AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 26 Octubre  2003
LA HORA DEL ESTADO
Editorial ABC 26 Octubre 2003

Un plan para dividir
Editorial La Razón 26 Octubre 2003

EL SIGUIENTE GOLPE
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 26 Octubre 2003

El poder de la mentira
Editorial El Ideal Gallego 26 Octubre 2003

Ibarretxe contra Gernika
Opinión EL PAÍS 26 Octubre 2003

Estatuto de ruptura
Editorial El Correo  26 Octubre 2003

Sálvese el que pueda
Luis María ANSON La Razón 26 Octubre 2003

LA FUNDACIÓN DEL PRINCIPADO
JON JUARISTI ABC 26 Octubre 2003

UN DÍA DE ESPAÑA
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 26 Octubre 2003

OPONERSE Y SEDUCIR
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 26 Octubre 2003

EL GRAN MENTIROSO
Alfonso USSÍA ABC 26 Octubre 2003

LOS CHULOS DEL BARRIO
Jaime CAMPMANY ABC 26 Octubre 2003

Un botón de muestra
José María Carrascal La Razón 26 Octubre 2003

Rajoy hace un llamamiento contra la «colosal mentira» del Plan y anuncia medidas políticas
Redacción - Guernica ( Vizcaya).- La Razón 26 Octubre 2003

Foros cívicos piden al Gobierno y a la sociedad que hagan frente al plan
BILBAO EL CORREO  26 Octubre 2003

Rabanera afirma que se comete «un fraude a la historia» de Álava y UA propone que se declare Comunidad Foral
Redacción - Vitoria.- La Razón 26 Octubre 2003

Enterrar en vida el Estatuto
JESÚS PRIETO MENDAZA El Correo 26 Octubre 2003
 
LA HORA DEL ESTADO
Editorial ABC 26 Octubre 2003

EL Gobierno vasco ha cruzado definitivamente el umbral de la confrontación con el Estado al aprobar el proyecto de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi y presentarlo después en el Parlamento de Vitoria. Es la culminación de un objetivo diseñado en el acuerdo del PNV y EA con ETA en 1998, cuando pactaron impulsar un proceso político basado en la autodeterminación, la territorialidad, el ámbito vasco de decisión y la exclusión de los no nacionalistas. Desde entonces sólo han variado las dosis de protagonismo de PNV y ETA, pero no los objetivos comunes. Si en 1998 era la banda terrorista la que marcaba la pauta, ahora es el PNV el que maneja el espacio político de la banda terrorista. La variación de piezas no ha alterado el resultado final, que se muestra con toda claridad en un proyecto de ley flagrantemente inconstitucional, camuflado por un discurso mendaz del lendakari y abocado a recibir una respuesta contundente del Gobierno central.

La declaración institucional leída al término del Consejo de Ministros no ofrece dudas al nacionalismo vasco ni a la sociedad vasca sobre las premisas de esa respuesta. Un proyecto que, como afirma el Gobierno, legitima el terrorismo de ETA, rompe el pacto constitucional y estatutario, enfrenta a los vascos entre sí, atenta contra la tradición foral de los Territorios Históricos y hurta al pueblo español su condición de titular exclusivo de la soberanía nacional, sólo puede ser sometido a la máxima oposición política, social y jurídica. El nacionalismo ha abierto un tiempo de confrontación sin concesiones, despreciando la infinita paciencia y generosidad de la sociedad española, demostrada en la amnistía de 1977, la Constitución de 1978, el Estatuto y el Concierto Económico. Y los casi mil muertos causados por una ETA que, desde ayer, tiene motivos para pensar, gracias al lendakari, que su terrorismo ha servido para algo.

El texto aprobado por el Gobierno vasco coincide de forma casi literal con el publicado por ABC en el mes de julio pasado. Entonces y ahora se trata de un proyecto de corte constituyente, que pretende crear un ente estatal soberano que decide asociarse a España. No es un proyecto de reforma del Estatuto de Gernika, porque lo deroga íntegramente. Tampoco es un proyecto estatutario, pues rompe el modelo de la Constitución. La propuesta del lendakari se basa en la desaparición de la Comunidad Autónoma Vasca y su reemplazo por una entidad paraestatal vinculada a España por relación confederal revocable por decisión del pueblo vasco. Sí hay una propuesta de independencia, porque nadie se asocia libremente a lo que ya pertenece; sí hay una propuesta de ruptura, porque la Constitución queda derogada en el País Vasco; si hay una propuesta de soberanía, porque el Gobierno, el Parlamento y la Justicia se regulan como poderes absolutos en la nueva Comunidad de Euskadi. Como punto de partida, se declara la existencia de un Pueblo Vasco como sujeto jurídico, político e histórico, superior y ajeno a los ciudadanos que lo integran, lo que da al nacionalismo vasco el dudoso mérito de recuperar en el siglo XXI las teorías organicistas de los peores nacionalismos europeos.

CON estas premisas no hay negociación posible. Ni cabe pensar que el PNV la desee. La «socialización» de la superación del Estatuto, como argumento motriz de este plan rupturista, se puso en práctica durante un año, con numerosas comparecencias ante la Comisión de Autogobierno del Parlamento de Vitoria y en la ronda de conversaciones del lendakari. Pura apariencia de diálogo. No hay en el proyecto de ley presentado ante el Parlamento rastro alguno que identifique a los ciudadanos vascos no nacionalistas, a los empresarios, a los sindicatos de ámbito nacional, a los movimientos sociales y a las víctimas. Todos éstos han dialogado con el lendakari y ya se ve cuál ha sido el resultado: un proyecto alimentado por el afán de hegemonía de los nacionalistas y por el deseo de rentabilizar la decadencia de ETA antes de su derrota definitiva.

Nadie situado fuera del nacionalismo vasco puede pedir al Gobierno y a las instituciones del Estado que no respondan a la agresión nacionalista. No es suficiente consolarse con la seguridad de que el proyecto será finalmente un fracaso, porque en el trayecto que media hasta ese fracaso habrá que aplicar la ley, movilizar a la sociedad y ofrecer alternativas políticas. La prudencia y la oportunidad deben regir la respuesta, pero también el principio de autoridad y la confianza de los ciudadanos en la superioridad de la Constitución y de sus instituciones, que se deben hacer valer en cada eslabón de esta cadena de desafíos que el nacionalismo ha hecho irreversible con la implicación del Parlamento vasco. Por lo pronto, será necesario valorar la decisión de la Mesa de la Cámara de Vitoria sobre la calificación del proyecto de ley. El informe de los expertos que trabajaron para el lendakari -publicado también por ABC- decía que era necesario falsear la realidad y decir que se trataba de una reforma estatutaria, única manera de encauzar el proyecto por la vía legislativa del artículo 46 del Estatuto Vasco. Había que mentir, se ha mentido y se seguirá mintiendo, porque no es una reforma, ni es estatutaria, ni es constitucional.

EL objetivo previsto para la jornada de ayer, aniversario de la aprobación del Estatuto de Gernica, no era otro que dejar claro, de la manera más hiriente posible, que para los nacionalistas la etapa estatutaria ha muerto. El Estado tendrá que hacerles ver que se han puesto a bailar sobre una tumba vacía.

Un plan para dividir
Editorial La Razón 26 Octubre 2003

El presidente del gobierno regional vasco, el lendakari Ibarreche, consumó ayer su reto secesionista y contra la Constitución, al presentar oficialmente su plan para acabar con el Estatuto de Autonomía y sustituirlo por otro que no sólo desborda la Carta Magna sino que se auto concede competencias exclusivas de un Estado nuevo, como es el hecho de establecer una nacionalidad específica, distinta a la del resto de los españoles. Ibarreche lanzó ayer, envuelto en un pseudo consenso, el órdago del nacionalismo vasco, al que el PNV se ha obligado a sí mismo a llegar, con la secesión o la independencia como única meta posible.

