AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 12 Octubre  2003
El fuero y el huevo
Amando de Miguel La Razón 12 Octubre 2003

NI UN PASO SIN IBEROAMÉRICA
Editorial ABC 12 Octubre 2003

Los mejores «partidos» son los políticos
Miguel Martín La Razón 12 Octubre 2003

Maragall tiene su Plan Ibarretxe
Iñaki Zaragüeta La Razón 12 Octubre 2003

CARTA A UN ESPAÑOL
Alfonso USSÍA ABC 12 Octubre 2003

El plan y las alternativas
ENRIQUETA BENITO Y ERNESTO LADRÓN El Correo 12 Octubre 2003

Desfiles con Maragall
VALENTÍ PUIG ABC 12 Octubre 2003

Los proetarras amenazan impunemente a los cargos del PP en las principales calles de Durango
EFE Libertad Digital  12 Octubre 2003

ETA planeaba asesinar a un ertzaina, vigilado por dos de los detenidos en la última redada
C. CALVAR COLPISA. MADRID El Correo 12 Octubre 2003

Una opinión desde fuera
MANUEL ALCARAZ RAMOS El Correo 12 Octubre 2003

Desde fuera del tiesto
Nota del Editor 12 Octubre 2003
 

El fuero y el huevo
Amando de Miguel La Razón 12 Octubre 2003

El tema de nuestro tiempo político no es otro que el de la invertebración de España, hoy como hace tres cuartos de siglo, cuando escribía Ortega y Gasset. Sorprende la contumacia de algunas cuestiones. La ventaja es que hoy contamos con una constitución perfectamente aceptada y estable. Sin embargo, hay algunos que no quieren ser españoles o que pretenden serlo de forma aprovechada. Son los que se apropian del agua de un río y se oponen a que se venda a los demás españoles que deseen producir con ella. Para mayor escarnio, esa conducta se hace llamar «federalismo asimétrico».

Para entender todas esas incongruencias hay que leer el nuevo libro de Jaime Ignacio del Burgo, «Jaque a la Constitución». El lector inocente espera que, con ese título, del Burgo nos hable del ataque a la Constitución proveniente del nacionalismo vasco. Sería demasiado fácil. El libro nos sume en las preocupaciones que genera el nacionalismo moderado catalán, sea el de Mas o el de Maragall.

Del Burgo ha propiciado siempre ¬desde la época franquista¬ una ingeniosa fórmula de la nación española. En Navarra ha funcionado admirablemente esa fórmula. No es casual la coincidencia de que Navarra sea en los últimos tiempos una de las regiones más prósperas de España. El mismo lector ingenuo ¬que soy yo mismo¬ se pregunta por qué algo parecido a la fórmula navarra no se acoge en el País Vasco y Cataluña.

Del Burgo demuestra que los recientes experimentos de «soberanía compartida» de «Estado plurinacional» o de «federalismo» más o menos asimétrico son otras tantas formas de romper la Constitución. Añado yo que, en el fondo, se trata de auspiciar incruentos golpes de Estado. Lo malo es que acabarían siendo cruentos. Hace bien Del Burgo en señalar que el riesgo mayor proviene de Cataluña porque es ahí donde se aúnan los ímpetus disgregadores de nacionalistas y socialistas. Al menos en el resto de España los socialistas no están por la ruptura del pacto constitucional. Para que la nación española prospere no basta con un partido político que defienda la Constitución, el PP (más Unión del Pueblo Navarro y Coalición Canaria). Hace falta otro con la misma decisión: el PSOE. Esa última condición es la que está en peligro. En cuyo caso ya tenemos otra vez la «España invertebrada» de Ortega.

No deja de ser curioso que, al tiempo de discutirse la Constitución europea, se pueda plantear el jaque a la Constitución española. En el ajedrez uno de los dos jugadores es el que gana. En el juego político todos pueden ganar o todos pueden perder.

NI UN PASO SIN IBEROAMÉRICA
Editorial ABC 12 Octubre 2003

FUE Mitterrand quien afirmó en el Parlamento de Estrasburgo, en el crepúsculo de su vida política, hacia febrero de 1995, que en el vasto horizonte occidental sólo dos grandes lenguas contaban: la inglesa y la española. Dos formidables dominios lingüísticos y, por tanto, culturales.

De entonces a hoy, la presencia emergente de la lengua y la cultura en español en Estados Unidos, no sólo ha confirmado esa afirmación sino que ha transformado, de manera considerable, los parámetros de tal realidad hasta límites apenas sospechados hace una década. Porque esa presencia emergente en los Estados Unidos, y la inauguración de la muy relevante sede del Instituto Cervantes, en el centro de todo, Nueva York, no sería sino una metáfora de ello, convierte a esta nación en referente cultural hoy en el resto del mundo, en el punto de encuentro de ambos universos culturales, el inglés y el español.

