AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 13 Octubre  2003
Olloquiegui resiste
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 13 Octubre 2003

EL PLAN SOBERANISTA DE ETA
LUIS IGNACIO PARADA ABC 13 Octubre 2003

Chantaje a la economía
Editorial El Correo  13 Octubre 2003

La bestia herida
Editorial El Ideal Gallego 13 Octubre 2003

La crítica y el insulto
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 13 Octubre 2003

Andalucía, también
José María Carrascal La Razón 13 Octubre 2003

¿Qué pasa con la caja laboral
Iñaki Ezkerra La Razón 13 Octubre 2003

Madre de etarra en las listas de ETA
Carlos DÁVILA La Razón 13 Octubre 2003

ETA acompaña con un atentado una nueva remesa de 200 cartas de extorsión a empresarios
M. ALONSO ABC 13 Octubre 2003
 

Olloquiegui resiste
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 13 Octubre 2003

Inacabable el odio voraz de Eta a sus enemigos. Y sus enemigos son todos los que no hacen lo que desean los terroristas. Así se describe a la gentuza que marca la línea ideológica del PNV y que han conseguido que los planteamientos por los que ponen bombas y hacen chantaje sean elevados a categoría de «Plan» por Ibarretxe.

Gregorio Peces Barca no se mordió ayer la lengua en una entrevista en la Cadena COPE y definió el «Plan de Ibarretxe» como un imposible que causaría risa si no estuviera detrás Eta poniendo bombas. Y así es, pero los terroristas siguen haciendo su encargo.

En su último trabajito, la empresa «Olloquiegui» ha vuelto a sufrir el zarpazo, afortunadamente sin víctimas mortales. Su pecado es no plegarse al pago del chantaje que imponen. Olloquiegui se consolida como símbolo de la resistencia frente a Eta.

Quizás tras este atentado se comprenda mejor la valentía de los empresarios vascos cuando han salido a pedir a Ibarretxe que retire su «Plan». Ellos no son libres, como cualquier otro empresario español, para criticar a su gobierno autonómico: ellos saben que una negativa al PNV les pasa factura, y una negativa al independentismo les pone una diana en la cabeza. Así es la vida en el País vasco según el PNV. Esa vida reprimida es lo que quieren elevar a «Comunidad Asociada».
 
Esa es la vida que algún cineasta retrata sin un mínimo compromiso con la Libertad y con la Defensa de los Derechos Humanos. Esa es la vida que impide la circulación libre de los camiones de Olloquiegui.

Pero cada día quedan menos. La última redada ha metido en la cárcel a más de veinte. El PNV cree que la salida al terror es una negociación; el Gobierno de Aznar dijo que para plantarles cara había que ir a por ellos con todas las de la Ley. Y la Ley está ganando.

Por eso la Ley tiene que ayudar a Olloquiegui y todo lo que representa.

EL PLAN SOBERANISTA DE ETA
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 13 Octubre 2003

El estallido en la madrugada de ayer de dos artefactos con un kilo de explosivos cada uno no es la primera respuesta de ETA al llamado Plan soberanista de Ibarretxe: es la continuación del Plan soberanista de ETA. Reducido a métodos más acordes con la mermada capacidad de actuación de la banda pero terrorismo como fin, no como medio. Los camiones del aparcamiento de Irún resultaron calcinados, pero el atentado no terminó en tragedia pese a que varios conductores dormían en sus cabinas. Ibarretxe dice que su plan ayudará a expulsar a ETA. Su afirmación es una apropiación indebida, mitad error, mitad mentira. Porque ese plan es sólo una huída hacia delante, una coartada, una sumisión a las presiones del terrorismo abertzale.

"Hemos puesto encima de la mesa una propuesta política firme y seria (...) que va a contribuir decisivamente a cerrar las puertas de la violencia y a expulsar a ETA de nuestras vidas", decía el lehendakari hace unos días. Basta leer el Zutabe número 98, el boletín interno de la banda para saber que los dirigentes etarras están convencidos de que es su actividad terrorista la que obliga al PNV a adoptar posiciones cada vez más radicales. En el número 101, de abril pasado, quedaba claro que no contemplaban un escenario de tregua, que atacaban el anunciado plan soberanista y que apostaban sin fisuras por la continuidad de la violencia. El doble lenguaje que tan bien conoce y practica Ibarretxe debería haberle alertado de que los Zutabe son la doctrina para los militantes, mientras que los comunicados públicos de ETA incluyen ciertos criterios de interpretación y de acción para sus simpatizantes y, sobre todo, trampas publicitarias en las que no debería caer el nacionalismo moderado. "La presentación de esta propuesta política abre una nueva etapa: la etapa post-ETA", añadía Ibarretxe. Ahí tiene la prueba de su mentira y de su error.

