enea con la mayoría absoluta de los electores».

Un ciudadano en el parque
Por GERMÁN YANKE ABC 6 Octubre 2003

Parece que un cierto número de españoles -muchos de ellos dirigentes políticos- creen que el problema vasco es la discusión de un imposible, las pretensiones que el señor Ibarretxe ha reiterado con el apoyo de los partidos nacionalistas e Izquierda Unida. Parece, además, que algunos de ellos están amenazados por el síndrome que Vladimir Jankelevich describía en el París ocupado por las tropas de Hitler. El ciudadano perseguido se colaba en el parque y contemplaba unos niños jugando, la pareja que remoloneaba bajo los árboles, los paseantes, aquella señora que estrenaba zapatos, el comerciante que sonreía. Y se preguntaba si estaba equivocado, si su sensación de acosado por un poder totalitario era una ficción, si la vida en París era realmente la de los paseantes domingueros y no la suya.

Pero la verdad era la suya. Uno viaja hoy al País Vasco y se encuentra, más allá de los imposibles jurídicos y del disfrute de las infraestructuras y los servicios, a miles de ciudadanos perseguidos que ocultan sus ideas, temen ciertas amistades, se protegen de los terroristas, no acceden a los trabajos que están a disposición de los nacionalistas. La red de sufrimiento y espanto alrededor de las víctimas es más amplia de lo que se pueda imaginar leyendo la prensa. Pero, además, la semana pasada, un empresario vasco decía en un acto público, sin ocultar su dolor, que se cuidaba de ETA pero temía todos los días al nacionalismo. El impresor al que se le encarga un documento crítico con el Gobierno vasco se apaña para encontrar un depósito legal fuera de la comunidad autónoma para no ser identificado. El autónomo reconocido como no nacionalista pierde los contratos de antaño. La lista es interminable y refleja una realidad, como explicaba Albert Camus, que se quiere ocultar, consciente o inconscientemente, porque, en cuanto se acepta como ciertamente es, exige un compromiso incomparable con lo que el que se ha dado, salvo excepciones, hasta ahora.

El Partido Popular, al que hay que reconocer que se ha enfrentado al problema con un convencimiento digno de elogio, se enfrenta ahora con la necesidad de que los ciudadanos constaten que los recursos del Estado de Derecho a los que una y otra vez se hace alusión, funcionan realmente. Explicar a la opinión pública que, en las circunstancias de los últimos años el nacionalismo vasco es parte del problema (y no de la solución), desquitarse de complejos inveterados y plantear un concepto de la nación española cohesionada y democrática está, a mi juicio, en la base de su éxito electoral tanto como los buenos resultados económicos. Ahora, sin embargo, se le exige con razón que despliegue los principios en el terreno en que son amenazados y no es fácil hacerlo si los votantes contemplan cómo en el País Vasco -específicamente en sus instituciones- se vulnera la ley impunemente o con el castigo demorado a un hipotético futurible.

Para hacerlo, de todos modos, necesita el concurso del PSOE. Esta cooperación necesaria es concebida por el primer partido de la oposición como un inconveniente, una traba para aportar a la opinión pública un perfil político distinto, un programa propio. Pero un punto de vista de esta naturaleza sólo puede ser sostenido desde el síndrome narrado por Jankelevich: no es para tanto, quizá exageremos, quizá somos nosotros los que vivimos en una ficción. Ante otros peligros, como el de Le Pen en Francia, socialistas y conservadores comprendieron que su salvación, la de unos y otros, dependía del entendimiento. ¿Qué habría pasado si los socialistas franceses, dolidos por el revés electoral, hubieran apostado por subrayar su perfil negando el de los gaullistas en vez de por la confrontación?

Escribo confrontación porque es, al parecer, lo que no quiere José Luis Rodríguez Zapatero, sin darse cuenta, seguramente, que la confrontación está en la esencia de la democracia y, aún más, que la confrontación radical con el totalitarismo es la base de las sociedades libres. El drama es que el PSOE entiende que la defensa de los valores constitucionales sólo tiene sentido si se acompaña de «más Estatuto» y de «tender puentes», que siempre van hacia el nacionalismo. «Más política», dice. Y, claro, en Álava pactan comisiones con el PNV, en Vizcaya puestos de trabajo, en Guipúzcoa plantean acuerdos políticos, en Navarra ayuntamientos. El individuo que se siente desconcertado en el parque no es un militante del PP (lo que quizá, tristemente, hiciera gracia al PSOE). Es un ciudadano.

