AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 26 Noviembre  2003
El gran fraude
Fernando Savater El País 26 Noviembre  2003

Roviretxe juega a Viriatet
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 26 Noviembre 2003

Vázquez encabeza... un descenso imparable
EDITORIAL Libertad Digital  26 Noviembre 2003

Sabino y Arzallus
Román Cendoya La Razón 26 Noviembre 2003

Lo que reclama Carod
Alberto Recarte Libertad Digital  26 Noviembre 2003

Corona de perlas
JAIME CAMPMANY ABC 26 Noviembre 2003

Comienza el esperpento
Germán Yanke Libertad Digital  26 Noviembre 2003

¿Salvad a Maragall!
José María Carrascal La Razón 26 Noviembre 2003

Lecciones de constitucionalismo
Aleix Vidal-Quadras La Razón 26 Noviembre 2003

Sabino Arana, el racismo independentista (I)
César Vidal La Razón 26 Noviembre 2003

En buena compañía
Víctor Gago Libertad Digital  26 Noviembre 2003

Los pactos
Rubén Osuna Libertad Digital  26 Noviembre 2003

La dictadura de la minoría
Editorial El Ideal Gallego 26 Noviembre 2003

Por una edición nacional de sus obras completas
Lucrecio Libertad Digital  26 Noviembre 2003

El PSOE está roto
Cartas al Director ABC 26 Noviembre 2003

Sabino Arana, un escolar fracasado
J. M. Zuloaga - Madrid.- La Razón 26 Noviembre 2003

Golpes y patadas contra la memoria de Fabio
J. PAGOLA ABC 26 Noviembre 2003
 

El gran fraude
Fernando Savater, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense. El País 26 Noviembre  2003

Lo más urgente ahora no es cambiar la Constitución para que se acomode a la realidad, sino corregir nuestra realidad para que se acerque de nuevo a los parámetros constitucionales. Porque es la realidad cotidiana la que se va haciendo inquietantemente anticonstitucional, mucho más de lo que pueda hacerse "irreal" la Constitución.

Que una Constitución, como cualquier otro texto legal, está lejos de la perfección e incluso se parece más bien al mero apaño entre deseos contrapuestos y miedos que se cortocircuitan... es cosa sabida. Lo cual no la invalida ni poco ni mucho, sino que, por el contrario, apunta el camino por el que llegará a ser válida. No es una máquina perfecta que funciona sola, a despecho de nuestras pasiones, sino que exige tracción animal, quiero decir
humana: es un yugo para los que quieren abrir surcos y sembrar juntos, algo que pesa, reúne e incita. Completamente superflua, sin embargo, para quienes sólo sueñan con dormir en el establo o con arramplar al menor descuido y cada cual por su lado con la cosecha ajena. Tal es la paradoja del asunto: la Constitución es fragua de ciudadanos, pero también es la determinación de los ciudadanos lo único que puede fraguar y
refrendar su eficacia. De Maurice Sachs, escritor bohemio y perdulario, cuentan que cuando no tenía dinero ni posibilidad de afanárselo a los amigos solía llenarse los bolsillos con abundantes tiras de papel higiénico; de vez en cuando metía la mano, lo sobaba y apretaba, haciéndolo crujir, y comentaba que ese rumor vagamente billetesco le devolvía la confianza en sí mismo... De semejante modo, a veces los españoles palpamos
la Constitución para tranquilizarnos cuando suena a efectivo de curso legal, olvidando que hace falta algo más que picardía y ocasionales sablazos para respaldar su valor.

Venticinco años después de su proclamación, lo que precisamente falta a la Constitución española es eso: un apoyo cívico decidido, político y argumentado. Que en algunos aspectos podría ser oportunamente reformada (el Senado, por ejemplo) es cosa evidente: pero lo más urgente no es ahora cambiar la Constitución para que se acomode a la realidad, sino corregir nuestra realidad para que se acerque de nuevo a los parámetros constitucionales. Porque es la realidad cotidiana la que se va haciendo inquietantemente anticonstitucional, mucho más de lo que pueda hacerse "irreal" la Constitución. Se pierde o atenúa en aspectos laborales,
educativos, inmobiliarios, etcétera, la dimensión social que es desde el principio uno de los dos pilares de nuestro Estado de derecho (ya en el artículo primero de la Carta Magna se le reconoce como "social y democrático"), hasta el punto de que muchos ciudadanos -sobre todo jóvenes- se desvinculan con
indiferencia de lo que sólo ven como una mentira piadosa en lugar de reivindicarlo como un solemne compromiso. Y sin duda está en grave crisis la propia idea de un país plural pero unido, radicalmente distinto de una yuxtaposición de guetos basados en etnias o ventajismos económicos, mientras la mayoría de los ciudadanos parecen haber olvidado que tienen derechos y deberes políticos respecto a todo su territorio y no sólo al lugar en el que ocasionalmente viven o han nacido. De las quiebras sociales del modelo constitucional en su
aplicación cotidiana protestan, con mayor o menor acierto y contundencia, relevantes figuras de la intelectualidad progresista; por el contrario, en lo referente a la necesaria unidad nacional, hace décadas que reina una gran confusión e incluso se consiente el mensaje de que es una noción sospechosa, represiva, ultraderechista, etcétera, lo que ha ido convirtiendo a los nacionalismos disgregadores, insolidarios y
excluyentes en opciones simpáticas y hasta beatificadas por lo políticamente correcto. Este conformismo ideológico, que tanto ha beneficiado a las fuerzas más anticonstitucionalmente regresivas, me parece el gran fraude perpetrado durante los últimos veinticinco años contra nuestra ley de leyes.

Ahora, ante el auge de los nacionalismos asilvestrados que pueden llegar a convertirnos en algo así como los Balcanes del oeste europeo y cuyo exponente más alarmante es el plan Ibarretxe, han prosperado entre quienes colaboraron en tal fraude dos posturas no menos fraudulentas. Primero fue el "no será nada", "no llegará la sangre al río", "sólo es un órdago con vistas electorales", etcétera. Para no reconocer que no vieron lo
que se venía encima y que descalificaron a quienes se lo anunciaban, cuando lo tuvieron delante de sus narices
prefirieron quitarle importancia. Después, una vez aclarado que lo del País Vasco es muy grave y lo de Cataluña bastante serio, ha llegado el nuevo dogma para esconder otra vez la cabeza bajo el ala: la culpa es de Aznar, que con su españolismo rabioso ha encendido el polvorín nacionalista cuya dinamita dormía pacíficamente bajo nuestros pies. No sólo lo dicen analistas chapuceros como López Agudín en El Mundo (el cual se pasó toda la campaña catalana profetizando el triunfo abrumador de Maragall y que ahora se apunta a esta nueva genialidad para seguir sin dar una en el clavo), sino personalidades menos caricaturescas. Sin duda se le pueden
reprochar a Aznar y a otros dirigentes del PP muchas faltas de tacto y extremismos verbales de cara a la galería (así como un trato injusto a José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo comportamiento institucional en estas cuestiones ha sido siempre discreto y leal a pesar de dificultades internas en su partido), pero todas han sobrevenido después de los planteamientos cada vez más descaradamente sediciosos del nacionalismo vasco a partir de Lizarra, no antes. No olvidemos que Aznar comenzó entendiéndose muy bien con Arzalluz y que siempre se las ha arreglado aceptablemente con Pujol; ni tampoco que las medidas que ha favorecido frente a Batasuna y
el entorno mafioso etarra han producido un patente cortocircuito en el terrorismo, disminuyendo seriamente su operatividad y sus víctimas, así como la kale borroka. No ha suspendido ninguna garantía autonómica, pero ha aplicado todos los recursos legales para responder en la medida de lo posible a una deriva soberanista que los demás, por lo visto, recomendaban limitarse sólo a deplorar. Los reproches más serios que se le pueden hacer al actual Gobierno son de índole opuesta: por ejemplo, no haber impedido, como era su obligación, que culminase la supresión de hecho del modelo A (en castellano con el euskera como asignatura), una vergonzosa conculcación de los derechos civiles llevada a cabo por la Consejería de Educación vasca que indica de paso el
clima de pluralismo que reinaría en el hipotético "Estado asociado" que pretenden imponer.

