AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 24 Noviembre  2003
Un fracaso de todos
José María Marco Libertad Digital  24 Noviembre 2003

La pinza y la garra
Iñaki Ezkerra La Razón 24 Noviembre 2003

La gran fiberia
Jesús Galavís Reyes La Razón 24 Noviembre 2003

OCASIÓN PERDIDA
Editorial ABC 24 Noviembre 2003

FEMP: absurdo, dañino e innecesario partidismo
EDITORIAL Libertad Digital  24 Noviembre 2003

El peaje de Rodríguez Zapatero
Editorial La Razón 24 Noviembre 2003

CATALUÑA COMO ARCANO
GERMÁN YANKE ABC 24 Noviembre 2003

El silencio de ETA
PABLO MOSQUERA La Voz 24 Noviembre 2003

BLOQUE CON PROBLEMAS
Editorial ABC 24 Noviembre 2003

Cataluña necesita a España
Cartas al Director ABC 24 Noviembre 2003

Constitución y política democrática
Luis González Seara La Razón 24 Noviembre 2003

El PSOE se hace con la Presidencia de la FEMP sin condenar el Plan Ibarreche
M. R. Iglesias - Madrid.- La Razón 24 Noviembre 2003

Alfonso Alonso: La violencia de género suscita la unanimidad y la Constitución no
Libertad Digital  24 Noviembre 2003

UA defiende la unidad de España y reivindica la Constitución
J. Arias Borque - Vitoria.- La Razón 24 Noviembre 2003

Vázquez, en evidencia tras sus críticas al PP por la moción contra el Plan Ibarretxe en la FEMP
Libertad Digital 24 Noviembre 2003
 

Cataluña
Un fracaso de todos
José María Marco Libertad Digital  24 Noviembre 2003

El nacionalismo vasco es la expresión de un delirio de identidad colectiva, síntesis de leyendas y fantasías previas. Se articula con la violencia en los años sesenta porque su carácter delirante le permite integrar sin mayores problemas el radicalismo de los movimientos de extrema izquierda de esos años. Entre el nacionalismo racista y apocalíptico de Sabino Arana y el socialismo de los etarras, siempre puede despertar la chispa del nacional-socialismo. Es lo que ha acabado ocurriendo con el conjunto del movimiento nacionalista vasco. Ha acabado convertido en un movimiento nazi, estrictamente hablando.

El nacionalismo catalán tiene otro origen. A finales del siglo XIX, Cataluña era una sociedad sometida a un proceso rápido de modernización. Era una sociedad violenta, en la que el terrorismo anarquista, sindicalista y patronal encontró un amplio campo. El nacionalismo catalán fue un cortafuegos ante esta deriva explosiva. Los nacionalistas catalanes se esforzaron por construir un proyecto nacional con fuertes signos de identidad para controlar la violencia. Eran un poco visionarios, pero profundamente conservadores.

Tanto, que a su izquierda surgieron unos nuevos nacionalistas. El nacionalismo catalán los despreció. Consideraba que no tenían consistencia ideológica ni un auténtico proyecto. Su destino, según los nacionalistas conservadores, era acabar en manos del sindicalismo anarquista, que es exactamente aquello contra lo que surgió el catalanismo original. Así ocurrió.

Pujol intentó una síntesis de estas dos corrientes del nacionalismo. Pareció conseguirlo, pero no lo logró del todo. Así que se ha vuelto a formar esta izquierda nacionalista, exactamente con los mismos mimbres de siempre. Hoy toma el plan Ibarretxe por modelo, como en los años 30 se alió con los anarquistas para dar forma al Estat catalá. Será una fantasía, porque la izquierda nacionalista no tiene ahora lo que tienen detrás los nazis vascos, que es la violencia. La tuvo en su momento y de hecho no ha dejado de ejercer una violencia de baja intensidad, no sólo simbólica. Además, ahora tiene la llave para gobernar Cataluña. El germen de un nacional-socialismo a la catalana, todo lo inverosímil que se quiera, ya está sembrado.

En más de un sentido, su éxito es un fracaso del nacionalismo clásico. También lo es de los partidos nacionales españoles, que no han sabido ofrecer alternativas serias al nacionalismo en Cataluña. La izquierda por su antiespañolismo arcaico, cada vez más difícil de entender por los españoles de hoy en día, y el centro-derecha por sus complejos y su diletantismo, los dos han contribuido a crear un problema que ahora tendrán que resolver juntos o separados, pero en cualquier caso mediante un replanteamiento de la estrategia de cada cual en Cataluña.

El nacionalismo de izquierdas es lo que queda cuando todos han abandonado sus responsabilidades. No es fácil retomar las riendas de una situación como esta.

La pinza y la garra
Iñaki Ezkerra La Razón 24 Noviembre 2003

Se llamó «la pinza» en su día a la táctica orquestada entre el PP e IU para derrotar al PSOE. El escenario ha cambiado mucho y lo que tiene ahora el PP sobre él no es una pinza de dos partidos sino una garra de siete uñas: la formada por IU, el PSOE y los partidos nacionalistas: PNV, EA, BNG, CiU y ERC. Esto es así y no tiene sentido negarlo porque resulta evidente hasta el punto de que lo primero que está intentando «desgarrar» esa garra que se cierne sobre el PP no es la política gubernamental en materia social o económica (que van mejor que con el PSOE) ni tampoco de defensa, que sería lo lógico estando en el candelero el cristo de Iraq. El hecho de que cinco de esas siete uñas sean nacionalistas es la causa de que, curiosamente, donde esa garra se está empleando a fondo es en el destrozo del marco legal que afecta precisamente a las demandas de los nacionalismos; en el cuestionamiento de la Constitución, los Estatutos de Autonomía y de la instituciones de la justicia que hacen frente al desafío nacionalista en el País Vasco y a la lucha antiterrorista.

De ahí, de la existencia de esa garra demagógica que hace extraños compañeros de cama; de esa irresponsabilidad de la oposición al Gobierno; de ese momento tan «estructuralmente» grave que está viviendo España pese a su bonanza económica, de esa soledad del PP en cuestiones en las que debería estar acompañado; de ahí, sí, que dicho partido halle también a su vez insólitas simpatías y raros compañeros de cama motivados por esta situación tristemente excepcional. De ahí que sea una frivolidad hablar de «intelectuales de izquierdas que se han vendido a la derecha»» cuando se habla del País Vasco y de una pobre gente que va escoltada a dar sus conferencias y sus clases universitarias. Sí, ante este PSOE que tenemos y que ayer no podía refrendar simplemente un texto de mínimos a favor de la Constitución por ponerles contentos a Maragall y a Rovira, no nos quedamos con el PP; si no nos agarramos al PP como a un clavo ardiendo, ¿con qué nos quedamos los constitucionalistas de Euskadi? Si no creemos que el PP puede ser el freno al Plan Ibarretxe y a toda esta locura, ya podemos hacer las maletas.

