AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 5 Noviembre  2003
Espectáculo bochornoso
Germán Yanke Libertad Digital 5 Noviembre 2003

Alarmante
Editorial El Correo  5 Noviembre 2003

Empieza la función
TONIA ETXARRI El Correo 5 Noviembre 2003

Monumento a la xenofobia
Editorial La Razón 5 Noviembre 2003

El ascenso de BNG, ERC y CHA
Ángel Cristóbal Montes La Razón 5 Noviembre 2003

Los expertos febriles
Víctor Gago Libertad Digital  5 Noviembre 2003

¿Somos tontos los españoles
Cartas al Director ABC 5 Noviembre 2003

Insaciable y desleal
Cartas al Director El Correo  5 Noviembre 2003

El racismo de Arana: «El español, aunque esté sano, prefiere vivir a cuenta del prójimo antes que trabajar»
Redacción - Madrid.- La Razón  5 Noviembre 2003

El PP de Álava llevará a los tribunales a cuatro alcaldes de PNV y EA por dar voz a Batasuna
EFE Libertad Digital  5 Noviembre 2003

De Ibarretxe y de los trenes
RAMÓN JÁUREGUI ATONDO El Correo  5 Noviembre 2003

Espectáculo bochornoso
Germán Yanke Libertad Digital 5 Noviembre 2003

Es penoso tener que soportar el bochornoso espectáculo del Parlamento vasco. La institución que debería ser la representación de todos los vascos se ha convertido en la cámara de los horrores democráticos: se legisla para la exclusión de los no nacionalistas, se protege a los criminales adscritos a una banda terrorista, se vulnera la separación de poderes y se incumplen las sentencias judiciales y, ahora, se escenifica con apariencia leguleya, que no democrática, el plan totalitario del nacionalismo vasco. A estas alturas, debería estar curado de espanto, pero no puedo desquitarme esta maldita sensación de agresión y estafa.

La coalición nacional-comunista (o comunonacionalista) pretende tramitar el proyecto de Ibarretxe de manera no contemplada en el Reglamento de la cámara, decisión que, más que esperpéntica, es un sarcasmo, ya que no quiso disolver el grupo de Batasuna porque una decisión de esa naturaleza no estaba contemplada en el citado texto. No hay ley que valga cuando nacionalistas e Izquierda Unida pretenden perpetrar un atentado a las libertades de dimensiones desconocidas en la historia reciente de la Unión Europea. Si se ciscan en la Constitución, no se van a detener ante el Reglamento del Parlamento. Si quieren la imposición de una dictadura, no se van a poner a contemplar las cuitas formales de la oposición.

Si esa es la agresión, no es tampoco plato de buen gusto la estafa. Es hora ya de que Partido Popular y el PSOE establezcan una estrategia conjunta. Si no la quieren para sus propuestas, que allá los socialistas, es urgente exigírsela para la defensa de nuestros derechos. La cuestión que está en juego no es un tema formal, si el plan es o no un proyecto de ley, etc., sino el núcleo de las libertades. Pretender establecer diferencias de proyectos en esta materia es una insensatez. El PP puede actuar en solitario, pero no sin tratar antes de hacerlo en entendimiento con el PSOE. El PSOE puede suicidarse si quiere, pero no a costa de España, por lo que debe buscar igualmente ese entendimiento. Esto también cansa, la verdad.

Alarmante
Editorial El Correo  5 Noviembre 2003

La última decisión de la Mesa del Parlamento vasco, dando validez procedimental al término 'propuesta' con el que el Gobierno tituló su proyecto el pasado 25 de octubre y acordando su tramitación ordinaria -es decir, como si se tratara de un proyecto de ley- continúa empujando el plan Ibarretxe por una vía anómala. El Reglamento de la Cámara no tiene previsto un trámite específico para la aplicación del artículo 46 del Estatuto de Gernika, relativo a su reforma, y el propio Estatuto carece de cláusula para su derogación y sustitución. Y de hecho la iniciativa del Gobierno vasco no contiene una 'propuesta de reforma' más o menos general del Estatuto vigente, sino el articulado completo de un denominado 'Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi'. Lo cual es tan elocuente como que en su redacción no se hace mención alguna al actual texto estatutario, hasta llegar a la Disposición Final que declara: «el presente Estatuto Político sucederá y sustituirá al Estatuto de Autonomía para el País Vasco». Empleando una solemnidad inusitada, el Gobierno vasco decidió presentar en el Parlamento un documento que ni aprobó como proyecto de ley ni redactó como propuesta de reforma del Estatuto vigente. El hecho de que sea la Mesa de la Cámara la que dé carta de naturaleza a lo que un Consejo de Gobierno extraordinario no quiso calificar en su dimensión jurídica resulta cuando menos extraño.

