AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 19 Noviembre  2003
Justicia y eficacia policial
Editorial ABC 19 Noviembre 2003

La paradoja
Lucrecio Libertad Digital  19 Noviembre 2003

Tras las elecciones catalanas
Editorial Heraldo de Aragón 19 Noviembre 2003

Echarse al monte
Ángel Cristóbal Montes La Razón 19 Noviembre 2003

El enfado
ALFONSO USSÍA ABC 19 Noviembre 2003

Oh, Luxemburgo
JAIME CAMPMANY ABC 19 Noviembre 2003

Transferencia de culpa
Aleix Vidal-Quadras La Razón 19 Noviembre 2003

Victimismo
César Vidal La Razón 19 Noviembre 2003

Golpe al futuro de ETA
Editorial El Ideal Gallego 19 Noviembre 2003

Fueros vascos y Constitución española
BARTOLOMÉ CLAVERO El Correo  19 Noviembre 2003

El mensaje del cardenal Rouco
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 19 Noviembre 2003

Rouco se enfrenta a la iglesia vasca
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Noviembre 2003

La Policía frena la recomposición de la nueva ETA en España con la detención de doce terroristas
MADRID. D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA ABC 19 Noviembre 2003

Andoain, campo de operaciones del terrorismo tras un nuevo atentado contra Amutxastegi
Libertad Digital  19 Noviembre 2003

El Premio Euskadi pide a Ibarreche más apoyo al castellano
Redacción - Vitoria.- La Razón 19 Noviembre 2003

 

Justicia y eficacia policial
Editorial ABC 19 Noviembre 2003

EL Plan Ibarretxe tiene abierta su primera brecha judicial en el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que ha admitido a trámite el recurso presentado por la Diputación Foral de Álava contra el acuerdo por el que el Gobierno de Vitoria aprobó la propuesta de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi. La decisión no implica un juicio de fondo sobre la ilegalidad de la propuesta soberanista, por lo que sería temerario hacer una prospección del resultado final del proceso. Pero sí presenta unos rasgos políticos y jurídicos que desmontan una parte sustancial del discurso del lendakari sobre su propuesta y debilitan sensiblemente lo que la Fiscalía calificó con acierto como una «estrategia jurídica de camuflaje».

Ibarretxe se enfrenta a una resolución judicial a la que no puede oponer sus argumentos victimistas habituales. La primera en la frente se la ha estampado a su propuesta una institución representativa de la sociedad vasca, un Territorio Histórico del País Vasco que se ha alzado contra una ruptura unilateral no sólo del orden constitucional, sino también de los principios pactistas sobre los que asentó el establecimiento de la Comunidad Autónoma Vasca. Ibarretxe ha pasado por encima de la realidad del País Vasco, al que ha embarcado en una aventura asociativa con España y Europa, como si ese País Vasco fuera una realidad política monolítica -maleable al antojo nacionalista-, y no una modalidad confederal de tres Territorios Históricos, amparados por la Constitución.

EL lendakari tiene muy difícil digerir esta oposición de la Diputación alavesa en el discurso que presenta su propuesta como un consenso renovado entre vascos y vascas. Acostumbrado como buen nacionalista radical a buscar el enemigo fuera de casa, Ibarretxe se enfrenta al primer síntoma grave de la implosión de su propuesta de libre asociación, a la primera manifestación seria del que siempre fue previsible conflicto civil entre vascos. Sólo el furor soberanista que se ha apoderado del nacionalismo explica ese desprecio por la sociedad vasca que rezuma su propuesta, basada en la negación de la pluralidad ideológica de los vascos y orientada a unificarla, a toda costa y antidemocráticamente, bajo el signo nacionalista. La Diputación alavesa ha roto el eje argumental del lendakari, al situar la discusión política y judicial -al margen de los términos técnicos en que el recurso deba expresarse- en la deslealtad del nacionalismo con la historia de la especificidad vasca, que es su tradición foral, patrimonio de los Territorios Históricos. Es la perspectiva más acertada de la crisis de Estado que quiere provocar el nacionalismo -medios existen para evitar que la consumen-, porque la propuesta de libre asociación de Euskadi, antes que una burda palanca de ruptura con España es el detonante de un enfrentamiento sin precedentes entre vascos.

En el terreno legal, el Plan ha perdido el blindaje jurídico que sus diseñadores le habían confeccionado a la medida, resumido en proteger una propuesta manifiestamente inconstitucional con actos aparentemente no impugnables. En definitiva, el Gobierno de Vitoria y sus estrategas confiaban en que el tránsito parlamentario de la propuesta iba a estar a cubierto de los Tribunales. Los dos jueces discrepantes de la admisión del recurso abundan en esta tesis, con el argumento de que el acuerdo del Gobierno vasco era un acto de mera comunicación. Se trata de una visión demasiado reduccionista y burocrática de un acuerdo que expresaba y ejecutaba la voluntad política del Gobierno vasco de atacar las bases del orden constitucional. El auto de admisión rechaza el concepto decimonónico de acto político, como ejercicio inmune del poder, vedado a cualquier revisión judicial. Acepta, como es lógico, que existan actos políticos, y el del Gobierno vasco es uno de ellos. Pero añade que la discrecionalidad de tales actos está sometida a elementos reglados, como la competencia del órgano y el procedimiento adecuado. El Tribunal acierta plenamente al situar su jurisdicción sobre esos elementos reglados del acuerdo impugnado, que eran los planteados por la Diputación de Álava y, con especial rigor, por el Ministerio Fiscal en la defensa de la admisión a trámite del recurso. Ciertamente, los efectos procesales de la decisión del Tribunal se reducen a la incoación del proceso contencioso administrativo, a la espera de que la Diputación pida la suspensión del acto impugnado, lo que ya exigiría una aproximación del Tribunal a la cuestión de fondo, que es la aprobación de la propuesta sin audiencia previa a a Diputación foral. En todo caso, los nacionalistas ya tienen hoy sobre la mesa la confirmación del primer fracaso estratégico de su programa de confrontación con el Estado: los Tribunales de Justicia no van a ser convidados de piedra. La situación se les puede agravar si el TC admite a trámite la impugnación del Gobierno, con el efecto suspensivo inmediato que prevé la Constitución. La admisión del recurso por el TSJPV confirma la tesis del abogado del Estado de que el acuerdo del gobierno de Ibarretxe era impugnable.

LA crisis de la propuesta de libre asociación no iba a ser un paseo para los nacionalistas. El Estado reacciona frente a las agresiones que recibe con la intensidad y los instrumentos que cada caso requiere y en todos los frentes que le ha abierto el nacionalismo, como le sucedió ayer a ETA, despojada de su incipiente infraestructura básica en el País Vasco, gracias a una eficaz operación policial dirigida desde la Audiencia Nacional. Buena noticia para todos, excepto para los que confían en que una ETA activa sea el mejor argumento para ceder a las pretensiones soberanistas.

