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Recortes de Prensa     Domingo 9  Noviembre 2003
EL DECLIVE DE BARCELONA
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 9 Noviembre 2003

Otro demente más
Editorial El Ideal Gallego 9 Noviembre 2003

Tiempo para macerar
RAFAEL AGUIRRE El Correo 9 Noviembre 2003

LA TUMBA POLÍTICA DEL PLAN IBARRETXE
LUIS IGNACIO PARADA ABC 9 Noviembre 2003

¿Aprovechemos las víctimas!
DANIEL PORTERO DE LA TORRE El Correo 9 Noviembre 2003

El mercado de la empresa vasca
Editorial La Razón 9 Noviembre 2003

El PSOE cría votos radicales
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 9 Noviembre 2003

Yo ya tengo modelo de país
TXARLI PRIETO El Correo 9 Noviembre 2003

 

EL DECLIVE DE BARCELONA
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 9 Noviembre 2003

ESCRIBE Ian Buruma en un inteligente opúsculo titulado «El camino de Babel» (Mario Muchnik) que «Barcelona corre el riesgo de convertirse en una ciudad más provinciana de lo que le corresponde, aislada en un banco de niebla idiomática». Se suma así este escritor holandés que vive en Londres, casado con una japonesa, y que ha pasado una gran parte de su vida en Asia, de la que ha hecho el tema recurrente de su obra, a una opinión ya muy generalizada sobre Barcelona.

La sociedad catalana ha pagado un precio cultural muy alto por el triunfo del nacionalismo. Son muchos los intelectuales y artistas que denuncian el clima asfixiante que padecen, pero ha sido tal su compromiso con la consolidación del nacionalismo, ya pujolista, ya maragalliano, que no son capaces de hacer una revisión del proceso que comenzó hace medio siglo. Esta crítica -y autocrítica- debería empezar por el papel dado a la lengua catalana y el sustraído a la española o castellana. Al menos se tendría que haber tenido en cuenta el hecho que señala el citado Buruma cuando dice que uno de los principales atractivos de una lengua local y, desde luego, la principal razón para inventarla o resucitarla reside en el hecho de que los forasteros -los emigrantes- no la entiendan. Y por supuesto esa crítica no podría pasar por alto la violación del derecho a recibir la educación en la lengua materna. Sin duda la asfixia de la que se habla tiene que ver con la mala conciencia que da vivir cómodamente sentados encima de esa vulneración de libertades... Del bilingüismo como reivindicación democrática se ha pasado al monolingüismo con la colaboración de todos los «demócratas». Y con el sofocamiento académico de la lengua que se habla en la calle, intelectuales, artistas y profesionales de la cultura se metieron un palo desde el culo a la garganta con el que es difícil andar y, aún más, pensar libremente.

LA lengua ha cumplido una función social discriminadora a favor de la comunidad «catalana», pero ha tenido un enorme costo cultural, sobre todo por lo que ha supuesto la relegación del castellano. En torno a la lengua se creó una identidad «nacional» que se regaló en su día al banquero/editor/político Pujol y una confrontación con lo que era y había sido la cultura española en castellano. Se cayó en un doble espejismo: por un lado la creencia en un pasado cultural catalán racionalista, europeo, laico que nunca existió y, por otro lado, la negación de la cultura española como una de las más importantes de la historia universal. Se quiso identificar la historia de la cultura española como un proceso abocado al oscurantismo, la excepcionalidad en relación con Europa, el totalitarismo y, de ese modo, no sólo se quiso negar desde el Siglo de Oro sino toda la secuencia de generaciones desde 1868 al 98, 14, 27, 36, con sede siempre en el odiado Madrid...

LA cultura como «ancilla» de la política y al servicio de una identidad nacional ha sido castradora de una parte de la personalidad de Cataluña y, aún más, de Barcelona. Pero digámoslo todo: en este espejismo y en esta desorientación contribuyeron desde el «odioso» Madrid las llamadas fuerzas del progreso. Con la mejor de las intenciones empujaron a la noche a los creadores catalanes. No se tenía conciencia del proceso de involución que suponen los nacionalismos. Pensaban que estaban en el crepúsculo matutino cuando realmente se trataba del vespertino.

