AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 24 Octubre  2003
Ibarreche en Granada
CARLOS HERRERA ABC 24 Octubre 2003

Plan Ibarretxe y poder judicial
JAVIER MARTÍNEZ LÁZARO El Correo  24 Octubre 2003

Nacionalismo en Granada
Juan Ignacio Jiménez Mesa Estrella Digital 24 Octubre 2003

Maragall se escapa
Encarna Jiménez Libertad Digital  24 Octubre 2003

Andorra CF
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 24 Octubre 2003

El Gobierno emite un comunicado para pedir a todos los españoles que respondan al Plan Ibarretxe
Libertad Digital 24 Octubre 2003

Pablo Mosquera valora la postura de las Juntas Generales de Álava
El Ideal Gallego 24 Octubre 2003
 

Ibarreche en Granada
Por CARLOS HERRERA ABC 24 Octubre 2003

IBARRECHE ha llegado a Granada -¡Granada!- y ha desarrollado a la perfección el papel que acostumbran a representar los políticos nacionalistas de una y otra procedencia: la adecuación del lenguaje al auditorio, al territorio, al marco. Esas cosas, en las que es un maestro el moderadísimo Pujol, valían cuando las comunicaciones no estaban lo suficientemente desenvueltas y, por lo tanto, uno podía sostener un argumento en Santurce y el contrario en Benalmádena. El tiempo que tardaban los de Benalmádena y los de Santurce en intercambiarse información cubría suficientemente cualquier cambio de postura, con lo que el interviniente podía ajustar de nuevo su discurso y se quedaba tan pancho. Como los nacionalistas que en España son siguen viviendo sentimentalmente en el siglo XIX, actúan en consecuencia y adaptan el discurso a cada conveniencia sin valorar que pueden confrontarse sus contradicciones de forma inmediata. No contemplan, o parecen no contemplar, que hay quienes dan valor al hecho específico de decir blanco aquí y blanco allá. Y así les va; aunque la suerte que tienen es que siempre hay algún cándido que traga y se queda con lo que quiere oír, desechando cualquier incomodidad argumental y engañándose a sí mismo como un perfecto bobo. Pujol, como digo, se ha pasado media vida haciendo eso: llegaba a Madrid y presentaba su lado bueno, su parte constructiva, dialogante; volvía a Barcelona y sacaba sapos por su boca. Y toda la panda de tontos del bote que en la capital de España aplaudían su moderación asintiendo grupalmente con la cabeza a cada obviedad soltada por el Honorable, no querían ver al día siguiente que se la había metido a todos hasta donde pone Granollers.

CON Ibarreche ha pasado exactamente lo mismo: llega a Granada -donde, vaya por Dios, Isabel y su marido concluyeron aquello de la Reconquista- y despliega su piel de corderito bueno, asegurando que no es independentista, que lo que él quiere es seguir en España y que se conforma con que «le dejen seguir desarrollando su carácter vasco» -como si alguien se lo prohibiera- y bla, bla, bla. Buena parte del auditorio, a excepción de un grupo de fachas vociferantes a los que ya les sacará provecho cuando se haga debidamente la víctima -y de otro grupo de críticos que acabó abucheando a los propios fachas-, tragó sin pausa y concluyó que «tampoco es para tanto». Estos mismos pavos son los que luego no quieren escuchar lo que dice Ibarreche en el País Vasco a través de sus palabras y sus obras y los que se empeñan en desarrollar «escenarios de diálogo» y otras algodonadas ensoñaciones. No parecen entender que si Ibarreche hubiera impartido la conferencia en Marinaleda, al lado de su buen y comprensivo amigo Sanchez Gordillo, posiblemente el lenguaje hubiese sido otro, más comprometido con la verdad revolucionaria que consiste en joder a la sociedad vasca y dividirla por la mitad; el cretino del alcalde le hubiese aplaudido mucho y luego hubiesen hermanado a los pueblos andaluz y vasco interpretando unos fandangos en euskera.