Ya está bien de hablar de «intelectuales vendidos», «nuevas derechas» y otras mandangas que no tienen que ver nada con la patética situación vasca y su aprovechamiento por parte del nacionalismo catalán. Ya está bien de llamar «reaccionaria» o «fascista» o «franquista» a la sensatez, a la prevención ante los delirios nacionalistas y a un sentido común que sueña con que el PP, el PSOE e IU tuvieran claras las cosas en la cuestiones constitucional, nacionalista y terrorista. Y que ningún cambio político ni pinza ni garra amenazara con llevarnos al abismo.

La gran fiberia
Jesús Galavís Reyes La Razón 24 Noviembre 2003

Los euscaldunes habían logrado inicialmente un nuevo Estatuto de Cosoberanía que más tarde se convirtió en un Régimen de Soberanía Compartida con Independencia Aplazada y que finalmente desembocó en una Unión de Facto con Independencia de Iure. Resultaba bastante difícil bautizar al nuevo sistema, por lo que nadie se atrevió a estropear tan maravilloso artificio jurídico-político con la simpleza de un mero sustantivo: era lo que era, y punto.

Enseguida catalanes y gallegos, primero, y tras de ellos los andaluces, canarios y manchegos, reclamaron igualmente un trato similar por el Estado central reivindicando su derecho a la expresión soberana de sus respectivos pueblos y aduciendo para ello contrastadas realidades históricas que, en algunos casos, se hacían remontar hasta el Neolítico. Algunos historiadores pusieron el grito en el cielo, pero no eran aquellos tiempos ni para la poesía ni, mucho menos, para la historia verdadera. Finalmente el conjunto de las comunidades accedieron a regímenes similares en los que las competencias asumidas eran prácticamente todas las de un Estado y tan sólo se reservaban al Estado descentral la organización de la Liga de Fútbol, las relaciones con las ONG y la gestión de las casas rurales del territorio federal. Se tuvo que elaborar una nueva Constitución lo que suscitó un trabajo extraordinario para juristas, expertos en semántica, sociólogos e incluso filósofos que discutieron largamente si un ente que es pero no es puede ser aun no siendo lo que debe ser. Mas al fin se alumbró la novísima Constitución en la que, tras sucesivos referendums de las antiguas regiones autonómicas, se acordó la creación de la Federación Ibérico-insular de Estados con la Soberanía Coparticipada; tan difícil era aparejar unas siglas eufónicas con aquellas mimbres nominales que se optó, muy a lo popular, por denominar el nuevo ente político como la Gran Fiberia o simplemente la Fibérica, en expresión de demotismo subido.

A lo largo de todo este proceso político la Unión Europea intentó capear el temporal para no perder a uno de sus socios otrora más influyentes y así estableció durante unos años unas relaciones especiales con los distintos ministros de Exteriores de los Estados Ibéricos, conviniéndose en considerar al nuevo Estado como la suma de varios en uno sólo aunque sin ser uno sólo plenamente y a cada uno de los varios como un Estado sin serlo al completo. Los problemas de protocolo, de toma de decisiones, y, por qué no decirlo, de trastornos mentales de muchos funcionarios de la UE, obligó a acordar una decisión penosa: mientras se aclaraba la entidad de aquel pluriestado federante, la nueva Fibérica, antigua España, dejaba temporalmente de pertenecer a la Europa de los Veinte y entraba en cuarentena como nación inconclusa.

Por otro lado, en cada Estado Federado del viejo pero remozado país se inició, al principio tímidamente, más enseguida con una fuerza inesperada y arrolladora, un movimiento amplísimo de reivindicación soberanista, aunque ahora más local, cercano e inmediato. Fue Cartagena quien rompió aguas y exigió en un primer momento el reconocimiento de un Estatuto de Autonomía con Reserva de Otras Intenciones; posteriormente tomó el relevo Vigo, que reclamaba la secesión de Pontevedra junto con un Estatuto Especial dentro del Marco Gallego y la vuelta a la peseta como unidad monetaria en su territorio. Después caminaron por la senda semisoberanista territorios y ciudades de más o menos calado económico, social o histórico y así fue como veinte ciudades castellanas se declararon Cantones Dependientes pero Insumisos, o quince comarcas andaluzas accedieron, por una enmienda constitucional de urgencia, a la situación de Territorios Que Comparten Pero Aparte, y miles de ejemplos más que en esta brevísima historia no caben, pero se pueden imaginar. Bien es cierto que la situación adquirió ciertos ribetes cómicos, casi ridículos, si no se ofendieran sus protagonistas al recordárselo, cuando un barrio del cinturón norte de Madrid se lanzó a la calle para alcanzar su Estatuto de Autonomía Urbana concluyendo que si otros territorios con tan sólo unas decenas de miles de habitantes disfrutaban de algún tipo de soberanía, por la misma razón demográfica (pues las justificaciones históricas eran más indemostrables) podían ellos pretender su cuota de independencia aunque ésta no fuese total. Finalmente se les concedió aquello que reivindicaban, aunque a esas alturas ya no se sabía muy bien quién concedía ni qué se concedía.

Dificultades, no nos engañemos, hubo muchas. Aparte de las meramente administrativas, se añadieron las de hiperreproducción de cargos políticos, duplicación y triplicación de funcionarios, de instituciones, de banderas (en algunos sitios se enarbolaban unas veinticuatro en determinadas fiestas, y se llegó al acuerdo de enarbolar sólo la del santo patrón) de himnos, de competencias, de incompetencias, de carreteras, de límites etc. Pero de todas ellas la más grave, y que además llevó a los psiquiatras a pedir un Estatuto De Especial Dedicación para todo el colectivo, fue la de la pérdida de identidad política de los antiguos españoles. Especialmente se acentuaba el mal cuando se salía el extranjero (aparte de que ya no se distinguía bien dónde empezaba el extranjero) y en alguna frontera se le preguntaba al viajero aquello de ¿nacionalidad?; algunos respondían, pongo por caso, que eran Ibérico-leoneses de la Federación Global, otros contestaban que Manchego-cantonianos de Hesperia, otros, más prácticos, se decantaban por sacar un mapa de la Península Ibérica y, señalando con el índice decían: «Yo soy de aquí», sin arriesgar en demasía; pero lo cierto es que a casi todos les entraba una extraña desazón como de no tener las cosas claras. A las consultas de los psiquiatras, ya se ha dicho, llegaban cada vez más enfermos de crisis de angustia política y de identidad nacional perdida, lo que aumentó enormemente las bajas por depresión y el absentismo laboral. A esto se unía que muchos de los enfermos añoraban los tiempos en que la selección nacional era compartida y no estaba prohibido, como ahora, aplaudir a todo el conjunto pues en los tiempos que corrían sólo se permitía festejar los goles de los jugadores propios de cada Estado federado por sus respectivos ciudadanos.

