AGLI

Recortes de Prensa     Martes 18 Noviembre  2003
Graves retos se avecinan
Pío Moa Libertad Digital  18 Noviembre 2003

Maragall arrastra a Zapatero
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 18 Noviembre 2003

Zapatero, cuesta abajo
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 18 Noviembre 2003

Un buen lío
Miguel Ángel Jiménez La Razón 18 Noviembre 2003

Los problemas de Zapatero
Editorial La Razón 18 Noviembre 2003

La tentación del extremismo
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 18 Noviembre 2003

Otro problema de España
JAIME CAMPMANY ABC 18 Noviembre 2003

A Zapatero se le cae el castillo de naipes
Editorial ABC 18 Noviembre 2003

Ni PSC ni CiU: Carod quiere gobernar con el PNV
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  18 Noviembre 2003

Un país que no quiere serlo
Miguel Ángel Rodríguez La Razón  18 Noviembre 2003

Ahora, dos frentes nacionalistas
Lorenzo Contreras Estrella Digital  18 Noviembre 2003

Alegría con reparos
Ignacio Villa Libertad Digital   18 Noviembre 2003

Lecturas de Cataluña
BENIGNO PENDÁS ABC  18 Noviembre 2003

Las ikastolas de Arafat
EDITORIAL Libertad Digital   18 Noviembre 2003

El plan Mas-Carod
Cartas al Director ABC  18 Noviembre 2003

Coherencia
Cartas al Director ABC  18 Noviembre 2003

Nacionalismos
Cartas al Director El Correo 18 Noviembre 2003

Un total de 159 detenciones relacionadas con ETA en lo que va de año
EUROPA PRESS. Madrid Heraldo de Aragón  18 Noviembre 2003

El Congreso pide al Tribunal de Cuentas fórmulas para que las autonomías no oculten sus cuentas
Redacción - Madrid.- La Razón  18 Noviembre 2003

 

Graves retos se avecinan
Pío Moa Libertad Digital  18 Noviembre 2003

El error más grave en la carrera de Aznar ha sido la renuncia a una alternativa nacional en Cataluña. Eliminado Vidal Quadras y aceptada una injerencia inadmisible del cacique Pujol en los asuntos internos del PP, éste pasó desde entonces a una política descolorida, falta de audacia y de hecho seguidista del nacionalismo. Al contrario que en Vascongadas, el PP carece allí de algo parecido a una doctrina propia, no pasa de matices al pujolismo. De nada le ha servido tanta “civilización” con los incivilizados. Según las encuestas, el único partido al que más de la mitad de los votantes no votaría en ningún caso, es el PP: la “cortesía” de éste es percibida –correctamente—como la debilidad del hipócrita, y contestada con patadas en el trasero al reverencioso, el cual, de paso, ha dejado sin representación real y sin posibilidad de expansión inmediata a una franja del electorado catalán.

El hecho es que, por falta de una doctrina nacional capaz de impulsar una auténtica política propia y de combatir los desafueros nacionalistas, la sociedad catalana se ha radicalizado peligrosamente. El PP, a pesar de su pequeño avance, se ha vuelto un partido irrelevante en la política del Principado, mientras que los extremismos separatistas y verdirrojos han experimentado un crecimiento espectacular, convirtiéndose los primeros en árbitros de la situación.

Y también se ha radicalizado CiU. No es lo mismo Mas, que no siente la menor solidaridad o espíritu de unidad española, que Pujol, todavía condicionado por un vago sentimentalismo hacia ella. Para el actual líder, España sólo es un estorbo, y el único problema que se plantea al respecto es la forma de eliminarlo sin correr riesgos excesivos.

En cuanto a los socialistas, apenas hace falta la crítica. Su línea,desgraciadamente, está resuelta hace ya muchos años, aunque muchos no quisieran verlo. Su oposición al nacionalismo en ningún caso fue proespañola, sino simplemente “social”, es decir, basada en todas las fantasmagorías de la izquierda de siempre, que todavía funcionan en Cataluña con mayor intensidad que en el resto de España. Y ante las elecciones, el cretino que dirige el PSOE insta al gobierno, de manera muy poco encubierta, a claudicar. Ni Bono ni Ibarra representan alternativa alguna a esta situación.

Los nacionalistas, cuya escasa aceptación de las reglas del juego nunca ha dependido de otra cosa que de la sensación de debilidad que padecían, y de ciertas malas experiencias históricas, se sienten ahora fuertes, y no dejarán de plantear una escalada de desafíos a España. La situación, por tanto, se ha vuelto muy preocupante, más, en cierto sentido, que en Vascongadas, y más todavía por coincidir en el tiempo y la intención ambas amenazas nacionalistas. Quienes defendemos la unidad y la democracia españolas, no debemos ahora perdernos en recriminaciones por los errores pasados, pero sí reconocerlos y concentrar las energías en la mejor manera de afrontar el reto.

Maragall arrastra a Zapatero
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 18 Noviembre 2003

EL Partido Socialista está pagando muy caro el oportunismo de jugar, a la vez, al nacionalismo y a la izquierda. Cornudo por lo primero, apaleado por lo segundo. Desaparecido de la escena González, Zapatero se entregó a Maragall como bastón en manos de hombre ciego. Depuró a Nicolás Redondo, eligió a Touriño como comparsa de Beiras y ahora asiste al desastre catalán con una estolidez inigualable.

Pero si las cesiones al nacionalismo no les han dado resultado en Galicia, en el País Vasco y en Cataluña ¿qué frutos podrían darles en las elecciones «españolas» cuando se han dedicado a desestabilizar el sistema autonómico y han convertido en odiosa la idea de nación española y su integridad? En estas condiciones es lógico que algunos profeticen una nueva mayoría absoluta del PP. Sería la respuesta lógica del cuerpo nacional, un movimiento de legítima defensa. Porque ¿acaso se les deja alguna otra opción a quienes no simpatizan con los nacionalismos periféricos y viven con angustia la inseguridad -y el Terror- que provocan éstos?

LOS consejeros del PSOE, unos con carné y otros inorgánicos, comprueban con espanto que la estrategia del juego a dos barajas -nacionalista y de izquierdas- ha metido al socialismo en un camino de perdición del que le va a resultar muy complicado salir. No sólo les hace perder elecciones sino que favorece el caldo de cultivo para formaciones, como es el caso del BNG y ERC, que se les comen por las patas. Así que para descargarse de tanta responsabilidad, estos estrategas del fracaso acusan a Aznar de reducir la vida política al debate nacional y de ese modo excitar a los nacionalismos. ¿Terminarán acusándole de su propia conversión al travestismo político? Según ellos será el asco a la greña jacobina de Aznar la causa definitiva de la rebelión anti-autonómica. Como si los separatismos fueran cosa de hoy. Como si las Conversaciones de Barcelona no hubieran sido la confluencia de las aspiraciones de todos los nacionalismos hacia una Confederación Ibérica. Por esta vía llegarán a culpar a José María Aznar de haber inoculado el virus nacionalista en Odón Elorza, Eguiguren, Maragall, Reventós, Rubert de Ventós, Ribó, Madrazo, Llamazares... e incluso su propia y enfermiza propensión a las tesis nacionalistas...

Pero la existencia de esta caterva de teóricos que se vienen dedicando a cegar a los votantes y militantes socialistas (con los resultados que estamos viendo) no rebaja la responsabilidad de la dirección del PSOE y concretamente la de Zapatero. Es político tan inconsistente -inane vengo diciendo desde el principio- que aún no se ha enterado de que estas elecciones catalanas le llevan cadáver a las generales. No se ha enterado de que incluso un gobierno del PSC, ERC e IpC sería nefasto para el PSOE y para él como candidato a la Presidencia. Aún no es consciente de que sus compromisos con los nacionalismos le han deslegitimado como líder de la nación española para quienes creen en ésta, en la convivencia y en la cohesión.

EL único fruto que podrían tener las elecciones catalanas sería la caída de Maragall y la revisión de la estrategia nacionalista del PSC. Pero antes los socialistas tendrán que beber el cáliz hasta el final, es decir, perder las elecciones dentro de cuatro meses.

