AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 20 Noviembre  2003
Opalescencia crítica
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 20 Noviembre 2003

El batacazo de Maragall
Iñaki Ezkerra La Razón 20 Noviembre 2003

Los demonios del PSOE envuelven a Zapatero
Editorial ABC 20 Noviembre 2003

Canallas y banderas
Antonio Pérez Henares La Razón 20 Noviembre 2003

La desesperación de Ibarra
Editorial La Razón 20 Noviembre 2003

Lo que todos nos jugamos en Irak
Ricardo Medina Macías Libertad Digital  20 Noviembre 2003

¿Unidad dentro del PSOE
Cartas al Director ABC 20 Noviembre 2003

García de Cortázar deshace los mitos de España en un trabajo demoledor
MADRID. ANTONIO ASTORGA ABC 20 Noviembre 2003

Camps llevará a los colegios de Valencia las revistas que editan los constitucionalistas vascos
M. ALONSO ABC 20 Noviembre 2003

El Gobierno responde a Fraga que no es el momento para plantear reformas de la Constitución
EFE Libertad Digital  20 Noviembre 2003

Caballo de Troya en Europa
Antonio García Trevijano La Razón 20 Noviembre 2003

Escuela multicultural
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  20 Noviembre 2003

Libertad educativa
 CARTAS AL DIRECTOR El Correo 20 Noviembre 2003

La venganza del hijo del guardia civil
Julián Lago La Razón 20 Noviembre 2003

La encrucijada de las catalanas
Francisco Marhuenda La Razón 20 Noviembre 2003

«Somos los godos que quedan y quieren echarnos»
Diego Mazón - Madrid.- La Razón 20 Noviembre 2003

 

Opalescencia crítica
Por ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 20 Noviembre 2003

ESTA Tercera versará sobre Cataluña, y luego sobre más cosas. Pero antes tengo que hablarles de la opalescencia crítica. La opalescencia crítica es un fenómeno físico que se produce cuando el agua contenida en un recipiente se calienta hasta 374 grados y se somete a una presión muy alta. Lo que ocurre entonces, es que el agua se convierte en vapor antes de hervir, y ya no se sabe lo que es agua y lo que es vapor. Es todo un mismo fluido, continuo y a la vez incierto entre el estado líquido y el sólido. En ese trance, el agua/vapor, o vapor/agua, emite unos destellos irisados que recuerdan a los del ópalo. De ahí el término «opalescencia». La política catalana ha entrado en una fase de opalescencia crítica. Cualquier partido, a excepción del PP, está en disposición de hacer cualquier cosa con tal de entrar en la Generalitat. «Cualquier cosa», significa X y también lo contrario de X. Si CiU tuviera una varita mágica, y con ella la posibilidad de invertir el curso del tiempo, elegiría un escenario gemelo del que ha estado vigente durante los últimos cuatro años: pacto de legislatura con el PP. El pacto resguardaría a los convergentes de los diablos nacionalistas que llevan dentro del alma -aunque sólo de una parte de su alma-, y les franquearía oportunidades sabrosas si, por ventura, Rajoy precisa de su apoyo después de los comicios de marzo. La aritmética ha frustrado esta posibilidad.

Y no es impensable que CiU selle una alianza con Esquerra en virtud de la cual se vea arrastrada a radicalismos y aventuras por los que no siente vocación auténtica. Maragall... quiere juntar garbanzos con Esquerra e Iniciativa. Lo mejor para él, dentro de este esquema, sería, sí, preservar el sesgo nacionalista, pero subordinándolo al concepto «izquierda». Este deseo, sin embargo, es menos apremiante que la necesidad agónica de no quedar extramuros del gobierno. Y se echará por la rampa deslizante del rupturismo si Esquerra no le deja alternativas. Hay más combinaciones, y camas redondas. Anteayer, ha cundido el rumor de un matrimonio CiU/PSC. Sería un mal menor para el empresariado catalán y algunos sectores socialistas. Aunque sólo durante un rato. Nada es descartable. Todos se funden con todos. Todos relucen opalinamente en este momento decisivo.

¿Debe movernos lo que antecede a la reflexión? ¿Nos hallamos en grado de aprender algo, no ya sobre la democracia, sino, más allá de la democracia, sobre la vida moral? Sí. Empecemos... por la democracia. Contra toda evidencia, persistimos en concebir la organización del poder en las democracias como un reflejo, o una emanación, de la voluntad popular. Parece que la voluntad popular fuera una suerte de protoplasma, dotado de movimiento y de instintos, y que los seudópodos del protoplasma fueran los partidos. La voluntad popular anhela esto o lo otro, y lo ejecuta o persigue a través de los partidos. Pues no. El episodio catalán desmiente esta composición de lugar doblemente. Primero, resulta por completo inhacedero, cuando la formación de mayorías depende de un partido pequeño y de tendencia radical -en el caso presente, Esquerra-, establecer una relación entre los propósitos o preferencias del votante medio, y lo que decida hacer la coalición que finalmente se lleve el gato al agua. ¿Qué porcentaje de quienes votaron PSC el domingo sintonizaría con la política que Maragall tendría que desarrollar si pacta con Rovira en malas condiciones? El porcentaje sería pequeño. Y se reduciría a pequeñísimo, si enriquecemos la ecuación con el arco de electorado socialista que se abstiene en las autonómicas y vota en las generales. ¿Cuántos valedores de Mas le han votado con los ojos cerrados, esto es, aprobando de antemano lo que fuere que termine haciendo si, de nuevo, marca Rovira el compás? Quizá bastantes. Pero serían también bastantes los que se llamaran a engaño. El voto quita o pone gobernantes... a veces. En muchas ocasiones, no hace ni lo uno ni lo otro. Y nunca, o casi nunca, fija la orientación de la política. La democracia funciona de otra manera, lo bastante complicada para que nadie, por lo común, se arranque a explicar al ciudadano corriente la verdad, ni aun dividida por dos.