Hay que insistir en que, ya desde sus primeras líneas, el proyecto que ayer presentó Ibarreche para que sea tramitado por la Cámara autonómica carece de legitimidad, pues el único Estatuto legalizable es aquél que respeta el marco constitucional instaurado por una soberanía popular, que ni puede vulnerarse ni trocearse a capricho. Ibarreche, y con él el nacionalismo exacerbado, disponen de la única legalidad que les otorga el Estatuto de Guernica, emanado de la Constitución, y negarlo es negarse a sí mismos la calidad de representantes legítimos

No hace falta desmenuzar el texto nacionalista para saber que, como era predecible, nos encontramos ante otra mentira, ante otro proyecto-trampa y a la repetición de una estrategia de la falsedad a la que desde el pacto de Estella con ETA los nacionalistas nos tienen tristemente acostumbrados. Porque, al final, el espíritu del plan de Ibarreche, y de él se hallan sobrados extractos en el texto, es el de dar un paso más hacia la independencia. Así, el nuevo estatuto, que no renuncia a nada, establece una «libre asociación» con España y, a la vez, recuerda que el mismo poder que le permite hacerlo le otorgará la capacidad para destruir esos lazos asociación cuando así lo crea conveniente. Una trampa más para la democracia, otro ardid a modo de un Estella-2 en el que, también en esta ocasión, existirá un pacto con sus aliados estratégicos de ETA, firmado por debajo de la mesa.

Las frases estudiadamente sosegadas, cuando no cabe el diálogo para dividir a España, la injusta y falsa atribución exclusiva de «lo vasco» como separado de lo español, no pueden ocultar la gravedad de la inconstitucional propuesta de Ibarreche, que divide a la ciudadanía y se alza sobre la indignidad de los terribles crímenes de ETA, a los que legitima dando por buenos sus frutos.

La lucha por las libertades exige de cada uno de nosotros la defensa de la Constitución como garantía de los derechos fundamentales. Y es obligación de cada ciudadano oponerse, por vías democráticas, al sinuoso plan peneuvista y no pensar en en que basta con dejar en manos del Gobierno y los partidos una batalla en la nos jugamos el futuro común.

EL SIGUIENTE GOLPE
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 26 Octubre 2003

Ayer, Ibarretxe dio su tercer golpe parcial al Estado democrático. Es inútil empeñarse en no ver lo que está sucediendo, aunque sea feo, incómodo o aburrido. Los nacionalistas no pretenden reformar el Estatuto, como algunos tontos se empeñan en creer, sino liquidarlo. La pantomima de presentar a Atutxa el documento que convierte el Plan en Proyecto de Ley sirve para dar por difunto al Estatuto justo en el 24 aniversario del refrendo ciudadano por el 90 por ciento de los votos emitidos. Defunción decidida de antemano e irreversible, el «goodbye España» del último Alderdi Eguna peneuvista. Y a esa clase de defunciones se les llama asesinato. Ahora se abre el procedimiento de tramitación en Vitoria, que irá según vayan las cosas con ETA: Ibarretxe obtendrá los votos de SA (la Batasuna de siempre), o bien convocará elecciones de carácter plebiscitario. Los nacionalistas concurrirán sin el estorbo de Batasuna, impedido por los tribunales, y cosecharán sus votos. Junto con los regalados por quienes acepten el chantaje de «Plan a cambio de Paz», esos votos pueden conseguir los 38 parlamentarios -con IU, ahora tiene 36- que apruebe la Ley del Estado Vasco Libre Asociado. Es fácil. Llegados aquí, los nacionalistas ignorarán todo lo que digan las instituciones españolas o la Constitución, cuya reforma -esa sí- pretenden forzar sabiendo que será imposible. Oído el Pueblo Vasco, Ibarretxe exigirá respeto a la Voz unánime y prehistórica que él encarna como un Moisés alucinado: o se les da todo -se cambia la Constitución-, o la tribu elegida marcha a la tierra prometida de Independencia, que cae un poco más allá del oasis del Estado Libre Asociado.

El problema ya no es si se convence a Ibarretxe de que se conforme con menos, o si las elecciones internas del PNV o algún nuevo crimen de ETA cambian las cosas. No, el quid de la cuestión está en los constitucionalistas, en lo que hagamos para atajar este delirio allí donde debe atajarse primero: en la propia sociedad vasca. La unión de los constitucionalistas contra Ibarretxe en las Juntas Generales de Alava va por buen camino, pero no basta en absoluto. Conviene no engañarse: ni los jueces, ni el Gobierno, ni las declaraciones de los líderes políticos podrán sustituir a la mayoría de la sociedad vasca, que es quien realmente debe y puede parar el próximo golpe de Ibarretxe. Pero hay que convencerle de que debe hacerlo. Y para dar ejemplo, es urgente que PP y PSOE renuncien a tirarse a la cabeza el Plan Ibarretxe o el patriotismo de cada cual. Pase lo que pase en Madrid o Cataluña, esto hay que tratarlo como lo que es: un desafío al Estado democrático y una amenaza contra su misma existencia.

El poder de la mentira
Editorial El Ideal Gallego 26 Octubre 2003

Por si alguien lo dudaba, la sinrazón del PNV ha dado hoy un nuevo paso, tal vez el más importante, tras la aprobación por parte del Gobierno vasco del proyecto de ley que bautizan como del nuevo estatuto pero que, en realidad, no es otra cosa que el plan secesionista de Ibarretxe. Ha sido la plasmación de la obcecación y la mentira que, para mayor ultraje, ha sido puesta de largo el día en el que se conmemoraba el 24 aniversario del Estatuto de Guernika, un texto aprobado por el noventa por ciento de los vascos que ahora, por obra y gracia de las ansias independentistas de unos cuantos, coloca a Euskadi al borde de la fractura social. Pero lo peor es que la acción impulsada por el tripartito nace viciada porque lo hace partiendo de hipótesis totalmente falsas.

La primera, y tal vez la más grave, es que Ibarretxe aseguró en su momento -el propio texto lo recoge- que sólo se plantearía en ausencia de violencia. Una máxima que ojalá llegara algún día a las calles del País Vasco pero que, por el momento no es real puesto que ETA no sólo no ha renunciado a hacer uso de ella sino que, además, ha iniciado una monumental campaña de extorsión a los empresarios buscando el dinero que precisa para rearmarse.

La segunda falacia se produce cuando el lehendakari asegura que sin el apoyo de las tres provincias vascas no se plantearía. Esta misma semana, la Diputación Alavesa reiteró por tercera vez su disconformidad con el proyecto. Pese a todo, Ibarretxe ha optado por seguir adelante en su carrera hacia el desprecio de la Constitución y, con él, de la de ese 50% de vascos que no tienen ideas nacionalistas. Frente a esta locura sólo cabe esperar la contundente respuesta de los partidos democráticos que, rápidamente y sin que les tiemble el pulso, deben utilizar todos los medios que ofrece el Estado de Derecho para acabar con tanta estupidez.

Ibarretxe contra Gernika
Opinión EL PAÍS 26 Octubre 2003

El texto articulado presentado ayer por el lehendakari para su tramitación (en una forma todavía indeterminada) por el Parlamento vasco no es una simple reforma del Estatuto de Gernika, sino su liquidación. La lógica integradora y el consenso que presidió su elaboración, tramitación y aprobación se sustituyen ahora por un planteamiento unilateral: desde y para la comunidad nacionalista. La propuesta de Ibarretxe articula las principales reivindicaciones nacionalistas pendientes o sobrevenidas, algunas tomadas del mundo de ETA. En conjunto, trasluce una involución con la recuperación de obsesiones propias del nacionalismo sabiniano que fueron abandonadas por la generación de los años treinta. Con esas premisas, son nulas las posibilidades de que pueda lograr la adhesión de la mitad no nacionalista de la población y, por tanto, un apoyo comparable al que tuvo el Estatuto de Gernika.

La propuesta es básicamente la filtrada en julio pasado, con algunos retoques. Se mantiene la existencia de un sujeto político llamado Pueblo Vasco, que es algo más que los ciudadanos que lo habitan, al que se da distinto alcance territorial a conveniencia y al que se atribuyen una serie de derechos irrenunciables, como el de autodeterminación, que vienen a coincidir con las aspiraciones nacionalistas y que todos deben respetar, incluyendo "los pueblos de España", o sea, el Parlamento español. Se mantiene igualmente, aunque con nueva redacción, la distinción entre ciudadanía vasca (que se reconoce a todos los avecindados en el País Vasco) y nacionalidad vasca, cuyos límites deberá fijar una ley ulterior. Aunque se establece que nadie podrá ser discriminado por su nacionalidad, el hecho mismo de mantener la distinción es inquietante. Y más a la vista de su desarrollo por parte de uno de los socios del Gobierno vasco, EA, cuyo proyecto, presentado la semana pasada, limita el derecho de voto de los ciudadanos sin nacionalidad vasca a las elecciones municipales.