Zapatero, cuesta abajo
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 18 Noviembre 2003

Es bien conocido el dicho popular de que el que juega con fuego se acaba quemando. La ignorancia oceánica del secretario general del Partido Socialista, que sólo corre parangón con su torpeza, le impide asimilar incluso la sabiduría ancestral contenida en nuestro refranero. Carente de otra meta distinta a la de alcanzar la Presidencia del Gobierno, aunque sea cabalgando a lomos de un tigre desbocado, sus juegos irresponsables en el País Vasco y Cataluña, están dando ya sus amargos frutos. El mapa político catalán, tras las elecciones de anteayer, es, al igual que la tensa situación creada por el Plan Ibarretxe, la consecuencia de la inconsistencia y la frivolidad del actual equipo dirigente de la calle Ferraz, que, en vez de ser fiel a la tradición cívica e ilustrada de su centenario partido, se entrega a experimentos absurdos dando alas a personajes como Pascual Maragall, Odón Elorza o Emilio Pérez Touriño a la vez que machaca a valores tan sólidos de sus filas como Paco Vázquez, Nicolás Redondo o Rosa Díez.

Hace un año, el viento del cambio soplaba con fuerza en Cataluña y un Artur Mas bisoño, rígido y prefabricado, se situaba en los estudios de opinión diez puntos por debajo de Maragall. Hoy los socialistas catalanes han debido soportar la humillación de ser derrotados de nuevo, y ya es la séptima decepción desde 1980, por un nacionalismo crecientemente radicalizado, que ha aprovechado hábilmente la insulsa y bobalicona campaña de su principal adversario, que parecía en muchas ocasiones empeñado en chutar a la propia puerta. Incluso los principiantes en política saben algo que aparentemente ni Zapatero ni el ex alcalde olímpico han conseguido entender: no hay camino más seguro a la derrota que intentar vencer transformándote en una imitación descafeinada de un oponente de perfil agresivo. Cuando se entra sumisamente en la rueda del pujolismo universal, como ha venido haciendo el PSC a lo largo de dos décadas, primero con la melancólica resignación de Obiols y después con los inventos del tebeo de Maragall, nunca se puede aparecer ante los ojos del electorado como una alternativa seria.

El auge espectacular del independentismo de izquierdas, que ha superado las predicciones de todas las encuestas, encuentra su explicación en la estrategia irresponsable de socialistas y convergentes. Cuando las dos primeras fuerzas parlamentarias catalanas rivalizan en propuestas de reforma del Estatuto de Autonomía que rompen con la Constitución y pulverizan la cohesión nacional, generando un clima de insatisfacción reivindicativa en el que el mensaje que se transmite a la sociedad es que el marco legal e institucional vigente ya no sirve y que es gravemente lesivo para los intereses de Cataluña, no es de extrañar que la beneficiaria de esta atropellada huida hacia delante sea la opción que propugna lisa y llanamente la secesión.

Ahora bien, que los herederos de Pujol se hayan radicalizado en sus planteamientos particularistas tiene su lógica. La dinámica imparable del nacionalismo de raíz identitaria es la reivindicación permanente de mayores grados de soberanía, sin cuya energía impulsora pierde fuelle y se vacía de contenido. Después de las negociaciones realizadas por Convergencia i Unió con el Partido Socialista en 1993 y con el Partido Popular en 1996 para garantizar su apoyo a Ejecutivos centrales con mayoría relativa en el Congreso, el nivel de autogobierno en manos de la Generalitat y de suficiencia financiera de sus arcas ha dejado muy poco margen a mayores cesiones. Al fin y al cabo, la elasticidad del Título VIII de la Constitución es grande, pero no es infinita. Por consiguiente, a los cachorros pospujolistas el único camino que les queda es echarse al monte del soberanismo rampante.

Sin embargo, que el socialismo catalán, con las bendiciones de su dirección madrileña, se apunte al festival de la reforma constitucional y estatutaria, con todo lo que ello comporta en términos de inestabilidad y de aventurerismo insensato, únicamente se entiende a partir de la conclusión de que el PSOE está actualmente en manos de una cúpula compuesta a partes iguales de inmadurez y de levedad intelectual. La inaudita afirmación de Zapatero, como contribución estrella a la oferta socialista a sus votantes catalanes, de que se adheriría a la reforma del Estatuto de Autonomía que aprobase el Parlamento de Cataluña, sin ninguna otra precisión o señalamiento de límites a tan generosa actitud, indica hasta qué punto el pobre hombre no es consciente de las barbaridades que dice. Por el mismo razonamiento, es de suponer que también se sumará entusiásticamente a cualquier iniciativa que en el campo de la revisión constitucional le llegue del Parlamento vasco, debidamente avalada por el PNV, EA, el estadista Madrazo y el seráfico Otegi. Si no fuera para llorar, el despiste de Bambi causaría irrisión.

Carod-Rovira lanzó al filo de la medianoche del pasado domingo en la plenitud de su triunfo un desafío en toda regla al Estado mediante tres señales inequívocas: su apoyo pleno al Plan Ibarretxe, su exaltación de los Países Catalanes y su grito proclamando la Cataluña libre, es decir, separada de España. Pues bien, este es el caballero que manda en el Parlamento del Parc de la Ciutadella, gracias a Zapatero y a su ínclito colaborador, el inefable Pasqual. Menos mal que nos queda marzo de 2004 para salvarnos de la quema.

Un buen lío
Miguel Ángel Jiménez La Razón 18 Noviembre 2003

Seguramente, los excelentes analistas políticos de este periódico le brindaran al lector sus reflexiones sobre los resultados de las elecciones autonómicas catalanas. Reflexiones desde un enfoque político y las derivaciones que pudieran tener con respecto a las elecciones generales del próximo año.

Por ello, y siguiendo la máxima de zapatero a tus zapatos, les brindo a su conocimiento, las que se pueden hacer desde un punto de vista económico. Y en primer lugar resulta evidente que se han cumplido los temores del mundo empresarial catalán, que de ser ciertos, pueden provocar una desaceleración en la economía de Cataluña.

El hecho de que ERC se haya convertido en la imprescindible bisagra para gobernar la Comunidad, puede hacer subir de tono las exigencias del partido independentista catalán. En el caso de que sea el apoyo para que CIU siga en el poder, el precio a pagar por el partido de Pujol será sin duda muy alto. Una mayor profundización en el radicalismo nacionalista puede empujar a la deslocalización de muchas empresas multinacionales, que ya no empiezan a sentirse cómodas en Cataluña.

No hace mucho un empresario sueco me comentaba que pensaban trasladar la sede de su empresa a Madrid, porque sus directivos no estaban dispuestos a aprender catalán «con el inglés y con el español basta para hacer negocios en todo el mundo, pero en Cataluña el trato con la Administración local sin saber catalán es muy difícil». Y esta radicalización posible del nuevo gobierno de la Generalitat también hay que temerla en el caso de que sea el PSC el que pacte con el partido del descendiente de aragoneses Carod-Rovira.

Una radicalización mayor, dada la sintonía de izquierdas de ambas organizaciones. Por todo ello, el escenario que se crea no puede ser otro que el de un generador de incertidumbres. Es de esperar que una vez que se pase la borrachera electoral, los dirigentes de estos partidos pongan los pies en el suelo, y aflore en ellos el espíritu pactista de los catalanes, por el bien de su futuro. Una deriva ultra nacionalista como la del País Vasco puede desplazar los flujos económicos hacia Aragón, la Comunidad Valenciana y Murcia.

Los problemas de Zapatero
Editorial La Razón 18 Noviembre 2003

El secretario general del PSOE y candidato a la Presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales, José Luis Rodríguez Zapatero, se apresuraba en la noche del domingo pasado, nada más conocerse los resultados electorales catalanes, a tender la mano a Carod-Rovira, el líder independentista de la Esquerra Republicana, quien, con sólo el 16 por ciento de los votos, se ha convertido en el árbitro de la situación en aquella Comunidad Autónoma. Tamaño desliz, que ha propiciado la calificación de «mendigar» por parte de un hombre de talante tan tranquilo y alejado de excesos verbales como Mariano Rajoy, sólo se explica desde el nerviosismo y la frustración ante unos resultados, los de Pascual Maragall, que suponían la quinta derrota electoral consecutiva del PSOE desde que Zapatero fue elegido al frente del partido.

