AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 11 Octubre  2003
EL CHASCARRILLO
Jaime CAMPMANY ABC 11 Octubre 2003

Empresarios ante Ibarreche
Editorial La Razón 11 Octubre 2003

LA COMPAÑÍA SE VA
MIKEL BUESA ABC 11 Octubre 2003

Bono se pone a tiro
Ignacio Villa Libertad Digital  11 Octubre 2003

Una cuarta parte de los empresarios, a un paso del «exilio» por el plan Ibarretxe
ABC 11 Octubre 2003

La burla proetarra
Editorial El Ideal Gallego 11 Octubre 2003

La izquierda insolidaria
Editorial La Razón 11 Octubre 2003

SE VA O LE ECHAN
Editorial ABC 11 Octubre 2003

Homenaje y perdón
Cartas al Director El Correo 11 Octubre 2003

La sustituta de Ordóñez en la Cámara de Vitoria deja el País Vasco
SAN SEBASTIÁN. ABC 11 Octubre 2003

España en el corazón del futuro
Editorial La Razón 11 Octubre 2003
 

EL CHASCARRILLO
Por Jaime CAMPMANY ABC 11 Octubre 2003

PARECE ser que las treinta y cuatro detenciones realizadas por las Policías española y francesa suponen el desmantelamiento del aparato que la banda etarra utilizaba para obtener información y para captar y reclutar nuevos miembros. Cuatro de ellos fueron detenidos en Francia, y el resto de ellos en las tres provincias del País Vasco y en Navarra. Algunos se dedicaban a elaborar la información necesaria para perpetrar los atentados y otros se ocupaban en cuidar y proveer el vivero de los alevines de etarra, o sea, en cuidar y alimentar el vivero de nuevos asesinos.

El terror sin descanso que ETA ha desatado en España durante tres décadas, la historia de sus crímenes, los casi mil muertos de su palmarés más los secuestros, torturas y extorsiones, obligan a los más piadosos españoles a acoger con alegría estas operaciones policíacas. Incluso los espíritus más proclives a lamentar y dolerse del mal del prójimo, por más que el prójimo sea un delincuente, liberan un suspiro de alivio cuando un etarra cae en manos de las fuerzas de Seguridad, incluso cuando un etarra encuentra la muerte porque le estalle una bomba en las manos o porque la Policía responda a tiros su tiroteo previo. El terror continuado ha terminado por darle la razón a Fraga cuando dijo aquello de que el mejor terrorista es el terrorista muerto. Y en todo caso, el encarcelado.

Hay que reconocer que el Gobierno español que se ha tomado más en serio la tarea nada fácil y nada breve de acabar con la actividad terrorista ha sido el Gobierno de José María Aznar. También es verdad que, antes, los etarras quisieron acabar con él. Aznar ha podido presidir el Gobierno que más ha hecho para erradicar a ETA gracias al error de unas décimas de segundos en activar una bomba. Esperemos que los gobiernos que sucedan a Éste sean tan tercos y tan certeros en el combate contra el terrorismo. Porque mientras esa realidad siniestra y esa amenaza constante persistan, no podremos hablar de paz en la tierra de España. Y la paz es el primer presupuesto de la libertad, de la democracia y del bienestar.

Poco a poco, pero implacablemente, el poder de la banda etarra se debilita. Cada vez decrece visiblemente su poder de actuación. Cada día sus acciones son menos frecuentes y menos efectivas. Las dificultades para su actuación son mayores cada momento que pasa. Con ETA no se puede ser optimista, porque el optimismo puede caer en cualquier momento bajo el hachazo de un nuevo atentado, pero no parece optimismo insensato o exagerado pensar que lo que queda de actuación a los etarras empiezan a ser coletazos. Naturalmente, esa decadencia de ETA influye de manera evidente en los objetivos políticos de los partidos nacionalistas.

