AGLI

Recortes de Prensa     Martes 2 Diciembre  2003

De lágrimas
ALFONSO USSÍA ABC 2 Diciembre 2003

Inédita relación entre nacionalismos
Editorial ABC 2 Diciembre 2003

Desarrollo del 155
Luis María ANSON La Razón 2 Diciembre 2003

Carod y Zapatero
Editorial La Razón 2 Diciembre 2003

El aliado catalán
Editorial El Ideal Gallego 2 Diciembre 2003

Negros nubarrones
JOSÉ PEDRO PÉREZ-LLORCA  ABC 2 Diciembre 2003

Ibarretxe y el nuevo código penal
Gorka Etxebarría Libertad Digital  2 Diciembre 2003

Lo que hay de malo
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 2 Diciembre 2003

Los desatinos de don Arturo
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  2 Diciembre 2003

Un libro escolar subvencionado por el Gobierno vasco considera personajes históricos a diez etarras
EFE / SAN SEBASTIÁN El Correo 2 Diciembre 2003

«El plan Ibarretxe puede fracturar familia y amigos», advierte Pagazaurtundua
F. GÓNGORA VITORIA  El Correo 2 Diciembre 2003
 

De lágrimas
Por ALFONSO USSÍA ABC 2 Diciembre 2003

HACER que se gobierna puede resultar rentable y sumamente beneficioso. Hacer que se gobierna consiste en pretender contentar a todos desde la apariencia. Es cuestión de imagen. Gobernar, al contrario, es un ejercicio durísimo, inmisericorde. El presidente del Gobierno, José María Aznar, cuenta con millones de españoles que confían en él y en su política y con otros millones que denigran, y hasta odian, su figura y sus métodos. Pero hasta el mayor enemigo de Aznar no puede negar la evidencia. Aznar gobierna. Es decir, Aznar cumple con el compromiso adquirido con la mayoría absoluta de ciudadanos que lo eligieron para gobernar. Detrás de eso, los partidarios y los adversarios, los amigos y enemigos discuten y acentúan sus diferencias. No es un debate de aire o de intenciones. Se trata de un debate que surge de realidades concretas, de responsabilidades asumidas y de hechos incuestionables. Se trata, por lo tanto, de un debate político consistente, porque los gobernantes lo son, ya sea en sus aciertos o en sus errores.

Detrás de la discusión está siempre, preparada y al acecho, la mala intención, la infamia. Los hay que aprovechan el dolor de todos para ingresar de lleno en la miseria. En un programa de televisión, entre chistes y chascarrillos dedicados al presidente del Gobierno, se han utilizado las imágenes de los siete féretros que contenían los restos mortales de nuestros últimos siete héroes. Gobernar es adoptar medidas y tomar decisiones. Los siete militares asesinados por los terroristas en Bagdad nos duelen a todos. Pero no duden que a los gobernantes que por cumplir con los compromisos internacionales y con la que ellos consideraron la decisión justa y adecuada, les duelen mucho más. De ahí que sean fundamentales los apoyos y la condolencia sincera de los políticos de la oposición responsables. La tristeza de Aznar era la de un español. Y la de Rodríguez Zapatero la de otro español. Y cuando el presidente socialista de Castilla-La Mancha afirma que, cuando se da el pésame, es decir, cuando se siente el dolor y se manifiesta, no se puede hacer política electoral ya sea partidista o electoral, se siente el alivio del abrazo común, de las lágrimas limpias. Como es habitual, el carroñero oficial del Reino, Gaspar Llamazares, ha optado por la sandez hiriente, pero ya se sabe que para el socio comunista de Ibarreche y los batasunos la muerte de un militar español es, más que una tragedia, una circunstancia aprovechable.

De nuevo, siete militares. Y como era de esperar, siete familias admirables. Estaban ahí porque era su deber y la consecuencia de su vocación. Luchaban contra el terrorismo, eso tan discutible para algún tuerto y demagogo profesional. Escribo sus nombres porque quiero ennoblecer mi escrito. Comandante de Caballería don Alberto Martínez González. Comandante de Infantería don Carlos Baró Ollero. Comandante de Infantería don José Merino Olivera. Comandante de Infantería don José Carlos Rodríguez Pérez. Brigada de Caballería don José Lucas Egea. Brigada de Infantería don Alfonso Vega Castro. Sargento Primero del Ejército del Aire don Luis Ignacio Zanón Zaragoza. Cumplo con el honor de escribir sus nombres y con la gratitud que siento hacia todos ellos, sus vidas, su profesión militar y sus familias.