Ahora, el continente americano, todo el continente americano está llamado a ser el gran protagonista del siglo XXI. Una certidumbre en la que la cultura representa un decisivo papel como elemento vertebrador de identidades. En el sentido amplio de la palabra es la hora de América. De la América grande, la América que, al tiempo que perfila una dimensión propia, recoge y refleja las herencias europeas. Ni vieja Europa, ni joven América.

Una nueva realidad en la que España podría encontrar, si sabe jugar con orden y cautela sus cartas, una nueva posición en el mundo. Ese es hoy el sentido de cada 12 de octubre. Un sentido de futuro, de proyección.

Iberoamérica y España tienen una particular riqueza, un pozo de petróleo sin fin: la lengua.

La emergencia en los Estados Unidos del idioma español subraya esa riqueza y advierte de los retos a los que se enfrenta el conjunto de la sociedad iberoamericana y española.

Si el español se consolida como la segunda lengua en la nación norteamericana -y se consolidan así unas industrias culturales en expansión: la editorial, la cinematográfica, la musical, con lo que en estrictos términos económicos eso puede significar para todos- se instalará, sin remisión, y gracias al considerable peso referencial de los Estados Unidos en otras áreas geográficas del mundo, bien sea la Unión Europea, en donde el español ya ocupa -caso de Francia, caso de Alemania- el segundo lugar tras el inglés, bien en el lejano Oriente -China y Japón-, en donde los intercambios comerciales con Iberoamérica constituyen un capítulo algo más que considerable.

La primera conclusión de futuro, más allá de los entrañables lazos históricos que cabe invocar cada 12 de octubre, es que España no debe dar un paso sin Iberoamérica. En primer lugar, porque si tal realidad, la poderosa proyección del idioma no ha tocado techo ni lo tocará en las próximas décadas, es así, se debe al hecho de que nueve de cada diez hablantes del español están al otro lado del Atlántico y, por tanto, esa es una realidad que no cabe ignorar, sino destacar, reconocer y apoyar.

En segundo lugar, porque es la dimensión atlántica la que otorga a España ese nuevo papel. Un viejo refrán chino recuerda que «cuando el dedo señala a la luna, el imbécil mira al dedo». La metafórica luna de esta historia real y tangible señala el horizonte posible con nítida claridad: una constante, incisiva, inteligente, consensuada acción internacional que consolide y amplíe lo alcanzado hasta este 12 de octubre de 2003. Una tarea que, entonces, sí da razón y sentido a la integración de una historia común: la de Iberoamérica, la de España.

Los mejores «partidos» son los políticos
Miguel Martín La Razón 12 Octubre 2003

A la hora de casarse no son pocos los que buscan un buen «partido». De quienes lo encuentran suele decirse que han dado un «braguetazo». O sea, que el cónyuge que han encontrado está «forrado».

No obstante, de un tiempo a esta parte las cosas han cambiado: los mejores «partidos» son los políticos; de forma que permiten casarse por amor y vivir como reyes. En este sentido, la política es puro romanticismo.

Pero como a todo hay quien gane, más románticos aún resultan los que han de hacer cuantiosos donativos a los partidos, se supone que a cambio de nada. ¿O es mucho suponer? Porque, curiosamente, el partido que más donaciones recibe es CiU y no puede decirse de los catalanes que sean unos manirrotos. Prueba de ello es que el pintoresco Maragall amenaza con que «Cataluña irá a la guerra, en el buen sentido», si no mejora la financiación autonómica.

A juzgar por los ojos que mantiene permanentemente guiñados se diría que ha descubierto la guerra a lametones, porque la historia no conoce guerras «en el buen sentido», y no será porque hayan escaseado. De modo que Dios nos libre de que por una extraña ironía del destino, el bélico señor Maragall acceda a la presidencia de la Generalitat catalana.

Según el Tribunal de Cuentas, la financiación de los partidos políticos es irregular en un 25 por ciento, pero no descarta un oscurantismo que encumbre un porcentaje bastante mayor, a través de las corporaciones municipales y autonómicas. El Tribunal pretende cortar los abusos con la reforma de la Ley de Financiación de las formaciones políticas, pero el único consenso de los partidos es el de dejarla como está. Lógico.

Aún más grave es que ese oscurantismo y el de otras donaciones privadas e interesadas se encuadra en el cuantioso fraude fiscal que en el transcurso del año se han incrementado en un 19 por ciento, hasta superar los 8.500 millones de euros, se dice pronto.

El total de las subvenciones estatales y electorales que reciben los distintos partidos asciende a casi 166 millones de euros, pero tan sólo seis de ellos acumulan una deuda que se acerca a los 200 millones, pese a que obtiene otras donaciones privadas, más los ingresos por las cuotas de sus asociados.

Dichosos ellos que pueden permitirse tamaños despilfarro porque cada vez es mayor el número de familias españolas que pasan apuros para llegar a fin de mes. Quizá por eso no se preocupan del alza abusiva del precio de los alimentos, que supera en varios puntos al resto de los países de la Unión Europea.

