AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 21 Noviembre  2003
Maragall, Terreros e Ibarra
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 21 Noviembre 2003

El rompecabezas
JAIME CAMPMANY ABC 21 Noviembre 2003

Cómo acaba el maragallismo
VALENTÍ PUIG ABC 21 Noviembre 2003

Una alternativa al soberanismo
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital  21 Noviembre 2003

Más amigos que compañeros
Aleix Vidal-Quadras La Razón 21 Noviembre 2003

Patria grande, patria chica
Gregorio Robles La Razón 21 Noviembre 2003

La deuda histórica
La Razón 21 Noviembre 2003

Infamia en Londres
EDITORIAL Libertad Digital  21 Noviembre 2003

Un flaco favor al municipalismo
Alfonso Alonso Libertad Digital  21 Noviembre 2003

Rodríguez Ibarra
Cartas al Director ABC 21 Noviembre 2003

El lehendakari dice
Cartas al Director El Correo  21 Noviembre 2003

De Parga dice que en España nos falta conciencia nacional y que la Constitución puede ayudar
EFE Libertad Digital  21 Noviembre 2003

Mayor Oreja y Redondo Terreros abogan por una unión entre PP y PSOE para luchar contra el Plan Ibarretxe
Madrid EFE Estrella Digital  21 Noviembre 2003
 



 

Maragall, Terreros e Ibarra
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 21 Noviembre 2003

UN MINUTO DESPUÉS de que se conocieran los resultados de las elecciones autonómicas vascas, el 13 de mayo de 2001, se produjo una estampida de analistas -políticos y periodistas- que explicaron con rotundidad las causas por las que el PP y el PSE-PSOE se habían quedado a 25.000 votos de distancia del frente nacionalista.

Se ha tensado en demasía la cuerda -decían-, se ha arrinconado al nacionalismo, no se le ha dejado salida, se ha hecho un frente español que ha provocado la reacción triunfal nacionalista, la foto del Kursaal -Mayor Oreja y Redondo estrechándose las manos junto con Fernando Savater- ha dado una imagen frentista, propia de gentes crispadoras. Los constitucionalistas -concluían-, han dado miedo.

Lo cierto es que el PP nunca había sido un caballo ganador en la comunidad autónoma vasca. Desapareció la UCD antes en aquel territorio que en el resto de España por obra y tiro de gracia de ETA; el centro derecha vasco español ha vivido, y vive, en la clandestinidad durante años, sus representantes han sido asesinados y sañudamente perseguidos por el nacionalismo etnicista. El PSOE, más integrado, con más implantación social, con una tradición que no tiene el PP, también había sufrido asesinatos de sus militantes, cientos de ataques, alguno de ellos mortales, en sus sedes. Pero, a pesar de su mayor presencia, está lejos de contar con el nivel de implantación social, de penetración en las fibras que tiene el PSC en Cataluña. Fue precisamente desde este partido del que brotaron los mayores ataques contra Nicolás Redondo Terreros, que, como saben, culminaron en su defenestración.

El aparato de los socialistas madrileños organizó el proceso de linchamiento de Terreros y apostó decididamente por Odón Elorza con el apoyo activo, entre otros, de la cúpula de los socialistas catalanes. Los socialistas, vascos y del resto de España, tenían que cambiar de política, no podían seguir, se decía, haciendo seguidismo del PP, tenían que hacer una política diferenciada y había que atacar a esos movimientos sociales de los que se recelaba. Terreros, no; Odón, si. Este era el mensaje.

Bien, la maquinaria se puso en marcha, Terreros salió por la ventana, los socialistas consiguieron diferenciar su política de la del PP y triunfó el discurso Maragall en todo su esplendor. Política transversal, cuarto y mitad de nacionalismo, petroleado de los bajos españoles, frases de diseño, Madrid síntesis de todos los males con su arrabal marbellí, ni gota de agua para el Sur, que la derrochan, es progresista la Corona de Aragón, la C de PSC es más gorda y con más color que las otras letras, y así. Resultado: el PSC ha vuelto a perder, de forma estrepitosa esta vez; los nacionalista radicales, que se dicen de izquierda, crecen espectacularmente a costa, en parte, de los socialistas y Maragall se estrella en el cinturón metropolitano de Barcelona, su teórico feudo, donde el votante socialista no ha seguido ese batiburrillo político y, como en otras elecciones autonómicas, no ha votado PSC.

Las encuestas dicen que los problemas que más preocupan a los catalanes son: paro, inmigración, seguridad ciudadana, vivienda; la agenda de los políticos nacionalistas catalanes -Maragall incluido- se queda a vivir en el Estatuto, la relación con el resto de España, y así. Conclusión: los votantes socialistas, que entienden mejor a Ibarra -mejor porque habla de la agenda social y no sólo no pone en cuestión el tapete constitucional, sino que lo refuerza ante los ataques nacionalistas-, no han seguido a Maragall. El líder socialista catalán se ha estrellado y con su derrota ha hundido un poquito más a Zapatero, que lidera un partido decisivo para la democracia en España y que no puede permitirse por mucho tiempo esta situación.

La política de Maragall, en las antípodas de la de Redondo Terreros, ha cosechado un estrepitoso fracaso en un partido con vitola de ganador.

Alguien en la dirección del PSOE debería de sacar conclusiones; quizá les pueda ayudar Rodríguez Ibarra, caballo ganador en todas las elecciones, con un discurso claro y contundente.

El rompecabezas
Por JAIME CAMPMANY ABC 21 Noviembre 2003

ES complicado componer el intrincado puzle político que han compuesto los catalanes con los resultados de las elecciones autonómicas. Y ya no difícil sino imposible es ajustar todas las piezas de una manera coherente y estable. Cuando Rajoy invita a los políticos catalanes a formar un gobierno de estabilidad constitucional está pidiendo un imposible. El adiós de Jordi Pujol ha empujado a todos los candidatos a dejarse resbalar por la ladera de un nacionalismo decidido, que es frenético en unos como Carod-Rovira, moderado en otros como Josep Piqué, y febril y de ocasión como el de Pasqual Maragall.

En Cataluña se ha cometido un error que es muy frecuente en los políticos: el error de vencer una tendencia o una ideología, no con la contraria, sino con más de lo mismo y haciéndose más papista que el Papa. En Cataluña, se ha querido vencer al nacionalismo con más nacionalismo, lo mismo que a veces políticos de derecha se empeñan en vencer a la izquierda con más izquierda, y al revés.