Pasados unos días y superada la primera impresión, es más que probable que los intereses políticos y electorales intenten aprovechar la conmoción y la tristeza en beneficio de sus fines. Es de esperar que los políticos respetuosos y responsables se mantengan en su sitio. Los últimos siete militares españoles asesinados en Iraq han muerto por todos. Que de nuestras lágrimas nadie se beneficie. Los héroes no son títeres para lanzar sobre el rostro de nadie. Todos con ellos.
 

Inédita relación entre nacionalismos
Editorial ABC 2 Diciembre 2003

TANTO CiU como PNV están viviendo con mal disimulada inestabilidad un período histórico crítico para la continuidad de sus respectivas hegemonías en Cataluña y País Vasco. Lo están viviendo además con un creciente tono de ansiedad, sintomático de la relación patrimonial y posesiva que han establecido con el poder autonómico, en gran parte alimentada por la anormal superioridad democrática que se les reconoció durante la Transición, aunque fuera a cambio de una normalización definitiva de su articulación con España. Esa ansiedad, rayana con el desasosiego al ver tambalearse el escenario político que les ha mantenido en el poder desde hace más de dos décadas en su respectivas Comunidades Autónomas, les lleva ahora a intentar una inédita relación de apoyos mutuos, cuando hasta hoy el nacionalismo catalán había querido siempre marcar diferencias respecto al vasco. Para CiU, el nacionalismo no era un «hecho diferencial» global aplicable a todos los partidos de este corte, más allá de alguna aventura esporádica, falta de convicción, como la que representó la Declaración de Barcelona (a la que se sumó el Bloque gallego) y que, desde hace tiempo, duerme el sueño de los justos.

Las razones de este nerviosismo y de este cambio estratégico son variadas en ambos casos. En el País Vasco, el doble proceso político que protagoniza el PNV -la sucesión de Arzalluz y el Plan de Ibarretxe- discurre en esa sucesión de turbulencias que provoca la estela de un poder indiscutido hasta ahora y cuyo mantenimiento, dentro y fuera del partido, se procura con compulsión y falta de escrúpulos. La suficiente para liberar las peores artes entre los candidatos Imaz y Egibar -que rivalizan en loas a un personaje tan tétrico como Sabino Arana- o para volver a mercadear con los votos que aún tiene ETA en el Parlamento, en busca de la culminación del frente nacionalista que arrancó en 1998. El poder, en cualquiera de sus vertientes, es un fin en sí mismo para un nacionalismo vasco que, sin embargo, ha demostrado una enfermiza incapacidad para vertebrar y liderar proyectos estables de partido (sometido históricamente a continuas escisiones y desafecciones), de sociedad y de instituciones (el desmantelamiento del Estatuto de Guernica es de su exclusiva responsabilidad).

La otra cara del nacionalismo, CiU, ha vivido mejores momentos y, sobre todo, con más dignidad, sin necesidad de andar al dictado de una formación radical, Esquerra Republicana, que se ha convertido en su única opción para mantenerse en el poder, aunque no con el poder. La profesión de fe nacionalista que tuvo que hacer ayer Artur Mas con Ibarretxe, convertido por Carod-Rovira en el tótem de los nacionalismos ibéricos y ejemplo a seguir -hasta en la moda del referéndum- para el futuro Honorable, diluyó ese sutil pragmatismo que tradicionalmente ha permitido a CiU ser nacionalista con el PNV sin confundirse con las políticas de Ibarretxe y Arzalluz; defender tesis nacionalistas puras y participar en la estabilidad del Gobierno central; compaginar la reivindicación de más autogobierno con una inequívoca aceptación de las reglas del juego constitucional. Quizá ayer Jordi Pujol, en sus últimos momentos al frente de la Generalitat, explicó a Carod-Rovira los frutos de esta ambivalencia de CiU, provechosa para Cataluña y para España.

Desarrollo del 155
Luis María ANSON La Razón 2 Diciembre 2003
de la Real Academia Española

Nadie con la cabeza sobre los hombros considera bueno que se aplique el artículo 155 de la Constitución. Mejor sería resolver el desafío del Gobierno vasco a través de medidas como las adoptadas el viernes por el Consejo de Ministros, aunque a mí me parecen de dudosa viabilidad. Pero si, finalmente, no quedase otro remedio que suspender durante un tiempo la autonomía de las provincias vascongadas, como se ha hecho en el Reino Unido con Irlanda del Norte, será conveniente que se desarrolle el artículo 155, primero como advertencia, después para hacerlo operativo.

«Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general». ¿En que consisten esas medidas necesarias? El PP, en consenso con el PSOE y los otros partidos democráticos, debería desarrollar el artículo 155 para hacerlo operativo a la hora de aplicarlo.

Claro está que ni las medidas legislativas ya adoptadas ni la puesta en marcha del artículo 155 resolverán el problema de fondo porque no se puede entregar impunemente durante treinta años la educación de una región a los enemigos del sistema. A lo largo de tres décadas, y aprovechándose de la memez o la pusilanimidad en esta cuestión de los Gobiernos de Madrid, el PNV y sus cómplices han desarrollado, para desespañolizar el País Vasco, una intensa operación de intoxicación del pueblo que va desde la cátedra al tebeo, pasando por la ikastola, la Universidad, la televisión, la radio, la Prensa, el cine y el teatro. Se necesitarán otros treinta años para hacer la operación contraria: reespañolizar aquella región zarandeada por la violencia y el miedo de unos y por la pasividad y la torpeza de otros.

Carod y Zapatero
Editorial La Razón 2 Diciembre 2003

La negociación de ERC con CiU y PSC para formalizar un pacto se ha convertido en una subasta en la que los independentistas aumentan cada día el precio. Tanto socialistas como convergentes se muestran desesperados por alcanzar un acuerdo, lo que los sitúa en una evidente posición de debilidad en la negociación, pero han conseguido, además, distorsionar el papel de ERC como bisagra hasta el extremo de convertirlo en el protagonista de la vida política catalana. Los errores que han cometido desde el primer día han logrado que crezcan por encima de la mejor de sus expectativas y se tengan que limitar a escuchar ofertas. Y así, cuando parece que pueden alcanzar un pacto, ponen sobre la mesa una nueva exigencia y socialistas y convergentes corren para complacerles.

La responsabilidad de lo que sucede no es de Carod-Rovira y su equipo, que nunca han escondido que su estrategia persigue lograr la independencia, sino de Maragall al convencer al secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, para que le otorgara total independencia para cerrar un acuerdo. ERC no hace más que aprovecharse de la debilidad de los socialistas catalanes y forzar la negociación hasta comprobar si existe coherencia entre lo que dicen aquí y lo que les tocará defender en Madrid. En este sentido, no parece razonable que apoyen iniciativas similares al Plan Ibarreche y luego lo critiquen en el resto de España. La incoherencia se ha vuelto algo consustancial al PSOE, lo que le conduce a una severa derrota electoral.

El requerimiento de celebrar un referéndum para conseguir la constitución del estado libre asociado de Cataluña y un concierto económico que sustituya al actual sistema de financiación autonómica pone contra las cuerdas a Zapatero. La política del todo vale conduce a una situación en la que el PSOE deberá aceptar iniciativas de un partido que es claramente independentista si quiere hacerse con el poder en Cataluña. La estrategia de elevar el listón ha permitido que ERC tenga la iniciativa y pueda descartar a quien más le convenga en función de sus intereses partidistas. A Zapatero le ha salido un socio muy incómodo si Maragall asume la presidencia de la Generalitat, pero deja manos libres a Rajoy para realizar un discurso basado en la moderación, el crecimiento económico, la cohesión social y territorial y la defensa de los valores constitucionales.

El aliado catalán
Editorial El Ideal Gallego 2 Diciembre 2003

Artur Mas ya no sabe qué hacer para que los responsables de Esquerra Republicana de Catalunya lo vean como el auténtico paladín del nacionalismo. Su última idea ha sido entrevistarse con el lehendakari en Vitoria y ofrecer a la Generalitat como mediadora entre los gobiernos vasco y central. No deja de ser curioso que, de entrada, Mas se arrogue la representatividad del ejecutivo catalán cuando todavía está por ver quién ocupará el sillón dejado vacío por Pujol. Además, mejor haría el candidato de CiU en recomendarle mesura a Ibarretxe. De hecho, actuaciones como las del político catalán sólo sirven para que los peneuvistas insistan en su obcecación. El lehendakari, animado por la presencia del nacionalista catalán, insistió en que convocará el referéndum aunque sea un delito. Más, por dos veces, aseguró que la consulta sólo se efectuará en ausencia de violencia. Sin embargo, eso lo afirmó el de CiU. Ibarretxe mantuvo un más que sospechoso silencio que, además, fue cobarde, puesto que no permitió a los informadores hacer preguntas. Ibarretxe no necesita mediadores, lo que precisa el lehendakari es recuperar el sentido común.