Aunque los políticos achaquen esa contrariedad sólo las irregularidades climáticas se ha constatado su descontrol en los márgenes comerciales de los productos alimenticios; cerca del 300 por cien en el incremento del de la patata. Pero como, aun así, los contribuyentes nos ahorraremos 4.800 millones el próximo año por la bajada de impuestos, vayamos a votar.

Maragall tiene su Plan Ibarretxe
Iñaki Zaragüeta La Razón 12 Octubre 2003

El dirigente socialista demuestra mala fe y total ignorancia del esfuerzo valenciano en la gestión y utilización del agua desde hace años, como han comprobado por un lado los representantes del Banco Europeo de Inversiones y como ha dejado patente por otro el Instituto Nacional de Estadística. Los primeros subsanaron la desinformación que Bruselas tenía sobre ese aspecto de la Comunidad Valenciana, gracias a las campañas de determinados grupos políticos, lamentablemente entre otros el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero. El segundo ha considerado en su informe a esta región como la cuarta de España que más ha evolucionado en ahorro de agua.

Maragall olvida voluntariamente la letra y espíritu del PHN, cuya mayor parte de las inversiones están destinadas precisamente a mejorar la utilización y la gestión hídrica. Desconocer eso constituye una falta grave en un político de la experiencia y de la talla que él pretende alcanzar.

Tampoco habla, al igual que su correligionario Marcelino Iglesias, presidente de Aragón, de las 500.000 hectáreas que el PHN proyecta transformar en regadío en Tarragona y Zaragoza. Ni que el Ebro vierte al mar muchos más hectómetros cúbicos que los 800 que se necesitan en los territorios al sur de Cataluña. En definitiva, Maragall ha lanzado su Plan Ibarretxe sobre el agua contra los intereses de la Comunidad Valenciana, Murcia y Almería sin aclararnos cómo va a llevarlo a la práctica. Si en las urnas obteniendo la mayoría absoluta en España para derogar la Ley del PHN, aprobada por el Congreso y el Senado, si por las armas impidiendo la construcción de esta gran infraestructura o invadiendo las cinco provincias de referencia.
No sé si estas propuestas le darán votos en su carrera contra la CiU de Jordi Pujol y ahora de Artur Mas, pero desde luego está haciendo un flaco favor a sus compañeros en el resto de España. Zapatero tendrá que explicar semejantes delirios en todas las circunscripciones citadas.

CARTA A UN ESPAÑOL
Por Alfonso USSÍA ABC 12 Octubre 2003

HOY no escribo un artículo. Hoy escribo una carta a un español admirable. Y su contenido se lo dedico a su familia y a todos los miembros de las Fuerzas Armadas que han vuelto a dar una soberana lección de serenidad, señorío y honor. ¡Qué antiguo el honor!, exclamarán algunos. Precisamente los que ignoran su existencia o jamás lo han encontrado. Esa soberana lección de serenidad, de señorío, de honor y de patriotismo hondo que nos dio en el pasado mes de agosto la familia de un marino, el capitán de navío de la Armada Española don Manuel Martín-Oar, nos la recuerda ahora la de un sargento primero del Ejército del Aire, don José Antonio Bernal, militar español caído en Iraq, asesinado en Iraq, el peligroso destino que voluntariamente eligió. Su padre, capitán en la reserva del Ejército del Aire, ha entrado de lleno en el sentido de la gratitud de todos los buenos españoles. Un aviador, un militar, un hombre, un árbol firme y envidiable.

Como en el caso de don Manuel Martín-Oar, dos han sido las desdichadas voces que han intentado nublar la situación. Voces que suenan pero que no hablan. Voces que se pierden en el inmediato horizonte del desprecio. Voces miserables que jamás han intervenido, en circunstancias de normalidad, para alentar, respetar, admirar o reconocer a nuestros soldados. Las voces de un tal Llamazares y un tal Anasagasti, un comunista del peor trasanteayer que pacta con quienes quieren modificar el mapa de España, y un venezolano naturalizado español, portavoz en el Congreso del Partido Nacionalista Vasco, y un separatista que considera a los militares «invasores» de un territorio de España.

Y como en el caso de don Manuel Martín-Oar, ha sido la familia del militar fallecido en acto de servicio la que ha puesto en su sitio a los canallas oportunistas. Ante el féretro que contenía los restos mortales de su hijo, el capitán Bernal ha pronunciado la frase más breve y más grande que puede salir de un patriota. ¡Qué anticuado lo del patriota!, exclamarán los mismos majaderos que conceden al honor el valor de una antigualla superada. Pues sí, un patriota. Y el padre destrozado, el militar herido en el alma, el árbol inderrumbable, ante el silencio definitivo de su hijo nos hizo a todos suyos con sus palabras. «El dolor es de uno, la Patria es de todos». La Patria es incluso de los traidores, de los que quieren cuartelarla, de los que desprecian sus símbolos de unidad y libertad, de los que no respetan la vocación de los militares.