Otro demente más
Editorial El Ideal Gallego 9 Noviembre 2003

La esquizofrenia de los responsables políticos del País Vasco está adquiriendo tintes ya dramáticos. El último en sumarse al carro de los demagogos dementes que tanto abundan en las filas del PNV fue Josu Jon Imaz. El portavoz del Ejecutivo, que además está llamado a luchar por convertirse en el sucesor de Arzalluz, aseguró que el Tribunal Constitucional pasará a la historia como un tribunal antidemocrático si frena el Plan Ibarretxe. Dicho en otras palabras, que si no les da la razón a estos nuevos “adalides de la libertad”, sobre todo la de quienes desean la independencia de Euskadi, será un manipulador.

Es igual que si un hombre es amenazado por otro armado con una pistola, si la víctima se defiende e impide que lo asesinen se convertiría, en esta nueva visión de los hechos que ofrecen los peneuvistas, en un antidemócrata por haber coartado la libertad del criminal para asesinarlo. Así de simple. Porque lo que saben muy bien los nacionalistas vascos es que sus planteamientos son, cuando menos, radicalmente ilegales. Pero ese enunciado de su particular ecuación independentista prefieren ignorarlo. Su juego es tramposo, artero y falso. Está basado en la mentira y apoyado en el miedo que sufre buena parte de la población, que tiene sobre sus espaldas la permanente amenaza de muerte que provocan los etarras. Pero eso no le importa a Josu Jon Imaz. Tal vez, para ser honestos, los textos que están remitiendo a las embajadas de la UE debían estar escritos con la sangre de los mil asesinados por ETA. Aunque eso, de un tiempo a esta parte, ya no le importa al PNV.

Tiempo para macerar
RAFAEL AGUIRRE El Correo 9 Noviembre 2003

El cartel electoral de Batasuna en una de las últimas campañas electorales consistía en un bebé símbolo de la Gran Euskalherria que estaba ya naciendo. El presidente del EBB, el pasado Alderdi Eguna, usó la misma imagen, pero retrotrayéndola: «No sabemos si será niño o niña, pero ya ha roto aguas». No menos entusiasta, pero con más realismo, el plan Ibarretxe se sitúa en un momento aún previo del mismo mito del hombre nuevo característico de todos los mesianismos políticos. Su propuesta, un enigma jurídico, fue entregada con especial solemnidad en el Parlamento vasco y ahora comienza un complejo proceso que sus promotores desean se prolongue en el tiempo. Y es que no hay que precipitarse, el bebé no esta a punto ni mucho menos, es aún un feto al que hay que mantener en un especial líquido amniótico para que empape a la criatura debidamente. Calculan que con un año de maceración la sociedad vasca es suya. ¿Cuáles son los componentes de esta especialísima amalgama en la que se fragua la Gran Euskalherria?

El primer componente es psicológico: que se cansen quienes no están de acuerdo con la voladura del ámbito de encuentro plural más amplio que habíamos conseguido los vascos. Nos bombardearán con propaganda, seguirán conferencias interminables, pasearán a personalidades de la más insólita condición y procedencia que asientan, sin entender, a su melifluo discurso sobre el diálogo sin límites, todas las semanas tendremos los rituales sacros con rogativas, exorcismos y letanías. Y mucha gente, hartísima, dirá «ya está bien, que hagan lo que quieran, que nos dejen en paz». El espíritu democrático, relativista por definición, fácilmente queda inerme ante las ideologías fuertes de gran capacidad movilizadora por su simplismo y populismo.