Hasta ahora, las vindicaciones del nacionalismo rabioso han venido sostenidas y apoyadas por la actuación criminal de ETA. «Que unos arreen para que otros negocien». Pero los etarras arrean menos, sus fuerzas desfallecen, y el nacionalismo fanático está cada vez más desamparado de esa macabra ayuda. Por ejemplo, sin que ETA mate, el «Plan Ibarreche», un chascarrillo.

Empresarios ante Ibarreche
Editorial La Razón 11 Octubre 2003

Las organizaciones empresariales del País Vasco han cerrado filas contra el presidente de la patronal CEOE, José María Cuevas, por haberse manifestado inequívocamente en defensa del Estado de Derecho y la Constitución, y haber dicho que nada pasaría por actuar con toda la fuerza legal contra el Ejecutivo nacionalista si persiste en un plan secesionista. Tanto Confebask como Adegui se han apresurado a deplorar las palabras de Cuevas, a quien se acusa ahora de apoyar una eventual suspensión de la Autonomía, pues de sus palabras, aunque lo cierto es que nunca lo dijo, se advertía una apelación al artículo 155 de la Constitución.

Cabe pensar que Cuevas no es un neófito en el mundo empresarial o en sus relaciones con la política, y que cuando se refirió con tal rotundidad al Plan Ibarreche lo hizo desde el conocimiento del sentimiento del empresariado vasco. Un sentimiento anticipado ya por el presidente del Círculo de Empresarios Vascos, Alejandro Echevarría, que criticó con dureza un plan secesionista que responde a una situación política concreta del nacionalismo y crea más problemas que soluciones al conjunto de la sociedad vasca y daña a una economía que es claramente interdependiente de la del resto de España.

Conviene, no obstante, recordar la realidad de la situación en el País Vasco y enmarcar la postura de las citadas asociaciones en la tremenda falta de libertades, en el comprensible miedo a ser marcado como «españolista» y en la dependencia económica de los presupuestos manejados por el PNV. Porque cuando se hacen estudios serios, en libertad, como el realizado por el catedrático Mikel Buesa, resulta estremecedor comprobar que una cuarta parte de las empresas considera ya el traslado de su sede o de su producción fuera de la Comunidad. Es más, un tercio de los empresarios consideran que la sola presentación del Plan ya les ha perjudicado en sus ventas o en sus relaciones comerciales y temen que la situación no haga más que empeorar, e incluso se les cierren las puertas de la UE.

LA COMPAÑÍA SE VA
Por MIKEL BUESA. Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid ABC 11 Octubre 2003

GABRIEL García Márquez, en el que por ahora es el primer y único volumen de sus memorias, narra con las siguientes palabras el inicio de la que más tarde sería imparable decadencia de la zona bananera del Caribe colombiano y, dentro de ella, de la Aracataca en la que nació un día de marzo de 1927 mientras caía un aguacero torrencial: «Desde que empecé a recordar, oí repetirse la frase fatídica: «Dicen que la compañía se va»». Alude así al abandono de la United Fruit Company, que después de la famosa huelga de diciembre de 1928 -y de la matanza con que terminó- se encontró con un ambiente crecientemente hostil en una circunstancia histórica -la de la crisis mundial de 1929- poco propicia para los negocios. El escritor, con la extraordinaria precisión que caracteriza su estilo, añade esta observación: «Sin embargo, o nadie lo creía o nadie se atrevió a pensar en sus estragos».

Algo de esto se puede advertir hoy cuando nos enfrentamos a los probables efectos económicos que acabarán derivándose de la aventura política en la que se ha embarcado el nacionalismo vasco, a través del plan Ibarretxe, con la finalidad de dar cumplimiento a la vieja aspiración de su fundador Sabino Arana: la «independencia de Euskeria» para «aislarnos de los maketos en todos los órdenes de la vida... y trabajar por la gloria de Dios». Pues, en efecto, aunque desde algunas organizaciones patronales, como el Círculo de Empresarios Vascos, se ha sostenido que ese plan puede «generar una incertidumbre y una inestabilidad política que son perjudiciales para la actividad económica... y la generación de riqueza y empleo», no parece que quienes entre el empresariado, la política o la comunicación tienen voz pública, la hayan hecho oír para advertir del riesgo inmediato con el que nos enfrentamos.