Artur Mas, que ya era nacionalista, ha intensificado el modelo de Pujol, que tan buen resultado le ha dado a Patufet durante más de veinte años. Por el miedo a que Esquerra Republicana le arrebatara votos, ha llegado tan lejos como Carod-Rovira, y encima con unas propuestas concretas disparatadas y hasta ridículas, como la de la selección olímpica al amparo de la bandera de Andorra. Muchos votantes de Pujol, espantados con esas sansiroladas, han huido hacia Esquerra. Y por otro lado, Pasqual Maragall, independizado del Partido Socialista «de Madrid», hizo aquellas propuestas desquiciadas de la «Corona de Aragón» y del «federalismo asimétrico». La verdad es que llegó un momento en que la campaña electoral de Cataluña parecía una jaula de grillos o una casa de locos. Así ha salido de las urnas el rompecabezas irrecomponible que tenemos sobre la mesa. Y en esas estamos.

No es extraño que Rodríguez Ibarra se muestre harto y cansado de tanta insensatez, diga que está hasta la coronilla o hasta los mismísimos, y los mande a todos a paseo o a comer bellotas. En medio de este panorama, ¿qué dice, hace o provee Rodríguez Zapatero? Dejar en libertad a Maragall para que pacte o no pacte con los republicanos o con los convergentes, «comprender» amablemente a Rodríguez Ibarra, intentar estar a bien con todos y no contradecir a ninguno. O sea, naufragar. Se halla en la triste situación de la barquilla de Lope. «Pobre barquilla mía, entre peñascos rota, sin velas desvelada y entre las olas sola».

Piqué ha alcanzado un resultado moderadamente satisfactorio. Pero el número alcanzado por ese nacionalismo tímido y descolorido dista todavía bastante del último que consiguió Vidal Quadras con un discurso nada nacionalista, inequívoco y valiente. Ahí se cayó en el error que antes señalé. Se quiso luchar contra el nacionalismo rampante, no combatiéndolo, sino echándole agua al vino. Pero, bueno, en Cataluña, ¿quién recoge ahora el voto españolista, que lo hay, y quién denuncia y se enfrenta sin complejos a la actitud, cada vez más cerril, de un nacionalismo sin límites?

Cómo acaba el maragallismo
Por VALENTÍ PUIG ABC 21 Noviembre 2003

OFRENDAS equiparables al oro, el incienso y la mirra mecieron el advenimiento de Pasqual Maragall al liderato del socialismo catalán. Lo tuvo todo a su merced y anduvo a sus anchas, como niño prodigio del nuevo socialismo y como alcalde que había izado la bandera olímpica en Barcelona. Las elecciones autonómicas del día 16 lo han cambiado todo y Pasqual Maragall aparece como el emperador ya desnudo, sin complicidades que puedan ser muy duraderas. Quiso elaborar por su cuenta una nueva fórmula de convivencia para España, liderar la Cataluña del siglo XXI y a la vez dar con la solución del conflicto vasco: sus electores no le han comprendido y han votado en consecuencia. Había pretendido encabezar la sustitución política y social del pujolismo y ha acabado con menos escaños que la lista de Artur Mas, a quien despreció divinamente durante la campaña electoral. Deseaba poner el socialismo catalán al día, en la estela de la tan citada modernidad política, y ha conocido el desafecto de aquellos votantes catalanes que a todas luces se fían más del PSOE que del maragallismo.

Con ciertos excesos de imaginación política, Pasqual Maragall se había volcado en la reconstitución de la socialdemocracia después del traspié notable de la tercera vía. Ha estado entre los que, sin temerle a la «contradictio in terminis», buscan una suma practicable de socialismo democrático y liberalismo para definirse como «social-liberales». En realidad, casi nunca se ha sentido cómodo en la simbiosis PSC-PSOE -procedente de un largo y doloroso pacto de fusión- y por eso fundó la entelequia de «Ciutadans pel canvi» que el aparato del socialismo en Cataluña le consintió a regañadientes porque se daba por hecho que Maragall les iba a dar el poder. Él deseaba un partido a su imagen y semblanza, ubicuo, voluble, errático, de reflexiones al hilo de lo último, como una primacía volatinera de la política.

En algún momento, su modelo fue el partido demócrata americano, la idea de coaliciones aunadas en torno a la presencia cohesiva de un candidato. En verdad, es todo el socialismo europeo que anda en busca de un perfil consistente. Tony Blair supo pronto que tanto las nacionalizaciones como el lastre del sindicalismo debían desaparecer del programa laborista para rehuir una confrontación perdida de antemano con las privatizaciones y los controles a la actividad sindicalista hechas ley por el thatcherismo. Mitterrand, por su parte, comenzó su presidencia en dirección contraria y puso la economía francesa en un callejón sin salida. Para entonces, Blair observaba con interés las políticas de liberalización, reducción de impuestos y privatización que el laborismo iba practicando con éxito en Australia. Al poco Clinton aparecía sacando carné de «nuevo demócrata». Blair estaba a punto para ganar las elecciones, sin alterar los logros de la baronesa Thatcher y enarbolando la bandera de la ley y el orden. Como ha comprendido al final el socialismo español, cederle el patrimonio de la seguridad ciudadana a la derecha es un error que se paga.

En aquellos días, la orquestación de una nueva dinámica internacional parecía que iba a nuclear a los socialismos en torno a la tercera vía, arrumbando oportunamente la Internacional Socialista. Así comenzaba el siglo XXI y Gerhard Schröder se sumó al invento al constatar las posibilidades de la ortodoxia económica que iba impregnando Europa de punta a punta. Después de sus vicisitudes juveniles, el Maragall actual está en línea con un socialismo convencido de una vez por todas de que la riqueza que debe sustentar al sector público sólo puede ser generada por el sector privado. En las páginas de «Capital justo», Adair Turner indica el resquicio que pudiera permitir la reconversión de la socialdemocracia, en la sólida alternativa entre modelos capitalistas, un liberalismo de mercado que también sea redistributivo y humano. Eso no es una alternativa al capitalismo, ni una tercera vía: Turner lo llama capitalismo con rostro humano.

