AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 30 Octubre  2003
El Gobierno vasco considera inmigrantes a los alumnos que llegan de otras autonomías
M. Villasante - Madrid.- La Razón 30 Octubre 2003

Engañar a los vascos
Antonio Pérez Henares La Razón 30 Octubre 2003

Teníamos razón en Álava
Pablo Mosquera Mata La Razón 30 Octubre 2003

Carmen Iglesias denuncia que el Plan Ibarretxe parte de un ultimátum y rompe el orden constitucional
ABC 30 Octubre 2003

Ibarretxe tiene un papel
Carmen Gurruchaga La Razón 30 Octubre 2003

El verdadero estado de excepción
Lorenzo Contreras La Razón 30 Octubre 2003

Subestimar al enemigo: gran error
Cartas al Director ABC 30 Octubre 2003

Occidente
JULIÁN MARÍAS ABC 30 Octubre 2003

La España del despilfarro
Editorial La Razón 30 Octubre 2003
 

El Gobierno vasco considera inmigrantes a los alumnos que llegan de otras autonomías
UGT también denuncia que obliga a los que entran fuera de plazo a dar las clases en euskera
La Consejería de Educación del Gobierno vasco ha difundido una circular en la que considera inmigrantes a los alumnos que lleguen fuera de plazo procedentes de otras comunidades autónomas. Así lo denunció ayer el sindicato UGT, que precisó que a estos escolares se les impide dar las clases en castellano y se les obliga a entrar en el modelo lingüístico B o D, lo que quiere decir que cursarán sus estudios en un 80 o en un 100 por ciento de euskera, respectivamente. El sindicato considera que se trata de una una «incongruencia pedagógica» y una «ilegalidad» para estos alumnos.
M. Villasante - Madrid.- La Razón 30 Octubre 2003

Como a inmigrantes. El sindicato UGT en el País Vasco ha denunciado que el viceconsejero de Educación ha enviado instrucciones a los centros de escolarización del alumnado de Infantil, Primaria y Secundaria por las que se considerará inmigrantes a los escolares que llegan fuera de plazo, tanto a los que no posean la nacionalidad española como a los procedentes de «un sistema escolar distinto al Sistema Educativo Vasco».

Aunque al parecer el departamento vasco de Educación ha negado que éste sea el espíritu de la circular, el sindicato FETE-UGT ha denunciado que existe una voluntad de discriminación hacia los alumnos procedentes de otras comunidades autónomas.

Además, la enseñanza en el País Vasco tiene tres modelos lingüísticos. Un modelo A consta de cuatro horas semanales en euskera y el resto en castellano; en el B se imparten las Matemáticas y la Lengua en castellano y el resto de materias en euskera, con una proporción del 20 y el 80 por ciento, respectivamente, mientras que el modelo D se ofrece íntegramente en euskera.

Modelos lingüísticos
La Federación de Enseñanza de UGT-Euskadi denuncia que, paralelamente a esta consideración de inmigrantes, tanto a los alumnos de otras comunidades autónomas como a los procedentes de otros países que llegan fuera de plazo (a lo largo del curso) se les obliga a acceder a los modelos B y D, es decir, que se les impone el euskera como lengua vehicular de las asignaturas.

Una «incongruencia pedagógica», según la organización sindical, porque «la población que viene de fuera es bastante volátil y un temporero puede estar un año aquí y al siguiente en Andalucía o en la vendimia de La Rioja», aseguró el secretario general de la sección educativa, Luis Santiso.

Pero lo peor sería que, en definitiva, hay una vulneración de los derechos porque a los padres «se les priva de la elección voluntaria tanto de centro educativo como de modelo lingüístico», ya que en los criterios de escolarización se estipula la «integración en el proceso de normalización lingüística, mediante los modelos mayoritariamente demandados, By D, sin tener en cuenta el idioma de los padres».

En su ánimo por conseguir la máxima integración y la difusión del idioma, los inmigrantes que llegan al País Vasco son integrados también en las llamadas «clases de acogida», en las que un profesor que domina el euskera les da las clases y les enseña la lengua.