En torno al plan Ibarretxe, la sociedad empieza a asistir a un juego del gato y el ratón en el terreno jurídico-institucional que quizá resulte estimulante para sus protagonistas, pero que sólo provoca confusión y hastío. El lehendakari debería seguir sus propios consejos atreviéndose a llamar a las cosas por su nombre. Su propuesta política comporta nada menos que un Estatuto y una Constitución distintos a los vigentes. Camuflar esta evidencia obedece únicamente al intento de sortear las exigentes reglas que han de cumplirse para proceder a un cambio de tal envergadura. Y semejante actitud sólo puede contribuir a agriar el clima de confrontación política en Euskadi y a enconar el enfrentamiento entre las instituciones gobernadas por los nacionalistas y los órganos centrales del Estado constitucional.

Pero, además, la ocultación de la verdadera magnitud del cambio propuesto es un engaño hacia la ciudadanía que ningún canto a la democracia por parte de sus artífices puede atenuar. La tramitación de las modificaciones que el nacionalismo gobernante está alentando respecto al marco jurídico-político vigente sólo podría desembocar en un futuro de convivencia armoniosa -tal como sostiene el lehendakari- si el inicio mismo de su debate se sostuviera sobre un consenso básico acerca de las reglas de juego a seguir. El hecho de que el Parlamento vasco sea escenario de una discrepancia permanente en cuanto a los procedimientos denota hasta qué punto esa falta de consenso ha alcanzado ya en Euskadi un nivel alarmante.

Empieza la función
TONIA ETXARRI El Correo 5 Noviembre 2003

Primera estación. Comienza ya el recorrido institucional del plan Ibarretxe que empezó llamándose «propuesta para la convivencia» para convertirse en proyecto de ley y terminar por ser, de momento, la propuesta de reforma del Estatuto. Y el texto de 69 artículos, con el preámbulo que tanto le gusta a Otegi, con su disposición adicional y la transitoria, no es un proyecto de ley, pero como si lo fuera. Desde la agradecida IU, Llamazares se desgañita, a ver si de paso tapa la voz crítica de la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, diciendo que con este plan él no juega. Tan confuso está siendo el papel de Madrazo en esta ensoñación de sus socios de gobierno que IU ha tenido que asegurar que hará un «esfuerzo de coordinación» para que quede claro su rechazo al plan Ibarretxe.

La Mesa del Parlamento ha dado luz verde a lo que se puede llamar 'nuevo estatuto', cuando se apruebe por mayoría claro. Y en eso están sus señorías. Como se trata de un proyecto de ley que no lo es, se tramitará por el procedimiento ordinario, aunque se trate de una propuesta que deroga la ley del Estatuto de Gernika. Esta iniciativa y su tramitación han generado tanta incertidumbre que, hasta los mismos cronistas parlamentarios, hablaban ayer de la necesaria aprobación del texto por mayoría absoluta «si se sigue este procedimiento». La oposición protesta, pero desde que el entorno de ETA empezó a cantar las alabanzas del proyecto, da la impresión de que bien poca cosa puede hacer si no es recurrir al derecho al pataleo y confiar en que la Justicia le recuerde a Atutxa que se cumplen todas las leyes; incluso las que no le gustan a la vicelehendakari.

Se indignan ante la frivolidad del lehendakari, comparando la añoranza que algunos puedan sentir por el Estatuto con la que puede sentirse «por una novia antigua», antes de que el popular Barrio hable de fraude de ley y el socialista Huertas se moleste en enumerar los títulos de la Constitución que son vulnerados por el texto del lehendakari con poca esperanza de que le escuchen. Más atención acapara el mensaje de Mayor que, en su obsesión por explicar los lodos que pueden traer los polvos nacionalistas, se hace un lío con las herencias. Las del PNV y ETA, las de ERC y CiU. Y al meter en un mismo saco al nacionalismo catalán con el vasco comete una injusticia con Pujol, cuya implicación en la estabilidad del gobierno de España no tiene parangón. Y también con ERC, cuya influencia para que los terroristas de Terra Lliure dejaran las armas, fue decisiva. En fin, ya lo dice el proverbio georgiano: «hay que masticar las palabras más que un trozo de pan» (¿o sería un trozo de plan?).