En un rincón del antiguo país, en lo que hacía tiempo había sido un pueblo llamado Móstoles, un político trasnochado e incongruente, seguramente bajo los efectos de algún estimulante de moderna alquimia, leyó en un pleno de la Asamblea Local Soberana un llamamiento a la unidad de los españoles frente al enemigo común de la disgregación invasora. Nadie le entendió, ni siquiera sus paisanos le hicieron caso y entre chuflas e improperios, tuvo que dimitir al día siguiente.

Pocas semanas después, la comunidad de vecinos de un bloque de la calle Agustín de Argüelles de una ciudad de provincias (casi nadie usaba ya el término «provincia») presentó formalmente al presidente de la República Francesa su deseo de independizarse de la Federación Ibérica y su intención de aliarse con la ancestral Galia a la que la unían lazos culturales manifiestos por cuanto muchos de los vecinos de aquella casa eran asiduos lectores de las aventuras de Obelix y Asterix. Empezaba otra página de la Historia.
 
OCASIÓN PERDIDA
Editorial ABC 24 Noviembre 2003

EL voto negativo del PSOE en la Asamblea General de la Federación Española de Municipios y Provincias impidió que esta institución aprobara una declaración de apoyo a la Constitución y de rechazo al Plan Ibarretxe, presentada por el portavoz del PP en el Ayuntamiento de Bilbao, Alfonso Basagoiti. Este resultado tiene una gravedad sintomática que el PSOE no puede excusar con el carácter unilateral de la propuesta del PP. Pudieron los populares haber planteado el texto a la consideración previa de los socialistas en el contexto del acuerdo sobre Francisco Vázquez como nuevo presidente de la FEMP. Es cierto, pero también el PSOE pudo haber asumido la responsabilidad. Ni éste, por no hacerlo, ni el PP por hacerlo como lo hizo, perdieron sus razones para apoyarse recíprocamente. Si el problema era de forma y no de fondo, como declaró José Blanco, secretario de Organización del PSOE, la salida neutral y aséptica para los socialistas habría sido la abstención, que es la opción coherente cuando un partido teme que su posición le produzca más perjuicios que beneficios. Por ejemplo, disgustar a Esquerra Republicana de Cataluña en plena negociación para un gobierno de izquierda y nacionalista.

Pero sucede que tampoco por el unilateralismo del PP su propuesta merecía la abstención del PSOE, pues la vindicación constitucional frente al plan soberanista de Ibarretxe es por sí misma un imperativo que ya no tiene requisitos de forma, lugar ni tiempo. Si Zapatero va a pedir a Bruselas que rechace la propuesta de libre adhesión con la que el nacionalismo quiere derogar la Constitución en el País Vasco, no había razón para que el PSOE reprendiera al PP una iniciativa similar en un foro especialmente idóneo para la reafirmación de la Constitución. Perderse ahora en cuestiones de procedimiento cuando está en juego el fortalecimiento del Estado constitucional sólo beneficia a quienes esperan con indisimulada satisfacción que el PSOE entre en el laberinto sin salida que Maragall le ha diseñado a Zapatero. Lo más grave, sin duda, sería que realmente no se tratara de una mera discrepancia de forma y que el peligroso discurso con el que Zapatero puso fin al Comité Federal del pasado viernes sea el inicio de un giro socialista basado en el falaz argumento de que la culpa de la radicalización nacionalista recae en el PP, lo que justificaría tomar como aliado a Esquerra en Cataluña y seguir rondando al PNV en el País Vasco. El coste para los socialistas no sería sólo desvincularse del PP en la oposición al nacionalismo, algo inevitable cuando se está dispuesto a pactar con independentistas, sino algo más preocupante, como que el PSOE renuncie a una visión nacional para su protagonismo en la democracia española.

FEMP: absurdo, dañino e innecesario partidismo
EDITORIAL Libertad Digital  24 Noviembre 2003

A primera vista, resulta incomprensible que una propuesta de resolución contra el plan Ibarretxe y en apoyo de la Constitución, presentada por el PP y leída por el alcalde de Vitoria, haya causado el desencuentro entre el PP y el PSOE en torno a la renovación de la Comisión Ejecutiva de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Es aún más inexplicable cuando ambos partidos ya habían pactado una lista única encabezada por Francisco Vázquez, el alcalde de La Coruña. Y raya en el absurdo si se tiene en cuenta que iba a ser el edil coruñés quien, en cualquier caso –pues el PSOE tenía mayoría de votos– iba a ser elegido para presidir la FEMP en sustitución de Rita Barberá, la alcaldesa popular de Valencia que había ocupado el cargo desde 1995 y que, de acuerdo con los estatutos, pasará a ocupar la vicepresidencia.

Para quienes de verdad, y al margen de cualquier partidismo, defienden la Constitución de los ataques del nacionalismo separatista, toda ocasión debería ser buena para pronunciarse en contra del plan Ibarretxe y a favor de la Constitución. Y por esto mismo, cabe deducir que la principal cuota de culpa de lo ocurrido corresponde al PSOE, que se ha sumado a la posición de los nacionalistas catalanes de CiU y ERC, quienes se oponían a apoyar la declaración. Es indudable que la "hipoteca catalana" de Zapatero ha influido decisivamente en este episodio: si Maragall quiere formar gobierno en Cataluña, ha de contar necesariamente con ERC –su opción preferida– o bien con CiU; pues, de otro modo, no podría explicarse una ruptura de la que, a fin de cuentas, no derivarán diferencias sustanciales respecto de la Ejecutiva de la FEMP pactada previamente.

Sin embargo, esta dependencia del PSOE de los nacionalistas catalanes debía haber movido al PP a la prudencia: quizá no era el mejor momento para plantear tal resolución; la cual, en cualquier caso, podría haberse aprobado sin problemas una vez renovados los cargos de la FEMP. Francisco Vázquez es, precisamente, uno de los escasos socialistas que tiene las ideas claras acerca de la cuestión nacional y que, además, ha dado sobradas pruebas de ello, enfrentándose en varias ocasiones a la línea oficial de su partido. Por otra parte, el PP y el PSOE ya habían consensuado mociones contra el plan Ibarretxe en numerosos municipios de España, tanto a iniciativa del PP –que las ha presentado en mas 7.000 ayuntamientos donde tiene representación– como del PSOE –que, por ejemplo, presentará la suya este lunes en el Ayuntamiento de Madrid a través de Trinidad Jiménez. Los consistorios de Ávila, Burgos, Irún y Estella, por citar algunos, ya han aprobado sendas mociones de condena contra el plan secesionista del lehendakari; e incluso Odón Elorza recibió "un toque" de Zapatero por negarse a aprobarla en San Sebastián.