Comisiones territoriales
La población inmigrante ha venido aumentando significativamente cada año y el País Vasco, recuerda el sindicato, no es una excepción. Con todo, las estadísticas sitúa a esta comunidad autónoma como una de las que presentan un menor porcentaje de alumnado extranjero (léase que carecen de nacionalidad española), con un 2,2 por ciento, una cifra muy alejada de otras comunidades como la de Madrid (8,9), Baleares (8,7), Navarra y La Rioja (6,4) o Murcia, con un 5,8 por ciento, según los últimos datos facilitados por el Ministerio de Educación relativos al curso 2002-2003.

La escolarización de los alumnos que llegan al País Vasco fuera de plazo no se realiza en los propios centros, sino en comisiones territoriales específicas.

UGT denuncia igualmente que la elaboración de las instrucciones de escolarización se ha realizado sin el consenso de la comisión técnica de planificación, al no haber sido negociada ni presentada a los sindicatos, «a los que se excluye también de las comisiones territoriales de escolarización», añaden.

«En línea con el Plan Ibarreche»
Las asociaciones de padres Concapa y Ceapa coincidieron ayer en rechazar las instrucciones del Gobierno vasco enviadas a los centros escolares. «Los estudiantes son todos alumnos, indefinidos, y como tal hay que tratarlos», aseguró la presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres (Ceapa), Maite Pina, quien se mostró partidaria también de eliminar este calificativo a los estudiantes de otras nacionalidades, informa Ep.
Partidaria de «sacar» a los niños de estas distinciones, Pina concretó que cada alumno tiene sus dificultades y que son esas diversidades las que se deben atender.

En esta línea, el presidente de la Confederación Nacional Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos (Concapa), José Manuel Contreras, calificó de «barbaridad y aberración» la circular del Ejecutivo vasco porque supone «volver a los tiempos del nacionalsocialismo de la Alemania de los años 40».
Contreras aseguró que ningún padre de los que representa Concapa en el País Vasco está de acuerdo con este tipo de consideración planteada por el Gobierno autonómico que está en línea, a su juicio, con el Plan Ibarreche.

Engañar a los vascos
Antonio Pérez Henares La Razón 30 Octubre 2003

Los últimos acentos de los discursos de ulemas peneuvistas, Ibarretxe, Imaz y Arzallus, tienen un objetivo y un propósito: engañar a los vascos, a su propia parroquia nacionalista. No es otra cosa ese mantra reiterativo de «diálogo», «no hay ruptura», «no enterramos el Estatuto». Con algunos, los más fanatizados o los adoctrinados por la sistemática falsificación de la historia en las ikastolas, ya no hace falta. Pero saben que muchos no están convencidos, que temen al abismo y que además votaron (más de un 90 por 100) el marco de convivencia, libertades y autonomía del Estatuto de Guernica. Por eso deben engañarlos. Deben hacerles creer que lo que les proponen no es la voladura de la Constitución, la secesión de España, la entrega a las doctrinas de ETA y Batasuna. Tienen que conseguir que voten todo ello pero sin saber que es eso lo que votan. Tienen que camuflar sus intenciones y cegarlos de tal forma que entren al redil sin que se aperciban a dónde los conducen. Y de echarle la culpa de la confrontación al otro, «a Madrid», «a los españoles». No son tontos. Arzallus no tiene ni un pelo de eso. Pero es aquí donde los constitucionalistas deben andar listos. Su mensaje debe ir dirigido a esos nacionalistas que no quieren tal ruptura ni tales traumas. Deben hacerles ver que tienen su sitio en la España plural y democrática. Que tanto en el País Vasco como en el conjunto del Estado cabemos todos. Que son esos «ulemas» visionarios los que quieren volar todos los puentes, todos los entendimientos y crear una confrontación de imprevisibles consecuencias. Y que es a ellos, más que a nadie, a los que quieren engañar.

Teníamos razón en Álava
Pablo Mosquera Mata es presidente de Unidad Alavesa La Razón 30 Octubre 2003

La década de los noventa en Euskadi tuvo algunas novedades que hoy echamos en falta.
Por ejemplo, el normal funcionamiento de la Mesa de Ajuria Enea, como acuerdo en torno al bloque constitucional (Constitución-Estatuto) y frente a ETA o la cultura de la violencia, donde nos encontrábamos todos los partidos de la Comunidad Autónoma vasca, menos HB. Ardanza logró que se impusiera el acuerdo sobre la confrontación, si bien se reconocía la existencia de un contencioso por derechos estatutarios pendientes.