Monumento a la xenofobia
Editorial La Razón 5 Noviembre 2003

El parque de El Retiro acoge en Madrid un espléndido monumento al Ángel Caído, nacido de la mano de Ricardo Bellver. Un obra exquisita, y única en su género, a la existencia del mal, de la que nadie medianamente cuerdo intenta hoy suponer que pretenda rendir pública pleitesía al Príncipe de las Tinieblas, y perpetuar como algo digno de ensalzamiento valores del lado oscuro como la xenofobia, el odio aldeano, el desprecio a los que son diferentes y la siembra de la semilla de la discordia. Que es, precisamente, lo que ensalza el Ayuntamiento de Bilbao, en manos del PNV, al autorizar una estatua a Sabino Arana en un espacio público de la ciudad.

Bilbao, capital vascongada donde la defensa de las ideas de libertad y democracia tuvo que ser heroicamente ejercida a sangre y fuego, tendrá en sus estandartes el baldón de un monumento erigido al fundador de una doctrina xenófoba y totalitaria, a un hombre en el que un monstruo como Hitler pudo perfectamente haber inspirado su genocida política de exterminio de los no arios, de los diferentes.

A pesar de la extraordinaria labor de maquillaje efectuada durante décadas por el nacionalismo, hoy se sabe de Arana lo suficiente como para conocer que pocos como él reúnen tanto odio hacia lo no vasco y que hizo de la intolerancia y el agravio la base de su doctrina separatista. Bilbao merece otra forma de entender la oportunidad de un monumento en una ciudad en la que las libertades no están garantizadas y muchos de sus vecinos viven bajo amenaza de muerte mientras la demencia del soberbio Arana se funde en bronce para perpetuar la infamia. Hasta una estatua a Satanás caído resulta más humana, más ejemplarizante en la belleza de su derrota ante la luz, que la imagen que los nacionalistas quieren imponer como modelo de obligado cumplimiento, y como anticipo de lo que será esta tierra si triunfa el siniestro plan del partido de Ibarreche, del partido de Arana.

El ascenso de BNG, ERC y CHA
Ángel Cristóbal Montes es catedrático de Derecho Civil en la Universidad de Zaragoza La Razón 5 Noviembre 2003

Las últimas elecciones locales del pasado 25 de mayo han sido una rica fuente de lecciones políticas y un test todavía no estudiado. Uno de sus aspectos es el considerable aumento en votos de tres formaciones nacionalistas sui generis, BNG, ERC y CHA. Galicia, Cataluña y Aragón han visto cómo partidos que tienen una concepción muy particular del hecho político español crecían fuertemente, se implicaban en tareas de gobierno importantes y apuntaban de manera clara hacia una mayor presencia y protagonismo en el futuro inmediato. Se producía, podríamos decir, la aparición de una segunda división dentro de las fuerzas nacionalistas, situada entre la primera formada por partidos que gobiernan comunidades y la tercera integrada por un batiburrillo de formaciones en permanente almoneda política.

Efectivamente, dentro del variopinto panorama nacionalista que se da en España, sin parangón en Occidente y con muy dudosa justificación y utilidad, hay partidos como PNV, CiU y CC que han transformado partes del territorio español en auténticos feudos en los que, por no darse, ni se da la básica alternancia democrática en el poder. Hay otros como PA, PAR, PRC, PRR, EA, UV, PL, UE y así ad infinitum, que malviven picoteando aquí y allá en comederos políticos menores. Y están, por fin, BNG, ERC y CHA que tienen vocación de grandeza, aspiran a más y, en buena medida, rompen el precario esquema nacionalista. ¿Por qué?

Las tres son formaciones republicanas, las tres son socialistas y las tres tratan de disimular su ínsita radicalidad nacionalista. El que tengan carácter republicano apenas merece comentario, pues es obvio que en una democracia liberal como la española optar políticamente por la República es algo perfectamente válido que encaja sin forzamiento alguno en nuestras coordenadas constitucionales. De todas maneras, no deja de ser curioso que en un país donde la Monarquía goza de amplísima aceptación y estima, y donde el Rey, con un comportamiento político ejemplar, ha hecho más por la democracia que todas las demás instituciones juntas, partidos netamente republicanos se encuentran en ascenso y parezcan manifestar un sentimiento republicano en auge. ¿Será una más de las tantas paradojas y extravagancias que caracterizan a nuestra vida política?