Por la crueldad intrínseca de la política, el socialismo proseguirá su larga marcha por los desiertos y oasis de Cataluña pero Pasqual Maragall caerá de una u otra forma. El electorado le ha olvidado seguramente a causa de lo que él creía su aportación más memorable: una intensificación catalanista en el PSC-PSOE. Es de importancia sumar a ese factor el mal resultado obtenido por los socialistas catalanes en las últimas elecciones municipales, especialmente por parte de un Joan Clos que perdió cinco concejales en el ayuntamiento de Barcelona. La misma Barcelona le ha retirado a Pasqual Maragall cinco escaños en el parlamento autonómico. Quizás le quede como consuelo la complicidad parcial de una clase media alta que no podía votar a las huestes del PSOE y que consideraba a Jordi Pujol poco más que como el líder de los tenderos de Cataluña. La «hoz y el martini» se habían transformado en la «gauche caviar» entregada a sus conspiraciones de fin de semana en masías con mobiliario de diseño postmoderno.

A pesar del bastión municipal de Barcelona, del poder en las diputaciones, de los años del felipismo, de sus recursos mediáticos y del paso de un Pujol totémico a un Artur Mas en rodaje, la alternativa socialista ha tenido tantas pérdidas en las elecciones autonómicas catalanas que no pueden ser culpa exclusiva de Pasqual Maragall, sino también fruto de años de oposición hecha con mala conciencia, de no atraer a las urnas autonómicas a quienes les votan en las elecciones generales, de querer verse más catalanistas que un Pujol a quien tantas veces -como por efecto de la hipnosis- secundaron por no parecer indiferentes al irredentismo de baja intensidad o por no saber hacia donde ir. Contemplado «a posteriori», el despilfarro permanente de capital político puede llegar a considerarse como ilación de un error fundacional del PSC-PSOE. Dicho con brevedad: hasta la fecha los socialistas catalanes han ganado algunas batallas pero siempre han perdido las guerras.

Ahora sentenciarán que el maragallismo les llevó demasiado lejos en el afán de instrumentar la posibilidad de que el socialismo fuera legítimamente catalanista en su estirpe y que los votos de la emigración engrosaran la cantera que durante tiempo fue la materia prima del felipismo, sin votar en las elecciones autonómicas. En definitiva, si el postpujolismo se está resolviendo de forma no desafortunada, el postmaragallismo dejaría al socialismo catalán en una encrucijada. Tal paradoja quizás le quite un peso de encima a Rodríguez Zapatero. También deja una herida en el costado, de difícil sutura. En ocasiones semejantes, siempre hay alguien que quiere poner el dedo en la llaga.

Una alternativa al soberanismo
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital  21 Noviembre 2003

Son varios los pucheros que se calientan en las cocinas de la política en el País Vasco. Según anunciaba ayer el diario ABC, especialmente atento a esa parcela de la actualidad, el Gobierno y el PP, en acción conjunta, están dispuestos a trabajar para la creación de una alternativa válida que incluya independientes y representantes de la izquierda. Es la respuesta tradicional de los “grandes remedios” que se corresponde a la provocación de los “grandes males”.

La escalada soberanista —independentista, si no queremos perdernos por los bosques del lenguaje— que impulsa el lehendakari Ibarretxe, y que se acentúa con los movimientos internos que vive el PNV conducentes al relevo de Xabier Arzalluz, ha provocado infinidad de consultas y planteamientos tendentes todos ellos a que, en las próximas elecciones autonómicas que se celebren en el País Vasco, las fuerzas nacionalistas pasen a la oposición.

No es ajeno a esos bosquejos de acción electoral el hecho de que Ángel Acebes y Nicolás Sarkozy, los titulares español y francés de Interior, redoblen los planes conjuntos de lucha contra ETA. Ambos han estado reunidos este pasado fin de semana y es significativo que un grupo de parlamentarios franceses acabe de rechazar una invitación del Gobierno de Vitoria para que Ibarretxe les explicara las notas maestras de su “plan”. El adelgazamiento creciente de la banda terrorista, fruto de una esforzada y bien conjuntada labor policial, es pieza fundamental para el fortalecimiento del Estado y la reconducción del nacionalismo a los límites que establecen la Constitución y el Estatuto de Guernica.

En el puchero separatista de Ibarretxe ya se observan los primeros hervores; pero ¿cuáles serán los ingredientes del que ahora quieren calentar el Gobierno y el PP? Según escribía Jesús Molina en ABC, “la alternativa plural que está en elaboración no se basaría sólo en los círculos más afines a las políticas del PP”. Algunos grupos sociales muy presentes en la sociedad vasca —desde Basta Ya al Foro de Ermua pasando por la Fundación para la Libertad— estudian el plan y los oteadores populares buscan, sin más límites que la Constitución, otros posibles aliados para la difícil, pero necesaria, tarea que se propone.

Este proyecto, aún embrionario, recuerda el que, en su día, intentaron Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo. Sería complicado hoy el entendimiento, para tal fin, de los dos primeros partidos nacionales, demasiado crispados y atentos a las mutuas descalificaciones con ocasión de las elecciones autonómicas de Madrid; pero dada la gravedad del caso, nada se puede descartar.

Por el momento, poco más ha trascendido sobre ese nuevo puchero en la lumbre vasca; pero los constitucionalistas, a cuenta de lo que esté por venir, preparan para el mes de diciembre una magna manifestación —seguramente en Bilbao— que pueda servir de inicio y primera sustancia para el guiso que se pretende. Sólo por ahí, por la vía de las soluciones políticas originales que complementen el trabajo policial, puede llegar una solución definitiva y solvente para ponerle tasa a un problema mal llamado vasco siendo, como es, el gran problema español.

Más amigos que compañeros
Aleix Vidal-Quadras La Razón 21 Noviembre 2003

Aunque Zapatero ha declarado que pone toda su confianza en Maragall para negociar la fórmula que dé salida a la embrollada situación creada en Cataluña tras las elecciones del dieciséis de noviembre, el derrotado candidato de su partido ha dejado bien patente que las decisiones sobre política catalana las toma el PSC sin injerencias externas, por lo que las bendiciones del secretario general del PSOE suenan a aceptación resignada de hechos consumados. En efecto, resulta palmario que en el Comité Federal socialista reina una considerable inquietud ante la perspectiva de compartir la Generalitat con una fuerza independentista y republicana.

A nadie con dos dedos de frente en la sede de Ferraz se le oculta que ésta no es la carta de presentación ideal de cara a las elecciones generales de marzo. Porque abrigar la esperanza de que Esquerra se preste a un Ejecutivo de coalición con el PSC para limitarse a poner en marcha sus famosos veinte puntos de Cambrils, es no conocer a Josep Lluís Carod-Rovira y a sus huestes. Las bases de ERC se rebelarían en masa si comprobasen que su gran triunfo sólo sirve para que sus dirigentes ocupen la Presidencia del Parlament, varias consejerías y otras gabelas, olvidando sus reivindicaciones de modificación drástica del marco constitucional y estatutario.