El segundo componente es ideológico: un conjunto de mitos históricos, inevitables quizá como substrato de una comunidad humana, pero peligrosísimos cuando se erigen en legitimadores de un proyecto político. ¿Por qué la soberanía de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya se convierte en principio absoluto, por encima de toda legitimidad democráticamente establecida? ¿Por qué lo que decidan unilateralmente los habitantes de estos tres territorios tiene que ser necesariamente aceptado por el conjunto con el que se comparten vínculos culturales, económicos, políticos y de todo orden desde hace más de ocho siglos? ¿Por qué de la existencia de algunos rasgos culturales comunes --que, por cierto, no son los únicos ni los más definitorios- con Navarra e Iparralde se deduce que tenga que surgir un nuevo y único sujeto político? ¿De dónde sacan que el pueblo vasco es un ente que se pierde en los albores de los tiempos, dotado de una esencia inmutable e inmune a los avatares de la Historia, a diferencia de todas las demás formas de sociabilidad política?

Pero la fuerza de maceración del plan del lehendakari se confía sobre todo a sus componentes propagandísticos. Ante todo se presenta como un plan para la convivencia. ¿Quién va a decir que no a algo tan hermoso y necesario en la sociedad vasca? Se adoba diciendo que es camino medio entre dos intolerancias equidistantes, la del PP y la de ETA. Es corriente que la propaganda juegue con las palabras, pero de las numerosas distorsiones que sufre el lenguaje ésta es la peor. En realidad, es un plan que rompe la convivencia y cuyos efectos nocivos están ya deteriorando la vida social, desde las relaciones laborales hasta las de amistad y familiares. Se considera muerto un Estatuto, punto de encuentro plural entre los vascos, y se preconiza otro que parte de unas premisas ideológicas nacionalistas maximalistas, que no ofrecen margen para el acuerdo y la transacción. Se quiere un País Vasco en el que los no nacionalistas se vayan, se conviertan o acepten su subordinación. El fantasma de las dos comunidades, que antes se consideraba un peligro a conjurar, ahora se consagra con la posibilidad de la diferente nacionalidad, cuyas consecuencias jurídicas y prácticas aún se nos ocultan. Lejos de construir una nación de ciudadanos, se crean discriminaciones y conflictos de incalculables consecuencias.

El segundo componente propagandístico es el señuelo de la paz. El plan ofrece el fin de ETA para siempre. Nada más anhelado por la ciudadanía. Parece obvio que la acción policial, legislativa y judicial están derrotando a ETA. El PP y el PNV quieren apuntarse el tanto y beneficiarse políticamente de su desaparición. La banda terrorista ha dado suficientes señales de apoyo crítico al plan Ibarretxe y, por tanto, es lógico pensar que posibilitará su desarrollo, sobre todo el paso previsto de abierto conflicto con el Estado, el referéndum, para el que se exige «ausencia de violencia». Pero, en mi opinión, lejos de combatir las raíces ideológicas de la violencia, que han penetrado hondamente en la sociedad vasca, se la va a legitimar y prestigiar como el mejor medio para conseguir objetivos políticos. También hay que cargar a la cuenta de la propaganda la afirmación de que el plan favorece nuestros intereses y aumentará nuestro bienestar. Probablemente es falso, pero, en todo caso, es insolidario. Pero el disidente, el no adicto, lo tiene muy mal. En algunos casos se juega literalmente la vida y en otros se ve sometido a un 'mobbing' social y laboral. La capacidad de control y de presión, directa o indirecta, es mayor cuanto más pequeña es la realidad sobre la que se ejerce. No soy una persona especialmente informada, pero es bien larga mi lista comprobada de depuraciones ideológicas, consejos paternalistas para permanecer en silencio, arbitrariedades y discriminaciones.