Son socialistas, no a la manera actual edulcorada, socialdemócrata y aun liberal, sino al viejo estilo de la ortodoxia, de choque frontal con el capitalismo, del distinto modelo autonómico y de izquierdismo agresivo y militante. Esto ya es más sorprendente, porque, después de la hecatombe comunista y de la manifiesta estafa y ruina que han supuesto las fórmulas colectivistas (Gellner), predicar un socialismo de viejo cuño suena a irrealidad, a fantasía y a no tener los pies en el suelo. El socialismo clásico murió hace tiempo en Occidente (Hayek), bastante antes de que saltara en pedazos la Unión Soviética, y hoy lo que conocemos como socialismo es poco más que un liberalismo progresista, centrado en las clases medias y con programas políticos perfectamente intercambiables con los de la derecha. Es poco más que un tic, un acento, una precisión, un matiz, un tempo izquierdante.

Son, pese al disimulo oportunista, nacionalistas radicales. Y aquí es donde se roza el disparate, no sólo porque tanto en lexis como en praxis sea muy difícil compatibilizar socialismo y nacionalismo, universalismo y localismo, sino además porque en un país europeo de la hora presente, plenamente integrado y partícipe en todos los principios y valores del orden occidental, pugnar por un nacionalismo que ab ovo aspira a la vida política independiente y al Estado propio suena a disparate, a extravagancia, a «nacionalismo resentido» (Berlin), a «nacionalismo resentido» (Berlin), a «nacionalismo mohoso» (Arendt), a lejano eco de la vituperable Batasuna.

Y, sin embargo, crecen, cómo si en España no tuviéramos bastante con partidos como PNV y CiU que ya no se recatan en proclamar urbi et orbi que quieren la secesión e independencia de los territorios que gobiernan bajo el manto constitucional.

Carta de Canarias
Los expertos febriles
Víctor Gago Libertad Digital  5 Noviembre 2003

Quienes se indignan porque el Gobierno vasco clasifique como inmigrantes a los alumnos de familias procedentes de otras regiones españolas, no conocen o no recuerdan la connotación de ser clasificado como "godo" por ciertas mesnadas de aborígenes académicos, políticos y periodísticos que hoy mandan y devastan a lo grande en la finca de las Islas Canarias.

Lo godo, para esta tribu y sus chamanes, es todo lo que viene de fuera, particularmente lo que procede de España. Hay, con todo, godos buenos, a condición de que también odien a España. El director de Egunkaria es un héroe godo que canta las gestas y el martirio del pueblo vasco en los aledaños de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Si no es el paraninfo, será el Boletín Oficial, la televisión autonómica del grupo Prisa, el tabloide o Internet, todos sebosos de subvenciones. Los buenos godos siempre disponen de una hospitalaria hoguera junto a la que ofician su oratorio mágico, y de una camada de indígenas e indigentes poderosos, prestos a adorarles.

El godo bueno puede reunir, en otras ocasiones, los infalibles atributos del experto. El Gobierno nacionalista de Canarias formó en octubre de 2002 un comité de sabios para que dictaminase que los inmigrantes son una carga económica y un peligro social en unas islas lejanas, lo mismo si se trata de inmigrantes ilegales, que de españoles y demás comunitarios que llegan para establecerse en una región española y, por tanto, comunitaria. Para este grupo de eminencias, el Archipiélago se dirige a un futuro próximo de superpoblación, que sólo una política de intervencionismo económico puede evitar. Profetizan el agotamiento de los recursos y el acabose del desarrollo turístico, en una región con el 50 por ciento de su territorio intocable por una de las políticas más proteccionistas que se conocen. Viejas paranoias, con una nueva retórica bizantina: la patraña marxista del colapso de la oferta, se llama ahora... "febrilidad oferente". La coartada de la lejanía y el aislamiento, ese victimismo de los Elementos que tanto les gusta gemir a los nacionalistas isleños y tanta comprensión ha encontrado en los redactores de la futura Constitución Europea para aislarnos aún más de las condiciones del desarrollo en libertad, inspira un doble programa de blindaje demográfico y planificación económica, en la más fiel tradición del sistema socialista. Uno de los "cracks" de ese grupo ilustrado fue Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, eminente padre de la Constitución de 1978 y de su proyecto de liquidación de 2003 por la vía del plan separatista del PNV, del que ha sido asesor y recibido el premio Sabino Arana.