La paradoja
Lucrecio Libertad Digital  19 Noviembre 2003

No es fácil acotar la paradoja. Chirriante. En el mejor momento económico de su historia reciente, asentada sobre un aplomo material y una relevancia internacional que hubiera sido impensable hace sólo dos décadas, la sociedad española parece en el límite mismo del despeñadero. La nación –esa invención de la burguesía del siglo XIX que forja la modernidad de Europa– afronta un desmoronamiento que muchos ya aceptan dar como inevitable.

Y, a los viejos conflictos de clase, sobre cuyas elaboradas mitologías, se desplegó lo más denso de la historia del siglo XX, los desplaza ahora una mitología arcaica, que hace casi nada hubiera dado sólo risa: la de ese hortera provincianismo de amor a la patria chica al cual se ha venido a dar solemne nombre de nacionalismo. Georges Brassens se guaseaba malévolamente, en sus conciertos en Bobino del invierno del 72, de los “imbéciles felices que han nacido en algún sitio”, esos descerebrados que te dan la barra, sin el más mínimo sentido de la cortesía ni el ridículo, a costa de la celestial excelencia de su terruño. No se engañaba el viejo ácrata, sin embargo. Y la canción acababa en un tono bastante menos festivo: al final, los imbéciles felices que han nacido en algún sitio acaban siempre dándose el gusto de llevarse por delante a los pobres diablos que no aceptan participar en su carismática creencia. Digo creencia, porque el cursi provincianismo del amor al terruño al cual es convención llamar nacionalismo, no es más que una religión inconfesa: religión de la sangre y de la tierra. Y la política, en ese tipo de sociedades creyentes, no es jamás otra cosa que chamanismo.

Decir esto es necesario. Pero nada arregla, ni en nada consuela. Muy al contrario. Pocas cosas hay más perseverantes en el estúpido cerebro humano que la delectación en las formas más primitivas y más supersticiosas del chamanismo. Basta haber oído y leído a Carod estos dos días para constatarlo como el hecho determinante. Porque nadie se engañe, después de la noche electoral, en Cataluña sólo ha habido un político con iniciativa: el dirigente de Esquerra. Que su porcentaje de votos sea la mitad del de CiU o PSC, importa, a decir verdad, bastante poca cosa. En el punto en el que se han puesto las cosas, no son los votos, sino las mitologías, lo que cuenta. Y las mitologías, y, sobre todo, su artesanía chamánica, está en manos de Carod. La tendencia, hoy, le favorece: frente a un pujolismo que ha chocado con quienes hacen realidad de lo que en Pujol fuera retórica, y frente a un maragalismo, hecho de un verbalismo casi etílicamente contradictorio.

Desde el interior del gobierno autónomo o desde fuera, Carod va a determinar –es inevitable– la política catalana. La secuencia es matemáticamente previsible: reforma del estatuto catalán, primero; reforma de la Constitución española, de inmediato, para dar paso a un Estado federal, cuya forma, monárquica o republicana, habrá de ser negociada con vascos y catalanes. Todo muy sencillito, muy como de mesa camilla, si nos atenemos al tono de lo dicho en estos días. La nación existente se desconstituirá. Nacerán, de ella, otras tres (por lo menos). No pasa nada. Y la evocación de Eslovenia empieza a aparecer en todas las alusiones.

No pasa nada.
Salvo que después de Eslovenia vino Croacia. Y luego Bosnia. Y Kósovo. Y una catástrofe de dimensiones difícilmente reproducibles.

No pasa nada.
Salvo que la hipótesis Carod implica la doble quiebra, política y económica, de los atravesados por ella. Cataluña retornaría al último tercio del siglo XIX. Como las Vascongadas. Los costes se llevarían por delante cualquier estabilidad económica –no hablo ya de la política– en la Península por muchas décadas.

No es fácil determinar de dónde vino esta agria paradoja. Yo tengo para mí que de la torpe transición que diera a luz una Constitución mal redactada y un delirio autonómico más allá de lo narrablemente estúpido. Pero está aquí, esa paradoja. Para quedarse. Y para amargarnos la vida. Probablemente, mucho más de lo que ni siquiera imaginamos.

Tras las elecciones catalanas
Editorial Heraldo de Aragón 19 Noviembre 2003

EN EL MAPA político que se vislumbra, hay que reconocer que Aragón, con el PSOE como formación gobernante, tanto en la Autonomía como en el Ayuntamiento zaragozano, empieza a configurar una especie de isla política entre las comunidades que la rodean: Navarra, en su especial estatus con la Unión del Pueblo Navarro; el País Vasco, polarizado por el PNV; Valencia, y todo el arco mediterráneo, afiliada al Partido Popular, y Cataluña, donde la ERC, la "bisagra" independentista, tiene la llave del poder entre el nacionalismo tradicional de CiU y el socialismo federalista de Maragall al que, pese a la firme implantación que el PSE tiene en esas tierras, le acaban de dar un varapalo.

Maragall, en su afán de navegar en las emergentes aguas nacionalistas, ha propuesto lo mismo una idea federal de España que la creación de una eurorregión que resucitase la vieja confederalidad de la Corona de Aragón. Hay que esperar que, al menos esta última propuesta, la habrá enterrado ya en el baúl de los olvidos. Porque, como se ha visto, el nacionalismo está por fórmulas mucho más radicales, las que reclaman directamente la independencia o el estado libre asociado. El fracaso de Maragall, como el de Antich en Baleares, dos de los integrantes de aquella hipotética eurorregión, deja sin horizonte una propuesta a la que el presidente aragonés, Marcelino Iglesias, se apuntó tímidamente, sobre todo para no dejar en mal lugar a su correligionario catalán. Huérfano de apoyos externos, sus compañeros de viaje interior son dos fuerzas nacionalistas de distinto signo: PAR y CHA. Tendrá el PSOE aragonés que activar el potencial propio si no quiere difuminar su capacidad de gestión.

Se acusa al PP de haber exacerbado, con su dura política centralista, el nacionalismo autonómico. Sin que haya que negar actitudes poco flexibles en el gobierno Aznar, la realidad es que el motor que parece haber disparado la presión nacionalista está en la conclusión del estado de las autonomías. Una vez que se ha llegado al techo que proponía aquel consenso y que las transferencias acordadas se han llevado a cabo, el sentimiento autonomista exige más, y el nacionalismo más radical lo exige todo. Habrá, pues, que afrontar esta nueva realidad y darle el cauce democrático que la situación requiere. Y esa perceptible "soledad" en que Iglesias queda deberá servir para incitar a una actuación de Gobierno más firme y decidida, menos pendiente de apoyos externos. Aragón debe potenciar al máximo sus recursos y su capacidad emprendedora si no quiere quedarse de convidado de piedra en el banquete autonómico.