Un segundo rasgo de la experiencia catalana confirma este punto. Todos los partidos, a excepción del PP, han incluido en su programa la reforma del Estatuto. Se trata de un asunto grave, con consecuencias potencialmente muy serias para la integridad del Estado. ¿Se trata de una aspiración popular en Cataluña? No. Según encuestas solventes, a la pregunta de si se quiere la reforma estatutaria, un 20 por ciento no sabe/no contesta. Un 40 por ciento, responde que no. Y del 40 por ciento que dice que sí, sólo una tercera parte reserva a ese contencioso un lugar alto en su lista de prioridades. Son los partidos, no los votantes, los que han deslizado la cuestión explosiva en la agenda política.

Y ahora permítanme que les hable de lo que realmente me aprieta. De lo que me ha inducido a escribir esta Tercera. No ha sido la política, o ha sido la política sólo de modo indirecto. De joven, yo pensaba que la vida tenía sentido. Este sentimiento está detrás de muchos comportamientos adolescentes. Verbigracia, de la pasión por las novelas. Las novelas son construcciones regidas por la idea de que las cosas conducen a algo, o apuntan a algo. A la gloria, a la perdición, incluso al desengaño. El héroe se mide con el destino, y perece o sobrevive. Pero su pelea con el destino ha sido un encuentro entre iguales. Las novelas son siempre ejemplares: nos ofrecen al mundo en silueta, y dentro del mundo un hueco con nuestro nombre al pie.

Muchas de nuestras emociones más altas -la emoción religiosa, la emoción científica, la emoción moral, la emoción artística-, brotan del lado adolescente de nuestra personalidad, rara vez extinto, rara vez sofocado por un análisis ecuánime de los hechos. El cristiano abrumado por la atrocidad de las cosas inventa la teodicea o se entrega a la fe; el racionalista erige metafísicas; el menos proclive a tareas intelectuales, se enamora a deshora de una mujer treinta años más joven que él. Estos fulgores, de suyo va, afectan a la porción de la especie, no muy grande, que insiste en arder aun cuando vaya muriendo la carne. Pero puede decirse que el empeño por encontrar un sentido al mundo, siquiera residual, recorre, transversalmente, a todos los hombres. Y se manifiesta en nociones candorosas sobre la vida práctica. Sobre la bondad ajena, sobre la justicia, sobre el derecho a ser amado. Y asimismo, sobre la política. Las mentes menos sutiles identifican la política con la gestión de los asuntos públicos, y lo último con lo que determine una inteligencia firme y sabia. De ahí que, tarde o temprano, surjan añoranzas infantiles de un timonel, de un césar, de un dictador benemérito. Los más perceptivos confían en el contrapeso de poderes, en los balances de intereses. Y con bastante fundamento, en la democracia, ese caos controlado. Pero el orden, o lo que un esteta denominaría «estilo», nunca llega a colmo, salvo en las novelas. La realidad nos sorprende, de tarde en tarde, con una sorprendente falta de estilo. Una cristalización local de la política catalana podría echar por tierra muchas cosas, en Cataluña y en el resto de España. No tiene sentido. Y sin embargo, en ésas estamos.

El batacazo de Maragall
Iñaki Ezkerra La Razón 20 Noviembre 2003

Lo escribí hace un par de semanas en relación con la difícil situación de Cristina Alberdi en su partido: «El tortazo de Maragall en las catalanas no va a ser lo bastante fuerte como para cambiarlos; necesitan del desastre en las Generales». Hoy ya está claro que ese desastre va a llegar. No hay más que ver cómo sienta cátedra después del batacazo el hombre que ya nunca presidirá la Generalitat y que, por evitar el «choque de trenes» entre el constitucionalismo y los nacionalismos vasco y catalán ha estado a punto de provocar una mayor colisión del propio constitucionalismo consigo mismo a escala nacional.

No ha ocurrido lo peor que podía ocurrir en las elecciones catalanas, en esa consulta donde los resultados iban a ser malos ganara quien ganara y perdiera quien perdiera. No ha ocurrido lo peor porque ha fracasado claramente la táctica absurda de «hacernos nacionalistas para vencer al nacionalismo» que llevó a Piqué a ensayar un pujolismo de baja intensidad y a Maragall a invocar la Corona de Aragón. ¿Dónde está la Corona de Aragón en ese «paisaje después de la batalla» que ha quedado tras las autonómicas catalanas del dominical y soñado 16-N? ¿Dónde los estandartes imperiales, los pendones solariegos, las oriflamas medievales y los gallardetes bordados en oro que ahora arrastra el viento hechos jirones sobre el fango ensangrentado? ¿Qué será de Maragall, el delfín viejo y ojeroso al que envió a luchar «contra los elementos» Felipe, el monarca destronado que aún rige el PSOE en la sombra, la maldición de todos los descendientes (Borrell, Almunia, Zapatero...), el fantasma de Ferraz? Yo creo, sí, que la Corona de Aragón ha sido la gran derrotada en las catalanas.

Ha sido derrotado ese socialismo español que no es obrero sino maniobrero y ratonero, que quiere parecer nacionalismo para derrotar a los nacionalistas, esa porquería de receta que Patxi López se esconde en la manga como un tramposo torpe de casino sin reparar en que la gente prefiere los originales a las copias. Si uno hace todo el día propaganda del café colombiano que no intente vender luego achicoria. Si el constitucionalismo (o sea Maragall o Piqué) se pone a vender nacionalismo a su clientela, ésta se irá a comprar nacionalismo a CiU y a ERC, que son los que venden nacionalismo de verdad. El único camino que existe, aunque sea largo, para derrotar a los nacionalistas catalanes y vascos es socavar ideológicamente el prestigio de todo nacionalismo, no mimetizarse con ellos y legitimar por lo tanto sus demandas o el guión temático a discutir que quieren imponer en el debate político. Lo que sucede es que ese camino, el ideológico, es el más duro y los políticos quieren atajos, hacerlo todo en un mes ¬como en el 13-M vasco¬ o hablar del 155.