El curioso caso vasco
Cartas al Director ABC 6 Octubre 2003

Según los nacionalistas vascos, el Parlamento de Vitoria está legitimado, por soberano, para romper con las legitimidades política y jurídica, previo referéndum consultivo en Euskadi, que dieron origen a ese mismo Parlamento democrático (Constitución Española de 1978), «plan Ibarretxe» mediante, y, sin embargo, no lo está para dar cumplimiento efectivo a una sentencia judicial, sentencia cuya legitimidad proviene también de la Constitución del 78, como lo es la del Tribunal Supremo de disolución del grupo Sozialistas Abertzaleak (Batasuna-ETA).

Lógicamente, los nacionalistas vascos no se dan cuenta de que, con su actitud soberanista, se enfrentan cara a cara con el peor enemigo jurídico que pueden echarse encima: el sentido jurídico común.

Los nacionalistas vascos deberían entender que la democracia no es un juego niños ni una partida de póquer, sino uno de los valores, en este caso político, que tiene el acervo cultural de Occidente. Y, claro está, con la democracia no se puede jugar porque es un valor que trasciende fronteras y tiempos. La norma democrática básica que los nacionalistas vascos no terminan de entender es muy sencilla de explicar: todo aquél que en una democracia se atribuye a sí mismo un poder que no tiene, puede ser perfectamente derrocado de su pedestal por derecho. O dicho de otro modo: si Arzalluz y compañía se han subido a un caballo que no es el suyo, y desde él pretenden decirnos a todos «nos vamos», los demás estamos perfectamente legitimados democráticamente para decirle a Arzalluz y compañía «os echamos» (del caballo).   Antonio López Lacasta. Sabiñánigo (Huesca).

La brunete mediática
Por JUAN MANUEL DE PRADA ABC 6 Octubre 2003

HACE algún tiempo Iñaki Anasagasti acuñó esta expresión con tufillos de pólvora añeja para referirse despectivamente a los medios de comunicación que no comparten las tesis nacionalistas; medios que, automáticamente, adquirían la condición de lacayos del Gobierno. La expresión, tan pedestre como malintencionada, alcanzó cierta difusión, hasta el extremo de que los etarras la adoptaron en alguno de sus comunicados, como argumento de sus crímenes y aviso para periodistas levantiscos. Desde entonces, la expresión de marras había sido repescada en contextos casi siempre nauseabundos, para atizar el odio y repudiar a quienes se atreven a denunciar desde diversas instancias los delirios segregacionistas (y así, por ejemplo, se ha hablado de una «brunete judicial», para menospreciar a los jueces que se limitan a aplicar las leyes aprobadas por el Parlamento). Tan lamentable acuñación, que cualquier político ecuánime debería preocuparse por desterrar de su vocabulario, ha sido ahora desempolvada por Pasqual Maragall, quien en una reciente arenga prometió a sus votantes que, si resulta elegido presidente de la Generalitat, no permitirá que el agua del Ebro sea desviada a otras regiones, a las que acusó de derrochonas.

La inconveniencia de Maragall ha causado el natural enfado en las regiones zaheridas, que padecen una implacable carestía de agua, y, en general, ha suscitado antipatías por doquier, pues mostraba descarnadamente esa veta electorera del político que, en su afán por halagar los bajos instintos de sus votantes, no vacila en menospreciar la desgracia ajena y en hacer alarde de una insolidaridad rampante. Si las palabras de Maragall no hubiesen sido registradas por los micrófonos, podríamos pensar que las menciones injuriosas que incluían, dirigidas contra murcianos o almerienses, podrían ser, en efecto, el resultado de una tergiversación hiperbólica. Pero el registro audiovisual de tan desafortunado exabrupto no deja resquicios a la duda: Maragall dijo lo que dijo; y ante tan palmaria evidencia, un político honorable optaría por entonar la palinodia, o bien por atrincherarse en el silencio, pues el «sostenella y no enmendalla» a veces también demuestra cierta grandeza, o al menos cierta resistencia coriácea a las veleidades oportunistas. Pero Maragall ha elegido el excursionismo por los cerros de Úbeda: «Estamos hartos de las manipulaciones de los medios de comunicación en manos de la derecha española y su Gobierno», ha proferido; y también: «Nos resbala la manipulación que día tras día dicta el Gobierno y su brunete mediática».

