AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 22 Noviembre  2003
La lección catalana
FERNANDO SAVATER El Correo 22 Noviembre 2003

Goles en el Parlamento
TONIA ETXARRI El Correo 22 Noviembre 2003

Ramalazos
Cartas al Director El Correo 22 Noviembre 2003

¿HACIA DÓNDE VAMOS
LOLA SANTIAGO Escritora ABC 22 Noviembre 2003

El mercado negro
José Antonio VERA La Razón 22 Noviembre 2003

EN EL CENTENARIO DE SABINO ARANA
JOSÉ ANTONIO VACA DE OSMA ABC 22 Noviembre 2003

Sabino Arana, o el nacionalismo reaccionario
ANTONIO ELORZA El Correo  22 Noviembre 2003

Rajoy acusa a Zapatero de renunciar a sus principios para que Maragall presida Cataluña
EFE Libertad Digital  22 Noviembre 2003

 

La lección catalana
FERNANDO SAVATER El Correo 22 Noviembre 2003

El mejor pronóstico de lo que iba a ocurrir en las elecciones catalanas del pasado domingo me lo indicó un amigo que vive en esa comunidad, cuando me confió: «He escuchado a Maragall y me ha convencido: votaré a Carod-Rovira». Lo tomé por una 'boutade' a las que suele ser propenso, pero luego ha resultado casi una profecía de por dónde marcharían los comicios. Aunque mi amigo se tiene por original, en este caso expresaba lo que por lo visto pensaban buena parte de sus conciudadanos, en especial los votantes habituales a la propuesta socialista.

No tengo por qué dudar de las sanas intenciones de Maragall al plantear su campaña, pero sus resultados dejan poco lugar a dudas de que el tiro -incruento, eso sí, que por suerte se trata de Cataluña- salió en esta ocasión por la culata. Ciertamente el candidato socialista no es partidario de la independencia y ni siquiera es 'nacionalista' en el sentido más claustrofóbico y aislacionista del término, pero con su complicado mensaje daba a veces la impresión de ser un poco de ambas cosas. Y, puestos a asumir la perentoria bondad de la actitud nacionalista, los votantes han preferido decantarse por quienes representan ese mensaje de manera más franca e inequívoca... salvo aquellos que no desean más nacionalismo ni equívoco ni inequívoco, los cuales han entregado su papeleta al PP y han aumentado así claramente su cuota en votos y escaños.

Por supuesto, no hay resultado electoral por adverso que sea que con un poco de buena voluntad (lo que suele llamarse 'hacer de tripas corazón') no pueda leerse en clave optimista. Sin embargo, no ha sido precisamente una victoria lo que ha obtenido Maragall y ni siquiera lo sería si mañana, por arte de la combinatoria de pactos, llegase a ser presidente de Cataluña con el apoyo de ERC (el de Iniciativa, que ya tuvo en su día, hay que darlo por descontado). Para que no cunda el desánimo, Maragall proclamó desde la misma noche electoral la victoria en las urnas de la izquierda sobre la derecha o, por decirlo en sus términos, que ganaron «las fuerzas progresistas». Pero incluso esa visión rosácea es bastante discutible. No está nada claro que Carod-Rovira, con su nacionalismo aprovechado que pretende suprimir la tributación solidaria de la opulenta Cataluña al resto del Estado con cuya protección y apoyo se ha enriquecido (un poco al estilo de Umberto Bossi en Italia), represente una fuerza de izquierdas. Pero aunque fuese realmente de izquierdas, no tendría por qué ser obligatoriamente 'progresista', porque no toda izquierda lo es: ni Ceausescu, ni Fidel Castro, ni Hugo Chávez, ni Madrazo representan progreso alguno. Si los socialistas no consideran 'progreso' el excluyente y anticonstitucional plan de Ibarretxe, no veo por qué ha de serlo aliarse con Carod-Rovira, simpatizante entusiasta de ese dislate e interlocutor de Otegi para solicitarle que mediase con ETA a fin de evitar atentados en Cataluña. Sostener a estas alturas del siglo XXI que cuanto más nacionalismo, más izquierda y más progreso, resulta de una imbecilidad patética.

Pero es que además los resultados de Maragall en las elecciones catalanas le hacen a uno acordarse de aquellos otros tan denostados obtenidos por Nicolás Redondo y el PSE en los comicios vascos de mayo de 2001, cuando el criticadísimo apretón de manos entre el líder popular y el socialista. En aquella ocasión, subieron de votos y de porcentaje espectacularmente las fuerzas constitucionales y se planteó una alternativa lo suficientemente creíble al nacionalismo gobernante como para lograr que ochenta mil votantes de Batasuna transladaran sus papeletas a opciones oficialmente más moderadas. Ahora se han perdido votos y actas de diputado mientras que se ha conseguido el dudoso éxito de que el trasvase de votos favorezca a los nacionalistas radicales. Si en aquella ocasión se leyeron los buenos resultados como una enorme derrota y un fracaso estratégico, al compararlos con las desmesuradas expectativas de los más optimistas... ¿cómo tendremos que interpretar lo que ha pasado ahora en Cataluña al utilizar la estrategia opuesta, coqueteando con el nacionalismo y achacando todos los males de este mundo y gran parte de los del otro a la maldad intrínseca del PP?