Los demonios del PSOE envuelven a Zapatero
Editorial ABC 20 Noviembre 2003

LA insólita salida de tono del presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra -que se declaró ayer, en un impulsivo aunque entendible arranque dialéctico, indiferente ante cualquier solución que su partido adopte en los pactos poselectorales de Cataluña-, ha venido a culminar de modo lamentable la errática escalada de disensiones en la que se viene moviendo el Partido Socialista respecto a un asunto tan esencial como el modelo territorial del Estado. Si durante las campañas de Madrid y Cataluña esta división había permanecido relativamente soterrada en una especie de tregua interna, el fiasco alcanzado por Maragall ha desatado de golpe todos los demonios colectivos que habitan en la organización que dirige José Luis Rodríguez Zapatero.

La falta de un modelo claro de vertebración territorial, de un proyecto de Estado que alzar frente a los desafíos soberanistas planteados por los diferentes nacionalismos, ha acabado haciendo crisis tras el naufragio catalán, sobre cuya gestión no se ponen de acuerdo los barones socialistas, lanzados a una dinámica suicida de declaraciones contradictorias que está pulverizando el crédito de su secretario general. La trifulca interna del PSOE, que ha hecho saltar a Ibarra de manera discutible, evidencia en el peor momento posible -a cuatro meses de las elecciones generales- la ausencia de unidad en el partido, un aspecto que el electorado viene castigando de manera diáfana a lo largo de toda la historia de la moderna democracia española.

Pasqual Maragall aprovechó la falta de modelo de conjunto para lanzar a contracorriente un discurso que nadie fue capaz de contradecir a tiempo. Ese discurso se basaba en la consideración del nacionalismo radical catalán -el representado por Esquerra Republicana- como un factor de progreso que convenía asumir en cierto modo frente al presunto nacionalismo españolista del PP, lo que ha venido a mostrarse a la postre como un error de diagnóstico que ha arrastrado a Zapatero a la misma zanja en que se ha precipitado el candidato catalán. El PSOE se ve ahora preso de tensiones contrapuestas, con un grupo de dirigentes pronunciándose abiertamente por una alianza con Convergencia i Unió como mal menor frente al empuje independentista, mientras Maragall se empeña en salvar los muebles mediante un pacto de gobierno con Carod-Rovira y los suyos.

La estrategia de ambigüedad (mal) calculada ha estallado de golpe en el partido, en el que Chaves considera «un fraude» pactar con CiU mientras Ibarra o Bono se lanzan por su cuenta a evaluaciones nada halagüeñas, y otros dirigentes, como Odón Elorza, aprovechan la confusión para lanzar dardos envenenados por la supuración de sus propias heridas. En medio de ese fragor dialéctico, Zapatero trata de pasar de puntillas a base de paños calientes -ayer mismo dijo «entender» al airado presidente extremeño-, sin percatarse de que su margen de maniobra de agota y empieza a ofrecer sin ambages la imagen de un líder sobrepasado por los acontecimientos.

Todo ello en vísperas de unas elecciones generales que van a constituir el primer examen del propio Zapatero, en cuyas posibilidades dan la impresión de no creer ya sus mismos compañeros. El peligro que esta fragilidad entraña para la estabilidad general del sistema no resulta difícil de colegir, habida cuenta de la condición del PSOE como única alternativa de conjunto para un PP que, desde un modelo de Estado unívoco y firme, contempla el marasmo de su adversario con significativa complacencia política.

Canallas y banderas
Antonio Pérez Henares La Razón 20 Noviembre 2003

Dicen «Madriz», con rabia y con desprecio, porque no se atreven aún a insultar a toda España, a todos sus pueblos, desde el más grande al más pequeño. Y a todos nos llaman «Madriz» y les rezuma el odio. Un común denominador de los canallas que por el mundo han pasado ha sido el enrollarse en una bandera y arropados en ella desatar el odio contra el otro, contra los demás, contra y entre los pueblos. Creen de sí mismos los jóvenes fanáticos del grito airado y la rabia contra lo español que son progresistas y de izquierdas. Están exactamente en lo contrario. Son lo más alejado de esa idea internacionalista y solidaria de la ética y de la filosofía de las izquierdas. Están más cerca que nadie del fascismo. A un paso, aunque supongan estar al otro extremo, es alentar el odio entre las gentes por cuestión de etnias, lenguas o geografías y rozando su estética está esa exaltación. Jamás he visto en las Españas democráticas y constitucionales otra cosa que respeto a la senyera o a la ikurriña. Por el contrario harto estoy de ver agresión tras agresión al símbolo constitucional de todos. El conjunto de España no odia en absoluto a catalanes y vascos, los siente como parte de sí mismo. Pero algunos en Cataluña y en Euskadi llevan lustros fomentando el odio hacia los españoles. Les está dando los frutos. Pero puede ser que tan envenenados que el odio también despierte en todos lados y a todos nos ahogue en su tempestad.

La desesperación de Ibarra
Editorial La Razón 20 Noviembre 2003

Se pueden criticar las formas de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, el presidente del Gobierno autónomo de Extremadura, pero sería difícil no estar de acuerdo con el fondo de su queja. El Plan Ibarreche y la emergencia de un partido abiertamente separatista en Cataluña representan dos amenazas gravísimas para la unidad de España, consagrada en la Constitución. Ibarra así lo ha entendido y, sin muchas cautelas, ha planteado la necesidad imperiosa de que las dos fuerzas mayoritarias actúen de consuno frente a la amenaza, desde el hecho innegable de que los movimientos separatistas obtienen sus mejores bazas en el enfrentamiento entre el PP y los socialistas.

Donde se equivoca el extremeño en el fondo y en la forma, a menos que se trate de una ingenuidad impropia de un político de raza que repite mayoría absoluta tras mayoría absoluta, es en sus lamentos de que los populares le utilizan «para dar leña a Zapatero».

