AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 7  Noviembre  2003
Con uñas y dientes
ANTONIO ELORZA  El Correo 7 Noviembre 2003

Crónica anunciada de una felonía
Enriqueta Benito Bengoa La Razón 7 Noviembre 2003

Francia, ni ETA ni «plan»
Editorial ABC 7 Noviembre 2003

Ibarreche, erre que erre
JAIME CAMPMANY ABC 7 Noviembre 2003

Nihilismo Vasco, un editorial sobre los planes del PNV en The Wall Street Journal
Libertad Digital 7 Noviembre 2003

El monumento
ALFONSO USSÍA ABC 7 Noviembre 2003

Olé los capitanes de Rodríguez Ibarra
Julián Lago La Razón 7 Noviembre 2003

Simplificaciones de campaña
Aleix Vidal-Quadras La Razón 7 Noviembre 2003

Alternativa al nacionalismo
Cartas al Director ABC 7 Noviembre 2003

Oreja pide que el debate sobre el Plan Ibarretxe se centre en la próxima negociación entre PNV y ETA
Libertad Digital 7 Noviembre 2003

Francia y España activan equipos judiciales conjuntos y el aumento de medios galos contra ETA
Javier Gómez Muñoz - E. E. Carcassonne.- La Razón 7 Noviembre 2003
 

Con uñas y dientes
ANTONIO ELORZA/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE  El Correo 7 Noviembre 2003

Cuando Stalin invadió Polonia en 1939, siguiendo los pasos de su colega Hitler, explicó que su intención era «tender una mano fraterna a los polacos». En realidad se trataba de destruir su Estado y exterminar sus elites tanto intelectuales como militares, según quedó de manifiesto en la matanza de Katyn. En la misma línea, el ejemplo clásico de inversión de significados es el siniestro letrero de 'Arbeit macht frei!', '¿el trabajo libera!', que preside el campo de exterminio de Auschwitz, pero los ejemplos podrían multiplicarse en cualquiera de las dos orillas del totalitarismo.

En Euskadi, el nacionalismo radical dependiente de ETA nos tiene de sobra acostumbrados a estos procedimientos de perversión de los significados. 'Libertad para Euskal Herria', 'Dejad en paz a Euskal Herria' o 'Alternativa democrática' son expresiones que recogen la exigencia del cumplimiento de los objetivos políticos dictados por el terror. 'Autodeterminación' es el acto formal de reconocimiento de la independencia en la forma definida por los abertzales (lo explicó Otegi en 'Deia' el 19 de octubre: la pertenencia al Estado vasco de navarros y vascofranceses no es cuestión de mayorías y minorías). 'No al fascismo' sirve para designar la conducta de un Estado de Derecho que tiene la osadía de ilegalizar a la constelación política que forma parte de una organización terrorista.

Admitamos que se trata de un recurso explicable teniendo en cuenta la condición de totalitarismo capilar que caracteriza al movimiento político encabezado por ETA. Desde que hace cuarenta años Krutwig diera la pauta con su 'Vasconia' a los alevines de la banda, las viejas esencias sabinianas, la lucha por la independencia apoyándose en los mecanismos de exclusión del otro propios de un nacionalismo biológico, se mantienen pero envueltas en una serie de ropajes, o mejor de máscaras, que las presentan a modo de proyecto progresista, de una emancipación tras el grito de guerra de ese Pueblo Vasco con mayúsculas que empezó su enfrentamiento con los invasores en tiempos de Carlomagno, episodio todavía evocado en recientes documentos de Batasuna. La acción de unos puros y duros nacionalsocialistas se disfraza de movimiento de liberación nacional (MLNV). Nada tiene de extraño que el repertorio de encubrimientos y falsificaciones sea inagotable, y muchas veces simplemente abyecto al comentar atentados, en el mundo que gira en torno a ETA.

Es en cambio reciente la práctica de una perversión semejante en el lenguaje político del PNV. La voluntad de precisión y la cautela dominaban el discurso del lehendakari Ardanza, en tanto que de vez en cuando Xabier Arzalluz tiraba de tremendismo sirviéndose en uno u otro sentido de metáforas sumamente expresivas, como aquélla de que la autodeterminación podía servir para plantar berzas, o la no reconocida y sí practicada del nogal y las nueces. Ahora bien, ese panorama mudó de aspecto muy pronto tras la llegada a la presidencia de Juan José Ibarretxe, afectando de manera conjunta a la palabra y al gesto. Especialmente con ocasión de la oleada de atentados en el año 2000, el nuevo lehendakari fijó un estilo de comportamiento sumamente eficaz de cara a la opinión pública. Ante todo, un gesto compungido ante las desgracias, con un rictus de firmeza que le permitía distanciarse de los terroristas y ofrecer la imagen de un defensor de la paz, incluso mostrarse solidario hacia las víctimas una vez superado el primer resbalón tras el asesinato de Fernando Buesa. Pero, a continuación, la firmeza y el sentimiento se desvanecían cuándo llegaba el momento de extraer la lección política obvia: la necesidad de una convergencia de todos los partidos democráticos en el antiterrorismo. Como mucho, hacía una invocación a ETA para que fueran buenos vascos, igual que ahora les declara marginados del juego político, para poder declarar que la amenaza del terror no obstaculiza en nada una política por lo demás dirigida a los mismos objetivos de la banda y que en el fondo necesita la supervivencia de la misma para tener éxito.

