AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 2 Noviembre  2003
Inmigrantes en su propia tierra
Ernesto Ladrón de Guevara La Razón 2 Noviembre 2003

Taliboinas
Tomás Cuesta La Razón 2 Noviembre 2003

Ibarretxe se defiende con uñas y dientes
LUIS IGNACIO PARADA ABC 2 Noviembre 2003

Reformar la constitución
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 2 Noviembre 2003

La zorra y los vascos
Faustino F. Álvarez La Razón 2 Noviembre 2003

Esas caras de González
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 2 Noviembre 2003

Uñas y dientes
JAIME CAMPMANY ABC 2 Noviembre 2003

Unidad y firmeza
Cartas al Director ABC 2 Noviembre 2003

Parlamento
Cartas al Director El Correo 2 Noviembre 2003

El Gobierno vasco subvenciona un libro escolar que califica de personajes históricos a diez miembros de ETA
D. M. ABC 2 Noviembre 2003

Octubre fue el primer mes desde principios de los noventa que no registró terrorismo callejero
EFE Libertad Digital  2 Noviembre 2003

La disciplina militar en ETA
ROGELIO ALONSO El Correo 2 Noviembre 2003
 

Inmigrantes en su propia tierra
Ernesto Ladrón de Guevara es secretario de Política Institucional y procurador en las Juntas Generales de Álava
La Razón 2 Noviembre 2003

Tenía razón Arzallus, los españoles serían considerados como alemanes en Baleares. Ya lo empiezan a hacer. El Plan Ibarretxe no es un plan, es un acta de sucesos. Es la realidad hoy. Sólo que plasmada en un proyecto estatutario que aún no ha adquirido la forma de tal, aunque será calificado por la Mesa del Parlamento. La independencia se está poniendo ya en marcha. Por eso la consejera de Educación del Gobierno vasco, ejemplo de talibanismo, o si se prefiere de fundamentalismo nacionalista, ya ha empezado a atribuir a los ciudadanos del resto de España el calificativo de inmigrantes en Euskadi. Pronto el futuro Estado vasco les pedirá el visado en las fronteras asociadas que nos preparan. De momento a todo alumno que venga de fuera de nuestra sufrida Comunidad vasca libre asociada en proceso de independencia compulsiva e implosiva se le pondrá la etiqueta de «inmigrante asimilado», que es lo que define la señora Iztueta como integración lingüística.

Dicha consejera ha dado instrucciones a las comisiones de planificación correspondientes dentro de su Consejería de Educación ¬mejor sería llamarla de «normalización nacionalista» o de asimilación nacionalista¬ para que incorporen a los alumnos venidos de otras comunidades a los modelos de inmersión lingüística. Esos modelos imparten sus enseñanzas íntegramente en euskera aunque el contexto lingüístico sea castellano-hablante. Esos modelos de inmersión se están generalizando, expulsando del sistema al modelo al que acuden los padres que quieren para sus hijos educación en la lengua materna. No se han realizado estudios científicos de las consecuencias de esa diglosia o disfunción entre la lengua de aprendizaje y la lengua de uso. Es decir: ¿todos a pasar por el redil de la homogeneización cultural nacionalista! ¿Euskera obligatorio para todos! Y al que no pase, a lo mejor le ponen la estrella de David, como a los judíos en la Alemania nazi.

Tanto la ONU como la Comisión contra la discriminación racial de la UE han conminado al Gobierno español a que garantice el derecho de los padres a la educación de sus hijos en la lengua materna y a preservar derechos fundamentales de carácter individual en ese sentido. Hoy no sólo no se introducen cautelas legales en ese sentido ¬cosa que se podría haber hecho en la Ley de Calidad y la ministra se ha negado¬ sino que yendo hacia la culminación del disparate se califica a los naturales de la nación española como inmigrantes en su propia tierra, en un ejemplo de xenofobia característica del mundo nacionalista vasco.

Pero no tienen toda la culpa los nacionalistas. Ellos cumplen con precisión matemática los plazos y los planes de independencia que se prefijaron desde el debate preconstitucional. No es nuevo. Lo vienen cumpliendo, como bien dice Ibarretxe a paso de buey, con lentitud pero con implacable tenacidad. Y poco a poco lo están consiguiendo, incluso masacrando derechos individuales y alterando la lógica de funcionamiento de cualquier sociedad democrática que se precie. A pesar de ETA o gracias a ETA. El caso es que las libertades de los ciudadanos vascos jamás en la historia han estado tan sojuzgadas como ahora, salvo en el grave paréntesis de la dictadura franquista.