Rodríguez Ibarra no ignora, no debe ignorarlo, por lo menos, que el Partido Popular, con José María Aznar o sin José María Aznar, ha ofrecido por activa y por pasiva todo tipo de acuerdos a los socialistas para apuntalar la cohesión territorial española. Y tampoco debe ignorar que tras los primeros acuerdos de Estado, y a medida que se sucedían las derrotas en las urnas, el PSOE de Zapatero cambió de actitud y pactó con todo tipo de formaciones nacionalistas con tal de ganar unas parcelas de poder. Redondo, Alberdi y Rosa Díez, por citar tres ejemplos, pueden ilustrar al extremeño sobre la política nacional del PSOE.

Lo que todos nos jugamos en Irak
Ricardo Medina Macías Libertad Digital  20 Noviembre 2003

Lo peor que les puede pasar hoy a los iraquíes es que los terroristas al servicio el déspota logren abortar el difícil y largo proceso hacia la liberación plena de ese país. Calificar de resistencia a los criminales terroristas que un día sí y otro también están matando a inocentes en Irak es una estupidez. Por desgracia, eso es lo que hacen una buena parte de las agencias de noticias internacionales y los medios de comunicación que quieren posar de progresistas.

De esta forma, al terror interno que promueve la dictadura derrotada en Irak se suma el terror externo, anímico, que buscaría desalentar a los países occidentales y obligarlos a una vergonzosa retirada, justo cuando está más cerca la liberación plena de ese país. Ni los enemigos más acérrimos del gobierno estadounidense, que han hecho del vituperio ramplón a George W. Bush todo un deporte, pueden negar que hoy día los iraquíes sean de veras libres, como nunca lo fueron bajo la sangrienta dictadura de Hussein.

Hoy hay plena libertad de expresión y de prensa en Irak, hoy salen a la luz los reclamos de que se haga justicia a las miles de víctimas de Hussein. Hoy, además, la economía iraquí empieza a florecer: Nunca tantos iraquíes habían tenido acceso a la energía eléctrica, al agua potable, a los servicios de salud, a las escuelas.

Ante la embestida de cobardes ataques terroristas, que multiplican la crueldad y el salvajismo en proporción inversa al número de seguidores de Hussein, el gobierno de Estados Unidos desea acelerar los tiempos y promover lo antes posible la soberanía plena de Irak. Ojalá acierten y no dejen la tarea de liberación inacabada. Los iraquíes no merecen sufrir otra vez la revancha sangrienta de Hussein, como sucedió tras la Guerra del Golfo en 1980.

Se insiste en que este es un asunto exclusivo de Estados Unidos y de sus afanes imperialistas o hegemónicos. Pamplinas. Es un asunto que atañe a todas las naciones libres y democráticas. Dejar a Irak a merced del terror sería imperdonable. Como imperdonable es, por cierto, la actitud entre desdeñosa y cómplice con el terror, que han adoptado no pocos políticos y medios de comunicación occidentales, de cara a las galerías.

El siglo pasado nos dejó una herencia ambivalente y trágica: fue el siglo en el que más discursos floridos se pronunciaron sobre la paz, pero también el siglo en el que el exterminio de seres humanos, por razones de cálculo político, ambiciones y fanatismo ideológico, rompió todas las marcas. No repitamos el error del siglo pasado. A la paz se le sirve con hechos y evitando cualquier complicidad con quienes le han declarado la guerra a la libertad y a los derechos elementales de los seres humanos. El derecho a disentir, el derecho a gozar, el derecho a saber, el derecho a prosperar, el derecho a creer, el derecho a equivocarse por cuenta propia.     Ricardo Medina Macías es analista político mexicano.     © AIPE

¿Unidad dentro del PSOE?
Cartas al Director ABC 20 Noviembre 2003

Han concluido las elecciones catalanas, y de nuevo hemos podido apreciar la debilidad y la falta de unidad que se está sufriendo en el seno del Partido Socialista. Hemos asistido a la falta de unidad de los dirigentes socialistas, al opinar sobre el marco político en Cataluña. Primero habló el líder del PSC, Maragall, quien no tuvo reparos en afirmar un comienzo de acercamiento con Esquerra Republicana. Recordemos que este partido defiende la independencia de Cataluña respecto al Estado español, idea no muy acorde con la Constitución que tanto defiende su líder, José Luis Rodríguez Zapatero. Rodríguez Ibarra, por su parte, afirma que antes de pactar con independentistas radicales habría que hacerlo con CiU. Y como no podía faltar la opinión de Manuel Chaves, éste entra en escena para contestar a su compañero de Extremadura con la idea de no pactar con CiU por ser el principal partido rival del PSC en las últimas elecciones, y eso sería muy poco ético. Como colofón, habla el secretario general de los socialistas, afirmando que le ha dado a Maragall total autoridad para pactar con Esquerra.

Y ahora yo me pregunto, ¿es esto unidad? ¿Tiene autoridad Zapatero? Además, hay otro aspecto mucho más grave que la falta de unidad. Tal es la falta de ideales consistentes. Se supone que el PSOE defiende, ante todo, la Constitución Española. Y, por el momento, no dan muestras de ello, defendiendo lo mismo que Arzalluz o Ibarretxe. Los hechos hablan por sí mismos, y estoy seguro que esta crisis socialista les pasará factura en las elecciones generales.     Javier García Nates.              Madrid.

García de Cortázar deshace los mitos de España en un trabajo demoledor
MADRID. ANTONIO ASTORGA ABC 20 Noviembre 2003

El mito más dañino ha sido el de «España como país anticuado o decadente»: «Es un mito que está en la quiebra de una cierta conciencia nacional española. A los españoles no les gusta identificarse con un país decrépito». A este y otros mitos se opone el investigador. En «Los mitos de la Historia de España» (Planeta), subraya que «España no es un país de naufragios, ni de desastres; es un gran país con una historia como pocos países tienen».

¿Es un mito el nacionalismo? «El nacionalismo -dice- es una construcción que utiliza mitos. El nacionalismo es un absurdo que sirve para que uno descargue todos sus pecados y los pecados del pasado en un enemigo exterior. Los nacionalismos necesitan un enemigo exterior para afirmarse. El nacionalismo catalán y vasco siempre se afirma con una negación: «No soy español». Bajo ese punto de vista, como son victimistas, viven de ese pasado según el cual no se les han dejado afirmarse como nación; no se les ha dejado la independencia mítica. Y le echan la culpa a Castilla utilizando construcciones mitificadas, falseadas, tramposas de la Historia». Los mitos, como vemos, son grandes manipulaciones, puras ficciones historiográficas.