Pero la debilidad de Zapatero, su necesidad de presentar alguna ganancia en cuotas de poder antes de las elecciones de marzo, ha precipitado un desencuentro absurdo, innecesario y muy dañino en torno a una institución que, si bien muy respetable, no es precisamente decisiva en la política nacional. El lógico y necesario frente común que los dos principales partidos de España deben formar para defender la Constitución de los ataques de los nacionalistas ha recibido un golpe desestabilizador. Y, además, se ha llevado por delante parte del prestigio que Francisco Vázquez había acumulado como firme defensor de España y de la Constitución contra los nacionalismos totalitarios. El alcalde de La Coruña, que representa el sentir de muchos –quizá la mayoría– de los socialistas, debería reflexionar sobre si vale la pena ayudar a Zapatero –un valor que cae en picado– a saldar sus hipotecas cuando el precio a pagar es dar balones de oxígeno a quienes quieren romper España.

El peaje de Rodríguez Zapatero
Editorial La Razón 24 Noviembre 2003

El alcalde socialista de La Coruña, Francisco Vázquez, ha sido elegido nuevo presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) en sustitución de la alcaldesa popular de Valencia, Rita Barberá. Un final esperado que obedece a los resultados de las últimas elecciones municipales, donde ha sido mayor la suma de alcaldes del PSOE y de los partidos regionalistas o nacionalistas y de la coalición comunista de IU que apoyaban al candidato socialista. Hay, pues, una primera victoria del PSOE y sus aliados, que sin embargo no han sabido o podido aprovechar los estrategas de José Luis Rodríguez Zapatero. Porque lo que ayer ocurrió en la asamblea de la FEMP, evidencia que el PSOE ha tenido ya que pagar un primer plazo de la factura total por alcanzar un acuerdo de Gobierno con los independentistas de ERC en Cataluña.

Existía una lista única, consensuada, con Vázquez a la cabeza. El alcalde coruñés, una figura ciertamente popular, concitaba el beneplácito de todos. Los dos grandes partidos estaban incluso de acuerdo en una declaración institucional de los municipios en favor de la Constitución con motivo de su 25 aniversario. Pero ha bastado que los nacionalistas catalanes de CiU y los republicanos de ERC advirtiesen que en la declaración que defendía la Carta Magna se citaba expresamente al Plan Ibarreche como transgresor de la misma, para que hayan exigido la desaparición del texto y vinculado a ello su voto en favor del candidato socialista.

El PSOE ha tenido que elegir y, entre la dignidad en la defensa de la Constitución frente a un plan que la ataca directamente, o asegurarse el pacto tripartito para que Maragall gobierne en la Generalitat, ha optado por lo segundo. La apuesta clara del Comité Federal por el pacto en Cataluña ha pesado demasiado. Es cada vez más evidente que el empeño del PSOE para que Maragall sea el sucesor de Jordi Pujol en el Palau de la Generalitat, le pone en manos de un grupo como el de Carod Rovira que está dispuesto, y ayer lo demostró con claridad manifiesta, a poner un alto precio a su apoyo.

Ayer el PSOE renunció a pronunciarse públicamente contra el Plan de Ibarreche y en defensa de la Carta Magna, aduciendo que se trata de «maniobras del PP, y que su postura beligerante contra el plan vasco ya es conocida y que,a demás, la FEMP no era el lugar adecuado para ello. Pero lo hizo precisamente en el entorno municipal, en el mismo campo que el nacionalismo excluyente y ETA, en el pacto de Estella, decidieron actuar a través de su «Udalbitza» o asamblea de municipios, considerada como una de las piezas básicas para alcanzar su proyecto secesionista.

Los socialistas tienen ya su presidente en la FEMP, pero no tenían porqué haber pagado para ello un peaje vergonzante a partidos que apoyan a Ibarreche y su plan, en la seguridad de que no será ésta la única factura a la que, antes de las elecciones generales de marzo, tendrá que hacer frente José Luis Rodríguez Zapatero.

CATALUÑA COMO ARCANO
GERMÁN YANKE ABC 24 Noviembre 2003

Cuesta imaginar al Partido Popular defendiéndose de los reproches más agrios durante la tragedia del Prestige aduciendo que sus críticos demostraban no entender Galicia. O a Juan Carlos Rodríguez Ibarra replicar a quienes le demandan otra política agraria que confirman con ello que no captan la realidad de Extremadura. Sin embargo, y como ocurre tantas veces en el País Vasco, el debate en Cataluña se desliza como un problema de conocimiento. Cuando Piqué se enfadó con Jaime Mayor, su segunda, Dolors Nadal, apuntó que no conocía la realidad catalana; cuando se alzaron voces en el PSOE solicitando que Maragall no pactara con Ezquerra Republicana, la diputada Carme Chacón señaló que quienes lo pedían no entendían lo que ocurre y cómo es Cataluña; ahora, el todavía presidente Pujol interpreta la entrevista de Mariano Rajoy con algunos dirigentes empresariales catalanes como parte de la estrategia del miedo y responde diciendo que el PP no entiende -y cada vez menos- Cataluña.

Esta suerte de unívoca concepción de un país tiene, es evidente, la impronta del nacionalismo. Lo peor de ella no es la irrealidad en que se suele caer, sino el tipo de reproche que se lanza contra el adversario: no entiende Cataluña porque Cataluña sólo se puede concebir de una determinada manera, la suya y la de aquellos a los que se acepta circunstancialmente en el club de los elegidos. Cuando durante la noche electoral parecía adelantarse el PSC, escuché a sesudos analistas de la política catalana desechar contundentemente un pacto de CiU con Esquerra porque era «inconcebible en Cataluña» una coalición que dejara fuera al partido con más escaños. Cuando este partido terminó siendo CiU, los analistas aceptaban la posibilidad de un acuerdo de los socialistas con Esquerra señalando que hay que conocer Cataluña y su cultura pactista. No sé si a esa cultura pertenece también el concepto de «gobierno de concentración nacional» que propuso Carod-Rovira y que incluía a todos menos al PP, con lo que nos dio buena cuenta de los criterios necesarios para ser «nacionales».