Por ello, me parece que este es un buen momento para comentar los principales resultados que hemos obtenido en una encuesta a las medianas y grandes empresas del País Vasco, realizada por el Instituto de Análisis Industrial y Financiero de la Universidad Complutense. Ha sido un trabajo de difícil ejecución por el temor a contestar de muchas de las personas a las que nos hemos dirigido, lo que no es sino una nueva expresión de la «espiral de silencio» a la que conduce el miedo que atenaza a la sociedad vasca, tal como ha mostrado Florencio Domínguez en un reciente libro sobre este asunto. Basten para mostrarlo las palabras de una carta que me escribe un importante empresario vizcaíno: «Recibí oportunamente la encuesta. No contesté, pues están infiltrados en todas partes»; y tras pedirme el envío del informe que se derivará de ella, añade que es «innecesario decir que, como no contribuimos a la encuesta, por razones obvias, contribuiremos económicamente con los gastos». Aún así, las 78 respuestas obtenidas garantizan un error máximo del orden del diez por ciento y, por tanto, una precisión suficiente para conocer las tendencias fundamentales de la acción de las empresas ante el plan Ibarretxe.

Lo primero que señalan las empresas vascas es su profunda imbricación en el mercado nacional español. Para cuatro de cada cinco de ellas ese es el principal destino de sus ventas; además, en un 37 por 100 de los casos cuentan con instalaciones de producción en regiones españolas distintas del País Vasco, y en el 58 por 100 ocurre lo mismo con respecto a las estructuras de comercialización. Esta apertura hacia la geografía peninsular ha sido el resultado de un proceso de realización de inversiones que abarca un largo período de tiempo y que ha estado impulsado, tanto por factores de demanda o de naturaleza tecnológica, como por la existencia del terrorismo y de un clima político adverso dentro de la región. En la encuesta se ha preguntado sobre estos dos últimos elementos y los empresarios han respondido que los consideran relevantes para determinar sus decisiones. Más aún, cuando se les ha pedido que especifiquen su influencia a la hora de establecerse fuera de Euskadi, un tercio de ellos los ha señalado como importantes para concretar su localización dentro de España. Quiere ello decir que el terrorismo y el nacionalismo han ido expulsando de su propia tierra a una proporción significativa de las empresas vascas, de manera que éstas han ido estableciendo una parte de su actividad en otros puntos de España.

Con esta experiencia previa, las empresas vascas afrontan el plan Ibarretxe. Al ser interrogadas acerca de su opinión sobre los efectos de esta propuesta, un 55 por 100 señalan que será perjudicial en el corto plazo; y sólo un 10 por 100 la consideran positiva, quedando el resto para los que entienden que no afectará a sus negocios. Pero si nos situamos en el largo plazo, las respuestas se polarizan. En tal caso, la proporción de los que la juzgan negativa sube hasta el 57 por 100, y la de los que la valoran beneficiosa hasta el 23 por 100. Este acortamiento en la diferencia entre una y otra opinión no oculta, sin embargo, que la distancia entre ambas es muy amplia y que predomina la idea de que, con el paso dado por el nacionalismo gobernante, las empresas del País Vasco saldrán perdiendo.

Yendo más lejos, la encuesta ha revelado que esa pérdida ya se está produciendo desde que, en septiembre de 2002, el lehendakari hizo pública su intención de encaminar al País Vasco hacia la independencia. La opinión empresarial señala que, en el año transcurrido desde entonces, ha habido un deterioro de las ventas y de las relaciones con clientes y proveedores. En particular, para un tercio de los entrevistados se ha producido una reducción de oportunidades de mercado en el resto de España; y un 36 por 100 destaca el enrarecimiento de la vinculación con sus compradores. Por ello, no sorprende que más de cuatro de cada diez de estas empresas hayan empezado a estudiar la adopción de medidas para afrontar las consecuencias del plan Ibarretxe. En muchos casos, se trata todavía de discusiones de naturaleza informal, pero en más de un tercio se ha llegado a un análisis muy estructurado dentro de los comités de dirección, con la formulación de informes escritos e incluso la redacción de planes de contingencia. Y se contemplan diversas estrategias posibles, entre las cuales las más citadas son las que señalan el traslado de la producción, y también de la sede central, fuera de Euskadi. Más en concreto, nuestra encuesta evalúa en una cuarta parte del total las empresas medianas y grandes del País Vasco que están planificando o realizando ya su marcha fuera de la región en un intento de preservar sus actividades y sus mercados.