Pero, también, la presencia de Unidad Alavesa dinamizó el sentimiento alavesista frente al nacionalista. Los alaveses ejercían sus derechos históricos como vascos, pero marcando distancias con los vascos nacionalistas controlados y liderados por el PNV. Desde UA siempre tuvimos la sospecha de cómo el PNV se adaptaba o se disfrazaba, en cada momento y en cada escenario en el que participaba. Eran los reyes de lo ambiguo, o de la división del trabajo en pos de la construcción nacional. El asesinato de Miguel Ángel Blanco puso punto final a muchas circunstancias. Desencadenó Lizarra, trajo a la generación de Ibarreche que pasaron de funcionarios del Gobierno a dirigentes del Partido con vocación de monopolio político-social, terminó con los acuerdos entre nacionalistas y constitucionalistas, puso al PNV en la vanguardia del movimiento de liberación nacional, que hasta entonces correspondía a los batasunos.

Pero en Álava, se apuntaba que los que habían sabido gestionar la crisis que produce el independentismo vasco agitado y enseñado por el PNV, eran los navarros, haciendo buen uso de su amejoramiento foral. En Navarra se terminó la diversión, la amenaza y la soflama del nacionalismo vasco, a pesar de la falta de coraje de las autoridades del Estado que deberían haber eliminado de los textos legales cualquier alusión que suponga intromisión en la dignidad de la Comunidad Foral del viejo Reino.

Unidad Alavesa tuvo muchos problemas internos, promovidos por quienes siempre dedicaron más tiempo y esfuerzo a terminar con el partido de Álava, que con el nacionalismo cultural, social y económico. Y, sin embargo, UA era el mejor antídoto a la territorialidad del nacionalismo. Álava, con UA, era la frontera a la Euskadi de Arzallus.

Hoy en plena escalada soberanista, que rompe el marco legal en el que se construyó la autonomía vasca y se fundó Euskadi, actualizando y unificando los derechos históricos de los Territorios Forales, se comprenden las alternativas alavesas al conflicto vasco nacionalista. Advertimos que el Estatuto de Guernica era un instrumento para avanzar hacia la soberanía. Advertimos que colaborar con el nacionalismo era colaborar a la consolidación y desarrollo del problema, y nunca la solución. Advertimos que había que sentar a los nacionalistas en los bancos de la oposición para que mostraran su auténtico perfil y para que las buenas gentes dejaran de verlos como los amos de la finca. Hoy advertimos que, o se devuelve la soberanía Foral a los Territorios, como Álava, o el PNV de Ibarreche, que ha superado a Arzallus, dará órdago al Estado de Derecho, poniendo en la tesitura de tener que emplear el artículo 155 de la Constitución Española, con sus malas e imprevisibles consecuencias.

De ahí la importancia de reflexionar sobre las alternativas al Plan Ibarreche, antes de que sea demasiado tarde, o se llegue a «plebiscitar» en unas elecciones vascas en las que se suman todos los votos en el conjunto de Euskadi y gana el PNV. La alternativa es dejar que los alaveses decidan si quieren estar o salir de esa Euskadi que no les aporta nada más que problemas y en la que se toman decisiones sin consultar a sus Juntas Generales que son su representación parlamentaria más genuina, y que hoy ha sido denunciado por la Diputación Foral de Álava, pero que han sido otras muchas veces ignoradas por el Parlamento y el Gobierno vasco. Álava puede y debe plantearse una salida a la Navarra, con Estatuto de Autonomía, para así dejar de ser víctima del imperialismo nacionalista que ignora los derechos de las Instituciones del autogobierno Foral, o que pretende ocupar Navarra e Iparralde, en nombre de la liturgia del «pueblo vasco». De ésta el viejo sueño del Estado Vasco compuesto por siete territorios puede pasar a la caricatura de un proyecto para dos, que ya veremos si están dispuestos a quedarse aislados.