Lo único claro hoy es que nada está claro, que el futuro resulta inquietantemente incierto y que ya hay bastantes periódicos europeos preguntándose si no se estarán fraguando unos nuevos Balcanes peligrosos en el Oeste de Europa, cuando aún no hemos resuelto los problemas planteados por el nacionalismo en los del Este. Pero, como bien dijo Franco cuando volaron a Carrero Blanco, no hay mal que por bien no venga. Gracias a la traumática lección catalana, los socialistas ya pueden tener una idea más clara acerca de cómo 'no' se ganan las elecciones ni se obtienen más votos. Sólo falta que de aquí a marzo saquen las oportunas conclusiones para darnos por fin una alegría a quienes, ay, seguimos siendo sus votantes.

Goles en el Parlamento
TONIA ETXARRI El Correo 22 Noviembre 2003

El Gobierno de Ibarretxe tuvo que recurrir a los votos de la ilegalizada Batasuna en el Parlamento para reclamar, con mayoría, un nuevo marco de relaciones laborales. Ese es el 'notición'. Los demás juegos malabares del PP ( Iturgaiz, esas manos, y las ausencias puntuales de Mayor en el hemiciclo) son cuestiones importantes, desde luego, que no se pueden pasar por alto si se demuestra que hubo intención de alteración de voto; pero, en comparación con lo que estaba ocurriendo en la Cámara (el pacto entre el tripartito y el grupo de Otegi) se trataba de un incidente de segundo orden. Que le vino de perlas a Atutxa, por cierto, para intentar distraer la atención de lo fundamental. Algunos cayeron en la distracción: que si los vídeos lo dicen todo, que si los jueguecitos de Iturgaiz (esas manos). Pero ahí estaba la oposición democrática, no sólo el PP sino también el PSE, para no dejarle pasar ese gol al Gobierno vasco.

Que el tripartito del lehendakari haya tenido que llamar a la ilegalizada Batasuna (no fue una coincidencia de votos sino la búsqueda desesperada del apoyo, señor Imaz) es una actitud tan grave, con la puntilla de haberse producido horas después del atentado de Andoain, que el socialista Txus Loza habló de «fascismo» delante del portavoz de SA, y de incumplimiento de las promesas de Ibarretxe. Mientras el popular Barreda, que tiene más moral que el Alcoyano recuerda al presidente del Parlamento cada vez que le da la palabra a un parlamentario de la ilegalizada Batasuna que está incumpliendo la ley, ponía el dedo en la llaga. Atención al tema que han pactado los gobernantes con SA: la reclamación de un nuevo marco de relaciones laborales; uno de los elementos clave del plan Ibarretxe. Esa es la cuestión.

A Imaz lo que le indignaba, sin embargo, era sólo el incidente del PP. Él, que se ha pasado la legislatura preguntando a PP y PSE si estaban dispuestos a no utilizar los votos de Batasuna, ahora miraba para otro lado. Y a los socialistas, que hacía tan sólo unas horas habían acompañado al teniente de alcalde de Andoain Estanis Amutxastegi, en el escenario desolador de su casa atacada por los terroristas, les parecía una indignidad democrática. El edil socialista ha tenido que oír, de los adversarios intolerantes, que si su partido pensara de otra manera quizá no estaría sufriendo el acoso que padece.

Esa es la coacción de cada día de la que el Gobierno vasco sólo se acuerda, según la oposición, durante 24 horas después de cada atentado. Cuando ETA atacó su casa, él estaba supervisando un sistema de acceso mecánico para colocarlo en las calles de su pueblo. Amutxastegi, preocupado por las mejoras de urbanismo de sus vecinos y los terroristas forzándole a marcharse. Y SA, que sigue justificando el terrorismo, sacándole las castañas del fuego al Gobierno, dándoselas, además, de ser los patriotas del paisanaje. Qué despropósito. Y qué peligro.