Negros nubarrones
POR JOSÉ PEDRO PÉREZ-LLORCA. Ponente de la Constitución y ex ministro con UCD ABC 2 Diciembre 2003

No estoy yo demasiado seguro de que estemos en un momento especialmente adecuado para celebrar los veinticinco años de la Constitución. Quizás hay razones para pensar lo contrario. Son ya bastantes los que, muy minoritarios en el conjunto, pero fuertes en sus lugares específicos, parecen proclamar desde varias partes de España el siguiente lema: veinticinco años de Constitución, pero ni un minuto más. Esto, en sí mismo, no sería un drama. España ha salido viva de diversas constituciones y regímenes, pero el sentido con el que ahora se rechaza la Constitución tiene un carácter doblemente dramático.

En primer lugar, porque de lo que se habla por algunos no es, precisamente, de reformas constitucionales realizadas a través de las vías preestablecidas, sino que se hace en términos de ruptura, saltándose a la torera el enorme esfuerzo pactista con que se elaboró la Norma Fundamental. En segundo lugar y, sobre todo, porque, además de romper la Constitución, algunos, rompiéndola a ella, quieren romper España. Éste es el problema ante el que inexorablemente estamos. No se trata de provocar a nadie, ni de convertirse en separador, sino de escuchar y leer lo que a diario nos dicen, con toda claridad, en radios, televisiones y periódicos. No es agradable tener que admitirlo, pero es así. Por ello, resulta más que aventurado celebrar. Basta con recordar.

La Constitución representó un pacto para la convivencia entre una amplísima mayoría de las fuerzas políticas emanadas del libre sufragio. No nació contra nadie, ni para que con ella sólo gobernaran algunos, sino con voluntad de ser de todos. Quiso suponer la superación de la guerra civil y de una larga serie de enfrentamientos traumáticos e inciviles discordias. Ha aportado estabilidad en la libertad. Ha permitido gobernar de manera alterna y sucesiva a fuerzas políticas muy diferentes, sin que todo se haya ido al traste. Ha sentado las bases de un sistema jurídico y un Estado de derecho que, con todas sus imperfecciones, lleva en el núcleo más duro de un genoma las garantías y los derechos de la persona. Ha sido una eficaz fuente de legitimación del poder. Quiso ser un factor de integración en todos los sentidos posibles y en algunos terrenos lo ha conseguido. Todo esto, con ser importante y arduo, quizá no era tan difícil. La sociedad española no sólo lo estaba reclamando, sino que también estaba preparada para ello.

Hacia una mayor integración
Pero, sobre todo, la Norma Fundamental tuvo como propósito que nuestro país, España, avanzara hacia una mayor integración en todos los sentidos: integración en los entornos europeos e internacionales, integración social, integración convivencial e integración frente a las tensiones centrífugas de los nacionalismos. Esta última cuestión fue, sin duda, la mayor dificultad de los constituyentes y parece que seguirá siendo uno de los ejes más importantes, si no el más importante, de nuestras controversias políticas. En este capítulo, el balance resulta bastante más complicado de realizar. Estamos hablando, por supuesto, de integración y no de uniformidad ni de cohesión impuestas.

En esta materia hay que decir que la preocupación sentida, por al menos algunos constituyentes, y percibida como el más difícil de los retos, nos hizo movernos entre los extremos de un dilema. Por una parte, era obviamente necesario abrir cauces dentro del sistema a las fuerzas y a los anhelos que, durante tantos años, habían sentido como prioritario la necesidad de hacer posible y garantizar el desarrollo de determinadas identidades. Por otra, esto había que hacerlo, sin provocar ni alentar un proceso que pusiera en marcha un mecanismo de desintegración. Estaba entonces bien claro, y hoy lo está aún más, que es difícil integrar en libertad un país plural con distintas raíces, pero que es relativamente fácil generar dinámicas desintegradoras.