Otro componente del proceso de maceración es táctico: su absoluta inviabilidad si se respetan las normas jurídicas y democráticas se utilizará para alimentar el victimismo, del que vive el nacionalismo que no ha pasado de la fase resistencialista a su formulación positiva, lo que le permite contar con las ventajas de ser poder y oposición al mismo tiempo; y este victimismo servirá para seguir acumulando fuerzas en una estrategia de rupturismo social. El nacionalismo controla unas instituciones democráticas, que se encarga de ir deslegitimando. Se desobedecen autos de los jueces y mandatos del Tribunal Supremo. Se me antoja que esto tiene su más probable desenlace, tras una estrategia de tensión creciente, en el impulso a una desobediencia social masiva para provocar el cambio y la ruptura del marco legal. Hace tiempo titulé una artículo 'Giro hacia el abismo'. Desgraciadamente, creo que estamos ya al borde del precipicio. El eje de las diversas ramas del nacionalismo vasco es su unificación para imponer avasalladoramente su ideología al conjunto de la sociedad. En una situación como la descrita es claro que las máximas posibilidades de dirigir el proceso las tienen los más radicales, los socializados desde siempre en la violencia y en la movilización callejera. Tengo que añadir que el Gobierno del PP apuntala el mencionado victimismo porque confunde firmeza con árida tosquedad, se vuelve en su contra la incomunicación institucional y se equivoca cuando responde a la provocación con una avalancha, no siempre acertada, de medidas jurídicas pero con una política poco adecuada para ganar a la opinión pública vasca.

El último componente del plan es estratégico y profundamente inmoral. Es inseparable de la violencia de ETA. Sin ella, el llamado 'problema vasco' no tendría el mismo peso en la opinión pública. Con la violencia de ETA no existe la mínima serenidad requerida para debatir problemas de tan hondo calado y determinadas voces, muy representativas, no pueden expresarse con la mínima e indispensable libertad. La reunificación nacionalista se hace en torno a los postulados ideológicos más radicales y el plan del lehendakari, en lo esencial, da la razón a ETA y a su brazo político. Otegi, con una ampla sonrisa, lo dejó bien claro: «Por fin vienen a decir lo que nosotros llevábamos diciendo 24 años». Y esto me parece lo más grave de todo porque supone ofender directamente la memoria de las víctimas del terrorismo, concede la razón política a sus asesinos y significa el envilecimiento profundo de la sociedad vasca. Todo lo que así se construya estará pervertido y corrompido de raíz.

LA TUMBA POLÍTICA DEL PLAN IBARRETXE
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 9 Noviembre 2003

EL Gobierno presentará el jueves ante el Tribunal Constitucional dos recursos contra el Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi. Uno contra la aprobación de ese Estatuto por el Gobierno autónomo, y otro contra la resolución de la Mesa de Portavoces del Parlamento Vasco para su tramitación como proyecto de ley. Los recursos no son de constitucionalidad porque lo recurrido es, en un caso, un proyecto de ley, y en otro una resolución. Pero, aunque no tienen una denominación específica, están amparados en el artículo 161.2 de la Constitución, que faculta al Gobierno para impugnar ante el TC "las disposiciones y resoluciones adoptadas por los órganos de las Comunidades Autónomas". Lo esencial de la fórmula empleada es que, como dice el mismo artículo, la impugnación "producirá la suspensión de la disposición o resolución recurrida".

No hay duda de que la resolución del Parlamento Vasco puede ser recurrida por llamarse precisamente resolución. Pero el Estatuto, aunque tenga una intencionalidad política de enorme gravedad no tiene el "formato" de una disposición ni de una resolución. Así, no genera efectos jurídicos hasta que se convierta en ley, disposición o resolución. Este artificio, en el que se amparaba Ibarretxe para llamar Estatuto a lo que tiene el formato de cualquier Constitución queda desmontado por aquella resolución, cuya inconstitucionalidad puede admitir el TC sin dificultades aunque tenga que ratificarla o levantarla en un plazo no superior a cinco meses. Un TC, no se olvide, formado por 12 miembros, cuatro de ellos nombrados a propuesta del Congreso por mayoría de tres quintos; cuatro a propuesta del Senado, con idéntica mayoría; dos a propuesta del Gobierno y dos a propuesta del Consejo General del Poder Judicial. Una politización de la justicia que será la tumba política del Plan Ibarretxe porque ha forzado una judicialización de la política.