La salida de tono se nos antoja de una tosquedad irresponsable. En su rabieta, Maragall no se limita a despotricar contra sus adversarios políticos, que -con prontitud algo carroñera, mas no por ello exenta de legitimidad- se han apresurado a afear su desplante; también arremete contra quienes se limitan a divulgarlo, cumpliendo con las obligaciones de su oficio. Al denigrar a los periodistas con ese sambenito oprobioso de «brunete mediática», que tanto regocijo habrá causado a quienes lo acuñaron, Maragall adopta la estrategia del calamar y elige el muy socorrido recurso de matar al mensajero. Quizá estos desahogos tan cutres sirvan para tranquilizar su conciencia; pero no bastan para apagar el eco de lo que efectivamente dijo, que probablemente sólo fuera un exabrupto, pero que desde luego refuta aquel modelo de solidaridad territorial que los socialistas proclamaron hacia las postrimerías del verano en Santillana. Si ya entonces aquella escenificación no lograba disimular cierto aire moribundo, las palabras de Maragall, tan crudamente egoístas, son algo así como su responso fúnebre.

Ni una gota de agua
Luis González Seara La Razón 6 Octubre 2003

En la «ofensiva» hacia ninguna parte que el aparato del PSOE dice haber emprendido, lo más desolador no es la falta de ideas nuevas y emprendedoras para la acción política. Después de todo, esa penuria afecta a toda la izquierda europea, puesta fuera de combate por el hundimiento del sistema comunista soviético y la monumental estafa que supuso para las utopías y las ilusiones revolucionarias. Pero, en el caso del PSOE, ya no se trata de la incapacidad de imaginar una nueva vía que vaya más allá del llamado pensamiento único, en el sentido de que no hay más que uno que cuente con un programa de gobierno coherente. Se trata de algo más grave: la perversión de la propia función de pensar que implica el olvido o el desprecio del principio, lógico y ontológico, de no contradicción. Ese elemental principio no permite que un partido autotitulado progresista y decidido paladín de la solidaridad entre las gentes y las tierras, no ya de España, sino del mundo, se oponga al mismo tiempo a una equitativa y solidaria distribución de los recursos hidráulicos disponibles en este desequilibrado país.

Uno de los grandes barones del PSOE, presidente del Partido Socialista de Cataluña y candidato a la Presidencia de la Generalitat catalana, acaba de afirmar que, si logra llegar al Gobierno, no trasvasará «ni una gota de agua» del Ebro a las Comunidades de Valencia y Murcia, como está previsto en el Plan Hidrológico Nacional aprobado por las Cortes y el Gobierno del PP. Ya resultaría muy discriminatorio, y nada solidario, que Maragall quisiera condenar a sed perpetua a la Comunidad murciana. Pero es el colmo de la contradicción que proponga resucitar la Corona de Aragón, como fórmula indiscutible para promover el desarrollo y la democracia de la zona, y a la vez quiera dejar sin el agua necesaria a Valencia, pues, si bien es cierto que mantuvo ayuntamientos y veleidades con el castellanísimo Cid Campeador, siempre fue territorio muy querido de la Corona desde los días del Rey Don Jaime.

Por muchas concesiones que se quieran hacer a los excesos y a la demagogia de la campaña electoral, no cabe admitir tal cúmulo de contradicciones, ya sea en la cuestión de los nacionalismos, en la de la solidaridad, o en cualquier otra. Y no se puede estar aplaudiendo que los españoles hayamos decidido «reanudar la suspendida historia de la España europea», que dijo en frase célebre Francisco Silvela, y al mismo tiempo dejarse llevar, por intereses electoralistas, a unas políticas autonómicas que conducen a la balcanización de España. «La verdad ¬decía ya el historiador Polibio, en el siglo II a.C.¬ reside en una visión conjunta de los acontecimientos; no en una apreciación parcial». El PSOE tiene que superar sus contradicciones y su visión particularista de los grandes problemas si quiere estar a la altura de la actual hora de Europa y del mundo. Una España pensada desde una confederación de taifas sería un fracaso. Y también Europa.