La clase política que ha gobernado y gobierna en España es culpable de la situación. Ya que estamos mencionando este esperpéntico episodio protagonizado por la consejera de Educación, vamos a tomarlo como ejemplo. Los sistemas educativos nacionales, han sido, según lo que prestigiosos autores de Política y Administración educativa reflejan en sus libros, el entramado de la constitución de Estados Nacionales desde la entronización de los modelos liberales en el mundo durante el siglo XIX, tras la Revolución Francesa. La disgregación en múltiples subsistemas educativos ha fragmentado el Sistema educativo nacional hasta hacerlo irreconocible, diluyendo en la práctica la columna vertebral de cualquier Estado que se precie. Hasta tal extremo, que las preservas de garantía de la unidad del ordenamiento educativo y su mínima homogeneidad a efectos de títulos académicos y de garantizar, por tanto, la unidad de los contenidos mínimos de enseñanza, ha saltado por los aires, y no existen mecanismos para controlar y reconducir las vulneraciones flagrantes al ordenamiento constitucional, entre otras cosas porque en el País Vasco se ha introducido la insana costumbre de hacer «pase foral» con las sentencias judiciales.

A mí me parece que el Gobierno español debiera clausurar las Altas Inspecciones del Estado en materia educativa por inoperantes, ineficaces y superfluas. ¿De qué sirven organismos que no tienen instrumentos de corrección de las políticas desarrolladas por las instituciones autonómicas si éstas vulneran hasta el paroxismo el ordenamiento jurídico y los más elementales principios del respeto a los derechos fundamentales de las personas? Son meros testigos de piedra que simplemente se dedican a elaborar informes.

Y para eso les aseguro que no les necesitamos. Yo se los hago gratuitamente al Ministerio de Educación.
Durante años se ha dejado hacer a su libre albedrío e incluso se han puesto las bases legislativas por parte de los partidos que han gobernado en España para que se cometan todo tipo de atropellos y arbitrariedades jurídicas y políticas. Y los nacionalistas han estado a sus anchas haciendo y deshaciendo a su gusto sin ninguna limitación, mientras los no nacionalistas hacían brindis al sol y cánticos para la galería.

¿Y de qué sirve lo que se ha hecho? En política, los ejercicios de ésta se evalúan por los resultados no por las intenciones. Y si por los resultados sacamos deducciones, la calificación que merecen nuestros gobernantes y legisladores en España a mí me parece que es de suspenso, más cerca del muy deficiente que del deficiente. Es decir, en términos de evaluación escolar «no puede mejorar», «debe repetir».

Taliboinas
Tomás Cuesta La Razón 2 Noviembre 2003

Sabino Arana pasará a la historia (bueno, a la historia precisamente no, tal vez a la historieta) por haber sido, como recuerda Iñaki Ezquerra, el personaje que alumbró la única formación política del mundo que, junto con Hezbola, ha tenido el cuajo de llamarse «partido de Dios», que ahí queda eso. Hijos de un dios menor, avillanado y enfermo, los herederos del patriarca peneuvista ponen sobre el tapete un paraíso original que sólo se sostiene como reverso del infierno. «Jaun-Goikua eta Lagi Zarra» («Dios y Ley Vieja»). La divisa que malparió el nacionalismo aún adorna la bayoneta ideológica que lleva como siniestra coletilla las sombras ensartadas de mil muertos. Aunque no estará de más ponerla al día para que las beatas emparenten con los pistoleros: «No hay más dios que Arzallus ¬don Javier¬ y Juan José Ibarreche es su profeta».

Los taliboinas practican una amoralidad intensiva en la que toda aberración tiene su asiento. A lo largo de estos días, la consejera de Educación del Gobierno Vasco, doña Ángeles Iztueta, ha enhebrado un sinfín de estupideces. De todas ellas, la única que estremece de verdad es aquella en la que afirma que «emigrantes» es la denominación «científica» para referirse a esos españoles a los que, si hiciera caso a lo que le pide el cuerpo, despacharía llamándolos «maketos». La señora Itzueta es, como dirían en Castilla, un remedo con faldas del maestro Ciruela: no sabía leer y puso escuela. Por eso no ha caído en que el nacionalismo hace muy malas migas con la ciencia. En «Temblores del aire», el alemán Peter Sloterdijk le sigue la pista a las relaciones entre un descubrimiento científico, el del gas bautizado «Ciclón B», con los horrores de la Solución Final y los campos de la muerte. Lo de los taliboinas, «of course», no llegará tan lejos, pero el temblor que genera es inquietantemente idéntico.

Habrá quien piense, con toda la razón, que sacar a bailar a estas alturas al fantasma del doctor Mengele es una barbaridad y una blasfemia. Pero a propósito de los puritanos taliboinas, habrá que recordar, una vez más, que en el puritanismo cabe cualquier virtud. Excepto, precisamente, la pureza.

Ibarretxe se defiende con uñas y dientes
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 2 Noviembre 2003

MADRID, corazón de España, late con pulsos de fiebre. Si ayer la sangre le hervía, hoy con más calor le hierve... Madrid sabe defenderse con uñas, con pies, con codos, con empujones, con dientes...» Lo escribió Rafael Alberti hace casi tres cuartos de siglo. Más o menos en la época en la que se ha quedado anclado el pensamiento de Juan José Ibarretxe, que ayer ha contestado desde México a la ofensiva del Gobierno contra su plan soberanista diciendo defenderá su propuesta «con uñas y dientes». De momento Madrid, corazón de España, le gana a empujones por varios codos.