Ramalazos
Carmen Álvarez/Getxo. Vizcaya Cartas al Director El Correo 22 Noviembre 2003

A veces, a los políticos nacionalistas se les ve el 'rabo nazi'. Un ejemplo, Ibarretxe, en una casa regional: «Vosotros sois como nosotros». Otro, la consejería de Educación manda una circular sobre los 'inmigrantes' (mejoramos, hace unos años éramos 'maketos'). Otro más, Arzalluz, en su despedida del EBB, habla de los godos. Lo que me maravilla no son estos ramalazos -están en su ideología-, sino el nulo efecto que tienen entre nosotros. Y, además, me impresiona su capacidad de 'orientarnos'. Han conseguido que nuestros hijos se llamen Eneko o Itxasne. Que vayan a los modelos B y D, con lo que no sabrán bien castellano ni euskera, pero se convertirán en 'vascos milenarios'. Han logrado que algunos escondan su primer apellido con una inicial y que muchísimos renieguen de su origen y abracen falsos mitos nacionalistas que ni les van ni les vienen. Se puede amar a esta tierra, su cultura, integrarse en ella, sin renunciar a lo que somos ni de donde venimos. Al fin y al cabo, fueron los 'inmigrantes' los que levantaron este país.

¿HACIA DÓNDE VAMOS?
Por LOLA SANTIAGO Escritora ABC 22 Noviembre 2003

NO se pude dejar de sentir no ya perplejidad o desconcierto ante lo que está ocurriendo en el mapa político de la España del siglo XXI. Acaban de celebrarse las elecciones autonómicas catalanas y ya el resultado da pavor. La ascensión vertiginosa del partido de Ezquerra Republicana, que hará posible con sus diputados y sus exigencias políticas un giro más a la izquierda si el Partido Socialista Catalán quiere gobernar e imponerse así al ganador, sin mayoría absoluta: Convergencia y Unió.

Mariano Rajoy habla ante este resultado y pide que no se radicalicen las posturas. Pero las posturas están ya radicalizadas, al menos lo que se oye decir con todas las ínfulas de la victoria, y se oye a voz en grito a su dirigente hablar de «independentismo» y la boca se le hace agua al ver ya fraccionada a España, mientras por las venas de su cuello circula una sangre que nos habla de lo poco que se ha aprendido de una España radicalizada y convulsa que apenas hace sesenta y cinco años estaba dividida en dos y sembrada de un millón de muertos por esos afanes de unos y de otros de romper la unidad, de radicalizarse -siempre hay peligro cuando una persona y no digamos un grupo se radicaliza-, en sus afanes separatistas.

Ya no sólo tenemos el ejemplo de un Partido Nacionalista Vasco secesionista, en el corazón más hermosamente verde del Norte de España, a la sombra de Herri Batasuna, en el País Vasco; y un Bloque Nacionalista Gallego que, día a día, tiene más empuje, en sus afanes también independentistas. No, ahora, se desgañitan pidiendo, la noche misma de ganadas las elecciones, independencia para Cataluña. Y una entiende que los ánimos están calientes, que se es feliz tras la victoria. Y que la victoria puede consistir en un intento de dividir, de poder fraccionar España. Y no entiende este suelo patrio por más que haya leído y comprendido a tantos y tantos poetas. Ni leído u oído de forma estremecida tantas historias escritas u orales sobre un pasado del que no se habla, del que se quiere huir por su crueldad, para cerrar heridas, para olvidar...

Pero ahí siguen los gritos del político enfebrecido, pidiendo, reclamando, independencia. Y a tu corazón estremecido llegan las voces del poeta. De los poetas. Tan opuestos, aún siendo hermanos. Y así, Manuel: «Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna.../ De cuando en cuando un beso y un nombre de mujer./.../ ¡El beso generoso que no he de devolver!»; y Antonio Machado: "Por un camino en la árida llanura, / entre álamos marchitos, / a solas con su sombra y su locura, / va el loco, hablando a gritos». Y esos otros versos también de don Antonio Machado: «Españolito que vienes/ al mundo, te guarde Dios./ Una de las dos Españas/ ha de helarte el corazón». Y Europa se une. Y Europa se une. Y a España te la quieren dividir, fraccionar. Que no quiera Dios, que no.

El mercado negro
José Antonio VERA La Razón 22 Noviembre 2003

Ya estamos otra vez. Aquí todos han ganado las elecciones, los convergentes, los socialistas, los comunistas, los del pepé, pero los que han triunfando de verdad son los que tienen la llave del gobierno, o sea, los independentistas republicanos de Carod Rovira, que decidirán en los próximos cuatro años quienes gobiernan y de qué modo, qué se quita y qué se pone, qué se hace o se deshace.

No tiene ningún sentido ni fundamento, pero nuestro sistema electoral es así. Aquí los que ganan siempre son los tránsfugas y las bisagras, los partidos y partidillos de medio pelo, las coaliciones de complicadas siglas y sexo incierto, los tratantes, los farsantes, las minorías que imponen su criterio a las mayorías en el mercado negro. Disponen de unos cuantos votos, pero mandan como si tuvieran millones. Tienen unos cientos de militantes, pero parecen miles.