Para el historiador que mejor ha divulgado la Historia de España, el exilio del 39 está muy vivo y «sería dramático situarlo como mito». Estudia otros exilios (judíos, moriscos, jesuitas, liberales, carlistas en el siglo XIX) y combate los mitos, pero sin acritud: «Es una mirada benévola a las víctimas de esos mitos. La historia debe servir para una convivencia en libertad. Si se pone en cuestión la idea de nación española o la idea de España también podemos poner en cuestión y podemos perder esa construcción, esas conquistas y esos adelantos en la idea de las libertades y de los derechos individuales».

¿Castilla versus Cataluña? «Es un mito de gran repercusión histórica y política -explica-. Hay una invención de Castilla que la hizo la periferia y que sirvió para inmovilizarla. Se quería transmitir una imagen de una Castilla mística, de esencias eternas, de cacique e inquisidor. Y no es verdad. Y la imagen de la periferia es sólo industrial, europea, republicana y nada de lo anticuado ha nacido en ella. Entonces, yo recuerdo las raíces carlistas del nacionalismo catalán, las raíces integristas, el apoyo de la burguesía catalana a Primo de Rivera y también a la política represiva de los gobiernos de la Restauración. Y en concreto, el apoyo de destacadísimos catalanes al franquismo, entre ellos Cambó, que financia la Guerra Civil y las armas de Franco. El clan catalán en Burgos, en los primeros meses del conflicto, es muy poderoso. El pensamiento integrista también debe mucho a Cataluña. No deja de ser llamativa una frase del embajador italiano de Mussolini que visita Cataluña durante los años de la Segunda República: «Nosotros los italianos debimos haber impulsado que el fascismo se creara en Barcelona y no en Madrid». Lo que contradice un poco la imagen que quieren dar los catalanes como enfrentados a Castilla».

Desmonta el autor los mitos utilizados por los detractores de la idea de España: «Nuestra nación está afirmada en la democracia y no necesita mitos para convivir»

Camps llevará a los colegios de Valencia las revistas que editan los constitucionalistas vascos
M. ALONSO ABC 20 Noviembre 2003

BILBAO. Publicaciones que se distribuyen en el País Vasco en sobres sin remite, para evitar que quienes las reciben sean «marcados» como «rebeldes» frente al «nacionalismo obligatorio», serán material de trabajo en los colegios públicos de Valencia, según el acuerdo firmado ayer en Bilbao entre el presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, y los colectivos que defienden la libertad y la pluralidad: Foro Ermua, Basta Ya y Fundación para la libertad.

Camps manifestó, al rubricar el acuerdo, que los escolares valencianos tendrán la oportunidad de conocer el verdadero valor de nociones como la libertad y la pluralidad de la mano de quienes las defienden en el País Vasco, donde no pueden darse por supuestas, ni por normales, como en el resto de España. Con esta iniciativa, el presidente de la Generalitat valenciana pretende un triple objetivo: que el sistema educativo de esa Comunidad forme en la libertad, la tolerancia y la democracia; defender el modelo de convivencia que posibilita la Constitución y ayudar a quienes la respaldan en el País Vasco.

La voz de los «rebeldes»
Mikel Iriondo, representante de Basta Ya, recordó que las publicaciones de estos colectivos, como «Hasta aquí», no se pueden distribuir con libertad en el País Vasco y valoró que desde fuera «vengan a comprar nuestras revistas mientras que aquí nos movemos prácticamente en la clandestinidad, sin poder ponerlas a la venta con normalidad en los quioscos, ni, por supuesto, distribuirlas en los colegios». El presidente del Foro Ermua, Vidal de Nicolás, explicó que la revista de ese colectivo, «Papeles de Ermua», sirve de cauce a «las voces de los que quieren participar en el debate democrático que ha sido sustituido en el País Vasco por el asentimiento gregario y por el dogmatismo».

Esa publicación, según comentó Vidal de Nicolás, toma partido claramente por las víctimas y en contra de los verdugos. Pero, explicó, no sólo está contra el terrorismo, sino también «contra los que querían que pagáramos la paz con nuestra libertad», en alusión a los nacionalistas.

Teo Uriarte, en nombre de la Fundación para la Libertad, explicó que todas estas asociaciones son en el País Vasco «rebeldes» frente a la «ideología dominante» en la sociedad vasca y agradeció el gesto de la Generalitat, que permite que «lo que dicen los constitucionalistas vascos se extienda y sea un ejemplo que cunda».

EXPLICACIONES DE ARENAS Y ZAPLANA
El Gobierno responde a Fraga que no es el "momento" para plantear reformas de la Constitución
El vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Presidencia, Javier Arenas, ha matizado las manifestaciones del presidente de la Xunta, Manuel Fraga, sobre el inicio de un "estudio sosegado para la primera revisión seria" de la Constitución. Dijo que fueron unas reflexiones "genéricas". Al ministro portavoz, Eduardo Zaplana, tampoco le parece "oportuno" abrir la reforma de la Constitución "en este momento".
EFE Libertad Digital  20 Noviembre 2003

Javier Arenas explicó que estas reflexiones de Fraga "eran consideraciones genéricas y reflexiones generales, muchas de ellas desde el punto de vista jurídico y político".

El vicepresidente consideró que "en estos momentos no es oportuno ni conveniente plantearse reformas constitucionales porque son momentos para defender la vigencia de la Constitución Española y defender que esa Constitución nos ha llevado a ser uno de los países más descentralizados del mundo". El ministro sostuvo que no había que plantearse cambios "porque tenemos, entre otras cosas, un desafío por delante desde el nacionalismo vasco que nos plantea directamente la ruptura y la independencia, quebrantando las reglas del juego democrático que nos hemos dado en estos últimos 25 años".