Las empresas se irán. Si las expectativas que señala nuestra encuesta se acaban cumpliendo, por el efecto directo de la deslocalización de las actividades de las firmas medianas y grandes, el País Vasco perderá cerca de la décima parte de su producto interior bruto, así como un 7,5 por 100 de su empleo. Y los efectos indirectos sobre las pequeñas empresas que son sus proveedoras y subcontratistas, llegarán mucho más lejos. Las empresas se marcharán porque no pueden soportar la presión a las que les somete el nacionalismo; y al irse se llevarán las oportunidades de desarrollo, de trabajo y de bienestar, dejando una estela de desempleo. Esta es la desolación que promete el plan Ibarretxe. Y, por ello, ha llegado la hora no sólo de creerlo, sino de atreverse a pensar en sus estragos.

Bono se pone a tiro
Ignacio Villa Libertad Digital  11 Octubre 2003

En el PSOE comienzan ahora quince días decisivos para su futuro. En la calle Ferraz saben que el 26 de octubre, con el resultado que salga de las urnas en las elecciones autonómicas de Madrid, se pueden remover los cimientos de la Secretaría general. Y eso no es poca cosa. Más de uno se pregunta si son las elecciones madrileñas unas primarias para Rodríguez Zapatero y, aunque carece de importancia la etiqueta que se le pueda poner a los comicios, lo realmente decisivo es que, si el PSOE obtiene unos malos resultados en la Comunidad de Madrid, el futuro de Zapatero será cuestión de días, o de horas.

Si Esperanza Aguirre logra un escaño más que la coalición PSOE-IU el próximo 26-O, el daño será importante, pero no definitivo. Si Aguirre consigue dos escaños más, Simancas se hundirá y Zapatero lo pasará francamente mal. Si la candidata del PP obtiene tres escaños más que la pareja Simancas-Fausto Fernández, al PSOE se le fundirán los plomos: será un desastre muy difícil de levantar. Dicho de otra forma: a estas alturas de la película, el futuro está escrito. Los resultados de Simancas son los de Zapatero. El líder del PSOE ha atado su proyecto al futuro de su candidato en Madrid, porque su defensa numantina de la posición de la FSM en la crisis de la Asamblea de Madrid le ha convertido ya de forma irremediable en rehén político de Simancas.

Y ante esta realidad sabida, conocida y aceptada en el PSOE surge en el horizonte la presencia imprevista de José Bono en Madrid. ¿Que ha venido a buscar el presidente castellano-manchego a las elecciones madrileñas? Pues, entre otras cosas, una clara notoriedad nacional. Bono, que sigue recordando a todas horas que Zapatero es secretario general por un margen de nueve votos, parece dispuesto a situarse bien por lo que pueda pasar en el futuro. Además, desde hace semanas está haciendo gala de un claro discurso de política nacional, reforzando los mensajes de los que carece Rodríguez Zapatero. La vigencia de la Constitución, los peligros de los nacionalismos y la unidad de España son algunas de las ideas que maneja José Bono en sus intervenciones públicas. Una actitud que, no nos engañemos, desde luego esconde una estrategia evidente.

Son demasiadas las circunstancias que indican que Bono no está de brazos cruzados. El presidente castellano-manchego está claramente a la expectativa. Sabe que Zapatero puede hundirse y, aunque queda poco tiempo, él podría aparecer como el salvador socialista ante una previsible catástrofe. Por supuesto, también sabe que no puede prometer una victoria en marzo; pero sí puede parar el golpe dignamente y, luego, tendría una legislatura por delante para ganar unas generales desde el Congreso de los Diputados. No cabe duda de que, aunque lo niegue, Bono está a la espera de lo que pueda pasar y sabe que su oportunidad puede llegar pronto. De momento, se pone a tiro.