Tampoco parece que sea Aznar el culpable de que toda la campaña electoral en Cataluña se haya dirimido en el campo de las ofertas más y más nacionalistas -con el resultado lógico esperable-, ni de que la reforma del Estatuto, con el que es obvio que tan mal le va a la misérrima región, se haya convertido en la cucaña a la que compiten por trepar todos los mozos de la feria... rompiéndose uno que otro la crisma en el intento. Puede que ERC tenga la clave del próximo Gobierno de la Generalitat, aunque más bien parece que su única fuerza real
proviene no de su reducido peso electoral, sino de la discordia entre los más votados: en cualquier caso, lo que resulta a todas luces excesivo es llamar "progreso" a la alianza estratégica con un partidario de que rompa la solidaridad con el resto de España la región que más se ha beneficiado de la unión del país, mientras sin sentido del ridículo grita "Visca Catalunya llibre!" con un trémolo que él debe creer parecido al de Garibaldi pero que más bien recuerda a Umberto Bossi, otro aspirante a "liberar" a las regiones ricas del peso de su responsabilidad con los compatriotas que contribuyeron a enriquecerlas. No por casualidad tiene en tan alta estima los parabienes de Ibarretxe, otro progresista de tomo y lomo... Ambos se enorgullecen de luchar por "pueblos pequeños" cuando en realidad lo que pretenden es empequeñecer a un pueblo grande.

Desde el País Vasco es ya difícil no ver sin cierto asqueado desánimo el crecimiento del fraude anticonstitucional. Lo más doloroso para algunos de nosotros es constatar cómo aquellos
a quienes tenemos por más lúcidos se han lucido en este campo. De una persona tan inteligente y críticamente
comprometida como el llorado Vázquez Montalbán (que además era tan español como Carmen Sevilla pintada en un calendario de la Unión de Explosivos) sólo conseguimos que apoyase a Madrazo... y regañase a Aznar, por supuesto. En la presentación de su reciente libro sobre la guerra de Irak, José Luis Sampedro recordaba el valiente dictamen de Martin Luther King: "Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX, no nos parecerá lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas". ¡Lástima que a él mismo no le hayamos escuchado durante estos años sobre el tema vasco más que variaciones sobre los más agujereados tópicos pseudoprogresistas! ¿Cómo se puede tener tan buen criterio sobre lo que ocurre en el remoto Irak y tanto despiste sobre lo que pasa bastante más cerca? Por no mencionar la desoladora
columna (Nacionalidades, EL PAÍS, 21 de noviembre) de mi admirado Juanjo Millás, en la que tras repasar todas las advocaciones posibles de una España del PP como un espanto del que huir recomienda no negar el pan y la sal a las opciones políticas votadas libremente por los ciudadanos...

En fin, para qué seguir. Y, sin embargo, tenemos que seguir: el próximo 13 de diciembre en San Sebastián, contra el chantaje político y el fraude anticonstitucional.

Roviretxe juega a Viriatet
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 26 Noviembre 2003

Entre los hechos políticos irremediablemente grotescos de la España actual que, sin embargo, recuerdan peligrosamente los muy trágicos del primer tercio del siglo XX, acaso el más preocupante es el del creciente caos dentro del nacionalismo catalán, que tiene un precedente diáfano en la crisis del catalanismo conservador de la Lliga, dirigido por Cambó, y su sustitución por Esquerra Republicana de Cataluña en la preferencia de los votantes nacionalistas y en la decantación del catalanismo por un permanente aventurerismo golpista (1931, 34, 36) que puso siempre a Cataluña del lado de la subversión y en contra de la legalidad, fuera la de la Constitución Republicana o el simple Código Penal. Tarradellas supuso en 1977 la rectificación histórica de aquella desastrosa deriva de su partido, ERC, que tanto daño hizo a Cataluña y a España. Pues bien, parece que aquella rectificación se acabó y que ERC vuelve a las andadas. Terror.

Francesc Cambó quiso ser muchas cosas y políticamente no llegó a ser casi ninguna. Quizás porque, como una vez le dijeron, no podía pretender ser a la vez el Bolívar de Cataluña y el Bismarck de España. Cabalmente, esa misma ha sido la tara de Pujol, que ha pretendido dirigir el separatismo catalán y la creación de una España más a su gusto (si es que hay alguna), que ha promovido la aldeanización identitaria mientras predicaba el europeísmo, que ha jugado a dirigir España desde la derecha pero a través de los pactos con la izquierda, muy señaladamente en los últimos años del felipismo. Es difícil saber si es el propio Pujol el que promueve la "segunda marca" catalanista en Madrid que sería ERC o si el proceso se le ha escapado de las manos como en su época se le escapó a Cambó. Lo único cierto es que al líder conservador se le escapó para siempre. Y que ni siquiera financiando a Franco en Burgos consiguió consolarse ni redimirse.

Es de temer que esta parodia actual, tardía y semiaragonesa, de Companys que es el líder de ERC, este Roviretxe que pretende dirigir desde el 16% de los votos de Cataluña nada menos que toda la política española como un Viriato de papel (es decir, l'escamot Viriatet) reproduzca también aquel cáncer demagógico que acabó con la destrucción de la libertad y de la modesta prosperidad de España, incluida, como siempre, Cataluña. La clave fue la ruina de la Lliga y la decadencia de Cambó. ¿No las recuerdan CiU y Pujol?

Vázquez encabeza... un descenso imparable
EDITORIAL Libertad Digital  26 Noviembre 2003

La reacción de los principales dirigentes socialistas ante el último sondeo del CIS, que otorga 7,7 puntos de ventaja al PP, no sólo refleja la falta de reconocimiento del acelerado deterioro de las expectativas del PSOE, sino también su total ausencia de propósito de enmienda. No sólo se niegan a reconocer la paulatina pérdida de confianza de los ciudadanos en este partido, sino que insisten en el mensaje político que la ha mermado.

El trabajo de campo del barómetro de octubre se realizó entre el 25 y el 31 de octubre, es decir, en plena resaca de las elecciones a la Comunidad de Madrid. A la radicalidad y obsolescencia del discurso socialista en los casos del Prestige e Irak, a la falta de alternativa a una política económica que, con el PP, continúa situando a nuestro país a la cabeza de crecimiento económico de Europa, los socialistas han dejado en Madrid en evidencia lo renuentes que siguen siendo a la hora de asumir las responsabilidades en los errores propios.

Ante estos últimos datos del CIS, algunos socialistas todavía se aferran de forma patética al hecho de que el sondeo se produjo antes de las elecciones catalanas, donde los socialistas han ganado “en número de votos”. El “capítulo catalán”, para el PSOE, sin embargo, lejos de ser una tabla de salvación tiene todo el aspecto de ser el bloque de cemento en los pies de Zapatero que termine de hundir aún más sus expectativas de cara a las generales.