De manera que ETA nunca fue un adversario efectivo para Ibarretxe y sí una espléndida coartada. Inicialmente resultaba necesario sacrificar la Constitución y el Estatuto para que ETA aceptase el diálogo y dejara de matar; hoy tales objetivos se mantienen, con mucha mayor fuerza, a pesar de la debilidad de ETA. Al modo de tantas películas del cine negro, la desaparición del asesino obliga a salir a la luz al verdadero responsable de la crisis en el sistema político vasco. 'Necesitamos la paz', rezaba el eslogan, pero resulta ahora que sólo la tendremos cuando nuestros fines, los del mundo abertzale, hayan sido logrados. Así, Ibarretxe condena formalmente a ETA, pero se entrega con el alma a la defensa de su trama política frente al Gobierno de Madrid. Atacar con la ley en la mano a los representantes del crimen político equivale para el Gobierno vasco, PNV, EA y sus acólitos de EB a agredir a las instituciones vascas, cercenar la libertad y suprimir la división de poderes. Curiosa concepción de la democracia. No se busca en consecuencia la pacificación de Euskadi, sino el camino de la independencia, eso sí, de forma escalonada, y en el marco de la coincidencia de objetivos con ETA que dicta el origen ideológico común. Por algo apoyan el plan Ibarretxe los electores de Batasuna con más intensidad que los propios peneuvistas.

De ahí que la puesta en marcha del proyecto Ibarretxe haya consistido en un ejercicio permanente de falsificación de los significados. Nada significa lo que las palabras empleadas parecen indicar. Organizar la 'convivencia' es para el plan imponer la solución política del frente nacionalista, orientado hacia la secesión. Una oferta 'amable' es, tal y como explica Rubio Llorente, la presentación a España de un ultimátum por Ibarretxe desde una posición de independencia vasca de facto con el ofrecimiento de una confederación en los términos que él mismo define. La reforma del Estatuto supone su derogación para implantar un nuevo 'estatuto' por medios ilegales y que de hecho es una constitución vasca ya redactada en sus menores detalles, con lo cual el referéndum previsto es todo menos una autodeterminación sobre opciones inequívocas (autonomía, independencia, etcétera).

A los vascos, el autodesignado padre de la patria les da todo hecho y frente a toda la normativa vigente y por venir: Estatuto, Constitución española, Constitución europea. Un poder constituyente que en nada descansa, y que además es suplantado por el lehendakari, hace a España el ofrecimiento imposible de una cosoberanía inviable salvo al modo de Irlanda 1922, como antesala de una independencia que sólo puede surgir de una confrontación de dimensiones imprevisibles, entre los vascos y con el Estado.

En el año largo transcurrido desde la presentación doctrinal del plan, el 27 de septiembre de 2002, Ibarretxe recibió todo tipo de críticas y no modificó su posición un milímetro. ¿Qué sentido tiene entonces hablar para los próximos meses de la necesidad del 'debate' al que las autoridades y los partidos constitucionalistas tratan de oponerse? Todo puede debatirse, dice el de Llodio, sólo que él no hará caso alguno de críticas y rechazos, como ya está probado. Y al anunciarse el recurso del Gobierno ante el Constitucional, lo equipara con 'insultos y descalificaciones' tendentes a evitar ese salvífico 'debate político' en el vacío.

Por lo demás, ¿cómo puede etiquetar de 'sólo planteamientos de ideas' lo que es un texto articulado, con preámbulo y disposiciones adicionales y final? Un político puede jugar con el escaso conocimiento de ciudadanos y observadores hasta un cierto límite, pero Ibarretxe lo ha superado con creces. No está abriendo un debate sobre el futuro político vasco, sino tratando de manipular la opinión para que en el ambiente de enfrentamiento chovinista sea aceptada su constitución basada en un nacionalismo biológico, en la discriminación y en el mito.

Una cosa es la libre expresión de todas las ideas y otra poner en práctica su proyecto de destrucción de la legalidad vigente. Ibarretxe está dispuesto a defender su plan, según él mismo ha declarado en México, 'con uñas y dientes'. Por desgracia, aquí sí hay que creerle. Puesto a sustituir la lealtad a la ley por ese tipo de comportamiento, no le faltarán fieras dispuestas a ensombrecer una vez más la vida política en Euskadi.

Crónica anunciada de una felonía
Enriqueta Benito Bengoa es secretaria general de Unidad Alavesa La Razón 7 Noviembre 2003

Muchos se rasgan las vestiduras ante la sedición. Otros hace mucho tiempo lo veíamos venir. Algunos se caen ahora del caballo como san Pablo y ven de pronto la luz, sin haberse percatado de los signos que nos anunciaban la mala nueva. Ibarretxe ha consumado una traición que estaba anunciada con la sombra larga de ETA detrás.

Desde el debate constitucional se veía venir. En la enmienda 868 al texto constitucional el Partido Nacionalista Vasco lo venía anunciando. Fíjense si estaba claro lo que iba a pasar. En aquella enmienda se pretendía que el País Vasco tuviera un estatus de relación con el Estado por encima del mandato constitucional sin sujetarse a la misma norma de relación jurídica que el resto de los españoles.

En 1838, cuando Espartero confirmó los Fueros «sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía», los carlistas abogaban por un Estado absolutista, no liberal y ligado estrechamente al Antiguo Régimen, donde la soberanía no residiera en el pueblo sino en el poder absoluto del rey, con entes cuasifeudales que tuvieran una relación directa con el poder regio.

Es decir, opuestos a un Estado como tal que tuviera una monarquía constitucional como empezó a suceder a partir de la Constitución de 1839. Pues bien, en aquella enmienda de los nacionalistas, se plasmaba el desiderátum nacionalista basado en un vínculo de pacto con la corona por encima de toda constitución o norma positiva que vinculara el poder a la decisión de los ciudadanos españoles y, por tanto, reconociera como único cauce de expresión de esa voluntad contractual entre los españoles a las Cortes Generales donde decidieran los representantes elegidos por la ciudadanía española.

El Partido Nacionalista Vasco no ha reconocido nunca la soberanía de la ciudadanía española y ha querido siempre pactar con la corona por encima de las normas de derecho positivo y por tanto de las constituciones españolas. Por eso en su enmienda citada a la ponencia constitucional pretendían supeditar las relaciones con la corona al constituyente sin que éste les obligara.