Una cuarta parte de los empresarios, a un paso del «exilio» por el plan Ibarretxe
ABC 11 Octubre 2003

Según un informe del Instituto de Análisis, la mayoría de las industrias advierten de los efectos negativos que para la economía vasca tendrá el proyecto del PNV

MADRID. Una cuarta parte de los empresarios vascos se está planteando abandonar el País Vasco y un 23 por ciento estudia trasladar la sede central de su empresa, según concluye una encuesta elaborada por el Instituto de Análisis Industrial y Financiero para comprobar los efectos a medio y corto plazo del plan Ibarretxe.
El informe sostiene que ambas posibilidades «pueden perjudicar seriamente a la economía vasca, pues pueden implicar tanto la pérdida de actividad como de empleo, con una reducción de ingresos fiscales para las haciendas forales». Sólo unas pocas empresas estudian la posibilidad de paliar los efectos negativos del proyecto soberanista a través «de campañas publicitarias, el uso de marcas alternativas fuera de la región o la realización de desinversiones para ajustar la actividad a la demanda».

Preservar el mercado
Otra de las conclusiones del informe, realizado por Mikel Buesa, Joost Heijs, Thomas Baumert y Mónica Martínez Pellitero, para la Universidad Complutense de Madrid, es que, con la propuesta del lendakari, son las empresas de «mayor relieve competitivo» las que se pueden acabar viendo «impelidas a abandonar el País Vasco para preservar su actividad y sus mercados».

El estudio advierte de que el proyecto independentista que pretende sacar adelante el Ejecutivo nacionalista puede «implicar importantes pérdidas» para las empresas, debido a la fuerte interrelación que tienen éstas con el mercado nacional español. Entre los datos que reflejan este vínculo está el de las exportaciones de bienes y servicios que realizan las empresas vascas. El 54,3 por ciento de éstas se produce en el resto de las regiones españolas. El mercado principal para las empresas vascas son el nacional y el extranjero que suman el 80,3 por ciento, según la encuesta, mientras que sólo el 19,7 por ciento del producto se vende en la propia Comunidad Autónoma. Además, la incidencia es mayor entre las empresas que tienen capital extranjero o que se integran en grupos, ya que tienen su principal mercado fuera del País Vasco.

A corto plazo, más del 55 por ciento de los encuestados considera que el plan Ibarretxe tiene una incidencia negativa y sólo una décima parte ve en ella un elemento positivo. A largo plazo, aumenta hasta un 57 por ciento de los consultados que prevén incidencia negativa y se incrementa también hasta el 22 por ciento los que creen que será positiva. El estudio señala que estos porcentajes demuestran que «tiende a verse como perjudicial para las empresas vascas» el citado plan.

Con más de 100 trabajadores
El perfil de las que consideran negativo el plan soberanista responde a empresas que integran un grupo de capital nacional o que se incluyen en un grupo multinacional cuya dimensión supera los 100 trabajadores y cuyos mercados e instalaciones se extienden también por el resto de España.

Sin embargo, las empresas de capital familiar, que no llegan a los 100 empleados y se orientan preferentemente al mercado local son las que ven «positivamente» el plan. En el año transcurrido desde que Ibarretxe anunciara su pretensión de sacar adelante el proyecto secesionista se han visto ya efectos negativos. Así, parece haber empeorado la competitividad de las empresas que, con más intensidad, se integran en el mercado nacional.