Los socialistas, más que esperanzados por el impacto que el resultado de las catalanas pueda tener en los próximos sondeos, deberían sentirse aliviados porque el CIS haya sondeado a los ciudadanos antes de que estos presenciaran el patético espectáculo de un Zapatero totalmente rendido a la disposición de Maragall de pactar con los independentistas catalanes con tal de tocar poder en Cataluña. Eso, si finalmente lo toca, por no hablar del otro bochornoso espectáculo vivido en el reciente relevo de la dirección de la FEMP, donde los socialistas, por no desairar a los nacionalistas, se han negado a condenar, junto al PP, el plan Ibarretxe y salir en defensa de la Constitución que este año cumple su 25 aniversario.

Si, tras la “amarga victoria” en las municipales —más que amarga, falsa— los sondeos del CIS volvieron en julio a situar al PSOE por debajo del PP en expectativa de votos, las “victorias” de Maragall en Cataluña y la de un irreconocible y lamentable Vázquez al frente de la FEMP, tienen todos los visos de dejar al PP en marzo en la “solitaria” compañía de la mayoría absoluta.

No se trata de restar méritos al PP para lograr una segunda mayoría absoluta; sino tan solo de constatar la impagable ayuda que está recibiendo este partido con la insistente y suicida estrategia que Prisa le está imponiendo al suyo. ¿Tan difícil es que los socialistas se hagan una idea, no ya de la decepción, sino de la enorme irritación que han podido provocar en muchos de sus votantes con el bochornoso espectáculo protagonizado por su partido en la FEMP? ¿No se dan cuenta de que la inmensa mayoría de los ciudadanos consideran que el “sacrosanto consenso” entre las fuerzas políticas es completamente intolerable si pasa por impedir nada menos que a la Federación de Municipios Españoles salir en defensa de la Constitución y contra los planes secesionistas? ¿No se dan cuenta los socialistas que señalar “la soledad del PP” oponiéndose a esta mordaza que han impuesto las minorias nacionalistas al PSOE en la FEMP, lejos de denigrar al partido de Aznar, lo dignifica de cara a los electores? ¿Creen en el PSOE que poniendo a Vázquez al frente de la Federación Española de Municipios ya van a recuperar la confianza de la inmensa mayoría de españoles que están hartos de las cesiones a las minorías nacionalistas?

El nuevo presidente de la Federación Española de Municipios, manifestándose ahora nada menos que “contrario a la política del PP de aislar a Esquerra republicana”, evidencia, ciertamente, que “no está dispuesto a admitir lecciones de patriotismo”. Lo grave, sin embargo, es que con este tipo de guiños a los nacionalistas a los que debe el nuevo cargo, muchos españoles se preguntarán si Vázquez sigue en disposición de impartirlas. Y en pocos sitios son tan necesarias esas lecciones como en la asociación que arropa a todos los municipios españoles, y pocos momentos tan idóneos para impartirlas como los que vivimos ante el envite secesionista del PNV que tuvo su embrión, precisamente, en ese engendro de muncipios nacionalistas vascos llamado Udalbiltza.

Aunque la deriva y la dispersión del discurso nacional del partido de Zapatero se retrotrae a la decapitación de Redondo Terreros al frente de los socialistas vascos, el episodio de la FEMP y el que aún tienen que lidiar los socialistas en Cataluña, tal vez sean decisivos para refrescar todavía más la memoria de los españoles sobre los déficits del PSOE de cara a las generales. Hasta entonces, Zapatero ya se podrá dar con un canto en los dientes si el deterioro de su partido finalmente se limita al que ahora manifiesta el último sondeo del CIS. Hasta ahora nos aventurábamos a señalar que “o Maragall o Zapatero”. Ahora estamos tentados a pronosticar que “ni uno ni otro”.

Sabino y Arzallus
Román Cendoya La Razón 26 Noviembre 2003

Hoy hace cien años y un día, tiempo propio de una condena, que murió Sabino Arana, padre del nazionalismo vasco. Los que aborrecemos su legado celebramos el centenario de su muerte. El problema es que los seguidores de Sabino, un error de la naturaleza, perduran y están entre nosotros. Los nazionalistas, conscientes de lo impresentable del personaje, no publican sus obras completas porque les es muy difícil explicar que pertenecen al partido que él fundó y que siguen tan impresentable ideología. Su lema sigue siendo «Dios y las leyes viejas». Su dios, al que sirven los obispos Setién y Uriarte, y las viejas leyes xenófobas y racistas de Sabino. Hoy el capo es Arzallus, quien no se siente vicario pero sí mesías. Se aparta ¬¿por qué?¬ y designa como su sucesor a Egibar «por los contactos que tiene con ETA». ¿Por qué y para qué para dirigir al PNV hay que tener buenos contactos con ETA? El proceso es que Arzallus propone a su delfín y ETA, instrumento de chantaje y poder, dispone. ¿Por qué Arzallus y ETA prefieren al mismo candidato? La historia del PNV es la historia de un enajenado y un mesías. Cien años y un día, ¿menuda condena para todos!

Lo que reclama Carod
Alberto Recarte Libertad Digital  26 Noviembre 2003

En unas estrambóticas declaraciones, Carod Rovira el dirigente de Esquerra Republicana de Cataluña, reclamaba al gobierno español dos billones de pesetas de impuestos que supuestamente salían de Cataluña hacia el resto de España. La realidad fiscal es diferente. Los cálculos más fiables cifran en 1.200 millones de euros, alrededor de 200.000 millones de pesetas, la contribución fiscal neta de los residentes en Cataluña al resto de España. Madrid es la otra autonomía que mayor contribución hace al resto de comunidades autónomas. Las que más reciben son Andalucía, Extremadura y, pásmense, el País Vasco, a pesar de tener un nivel de vida extremadamente alto.

Esta anomalía, que se cifra, también, en torno a los 1.200 millones de euros, es el fiel reflejo de la política de todos los gobiernos españoles –hasta la segunda legislatura de Aznar– hacia el nacionalismo vasco, al que se aceptaba como único representante político de todos los ciudadanos vascos. Y a quien se pretendía aplacar con este pago, para que moderara su espíritu separatista. El concierto fiscal, en el que se plasma este acuerdo desigual tiene, desgraciadamente, carácter indefinido –a pesar de la oposición que intentó Rodrigo Rato–, por lo que la injusticia se prolongará en el tiempo y, en parte, explica la demanda de los nacionalistas catalanes de un concierto fiscal similar.

Por otra parte, estamos hablando de cantidades ridículas, dado el nivel de renta de autonomías como la catalana. En efecto, la total recaudación fiscal en esta autonomía debe ser de alrededor de 60.000 millones de euros y, de este total, se transfieren a las autonomías más atrasadas, como hemos visto, 1.200 millones, un 2% del total. Con estos datos parece inconcebible que se produzca un debate de contenido fiscal. Por eso Carod Rovira tiene que falsear, multiplicando por diez, la cifra de las transferencias.

Corona de perlas
Por JAIME CAMPMANY ABC 26 Noviembre 2003

COMO despedida de la presidencia del PNV, puesto ya el pie en el estribo y para honrar y celebrar seguramente el centenario de la muerte de Sabino Arana, el ilustre jesuita rebotado Javier Arzalluz llega, se pone, va y le dice al cardenal Rouco Varela que lo que él tiene que hacer es condenar el Alzamiento del 36. Arzalluz no aclara la razón para esa condena. A lo mejor, quiere que el cardenal condene aquel alzamiento porque logró acabar con la persecución religiosa más sangrienta y encarnizada sufrida por la Iglesia católica española desde los tiempos de Recaredo.