Por todos ellos también han muerto un capitán de navío de la Armada y un sargento primero del Ejército del Aire. Por todos ellos, para preservar sus libertades, han muerto todos los soldados que España ha recibido gloriosamente caídos en misiones de paz y de concordia. La Patria es de todos, y por ellos, los que no creen en España o los que la odian o los que la discuten, mueren también nuestros militares. Que al menos, en justa correspondencia, callen ante los cuerpos de nuestros héroes y el patriotismo sin fisuras de sus familiares. Han sido héroes porque en sus casas aprendieron a serlo, con la misma naturalidad que supieron lo que es la honradez, la honestidad, la lealtad y el sacrificio. Y todo ello, también en sus casas lo han aprendido y sufrido, con la incomprensión y el desafecto de un considerable porcentaje de la sociedad civil, el más aferrado a los tópicos, los lugares comunes y la grosería anímica.

A todos los militares caídos en servicio, a todos los militares que nos dan su callado ejemplo diario de honor nunca recompensado, a los familiares que nos enseñan el sitio de la grandeza desde el sufrimiento, a todos ellos, desde mi rincón de Patria, gracias. Y hoy, gracias a usted especialmente, capitán Bernal Lobero, padre del último militar español caído lejos de España.

El plan y las alternativas
ENRIQUETA BENITO Y ERNESTO LADRÓN DE GUEVARA/SECRETARIA GENERAL Y SECRETARIO DE POLÍTICA INSTITUCIONAL DE UNIDAD ALAVESA  El Correo 12 Octubre 2003

Lo último que hemos conocido del plan Ibarrtexe nos reafirma en que su inviabilidad es una realidad evidente. Cualquiera con sentido común lo dice, de empresarios a juristas pasando por los economistas más sesudos que prevén una debacle tanto en los índices de evolución del PIB vasco como en los indicadores de empleo que ya dan signos de recesión. Si hipotéticamente se llevara a efecto el proyecto secesionista que está tras dicho plan, el País Vasco retrocedería en bienestar al nivel de las sociedades menos desarrolladas de España, pese a su actual bonanza. No hay economía que se sostenga ni inversión que ponga su fe y su esperanza en un contexto tan inestable como el que pretenden Ibarretxe y sus acólitos.

No obstante desde Unidad Alavesa somos partidarios de hacer de la necesidad virtud. No seremos nosotros los que neguemos el debate de ideas y la discusión de propuestas. No es nuestro estilo. Incluso cuando se trata de ideas que arrastran cierto síndrome de esquizofrenia política. Por eso creemos que es un buen momento para plantearse algunas cosas.

Por ejemplo, nosotros creemos que el debate debe trasladarse, también, a las Juntas Generales para que la instancia más representativa de cada territorio histórico se posicione. Así tendremos una idea concreta de lo que piensa cada ámbito territorial, sin perjuicio de que nunca nos negaremos a que se consulte a la población. Nos gustaría, por ejemplo, saber lo que piensan los alaveses del fraude estatutario que ha supuesto utilizar nuestra historia y nuestras tradiciones para encaminarnos por la senda independentista, o si los alaveses están dispuestos a seguir por estos derroteros.

Pero, además, nosotros no estamos contra la reforma constitucional. Hay grandes cuestiones en el ambiente que aconsejan, al menos, reflexionar sobre si estamos en el mejor momento político de la evolución democrática de nuestra sociedad. Así podríamos meditar sobre:

La España asimétrica consagrada por socialistas y populares no es la más justa para los ciudadanos que ven cómo sus derechos fundamentales se diferencian según donde viven produciéndose notables desigualdades. El artículo 14 de la Constitución, que consagra la igualdad esencial de todos los españoles, se va convirtiendo en una quimera. ¿Por qué no revisar cómo se vertebra la España autonómica? ¿Por qué no dotar a todas las comunidades del máximo techo competencial dejando al Estado las atribuciones básicas para conservar su consideración como tal permitiendo armonizar el conjunto de los territorios en una unidad nacional dentro de la Europa de los Estados? ¿Y por qué negarse a que las regiones tengan representación en Europa en las cuestiones que no vayan en detrimento de la cohesión española y de la lealtad en el juego democrático constitucional? ¿Qué impide que España sea un estado autonómico de las regiones en lugar del falso tópico de las nacionalidades ficticias e inventadas? ¿Qué impide que el Senado sea una Cámara autonómica donde las comunidades participen en la política común? ¿Por qué los presidentes autonómicos no pueden participar en un diseño también común?

La carta de ciudadanía. La Constitución enuncia libertades y derechos, pero son expresiones meramente nominativas, cada vez más vacías de contenido. Progresivamente el Estado es más de Derecho y menos Social. Ya nadie habla del Estado de Bienestar como ideario a alcanzar. En definitiva cada vez se hace más política y menos sociedad.