La burla proetarra
Editorial El Ideal Gallego 11 Octubre 2003

Nadie tiene la culpa de haber nacido sin gracia, pero quien no es simpático y trata de pasar por chistoso sí hay que censurarle su conducta. Cuando las chanzas se quieren hacer en un Parlamento y la burla cuenta con la anuencia del presidente de la cámara, que con su actitud pisotea una resolución judicial, la situación resulta de lo más seria. Eso es lo que ocurre en la asamblea legislativa vasca, donde Atutxa y los proetarras desprecian un día tras otro la orden del Tribunal Supremo de disolver el grupo de Sozialista Abertzaleak. La última vez que se comportaron así fue ayer, con la circunstancia agravante de que el presidente del Parlamento dejó al diputado “batasuno” Antton Morcillo que insultase a los representantes del PP y una vez que acabó con sus descalificaciones le pidió que se ajustase al tema del debate. Es necesario que alguien dé un puñetazo en la mesa (de la cámara) y obligue a que se respete la decisión judicial, porque nadie se puede mofar impunemente de la democracia.

La izquierda insolidaria
Editorial La Razón 11 Octubre 2003

Buena la ha liado Maragall con el asunto del agua. Una vez más, otro socialista viene a destrozar aquello de la derecha insolidaria y cerril, poco sensible a las demandas sociales, frente a una izquierda generosa, que busca el bien común de los descamisados del planeta. «¿Que os quieren quitar las pensiones!», gritaba Guerra hace pocos años. «¿Que vuelve el franquismo!», añadían otros. Ellos, los que sentaron cátedra y jurisprudencia con la corrupción y a quienes hicieran un guiño le amenazaban con no salir en la foto; los que ahora enarbolan la bandera de la «Brunete mediática», como vulgares Arzallus. ¿Quién los ha visto y quién los ve! La izquierda insolidaria se ha quitado la careta, se le han caído las vergüenzas y desnuda de argumentos posa ante el pueblo mostrando lo peor de quien lo tuvo todo pero cayó de bruces en la redes del poderoso caballero, que diría Don Francisco de Quevedo. Suerte tiene esta izquierda huérfana de ideas y talentos de tener un país de cojos, ciegos y sordos, esta España nuestra, anclada todavía en las viejas milongas de buenos y malos. De eso dicen, sabe un huevo y la yema del otro, Simancas o Simangas.

Maragall ha dicho que valencianos y murcianos malgastan el agua. Después ha vuelto a decir que no sabía si en verdad la malgastaban, pero que, en cualquier caso, ni una gota al sur sediento. Los socialistas valencianos y murcianos están al borde del infarto, de un ataque de nervios o de la locura, sino las tres cosas al tiempo. Con lo que les cuesta ganar simpatías y llega Maragall y se las destroza en un santiamén. Zapatero tiene en Maragall a su peor enemigo, o como decía Byron, los hombres son juguetes de las circunstancias, aunque éstas parezcan ser juguetes de aquéllos. «Las piedras de las calles me dan miedo/las siete colinas, mal de ojo./¿Qué sería de mí si un toro rojo/escogiera mi barrio como ruedo?, sentenció Alberti, pensando en cierta izquierda.

SE VA O LE ECHAN
Editorial ABC 11 Octubre 2003

ES comprensible que Xabier Arzalluz prefiera irse y no que le echen, pero por la rapidez con que el diario «Deia» filtró una supuesta renuncia del presidente del PNV a la Comisión de Garantías de su partido parece que no son pocos ni con poco poder los que quieren cambiar de dirigente. Ante lo inevitable, Arzalluz ya ha dicho que anunciará su renuncia a la reelección, pero más adelante. El episodio demuestra que la situación del PNV no es, ni mucho menos, pacífica, porque se han cruzado el proceso de sucesión de Arzalluz con el desafío del plan Ibarretxe.

Para un partido cuyo principal objetivo es perpetuarse en el poder, ambas circunstancias han concurrido de forma demasiado abrupta y los nervios afloran entre sus facciones, que las hay y muy movilizadas. Es evidente que Arzalluz y sus colaboradores chocan con la principal organización territorial del PNV, la vizcaína, cuyo aparato dirigido por Xabier Urkullu ya ganó a Arzalluz la importante partida de la candidatura a diputado general. Entonces como ahora no había ninguna diferencia ideológica, sino solamente pretensiones contradictorias sobre el control interno del partido.