El largo martirologio de la guerra incivil incluye obispos, clérigos, monjas, frailes y pueblo de Dios, creyentes sacrificados por el solo hecho de serlo, no ya a docenas y a cientos, sino a miles y miles. Quizá Arzalluz, asesorado sabiamente por Madrazo, se ha aplicado, como Llamazares, a desenterrar muertos de la guerra. Bueno, que comience por Paracuellos. Puestos a condenar hechos y peripecias de la accidentada Historia de España, podríamos pedirle al cardenal Rouco Varela que condene las guerras carlistas, la toma de Toledo, la batalla del Salado o la rebelión de los vascones contra el rey Don Rodrigo, precisamente cuando Tarik y sus moros estaban desembarcando en Gibraltar.

Este tío, Arzalluz, hace hablar a los mudos y hace imprecar a los muertos. Él sabe lo que tiene que hacer cada uno en cada momento, incluido naturalmente el cardenal Primado de España. Siguiendo con la humildad y la cerrazón de un doctrino las enseñanzas de Sabino Arana, defenderá la declaración contenida en el Reglamento redactado por el ilustre majara. «Bizcaya se establecerá sobre una completa e incondicional subordinación de lo político a lo religioso, del Estado a la Iglesia», sólo que para Arzalluz el Estado es él y la Iglesia es monseñor Setién. Ahí va esa perla.

Arzalluz profesa con entusiasmo y devoción la predicación étnica y racista de Sabino Arana. Escuchemos como habla el Oráculo del PNV al pueblo vasco: «Vuestra raza, singular por sus bellas cualidades, pero más singular por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna del mundo, era la que constituía a vuestra Patria Bizcaya; y vosotros, sin pizca de dignidad y sin respeto a vuestros padres, habéis mezclado vuestra sangre con la española o maketa, os habéis hermanado y confundido con la raza más vil y despreciable de Europa, y estáis procurando que esta raza envilecida sustituya a la vuestra en el territorio de vuestra Patria».

¡Tome usted nísperos, don Filiberto! ¿Y cómo podría hacer algo a derechas el cardenal Rouco Varela si pertenece a «la raza más vil y despreciable de Europa»? Y otra pregunta: «¿Puede Dios enviar a una gente mayor castigo que el darle clero de costumbres malas?». Y el cardenal Rouco Varela tiene la mala costumbre de condenar lo condenable. Es sin duda un enviado de la Providencia para castigo de maketos. Hay cientos de perlas más para componer una corona y que Arzalluz la deposite en la tumba de Sabino Arana.

Cataluña
Comienza el esperpento
Germán Yanke Libertad Digital  26 Noviembre 2003

En las negociaciones para la formación del Gobierno de Cataluña hay cosas que pertenecen al guión más elemental, al teatro de la política. Si Esquerra quiere “cero corrupción”, CiU no tiene ningún problema, faltaría más. Si se hubiera pedido “tolerancia cero” con el dogmatismo antidemocrático de propuestas como la de Ibarretxe habría sido otra cosa. Es decir, les habría resultado más difícil disimular. Si CiU da por supuesto que Mas será el próximo presidente, Esquerra no habla de cargos en la primera reunión. Si CiU, además, necesita un gesto inicial más amistoso que el dispensado al Partido Socialista, no hay problema: Esquerra elogia la actitud abierta de sus colegas nacionalistas y lanza una puyita a los socialistas. Si Esquerra desea que el trabajo más pesado comience por CiU, esta coalición presenta un guión con la reforma del Estatuto a la cabeza.

Pero no todo es comedia, también hay atisbos de esperpento. El primero, nacionalista. El otro, con el PSOE de actor principal, lo que, visto lo visto, hay que reconocer que no se le da mal.

El esperpento nacionalista se refiere a las relaciones con el Gobierno de la Nación. Esquerra no quiere pactos de ninguna naturaleza y CiU habla de negociaciones pero no de pactos. Los de Carod Rovira dan con el ejemplo táctico: Ibarretxe “negoció” la prórroga del Concierto pero no pactó. CiU se apalanca a lo que llaman “discusión semántica”, pero debe estar que se tira de los pelos. Salvar el poder comporta renunciar a los tratos preferenciales del pasado, a las negociaciones de los Presupuestos (ya son conscientes este año del coste de no querer reunirse con Montoro para no dar la impresión de cercanía al PP) y a los éxitos, tan bien vendidos, de presentar resoluciones y proyectos en el Congreso con la anuencia del partido gubernamental. Escribo “partido gubernamental” casi como un eufemismo porque los dos partidos nacionalistas se muestran convencidos de que ganará el PP: “los pactos con el PP son cosa del pasado”, dice CiU; “pase negociar pero votar la investidura de Rajoy es pactar”, dice Esquerra.

Y eso a pesar de que los republicanos, seguramente para dar una imagen de Cataluña desconectada con España, quieren al PSC en el Gobierno. “Es cosa vuestra”, dice CiU: si no lo consiguen, tienen el suficiente apoyo parlamentario y a la izquierda dividida, si lo logran, tienen a los socialistas bajo la bota nacionalista. Lo esperpéntico es que, en estas condiciones, el PSC siga pensando que es el PP el único partido que no condiciona el próximo Gobierno de Cataluña. De ICV se van olvidando y a los socialistas les están preparando el gran akelarre del ridículo. Y siguen diciendo que sí, que van a la fiesta.

¿Salvad a Maragall!
José María Carrascal La Razón 26 Noviembre 2003

Es el grito que se oye a todos los niveles, en todas las latitudes socialistas. ¿Salvad a Maragall!. Como sea, con quien sea, al precio que sea. Salvadle de la humillación que acaba de sufrir. ¿Cómo? Pues convirtiendo su derrota en victoria. Haciéndole president de la Generalitat. Eso puede salvarle. Y salvado él, se salva Zapatero, su garante, su socio, su amigo. El «pacto del progreso», el «gobierno de la izquierda» en Cataluña debe ser la varita mágica, la espada encantada que salve a ambos líderes. Y, de paso, al PSOE en las próximas elecciones.
¿Funcionará? Difícilmente. Como todos los encantos, se apoya en la ficción, no en la realidad. Lo que trata de formarse en Cataluña es más un gobierno nacionalista que un gobierno de izquierdas.

Maragall va a aliarse con un señor que ha dicho no una vez sino cuantas le han puesto un micrófono delante que nunca se ha sentido español y que su objetivo es separar a Cataluña de España. Convertirla en una especie de Luxemburgo, fueron sus palabras. Un señor que ha advertido que no pactará con ningún partido que reciba instrucciones de Madrid. Un señor que ha lanzado un programa de 20 puntos, la mitad de los cuales destinados a «catalanizar Cataluña». Si Maragall cree que va a contentarle dándole un par de consejerías y haciéndole carantoñas va a llevarse una sorpresa mayor que la que se llevó el 16 de noviembre. El «progreso» que realice ese gobierno será hacia la desvinculación con España, que es lo que entienden los nacionalistas por la madre de todos los progresos. Si Maragall no sabe esto habrá que dudar de su capacidad política. Si lo sabe, habrá que dudar de otra cosa.

No hay dos sin tres y el PSOE, después de haberse equivocado primero en Madrid, luego en Cataluña, se dispone a cometer la más grave de la equivocaciones, negociando un pacto, no con el diablo, pero sí con alguien más decidido que él, cosa siempre peligrosa. Suele decirse que nada daña más a un partido que un liderato débil. Hay, sin embargo, algo peor: negarse a reconocer los propios errores. Y tanto Maragall como Zapatero parecen incapaces de ello. Hace un año, Zapatero aventajaba a Aznar en las encuestas, pero se metió en el berenjenal de las manifestaciones, y ahí le tienen, pidiendo árnica. Mientras Maragall, recuerdo que varios conocidos barceloneses, hartos de CiU y visto que el PP no cuajaba, estaban dispuestos a votarle. Pero quiso sobrepasar a los nacionalistas por su banda y todo apunta que se ha quedado sin esos y otros votos. Ahora, sus amigos, que ya no «compañeros», de Ferraz quieren salvarle, autorizándole a pactar con un nacionalista puro y duro. Puede que estén firmando una letra sin fondos. Y advierto que nada me alegraría más que equivocarme, que Maragall convenciera a Carod-Rovira de que se puede ser español y catalán al mismo tiempo. Pero me temo que eso es imposible. Aunque tampoco hay que dejar de creer en los milagros, sobre todo cuando se aproximan las navidades.