La "febrilidad" de la oferta totalitaria no aqueja sólo a los vascos, quizá porque los canarios han tenido los mismos agentes transmisores: el nacionalismo y los expertos a sueldo. De hecho, las directrices de la consejera de Educación del Gobierno vasco sobre segregación de alumnos no eusko-parlantes son una copia del modelo de exclusión que CC (Coalición Canaria) pretende establecer en las Islas. En un Pacto sobre Inmigración dictado este año por el anterior Gobierno nacionalista y suscrito por PSOE, sindicatos, universidades y colegios profesionales, se llega al extremo de calificar como "extranjeros" a los peninsulares residentes en las Islas y a los emigrantes isleños retornados. Para los autores de esta declaración, inmigrantes ilegales y residentes de la España peninsular o de la Europa comunitaria son parte del mismo problema. Han venido porque todos son "víctimas de la desigual distribución de la riqueza en el mundo" y de una globalización económica que debe de ser "reorientada políticamente". Los "godos malos" del PP acaban de expedir otro cheque de cien millones de euros en los Presupuestos del Estado para que CC siga tapiando su hacienda platanera, con los canarios dentro. Ellos, nosotros, somos los próximos excluidos de España.

¿Somos tontos los españoles?
Cartas al Director ABC 5 Noviembre 2003

Tengo esta duda desde que el nacionalismo vasco ha dejado de circular por las sendas de la democracia y Arzallus se convirtió en su bestia negra, cada vez que surge un problema entre el Gobierno vasco y el Gobierno de la nación, por simple o complicado que éste sea, oímos siempre burdas descalificaciones contra España, que siempre es para ellos la que abusa, evade o incumple las leyes vigentes. Muestras de lo dicho son más que abundantes y no es el caso relatarlas.

Con motivo del Plan de Secesión, y con el solo anuncio de la intención del Gobierno de presentar en el momento adecuado un recurso al Tribunal Constitucional, el portavoz del Gobierno vasco califica éste de «agresión directa contra el Estatuto de Guernica». Zenazurrabeitia duda de la existencia de juristas en el TC si el recurso se admite, le niega base jurídica y denuncia un «estado de excepción democrático».

Los españoles, que conocemos nuestra historia y que hemos sido espectadores de la «recogida de nueces», de tontos no tenemos un pelo, por lo que pedimos al PNV que se baje del monte. El Gobierno, con la ley en la mano, ha decidido terminar con tan chantajosa cosecha.   Mercedes González-Llanos.  Madrid.

Insaciable y desleal
Ángel María Velasco Osés/Vasco de la diáspora. Burgos Cartas al Director El Correo  5 Noviembre 2003

¿Que fiabilidad nos merece el lehendakari de todos los vascos, que nos prometió 'diálogo hasta el amanecer', y de buenas a primeras, sin el mínimo consenso y diálogo con la oposición, nos lanza su plan de ruptura del Estatuto que votamos a favor el 90% de los vascos? Nos habla ahora de una mayoría cualificada para seguir adelante, que sea semejante o superior a la obtenida hace 24 años y esa cifra es absolutamente imposible, cuando no ha intentado el mínimo consenso con la oposición para articular el proyecto. Presionaron casi hasta la extenuación y el chantaje para obtener los máximos rendimientos, hasta casi romper la baraja del Concierto Económico. No hay límites en las peticiones, incluida la actual disposición transitoria del proyecto de Estatuto, donde se habla de una 'comisión mixta de transferencias con el Estado', que dice: la falta de acuerdo entre las partes no impedirá a la comunidad de Euskadi el ejercicio de las competencias asumidas, que se realizarán de todos modos. Eso indica el nivel de diálogo que destila este partido. Cualquier nacionalista tacharía de 'fascista' a cualquier gobierno español (y no le faltaría razón), que de forma legítima, pero unilateral, promoviera un referéndum nacional (ser para decidir como le gusta afirmar al PNV), para rebajar el Concierto Económico y numerosas ventajas del Estatuto respecto a otras comunidades. ¿Y no es similar lo que está intentando el nacionalismo, con el lehendakari a la cabeza, respecto al resto del Estado y sin ningún pacto y consenso previo? ¿Así se puede consolidar una mejor convivencia?

El racismo de Arana: «El español, aunque esté sano, prefiere vivir a cuenta del prójimo antes que trabajar»
LA RAZÓN se ha hecho eco en numerosas ocasiones de la ideología del fundador del PNV, Sabino Arana, todo un decálogo de xenofobia, racismo y integrismo que el actual líder peneuvista sigue día a día
Redacción - Madrid.- La Razón  5 Noviembre 2003

En numerosas ocasiones, este periódico ha publicado las frases más representativas de la ideología del fundador del PNV, Sabino Arana, que continuan siendo un auténtico decálogo para el actual líder del PNV, Javier Arzallus. A continuación extractamos algunas de sus frases, entre ellas, las que pueden ser calificadas de racistas, xenófobas, antidemócratas, integristas o apologetas del terrorismo:

Arana apologeta: «Les aterra el oír que a los maestros maketos se les debe despachar de los pueblos a pedradas ¿Ah la gente amiga de la Paz!».