LA alegre muchachada que anteayer aplaudió interesadísima al lendakari forma parte de ese grupo de individuos que lo que no quieren son líos. Se tragaron el cuento como se lo tragaron los periodistas madrileños que asistieron al paripé de ir a la recepción del Rey a celebrar la misma Constitución que se empeña en dinamitar. Al ser un servidor de esos que se preguntan qué coño pinta Ibarreche en Granada hablando de la Carta Magna, no puedo por menos que lamentar que en las universidades vascas no pueda disertar cualquiera en paz sobre las bondades de la misma Constitución que ahora está de moda cuestionar. Esa, más allá de unos cuantos desafortunados vociferantes, es la cuestión. Por lo demás: bienvenido siempre a Andalucía. Aquí, como ve, nos las tragamos todas.

carlos@carlosherrera.net

Plan Ibarretxe y poder judicial
JAVIER MARTÍNEZ LÁZARO/VOCAL DEL CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL El Correo  24 Octubre 2003

La primera cuestión que plantea el plan Ibarretxe para la Justicia es, sin duda, su imposibilidad constitucional. Este dato ya por sí suficientemente relevante lo es aún más porque en la presentación parlamentaria del plan se afirmó rotundamente lo contrario. «Nadie podrá invocar que es inconstitucional, porque sería faltar a la verdad», se dijo literalmente.

La inconstitucionalidad del proyecto es, por el contrario, palmaria y evidente. Se propugna una organización judicial vasca que culmina en el Tribunal Superior de Justicia de Euskadi, un Consejo Judicial Vasco que designa a todos los cargos judiciales y fiscales del nuevo Estado asociado (incluso a los que ahora son electos, como los decanos) y al que también se atribuyen los criterios esenciales en materia de selección, formación, provisión de plazas, retribuciones y en general todo cuanto afecta al estatuto de jueces, magistrados, fiscales y funcionarios, para lo que se tendrá en cuenta el carácter preferente del conocimiento del derecho vasco y del euskera. Se reserva al Parlamento vasco la competencia para legislar sobre todas estas materias, incluida la composición del Consejo Judicial Vasco, articulándose las relaciones con el Estado español en materia de Administración de Justicia a través de un marco de cooperación en los terrenos que unilateralmente se consideren convenientes. No existen ni siquiera tribunales comunes, como es habitual en los Estados de organización federal, en los que, junto a los tribunales de los Estados de la federación, coexisten para determinadas materias y en determinadas instancias los tribunales y jueces de la federación.

Obviamente, todo ello choca de manera frontal, en una enumeración no exhaustiva, con el artículo 149-5 de la Constitución, que reserva al Estado la competencia exclusiva en materia de Administración de Justicia; con el artículo 122-2, que consagra un único órgano de gobierno de los jueces en todo el Estado; con el artículo 123-1, que proclama que el Tribunal Supremo es el órgano jurisdiccional superior en todos los órdenes; con el artículo 124-2, que establece un ministerio fiscal único y jerarquizado, cuya organización culmina en el fiscal general del Estado, designado por el Gobierno, etcétera.

Se podrá discutir la conveniencia de las medidas que se propugnan, pero seriamente -y un documento de esta naturaleza que propone cambios tan transcendentes debería serlo- no puede mantenerse la constitucionalidad del proyecto, despertando falsas expectativas de integración constitucional, con todo lo que ello conlleva.

Pero, con independencia de ser completamente contrario a la Constitución, el proyecto que se defiende en el Estatus de Libre Asociación tiene también un profundo carácter regresivo y choca con lo que son hoy las corrientes de pensamiento imperantes en los países europeos, que tienden, paralelamente a los procesos de unificación política, a buscar espacios judiciales cada vez más amplios unificando las legislaciones. Basta examinar el proyecto de Constitución de la Unión Europea, en el que se persigue un espacio de justicia y seguridad común, se atribuyen directamente a la Unión determinadas competencias que tradicionalmente constituían el núcleo de la soberanía de los Estados y se propugna el acercamiento legislativo y la interrelación de los Estados en numerosas materias, como la legislación penal.

El diseño que se efectúa en el proyecto del Poder Judicial y la asunción de toda la política legislativa de la Justicia por la comunidad autónoma choca también con la realidad económica y cultural de Euskadi, profundamente interrelacionada con el Estado. Es evidente que gran parte de la actividad económica de las empresas del País Vasco se proyecta en el resto de España y que existen intensísimos lazos económicos a todos los niveles. También lo es que las redes de delincuentes no actúan exclusivamente en una comunidad autónoma. Una organización judicial separada de la del resto del Estado y una fiscalía independiente y desvinculada chocarían con una realidad que, se quiera o no, tiene numerosos vínculos comunes.