Coincide con Arenas, el ministro de Trabajo y portavoz del Gobierno, Eduardo Zaplana, al que tampoco le parece "oportuno" abrir la reforma de la Constitución "en este momento". Recordó que Fraga es "un experto en esta materia", pero señaló que "tenemos que ser prudentes porque hay algunos debates que sí son de gran calado y de gran complejidad y que son retos que España tiene en estos momentos por delante". Zaplana insistió en que "es necesario que no confundamos unas cosas con otras y que hagamos cada cosa en su momento y en su debido orden".

Mientras tanto, el presidente de la Xunta ha insistido en que aboga por reformas de la Constitución previstas en su propio texto, frente a quienes intentan medidas "unilaterales" o los que ven los cambios como un "tabú". Fraga dijo querer dejar claro que una cosa es intentar modificar la Constitución "con arreglo a su espíritu para hacerla más ella misma" y otra "muy distinta, el intento unilateral del famoso Plan Ibarretxe o lo que pueda representar Esquerra Republicana de Cataluña, que es inconstitucional por todos los lados, y que quiere ser Luxemburgo", como dijo el líder de esta última fuerza política, Josep Lluis Carod-Rovira.

Caballo de Troya en Europa
Antonio García Trevijano La Razón 20 Noviembre 2003

Ningún acontecimiento ocurrido en los últimos cincuenta años ha tenido mayor calado en la conciencia de subordinación de los pueblos europeos que la guerra de Iraq. Su impacto en la opinión y en los gobiernos ha superado, en clarividencia de la emoción impotente, al que produjo la caída del telón de acero o la guerra de Serbia. La acción bélica unilateral de EE UU, en una zona estratégica para el porvenir de las sociedades industrializadas, ha concitado movimientos pacifistas en todo el mundo y aspiraciones de independencia exterior en los dos grandes Estados de Europa occidental.

En vísperas de la aprobación del proyecto de Constitución de la UE, los Gobiernos de Francia y Alemania están tomando posiciones federalistas ante la eventualidad de que fracase la asociación administrativa de los veinticinco Estados comprometidos en el lento y problemático proceso de unidad europea. En la orientación de este proceso, Gran Bretaña, Italia, España y Polonia prefieren un multinacionalismo europeo, dependiente del Imperio estadounidense, a un independiente multiestatalismo europeísta dirigido por la emergente potencia franco-alemana, unida al Benelux. Las posiciones de Portugal, Grecia, Irlanda y los Estados bálticos aún no se han polarizado. Lo más probable es que en la próxima convocatoria de Roma se deje en suspenso tan importante decisión.

En todos los procesos de federaciones estatales, el pequeño nacionalismo de las tradiciones locales se incorporó al gran nacionalismo de las ambiciones regionales. Sin la hegemonía cultural y económica de Pensilvania y Massachusetts ni siquiera se habría concebido la primera confederación norteamericana, nacida al tambor patriótico de la guerra de Independencia. Cuando aquella confederación circunstancial fracasó, la primacía idealista de un principio universal, el democrático, y la noble ambición de dotarse de un poder unitario superior al de los Estados locales, el presidencialista, constituyeron la federación de los EE UU.
La unidad italiana sacrificó el patriotismo napolitano o romano a la hegemonía dinástica del Piamonte. La unidad alemana postergó el nacionalismo bávaro o renano a la hegemonía militar de Prusia. La unidad de Europa no se fraguará sin plegarse con dignidad democrática a la potencia franco-alemana que la conforme. La cuestión moral no está en la desigualdad de toda hegemonía, que las situaciones de hecho resuelven, sino en la falta de democracia formal en instituciones que no hacen dignos de la ciudadanía europea a súbditos nacionales de los partidos estatales.

Sin la aceptación de un principio democrático que organice todas las instituciones europeas no hay criterio de justicia internacional que justifique la distribución de los votos estatales en las decisiones colegiadas. Aunque la UE no sea un Estado federal, ni sus órganos de gobierno sean independientes de los Estados nacionales, sería completamente arbitrario y continuamente discutible que el número de votos de cada Estado no fuera el que le corresponda por razón de su población respecto de la total. Un voto por fracción igual de habitantes europeos. España y Polonia carecen de argumentos para seguir sosteniendo el arbitrario criterio de Niza.
El orgullo nacionalista, malversación del sentimiento patriótico, no se ennoblece por la magnitud de las naciones o la magnificencia de los Estados. Ni se magnifica con las acciones agresivas de gran potencia. La fuerza del número o de las armas nos apega a la naturaleza primitiva del orgullo tribal. La grandeza de espíritu nos despega de la animalidad y nos llena de humanismo militante al hacernos compatriotas de los pequeños pueblos donde eclosionaron los genios universales de Spinoza o Grocio, de Rousseau o Constant y de Kierkegaard o Max Born. El complejo español de inferioridad busca minorías de bloqueo de la grandeza europea, como caballo de Troya de la grandeza norteamericana.

Escuela multicultural
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  20 Noviembre 2003

Los inmigrantes en los centros escolares de Vizcaya han aumentado hasta alcanzar la cifra de 4.000 en el curso presente, lo que viene a suponer un aumento del 40% respecto al curso pasado. El Departamento de Educación ha tenido que ubicar en las escuelas a 500 niños que han llegado después del comienzo del curso escolar.

Después del lío lingüístico que hemos tenido a propósito del concepto de «inmigrante» conviene precisar que se trata de lo que antes entendíamos por extranjeros y que corresponde mayoritariamente con colombianos y ecuatorianos, y, en menor medida, marroquíes, chinos, brasileños y argentinos. Como todavía no estamos en el nivel de soberanismo al que aspira el consejero de Justicia, «aspiramos a tener con España las mismas relaciones que con Madagascar», conviene precisar que los inmigrantes a los que se refiere la noticia no son malgaches de Cuenca, Badajoz, Albacete o de Madagascar, propiamente dichos.