No haremos nunca nada serio en este país, o en este país de países o lo que sea, mientras que los intereses de los menos prevalezcan sobre los de los más, mientras que las leyes electorales las fijen los gobiernillos de turno a su antojo según el criterio de sus mercaderes. En Cataluña, por ejemplo, los pujolistas se hicieron el traje a la medida primando el voto rural sobre el urbano, de manera que ser ciudadano de Lérida o Lleida vale tres o cuatro veces más que serlo del cinturón industrial de Barcelona. ¿Y eso por qué? Pues porque así le pareció a la mayoría minoritaria de turno, que vio de esa manera la posibilidad de eternizarse en el poder, pues por mucho respaldo que saquen los contrarios nunca será suficiente para derribar a los que se amparan en los cuatro votos de las comarcas favorecidas por la lotería electoral.

Igual ocurre en Euskadi, donde ser de Álava es más importante que serlo de Vizcaya, y donde un comunista puede tener representación parlamentaria por el simple hecho de decir el ibarreche de turno que le interesa que los comunistas tengan representación para así poderlos utilizar luego como comparsa en sus planes de libre asociación. O sea, un pitorreo. Los partidos se lo guisan y se lo comen a su antojo sin que una norma madre impida tales tropelías, sin que nadie ni nada pueda evitar semejantes abusos, sin que las dos formaciones presuntamente grandes se pongan de acuerdo para decidir ya, por favor, que ahora vamos a hacer las cosas en serio, hombre, vamos a legislar electoralmente como en otros países del entorno, vamos a permitir que gobiernen de verdad los que ganan y no los que pierden, vamos a hacer que las minorías sean en realidad lo que son: minorías, grupúsculos con apoyo limitado que no deben tener la llave de los gobiernos ni decidir a su antojo como se reparte el presupuesto público.

Pero no. Aquí nadie piensa en el día de mañana. Nadie ve más allá de lo que tiene delante de las narices. Nadie se pone a pensar por encima de su política partidista y propone al oponente un acuerdo de Estado para que España se pueda gobernar como Francia o Estados Unidos. Y es muy sencillo. Deben mandar los que ganan, pero no las bisagras. Se impone un sistema mayoritario que prime a la lista más votada, sea socialista, nacionalista, popular o comunista, y no a los partidos de medio escaño especializados en el remiendo y la marrullería. Se impone que haya segunda vuelta para que ocurra como en el país vecino. ¿Alguien se imagina cómo funcionaría hoy Francia de no haberse producido la segunda vuelta que corrigió el exceso de protagonismo de Le Pen en la primera? Pues esto es lo que ocurre en España. Ahora en Cataluña, pero antes en Cantabria y en Madrid. Y así estamos donde estamos, y así vamos a donde vamos: a coaliciones absurdas y contra natura como la que se dio en Baleares: comunistas, pancatalanistas, republicanos, independentistas y hasta la derecha local se aliaron para desbancar al partido que había ganado los comicios.

Ahora parece que Maragall quiere reeditar semejante pacto. Ya están las glorias del progresismo cacareando en sus gallineros y agitando al oxidado comando Rubalcaba para que se alíen todos contra Pujol y contra Mas, contra la derecha nacionalista, para formar un gobierno multicolor que permita colocar a un socialista en Presidencia, a un comunista en Trabajo, a un ecologista al frente del Plan Hidrológico, a un secesionista en Educación, a un republicano en Cultura y a un homosexual en Asuntos Sociales. Muy bien. Estupendo. Este panorama maragaliano de la política resulta fascinante.

Gracias a una ley electoral pujolera que discrimina a los votantes entre sí y favorece a las minorías, vamos a tener la posibilidad de disfrutar de un gobierno de enredos venezolanos durante cuatro años seguidos. Se repartirán los fondos, implantarán tasas y ecotasas, prohibirán construir y hasta vivir con tal de que se note que la gestión es de izquierdas. O gobernarán siempre contra el Estado, si los pactantes son convergentes y republicanos, con la reforma del estatuto como leimotiv de la gestión y el Plan Ibarreche en el horizonte, como si no hubiese otros problemas en Cataluña, como si a nadie interesaran los asuntos que interesan de verdad a los ciudadanos: la vivienda, la seguridad, el empleo, la inmigración, las infraestructuras y otros tres o cuatro problemas que nos preocupan mucho más a todos que los planes soberanistas ideados para satisfacer las insaciables ansias de poder de estos políticos locales. Para que luego se quejen de la abstención y del pasotismo de los votantes. Eso sí, este país, quiero decir estos países o estados autonómicos libremente asociados en los que al parecer conviviremos, se parecerán cada vez más a la antigua Yugoslavia. Venga tirar de la cuerda hasta que un día la rompen. Qué pena.

EN EL CENTENARIO DE SABINO ARANA
por JOSÉ ANTONIO VACA DE OSMA Escritor ABC 22 Noviembre 2003

CREO que todos los españoles, sobre todo los vascos, deberíamos conocer bien la personalidad, las ideas y la evolución política de Sabino Policarpo Arana y Goiri, padre y fundador del PNV. Conociendo a este personaje podrá comprenderse mejor la insensatez y la agresividad de su doctrina, seguida por el actual nacionalismo vasco y consagrada en el plan Ibarretxe.