El poder judicial vasco que se quiere es un poder judicial euskaldun. Ello obligaría a prescindir del 90%, aproximadamente, de las plantillas de jueces y fiscales que actualmente prestan sus servicios en el País Vasco (muchos jueces euskaldunes han pedido destino en otros territorios del Estado por la presión terrorista) y a su sustitución por otros cuyo mérito no sería desde luego una mayor preparación jurídica sino el conocimiento de la lengua vasca, conocimiento que por otro lado no se exige ni siquiera a los representantes de la voluntad popular, como es el caso de los diputados en el Parlamento de Vitoria o de Madrid. Debe garantizarse a todos su derecho a expresarse en euskera y a obtener resoluciones en esta lengua e impulsar su conocimiento por todos, pero ello no puede implicar prescindir de los jueces que no lo dominen; tampoco los jueces de los tribunales de la Unión Europea dominan el idioma del Estado sobre cuyos litigios se pronuncian.

De otro lado, no existen razones que puedan llevar a pensar que un poder judicial vasco, desvinculado del resto del Estado, vaya a ser más eficiente, o más independiente. Los continuos ataques del consejero de Justicia de la comunidad autónoma a los jueces que dictan resoluciones que no le satisfacen y la desobediencia reiterada del Parlamento autonómico a las decisiones judiciales son una muestra de la independencia que se espera de ese poder judicial vasco.

El plan Ibarretxe se inspira, reconocidamente por quienes lo propugnan, en los principios de soberanía y autodeterminación. Se trata de principios de enorme carga emotiva pero que históricamente se han revelado como poco útiles para fundamentar proyectos de solidaridad y convivencia.

Los conflictos que asolaron Europa en la primera mitad del siglo pasado pusieron de manifiesto el peligro que puede entrañar el concepto de soberanía. Los que abordaron el proceso de reconstrucción de Europa entendieron lo difícil de manejar que era este concepto. Desde luego, la idea de soberanía como idea central de construcción de un proyecto de convivencia era poco útil para la reconstrucción europea y debió encorsetarse con otros como los principios de cooperación internacional, solidaridad, búsqueda de soluciones comunes y limitación de diferencias. Ha sido el desarrollo de estos últimos conceptos y otros similares lo que permitió el camino de construcción de la Unión Europea, que tendrá uno de sus momentos más brillantes en la Constitución europea que se someterá a referéndum en todos los Estados de la Unión el próximo año.

En cuanto al concepto de autodeterminación, entendido como la separación de un territorio, país o si se quiere nacionalidad, unidos a un Estado milenariamente, es evidente que no se recoge ni en el Estatuto de Autonomía, ni en la Constitución española, ni en ninguna de las constituciones europeas ni en el proyecto de Constitución de la Unión Europea. Tampoco en ninguno de los tratados internaciones suscritos por España, y sin duda España ha suscrito todos aquellos pactos de derechos humanos, civiles o políticos que tienen la mínima relevancia. Buena prueba de lo dicho es que este derecho jamás ha sido considerado en relación con el País Vasco en ningún foro internacional y que desde luego no se ha producido ninguna condena o advertencia a España en este sentido. El concepto de autodeterminación no puede convertirse en una idea central en un mundo extraordinariamente complejo e interrelacionado.

El plan Ibarretxe, el modelo de Estado y de Justicia que propone, se sitúa al margen de los modelos de Estado y de las grandes corrientes de pensamiento que imperan en Europa. Conduce al aislacionismo del País Vasco y es un reflejo de la política que ha llevado al PNV a quedarse al margen de las grandes organizaciones políticas europeas. Deberían preguntarse quienes gobiernan el País Vasco desde hace veinticinco años si no es este tipo de políticas lo que ha convertido a Euskadi en el país de pesadilla que actualmente es: el único territorio en la Unión Europa donde se asesina a concejales por su ideología política, donde los militantes de partidos que gobiernan en la mayoría de los Estados europeos, como el Partido Popular o el Partido Socialista, deben ir permanentemente escoltados, donde los locales de estos partidos han sido quemados hasta veintisiete veces.