¿Aprovechemos las víctimas!
DANIEL PORTERO DE LA TORRE/PORTAVOZ DE LA ASOCIACIÓN DE VÍCTIMAS DEL TERRORISMO (AVT) El Correo 9 Noviembre 2003

Hace algún tiempo, una víctima del terrorismo aludió por primera vez en un medio de comunicación a la «instrumentalización política de los presos terroristas que utilizaba el PNV para conseguir sus votos», entendidos por éstos los referidos exclusivamente a los ocasionados por las detenciones que las fuerzas de seguridad del Estado hacían de los criminales de ETA. La polémica estaba servida y sigue caliente, con los protagonistas habituales y con el trasfondo de un colectivo político que está padeciendo en sus carnes los 'tremendos golpes' vitales de la desaparición de Batasuna y que, por consiguiente, está acumulando extraordinarias dosis de euforia independentista y un más que injustificado resentimiento hacia lo español. Desde hace poco tiempo me pregunto cuál va a ser el altavoz político de ETA cuando Batasuna o AuB no tenga representación en el Parlamento vasco. A las víctimas del terrorismo nos da la sensación de que al PNV y a sus aliados tanto la desaparición de Batasuna como la utilización e instrumentalización de los presos de ETA, así como de sus familiares, les va a suponer una garantía de sufragio hacia sus siglas, y algunos de los votos por correo, por supuesto.

Nadie duda tampoco que víctimas son todas aquellas que sufren cualquier tipo de violencia, por pequeña que pueda ser. Sin embargo, no todas las víctimas son iguales. A unas se las deja descansar en la tumba y a otras no. Hasta hace muy poco, las víctimas del terrorismo no sólo sufrían el tremendo daño de perder a un ser querido sin justificación, sino también la vejación de ser insultados y humillados por la calle sólo por ser víctimas del terrorismo etarra. Cuando ETA asesinaba en los años setenta, ochenta e incluso en los noventa, en multitud de ocasiones en los propios funerales la familia y los amigos del asesinado tenían que soportar misas en euskera que los sacerdotes del lugar no dudaban en recitar, sin ningún tipo de delicadeza. Y por supuesto, al finalizar la farsa había que salir por la puerta de atrás porque si no te insultaban y apaleaban por el mero hecho de ser un ciudadano español. Incluso hoy día, multitud de familiares de asesinados en el País Vasco sufren continuas llamadas de teléfono amenazantes para que se vayan. Sufrimos no sólo la pérdida del ser querido, sino la humillación hacia nuestras personas.

Escasamente hace un mes, el 25 de septiembre, se cumplió un año del asesinato de Juan Carlos Beiro en Leiza, con 29 años, padre de 2 hijas gemelas de 5 años. En Leiza, hace un año, sostenían una pancarta contra ETA por las calles del pueblo poco más de cinco personas. Casi nadie de dicha población fue a apoyar a una familia destrozada. Un año después, pocos fuimos los que estuvimos en este pueblecito navarro para evitar lo que pasó el anterior y tuvimos que soportar muchos hechos desagradables. El primero, que no teníamos plena seguridad de que la misa se oficiara en castellano o español y por ello algunos tuvimos que hablar con el sacerdote para convencerle de que el padre de Juan Carlos, que era de Granada, y su madre, creo que de Asturias, no iban a entender nada si la misa se recitaba en vasco. Igualmente, pudimos observar cómo el sacerdote que ofició la Eucaristía nunca hizo referencia al asesinato de un ser humano sino a la 'muerte' de Juan Carlos (como si el terrorismo fuera una causa natural de morir). En ningún momento, el sacerdote se acercó a dar el pésame a la familia o, ¿por lo menos!, un saludo. ¿Nada de nada!.En las calles de Leiza no había persona alguna del pueblo, las puertas y ventanas de las casas estaban cerradas. Era un pueblo fantasma. Sólo se veían discurrir por las estrechas calles a familiares, compañeros de la Guardia Civil y de otros cuerpos de seguridad y algún alma, más no precisamente del pueblo. Tras la misa fuimos a hacer una ofrenda floral al lugar del asesinato y, ¿qué sorpresa más desagradable!, a escasos metros del lugar del asesinato, ¿vivas a ETA! ¿goras a ETA! ¿Euskal presoak! y un sinfín de necedades que no puedo dejar de recordar día tras día. Es decir, encima de muerto, ¿apaleado él y su familia! El rostro de su madre era terrible, horroroso, inimaginable, indescriptible.