Procede don Sabino de una familia de un carlismo arraigado, de extremada y profunda religiosidad católica, de próspera economía, con un padre armador de una importante flota mercante, alcalde de Abando, armador también de guerrillas de la segunda guerra carlista, y después de la derrota, exiliado en San Juan de Luz.

El joven Sabino, a su regreso a España estudia con los jesuitas de Orduña. Tiene una frágil salud y continuas enfermedades. Su hermano Luis, el ideólogo exaltado le inculca la disparatada idea de que Vizcaya no es España. Se refiere a Vizcaya exclusivamente, no a todas las provincias vascongadas. Sabino es un ingenuo, de buena fe, dispuesto a aceptar todos los disparates históricos y políticos.

Va a estudiar a Barcelona con su hermano Luis. Allí fracasa en su intento de estudiar la carrera de Medicina pero, en cambio, le influyen mucho las ideas catalanistas de Prat de la Riba. ¿Por qué no aplicarlas en Vizcaya? Muchos dicen que está loco. Cánovas del Castillo advierte. «De loco, nada...». Crea escuela: ahí están ETA y los Arzalluz, Ibarretxe, Atutxa, Eguíbar...

Sabino se convierte en un racista exaltado, la raza, la lengua. Quiere hacer de Bizkaia un Mónaco pastoril, romántico, conservador y piadoso con un fondo de resentimiento y de frustración. Sus seguidores acabarán aliados a la extrema izquierda, revolucionaria y atea. Él, el devoto de la Virgen de Lourdes, el de «Dios y las Leyes Viejas», el repartidor de Evangelios por las plazas de Bilbao...

Sabino no conoce ni habla euskera. Lo aprende a marchas forzadas, como algún lehendakari de nuestros días. Se va reinventando un idioma ancestral y quiere ser profesor de euskera en el Instituto de Bilbao. Nuevo fracaso. Pero va teniendo seguidores a los que infunde la idea de las «Cuatro Glorias Patrias», cuatro victorias en cuatro falsas batallas, personajes de leyenda, mitológicos, nacidos entre el Gorbea, el Amboto y las Encartaciones, una falsa Edad Media, una unidad que nunca existió, Bizkaia nunca invadida, anterior a los iberos... Todo esto lo publica en los muchos periódicos que funda y que se van fracasando sucesivamente. Ataca con verdadero odio a los que vienen de fuera, los «maketos», y propugna la independencia de Vizcaya, con un mesiánico concepto de la libertad primitiva, de los tiempos aúreos de Santimamiñe y los dólmenes. Se inventa una bandera, la ikurriña, con las cruces combinadas de Sobrarbe (Aragón) y de San Andrés, copia de la Union Jack británica; y un himno con ritmo de espatadanza, que no es el Guernikako Arbola. Hasta se inventa la palabra Euskadi, vocablo artificial y arbitrario que sacaba de quicio a Unamuno. Son los «bizcaitarras», que reniegan de Guipúzcoa «los guipuchis», y no digamos «de los castellanos de Álava». Para colmo, Sabino felicita a Teodoro Roosevelt por haber derrotado a España en Cuba... Como consecuencia termina en la cárcel de Larrínaga, instalado con toda clase de comodidades en el despacho del director, con amplia cama, alfombras, cuadros, butacones... y cenando en Nochebuena ostras, almejas, bacalao al pilpil, angulas, besugo, merluza frita... regadas con Rioja, chacolí, jerez, oporto y chartreuse, más cinco postres. Tengo copia del menú. Mas dejemos tranquilo a Sabino Arana, que tras once meses en la confortable jaula dorada, muere al poco tiempo de la enfermedad que arrastraba desde su infancia (1903). Antes tiene su famosa reacción españolista, hoy bien ocultada por el PNV. Bien merece este tema otro artículo para que se conozca a fondo cómo pasó el nacionalista exaltado, en sus años finales, de su odio a España, a fundar la «Liga de Vascos españolistas»...

Ahora voy a recopilar para el lector algunas frases de Sabino Arana contra todo lo que lo que le suena a español, odio visceral y enfermizo que mantienen hasta hoy los líderes del PNV, mientras recogen las nueces del árbol que sacuden Otegui y sus amigos.