Chantaje a la economía
Editorial El Correo  13 Octubre 2003

El atentado perpetrado por ETA contra dos camiones de la empresa de transportes Olloquiegui acabó calcinando ayer una docena de vehículos en un acto dirigido a coaccionar tanto a la citada compañía como a cuantas, en su sector o en otros, son objeto del chantaje terrorista. El daño causado en Irún es tan difícil de cuantificar como imposible resulta establecer una estimación sobre el perjuicio económico que suponen décadas de asesinatos, secuestros e impuesto revolucionario en un país cuyo futuro depende del ánimo que alberguen sus emprendedores para crear empleo y riqueza. El estruendo causado en la frontera, en uno de los nudos más importantes del transporte terrestre europeo, refleja lo poco que al terrorismo que se erige en defensor del pueblo vasco le importa el devenir de éste en un mundo cada día más interdependiente.

ETA nunca ha perseguido otro objetivo que su propia perpetuación como poder fáctico en el País Vasco. Cuando las organizaciones terroristas llegan a una etapa de declive y marginalidad, orientan casi todo su instinto de conservación hacia la obtención de los fondos necesarios para seguir existiendo y prolongar su actividad. Probablemente ésa es la situación que hoy atraviesa ETA. Y ésa es la causa de la amenaza que pende sobre empresarios y profesionales que ven su seguridad en peligro y su tranquilidad violentada como receptores de una carta intimidatoria exigiéndoles nada más y nada menos que aporten dinero para que los terroristas puedan seguir matando. El terrorismo constituye el handicap principal que, negando la libertad, atenaza el crecimiento armonioso de nuestra economía. El terrorismo ensombrece las expectativas para que Euskadi se convierta en punto de atracción para proyectos e inversiones en igualdad de condiciones con cualquier otra región de nuestro entorno.

No se puede olvidar que, más allá de las consecuencias directas de cada atentado y del clima de inseguridad que generan, cada acto de fuerza por parte del terror se convierte en una muestra de debilidad de la sociedad vasca. De ahí que resulte injusto demandar de los amenazados poco menos que una actitud heroica para resistir tanto moral como materialmente frente a la persecución y al chantaje terrorista. Corresponde a la sociedad, a sus organizaciones representativas y en especial a sus instituciones establecer el muro de defensa que precisan las personas perseguidas por sus ideas y su compromiso cívico o conminadas a financiar la barbarie para poder enfrentarse a tan macabro plan no como héroes, sino como ciudadanos responsables.

La bestia herida
Editorial El Ideal Gallego 13 Octubre 2003

ETA ha respondido del único modo que sabe a los últimos golpes asestados por las Fuerzas de Seguridad del Estado. La colocación de dos bombas en dos camiones de la empresa navarra de transportes Olloquiegui demuestra hasta que punto está afectada la banda. De un lado, tiene que buscar “acciones seguras” atentados que, pese a su espectacularidad, resulten fáciles de ejecutar. Del otro, ha buscado, atacando a una compañía contra la que ya había realizado otra acción por no pagar el “impuesto revolucionario”, lanzar un mensaje a los empresarios. A esos que ya han demostrado abiertamente su rechazo al plan Ibarretxe y a quienes se niegan a satisfacer las demandas económicas de los terroristas.

El Gobierno ha confirmado que ETA ha comenzado una nueva campaña de extorsión. Necesita con urgencia dinero para poder mantener su maltrecha estructura. Sin embargo, no se puede hablar, en propiedad, de debilidad. Porque precisamente los constantes golpes son los que pueden provocar una escalada en sus acciones. La banda es ahora mismo una especie de animal herido. Una bestia que reacciona de manera impredecible. Es por ello por lo que habrá que extremar los cuidados y la atención. Los hechos demuestran que se va por el buen camino y que todavía sería mejor si los etarras no contaran con el apoyo que les supone el respaldo a sus tesis que les llega desde el PNV. Esta es la gran responsabilidad de los nacionalistas vascos, una responsabilidad de la que no se pueden escabullir ni evitar. A ellos les corresponde decidir si quieren seguir dando balones de oxígeno a los asesinos o si, por contra, prefieren colaborar a erradicar la violencia para siempre.

