AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 16 Noviembre  2003
Terminaron los extraterrestes
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 16 Noviembre 2003

Cuatro herederos... y Piqué
EDITORIAL Libertad Digital  16 Noviembre 2003

Cataluña elige al sucesor de Pujol
Editorial La Razón 16 Noviembre 2003

La cuenta, por favor
Nota del Editor 16 Noviembre 2003

JORDI PUJOL SE DESPIDE DE USTEDES
MIQUEL PORTA PERALES ABC 16 Noviembre 2003

EL ENIGMA CATALÁN
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 16 Noviembre 2003

LA AGENDA MÁS DIFÍCIL
José Antonio ZARZALEJOS ABC 16 Noviembre 2003

¿Qué se decide hoy en Cataluña
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 16 Noviembre 2003

Estado de excepción
Cartas al Director El Correo  16 Noviembre 2003

Redondo pide a la sociedad que exija «responsabilidades» al nacionalismo
La Razón 16 Noviembre 2003

«Nunca Máis» no ha dado ni un euro a los afectados
Rocío Ruiz - Madrid.- La Razón 16 Noviembre 2003

«Nos iría peor si no tuviéramos el total apoyo de los empresarios españoles»
J. J. CORCUERA VITORIA El Correo 16 Noviembre 2003

Terrorismo versus resistencia en Irak
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ JESÚS FERRERO El Correo 16 Noviembre 2003

Iturgaiz califica el plan Ibarrretxe de «gran timo» para los vascos
ABC 16 Noviembre 2003

Una administración hiperburocratizada
ABC 16 Noviembre 2003
 

Terminaron los extraterrestes
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 16 Noviembre 2003

Bueno, ya hoy votan los catalanes y mañana habrán desaparecido de los informativos y de los periódicos esos espacios en los que unos señores (y ninguna señora) salían para hablar de cosas que deben preocupar a los extraterrestres, pero que a los demás nos dejaban rascándonos la coronilla debajo de la boina.

En las campañas electorales, el que más y el que menos promete un número determinado de puestos de trabajo, una reducción de impuestos, la construcción de dos o tres obras significativas de infraestructuras, la regeneración del Parlamento y el proyecto de tener voz en Europa por el impulso que su partido va a darle a la cosa. Pues en Cataluña, no. En Cataluña hablan los extraterrestres. Se han pasado una campaña electoral en la que no se sabe si tienen que votar para el Parlamento catalán o al lituano.

Sus mensajes han consistido en demostrar cuán lejos puede situarse uno de España, porque en esta campaña no se podía decir «este país» dado que «este país», según todos los partidos, era Cataluña, no España.

No sabemos si tienen un proyecto educativo más allá de la clase de Lengua, y se supone que los niños también tendrán que saber otras materias. No sabemos si tienen un proyecto sanitario, y se supone que alguno caerá enfermo alguna vez. No sabemos si tienen recursos para dedicarlos a la investigación, ni cuál es su mejor idea para hacer frente a la avalancha de inmigración legal e ilegal, ni si se les ha ocurrido algo para enjugar el desorbitado déficit de su televisión pública. No sabemos nada.

Debe ser difícil ir así a votar. Al menos, poco serio. Estos políticos extraterrestres catalanes hacen de su vida un debate sobre el catalán y su diferencia con lo que ellos llaman el Estado.

Lo que quiere decir que no sabemos si la Generalidad tendrá buenos proyectos: sólo es imprescindible que estén redactados en catalán.

Cuatro herederos... y Piqué
EDITORIAL Libertad Digital  16 Noviembre 2003

Manuel Jiménez de Parga ha recordado recientemente que Cataluña era probablemente el lugar donde mejor recibido era el general Franco en los años finales de la dictadura. Y, paradójicamente, tras casi veinticinco años ininterrumpidos de gobiernos nacionalistas, la situación es la opuesta simétrica: tanto en Cataluña como en el País Vasco —donde, por cierto, tampoco era mal recibido el dictador—, el antifranquismo retrospectivo ha ocupado el lugar de las adhesiones inquebrantables de otros tiempos. Los nacionalistas, sobre todo los catalanes, han conseguido —paulatina y sutilmente, gracias al control absoluto que han ejercido sobre la administración autonómica, especialmente en lo que toca a la educación y a la inmersión lingüística— que una mayoría de catalanes identifique el antifranquismo y las libertades democráticas como patrimonio exclusivo de los postulados y políticas nacionalistas: un buen número de ellos —especialmente los menores de 30-40 años— están convencidos de que sólo una profundización en el ideario nacionalista podrá traer cotas más altas de libertad y de progreso a Cataluña.

Este es, precisamente, el núcleo de la herencia política de casi un cuarto de siglo de pujolismo. Un legado que ningún partido de los que concurren este domingo a las elecciones catalanas –salvo el PP– se cuestiona seriamente, si no es para intentar llevarlo un paso más adelante –como pretende Maragall con las reformas del Estatuto y de la Constitución, que apoyó expresamente Zapatero el jueves–, o a sus últimas consecuencias –la secesión de España–, como pretende Esquerra. Y quizá lo más grave es que un virtual empate a escaños entre PSC y CiU, como parece previsible, daría a Carod Rovira, el heredero más radical —de declara más nacionalista que Mas y más de izquierdas que Maragall—, la llave del primer gobierno sin Pujol en el Palau de la Generalitat.

De un gobierno CiU-Esquerra sólo cabe esperar una ulterior radicalización del discurso nacionalista de Mas. Menudearían ocurrencias de mucho mayor calado que la de la selección de futbol andorrano-catalana, que podrían acabar produciendo alguna fórmula homologable al plan Ibarretxe. Si quienes finalmente llegan al Palau son PSC-ERC —con el probable apoyo de la IC de Joan Saura, que podría aportar sus escaños para completar una mayoría de izquierda—, lo menos que puede suceder es una reedición del pacte de progrés, que en la anterior legislatura autonómica consiguió apear a Baleares de los puestos de cabeza en cuanto a turismo, empleo y creación de riqueza. Con el agravante de que, si el PSOE gana en las Generales, Maragall pasaría al cobro las letras que Zapatero no ha dejado de firmarle desde que fue investido secretario general del partido hasta prácticamente el último día de la campaña catalana: nuevo Estatuto para Cataluña y reforma "urgente" de la Constitución para convertir al Senado en una cámara de veto autonómico.

Veinticinco años de nacionalismo han producido sus frutos. Y la prueba está en que cuatro de las cinco principales fuerzas políticas catalanas, herederas directas o indirectas del pujolismo, contemplan en sus programas alteraciones substanciales del marco jurídico e institucional que delimitan la Constitución y el Estatuto, así como la profundización o el mantenimiento de la persecución del castellano como idioma oficial. Sólo una espectacular subida del PP, unida a unos resultados de CiU algo mejores de lo que indican las encuestas, podría frenar momentáneamente una deriva desestabilizadora y empobrecedora —las últimas cifras de inversión extranjera en el País Vasco son un ejemplo revelador— para Cataluña y para España. Por ello, Piqué ha intentado movilizar para este domingo a los ciudadanos catalanes que suelen abstenerse o votar a CiU en las Autonómicas, pero que en las Generales votan al PP. La diferencia entre una convocatoria y otra es de casi 500.000 votos.

La cuestión nacional y la estabilidad institucional de los próximos cuatro años dependerán, en buena medida, de que Piqué consiga contabilizar al menos una parte de esos votos. Pues no deja de ser revelador que los dos principales líderes de los nacionalismos disgregadores en España hayan decidido retirarse al mismo tiempo. Pujol y Arzalluz, desde la óptica nacionalista, ya han cumplido su misión: reunir a sus pueblos, completar la "travesía del desierto" y llevarlos a la "tierra prometida". Y no faltan, por desgracia, entre los vascos y los catalanes, los josués que con trompeterías leguleyas quieren derribar los muros que guardan las libertades y la convivencia pacífica.