No hay duda de que Euskadi constituye hoy una anomalía profunda en una Europa que resuelve sus conflictos pacíficamente, que apuesta por la integración y la cooperación de los Estados y que busca limitar al máximo el significado de las fronteras. No creo que los conceptos soberanía o autodeterminación , como elementos centrales de un proyecto político, sean útiles para forjar ese destino común que reclama el preámbulo del proyecto de la Constitución europea para los pueblos de Europa: «Proseguir la gran aventura que hace a Europa ser un espacio especialmente propicio para la esperanza humana». Apostar por la solidaridad, por la cooperación, por la interrelación entre las culturas y los pueblos, dejando de lado planteamientos secesionistas anacrónicos en la Europa que se avecina, es la mejor manera de que en Euskadi prenda esa esperanza.

Nacionalismo en Granada
Juan Ignacio Jiménez Mesa Estrella Digital 24 Octubre 2003

Entra de lleno en el terreno de lo ridículo el comportamiento de unas decenas de jóvenes en Granada, energúmenos que insultaron y abuchearon al presidente de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Algunos pensarán que estos grupúsculos de extrema derecha constituyen un peligro, e incluso pedirán más mano dura de la policía contra ellos, pero lo que es evidente es que no cuentan con ningún apoyo popular y que por ahora son inofensivos, molestos pero inofensivos.

Muy distinto es el caso de los jóvenes extremistas del País Vasco, los de la kale borroca y otras conductas vandálicas, a los que Arzalluz y el propio Ibarretxe suelen tratar indulgentemente como “esos chicos”. Éstos no se limitan a quemar banderas y abuchear: atacan a personas y bienes y alientan a los terroristas para que sigan matando.

Afortunadamente, en Granada, en Madrid o en cualquier otro lugar de España, salvo episodios como el descrito, se puede ser nacionalista vasco sin que haya que ocultarlo o vivir con miedo. No podemos decir lo mismo de muchas ciudades y pueblos de Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y Navarra, donde, a poco que se destaque en política o cultura, hay que ser de comunión abertzale para poder vivir libremente y sin necesidad de escolta.

Normalmente, este tipo de situaciones no se deberían comparar, y de hecho, tan despreciable es, sin grado alguno de diferencia, que Ibarretxe hable en la Universidad de Granada con una pandilla de tipos vociferando en la puerta, como que Goztone Mora, por ejemplo, no pueda hablar en la Universidad de Barcelona. Pero puestos a buscar diferencias, y ya que alguno se empeña en contraponer a los excesos de los nacionalismos periféricos un hipotético nacionalismo español o españolista, hemos de decir que la verdadera distinción, la que está haciendo de este asunto un grave problema, es que los jóvenes violentos del nacionalismo vasco cuentan con un importante apoyo popular, en tanto que los de aquí, para nuestra dicha, y que sigan así por mucho tiempo, son unos despreciables “ultras” a los que nadie presta la más mínima atención política. Por tanto, para decir la verdad, la comparación favorece a los gamberros del norte, que tienen la posibilidad de ser considerados jóvenes patriotas o pequeños héroes que luchan por la independencia de su país, del mismo modo que consideran valientes soldados a los que asesinan en nombre de la patria libre de Euskalerria.

Estando así las cosas, y sólo hay que ver la reacción por lo de Granada para saber que es cierto, resulta difícil creer en la existencia de un supuesto nacionalismo españolista al que, según el falso argumento político, los nacionalismos periféricos se contraponen para poder sobrevivir. Basta con trasladar la misma comparación a cualquier plano de la conducta social, para descubrir que aquello que en la inmensa mayoría del territorio español se considera fuera de uso, un poco ridículo incluso, como la exaltación de los llamados valores patrióticos, o el mismo uso de la palabra patria, resulta una conducta aceptada y muy honorable entre los ciudadanos de los territorios nacionalistas, especialmente en el País Vasco y Cataluña, pero referido, claro, a sus banderas, sus himnos, sus idiomas o sus valores históricos, no a los comunes. Nadie puede negar que la mayoría de los españoles nos sentiríamos bastante turbados si sintiéramos por la bandera rojigualda la misma devoción que un vasco dice sentir por su ikurriña. Los nacionalismos están siempre más cerca de los sentimientos que de la razón, y más apegados al pasado que atentos a un futuro en el que ni las razas ni las culturas serán obstáculo para la integración de toda la Humanidad. Como en la mayoría de los pueblos civilizados, en España un buen número de ciudadanos ha dejado atrás viejos registros de patria, religión, idioma, cultura..., para pensar que pueblo y territorio son ya conceptos más administrativos que políticos. La excepción son precisamente los nacionalistas, a los que interesa tocar la tecla de esos registros para dominar políticamente en sus respectivas áreas.