El incremento de inversión en el sistema educativo, la subida de las pensiones mínimas, la construcción de miles de viviendas de promoción pública, la extensión de la banda ancha y la fibra óptica, el apoyo a las mujeres maltratadas y el trato preferente a las pymes son iniciativas muy interesantes que, debidamente enfocadas, puede compartir todo el arco parlamentario. Ahora bien, la desestabilización de la sociedad catalana y, como consecuencia, de la española, mediante la apertura de un segundo frente secesionista en el Estado que se añada al Plan Ibarretxe para hacer que España pase de ser un país tranquilo y previsible a una olla de grillos en la que se viva en un sobresalto permanente, es harina de otro costal. El crecimiento económico, la inversión y la creación de puestos de trabajo son fenómenos que requieren ante todo una absoluta seguridad jurídica y un clima de paz social permanente, condiciones que desaparecen si la gente tiene la percepción de que las reglas de juego básicas están siendo puestas en cuestión un día sí y otro también.

Y si el electorado llega al convencimiento de que la aparición de semejante panorama tiene una causa y que esta causa es la debilidad y el oportunismo del líder de la oposición, entonces más vale que José Bono empiece a correr por la banda del estadio nacional calentando músculos para sustituir al desfondado delantero centro de su equipo. Maragall ha enfatizado la «relación de amistad» que le une al PSOE, de lo que se deduce que contempla a sus homólogos de Madrid más como amigos que como compañeros.

Patria grande, patria chica
Gregorio Robles La Razón 21 Noviembre 2003

Juan Jacobo Rousseau tiene la mañana burlona y fresca y por eso busca a su amigo Maquiavelo con la intención de sacarle de sus casillas. La situación es más que propicia después de las elecciones catalanas. Le pregunta sobre su diagnóstico. Nicolás responde:

¬Nunca he comprendido las pequeñas ambiciones políticas. El nacionalismo hoy en Europa es una pequeña ambición que puede causar males muy grandes. Para empezar, enfrenta a los pueblos consigo mismos, cuando es lo cierto que podrían vivir en paz y prosperidad, dueños de su destino. Los nacionalistas van contra la historia, se refugian en un pasado que tratan de resucitar y de imponer a los que no lo son.
 
¬Bueno, mon cher ami, no me digas que tú, cuando estabas en Florencia, no te identificabas con el pequeño Estado al que servías y vibrabas con sus éxitos.
¬No lo voy a negar, mentiría como un bellaco si lo hiciera, pero recuerda, querido Juan Jacobo, que mi anhelo íntimo más fuerte, aunque yo entonces lo consideraba prácticamente inalcanzable, era la unificación de la gran patria, de Italia. ¿Ah, si yo hubiera vivido los acontecimientos de la unificación italiana, cuál no hubiese sido mi dicha! Pero, desgraciadamente para mí y para mis paisanos, nos tuvimos que conformar con vivir en el pequeño mundo a orillas del Arno, que no diré que no tenía sus atractivos, pero que comparado con la pertenencia a un gran Estado que sea protagonista de la historia universal, constituye una experiencia demasiado estrecha, demasiado pobre.

¬Sí, me acuerdo perfectamente de que el último capítulo de tu «Príncipe» se titula «Exhortación para librar a Italia de los bárbaros» y que al final tienes una frase un tanto misteriosa que proclama que «a todos hiede esta dominación de los bárbaros». No me dirás ahora, queridísimo Nicolás, que los bárbaros actuales son los nacionalistas.
¬La historia es muy diversa en su apariencia superficial pero permanece igual en cuanto al fondo. En las profundidades de la acción colectiva siempre encuentras lo mismo. No llamaré bárbaros a los nacionalistas, aunque algunos se merezcan ese calificativo por recurrir a la barbarie, pero sí sostengo que si España no tuviera ese problema sería casi el paraíso, me refiero en el sentido político del término, puesto que bien es sabido que la dicha eterna, si existe, no pertenece a este mundo, cargado como va el ser humano de limitaciones. Lo que me entristece es que en mi país preferido sean sus propios paisanos los que, lejos de valorar lo que tienen y de adoptar una actitud leal hacia el conjunto, se agarren a la patria chica como a un clavo ardiendo, para de esa forma crear artificiales diferencias que enfrenten a unos ciudadanos con otros. No me vas a decir a estas alturas, Juan Jacobo, que tú estás con los que aman en demasía a la patria chica y desprecian a la patria grande.

¬Me temo que para el establecimiento de un régimen auténticamente democrático como el que propongo no hay mejor condición que la que corresponde a un Estado de reducidas dimensiones, algo así como Luxemburgo.
¬A veces, caro amico, y te lo digo con todo el cariño del que soy capaz, pienso que no estás en tus cabales. Ya ves lo que pinta Luxemburgo en el mundo en que vivimos, nada, absolutamente nada. Si desapareciera del mapa y sus habitantes se fueran a vivir a los países vecinos, ¿quién iba a notar su falta? El nacionalismo en las actuales naciones europeas es una auténtica embriaguez promovida por una clase política que se alimenta hábilmente de las mil formas de deslealtad imaginadas para chantajear a la inmensa mayoría. Su programa es muy sencillo: simplemente pedir más, más y más. Y como añadido a que se les dé más y más, la queja continua, el victimismo teatralizado. Alimentan a su juventud con canciones que entonan letras míticas, desconocedoras de la historia, y la exaltan hasta el paroxismo haciendo creer que conforman una raza diferente, de semidioses, con más derechos y virtudes que los demás. Tú, el Rousseau demócrata, no puedes ver con buenos ojos esa discriminación radical que ejercen, ese desprecio hacia el otro, esa falta de solidaridad con lo que les rodea. El nacionalismo, carísimo, es la guerra civil por otros medios.

La deuda histórica
La Razón 21 Noviembre 2003

Una de las frases que me ha causado más impacto de las pasadas elecciones autonómicas de Cataluña ha sido la que pronunció el candidato de la izquierda republicana, el descendiente de maños, y que acertadamente recordaba ayer en este diario Julián Lago, que se había criado en una casa cuartel de la Guardia Civil, que según su programa político hay que sacar fuera de la autonomía. Y es que Carot-Rovira, dijo que a Madrid se van dos billones de pesetas de los catalanes, que ya no vuelven. Y la sorpresa viene por cuanto al líder independentista alguien le ha contado un cuento sin base matemática. Sin duda Cataluña junto con Baleares son de las comunidades que más aportan a las económicamente más débiles. Pero los madrileños aportan el doble que los del Principado.