Nos encaminamos a marchas forzadas hacia una sociedad multicultural, si esta tendencia se mantiene. El Departamento ha distribuido razonablemente a los nuevos escolares, tratando de evitar la creación de guetos y contribuyendo así a propiciar una integración social de los inmigrantes. Dentro de lo que cabe, claro, porque en la escolarización de los niños hay un factor de mucho peso, como es el lugar de trabajo de los padres. Llama la atención que la mitad de ellos están escolarizados en Bilbao y que en la margen izquierda, tradicional centro de atracción de las oleadas migratorias que tuvieron lugar en el tránsito del siglo XIX al XX y de mediados del siglo pasado, sólo haya recalado el 10,5%, una cifra inferior al 17% que se ha instalado en la margen derecha.

La consejera de Educación ha explicado que la Administración responderá a la demanda del modelo A y se han reforzado con 45 profesores las plantillas de apoyo lingüístico. Una noticia que no lleva aparejada la polémica. Laus Deo.

Libertad educativa
Pedro J. Doncel/Orduña.Vizcaya CARTAS AL DIRECTOR El Correo 20 Noviembre 2003

Me veo obligado a denunciar el acoso repetitivo a los centros educativos, en esta ocasión a un colegio concertado de Barakaldo, por ofrecer el modelo A, que «favorece la represión del pueblo vasco», tal y como preconizan los 'defensores de la libertad'. El colegio afectado, que imparte un modelo todavía legal, ha acudido a varias instancias. Todas han reaccionado mirando a otro lado. Estamos acostumbrados. Simplemente, pretendo preguntar, a quien corresponda, qué debemos hacer ante las amenazas, pancartas, pintadas, etcétera, ya que los organismos oficiales no desean comprometerse. Tengo la impresión de que queremos construir la casa por el tejado o sobre cimientos llenos de socavones y simas. Entiendo que la principal misión de los políticos y responsables educativos es posibilitar el bienestar de los ciudadanos, en libertad y desde la libertad, más que el pronunciar brillantes discursos utópicos acerca de lo que podríamos ser. Lo que deseamos son soluciones a nuestros concretos problemas. Mi denuncia no va dirigida contra ningún partido político, como alguien cercano al problema me ha insinuado. Sólo pretendo transmitir una idea muy sencilla: sin libertad educativa ¿puede existir una sociedad libre? Sin libertad educativa, ¿podemos creer en un futuro libre?

La venganza del hijo del guardia civil
Julián Lago La Razón 20 Noviembre 2003

Bueno, pues aquí ha ganado las elecciones el charnego Carod Rovira, lo cual le ha convertido en el rey del mambo, y él se aprovecha de ello. Ahí están, para quien quiera analizarlos objetivamente, los datos del cinturón industrial de Barcelona, donde la inmigración votaba tradicionalmente al PSC, al que ahora Carod ha dado un soberano, perdón, un republicano, corte de mangas, al federalismo asimétrico de Maragall, una parida que ni él mismo sabe qué es. De forma que, si Maragall no se ha cortado las venas, a punto estará de hacerlo, porque lo suyo constituye el mayor fracaso político para quien pensaba que, muerto Pujol, políticamente hablando, tendría expedito el camino de la Generalitat, y no ha sido así.

Así que el revisionismo estatutario de Maragall, con el que tiene cogido de los mismísimos a Zapatero, no ha colado entre el electorado joven, harto de tanto mamoneo de los grandes partidos, de tantos cambios de cromos, de tanta política de trueque con Madrid. Carod ha capitalizado los errores ajenos merced a la estrategia inspirada por el ex convergente Pere Esteve, al que por cierto en su día Pujol le ninguneó. Es decir, que, aunque resulten pocos 23 escaños, son suficientes para joder la marrana, con lo que así se consuma el sueño freudiano de ambos, el del inmigrante Carod, por un lado, y el del repudiado Esteve, por otro, y más habiendo como hay por medio unas elecciones legislativas a la vuelta de la esquina.

Sobre el papel, combinaciones hay muchas, pero posibles, realistas y coherentes pocas, por no decir ninguna. En todo caso, los peajes anunciados por Carod, que tiene la sartén por el mango, no son fáciles de asumir. Queda claro que Mas, que seguirá necesitando negociar con Madrid, no puede entregar a Carod la Presidencia de la Generalitat, ni incluso la consellería en cap, como mal menor. Tampoco Maragall se encuentra en condiciones de aceptar el llamado pacto de progreso, con PSC, ICV y ERC en el mismo saco, situación esta que por otro lado haría incoherente la presencia de un partido separatista en el proyecto de cohesión territorial de Zapatero, si no quiere que los suyos le corten los cataplines, que están dispuestos, parece.

Si CiU pactara con PSC, malo también, ya que tal alianza dividiría al socialismo catalán. De igual manera, si Esquerra consiguiera la anuencia de todos los partidos menos el PP, a fin de escenificar la soledad del Gobierno central, quedaría reproducida la ibarrechización de Cataluña, pero sin ETA, claro. Como ven, todo un jeroglífico que se explica por la sustitución del bipartidismo imperfecto por el actual pentapartidismo a la italiana, lo cual siempre acaba como acaba, mal. O sea, una putada de la que no es ajeno este charnego llegado de Aragón , republicano e independentista llamado Josep Lluís Carod-Rovira, quien por cierto creció en una casa-cuartel de la Guardia Civil como cualquier hijo del Cuerpo, que lo es, por si ustedes no lo sabían, cosa esta que explica, en cierta medida, la venganza del converso, que es de lo que se trata.

La encrucijada de las catalanas
Francisco Marhuenda La Razón 20 Noviembre 2003

Al margen de lecturas voluntaristas, la realidad es que el 16-N dos partidos obtuvieron malos resultados, CiU y PSC, ya que perdieron 18 diputados. Esto permite entender la fuerza que tendrá ERC en la negociación y la debilidad de CiU o PSC. Es Carod-Rovira quien tiene la sartén por el mango y puede poner condiciones muy onerosas. Otro dato es que CiU ha perdido 24 escaños desde 1992 y que se disputa el electorado con ERC. ¿Cuál es el escenario que beneficia más a ERC? ¿Quién puede ceder más? Estas son las preguntas que condicionarán el proceso negociador.