Ibarretxe presentó su propuesta como un proyecto no rupturista y orientado a una convivencia en paz. Ocultó que su encaje en la Constitución sólo sería posible modificándola sustancialmente y, de hecho, sustituyéndola por otra, ya que no sólo excluye al País Vasco de la aplicación de algunos de sus preceptos (como el artículo 155), sino que quiebra su lógica al reclamar una soberanía diferente y concurrente con la que la Constitución atribuye al pueblo español como un todo.

La experiencia indica que el poder tiende a expandirse hasta que encuentra un límite. El nacionalismo vasco ha sabido extender el suyo durante más de veinte años con el argumento de que conseguir mayores cotas de autonomía era condición para la paz. Los principales partidos nacionales comparten ahora la convicción de que es conveniente que el nacionalismo sepa que no se va a seguir aceptando el chantaje, cuya última formulación es "o se acepta el plan Ibarretxe o reclamamos la independencia". Pero en realidad el plan Ibarretxe es ya la independencia, con la excepción de los lazos que permitan mantener la presencia vasca en la UE: el temor a quedar fuera de esa comunidad parece ser lo único que Ibarretxe ha retenido de las críticas a su plan. A la misma lógica obedece la cautela de que el Estado no podrá imponer aranceles a las mercancías que Euskadi venda en el resto de España (artículo 61-4).

El problema es cómo hacer frente al chantaje sin que la forma de hacerlo se convierta en argumento adicional en favor de la ruptura. Iniciativas como la de PP y PSOE en las Juntas Generales de Álava -advirtiendo de que si Euskadi se desvincula de España, Álava lo hará de Euskadi- son necesarias; también lo es mantener el pacto PP-PSOE por las libertades y contra el terrorismo como garantía de que un cambio de mayoría no modificará la negativa a entrar en una negociación para romper los límites constitucionales. Pero no está claro cuál puede ser la función de nuevas reformas legales que permitan meter en la cárcel a Atutxa por su desobediencia a los tribunales. Ni tampoco se entiende que sea el Gobierno el que intente dirigir el rechazo al plan Ibarretxe por parte de las organizaciones representativas de la sociedad civil o que aproveche todo ello para hacer una OPA hostil sobre los socialistas vascos.

Estatuto de ruptura
Editorial El Correo  26 Octubre 2003

El denominado plan Ibarretxe adoptó por fin ayer forma de proyecto articulado, trece meses después de su presentación inicial. Una reunión extraordinaria del Gobierno vasco, celebrada en el vigesimocuarto aniversario del Estatuto de Gernika, decidió dar cauce parlamentario al proyecto de un nuevo Estatuto de libre asociación entre Euskadi y el Estado español. Su texto no contó, en esta ocasión, con el efecto sorpresa que obtuviera la intervención del lehendakari en septiembre de 2002. Pero volvió a defraudar a cuantos habían supuesto que la propuesta definitiva de Ibarretxe y su partido iba a recuperar un tono de racionalidad y moderación política.

El documento que el Gobierno vasco en pleno presentó ayer en el Parlamento no constituye un proyecto de reforma del Estatuto vigente, sino que promueve su sustitución por un nuevo Estatuto. No se ciñe a las necesidades de actualización y desarrollo que, veinticuatro años después, pudiera presentar el Estatuto de Gernika, sino que contiene disposiciones que cuestionan el núcleo mismo de la Constitución de 1978. Por eso resulta falaz que el lehendakari Ibarretxe trate de presentar su iniciativa como plenamente ajustada a las posibilidades que brinda la Constitución y a las previsiones de reforma que contempla nuestro Estatuto de Autonomía. Porque ni éste preve su sustitución por otro Estatuto, ni el «Estatuto de libre asociación con el Estado español» tiene cabida en el marco constitucional. Mucho menos cuando parte de su articulado se atreve a conferir rango normativo a un estatus de excepcionalidad en el que el País Vasco quedaría respecto a las obligaciones constitucionales del resto de las comunidades autónomas españolas.

Pero la falacia linda con la farsa cuando el mencionado proyecto es presentado como una «propuesta de convivencia», o cuando el propio lehendakari insiste una y otra vez en negar su carácter rupturista. A estas alturas, es inconcebible que el Gobierno vasco y los partidos que lo sostienen no sean plenamente conscientes de las consecuencias de sus propios actos. Por el contrario, existen fundadas razones para pensar que precisamente el nacionalismo vasco trata de provocar esas consecuencias para justificar su huida soberanista, que trata de transferir a los demás la culpa de una ruptura inexorable. El nacionalismo gobernante intenta legitimar sus objetivos a cuenta de las reacciones que éstos provocan en las demás fuerzas políticas y en los poderes constitucionalmente establecidos. El lehendakari Ibarretxe persigue convertir la imposibilidad jurídica de llevar adelante su plan en un argumento que le permita alcanzar una victoria política inapelable en las elecciones autonómicas de 2005. Es por eso que su pretendido diálogo no guarda ya ni las apariencias.

A nadie le cabe en la cabeza que pueda instaurarse una libre asociación entre Euskadi y el resto de España a través del desgarro que genera toda adopción de decisiones unilaterales. Como nadie puede suponer que la posición del Gobierno presidido por Aznar, la de las dos grandes fuerzas políticas españolas y la de las máximas instancias judiciales del Estado constitucional puedan verse sometidas a la imperativa aceptación de la lógica contenida en el proyecto del lehendakari. De ahí que las condiciones del plan Ibarretxe alberguen la carga propicia para desencadenar una espiral de enfrentamientos que supongan un paulatino deterioro de l a convivencia en el País Vasco y un creciente distanciamiento entre la Euskadi nacionalista y el resto de los españoles.

La fingida postura de Ibarretxe, denunciando que aquellos que están en desacuerdo con sus intenciones no son capaces de presentar un proyecto alternativo al de la libre asociación , únicamente puede confundir a los incautos. Dicha postura trata de alimentar una idea: que la defensa del marco jurídico-político vigente no constituye en sí misma una alternativa, sino la obstinada negación de un cambio ineludible. Eso es lo que al nacionalismo gobernante le permite argüir que los causantes de la ruptura no son los que se van, sino los que se quedan; no son quienes se empeñan en supeditar la convivencia al logro de las aspiraciones nacionalistas, sino quienes tratan de convencer a los abertzales de que la convivencia no será posible si no renuncian de una vez por todas a la quimera soberanista.

Ayer, el Ejecutivo presidido por Ibarretxe evitó aprobar un proyecto de ley, por lo que deberán ser los órganos de gobierno del Parlamento vasco quienes califiquen la iniciativa. Es cierto que la democracia constituye, en buena medida, un sistema de procedimientos. Pero resulta significativo que, una vez más, la discusión sobre cuestiones que afectan a los fundamentos de la convivencia acabe confundiéndose con los vacíos reglamentarios de la Cámara vasca.

Sálvese el que pueda
Luis María ANSON La Razón 26 Octubre 2003
de la Real Academia Española

Eta ha asesinado en el País Vasco a dirigentes socialistas. También a líderes del PP. El Plan Ibarreche que ayer emprendió su andadura parlamentaria responde, como tantas otras actitudes del PNV en los últimos años, al «sálvese el que pueda». El miedo es libre y las provincias vascongadas viven bajo la dictadura del terror. Cuando un concejal nacionalista ve que asesinan a su compañero socialista de municipio, o a su compañero popular, se suma, salvo que tenga madera de héroe, a cualquier coartada ideológica con tal de no ser él la próxima víctima.
Los documentos desvelados por el gran Zuloaga en estas páginas desenmascaran crudamente el «do ut des» y la miseria humana. «Tú, lehendakari, te enfrentas con el Tribunal Supremo, no disuelves Socialistas Abertzaleak, haces frente al Estado con el Plan Ibarreche, pagas las subvenciones y ayudas económicas a nuestros presos y, a cambio, nosotros, los pistoleros de Eta, no te matamos ni a ti ni a los tuyos».