Carmen Iglesias denuncia que el Plan Ibarretxe parte de un ultimátum y rompe el orden constitucional
ABC 30 Octubre 2003

MADRID. Carmen Iglesias, académica de la Española y miembro de la Real Academia de la Historia, arremetió ayer contra el Plan Ibarretxe en el transcurso de la conferencia que impartió dentro del ciclo «Veinticinco años de la Constitución Española». En su exposición -titulada «Las Constituciones de 1931 y de 1978»- la conferenciante señaló que el plan del lehendakari «supone una ruptura abierta de la Constitución. El Plan Ibarretxe parte de un ultimátum, por lo que, de entrada, falsea toda posible discusión constitucional». Según Iglesias, «lo fundamental es la libertad de todos los individuos. Todo Gobierno que no garantice esto no debe mantenerse. El Gobierno vasco se erige en poder constituyente y pone en entredicho la soberanía nacional». Carmen Iglesias hizo un recorrido por la evolución histórica del entramado constitucional, desde la Constitución canovista hasta la vigente Constitución de 1978. A este respecto señaló que, tanto la Constitución de 1931 como la de 1978 se caracterizan por ser Constituciones rígidas que «se diferencian en el marco histórico, el apoyo con que contaron y su sistema de reforma». Por lo que se refiere a la Constitución de 1931, Carmen Iglesias remarcó la evolución que condujo a su aprobación, tras una serie de avatares políticos que culminaron en la proclamación de la I República. La académica explicó estos acontecimientos como el resultado de una serie de factores entre los que destacó la «incapacidad existente para percibir la realidad en toda su complejidad, el gran vacío de poder y la no inevitabilidad de esos hechos».

Para Carmen Iglesias, una de las grandes diferencias entre la Constitución de 1931 y la de 1978 radica en que, mientras que en los años treinta existía un vacío de poder, en 1978 «el rey Don Juan Carlos utilizó todos los medios que tenía a su alcance para conducir a España hacia la democracia». También se refirió a las críticas vertidas desde ciertos sectores con respecto a la forma en que se llevó a cabo la Transición. Para la ponente, esto no se debió a una carencia de memoria histórica, sino a «la necesidad de cerrar la espiral de violencia. El mito del olvido en la Transición es un mito falaz. No se trató de amnesia sino de amnistía». La académica afirmó que la protección de los derechos fundamentales y el principio de separación de poderes son los dos pilares sobre los que se asientan todas las constituciones. Carmen Iglesias concluyó su exposición remarcando el éxito que ha supuesto la Constitución durante sus veinticinco años de vigencia.

Ibarretxe tiene un papel
Carmen Gurruchaga La Razón 30 Octubre 2003

Hay que reconocer que la puesta en escena del ya tan trillado «plan Ibarretxe» ha dado los apetecidos frutos para los nacionalistas vascos. Un papel, un proyecto, un objetivo finalista plasmado negro sobre blanco, ha desatado una tormenta que azota el lado más sensible del masoquismo de los nacionalistas: el victimismo. Intelectualmente aislados, aprecian como todas las fuerzas políticas de España y el resto de las áreas geográficas repudian, bien por la vía doctrinal o por la irónica, algo que no se sostiene constitucionalmente y que, en la utopía, sería una catástrofe convivencial y económica para el País Vasco. Quizá la reacción a la ya largamente anunciada actitud provocadora haya sido excesiva. O quizá se haya debido a un enérgico aviso de firmeza ante un «papel» que no se permitirá que pase a mayores con la Ley en la mano.

Visto el escenario que ha montado Ibarretxe, la Diputación General de Álava, máximo organismo representativo provincial, ya ha anunciado su separación del proyecto y de una Euskadi que de él saliera, en el remoto caso de prosperar la quimera. Navarra, por la voz que su presidente autonómico se ha apresurado a manifestar, en el fondo de la cuestión, que están hartos de las alusiones constantes, sobonas e inútiles a su territorio, que si bien es cuna de lo euskaldún, es asimismo venturosa en su próspera uniprovincialidad, con unos privilegios históricos que le son respetados, y dentro de una Constitución que encuentra confortable y, como todo, perfectible. Las tres provincias francesas irredentas (Iparralde), no tienen nada que decir. Su representación es el Gobierno francés y no está para que le hagan cosquillas en el meñique de un pie. Y ahí está Ibarretxe y sus huestes, encastillados en Vizcaya y Guipúzcoa ¬menos de la tercera parte de Euskalherría¬, blandiendo un papel desde la almena de su ceñida representatividad nacionalista. Están encantados con el cerco al que se sienten sometidos y que viene a demostrar su singularidad, que esconde la vieja aspiración sabiniana de la independencia.