No tengo ninguna duda de que Carod-Rovira ya tiene una idea de qué es lo que más le conviene a su partido. Un gobierno con el PSC sería prácticamente paritario, pudiendo los independentistas participar en el control de los medios de comunicación públicos y aspirar a la presidencia del parlamento o de la Generalitat, consejerías y la «consellería en cap». Este es el escenario mejor para ERC, porque acabaría con el poder de CiU y la enviaría al «infierno» de la oposición. Otra exigencia sería, posiblemente, que Maragall no fuera presidente de la Generalitat. No creo que el PSOE esté dispuesto a dar más medios a Rajoy para que amplíe la previsible mayoría absoluta que obtendrá en las generales. La única salida de Zapatero es un gobierno en minoría de CiU gracias a la abstención del PSC. La posibilidad de una unión de convergentes, socialistas e independentistas sería una catástrofe para el PSOE en el resto de España.

Desde una perspectiva partidista, el resultado del 16-N es muy bueno para Rajoy, porque incluso el no ser decisivos le deja las manos libres frente a CiU. No tendrá que pagar el precio de garantizar la estabilidad en Cataluña. El discurso de la coherencia y la defensa de la Constitución proyectará al PP como la segunda fuerza en Cataluña. A partir de ese momento, Rajoy deberá conseguir que Cataluña y el País Vasco, por culpa de los nacionalismos, no se conviertan en un problema irresoluble. El riesgo de tener dos frentes soberanistas es malo para todos. No hay que ceder en lo esencial, pero con habilidad e imaginación es posible convencerlos.

«Somos los godos que quedan y quieren echarnos»
El concejal Estanis Amutxastegui, al que los proetarras quemaron la casa, dice que no se irá «Mi hija se libró de morir abrasada», asegura Masiva concentración ayer en su apoyo
Tras sufrir el quinto ataque por parte de los proetarras, Estanis Amutxastegui, edil del Partido Socialista del País Vasco en Andoain aseguraba ayer que «no nos aguantan, somos los godos que quedamos en el País Vasco y quieren echarnos». Amutxastegui aseguraba ayer a LA RAZÓN que su hija se había salvado «de milagro» y que a pesar de lo ocurrido no tenía intención de irse de allí. Es más, el edil socialista envió un mensaje al «lendakari», Juan José Ibarreche: «Si no hay libertad para todos no se pueden debatir propuestas de ningún tipo», advirtió Amutxastegui.
Diego Mazón - Madrid.- La Razón 20 Noviembre 2003

El edil socialista de Andoain, Estanis Amutxastegui, hacía balance ayer del ataque sufrido en su domicilio la noche del martes cuando un cohete entró por la ventana de su cocina y fue a explotar bajo el sofá de su salón, con la tristeza y la indignación de quien ha padecido ya cinco ataques por parte de proetarras.
Con un lacónico «bueno, estoy» respondía a LA RAZÓN tras evaluar los daños producidos en su hogar por el artefacto. Según indicaba a este diario, no ha habido que lamentar daños personales «de milagro», porque su hija de veintitrés años se encontraba «en la habitación de al lado de la cocina haciendo un trabajo de dibujo lineal y le pasó el cohete a veinte centímetros. Después de la explosión sólo quería encontrar al gato, que es como de la familia, y no lo encontraba. Menos mal que al final lo encontró, porque sino allí se hubiesen quemado los dos». Respecto a su domicilio, Amutxastegui aseguró que «está todo destrozado y ahora voy a tener que estar fuera de casa no se sabe el tiempo». Preguntado por si consideraba que este ataque se debía al reciente pacto firmado por PP y PSE en la localidad para gobernar juntos, el edil socialista respondió que «en la cabeza de un fascista vasco es difícil meterse y saber por qué han hecho esto, pero yo creo que no es por eso».
Asimismo, Amutxastegui aseguró que «soy incapaz de hacer una lectura política de esto. La lectura que hago es que no nos aguantan y somos los godos que quedamos en el País Vasco y quieren echarnos. La pregunta ahora es ¿quién será el siguiente? y me refiero a quién será el siguiente que sufra kale borroka o el siguiente al que le peguen un tiro». En este sentido, este teniente de alcalde que ya ha vivido en sus carnes el asesinato de amigos como Joseba Pagazaurtundua, afirmaba que «no tengo más miedo que antes», aunque añadía que «si dijera que no tengo miedo sería un loco». A pesar del ataque, Amutxastegui aseguraba que no se iría del pueblo, que sería «el último godo de Andoain si hace falta» y lanzaba un mensaje al «lendakari» Ibarreche, sentenciando que «en esta situación no se puede debatir ningún plan. Si no hay libertad para todos no se pueden debatir propuestas de ningún tipo». El concejal, que recibió el aliento de su secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguró que «tenemos ánimos y un interés por hacer nuestra política, la del Partido Socialista y seguir aquí».

Apoyo del PP
Amutxastegui recibió a lo largo de todo el día de ayer numerosas muestras de apoyo y de solidaridad. Las primeras llegaron de sus compañeros de Gobierno, los miembros del PP local. Su portavoz en el municipio, Juan Carlos Cano, aseguraba ayer a LA RAZÓN que «las cosas están muy tensas por aquí».
Poco después de condenar el ataque junto a todos los grupos municipales, Cano señalaba que «la rutina macabra se ha cebado en Andoain», y coincidía con Amutxastegui en que «el análisis de una persona normal te podría llevar a pensar que es por el pacto PP-PSE, pero ponerse en la cabeza de estos personajes es difícil».
Además, el edil popular apuntaba que «en Andoain las cosas nunca han estado tranquilas, porque su núcleo de terrorismo callejero no se ha desmantelado nunca».
Cano concluyó que «es momento de que la familia se sienta arropada y de seguir trabajando para que en Andoain se lleve una vida normal».
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