Eso es, en síntesis, lo que está pasando en el País Vasco aunque se cubra el miedo con los ropajes del Estado Libre Asociado, de la independencia o la reivindicación. La actitud entreguista de una parte del PNV no se puede justificar pero sí explicar. Y también comprender, porque, cuando se naufraga en el miedo, siempre se escucha el grito de «sálvese el que pueda». Si uno conserva la vida y, además, se mantiene en el poder, miel sobre hojuelas del árbol de Guernica. Porque lo que aman los dirigentes peneuvistas sobre todas las cosas, después de la vida, es el poder. Y mientras tengan más miedo a las amenazas de Eta que al peso de la ley descargado por el Estado de Derecho las cosas no se reconducirán.

LA FUNDACIÓN DEL PRINCIPADO
Por JON JUARISTI ABC 26 Octubre 2003

EN su ensayo sobre el poeta porteño Evaristo Carriego, evoca Borges el barrio de su infancia -Palermo-, recorrido cada mañana por carros de vendedores callejeros. Estos carritos, pintados de colores vivos (en la tradición, supongo, de los carros historiados de Sicilia), tenían nombres curiosos y extravagantes, que aludían con frecuencia al origen y a la profesión de sus dueños. Uno de los que aparecen en el apresurado inventario borgesiano se llamaba «El Vasquito Lechero», y no creo necesario recordar las pullas, a veces crueles, que Borges se permitía a propósito de los vascos ordeñadores de vacas: es decir, del mismo estereotipo étnico que en su día explotó con notable fortuna Julio Medem, cuya visión de los hijos de la noble Euskalerría sigue siendo, en lo fundamental, la de El Caserío de Guridi.

A mí, lo de «El Vasquito Lechero» me inspira asociaciones nostálgicas de insoportable ternura con los rótulos mercantiles del país vasco de mi propia niñez («La Eibarresa», «La Guerniquesa», «La Burundesa», «La Roncalesa», etc.), aplicados muchos de ellos a empresas familiares de transporte; es decir, a equivalencias motorizadas de los carritos de Palermo. Después, de mayor, pude comprobar que este tipo de prosopopeya constituye un rasgo característico del pintoresco capitalismo del subdesarrollo en todo el mundo hispánico, donde han abundado marbetes como «La Asturiana» (el Anís de España) o «La China Poblana» (la Mejor Tamalería de Ciudad Nezahualcóyotl). De ahí que, puesto a elegir un nombre para la razón o sinrazón social abertzale que impulsa el plan o rataplán Ibarreche, ese consorcio neolítico en el que participan PNV, EA e Izquierda Uncida (al carro) bajo el auspicio desdeñoso de ETA, en lugar de recurrir a un calco cualquiera del magnífico Catalunya, S.A., acuñado por mi amigo Arcadi Espada, haya preferido rescatar del folklore urbano un sintagma -con perdón- digno de figurar en el letrero de cualquier comercio ruinoso de ultramarinos o abarrotes en Mérida (Badajoz) o en Mérida (Yucatán): La Vasca Monegasca, S.L.

Porque, a fin de cuentas, parece que de eso se trata, precisamente: de crear una réplica libre-asociada del microestado de los Grimaldi, sin Estefanía pero con Begoña Errasti (circunstancias estas últimas igualmente lamentables). Un principado surgido de la pesadilla de algunos resentidos maquiavelos de aldea, del que huirán como de las regiones apestadas por la neumonía atípica las empresas sensatas y solventes, pero donde, sin duda, proliferará la vaca autóctona (la de Medem) y se escuchará de nuevo el tráfago matinal de los vasquitos lecheros (al menos, de los que no emigren a Argentina). Una ínsula extraña, ruralizada y eusquerizada a tope, que verá otra vez la puesta en circulación del ochavo moruno como divisa nacional y donde a los niños, si prospera el modelo pedagógico propuesto por Arnaldo Otegui (véase Julio Medem, La pelota vasca) se les aliviará de la siempre ingrata tarea de aprender lenguas modernas como el inglés y el español y, por supuesto, se les prohibirá rigurosamente el acceso a los ordenadores, imponiéndoles a cambio, como única asignatura, la Contemplación Extática y Gozosa de las Cumbres Tibetanas de Guipúzcoa. Todo ello con vistas a la creación de la nueva raza política vasca: una raza de Superhombres y Supermujeres de la especie aún sólo vislumbrada del Homo Papamontes.

En efecto: ¿Qué hay detrás de todo este tinglado sino la desesperada necesidad nacionalista de volver a los felices tiempos de aquello que Jaime Gil de Biedma llamaba, con gélida prosa, el «capitalismo de pequeña empresa familiar»? En la trifulca parlamentaria vitoriana del pasado viernes, arbitrariamente zanjada por Atucha con la expulsión y suspensión por dos partidos a Carlos Iturgaitz, resplandeció por un momento la verdad, aunque invertida en boca de un mentiroso patológico. Porque el insulto dirigido a los representantes del PP vasco por el Consejero de Justicia (lo que, tratándose de Azcárraga, no deja de tener gracia) y Trabajo (lo que, tratándose de Azcárraga, constituye un sarcasmo) fue fruto de un mecanismo inconsciente de proyección y, en tal sentido, no estuvo acertado Iturgaitz en calificar al ofensor de heredero de ETA, pues, si hay en este asunto unos herederos claros o tortuosos del franquismo, esos son los nacionalistas vascos, eternos añorantes de aquella situación en que medraron La Encartada Rubicunda, La Donostiarra Feliz, La Arratiana Científico-Técnica y tantas otras iniciativas endogámicas, al calorcillo de un sistema económico cutre que propiciaba la inversión del ahorro español en las regiones industrializadas y mimadas por el Régimen. No por otro motivo nació ETA, bajo el auspicio cobarde y receloso del PNV: sólo para impedir el deslizamiento del franquismo hacia una más equitativa distribución territorial de la renta y, desde luego, para hacer frente al inminente desembarco de El Corte Inglés en la Gran Vía bilbaína (¿o es que alguien cree todavía otra cosa?).

Hacia ese horizonte utópico-regresivo ha avanzado con envidiable resolución La Vasca Monegasca, S.L., entre el estrépito de los coches bomba y de los tiros en la nuca. Su Moisés no verá la Tierra Prometida porque, al asomar tras la inmediata loma el pararrayos de la torre de la iglesia de la Residencia de los PP. Jesuitas de Jericó, todos los candidatos a Josué se han dado con verdadero furor a la puñalada trapera y alguna le van a asestar al desdichado Arzalluz tal que entre los omoplatos: algún pinchazo que le será, me temo, más doloroso que el beso de Judas o abrazo de Bruto que le arreó el lehendakari en pleno Alderdi Eguna, ante todo el personal. Por mero sadismo, a uno le gustaría describirle las delicias que esperan a su sucesor en la Jebolandia libre-asociada, pero no tengo, de momento, humor, tiempo ni espacio para hacerlo. Ahora bien, las épocas doradas nunca vuelven: no estamos ya en el mundo de «El Vasquito Lechero»ni de La Lequeitiana. Hombre, siempre puede regresar La Burundesa. Siempre que a algún empresario de Burundi se le ocurra invertir en la salazón de anchoa bermeana, quiero decir. Al presente, parece que ni los pasajeros de las pateras están interesados en arrostrar un futuro tan prometedor.

La única ventaja que se le ve por ahora al proyecto monegasco o monovasco es que ETA ya no sería necesaria para la prosecución de la limpieza étnica. Probablemente, la banda se especializaría en atentados en áreas irredentas: Navarra, para empezar. Dentro del principado, actuaría sólo contra los más recalcitrantes, y es de presumir que lo haría al estilo de la depuración racial que practican los impotentes: como los narcoindependentistas que disparan de vez en cuando, en Kosovo, sobre los pocos niños serbios que quedan en dicho territorio. El resto ya se habrá ido. Yo también lo haría ante la perspectiva de verme cotidianamente condenado a una programación televisiva que oscilará entre los documentales bucólico-rupestres y la reposición implacable y subtitulada de las películas de Julio Medem. Como entre brumas, llegan a mi memoria las palabras de una estudiante -por llamarla de algún modo- que interrumpió, hace más de veinte años, una conferencia de un famoso economista, en la Universidad del País Vasco: «Usted dice que esta vía nuestra es insostenible porque Euskadi se arruinaría. Pues mejor, porque en esa Euskadi arruinada sólo nos quedaríamos los que la queremos de verdad». Maldito amor, que dice el bolero.