En este sentido, me parece que la situación puede ser analizada desde dos puntos de vista. Por una parte, en virtud, no sólo de la existencia del régimen fundado por la Constitución , sino de muchísimos otros factores, España se nos aparece como estando quizás más integrada que nunca en su historia. Es económicamente más que nunca un mercado nacional, abierto naturalmente a otros espacios geográficos, pero integrado como jamás hasta ahora. Los grandes medios de comunicación nacionales tienen la mayor difusión de su historia. Las opiniones públicas en muchísimas cuestiones se apasionan, dividen o integran por las mismas causas. La lengua común constituye, más que nunca, un vehículo de comunicación e integración excepcionalmente importante, sin que pueda ser sustituida, como tal, por ninguna otra, pues lo del inglés no está aún en un horizonte humano de previsibilidad. Las comunicaciones físicas son evidentemente las mejores que hemos tenido y van a seguir mejorando. Gozamos por igual de un régimen democrático y de libertades bien asentadas. Las identidades específicas están reconocidas y respetadas en un grado altísimo. En general, parece adivinarse bajo la superficie un cierto efecto de «melting pot».

Tensiones nacionalistas
Por otra parte, sin embargo, el panorama parece completamente opuesto. En primer lugar, las fuerzas políticas nacionalistas mantienen permanentemente altísima la tensión y fulminan, como centralista, cualquier medida simplemente integradora. Los símbolos comunes, que fueron pactados sin reserva ni dificultad alguna, son crecientemente ignorados. Tras la necesaria restauración de la dignidad y normalización en el uso de las distintas lenguas españolas, la lengua común es vista con un recelo y animadversión que no parecen, ni del todo sensatos, ni demasiado útiles, por mucho que existan viejos agravios que los expliquen. Algunas autonomías se han construido en la ignorancia voluntaria de la existencia de un Estado común, lo cual es ilógico y disfuncional, amén de otras cosas. Los sistemas educativos fomentan, en ocasiones, una formación, en la que se hace como si España no existiera, ni hubiera existido nunca, lo cual bien puede parecer absurdo en sí, amén también otras cosas. Pero sobre todo, los proyectos políticos nacionalistas atraviesan por una evidente etapa de radicalización extrema. Esto es algo que no se puede ignorar ni trivializar. Tampoco cabe enfrentarse a esta cuestión con la sóla respuesta de que la culpa la puede tener un determinado gobierno. Las dos veces que ha habido mayoría absoluta, los nacionalismos se han resentido y radicalizado. Pero ahora, por encima de los posibles errores del Gobierno que, es posible que los haya, los gobiernos están entre otras cosas para equivocarse, porque tienen que decidir a diario, el reto es frontal. Parece como si las dos perspectivas antes aludidas se pudieran ver, al mismo tiempo, como la interacción de dos fuerzas. De una parte las tendencias a largo económicas, sociológicas y de modernización tecnológica, que son integradoras, y de otra, la fuerza política y electoral de los nacionalismos que sigue siendo centrífuga en algunos lugares. No está definitivamente claro en qué dirección se perfila la resultante profunda del paralelogramo de fuerzas. El Estado tiene muchas bazas por jugar. Las fuerzas nacionalistas, sin embargo, están extremando sus posiciones y afirman claramente que el consenso constitucional y los Estados de Autonomía consiguientes, que también fueron consensuados, no son suficientes. No sabemos del todo si esto obedece a meras razones electorales, o a que intuyen que las fuerzas integradoras van a ganar la batalla a la larga y quieren usar la ventana de oportunidad que puede abrir la próxima legislatura. Quizás se trate de que realmente estiman que la solución autonómica, en sí misma considerada, en un caso, o en el grado que se pactó en otro, no es suficiente para mantener las identidades que les preocupan, en el nivel que desean. Éste era, pues, el gran reto y permanece siendo el gran problema irresuelto, que adquiere hoy un calado, una dimensión y un dramatismo extraordinarios.