Arana racista: «La fisonomía del bizkaino es inteligente y noble; la del español, inexpresiva y adusta. El bizkaino es nervudo y ágil; el español es flojo y torpe. El bizkaino es inteligente y hábil para toda clase de trabajos; el español es corto de inteligencia y carece de maña para los trabajos más sencillos (...) El bizkaino es laborioso (...) el español, perezoso y vago. El bizkaino es emprendedor (...) ; el español nada emprende, a nada se atreve, para nada vale. El bizkaino no vale para servir, ha nacido para ser señor; el español no ha nacido más que para ser vasallo y siervo (...) El bizkaino es caritativo aun para sus enemigos (...); el español es bajo hasta el colmo, y aunque se encuentre sano, prefiere vivir a cuenta del prójimo antes que trabajar (...) El aseo del bizkaino es proverbial (...); el español apenas se lava una vez en su vida y se muda una vez al año. El bizkaino es amante de su familia y su hogar (...); entre los españoles, el adulterio es frecuente (...) Los extranjeros podrían establecerse en Bizkaya bajo la tutela de sus respectivos cónsules; pero no podrían naturalizarse en la misma».(...) «La ciudadanía bizkaina pertenecerá por derecho natural y tradicional a las familias originarias de Bizkaya, y en general a las de raza euskeriana».

Arana y los «maketos»: «Vuestra raza, singular por sus bellas cualidades, pero más singular aún por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española, ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna del mundo, era la que constituía a vuestra Patria Bizkaya; «En pueblos tan degenerados como el maketo y maquetizado, resulta el sufragio un crimen, un suicidio».

Arana integrista: «El bizkaíno que vive en las montañas, que es el verdadero bizkaíno, es por carácter natural religioso. El español que habita lejos de las poblaciones no sabe de religión o es impío o es fanático como los bandidos andaluces que usan el escapulario». «Nosotros odiamos a España con toda nuestra alma, mientras tenga oprimida a nuestra Patria con las cadenas de esta vitanda esclavitud. Los euskerianos nacionalistas aborrecen a España, porque ha pisoteado sus leyes patrias (...) España está corrompiéndole la sangre y va a arrancarle la lengua, que es el Euzkera».

Arana y el lenguaje: «Tanto están obligados los bizkainos a hablar su lengua nacional, como a no enseñarla a los maketos o españoles. No el hablar éste o el otro idioma, sino la diferencia del lenguaje es el gran medio de preservarnos del contacto de los españoles y evitar el cruzamiento de las dos razas. Si nuestros invasores aprendieran el Euzkera, tendríamos que abandonarlo».

PERMITEN A LOS EX-EDILES PARTICIPAR EN LOS PLENOS
El PP de Álava llevará a los tribunales a cuatro alcaldes de PNV y EA por dar voz a Batasuna
El PP llevará a los tribunales a cuatro alcaldes nacionalistas de Álava –dos del PNV (Campezo y Cuartango) y dos de EA (Salvatierra y Alegría)– que permiten la participación de ex-ediles de la ilegalizada Batasuna en sus respectivos ayuntamientos. Según ha explicado el secretario de organización de este partido en Alava, Iñaki Ortega, los batasunos incluso expresan en los plenos el sentido de su hipotético voto.
EFE Libertad Digital  5 Noviembre 2003

Iñaki Ortega ha comparecido en Vitoria junto a tres concejales del PP, Sofía Iturritxa, edil del ayuntamiento de Salvatierra, Ana Salazar, de Cuartango y Juantxo Visa, de Campezo, sumándose a la denuncia Rodrigo García, de Alegría, quien no pudo acudir.

Según el PP, los alcaldes de estos cuatro municipios permiten la participación de ex-ediles de Batasuna, que además se presentaron a las últimas elecciones como candidatos en listas ilegalizadas por el Supremo, en los plenos y comisiones de las actuales corporaciones. En el caso de Salvatierra, figura incluso recogida en el acta del pleno constituyente que el ex-edil de Batasuna, Iñaki Olalde, presentó en la sesión su candidatura al alcalde.

También en este municipio el PP asegura que el alcalde, Iñaki Beraza, ha planteado una reforma del reglamento municipal con el fin de dar una apariencia de legalidad a la presencia habitual de los ex-ediles de Batasuna. En el resto de casos, según el Partido Popular, los alcaldes permiten la participación sistemática de los ex-ediles en las comisiones y plenos de los municipios, e incluso que expresen el sentido de su hipotético voto, aunque luego no reflejan esa participación en las actas, a pesar de que se lo piden los ediles del PP. Por ello, el PP grabará y sacará fotografías de estas comisiones y plenos, para sumarlas al informe que ya tiene preparado y que le servirá de base a la presentación de una denuncia contra estos cuatro alcaldes, dos del PNV (Campezo y Cuartango) y dos de EA (Salvatierra y Alegría).