Buscar en estas disensiones una expectativa de variación ideológica es una absoluta ingenuidad. Los planteamientos de Urkullu, o de Gerenaberrena en Álava, o de Juaristi en Guipúzcoa -los tres presidentes territoriales- son de estricta ortoxodia sabiniana. Al PNV sólo le mueven los riesgos de mantenerse en el poder y, en este sentido, el plan Ibarretxe incomoda a algunos sectores, pero sólo en este sentido. De hecho, el candidato alternativo al clan de Arzalluz es Josu Jon Imaz, actual portavoz del Gobierno vasco. Nada indica que su probable elección mejore el pronóstico del partido frente a la posibilidad de que el elegido fuera Joseba Egibar. Las diferencias de modos y maneras es de agradecer en beneficio del primero, pero nada más, pues si lo que importan son los hechos, Imaz ha sido la cara amable de las decisiones más radicales del Gobierno de Ibarretxe en su desafío al Estado. Ha participado y defendido medidas como la querella contra Garzón por las medidas de ejecución de la suspensión de Batasuna, o la denuncia contra España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por violación de derechos humanos cometida por la aprobación de la Ley de Partidos, o la subvención a familias de etarras para que visiten a los presos, entre otros ejemplos de la política concurrente del Gobierno vasco con el entramado batasuno de ETA.

Sea Imaz o Egibar, gane Urkullu o echen a Arzalluz, la sucesión en la Presidencia del PNV no alterará un proyecto de ruptura y enfrentamiento propuesto irreversiblemente. Las condiciones de seguridad personal y calidad de vida democrática no mejorarán para los no nacionalistas. ETA y Batasuna no se sentirán compelidas a cambiar su estrategia. Son cambios para que todas las cosas sigan igual o incluso, si es posible, un poco más nacionalistas.

Homenaje y perdón
José A. Cengotitabengoa/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 11 Octubre 2003
 
Lo primero que quiero decir es que este homenaje a las víctimas es tardío, debería de haber sido hace mucho tiempo. Fui votante del PNV hasta que mataron a Gregorio Ordóñez, que fue la gota que colmó el vaso de mi indignación. Lo siento por haber alimentado y engordado con mi voto a esa bestia que es el nacionalismo: yo, como incauto, votándole y él negociando con ETA. Ya me lo decía mi amigo I., menos incauto que yo: «Cengo, los nacionalismos son muy peligrosos». ¿Qué razón tenía! Ahora creo que nunca más votaré a un partido nacionalista a ultranza, como el PNV, porque muchos dirigentes y miembros rasos anteponen sus objetivos a otros que yo considero antes, y miran hacia otro lado cuando ocurren sucesos contra la vida y la libertad de los que no piensan como ellos y así lo expresan.

Si no hubiera visto el engaño, la falsedad y el todo vale de muchos miembros de ese partido para llevar adelante sus planes elaborados hace muchos años; si no hubiera visto su actitud, y si no les hubiera visto mirar hacia otro lado ante la persecución y el asesinato, otra cosa sería mi forma de pensar, pero he visto la cara del nacionalismo que me enseñó mi amigo. No quiero nada conseguido tan manchado de sangre, dolor y engaño. Me uno a las víctimas totalmente. Pido perdón en lo que pueda haberles faltado al no haber levantado mi voz antes y por haberme dejado engañar por lobos disfrazados de corderos.

La sustituta de Ordóñez en la Cámara de Vitoria deja el País Vasco
SAN SEBASTIÁN. ABC 11 Octubre 2003

La histórica dirigente del PP vasco María Eugenia García Rico ha decidido abandonar la política y trasladarse fuera del País Vasco para «cambiar de vida» después de dos décadas dedicada a la actividad pública.

García Rico, que ocupa escaño en el Parlamento vasco desde 1995, cuando sustituyó a Gregorio Ordóñez, y es concejal en la localidad guipuzcoana de Cizúrquil, se ha establecido ya fuera del País Vasco, por lo que el próximo día 17 presentará su dimisión en la Cámara donde será sustituida por el edil de Irún Borja Sémper.