Lo triste es que ese papel ha ahondado todavía más en la división de la sociedad vasca entre los partidarios de la normalidad constitucional y los de la ruptura. Se ha izado formalmente una utopía, porque no puede consumarse ese plan de manera unilateral. A no ser que, como maliciosamente se sospecha tomándose el asunto a chacota, los nacionalistas, de tanto molestar al resto de España con esa profesionalidad en el incordio, inclinen a la mayoría de los españoles a expulsarlos de la comunidad nacional, o Estado español como allí se dice, por vía de referéndum convocado al efecto. Esa posibilidad, sin embargo, no es contemplable por el abandono que supondría, con gravísimo riesgo, de los vascos constitucionalistas. En fin, nueva etapa del cargante e inmoral problema vasco que pide independencia, mientras ignora a sus miles de ciudadanos amenazados de muerte. Pero Ibarretxe tiene un papel y el nacionalismo está de fiesta.

El verdadero estado de excepción
Lorenzo Contreras La Razón 30 Octubre 2003

Javier Arzallus ha considerado legítimo denunciar que en el País Vasco ha instaurado el Gobierno central un «estado de excepción». Viene a argumentar que para este territorio se dictan disposiciones especiales o por lo menos se preparan. Lo que no dice es que las normas constitucionales establecidas en previsión de actitudes nacionalistas contra la propia Constitución no se aplican. Que la artillería gruesa distribuida en su articulado para la defensa de la unidad de España o para la protección del Estatuto vasco está prácticamente oxidada. Y cuando los tribunales, entre ellos el Supremo, plantean algún tipo de respuesta punitiva a la desnaturalización de un grupo parlamentario que colabora con ETA, la réplica de las autoridades nacionalistas es sencillamente la desobediencia, con expresa conculcación de las leyes penales.

Al presidente del PNV no se le ocurre admitir que es su partido, sobre todo a raíz de los pactos de Estella-Lizarra, el que determina con sus decisiones el «estado de excepción» en el que Euskadi se encuentra. El señor Atucha, presidente del Parlamento vasco, ha olvidado que en sus tiempos de consejero de Interior del Gobierno de Vitoria estuvo amenazado por ETA y vivió bajo protección de su propia policía hasta que, una vez abandonado el cargo, fue poco a poco haciéndose más dócil a la presión «ambiental» y zambulliéndose en la ortodoxia dogmática. Pero el citado señor sabe que no debe temer nada de su espíritu de desacato o sencillamente de rebeldía, porque la gran tragedia de los Gobiernos de España, y de éste en particular, es el convencimiento de que «mejor no meneallo», mejor tan sólo amagar y no dar, no vaya a ser peor el remedio que la enfermedad.

Ahora, cuando Aznar se marcha tras haber dejado el «asunto vasco» en peores condiciones que nunca, los españoles, entre ellos la mitad por lo menos de la población de Euskadi, nos preguntamos qué podrá hacer Mariano Rajoy con el enredado ovillo que le han llegado como herencia política. Frente a la creciente realidad de lo peor, se ha optado por el vocerío. Todos gritando contra el Plan Ibarreche. Todos los partidos y segmentos de la sociedad española diciendo «no y no», como si eso bastara para superar los hechos consumados que inexorablemente avanzan. La estrategia oficial consiste en no creer que sea posible lo que se va tejiendo. Y mientras tanto, como para dar irónicamente la razón a Javier Arzallus, el estado de excepción se instala en Euskadi. Sólo que se trata de un estado que sufren «los otros», los que no aceptan el dogma del nacionalismo feroz disfrazado de Plan para la convivencia. Ante esta evidencia no se va a alzar el artículo 155 de la Constitución. El presidente del PNV lo sabe. Lo saben Ibarreche e Imaz. Y una población acobardada, también.

Subestimar al enemigo: gran error
Cartas al Director ABC 30 Octubre 2003

Estamos asistiendo a numerosas reacciones contra el plan independentista que ha dejado caer el nacionalismo vasco. Reacciones que principalmente se limitan a llevarse las manos a la cabeza, repitiendo una y otra vez lo disparatado de la propuesta.