Echarse al monte
Ángel Cristóbal Montes es catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Zaragoza La Razón 19 Noviembre 2003

El Tercer Mundo es el mundo de la guerrilla. Allí, muchos jóvenes, desde estudiantes a campesinos, por una variada gama de causas políticas, económicas y sociales, toman las armas y se echan al monte para entablar una lucha que en algunos casos está teñida de idealismo, pero en otros muchos no es, o acaba siendo, más que bandidaje. España, país subdesarrollado hasta ayer mismo, también tiene tradición en este tipo de enfrentamientos, desde la guerrilla antinapoleónica hasta el maquis antifranquista. Probablemente, constituimos con los pueblos balcánicos uno de los puntos de referencia histórica más significativos de semejante fenómeno bélico. Pero, hoy, España es una democracia occidental plenamente establecida, integrada de plano en la Unión Europea y con un nivel de desarrollo socioeconómico equiparable al de los países punteros.

Pensar que en nuestro humus social se dan las condiciones para que la gente, a la desesperada, se eche al monte, suena a un mal chiste, a una estimación completamente desenfocada y necia. Y, sin embargo, hay quien incurre en tal aberración, como el «ínclito» Arnaldo Otegi al afirmar recientemente: «La tentación de echarse al monte es muy grande. Hay cientos de jóvenes que piensan que no hay más camino que la lucha armada». Uno cierra los ojos, intenta abstraerse y piensa que es una pesadilla, un mal sueño. Que tengamos enquistado y plenamente operativo un foco terrorista, el de ETA, con más de mil muertos a sus espaldas y todos los estragos y destrozos pensables, conformando una situación que no se da en ningún otro lugar de Europa (hasta el «hermano mayor» IRA se ha aquietado), parece no resultarle suficiente al señor Otegi, que sueña con un Euskadi en el que cientos de aguerridos románticos jóvenes vascos toman las armas y se enfrentan al poder opresor español. No creo que sea tan iluso como para pensar que esas partidas de nuevos gudaris se van a establecer y vivaquear en los hermosos collados vascos (que no son precisamente Sierra Maestra o los Andes), porque allí durarían unas pocas horas ante el empuje de los soldados de verdad, sino que debe considerar que los cientos de jóvenes alzados en armas pasen a engrosar el entramado urbano, la guerrilla terrorista urbana con la que ETA
opera desde hace más de 30 años.

Cientos de nuevos terroristas, en consecuencia. ¿Es así, realmente, el País Vasco? ¿Existe esa predisposición en una parte importante de su juventud, lista para inmolarse en una causa sanguinaria y sin futuro? ¿Puede haber conducido la soflama nacionalista radical a una situación en la que, fuera de las coordenadas reales que rigen la vida de los pueblos, la sociedad vasca se coloque junto a los países tercermundistas y colonialmente oprimidos? ¿Es comprensible y razonable que en uno de los rincones de Europa donde antes prendió el desarrollo industrial y el espíritu de empresa se produzca un movimiento de retroacción que tienda a conducirlo casi a su prehistoria? ¿Cabe pensar que en una sociedad plenamente occidental como la vasca los problemas graves no admitan otro tratamiento que el de la violencia y la sangre? No, no puede ser cierto que en Euskadi «cientos de jóvenes piensen que no hay más camino que la lucha armada», porque una situación así no encaja con ninguno de los factores reales, datos operativos y ejes de conducta social que se dan en ese territorio.

Que haya grupúsculos enloquecidos, fanatizados y criminalizados, que al permanecer en el tiempo los aparatos directivos asuman carácter mafioso y tiendan a continuar, que siempre una causa así sea capaz de captar algunos jóvenes desorientados y soñadores (el «bucle melancólico») y que el fermento nacionalista subyacente permita mantener determinadas condiciones ambientales favorables, no conduce, ni mucho menos, a la conclusión de que en el País Vasco «la tentación de echarse al monte es muy grande». Eso sería el mundo al revés, la instauración del absurdo y el reino de la incongruencia y el disparate: un pueblo desarrollado no enloquece, arruina su presente y desdeña un futuro razonable, por más que se den en él profetas catastrofistas como Otegi.

El enfado
Por ALFONSO USSÍA ABC 19 Noviembre 2003

LOS nacionalistas vascos suelen estar enfadados. Lo escribí años atrás. Paseaban Arzallus y su novia por los jardines de Alderdi-Eder en San Sebastián. A ella le entró la fogarada del amor y se atrevió a darle una ráfaga de beso en el moflete derecho. Él se sobresaltó. «¿Qué haces, mujer?»; «Es que te quiero, Javiercho»; «Pues ya te he dicho mil veces que no pienses en esas cosas». He coincidido en cuatro o cinco ocasiones con Anasagasti. Siempre lo he encontrado de mal humor. Los vascos son alegres, y no sólo en «El Caserío» de Guridi. Pero los nacionalistas le han cerrado su ánimo al sentido del humor y la sonrisa. Fíjense en Clemente, el del fútbol. Si su equipo pierde, que es lo más habitual, se enfada bastante. Si gana, se enfada más. Y no es precisamente Clemente el prototipo de la aspereza, pero le puede su condición de nacionalista. Monseñor Setién se enfadó con Dios, y no intentó la reconciliación. Consideró que no era su culpa. «Que Dios dé el primer paso. Luego, ya veremos». Y las malas relaciones persisten, porque Dios no está para dar primeros pasos hacia Setién.

En la parroquia del Antiguo, en San Sebastián, confesaba un sacerdote muy nacionalista. Si el pecador era simpatizante del tinglado, la penitencia que imponía era mínima. Si se confesaba un «maqueto», temblaba el quiosco. «Padre, que se me ha ido la mano y he matado a un guardia civil». «Nada hijo, no hay que preocuparse. Eso es pecado venial. No mereces penitencia». «Padre, que se me ha ido la mano y le he tocado los pechos a mi novia». «¿De dónde eres?». «Soy de Madrid». «¿Y la novia?». «De San Sebastián». «Por deshonrar con tus manos sucias a una chica vasca de toda la vida, vas a rezar sesenta rosarios completos. Sinvergüenza». Justo, lo que se dice justo, no era.