UN DÍA DE ESPAÑA
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 26 Octubre 2003

EL viernes fue un día completo. Fuerte, como decíamos antes. Por la mañana, Atutxa expulsaba del Parlamento de Vitoria a Iturgaiz. Mientras seguía dando amparo a los amparadores de ETA, arrojaba a las tinieblas exteriores al dirigente del PP. Con escolta, eso sí. Otegi comunica su alegría a quien quiera escucharle: por fin se va a derogar el Estatuto después de 24 años. Comienza el despegue, el vuelo independentista. Una hoja de ruta calcada del modelo quebecois. Un acuerdo mutuo. ¿Podía caberle a alguien la duda de que no procediera de forma tan civilizada un partido como el PNV? Todavía hace unos días Ibarretxe bajó a Granada, invitado por Chaves, a exponer su Plan. Porque hay que dialogar. El anfitrión, el presidente del Consejo Consultivo andaluz, insistió en el carácter democrático del proyecto. En realidad se trata de cambiar un «Estado unitario descentralizado» por uno federal, resumió el socialista.

Pero todas estas son pequeñas cuestiones domésticas. Vetusta recibía a la crema de la intelectualidad mundial. Una prueba de fair play. Lula y un teólogo de la liberación: siente al Tercer Mundo a la mesa del rico Epulón. De Susan Sontag nadie conoce «Contra la interpretación». Lo que interesa de ella son sus posiciones críticas a la política norteamericana... española y británica. Y es que las posiciones minoritarias en EE.UU. son aquí las hegemónicas.

TAMBIÉN ha subido al escenario Habermas, contrario a la política de nuestro Gobierno. Nadie nos negará a los españoles capacidad para la autocrítica. ¿Acaso no hemos construido nuestro establishment cultural en torno al masoquismo? Pero quizá lo más llamativo del discurso de este epígono de Adorno (ni siquiera inventor del famoso «patriotismo constitucional») fue decir que un país que acaba de salir a la democracia, como España, no debería apuntarse al atlantismo sino a la «vieja Europa»: a Alemania y Francia. Más vieja que tradicionalmente democrática, habría que añadir.

Desde Oviedo, Habermas, Susan Sontag, el presidente Lula y, ¿cómo no?, el teólogo de la liberación aguaban el éxito diplomático de España en la convención internacional de «donantes» a favor de la reconstrucción de Irak....

Y al atardecer volvíamos a las noticias domésticas: el Gobierno dirigía un mensaje a la nación del que se podía predicar, por un lado, el tono burocrático con el que era dado a conocer y, por otro, la gravedad de los contenidos y el dramatismo del lenguaje. El Gobierno hacía un llamamiento -repito que patético- a la sociedad española para que se movilice contra el asalto de los nacionalistas vascos al Estado y a la convivencia, contra el proyecto de ruptura del territorio nacional, contra la legalización del Terror... Lo leía el ministro Zaplana a la caída de la semana laboral, al final de un día prematuralmente invernal, con el tono más convincente del que podía ser capaz sin, por ello, conseguir conmover los sentimientos ni atraer las voluntades de la ciudadanía. Son muchos años los que vienen desmovilizando a la opinión pública en torno al peligro separatista intelectuales, periodistas, políticos... Así que el Gobierno de la Nación tiene por delante una tarea gigantesca...

Por la noche, máxima audiencia para un bochornoso «reality show» mientras seguía la degradación de un grupo de chicos en un campo de exterminio mediático.

OPONERSE Y SEDUCIR
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 26 Octubre 2003

IGNACIO Sánchez Cámara ha escogido varios de sus muchos artículos y ensayos publicados en ABC y los ha convertido en una obra que transita con brillantez literaria y hondura argumental desde la «rebelión de las masas» a su «degradación» actual, siguiendo así un trayecto que sería del gusto de su gran referencia filosófica y ética, José Ortega y Gasset. En el acto de presentación del libro editado por Áltera, el columnista de ABC rememoró al autor de «España invertebrada» al invocar la función intelectual y del intelectual: oponerse y seducir. La cita siempre me ha parecido sugestiva como otras muchas de Ortega, pero acaso ahora, en la España de hoy, adquiera una significación especial. El proverbio coloquial que el filósofo convirtió en pauta es antiguo y perspicaz. Está emparentado con el dicho que aconseja «puño de hierro en guante de terciopelo» y entronca también con la sabiduría de los clásicos latinos que propugnaban la suavidad en la forma y la fortaleza en la decisión («suaviter in modo, fortiter in re»). Son tiempos para la resistencia inteligente, para oponerse y hacerlo seductoramente. ¿Es posible hacerlo? No siempre, pero la probabilidad de lograrlo depende también de los ciclos sociales y políticos y de los antecedentes históricos.

El desafío del nacionalismo vasco, que ha consumado ayer una ruptura pública con la Constitución de 1978 y con el Estatuto de Autonomía de 1979, no es el resultado, como algunos tienden a aseverar, de políticas erróneas. A esta quiebra se hubiese llegado casi irremediablemente, con independencia del signo del Gobierno nacional y al margen de este o aquel tratamiento. Era del todo previsible que el terrorismo de ETA fuese sucedido por el radicalismo del nacionalismo porque los dirigentes del PNV y de EA no han podido, ni sabido, ni querido entender la política en la democracia española sin esa variable constante y trágica de la presencia destructora de la banda terrorista. El nulo desarrollo ideológico del nacionalismo en estos últimos veinticinco años presagiaba que el PNV habría de perpetrar el fatal error -jamás cometido por partido alguno de carácter democrático- de llevar a efecto su programa de máximos. Yerro que niega, no desde luego la ideología en la que se milita o el sentimiento que la alienta, sino la esencia de la política que no es otra cosa -y es mucho- que un ejercicio de poderes legítimos para la transformación de la sociedad saciando progresivamente sus necesidades y creando las condiciones más adecuadas para el bienestar moral y cultural de los ciudadanos. El nacionalismo ha tenido todos esos poderes en la mano, los ha empleado mal, con trampas, sin permitir rescate alguno. Oportunidades ha tenido: el Estatuto, el Concierto Económico, un esquema de facultades generales de carácter ejecutivo y normativo, gobiernos de coalición con el Partido Socialista, entendimientos profundos con el PP y una realidad internacional que ayudaba a un regeneracionismo ideológico sin traumas internos. Todas esas oportunidades las han despreciado en una opción visceral, equivocada política y moralmente.

Adoptadas -«fortiter in re»- aquellas decisiones necesarias, pero no seductoras, preciso es mantenerlas e incrementarlas, pero casi agotadas las medidas propias del catálogo de un Estado de Derecho y sin perjuicio de sus benéficos efectos, hay que combinarlas con la oposición seductora a una iniciativa que rompe sin legitimidad de género alguno la realidad nacional de España. Llegados a este punto, la cuestión rebasa la política, alcanza de lleno lo social y remite a lo que tradicionalmente se conocen como crisis de Estado, que son aquellas que afectan a su cohesión, a sus elementos de integración y a su proyecto de futuro. No hay demasiada duda sobre el desencadenamiento irreversible de esa crisis en España. Creo que tampoco la habrá sobre la estricta precisión de ampliar la estrategia, mantener la determinación y seguir los consejos de Ortega: oponerse y seducir. Fuerza legítima y argumentos sólidos, convencer para vencer, justicia para aplicar las leyes, unidad en vez de enfrentamiento entre criterios similares. Y confianza en la fuerza atractiva de una España que, en palabras del Príncipe de Asturias, «nunca antes ha sido más libre, próspera y capaz».