A CiU no le dan miedo, según reitera, los nacionalistas republicanos y creen que los 69 diputados que suman pueden hacer de Cataluña un paraíso o, al menos, el paraíso que los «de Madrid» no les han dejado hasta ahora. Será que es difícil entender Cataluña, pero, aunque en la anterior legislatura sólo sumaron 68 (y contaron con Esquerra para la investidura), ¿sólo por eso mantuvieron su entente con el PP? ¿Por qué esos empresarios que rechazan las sugerencias de Rajoy le piden a CiU que mantenga las vías de acuerdo con el Gobierno de España? ¿A qué se debían las aceradas críticas a Carod y sus propuestas que han escuchado en directo todos los periodistas españoles y leído todos los ciudadanos? Una cosa es que no tengan «más remedio» y otra que sea la panacea, aunque me temo que, para algunos, cualquier cosa que decidan es, precisamente, «entender Cataluña», la que encarnan.

El PSOE muestra su entusiasmo ahora por Esquerra, ICV y el «gobierno de progreso». Aunque el resultado sea el contrario, también entienden el arcano. No es nuevo, sino preelectoral, el deseo de importantes dirigentes del PSOE acerca de una coalición con CiU: Maragall iba a obtener más escaños, CiU es un partido «de poder» que pactaría con ellos para evitar la debacle en la oposición y, además, les vendría bien el acuerdo con la coalición nacionalista de cara a las generales de 2004. Esquerra era, quién no lo ha oído, «un peligro». Y un Maragall gobernando con CiU les evitaría los sustos de tantas extravagancias. En mayo se apretaban la corbata ante el efecto en los electores españoles de cualquier declaración del líder de los socialistas catalanes.

Ahora van a tener que enfrentarse a las generales, si sale el entusiasta proyecto, con un susto de muerte y con el consuelo de entender Cataluña. O el de callar muy formalitos ante los que lo entienden de verdad.

Claro que, pase lo que pase, la culpa la tiene el PP, que no entiende nada y ha hecho que crezca Esquerra, aunque no es peligro, pero... Si los catalanes entienden Cataluña, y votan en consecuencia, el PP puede decir que se ha explicado mejor. Y Esquerra, es verdad. E ICV. Los que deben andar despistados, los que cada vez entienden menos el arcano son CiU y PSC. Pero no importa, son los intérpretes. Y se hunden, y se hunden...

El silencio de ETA
PABLO MOSQUERA La Voz 24 Noviembre 2003

EN EL PRESUPUESTO de Interior del Gobierno vasco para el 2004 figuran 80 millones de euros como gasto anual para escoltar a los amenazados por ETA en el País Vasco. A ello habrá que añadir lo que gastan los ayuntamientos y el Gobierno de España, dado que cada Administración tiene un grupo de personas a las que proteger. Pero, ¿se han preguntado ustedes qué pasa con ETA? Incluso, ¿qué pasa con la llamada kale borroka ? ¿Cómo es que desde hace meses los incidentes de la violencia que promueve el MLNV han disminuido tanto?

Las fuerzas de seguridad del Estado han seguido capturando etarras, antes de actuar. Pero, tenemos razones para sospechar que ETA no actúa por alguna razón que va más allá de las dificultades para la organización que suponen la colaboración internacional, la información para su detención y la propia eficacia policial. Hay razones para pensar que entre PNV y ETA puede haber alguna «coincidencia» que promueva un tiempo para que el plan de Ibarretxe no coincida con la intervención de ETA. Algo así como una tregua técnica.

Lamentablemente, mientras haya ambiente cultural habrá cantera para nuevos comandos; otra cuestión es la oportunidad calculada para sus silencios, que otras veces han coincidido con procesos de reorganización, debates internos, sospechas sobre la existencia de topos , y cambios en los lugares en los que se instala el alto mando que dirige los operativos. Pero esta vez puede ser que, tal como dijo Otegui en el Parlamento vasco el día del debate del plan Ibarretxe, «aquello era lo que la izquierda aberzale estaba esperando desde hace años».

Por otra parte, la anterior tregua trampa generó una enorme esperanza en una sociedad vasca harta de estar harta de tanta violencia. A partir de una tregua, sin declarar, que muestre un debate sobre el soberanismo, sin violencia, en que el PNV pide negociación política a los demás, pueden darse todos los ingredientes políticos y psicológicos para la victoria del PNV. La historia reciente muestra que, el nacionalismo ha sabido utilizar la violencia para negociar en Madrid o para crear el ambiente miedo-esperanza que más le convenía en la sociedad vasca. Llevamos tantos años entre malas noticias que un día nos dirán que el muro de la violencia vasca ha sido derribado por la cultura de la tolerancia, y nos costará mucho creerlo. Por cierto, ese día, ¿de qué van a vivir algunos?

BLOQUE CON PROBLEMAS
Editorial ABC 24 Noviembre 2003

EL nacionalismo gallego ha vivido estos días un proceso de renovación en su cúpula, más relevante por la personalidad del líder que se va, Xosé Manuel Beiras, que por la mejora de expectativas políticas y electorales que se le pudieran abrir. El BNG ha afrontado la sustitución de Beiras como un ajuste del poder interno en una compleja coalición formada por una decena de grupos, sin apenas militancia propia y con algunos de ellos surgidos de escisiones de otros. Puertas afuera, el resultado final de la XI Asamblea Nacional del BNG, que ha elegido a Anxo Quintana como nuevo líder, puede llevar a la conclusión de que Beiras era la opción menos radical, según encare la nueva dirección el debate estatutario y constitucional que podría importar del País Vasco y Galicia, ya previsto por esta trilateral nacionalista en la Declaración de Barcelona de 1998. En cualquier caso, los problemas del nacionalismo gallego no van a cambiar a corto plazo, porque el principal de todos ellos es que Galicia no tiene el sentimiento nacionalista incorporado a su identidad política.

El BNG ha sido, ante todo, un agitador de votantes -función asumida como nadie por Beiras- que no se identificaban con la opción conservadora del PP ni con el desastre permanente de liderazgo en el Partido Socialista de Galicia. Pero las últimas elecciones apuntan claramente a una amortización de esa táctica agitadora y al BNG se le nota la presión de salida de votos de izquierda hacia el PSG -la crisis del Ayuntamiento de Vigo es un pulso con ese trasfondo- y de votos galleguistas al PP. Paradójicamente, en Galicia es el discurso fuertemente autonomista de Manuel Fraga el que ha contenido el espacio del nacionalismo, no por una usurpación de ideas, algo impensable en el veterano líder popular, sino por la ausencia de un sentimiento nacionalista verdaderamente arraigado. La precariedad ideológica del nacionalismo gallego se hizo patente en las municipales de mayo pasado, que desplazaron al BNG al tercer puesto, por detrás del PSG. Si la alternativa del BNG es su radicalización nacionalista, pasándola de los discursos a la acción política, el resultado previsible no será otro que aumentar el rechazo de la sociedad gallega.