Cataluña elige al sucesor de Pujol
Editorial La Razón 16 Noviembre 2003

Más de cinco millones de catalanes están llamados hoy a las urnas para elegir un parlamento del que saldrá el sucesor de Jordi Pujol al frente de la Presidencia de la Generalitat. Con el 16-N concluyen, pues, 23 años de pujolismo que, con sus luces y sombras, ha centralizado la vida política e institucional de Cataluña desde la Transición. Todas las encuestas preelectorales parecen indicar que ninguna de las dos principales formaciones en liza tendrán una mayoría suficiente para gobernar en solitario. Desde 1995, el PP ha sido capaz de conjugar una labor de oposición constructiva con la necesidad de garantizar la estabilidad de los gobiernos de Convergencia i Unió que se encontraban en minoría. Las diferentes encuestas han señalado que una formación independentista y radical como ERC podría ser ahora la clave de la gobernabilidad. En ambos casos, ya sea con CiU o con el PSC, puesto que la formación republicana ha mantenido una bien calculada ambigüedad durante toda la campaña con respecto a sus intenciones y posibles pactos de gobierno, la Generalitat se convertiría en un instrumento al servicio del modelo que encabeza Carod-Rovira.

No es casual que el lendakari Juan José Ibarreche expresara el viernes el deseo de que se forme una mayoría nacionalista entre CiU y ERC, para así contar con una nueva pieza en un frente que intenta cambiar la estructura constitucional de España en favor de unos proyectos soberanistas claramente expresados. Por estas razones, las elecciones que celebra hoy Cataluña son tan importantes. Un resultado del PP que no le permita ser decisivo, puesto que los sondeos descartan igualmente la posibilidad de una mayoría entre los socialistas del PSC e Iniciativa por Cataluña, abriría el paso a un gobierno de esa izquierda variopinta que propugna Maragall o a uno nacionalista radical encabezado por Mas. En ambos casos, los independentistas de ERC serían la pieza fundamental. ¿Esto es lo que quiere y necesita Cataluña? No parece que la inestabilidad institucional que se derivaría de una nueva confrontación con el Gobierno de la nación sea algo positivo para nadie.
Piqué ha centrado su campaña en realizar propuestas, mostrar que el Partido Popular también tiene vocación de gobierno en Cataluña y advertir de los riesgos que se avecinan si las urnas convierten por fin a ERC en el árbitro de la gobernabilidad. En unas elecciones tan importantes lo fundamental es que los catalanes no se queden en sus casas y vayan a votar.

Por ello, Piqué instó a los 800.000 ciudadanos de Cataluña que le dieron sus votos al PP en las pasadas elecciones generales que renueven hoy su apuesta por una formación que defiende la estabilidad, la Constitución y el Estatuto de Autonomía. Los instrumentos que han sido la base del desarrollo económico y social de Cataluña durante estos años y, por ende, del resto de España.

La cuenta, por favor
Nota del Editor 16 Noviembre 2003

Antes de que salgan los resultados de las elecciones en Cataluña, me gustaría aventurar el resultado referido al PP.

El gobierno de Aznar, Aznar en su primera fase, da la impresión de que tuvo que negociar a la baja con los nacionalistas catalanes y como consecuencia, abandonó Cataluña, y de paso a todos sus hispanohablantes.

Así que la postura lógica de los votantes hispanohablantes, pidiendo la cuenta, será mantenerse en la abstención, con objeto de que al abrirse un nuevo frente contra España, el gobierno se vea obligado a tomar medidas de una vez por todas, haciendo cumplir la Constitución Española..

El ciudadano hispanohablante, ciudadano de segunda clase en Cataluña, Baleares, Valencia, Galicia y Vascongadas, tiene que estar muy desesperado para conceder su voto a Piqué o al PP nacionalista que incumpliendo la Constitución Española permite que las "lenguas propias" sigan causando estragos.

JORDI PUJOL SE DESPIDE DE USTEDES
por MIQUEL PORTA PERALES. Crítico literario y ensayista ABC 16 Noviembre 2003

TRAS 23 años como President de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol se despide de ustedes. Y en la hora del adiós -como mandan los cánones- hay que hacer balance de una ideología y una obra que han marcado la vida de los catalanes durante casi -¡poca broma!- un cuarto de siglo. Sostengo que el pensar y el hacer de Jordi Pujol admiten el calificativo de sincréticos. Sincretismo que concilia hábilmente cuatro elementos: esencialismo, organicismo, nacionalismo político y pragmatismo.

El esencialismo se percibe en ideas como las siguientes: «nosotros somos un pueblo que tiene mil años de historia, que tiene una lengua, una cultura, una voluntad de ser, una conciencia colectiva... una tierra que es nuestra tierra, una lengua que es nuestra lengua, unas tradiciones, unas costumbres, una manera de ser, una voluntad de ser, una nacionalidad, un sentido nacional». Este esencialismo se completa con un organicismo que atribuye a Cataluña un «ser» y un «espíritu». Pujol habla de «la voluntad de ser lo que somos», de «sumergirnos en la profundidad de nuestro ser», de una «Cataluña que tiene un espíritu propio que la mantiene y la hace avanzar, que le da calidad y le permite proveer una definida manera de ser a sus hombres... si este espíritu se pierde, el pueblo deja de ser pueblo y se convierte en grupo, en rebaño, en algo amorfo e inoperante». Como se aprecia, para Pujol -en sintonía con el romanticismo herderiano-, Cataluña es una realidad nacional esencial dotada de una identidad propia constituida sobre una lengua, una cultura, una historia, una tradición, una manera de ser, etc., propias. En este sentido, el pujolismo -el nacionalismo catalán- brinda un buen ejemplo, usando las palabras de Eric Hobsbawm, del «ejercicio de ingeniería social deliberado» propio de todo nacionalismo que inventa a la carta su nación correspondiente. Lo peculiar del pujolismo consiste en que dicha afirmación heráldica, obsesionada por el mito del origen que se proyecta en el futuro regenerando el Volk, se complementa con la reivindicación política del viejo principio -renovado- de las nacionalidades del siglo XIX según el cual a una nación le corresponde, si no un Estado, sí un alto índice de autonomía/ autogobierno/ soberanía política.

El detalle que no puede obviarse y que resulta clave para entender la sustancia de la doctrina pujolista: la autonomía/ autogobierno/ soberanía política se deriva del «ser nacional» de Cataluña. Es decir, Cataluña tiene derecho al autogobierno en virtud de su identidad nacional diferenciada. Traducción práctica, Cataluña -como afirmó Pujol el 28 de julio de 2002 en la Escuela de Verano de las Joventuts Nacionalistes de Catalunya, rama juvenil e independentista de Convergència Democràtica de Catalunya- «no puede ser tratada como Cuenca». ¿Por qué? Pues, porque Cataluña es una nación y Cuenca no lo es. Y donde se dice Cuenca, se podría haber dicho Castilla-La Mancha, La Rioja, Extremadura, etc. De hecho, ciñéndonos a España (al Estado español, como dicen Pujol y el nacionalismo catalán), sólo Cataluña, el País Vasco y Galicia tienen, desde la óptica pujolista, derecho a una autonomía/ autogobierno/ soberanía de peso por ser naciones. Y de esa idea heráldica subyacente en el seno de la doctrina pujolista, de ese nacionalismo identitario que se encuentra en la raíz del pujolismo, surgen las críticas al llamado «café para todos» que implica el Estado de las Autonomías.