Riesgo calculado
Los constituyentes que no éramos nacionalistas o, al menos muchos de ellos, al regular estas materias hicimos una apuesta, consistente en aceptar un riesgo calculado. Pensábamos que, a la larga, las fuerzas integradoras de todo orden, que ya existían en el país, y las que generaría y multiplicaría el asentamiento de un sistema democrático, iban a permitir la existencia de una España plural, en la que las tensiones nacionalistas fueran normalizándose e integrándose. Esto sería, naturalmente, a partir del reconocimiento de las identidades específicas en un marco autonómico amplísimo, casi sin parangón en otros textos similares. Probablemente en el esquema de la reforma pactada no cabía otra solución. La «manière forte» en esta cuestión habría hecho fracasar el proyecto. La apuesta fue pues necesaria a la par que medida. Las cautelas que se tomaron están en el texto constitucional, con un número, claridad y vigor que tampoco tienen paralelo en normas similares, precisamente por la conciencia de la apuesta. Las propuestas que hoy se propugnan son idénticas a las que ya se rechazaron, tanto al elaborar la Constitución, como al consensuar los primeros Estatutos. No son nuevas, ni las posiciones abiertamente independistas, ni las de un tipo de autonomismo que llevaría de hecho, inevitable y rápidamente, a dicho independentismo formal. Se proponen además sin el menor atisbo de búsqueda del diálogo, el consenso o la concordia, sino desde la imposición pura y dura de una mayoría local real o supuesta. Parten de y llevan a la autodeterminación por mayoría. Es evidente que un sólo proceso de autodeterminación aceptado, si a ello se llegara, pondría en crisis la Transición, la Constitución, el sistema y a España. La reforma constitucional necesaria para que dicha eventual aceptación del proceso no conculcara todas las reglas de juego del pacto constitucional, habría de ser radical. Realmente esto significaría la liquidación por derribo de la Constitución de 1978.

La desmembración o incluso la desaparición de una vieja Nación-Estado europea sería algo desde luego doloroso y traumático. Sólo desde unos nacionalismos muy extremos, unilaterales y simplistas, se puede contemplar esta hipótesis sin un ligero temblor al menos. La fractura o disolución de un Estado es, además, un proceso preñado de problemas, que en la experiencia histórica, han sido insolubles y han creado traumas mayores que los preexistentes.

El pacto constitucional no está mal hecho. Tuvo en mente determinadas realidades, abrió cauces ordenados a las sensibilidades de ellas resultantes y dejó configurado un Estado con fuertes recursos de todo tipo. Si ahora el «ibarretxismo» se extiende, no es por defectos de la Constitución, es a pesar de ella y contra ella. Al contrario, la Constitución cuya reforma no es que deba ser consensuada sino que, sin ruptura, sólo es posible a través del consenso, es hoy la mejor garantía de España. Pero no nos engañemos, no nos basta con ella, hacen falta muchas otras cosas. Se ciernen sobre España negros nubarrones. Vamos a tener unos años difíciles y complicados. El marco referencial ya es de hecho más inestable y lo va a ser más. A la economía no le suelen sentar bien, ni la indefinición del marco, ni la incertidumbre de horizontes. Además, lo que está en juego va mucho más allá de la economía. Salvo dos artificios creados en Versalles y que ya pasaron, no hay muchas Naciones-Estado en el mundo y ninguna en Europa, que se enfrente a un problema de ser o no ser, como nosotros. Y sin embargo nuestra historia política comparada con otras no es tan diferente. Tampoco somos tan radicalmente diferentes entre nosotros mismos. Al revés, vistos de fuera, somos mucho más parecidos que diferentes.

Creíamos que estábamos a salvo de las convulsiones que periódicamente nos han azotado y a las que hasta ahora España había sobrevivido, y quizá no lo estemos. Una desmembración, o dos, es peor que diez revoluciones. O sea, que los constitucionales tenemos ante nosotros una considerable, ingente, tarea. El resultado dependerá en buena medida de cómo la izquierda democrática y constitucional española se conciba a sí misma en este empeño. Queda mucha lidia. Esto no ha hecho sino empezar.

Ibarretxe y el nuevo código penal
Gorka Etxebarría Libertad Digital  2 Diciembre 2003

La reforma del Código Penal que plantea el Gobierno permitirá encarcelar a Ibarretxe en caso de que convoque un referéndum para aprobar su Plan confederal. La pena establecida para este delito parece un tanto desproporcionada. Cinco años por plantear un referéndum cuando la conspiración para obtener la independencia de Euskadi se saldaría con una pena máxima de 7 años.

Al margen de la evidente desproporción, se convierte a Ibarretxe en un mártir porque si tramita su plan se le puede encarcelar. Si se le encarcelara, la gente se echaría a la calle a tachar al presidente del Gobierno de ser un dictador. Y ya se empieza a escuchar esto mismo en Euskadi. Al final, si la Constitución no permite que un referéndum sea convocado por un presidente autonómico pero finalmente se convoca, el único efecto es que la consulta popular carecerá de efectos legales. Con eso debería bastar para calificar de absurdo el referéndum y de ineficaz el artículo que tipifica la convocatoria de referéndum como delito.