EL GRAN MENTIROSO
Por Alfonso USSÍA ABC 26 Octubre 2003

DE los últimos veinte años, el político más mentiroso ha sido y es Atucha. Fachendoso del engaño. El mejor pertrechado de cinismo. Tontos o ingenuos por decenas de miles vieron en su figura la del romántico nacionalista que luchaba con coraje contra los terroristas en pos de un paisaje vasco de postal de Kodak. En Atucha se respiraba folclore y zorcico, Arteta y Zuloaga, mies y hayedo. Parecía Atucha el director de la Sección Femenina del nacionalismo, cargo que complementaba con la Consejería de Interior. Presumió de objetivo terrorista en varias ocasiones. ¡Hombre, Atucha! Todo respondía a un juego de amenazas nubladas por las conversaciones previas. En la postal dibujada por Atucha y editada con vivos colores se ve un caserío en verano, en la luna de agosto, «agorrillá», el mes del tiempo seco. Y allí los caseros, merendando bajo un enorme tilo, o quizás un roble, rodeados de sus hijos, de gallinas autóctonas, vacas y caballos percherones. Al fondo, una de las hijas ensaya unos pasos de baile antiguo, como hacía en su infancia Juana Goricelaya sobre los prados verdes que aún no habían regado con sangre. Contemplábamos la postal y creíamos que Atucha añoraba -absurdo añorar lo que no ha existido- una vieja sociedad pastoril y marinera, aislada del mundo, vegetal y mágica, con una línea marcada en la misma mar que separaba el océano de los maquetos con la mar exclusiva de los vascos, donde los atunes, las merluzas y los chipirones se distinguían de los atunes, merluzas y chipirones de otras aguas en su empaque, abundancia y sabor. Viento, aire y nada, pero romanticismo al fin y al cabo. Obsesión coperniquiana. El sol gira alrededor de la raza elegida por Dios. Dios es vasco, somos diferentes. Que el prado nos sostenga. Que la mar nos alivie. Que suene el chistu. ¡Gora Euzkadi! Las cosas de Arzallus y de Atucha.

Pero no. El gran romántico ha salido mentiroso, torticero, profundamente villano. Su postal era otra. Engañador compulsivo, flauta de falsedades. En la postal verdadera, Atucha merienda con aquellos que dijeron que iban a asesinarlo. Bebe chacolí en un caserío gélido. Ríen y brindan por el éxito de su engaño. En los valles inmediatos los árboles se desnudan y huele a muerto. Y la niña que baila ya no es tan niña. Y Juana Goricelaya inicia el baile mientras al fondo, en un rincón oscuro de la postal, decenas de miles de vascos emigran hacia otras tierras, expulsados de sus raíces, angustiados de futuro. Pero Atucha se siente satisfecho porque ha sido una pieza clave para que la separación se consume. No abarca la postal más allá de ese ángulo negro y triste que anima la sonrisa de Atucha.

Pero otra postal viene. Y ya está dispuesta la fotografía. La larga cola de los deshabitados, de los expulsados, de los despedidos, se queda quieta. Y vuelven hacia atrás. Y recuperan sus raíces, sus hogares, sus bienes y sus paisajes bellísimos de antaño. Y otras decenas de miles de vascos que escaparon de allí para conservar el primer y último de sus bienes, es decir, sus vidas, también retornan a su patria chica. Y son los asesinos los que huyen, y son los traidores y los mentirosos como Atucha, como Ibarreche, como Arzallus, como Eguíbar, como Imaz, los que se estremecen ante la nueva panorámica. Y son detenidos. Han intentado quebrar con el apoyo de los asesinos la armonía, la libertad y la vida de los vascos. Y no les ha salido la jugada.

Para que esa nueva postal triunfe sobre la imagen de la tristeza, otros españoles tendrán que superar sus miedos y sus cautelas. Y respetar que en todos sus ciudadanos está la soberanía. Y aplicar los artículos necesarios y las leyes precisas. Y prepararse para ello, que la respuesta se avecina pronta y sin debilidades. Y si los que nos gobiernan ceden, o los que nos quieren gobernar se entregan -ya lo han hecho en exceso en el camino de la Historia-, será el pueblo el que acuda a abrazar a los vascos que sufren y a liberarlos de los asesinos y los grandes mentirosos. Todavía nos queda una postal, Atucha.

LOS CHULOS DEL BARRIO
Por Jaime CAMPMANY ABC 26 Octubre 2003

ESPAÑA está tranquila disfrutando de una democracia razonablemente apacible y afortunadamente próspera. Todo marcharía bien y casi a pedir de boca si no fuera por los chulos del barrio. Los nacionalistas vascos se han empeñado en extremar las provocaciones y en mear fuera del tiesto. El gobierno de Ibarreche se ha reunido en sábado, día de brujas, para aprobar un nuevo Estatuto que llaman de «asociación libre al Estado español», es decir el Plan Ibarreche.

Se trata, claro está, de una chulería insoportable, de la chulería de quienes intentan imponer un criterio político que no puede ser aceptado ni por el Gobierno de España ni por las demás instituciones del Estado, que haría pedazos la unidad de España, produciría apartados en su soberanía y se saltaría a la torera la Constitución de todos. Los nacionalistas vascos se comportan así como los chulos del barrio que quieren romper las reglas de juego y el orden de la ciudad y hacer en ella su soberana voluntad sin respetar las normas comunes de convivencia.

Es decir, los chulos del barrio extreman la provocación. Han montado un acto de rebeldía con toda una parafernalia: reunión del Gobierno en sábado, procesión del lendakari y los consejeros al Parlamento y anuncian un referéndum entre todos los que viven en el País Vasco, para poderle llamar después a este día «momento histórico». Juan José Ibarreche había hecho mención a la voluntad de «todos los que viven en el País Vasco». No ha hecho mención, naturalmente, de todos los vascos que tuvieron que salir de la tierra que les vio nacer, amenazados de muerte por el terror etarra (el terror de los que «arrean» para que otros negocien) ni de los vascos que no podrán votar desde sus tumbas, asesinados por los que persiguen idénticos objetivos que los nacionalistas furiosos.

Provocación sobre provocación. Albarda sobe albarda. El día antes, Juan María Atucha había expulsado del Parlamento a Carlos Iturgaiz, presidente del PP vasco. Atucha había quitado la palabra a populares y socialistas y la había dado obsequiosamente a los etarras del grupo Sozialista Abertzaleak. El nacionalista Azcárraga acusó a los populares de ser los «herederos del franquismo». Iturgaiz, desde su escaño replicó: «Y tú de ETA». Cuando Atucha, desde la presidencia del Parlamento, calificó de acusación intolerable la de Iturgaiz por afirmar que Azcárraga pertenece a ETA y es miembro de ella, el acusado dijo en voz alta: «Eso es mentira». Y lo era. En realidad era una devolución de «piropo». Tú me llamas heredero del franquismo y yo te llamo heredero de ETA.

Paro Atucha ya había cogido el rábano por las hojas. Expulsó de la sala a Iturgaiz y le anunció que no le permitiría volver a ella en las dos sesiones siguientes. Con qué facilidad el presidente del Parlamento vasco que se niega a obedecer al Tribunal Supremo de España y expulsar del Parlamento a los batasunos de Sozialista Abertzaleak, echa de él al presidente de los populares. A Juan María Atucha, que parecía hombre sensato y moderado, le ha tocado protagonizar esta nueva provocación de los chulos del barrio.

Un botón de muestra
José María Carrascal La Razón 26 Octubre 2003

Lo ocurrido el pasado viernes en el parlamento vasco no fue otro rifirrafe de los que a diario están teniendo lugar allí entre nacionalistas y constitucionalistas. Es una muestra de lo que ocurriría en el País Vasco si el Plan Ibarreche llegara un día a cumplimentarse: el triunfo de la arbitrariedad más absoluta, de la impunidad más flagrante de unos y de la indefensión más completa del resto. Tan simple, tan brutal y tan escandaloso como eso. Y, en ese sentido, el mejor prólogo que podía tener la aprobación del plan del lehendakari, tenida lugar al día siguiente.