La regeneración política. La proliferación de casos de corrupción, trasfuguismo, incumplimiento de programas, negocios inmobiliarios... aleja cada vez más a los ciudadanos de la llamada clase política y pone a la actividad pública cada vez máslejos de la ejemplaridad pedagógica que predicaba Joaquín Costa en el XIX. Urgen mecanismos de corrección de las políticas degradatorias de lo público como pudiera ser la limitación de los mandatos, para que no se profesionalicen muchos de nuestros políticos, o las listas abiertas, para que los ciudadanos retiren su preferencia a aquellos personajes que son metidos con calzador en las candidaturas por su vasallaje a los dirigentes.

Estas y otras más serían cuestiones que sí motivarían una real modificación constitucional y estatutaria en la línea de profundizar en la democracia y en una idea fuerte de ciudadanía con derechos, y no sobre filfas y pájaros y flores como las naciones inventadas que nos agitan los nacionalistas. Por eso el debate nos parece interesante, si bien los planteamientos independentistas, además de no aportar nada nuevo, no nos traen nada bueno y sí mucha incertidumbre y desasosiego perniciosos para crear un clima político donde se produzcan sinergias de desarrollo económico y de cohesión social.

Desfiles con Maragall
VALENTÍ PUIG ABC 12 Octubre 2003

Pasqual Maragall juega al escondite con los arquetipos, protagonista y a un tiempo espectador de la plaza política, adelantando la frente fruncida como quien exhibe un nuevo concepto, como quien ofrece un croisán recién sacado del horno. Es uno de sus exotismos creer en la política como pedagogía y a la vez rehuir la síntesis que esclarece. Hay optimismo histórico en este político que tan mimado ha sido por la transversalidad progresista de Barcelona y que de forma tan pungente no alcanzó el poder en las últimas elecciones autonómicas. En sus fases de intuición política se le vería capaz de reducir al orden el caos de un hipotético aliado como es Esquerra Republicana pero en etapas de formulación borrosa los personajes de la talla de Carod Rovira agrandarían la proyección de sus sombras. A Maragall quizás se le vería más a sus anchas en un partido demócrata a la americana -como coalición aclimatada de valores de intereses- o en un Capitolio donde la disciplina de partidos deja paso a un juego de individualidades en flujo casi constante.

La concepción de España que tiene Pasqual Maragall es tan unionista como inusual: a veces parece ajena al gran consenso reformista que amoldó la vigente estabilidad constitucional y a veces parece parte de una solución que, sin haberle sido reclamada por masas en agitación imparable, no deja de tener el valor que tiene la imaginación en política. Lo cierto es que generalmente, tal vez por inercia, preferimos la oportunidad a la ebullición. Pasqual Maragall por ahora aparca su trolebús federalista y busca la alternancia en la gestión del bienestar de la ciudadanía catalana, en términos de competencia con los otros gobiernos autonómicos.

Es catalanista más bien laico pero no agnóstico. Como socialista, anda lejos de las derivas del radicalismo aunque tiene no poco de político experimentalista. Por eso hay en Maragall -quizás por su experiencia de alcalde y los Juegos Olímpicos- algo de eso que los anglosajones llaman un «policy wonk», alguien obsesionado en los detalles de las políticas concretas. Maragall es eso, pero a borbotones. En su «bandwagon» electoral levantan la pierna las «majorettes» de «Ciutadans del canvi» -la ONG del maragallismo- y tocan a rebato los capitanes del PSOE, duros fajadores de la política y del voto. Pujol ve pasar el desfile desde el balcón, como siempre perplejo ante los inventos de Maragall.

El futuro político de Maragall en caso de derrota electoral retrotrae a las digresiones teológicas sobre el limbo. En caso de vencer, habrá de saber administrar los márgenes de su mayoría para convertir Cataluña en feudo propio, barón entre barones en la España del desafío Ibarretxe, y a la vez laboratorio de todo lo que llamamos maragallismo y que no muchos saben exactamente en qué consiste. Por donde quiera que va, Pasqual Maragall desconcierta y seduce casi a partes iguales: ahora le llega la segunda oportunidad de intentar convencer a las gentes catalanas en el juicio oracular de las urnas.
 

COINCIDIENDO CON LAS FIESTAS PATRONALES
Los proetarras amenazan impunemente a los cargos del PP en las principales calles de Durango
El Partido Popular de Vizcaya denunció la proliferación de pintadas amenazantes contra esta formación en las calles del municipio vizcaíno de Durango, coincidiendo con el inicio de sus fiestas patronales.
EFE Libertad Digital  12 Octubre 2003

Leopoldo Barreda, presidente del PP de Vizcaya, denunció, ante una asamblea de cargos electos de su formación, que "alguien ha querido una vez más festejar las fiestas llenando el pueblo de dianas y amenazas contra el PP, que sigue siendo la segunda fuerza política en Durango y sigue comprometido con el trabajo democrático en favor de todos los ciudadanos de Durango".