La crítica y el insulto
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 13 Octubre 2003

Desde hace tiempo, el lehendakari viene pidiendo a sus adversarios políticos que dejen de insultarle y respeten sus ideas. Mientras él se pone como modelo de respeto a las ideas de los demás, no percibe más que insultos en el rechazo de sus propuestas. Naturalmente, Juan José Ibarretxe asegura que no va a responder a los insultos.

Dice la Academia que insultar es ofender a uno provocándolo e irritándolo con palabras y con acciones. Esta definición deja un amplio margen para la subjetividad del ofendido pues uno puede sentirse agraviado hasta cuando se le mira con ojos amorosos. Tal vez por ello Ibarretxe se sintió insultado con la campaña de la Diputación de Álava en favor de la Constitución y al PNV le pareció un insulto que el Gobierno central considerara la posibilidad de llevar el plan del lehendakari ante los tribunales.

Entre los ciudadanos de a pie, sin embargo, para que haya insulto debe haber connotaciones negativas en los términos empleados, que falten al honor o al respeto de la persona a la que van dirigidos. Si alguien le llama terrorista a Ibarretxe, como hizo Madrazo con José María Aznar, el lehendakari podría sentirse justamente insultado. Y lo mismo si alguien le hubiera tachado de acomplejado o hubiera insinuado que es un psicópata, como se hacía en un documento oficial del PNV y en declaraciones del presidente de este partido con respecto también a Aznar. Un insulto de libro sería que le llamaran al lehendakari «vago, mentiroso, racista, hipócrita y tonto útil», como le hicieron las juventudes de Eusko Alkartasuna a Javier Madrazo. Y lo mismo si a los miembros del Gabinete de Ibarretxe les llaman «guarros y guarras» como a los de Basta Ya.

Si en el debate del plan Ibarretxe alguien le ha dicho algo de esto al lehendakari puede sentirse ofendido. Pero desde que lo dio a conocer se han escrito muchos argumentos sobre esa propuesta, algunos de ellos de entidad política e intelectual. Los críticos con su plan han alegado, entre otras muchas cosas, que pone en peligro la convivencia y el pluralismo de los vascos, que no tiene encaje en la Constitución ni en la Unión Europea, que rompe los consensos en los que se basó el Estatuto, que supone una amenaza para la economía y el bienestar de los vascos, que quiebra las relaciones con el resto de España y pone en peligro la estructura interna de la actual Comunidad Autónoma Vasca.

En lugar de responder a esas y otras críticas de calado que se han formulado, el lehendakari se ha enrocado en una postura de ofendido que le sirve de excusa para no discutir realmente sobre su propuesta. La invocación del insulto recibido actúa como una cortina de humo para rehuir el debate real. Se apela a una insólita interpretación del diálogo que le ha llevado al lehendakari a rechazar una reunión con Rodríguez Zapatero porque éste había anunciado que iba a criticar su propuesta. La esencia del diálogo es el intercambio de opiniones a veces discrepantes y enfrentadas. De ese diálogo huye el lehendakari que prefiere rendirse a la «tentación de las ideas bonitas», en palabras de José María Ruiz Soroa, evitando el contraste con el mundo real.

Andalucía, también
José María Carrascal La Razón 13 Octubre 2003

De todos los proyectos peregrinos lanzados en España últimamente, y miren ustedes que ha habido, ninguno tan ocioso como el de reformar el estatuto andaluz. Que ese estatuto, como todo en este mundo, necesita retoques, correcciones, reformas incluso, nadie lo discute. Que esa sea una prioridad para Andalucía no puede sostenerlo nadie. Andalucía necesita infraestructuras, puestos de trabajo, tecnología punta, reforma educativa, aumento de la productividad y mil otras cosas, bastante más que relaciones internacionales, representación exterior, más soberanía y todo lo que conlleva un nuevo empujón autonómico, como sabe, mejor que nadie, aquella Junta, con don Manuel Chaves a la cabeza. ¿A qué, pues, ese envite, además, en este momento, cuando hablar de reforma de estatutos en España es como citar la soga en casa del ahorcado?