Escribe Sabino, bilioso católico, seguido por algún obispo, por más de un fraile y muchos clérigos de su tierra, con intolerancia, intransigencia, racismo, absolutismo y furia: «No dejéis casar a vuestras hijas con castellanos» -«Abandonad ese léxico que viene de Castilla con sabor de moro, olor de sucio judío, de negro y de villano de esas tierras». -«Los vizcaínos somos racialmente puros, no contaminados, nunca sometidos y católicos por definición, no como los españoles, impuros racialmente». -«Nuestra patria invadida por los maketos degenerados que amenazan con esclavizar la Nación Vasca...». -«Los españoles son la raza más vil y despreciable del continente, los derrotados de Europa, la personificación de la inmoralidad y la irreligiosidad». -«Los maketos de Maketania (España) tienen rasgos democráticos, liberales, socialistas, sin moral pública ni privada, lejos de nuestro integrismo católico». -«Los españoles se identifican como delincuentes, prostibularios, vagos, ladrones, mendigos, navajeros, blasfemos, feminoides, supersticiosos, sin dignidad y no viriles, características de toda Maketania». -«Nosotros somos fuertes, de andar firme, laboriosos, de noble aspecto físico...». - «Estamos contra esos bailes presididos por el liviano, asqueroso y cínico abrazo de los dos sexos... Por eso estamos contra los organillos que invitan a esos bailes por las calles de Bilbao. Evitemos todo roce con el pueblo español. Es urgente la lucha por nuestra independencia». -«Los actos, incluso violentos, son modelos a seguir. España es la gran enemiga». Y más perlas sabianas finales dedicadas a la mujer: «La mujer es vana, superficial; es egoísta, en sumo grado tiene todas las debilidades de la naturaleza, por eso fue la primera que cayó».

Pues bien, españoles de norte y del sur del Ebro: conozcamos bien la doctrina de Sabino Arana eta Goiri. Es la misma, con ligera hipocresía en algunos casos, de los actuales «jelkides», los mandamases del PNV, que todos conocemos.

Pasó el nacionalista exaltado, en sus años finales, de su odio a España, a fundar la «Liga de Vascos
españolistas»...

Sabino Arana, o el nacionalismo reaccionario
ANTONIO ELORZA/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo  22 Noviembre 2003

Tu vida, Arana-Goiri'tar Sabin, es la historia de un hombre que en veinte años forjó una patria». Son palabras escritas en 1935 por Ceferino de Jemein en la dedicatoria de su biografía del fundador y hay que reconocer que no le faltaba razón al veterano propagandista de la Juventud Vasca. En sus pocos años de actuación política, cerrada sólo en vísperas del 25 de noviembre de 1903, fecha de su muerte -el próximo martes se cumple el primer centenario-, Sabino Arana logró elaborar una síntesis de las distintas posiciones ideológicas que en Euskalherria expresaban el doble rechazo, frente a las consecuencias de la modernización y por la supresión de los fueros. Planteó con fuerza la reivindicación nacionalista, compaginó su radicalismo doctrinal con una creciente adaptación a las exigencias de un marco político adverso y, por fin, tuvo incluso el acierto de diseñar, con la colaboración de su hermano Luis para la ikurriña, aquellos símbolos que en el futuro habían de presidir la movilización nacionalista. Fue, en consecuencia, el político que supo atender al malestar de los sectores sociales autóctonos ante las consecuencias del intenso proceso de cambio en las relaciones de poder experimentado por Vizcaya durante el último cuarto del siglo XIX, a causa de la industrialización y coincidiendo con el fin de la era foral. Y cumplió esa labor con totales entrega y lucidez, hasta el punto de que su lógica de acción política y sus objetivos sirvieron para trazar a lo largo de un siglo las grandes líneas seguidas por la política nacionalista, tanto en el PNV como en las corrientes radicales.

Claro que este reconocimiento de su doble papel de líder político y de intelectual orgánico obliga a una precisión ulterior: ¿desde fines del 'ochocientos¿, el tiempo de Sabino, esa condición ha sido asumida por figuras de muy diferente significación, incluidos personajes tan poco recomendables como Mussolini, Stalin, Castro y Jomeini. Tampoco la política inspirada en una concepción democrática de la nación, casos de José Martí o de Manuel Azaña, guarda relación con la xenófoba y racista de Hitler o de Le Pen. Admitamos, pues, que Sabino Arana forjó una patria. Pero, ¿con qué contenido político?

De entrada, conviene advertir de que ni el contexto histórico ni los antecedentes ideológicos hacían posible una formulación nacionalista progresiva, ni siquiera ambivalente como en el caso del catalanismo. La modernización de Vizcaya tuvo lugar por efecto de la incidencia de una variable económica externa y sucedió a una prolongada agonía de la sociedad tradicional, agravada por los traumas de unas guerras carlistas que además legitimaron el uso a la violencia y generaron la asociación entre vasquismo, antiliberalismo y religiosidad ultramontana. Tal fue el destino de las 'ruinas de pueblos' que mencionaba Engels, citando a vascos y a bretones: antes de desaparecer, estaban destinadas a servir de base a causas reaccionarias. Sólo que con la industrialización la agonía acabó y fue posible intentar el control del cambio sin renunciar al fondo reaccionario de la mentalidad autóctona. Merced a la amplia difusión de la imagen del baserritarra feliz en la etapa final del fuerismo, entre 1839 y 1868, la crisis del mundo rural no constituyó un obstáculo para la utilización de sus valores y de sus mitos a la hora de afrontar la formación de la nueva sociedad capitalista, marcada tanto en burgueses como en proletarios por la integración creciente en España.