Los malos resultados del PSC, que ha perdido ocho escaños con respecto a las elecciones autonómicas de 1999, y más de un seis por ciento de los sufragios, han hecho saltar todas las alarmas en el seno del socialismo español. Consciente del alcance de este nuevo fracaso en las urnas, que pone en cuestión la estabilidad de la Nación, Zapatero intentaba ayer trasladar toda la responsabilidad a los gobiernos del Partido Popular, interpretando que la firmeza en la defensa de los principios constitucionales frente a los nacionalismos secesionistas es la que pone en cuestión la cohesión territorial de España.

La derrota de Pascual Maragall es aún más grave, si cabe, porque supone romper la tendencia al alza de la opción socialista en Cataluña, comenzada en 1999. Frente al descenso continuado de Convergencia i Unio, que desde 1992 ha perdido el 16 por ciento de sus electores, el PSC se ha venido abajo en sólo seis meses. Un período de tiempo en el que el ingrediente nacionalista ha sido esgrimido por Pascual Maragall frente a las advertencias de un amplio sector de su partido que lo consideraban un error estratégico. La prueba es que buena parte del voto tradicional del socialismo catalán se ha abstenido, como demuestran los resultados en el gran cinturón industrial de Barcelona.

En estas circustancias, José Luis Rodríguez Zapatero se enfrenta a un dilema de difícil solución. No puede desligarse de su cuota de responsabilidad, puesto que fue él mismo quien garantizó la propuesta de modificación del Estatuto prometida por Pascual Maragall, ni puede plantear una huida hacia adelante, como sería entregar buena parte del gobierno de Cataluña a un partido claramente independentista; opción que, sin duda, tendría malas consecuencias electorales en el resto de España.

Los resultados del PSOE en Cataluña son, pues, una mala noticia para todos aquellos que creen en el modelo de Estado surgido de la Constitución de 1978. Se impone una reflexión profunda antes de alcanzar cualquier pacto de gobierno con la Esquerra Republicana porque el partido de Carod-Rovira representa algo muy diferente a una opción de izquierda. De lo que haga Maragall con sus escaños, dependerá el futuro político de Zapatero.

La tentación del extremismo
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA. Catedrático de Filosofía del Derecho Universidad de La Coruña ABC 18 Noviembre 2003

EL triunfo electoral en Cataluña ha correspondido al nacionalismo y a la izquierda, y por ese orden. La realidad es la verdad. Pero las urnas no son depositarias de una verdad imposible de criticar, una especie de fuente oracular de la verdad. La democracia garantiza que las decisiones sean tomadas por la mayoría de los ciudadanos, mas no que sean justas y correctas. La opinión de la mayoría no es criterio de verdad moral.

Tampoco, pues sus decisiones. Por lo demás, las elecciones no revelan algo así como la voluntad de un ente colectivo llamado pueblo, sino que son el resultado de un conjunto de decisiones personales. Cataluña no dijo anteayer nada; lo dijo una parte mayoritaria, la que votó, de los españoles residentes en Cataluña. Pero hechas estas consideraciones, que, sin duda, valen con independencia de que el resultado de las elecciones nos guste mucho, poco o nada, la realidad no reconocida y asumida reclama siempre su derecho y termina, si no se reconoce, por vengarse.

Vayan por delante mi conclusión y mi valoración: han ganado el nacionalismo y la izquierda, y ese resultado no es el mejor desde el punto de vista del interés nacional de España (valga aquí el término, aunque no designe tampoco otra cosa que al conjunto de los españoles). Basta un poco de aritmética para demostrar lo primero y algo de filosofía política y moral para argumentar en favor de lo segundo. Luego, cada quien es libre de buscar la perspectiva más favorable para sus intereses o para intentar elevar la quebrantada moral de las filas propias.

Es legítimo siempre que no se falte a la verdad. CiU ha ganado las elecciones porque ha obtenido el mayor número de escaños, 46, después de seis legislaturas en el poder. Pero ha perdido diez diputados y casi el 7 por ciento de los votos. El PSC ha obtenido el mayor número de votos, pero es la segunda fuerza en escaños y ha perdido diez diputados y casi el 7 por ciento de los votos. Y encima esperaba ganar. ERC sube espectacularmente en votos y escaños, pero sólo es la tercera fuerza política, a enorme distancia de las dos primeras. Mala cosa para quien con tanta osadía habla en el nombre de toda Cataluña. Puro voluntarismo o vocación totalitaria. El PP gana tres escaños, pero pasa a ser la cuarta fuerza política. IC sube también pero apenas rebasa el ámbito de lo testimonial. Más aún si se considera que debe compartir resultados con los Verdes. Sólo sumando los votos de la izquierda puede exhibir algo así como un triunfo compartido. Todos contentos y nadie contento. Acaso esté bien así. Pero ganar, lo que se dice ganar, ha ganado el nacionalismo.

Con sólo sumar los votos de CiU y ERC, ya alcanzan el 47,33 por ciento. Y algo de nacionalismo albergan el PSC e IC. Tampoco le salen mal las cuentas a la izquierda: 54,98 por ciento entre las tres fuerzas. Nada hay de malo en el triunfo de la izquierda, que es una de las posibilidades democráticas. Lo malo es que la izquierda española no opone un frente demasiado sólido al nacionalismo, algo que debería ser ajeno y hostil a su tradición, pero que no lo es. Desde la perspectiva de las elecciones generales del próximo año, el PP puede esperar con relativa tranquilidad, mientras el PSOE no levanta cabeza. Malo para el socialismo y malo para España.

Los resultados son inquietantes, pero conviene no perder la perspectiva. No se trata de un plebiscito para decidir el futuro político de Cataluña, sino sólo de unas elecciones parlamentarias regionales. Cualquier extrapolación a la vigencia de la Constitución o a la vida política nacional es intempestiva. Los comicios autonómicos tienden a favorecer a los partidos regionalistas o nacionalistas, que suelen acertar a exhibir la «cultura de la queja» y a erigirse en representantes de los intereses particularistas. Las elecciones generales tienden a corregir algo esta miopía nacionalista. Habrá ahora que esperar la política de alianzas para formar gobierno autonómico. Casi todos coinciden en convertir en árbitro de la situación a ERC, un partido que defiende, entre otras extravagancias, la independencia de Cataluña. Pero si esto fuera así, lo será por dejación de quienes deben defender la Constitución y la unidad de España. Existen coaliciones posibles que no dependen de la izquierda independentista y republicana. La debilidad del PSOE lo está conduciendo por los caminos del radicalismo. Y otros son los que se benefician en las urnas.

Es tanta la gravedad del caso vasco que puede provocar, por contraste, la falsa impresión de la normalidad y ejemplaridad catalanas. Por el contrario, la política en esta región española parece más propia del siglo XIX que del XXI. Vive más ocupada en disputas de familia, en polémicas añejas sobre la forma de Estado y prisionera de un aldeanismo separatista inferior al nivel del tiempo. Nada futuro y muy siglo XIX. Compárese el mapa político de Cataluña con, por ejemplo, el británico. Lo que Ortega afirmó de las «regiones ariscas» sigue, por desgracia, vigente. Al menos, que no se atribuya la cosa al «seny». Ayer, en esta misma página, recordaba Ricardo García Cárcel que la vida pública catalana ha oscilado entre el «seny» y la «rauxa». Cataluña produjo a Cambó, pero también alumbró la Semana Trágica.

No creo en los tópicos de las identidades nacionales; tampoco en los favorables. La adhesión al nacionalismo, siempre, pero más aún cuando el mundo camina hacia la formación de grandes colectividades, como la Unión Europea, es una ruta extraviada. Y sorprende y apena que la izquierda, en otro tiempo ilustrada e internacionalista, sucumba al aldeanismo insolidario. Una de las regiones más prósperas de España y, por tanto, de Europa, se instala en el agravio y en la queja y parece obsesionada en edificar su bienestar sobre la disputa de competencias y el empeño de arrebatar concesiones a Madrid. Olvidando todos los bienes derivados de la concordia, de la Constitución y de la unidad nacional.