Cuenta Sebastián de Covarrubias en su «Tesoro de la lengua castellana o española», que hay un grupo de sentencias que no pueden considerarse refranes, que son frases hechas, maneras, modismos, verdaderos fósiles lingüísticos. Una de ellas es «defenderse con uñas y dientes». Su origen podría estar en un antiguo juego que se practicaba en la ribera de los ríos con un gato. Ganaba el castizo que conseguía meter el gato en el agua, algo difícil y peligroso porque el animal se defiende con uñas y dientes. En las últimas semanas esa expresión ha aparecido en los periódicos referida al ahínco con el que Schwarzenegger luchaba por su candidatura a la presidencia de California; al empeño con el que Osasuna defendería su puesto de Champions; al tesón con el que Juan Carlos Ferrero sostendría su número uno en el tenis mundial; a la oposición a la reforma de la Política Agraria Comunitaria... Fidel Castro ha llegado a decir que «Cuba es un ejemplo para la humanidad, que debemos defender con uñas y dientes». Al «lehendakari» le hace falta menos casticismo fósil y más soporte legal. Porque su proyecto secesionista vulnera abiertamente 104 artículos de la Constitución, la Ley de Financiación de las Comunidades Autónomas y otras leyes orgánicas que «Madrid, corazón de España» defiende con algo más que uñas y dientes.

Reformar la constitución
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 2 Noviembre 2003

Están empeñados los nacionalistas en reformar la Constitución y a lo mejor tienen razón. Es evidente que la redacción de la Carta Magna estaba muy mediatizada por el momento político. Es verdad. Bajo esa presión quizás se cometieron algunos excesos que bien podrían reconocerse y reformarse. Es evidente que tras cuarenta años de «Dios, Patria y Justicia», sugerir cosas parecidas en la Constitución era lo que menos necesitaba esa España que nacía a la Libertad. El problema es que se cambiaron las tornas y se pusieron las bases para que los sectarios y los radicales nacionalistas camparan por sus respetos, y ahora quizás tengamos pocas armas para defendernos de esa nueva ultraderecha regionalista.

Sí, quizás hay que reformar el concepto de nuestro país, ahora que ya no tenemos moneda propia, ni fronteras, ni política económica, para concluir que la palabra «solidaridad» no está incorporada en el Diccionario constitucional y que no estaba medido que sólo la fortaleza de nuestro país nos permitirá competir con países fuertes.

Sí, habría que pensar en la reforma de la Constitución y también de la Ley electoral, no vaya a ser que a algunos partidos se les esté dando más importancia de la que verdaderamente tienen, resultado de la buena fe de los gobernantes que no contaban con la mala fe de los nacionalistas.

Los radicales piden reformar la Constitución. Muy bien: abramos el melón y que cada uno haga sus propuestas. A ver quién gana. Y, esta vez, sin paños calientes.

La zorra y los vascos
Faustino F. Álvarez La Razón 2 Noviembre 2003

Me sorprende que aún no se haya suscitado un análisis del Plan Ibarreche en esa clave que tan hábilmente manejan algunos progresistas (de verdad, o de salón) y que es el desprecio a cualquier discriminación, «apartheid» o absurda atribución de superioridad de raza o de cultura. Llama la atención que, en el retruécano de las argumentaciones sobre lo obvio, algunos anarquistas a la violeta contra la racionalidad intenten vestir de seda la mona de lo que es un arbitrario golpe dictatorial frente a los otros; esos otros que son el infierno, según Sartre, y que para el entorno de Arzalluz son fardos inmigrantes carne de patera, así en La Rioja como en Pekín, y tanto en Cádiz como en Ciudad del Cabo. Salta hecho añicos el criterio sagrado de la igualdad entre los hombres, y aquellos que dicen ser guardianes de un respeto sagrado entre los individuos se callan como cómplices, quizá porque esperen que les caiga algún beneficio oficial en el río revuelto.

Militar hoy en contra del plan separatista del Gobierno vasco equivale, por ejemplo, a situarse del lado de Martin Luther King cuando anunciaba que había tenido un sueño, y no era otro que el de la convivencia horizontal sin distinción de razas ni humillaciones por el color de la piel, predicando que en el autobús de la vida no hay billetes ni sitios de tercera, y cada cual viaja según sus condiciones, su valor, su coraje y su capacidad para abnegarse en beneficio de los más doloridos.

También podríamos poner el ejemplo de quien, en el Tercer Mundo, dedica sus esfuerzos a que no sean las potencias imperialista ni el capitalismo sanguinario el que marque los destinos del mundo a costa de la salud, el bienestar y el futuro de millones de gentes hambrientas, cuyos territorios han sido despojados de sus materias primas, y convertidas las familias en esclavas de unas cuadrillas que detentan el látigo y que roban las plusvalías del sudor y hasta la de la lluvia y las cosechas.