"Quiero condenar una vez más esas amenazas y pedir que estas conductas reiteradas en lugares perfectamente previsibles y en fechas perfectamente previsibles se prevengan y se evite esa reiteración de amenazas y de chantajes contra los compañeros en Durango", agregó.

ETA planeaba asesinar a un ertzaina, vigilado por dos de los detenidos en la última redada
Garzón encarcela a 20 de los 29 arrestados en España por su presunta relación con el aparato de captación de la banda terrorista Dicta orden de busca y captura contra el huido Alain Berastegi
C. CALVAR/COLPISA. MADRID El Correo 12 Octubre 2003

El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón envió ayer a prisión a 20 de los 29 jóvenes arrestados el miércoles en Euskadi y Navarra por su presunta relación con el denominado aparato de captación de ETA. El magistrado acusa a los detenidos de integración en banda armada por haber desarrollado labores de reclutamiento e información sobre posibles objetivos.

De hecho, los dos pianistas -chivatos de la banda- detenidos en Zaldibia, Itsaso Garmendia y Bittor Imanol García, contaban con información muy elaborada sobre un agente de la Ertzaintza al que habían realizado seguimientos y contra el que ETA pensaba atentar de inmediato; de hecho, la banda había encargado a ambos que se hicieran con las llaves de su garaje. En la documentación incautada en el piso del anterior jefe militar de la organización, Ibon Fernández Iradi, Susper , constaban todos los datos personales del ertzaina y su condición de berroci (escolta de élite de la Policía autónoma).

Otro de los arrestados, Carlos Moisés Martín, capturado en la localidad guipuzcoana de Usurbil, está acusado, además, de pertenecer desde 1995 al comando Erezuma y de participar al menos en dos atentados: el ametrallamiento de la comandancia de la Guardia Civil de San Sebastián y la colocación de una bomba en los juzgados de Tolosa. Garzón dictó ayer orden de búsqueda y captura para el huido Alain Berastegi Mariñelarena.

El magistrado dejó en libertad sin cargos al dirigente de LAB Agustín Gorbea, detenido en Vitoria, a Egoitz Martioda, arrestado en el municipio zaragozano de La Almunia de Doña Godina, y a otros dos jóvenes capturados en Rentería. Asimismo, cinco de los detenidos quedaron en libertad bajo fianza de 15.000 euros. Se trata de tres hermanas naturales de Rentería y de dos de los trillizos de Pamplona, que cuentan con un amplio historial en la Audiencia Nacional. El juez acusa a los cinco de recopilar información para ETA sobre posibles objetivos.

Garzón considera también «plenamente integrado en ETA» a uno de los detenidos en San Sebastián, Alberto González Etxeberria, Adar . Según el juez, ingresó en la banda por su relación con Iker Beristain, antiguo tesorero de Jarrai procesado en otros sumarios. Adar mantuvo citas en Francia con responsables de ETA, que le asignaron labores de captación. En 2002, entregó a Jon Markel Ormazabal -también procesado- una carta por encargo de uno de sus jefes.

Fueron a prisión asimismo las dos detenidas en la capital guipuzcoana, Aitziber Ezkerra y Nagore López de Luzuriaga, Arri . La primera fue captada en la primavera de 2000 por Susper para labores de traslados y la segunda está acusada de dedicarse a la captación en Álava.

El magistrado considera a Gorka Iriarte Sáez, arrestado en Bilbao, integrante de la «infraestructura de ETA en Vitoria». En los papeles intervenidos a la banda, junto a su nombre figura una anotación que revela que se trata de «gente de confianza» de la organización, a la que los militantes pueden recurrir «en caso de necesidad» para huir o esconderse.

El resto de los detenidos en Vizcaya también fueron encarcelados. Se trata de Iugatz Duñabeitia, capturada en Durango; Galder Bilbao, Txapi , arrestado en Getxo; Iker Casanova, detenido en Barakaldo; Arantza Martín y Francisco Javier Gil Rosado, Huevero , arrestados en Bilbao. Duñabeitia está acusada de ser pianista , al igual que Txapi , quien acordó facilitar datos sobre objetivos a un responsable de ETA conocido como Olatu , quien, a su vez, trasladaba la información a sus superiores en la organización.

«Ganas de trabajar»
El juez relaciona a Casanova -ex portavoz de Jarrai y ex miembro de Batasuna- con el aparato militar en virtud de varios documentos de autocrítica intervenidos a ETA y de cartas redactadas por otros presuntos activistas, de las que se desprende que puso en contacto a varios liberados del comando Zelatun con sus colaboradores.

En cuanto a Arantza Martín, su nombre aparece en los documentos intervenidos en el piso de Susper en Tarbes junto al epígrafe Propuestas Txeroki , en referencia a Garikoitz Aspiazu Rubira, Txeroki , miembro del comando Olaia huido tras la desarticulación de este grupo. Junto al nombre de la detenida figuran las siguientes anotaciones: «Tiene ganas de empezar a trabajar. ¿Bomba!. ¿Esperando sentencia!». Además, según la investigación, la acusada pagaba los recibos de luz de una vivienda de Bilbao, que estaba alquilada a nombre de la miembro legal Ana López Monje. El último de los arrestados, Huevero , regenta una huevería en el bilbaíno mercado de La Ribera en la que, según los papeles incautados, ETA tuvo un buzón (lugar para transmitir comunicaciones).