Cataluña necesita a España
Cartas al Director ABC 24 Noviembre 2003

Últimamente estamos leyendo y oyendo peticiones, reclamaciones y exigencias de los nacionalistas catalanes, como que los impuestos que recauda Cataluña se deben invertir en Cataluña, o que la inversión en Cataluña debe hacerse en función a la aportación del PIB catalán a España.

Vamos a analizar todo esto desde el punto de vista contrario, que quizás sea mucho más justo: qué debe Cataluña al resto de España.

En cuanto a los impuestos que reclama Cataluña, hemos de preguntarnos quién los paga. Estos impuestos son pagados por los españoles compradores de sus productos: de una parte el IVA y otros impuestos indirectos como el del alcohol, y de otra, el Impuesto sobre Sociedades de estas empresas catalanas que se nutren principalmente de las ventas al resto de España.

¿Qué sería de Cataluña si el resto de los españoles no compráramos sus productos? Por ejemplo, que estas Navidades no se comprara cava o vinos del Penedés, o que los médicos no recetaran medicamentos de laboratorios catalanes, o que no se compraran coches fabricados en Cataluña, por citar algunos ejemplos.

No se quieren dar cuenta los nacionalistas que Cataluña necesita a España y España a Cataluña, el interés es mutuo.Dejémonos de nacionalismos pueblerinos y sigamos mejorando económicamente todos los españoles, que no nos ha ido mal hasta ahora con la vigente Constitución que tenemos, y si, por ejemplo, se invierte más en Extremadura con los impuestos de Madrid o Cataluña, pues bendito sea, porque los extremeños también beberán cava estas Navidades.    Luis Jiménez (Madrid).

Constitución y política democrática
Luis González Seara La Razón 24 Noviembre 2003

La coincidencia del vigésimo quinto aniversario de la Constitución de 1978 y la escalada independentista de los nacionalismos, especialmente en el País Vasco y Cataluña, ha situado la Constitución en el centro del debate político. Es comprensible. Al fin a y al cabo, la legitimidad de la Constitución está en la base de la política democrática y ocupó, ya en el segundo cuarto del siglo veinte, la gran controversia doctrinal entre Kelsen y Carl Schmitt acerca de quien debiera ser el guardián de la norma constitucional ante los abusos de los diversos poderes. Kelsen se decantó por un Tribunal Constitucional, como institución defensora de la legalidad del orden constitucional, frente al modelo americano, que confió el control de la constitucionalidad al Tribunal Supremo de Estados Unidos.

La fórmula Kelseniana, seguida en varias Constituciones europeas, es la que adoptamos en España, ha funcionado bastante bien y es lógico que se acuda al Tribunal Constitucional como máxima instancia para resolver los conflictos dentro de nuestro ordenamiento jurídico. Sin embargo, la política democrática exige otras iniciativas distintas de la justicia ordinaria y de la constitucional, para hacer frente a los desafíos, y ataques que se han desencadenado en el viejo ruedo ibérico.

El gran historiador Jacobo Burckhard nos describió el proceso de creación del estado europeo moderno como una obra consciente y bella: como una obra de arte. Su culminación democrática exige múltiples equilibrios y contrapesos, una amplia tolerancia en las formas y una claridad luminosa, tanto en la definición de los principios como en la firmeza en mantenerlos. No caben aquí quienes rompen las reglas de juego.

El llamado plan soberanista de Ibarreche, pretende enmascarar en artificiosidades y tecnicismos jurídicos lo que es un ataque en toda regla al sistema político democrático que los españoles, sujetos del poder constituyente, se han dado a sí mismos. Frente a ello, claro está, hay que utilizar las vías y recursos jurídicos y administrativos. Pero hay que emprender, igualmente, medidas políticas, que respondan políticamente a la provocación y las trampas, empezando por el cambio de la normativa electoral. La ley vigente es una desgracia. Entre otros efectos, facilita y da alas a la constitución de partidos nacionalistas en todas las Comunidades autónomas, que, con sus pequeñas representaciones, se erigen en la llave de los gobiernos.

Hay que olvidarse de los tránsfugas y otras menudencias, e ir al problema de fondo. No serviría de nada cambiar el sistema de listas bloqueadas por listas abiertas. Se necesita ir a un sistema mayoritario a dos vueltas, como el de Francia, o en todo caso, a un sistema mixto, como en Alemania. Y habría que emprender otras acciones. Entre ellas, desarrollar el artículo 155 de la Constitución, que no habla de suspender los Estatutos, como erróneamente se dice, sino de la adopción por el Gobierno y el Senado de las medidas necesarias para que las Autonomías cumplan sus obligaciones y no atenten contra el interés general de España. Nada más y nada menos.

El PSOE se hace con la Presidencia de la FEMP sin condenar el Plan Ibarreche
La polémica marca la asamblea tras romperse el pacto de una lista de consenso El PP acusa al PSOE de «traidor» por preferir el apoyo de ERC a la Constitución
Finalmente, el socialista Francisco Vázquez consiguió la Presidencia de la Federación Española de Municipios y Provincias al obtener 1.700 votos más que su contrincante, la popular y alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. Tras una polémica jornada, con negociaciones, ruptura de acuerdos, listas y más listas, el PSOE obtuvo el apoyo de todos los regionalistas, excepto ERC, y el PP el de CC. El PP denunció, por boca de Ana Mato, que el PSOE rompió el acuerdo de consenso porque ERC se lo había pedido.
M. R. Iglesias - Madrid.- La Razón 24 Noviembre 2003

La polémica marcó la jornada de clausura de la Asamblea de la Federación Española de Municipios y Provincia (FEMP), después de que a media mañana de ayer CiU y ERC rompieran el pacto consensuado de presentar una única lista al no aceptar una declaración institucional promovida por el PP de rechazo al Plan Ibarreche. Finalmente se presentaron dos listas, una de PP y CC y otra del PSOE y el resto de partidos nacionalistas y regionalistas, además de IU. Resultado: el alcalde socialista de La Coruña, Francisco Vázquez, fue elegido nuevo presidente con 14.328 votos frente a los 12.578 de la candidata del PP, Rita Barberá. Vázquez, que sustituye en el cargo a Barberá, presidenta desde 1995, obtuvo el apoyo de todos los grupos, excepto el PP y Coalición Canaria (CC), que votaron por Barberá, y ERC, que se abstuvo.