El terrorismo y Occidente
Por JEAN-FRANÇOIS REVEL, DE LA ACADEMIA FRANCESA ABC 6 Octubre 2003

Desde luego, en política internacional, Francia tiene el arte de plantear propuestas que no pueden desembocar en ninguna solución práctica en lo inmediato. Proclamar que en Irak hay que anteponer una acción política a una acción de seguridad y que hay que restituir la soberanía al pueblo iraquí, es decir lo evidente, pero irrealista a corto plazo. Por otro lado, los estadounidenses no proponen nada distinto, sino a medio plazo, porque no se puede «restituir» al pueblo iraquí en tres semanas una soberanía que nunca ha tenido o, más aún, hacerle adoptar y respetar unas reglas democráticas que jamás ha conocido. «Nuestro objetivo, nuestro único objetivo», afirma el secretario de Estado Colin Powell, «es devolver Irak a los iraquíes para que puedan gobernarse a sí mismos de acuerdo con unos ideales democráticos».

En realidad, lo que implica la propuesta francesa es que el pueblo iraquí fue despojado de su soberanía por la intervención militar estadounidense y, por lo tanto, que tenía esa soberanía bajo la dictadura de Sadam Husein. ¿Qué ceguera ante la historia puede haber inspirado a nuestros dirigentes tamaño disparate? Para comprender la génesis, hay que leer el libro de André Glucksmann, «Occidente contra Occidente», que acaba de publicar Plon. Glucksmann muestra que la intervención en Irak se derivaba en primer lugar del deber de asistir a un pueblo en peligro de muerte, del mismo modo que habría estado justificada una intervención occidental y de la ONU eficaz (que no se produjo) para prevenir el genocidio en Ruanda. ¿Han oído hablar los dirigentes franceses de las fosas comunes y de las cámaras de tortura que se descubren en Irak cada día desde el final de la guerra?

En segundo lugar, prosigue Glucksmann, y es el argumento más importante, hoy hay una guerra mundial contra los derechos humanos y la democracia, entre «la civilización y el nihilismo». Esta guerra no está dirigida únicamente contra Estados Unidos, sino contra todo país democrático, toda institución que defienda los derechos humanos. La prueba es que en Irak los antiguos partidarios de Sadam o los terroristas infiltrados llegados del exterior no atacan únicamente a los estadounidenses. Hicieron explotar la sede de la ONU en Bagdad, matando a decenas de personas, entre ellas el Alto Representante Sergio Vieira de Mello. Así pues, traspasar enteramente a la ONU la dirección de la reconstrucción de Irak, esa gran idea francesa, no acabaría ni mucho menos con los crímenes terroristas en este país, o en ningún otro lugar.

El 11 de septiembre de 2001, anunciado por varias agresiones del mismo tipo aunque menos graves, fue la declaración de guerra oficial a los países democráticos de todos los Estados u organizaciones del mundo que quieren aniquilar la civilización de los derechos humanos. Aunque «guerra» no es la palabra exacta. Porque el terrorismo, subraya precisamente Glucksmann, no consiste en atacar a un ejército enemigo, capaz de defenderse, sino a civiles inocentes indefensos. La ONU que, en más de medio siglo, se ha revelado impotente para impedir tantas masacres y genocidios, parece especialmente mal preparada para combatir este terrorismo nuevo, al mismo tiempo omnipresente e inasible.

Por eso puede resultar extraño que los «partidarios de la paz», entre los cuales figuraba Vladimir Putin, el benefactor de Chechenia, y los manifestantes que desfilaban en nuestras ciudades para apoyarles, hayan permanecido en silencio cuando Sadam declaró dos guerras sucesivas que provocaron un millón de muertos. La noción de «guerra humanitaria», escribe Glucksmann, puede parecer contradictoria. Sin embargo, es apropiada cuando el «agresor» interviene, no por espíritu de conquista, sino con la intención de poner fin a unas matanzas. Es lo que hicieron demasiado tarde los europeos en Bosnia y lo que hace en la actualidad la ONU, sin gran éxito, en la llamada República «Democrática» del Congo. No se pueden tachar de «imperialistas» estas dos acciones.