Lecciones de constitucionalismo
Aleix Vidal-Quadras La Razón 26 Noviembre 2003

Un solo partido, por amplia que sea su mayoría, no puede sostener indefinidamente la unidad constitucional. De ahí, las reiteradas peticiones del Partido Popular al Partido Socialista para que demuestre su compromiso irrenunciable con el ordenamiento vigente y con la cohesión nacional. El gran pacto civil de 1978 encontró su fuerza, además de en la racionalidad y en el equilibrio de sus términos, en el apoyo que recibió de la inmensa mayoría de la sociedad española y del conjunto de las fuerzas parlamentarias. Ahora que los nacionalistas catalanes y vascos han tomado la irresponsable decisión de romper aquel acuerdo histórico llevando al país por derroteros abruptos sin destino conocido, la imagen de absoluta coincidencia entre los dos grandes partidos a la hora de defender nuestras reglas de convivencia en paz y libertad se hace más necesaria que nunca. La tesis oportunista del PSOE de que cada una de las dos primeras formaciones políticas puede marcar su propia estrategia en este propósito revela una preocupante incapacidad para comprender la magnitud del desafío secesionista al que nos enfrentamos.

Estamos metidos en una espiral perversa de consecuencias impredecibles. El Gobierno de la Nación emplaza una vez tras otra a su alternativa a manifestar explícitamente su plena identificación con la Constitución y su rechazo inequívoco de los planteamientos fragmentadores de los nacionalistas, a lo que el PSOE responde automáticamente con reproches de intransigencia hacia su principal adversario en las urnas intentando exhibir una posición diferenciada bajo el temor de quedar anulado por la que percibe erróneamente como voluntad del PP de alzarse con el monopolio de la lealtad constitucional. Este continuo forcejeo transmite a la ciudadanía una lamentable impresión de enfrentamiento de los dos principales protagonistas de nuestra vida institucional, con el consiguiente desánimo y desorientación de muchas gentes de buena fe.

El último episodio de este lamentable proceso ha ocurrido en la asamblea de la Federación de Municipios y Provincias, teniendo paradójicamente como actor central a uno de los dirigentes socialistas cuya actitud en el ámbito de la lucha contra los particularismos disgregadores ha sido siempre de las más sólidas y valientes. Cada día aparece con mayor claridad que el PSOE anda enredado en una contradicción irresoluble porque es imposible compaginar la colaboración con opciones independentistas a fin de estructurar mayorías de gobierno en determinadas comunidades y la articulación de un proyecto nacional creíble. El hecho de que, tras superar el terrible desgaste que representaron la crisis de Iraq y el naufragio del «Prestige», el PP vuelva a intenciones de voto que le asignan de nuevo la mayoría absoluta, debería hacer reflexionar a Zapatero y a su dream team de despistados improvisadores.

Sabino Arana, el racismo independentista (I)
César Vidal La Razón 26 Noviembre 2003

Por si alguien piensa que el nacionalismo se mama y no se instila pocos ejemplos podría haber más claro de lo contrario que Sabino Arana, el fundador del PNV. Procedía de una familia de convencidos carlistas que veneraban a España. El cambio se produjo en Arana por el simple influjo de su hermano Luis que había sido inoculado del odio a España por el nacionalismo catalán. Aunque sigue siendo común ¬aunque cada vez menos¬ anteponer ambos nacionalismos, lo cierto es que los puntos de identidad superan con mucho a las diferencias. Ambos partían de una realidad social no nacionalista ¬que, por ejemplo, hizo protestar a Cambó de que todos los catalanes se sentían españoles y no una nación diferente¬ ambos tenían un impulso imperialista que les llevaba a anhelar el dominio de otros pueblos; ambos ansiaban rescribir la Historia para adoptarla a sus fábulas; ambos profesaban un fundamentalismo católico profundamente excluyente y ambos se alimentaban de un odio profundo, injusto e incansable a España. Luis Arana aceptó esa visión propia del nacionalismo catalán y convenció de ella a su hermano Sabino en torno a 1882, cuando apenas contaba diecisiete años. Lo que emergió de ese adoctrinamiento resultó evidente desde el principio.

El primer periódico de Arana ¬«Bizkaitarra»¬ ya se definió en su primer número como «anti-liberal y anti-español». Odiaba a España y a las libertades vinculadas al liberalismo y les oponía un proyecto utópico, teocrático y profundamente racista. Precisamente por ello, podía afirmar que los españoles eran «el testimonio irrecusable de la teoría de Darwin, pues más que hombres semejan simios poco menos bestias que el gorila... su mirada sólo revela idiotismo y brutalidad». Esa inferioridad racial venía vinculada a una innegable, para Arana, inferioridad espiritual.

Frente a una Euzkadi profundamente católica y por ello superior, «España, como pueblo o nación, no ha sido antes jamás ni es hoy católica». No resulta por ello extraño que se dirigiera contra los vascos alegando «habéis mezclado vuestra sangre con la española o maketa, os habéis hermanado o confundido con la raza más vil y despreciable de Europa» o que se quejara de que algunos españoles hablaban vascuence. Como afirmaría sin tapujos: «Muchos son los euzkerianos que no saben euzkera. Malo es esto. Son varios los maketos que lo hablan. Esto es peor».

Carta de Canarias
En buena compañía
Víctor Gago Libertad Digital  26 Noviembre 2003

La especie de que CC (Coalición Canaria) representa un nacionalismo moderado, responsable y leal a la Constitución ha vuelto a imponerse con ocasión de la VIII Asamblea de la Federación de Municipios. El aparente apoyo de los alcaldes insularistas al PP ha proyectado, una vez más, la imagen de que no todos los nacionalismos son iguales. Se puede anteponer los intereses locales y servir, al mismo tiempo, a la política de Estado; exaltar la diferencia histórica para enriquecer la historia común; ser nativos sin ser provincianos.

Ese programa constructivo y sensato de hacer patrias compatibles es lo que las referencias a CC (planas y perezosas, en general) nos vienen presentando. La crónica de la última escaramuza con los nacionalistas y sus aliados coyunturales o descoyuntados (socialistas y comunistas), presenta a los insularistas canarios como única compañía del PP en su llamada a los munícipes para que pidan la retirada del Plan separatista del PNV y proclamen su lealtad a la Constitución.

Nada tan inexacto como esa fotografía de CC comprometida con el único partido que hoy defiende la estabilidad de España y se enfrenta al separatismo en todo lugar y en toda ocasión. Es la misma CC que en 1998 suspiraba por entrar en el club de la Declaración de Barcelona, la misma que en octubre de 2002 encargó a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y otros "expertos" de alquiler un dictamen para legitimar un appartheid contra peninsulares y demás ciudadanos comunitarios que quieren establecerse en las Islas, a los que califica despectivamente como "godos".

Nada más falso que la supuesta lealtad constitucional y el sentido de Estado de los nacionalistas del cheque y la finca de plátanos. La cotización del patriotismo de CC asciende a 100 millones de euros en los Presupuestos Generales del Estado para 2004, según puede dar fe el ministro de Hacienda, empujado por el mismísimo Rajoy a extender el talón a los isleños.