Acaso no sea ocioso recordar que el separatismo está excluido, no sólo de las trayectorias fundamentales de la civilización europea, sino también del futuro de la Unión. Todo eventual Estado nacido de una modificación de fronteras quedaría fuera de los límites de Europa. Y quien oculta esto, miente a los ciudadanos. Nacionalismo es hoy antieuropeísmo. Las elecciones de Cataluña demuestran que el radicalismo de los moderados sólo beneficia a los radicales. Por lo demás, no existe mayoría regional que pueda prevalecer sobre la legalidad constitucional. Entre otras muchas razones, por la muy sencilla de que la única legitimidad de los beatos del aldeanismo procede de la propia Constitución que aspiran a destruir o a cambiar. Lo segundo es legal si se pretende a través de medios legales; lo primero es sencillamente criminal.

A ERC le han votado sólo, aunque es mucho, algo más del 16 por ciento de los catalanes que han votado. Un poco más de medio millón de personas. Y hay 40 millones de españoles, incluidos ellos. Por encima del nacionalismo y de la izquierda, y, por supuesto, también de la derecha, se encuentran, al menos, la unidad de España y la Constitución. Existen horas en la vida de los pueblos, no precisamente las mejores, en las que parecen sucumbir a las tentaciones del extremismo y de la «tibetanización». La historia revela que conducen, no a ninguna parte, sino a una muy concreta: al fracaso.

Otro problema de España
Por JAIME CAMPMANY ABC 18 Noviembre 2003

EL problema de España son dos. Uno se llama País Vasco, y es un problema viejo, continuo y sin fin, y a veces, como ahora desde hace treinta años, sangriento y sangrante. El otro se llama Cataluña, que es una antigua erisipela que a veces se encona con erupción y otras veces se inflama pacíficamente como en este caso al salir de las urnas. España se hizo pegando trabajosamente pedazos sueltos, libres, indómitos y guerreros, y hay algunos españoles, sobre todo vascos y catalanes, que padecen la enfermedad del salto atrás, capricho patológico de la naturaleza.

Con esos dos problemas tenemos que contar siempre los españoles que queremos vivir con el tiempo en que vivimos, a su ritmo y a su paso, y que no intentamos regresar a la tribu y al poblado desde la aldea global en que nos ha metido el siglo XXI. Y sobre todo, tienen que contar con esos dos problemas los políticos, porque se los van a encontrar a cada paso, enredados en sus pies, y a los extraños españoles que los plantean dándoles la tabarra de los derechos históricos, pidiendo a gritos la libertad que gozan, exigiendo fueros, exenciones, preferencias y privilegios y tratando a los hermanos de otras regiones y comarcas, como maketos, charnegos y hasta inmigrantes. Todo eso proviene de una antigua costumbre de mala vecindad, que a veces termina a garrotazos o a tiros desde la terraza de cada vecino.

Pero a esos dos problemas, ya crónicos, se ha unido ahora otro que puede dificultar la aplicación del tratamiento político adecuado y el aislamiento cuidadoso de los enfermos. La izquierda española, ¡quién lo diría!, se nos ha hecho nacionalista y aldeana. La complacencia con los regionalismos y nacionalismos políticos era de derechas hasta el fin de la guerra y el comienzo de la dictadura. Recordemos que la derecha era regionalista y autonomista (la CEDA de Gil Robles: Confederación de Derechas Autónomas), mientras la izquierda era supranacional e internacionalista.

Bueno, pues la derecha se ha hecho españolista y europeísta, y ahora la izquierda nos sale con los abrazos a la antigualla nacionalista. El Partido Socialista catalán, al aire de Maragall, se hace «federalismo asimétrico», o sea, insolidario, y mendiga la alianza con el separatismo de una «esquerra» independentista. En Galicia se busca la amistad del Bloque Galego, en Aragón quiere apoderarse del Ebro para dejar a los demás sedientos, y en Baleares se alía, con tal de tocar poder, con los enanos políticos de las Islas. En Vasconia, el socialismo se muestra partidario de templar gaitas ante el sueño de independencia de Arzalluz y el desafío de Ibarreche, aunque no llega a la rendición de Madrazo, válganos todo el Olimpo marxista, lo nunca visto: ¡un comunista en Ajuria Enea! Bien es verdad que también los socialistas gobernaron allí y alguna responsabilidad tienen en algunos desaguisados, como el de las ikastolas. Y ese nuevo problema que ha traído el socialismo puede agravar de modo alarmante los dos problemas clásicos: País Vasco y Cataluña. S.O.S. Que alguien asista a Zapatero.

A Zapatero se le cae el castillo de naipes
Editorial ABC 18 Noviembre 2003

EL fracaso -menos votos y menos escaños que en 1999- de Pasqual Maragall en las elecciones catalanas ha venido a sembrar de nuevas inquietudes el convulso panorama interno del PSOE, cuyas expectativas políticas para este curso electoral se han empezado a derrumbar, tras la derrota de Madrid, como un castillo de naipes. Aunque Maragall se agarra ahora, como última tabla de salvación, a la posibilidad de un gobierno tripartito con ICV y ERC, bajo el discurso poco creíble de una mayoría social de izquierdas, la realidad es que su estrategia de aproximación programática al nacionalismo le ha hecho retroceder en los municipios del cinturón urbano de Barcelona, poblado en su mayoría por inmigrantes nacionales de primera o segunda generación. Y que han sido los independentistas de ERC los beneficiarios de ese guiño socialista, pescando en los caladeros del pujolismo al tiempo que ICV lo hacía en los del voto de las clases trabajadoras urbanas. El revés de Maragall afecta sensiblemente al proyecto político de Zapatero, que ha permitido que las estructuras periféricas del PSOE se echen en brazos de los diferentes nacionalismos para cerrarle el paso al PP, no siempre con éxito. Las alianzas heterogéneas en Baleares, Aragón, Galicia y Cataluña han conducido a los socialistas a una dependencia externa que, además de no reportarle demasiados réditos, ha comprometido su crédito como alternativa nacional.

Zapatero parece haber olvidado la idea de que la vertebración de España resulta un elemento esencial en un partido que se ofrece como recambio a escala nacional, y ha preferido asaltar las autonomías de la mano de nacionalismos de toda índole. Fracasada esta estrategia, el PSOE se ve ahora falto de una identidad política con la que oponerse a una fuerza homogénea como el PP, articulada por Aznar con mano de hierro en torno a un discurso unívoco en todo el territorio del Estado. Además de constituir un serio obstáculo para sus propias aspiraciones de gobierno, este fracaso representa un perjuicio evidente para la propia estabilidad democrática, toda vez que deja en manos del PP el único proyecto nacional preocupado por la vertebración del Estado, sin duda el gran desafío de España para los próximos años. La posibilidad de una deriva nacionalista en Cataluña constituye un problema objetivo que puede sumarse al del planteamiento soberanista de Ibarretxe y el PNV hasta convertirse -ya lo es- en auténtica prioridad política nacional. Por eso, lo pertinente en los pactos poselectorales de Cataluña es que se persigan soluciones que marginen la inquietante alternativa radical que se cierne sobre la mesa de negociación.

Zapatero ha errado en su estrategia, fiado en la posibilidad de obtener en Cataluña un éxito que le permitiese desequilibrar al PP, y ahora se encuentra ante un serio dilema que afecta a sus posibilidades como candidato a la Presidencia del Gobierno. La alianza con los independentistas que propugna Maragall le crearía al partido serias dificultades en el resto del territorio nacional, y desequilibraría la cohesión que, pese a la labor de zapa de algunos sectores, ha venido mostrando en el País Vasco respecto al plan soberanista. En estas condiciones, el líder socialista va a afrontar las generales de marzo con un precario equilibrio interior en su partido. No le queda demasiado tiempo, pero la única opción plausible para Zapatero es levantar cuanto antes un proyecto alternativo con medidas globales para todo el electorado nacional. Medidas económicas, sociales y políticas que puedan encontrar el apoyo de los votantes de izquierda, a los que la indecisión socialista ha invitado a diseminarse entre opciones nacionalistas y la propia IU, proclive asimismo a toda opción anti-PP, por confusa que resulte. Zapatero necesita discernir prioridades, y unir cuanto antes al PSOE en torno a un proyecto de Estado.