El mito que alimentan los nacionalismos de que son saqueado por el Gobierno de Madrid, ha logrado calar en la mente de los nacionalistas, porque nadie desde la sensatez, ha puesto los números encima de la mesa. Y es que sucede que la memoria histórica es muy débil. Durante el siglo XIX y tres cuartas partes del XX, Cataluña y el País Vasco, se beneficiaron de una posición de privilegio, que sufragaban el resto de las regiones españoles, trasfiriendo capital financiero y humano a esas comunidades.

Como muy acertadamente recordaba recientemente Luis Ignacio Parada, nadie aquí ha reclamado la deuda histórica que tienen Cataluña y el País Vasco en el resto de España. Durante esos casi dos siglos, la imposición del textil catalán y las manufacturas vascas, impedían cualquier importación de esos bienes. Los españoles tenían que comprar quisieran o no esos productos en aquellas comunidades, que a su vez sus oligarquías, impedían el desarrollo de industrias textiles y del acero, fuera de sus territorios. Algún día les contaré lo que me dijo Jordi Pujol, en un almuerzo en la Generalitat, a propósito de la independencia de Cataluña, es de libro.

Infamia en Londres
EDITORIAL Libertad Digital  21 Noviembre 2003

Después de los dos brutales atentados de Al Qaeda contra intereses británicos en Estambul, que han causado 27 muertes –entre ellas la del cónsul del Reino Unido en esa ciudad– y centenares de heridos, lo más doloroso para cualquier persona de bien, especialmente si es británica, ha sido observar cómo una manifestación organizada por grupos de extrema izquierda pedía por las calles de Londres a los líderes de la guerra contra el terrorismo, Bush y Blair, que se rindieran ante Al Qaeda y los "fedayines" de Sadam y abandonaran Irak. Hasta tal punto ha llegado la infamia de los enemigos de la libertad y de la democracia, que han parodiado la famosa imagen del derribo de una de las estatuas gigantes de Sadam en Bagdad –el símbolo de la caída del régimen genocida–, derribando a su vez una estatua de cartón piedra que representaba a George W. Bush.

Según uno de los portavoces de la plataforma Stop the war coalition, el homólogo británico de No a la guerra, "el mensaje para Bush es que su política en Irak ha fracasado. Queremos que cambie esa política basada en el ataque, la fuerza, las detenciones indebidas y la violación de las libertades civiles". Es casi imposible concebir una desfachatez, un cinismo y una infamia mayores, habida cuenta de que esas supuestas violaciones de las libertades no son más que el aperitivo de lo que ha estado perpetrando Sadam Husein durante casi tres décadas en Irak. Una prueba elocuente de que a la extrema izquierda antisistema le dan exactamente igual las detenciones indebidas y las violaciones de las libertades civiles –siempre no sean las suyas, naturalmente–, es que cuando Sadam gaseaba a los kurdos, asesinaba a los chiítas, encarcelaba y torturaba brutalmente a sus opositores y llenaba las fosas comunes con las víctimas de sus crímenes, no se oyeron sus voces de protesta ni tampoco organizaron manifestaciones multitudinarias para exigir la dimisión del psicópata genocida, que todavía seguiría tiranizando a los iraquíes si Bush y Blair no hubieran tomado la decisión de destruir su régimen para que dejara de ser sede de todas las violaciones imaginables de los derechos humanos y cobijo de terroristas.

Por mucho que se empeñen los enemigos de la libertad –y los medios de comunicación que les hacen el juego, que son la inmensa mayoría– en presentar la situación en Irak como un caos inmanejable donde los iraquíes añoran la "paz" y el "orden" de Sadam, lo cierto es que, como dijo Bush, "todo lo que sé es que a la gente de Bagdad, por ejemplo, no se le permitía hacer esto –manifestarse y criticar al gobierno– hasta hace muy poco". Aunque de nuevo haya que repetir lo obvio, el principal obstáculo para la completa normalización de Irak –de la que ya gozan una buena parte de los ciudadanos– no son las tropas de la Coalición, única garantía del buen fin del proceso, sino los atentados de la "resistencia" terrorista ligada a Sadam y a Al Qaeda, quienes lo último que querrían ver es cómo se consolidan la democracia, las libertades y el progreso en un país árabe que pueda servir de ejemplo para el resto de las corruptas y a veces totalitarias y criminales tiranías de Oriente Medio.

Por esto mismo, no es casualidad que, primero Indonesia y después Turquía –los países musulmanes que más cerca se hallan del modelo occidental– hayan sido víctimas de los atentados más sangrientos cometidos fuera de Irak. La masacre de Bali, y las carnicerías perpetradas en Turquía –primero contra los judíos y después contra intereses económicos y diplomáticos británicos– son "advertencias" de Ben Laden en contra de la "corrupción occidentalizante" de estos países, que "sucumben a la tentación" de abandonar la "pureza" del Islam por la libertad y el progreso de Occidente. Esta visión totalitaria –que, como señalábamos hace unos días, impregna los libros de texto de los escolares palestinos– no necesita de "provocaciones" expresas, como intentan dar a entender muchos "expertos" en política internacional, nacionales o extranjeros, que hacen el juego a los terroristas y a los grupos antisistema.

En la lógica del fanatismo islámico no hay elección: los "infieles" deben convertirse o ser destruidos, Occidente debe islamizarse o sucumbir. Es la mera existencia del modelo occidental lo que "provoca" a los terroristas, sean de Hamas, Yihad o Al Qaeda, y no los esfuerzos de EEUU y sus aliados por preservarlo. Pero, sea como fuere, no parece que lo más sensato sea cruzarse de brazos, abandonar a los iraquíes a su suerte y pedir perdón a Ben Laden y a Sadam. Afortunadamente, Bush, Blair y los miembros de la Coalición han decidido hacer todo lo contrario; pues la experiencia de España demuestra que la peor forma de combatir el terrorismo es intentar "comprender" sus "razones".

Un flaco favor al municipalismo
Alfonso Alonso Libertad Digital  21 Noviembre 2003

La VIII Asamblea general de la FEMP –Federación Española de Municipios y Provincias– celebrada este fin de semana en Madrid se ha convertido en noticia de actualidad más allá de la esperada renovación de los cargos y órganos ejecutivos de una organización fundamental para el municipalismo español. La FEMP, que comenzó su andadura hace casi 20 años en defensa del fortalecimiento de la democracia y la autonomía local, vivió el domingo una decepcionante polémica que empaña la impecable labor que realiza esta asociación en favor del proceso descentralizador hacia las Corporaciones Locales por las incertidumbres y miedos de algunos partidos políticos, mucho más preocupados por la necesidad y urgencia del momento electoral que por defender los valores esenciales para la convivencia y el bienestar que representa nuestra Constitución.