La palabrería de moda está llena de «procesos de paz», de «diálogo» y de «tolerancia». Sin embargo, incluso tras la desaparición de las grandes maquinarias totalitarias, las guerras entre Estados, etnias y religiones devastan a continentes enteros. El terrorismo más mortífero les parece a muchos un medio de acción natural y legítimo, incluso dentro de países democráticos, aún más fuera de ellos y contra ellos. Así, la nueva guerra terrorista lleva a Glucksmann a hacerse esta pregunta: ¿verá el siglo XXI «la desaparición de aquello que fue celebrado u odiado hasta hoy bajo el nombre de Occidente»? A menudo hemos temido esta desaparición, ante otras amenazas. Esperemos que esta vez, al igual que las anteriores, no vaya la vencida.

«Pido a mi partido que no se deje utilizar o terminará en la deriva independentista»
Militante socialista y luchadora antifascista, es profesora de la Facultad de Sociología de la Universidad del País Vasco y es uno de los mayores azotes contra el PNV y ETA
carmen GURrUCHaGA La Razón 6 Octubre 2003

Su nombre está en las listas de atentados de los dos últimos comandos detenidos. ¬¿Cómo ha sido el regreso a la Universidad? ¬El lunes y el martes me encontré una pintada que decía «gora ETA». El martes encontré fotografías alusivas a aniquilar a los miembros del constitucionalismo.

¬El lehendakari presentó su famoso plan. Usted opinó que coarta las libertades de los constitucionalistas. ¿Sigue pensando lo mismo?
¬Es un punto y seguido hacia el independentismo; es la evolución que el nacionalismo lleva desde que toma el poder en el País Vasco; excluye a la mitad de los vascos y cuando habla de diálogo, lo hace desde la imposición. No es un plan para la convivencia; es un acuerdo con ETA, motivo por el que Ibarreche tiene prisa, ahora que ETA se va debilitando. Ha accedido a sus demandas y las ha expuesto, con más o menos vaselina.

¬Sin embrago, tiene gestos contradictorios como ir a Madrid a celebrar los 25 años de la Constitución o presentar un Plan para la Defensa de los Derechos y Libertades y de apoyo a las Víctimas de la Violencia.
¬Lo mismo que hizo con el Observatorio de Derechos Humanos. Para elaborar ese plan no ha contado ni escuchado a ninguna de las personas amenazadas de nuestro ámbito.

¬Pero usted sí acudió al Parlamento vasco a denunciar la situación de la Universidad pública vasca.
¬Sí, y no sirvió para nada. A día de hoy, la seguridad de la Universidad va a menos. En el verano no hemos tenido seguridad, pero es que ya me han comunicado que es posible que se reduzca el número de guardias jurados porque consideran que no es tan necesario. Sabemos que Batasuna y LAB están presionando al rector para que los rebaje y los quite.

¬El otro día se supo que determinados ayuntamientos pagaban los libros a los presos de ETA empadronados en esos municipios y usted ha denunciado que se duplican o triplican esas ayudas...
¬Sí. Hay ayudas de la propia Universidad para el pago de matrículas, libros y tutorías a los profesores que van a dar clases a las cárceles ¬y parece que alguno de ellos está derivando parte de las ayudas hacia la banda terrorista¬. Lo curioso es que una misma ayuda, como por ejemplo la partida de los libros, la pagaba la Universidad, el ayuntamiento y sospechamos que alguna institución del Gobierno vasco, es decir, los que estamos amenazados, las familias de las víctimas, y el resto, pagamos con nuestros impuestos su formación.

¬Usted fue la primera que advirtió sobre la manga ancha de algunos profesores de la UPV con los alumnos de ETA.
¬Belén González Piñalba, durante el tiempo que estuvo huída, el Gobierno vasco le dio ayudas para el estudio. Además, se ha comprobado que en épocas en las que ha estado huída, algunas personas han debido contactar con ella, porque le han puesto unas notas estupendas. La semana pasada supimos que en ese expediente había más de diez profesores de nuestra Facultad, que tenían relación con el mundo de Batasuna, y que les pusieron notables.

¬La situación dentro de la UPV es asfixiante y, sin embrago, cuando presentaron la Plataforma por la Libertad de los Profesores consiguieron muy pocas firmas, ¿por qué?
¬Llegamos a tener un número importante, pero con una condición: firmaban mientras se mantuviera el anonimato. Todos sabemos que sacar una lista así sirve para engrosar la lista de objetivos de ETA.