Salvador Dalí decía que la gente hablaba de su bigote, aduciendo que estaba loco, que había perdido la cabeza, pero que él, mientras que la gente le miraba el bigote, hacía lo que le daba la gana.

El nacionalismo vasco montó una maquiavélica estrategia, que se apoya en la existencia de ETA y que tiene un objetivo final.

El plan Ibarreche es una maniobra más, y no el envite final. Asistimos a una partida de ajedrez en la que el nacionalismo vasco ha vuelto a tomar la iniciativa y provocar los movimientos del adversario para ir creando una situación cada vez más favorable.

Urge que el Gobierno de nuestra nación retome la iniciativa con un paso valiente y decidido.   Daniel Martín. Almería.

Occidente
Por JULIÁN MARÍAS, de la Real Academia Española ABC 30 Octubre 2003

SE habla con frecuencia de la unidad del mundo. Es cierto que todo él está en alguna medida presente y tenemos que contar con la totalidad; pero ni el mundo es uno ni acabamos de entenderlo en su conjunto, aunque tengamos de él alguna noticia y nos afecte. Se habla mucho de Europa y se desliza la creencia de que es una unidad suficiente; esto no es cierto: Europa en ningún sentido se basta a sí misma, y no acaba de ser inteligible sin la América nacida de ella; ambas, inseparables, constituyen una realidad que se puede entender y se diferencia de otras, importantes y con las que por supuesto hay que contar.

Me sorprende lo poco que se habla de Occidente, la infrecuencia del uso de este nombre, a pesar de que significa el ámbito en el cual vivimos, con el que realmente contamos, nuestra verdadera morada histórica. El Atlántico no nos separa de América, sino que es el vínculo de unión, la constante referencia a nuestra morada vital y, desde hace varios siglos, histórica. Hay una extraña propensión a olvidar las realidades en las que se vive, mientras que se afirman porciones de ellas que aisladas son incomprensibles, o se finge una unidad mundial que ni existe ni se entiende.

En los últimos años se insiste demasiado en Europa, con una visión excesivamente unitaria y que implica un olvido -o una negación- de lo que es su complemento inseparable, es decir, América.

Es extraño que esta tendencia se dé en España, donde es absolutamente injustificable. El hecho enorme de que se hable español desde México hasta el extremo Sur del continente -con la única excepción del Brasil, donde se habla portugués, la otra lengua hermana de la Península Ibérica- debería bastar para evitar caer en ese error. Pienso cuál sería la actitud de otras naciones europeas si sus lenguas se hablasen en ese enorme porción de mundo. Siempre me ha conmovido al viajar por América el ver los carteles por las carreteras, desde parte de los Estados Unidos hasta el extremo sur, en la misma lengua que se habla en Ávila o en Sevilla. Este hecho simplicísimo y elemental nos hace comprender lo que ha sido la historia desde el Renacimiento.

Europa tiene cierta unidad, pero en ella predomina la diversidad, no sólo lingüística, sino de las maneras en que cada persona está instalada en la vida. Frente a esta diversidad hay la extraña y firmísima convergencia de los que viven en español a ambos lados del Atlántico. Con demasiada frecuencia se olvida que la lengua es una de las instalaciones primarias de la vida, que presenta una articulación de lo real, una tonalidad que se manifiesta en la fonética, en la sintaxis, en todo lo que es la articulación del mundo efectivo.

El español y el inglés son las dos lenguas privilegiadas que existen como propias a ambos lados del Atlántico, y permiten entender la conexión de los dos continentes. Otras lenguas se conocen, se estudian, en alguna medida se hablan en Occidente, pero no son lenguas «propias», en las que se esté instalado por igual en los dos hemisferios, que sean la morada vital de tantos millones de personas.

Resulta que el vínculo principal de Occidente es lingüístico. Esto puede parecer excesivo si se olvida que la lengua es la interpretación primaria de la realidad, que precede a todas las demás, étnicas, ideológicas o políticas. Los que hablan como propia la misma lengua están unidos por uno de los vínculos más fuertes que ligan a las diversas porciones de la humanidad. Es difícil comprender el elemento de voluntad suicida que tiene la insistencia de lo diferencial, en las lenguas particulares, tan dignas y valiosas, cuando se está inmerso en otra de mayor amplitud, instrumento de la comprensión de un mundo más dilatado y real.