Los ayuntamientos somos las instituciones más cercanas al ciudadano. Ejercemos, desde la proximidad, la primera representación. Nos hemos convertido en mediadores imprescindibles a la hora de promover el bienestar de cada ciudadano. Durante varias décadas hemos realizado una valiosa aportación al desarrollo y la consolidación de la democracia en nuestro país. Y es, precisamente, desde el papel de las instituciones locales como garantes de estabilidad en ciudades y municipios, desde el máximo foro que representa a los ayuntamientos españoles donde se planteó una moción que a nadie puede sorprender por el momento ni por los términos.

Es necesario recordar, en este sentido, que el próximo mes de diciembre celebramos los primeros 25 años de vigencia de la Constitución, por lo que parecía más que evidente la idoneidad y oportunidad de que todos los ayuntamientos españoles se unieran en la organización que les representa para dejar claro el compromiso con la Carta Magna y “con los valores inalienables que ésta representa, como garantía de convivencia en paz y del progreso en todos los órdenes de la vida colectiva e individual”. El mismo compromiso que se alcanzó también en este mismo foro para aprobar por unanimidad una moción contra la violencia de género.

Si a todo esto añadimos el actual escenario político con la presentación del Plan Ibarretxe, parecía más que acertada la conveniencia de que todos los ayuntamientos rechazaran una propuesta que “aparte de su inconstitucionalidad, no viene sino a negar la igualdad que con tanta firmeza hemos venido demandando reiteradamente”. ¿Por qué el PSOE rechaza esta moción y rompe el acuerdo alcanzado el día anterior para la renovación de los cargos? ¿Por qué les pareció tan descabellado aprobar un documento a favor de la Constitución y el Estatuto de Gernika de términos muy similares a los consensuados en diferentes ayuntamientos?

La única explicación que cabe a la penosa actitud del Partido Socialista es su pacto con Esquerra Republicana para gobernar Cataluña. Los socialistas no querían incomodar a ERC –que había anunciado su voto en contra de la moción–, por sus posibles consecuencias en el escenario de negociaciones políticas para renovar las instituciones catalanas. El Partido Socialista no se jugaba la presidencia de la FEMP, aunque votaran a favor de la moción, puesto que se había alcanzado un acuerdo con el PP para que el alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, ostentara este cargo los próximos cuatro años. En realidad, el partido socialista se jugaba su propia necesidad electoral de gobernar Cataluña. Todo ello, al precio de anteponer el interés partidista a sus convicciones ideológicas. Al precio de que muchos alcaldes socialistas hayan tenido que votar con sonrojo en contra de la Constitución y el Estatuto de Guernika. Al precio de un bochornoso silencio por no poder explicar lo inexplicable.

Como Alcalde de la capital del País Vasco y vocal de la FEMP, tengo que lamentar la actitud del Partido Socialista en un momento, que es ciertamente inoportuno, puesto que desde el Gobierno vasco se está cuestionando la legitimidad de nuestro Estado de Derecho y se intenta quebrar el marco de convivencia de todos los vascos. En un momento que se considera clave para acreditar de forma clara y firme la defensa y el compromiso activo del municipalismo español con la Constitución y el Estatuto de Guernika.

Alfonso Alonso Aranegui es Alcalde de Vitoria-Gasteiz.

Rodríguez Ibarra
Cartas al Director ABC 21 Noviembre 2003

El presidente de Extremadura, con valor ya demostrado, expresa sin complejos: «Que los nacionalistas utilizan trampas, deslealtad y cierta inmoralidad abriendo un debate, cuando la libertad no acompaña a todas las personas que tienen que protagonizar el debate». Y pidió a la UE que «niegue la legitimidad a planes de secesión», pues la política de Ibarretxe es «un problema europeo al igual que el fuego en Portugal». Estas declaraciones las hizo en la IV Conferencia de Presidentes de Regiones con poder legislativo. Me adhiero a sus manifestaciones, estoy de acuerdo con todo y le felicito. Durante estos 25 años de democracia, el caballo de batalla de los nacionalistas-independentistas no ha sido otro que «la independencia». Nos han dado a los españoles una de cal y otra de arena. Su movimiento hacia la independencia ha sido pendular. Se han reído de los gobiernos de UCD, PSOE y PP, pues éstos, por miedo, por cobardía o por lo que sea, no supieron aplicar el artículo 155 de la Constitución, en su momento. Ahora estamos sufriendo las consecuencias. Juan Carlos, una vez le leí en ABC que «a esta democracia mediática le importa más el funeral que el muerto, más el contrato que el matrimonio, más la Misa que Dios». Si el Gobierno y el PSOE no toman rápidas medidas la patria, España, se hará añicos. No se da cuenta que Ibarretxe y Carod-Rovira son señores que van en contra de la Historia.  A. Ramírez Díaz.  La Granja de Torrehermosa (Badajoz).

El lehendakari dice
J. I. Murua/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo  21 Noviembre 2003

El lehendakari dice «todas las personas, todas las ideas»; y me parece bien. El lehendakari dice que hay que respetar las ideas; estoy de acuerdo. El lehendakari dice que no se pueden ilegalizar las ideas; por supuesto. El lehendakari dice que hay que dialogar; faltaría más, aunque opino que debiera practicar lo que recomienda. El lehendakari dice defender el derecho a decidir nuestro propio destino; si no se nos impone por la fuerza y la coacción podría ser aceptable. El lehendakari también dice que se ilegalizan las ideas; con todos los respetos le digo que es su opinión, pero que eso no es cierto. Que los derechos históricos del pueblo vasco son inalienables; le recomendaría una clase de historia objetiva. Que se demoniza al nacionalismo; consejos vendo y para mi no tengo. Y que tiene un plan para la convivencia de los vascos en ausencia de violencia; pero porfía en él en presencia de la misma y pese a que hasta el momento sólo ha generado más crispación y desencuentro.