Aunque lo habrán visto, oído y leído mil veces, permítanme, como apoyo a las graves acusaciones que estoy haciendo, un rápido repaso de los hechos: Azcárraga, consejero del gobierno vasco, llama a los miembros del Partido Popular, herederos del franquismo. Iturgaiz, en nombre de estos, llama a los del PNV, herederos de ETA. Advertencia de Atucha, presidente de la cámara, sólo al segundo, que acaba en su expulsión cuando el insulto se repite, sin siquiera una advertencia a quien los había iniciado. Así se entiende la justicia, el juego limpio y la democracia allá arriba. Y así se entenderá, cada vez más, conforme los nacionalistas vayan haciéndose con todos los resortes del poder. Lo que en Euskadi quiere implantarse con el plan del lehendakari no es un Estado de Derecho, es una comunidad tribal, donde algunos tengan todos los derechos y los demás, ninguno. Un colectivo antropológico en el que reine la más absoluta arbitrariedad y la legalidad no emerja de una constitución pactada entre todos los ciudadanos, sino de unos supuestos derechos ancestrales, administrados por una camarilla. Derechos que ni siquiera alcanzarían a todos los vascos, ya que se negarían a cuantos no comulgaran con aquélla, como es el caso de Iturgaiz, tan vasco o más que Atucha, pero no nacionalista. Aunque también es verdad que hay que reconocer la diferencia entre expulsar a alguien del cuerpo para el que ha sido elegido y expulsarlo de este mundo, pegándole dos tiros. Es, de momento, la diferencia que media entre el PNV y ETA.

Lo que nos lleva a una consideración de mucho más calado. El problema vasco es, en efecto, un problema vasco, no un problema español. No lo ha creado España, que ha dado a Euskadi todo lo necesario para gozar del nivel de vida más alto de la península. Lo han creado unos vascos empeñados en negar la pluralidad de su país y dispuestos a reducir a la nada a aquellos que no piensan como ellos. Y eso es algo que el resto de los españoles no podemos solucionarles. Son ellos quienes tienen que hacerlo. ¿Van a hacerlo? ¿Están dispuestos a consentir que los nacionalistas sustituyan la amplia autonomía que hoy disfrutan por un coto cerrado de pensamiento único y comportamiento regulado? Porque si están dispuestos, la cosa es muy simple: no tienen más que seguir votando al sr. Atucha y a su partido.

Rajoy hace un llamamiento contra la «colosal mentira» del Plan y anuncia medidas políticas
Exige a Atucha que retire la sanción impuesta a Carlos Iturgaiz por ser «antidemocrática»
El secretario general del PP, Mariano Rajoy, consideró un «imperativo moral» reaccionar ante la «colosal mentira» que supone el Plan Ibarreche y se comprometió a, que si llega a la Presidencia del Gobierno, adoptará las medidas jurídicas y políticas necesarias para enfrentarlo. Hizo un llamamiento a los vascos «que no quieren que se instale la incertidumbre y el temor al futuro» en el País Vasco, que quieren acabar con ETA sin pagar un precio político. Y pidió al presidente del Parlamento vasco la retirada de la sanción que impuso al jefe del PP vasco, Carlos Iturgaiz por ser antidemocrática.
Redacción - Guernica ( Vizcaya).- La Razón 26 Octubre 2003

En un homenaje dedicado al Estatuto de Guernica, organizado por el PP del País Vasco ante el Árbol de Guernica, frente a la Casa de Juntas, Rajoy advirtió de que la aplicación del proyecto de Ley aprobado ayer por el Gobierno vasco «exigiría la destrucción de la Constitución» y es una «traición» al Estatuto. Por ello, el candidato a la Presidencia del Gobierno hizo un llamamiento a los vascos «que no quieren que se instale la incertidumbre y el temor al futuro» en el País Vasco, que quieren acabar con ETA sin pagar un precio político y que creen en la alternancia política para que ayuden a «defender la Constitución y el Estatuto con el mayor empeño».

Magnitud del desafío
Rodeado por unos 150 cargos del PP del País Vasco, planteó la «magnitud del desafío» que plantea el lendakari y reafirmó la «fidelidad» del PP a «los compromisos asumidos ante el pueblo español», y en especial al primero de ellos: «la defensa de los intereses generales de España». Explicó que, hace 25 años, el «pueblo español, como sujeto constituyente» optó por «edificar nuestra convivencia sobre el pilar del Estado de Derecho» y la Constitución, y destacó el «protagonismo especialmente importante» del PNV en la elaboración y aprobación del Estatuto. La única salvedad al consenso fue ETA, que «se declaró enemiga de la Constitución» y optó por intentar «imponer un régimen de terror» para lograr la «secesión de España» con el objetivo de implantar su «delirante proyecto». Por ello, expresó su rechazo a un plan «que hace suyos los objetivos de ETA» y consideró que «por imperativo moral debemos reaccionar ante tan colosal mentira» como es llamar «proyecto para la convivencia» a este plan, que «contradice radicalmente la letra y el espíritu de la Constitución».

Fue entonces cuando Rajoy advirtió de que «su viabilidad exigiría la destrucción de la Constitución misma» y supone «una traición al Estatuto de Guernica, a su contenido y su espíritu; pretende cabalmente su eliminación». Frente a esta «irresponsabilidad» del PNV y el Gobierno vasco, Rajoy precisó que, si gana las elecciones generales, se compromete a que «nada, ya se llame el Plan Ibarreche, ya se llame terrorismo, fracture la convivencia de los vascos o prevalezca sobre el Estado de Derecho; y me comprometo a adoptar las medidas jurídicas y políticas que resulten adecuadas». Concluyó con un llamamiento a la sociedad vasca para apoyar al PP y apostar por la «alternancia política, que es el oxígeno de la democracia, que sin ella se asfixia».

Frenar la crispación
A su vez, el secretario general del PP pidió ayer al presidente del Parlamento vasco, Juan María Atucha, la retirada de la sanción que impuso al presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz por considerarla antidemocrática. El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, subrayó la necesidad de frenar la crispación que se está instalando en la política vasca y también pidió al presidente autonómico que retire la sanción. El parlamentario del PP fue expulsado de la Cámara después de que el diputado del PNV Joseba Azkárraga acusara a los miembros del grupo popular de ser «legítimos herederos del franquismo» a lo que Iturgaiz respondió «y tú de ETA».

En el acto de Guernica Mariano Rajoy expresó su solidaridad con Carlos Iturgaiz y consideró que la sanción que impide al parlamentario vasco acudir a los dos próximos plenos en Vitoria «es una ofensa a los miles y miles de ciudadanos vascos que en su día apoyaron la candidatura del PP».

Foros cívicos piden al Gobierno y a la sociedad que hagan frente al plan
Basta Ya propone una «respuesta pacífica» de los ciudadanos y partidos constitucionalistas y el Foro Ermua sugiere la reforma del Código Penal
BILBAO EL CORREO  26 Octubre 2003

Movimientos cívicos y plataformas del ámbito constitucionalista vasco volvieron a alzar su voz ayer contra el plan soberanista de Ibarretxe, una vez que el lehendakari y su Gobierno registraran formalmente en la Cámara vasca el proyecto. Consumado este nuevo paso, Basta Ya, el Foro Ermua y la asociación Ciudadanía y Libertad coincidieron en rechazar el «chantaje político» que supone la propuesta y pidieron a la ciudadanía -en el caso del Foro Ermua, también al Gobierno central- que se «movilice» para responder a la iniciativa. Muy distinta fue la reacción de Elkarri, que ve en el actual momento político el inicio de una «segunda Transición».

El portavoz de Basta Ya, Carlos Martínez Gorriarán, consideró que la propuesta de Ibarretxe implica «la perversión total del sistema democrático» porque, según dijo, un Gobierno no puede decidir de forma unilateral la «muerte» del Estatuto. Gorriarán se mostró convencido de que, aunque no prosperará por no tener cabida en la Constitución española ni en la europea, su mero intento de desarrollo tendrá consecuencias «muy graves» para Euskadi.

Basta Ya pide, en consecuencia, una «respuesta pacífica» de todos los grupos cívicos y partidos constitucionalistas, que permita visualizar una gran movilización social contra la iniciativa. De este modo, razonó Gorriarán, las instituciones podrán «tener la seguridad» cuando actúen de que están representando la «voluntad mayoritaria» de los españoles.

De hecho, Basta Ya ha convocado una manifestación de rechazo al plan Ibarretxe el próximo 13 de diciembre en San Sebastián, a la que se ha adherido también el Foro Ermua. A pesar de algunos roces previos sobre las razones últimas de la convocatoria, populares y socialistas secundarán también una marcha que la plataforma pretende que sea «multitudinaria».