Los recursos doctrinales estaban ahí y fueron objeto de una constante tarea de reelaboración a partir de 1876. Entre otros factores, semejante labor fue propiciada por el prestigio mítico de los perdidos fueros y del idioma en constante retroceso, por la proliferación de los relatos que exaltaban e idealizaban la personalidad política vasca y, en fin, por el auge del racismo y la xenofobia frente a la inmigración atraída por la explotación de mineral y la industrialización de la margen izquierda. Recuperaban su utilidad los mecanismos de exclusión contra belarrimochas , judíos y gentes de mala raza, sobre los cuales se había asentado la pretensión de nobleza universal de vizcainos o guipuzcoanos, y con ello la cohesión del régimen foral, entre los siglos XV y XIX. Además, el carlismo había servido de puente entre los dos racismos, el tradicional y el moderno, con sus ataques a belchas, azurbelchas y cipayos. Sabino Arana únicamente tuvo que actualizar esa siniestra tradición y volverla políticamente contra España en nombre del 'antimaquetismo', convertido ahora en noble defensa de los valores de una patria supuestamente independiente hasta 1839, que además, en línea con el carlismo, veía amenazada su religión católica al mismo tiempo que degeneraba la raza y desaparecía el euskera.

Los escritos en prosa, y sobre todo las poesías de Sabino, prueban hasta qué punto su visión de la agonía racial vasca enlaza con los que podrían ser llamados escritores de la desolación a partir de 1876, tendencia que culmina con un Arrese y Beitia sobre cuyos lamentos más de una vez se limita a acentuar el grado de racismo político. La presentación del vasco heroico en lucha contra el extranjero del poema 'Kantaurritarrak' de Sabino coincide puntualmente con el 'Bizkaitar zarrak eta erromatarrak 'del imaginero de Otxandio. 'Bizkaya por su independencia' no inventa nada; en sus páginas, Sabino Arana se limita a extraer la consecuencia política de una visión guerrera y arcaizante del País Vasco, muy difundida desde los 'euskaros' de Navarra, con Arturo Campión a la cabeza, hasta las 'Leyendas de Euskeria' que en 1882 publica Vicente de Arana

La construcción nacional asumía así desde el principio un carácter estrictamente reaccionario, si bien a diferencia del carlismo no se trataba de volver al pasado, a pesar de las condenas contra la 'maketizada' y prostituida Bilbao, sino de proyectar un futuro nacional empapado de los valores que impregnaron supuestamente la raza en un pasado virtuoso. Como en el caso de la revolución iraní de los ayatolás, entra en juego un mecanismo de retroalimentación, mediante el cual, a partir de la idealización de ese pasado irreal, los grupos sociales con mentalidad tradicional están en condiciones de dar la batalla por el poder contra quienes les desplazan en el curso de la modernización, al mismo tiempo que condenan los valores y formas de conflicto que la acompañan. El rechazo de la realidad desemboca en la configuración de un imaginario desde el cual se actúa para incidir sobre aquélla. El carácter dualista de la confrontación no admite un marco de tolerancia. La única salida es la violencia, conforme apunta Sudhir Kakar en 'The Colours of Violence' (1995), al explicar la gestación de la agresividad comunalista entre hindúes y musulmanes en India: 'verdades' e imperativos de orden moral, expresados simbólicamente y envueltos en una capa de sacralización, refuerzan el sentimiento de identidad y legitiman un alto grado de violencia contra el otro.

En Sabino Arana, la exigencia principal consiste en la preservación de la pureza, cualidad esencial del pueblo vasco, amenazada y mancillada por la simple presencia en posiciones de poder del extraño interior, los españoles o maketos. Si fueran extranjeros plenos con sus consulados, como los alemanes de Mallorca constituidos en ejemplo por Arzalluz, no habría problema. El mestizaje es el mal. La pureza es ante todo pureza de raza, de sangre, lo cual coloca al nacionalismo sabiniano entre los nacionalismos biológicos como el alemán que llevó al nazismo. Lo étnico sirve de eficaz cobertura. El pueblo vasco de Sabino es una especie privilegiada, como lo es para Arzalluz o Ibarretxe. Por eso los fueros son 'leyes viejas', la expresión de una independencia gozada 'desde tiempo inmemorial'. La pureza encarna, siguiendo la pauta habitual de los integrismos, en la mujer vasca cuya conducta ejemplar tiene su más alta manifestación en procrear y educar a 'buenos vascos', evitando toda relación con lo extraño. Estricta actitud prenazi. Eso explica los argumentos de las dos piezas dramáticas de Sabino, 'De fuera vendrá' y 'Libe', donde la heroína de la antigua Vizcaya expía su pecado de amar a un castellano al morir en la lucha patriótica. En la confrontación dramática entre lo puro y lo impuro, el primer Sabino opta por la solución violenta, siguiendo el supuesto ejemplo de los vizcaínos del pasado (en realidad también del carlismo), para, al servicio de Dios y de la Raza, acabar a espadazo limpio con la dominación española.