Todo esto lo dice y lo repite el señor Ibarretxe. Pero lo que en mi opinión debiera decir alto y fuerte es que en Euskadi se extorsiona, se persigue, se amenaza y se asesina simplemente por eso, por las ideas. Sobre todo si las expones, las defiendes y no coinciden con el 'pensamiento único' de la tribu. Y qué pena, o no lo dice o casi no le oigo. Yo le diría al lehendakari que sea cual sea la idea que yo defienda, mientras haya alguien que extorsione, persiga, amenace o asesine en pro de una idea, yo dedicaría todo mi esfuerzo y mi vida si es preciso para que eso no ocurra. Es sin violencia cuando comienza el diálogo y las ideas triunfan. Lo demás es hipocresía oportunista.

"NO HAY MOTIVOS" PARA LA REFORMA
De Parga dice que "en España nos falta conciencia nacional" y que la Constitución puede ayudar
El presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, cree que no hay "ningún motivo" para reformar la Constitución y abogó por que se mantenga "inalterado" su texto durante un "largo periodo" para que se genere entre los españoles un sentimiento constitucionalista que los una.
EFE Libertad Digital  21 Noviembre 2003

De Parga, que clausuró en Granada unas jornadas organizadas con motivo del XXV aniversario de la Constitución, subrayó que, a diferencia de otros países como Francia, "en España nos falta conciencia nacional", y añadió que "el sentimiento constitucional puede ser el vínculo que una a todos los españoles y a los distintos pueblos y grupos que forman España".

Este sentimiento sólo se logrará "manteniendo el documento inalterado", dijo Jiménez de Parga, que declaró a los periodistas que no es "oportuno ni conveniente afrontar la reforma de la Constitución, entendiendo como tal la reforma del texto". En este sentido, se mostró partidario de "una mutación" de la Carta Magna mediante una interpretación "progresista" de sus principios y preceptos que permitan adaptar la norma a las "nuevas circunstancias" y proteger los derechos nuevos surgidos, como por ejemplo los relacionados con las nuevas tecnologías.

El presidente del TC resumió su teoría sobre la reforma de la Constitución recordando una cita de uno de sus "maestros" que, señaló, "solía decir que la Constitución rara vez se toca y si hay que tocarla se hará con manos temblorosas". Sobre los recursos presentados por el Gobierno central ante el TC y por la Diputación de Álava ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco para intentar frenar el Plan Ibarretxe, Jiménez de Parga rehusó hacer comentarios y se limitó señalar que "no puedo ni debo ni quiero manifestarme sobre nada de lo que está o puede estar, como es de esperar, sometido a nuestra consideración". "No sé si el plan va a salir adelante", dijo el presidente del TC, que pidió que no se le vuelva a preguntar al respecto porque "ya me han recusado 62 veces y no quiero ser recusado una vez más".

Jiménez de Parga insistió en la necesidad de que se respete el "principio de solidaridad entre todos los españoles", del que dijo que es algo más que un "faro que ilumina el camino" pues es el que "da razón de ser en el reparto de competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas".

CONFERENCIAS EN EL CLUB SIGLO XXI
Mayor Oreja y Redondo Terreros abogan por una unión entre PP y PSOE para luchar contra el 'Plan Ibarretxe'
El presidente del PP vasco pide confianza en la Justicia e insinúa que podría reformarse el Código Penal para que las CCAA respeten las decisiones judiciales
El ex secretario general del PSE señala que pese a las diferencias ideológicas a ambos les une "la pasión por la libertad y por España"
Madrid EFE Estrella Digital  21 Noviembre 2003

El presidente del Grupo Popular en el Parlamento Vasco, Jaime Mayor Oreja, auguró ayer que 2004 será un año "duro, decisivo y de confrontación" para hacer frente al desafío que supone el Plan Ibarretxe y advirtió de que la división y la fractura entre constitucionalistas sería un "suicidio". En este sentido, el ex secretario general de los socialistas vascos, Nicolás Redondo Terreros, hizo hoy un llamamiento a PP y PSOE para que se pongan de acuerdo para construir una alternativa de la democracia y la libertad en el País Vasco sin "pasar la patata caliente a la sociedad o a los intelectuales". Antes de presentar en el Club Siglo XXI de Madrid una conferencia de Mayor Oreja, Redondo se refirió a las informaciones sobre los contactos iniciados por el PP para aglutinar a intelectuales, miembros de movimientos sociales e incluso políticos del entorno socialista en una alternativa al nacionalismo vasco.

En una conferencia pronunciada ayer en el Club Siglo XXI de Madrid, Mayor subrayó que la nueva ofensiva nacionalista se está haciendo a "cámara lenta" buscando el agotamiento y el desistimiento de los constitucionalistas y de la sociedad española. El dirigente popular destacó la importancia de que ésta comprenda que la respuesta del Estado de Derecho tiene sus plazos y sus procedimientos y de que "no hay ni habrá una medida única de poder hacer frente a este Plan de larga duración", porque, al igual que en la lucha contra el terrorismo, en este caso no puede haber "atajos".

A la conferencia de Jaime Mayor asistieron el vicepresidente primero del Gobierno, Rodrigo Rato, las ministras de Administraciones Públicas, Julia García-Valdecasas, y Sanidad y Consumo, Ana Pastor, y el secretario general del PP, Mariano Rajoy. También estuvieron presentes los presidentes de Congreso y Senado, Luisa Fernanda Rudi y Juan José Lucas, el presidente del PP vasco, Carlos Iturgáiz, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, y empresarios como el presidente de ACS Florentino Pérez.

Mayor Oreja insistió en la necesidad de que la sociedad española mantenga la misma cohesión y la fortaleza democrática con la que se ha enfrentado al terrorismo y subrayó que el enfrentamiento entre constitucionalistas sería "un suicidio" y el "peor favor que le podríamos hacer a los valores constitucionales que defendemos".

En su conferencia, titulada "Dos constituciones para la libertad" destacó los valores de "convivencia e integración" de la Constitución Española de 1978 y de la futura Europea frente al Plan Ibarretxe que, reiteró, es "la herencia política de ETA" y el precio que la banda exige al PNV y este a su vez a la sociedad española. Subrayó que ese desafío no supone que nos encontremos ante una crisis de España ni de su modelo constitucional sino, al contrario, surge como respuesta y "huida hacia adelante" del nacionalismo al "mejor momento para España en los últimos siglos".

Mayor consideró que el Plan Ibarretxe "no es una bravata más del nacionalismo vasco" y explicó que se desarrollará en tres fases, de las que ya estamos viviendo una primera "con la rebeldía y la desobediencia del Parlamento Vasco al Tribunal Supremo". Una segunda será la presentación el sábado del Plan Ibarretxe en forma de Proyecto de Ley y la tercera llegará con las próximas elecciones vascas, probablemente adelantadas a otoño de 2004, y que los nacionalistas interpretarán como un plebiscito del Plan. En esos comicios PNV y ETA "están condenados entenderse" y podrían incluso compartir listas, auguró.