Ruptura
Quince horas antes de esta votación nadie se podía imaginar estos resultados. Tras la lista de consenso alcanzada en la madrugada del sábado, ayer por la mañana saltaba la sorpresa cuando el PP pedía, unilateralmente, el apoyo para una declaración en favor de la Constitución y en contra del Plan Ibarreche. Todos los partidos,a excepción de Coalición Canaria, hicieron piña, aunque con divisiones, ya que en el PSOE hubo voces, según pudo acreditar este periódico, que criticaban que no se apoyase el texto y reconocían que ahora se debe abrir un debate interno que acabe de una vez por todas con la posible ambigüedad.

Tras esta ruptura, los dos partidos mayoritarios mantuvieron a sus respectivos candidatos y el socialista Francisco Vázquez acabó imponiéndose. En virtud de los Estatutos de la FEMP, Rita Barberá ocupará la Vicepresidencia Primera por ser cabeza de lista de la otra candidatura, mientras que la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar (IU), número dos de la lista de Vázquez, será vicepresidenta segunda. Vázquez logró una diferencia de unos 1.700 votos y, por tanto, mayoría absoluta. La Ejecutiva queda constituida por 13 miembros de la lista que encabezaba Vázquez (9 del PSOE y uno de IU, CiU, PAR y PA) y doce de la que lideraba Barberá (11 del PP y uno de CC). El Consejo Federal queda compuesto por 32 representantes de las listas del PSOE y otros grupos y por 29 de la lista del PP y CC, a los que se suman los miembros de la Comisión Ejecutiva. Vázquez advirtió de que adoptará una actitud «muy ingrata e incómoda» con cualquier Gobierno, «sea del color que sea, si no atiende las justas reivindicaciones del municipalismo español».

PP y PSOE, a la greña
Tras la polémica, el PP vasco acusó al PSOE de «traidor» y la coordinadora de Organización del PP, Ana Mato, de supeditar la defensa de principios fundamentales, como es la Constitución, a su deseo de lograr el apoyo de ERC para formar gobierno en Cataluña. Responsabilizó al PSOE de la ruptura del acuerdo que había permitido confeccionar una lista integradora y personalizó en José Luis Rodríguez Zapatero, la decisión de ceder ante las presiones de ERC para que los alcaldes socialistas no votaran la resolución a favor de la Constitución y el contra del «Plan Ibarreche». Por su parte, el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, acusó al PP de «buscar una excusa para que el titular de mañana (por hoy) no sea que un socialista presida la FEMP» con el apoyo de todos los grupos y aseguró que el alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez, será el nuevo presidente de la FEMP.

Todos los apoyos, para Vázquez
La moción presentada a las doce y cuarto del medio día por el PP en la que solicitaba el apoyo a la Constitución y el rechazo expreso al Plan Ibarreche fue el detonante para que el candidato del Partido Socialista, Francisco Vázquez, aglutinara los apoyos de todos los partidos,a excepción de Coalición Canaria y Esquerra Republicana de Cataluña.

Al comenzar la asamblea de la FEMP el pasado sábado, tanto CiU como ERC anunciaron que se abstendrían porque el candidato socialista no «les resultaba cómodo». IU, por boca de Llamazares, también expresó sus críticas por la elección de Vázquez, a quien considera lejos de sus tesis. En la misma línea se expresaron los regionalistas aragoneses de Chunta Aragonesista, que llegaron a decir que no votarían a un candidato que no respeta las nacionalidades. Con todas estas manifestaciones, la ventaja de Francisco Vázquez sobre Rita Barberá se reducía a unos 500 votos, según las cuentas de los socialistas, y a unos 300 según las cuentas del PP. En este escenario, la postura de CiU, con más de 800 votos, era fundamental. Su abstención beneficiaba al PSOE, lo que llevó al PP a aceptar una lista de consenso. Cuando los populares anunciaron su moción contra el Plan Ibarreche, los demás partidos rechazaron la petición del PP y se alinearon en torno al candidato socialista, lo que alzó a Vázquez a la victoria. Todos se concentraron en lanzar duras críticas a los populares por presentar su moción por sorpresa y se «olvidaron» de que Vázquez era un candidato «incómodo», de que criticaba los nacionalismos o de que «está lejos de las tesis progresistas».

EL PSOE NO APOYÓ LA MOCIÓN CONTRA EL PLAN IBARRETXE
Alfonso Alonso: "La violencia de género suscita la unanimidad y la Constitución no"
La negativa de los nacionalistas catalanes a respaldar una moción del PP presentada por el alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, contra el Plan Ibarretxe en la FEMP arrastró al PSOE. El consenso, que sí se logro en la moción contra la violencia de género, quedó roto. Finalmente se presentaron dos listas y se impuso la encabezada Francisco Vázquez. El PP ha denunciado que Zapatero se ha "vendido" a ERC por los pactos postelectorales en Cataluña .
Libertad Digital  24 Noviembre 2003

PP y PSOE habían alcanzado un acuerdo para presentar una lista única liderada por el alcalde de La Coruña Francisco Vázquez. El resto de partidos se había sumado al consenso.

Sin embargo, poco antes de la votación, los nacionalistas catalanes daban por roto el pacto. Poco después se sumaba a ellos el PSOE. El motivo: la negativa del PP a retirar una moción en defensa de la Constitución presentada por Alfonso Alonso (PP) que incidía en la inconstitucionalidad del "Plan Ibarretxe". Al final, sólo los populares y Coalición Canaria votaron a favor del texto.

En declaraciones a "La Mañana" de la Cadena COPE, el propio alcalde popular de Vitoria, Alfonso Alonso, ha explicado que la moción era "bastante clara, pero no era contra nadie que no fuera contra el Plan Ibarretxe". Recordó que la misma moción "se ha votado en todos los ayuntamientos de España con el apoyo del PSOE". Alonso explicó que se presentaron dos mociones, una sobre la Constitución y otra sobre la violencia de género, y sólo esta última obtuvo el respaldo de todas las fuerzas políticas.

Alonso no pudo ser más claro al resumir la polémica: "La violencia de género suscita la unanimidad y la Constitución no". Según apuntó, fue el PSOE el que a las once de la mañana del domingo planteó la necesidad de que se retirara la moción de la Constitución. "Al no retirar la moción dan por roto el pacto", indicó.

Para el alcalde de Vitoria, "es absurdo que la FEMP no se ponga de acuerdo en aquello que nos tiene que unir que es la Constitución. Es preocupante por la propia estabilidad y fortaleza de nuestro país". "El PSOE está desorientado y tiene unos problemas de prioridades. La prioridad tiene que ser España y la defensa de sus valores", concluyó Alonso.