Hablemos, por último, del cuarto elemento definitorio del pensar y el hacer de Jordi Pujol: el pragmatismo. Jordi Pujol, a pesar de comulgar con una visión esencialista y organicista de Cataluña, no pierde el mundo de vista. O lo que es lo mismo, sabe que se ha de entender con el Estado y que los ciudadanos piden algo más que emociones nacionalistas. Sí, se puede afirmar que Cataluña no tiene «el grado de soberanía ni de poder que el pleno desarrollo de la nación catalana exige», se puede declarar «que los individuos, los pueblos, en defensa de sus derechos individuales o colectivos, pueden autodeterminarse siempre que convenga», se puede hablar de que «Cataluña, como Lituania o Eslovenia, es una nación y tenemos por tanto los mismos derechos»; todo eso, sí, se puede decir, pero a la hora de la verdad se impone un doble pragmatismo: político y económico-social. El pragmatismo político: «es a partir de nuestra reflexión profundamente catalana que pensamos nuestra forma de ser españoles, que es tan válida como otra cualquiera y que, en realidad, puede y debe servir para el enriquecimiento mutuo... Cataluña no se va a separar de España... Cataluña no pretende la secesión... España es una unidad a la que pertenece Cataluña... el problema de Cataluña se resolverá en España». El pragmatismo económico-social: hay que llevar a cabo la «modernización del país... que Cataluña mantenga e incremente su peso económico, su nivel de renta, su espíritu de iniciativa, su capacidad de ofrecer posibilidades de promoción a toda su gente... crear centros de transferencia de tecnología, laboratorios de ensayo y homologación».

Tras 23 años como President de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol se despide de ustedes. Y lo hace con un expediente -explicable en función del sincretismo referido- que refleja el «haber» y el «debe» de un hombre de pensamiento y acción cargado de aristas, de luces y sombras. El «haber» nos habla de un gobernante que tiene una concepción de la política basada en la correlación de fuerzas y el pacto posibilista entre adversarios que nunca deben romper la baraja, de un político que ha contribuido a la estabilidad de España y a la convivencia de los ciudadanos de Cataluña, de un gestor dotado de un sentido práctico de la política que ha impulsado el desarrollo económico de España y Cataluña. El «debe» nos muestra la obstinación de un ideólogo nacionalista de corte dieciochesco que no está predispuesto a aceptar que se puede ser catalán de muchas y muy diversas maneras, que entiende Cataluña como una totalidad con un destino que realizar, que se atribuye el papel de fiel intérprete y representante de los intereses de Cataluña, que tilda de anticatalana cualquier concepción del «país» distinta de la suya, que favorece los signos de identidad catalana en detrimento de los españoles, que ha sido incapaz de entrar en el Gobierno de España por falta de coraje político o miedo a ser llamado españolista.

 Y punto y seguido, porque en el «debe» de Jordi Pujol se encuentra la construcción de un régimen político de reglas no escritas en el que se ha excluido a buena parte de la ciudadanía: ¿sabían ustedes que sólo el 5 por ciento de los consejeros de los sucesivos gobiernos de Pujol han nacido en comunidades de habla no catalana? ¿Sabían ustedes que sólo el 10 por ciento de los diputados que el parlamento catalán ha tenido desde 1980 han nacido en comunidades de habla no catalana? ¿Sabían ustedes que ningún diputado usa regularmente el castellano -la lengua de la mitad de los catalanes- en el Parlament? A riesgo de ser considerado lerrouxista -el peor insulto en la Cataluña virtual diseñada por el nacionalismo-, hay que concluir que si es cierto que la integración social es una realidad en Cataluña, no ocurre lo mismo con la integración e igualdad de oportunidades políticas. Paradójicamente, Jordi Pujol ha engrandecido y empequeñecido a Cataluña. En la hora de la despedida no está de más recordarlo.

EL ENIGMA CATALÁN
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 16 Noviembre 2003

Según admiten los expertos en demoscopia, las elecciones catalanas de hoy son las más confusas, intrincadas, y difíciles de pronosticar, que se conocen por estos pagos desde que empezó la democracia. Puede salir, literalmente, cualquier cosa. Y lo que salga, tendrá repercusiones inmensas sobre el equilibrio nacional. Asistimos por tanto a una manifestación, en el plano político, de esos procesos, esos inauditos remolinos, con que, en algunas películas populares, se ilustra la teoría del caos: el aleteo de una mariposa en las fauces del Nilo puede provocar un maremoto devastador en la costa del Perú.

Hagamos, primero, un balance de la inestabilidad catalana, y de sus causas inmediatas y no tan inmediatas. La figura dominante es Pujol, o mejor, el hueco gigantesco que ha dejado al irse. Aunque fue Tarradellas quien mantuvo viva la antorcha del autogobierno catalán durante el largo invierno franquista, y el que presidió su reinstalación al volver la democracia, la autonomía de Cataluña, en términos materiales, es obra de Pujol. Pujol representa para Cataluña -tras la oportuna reducción de escala-, lo que Solón para Atenas o Licurgo para Esparta. Su egreso supone, en consecuencia, algo que se aproxima mucho a un cambio de régimen. De ahí la agitación, el desconcierto, la barahúnda. Con dos factores agravantes.

El primero, es la transformación experimentada por CiU tras un cuarto de siglo de permanencia en el poder. Esto no ocurre impunemente. CiU, cristalización política del nacionalismo burgués, se ha convertido también, con el paso del tiempo, en un enorme sindicato de intereses. Una porción considerable de los cuadros directivos tiene sólo una fuente de ingresos: la política. Complementariamente, la sociedad civil se ha adaptado a la anatomía convergente. Quien pudiera echar un vistazo transversal a las agendas de los empresarios, comprendería a la perfección lo que quiero decir. La consecuencia práctica, es que CiU, fuera del poder, sería una rueda dando vueltas en el vacío.

Segundo factor: carácter compuesto del partido. CiU es una coalición electoral transmutada en partido de gobierno. Esto implica un liderazgo bífido. Por tanto, confuso. Por lo mismo, frágil. El poder agavilló las espigas. En la oposición, las espigas podrían desparramarse. Sumando los dos factores, nos encontramos con que CiU necesita, desesperadamente, continuar en el puente de mando. A cualquier precio, a lomos de cualquier combinación.

No es menos apurada la coyuntura para Maragall. Éste rozó la victoria en las autonómicas anteriores. Luego, ha empezado a pasársele el arroz. Las encuestas anticipan, con contundencia absoluta, que perderá escaños. Como los va a perder también CiU, la pelota sigue en el alero: será primero el que menos pierda. Maragall sabe que si no toca gobierno, será inminente el momento ingrato de la jubilación. De nuevo, cualquier combinación es para él mejor que ser oposición.

Ninguna de las dos formaciones se halla, por consiguiente, en grado de determinar cuál será su socio, o el precio que tuviera que pagar por allegárselo. Lo último nos aboca al gran fenómeno emergente: Esquerra. Esquerra, un partido volátil, lábil, y radicalmente nacionalista, aunque poco contaminado por la usura del poder, y por lo mismo, beneficiario de los que desean un cambio, podría ser el que se encontrara en situación de decidir con quién completa mayoría. Si la aritmética lo permite, claro. La combinación con más probabilidades es un conglomerado PSC/Esquerra/ Iniciativa. Otra alternativa posible, es CiU/Esquerra. No es lo que CiU prefiere, porque unirse a Esquerra es lo mismo que deslizarse por una pista engrasada. Probablemente, CiU preferiría renovar su pacto con el PP. Como lo último está excluido por el fuerte descenso que se pronostica para CiU, la cosa se queda en un desiderátum. Y aquí no se elige; aquí se va a hacer lo que se pueda. Hasta tal punto, que no es descartable siquiera una coalición CiU/ PSC. Se trataría de una coalición más bien escandalosa. Pero, como he dicho, nadie va a poder elegir. Salvo, acaso, Esquerra.