Por tanto, lo que ahora ocurre no es nada nuevo. En aquel momento se negaron a apoyar la Constitución porque pretendían una relación jurídica establecida por encima de la misma y un pacto directo con el monarca al margen de cualquier obediencia constitucional.

Ahora pergeñan en su texto articulado un Estatuto de Libre Asociación de Euskadi para un Estado vasco que no esté sujeto a la voluntad constituyente de la ciudadanía española, configurando los poderes clásicos de cualquier Estado: poder judicial propio, poder legislativo, poder ejecutivo, seguridad social separada de la común de todos los españoles, universidad aislada del conjunto del sistema universitario español, sistema educativo propio con currículo exclusivo, medios de comunicación controlados, policía al servicio del régimen, relaciones exteriores, etcétera, es decir lo que caracteriza a cualquier Estado.

Lo triste de todo esto es que los constitucionalistas, de buena fe les hemos facilitado el camino desde 1979. Ahora, hasta se atreven en su texto articulado de Estado de libre asociación a legislar sobre las competencias que son propias del Estado español, reduciéndolas, por supuesto, respecto a las contempladas en la actual Carta Magna.

Su desvergüenza les lleva a intentar establecer cuál es el marco competencial que afecta al Estado español, como si el resto de los ciudadanos de la nación no tuvieran nada que decir al respecto.

La bisoñez o la miopía política, o lo que es peor, la comodidad, ha llevado a la clase política española a ignorar durante mucho tiempo lo que significaba el Estatuto de Guernica como un estadio intermedio o transitorio hacia una situación de independencia libre asociada de Euskadi.

Los nacionalistas parecían exagerados en sus mítines, pero cualquier ficción es superada ampliamente por la realidad.

Efectivamente: si sacan al País Vasco de España, Álava recuperará su estatus de foralidad pues se consumará la gran traición a aquel pacto territorial que supuso que Álava renunciara a sus derechos históricos forales a favor de conformar el País Vasco como una realidad unitaria formada por la conjunción de los Fueros en un Estatuto único para el mismo.

De esa manera daremos la razón a los alavesistas que se opusieron a una autonomía vasca de la mano del PNV en la historia de Álava.

Grupos políticos muy dispares fueron oponiéndose a la configuración de una unidad administrativa vasca: la derecha foralista en 1979, pero antes el liberalismo monárquico en 1917, el carlismo en 1933, el Partido Radical en 1932, los republicanos de izquierda y el PSOE en 1931. Esa resistencia a que penetraran las ideas nacionalistas obstaculizó hasta 1936 la formación de la autonomía vasca que fue obtenida gracias al posicionamiento del PNV a favor de la República tras muchos titubeos e incluso algún notable pronunciamiento a favor de la sublevación franquista; como sucedió el día 30 de julio del 36 en Álava.

Pues bien. Desde estas líneas exigimos: primero, claridad, segundo, determinación; y tercero, honestidad en las posiciones políticas para resolver de una vez el problema vasco con algo más que paños calientes.
Los que no hemos emigrado en esa diáspora constante que se produce en la hermosa tierra vasca no queremos irnos a la tumba sin ver resuelto el problema de las libertades, allí donde durante siglos pervivieron fueros con una relación leal y constructiva con el conjunto de la nación española, sin estridencias ni afanes separatistas.

Francia, ni ETA ni «plan»
Editorial ABC 7 Noviembre 2003

LOS Gobiernos español y francés han vuelto a confirmar que son la vanguardia europea en la creación de un auténtico espacio común de justicia, libertad y seguridad. Ayer, en la Cumbre de Carcassone, la «cooperación reforzada» que mantienen España y Francia en materia antiterrorista se consolidó con un acuerdo que va a suponer un extraordinario avance operativo en la lucha contra ETA. Los ministros de Justicia de ambos países firmaron un protocolo para poner en funcionamiento equipos conjuntos de investigación penal, lo que, en la práctica, permitirá a policías españoles actuar directamente en Francia como Policía judicial, bajo mando de las autoridades galas, en operaciones contra la banda terrorista ETA. Otra vez, ambos países han tomado la iniciativa para adelantar calendarios demasiado dilatados. El establecimiento de estos equipos conjuntos fue objeto de una recomendación expresa del Consejo Europeo de Tampere, celebrado en octubre de 1999, y se plasmó en el Convenio para la Asistencia Judicial en Materia Penal, aprobado por el Consejo en mayo de 2000. Adelantándose a los acontecimientos, el Gobierno español llevó al Parlamento una ley para regular los equipos conjuntos de investigación penal en el ámbito de la Unión Europea, finalmente aprobada por el Congreso como la Ley 11/2003, de 21 de mayo.

ESTOS antecedentes demuestran que la voluntad de combatir al terrorismo tiene que ir seguida de la determinación y la firmeza, de las que no andan escasos ni Ángel Acebes ni Nicolás Sarkozy. Gracias a una y otra, España y Francia han mejorado sustancialmente la operatividad de sus cuerpos policiales con el acuerdo sobre equipos conjuntos y han reforzado la eficacia de los que se alcanzaron en la Cumbre de Perpiñán, celebrada en octubre de 2001, que entonces provocaron un verdadero punto de inflexión en la presión contra ETA. Actualmente España y Francia cuentan con una estructura de medios jurídicos y procesales realmente ejemplar para el resto de Europa y de la comunidad internacional, una pauta a seguir en la definición de un modelo eficaz de cooperación antiterrorista, que ha sido producto de una labor constante de explicación de la realidad de ETA y de extensión del deber de solidaridad entre democracias. El resultado final es un espacio de competencias judiciales y policiales compartidas, en el que se superan las fronteras y las rigideces de la soberanía penal de cada Estado. Las cifras son elocuentes de que el mensaje se ha entendido: entre 2002 y 2003, Francia ha detenido a 99 terroristas, ha extraditado a 4, ha expulsado a 4 y ha entregado temporalmente a 7 para ser juzgados en España.