Y todas las víctimas son iguales, ¿verdad? ¿Todas sufren apaleamiento después de muertas? ¿Se les humilla a todas por igual? ¿Existe un grupo de desgraciados y salvajes, en este país, con menos vergüenza que el de ETA y sus cómplices políticos? Yo creo que no.

Cuando ETA asesinó a mi padre en Granada el 9 de octubre de 2000, un supuesto periodista, una hora después del asesinato, se acercó a mi madre por la calle y le increpó: '¿lo siento señora, lo siento!'. Mi madre no sabía donde estaba y cualquier frase de apoyo le ayudaba a respirar un poquito más. Sin embargo, fue de tanto impacto el grito de este personaje que se le quedó grabada su cara. Días después, contrastando fotos en el periódico, resultó que el supuesto periodista era el elemento Zigor Merodio, integrante del 'comando Andalucía', responsable del asesinato de mi padre y de dos personas más. Y esto ocurrió en Granada. Me imagino, por lo que me cuentan y por lo que no, el terrible sufrimiento que se debe aún vivir en el País Vasco no sólo los familiares de asesinados, sino también los amenazados por ETA.

Además, el terrorismo y su entorno origina una tortura física y psicológica que se vive en mayor medida en la comunidad vasca, día tras día, con multitud de atropellos de todas clases. Incluso existen grupos políticos como PNV, EA y EB que alimentan ese daño físico y moral, fomentando postulados políticos que tienen el mismo fin que ETA, con lo que la situación de tensión y presión que se respira en el País Vasco se incrementa. Para machacarnos aún más todavía existen músicos como Fermín Muguruza, 'Soziedad Alkoholica' y 'Su ta gar' que con sus canciones humillan a las víctimas del terrorismo y manchan nuestra dignidad y la de nuestros muertos asesinados. Además, para echar más leña al fuego tenemos a Medem y su gloriosa película de propaganda nacionalista que alimenta más todavía la confrontación social. Para algunos artistas: ¿gracias por vuestra ayuda para vencer al terrorismo!

Desde no hace mucho tiempo las víctimas del terrorismo han dejado de callarse, de esconderse, de aguantarse y de hablar en voz bajita. No podemos permitir que manchen más la memoria de nuestros muertos y heridos, porque queremos que se haga justicia en este país cada vez que se humille a un familiar o víctima del terrorismo, porque no queremos que nadie nos utilice y porque no queremos perder más la dignidad teniendo que salir por la puerta trasera de las iglesias cada vez que asesinan a algún familiar. Aprovechemos las víctimas para poder hablar, denunciar y luchar contra el terrorismo.

El mercado de la empresa vasca
Editorial La Razón 9 Noviembre 2003

Las empresas vascas tienen en el resto del mercado español las tres cuartas partes de su clientela. Como hoy desvelamos en las páginas del Suplemento ECO, sólo una cuarta parte de lo que producen se exporta. La posibilidad de una independencia económica medianamente viable existe sólo en la mente de los políticos nacionalistas y entre aquellos pequeños empresarios cuyo negocio, necesariamente local, depende de los contratos oficiales o sólo vende en su limitada área de influencia.

El proceso secesionista que ha cristalizado con el Plan Ibarreche oculta a los ciudadanos una realidad que, a pesar de las campañas y de una maquinaria nacionalista cuidadosamente engrasada con subvenciones y contratos, ha terminado por aflorar. Ni el miedo, ni la extorsión mafiosa, que a tantos empresarios ha hecho huir de su tierra, ocultan la realidad de las cifras: la economía de las empresas vascas, su prosperidad y su futuro, están abrumadoramente en manos de los consumidores de toda España, que no les han retirado ni su apoyo ni su confianza. Pero la situación, como indican estudios realizados desde medios independientes como la Universidad Autónoma de Madrid, puede cambiar: se suele calificar al dinero de cobarde, pero no se le niegan ni su realismo ni su olfato. Así, una parte significativa de las empresas vascas ha detectado malestar entre sus clientes, observan con temor los avances del nacionalismo excluyente y, por supuesto que en silencio, se plantean ya trasladar su sede fuera de los dominios de Arzallus y Otegui.