La explicación más simple es que Chaves no quiere quedarse atrás de la nueva reivindicación autonómica que se fragua en otras autonomías, la vasca y la catalana especialmente. No olvidemos que Ibarretxe vende su plan soberanista como un nuevo estatuto. Pero tal explicación resulta demasiado infantil. En Andalucía no hay presión popular en ese sentido y Chaves no se mete en una aventura de tal calado por mera pelusa. En realidad, no trata de emular a vascos y catalanes. Trata de reconducirlos, sobre todo a Maragall, un compañero de partido que propugna una reforma de su estatuto con tanta pasión o más que los nacionalistas. Creando un buen problema al PSOE, del que Chaves, recordemos, es presidente. Pero si Andalucía, cuya lealtad hacia España nadie puede dudar, pide también la reforma de su estatuto, «la cosa no debe ser tan grave», es lo primero que se le ocurre a uno. En una palabra: que Chaves está desdramatizando el proyecto Maragall, sin llegar a evocar el Califato de Córdoba, como este ha hecho con la Corona de Aragón.

En la pizarra, no está mal. En la práctica, puede acabar en desastre. Puede acabar en desastre porque avala los intentos nacionalistas en marcha de reformar los estatutos de autonomía. ¿Qué hay de malo en ello? oigo ya preguntar. Pues hay de malo que los nacionalistas no se contentan con la reforma de los estatutos. Quieren vaciarlos por completo, convertirlos en asociaciones libres con el Estado español, en suplentes de sus constituciones, en auxiliares de su cuasi independencia o independencia pura y simple, como confiesan abierta o solapadamente todos ellos. En esta coyuntura, decirles que no hay nada malo en reformar los estatutos es darles, si no toda, parte de la razón, aunque no sean esas las intenciones. Las intenciones son buenas, sin duda. Pero ya dice el refrán que de buenas intenciones esta empedrado el camino del infierno. Aunque, por otra parte, ante un Maragall que no se sabe bien si es más socialista o nacionalista, ¿qué van a hacer Chaves y Zapatero?

¿Qué pasa con la caja laboral?
Iñaki Ezkerra La Razón 13 Octubre 2003

Todo empezó cuando Antonio Basagoiti, el jefe del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Bilbao, envió una carta a este diario explicando a los lectores que la Caja Laboral había dado el premio «Vasco Universal» a Martín Ugalde, fundador de «Egunkaria», en este mismo año en el que ha sido intervenido dicho periódico por presunta relación con ETA. «Que cada uno actúe con su dinero como quiera», decía Basagoiti en su carta, frase que nada tiene de reprochable. Si la Caja Laboral concede ese tipo de premios a ese tipo de personas es porque entiende de esa manera la publicidad para su firma, no porque tenga nada que ocultar. Y del mismo modo que esa publicidad puede ser un reclamo para determinada clientela también puede ser para otra un motivo de rechazo. Aceptar los efectos positivos de una propaganda conlleva aceptar también los negativos.

Todo esto, que parece tan lógico, ha irritado de una forma misteriosa e inquietante al nacionalismo vasco. Desde hace un par de semanas ese nacionalismo está aprovechando todas sus tribunas para arremeter contra Antonio Basagoiti por aquella carta. El primero en poner el grito en el cielo fue Joseba Azkarraga, el consejero de Justicia y Trabajo del Gobierno Vasco. Luego vino Joseba Egibar aprovechando ni más ni menos que su intervención en el pleno del Parlamento vasco en el que Ibarretxe presentó su famoso plan. Y después fueron llegando la consiguiente columna de señalamiento firmada por Maite Soroa en el diario «Gara», la reproducción de la carta en el «Deia», las rabietas por consigna de los tertulianos nacionalistas en Radio Euskadi y en cualquier foro al que tienen acceso.

Todo este frente montado contra una simple carta y contra quien la escribió sólo puede hacer pensar que aquí hay gato encerrado. La pregunta es obligada: ¿Qué pasa con la Caja Laboral?

Con la Caja Laboral lo que ha pasado hasta ahora es que se anuncia en el diario Gara; que la ex Batasuna y todo el MLNV tiene ahí su dinero y que el tesorero de dicha entidad bancaria lleva dos años en la cárcel acusado de relación con ETA. Pasa que la Caja Laboral pertenece al Grupo Mondragón junto con Fagor y Eroski, empresa alimentaria esta última que también usa los sellos Consum o Charter y que también se anuncia en el Gara ¬como su agencia de viajes igualmente llamada Eroski¬ aunque luego hace su publicidad nacional asegurando que «el cien por cien de su capital es español».

En fin, tras brindar al lector estos datos, sólo cabe volver a la misma pregunta: ¿Qué pasa con la Caja Laboral que concita tanta y tan histérica adhesión nacionalista? Y cabe asimismo repetir lo que decía Basagoiti en su carta: «Que cada uno actúe con su dinero como quiera».