La Conferencia Episcopal Española se ha reunido en su sede de Madrid. El cardenal Rouco defendió ante los obispos el valor de la Constitución. Es el primero que se ha atrevido a limpiar las telarañas del corporativismo. Leyó los párrafos más significados de la Pastoral de la Iglesia sobre el nacionalismo y el terrorismo. Hizo alusión al llamado «Plan Ibarreche», calificándolo de «grave cuestionamiento que nos preocupa extraordinariamente a todos». Y afirmó que «pretender unilateralmente alterar ese ordenamiento jurídico en función de una determinada voluntad de poder local es inadmisible». Finalizada su intervención, los obispos agradecieron su claridad con una prolongada ovación. Pero uno de los prelados estaba enfadado. Cuando era obispo de Zamora no se enfadaba tanto. Pero en San Sebastián ha recuperado sus raíces nacionalistas y ha cambiado de ánimo y humor. El obispo enfadado no aplaudió, y cuando sus compañeros abandonaron el salón para tomar un café, se mantuvo en su sitio quedando a merced de su voluntaria soledad. Leía un artículo de ABC, y a cada línea superada se enfadaba más. Se acercaron a Su Ilustrísima dos periodistas, que tuvieron la desfachatez de pedirle su opinión sobre el «Plan Ibarreche», el plan de la depuración y la división entre los vascos, el plan de la separación de España, el plan del exterminio de quienes no son nacionalistas. El plan de la ETA, su plan. Y monseñor Uriarte, enfadado sobre su natural enfado, alzó la mirada, miró con odio a los inoportunos periodistas, los atravesó de acero -me figuro que de Llodio- y les dedicó estas amables palabras. «No tengo nada que deciros, ¿está claro?». Clarísimo, monseñor.

Está claro su enfado, claro su desdén, claro su desprecio, claro su posicionamiento, claro su amor por los que han sacudido el árbol, claro su afecto por quienes han recogido los frutos, claro su paulatino distanciamiento de las víctimas, claro su cansancio por sus feligreses díscolos -no díscolos con Dios, sino con Ibarreche- y claro su sentido perverso de su función pastoral. Muy claro todo, enfadado monseñor Uriarte.

Oh, Luxemburgo
Por JAIME CAMPMANY ABC 19 Noviembre 2003

SE miren por donde se miren y se les dé la vuelta por la derecha o por la izquierda, los resultados electorales de Cataluña son un desastre y anuncian una situación política de calamidades. La suma de Artur Mas con Carod-Rovira, la de Carod-Rovira con Maragall, o la de Maragall con Artur Mas ofrecen por igual un panorama mucho más oscuro y mucho más incierto que el famoso reinado de Witiza. Esa Cataluña que ha salido de las urnas es una Cataluña no ya preocupante sino alarmante.

Artur Mas no es un heredero de Jordi Pujol, sino un dilapidador de su legado, que ha sido tan equívoco como prudente. Artur Mas es un zurumbático antipujolista que pide para Cataluña, no sólo la autodeterminación, un Tribunal Supremo de Cataluña, un concierto económico privilegiado ¡dentro de la Unión Económica!, y aquella gilipolluá de la selección de Cataluña con la camiseta de Andorra. Pasqual Maragall quiere ser a un tiempo mismo Jaime I el Conquistador, con Figueras y Pi i Margall (al fin y al cabo, para ser Margall sólo le sobre una «a»), y aspira a un Estatuto como el de Artur Mas, y a un Tribunal Supremo como el de Artur Mas, y a un concierto económico como el de Artur Mas. Lo único que no se ha puesto del indumento político de Artur Mas es la camiseta de Andorra. Carod-Rovira quiere la independencia, el rojerío y la República, meter en un solo Estatuto a Cataluña, Valencia y las Baleares (otro que vuelve a la Corona de Aragón), pero sobre todo lo que quiere es que Cataluña sea Luxemburgo.

Ya disponemos de Pasqual Maragall ciñéndose la Corona de Jaume el Conqueridor; tenemos a Artur Mas jugando al fútbol y haciendo el triple salto olímpico con la camiseta andorrana, y a Carod-Rovira convertido en el Gran Duque de Luxemburgo, sólo que republicano. Bueno, pues que venga algún ilustre entomólogo y nos coja todas estas moscas por el rabo. Mis semipaisanos los catalanes, siempre tan moderados y discretos, por esta vez han sacado los pies del tiesto o han meado fuera de las urnas. Han dejado en el Principado una jeroglífico político que no hay un dios que meta el diente. Algunos socialistas incitan a Maragall a aliarse con Mas, algunos «esquerristas» extremosos empujan a Rovira a entenderse con Maragall, y no faltan los que prefieren un concierto entre Mas y Rovira. Bueno, pues tire usted hacia donde tire, todo termina en un desastre. No parece sino que la mayoría de los electores catalanes hayan perdido la cabeza el domingo de urnas.

Y encima, caminamos dentro de Europa a convertir a Cataluña en Luxemburgo. El Gran Ducado Republicano de Cataluña, hermanado con Luxemburgo. Cataluña se debate en estos momentos entre la Corona de Aragón, la camiseta de Andorra o el Ducado de Luxemburgo. Ya lo ven ustedes, señores lectores y sufridos contribuyentes: hemos entrado en Europa, nos hemos metido en el euro, estamos a punto de lograr una Constitución de la Unión Europea, vamos a cargarnos a hombros la Europa del Este, y todo para terminar siendo el barrio celtíbero al sur y a poniente de Luxemburgo. Oh, Luxemburgo.

Transferencia de culpa
Aleix Vidal-Quadras La Razón 19 Noviembre 2003

Una vez asimilado con considerable dolor el resultado de las elecciones catalanas, los socialistas, grandes derrotados en estos comicios, se han apresurado a buscar responsabilidades para explicar el desastre y, como es natural en gentes escasamente lúcidas, las han hallado fuera de sus filas. Su brillante razonamiento es el siguiente: el Partido Popular ha adoptado una actitud hostil hacia los nacionalismos periféricos y se ha cerrado en banda a cualquier reforma constitucional y estatutaria, lo que ha enconado a los partidos de esta filiación provocando así el incremento del voto a fuerzas radicales como Esquerra Republicana. Una vez oídos los lamentos, constatemos los hechos. Durante el período de gobierno del PP, iniciado en 1996, la colaboración de los ejecutivos presididos por José María Aznar con los nacionalistas catalanes y vascos ha sido leal, amplia y continua, mientras esta lealtad se ha mantenido recíproca. Durante la primera legislatura de mayoría de centro-derecha, se cerraron pactos con CiU y PNV que, según reiteradas declaraciones de los propios interesados, hicieron avanzar el autogobierno de sus comunidades hasta cotas jamás alcanzadas en toda su historia, y el permanente y abierto diálogo tanto en el Congreso de los Diputados como en los parlamentos autonómicos se desarrolló en un clima de confianza y mutuo respeto. Si este planteamiento positivo se deterioró en el caso de las relaciones con los nacionalistas vascos fue con motivo de su cambio de estrategia favoreciendo un acuerdo excluyente que englobase al conjunto de los abertzales y complaciese a ETA.

En cuanto a las relaciones con Pujol, incluso después del 2000, cuando su apoyo en Madrid ya no era necesario, Aznar sostuvo en el Parlamento de Cataluña a gobiernos de CiU en minoría con el único propósito precisamente de demostrar buena voluntad y procurar evitar el descarrilamiento del nacionalismo catalán hacia posiciones rupturistas. Ya se ha visto la forma en que tan agradecidos socios han correspondido a estos gestos generosos. A medida que se acercaba el dieciséis de noviembre, las exigencias de reforma del Estatuto se han ido agudizando hasta concretarse en un listado de propuestas imposibles de aceptar sin la voladura previa del gran pacto civil de 1978. ¿O es que Zapatero y Maragall pretenden que se rompa la caja única de la Seguridad Social, se liquide la unidad de la Administración de Justicia y el Estado renuncie a su competencia exclusiva en materia de política exterior? Porque si el secretario general del PSOE está dispuesto si un día es presidente del Gobierno de España a asistir a los Consejos Europeos flanqueado por los señores Mas e Ibarretxe, debe explicarlo a la opinión pública.