Ante ese panorama, el año 2004 y en concreto las elecciones generales se presentan como decisivas porque "los españoles tendrán que decidir entre debilitar al gobierno que salga de las urnas otorgándole una exigua mayoría, o fortalecerlo mediante una mayoría amplia" y en "plenas condiciones para hacer frente al desafío del nacionalismo vasco". Además, advirtió, la fortaleza de esa Gobierno será "medida al milímetro por quienes intentan derivas de otros nacionalismos".

Mayor Oreja señaló que al PP y a los constitucionalistas vascos les corresponde el esfuerzo político de volver a presentar una alternativa democrática como la que encabezaron en 2001 él mismo y Redondo Terreros, a la que, dijo "no es urgente poner nombres ni apellidos" pero sí prestigiarla como un proyecto de cambio en el País Vasco.

En ese sentido anunció la elaboración de una "Agenda Política del Cambio", que será desarrollada en los próximos meses como un "plan estratégico dirigido a cambiar el poder en el País Vasco y a que las fuerzas políticas constitucionalistas ganen las próximas y cruciales elecciones autonómicas". Reconoció que para llevar a cabo esa Agenda del cambio lo primero que se debe hacer es "vencer el escepticismo de algunos", convencerles de que el cambio no solo es necesario sino "perfectamente posible".

Para lograr ese cambio es preciso saber movilizar antes de esos comicios a una mayoría social. Además, en su opinión, el propio avance del Plan Ibarretxe favorecerá el cambio "porque saca al nacionalismo de esa aparente centralidad política y social que tenía" y provocará inquietud en sectores sociales cada vez mayores en incluso en el seno del nacionalismo vasco.

Aplicación del artículo 155
Mayor Oreja pidió a la sociedad confianza en la Justicia como medio del Estado de Derecho para hacer frente al desafío que supone el Plan Ibarretxe y apuntó la posibilidad de introducir algunos cambios en el Código Penal y otras normas.

En el caso concreto de la negativa del Parlamento Vasco a cumplir lo sentenciado por el Supremo, pidió confianza en ese tribunal y recordó que la Justicia "acaba siendo implacable". Argumentó que hacer frente a la desobediencia y la rebeldía de un gobierno autonómico, que está contemplada "sólo de pasada en la Constitución" no es fácil, y se mostró convencido de que "la Justicia aprenderá también en el camino" y de que "existen los mecanismos para doblegar la rebeldía".

En ese sentido apuntó que es posible que entre todos tengamos que plantear la necesidad de introducir reformas en el Código Penal o en otras normas, aunque no precisó en qué sentido. Respecto a la posibilidad de aplicar el artículo 155 de la Constitución, que faculta al Gobierno para obligar a una comunidad a cumplir sus deberes constitucionales, señaló que por ahora "los nacionalistas vascos tienen que saber que ese artículo existe y está vigente como los demás" aunque añadió que antes de recurrir a él "tenemos muchas cosas que hacer para hacer frente al Plan Ibarretxe".

El mayor reto de la democracia
Por su parte, Redondo Terreros recordó que pertenece desde hace más de 25 años al PSE y que en su actual condición de "militante de base" sólo puede "aconsejar" a su partido que hable mucho con el PP y se ponga de acuerdo ante el mayor reto que ha vivido la democracia española, en referencia al Plan Ibarretxe. Además, auguró, "el que no se ponga de acuerdo, lo pagará en las elecciones y yo no quiero que mi partido salga perjudicado".

En su presentación de Mayor Oreja, Redondo señaló que pese a sus diferencias ideológicas a ambos les une "la pasión por la libertad y por España". En una intervención en la que no estuvo presente ningún dirigente socialista, Redondo abogó por recuperar en el País Vasco el espíritu que animó la transición democrática española del que destacó dos pilares fundamentales: la renuncia a los fundamentalismos y la voluntad de entender al otro.

"En la transición todos supieron renunciar a sus siglas, a sus ideologías y a sus legítimos egoísmos de partido, menos el PNV, que confundía y sigue confundiendo sus siglas con toda la sociedad vasca", señaló. Reiteró su idea de que el PNV no es parte de la solución para el País Vasco sino parte del problema y que debe pasar a la oposición después de que, al cabo de 25 años haya fracasado en las dos encomiendas que le hizo la sociedad: enfrentarse a ETA y solucionar la relación del País Vasco con el resto de España.

El PSE mantiene su postura
El secretario general del PSE-PSOE, Patxi López, confirmó hoy que los socialistas vascos no participarán en una acción conjunta con el PP contra el Plan de libre adhesión del País Vasco al Estado español propuesto por el lehendakari, Juan José Ibarretxe. En declaraciones a la Cadena Ser, López aseguró que el deseo del PSE es "liderar políticas", y expresó su "indignación" por el hecho de que el PP "esté utilizando a afiliados socialistas no para reforzar el constitucionalismo en el País Vasco, sino para debilitar al PSOE", según una nota de prensa remitida por esta emisora.

El dirigente de los socialistas vascos aludió a la conferencia pronunciada anoche por el presidente del Grupo Popular en el Parlamento vasco, Jaime Mayor Oreja, presentada por el ex secretario general del PSE, Nicolás Redondo Terreros, de quien dijo que "es un afiliado que se representa sólo a sí mismo, no al PSOE".

Criticó el planteamiento de Mayor Oreja de una agenda "para frenar y ganar al nacionalismo, pero no conocemos nada en positivo del PP", aseguró que la apuesta de los socialistas vascos es "por más Estatuto, por una España plural y por la Euskadi real", y se mostró convencido de que el PP y el PSOE "cada uno por nuestro propio carril, sumaremos mucho más" para que la sociedad vasca "frene" el Plan Ibarretxe.

En relación con la decisión de las Juntas Generales de Alava de abandonar el País Vasco si se materializa el Plan Ibarretxe consideró que supone "un toque de atención" al lehendakari, a quien responsabilizó de "romper un consenso básico, el del Estatuto, que era un acuerdo entre los vascos pero también entre los territorios que conforman el País Vasco, y Álava le dice que por ahí no piensa caminar".

No obstante, recordó que el lehendakari expresó su disposición a retirar su Plan si en cada uno de los tres territorios vascos no tenía una mayoría para llevarlo adelante, y señaló que "ya tiene a Álava que no está dispuesta a secundar su Plan; a ver qué decisión adopta el lehendakari en este momento".

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