No es cierto, como se ha contado, que CC votara conjuntamente con el PP a favor de la declaración de Alfonso Alonso, alcalde de Vitoria, que pedía la retirada del llamado Plan Ibarretxe. Los insularistas votaron divididos por la misma línea de fractura que ha roto esta federación de partidos en las pasadas elecciones autonómicas.

Sus alcaldes de la provincia de Santa Cruz de Tenerife apoyaron al PP, es cierto. Son líderes pragmáticos de la Agrupación de Independientes de Canarias (AIC). Han pactado en otros tiempos con el PSOE, como ahora lo hacen con los populares, y lo harán mañana con cualquiera que les garantice la finca en usufructo. Su compromiso con los principios es el mismo que tendría un perista con la calidad de los alimentos. Mientras no afecte a su negocio...

Por el contrario, los alcaldes nacionalistas de Las Palmas votaron con el PSOE y los partidos que apoyan, comprenden o hacen la vista gorda a los planes para balcanizar España. Es la facción de extrema izquierda de CC. Ex comunistas, asamblearios, cristianos de la liberación, amigos de los pueblos "empobrecidos", huéspedes de Fidel Castro y hermanos de Hugo Chávez forman un brevaje de totalitarismo, resentimiento y analfabetismo rampante, capaz de empozoñar cualquier sociedad, como de hecho han conseguido los clanes de CC durante veinte años de ejercicio sectario, intimidatorio y clientelar del poder en ayuntamientos y cabildos.

El voto dividido de CC en la FEMP es fiel imagen de su naturaleza tribal. Sólo en un estado carencial extremo del más elemental sentido del patriotismo, como el que hoy padece la vida pública española; sólo en una nación que sólo una minoría estigmatizada se atreve a llamar por su nombre, puede considerarse a CC un ejemplo de lealtad a la Constitución, o es posible sentirse bien acompañados por esta clase de clanes de rapiña.

El partido que gobierna en España no ha dejado de promover el mito del nacionalismo apacible de las Islas Afortunadas. Hace cuatro años, la ingeniería táctica del PP perpetró el injerto de los cuatro diputados de CC con los dos de UPN (Unión del Pueblo Navarro) para dar a los insularistas la dimensión de un grupo parlamentario. El resultado es una cruza kafkiana de gato y cordero de la que los populares son, a la vez, preceptores y recaudadores. Consiguieron su mascota regionalista, pero a los contribuyentes les sale carísimo mantenerla, y ha hecho de una región española, atlántica y abierta, un predio particular.

Cataluña
Los pactos
Rubén Osuna Libertad Digital  26 Noviembre 2003

Tras las elecciones en Cataluña, empieza la digestión. Muchos se preguntan cuál es la mejor opción para un gobierno o, simplemente, cuál es la opción más probable. Pienso que para clarificar los temas hay que fijar los supuestos, el "escenario" en que nos movemos.

Creo que la mejor opción para un liberal es la más probable. Esa es la tesis que quiero explorar. Primero trataré de mostrar que lo más probable es un pacto entre ERC, PSC e IC, y después señalaré por qué esa es la opción con mejores efectos a largo plazo para la libertad en España.

Está claro que cualquiera de las dos opciones de gobierno, la que cuenta con CiU o la que cuenta con PSC, tendrá a ERC como socio; y parece estar claro que los ingredientes radicales de ERC (izquierdistas e independentistas) marcarán el sabor del gobierno. A Maragall no le queda más remedio que pactar a cualquier precio para matizar su fracaso. De otra forma, la política se habrá acabado para él. Lo lógico sería que el PSOE aceptara el fiasco, prohibiera a Maragall pactar y le pidiera la dimisión. Después habría que abrir un proceso para resituar el discurso del partido a nivel nacional y regional. Pero Zapatero no renuncia al propósito de ganar a corto plazo el gobierno de España mediante un sistema de pactos con partidos menores, probablemente IU y algún partido nacionalista. De otra forma, el PSOE tendría que renunciar a gobernar el año que viene y empezar un proceso de reajuste rentable para todos a largo plazo. Zapatero sabe que no sobreviviría a ese proceso. Los destinos de Zapatero y Maragall están unidos.

Ni qué decir tiene que un gobierno en Cataluña con el PSC y ERC salvaría el cuello a Maragall, pero condenaría al PSC a largo plazo. Eso a Zapatero y Maragall les da igual, ya que su supervivencia política es un problema de muy corto plazo. El PSC ha perdido porque vende una mercancía que su base electoral no quiere comprar. Lejos de rectificar, el PSC ha insistido y, en consecuencia, ha vuelto a perder. Desde el gobierno no podrá rectificar tampoco, teniendo como socio a ERC. Más bien lo contrario. Lo que la base electoral del PSC teme se hará realidad. La desconfianza se verá sustituida por la indignación y el rencor. Hay que unir a eso el desastre económico que la irracionalidad de la coalición de izquierdas provocará. Cataluña no podrá competir con el polo de atracción de Madrid (salvado del desastre in extremis por Aguirre) y su cada vez más amplio radio de acción (Zaragoza, Valencia...). Los dos grandes venenos que tumbarán la prosperidad catalana, izquierdismo y nacionalismo, servirán de antídotos a la larga.

¿Por qué no un gobierno de CiU y ERC? Bien, por un lado un gobierno de PSC y ERC beneficiaría y fortalecería a la larga a una desgastada CiU tras 23 años de gobierno. Los políticos no piensan a largo plazo, claro está, y su clientela menos. Pero Pujol ya no tiene nada que ganar ni perder, y es probable que haga sentir la influencia que le quede para sabotear un pacto entreguista con ERC, por mucho que eso fastidie a Mas. Si Mas fuera inteligente, valoraría la posibilidad de fortalecer su liderazgo y la imagen constructiva y moderada de su partido desde la oposición, y como ganador de las pasadas elecciones.

En definitiva, el PSC está dispuesto a arrastrarse más bajo que CiU, o eso cabe suponer. ERC se cebará en el más débil para aumentar su poder real en el próximo gobierno. Es previsible que el daño a Cataluña será descomunal, pero a cambio los catalanes podrán formarse una opinión de primera mano de adónde conduce el radicalismo y la irracionalidad. El beneficiario será CiU, si juega bien sus cartas y sabe esperar; si bien tendrá que tener cuidado a la hora de seguir vendiendo nacionalismo a una población que va a quedar bastante escocida. Sin Vidal-Quadras, el PP sólo será un observador con escasa capacidad de influencia, como no sea la que le pueda dar la posibilidad de venderse a CiU en un futuro, a cambio de unas pocas prebendas (o para evitar una prolongación de un gobierno de izquierdas, lo que podría ser un no despreciable servicio al país).

Por otra parte, un gobierno en Cataluña con el PSC impulsará probablemente la victoria del PP en las próximas generales. Esa es, desde luego, la condición para que el calvario catalán que ahora empieza no acabe extendiéndose a toda España.

Es lamentable que para quienes defienden la libertad no quede otro consuelo que pensar que "cuanto peor, mejor", pero eso es lo que hay.