El mecanismo de la transferencia de culpa es bien conocido en psiquiatría y, desde luego, tiene tratamiento. Lo que no tiene es demasiado porvenir en las urnas.

Victimismo
César Vidal La Razón 19 Noviembre 2003

Entre los nacionalismos que amargan a las naciones europeas y el que ensombrece el futuro de España existe una diferencia fundamental. Irlanda, Córcega o Bretaña sufrieron siempre como regiones más pobres. En Cataluña y las Vascongadas ha sucedido durante siglos lo contrario. Históricamente, ambas regiones españolas han sido favorecidas de manera especial.

Fueron los empresarios catalanes los que troncharon el ritmo liberalizador de la Restauración canovista en favor de un proteccionismo económico que a ellos les benefició pero que perjudicó a toda España y también fueron ellos los primeros en aplaudir el golpe de Primo de Rivera que salvaría sus industrias del pistolerismo obrerista. Lo políticamente correcto exige afirmar que fueron regiones maltratadas pero lo cierto es que durante el franquismo resultaron especialmente favorecidas.

La represión fue mucho menor en Cataluña y Vascongadas; ninguna región pudo rivalizar en número de ministros con las Vascongadas y ninguna recibió tanto respaldo económico como ambas. Llegada la Transición, el trato de favor perduró. Para acallar las exigencias nacionalistas se creó un sistema de autonomías en que recibieron un grado de autogobierno impensable en Europa.

Sin embargo, el mensaje victimista ha continuado. Supuestamente, el resto de España sigue esquilmando a Cataluña y al País Vasco. El reciente estudio de Ezequiel Uriel, titulado «Las balanzas fiscales de las comunidades autónomas» y publicado por el BBVA, desmonta ese argumento. El País Vasco recibe mucho más de lo que da. Si puede mantener su sanidad, su sistema de pensiones, su gobierno autónomo es gracias al dinero de los demás españoles.

Por lo que se refiere a Cataluña, transfiere 391 euros por persona y año a otras comunidades. ¿Explotación? No, buena suerte. Las Baleares transfieren más del doble y Madrid ¬la primera en contribuir¬ llega a 1.286 euros por persona y año. La verdad es que le cuesta más ser español a un madrileño que a un catalán y no digamos a un vasco. Esa es la verdad y lo demás es un victimismo embustero, insolidario y, si me apuran, violento y hasta gorrón.

Golpe al futuro de ETA
Editorial El Ideal Gallego 19 Noviembre 2003

Si pertenecer a ETA siempre ha llevado aparejada la condición de ser una persona repugnante, desde que en diciembre del año pasado fue detenido Ibon Fernández de Iradi, “Susper”, también implica un arresto seguro, puesto que lo papeles incautados al terrorista ya han dado pie a cuatro operaciones policiales, que han acabado con más de medio centenar de detenciones. La última, que se desarrolló ayer en Navarra, Guipúzcoa y Sevilla, sirvió para frustrar los planes de reorganización de la banda, ya que fueron capturados los elegidos para reconstruir el recientemente desmantelado aparato de captación etarra. La conclusión evidente es que los nacionalistas vascos asesinos se encuentran en una situación de extrema debilidad, pero no se puede pasar por alto otro dato: aún disponen de algunas reservas para intentar recuperar su antigua capacidad criminal. La única forma para impedir que lo consigan es la vía policial, que excluye el diálogo que defiende el PNV, en la actualidad el mayor aliado de ETA.

Fueros vascos y Constitución española
BARTOLOMÉ CLAVERO/CATEDRÁTICO DE HISTORIA DEL DERECHO EN LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA El Correo  19 Noviembre 2003

La reacción casi unánime del constitucionalismo español ante la propuesta de un nuevo Estatuto de Autonomía formalizada por el Gobierno vasco de signo nacionalista está resultando más previsible que lógica a la luz de la propia Constitución, la española. Se trata en lo sustancial de acusar vulneraciones constitucionales texto contra texto, artículo contra artículo, tal y como si la Constitución fuera una norma de naturaleza absolutamente diversa y rango completamente superior al Estatuto. Todo hace presagiar que el Tribunal Constitucional se situará en esa línea no sólo por la coyuntura actual de una presidencia obsequiosa, sino también por el rumbo de la jurisprudencia de otras etapas.

La premisa de superioridad absoluta no está tan clara para la Constitución misma en los casos del País Vasco y de Navarra dado el conocido detalle de que reconoce Fueros: «La Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales», previéndose su actualización por la vía estatutaria. 'Territorios forales' son cuatro: Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra. Los tres primeros han formado la Comunidad Autónoma del País Vasco manteniéndose como 'territorios históricos' sin renuncia a los fueros propios. Navarra ha constituido una comunidad foral por sí sola.

Navarra ni siquiera se constituye formalmente por estatuto, sino en virtud de fuero propio por vía de amejoramiento, el término tradicional para la reforma foral. Se atiene ahora a la Constitución española no sin subrayar de entrada que su derecho a la autonomía es de título histórico y así previo al reconocimiento constitucional mismo. Las partes orgánicas de la Constitución entran en vigor para el caso de Navarra por determinación del Amejoramiento y en la medida de esta incorporación. Los derechos de libertad son en cambio derechos superiores para la Constitución misma y también para el derecho histórico, cualquiera que fuere. Así viene a entenderse por el propio Amejoramiento.

Los tres territorios históricos que forman la Comunidad Vasca confieren a ésta no sólo una entidad institucional propia, sino también el derecho histórico de la integración común. El Estatuto vasco traslada el fundamento foral de la autonomía al mismo pueblo vasco como sujeto integrador con derecho histórico propio: «La aceptación del régimen de autonomía que se establece en el presente Estatuto no implica renuncia del pueblo vasco a los derechos que como tal le hubieran podido corresponder en virtud de su historia». Respecto a la incorporación de la parte orgánica de la Constitución, puede decirse lo mismo que para Navarra. Dado el derecho histórico, se produce en virtud del Estatuto.

Son cosas sabidas que conviene recordar porque usualmente no se toman en serio a los efectos jurídicos del caso, aun no habiéndose nada de ello improvisado en una fase que ha sido, sin solución de continuidad, constituyente y estatuyente. Se respondía con todo ello a una cultura política vasconavarra y a un tracto en el tiempo de derecho vizcaíno, guipuzcoano, alavés y navarro, que además no eran motivos exclusivamente nacionalistas, sino compartidos por los sectores políticos incluso más encontrados del área. Tal cultura y tal derecho ahora se elevaban y traducían a términos constitucionales.