En este contexto de corresponsabilidad contra ETA era necesario que la delegación española expusiera a la francesa la perversidad de la propuesta de libre asociación presentada por el gobierno nacionalista en el Parlamento de Vitoria. La aventura secesionista de Ibarretxe no es ajena al interés de Francia, aunque las apelaciones territorialistas a «Iparralde» preocupen más bien poco al gobierno de París. El irredentismo nacionalista no les conmueve. Lo que no resulta anecdótico es el efecto de reanimación política que puede producir en ETA y en la izquierda radical el proceso de convergencia que ha impulsado el nacionalismo vasco para alcanzar definitivamente una mayoría hegemónica. El ideario político de ETA ya no está en su «Alternativa Democrática», sino en el plan del lendakari. El ministro del Interior, Ángel Acebes, se lo explicó a su colega Sarkozy y el presidente José María Aznar obtuvo el pleno respaldo de Jacques Chirac para descartar cualquier viabilidad de la propuesta de Ibarretxe en la Europa comunitaria. El presidente galo expresó, sin margen alguno a la duda, su oposición a la propuesta de libre adhesión, por ir contra las reglas de la Unión Europea. Cada cual recoge lo que siembra. Los pactos con ETA en 1998 le costaron al PNV el ostracismo en la Internacional Democristiana, por ejemplo. Cinco años después, Europa volverá a ver en la estrategia nacionalista un nuevo intento de aproximación a una banda terrorista en activo. Y no se equivocará. Sólo ETA encuentra alguna razón para ilusionarse con las ideas del lendakari. Fuera del nacionalismo sólo existe la certeza del fracaso, a la que Francia se suma anticipando claramente un seguro «no» europeo al desafío secesionista.

EN el orden de prioridades, el consenso político y operativo entre Francia y España sobre la lucha antiterrorista y el rechazo al Plan Ibarretxe asegura por sí solo el éxito de la Cumbre de Carcassonne. Hay otros problemas pendientes y graves que se tienen que resolver con la misma franqueza con la que ambos países han podido cambiar en muy poco un rumbo histórico de desencuentro. Quedan sobre la mesa el ITER, la futura Constitución europea, la modificación del Tratado de Niza, la ampliación al Este y la reparación de los daños políticos causados por la Guerra de Irak (alianza con Estados Unidos, política de defensa). La cooperación contra ETA no es una mera alianza policial. La historia reciente desmiente este reduccionismo, tratándose de Francia. Tras esa cooperación hay una confianza cualitativa que ha dejado en evidencia a quienes alertaban -o chantajeaban- con la idea de que el desacuerdo sobre Irak iba a perjudicar la colaboración antiterrorista. Con el terrorismo ya nadie juega y, excepto para el nacionalismo vasco, su erradicación absoluta constituye una prioridad absoluta en la agenda de las democracias.

Ibarreche, erre que erre
Por JAIME CAMPMANY ABC 7 Noviembre 2003

IBARRECHE no ceja y sigue aferrado a su inviable Plan como un niño a su juguete. Es empecinado este lehendakari, terco como un mulo, y ahí lo tenemos intentando sacar leche de una alcuza y meter las dos patas del soberanismo por un solo calzón. Sus propios servicios jurídicos le avisaron en un informe que publicó este diario de la imposibilidad de dar forma legal a un Plan que, según algunos juristas, quiebra la Constitución nada menos que por cien puntos, pero él continúa erre que erre, contra viento y marea, como si nada.

Estremece pensar que el gobierno de una Comunidad se halle en manos de un sujeto que tiene de la ley un concepto tan particular. Ibarreche cree que la ley es él, y si elabora un proyecto se empeña en llevarlo adelante en contra de los informes jurídicos, de la demostración clara de su inconstitucionalidad, del seguro fracaso ante los altos tribunales de la Nación, del rechazo frontal de las instituciones y hasta del cachondeo de todos los ciudadanos sensatos. A estas alturas, lo único que puede producir el Plan Ibarreche, pasado un primer momento de irritación, es juerga nacional, guasa y pitorreo. Parece un plan para tocarle a Doña Justicia, no ya la balanza, sino el tafanario. O sea, que Ibarreche, además de tocarnos las narices a los españoles, está magreando a Doña Justicia.

Indudablemente, hay que reconocerle la resistencia de su paciente entusiasmo separatista. Nunca da una batalla por perdida, y si pierde un asalto, inmediatamente intenta otro. Si lo que pretende pudiera conseguirse a fuerza de terquedad y cabezonería, los vascos no separatistas y los españoles en general tendríamos que darnos por vencidos aunque sólo fuera por aburrimiento. Y además le salen a Ibarreche ayudas divertidas, no menos divertidas por clásicas y constantes. Me parece que de la ensaimada craneal de Iñaki Anasagasti ha brotado la idea de que oponerse al Plan Ibarreche es justificar a ETA. Pensamiento luminoso que encuentra justificación para la existencia de la banda etarra después de treinta años de existencia y de cerca de mil asesinatos. Tendremos que proponer a Anasagasti para el Premio Nobel de la Paz porque ya ha encontrado donde está la raíz del terrorismo: en que no salga adelante el Plan Ibarreche. Tóquese usted el níspero, don Iñaki.

Estos vascos frenéticos están dedicados a inventar maneras de sacarnos de quicio a los demás españoles, y sobre todo a exasperar al Gobierno, en espera de que en alguna de esas ocasiones se le llene a alguien el gorro de guijas. Por eso, lo que más les desespera y enfurece es la tranquilidad, el recurso de la ley contra el desafío desaforado, y en último caso tomar todos sus disparates lo menos en serio que sea posible. Hay propuestas de los tales frenéticos que sólo merecerían ser respondidas con las tres higas famosas que Góngora reservaba para el doctor cuando se tiene buena orina y buen color. Pues, eso. España tiene buena orina y buen color, tres higas a Ibarreche. Tranquilidad, buenos alimentos y lo que digan los jueces.