El Foro Ermua avanzó ayer un paso más allá y apeló a la «firmeza y contundencia» del Ejecutivo central para impedir que el proyecto de nuevo Estatuto salga adelante, si es necesario a través de la reforma del Código Penal. La asociación se refirió así a la posibilidad apuntada en los últimos días por el Gobierno y el PP de modificar los delitos de desobediencia, rebeldía y sedición para frenar las aspiraciones nacionalistas.

Agresión a la buena fe
Portavoces del Foro Ermua declararon a Europa Press que la aprobación del proyecto de reforma de la Carta de Gernika supone el inicio de la agresión «a la buena fe de la sociedad española» y estimaron que la respuesta debe ser «proporcional». Según subrayaron, el objetivo final del Gobierno debe ser evitar un eventual triunfo de la estrategia de ETA y de aquellos que «se empeñan en dar la razón» a los terroristas.

Ciudadanía y Libertad, formada en su mayoría por profesores universitarios, celebró ayer un acto cívico en el parque de La Florida de Vitoria para festejar el aniversario del Estatuto, en el que tomaron la palabra representantes del mundo empresarial, sindical, víctimas del terrorismo y miembros de colectivos vecinales. Tras la fiesta, la asociación reprochó al Gobierno vasco a través de un comunicado que el proyecto se haya elaborado «a escondidas y negando el diálogo» y que pretenda «imponerse mediante el chantaje político». «No son formas democráticas de proponer un pacto», terció la asociación, que comparó el proceso con el del Estatuto, redactado «con luz y taquígrafos y con la participación de todos».

Elkarri prefirió no opinar sobre el contenido concreto de la propuesta, pero consideró «muy necesario y positivo» el debate abierto ya que, en su opinión, puede servir para «mejorar y ensanchar» el marco de convivencia.

Rabanera afirma que se comete «un fraude a la historia» de Álava y UA propone que se declare Comunidad Foral
Redacción - Vitoria.- La Razón 26 Octubre 2003

El diputado general de Álava, Ramón Rabanera, afirmó ayer que no es Álava la que se va de Euskadi, sino los que proponen el proyecto de nuevo Estatuto, los que «abandonan el proyecto común» del País Vasco. En este sentido, dijo que no se puede exigir a Álava que acepte la derogación del Estatuto de Autonomía, «a cambio de un marco de nueva creación, ajeno a nuestra historia», y destacó el «gran esfuerzo» tanto político como económico que este territorio ha realizado en los últimos 24 años para mantener «una Euskadi unida». En la conmemoración del 24 aniversario de la aprobación del Estatuto de Autonomía, Rabanera explicó: «Quien ignore que los derechos históricos pertenecen a los territorios forales, está cometiendo un fraude de ley y también está perpetrando un fraude a la historia». Añadió que «quien guarde el debido respeto a los derechos históricos de los territorios forales no puede ignorar la voluntad de Álava».

Entretanto, Unidad Alavesa acusa al Gobierno vasco de «consumar la gran traición» al pacto por el que en 1979 Álava se incorporó libremente a Euskadi «cediendo sus derechos forales para constituir una Comunidad Autónoma Vasca que ha permitido una relativa convivencia entre todos los vascos de bien». «Euskadi sin Estatuto no existe y vulnerar o destruir el Estatuto supone romper los cimientos sobre los que se construyó Euskadi y, por ende, Álava queda libre de las ataduras para conformarse como la Comunidad Foral de Alava», asegura.

Enterrar en vida el Estatuto
JESÚS PRIETO MENDAZA/LICENCIADO EN ANTROPOLOGÍA Y PROFESOR El Correo 26 Octubre 2003

Nacer español en este siglo, como toda desgracia, puede ser metafísicamente fecundo. Sentirse vasco, como toda tragedia, ayuda a vislumbrar los huecos de la telaraña social. Del asombro provocado por el cruce de esta tragedia y aquella desgracia nacen las presentes reflexiones». He querido comenzar parafraseando a Juan Aranzadi, porque en esta cita nos hemos visto reflejados muchos, llorando amargamente por este país en más de una ocasión, cientos de veces. Ciudadanos que sin militar en ningún partido político, siempre hemos tenido a gala el sentirnos profundamente vascos. Ese sentimiento, que nada ni nadie podrá negar jamás, ha resultado siempre compatible (salvo ciertos momentos de duda durante el franquismo) con absoluta naturalidad, sin exabruptos ni exteriorizaciones horteras, con el de ser también españoles. Dualidad de identidades, que no son sino una sola. Una forma, la nuestra, nuestra manera única e irrepetible de ser vascos.

Nos negamos a aceptar, por lo tanto, el concepto de identidad y cultura vasca como un constructo hermético, homogéneo e inamovible. La identidad colectiva de un pueblo, al igual que nuestra identidad personal, están en continuo cambio desde el mismo momento de nuestro nacimiento. Nuestra propia historia personal, así como la historia de esta Álava que nos vio nacer hace ya demasiados años, es consecuencia lógica de diversos procesos de mestizaje desde tiempos inmemoriales. Celtas, romanos, germanos, francos, árabes, judíos y ...quién sabe cuantos pueblos desconocidos más, han formado a través de centurias nuestra actual identidad de vascos del siglo XXI. ¿Por qué entonces la afirmación de una identidad ha de sostenerse necesariamente sobre la negación de otras realidades identitarias?

Nos previene el excelente escritor Amin Maalouf en su obra Identidades asesinas . «Reducir toda identidad a una sola pertenencia que se proclama con pasión es fabricar a los autores de las matanzas».

Durante el franquismo se nos engañó con la falacia de que sólo existía una única cultura española; igual y semejante, flamenco y toros, desde Cádiz hasta Irún. Ahora se nos quiere hacer ver que nuestra cultura vasca, nuestro hecho diferencial, son totalmente ajenos al latir de los demás pueblos de España.¿Pues no señores! Mintieron aquellos y mienten estos, falseando siglos y siglos de diferencias y, a la par, de lazos comunes.

Desde los años de la transición hasta nuestros días, el pueblo vasco ha logrado convivir y ser apreciado (consideración que la violencia terrorista ha dilapidado casi por completo) por el resto de las nacionalidades o autonomías del Estado español, con mejores o peores momentos, con disgustos y desavenencias como en toda familia, pero avanzando juntos, lo que no significa necesariamente revueltos, por los caminos de Europa. Y en este avance han tenido indudable importancia, en nuestra opinión y en la de otros muchos conciudadanos, la Constitución y el Estatuto de Autonomía.

Si algo nos duele sobremanera, es constatar como aquéllos a quienes muchos de nosotros hemos votado durante casi dos décadas firman el acta de defunción del Estatuto de Gernika. Su actitud se asemeja mucho a la de un marido que abandona a su esposa después de años de afecto y cuidados, o a la de un empresario que despide a un trabajador que le ha servido con lealtad y ahínco para colocar en su lugar una fría máquina. Crueldad insensible, la de quien se sirve de algo para luego arrojarlo, sin reconocer su valor, al más oscuro rincón de la desmemoria. Esta actitud es profundamente injusta y quizás el romper aguas que algunos políticos nos anuncian termine por ahogarnos a todos.

Se pretende un nuevo marco en el que la tolerancia hacia el estatutista (la tolerancia como actitud pasiva, como un simple te aguanto, pero no me mezclo contigo , se aleja del concepto de piedad activa de la filósofa María Zambrano) sea un soportar sin agredir o asesinar, a una gran minoría de esta sociedad por parte de una pequeña mayoría autodeterminista.

No es así como se construye una sociedad de ciudadanos libres. Podremos recuperar el tubalismo de Garibay o Zaldibia, y pensar que descendemos directamente del hijo de Noé; o resucitar el antimaketismo de Sabino Arana para abjurar de la raza impía que nos somete y esclaviza. Todo esto es factible, e incluso lo es más que una sociedad sometida desde más de tres décadas a dosis de horror difícilmente soportables por colectividad alguna acepte cualquier plan que prometa un orden nuevo que termine con el drama vivido. Pero esto no resta ni un ápice de ingratitud a la indecorosa, por deseada, eliminación de nuestro texto estatutario. Por eso recordamos ayer el 25 de octubre de 1979. Una fecha que debiera haberse celebrado desde entonces y no se ha hecho jamás como se merece. Puede parecer tarde, pero algún día había que empezar.

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