Acaba de decir el filósofo alemán Jünger Habermas, premio Príncipe de Asturias recién estrenado, que no entiende la secesión pretendida del País Vasco, puesto que una minoría sólo tiene derecho a escindirse “si no puede expresar sus derechos culturales legítimos”, cosa que evidentemente no sucede en ningún punto de España. Los cuatro locos “ultras” de Granada han tratado de darle la razón a Ibarretxe, pero ni siquiera lo han conseguido. Ojalá pudiéramos decir lo mismo de todo el que quisiera expresarse, y vivir, en esa patria vasca que está construyendo el partido del lehendakari.     j.i.jimenez@estrelladigital.es

Maragall se escapa
Encarna Jiménez Libertad Digital  24 Octubre 2003

Carlos Dávila, en un ejercicio que no suele practicar en “El tercer grado”, intentó el miércoles en “La 2” de TVE hacer una entrevista a Pascual Maragall ligeramente más agresiva de lo que es habitual en su programa. Como suele ocurrir en estos espacios que duran media hora, no hay demasiado tiempo para acorralar con preguntas y sacar lo mejor de los invitados, pero aún es más difícil si se tiene enfrente a un político astuto que ve venir al entrevistador y hace lo posible para que no lo lleve al terreno que pretende.

Pascual Maragall, que se presenta en las elecciones catalanas del 16 de noviembre como candidato del PSC-PSOE a la Presidencia de la Generalitat, y está a un paso de conseguirlo, se ha caracterizado en los últimos meses por trasladar a toda España su pretensión de reforma del Estatuto y de la Constitución. Este era el punto en el que Carlos Dávila quería insistir; sin embargo, Maragall no quiso definirse como nacionalista e intentó que sus arriesgados juicios, escritos y difundidos por otros medios de comunicación, quedaran diluidos en un torrente de palabras y un sistema atropellado de preguntas y respuestas que poco aclararon.

La España asimétrica, la plural, la nación de naciones, ser federalista, pero no nacionalista, o cambiar las circunscripciones judiciales o electorales fueron temas y conceptos que se manejaron en “El tercer grado” sin entrar a fondo. El resultado fue que más de la mitad del programa se perdió porque la idea del presentador, que era dejar patente el reformismo radical de Pascual Maragall, se topó con las respuestas escurridizas pero expresadas con cierto aplomo por parte del entrevistado.

Una vez más, al entrevistador le falló el esquema pues, para ese corto espacio de tiempo, la batería de preguntas tiene que ser más rápida y trabajada y, aunque, en esta ocasión, su insistencia, e incluso atropello, hizo que el entrevistado se creciera algo, lo que siempre va en beneficio del espectador, que ya está cansado de labores de aliño, poca agua pudo sacar del pozo.

Maragall se fue entero y, esta vez, no parece que eso ocurriera porque Carlos Dávila quiso ponérselo fácil, sino por una cuestión de táctica periodística. Pocos temas internos de Cataluña se trataron –apenas la inmigración– y el entrevistador tampoco sacó partido de los graves apuros de los socialistas valencianos y murcianos con las declaraciones sobre los trasvases de agua de Pascual Maragall. Habrá muchos que piensan que los delirios del socialista catalán, con su proyecto de Corona de Aragón donde antes había “Països Catalans” y otras veleidades transterritoriales, son cosas de enredante de altos vuelos, pero el resabiado Maragall supo salir del programa sin dar ni recibir. Así no hay quien saque titulares de un programa de televisión, ni siquiera el que lo dirige.

Andorra CF
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 24 Octubre 2003

LA GRAN VICTORIA del Deportivo sobre el Andorra CF en su populoso estadio de la ribera oriental de Aragón tiene un lado cómico pero también significativo de a dónde lleva la estulticia recubierta con la bandera nacionalista para tapar las propias vergüenzas. Mucho querer tener una propia selección asociada a la del pequeño valle pirenaico para evitar competir con la bandera de España y ahora resulta que, a este paso, el equipo que era más que un club, va a terminar jugando por esos campos de las montañas con contrincantes de su mismo nivel de juego, que no económico. Lo de Andorra es simbólicamente significativo de la deriva nacionalista, pues no deja de ser un pequeño país, políticamente casi del Antiguo Régimen medieval, durante siglos copresidido por un prefecto francés, el obispo de Urgel y una autoridad local, pero con la ventaja de tener el catalán como lengua oficial. Antes, muchos catalanes hacían escapadas para hacer compras baratas. Ahora la cosa es que los nacionalistas de Mas pretenden que Andorra sea socio y modelo de retromodernidad compartida. Un relicto, como dirían los ecólogos, donde puedan sobrevivir especies que van quedando al margen de la evolución.