PUBLICADO EL 6 DE NOVIEMBRE DE 2003
Nihilismo Vasco, un editorial sobre los planes del PNV en The Wall Street Journal
Este jueves el diario The Wall Street Journal Europe dedica uno de sus editoriales a la situación en el País Vasco y a los problemas que el plan Ibarretxe plantea. Con el título Nihilismo Vasco, el prestigiosos diaro denuncia el permanente secuestro de la democracia que asola el País Vasco bajo Gobierno del Partido nacionalista Vasco
Libertad Digital 7 Noviembre 2003

WSJ explica a sus lectores como el PNV, "fundado en el siglo XIX por un racista y antisemita vasco" –Sabino Arana– creó una armadura de románticos mitos vascos "que han causado la muerte de cientos de inocentes". Para WSJ, Oriente Medio no tiene el monopolio de los estados fallidos ni del terrorismo que todavía atemoriza las poblaciones y secuestra la democracia. "En Europa existe el caso del País Vasco en España, donde el precio de la libertad es la muerte o, al menos, la protección policial durante 24 horas". El editorial de este prestigioso diario internacional explica como "el Gobierno vasco, sin temor o quizás simpatía, mima a los terroristas que amenazan a la sociedad. Ahora existe el riesgo de que se amplíe esta guerra".

Para WSJ, "el PNV está más interesado en lograr la separación de la región de España que en combatir a los terroristas de ETA que matan a los españoles de manera indiscriminada". El editorial resalta como en el último mes los líderes del PNV presentaron en el Parlamento regional una moción –por el Plan Ibarretxe– "que viola la Constitución que ha mantenido a España en el mundo libre y democrático por el periodo más largo de su historia". WSJ explica cómo la proposición del Gobierno vasco daría la soberanía al País Vasco y crearía un estado de libre asociación con España. Esta proposición se sometería a un referéndum en 2005 en el que la región debería romper con el España tanto si el Gobierno español está de acuerdo como si no.

Para WSJ, el derecho de autodeterminación ofrece una –aunque con un significado no inmutable– guía de conducir los conflictos internos. Para WSj, en los Estados Unidos Abraham Lincoln es precisamente un héroe en ese país precisamente por salvar la unidad del país en el siglo XIX. La autodeterminación fue evocada directamente durante la desintegración de Yugoslavia y la Unión Soviética porque esos estados se habían forjado de la manera más artificial y coercitiva imaginable en ltiempos relativamente recientes y se unieron por las dictaduras y la fuerza más que por ningún vínculo democrático. El editorial destaca que sería deseable un tiempo y lugar diferente para la Europa del siglo XXI.

Por poner ejemplos, el editorial desglosa como en la actualidad no existen fronteras entre Francia y España, lo que quiere decir que no existen fronteras artificiales entre las tres provincias vascas en España y las tres en Francia. El País Vasco gestiona el 90 por ciento de sus impuestos y tiene un completo control en materias como Educación o Salud. Cómo definir entonces independencia, se pregunta el editorialista para introducirse en una de las cuestiones esenciales. ¿Deberían los vascos poder celebrar un referéndum de secesión sin consultar al resto de la nación española? Esto, dice WSJ, es una cuestión de derecho. Por eso, mantiene que un referéndum implica que las reglas de la democracia han sido mantenidas y que ambas partes de un argumento pueden ser defendidas sin temor a ningún castigo. Ninguna de estas cuestiones existen en el País Vasco, donde los terroristas de ETA mantiene su dominio mientras el PNV mira para otro lado.

El editorialista opina que los vascos que no quieren la separación, aquellos que se sienten a gusto siendo vascos y españoles (y quizás incluso europeos, se atreve a apuntar WSJ) tienen pocas opciones. Es un testamento de la fortaleza de los vascos como han hecho su punto de honor permanecer y luchar contra los cobardes etarras. Sin embargo, muchos no separatistas han tenido que salir del País Vasco o no hablar nunca de sus pensamientos. Bajo estas circunstancias, la idea de celebrar un referéndum es ridícula y absurda. Incluso –insiste el WSJ– si el Gobierno vasco dice que celebrará el referéndum en un escenario de alto el fuego de los terroristas , la votación tendría lugar con condiciones de chantaje.

El editorial recuerda que la región está dividida. El Gobierno de Álava mantenía que si no contaran con ella para el plan separatista. Como el resto de las provincias con las que el plan separatista cuenta para crear su Estado-nación, el Gobierno de Navarra ha advertido de la ofensiva de los nacionalistas, mientras que el País Vasco francés ha tomado nota de las intenciones de Vizcaya y Guipúzcoa. Entretanto, el Gobierno de Madrid no excluye la posibilidad de suspender la autonomía si el Gobierno de Vitoria sigue adelante con su plan. WSJ avisa de que no es difícil imaginar que una suspensión de la autonomía requeriría de un despliegue de las tropas españolas en la región y de que nadie sabe que podría pasar después de esto.

"The Wall Street Journal" recuerda que no sería la primera vez que España cae en este camino suicida. La última costó al país cuarenta años de dictadura. La presente Constitución española ha dado a los españoles cuarenta años de prosperidad y libertad, y al País Vasco un gran grado de autonomía. Un debate parlamentario podría, quizás, un día dar la independencia total al País Vasco, pero en la Europa del siglo XXI no debería permitirse que el fanatismo decidiera que es lo que va a suceder.