Madre de etarra en las listas de ETA
Carlos DÁVILA La Razón 13 Octubre 2003

Julia Gil, madre de Ramón López Gil, el correveidile etarra encarcelado por Garzón, ha aparecido recientemente en dos listas de ETA en las se que declara a la concejala de Alsasua, Navarra (no Guipúzcoa, ¿por favor!), objetivo preferente de la banda. Julia representa al PSOE en el Ayuntamiento de este pueblo norteño del Viejo Reino y, durante mucho tiempo, ha soportado amenazas más ambiguas de los bandidos: pintadas al lado de su casa, insultos callejeros, advertencia al hacer la compra... De todo.

Mientras Julia aguantaba impávida, aunque con escolta permanente, la presión etarra, su hijo Ramón, «Makana», su alias en ETA, fichaba por los asesinos. El jefe de la recluta, un tal «Illintx», le consideró especialmente preparado incluso para ascender de chivato, de telefonista de la banda, a pistolero. Pero este aprendiz de homicida no ha podido cumplir su sueño: la Policía española, en la más amplia redada que se recuerda, le aprehendió junto con otra treintena de sujetos dispuestos a engrosar la delgadez actual de ETA. Se ha escrito que la información que permitió desarticular este aparato de recluta, procede de la incautada a «Susper», a Ibon Fernández Iradi; no parece ser así. «Susper» habló, contó sus primicias hace un año, pero las noticias de la Policía son más recientes. Por primera vez se sabe de un proceso que pone en tela de juicio la impresión que se tenía sobre el funcionamiento de ETA.

Esta impresión era tan aventurada como optimista: se creía que ETA era una organización agónica, que acogía a los voluntarios que llamaban a su puerta y que, sin investigación sobre los individuos, prácticamente sin entrenamiento, les proporcionaba una pistola y, ¿hala!, a matar a quien se pueda. Tampoco es así. La verdad es más preocupante: ETA está realizando un proceso de selección muy riguroso en tres etapas sucesivas: primero, la captación; segundo, la introducción en la «kale borroka»; tercero, el paso de la frontera hacia Francia y la incorporación a los grupos, comandos de asesinos. El proceso puede durar más de un año, y es por el temor que tienen los dirigentes de la banda a que, de nuevo, se cuelen infiltrados por los agujeros abiertos del «abertzalismo» colaborador. Ramón Gil estaba a caballo entre las dos primeras fases, pero era estimado como un buen funcionario, de confianza, de los que pueden llegar a más.

El proceso descrito es revelador, pero ahoga la impresión favorable de que ETA, en su anemia actual, admitía a cualquier aficionado a la caza del hombre. Impresión que se ha alimentado durante años, vista la pubertad de los últimos asesinos, su escasísima preparación. Lo que sucede probablemente es que ETA ha cambiado el sistema y está redimensionando, a base de entrenamientos feroces, su trama interior, y se ha tomado un tiempo para reorganizar el crimen. Eso es incluso más que probable en opinión de algún responsable de nuestra seguridad, y a eso están colaborando los etarras de toda la vida que o bien han regresado de sus cómodos asientos iberoamericanos, o, como el miserable «Josu Ternera», se escaparon de España y han vuelto a imponer la disciplina en la banda.

Mírese por dónde, el apresamiento de este enjambre de etarras ha puesto de manifiesto pormenores muy sustanciosos de ETA. Y no solo de su división de captación. Falta por identificar a «Illintx», reclutador de vocaciones, que actúa como gancho por el País Vasco y Navarra. No hay que dudar que, con el tiempo, caerá y dará con sus huesos en la cárcel, él y sus secuaces. Personajes sin moral ni acomodo, que no guardan el menor reparo de hacer que los hijos, caso Ramón Gil, amenacen a las madres; en que ofrezcan detalles de sus vidas. El del etarra Gil no es el primer caso: no hace dos años que fue detenido el hijo del comisario de Mataró: hoy en prisión. Es una tranquilidad para sus progenitores, y una muestra de cómo se las gasta ETA, esa ETA que le ha mandado un aviso a la televisión autonómica vasca que ha surtido efecto; tanto, que el día en que fueron aprehendidos Gil y sus amigos, la ETB colocó sobre sus ojos un púdico parche. Como si fueran ertzainas.