Ninguno de los horizontes enumerados es tranquilizador. Con el plan Ibarreche en marcha, cabría añadir incluso que por todos los horizontes asoma la borrasca. El conglomerado PSC/Esquerra/Iniciativa acentuaría terriblemente el sesgo confederal del PSOE. Es más, garantizaría casi su derrota severa en las legislativas. Pero Zapatero tampoco es libre. Primero, porque necesita victorias rápidas. Segundo, porque está en deuda con Maragall, que fue determinante en su aupamiento a la secretaría del partido. Una coalición CiU/Esquerra provocaría una sinergia inevitable con la ofensiva nacionalista en el País Vasco. El país entraría en ebullición. La derrota del PSC se interpretaría como un anticipo de una derrota ulterior en marzo. Y Zapatero entraría en un eclipse augural, cuando menos. Pero, con Maragall fuera de juego, el partido tendría las manos más libres. Sería el gran momento de Bono, interlocutor natural del PP si los socialistas, luego de una nueva catarsis, deciden reconstruirse una vez atravesado el equinoccio de primavera. Un acuerdo CiU/PSC sería malo para Cataluña y alojaría, para el conjunto del país, peligros comparables al que encierra el rosario PSC/Esquerra/Iniciativa. Pero no nos engañemos. Nadie va a optar por lo mejor. Sólo por lo posible.

LA AGENDA MÁS DIFÍCIL
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 16 Noviembre 2003

Cuando esta noche se conozcan los resultados de las elecciones autonómicas en Cataluña, el país entrará de lleno en la franja más difícil y delicada de la actual legislatura. Debería suceder exactamente lo contrario, pero la dinámica de los acontecimientos en España produce estas situaciones paradójicas. Gane el PSC de Maragall o la CiU de Artur Mas, lo harán sin margen para construir con cierta rapidez un ejecutivo que no sea tributario de las expectativas de los próximos comicios generales en marzo. El arsenal argumental que ofrecerán a unos y otros los resultados catalanes va a ser letal y se acumulará al polvorín del País Vasco que, con el recurso del Gobierno ante el Tribunal Constitucional -del todo apropiado y debido-, presenta riesgos de implosión en la Comunidad Autónoma Vasca y de explosión en el conjunto nacional, con serias derivaciones en la Unión Europea. Dos frentes exteriores se ofrecen también extremadamente complejos: la política española en Irak y las negociaciones finales del texto de la Constitución europea, que, en principio, deberían estar concluidas antes de final de año. El dato anestésico en este panorama tan quebrantado por inquietudes lo proporciona la situación económica: la inflación parece controlada; el crecimiento, consolidado; las perspectivas de reactivación en Alemania, Francia, Italia y Estados Unidos, ciertas; los tipos de interés, sostenidos, lo que evitará «burbujas»; una ejecución modélica del Plan de Infraestructuras conducida por el ministro de Fomento y cuyos objetivos anticíclicos se difieren hasta 2007, y, por fin, el candidato del PP, Mariano Rajoy, ha aclarado sus intenciones programáticas en el ámbito fiscal, laboral y macroeconómico.

La dificultad de la agenda política y social de España no se deduce sólo de la complejidad de retos como el del nacionalismo vasco, el futuro autonómico de Cataluña o las citas internacionales. Se infiere también de incógnitas añadidas. Por una parte, el relevo político de José María Aznar que ha coincidido con los de Xabier Arzalluz en el PNV y de Jordi Pujol en CiU; y, por otra, el carácter inédito de algunos de los problemas que se plantean. Nunca, salvo un episodio de rebelión como el catalán en 1931, España ha registrado un designio secesionista como el que dirige Ibarretxe. De ahí que quepan dudas acerca de la versatilidad del sistema para encarar una emergencia de esa naturaleza, quizá no prevista por los constituyentes en 1978 que, al actuar de buena fe y con un sentido histórico de generosidad y conciliación, malamente pudieron prever una traición democrática del porte de la que protagonizan el PNV y EA. Es de advertir severamente que si el nacionalismo vasco no aquilata sus sucesivas decisiones, asumirá todas y cada una de las responsabilidades de lo que pudiera ocurrir. Si pretenden la reforma del Estatuto y, en su caso de la Constitución, ahí está el procedimiento para intentarlo sin reventar, como ellos hacen, las costuras del sistema. A esas pautas formales se atendrán los catalanes del PSC y de CiU si, como parece, persisten en una reforma estatutaria, iniciativa a la que se han encadenado durante la campaña electoral con demasiada ligereza.

La Unión Europea, por si fuera poco lo anterior, registra una sísmica de alta gradación. No se sabe ahora si el texto definitivo de la Constitución hará argamasa o diluirá, pero es seguro que el eje franco-alemán está en una actitud reactiva y más dispuesto que nunca a buscarse la vida por su cuenta y riesgo al amparo de la crisis de relaciones con los Estados Unidos y del fallido remate del conflicto bélico en Irak. Estamos también a un año justo de las elecciones presidenciales en EE.UU. y Bush habrá de tomar decisiones con baremos diferentes a los actuales, lo que hace más impredecible el escenario mundial.

La boda del Príncipe de Asturias y doña Letizia, allá en junio, a finales, cuando estemos repuestos de la resaca de las elecciones europeas y tras haber superado las catalanes, las generales y las andaluzas, marcará el final de un curso durante el que habrá que conjugar de manera constante el verbo resistir.

¿Qué se decide hoy en Cataluña?
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 16 Noviembre 2003

AUNQUE la pregunta pueda sonarles algo rara, pronto verán que no lo es. Algo rara, sí, pues en Cataluña se decide, obviamente, lo que en todos los comicios: quién los gana y quién los pierde y, a partir de ahí, quién podrá formar una mayoría capaz de sostener a un gobierno con posibilidades de sacar adelante su programa. Desde esta perspectiva la cosa no ofrece muchas dudas, y preguntarse por lo que hoy decidirán los catalanes podría parecer, en efecto, una simpleza.

Pero no se dejen engañar por lo evidente... o por lo que puede parecerlo. En Cataluña se deciden hoy muchas más cosas que las que están directamente sometidas a consulta de su cuerpo electoral. La primera y principal, la de cuál será el futuro de la autonomía catalana. Es decir, la de cuál será el futuro de las relaciones entre Cataluña y el Estado en que se inserta. Es cierto que todos los partidos que compiten, salvo el PP, hablan de modificar el Estatuto, pero lo es también que esas propuestas de reforma van desde el federalismo opaco de Maragall, hasta el independentismo transparente de Esquerra Republicana, pasando por el soberanismo encapotado de Artur Mas.

Estando como están las cosas en Euskadi y pudiendo ponerse como es posible que lleguen a ponerse, no parece cosa irrelevante que en Cataluña se abra o no un segundo frente de aguda conflictividad territorial, por más democrática y pacífica que aquélla pueda ser. Así las cosas, es fácil suponer que la suma del independentismo transparente de la Esquerra y del soberanismo encapotado convergente suponga un riesgo potencial para la estabilidad constitucional de mucha mayor envergadura que una suma entre el independentismo transparente y el federalismo opaco (o confuso) que representa el PSC. Y eso se decide, entre otras cosas, hoy en Cataluña.

Como se deciden también, en gran medida, las posibilidades inmediatas de futuro del PSOE y de su líder. Una victoria de Maragall animaría a los socialistas y contribuiría a sacarlos de esa modorra melancólica en que se instalaron tras la traición de Bonnie and Clyde . Pero esa misma victoria, que sólo daría el gobierno de la Generalidad al PSC tras un pacto con Esquerra (y puede que, incluso, con IU) podría acabar siendo, sin embargo, una losa insoportable para el futuro electoral de Zapatero. ¿Se imaginan al PP haciendo campaña en la primavera del año 2004 con el lema de que el PSC gobierna con quienes defienden una Cataluña independiente? El acabose.