El PSOE cría votos radicales
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 9 Noviembre 2003

Rodríguez Zapatero debería estudiar las consecuencias que va teniendo su política de buscar votos en los caladeros de la izquierda en vez de los del centro, pues ya no son cosas de encuestas, sino de resultados electorales: el PSOE pierde votos a costa de los partidos radicales de izquierda. Es decir, los socialistas han girado hacia un electorado que creían fácil de conseguir, y la gente responde que para propuestas extremistas ya tienen otros partidos.

Así ha pasado en Galicia, donde el PSOE está creando un monstruo llamado BNG, al que ha dado el poder que ha querido quitar al PP. Así ha pasado con Izquierda Unida en Madrid: tanto tonteo con los comunistas terminó dándoles más escaños de los que ellos mismos esperaban. Así está pasando en Cataluña, donde alguno aún no se cree cómo es posible que esté subiendo Esquerra Republicana con votos robados al PSOE.

Y es que la estrategia de girar a la izquierda resta credibilidad al PSOE y da consistencia a los extremistas: si el PSOE quiere ser como ellos, ¿para qué votar al PSOE pudiéndoles apoyar directamente? El Partido Socialista nunca será tan radical como ERC, pero, si se pone esa careta, votemos directamente al independentismo. Es más fácil.

Zapatero debe estudiar las consecuencias de su estrategia, que es muy entretenido salir en manifestación contra todo, montar algaradas juveniles con pancartas, festivales rock y declaraciones tipo Caldera, pero luego la gente va a votar y los socialistas se llevan la sorpresa de que les dan la espalda: ni son centrados ni son extremistas.
El Partido Socialista cría los votos de los radicales por haber abandonado la moderación. Las cosas que dice Maragall contra España pueden ser muy divertidas pero, ya puestos, es mucho más divertido lo que dice Carod Rovira. Esta estrategia era una equivocación sobre el papel: a medida que van pasando elecciones, el error es aún más grave.

Yo ya tengo modelo de país
TXARLI PRIETO/SECRETARIO INSTITUCIONAL DEL PSE-EE (PSOE) DE ÁLAVA
El Correo 9 Noviembre 2003

En 1998, el PNV diseñaba una nueva estrategia política preparándose ante la repercusión que en la política vasca pudiera tener el final de ETA y la división o dispersión del conjunto de fuerzas nacionalistas. Se trataba de anticiparse a un previsible periodo de normalidad política, donde los excesos y tensionamientos nacionalistas pudieran estar menos justificados por agotados y en el que produjeran menor rentabilidad política.

El PNV desde 1986, año en el que se consolidó su ruptura interna y nació EA, siempre necesitó hasta 1998 de acuerdos con otras fuerzas políticas para mantenerse en el poder. Así se explica que de 1986 a 1998 hubiera gobiernos de coalición con diferentes fuerzas políticas, principalmente con el PSE. También en este periodo el PNV apoyó la investidura de Aznar como presidente de Gobierno de España en 1996, y colaboró con el PP hasta bien avanzado el año 2000. En fechas muy recientes a estas, en 1995, el PNV reclamaba junto con todas las fuerzas políticas del Parlamento vasco el desarrollo pleno del Estatuto señalando en aquel acuerdo y en otro de 1993 las transferencias pendientes.

Conviene añadir que en los 24 años de vigencia del Estatuto, un nacionalista ha sido siempre el lehendakari y que en todos los gobiernos no ha habido constitucionalistas y sí nacionalistas.