También habría que pensar en la primacía moral de quienes se inmolan por la cultura o por la libertad de expresión, procurando un mundo más fraternal y más libre en contra de quienes, con las obscenas tablas de sus leyes en la mano, apuestan por una dominación basada en no se sabe bien qué perverso derecho natural. Pensemos también en los fascismos de uno y otro signo, en Hitler y en Stalin, en todo cuanto se edifica vertiendo en la argamasa sangre humana para construir el pedestal de los tiranos.

Miremos a un lado y a otro de la Historia, a la izquierda o a la derecha según se llora, y encontraremos múltiples ejemplos, algunos reflejados en fábulas y lecciones del mundo animal y sus especies, de lobos que se visten de corderos, de zorras que prometen un paraíso a las gallinas, de burros flautistas del himno de su corral, de palomas que confunden el norte con el sur.

No sé por qué se callan tantas gentes cuando en el País Vasco se impone por la fuerza un solo y errático discurso.

Esas caras de González
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 2 Noviembre 2003

LOS españoles nos dividimos en dos: por un lado, aquellos a los que nos espanta la cara de González cuando dice maldades o hace ironías o simplemente habla de política y, por otro, los que no ven en él nada anormal. ¿Es posible que la forma de pensar nos pueda llevar a unos y a otros a «ver» de forma tan radicalmente opuesta a una persona?

Aun a riesgo de ser tachado de parcial debo decir que desde hace tiempo el ex presidente González me viene pareciendo una persona dominada por las pasiones hasta el punto de no ser capaz de controlar los sentimientos de odio y envidia, de tal manera que, en determinados momentos, éstos llegan a enseñorearse de su rostro más allá de lo que a él mismo pudiera convenirle y, desde luego, más allá de lo que puede permitir el buen gusto o la vergüenza ajena.

Aunque es verdad que todas las personas somos responsables de nuestro rostro a partir de los cuarenta, en el caso de González se ha producido un especial agravamiento de los signos definidores de su personalidad, hasta el punto de convertirse en un espectáculo inquietante. Si el González que nos describieron Amando de Miguel y José Luis Gutiérrez en «La ambición del César» era un ser entregado al poder de forma patológica, aun mantenía los reflejos del pudor y la contención. Aún cesarista, resultaba tolerable, visible. Pero curiosamente iba a ser el apartamiento del poder la causa de un enrarecimiento de la personalidad, la aparición del resentimiento, el afloramiento del odio y la envidia a las facciones mismas. González aparece como un niño destronado que aún se sabe poseedor de poder y que está dispuesto a utilizarlo. De ahí esa mezcla monstruosa de infantilismo y maldad.

¿Parcialidad por mi parte? Es posible. En todo mi subjetivismo es un hecho muy compartido. Cada vez conozco a más gentes que sienten ante González la misma sensación que yo. Pero junto al espectáculo físico, fisiológico, fisiognómico, está el discurso político de González y este sí que es objetivable y claramente monstruoso. No paradójico u oscuro o torticero, que, con frecuencia, también sino monstruoso, en coherencia con los gestos y el trenzado de los labios y el juego de los ojos. Y ¿qué es lo que dice González, qué ha dicho en Barcelona por ejemplo? Que el Partido Popular va a romper España y que José María Aznar es de extrema derecha. Para González no es Ibarretxe el que defiende la separación del País Vasco ni es Maragall quien arropa esa propuesta con el cambio de modelo de Estado sino el Partido Popular; no son de extrema derecha los nacionalistas vascos que pretenden establecer criterios racistas entre niños emigrantes y autóctonos, ni son los nacionalistas catalanes los que, en la práctica, niegan el derecho fundamental de los niños a recibir educación en la lengua materna cuando ésta es el castellano... sino Aznar y el Partido Popular. Para González son un peligro para la unidad de España quienes la defienden, y son un peligro para la Constitución los que predican su validez...

¿Cómo definir esta forma de «razonar» sino como monstruosa y cómo no ver coherencia plena entre ésta y ese rostro del que parecen haberse enseñoreado sin control alguno el odio y la envidia?

Uñas y dientes
Por JAIME CAMPMANY ABC 2 Noviembre 2003

DICE Juan José Ibarreche que va a defender su ya famoso Plan «con uñas y dientes». Ya sé que eso es una manera de decir, y que no le dará físicamente un zarpazo a Mayor Oreja ni una dentellada a Iturgaiz. Pero usar esa metáfora en el País Vasco causa un cierto estremecimiento, porque allí las ideas políticas se defienden demasiadas veces con uñas y dientes. No es tan fiero el león como lo pintan, y luego resulta que el león no pasa de ser un gatazo casero, pero Ibarreche tiene en el País Vasco quien defienda sus planes con algo bastante más doloroso y dañino que las uñas y los dientes. Allí hay planes que se defienden con disparos en la cabeza y con bombas activadas a distancia.

En cambio, José María Aznar anuncia que se opondrá al Plan Ibarreche con la Constitución en la mano y con los instrumentos legales. Es decir con un recurso ante el Tribunal Constitucional. Aznar e Ibarreche son el envés y el revés, la cara y la cruz de la lucha política en democracia. Aznar defiende sus ideas con la ley y el argumento, e Ibarreche las defiende por las bravas, con uñas y dientes, y los que «arrean», con el crimen profesional y organizado. A sangre y fuego, y ya llevan mil muertos y muchos más exiliados del País Vasco.