Sí, señor: no cabe duda. Hoy, igual que siempre, unos ganarán y otros perderán. Pero, pase lo que pase, todos los españoles nos veremos afectados por el resultado catalán. ¡Y cómo!

Estado de excepción
José Mari López/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo  16 Noviembre 2003

El señor Arzalluz catalogó recientemente la situación que vivimos en el País Vasco como «estado de excepción». Definición de esta última palabra según el diccionario: «cosa que se aparta de la regla o condición general de las demás de su especie». Por una vez, estoy de acuerdo con el señor Arzalluz. Lo que pasa en este pa-raíso montado por los nacionalistas es algo único y que se aparta de las condiciones en las que vive el resto de Occidente. 50.000 amenazados, entre ellos, todos los responsables de partidos no na-cionalistas, que han de ir con es-colta. 200.000 empresarios, jueces, profesores o periodistas exiliados. La inversión extranjera huye de aquí, porque al dinero no le gustan los experimentos). Las grandes empresas, decididas a emigrar si esto sigue así. Los niños que vienen de otras partes de España, calificados de inmigrantes. Y entretanto, el Gobierno vasco hace guiños, concesiones y le baila el agua al brazo político -ilegalizado, por cierto- de los mafiosos. En efecto, señor Arzalluz, estamos en un estado de excepción. Lo que ocurre aquí no pasa en ningún otro país del entorno.

Redondo pide a la sociedad que exija «responsabilidades» al nacionalismo
La Razón 16 Noviembre 2003

El ex secretario general del PSE-EE Nicolás Redondo Terreros apostó ayer por impulsar el «protagonismo» de la sociedad civil, de manera que los ciudadanos exijan al nacionalismo vasco «todas sus responsabilidades». A su entender, es necesario «quitar el miedo a ETA, al nacionalismo y a la libertad». Redondo fue presentado en el mediodía de ayer como coordinador de la Conferencia «Cambiar para la Libertad», organizada por la Fundación por la Libertad, que se celebrará el día 5 de diciembre con el objetivo de canalizar el «sentimiento social» y ayudar a los partidos políticos a «cambiar de gobierno pacífica y democráticamente». Durante su intervención censuró que los nacionalistas no han logrado cumplir «los dos mandatos que les dimos»: la lucha contra ETA y la «pacificación» de las relaciones con el resto del Estado. En su opinión, la lucha contra ETA «está mejor que nunca», pero «no por lo que hace el PNV», sino gracias a la iniciativa del Estado de Derecho que «está logrando arrinconar a la banda terrorista».

En referencia al Plan Ibarreche, reiteró que «nos divide, empobrece, y margina a parte de la sociedad vasca» y puede convertir a Euskadi en «una Albania del siglo XXI». «No podemos soportar que no existan consensos para solucionar los problemas de la propia sociedad». Por todo ello, explicó que la conferencia está abierta a los «no nacionalistas, constitucionalistas y autonomistas» para que les exija «responsabilidades» porque, según indicó, «queremos que sirva para quitar el miedo a ETA, al nacionalismo, a la libertad». Desde esta Conferencia, la Fundación para la Libertad pretende asimimo reivindicar el Estatuto de Gernika y la Constitución porque «nos garantizan la libertad y la convivencia pacífica».

Asimismo, Nicolás Redondo anunció que se ha puesto en contacto tanto con PP como PSOE para expresarles su deseo de «encontrar un marco amable de convivencia».

Por otro lado, el secretario de la Fundación Ignacio Martínez de Churiaque explicó que desde que el pasado lunes se presentara esta iniciativa en Vitoria, tanto su sede como su página web han recibido numerosa adhesiones. Las respuestas obtenidas provienen tanto del País Vasco, como del resto del Estado y «países europeos y del resto del mundo civilizado».

«Nunca Máis» no ha dado ni un euro a los afectados
Los pescadores perjudicados por el «Prestige» han recibido 2,9 millones de euros en donaciones, pero ni un sólo céntimo de la plataforma patrocinada por el BNG
Más de 3.000 marisqueros homenajearon ayer a los voluntarios
Los pescadores gallegos afectados por la tragedia del «Prestige» han recibido desde que se produjo la marea negra 2,9 millones de euros en donativos, según anunció ayer la Comisión de Cofradías en una asamblea en Santiago de Compostela. De esa cifra, ni un sólo céntimo lo ha aportado la plataforma «Nunca Máis», tal y como reconoció el gerente Juan López. Los donativos proceden de particulares y empresas. Tras un año de la catástrofe, ha quedado ya demostrado que las aportaciones que en su día solicitó, en nombre de los pescadores afectados, la plataforma patrocinada por el BNG eran para costear manifestaciones y protestas contra el Gobierno tal y como los responsables de «Nunca Máis» reconocieron tras las denuncias de LA RAZÓN.
Rocío Ruiz - Madrid.- La Razón 16 Noviembre 2003

Un año después de la tragedia del «Prestige», los pescadores han hecho balance de lo que han recibido hasta ahora en donaciones: En total 2,9 millones de euros. La mayor cuantía la ingresaron en los meses inmediatos a la catástrofe ecológica (2,1 millones de euros) y sólo 786.200 durante este año.

Juan López, gerente de la Comisión de Cofradías que engloba a 58 agrupaciones de pescadores de Cantabria y Galicia fue el encargado de hacer público ayer el monto total de los donativos recibidos en una multitudinaria asamblea que reunió a cerca de 3.000 marineros en Santiago de Compostela.

López confirmó a LA RAZÓN que la plataforma ciudadana «Nunca Máis», «no ha reintegrado ni un euro» a los más de 15.000 pescadores perjudicados por la tragedia ecológica, a pesar de que, cuando se constituyó, reclamó ayudas para los afectados.

Tal y como denunció este periódico, en enero de 2003, los pescadores no habían recibido, a los dos meses de la catástrofe, ingreso alguno de los donativos recolectados por la plataforma, en nombre de los afectados por la marea negra y con el objetivo público de «paliar los efectos de la tragedia». Algunas de las cofradías llegaron a quejarse de que «algunas personas se estaban llenando los bolsillos y haciendo campaña política» con la tragedia.

«Nunca Máis» se vio forzada entonces a dar explicaciones de sus cuentas tras recibir mensajes amenazantes y otros de donantes que exigían a la plataforma que les devolviese su dinero porque creían que iba destinado a «paliar los efectos de la tragedia». «Nunca Máis» tuvo que detallar sus ingresos. Hasta el 9 de enero de 2003 había logrado recaudar 85.900 euros a través de donativos o ingresos en la cuenta bancaria habilitada al efecto en Caixa Galicia. También especificó que se había gastado casi 90.000 euros en en banderolas de protesta y actos reivindicativos.

El balance de cuentas de los pescadores confirma un año después de la catástrofe que la plataforma ciudadana no ha hecho ninguna aportación a los pescadores afectados.

El gerente de la Comisión de Cofradías, Juan López, explicó ayer que la mayor parte de los donativos han sido de pequeñas empresas, algunas de ellas extranjeras, y de personas particulares sensibilizadas con la causa. También han recibido aportaciones importantes de entidades financieras y de empresas de grandes dimensiones. Sin embargo, apreció un «parón» en los ingresos a raíz de la creación de la Fundación Arao, a los tres meses de la tragedia, «formada por personas adheridas a la Administración», explicó López, quien tiene claro que tras la polémica «Nunca Máis» no les iba a dar nada «porque no era su objetivo».

No obstante, los donativos recibidos no irán directamente a parar a los pescadores, que cobran 41 euros diarios en concepto de ayudas de la Administración. De lo recaudado, 1,9 millones de euros se han destinado a los gastos de funcionamiento de las cofradías «para corregir el impacto de la marea negra» y el resto se ha empleado en planes de recuperación del entorno.