Ahora, parte de la Constitución española rige en el País Vasco y en Navarra por determinación autónoma de Amejoramiento o Estatuto, estando así por lo tanto a disposición de posibles reformas a instancia vasca o navarra. La confrontación de texto contra texto, artículo contra artículo, entre norma constitucional superior y estatutaria inferior no parece que resulte entonces un método válido de respuesta ante una propuesta de revisión. La autonomía navarra y la vasca, ésta comprendiendo la vizcaína, la guipuzcoana y la alavesa, no son homologables a ninguna otra conforme al tenor y desarrollo de la misma Constitución española.

En cuanto que iniciativa de nuevo Estatuto, en cuanto que tal estrictamente, la propuesta actual del Gobierno nacionalista no habría de presentar problema alguno de entrada. Cabe que se base en derecho histórico propio y en la capacidad de disposición que consiguientemente le corresponde al pueblo vasco sobre la parte orgánica de la Constitución española. Mas aquí precisamente es donde surge el problema de partida. «Nuestros derechos históricos recogidos en el Estatuto de Gernika y en la Constitución española» no aparecen como fundamento de la iniciativa, sino en posición secundaria respecto al derecho de autodeterminación del pueblo vasco, al «derecho del pueblo vasco a decidir su propio futuro».

Con esto no se fortalece la propuesta, sino que más bien se debilita. Las instituciones internacionales no reconocen dicho derecho de autodeterminación del pueblo vasco ni hay viso alguno de que vayan a hacerlo. Por otra parte, se posterga el tracto de derecho histórico que puede conferir autoridad a la propia propuesta ante el destinatario principal, el constitucionalismo español. Hay una especie de renuncia a la propia cultura política de base foral que pudiera motivar y sustentar la propuesta. Hasta tal punto esto es así que resulta un descuido realmente intrigante.

Puede haber razones. Una de ellas radica en el compromiso de la composición interforal del propio País Vasco. Una iniciativa basada en Fueros obligaría a un respeto de las determinaciones de sus titulares originarios, los territorios históricos de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, que la propuesta no demuestra ni parece que se preste a hacerlo. Aparte de unos enfrentamientos políticos en los que aquí no entro, parece indudable que Álava cuenta con una fuerte base de carácter jurídico, no sólo ideológico, para recurrir la iniciativa. Sin embargo, no parece que este flanco explique suficientemente la razón de una renuncia.

Hay otro más oscuro o incluso, midiéndose cuidadosamente las palabras, puede decirse que tenebroso. Toca a la situación de chantaje creada y mantenida por la violencia política en nombre del pueblo vasco con rechazo literalmente sangriento tanto de Constitución española como de Estatuto vasco, del actual. El fundamento de derecho histórico remite al reconocimiento de ambos. Pasa por ellos. Incluso los Fueros tienen sentido político y jurídico con relación a España, sin cuya referencia lo que entraría en juego efectivamente sería el derecho a la autodeterminación. He ahí otras razones para el descuido en la motivación de la propuesta.

No digo ni pienso que el paso responda a un acuerdo explícito entre nacionalismo y terrorismo. No lo parece. Sólo me atrevo a indicar que el primero se muestra dispuesto a sacrificar su patrimonio político y jurídico de tradición histórica y derecho foral por unas expectativas, a decir poco, inciertas. La escisión que la iniciativa está además produciendo en la propia sociedad vasca y el grado en que está alimentando la peor de las reacciones de parte española, la reacción menos apreciativa e incluso despreciativa del derecho vasco, incrementa la perplejidad. Y estos efectos ya son palabras mayores puesto que, lo mismo que el terrorismo, alcanzan de lo más negativamente a derechos de libertad. De esto debiera estar debatiéndose antes que de textos y de artículos. El momento textual es cosa posterior.

El mensaje del cardenal Rouco
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 19 Noviembre 2003

El párroco de mi pueblo, una buena persona, nos predicaba en la catequesis, cuando éramos niños, algo que nunca se me ha olvidado y que, más aún en los tiempos que vivimos, me parece toda una divisa de comportamiento moral y cívico: “Haz lo que debas, aunque debas lo que haces”. En un mundo de compromisos e intereses descarados, es un buen sermón que no ha perdido actualidad. Lo recordaba ayer, al conocer el discurso con el que el arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco, abrió la octogésima primera Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española ante los cerca de ochenta obispos, la casi totalidad de los españoles, reunidos en la ya famosa y madrileña calle Añastro, sede del “estado mayor” eclesial español.

Rouco, que une a la sutileza de los gallegos finos la perseverancia de los virtuosos, refrescó a los reunidos la Instrucción Pastoral que, hace un año, aprobó la Conferencia en la que “abordamos con sentido pastoral el gravísimo problema del terrorismo de ETA”. También, con referencia al mismo documento —“Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y sus consecuencias”—, el cardenal recordó que “la Constitución es hoy (a los 25 años de su aprobación) el marco jurídico ineludible de referencia para la convivencia”. Añadió: “Pretender unilateralmente alterar ese ordenamiento jurídico en función de una determinada voluntad de poder, local o de cualquier otro tipo, es inadmisible”.

Supongo que el no olvidado, aunque desaparecido, cardenal Vicente Enrique y Tarancón hubiera asistido gozoso a la reunión porque Tarancón fue, no conviene perder la memoria, una de las principales fuerzas cooperadoras para el establecimiento democrático que hoy disfrutamos. Claro que eran otros tiempos y que, salientes del nacionalcatolicismo, eran otras las responsabilidades exigibles a todo tipo de líderes sociales.
El discurso de Rouco fue, supongo, una lluvia sobre mojado. La práctica totalidad de los obispos españoles compatibilizan el ejercicio de su fe y su ministerio con una actitud cívica irreprochable. Fue, en consecuencia, algo parecido a la prédica de la castidad en la misa de las siete de la mañana: ¿hay muchos pecadores contra el sexto mandamiento en esas celebraciones tan tempranas?

Claro que no la totalidad de los obispos que se reúnen en la Conferencia comparten esa teoría constitucional. Ahí están, por señalar, algunos de los prelados vascos. ¿No sería más eficaz y oportuna la acción de Rouco frente a sus colegas en el País Vasco que la proclama general y obvia? Este terreno fronterizo entre lo que es de Dios y lo que corresponde al César es siempre delicado y se presta a malas interpretaciones. No es el caso ya que no caben dudas sobre la intención y la actitud del cardenal, pero un toque de suspicacia nunca le viene mal al recuerdo de mi párroco gallego.