Dicen algunos juristas que han examinado cuidadosamente el Plan que ese disparatado proyecto rompe la Constitución nada menos que por cien puntos. O sea, que hace un destrozo en la Constitución, y por descontado sin seguir ningún procedimiento legítimo para ello. Otros juristas afirman que no cabe ese recurso que se anuncia y que el Plan, mientras no sea ley, no puede ser llevado al Constitucional. Disquisiciones jurídicas. Alguna fórmula habrá, digo yo, para detener un proyecto legislativo que rompe por cien puntos la Constitución y cuyos autores están dispuestos a defenderlo «con uñas y dientes». Y además y sobre todo, que coincide básicamente con los objetivos del terrorismo.

Cada uno de ellos, Aznar e Ibarreche, entiende la acción política de distinta manera. Unos, trayendo prosperidad y creando riqueza, y otros matando a los semejantes y empobreciendo al país. Arzalluz entiende la acción política tal y como la aprendió en la Alemania de Hitler, y el nazista que lleva dentro hace que tenga esas ocurrencias de tratar a los hijos de españoles que no son vascos como si fueran inmigrantes, y que quiera expulsar de Vasconia a los maketos. Arzalluz es una mezcla a medio camino entre Adolfo Hitler y Sabino Arana. Se conoce que ha olvidado a san Ignacio y adora a Rosenberg.

El PNV, a pesar de haber sido fundado por Arana, mantenía aparcadas y escondidas muchas de las barbaridades que componen su doctrina. De hecho, resulta muy difícil encontrar unas obras de Sabino Arana que no vengan tan expurgadas como una edición para niños de «Las mil y una noches». Naturalmente, los nacionalistas vascos se avergüenzan de lo que dice Arana, pero no se atreven a tirarlo a la hoguera del corral como en el Quijote, ni a la piscina como Paco Umbral. Ni a darle un calmante a Arzalluz ni a limarle las uñas a Ibarreche.

Unidad y firmeza
Cartas al Director ABC 2 Noviembre 2003

Excepto los que no quieren enterarse, todos sabemos que el plan soberanista del Gobierno vasco pretende quebrar la irrenunciable unidad en la diversidad de España. El nacionalismo vasco ha emprendido un camino alocado y suicida que habrá de tener contundente respuesta desde la sociedad y las instituciones españolas. Serenidad y firmeza hasta las últimas consecuencias serán imprescindibles. Cualquier vacilación, cualquier debilidad, será aprovechada por ellos para conseguir sus objetivos mesiánicos y excluyentes.

Pertrechado en el cinismo y la desvergüenza, el nacionalismo vasco pretende articular un proceso autoconstituyente que reivindica como democrático, cuando en realidad lo que hace es quebrar unilateralmente la legalidad vigente, Constitución y Estatuto de Autonomía, de la que, para más inri, emanan los poderes del Gobierno y Parlamento vascos. Por cálculos políticos, esperando contar con la desmovilización de los pusilánimes, o con la complicidad de los agazapados, no se atreven a declarar lisa y llanamente la independencia porque saben que provocarían la suspensión inmediata de la autonomía vasca, conforme las previsiones constitucionales. Lo que realmente buscan es ganar tiempo a la espera de que el PP no obtenga mayoría absoluta en las próximas elecciones de 2004, lo que dejaría al Gobierno de España en una situación de debilidad política, que ellos podrían aprovechar.

No obstante, más allá del resultado electoral que se produzca, espero que todas las fuerzas políticas, nacionales y nacionalistas, así como todas las instituciones del Estado y de la sociedad civil, entiendan el peligro que representa para la paz, la libertad y el progreso del conjunto de España y de cada uno de sus ciudadanos el desafío presentado por el nacionalismo vasco y estén a la altura de las circunstancias.   Fernando Izard Rodríguez.
Madrid.

Parlamento
Eduardo Inclán Gil/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 2 Noviembre 2003

El Parlamento vasco en los últimos meses es un lugar que más que representar la voluntad de los ciudadanos que lo han elegido parece una reunión de escenas de una opereta de Offenbach, un sainete o de una comedia del absurdo. Si no fuera porque lo que enfrenta al Tribunal Supremo y la Cámara es la disolución de un grupo de inspiración terrorista, que, con el amparo del nacionalismo, sigue viviendo en la ilegalidad, mientras se dedica a echar a diputados que son atacados desde la tribuna de oradores, como si fuera un profesor tiránico de la vieja escuela.