ETA acompaña con un atentado una nueva remesa de 200 cartas de extorsión a empresarios
M. ALONSO ABC 13 Octubre 2003

Partidos políticos y sindicatos destacan el «coraje» de los empresarios vascos y navarros que se niegan a pagar el llamado «impuesto revolucionario»

BILBAO. ETA intentó ayer presionar a los empresarios vascos y navarros con un atentado en un párking de camiones junto a la frontera de Irún. Los artefactos destruyeron doce vehículos, la mayoría de ellos propiedad de la empresa navarra Transportes Olloquiegui, contra la que ya atentó en agosto del año 2000, señalando entonces en un comunicado que el motivo del «sabotaje» era el impago del llamado «impuesto revolucionario».

El atentado coincide con el envío de una remesa de más de doscientas cartas de extorsión a empresarios, según señaló ayer el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, quien añadió que «muchísimas empresas se niegan a pagar, primero por convicción y, segundo, porque el que paga está ya puesto en una lista y sabe que va a tener que seguir pagando cuando ETA necesite dinero, ya que se lo demandará de forma imperativa».

En un momento de debilidad por las importantes operaciones policiales y de escasez de recursos económicos, al haberse desmontado judicialmente tramas financieras y cortado la afluencia de dinero de los ayuntamientos controlados por Batasuna, ETA busca desesperadamente fondos para financiarse. Para un secuestro haría falta una compleja infraestructura de la que en estos momentos la banda parece carecer y lo más fácil es «bombardear» a los profesionales y los empresarios vascos con remesas masivas de cartas de extorsión, a la espera de que al menos una parte de ellos pague. Sin embargo, la mayoría no lo hace, según datos de la patronal vasca Confebask. En muchos casos las cartas acaban en manos de las Fuerzas de Seguridad o hasta del delegado del Gobierno en el País Vasco, según dijo él mismo ayer.

Reclaman protección
Pero los empresarios tienen que afrontar con sus propios medios la situación de inseguridad que supone estar sometido al chantaje de ETA. Ayer, la Asociación Empresarial Guipuzcoana de Transportes de Mercancías, Guitrans, hizo hincapié en esta realidad y reclamó una política de «protección real» a las empresas, al margen de considerar que «la responsabilidad de las acciones de terror sólo es imputable a sus autores».

El atentado de ayer se produjo en la explanada de Santiago, de Irún, donde a diario aparcan unos ciento cincuenta camiones, y causó importantes daños materiales, pero también podía haber provocado víctimas, ya que los conductores suelen dormir en el interior de los vehículos y había bastantes personas en el estacionamiento en el momento en el que se produjeron las dos explosiones, a las cinco y veinte de la madrugada.

Los artefactos, con un kilo de explosivos cada uno, habían sido colocados por ETA en dos camiones de la empresa de transportes Olloquiegui, que quedaron destruidos. Otros tres, además de seis remolques y una cabeza tractora, resultaron seriamente dañados. La primera explosión se produjo en un camión cargado de papel higiénico y produjo un incendio que los bomberos tardaron varias horas en controlar. La otra bomba estalló a unos ciento cincuenta metros de la anterior, bajo una cabeza tractora.

Desde la patronal vasca, Confebask, se transmitió solidaridad a las empresas que «a pesar de la extorsión, siguen al pie del cañón». También UGT mostró su apoyo a la dirección y los trabajadores de Olloquiegui, que recibieron además respaldo institucional del Gobierno vasco y de todos los partidos, con la excepción de los parlamentarios del grupo de Sozialista Abertzaleak.

El Gobierno vasco enmarcó el atentado en el «chantaje» de ETA a las empresas y señaló que una vez más la banda atenta contra «intereses económicos» del País Vasco. «¿Qué clase de valores progresistas, sociales o de izquierda exhiben quienes perjudican el empleo y el derecho de las personas a llevar una vida digna», se preguntó el Ejecutivo de Ibarretxe.

El plan Ibarretxe o la inestabilidad
El presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, consideró que el chantaje terrorista es una de las muchas presiones que soportan los empresarios vascos, quienes, en su opinión, «muchas veces no tienen más remedio que escapar». A su juicio, el Gobierno vasco, «en vez de garantizar la seguridad de los ciudadanos y las empresas, presenta el plan Ibarretxe que genera más inestabilidad y va contra el empleo y el desarrollo económico». Esta opinión de Iturgaiz coincide con una de las conclusiones del estudio realizado por el catedrático Mikel Buesa sobre la incidencia negativa del plan del lendakari en la economía vasca. Mientras, el socialista Rodolfo Ares destacó la «valentía y el coraje de los empresarios que se niegan a pagar a ETA» y consideró «imprescindible que la sociedad apoye a las empresas que sufren la extorsión, para que no paguen ese chantaje».
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