La Comisión de Cofrarías afectadas por el «Prestige» clausuró ayer en Santiago sus jornadas «O Mar de cofrarías», coincidiendo con el primer aniversario del accidente del petrolero, en un acto que se convirtió en un homenaje a los voluntarios que durante todo este año participaron en los las tareas de limpieza de la costa gallega. El acto, al que acudieron casi 3.000 personas, dio comienzo con la celebración de una asamblea general de afectados en la que se leyó un informe de la gestión y se analizaron las perspectivas de futuro.
En la asamblea se anunció la creación de la fundación Océano Vivo, que buscará financiación para llevar adelante las ideas que puedan surgir en la Comisión de cofradías. Asimismo se busca que la fundación lidere programas a 3 o 4 años vista con un presupuesto estimado de 1 o 2 millones de euros, informa Ep.

Premios al voluntariado
Asimismo, se hizo entrega de nueve «premios» a personas o comunidades autónomas cuya labor destacó en el esfuerzo realizado para intentar recuperar las costas gallegas. Entre ellas, La Rioja, Valencia, Madrid, País Vasco, Castilla y León y Andalucía. A título individual, la Comisión de Cofradías quiso premiar al lituano Antanas, un voluntario que llegó a Muxía pocos días después de la catástrofe, y que se quedó trabajando hasta que se lo permitió una grave enfermedad. También se premió a Josep Figueres, creador de Voluntarios Sin Fronteras.

De las 330.000 acciones registradas, sólo Carnota, por ejemplo, acogió a 70.000 voluntarios y Muxía a 57.000.
La Coordinadora de Cofradías y la Comisión de Cofradías, decidieron ayer hacer las paces por un día y no alimentar la polémica sobre sus diferencias en cuantro al cobro de las indemnizaciones del Gobierno, cuyo cobro les obliga a no pleitear si la marea negra continúa.

JOSÉ MANUEL FARTO, SECRETARIO GENERAL DE EMPRESARIOS ALAVESES-SEA
«Nos iría peor si no tuviéramos el total apoyo de los empresarios españoles»
Pide a Ibarretxe que busque el consenso con España y explique «con argumentos» los beneficios de su plan «No se invierte ante el riesgo de estar fuera de la UE»
J. J. CORCUERA/VITORIA El Correo 16 Noviembre 2003

Como buen estratega, se preocupa más por el mañana que por el presente. Es quizá por esta deformación profesional -es economista especializado en planificación- que José Manuel Farto otea con mayor preocupación los efectos negativos que la incertidumbre política provoca ya y amenaza con producir en la economía vasca. El secretario general de la patronal alavesa SEA -la hermana menor de Confebask- advierte de que la «inestabilidad y la conflictividad» pueden ser asumibles en política, pero no por el tejido empresarial. Pide a los políticos nacionalistas una «tremenda prudencia en sus declaraciones sobre España» y sostiene que el mercado vasco iría peor «si no tuviéramos el total respaldo de los empresarios españoles».

-¿Cómo explica ese desplome del 82% de las inversiones extranjeras en Euskadi en el primer semestre del año?
-El dato llama la atención porque se produce cuando empiezan a verse pequeños síntomas de recuperación económica. Además, si aquí ha bajado un 82%, la media en España ha subido un 22%. Es un diferencial enorme. Hay varios factores determinantes y el principal es de carácter económico: conflictividad, pérdida de competitividad y altos costes laborales. Pero tampoco podemos negar que el cuestionamiento del marco jurídico político genera incertidumbre. Ante el riesgo de no estar en la UE, empresas y multinacionales extranjeras se cuestionan sus inversiones.

-¿Qué variables influyen para que el 'riesgo país' sea cada vez más negativo en el País Vasco?
-Tenemos un fenómeno terrorista que se arrastra desde hace muchos años; un cuestionamiento importante del marco jurídico y una conflictividad sindical un tanto desbocada. También pueden influir otros valores económicos.

-¿Qué comportamiento tienen las empresas ya instaladas en Euskadi?
-Están reteniendo excesivamente sus apuestas de futuro, sus inversiones.

-Mercedes Benz, compañía puntera en Vitoria, ya ha amagado con trasladar su planta a Alemania si persiste la conflictividad laboral.
-Va a ser un banco de pruebas. Muchas empresas quisieran tener el marco de relaciones laborales de Mercedes Benz. Trabaja con el concepto de la flexibilidad de la producción, que es la única forma de conseguir incrementos de productividad y adaptarse a las necesidades del cliente. Vamos a ver que decisiones toma y si en el futuro continúa invirtiendo aquí. Si eso no ocurre, que no tengamos memoria frágil, por favor. Los que ahora nos acusan de ser alarmistas, que nos recuerden. Y los que dicen que no pasa nada, cosa muy frecuente en política, que no se conformen con un 'me he equivocado'. Que asuman su responsabilidad.

La incógnita de la UE
-¿Qué ocurriría en Euskadi si el puñado de grandes empresas que nutren las arcas forales decide ir con sus bártulos a otra parte?
-Mientras las grandes empresas no vean cuestionado el marco europeo; mientras exista la seguridad de que Euskadi es parte de España, que es la única posibilidad de ser parte de Europa, no habrá problemas. Para una empresa vasca, multinacional, nacional o regional, no formar parte de la UE es algo impensable. Si la presión sindical no persigue objetivos extraños a las relaciones laborales y no bloquean la capacidad de decisión empresarial, tampoco habrá problemas.

-El mercado español es el principal destinatario de los productos vascos. ¿Hasta qué punto está resentido?
-Le mentiría si le dijera que no estamos preocupados. Se empieza a ver el País Vasco como algo ajeno a España. Prueba de ello es que las empresas más vascas están diluyendo sus emblemas para no sentirse perjudicadas. La incertidumbre del debate político genera unos costes. Todos sabemos que existe lo que se llama el 'efecto marca'.

-¿El 'efecto marca'?
-El famoso 'made in USA' o el 'made in Spain'. Es una marca complejísima por la que los mercados extranjeros te identifican. Hay países, como Alemania, que invierten mucho dinero en ella. También existe un 'made in Euskadi', que tuvo en su momento un valor altísimo por toda una tradición industrial. En la medida en que se nos indentifique con conflicto y confrontación o si se traslada a España un cierto revanchismo o resentimiento con lo español, no podremos pedir luego al ciudadano de a pie que se olvide de eso y compre nuestros productos. Es injusto, porque la gran mayoría de los empresarios vascos no comparte para nada ese resentimiento y pueden verse perjudicados por esa imagen de marca global. Hay que ser tremendamente prudentes en las declaraciones políticas, en lo que se dice de España, sobre todo por parte de las instituciones públicas vascas, porque afecta directamente a la credibilidad de nuestros productos en el mercado.

«Me dan el pésame»
-¿Cuándo le piden fuera que explique lo que ocurre en Euskadi es capaz de hacerse entender?
-Últimamente me estoy sorprendiendo de las reacciones, porque sólo falta que me den el pésame. Cuando explicas lo que pasa aquí se produce un efecto de compasión tan alto, y lo digo con el corazón, que me asusta. He tomado la decisión de hablar lo menos posible de la famosa cuestión vasca.

-¿Ha percibido un cambio de actitud por parte de los empresarios españoles hacia los vascos?
-La comprensión es absoluta. Y lo digo con pleno conocimiento de causa. La CEOE y empresarios catalanes nos preguntan cómo nos pueden ayudar. Nos miran como si fuéramos héroes, no se explican cómo aguantamos el chaparrón. Nuestro mercado iría mucho peor si no tuviéramos la solidaridad total de los empresarios españoles, que la tenemos.

-¿Existe una especie de desistimiento de la clase empresarial vasca?
-Creo que no. Me da la sensación de que aquí hemos desarrollado un músculo personal, empresarial y, sobre todo, anímico que nos empuja a tirar hacia adelante con una voluntad todavía mayor. Si algunos quieren que nos vayamos no lo van a conseguir. Lo que no quiere decir que no haya situaciones muy difíciles de estrangulamiento de empresas a través de estrategias sindicales. A algunos les han estrangulado con premeditación.