El presidente Atutxa y los miembros de la Mesa que apoyan el enfrentamiento están consiguiendo un ejemplo de manipulación descarada de la ley al tiempo que se apropian de una legitimidad que dicen obtener de la legitimidad popular, que ellos pisotean a cada momento que les sea en su provecho, amparándose en un plan Ibarretxe que sólo trae más sufrimiento y crisis económica al País Vasco. Se usan los escaños del tripartito para proteger a los cómplices de ETA y no importan sentencias judiciales ni dimisiones, porque ¿hay Letrado Mayor en este momento en el Parlamento? Respeten la democracia, cumplan las sentencias y preocúpense de gobernar para mejorar la vida de los electores que les pagan un sueldo y no de buscar complacer a unos electores que se han quedado huérfanos porque el partido al que votaban ha sido ilegalizado por sus irregularidades democráticas y su participación en el mantenimiento del terrorismo.

El Gobierno vasco subvenciona un libro escolar que califica de personajes históricos a diez miembros de ETA
D. M. ABC 2 Noviembre 2003

El colectivo ciudadano ¡Basta ya!, que califica el libro de «tóxico, sesgado y delirante», arremete contra el Ejecutivo de Ibarretxe por apoyarlo económicamente

MADRID. Diez miembros de ETA figuran entre los cien personajes históricos recogidos en el libro «Euskal Herriko pertsonaiak» que, como texto de apoyo, tienen los alumnos de secundaria-jóvenes de entre catorce y dieciocho años- del País Vasco que cursan sus estudios en euskera. Aprobado y subvencionado por el Gobierno de Juan José Ibarretxe, el libro presenta a los diez terroristas como «luchadores» y «mártires». Desde la plataforma ciudadana ¡Basta ya! se ha denunciado la existencia del libro y, en concreto, su portavoz Carlos Martínez Gorriarán lo ha calificado de «tóxico».

José Miguel Beñarán, «Argala», Txomin Iturbe, Mikel Castillo, así hasta diez etarras, figuran como «personajes» de la historia del País Vasco junto al que fuera dirigente del PNV Juan Ajuriaguerra o los músicos Sarasate y Arriaga. En todos los elegidos concurren dos situaciones: haber fallecido y tener alguna relación con la lengua vasca, aunque en muchos casos la vinculación fue mínima o únicamente sentimental.

Pese a que el libro aparece un buen número de «bertsolaris» (poetas vascos que improvisan sus versos) entre las cien reseñas no figuran ni el ensayista Miguel de Unamuno, ni el poeta Gabriel Aresti, ni el escritor Pio Baroja, ni el antropólogo Julio Caro, ni el lingüista Koldo Mitxelena, todos ellos conocedores de la lengua vasca.

El libro, que ha recibido del departamento vasco de Educación, Universidades e Investigación, 3.645 euros, está editado por Gaiak, empresa vinculada a la izquierda abertzale. Así, Alicia Stürtze, miembro de la ilegalizada Batasuna, es la directora de la colección de la que forma parte «Euskal Herriko pertsonaiak» d(«Personajes de Euskal Herria»), libro escrito por el historiador navarro Erlantz Urtasun Antzano.

La publicación recorre diversas épocas históricas, preferentemente la Edad Media y los siglos XIX y XX. A pesar de ello no aparecen los nombres de los aventureros vascos protagonistas de los principales descubrimientos y navegaciones. En cuanto a épocas más cercanas, se enaltece la figura «revolucionaria» del cura Santa Cruz y se ocultan, a juicio de ¡Basta ya!, todos los casos que puedan perjudicar a la historia oficial que «está fabricando» el nacionalismo vasco. «La desfachatez es tal que incluso se llega a calificaciones tan aberrantes como que «cuando acabó la I Guerra Carlista, Hego Euskal Herria parecía un campo de concentración nazi"», destaca la plataforma ciudadana.

Sin críticas a ETA
Asimismo, subraya que el libro «intenta disimular las opciones liberales o a favor de los gobiernos españoles de los pocos personajes no reaccionarios o nacionalistas que se han colado entre sus páginas». Del mismo modo evita deliberadamente cualquier crítica a ETA, incluso la más leve. Botón de muestra del sectarismo con el que libro trata la biografía de sus elegidos es el caso del dirigente nacionalista Juan Ajuriaguerra. De él dice que tuvo «relación directa con el nuevo grupo clandestino Ekin, es decir, tuvo conversaciones con los jóvenes fundadores de lo que más tarde sería ETA», cuando es conocida la oposición de Ajuruiaguerra a la banda terrorista desde su fundación.

A los miembros de ETA (el grupo más numeroso de los «personajes» que recoje el libro) se les presenta siempre bajo la calificación de «luchadores», con un aura de personas respetables, cuando no mártires. Además de denunciar con dureza la elección de diez etarras como personajes de la historia del País Vasco, ¡Basta ya! redobla sus críticas hacia el Gobierno vasco por favorecer económicamente un libro de estas características. En opinión de Carlos Martínez Gorriarán, «Euskal herriko pertsonaiak», además de «delirante y sesgado, es tóxico».