Ni PSC ni CiU: Carod quiere gobernar con el PNV
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  18 Noviembre 2003

Dijo que por fin iban a gobernar las izquierdas, pero ahora dice que Bono e Ibarra se lo impiden. Dijo que Convergencia era la Cosa Nostra y que él tenía las manos limpias, pero está claro que por servir a Cataluña está dispuesto a rodar la cuarta parte de El Padrino. Dijo que quería formar un gobierno de unidad de todos los catalanes, pero empezó echando a los catalanes del PP, siguió haciendo como que echaba a los pujolistas, continúa echando a los socialistas y no echa a los restos del PSUC porque no sabrá dónde ponerlos. En menos de un día, Carod se ha quedado solo. O mejor dicho: a solas con Ibarreche. El único partido que le gusta de verdad es el PNV. Lástima que no sea catalán. Aunque por lo que dice y hace, a Carod le parece mucho más catalán Ibarreche que Piqué. Eso es amor a la patria catalana y lo demás son cuentos.

Siempre es curioso comprobar cómo los demagogos y los extremistas se comportan al llegar u olfatear siquiera su acceso al Poder. Y hay que reconocer que, de momento, Carod Rovira está dando un auténtico recital. Ya ha prometido todo a todos y se lo ha negado. Ya ha dejado entrever en todos los sentidos una cosa y la contraria. Cualquiera diría que tiene la mayoría absoluta y que va a a elegir a capricho con quién quiere bailar, pero en realidad no ha sacado muchos más votos que el PP y la mitad que PSC y CiU. ¿De donde saca pa´ tanto como destaca? Pues, evidentemente, del plus de legitimidad que en la Cataluña del siglo XXI disfruta el nacionalismo, más legítimo cuanto más extremista, del respeto con que han tratado y el cariño con que han amamantado a ERC el pujolismo y el maragallismo, del discurso “políticamente correcto” que es mitad izquierdista, mitad separatista, del “todos contra el PP”... porque representa a España. Y eso, además de cultivar el antifranquismo retrospectivo, coloca a Carod ante sus únicos socios verdaderamente fiables, que son los peneuvistas y los batasunos. Con el que realmente querría formar Gobierno Carod Rovira sería con Ibarreche y en Madrid.

De momento, la aritmética electoral no se lo permite. Pero esa es, en el fondo, su estrategia política: para tapar todo lo que va a tener que tapar en Barcelona, hay que declararle todos los días la guerra a Madrid. O sea, Arzallus. Nada bueno. Nada nuevo.

Un país que no quiere serlo
Miguel Ángel Rodríguez La Razón  18 Noviembre 2003

Preocupante comienzo de siglo en España tras los movimientos nacionalistas y la radicalización del electorado. Vivimos en un país en el que existen cada vez más partidos -con cada día más votos- que no quieren vivir en este país. O que pretenden que esto sea un país distinto a los del resto de la Unió Europea. O que sueñan con una Península Ibérica fracturada en más países. O que creen que pueden convertirse fácilmente en luxemburgos y en andorras.

Argumentar que hay españoles que no quieren ser españoles porque eso les suena a franquismo es estúpido a estas alturas.

Simplemente, algo está fallando en nuestro Sistema que ha dado alas a movimientos copiados de los Balcanes, ajenos a la realidad internacional porque nadie les exige responsabilidades serias, y que ya han puesto en un brete al concepto que tenemos de España desde hace cinco siglos.

Y dado que el PSOE no está para reflexiones, pues se siente cómodo en esta dinámica rupturista siempre que le granjee unas migajas de poder regional o municipal (pacta con el BNG, con la Chunta, con radicales baleares y ahora pagaría por hacerlo con Esquerra Republicana de Cataluña), sería conveniente que el Partido Popular meditara dónde está el error y aportara algunas soluciones.

Si algunos políticos han convertido a España en un problema, otros políticos deben explicar por qué España no es un problema. A lo mejor hay que poner de moda a España en España.

Momento de pesimismo. Terminen como terminen los pactos en Cataluña, la realidad es que el electorado ha rechazado lo español y no siente lo catalán como español.

Paso decisivo para que el resto deje de sentir lo catalán como suyo, y luego lo gallego, y luego lo andaluz, y Y luego cualquier cosa que no sea su pueblo.

Esto empezó siendo un juego. Ahora ya es una ruptura con nuestra Historia. ¿Historia? ¿Pero tenemos Historia común?

Ahora, dos frentes nacionalistas
Lorenzo Contreras Estrella Digital  18 Noviembre 2003

Aunque llegue a gobernar en la Generalitat, con el respaldo de ERC de Carod-Rovira o ICV de Saura, Pasqual Maragall ha sufrido como líder del PSC un notable fracaso. Los sondeos previos a las elecciones catalanas habían halagado sus oídos y colmado sus ilusiones. Se le daba por vencedor con un importante margen de votos. La realidad ha sido menos halagüeña. En realidad ha sido enormemente cruel. El PSC ha perdido nada menos que ocho escaños en relación con las elecciones de 1999. Y el federalismo preconizado por Maragall ha quedado perfectamente ahogado por la marea nacionalista que se le ha venido encima como en una galerna del Cantábrico. En su retroceso, prácticamente derrota, Maragall ha arrastrado la imagen ya deteriorada de José Luis Rodríguez Zapatero, cuya cara en el tiempo posterior al escrutinio de las urnas podría calificarse de todo un poema dramático.

Zapatero, como se sabe, había apostado por todo Estatuto que emanase del cerebro talentoso de su correligionario catalán. Incluso, dentro de su imprevisión, no había sopesado la posibilidad de que un Gobierno presidido por Maragall estaría hipotecado por Carod-Rovira, el político árbitro de la situación gracias a las deficiencias de un sistema electoral que permite estas peligrosas combinaciones de fuerzas. Carod madrugó con la advertencia de que su respaldo, fuese a CiU o al PSC, siempre estaría sometido a la condición de que su eventual “socio” no brindase apoyo parlamentario en Madrid al Gobierno central en sus necesidades parlamentarias.

La felicitación inmediata que Carod recibió de Ibarretxe fue todo un síntoma, aunque no constituyese ninguna sorpresa. Ya que se contaba con que un resultado electoral como el que se registró haría correr el cava en los “batzokis” nacionalistas vascos y, por supuesto, en la sede del PNV y en el Palacio de Ajuria Enea. Pero, aparte de anécdotas más o menos ilustrativas, lo fundamental para valorar la nueva situación es que al Gobierno de España, el que presumiblemente presidirá Mariano Rajoy si Zapatero no da la sorpresa del siglo y se alza con la victoria en marzo, se le van a crear dos frentes nacionalistas de radicalidad indudable: el de Euskadi, con el Plan Ibarretxe ya desafiante y rampante, y ahora, además, el de Cataluña condicionada por ERC y sus supeditados acompañantes, llámense CiU o PSC.

El descenso de CiU en votos es, desde luego, significativo. Pero posiblemente lo sea más el retroceso electoral del PSC de Maragall, cuya explicación podría rastrearse en el propio tono de la campaña dearrollada por el optimista candidato. Jugar al federalismo trufado de nacionalismo mal encubierto no podía entusiasmar a la clientela socialista de Cataluña, con sus raíces nada nacionalistas en su mayor parte. Para votar nacionalismo, camuflado o no, ya estaba en todo caso Carod-Rovira, con su programa repleto de promesas sociales. Además, en último término, todo invitaba a ese electorado a esperar en casa el desarrollo de los acontecimientos. Ya veremos cómo reacciona cuando lleguen las elecciones generales de marzo.

Alegría con reparos
Ignacio Villa Libertad Digital   18 Noviembre 2003

Los resultados que nos han dejado las elecciones en Cataluña presentan, con el paso de las horas, nuevas aristas y matices que, sin duda, en los próximos días se irán clarificando. La política catalana, que ha estado anclada durante décadas en un extraño "fair play", más cerca del conchabeo que de otra cosa, puede entrar en una dinámica peligrosa y turbulenta, fruto exclusivamente de los errores y trampas que socialistas y convergentes se han ido colocando en sus respectivos caminos políticos. Lo cierto es que estos comicios en Cataluña dejan muchos e importantes efectos para la política nacional, especialmente para las próximas elecciones de marzo.

En concreto, y siempre pensando en marzo, hay que reseñar que el Partido Popular se encuentra en una situación agridulce. Una situación que ahora mismo es de satisfacción, pero que más allá de las elecciones generales, con la radicalización del nacionalismo catalán, se puede convertir en un serio peligro. Ciertamente, la segunda derrota electoral en menos de un mes para Rodríguez Zapatero es un duro revés para la líder socialista. Un revés que puede tener efectos demoledores. La situación interna y externa del secretario general del PSOE coloca a Mariano Rajoy en una posición difícilmente mejorable pensando en la campaña electoral. Un Partido Socialista desarbolado y sin dirección es el escenario ideal para el Partido Popular en las elecciones de marzo de 2004. Y esa situación es una realidad después del nuevo varapalo que los socialistas se llevan de Cataluña, y que especialmente se lleva Zapatero con una apuesta pública, personal y total por Pascual Maragall.