La dictadura de la minoría
Editorial El Ideal Gallego 26 Noviembre 2003

Da miedo pensar qué ocurriría si Esquerra Republicana de Catalunya en vez de ser la tercera fuerza en el Parlamento autonómico hubiera ganado las elecciones, porque pese a su desventaja respecto a CiU y el PSC les impone condiciones que tanto los convergentes como los socialistas aceptan. La táctica del partido de Carod-Rovira recuerda a la de las bandas de gangsters de Chicago, que, aun siendo muy inferiores en número a la Policía, conseguían que los agentes hiciesen lo que ellas querían. ¿Por qué se da esa situación? La respuesta es muy sencilla: porque el poder es un manjar muy apetecible y en el caso de Cataluña supone, además, un salvavidas para Artur Mas y Pasqual Maragall. El delfín de Jordi Pujol necesita ser president para evitar el bochorno de perder la Generalitat tras unas elecciones que se afrontaron desde el gobierno, mientras que el ex alcalde de Barcelona está sometido a un doble compromiso, por un lado, el personal, que lo llevará a la jubilación política si no alcanza el puesto de jefe del Ejecutivo autonómico y, por otro, el del partido, ya que el PSOE precisa llegar a las elecciones generales de marzo con algo entre unas manos que tras las municipales, las madrileñas y las catalanas están completamente vacías. Esas situaciones de necesidad han hecho que Esquerra Republicana se crezca e imponga unas condiciones que supondrían en la realidad la dictadura de una minoría, que es una de las formas de gobierno mas aberrantes que se pueden dar, ya que se basa en la exclusión y el resentimiento.

Sabino Arana
Por una edición nacional de sus obras completas
Lucrecio Libertad Digital  26 Noviembre 2003

Lo estupendo no es, desde luego que Arana, Sabino, fuera imbécil —o paranoide, o mala gente, o todo junto. Imbéciles, paranoides y canallas, das una patada en el suelo y salen varias toneladas en cualquier paraje o tiempo del planeta. Ser canalla, paranoide, imbécil es lo más natural en nuestra subespecie de orangutanes moral y neuronalmente degenerados.

Lo estupendo es que la desternillante grafomanía de aquel pobre descerebrado acabara constituyendo doctrina. Doctrina, en sentido propio: mucho más cerca de los usos chamánicos o de las supersticiones eclesiales que de nada que tenga demasiado que ver con una política post-ilustrada. Y que, un siglo después, la iglesia acogida a su patronazgo, bajo el nombre de PNV-EAJ, no sólo persevere en los trances delirantes del fundador visionario, sino que haya, en lo esencial, triunfado programáticamente. Ha inventado una neolengua —ese adefesio artificioso, al cual no encaja otro nombre que el de batúa y que bien poco tiene que ver con las lenguas locales que toma como referencia—; ha logrado hacer pasar por milenarios ritos, liturgias, coros y danzas, ideados por el padre fundador y sus constructores de tribu hace apenas un siglo; ha identificado hasta tal punto su propia realidad de secta con la del país inventado que ya a nadie se le pasa siquiera por la cabeza preguntarse si es normal que un supuesto país adopte como bandera la del partido de quienes lo inventan. Y, en medio de su éxito, fascina que no haya ni siquiera intentado el PNV quitarse de encima la lacra —que debería ser letal en cualquier sociedad moderna— de un fundador loco como una cabra y obsesionado por fobias fálicas y racistas que hubieran dado vergüenza, en los años treinta, a cualquier hitleriano culto (que los hubo, sin que ello redujera un átomo su entidad asesina).

La paradoja es, sin embargo, fantástica. Todos los movimientos políticos modernos viven sobre la mitificación del Padre originario. Y todos buscan dotarle de una perennidad que le vendría dada, esencialmente, por la sabiduría intemporal de sus escritos. Lenin o Stalin fueron abrumadoramente editados en todos los idiomas —aún los más inaccesibles— por las ediciones en lenguas extranjeras de Moscú. Ídem, con Mao. La Alemania nazi hizo del Mein Kampf de Hitler, no sólo el best-seller indiscutido de la lengua alemana, sino también objeto de traducciones casi tan universales como las moscovitas de los mismos años. Hasta de un analfabeto funcional como el General Franco, se ocuparon acólitos fervientes en hacer sistemáticas recopilaciones de pensamientos o discursos que, rebuscadas hoy en librerías de viejo, son gran regocijo del lector mínimamente bienhumorado. Arana —a la postre, no precisamente el menos exitoso de los chamanes de su tiempo— es la sola excepción. Ni edición completa, ni obras escogidas, ni antología siquiera hallable en el mercado. El PNV oculta hasta la última coma de lo escrito por un pobre hombre que sólo fue en su vida carne de manicomio; grafómano, por añadidura, sobre todo en sus últimos años. Y su éxito como santo laico de la nación vasca —en su momento, se buscó su canonización de veras— depende precisamente de la hermeticidad de ese ocultamiento de lo que no llega ni siquiera a la altura de una ideología nazi o racista seria; de lo que no es más que esa cosa semiexcremencial que segregan las neuronas de ciertos psicóticos.

Y así andamos. Y ya va siendo hora de que alguna institución benévola —ya que no lo hace el Ministerio de Cultura, que es a quien correspondería, en derecho, la tarea— ponga coto a este hilarante malentendido. Una edición accesible de las alucinaciones puestas sobre papel por Sabino Arana sería más eficaz —política, como moral, como culturalmente— que todas las aplicaciones del artículo 155 en el país vasco. La lectura de eso no la aguanta ni Ibarreche. Sin sufrir un colapso.

El PSOE está roto
Cartas al Director ABC 26 Noviembre 2003

Lo siento señor Vázquez, alcalde de La Coruña, sentía por usted un gran respeto y creía que por encima de los egoísmos de su partido, estaba el ser coherente y no defraudar cuando se trata de la unidad de España. No acierto a comprender su comportamiento al negarse a condenar el Plan Ibarretxe, precisamente en un sitio tan adecuado donde están representados todos los Ayuntamientos, como es la Federación de Municipios y Provincias. Por otra parte, Trinidad Jiménez se luce presentando un escrito en el Ayuntamiento de Madrid en contra del Plan, mientras que en San Sebastián el alcalde está a favor de dicho Plan, al igual que IU. Del señor Maragall mejor no hablar. El Partido Socialista tiene un modelo diferente en cada Comunidad.  Carlos Bermejo. 
Madrid.

Sabino Arana, un escolar fracasado
El ideólogo del PNV reconoció que la pereza le hizo dejar Derecho
Lo de no terminar las carreras universitarias y después aparecer como personas doctas e instruídas, parece ser el sino de los dirigentes nacionalistas. Ahora ha sido Joseba Eguíbar al que se atribuían estudios de Derecho que no había finalizado. El fundador del PNV, Sabino Arana, protagonizó, entre 1883 y 1884, un llamativo paso por la Facultad de Derecho de Barcelona. No se presentó al examen de casi ninguna de las asignaturas.
Expediente Universitario de Sabino Arana que recoge su paso por la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona. No se examinó de la mayoría de las asignaturas en las que se matriculó entre 1883 y 1888. Él mismo se presentaba como «historiador filósofo» pero lo cierto es que no concluyó sus estudios universitarios. Algo parecido ha ocurrido recientemente con Joseba Eguíbar, al que la propaganda del PNV atribuía la carrera de Derecho, que, al igual que su «padre político», no había terminado.
J. M. Zuloaga - Madrid.- La Razón 26 Noviembre 2003

Lo de empezar los estudios universitarios y no terminarlos parece ser el sino de algunos dirigentes del PNV, como le ha ocurrido, según se ha sabido ahora, a Joseba Eguíbar e Ignacio Chueca, a los que la propaganda del PNV les había atribuido carreras no finalizadas. En cualquier caso, Eguíbar y Chueca no deben sentirse atribulados pues son unos dignos discípulos de Sabino Arana, padre del nacionalismo vasco.

El fundador del PNV, que se consideraba a sí mismo como «historiador filósofo», carecía de estudios universitarios. Lo intentó, pero no lo consiguió debido, según sus propias palabras, pronunciadas en 1893 en un discurso, a «la negativa pasión de la pereza que, por desdicha, tantas temporadas me ha tenido dominado».
No obstante, Arana aclaró que todo, hasta el no estudiar, lo había ofrecido por la «patria» (vasca).