EL CERCO POLÍTICO Y JUDICIAL AL ENTORNO DE ETA, CLAVE
Octubre fue el primer mes desde principios de los noventa que no registró terrorismo callejero
Desde que se endurecieron las penas para los acusados de delitos de terrorismo callejero y se incrementaron las actuaciones policiales para frenar los incidentes que protagonizaban los proetarras en las calles del País Vasco y Navarra, el terrorismo callejero ha disminuido hasta el punto de que el pasado mes de octubre no se registraron acciones de los radicales.
EFE Libertad Digital  2 Noviembre 2003

Es la primera vez que se constata la inactividad del terrorismo callejero en el País Vasco y Navarra desde que a mediados de la década de los noventa ETA pusiera en marcha la estrategia de los denominados "grupos Y", diseñada en los documentos incautados en 1992 a la cúpula de la banda terrorista en Bidart. La dirección etarra impulsó entonces que grupos de jóvenes de su entorno sembraran las calles del País Vasco y Navarra de incidentes para provocar más tensión en la sociedad. El terrorismo callejero era una parte más de su estrategia de terror contra la que Justicia y Policía han incrementado sus acciones en los dos últimos años.

El resultado ha sido evidente. El terrorismo callejero en el País Vasco y Navarra se ha mantenido a lo largo del año en bajos niveles de intensidad. Hubo 18 incidentes el pasado mes de septiembre, tres más que los contabilizados en agosto, pero menos de la mitad que los habidos en el mismo mes de 2002 en que hubo 37 casos. Además, de enero a septiembre se registraron 138 actos de violencia callejera, frente a los 416 que hubo en los nueve primeros meses del pasado año.

La acción policial y las reformas legales adoptadas el último año que establecen indemnizar la cuantía económica del daño ocasionado, así como el endurecimiento de las condenas, hasta 15 años de prisión, han reducido progresivamente la actividad de los terroristas callejeros. El número de detenciones practicadas en relación con actos de violencia callejera asciende a 51.

La 'disciplina militar' en ETA
ROGELIO ALONSO/INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD DE QUEEN'S, BELFAST
El Correo 2 Noviembre 2003

La aceptación por ETA de las peticiones de tercer grado y libertad condicional de sus presos presenta un interesante paralelismo con otro grupo terrorista como el IRA. La organización irlandesa también modificó su actitud en esta cuestión a mediados de los años 80 a pesar de haber considerado previamente que la observancia de los beneficios penitenciarios favorecía al 'enemigo'. Con esa misma lógica había justificado el IRA su negativa a reconocer a los tribunales que juzgaban los delitos de terrorismo, posicionamiento que abandonó a mitad de los 70. La revisión de estas posturas expone el fundamentalismo de ambos grupos.

Desde el comienzo de su campaña de violencia, el IRA ordenó a sus miembros que en caso de ser arrestados y juzgados no debían reconocer la autoridad de los tribunales, al entender que de lo contrario estarían aceptando la legitimidad del Estado que les sometía a juicio. Asimismo la organización les negaba la posibilidad de declararse culpables de ofensas menores con el objeto de lograr una reducción en la sentencia como recompensa por semejante acto. Argumentaban los dirigentes del IRA que así se evitaba contribuir a la criminalización de su causa. Sin embargo, a mediados de los 70 el IRA comenzó a variar su política ante el masivo encarcelamiento de sus miembros, de manera que entre finales de esa década y comienzos de la siguiente casi todos los activistas reconocían ya a los tribunales en los que eran juzgados.

El revisionismo del IRA en este aspecto arroja una importante lección, pues los integrantes que previamente habían incumplido esta norma fueron sometidos al ostracismo y a la estigmatización a pesar de que, como el tiempo demostraría, esa postura fundamentalista era contraproducente. Uno de esos militantes que desobedeció las reglas de la cúpula dirigente al reconocer a los tribunales, y que en 1977 abandonaría el IRA a causa de lo que él mismo define como la «naturaleza autoritaria del movimiento», explicaba así dicha decisión: «La guerra se estaba agudizando y haciéndose más cruel y había que aceptar una disciplina muy rígida. En aquellos años, entre comienzos y mediados de los 70, parece como si fuera una ley natural que las organizaciones revolucionarias se volvieran más y más autoritarias a medida que el conflicto se agravaba. (...) Me dije a mí mismo, '¿por qué voy a unirme de nuevo? ¿Para acabar muerto o cumpliendo cadena perpetua? ¿Para qué?' Esto es lo que me preguntaba cada vez más: '¿Para qué?' Porque la lucha cada vez era más una lucha puramente militar dictada por el Army Council (cúpula del IRA) y los británicos. El movimiento de masas de comienzos de los 70 había entrado en declive. El IRA estaba haciéndose con más y más control (en el movimiento republicano). Políticamente yo no estaba de acuerdo con esto, pero al mismo tiempo me sentía culpable por no volver (al IRA). También había un tema de camaradería. Tenía dudas sobre si reincorporarme o no, pero al final decidí que no».