Estas buenas expectativas para el Partido Popular tienen también su lado negativo. Situando al PP en el nuevo Gobierno que salga de las elecciones de marzo, los resultados de Cataluña empañan la posible victoria del PP. Esa situación peligrosa surge por la subida llamativa e importante de ERC. Los buenos resultados del nacionalismo radical catalán condicionan muchas cuestiones de futuro. La primera de ellas es que el nuevo Ejecutivo que salga de las generales se va a encontrar un nuevo y serio problema: la radicalización de la política catalana, que estará determinada por la reforma del Estatuto, cuando no por peticiones de autodeterminación. Si ERC entra en el Gobierno catalán, al Gobierno central se le abre un nuevo y complicado frente político que Rajoy deberá afrontar. Es quizá por ello que el secretario general del PP, en la valoración política que ha realizado este lunes, pedía al PSC y a CiU que desde la responsabilidad de gobierno dejen de lado a ERC en el Ejecutivo catalán.

En todo caso, pase lo que pase, la Convergencia de Artur Mas no parece que vaya a ser la de Jordi Pujol. Y, por lo tanto, el Partido Popular podría perder el "socio catalán" tan necesario para los populares en caso de que no alcancen mayoría absoluta en marzo de 2004. Si finalmente Convergencia gobierna con ERC, el PP deberá olvidarse de cualquier apoyo convergente en el Congreso; si esa alianza no se ejecuta, las "ayudas catalanas" en el Congreso se podrían recibir, pero con toda seguridad –visto lo visto– a cambio de un alto precio político. En fin, las elecciones catalanas han dejado un buen sabor en el cuartel general del PP, pero ¡cuidado!, que es una alegría con reparos. Habrá que esperar a marzo.

Lecturas de Cataluña
Por BENIGNO PENDÁS ABC  18 Noviembre 2003

Malas noticias para la estabilidad constitucional. Una sociedad que se dice madura vota en contra del sentido común. Hay que escuchar siempre la voz de las urnas, pero el éxito de Carod-Rovira obliga a revisar algunos tópicos arraigados: el personaje no encaja en las esencias románticas de Cataluña, ni en la burguesía laboriosa, ni en el diseño posmoderno... Esquerra Republicana resulta indefinible desde el punto de vista de la Teoría Política Contemporánea. Dice bien Piqué que sería un partido marginal en otra democracia europea. Pero así están las cosas y conviene que los fracasados tomen buena nota. Como dice -sin paradoja alguna- el personaje de Coetzee, «tal vez la historia haya aprendido una lección».

Lectura desde el conjunto de España. Es imprescindible reforzar la apuesta por la Constitución y los Estatutos. La gran mayoría tenemos las ideas muy claras: el texto de 1978 es, a día de hoy, la única opción válida para mantener a España en el Espíritu de la Época. Ni el plan Ibarretxe ni la coyuntura catalana deben variar el rumbo: apostamos por el futuro de la España constitucional. La decisión constituyente del pueblo español (titular único, permanente e irrenunciable de la soberanía) es muy firme. Si persiste el desafío saldrán reforzadas las creencias comunes, y el partido que no sepa entender la voluntad de los ciudadanos pagará su error durante mucho tiempo. Tal vez hacía falta esta conmoción política para que algunos se tomaran en serio la lucha por la Constitución: la voluntad general habla poco, pero -cuando lo hace- se expresa con sencillez y rotundidad.

Queda bien librado el Partido Popular de las urnas catalanas. Buena expectativa para las elecciones generales y fuera hipotecas respecto de un aliado desorientado. Rajoy está ahora, según todas las opiniones, más cerca de la Moncloa. La firmeza en las opciones básicas ha de tener sus consecuencias, no sólo para las convicciones, sino también para los intereses. Lección para el PSOE. De una vez por todas: el nacionalismo antiespañol no es progresista, sino reaccionario. Han pasado veinticinco años y algunos siguen sin entenderlo. En este caso concreto, mejor una oposición digna que una alianza antinatural. Si deben cambiar las personas, es el momento adecuado. Muchos ya habíamos advertido sobre el peligro de abrir la caja de Pandora, la falacia del federalismo asimétrico o el riesgo de la reforma estatutaria. Si persiste la confusión interesada, las consecuencias son fáciles de adivinar: a corto plazo, mejor para el Partido Popular; a medio plazo, peor para España.

Las ikastolas de Arafat
EDITORIAL Libertad Digital   18 Noviembre 2003

En las ikastolas dirigidas por proetarras y subvencionadas por el Gobierno vasco se reescribe la Historia, se explica la Geografía en mapas imaginarios y se enseña a odiar y a denigrar a España, a los españoles y a su cultura. Y en no pocas ocasiones, también sirven para formar y reclutar terroristas. Esto, lejos de ser una exageración, es una realidad constatada por políticos, intelectuales y periodistas independientes, de dentro y de fuera del País Vasco; de dentro y de fuera de España. Tanto es así que el Consejo de Europa alertó el pasado julio de que "la transmisión de la cultura y del conocimiento a partir de una concepción legítima de las posiciones nacionalistas, pero hecha desafortunadamente según una opción de exclusión y agresiva contra los no nacionalistas, roza en ocasiones con posiciones racistas y xenófobas", señalando también que "una parte importante de la población no nacionalista" en el País Vasco es "objeto de exclusión social, amenazas y violencia, que en algunos casos se cobran víctimas mortales".

Pero en las escuelas de la Autoridad Nacional Palestina ocurre algo todavía más grave. Según el Instituto de Investigación sobre los Medios de Oriente Próximo, los últimos libros de texto elaborados por la ANP inculcan a los escolares palestinos la "necesidad" de la "guerra santa" y del "martirio" para "defender la religión" y "expulsar a los imperialistas", que explotan a los países islámicos y los pervierten al criticar las leyes de repudio y de poligamia o al calificar de inhumanos los castigos –flagelaciones, mutilaciones, ejecuciones públicas– previstos en la ley islámica. Según rezan los libros de texto de las "ikastolas" de Arafat, la yihad o "guerra santa" es una obligación moral de todos los creyentes, quienes deben acudir a ella cuando un gobernante musulmán la convoca. Asimismo, los creyentes también tienen la obligación de aportar dinero para equipar con armas, suministros, campos de entrenamiento, barcos y aviones y "cualquier otra cosa que necesiten quienes organizan la yihad para derrotar al enemigo, para glorificar el nombre de Alá y para fortalecer la fe". Pues, según dicen los libros de texto que deben estudiar los alumnos palestinos, "La nación islámica tiene hoy la urgente necesidad de resucitar el espíritu de la yihad en sus hijos, empleando todas las formas de lucha y concentrando sus recursos en fortalecer la fe en la religión de Alá y en obligar a sus enemigos a rendirse". No hay mejor recompensa que "la bendición del martirio" cuando "el enemigo ocupa tierras musulmanas, saquea sus recursos, vierte la sangre de sus habitantes y pisotea su honor".

Sin embargo, la Unión Europea, incluida España, no ha cesado de subvencionar las escuelas de Arafat, donde se lava el cerebro a los terroristas suicidas sedientos de sangre judía y hambrientos de la "gloria" de Alá. Y al igual que ocurre con las ikastolas en el País Vasco, donde los distintos gobiernos jamás se han atrevido a ejercer las competencias de inspección educativa que la Constitución reconoce al Estado, los burócratas europeos miran hacia otro lado, limitándose a entregar a Arafat el dinero de los contribuyentes y a seguir dándole coartadas diplomáticas frente al gobierno democrático de Israel. Todo ello aun a pesar de que hace ya demasiado tiempo –como hemos repetido en muchas ocasiones– que Arafat no es parte de la solución, sino el principal obstáculo en el camino hacia la paz en Oriente Medio. Y aun a pesar de su implicación directa en las actividades de los terroristas, pues ha demostrado reiteradamente que no quiere la paz, sino la expulsión de los judíos al mar.