Todas las lenguas tienen interés, filológico, histórico, humano; pero hay que preguntarse cuántos hablan cada una, qué se puede decir en ellas -las hay sumamente limitadas, reflejo de formas de vida simplicísimas-, qué se puede leer en cada una de ellas, qué se ha escrito en cada una. Esta consideración tiene aplicación inmediata en el conjunto de Europa, y establece diferencias capitales que no proceden de la voluntad, menos aún de la política, sino que se fundan en la realidad misma, constituida a lo largo de la historia.

Se vive instalado en una lengua, a veces en dos, desigualmente, en diversas zonas de la vida, en perspectivas distintas, con una dimensión temporal que se pasa por alto: las relaciones con el pasado, el presente, y más aún el futuro, son muy diversas, y rara vez se tiene conciencia de ellas.

Las lenguas europeas están estrechamente emparentadas: son de la misma familia, no ya lingüística, sino histórica. Han convivido, se han influido mutuamente; el verlas como recíprocamente ajenas, no digamos hostiles, es simplemente suicida. La fecundidad, ciertamente desigual, de las naciones europeas, se manifiesta en la realidad mayor que es Occidente. Su configuración es el reflejo de la que ha sido la historia europea durante los últimos siglos. De la diversidad de la acción, y más aún, de la actitud, de las distintas naciones.

El mapa de América es la proyección de lo que ha sido la realidad originaria de Europa desde fines del siglo XV, la consecuencia de la imaginación, el espíritu de aventura, la capacidad de propagación de las diversas variedades de Europa. Porciones de este viejo e ilustre continente han vivido cerradas, absortas en sí mismas, tal vez enriquecidas pero limitadas. Otras han estado abiertas, curiosas, tal vez generosas, capaces de ir más allá de sí mismas; en suma, fecundas. Ese mapa de América descubre, con su enorme realidad, la diversa fecundidad de Europa, sus diferentes grados de apertura y proyección. La proyección exterior ha podido ser una manera de desangrarse; también de engendrar una prole mayor o menor. La actitud conservadora, más o menos hermética, tiene sus ventajas y virtudes; la apertura a la generación tiene riesgos y venturas distintos. Lo que es América descubre lo que ha sido Europa desde 1492. Si el Descubrimiento hubiese acontecido en otra época, los resultados habrían sido bien distintos; la cuestión decisiva es dónde estaban las diversas porciones de Europa en el momento en que algunas de ellas acometieron la empresa inmensa de la fecundación de otro continente.

La España del despilfarro
Editorial La Razón 30 Octubre 2003

El último Boletín Estadístico de Personal elaborado por el Ministerio de Admistraciones Públicas es como un libro abierto en el que las cuentas cantan desde las primeras cifras. El número de funcionarios contratados por las comunidades autónomas ha pasado de 636.559 en julio de 1996 hasta 1.139.927 en enero de este año, es decir, prácticamente el doble. A ello hay que añadir los más de 120.000 funcionarios creados por los ayuntamientos en ese mismo período. Ambas cifras contrastan con la drástica reducción de personal de las oficinas públicas estatales, que pasaron de 903.313 a 544.946 empleados entre 1996 y 2003. Como se ve, el empleo se dispara en las comunidades autónomas y, en menor medida, en los ayuntamientos, mientras que se reduce en la Administración del Estado. Una tendencia lógica si se tiene en cuenta la descentralización de los últimos años, como consecuencia del desarrollo del Estado de las Autonomías.

La evolución sería lógica y sensata si no es porque, si comparamos el dato de empleo público en conjunto (de administraciones locales, autonómicas y estatal más universidades) entre 1996 y 2003, la suma arroja cerca de 300.000 nuevos funcionarios. Es decir, puesto en limpio, que las autonomías precisan esa cantidad ingente de funcionarios añadidos para gestionar lo mismo que antes el Estado. Si a esta circunstancia sumamos otras como el desmesurado endeudamiento regional, en algunos casos habrá que concluir que es necesario poner coto al despilfarro antes de que nos pase factura.

Recortes de Prensa   Página Inicial