¬Algunos de sus alumnos están integrados en comandos etarras.
¬En las últimas detenciones en Vizcaya, el coordinador del grupo, Martínez Alcarazo, era alumno mío. Había estado durante cuatro años matriculado del último curso en Sociología. No era ningún tonto, pero su finalidad no era la de aprobar, sino vigilar y pasar información a ETA. La chica detenida también. En los días que llevamos de clase ya hemos visto a gente de la antigua Batasuna relacionándose con alumnos de primero para ver qué captan, y también contactan con profesores.
¬¿Se arrepiente de haber denunciado públicamente lo que sucede?
¬No. En un principio, mi partido [PSOE] y el Gobierno vasco me dijeron que era mejor no darle publicidad a las presiones y amenazas. Me lo creí. Al partido y al lehendakari les di tres años de mi vida en silencio, esperando una solución, y fue la mayor tomadura de pelo. Me di cuenta que era un error; había que denunciar a la opinión pública cómo era nuestra vida. Aunque nos llamen frentistas, tienen la evidencia de que no tragamos, nos están engañando.

¬Su partido en el País Vasco está muy dividido y hay quien dice que usted, Nicolás Redondo y otros podrían crear un nuevo partido.
¬No es así. En el Ayuntamiento de Gecho, los concejales del PNV y los de EA, que los tengo sentados en el banco de atrás, me dicen: «Cállate y vete con ese compañero, que con el PP vais a fundar un nuevo partido». Y no es así. Estamos convencidos de que hay que ser lo suficientemente generosos como para superar las siglas, y unirnos. Pido a mi partido que no se deje utilizar porque va a terminar en la deriva que todos estamos viendo: el independentismo.

¬¿La postura de algunos compañeros suyos contribuye a que cada vez haya menos espíritu de Ermua?
¬Por parte de la ciudadanía hay un gran respeto a quienes hemos tomado esa opción. A Nicolás Redondo o a mí, cuando vamos por la calle, la gente nos detiene para decirnos que sigamos siendo su voz. Por eso tiene prisa el nacionalismo, porque se dan cuenta de que si nos dejan hablar ganamos la batalla.

¬¿Los próximos meses serán duros?
¬Vienen tiempos tremendamente difíciles, porque van a ser de un enfrentamiento cada vez más fuerte. ¬Hay quien dice que Iñaki Ezkerra y usted pecaron de ingenuos al aceptar intervenir en «La pelota vasca».
¬Probablemente, la denuncia que hicimos no se habría hecho sin nuestra participación. Ahora hay gente que se cuestiona por qué no participó, al ver el resultado. Nos hemos dado cuenta de que el nacionalismo ha tratado de hacernos invisibles y, en muchos momentos, se lo hemos puesto fácil al rechazar invitaciones a muchos debates.
¬Una cosa es participar en directo en un programa de ETB y otra grabar para que otra persona «rescate» cinco minutos.
¬Llegué a un acuerdo con Medem, debía enseñarme el trozo de mi entrevista en el documental. La sorpresa fue, y por eso nuestra protesta, cuando recibo un e-mail, una semana antes del estreno, que dice que me invita al acto de inauguración.

¬Y le advierten de que puede tener problemas porque podría haber personas que le abuchearan.
¬Les llamé y les dije que quería ver qué habían puesto. Nos lo negaron hasta que lo forzamos con un requerimiento. No obstante, hemos aprendido a elegir nuestros tiempos, y utilizaremos este tipo de medidas cuando sea nuestro tiempo. Seguiremos dando nuestra batalla, porque Medem no es más que el frente cultural del plan Ibarreche ya que si uno ve entre imágenes, del mismo modo que se lee entre líneas, comprueba que lo que plantea no es más que una ideología determinada que sostiene el plan.