Un dirigente político que educa a sus ciudadanos en el odio y en la glorificación de la guerra y de la muerte no puede ser jamás parte de ninguna solución pacífica. Pero la prensa "progresista" –y no tan progresista–, así como los burócratas europeos –que en esto, por desgracia, sí que representan a una buena parte de los ciudadanos de Europa, que sufre, diga lo que diga Ana Palacio, un claro brote de antisemitismo– se obstinan en una imposible equidistancia entre un terrorista como Arafat y un gobernante democrático como Sharon, cuya primera obligación es proteger la vida y garantizar la seguridad de sus ciudadanos. No es extraño que Sharon sea tan reticente a recibir a los representantes de la diplomacia europea. Aquí en España tampoco recibiríamos a quien pretenda "mediar" en el "conflicto vasco" entrevistándose primero con el jefe de los terroristas y después con José María Aznar, tratándolos como si ambos representaran cosas semejantes o tuvieran el mismo rango y derecho a ser oídos.

Porque, además de ser un terrorista, Arafat tampoco es un gobernante democrático por mucho que haya habido unas elecciones en la ANP: ¿Dónde está la oposición de Arafat? ¿Qué ha sido de quienes han intentado contradecirle? En definitiva, ¿por qué un discurso para ETA-Batasuna y la guerra contra el terrorismo, y otro para Arafat, cuando este último –incluidas sus "ikastolas"– es todavía peor que sus homólogos vascos?

El plan Mas-Carod
Cartas al Director ABC  18 Noviembre 2003

No teníamos bastante los españoles con el Plan Ibarretxe, que ahora nos surge otro frente en Cataluña. El discurso nacionalista y victimista de PSC y CiU ha engordado al independentismo de Carod-Rovira. Esperemos que esto sirva al fin de advertencia a Zapatero, quien se lanzó a los brazos del discurso nacionalista de Maragall y convenció de las bondades del líder catalán a los Bono, Chaves e Ibarra. Tiene suerte Zapatero de que la cercanía de las elecciones de marzo apaciguará sensiblemente la reclamación de responsabilidades dentro del PSOE. Posiblemente oiremos en los próximos días palabras de apoyo a Zapatero por parte de los barones socialistas. Por apaciguar a Maragall, Zapatero embarcó a todo el PSOE en un discurso en pro de la reforma de los Estatutos de Autonomía catalán y vasco. El domingo recogió sus frutos: una subida del nacionalismo radical catalán, ese nacionalismo que ve en el Plan Ibarretxe un referente para Cataluña. Ya lo dijo Carod: la llamada que más ilusión le hizo en la noche electoral fue la del lendakari vasco. Quizá ya va siendo hora de que el PSOE abandone su política de hacerse con el poder a toda costa, pactando con quien sea, y cierre filas con el PP frente a los desafíos nacionalistas. Por desgracia, para los catalanes no nacionalistas esto ya llegará demasiado tarde. Pero quinientos años de Historia en común no se desharán en una legislatura. En cuatro años volverán a haber elecciones en Cataluña y un PSOE sin el lastre del nacionalismo de Maragall puede tener mucho apoyo.     David Miranda.   Madrid.

Coherencia
Cartas al Director ABC  18 Noviembre 2003

Espero y deseo que el PSOE haya aprendido las lecciones recibidas primero en Madrid y ayer en Cataluña. Un partido nacional debe centrar su política en defender la Constitución y luchar contra los separatismos exacerbados. No se puede esperar, por supuesto, que los dos partidos piensen igual, sino que, manteniendo su identidad e independencia, hagan una piña en cuanto a los asuntos primordiales de España, como la unidad nacional, la defensa de la Constitución o la independencia de la Justicia. Tienen que demostrar más grandeza de miras. No se puede entender que tengamos al primer partido de la oposición más de un año detrás de cualquier pancarta que proteste por accidentes o desgracias que pueden volver a suceder. Al cumplirse un año del «Prestige», es de justicia brindar un homenaje a tantos ciudadanos anónimos que dieron un ejemplo de solidaridad y humanidad. Insisto en que, en asuntos de Estado, es de esperar un poco de coherencia. Seguro que esto sería muy bien recibido entre los electores. No, en cambio, la pancarta y el oportunismo.   José L.Valverde.   Madrid.

Nacionalismos
Aurelio Sáenz de Buruaga/Vitoria-Gasteiz  Cartas al Director El Correo 18 Noviembre 2003
 
Después de leer al señor Arturo Pérez Reverte en EL CORREO sus afirmaciones sobre los nacionalismos, considero necesario parar a reflexionar para conseguir el mayor grado de libertad personal mediante la inmunización a los virus del adoctrinamiento, la manipulación e incluso del fanatismo.

Afirma Reverte que, detrás de cada aventura nacionalista, hubo siempre un visionario majara, dos curas fanáticos que necesitaban tener a la parroquia agarrada por los huevos, media docena de burgueses que pretendían pagar menos impuestos y un pueblo inculto y manipulado que terminó creyéndose distinto, elegido y superior, y que al final, cada vecino vigila al otro o teme que le vigilen, llegando a la delación y el miedo. Y a la gente insolidaria y egoísta se le acaba pudriendo el alma convirtiéndose en un rebaño de borregos y chivatos. Reverte nos invita a preguntarnos cuántos cabemos en esa mezquina patria que nos quieren fabricar los visionarios, los oportunistas y los psicópatas.

Si tomamos como base estas afirmaciones y añadimos lo que es palpable en las políticas de los nacionalismos, como es el hacernos creer que todo no nacionalista es un enemigo en potencia de los nacionalistas y nos hablan de los de fuera y los de aquí, o de los maketos de Arana, o del factor R.H. de Arzalluz, las conclusiones a las que ha llegado el señor Reverte pueden estar bien fundamentadas. Una de las doctrinas más retorcidas de los nacionalismos para atraerse los votos de los ciudadanos es hacernos creer que si no gobiernan los nacionalistas, quienes nos gobernarán serán los de fuera; dando a entender que los no nacionalistas son de otra patria distinta a la nuestra y que sólo desean perseguirnos y empobrecernos. Pregunto: ¿Europa también es de fuera? Si es así ¿por qué acatamos sus leyes? ¿acaso estos también son nuestros enemigos por el mero hecho de no ser nacionalistas?

Conclusión: no a los nacionalismos excluyentes que nutren su política con el victimismo y atraen para sí los votos de la izquierda con el señuelo de falsos patriotismos o patrioterismos, reforzando su política burguesa de derechas. Reverte asegura que todo nacionalismo necesita apelar a lo más reaccionario que anida en el corazón del hombre, pervirtiendo culturas, ideas y sentimientos. Yo añado que todo es posible en democracia, pero no todos los caminos para alcanzar lo que es posible son legítimos.

Un total de 159 detenciones relacionadas con ETA en lo que va de año
Las Fuerzas de Seguridad del Estado han practicado un total de 159 detenciones relacionadas con la banda terrorista ETA en lo que va de año.
EUROPA PRESS. Madrid Heraldo de Aragón  18 Noviembre 2003

Las operaciones policiales contra la banda terrorista ETA desencadenadas a lo largo del año en España elevan 159 el número de detenidos por presunta relación con la organización en España, Francia, México y Alemania, los diez últimos este martes en el cuarto golpe asestado al aparato de captación desencadenado por la Policía en Guipúzcoa y Navarra, según informaron a Europa Press fuentes de la lucha antiterrorista.

Entre los presuntos etarras o colaboradores de la banda, 49 fueron arrestados en Francia, los dos últimos el pasado domingo en Agen que desarrollaban labores de enlace para suministrar material para atentar a los comandos. A estas detenciones se suman este año las nueve practicadas en México contra las finanzas de la banda y el arresto de Pablo Elkoro Ayestuy, extraditado a España la semana pasada.

Con anterioridad a la operación de este martes, la Guardia Civil arremetió el pasado 16 de octubre contra el entramado empresarial del diario Egunkaria. Se trató de la segunda fase de las investigaciones que desencadenaron la clausura del periódico que ordenó el juez de la Audiencia Nacional Juan Del Olmo por su supuesta vinculación con las finanzas de ETA.