Ibarretxe está encantado de aparecer ante los vascos como una victima del centralismo español. De hecho ya ha sacado pecho y ha afirmado que, pese a cualquier pena que le impongan, él no aparcará su plan. Su público piensa que el nacionalismo vasco no puede siquiera discutir sus ideas en democracia. Así que criminalizar al lehendakari es un tanto ingenuo, especialmente cuando todavía no se ha perseguido a Atutxa por su insubordinación.

Realmente la cuestión no es esa sino la situación demencial a que conduce el dichoso plan: caos económico, frenazo a inversiones extranjeras, no-pertenencia a la Unión Europea, fuga de cerebros, envalentonamiento de ETA, etcétera. El PP puede utilizar las ideas para demostrar que el nacionalismo reduce las libertades, no gobierna para todos, es excluyente y, para colmo, arruina los territorios donde gobierna. Claro está que para actuar así hay que dedicar tiempo y dinero a realizar un seguimiento de las actuaciones del gobierno vasco y una disección de los argumentos nacionalistas que permita presentarse ante los ciudadanos como una oposición valiente y racional.

Escudarse en leyes a medida y en discusiones inanes del tipo yo soy constitucionalista y tú no, no explican nada. La gente quiere que le digan por qué el plan de Ibarretxe es, aparte de un insufrible panfleto, un despropósito colectivista y saber por qué nos lleva a una espiral de referendos y de sies y noes a España según la época del año. Confiemos en que esta propuesta de reforma penal quede olvidada en los arrabales de la historia y que el Partido Popular retome la tarea de defender las libertades con coherencia y sentido común.

Lo que hay de malo
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 2 Diciembre 2003

Lo que es la vida, lehendakari, los vascos (y las vascas) tienen derecho ¿y derecha? a ser consultados (y consultadas) sobre lo que usted ha bautizado como un plan de convivencia amable con España, con ese lenguaje anestésico que constituye la base de su estilo. La socióloga Isabel Bergareche ha realizado una encuesta cuyos resultados no pueden ser más esclarecedores: ha conseguido usted dividir a la sociedad vasca en dos mitades.

¿Qué de malo hay en ello?, acostumbra a preguntar después de entonar lo que Florencio Domínguez llamaba el mantra del debate. Hay de malo que ha despertado todos los demonios familiares y que pretende destruir los cauces legales y el marco jurídico construidos con tanto esfuerzo. Lo que hay de malo es que llame usted plan de convivencia amable con España a un proyecto que, de momento, ha encabritado a unos vascos contra otros. Cada ciudadano vasco ha visto en estos años como se tronchaba la flor de la convivencia día a día, en su familia, en su escalera, en su cuadrilla.

Lo que hay de malo es que han acabado ustedes por redefinirse como sabinianos. En una cena de este fin de semana he oído a un amigo, antiguo militante de Euskadiko Ezkerra y hoy afiliado jeltzale, que alardeaba de haber escotado para pagar la estatua de Sabino con el ostentoso óbolo del fariseo, diez veces la cantidad que le pedía el partido y de repente comprendí que había perdido la vergüenza ética y estética.

Sabino era un hombre de su tiempo, dicen a coro los nuevos sabinianos, con mucha solemnidad para frase tan inane. También Jack el Destripador. ¿Es Aznar un hombre de su tiempo para ustedes? El racismo, la xenofobia y la misoginia en Sabino no son anecdóticos, ni se explican por un calentón de boca. Recorren toda su obra escrita y están en artículos, ensayos, obras de teatro. En realidad, Sabino era un misántropo. Odiaba a la humanidad entera, incluidos los vascos: «El nacionalismo vasco no necesita, en rigor, para existir, de los vascos; existirá siempre en el terreno de la Justicia, aunque no haya un solo nacionalista; porque es verdad, esto es realidad».

En vez de levantarle la estatua, ¿por qué no han reeditado sus obras completas?, ¿por qué no representan cada año en el Euskalduna 'De fuera vendrá ' o 'Libe' para que veamos lo que tenía en la cabeza este personaje a quien ustedes comparan nada menos que con José Martí? Lo que hay de malo en ello, -para usted- es que su plan no ha ganado un solo adepto en los catorce meses largos que lleva en su repertorio. Una parte importante de los votantes nacionalistas querría volver a llevarse bien con sus vecinos, con sus amigos, con su propia familia y eso, lehendakari, con su plan es imposible. Retírelo antes de que sea tarde.