Rouco se enfrenta a la iglesia vasca
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Noviembre 2003

El presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Rouco Varela, se declaró el lunes, al inaugurar la LXXX Asamblea plenario, “extraordinariamente preocupado” por el intento de alteración unilateral del ordenamiento constitucional español. Era una referencia al Plan Ibarretxe sobre la reforma del Estatuto vasco, cuya crítica por parte del purpurado traía ecos de un documento episcopal de noviembre del 2002 titulado “Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias”.

Es, por tanto, la segunda vez que de manera solemne la Iglesia española sale al paso de los proyectos segregacionistas del nacionalismo vasco. La instrucción pastoral de hace un año establecía que “no sería prudente ni moralmente aceptable poner en peligro la convivencia de los españoles, negando unilateralmente la soberanía de España”. Rouco dice que ahora es preciso “respetar y tutelar el bien común de una sociedad pluricentenaria”.

Veinticuatro horas después de las elecciones catalanas, que proyectan una inquietante sombra sobre la gobernación de España y la normal relación de fuerzas políticas, la Iglesia católica española lanza un timbrazo de alarma que pone en escorzo su propia división a la luz de las actitudes de los obispos vascos. Conviene recordar que el 31 de mayo del 2002 los obispos de Bilbao, de San Sebastián y de Vitoria, más el auxiliar de la primera de las diócesis citadas, Carmelo Echenagusia, que es como el cancerbero vigilante del obispo Ricardo Blázquez, habían lanzado una carta pastoral cargada de intención sobre las “consecuencias sombrías” que podría acarrear para “nuestra convivencia y la causa de la paz” la ilegalización de la izquierda abertzale, es decir, Batasuna, que bajo la denominación inicial de HB y EH, entre otras siglas auxiliares, había representado el brazo político de ETA, cuyos crímenes jamás condenó y cuyas actividades callejeras, públicas o subterráneas, bajo la cobertura de la legalidad política, han sido ya suficientemente descubiertas tanto en España como en Francia. En medio de sus errores tácticos, no se puede negar a José María Aznar un acierto expresivo cuando calificó aquella pastoral de los obispos vascos como “perversión moral grave”.

En su discurso, Rouco Varela habló de las virtudes de la Constitución como “marco jurídico ineludible de referencia para la convivencia”. Además acusó al “nacionalismo totalitario” de haber originado el “gravísimo problema del terrorismo de ETA”.

Nunca un prelado individualmente había lanzado una soflama parecida contra los efectos del nacionalismo vasco, profundizando así, a través de su denuncia, la sima abierta en el seno de la Iglesia española, si es que cabe considerar que a ella pertenecen también los obispos y sacerdotes nacionalistas. Trescientos cincuenta de éstos, al mismo tiempo que los primeros publican su pastoral de 31 de mayo del año pasado, difundían otra carta en defensa del derecho de autodeterminación de Euskal Herria. Era, complementando la pastoral de los obispos vascos, un abierto desafío a los criterios de la autoridad eclesial española, para la que proyectos impuestos dan lugar a un nacionalismo incompatible con la doctrina católica.

La Policía frena la recomposición de la nueva ETA en España con la detención de doce terroristas
MADRID. D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA ABC 19 Noviembre 2003

Algunos están acusados de esconder a «liberados» del «Donosti-Nafarroa» que podrían haber asesinado a Pagaza y a tres agentes en Sangüesa y Leiza

La Policía asestó ayer un nuevo golpe a la capacidad de reorganización de ETA en España, con la detención de doce individuos, en Guipúzcoa, Navarra y Sevilla, que presuntamente tenían encomendadas labores de infraestructura, captación e información, y el registro de quince domicilios donde se ha encontrado abundante documentación. Uno de los detenidos, Zugaitz Izaguirre, que iba a huir a Francia, colaboró con el «comando Bakartxo», autor del asesinato del concejal del PSE en Orio Juan Priede. Varios de los arrestados alojaron en sus domicilios a «liberados» del «complejo Donosti Nafarroa» que podrían estar implicados en los asesinatos de Joseba Pagazaurtundua, de un guardia civil en Leiza y de dos policías en Sangüesa.

Se trata de la tercera operación anti ETA realizada como consecuencia de los documentos incautados en diciembre del pasado año al entonces jefe del «aparato militar» Ibón Fernández Iradi, «Susper». En la primera, llevada a cabo el 19 de febrero, fueron arrestados quince individuos, mientras que en la segunda, el 8 de octubre, 34. Sin embargo, expertos antiterroristas consideran que esta es, cualitativamente, la más importante de las tres, ya que la mayoría de los arrestados habían alcanzado un grado mayor de implicación en la actividad terrorista.

«Tranquilos, que todo está en clave»
Lo cierto es que, tras asumir la máxima responsabilidad en la dirección de los «comandos», «Susper» «heredó» de sus antecesores, José Antonio Olarra Guridi y Ainhoa Múgica, un listado de individuos recién captados o a punto de ser reclutados, para recomponer, casi en su integridad, la infraestructura de ETA en España, que había quedado prácticamente desmantelada tras los golpes sufridos. Pero Fernández Iradi, cuando aún llevada pocos meses como jefe del «aparato militar», se dejó atrapar con toda la documentación que, unida a otra serie de pistas que dejó, ha posibilitado, hasta el momento, la caída de 82 individuos. Tras huir de los calabozos de la Policía de Bayona, «Susper» escribió una carta a sus compañeros en la dirección de ETA en la que les pedía tranquilidad, argumentando que los nombres de los reclutados estaban «en clave». La misiva fue interceptada también por la Policía francesa que pudo descodificar las claves, si bien en algunos casos los nuevos etarras figuraban con sus nombres y apellidos.

El operativo de ayer, coordinado por el magistrado Baltasar Garzón, se desencadenó a primeras horas de la madrugada, de manera simultánea, en Guipúzcoa, Navarra y Sevilla. De los detenidos, nueve lo fueron en Guipúzcoa. Así, en Deba fue detenido Gaizka García Urbieta, de 24 años de edad; en Oyarzun fueron arrestados Zugaitz Izaguirre Ameztoy, Enekoitz Oyarzábal Lizarralde y David Brum Martínez, los tres de 23 años de edad, Xabier Otaegi Olasagasti, de 32 años, y Rubén Guelbenzu González, de 29, fueron detenidos en Lasarte y Andoain, respectivamente. En Mondragón lo fueron Saioa Alzua Galparsoro y Gaizka Azcárate Garay, de 28 y 30 años, respectivamente. En Villabona fue detenido Eneko Gorostidi. Por su parte, en Pamplona la Policía arrestó a Ikerne Idakoetxea Barbería y Goizeder Antón Iturralde, de 26 y 30 años, respectivamente. Finalmente, se procedió a la detención de Regina Maizteguui Aboitiz en Sevilla, en donde se encontraba para trasladarse después a Huelva para visitar en la cárcel a la etarra Lourdes Churruca.