La denuncia que presentarán ante los tribunales, en fecha aún no fijada, les acusará de un delito de prevaricación, por permitir la presencia e intervención de los ex-ediles a sabiendas de que con ello, considera el PP, se incumplen la ley de bases de régimen local y la ley de partidos políticos. En las denuncias el PP pedirá la inhabilitación de estos cuatro alcaldes.

De Ibarretxe y de los trenes
RAMÓN JÁUREGUI ATONDO DIPUTADO SOCIALISTA POR ÁLAVA El Correo  5 Noviembre 2003

Con frecuencia, la política necesita de un símil para hacerse entender. En el debate de los últimos años en Euskadi, se utiliza mucho el 'choque de trenes'. No sé si fue Iñaki Gabilondo el que lo inventó, pero fácilmente podríamos decir que, por su uso, lo ha patentado. Alude este símil al enfrentamiento brutal que se está produciendo en nuestro país entre partidos, instituciones y comunidades identitarias, a raíz del Pacto de Lizarra, las elecciones autonómicas de 2001 y, más en la actualidad, desde que fue tomando cuerpo el llamado plan Ibarretxe. La imagen de dos poderosas locomotoras, arrastrando una larga hilera de vagones y chocando violentamente, resulta de un espectacular grafismo para reflejar, unas veces, el enfrentamiento entre el Gobierno vasco y el del Estado, otras los bloques nacionalista y constitucionalista y otras, dos pueblos enfrentados, dentro del mismo pueblo.

Como se nos ha invitado a debatir sobre la famosa 'propuesta' del 25 de octubre pasado, me propongo ofrecerles mi particular visión sobre ella, evitando, en esta ocasión, enjundiosos análisis jurídicos o complejos argumentos políticos. Lo haré utilizando el símil de los trenes pero alterando el escenario y los contenidos del guión.

Yo creo que realmente todos íbamos en el mismo tren. Cuando negociamos la Transición y construimos el modelo político de la autonomía, cuando iniciamos la maravillosa aventura de la democracia y el autogobierno, a finales de los 70, nos montamos todos en el mismo tren. Iniciamos juntos un recorrido cuyo destino no estaba rigurosamente definido, pero el tren y las vías configuraban dos parámetros básicos para nuestra convivencia política: en el tren cabíamos todos y las reglas del juego político para fijar el rumbo del país estaban perfectamente establecidas en las vías de la Constitución y el Estatuto.

El pacto implícito del Estatuto y la Constitución era exactamente ése. Habilitar un espacio de convivencia para una comunidad multiidentitaria y definir un marco en el que pudiéramos sentirnos cómodos la mayoría, dejando a la democracia y al desarrollo del autogobierno la orientación del futuro. No había renuncias, ni límites a las aspiraciones partidarias. No había un único destino fijo y limitado. Había dos grandes compromisos: el primero, respetar el pacto de pluralidad de identidades a través de un autogobierno que permitía a los nacionalistas recuperar sus señas culturales y políticas, al tiempo que los que no lo eran veían asegurados su proyecto ideológico federalista o sus vinculaciones y sus identidades de origen (los inmigrantes, por ejemplo) en el modelo constitucional y autonómico del Estado. El segundo, respetar las normas, los cauces del orden democrático establecido, porque sin orden no hay democracia, sino arbitrariedad e imposición sin libertad ni derechos.

Durante años, hemos recorrido un largo trayecto en este tren común. Incluso, durante algunos años, hemos gobernando juntos el tren. Se han hecho miles de kilómetros en una andadura extraordinaria, muy fructífera para el autogobierno y la recuperación de la identidad cultural y política del País Vasco; para el desarrollo económico y social; para la mejora de nuestras empresas, de nuestro bienestar, de nuestra renta. No hay veinticuatro años más prósperos, en todos los planos, en la larga historia de nuestro país.

Es cierto que no fueron años fáciles. Desde las laderas del camino y desde las montañas adyacentes a las vías, unos cuantos disparaban a matar. Aquellos que despreciaron la amnistía total de 1977, los que nunca creyeron en la democracia española, los que rechazaron la autonomía porque decían que era de cartón-piedra, los que estaban ciegos por el odio a España y el fanatismo de una Euskadi irredenta no montaron en el tren y combatieron su recorrido a sangre y fuego.