Únicamente el filtro de las enseñanzas ignacianas permite explicar el posibilismo del último Sabino, y la preferencia por una vía política dentro de la legalidad. Los principios y los objetivos inmutables, concesiones tácticas las imprescindibles, tal será la lógica de comportamiento definida por Sabino para el movimiento nacionalista. Una regla seguida hasta hoy, sin olvidar el rechazo frente a cualquier revisión doctrinal de fondo. El dualismo radical no admite sino transitoriamente, en el mejor de los casos, la autonomía. Sólo es legitima la aspiración a la independencia. Como balance, la Euzkadi sabiniana no es la patria de los vascos, sino de los abertzales. El nacionalismo biológico heredado de Sabino bloquea toda posibilidad de que emerja una construcción nacional bajo el signo de la integración y del pluralismo. Sí admite en cambio la sombra benéfica del terror, manifiesto o latente, siempre que esté inspirado por el patriotismo. A fin de cuentas el grito de guerra, el 'guda-santsua', fue ya para el joven Sabino la señal que anunciaba la liberación patria.

PUJOL DICE QUE NUNCA CUESTIONÓ LA UNIDAD DE ESPAÑA
Rajoy acusa a Zapatero de renunciar a sus principios para que Maragall presida Cataluña
El secretario general del PP ha dejado en evidencia las contradicciones de Zapatero. Ahora en Cataluña pretende formar un "gobierno de progreso" para Maragall con ERC e IC. Rajoy le ha recordado que ese pacto supondría ir de la mano de un partido que persigue para Cataluña la creación de un estado similar al que propone Ibarretxe en el País Vasco. Pujol, aunque sostiene que nunca ha cuestionado la unidad de España, insiste en que queda mucho por hacer para reconocer a Cataluña como una nación dentro de España.
EFE Libertad Digital  22 Noviembre 2003

El PP trata de que el nacionalismo no se radicalice en Cataluña. Por eso está dispuesto a llegar aun entendimiento con PSC y CiU para facilitar un gobierno de los convergentes. En contra de eso, el PSOE de Zapatero quiere que Maragall presida la Generalitat escudado por Esquerra Republicana e Iniciativa. Un propósito sobre el que Rajoy, durante un acto del PP de homenaje a la Constitución, ha alertado. A su juicio, será la prueba de la "cesión de convicciones" que ha hecho el PSOE para que Maragall sea el presidente de la Generalitat. Frente a eso, el secretario general del PP apuesta una fórmula de gobierno "que responda a una actuación coherente con lo que han hecho y con lo que piensan".

Rajoy ha vuelto a denunciar la "contradicción evidente" si el PSOE pacta con los independentistas de Carod Rovira. Contradicción, dice el PP, que denota "un intento de llegar al poder a cualquier precio", porque pactar con ERC implica "una dejación clara de convicciones y principios" por parte de los socialistas. Contradicción, argumenta, que los socialistas se manifiesten contra el "Plan Ibarretxe" y al mismo tiempo estén dispuesto a pactar con ERC, que en varias ocasiones se ha mostrado favorable al proyecto del lehendakari.

Lo que propugna Rajoy es un pacto de mínimos entre PP y PSC para facilitar un gobierno de CiU, que "nunca ha planteado" la reforma de la Constitución y del Estatuto de autonomía, y "ha hecho eje básico de su política la contribución a la gobernabilidad de España, tanto con el PP como con el PSOE". "CiU nunca ha cerrado las puertas al entendimiento con el Gobierno central, y creo que esa es una buena línea", afirmó Rajoy.

Pujol insiste en la reforma prioritaria del Estatuto
En esa misma línea se manifestaba el presidente en funciones de la Generalitat. En declaraciones a TVE, Jordi Pujol insistió en que "nosotros nunca hemos cuestionado la unidad española, al revés: hemos hecho todas las aportaciones que hemos podido" si bien "aún queda mucho por hacer desde la perspectiva del reconocimiento de Cataluña como lo que nosotros creemos que es: una nación pero dentro del conjunto de España". A su juicio, la comunidad no tiene las competencias "que debería tener, ni el reconocimiento internacional, que evidentemente se puede hacer aún perteneciendo como pertenecemos y que no cuestionamos, a España, al Estado español".

Lo que sí cuestiona es el estatuto vigente y defiende una reforma prioritaria porque "ha habido un cierre total" a esta cuestión por parte del PP al mismo tiempo que "ha reaparecido con mucha fuerza una antigua idea de España muy excluyente de todo lo que no es el núcleo central de la idiosincrasia española".
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