La Policía trata de establecer cuál era la responsabilidad y el grado de implicación de cada uno de los detenidos. Fuentes de la lucha antiterrorista consideran como uno de los más peligrosos a Zugaitz Izaguirre, presunto colaborador del «comando Bakartxo», desarticulado en marzo del pasado año en Guipúzcoa por la Guardia Civil tras la detención de sus dos «liberados» Ignacio Javier Bilbao Goiocoechea y Unai Bilbao Solaeche, pocos días después de que asesinaran al concejal del PSE en Orio, Juan Priede. Izaguirre tenía la mochila preparada para trasladarse de forma inminente a Francia y convertirse en un «liberado» de la banda criminal.

En ambientes abertzales
Por otra parte, varios de los detenidos han alojado en sus viviendas a miembros «liberados» del «complejo Donosti-Nafarroa», entre los que podrían figurar los autores del asesinato de un guardia civil en Leiza, de dos policías nacionales en Sangüesa, así como del jefe de la Policía Municipal de Andoain, Joseba Pagazaurtundua.

La Policía trata de confirmar, asimismo, el grado de implicación de las dos mujeres detenidas en Pamplona, Ikerne Idakoetxea y Goizeder Anton, a las que se les relaciona con labores de captación en ámbitos de la izquierda abertzale en Pamplona. Por otra parte, Gaizka García y Rubén Guelbenzu tienen antecedentes en actos de terrorismo urbano.

UN COHETE DESTROZA LA CASA DEL CONCEJAL DEL PSE
Andoain, "campo de operaciones del terrorismo" tras un nuevo atentado contra Amutxastegi
Al concejal socialista en Andoain, Estanis Amutxastegi, le han quemado su casa, su coche y el de su hija con cócteles molotov. El martes fueron un paso más allá. Destrozaron su casa con un cohete y no alcanzaron a su hija por escasos metros. Amutxastegi está en el punto de mira de los terroristas por pactar con el PP. Como él, José Luis Vela, Antonia Landa, Maite Pagazaurtundua, ...
Libertad Digital  19 Noviembre 2003

La casa del concejal socialista de Andoain , víctima en varias ocasiones del acoso de los violentos, fue atacada con un artefacto pirotécnico que ha causado daños materiales. No hubo heridos, pese a que la hija de Amutxastegi estaba estudiando en la habitación contigua por la que entró el cohete incendiario.

Estanis Amutxastegi, teniente alcalde de esta localidad guipuzcoana, gobernada por Batasuna-ETA en la anterior legislatura y que lideran ahora PSE/EE y PP tras un pacto firmado el pasado día 7, se encontraba fuera del País Vasco debido a responsabilidades derivadas de su cargo. A las 19.35 horas, varios individuos arrojaron un artefacto pirotécnico al primer piso del número 6 de la calle Zuberoa, donde en ese momento únicamente se encontraba la hija menor de Amutxastegi, de 23 años. Fuentes de la lucha antiterrorista precisaron a la agencia EFE que el cohete pirotécnico penetró en el salón por una ventana y, tras explotar en su interior, causó un incendio que afectó al sofá y a las cortinas de esta estancia.

Tanto la hija del edil socialista como el resto de vecinos de este inmueble de cinco plantas tuvieron que ser desalojados del edificio y no pudieron regresar a sus casas hasta las 20.55 horas, después de que los bomberos sofocaran el incendio y comprobaran los daños causados por la explosión. Según el edil del PSE/EE de Andoain, José Luis Vela, la casa de su compañero de corporación quedó "destrozada" a consecuencia del incendio por lo que la familia Amutxastegi "tendrá que pasar muchos días fuera de su domicilio".

La mujer de Amutxastegi acudió poco después al lugar del ataque y, visiblemente afectada por lo ocurrido, se abrazó a su hija que se encontraba en el exterior del inmueble y ambas abandonaron el lugar.

Amutxastegi, Vela, Landa, Pagaza, ... víctimas del terrorismo en Andoain
Estanis Amutxastegi ha sido objeto de numerosos ataques por parte de los violentos, que ya lanzaron contra su vivienda cócteles molotov y cohetes pirotécnicos y quemaron su turismo y el de otra hija mayor. Otros ediles socialistas de Andoain han sufrido también el acoso de los radicales, entre ellos José Luis Vela, a quien quemaron su coche y atacaron una vivienda creyendo que era la suya, o Antonia Landa, contra quien colocaron un artefacto casero en el exterior de su casa. Una de las últimas víctimas mortales de ETA, el jefe de la Guardia Municipal de Andoain Joseba Pagazaurtundua, que era miembro del comité local del PSE/EE, también padeció en varias ocasiones el ataque de los violentos, que trataron de destrozar la Casa del Pueblo de este municipio.

Tanto dirigentes del PSE/EE como del PP relacionaron este ataque con el reciente pacto de gobierno suscrito por el PSE/EE y el PP en este municipio y destacaron, como el secretario general de los socialistas guipuzcoanos, Manuel Huertas, que "Andoain sigue siendo un campo de operaciones del terrorismo", por lo que pidió la unidad de las fuerzas políticas democráticas.

El Premio Euskadi pide a Ibarreche más apoyo al castellano
Redacción - Vitoria.- La Razón 19 Noviembre 2003

Antonio Altarriba, «Premio Literario Euskadi» 2003 en castellano, reprochó ayer al Gobierno Vasco, durante el acto de entrega de su galardón, que sus iniciativas de apoyo a la lengua española «no son muchas» y le recordó que el castellano «también forma parte del patrimonio» del País Vasco, informa Efe. Altarriba, natural de Zaragoza, y catedrático de Literatura francesa de la Universidad del País Vasco, recibió este galardón ayer de manos del «lendakari», Juan José Ibarreche, por su obra «La memoria de la nieve». En su discurso, tras recoger el premio, Altarriba elogió la «transparencia» de estos premios, organizados por el Gobierno Vasco, y pidió que «mantenga» la modalidad de obra literaria en castellano y que, «a ser posible, incremente sus iniciativas de apoyo a la lengua española que, en este momento, no son muchas». En este sentido, lamentó que, «a veces, olvidamos que la lengua española también forma parte del patrimonio de esta comunidad» y agregó que, «a pesar de algunos éxitos puntuales, la cantera de escritores en español se encuentra bastante desasistida». «La lengua española no es enemiga del euskera, del catalán o del gallego. Las lenguas no tienen la culpa de los desacuerdos de algunas políticas lingüísticas» indicó. Asimismo, opinó que la existencia de una literatura «activa y creativa en español puede resultar beneficiosa para quienes escriben en euskera»y advirtió de que «sólo una gestión torpe, fanática, represiva o malintencionada de la diversidad puede convertirla (a la lengua) en motivo de rivalidad». Altarriba consideró que, actualmente, «las dos comunidades del país se dan la espalda», por lo que pidió a «los que tienen la responsabilidad de dirigir este país» que, «al menos por un momento, no hablen y que escuchen la lengua hablada; que sean filólogos por un día».
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