El PSOE ha dado al PNV y al entorno de EH decenas de cargos e instituciones en Navarra tras el 25-M
Después del pacto del PSN con nacionalistas e independentistas allí donde ganó UPN, los radicales se han crecido. Ikurriñas en consistorios, locales para movimientos de presos y ediles batasunos liberados, algunos de sus «logros»
El PSOE navarro ha otorgado responsabilidades municipales a varias formaciones nacionalistas vascas, algunas de las cuales no han condenado los atentados de ETA, entre otras «prácticas». Después de los comicios del 25-M, los socialistas arrebataron a UPN (PP) las alcaldías de Burlada, Estella, Tafalla, Barañáin y Sangüesa, con el respaldo de formaciones independentistas. Cuatro meses después, los socialistas navarros han concedido a estos partidos numerosos cargos y comisiones. Además de dar responsabilidades a los abertzales, el PSN han consentido en estos municipios actos como la colocación de ikurriñas en fachadas consistoriales o la concesión de barracas de feria a movimientos por los presos etarras.
Íñigo Urquía - Pamplona.- La Razón 6 Octubre 2003

La situación alcanza cotas llamativas en localidades como Barañáin, donde el PSN-PSOE ha cedido una sala de la Casa de Cultura al colectivo local de AuB; Tafalla, cuyo Consistorio liberó a un edil próximo a Batasuna, y Sangüesa, población que aprobó la inserción de un anuncio para promocionar sus fiestas patronales en el diario abertzale «Gara».

En Sangüesa, por ejemplo, el PSN ha integrado en la comisión de gobierno a Zangozako Herri Ekimena, un grupúsculo que se negó a condenar los atentados de este verano en Alicante y Benidorm y que se abstuvo en la votación de una iniciativa destinada a dedicar un monolito de homenaje a los dos policías nacionales asesinados por ETA el 30 de mayo en esta misma localidad.

El Gobierno de Burlada es del cuatripartito PSN, IU, Aralar y Batzarre. El Consistorio de esta localidad navarra ha designado a un miembro de Aralar como representante en la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona. Este grupo también preside las comisiones de Bienestar Social y de Euskera, y uno de sus representantes es teniente de alcalde. Otro de los socios de gobierno, Batzarre, posee responsabilidades en el Patronato de Cultura y, además, uno de sus ediles también es teniente de alcalde.

La situación es similar en Tafalla: poco después de que el PSN llegara al poder se creó la comisión de Euskera, que preside ¬como la de Juventud¬ EA. Además, Tafalla Berri (que según resaltaba la propia alcaldesa socialista en agosto, Maite Mañú, son «los herederos de Euskal Herritarrok y no van a tener la valentía de condenar el terrorismo) tiene la Presidencia de las comisiones de Mujer, Medio Ambiente y Sanidad Pública, así como representación en el Patronato de Deportes, y Cultura y en el de la Escuela de Música.

En Estella el pacto de gobierno está formado por EA, CUE (Candidatura Unitaria de Estella, una formación cercana a Batzarre), PSN-PSOE, IU/EBN y PNV. El PSN, que ya gobernó con los nacionalistas en la etapa de ocho años de José Luis Castejón, ha creado la Concejalía de Euskera. «El concejal de Cultura es de EA, el PNV tiene la Presidencia de Solidaridad y CUE gestiona Medio Ambiente y Mujer», explica María José Bozal, ex alcaldesa de Estella y miembro de UPN.

En Barañáin «los nacionalistas todavía no tienen comisiones pero Aralar lucha por hacerse cargo de las de Cultura, Euskera y Juventud, y EA-PNV controla una delegación de Euskera», según la oposición.
Otra situación en la que el PSN benefició al entorno de ETA fue la «liberación» parcial (concretamente de tres horas diarias) de un concejal de Tafalla Berri, sucesor de Batasuna en el municipio.
Gorka Labat, que fue el edil que finalmente designó Tafalla Berri para cobrar este pago, recibe 5.980 euros brutos al año y es el Ayuntamiento de Tafalla quien retribuye a la Seguridad Social.

Las fiestas, un «peaje» al PNV
Los socialistas navarros también pagaron un peaje a los nacionalistas en el Ayuntamiento de Sangüesa. El Consistorio aprobó gastar 300 euros para insertar un anuncio de las fiestas patronales en el periódico abertzale «Gara», según aclaró José Daniel Plano (de la Agrupación Independiente San Sebastián, un grupo equivalente a UPN). Finalmente, el anuncio se publicó el día 12 de septiembre. Además, en las fiestas patronales de Tafalla, en 2003, «no de un mástil pero sí en un balcón, ondeaba una ikurriña desde el Consistorio». Por otra parte, UPN también denunció la instalación en las fiestas de Tafalla de barracas habilitadas por gestoras pro-amnistía y otros colectivos ilegalizados que proceden de Batasuna y cuentan con el permiso de la Alcaldía.

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