A su vez, la Policía dirigió el 8 de octubre el mayor golpe asestado a ETA contra el denominado "aparato de captación" de la organización terrorista. Desencadenado en las tres provincias vascas, Navarra, Aragón y el Sur de Francia arrojó un balance de 34 detenidos, cinco de ellos en el país vecino.

Otras operaciones policiales relevantes fueron la acometida el pasado abril con un balance de ocho personas detenidas por su vinculación a Udalbiltza Kursaal organización del entramado ETA-EKIN que instruye el juez Baltasar Garzón. Además, el pasado julio fueron destenidos dos miembros del 150 kilos de explosivos en su poder, y el pasado septiembre fue desarticulado el "comando Vizcaya" con el arresto de seis de sus integrantes.
Golpes a Egunkaria

Entre los golpes asestados al entramado de ETA a lo largo del año destaca el que desencadenó la Guardia Civil con el arrestó de diez directivos y antiguos cargos del diario "Egunkaria" el 20 de febrero pasado. A esta operación le siguió el pasado octubre una segunda fase con nueve detenidos que permitió desentrañar el complejo entramado financiero creado en torno al diario clausurado por su vinculación con ETA para eludir pagos al fisco, fraude al OJD y ocultar beneficios para seguir cobrando subvenciones.

A estos arrestos se sumaron durante el primer trimestre del año los de otras 15 personas acusadas de colaborar con ETA de las que doce permanecen en prisión. Estos arrestos se produjeron el 19 de febrero pasado en el transcurso de una operación dirigida como la de hoy contra el "aparato de captación" de la banda terrorista, y que supuso desmantelar la incipiente estructura de la organización en las tres provincias vascas.

Desarticulación de Askatasuna
Dos semanas antes, el pasado 5 de febrero, la Policía asestó un nuevo golpe al entramado etarra (el décimo desencadenado por el juez Baltasar Garzón) con cinco detenidos que integraban la remozada cúpula de "Askatasuna". Los cinco arrestados fueron enviados a prisión.

A este balance se suma el arresto en Vitoria de dos presuntos colaboradores de ETA a los nueve días de comenzar este año, además de los 49 detenidos en Francia, entre los que destaca la considerada jefa de comandos, junto al huido Ibón Ferández Iradi "Súsper", Ainhoa García Montero, el pasado 9 de mayo.

Otros detenidos en Francia
Las detenciones de presuntos etarras o supuestos colaboradores de la banda en el país vecino también se han prodigado. Entre otras destaca la del veterano Domingo Aizpurúa "Pitxas" en Maunleón el pasado 21 de marzo. Otros arrestos destacables fueron el de Mikel Otegi, acusado de matar a dos ertzainas en 1995, la detención de la considerada responsable de la logística, Laurence Guimon,e Ismael Berasetegui Escudero, el etarra que consiguió huir el pasado 22 de agosto de 2002 de a prisión parisina de La Sante tras intercambiarse con su hermano.

La primera operación contra ETA llevada a cabo este año en Francia tuvo lugar en Dax, donde se arrestó a Anne Miren Alberdi, Cristina Goirizelaia y Carlos Saez de Eguilaz, quienes portaban un total de 80.000 euros en metálico y a los que se sitúa en el aparato político de la banda a las órdenes de "Mikel Antza".

El Congreso pide al Tribunal de Cuentas fórmulas para que las autonomías no oculten sus cuentas
En el último informe de fiscalización, las Comunidades presentaron un desfase de 13.000 millones
La Comisión Mixta para las Relaciones con el Tribunal de Cuentas aprobó ayer una resolución presentada por el Partido Popular y apoyada por todos los grupos para que este órgano jurídico estudie las posibles medidas legales que se pueden tomar para exigir tanto a las autonomías como a los entes locales que rindan sus cuentas en los plazos marcados por la ley. El PP también insta al Tribunal de Cuentas a que examine posibles soluciones que hagan posible que aquellas comunidades que no hayan implantado el Plan General de Contabilidad Pública lo efectúen en breve plazo.
Redacción - Madrid.- La Razón  18 Noviembre 2003

La Comisión Mixta para las Relaciones con el Tribunal de Cuentas del Congreso aprobó ayer una propuesta de resolución en la que insta al Tribunal de Cuentas a que analice las posibles soluciones legales para que las comunidades autónomas y los entes locales rindan cuentas dentro de los plazos legales.

Esta propuesta de resolución fue presentada por el Grupo Popular al informe realizado por el Tribunal de Cuentas sobre los Sectores públicos Autonómico y Local relativo al ejercicio de 1999, aunque contó con el apoyo del resto de grupos.

Asimismo, otra propuesta de resolución presentada por el PP a ese informe que también fue aprobada por la Comisión es aquella en la que se insta al Tribunal de Cuentas a que examine posibles soluciones, legales y administrativas, que hagan posible que aquellas comunidades, organismos autónomos y sus entes públicos que no hayan implantado el Plan General de Contabilidad Pública lo efectúen en el plazo más breve posible, informa Efe.

Otras propuestas, todas ellas presentadas por el PP, aprobadas por la Comisión, instan a las CC AA a que imputen al presupuesto las variaciones netas de operaciones de endeudamiento a corto plazo y que las operaciones de endeudamiento a largo plazo las imputen correctamente, «de acuerdo con los principios y normas contables públicos aplicables». Asimismo, se insta a las CC AA a que procedan al reconocimiento adecuado de los derechos en concepto de recursos procedentes del Fondo de Compensación Interterritorial, así como a que se reconozcan los derechos adecuadamente cuando esté acreditado el devengo de los ingresos correspondientes, especialmente cuando se trate de los derechos procedentes de Fondos Estructurales de la UE.

Las comunidades también fueron instadas por la Comisión a que procedan a un adecuado registro de los derechos pendientes de cobro, así como a que los registros de las operaciones de inventarios del inmovilizado material incluyan todos los bienes y estén correctamente valorados.

La Comisión instó asimismo a las CC AA a que la contabilización de las operaciones de endeudamiento a largo plazo formalizadas por sus administraciones generales para la financiación de las correspondientes inversiones se hagan atendiendo a los principios contables públicos.

Otras propuestas aprobadas instan a las CC AA a que se cumpla con los requisitos legales en materia de subvenciones; a que se optimicen los controles internos de los avales que otorgan las administraciones generales; y aquella en la que se insta al Gobierno a que en los Presupuestos Generales se concreten las inversiones a realizar por las CC AA con el Fondo de Compensación Interterritorial.

El Partido Popular rechazó una transaccional propuesta por el PSOE con el fin de instar no sólo a las CC AA sino también a los entes locales a que potencien la adjudicación de contratos de obras públicas por el sistema ordinario de subasta, propuesta que contó con el voto en contra de CiU por considerar que supone una «intromisión» en las competencias del régimen local y autonómico. PSOE y CiU votaron en contra de la propuesta que insta al Gobierno a dictar las normas con arreglo a las cuales las entidades locales han de confeccionar las relaciones de puestos, la descripción de trabajo-tipo y las condiciones requeridas para su creación.

En esa propuesta aprobada, se insta también al Gobierno a restringir los supuestos de nombramiento y cese contemplados en la Ley de Bases de Régimen Local en relación con la provisión en el sistema de libre designación de los puestos reservados a funcionarios con habilitación de carácter nacional.

En el informe realizado del ejercicio de 1999, el Tribunal detectó que el conjunto de las comunidades autónomas tuvo en el año 1999 un déficit de 2.800 millones de pesetas y no un superávit de más de 10.000 como sostenían en sus cuentas las administraciones regionales.

La mayor disonancia se encuentra en las cuentas de las comunidades de Extremadura y Aragón. A la primera el tribunal le atribuye un déficit de 8.400 millones cuando se presentó un superávit de mil. Respecto a Aragón, el informe demuestra que no hubo 4.489 millones de beneficio, sino sólo 38.

En el Informe de Fiscalización del sector público autonómico correspondiente a 1999, el Tribunal hace una serie de salvedades a las liquidaciones de presupuestos presentadas por las comunidades que reducen sus resultados en casi 13.000 millones. Esa disparidad se debe, según el informe, al inadecuado tratamiento de operaciones de endeudamiento y del Fondo de Compensación Interterritorial y a que se reconocen derechos «con base a estimaciones, sin estar acreditado el devengo de los derechos correspondientes», sobre todo en el caso de fondos procedentes de la Unión Europea.

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