El monumento
Por ALFONSO USSÍA ABC 7 Noviembre 2003

MADRID es original hasta en sus monumentos. Es la única ciudad del mundo con una obra escultórica dedicada al Diablo. El Ángel Caído. Pero Bilbao va a superar a Madrid en breve, erigiendo una gran estatua a un idiota. El Monumento al Tonto, habría de llamarse. Un tonto muy dañino, como todos los rematadamente tontos. Cuando un tonto es activo, hay que echarse a temblar. Sabino Arana Goiri lo fue. Además de activo, mentiroso, rencoroso, racista, misógino, beato y pichafloja. Todo eso dentro de un imbécil resulta peligrosísimo, como el tiempo ha demostrado. Odiaba a las mujeres, a las que consideraba superficiales, vanas, egoístas y débiles. Se casó con una, porque en aquellos tiempos, que un hombre se casara con uno, no estaba bien visto. Viaje de novios a Lourdes, con el tonto enfermo. No hubo milagro. Volvió enfermo y tan tonto como siempre. Cuando murió Arana, su viuda, Nicolasa Achica, se casó con un fornido marino de Mundaca y se arrejuntó con un cabo de la Benemérita. Arana le había dejado los fuegos intactos, los volcanes con toda la lava y las fogaradas sin calmar. Cuando el marino se hacía a la mar, Nicolasa se consolaba con el tricornio, o mejor dicho, con su portador y legítimo usuario. En el más allá, San Pedro le preguntó a Dios: «Señor, ¿también entran en el Cielo los venados?».

En su librillo «Bizkaia (sic) por su independencia», se inventa Arana unas hazañas bélicas de tebeo. Su síntesis de pensamientos «De su alma y de su pluma» no se atreve a publicarla ni el Partido Nacionalista Vasco. Su odio a lo español, a lo maqueto, convierte en amor lo que Hitler sentía por los judíos. La diferencia es que Hitler era un loco asesino y Arana un cretino pusilánime. De haber tenido un ápice de decisión, Sabino Arana habría inducido a la exterminación de los maquetos. Pero también de los vascos impuros, y de los vascos puros que no se ajustaran a las medidas mínimas que exigía su concepto de la raza. A Ibarreche y Anasagasti los habría enviado a la cámara de gas. Y a Begoña Errazti, que tiene un culo españolísimo, de guitarra y olivarera, también.

La desproporcionada imbecilidad de Sabino Arana es el cimiento del nacionalismo vasco. De su beatería, su racismo y sus mentiras son sus hijos los nacionalistas de hoy, ya sean asesinos, ya sean católicos y burgueses. Tan hijos de Arana son «Santi Potros» y Otegui, como Arzallus, Setién, Ibarreche y Eguíbar. No lo es, aunque lo quisiera, Javier Madrazo, que se las da de vasco y es montañés del valle de Trasmiera, aunque lo oculte. Tampoco se hubiera salvado el trasmerano Madrazo, maqueto él, de la cámara de gas. De ahí su obsesión por hacerse perdonar y ser más separatista que Javier Arzallus, al que teme tanto como Arzallus le desprecia.

Pero a un tonto no se le erigen monumentos. Los nacionalistas tienen que pensar un poco. La estatua a un majadero no es propia de una ciudad como Bilbao. Figúrense al guía turístico del autobús. «Ahí, a la derecha, el Guggenheim. A la izquierda, el Monumento al Tonto». Una estatua de Sabino Arana sólo puede tener sentido en un despropósito urbanístico. Por ejemplo, en el centro de una plaza sin salida, con los coches obligados a dar vueltas y más vueltas hasta que sus conductores se cansen de hacer el ganso. En un lugar como ese, el Monumento al Tonto no quedaría mal, y si es feo, mejor aún.

Las estatuas animan al recuerdo. No creo que los nacionalistas vascos, sean o no partidarios del plan de Ibarreche, disfruten con la presencia inmóvil de Sabino Arana. Es una manera cruel de recordarles que su origen es sólo eso, un pobre imbécil.

Olé los capitanes de Rodríguez Ibarra
Julián Lago La Razón 7 Noviembre 2003

Como el caballo de Santiago los tiene Rodríguez Ibarra, que ya está bien de que aquí todo Dios se la coja con papel de fumar, no sea que Ibarretxe se cabree más, si cabe, que no cabe. De forma que Rodríguez Ibarra, al enterarse de que el lendakari no asistiría en el Senado al acto del XXV aniversario de la Constitución, va y dice que sí, que él, pese a que en principio no pensara ir, se ha personado al evento para que no le confundan con Ibarretxe, más que nada.

Vamos, que al presidente extremeño no se la arrugan los nacionalismos insolidarios, el vasco en este caso, que no sabemos ya que les queda por hacer como no sea declarar la guerra a las coronas de Castilla y Aragón, con permiso del compañero Maragall, naturalmente. Así que no entendemos la duda de algunos juristas, muy escrupulosos ellos, sobre si son galgos o podencos, so pretexto de que el Plan Ibarretxe sólo se trata de un proyecto, de un texto, pero no de una normativa del ejecutivo autónomo vasco, todavía.

Más allá del puro formalismo legal, ciego habría que estar, y sordo, para no ver el alcance político de las intenciones, convicta y confesas, de Ibarretxe, quien, al advertir el lío que se le viene encima con el recurso de inconstitucionalidad presentado por el Gobierno de la Nación, se ha apresurado a invocar su derecho a debatir sobre el proyecto secesionista. Precisamente él, que se ha ciscado en la Constitución, en el Estatuto de Guernika y en la madre que nos parió a cuantos no comulgamos con las ruedas del molino etnicista de Sabino Arana, y todo ello de forma unilateral.

O sea, que para Ibarretxe, a quien la decisión de Aznar le sorprendió en México presentado su plan a los etarras allí extrañados, ya es casualité, tampoco es para ponerse así. Después de todo, su plan no pasa de ser el planteamiento de una ideas, ha dicho, unos papeles sobre los que discutir civilizadamente, lo que supone todo un sarcasmo moral cuando no un ejercicio de cinismo político. Tanto por su parte como por parte del portavoz Imaz, el cual ha tildado la medida como un gesto nada democrático, con lo demócrata que es el nacionalismo excluyente, como todo el mundo sabe.