UA defiende la unidad de España y reivindica la Constitución
J. Arias Borque - Vitoria.- La Razón 24 Noviembre 2003

Unidad Alavesa reivindicó ayer la vigencia de la Constitución y de su propuesta de estatuto para Álava en una acto en el que defendieron sin complejos la unidad de la nación española y la necesidad de hacer un frente constitucionalista que enfrente la deriva rupturista que llevan a cabo los partidos del Gobierno vasco (PNV, EA e IU) junto a la deslegalizada Batasuna.

La secretaria general de UA, Enriqueta Benito, hizo un llamamiento para que no se consienta «ni la agresión a la Constitución ni a España» que llevan a cabo los nacionalistas, que «siempre han tenido una doble cara». Recordó cómo su formación lleva más de diez años denunciando que este proceso rupturista iba a pasar: «Los nacionalistas se han servido de todos los partidos para seguir su camino», al tiempo que catalogó de «petición de ETA durante la tregua» la propuesta de Ibarreche.

Benito reivindicó a su partido como la «única alternativa» al nacionalismo, ya que, a su juicio, tanto populares como socialistas «tienen que esperar órdenes desde Madrid», porque «utilizan Álava como moneda de cambio para ver quien gana» en España, y censuró la política del tripartito de «colonizar Álava con el euskera».
El portavoz del la formación, Ernesto Ladrón de Guevara, denunció «la persecución» que los nacionalistas están llevando a cabo contra la Carta Magna, «con una manipulación histórica sin precedentes», la cual instó a defender, ya que «la libertad se puede perder si no la cuidamos». Del mismo modo, aseguró que una vez «desaparecido el Estatuto de Guernica por la ofensiva nacionalista, tenemos derechos históricos para crear nuestro propio estatuto». El presidente de UA, Pablo Mosquera, destacó el editorial de ayer de LA RAZÓN, en el que se alababa la propuesta de un estatuto alavés como forma de contrarrestar la ofensiva secesionista, y aseguró que se está buscando «la balcanización del País Vasco».

Por otra parte, el presidente del EBB del PNV, Javier Arzallus, afirmó que los dirigentes de Unidad Alavesa «son muy dueños» de presentar su proyecto de Estatuto para Álava, de la misma manera que el «lendakari», Juan José Ibarreche, «es muy dueño» de presentar su propuesta desmembradora para la región vasca. Criticó que desde algunos medios de comunicación se «bendice lo de Rabanera y se maldice lo de Ibarreche. Esa es la diferencia».
 

SU ANTERIOR DISCURSO POLÍTICO LE TRAICIONA
Vázquez, en evidencia tras sus críticas al PP por la moción contra el Plan Ibarretxe en la FEMP
El nuevo presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) ha denunciado lo que califica de "maniobra artera" del PP por presentar una moción contra el Plan Ibarretxe en la Asamblea. Para Vázquez, sólo había que hablar de los "problemas municipales". Sin embargo, la hemeroteca le recuerda lo que hasta hace poco opinaba sobre la misión de los ayuntamientos en esta cuestión.
Libertad Digital 24 Noviembre 2003

En declaraciones a la cadena Onda Cero, Vázquez señaló que la propuesta de resolución en defensa de la Constitución y contra el Plan Ibarretxe que el PP intentó que aprobara la Asamblea de la FEMP "fue una maniobra artera, por parte del Partido Popular, que yo no acabo de entender ni comprender".

Vázquez intentó justificar su actuación y dijo que él mismo pidió que "no se votaran ni debatieran cuestiones que no tenían que ver con la Asamblea de la Federación de Municipios, porque había que hablar de los problemas municipales". Según su opinión, que "el Plan Ibarretxe, la Constitución, la guerra de Irak o el trasvase del Ebro son cuestiones que podrían convertir la Asamblea de Municipios en un foro ajeno a lo que nos llevó allí a todos los alcaldes de España: hablar de nuestros propios problemas". Conviene recordar que, hasta ahora, la FEMP ha sido la encargada de convocar gran parte de las manifestaciones de repulsa contra los atentados terroristas.

En declaraciones a "La Mañana" de la Cadena COPE, el alcalde popular de Vitoria, Alfonso Alonso, ha explicado que la moción era "bastante clara, pero no era contra nadie que no fuera contra el Plan Ibarretxe". Recordó que la misma moción "se ha votado en todos los ayuntamientos de España con el apoyo del PSOE". Alonso explicó que se presentaron dos mociones, una sobre la Constitución y otra sobre la violencia de género, y sólo esta última obtuvo el respaldo de todas las fuerzas políticas.

Mucho ha cambiado la opinión de Vázquez sobre esta cuestión. Por ejemplo, el 7 de agosto de 2000 afirmaba, según recoge el servicio de documentación de la agencia EFE, que los ayuntamientos son un "punto de equilibrio y estabilidad frente a las teorías disgregadoras que, bajo el eufemismo de soberanía, autodeterminación o federalismo son defendidas por los partidos nacionalistas o algún insigne representante de mi propio partido". Y que mejor manera de defender la "estabilidad" que con una moción de apoyo a la Constitución en la Asamblea de la FEMP. Hace tan sólo seis meses, el 30 de junio de 2003, el alcalde de La Coruña tampoco dudaba en aconsejar que los gobiernos municipales del País Vasco se realizaran a través de pactos "sólo con aquellos partidos comprometidos con la Constitución y con el Estatuto de Autonomía".

"No sé en qué año estoy, si en 2003 o en 1933"
Ahora el alcalde de La Coruña afirma que "no hay que estar haciendo esa política de confrontación ni manipular algo en lo que todos estamos de acuerdo" y pide al PP que haga una reflexión, porque últimamente se está quedando "solo y aislado, y eso es malo para España". Su giro no queda ahí. También ha advertido al PP de que es "malo y peligroso" que "sacralicen la Constitución y se nieguen al diálogo", en alusión al documento contra el Plan de Ibarretxe

Aunque el PSOE no ha tardado en calificar la victoria de Vázquez como "la primera gran derrota de Rajoy", en palabras de su portavoz Carmen Chacón, el alcalde coruñés acusó al PP de "utilizar con fines electoralistas la Constitución y la unidad de España". Tras ello, retó "a quien quiera y donde quiera" a debatir su "compromiso con la Constitución y con la unidad de España". Francisco Vázquez manifestó su preocupación por el actual debate político en torno a la Carga Magna, del que responsabilizó "a unos y a otros", y reiteró su apuesta por el diálogo. En resumen, según el nuevo presidente de la FEMP, lo sucedido el sábado le lleva a una duda sobre la calidad democrática del PP: "No sé en qué año estoy, si en el 2003 o en 1933".

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