El juez también envió a prisión a ocho de los diez detenidos por su relación con la infraestructura de ETA en Navarra. Ramón López, Makana , detenido en Alsasua, aparece en tres anotaciones en las que se detalla el proceso de su captación para realizar tareas de información. En el registro de su domicilio, la Policía halló una carta del antiguo jefe del aparato político de la banda, Vicente Goikoetxea, Willy .

Ekain Guerra, arrestado en Barañain, habría realizado labores de «tanteo de diferentes personas y propuestas a la organización de la captación de aquellas que reúnan el perfil». Saioa Azpilikueta y su amiga Haizea Pérez, detenidas en Pamplona, habrían recabado información para ETA, según los documentos de Tarbes. Los otros detenidos en la capital navarra, Ángel María Elcid, Eneko Arévalo, Jordi Purti y Garikoitz Mendiorez, aparecen en listas de personas que habrían dado el sí para entrar en la banda.

Una opinión desde fuera
MANUEL ALCARAZ RAMOS/PROFESOR DE DERECHO CONSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE El Correo 12 Octubre 2003

El intento de efectuar una reflexión sobre la situación en el País Vasco desde fuera puede entenderse como temeridad. Porque, precisamente, la primera apreciación que cabe hacer es que los conflictos, problemas o alternativas que llegan a esas afueras aparecen envueltos en las brumas de una complejidad que invita al retiro o, por lo común, a una simplificación que, en todo caso, propicia en la mayoría de los ciudadanos españoles el deseo de refugiarse en unas sólidas certidumbres.

La primera, ineludible, de esas certidumbres es el rechazo sin paliativos a ETA y a su entorno -lo que no significa, necesariamente, que se comparta toda la legislación contra ese entorno o que se reniegue sistemáticamente de estrategias que pudieran implicar fórmulas de diálogo-. Rechazo político pero, más allá, radicalmente ético. Rechazo, pues, operativo, no sólo retórico -aunque a veces sólo pueda ser retórico-, lo que significa la negación de cualquier política o propuesta que, por activa o por pasiva, se valga del hecho de la existencia de ETA. Ninguna alternativa política tiene valor si esgrime el argumento complementario de que puede servir al fin de ETA porque alcanza parte de sus objetivos. Decir cualquier otra cosa sería como si en la Alemania de entreguerras alguien hubiera propuesto deportar a los judíos para evitar que ganaran los nazis y los exterminaran. No sé si esto es asumido así por todas las fuerzas políticas democráticas del País Vasco. Pero, desde fuera, se tiende a apreciar que no, que el campo nacionalista democrático está contra el terrorismo pero que no puede o no quiere sustraerse a la realidad de la existencia de otros nacionalistas, violentos, pero que comparten los mismos fines, y que, por ello, también deben encontrar satisfacción en las alternativas que se formulen.

Sentada esa idea, la siguiente certidumbre es que con el terrorismo puro y el terrorismo difuso presentes, cualquier teoría de la equidistancia es siniestra y, en última instancia, no hará sino reforzar a las fuerzas políticas españolas -singularmente al PP- a las que se sitúa en el polo geométricamente opuesto del radicalismo proetarra. Como esto es una barbaridad, vuelvo a insistir en el rechazo moral, pero también quiero insistir en esta paradoja política. Instituir como argumento central de cualquier discurso la equidistancia supone apostar por un enfrentamiento -con independencia de la calculada agresividad de la otra parte- que desdice las formales proclamas por la convivencia y que, en la práctica, aboca al conflicto que se alimenta de sucesivos agravios y que aleja a algunos de sus objetivos. Porque o de verdad se genera un clima de entendimiento entre todos los actores políticos -que no son sólo los nacionalistas vascos- o no queda más remedio que asumir la senda del victimismo que acaba por dar argumentos a ETA. Y ese clima favorece electoralmente al PP en España como ninguno, por lo que parece insensato escuchar a nacionalistas vascos decir que con el PP en mayoría absoluta nada se puede hacer y seguir practicando el lenguaje de la equidistancia que asegura al PP esas mayorías.

Hasta aquí las certidumbres a las que me refería. Certidumbres que conducen a una primera conclusión necesariamente pesimista. Después vienen las zonas de sombra. Trataré de explicarme. Creo en una afirmación que se ha repetido hasta la saciedad desde la Transición: cualquiera puede defender sus propuestas políticas si renuncia a emplear la violencia. Creo que eso, hoy, en España, ya no es del todo cierto. No digo que España haya perdido sustancia democrática. Pero sí que creo que no es posible, con finalidades pragmáticas -esto es, con la fundada posibilidad de que la idea se convierta en hecho-, que los nacionalistas vascos democráticos puedan alcanzar el objetivo de la independencia o, incluso, el de un cambio profundo en su relación con el Estado.