Estos breves recordatorios nos dan algunos datos. Que la actitud del PNV durante casi toda la etapa democrática ha estado situada en el plano político de la moderación. Que el marco político y jurídico que nace en la Constitución y se desarrolla en el Estatuto y en la Ley de Territorios Históricos (LTH), le ha servido para estar siempre gobernando y en la presidencia del gobierno en el País Vasco. Que sólo tres años antes de Lizarra, el PNV sumaba sus fuerzas en la reclamación del desarrollo total del Estatuto.

Desde entonces, ¿qué ha pasado? En mi opinión, tres cosas. Que el terrorismo en todas sus expresiones cada día ha ido contando con mayor rechazo y que este le podía pasar factura al nacionalismo democrático en clave electoral. Que el pacto político del PNV con el PP en 1996 fue un error de los nacionalistas porque les ayudó a gobernar a los segundos, pero no a conseguir más poder a los primeros. Que el fin del terrorismo y el agotamiento de las alianzas políticas entre el PNV y el PSE, o entre el PNV y el PP, sólo le conduce al PNV a medio y largo plazo a dos escenarios: a renunciar a su hegemonía nacionalista o a intentarla reunificando a todas las fuerzas nacionalistas sin exclusión.

Y en esta última tarea está el lehendakari, su gobierno, IU como invitado especial, y desde fuera, la ilegalizada Batasuna. Todos y cada uno de ellos con sus intenciones y sus matices, pero todos trabajando para un mismo objetivo, que Euskadi sea un coto dominado por los nacionalistas.

Por estas razones el llamado plan Ibarretxe no está concebido como un instrumento que deba aportar al conjunto de la ciudadanía vasca más libertad, más bienestar social, más felicidad, mayor estabilidad política o convivencia armónica desde la pluralidad. Ese no es el objetivo. El plan Ibarretxe sólo busca más poder para el nacionalismo, más ventajas para quienes apoyen o se hagan nacionalistas.

Para ello, el nacionalismo busca su reunificación, la busca dando un salto hacia adelante, pretendiendo poner en crisis el modelo de país y a la ciudadanía vasca no nacionalista. Esta pretensión, cuya legitimidad es cuestionable entre otros motivos por la falta de libertad que sufrimos una parte muy numerosa de vascos, no ha de llevarnos a dudar sobre la fortaleza del sistema democrático que se establece a partir del modelo constitucional. Tampoco sobre la vigencia o actualidad del Estatuto de Autonomía.

En el País Vasco no está en crisis el constitucionalismo y el autonomismo, sino el nacionalismo. Bajo el señuelo de lo edificante que es el debate, como si éste fuera un fin en sí mismo, o bajo el pretexto del incumplimiento del cinco por ciento del Estatuto que falta por transferir, se esconden las ansias de poder del nacionalismo que sitúan en la coyuntura actual la última oportunidad en años de conseguir su hegemonía política. Esto justifica bien que los vascos que no somos nacionalistas afirmemos que no se nos ha perdido nada en este debate que nos propone el lehendakari, porque no es un debate ideado para toda la ciudadanía vasca, sino solamente para los que son nacionalistas.

Los vascos que no deseamos una Euskadi sin libertad; en permanente crisis institucional; con terrorismo, sectaria y cerrada a quienes no profesen un determinado credo, religión o ideología; aislada de nuestra historia; alejada de nuestras relaciones políticas contemporáneas e hipotecada en las futuras, ya tenemos modelo de país. El de la Constitución, el Estatuto y la LTH. El modelo del Concierto Económico. Ese modelo que nos permite disponer de más recursos que a nuestros conciudadanos de otros lugares de España. Ese modelo económico que permite disponer de la mayor acción social, la más eficiente y dotada sanidad, el más completo servicio educativo desde la infancia hasta la Universidad. Y todo ello en un sistema de plenas competencias. Un modelo que es patrimonio de todos los vascos y del que nadie puede adueñarse ni para manipularlo, ni para destruirlo. El modelo que permite la libertad, la tolerancia, la estabilidad política y la pluralidad, en Cataluña, en Galicia, en Andalucía, en Castilla La Mancha, en Castilla y León, y en todas las comunidades autónomas de uno de los países más descentralizados del mundo, llamado España.

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