Aquí durante años se estableció otro debate, no menos estéril que éste, sobre la utilización de la vía política para acabar con el terrorismo etarra,y ahí están los resultados. Quizá ahora lo procedente, según la misma lógica, sería esperar a que Ajuria Enea declarara la independencia de Euskadi, suponemos que solemnemente. Cosa a la que, desde luego, no parece estar muy dispuesto, por ejemplo, Rodríguez Ibarra, uno de los pocos constitucionalistas con los cataplines en su sitio, lo cual es de agradecer dado que aquí el personal parece estar acojonado con la extravagancia de Ibarretxe, y no sabemos todavía muy bien por qué, la verdad.

Simplificaciones de campaña
Aleix Vidal-Quadras La Razón 7 Noviembre 2003

Las campañas electorales hacen muy difícil la reflexión porque transforman cualquier mensaje en su caricatura y reducen los razonamientos elaborados a esquemas equívocamente simplistas. Jaime Mayor ha sido víctima de este fenómeno tras su análisis de las relaciones entre el nacionalismo catalán y el vasco. El vicesecretario general del Partido Popular afirmó, con bastante agudeza, que de la misma forma que el Plan Ibarretxe es una consecuencia de la actividad criminal de ETA ¬«herencia de ETA» fue el término exacto que empleó¬, el auge experimentado en Cataluña por Esquerra es un efecto provocado por la estrategia de radicalización desarrollada por Artur Mas ¬«la herencia de Pujol», como la describió Mayor Oreja¬. En ningún momento dijo que la situación política catalana fuese similar a la vasca ni comparó al partido independentista que lidera Josep Lluis Carod-Rovira con ETA. Se le olvidó recordar que el Partido Socialista de Cataluña también tiene su parte de responsabilidad en este crecimiento anómalo del ultranacionalismo en el Principado. Cuando todas las fuerzas del arco parlamentario catalán, salvo el PP, rivalizan en una escalada contra la Constitución de 1978 y el Estatuto de Autonomía, al final quien se lleva el gato al agua es aquella que puja más alto.

Los titulares resultantes de este ponderado análisis no reflejaron, como era de esperar, las ideas en él contenidas,sino que se apresuraron a combinar sus elementos de la manera más escandalosa posible. Los que se han apresurado a desmarcarse del ex ministro del Interior parecen olvidar que CiU y PNV suscribieron conjuntamente la Declaración de Barcelona, uno de los ataques más virulentos a nuestro ordenamiento constitucional que ha tenido lugar desde la recuperación de la democracia hace veinticinco años, y que el candidato convergente a la presidencia de la Generalitat ha manifestado su pleno respeto al Plan Ibarretxe.

La célebre frase de Pujol «los vascos abren brecha y nosotros entramos detrás» no deja demasiado margen a la hermenéutica, y es una evidencia difícilmente negable que los tres nacionalismos periféricos se apoyan mutuamente, mantienen contactos regulares y coordinan sus acciones disolventes. ¿Quién puede poner en duda que la propuesta secesionista del lehendakari no se hubiera producido si la banda terrorista no se hubiera dedicado a preparar el terreno a sangre y fuego? y, por otra parte, ¿alguien se atrevería a discutir que la envidiable posición que las encuestas le están otorgando al partido de Maciá y de Companys de cara al 16 de noviembre es fruto de la deriva nacionalista de Maragall y de las exigencias de reforma estatutaria dinamitadoras de la Constitución de Artur Mas?

La moderación es una cualidad encomiable en la vida pública, pero ni siquiera en el fragor electoral debe traspasar la frontera que la separa de la pusilanimidad.

Alternativa al nacionalismo
Cartas al Director ABC 7 Noviembre 2003

La deriva secesionista de los partidos nacionalistas del País Vasco será imparable si no se les frena mediante la aplicación de la ley o mediante su derrota en las urnas. Creo que la mejor solución es la segunda. Pero, para derrotar esas ideas secesionistas y mientras perdure el terrorismo, es necesaria la unión de partidos políticos, sindicatos, grupos de intelectuales y todos aquellos colectivos que, aun siendo de distinta ideología e incluso nacionalistas, crean que el Estatuto de Guernica, plenamente desarrollado, es la mejor solución para el desarrollo socioeconómico, para la convivencia y para la paz.

Para ello, es imprescindible crear una Mesa que represente a las fuerzas políticas y sociales para que elaboren un programa con ideas concretas para la resolución de los problemas que a todos nos afectan: terrorismo y sus víctimas, paro, vivienda, educación, cultura, desarrollo económico... Es decir, un programa de cambio que ilusione a la mayoría de la sociedad vasca.

Una vez elaborado ese programa se crearía una coalición «Pro-Estatuto de Guernica» para presentarse a las próximas elecciones al Parlamento Vasco.

No se trata de crear ningún frente antinacionalista, sino de promover una nueva corriente política que sea capaz de movilizar a la mayoría de la sociedad vasca para que sea ella la que derrote, definitivamente, cualquier idea secesionista que ponga en peligro la estabilidad política, la paz en nuestro país, y el futuro de nuestros hijos.

Rogelio Bueno, ex concejal del Ayuntamiento de Bilbao.