Y hablando de evolución, cada vez se echa más en falta a políticos autóctonos inteligentes como un Cambó en Cataluña o un Landeta en Vasconia cuando decía: Separatismo significa revolución¿ La acción nacionalista a base de separatismo e independencia, es un laberinto o callejón sin salida en el que irremediablemente se malogran, se frustran, se asfixian por falta de aire respirable los más grandes esfuerzos y nuestros mejores anhelos y deseos.

Porque el romanticismo clerical antiliberal originario de un Milá y Fontanals que inspiraría al Arana barcelonés no da para más. O quizás para Mas y para menos.

"ES UN DESAFÍO AL CONJUNTO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA"
El Gobierno emite un comunicado para pedir a "todos los españoles" que respondan al Plan Ibarretxe
Eduardo Zaplana ha leído un comunicado del Gobierno en el que se acusa a Ibarretxe de "legitimar políticamente el terrorismo de ETA" con su plan separatista. Dijo que "es un desafío a todos los que apuestan por la convivencia" y por eso "a todos corresponde responder". Según la nota, requiere una respuesta de los agentes económicos, de los intelectuales, de las plataformas y partidos, y de "todos los españoles".
Libertad Digital 24 Octubre 2003

El Gobierno ha apelado a la solidaridad y a la respuesta del conjunto de la sociedad española ante la inminente remisión al Parlamento vasco del "plan de secesión" del lehendakari, Juan José Ibarretxe, y asegura que garantizará "el orden constitucional y estatutario" en el País Vasco.

En la conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros, el portavoz del Ejecutivo, Eduardo Zaplana, leyó las consideraciones del Gobierno ante el proyecto de ley de reforma del Estatuto de autonomía para la creación de un nuevo estatuto de "libre asociación con el Estado español" que este sábado aprobará el Gobierno vasco. Zaplana afirmó que esa iniciativa "conduce a la sociedad vasca al abismo y pretende romper con 25 años de consenso constitucional" y "pretende sustraer del pueblo español su condición de sujeto único de la soberanía nacional, lo que supone la quiebra más grave del Estado democrático y de derecho", según informa EFE.

El Ejecutivo entiende que a todos los españoles "corresponde responder" a esta apuesta por "la destrucción del marco de convivencia" que "significa dar la razón y legitimar políticamente el terrorismo de ETA". Ante las preguntas de los periodistas, Zaplana afirmó que el "plan secesionista de Ibarretxe supone el mayor ataque a la Constitución española".

Zapatero anuncia otro comunicado
El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, comparecerá este sábado ante los medios de comunicación también para leer una declaración institucional sobre el denominado Plan Ibarretxe, según han informado fuentes socialistas. Será a las 12.00 horas en la sede de ferraz.

El texto que aprobará este sábado el Gobierno Vasco será el desarrollo articulado de la propuesta anunciada el año pasado por el lehendakari y anunciada en sus líneas generales el pasado 26 de septiembre en el Parlamento de Vitoria.

Pablo Mosquera valora la postura de las Juntas Generales de Álava
El Ideal Gallego 24 Octubre 2003

El presidente de Unión Alavesa y director del Hospital de la Costa en Burela (Lugo), Pablo Mosquera, valoró ayer la decisión de la Juntas Generales de Álava de desmarcarse del plan Ibarretxe y dijo que “es una respuesta coherente con la historia de Álava, un territorio con autonomía propia, con derechos históricos, con un régimen especial que es el régimen foral”. Según Mosquera “si los alaveses son leales con el Estado de derecho, lo lógico y lo normal es que pidan la salida inmediata de esta Euskadi que quiere ser un Estado independiente”.
Desde el Gobierno, el ministro portavoz, Eduardo Zaplana, consideró “muy oportuna” la decisión de la Diputación de Álava. Zaplana aplaudió que hayan sido dirigentes políticos vascos los que hayan dado “la primera respuesta” al “proyecto secesionista” del PNV.
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