En Barcelona
Según han informado a LA RAZÓN fuentes conocedoras de este asunto, primero se matriculó en Madrid pero trasladó el expediente a la Universidad de Barcelona. En el curso 1883-84, se apuntó a las asignaturas de Literatura Española, Ampliación de la Psicología, Economía y Estadística, Principios de Derecho Natural e Historia del Derecho Español. No se examinó de ninguna de ellas.

En el curso 1884-85, aparece matriculado en Lengua Griega e Historia Crítica de España, de las que no se examina; aprueba la Literatura General y en Metafísica obtiene un notable.
En el curso 1886-87 aprobó, por fin, la Historia Crítica de España pero no se presentó a los exámenes de Derecho Natural, Derecho Romano, Economía Política y Estadística.

Y en el curso siguiente, en el que Arana concluye su paso por la Universidad, se volvió a matricular en Derecho Romano y Derecho Natural y, nuevamente, no se presentó a los exámenes. Las citadas fuentes subrayan que todos estos datos pueden ser comprobados en la Secretaría General de la Universidad de Barcelona, en un expediente que lleva el número 29-16.
Arana reconoció, y así lo recogen sus biógrafos, que no terminó los estudios de Derecho. Este particular fracaso escolar fue una especie de inmolación por la patria, según lo dicho por el fundador del PNV.

Situación parecida
Recientemente, el partido de Arzallus ha vivido una situación, calificada por las referidas fuentes como «esperpéntica», en la que la propaganda nacionalista ha atribuido a dos dirigentes, Joseba Eguíbar e Ignacio Chueca, estudios universitarios que no habían terminado. De Derecho, en el primer caso; y de Químicas, en el segundo.

En el trasfondo de lo ocurrido parece estar la lucha por el poder que se vive en el PNV para suceder a Javier Arzallus, con Eguíbar y Josu Jon Imaz, como principales competidores.
Esta tendencia a desvirtuar los hechos y a presentar las cosas como convienen en cada momento, ha sido una constante del nacionalismo vasco, según las mismas fuentes. La figura de Sabino Arana, un visionario que al final de su vida se arrepintió de sus veleidades separatistas y abrazó el españolismo, que tanto critican sus seguidores, ha sido presentada como la de un «pensador» ajeno por completo a comportamientos racistas. La lectura de su obra ofrece pocas dudas al respecto.

Lo que no han podido aclarar las fuentes consultadas es a qué se dedicaba en Barcelona Sabino Arana si tan poca atención prestaba a los estudios de Derecho. Fue, al parecer, su familia la que, harta de pagar la estancia del «historiador filósofo» en la Ciudad Condal, le obligó a regresar al País Vasco donde se dedicó a construir las teorías del separatismo que defendió hasta poco antes de su muerte.

Golpes y patadas contra la memoria de Fabio
J. PAGOLA ABC 26 Noviembre 2003

La Justicia sentó ayer en el banquillo al etarra «Gadafi», que nunca podrá zafarse de ser el asesino de un niño de dos años. El terrorista provocó su expulsión de la sala

MADRID. 7 de noviembre de 1991. Erandio. Mientras Javier Martínez Izaguirre, «Javi de Usánsolo» vigila, su jefe en el «comando Vizcaya», Juan Carlos Iglesias Chouzas, «Gadafi», se dirige al vehículo Peugeot que el «chivato» o «chivata» de turno había identificado como vehículo particular del guardia civil Antonio Moreno.

Para evitar que el agente detectara algo sospechoso en la rutinaria inspección bajo el coche, «Gadafi» fuerza la puerta correspondiente al copiloto y coloca bajo el asiento, en la parte trasera, el artefacto con casi dos kilos de explosivo. Nada le importa que las sillas infantiles de seguridad colocadas atrás confirmen la presencia habitual de niños a bordo del vehículo. La explosión provoca la muerte del pequeño Fabio, de 2 años, deja malherido a su hermano gemelo, Alexander, y mata, en vida, a sus padres.

Ayer, doce años después, la Justicia colocó a «Gadafi en el banquillo de la Audiencia Nacional para responder por el cobarde crimen. Para defenderse de lo indefendible, el ex dirigente del «aparato logístico» de ETA utilizó la sinrazón de sus pies. Nada más ser conducido al habitáculo blindado, comenzó, con los grilletes puestos, a propinar golpes y patadas contra el cristal, mientras espetaba «no reconozco a este tribunal».

Comienza el «espectáculo»
«Está usted dando un espectáculo, estese quieto y siéntese», le ordenó el presidente de la Sección Segunda de lo Penal, Fernando García Nicolás. Al no desistir de su actitud, el magistrado ordenó a los agentes que entraran en la cabina, momento en que el terrorista accedió a sentarse. Pero el etarra, pese a los intentos de los policías por sujetarle las piernas, siguió pateando un banco, en una actitud calificada de «patética» por el fiscal Jesús Santos, mientras insistía en no reconocer al Tribunal, precisamente cuando se procedía a leerle sus derechos.

Tras afirmar que no quería regresar ni tan siquiera para hacer uso a su derecho a la última palabra, el etarra fue finalmente expulsado de la sala. «Pueden retirarle, que descanse», zanjó el presidente del Tribunal la polémica buscada por Juan Carlos Iglesias Chouzas con fines propagandísticos.

El «mudo»
Tras la declaración de tres guardias civiles que participaron en el atestado del crimen, fue llamado como testigo Javier Martínez Izagirre, ya condenado por estos hechos en 1995. Pero se negó a declarar, e incluso se opuso a que le quitaran las esposas.

Después llegó el turno para Rosa Arana Chapartegui, detenida en febrero de 1992 y acusada de pasar al «comando Vizcaya» datos sobre vehículos particulares de miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Fue absuelta de colaborar en este atentado, pese a reconocer que en una de las citas que había mantenido con «Javi de Usánsolo», éste le había comentado que «lo del niño ha sido una metedura de pata», en relación al asesinato del pequeño Fabio.

La «desmemoriada»
Arana Chapartegui dijo no recordar si, tras su detención, había reconocido fotográficamente a «Gadafi», el individuo que en las citas acompañaba a «Javi de Usánsolo» -«es que ha pasado mucho tiempo»-. No obstante, en sus declaraciones anteriores aseguró que Izagirre y «otra persona que podía ser» el procesado ayer le pidieron que obtuviera información sobre matrículas privadas de guardias civiles. De ello, y de la mención a la «metedura de pata», dedujo que ambos habían sido los autores del asesinato del pequeño Fabio.

Los agentes de la Ertzaintza que participaron en los interrogatorios a los que se sometió a «Javi de Usánsolo» tras su detención, en junio de 1992, recuerdan que este etarra aportó muchos detalles del atentado, así como los nombres, apellidos e incluso alias de todos los que participaron de una u otra forma. Los peritos que analizaron el explosivo empleado en el cobarde crimen aseguraron que fue colocado para «provocar la muerte».

Crimen contra una familia
En opinión del fiscal, si todos los asesinatos de ETA son «execrables», éste lo es más si cabe, ya que supone un atentado contra una familia, un padre y sus dos hijos, hechos que calificó de «horrendos, terroríficos y dramáticos». Jesús Santos agradeció la colaboración judicial con Francia y el nuevo mecanismo de entrega temporal que ha permitido «no dilatar» el enjuiciamiento de «Gadafi» por estos hechos. Así, pide 82 años de cárcel para Iglesias Chouzas: 27 por atentado a agente de la autoridad, 30 por asesinato y 25 por asesinato frustrado. El abogado del etarra, que no realizó ninguna pregunta, solicitó la absolución.

Recortes de Prensa   Página Inicial