Esta reflexión es útil para subrayar algo de lo que a menudo se prescinde al estudiar el comportamiento de organizaciones terroristas como ETA y el IRA: su supervivencia depende de la puesta en funcionamiento de mecanismos de control que eviten la consolidación de las críticas hacia las consideraciones estratégicas y tácticas del liderazgo. Una activista del IRA lo resumía así: «A veces comentabas con alguien que ibas a decir esto o aquello, pero cuando había un grupo de gente no lo decías. ( ) Algunas personas decían lo que pensaban y eran condenadas al ostracismo, les empezaron a ir mal las cosas. Algunos se libraban porque tenían buenas amistades con cierta gente (importante en el IRA), pero el voluntario normal de a pie no se libraba, no podía decir nada». Seguidamente explicaba cómo se intentaban aislar también las opiniones de quienes planteaban dudas sobre determinadas acciones del IRA: «Se les hacía sentirse algo así como '¿te has vuelto loco?'. Te hacían la vida muy difícil. O a lo mejor en el caso de una operación que iban a suspender y alguien decía: '¿Por el amor de Dios, no creo que eso esté bien, no es tan malo (el blanco)' o algo así. Y se le respondía: '¿Haz lo que se te ordena!'». Otro activista corroboraba que ciertas discrepancias sobre determinados blancos no impedían que se materializaran los atentados contra ellos: «En este tipo de organizaciones simplemente tienes que hacer lo que se te ordena. Éstas son las órdenes y no hay más. Si las órdenes cambian al día siguiente, lo tienes que aceptar». Danny Morrison, prominente figura dentro del movimiento republicano, acepta que el IRA dependía de la «explotación» de esa lealtad basada en el principio de «haz esto y no preguntes por qué».

Esta obediencia sumisa e incondicional puede entenderse como una consecuencia del deficiente proceso de politización que definió la militancia de muchos de los miembros del IRA, conclusión derivada de las características que acompañaron el ingreso en la banda de jóvenes fácilmente manipulables y vulnerables al adoctrinamiento. Si bien esa desindividuación es justificada por algunos activistas como necesaria para frenar los intentos de criminalización y los sentimientos de culpa o las dudas sobre la utilidad de la violencia, esa misma subordinación de la individualidad a la identidad del grupo es la que frenó la crítica y la reflexión analítica en el seno de la organización. De ese modo, tanto ETA como el IRA han reclamado militantes que, en palabras de uno de ellos, sean «robots», «porque cuando te unes al IRA o a cualquier organización te ofreces para ser utilizado». En función de esta lógica, no es el individuo el que piensa, sino quienes dirigen el movimiento. Así, los dirigentes confían en que la subyugación del activista constituya un eficaz método de resistencia frente al Estado y ensalzan por ello lo que definen como su «disciplina militar». Pero ese pensamiento cohesivo también sirve de resistencia frente a quienes internamente cuestionan la eficacia de los dirigentes y de sus métodos. De ese modo la lealtad se convierte en cómplice de los líderes, como sintetizaba un antiguo preso del IRA: «Significa que la gente llega a estar tan atemorizada o a ser tan fiel que no dice nada incluso aunque se encuentre con algo que está mal, no dirá nada debido a ese viejo cliché de que 'hay que aceptar lo que el ejército (el IRA) dice'. 'Mantente dentro de la línea del ejército porque salirse dará munición al enemigo.' Y este sentimiento (de lealtad) es muy importante porque es muy real».

Por eso algunos de quienes han formado parte del IRA no dudan en equiparar sus dinámicas internas con las de la mafia. Lo ilustran incidiendo en que durante mucho tiempo eludieron desafiar las órdenes de sus superiores a pesar de que reconocieran la validez de los argumentos de «camaradas» acusados de traición y amenazados de muerte por plantear dudas sobre el liderazgo. Estos factores explican también que muchos militantes «miraran para otro lado» cuando activistas acusados de ser confidentes fueron torturados por el propio IRA en la cárcel, como recordaba uno de ellos: «Se les apaleó, se les mantuvo contra los radiadores hasta que se desmayaban, se les retorcieron los pezones con mecheros, se les mantuvo de pie contra la pared sin permitirles dormir. ¿Joder, hubo presos republicanos que se cortaron sus jodidas venas para escapar de nosotros!». Semejante brutalidad no ha sido infrecuente, como revelaban las recientes disculpas del IRA a los familiares de dos de sus integrantes asesinados en 1979 y 1981 tras ser torturados y asesinados por la organización al considerarlos, erróneamente, confidentes al servicio de los británicos.

A menudo se utiliza el carácter político del terrorismo para negar su evidente componente criminal con el fin de abogar por un determinado modelo de solución que asume la imposibilidad de derrotar a quienes lo perpetran. Sin embargo, ambas variables no son excluyentes, de ahí que en Irlanda la derrota política del IRA haya sido condición necesaria para la paz. «Los voluntarios del IRA no son gángsteres sino guerrilleros», ha escrito Pat Magee, ex preso de la organización. «Los guerrilleros sí hemos sido gángsteres», le contradicen otros activistas. Si se subestima el autoritarismo que impera en grupos clandestinos como ETA y el IRA, los mecanismos de represión y manipulación que hacen posible el acatamiento de las decisiones jerárquicas en los que descansa su supervivencia, así como el fanatismo y la crueldad de sus integrantes, resulta imposible su verdadera comprensión y, en consecuencia, la erradicación del terrorismo.

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