«He cubierto una etapa y hay que saber cerrarla después de tantos años y una vida bastante dura», explicó García Rico, quien no obstante no descarta la posibilidad de volver a establecerse en Guipúzcoa y regresar a la vida política, ya que mantiene «las mismas ideas y el compromiso con el País Vasco».

La histórica militante, fundadora del PP en su localidad natal, Irún, ha dimitido ya de su cargo de coordinadora de Política Autonómica y Relaciones Institucionales del Comité de Dirección del partido en Guipúzcoa y ha comenzado una nueva actividad profesional. Aunque no se marcha por ninguna amenaza concreta ni por miedo, admitió que la obligatoriedad de llevar escolta durante los ocho últimos años ha pesado en su decisión, ya que significa «una falta de libertad y de privacidad que impide hacer cosas que hacen las personas normales». García Rico, que ha sido concejal en Irún durante 16 años, ingresó en el PP de la mano de Gregorio Ordóñez e impulsada por su propia vivencia personal, ya que su familia abandonó el País Vasco por las amenazas recibidas por su padre y su hermano, ambos miembros de la UCD.

España en el corazón del futuro
Editorial La Razón 11 Octubre 2003

Nueva York, el corazón del nuevo mundo donde se está escribiendo el futuro, late estos días al compás de lo español. La presencia emergente de nuestra cultura en Estados Unidos alcanza cotas inéditas, como lo demuestra una somera enumeración de acontecimientos: estreno de la nueva sede del Instituto Cervantes, que ayer inauguró en un brillante acto el Príncipe de Asturias; apertura de la exposición del nuevo arte español «The Real Royal Trip», que se viene a sumar a la antológica de El Greco en el Metropolitan, calificada por la crítica local de acontecimiento cultural de primer orden; desembarco de la Fundación Príncipe de Asturias y del Coro del Principado; el neoyorquino Centro de Arquitectura se rinde a Santiago Calatrava, el español que participará en la reconstrucción de la Zona Cero...

Tal acumulación de manifestaciones no es algo casual o cuestión de coyuntura. Al contrario, desde hace algunos años, de la mano del cine, de la moda o de la gastronomía, la rica y compleja cultura española está mostrando toda su vitalidad, su poderosa fuerza intrínseca y su capacidad de atracción para la sociedad norteamericana. Pintura, escultura, arquitectura o literatura con sello español suelen atraer de inmediato el interés de los círculos culturales de EE UU, hasta el punto de que también en este terreno podría hablarse de «milagro» español.

La clave de este «milagro», sin embargo, no reside tanto en «lo español» como en «lo hispano». Es decir, en el idioma que compartimos con 400 millones de hermanos de Iberoamérica, auténtico motor de esta revolución que en pleno corazón de imperio norteamericano comparte con el inglés la supremacía mundial. La cultura española y en español, tan ninguneada, despreciada y aun perseguida en la propia España, está ganando su futuro al otro lado del Atlántico. Pero también es cierto que los norteamericanos, y los neoyorquinos en particular están descubriendo, gracias a este intenso desembarco cultural una faceta netamente española que no llegaban a reconocer bajo un paraguas «latino», en el que florecen con intensidad nuevos autores, nuevos periódicos y se multiplican las emisoras de radio y televisión junto a agencias publicitarias que buscan hacerse un hueco entre los consumidores hispanos.

Los intereses de España, y el conjunto de lo hispano, de ese motor que está llamado a desarrollar en el corazón del imperio una gran industria cultural beneficiosa para todos, con su correspondiente asiento en las cuentas de resultados de las empresas que hacen sus negocios en español, resulta enormemente beneficiado por este impulso en el exterior a nuestra cultura. Por eso, iniciativas como las desarrolladas por el Instituto Cervantes merecen apoyo, sin tacañerías ni medianías. Así lo ha entendido este Gobierno y así se espera de los sucesivos.

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