Al principio, cuando más difícil era el camino, estos locos fanáticos llegaron a matar hasta a cien personas al año, en 1979 y 1980. En veinte años largos, casi mataron a mil personas. Un reguero de odio y de dolor fue acompañando el recorrido. Dentro y fuera del tren. Viviremos marcados por esas pasiones varias generaciones todavía, como ha ocurrido en otros momentos de nuestra trágica historia y en otros pueblos de parecidas tragedias.

Pero hacíamos camino al andar, como decía Machado. El autogobierno se desarrolló hasta niveles que muchos nunca soñaron. Quienes no éramos nacionalistas asumimos la simbología, la idea misma de país que proyectaban los gobiernos nacionalistas en virtud de su legitimidad democrática. Hicimos del acuerdo de pluralidad y de la moderación mutua un modelo de país y de convivencia. La unidad de los demócratas, la eficacia policial y la colaboración francesa iban reduciendo y casi venciendo el problema de la violencia. Ese camino era bueno. Probablemente era y es el único camino de nuestro país.

De pronto todo cambió. Los nacionalistas vascos rechazan todos estos parámetros de nuestra política de los últimos veinte años y se inventan otro tren y otras vías. Otro rumbo y otro destino. El objetivo, más o menos explícito, es incorporar a su tren a quienes durante años habían despreciado y combatido nuestro deseo de compartir un país respetuoso de su pluralidad y construido desde el consenso, desde esa regla política no escrita que determina la necesidad del pacto permanente para la gobernanza de las sociedades pluriidentitarias, sociológicamente divididas en espacios nacionales diferentes.

De pronto, en Lizarra o en Llodio, igual me da, el tren se para y se nos propone a todos bajar de él y subir a otro cuyo hábitat político y cuyo destino una buena parte de los vascos no queremos. Es verdad que se nos invita a dialogar, pero todos vemos que se trata de otro tren y de otras vías, que se dirige a otro destino y que semejante cambio se ha hecho con la intención de que suban a él los que estaban fuera, aun a riesgo de que nos bajemos muchos más. Por cierto, los que sufríamos y sufrimos los ataques desde las laderas y las montañas.

Nadie sabe bien cómo será la vida en el nuevo tren. Ni siquiera sabemos si semejante operación conseguirá convencer a los fanáticos y habrá paz dentro y fuera de él. No sabemos cómo será la convivencia en ese nuevo tren, ni qué papel jugarán o cómo se comportarán en él los nuevos invitados. No sabemos si esas vías tienen recorrido o se quebrarán bruscamente o se encajonaran sin salida. No conocemos bien los riesgos de este nuevo rumbo, aunque se intuyen graves en todos los órdenes. Lo que sí sabemos es que la mitad de los vascos no quieren subirse al tren y, lo que es peor, que sienten que se les ha echado del suyo.

Y aunque se reiteran ofertas de diálogo y bellas palabras sobre la libre decisión o el respeto a la voluntad de los vascos, todos sabemos que, en la forma y en el fondo, lo que se ofrece es 'más de lo mismo'. O dicho de otra manera, que quienes no somos nacionalistas (aunque se empeñen en llamarnos nacionalistas españoles) sólo tendremos sitio en un país hecho a su medida, si nos adaptamos a su proyecto, a su autodeterminación y a su consulta, a sus valores culturales o lingüísticos, a sus sentimientos identitarios y a sus aspiraciones políticas. Habrá una nacionalidad vasca que algunos vinculan a un acto de voluntad y no a un derecho de ciudadanía, con lo que quizás se limiten algunos derechos políticos a quienes no la adquieran. Ya lo intentó Batasuna en los ayuntamientos abertzales con el 'carné vasco'. Ya lo advirtió un día Arzalluz hablando de alemanes en Mallorca. Se oyen cosas semejantes a uno de los partidos del Gobierno cuando se habla de un derecho de voto limitado a las municipales o cuando, provocadoramente, se considera inmigrantes a los niños que llegan de otras comunidades autónomas a nuestras escuelas. ¿Qué ilusionante proyecto el que convierte en extranjeros a los vecinos y a los conciudadanos!

Soy consciente de que los símiles destacan el trazo grueso de la caricatura y se alejan de los tonos grises que tiene la realidad. Pero personalmente me siento así, expulsado del único tren que fuimos capaces de poner en marcha hace veinticuatro años y en el que, modestamente, algunos hemos dejado lo mejor de nuestra vida y de nuestro empeño.

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