-¿A qué se refiere?
-A una cierta estrategia político-sindical, que busca la ejemplificación al estilo de lo que ocurría en la Edad Media cuando se asediaban los castillos. Si el primer castillo lo liquidabas por completo, en el siguiente bastaba con decir: '¿Sabéis lo que ha pasado en aquel castillo?' Identifican objetivos estrangulables para que esas empresas cedan a objetivos inviables desde el punto de vista económico o sólo les quede la opción de cerrar. Y es jaque mate en los dos casos.

-¿Los sindicatos tiran piedras contra su propio tejado?
-No, contra el de los trabajadores, hay que diferenciar. Es una optimización del esfuerzo sindical. Si centrándolo en una empresa consigues 'acojonar' a cincuenta obtienes un éxito sindical total y posiblemente ganas las elecciones, porque ganan siempre.

Política y economía
-Confebask ya anunció en octubre de 2002 que la incertidumbre que generaba el plan Ibarretxe iba a crear problemas en la economía.
-Es una lección de primero de carrera. La economía necesita un marco institucional y jurídico estable. Estamos saliendo de algo que funciona para ir a otra cosa que desconocemos. En esa transición, el empresario espera, paraliza sus inversiones y es mucho más prudente. Y esto ocurre con el plan Ibarretxe, con la reforma del Estatuto de Cataluña o con la nueva Constitución europea. Cualquier cambio genera incertidumbre.

-Dice Ibarretxe que su propuesta generará mayor bienestar.
-También le he oído decir que veremos la luz del amanecer cuando se apruebe su plan. Hace falta concretar un poco más. No vale con decir que por cada empresa que se vaya, vendrán siete. Está bien que él se lo crea, pero si no nos da argumentos será difícil que los demás lo entendamos. Los objetivos políticos están muy claros y los he entendido, pero los económicos

-¿Por qué desde el Gobierno vasco no se mandan mensajes tranquilizadores al mercado español?
-Cuando yo me quiero asociar con alguien, sobre todo si es libremente, le trato muy bien y, si es posible, le invito a comer. No he conseguido asociarme con nadie partiéndole la cara previamente o insultándole. El mayor consenso tiene que ser con España, y también dentro de la sociedad vasca. La inestabilidad y la conflictividad pueden ser asumibles en política; en economía, no.

-¿Ibarretxe les ha vuelto a convocar desde octubre de 2002?
-No. Sabemos que su puerta está abierta y que es un hombre, como él dice, muy dialogante. Otra cosa es que también sea muy firme en sus convicciones. En los años que le conozco no he conseguido que cambie ni una milésima de milímetro sus planteamientos.

-¿A qué se debe el silencio de Confebask sobre el plan Ibarretxe?
-Es prudencia. Si viviéramos en un país donde se dramatizara menos y pudiera haber un diálogo racional creo que se podrían diferenciar los aspectos políticos y económicos para equilibrarlos. Intentamos no herir ninguna sensibilidad.

-¿Teme recibir descalificaciones contra su persona, como ocurrió hace un año con el presidente de Confebask, Román Knörr?
-Aquello fue una intervención desafortunada, de gente que no conoce el mundo económico. Es verdad que a Román le pegó la galleta quien pega las galletas siempre en este país. Pero la intervención del portavoz del Gobierno fue muy prudente y razonable.

-¿El comunicado que hizo público Knörr hace un año sigue teniendo vigencia?
-Absoluta vigencia. Los empresarios, que yo sepa, no hemos pedido ni oficial ni extraoficialmente un cambio del marco jurídico.

Terrorismo versus resistencia en Irak
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ JESÚS FERRERO/PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA DE LA VIOLENCIA El Correo 16 Noviembre 2003

Los análisis de inteligencia de EE UU no habían contemplado que la resistencia a la ocupación militar de Irak fuera tan virulenta como se está demostrando. Lo ha confesado Colin Powell. Tampoco tan continuada. Los planes post-invasión pronosticaban el rebullir de focos aislados de nostálgicos del régimen, agentes incontrolados del partido Baas y algún que otro terrorista advenedizo. Nada que se perpetuara en el tiempo, ni que complicara la reconstrucción, ni que pusiera en cuestión el virreinato. La premisa de partida era que los iraquíes celebrarían su liberación, respirarían porque el fórceps estadounidense les extrajera la lavativa opresora de Sadam, hijos y demás secuaces. En terca contradicción a este desideratum, los disparos a soldados ocupantes no son más que el acompañamiento homicida de asesinatos de representantes de la ONU, de bombas contra la Cruz Roja, del esquilmar pendenciero de vidas y el saqueo antisistema por sistema.

Las diversas inteligencias llamadas a elaborar el mapa prospectivo de un Irak post-Sadam que se revelara complaciente con la cultura de la hamburguesa diseñaron los futuros sobre los que decidieron los políticos. El menos probable de esos futuros avistaría terrorismo islamista operando en Irak contra el gobierno de imposición. Escenario estadísticamente desechable, que se dice. Aunque parece que no tanto.

Las nuevas amenazas globales de seguridad están demandando hoy más que nunca capacidades de inteligencia basadas en el conocimiento no sólo de lo que pasa, sino de lo que corre el riesgo de pasar. Es una previsión compleja porque tiene que abrazar incertidumbres en conjeturas que sean lo suficientemente estables como para que pueda decidirse a partir de ellas. Lamentablemente, la realidad desde el muro de Berlín hasta el Irak de hoy pasando por el 11-S no hace más que recordar a las agencias de inteligencia cuán lejos están de lograr domar estas incertidumbres.

Una de las metodologías para explorar anticipadamente aquello que ha de venir consiste en estudiar el comportamiento previo de elementos constituyentes de un fenómeno, en este caso del delincuente de la violencia terrorista. Y uno de los componentes previos de ese fenómeno era una 'yihad' internacional que se malquistaba con Sadam Hussein y su régimen apóstata. Tanto la CIA como las evaluaciones de la inteligencia británica, recogidas por el CNI español, descartaban con vehemencia una alianza entre el Gobierno Baas y los diversos sarpullidos mundiales del terrorismo islamista, conjetura derivada de la ultranacionalista condición laica de un Sadam casi ateo. La conclusión lineal extraída era pues que el riesgo de terrorismo islamista en Irak llegaría a ser descartable porque entre una pareja de osífragos, Sadam y Bin Laden, no podía haber simbiosis. El 'yihadismo' no era una opción en Irak. La evaluación se desveló certera en el Irak pre-invadido, donde la 'yihad' internacional no pisaba. Ahora, la ocupación militar trastoca también este panorama de probabilidades.

Los análisis, no divulgados aunque desde luego deducibles a partir de la contumacia de los hechos, menospreciaron en la ecuación del riesgo para el virreinato militar tanto la naturaleza íntima del terrorismo como la pulsión depredadora del islamismo violento. En la personalidad del terrorismo islamista confluyen dos parámetros que pensadores y estrategas quizás hayan desconsiderado. El más general es la idiosincrasia parasitaria del terrorismo, en tanto enajenación social, y el otro es la vocación expansiva y totalitaria de la identidad islamista. Ambos se concatenan, se eslabonan en cada asesinato planificado prostituyendo el nombre de algún dios o de alguna idea.