Pero los nacionalistas harían bien en no limitarse a culpabilizar a los españoles de ese hecho: al margen de insidiosas campañas de descrédito, demasiados sectarismos, demasiados discursos de consumo interno y, sobre todo, demasiada muerte han acabado por generar un horizonte de rechazo que también debería ser entendido desde el País Vasco. O dicho de otra manera: los nacionalistas vascos no pueden encontrar apoyos estables en el resto del Estado -más allá de algunas solidaridades formales de algunos nacionalistas catalanes o gallegos-.

Eso, a mí, personalmente, me puede molestar más o menos, pero la realidad es la realidad y reconducir la realidad es la primera acción exigible al político responsable. Y esto lo digo -y al decirlo sé que coincido con muchos españoles-- desde una posición muy sencilla -o muy complicada, según se mire-: ¿qué hacemos los españoles que no somos nacionalistas?, o sea, los que no necesitamos articular nuestro pensamiento político a partir de la preferencia o identidad nacional. Porque somos nosotros los que primero sufrimos el nacionalismo español del PP que embosca su intransigencia cotidiana con alusiones a connivencias, ogros separatistas, etcétera. (También sufrimos, dicho sea de paso, el atenazamiento que provoca esa actitud en el PSOE y las extrañas navegaciones de IU). Pero, claro, eso es una cosa y otra ignorar que los concejales de PP y PSOE tienen que llevar escolta. Ésa no es una cuestión nacional.

A mí, personalmente, me da igual que el País Vasco sea independiente -otra cosa es lo que piense sobre su viabilidad, encaje en la UE o la ruptura de lazos que a veces son hasta personales-. Sin embargo, no me da igual cómo se alcanza esa independencia. Si la independencia se cobra vidas o libertad seré rabiosamente antiindependentista. Si sospecho que cualquier propuesta política se ampara indirectamente en la existencia de esa violencia, seré rabiosamente antiindependentista.

Pero hay algo más, algo que se relaciona con el plan Ibarretxe -que, ya sé, no propugna la independencia-. Este plan, que contiene elementos de reflexión, es, diga lo que diga su autor, inconstitucional. Es decir, alguien quiere, en defensa de su interés, cambiar mi Constitución; que no me la cambien es un interés, al menos, tan legítimo. Creo firmemente que la Constitución debe ser cambiada y, en particular, en todo el diseño autonómico para que España se reconozca como un Estado plurinacional. Pero quiero que se cambie como el fruto de acuerdos entre todos los actores políticos y no bajo ninguna presión unilateral. Cuando Ibarretxe en su informe al Parlamento vasco dice algo así como que las fórmulas jurídicas se encuentran si existe voluntad para hacerlo, comete una temeridad de mayor tamaño y exhala un perfume a voluntarismo de la peor estirpe. Claro que el sistema legal se altera cuando se altera la voluntad política, pero en un Estado democrático de Derecho ello significa, primero, que esa voluntad cambiante sólo puede ser el fruto de una nueva mayoría y, segundo, que la Constitución sólo se reforma por los mecanismos previstos en la propia Constitución.

Si a ello sumamos que el plan Ibarretxe se presenta como provisional en espera de nuevos pasos transcurridos algunos años y como una propuesta al borde del precipicio -¿qué pasaría si el referéndum fuera negativo?, ¿qué pasaría si ganará con el 51%?-, no es extraño que los no nacionalistas lo veamos como un suplemento a una dinámica de crispación e inestabilidad cuyos frutos perversos, sea cual sea la intención de sus promotores, nos preocupan y disgustan profundamente. Yo no deseo sumarme al doliente coro de unanimidades españolistas, pero ¿qué camino me queda?

Aquí, en el País Valenciano, una semana sí y otra también, paso por ser hipercrítico con la intolerancia de un PP arisco y montaraz, insensible a la complejidad del País Vasco. Pero ahora, en un periódico vasco y para lectores vascos, sólo me queda reiterar que, desde ese supuesto, deseo que vuelva a ser verdad que todas las propuestas -incluida la independencia o cualquier otro sistema de relación política- formuladas con palabras y razones son legítimas, pero que, para eso, deben ser los nacionalistas y las instituciones vascas los primeros que construyan un discurso político impregnado de nitidez moral que les permita tener aliados desde fuera.

Desde fuera del tiesto
Nota del Editor 12 Octubre 2003

Hay cantidad de gente que parece que se divierte hurgando en el españolismo del PP, lo que no deja de ser paradójico pues tienen nacionalistas como Fraga y Piqué, pero claro, no quieren meterse contra éstos porque les criticarían como españolistas, y eso puede herir sus sentimientos.

De todos modos, en cuanto se abra la veda, yo también quiero mi independencia, cambiando la España plurinacional a la España pluriindividual, que es lo bueno.

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