Y NO EN LOS RECURSOS ANTE LA JUSTICIA
Oreja pide que el debate sobre el Plan Ibarretxe se centre en la próxima negociación entre PNV y ETA
El líder del PP vasco, Jaime Mayor Oreja, no entiende las críticas lanzadas ahora por comparar la herencia de ETA (el Plan Ibarretxe) con la herencia de Pujol (el ascenso de los independentistas de ERC). Además, sobre el Plan Ibarretxe recordó que el foco de atención no debe estar en el recurso ante el Tribunal Constitucional sino en el debate entre PNV y ETA.
Libertad Digital 7 Noviembre 2003

"Hoy por hoy tenemos la herencia de ETA y la herencia de Pujol, la primera es el Plan Ibarretxe y la otra es la posibilidad de que Esquerra Republicana de Cataluña sea el árbitro del gobierno de Cataluña y entre la herencia de ETA y la herencia de Pujol hay más conexión que entre ETA y Pujol". Esta fue la frase que pronunció Jaime Mayor Oreja en la convención de presidentes y secretarios generales del PP.

En "La Mañana" de la COPE, Mayor Oreja ha explicado su versión de los hechos. Dijo que él es "el primero en lamentar esta situación y estas extrañas interpretaciones" y explicó que se limitó a repetir lo que señalado en su informe para el Comité ejecutivo y que le fue "encargado por Rajoy". "Entonces no provocó ninguna intervención", recordó el político vasco. No es de la misma opinión el candidato del PPC a la Generalitat, Josep Piqué, que dijo que las declaraciones de Oreja han roto la línea estratégica de su campaña.

Sobre el hecho de que sólo se pueda alertar de los peligros del nacionalismo vasco, Oreja opinó que se debe a la "mezquindad entre españoles, la falta de confianza entre nosotros". "España ha derivado entre la debilidad y la fuerza", añadió.

Los dos debates del Plan Ibarretxe y los cuatro grandes riesgos
El vicesecretario general del PP también se refirió en la COPE al Plan Ibarretxe. Explicó que sobre este proyecto hay "dos grandes debates". "Uno en la superficie", señaló, que es el que enfrenta al Gobierno vasco con las instituciones del Estado y los tribunales. Pero para el "debate relevante" para Mayor Oreja es el que "van a tener ETA y el PNV en los próximos meses". Alerto sobre la intención del PNV de pretender que la sociedad vasca "se acostumbre" al Plan Ibarretxe y que cuaje la sensación de que "no pasa nada". "El mayor enemigo nuestro es que se anestesie a la sociedad vasca", dijo.

Además, detalló los cuatro grandes riesgos de lo que es el Plan Ibarretxe. La "inacción" ("aquello de que no hay que hacer nada hasta dentro de un año"), "contagio" (recordó la importancia de la independentista ERC en las elecciones catalanas), la "mezquindad en el seno de la izquierda española" (que dicen no al Plan Ibarretxe pero le echamos la culpa a Aznar"), el "menosprecio" (cuando se quita importancia al nacionalismo vasco por ser una cosa de "aldeanos"). "No es un desafío cualquiera es un órdago importantísimo a la cohesión y a la Constitución", concluyó Oreja.

Chirac no duda en alinearse con Aznar y rechaza el desafío soberanista de Ibarreche
Francia y España activan equipos judiciales conjuntos y el aumento de medios galos contra ETA
Javier Gómez Muñoz - E. E. Carcassonne.- La Razón 7 Noviembre 2003

Jacques Chirac se negó a comentar directamente el plan de Ibarreche y ni siquiera escondió una mueca de sorpresa cuando se le realizó la pregunta. Pero no dudó en hacer suyas las declaraciones del presidente Aznar, cuando dijo que la iniciativa del Gobierno vasco «no es posible en el marco de la Constitución Española, en el marco de las reglas de la Unión Europea ni en el sentido común». Aznar expresó con claridad que «la reclamación de territorios pertenecientes a otros Estados miembros» no sólo se sitúa «fuera de la lógica del sentido común», sino también de la lógica política. El jefe del Gobierno español dio nulas esperanzas al plan del lendakari para triunfar en Europa, que pretende, a su juicio, «la secesión de parte del territorio español».

El presidente añadió después que el entendimiento entre ambos países es total y que Francia apoya a España en los «asuntos de fondo de lucha contra el terrorismo, y en lo que se quiere apoyar en el terrorismo para conseguir objetivos supuestamente políticos». La decisión concreta más importante de esta cumbre fue la firma de un acuerdo que incorporará, a las legislaciones española y francesa, la directiva europea para la creación de equipos judiciales conjuntos. Los Pirineos ya no serán una barrera en la lucha contra el terrorismo, lo que fue calificado por Aznar como «un acuerdo significativo, importante e impensable hace años». Los dos países anunciaron esta firma como una primicia en materia de Interior entre dos países de la Unión Europea. «Se trata de permitir a los policías de ambos países la participación activa en investigaciones en el territorio de otros Estados, en el marco de investigaciones judiciales dirigidas por autoridades judiciales, fiscales o jueces de instrucción» y actuarán «bajo la autoridad de un director nacional del Estado».

Divergencias sobre la UE
El ministro francés del Interior, Nicolás Sarkozy, comunicó a su homólogo, Angel Acebes, que habrá un aumento de los medios «humanos y materiales» que dedica Francia a la lucha contra ETA. A pesar de la evidente satisfacción de la delegación española por esta medida, no se conocieron las cifras del incremento. Ambos responsables acordaron también la celebración, en diciembre en París, de una reunión son los jefes de policía de España, Francia, Italia, Marruecos, Argelia y Túnez, para luchar contra el terrorismo islámico y crear una zona de seguridad en el Mediterráneo occidental. El resto de asuntos, algunos tan esperados como la discusión sobre el reparto de votos en la UE, sufrieron la falta de acuerdo entre Francia y España. Aznar ratificó que España no se moverá de las medidas adoptadas en la cumbre de Niza. «Me gusta tanto Francia que soy un enamorado de Niza», apuntó irónicamente Aznar. Aunque Chirac reconoció que en este asunto existen claras divergencias, prefirió aplazar una toma de postura clara de Francia mientras la presidencia italiana sigue intentando llegar a un acuerdo.

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