El islamismo terrorista está desnudo sin abrazar el totalitarismo. Sin la elaboración distorsionada y torticera de una realidad desquiciada ante la que actuar con violencia, el terrorismo no tendría razón de ser. Lo primero que alumbra un grupo terrorista es un corpus de adoctrinamiento fanático que sirva a cada potencial asesino para filtrar el entorno e interpretarlo de manera que su violencia tenga sentido, al menos para él y su círculo adicto. En ese pergeñar un ideario fanático, la banda terrorista parasita los contenidos ideológicos que mejor contribuyan a blindar la visión distorsionada de la realidad más conveniente para la pervivencia violenta del grupo. La violencia terrorista es entonces el instrumento para tratar de imponer al entorno, por la palanca de la fuerza, una visión falsificada de realidad. Por eso la mayoría de estas bandas criminales se decantan por etiquetas revolucionarias. Revolución para subvertir el estatu quo social. La paradoja reside en la pretensión de explosionar la realidad social para suplantarla por un parche de realidad que únicamente está en sus cerebros, y esa realidad instrumental prefabricada sirve a su vez, en un círculo vicioso de terror, para mantener la violencia.

En su gestación identitaria, el terrorismo de toda índole desarrolla siempre una conducta de parásito o bien sobre un esqueleto ideológico ya existente, ora político ora religioso, o bien combinando ingredientes de varios para, aprestando expresión de Mikel Buesa, acabar en una «religión política». Así tenemos a ETA como parásito de una ideología legítima aunque aldeana, el independentismo ultranacionalista vasco; o a las brigadas suicidas que infectan la causa palestina, más lejanas, igual de criminales.

El marco internacional de las denostadas Naciones Unidas, que nos ha provisto de un referente tan básico como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ha venido reconociendo tradicionalmente el derecho a liberarse de los pueblos sometidos a ocupación. Incluso existe todavía un Comité de Descolonización que entiende de las causas de pueblos aún no emancipados (hay 16, entre los que están el Sáhara y Gibraltar, pero no Palestina) o de aquellos fideicomisados, esto es, independientes pero administrados por ex potencias coloniales. Aceptemos que en todos ellos las causas de liberación nacional son legítimas y además están legitimadas. Es mucho aceptar en el supuesto gibraltareño, pero nos haremos los despistados a efectos didácticos. Pues bien, en alguno existe un movimiento de liberación nacional, como el saharaui Frente Polisario, pero en ninguno un grupo terrorista que lo parasite. En cambio, en otras causas no reconocidas como colonialismo pero sí de facto como ocupación, tal que el dossier palestino, eventuales formaciones de liberación están infestadas de terrorismo. El arquetipo palestino de tal gangrena sería Hamás, un movimiento islámico de resistencia dotado de un activo frente político y de caridad social, pero salpicado y dominado por grupúsculos terroristas que asesinan y mutilan a civiles, soldados o a cualquier blanco de oportunidad que convenga a la estrategia terrorista del momento. La causa no legitima el terrorismo pero la práctica del terrorismo como estrategia de una causa la asfixia de legitimidad.

El terrorismo islamista, con Al-Qaida como etiqueta corporativa internacional, representa el cenit en la parasitación de un variado espectro ideológico religioso y social, aderezado de descontentos y frustraciones labrados a fuego en la identidad de un pueblo fraccionado como el árabe. Desde Afganistán, los 'yihadistas' buscan símbolos de enganche para aplicar el terrorismo en cualquier localización donde una banda pueda asentarse con vocación totalitaria. Palestina está demasiado dominada por movimientos locales como para que un virus oportunista como Al-Qaida pueda instalarse en un ecosistema ya plagado de infecciones. El Irak ocupado es entonces el caldo de cultivo ideal hacia el que los visionarios del islamismo violento pueden reorientar sus horizontes. Cumple los requisitos paradigmáticos de población árabe y culto musulmán y además está invadido por una fuerza militar extranjera, precisamente del extranjero más odiado por cualquier asesino islamista después de Israel.

Es la herida abierta ideal para el parásito terrorista, que en ello desnaturaliza el derecho eventual que el pueblo iraquí pudiera tener a la resistencia. Ahora se amanceban en Irak resistentes y terroristas. Incluso un asesino islamista, por ejemplo sudanés, que odiara al Sadam ateo bien puede pensar que haberse librado del dictador es una señal enviada por el profeta para reislamizar el país. Así que la plaga de atentados que asola Irak no podía ser tan imprevisible.

Iturgaiz califica el plan Ibarrretxe de «gran timo» para los vascos
ABC 16 Noviembre 2003

BILBAO. El presidente del PP en el País Vasco, Carlos Iturgaiz, calificó ayer de «gran timo» para la sociedad vasca el plan presentado por el lendakari, Juan José Ibarretxe, al considerar que está basado en políticas excluyentes por eludir la pluralidad y dejar fuera más de la mitad de los ciudadanos. En un acto de cargos públicos de Nuevas Generaciones del PP celebrado en Bilbao, Iturgaiz acusó al PNV de compartir los mismos objetivos políticos que la banda terrorista ETA, «conseguir la independencia», causa por la que se han embarcado en esta «ofensiva nacionalista». «No se puede converger con los objetivos de ETA y este plan sí lo hace», agregó.

El presidente popular vasco subrayó que el Estatuto de Guernica les ha concedido el «mayor autogobierno» y advirtió, respecto a la tramitación del plan, de que no van a legitimar esa «bufonada», en caso de que el Tribunal Constitucional no admita a trámite el recurso de impugnación interpuesto por el Gobierno Central. Aseguró que su partido no va legitimar un «atentado» contra la Constitución española y confió en que la actuación de los jueces y la Justicia será «imparable» contra la «rebeldía» de Ibarretxe.

Iturgaiz vaticinó que la propuesta nacionalista sólo va generar «incertidumbre y regresión» y recordó a Ibarretxe que trabaje por «derrotar a los criminales de ETA».

Una administración hiperburocratizada
ABC 16 Noviembre 2003

El traspaso de competencias logrado a lo largo de 23 años de gobierno ha convertido la Generalitat en una institución hiperburocratizada en la que actualmente trabajan cerca de 200.000 personas. En 1980, cuando Pujol fue nombrado por primera vez presidente, el Gobierno catalán se estructuraba en once departamentos, cifra que llegó a aumentar hasta quince y que actualmente se ha limitado a trece. Pese a esta reducción, consecuencia de constantes remodelaciones, fusiones y segregaciones, el Ejecutivo de Pujol no ha cedido ante las reiteradas peticiones de la oposición de desburocratizar un aparato gubernamental, que cada vez imita más al modelo central y cuyas cuentas se han disparado.

El exagerado crecimiento de la administración autonómica, que hoy gestiona un presupuesto de 16.300 millones de euros, ha ido acompañada de la proliferación de secretarías y direcciones generales, así como de la incorporación de la difusa figura del asesor, cargo de confianza que comporta elevadísimos sueldos, nombramientos a dedo y funciones indefinidas. El presupuesto global de la Generalitat de este año 2003 creció un 8,4 por ciento respecto a 2002. A diferencia de ese año, en el que las cuentas de la Generalitat se orientaron hacia la reactivación económica, este año la mayor parte del gasto se ha destinado al reconvertido departamento de Bienestar y Familia, con la intención de favorecer las políticas sociales, condición impuesta por el PP para que CiU contara con su apoyo en la aprobación de los Presupuestos en el Parlamento catalán.

Sin embargo, el grueso de las críticas se ha centrado en el exagerado presupuesto con que cuenta el departamento de Presidencia, creado en 1996 para aliviar la agenda del presidente de la Generalitat y que desde 2001 se ha convertido en la plataforma de lanzamiento y promoción del sucesor de Pujol y candidato a la presidencia de la Generalitat, Artur Mas. Ese año se creó la figura del «conseller en cap», dotado de importantes funciones ejecutivas, así como de un presupuesto considerablemente alto destinado a publicidad institucional. Se calcula que en los nueve primeros meses de 2003, la Generalitat catalana se había gastado un total de 34 millones de euros en publicidad institucional, lo que supone al menos un 327 por ciento más que en 1999, el último año electoral.
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