Viaje de Mas
Los desatinos de don Arturo
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  2 Diciembre 2003

Don Arturo ha ido a hacerse unas fotos con Ibarreche para afianzar algo, no se sabe si su imagen de gran estadista internacional o la fama de político creativo de que goza desde lo de la bandera de Andorra. Pues hala, que se abracen a la sombra de la estatua de Sabino Arana y que le dedique su amigo uno de esos libros que ha editado para reivindicar la memoria de diez etarras. En las Vascongadas, don Arturo lo traga todo. Si le llegan a calzar una camiseta con el hacha y la serpiente, no sé si habría mudado su expresión. Dice que ha ido a pedir que se recupere el diálogo perdido, pero no se lo pide a su anfitrión sino a esa cosa etérea y venenosa llamada Madrid.

Exige el hombre que se retire la propuesta de reforma de Código Penal, que considera “una aberración”. Pero nada de aberrante ve él en apoyar con su presencia el delictuoso plan de los socios de ETA. Al PP lo da por imposible, y hace bien; a estos no hay manera de metérsela doblada. Pero con el PSOE alberga mayores esperanzas, y acierta de nuevo al juzgar los valores de la gran familia socialista, tan laxa, tan dispar. Así que les pide a los de Zapatero que dejen de hacer “seguidismo” del PP. Debería añadir alguna receta; ¿cómo se hace eso, Don Arturo? Quizás actuando como es norma en Cataluña, donde los medios afines a la causa apenas se han enterado del asesinato de siete militares españoles. Ya les habría gustado a nuestros valientes mártires que TV3 les hubiese otorgado la décima parte de los minutos y del sentimiento que le concedieron a Copito de Nieve (quizá porque la ideología de Copito se parecía bastante a la suya).

Otra forma de no hacer seguidismo del PP debe de ser perder la dignidad ante el altivo Carod y proclamar a los cuatro vientos un casi lúbrico ¡sí a todo! Lo único seguro es que, para Mas, dejar de hacer seguidismo consiste en apoyar el plan Ibarreche, es decir, en tirar por la borda nuestras leyes, empezando por la Constitución y pasarse la nación española y sus valores democráticos por el arco del triunfo, que es tanto como darle la razón y la victoria a los asesinos.

Ya lanzado, se llena la boca el frustrado presidenciable con una interpretación libre de “lo que Cataluña quiere” basada en los resultados del 16 N. Pero por muy retorcido que se sea, unas elecciones autonómicas no son más que eso, y sólo permiten interpretar cómo quiere Cataluña que esté compuesto su Parlamento autonómico. Punto. Mejor sabremos lo que Cataluña quiere en las generales de marzo. Mientras tanto, guarde usted un poco las formas, don Arturo, que se está poniendo en ridículo con su entreguismo, seguidismo y peloteo a Carod, quien por otra parte tiene ya decidido que la era de CiU ha terminado, ¿o es que no se da cuenta? Habrá ganado las elecciones, pero usted no gobernará. Preserve al menos la dignidad y deje ya de mendigar y de intentar caer simpático a quien se dispone a finiquitarlo políticamente.

denuncia de basta ya
Un libro escolar subvencionado por el Gobierno vasco considera personajes históricos a diez etarras
El Ejecutivo de Vitoria anuncia que retirará las ayudas a la editorial, dirigida por una ex miembro de Batasuna, si se confirma la información
La plataforma Basta Ya ha denunciado hoy la existencia de un libro escolar que considera personajes históricos a diez etarras y que está subvencionado por el Gobierno vasco, aunque el Ejecutivo autonómico indicó que si confirma esta información retirará las ayudas que otorga a la editorial.
EFE / SAN SEBASTIÁN El Correo 2 Diciembre 2003

Basta Ya precisó en un comunicado que dicha publicación, titulada "Euskal Herriko pertsonaiak" (Personajes de Euskal Herria) y editada por Gaiak, repasa la trayectoria de cien personajes fallecidos que tienen "alguna vinculación con la lengua vasca". La obra, "concebida como un libro de apoyo para la enseñanza secundaria", recoge diversas épocas históricas, preferentemente la Edad Media y los siglos XIX y XX, agregó el colectivo pacifista.

A pesar de esto, las mismas fuentes aseguraron que en este estudio "sectario" no figuran "los nombres de los aventureros vascos protagonistas de los principales descubrimientos". Rechazó además que, en lo que concierne a épocas más cercanas, el volumen "enaltece la figura del siniestro cura Santa Cruz", mientras que "oculta todos los casos que pueden perjudicar a la historia oficial que está fabricando el nacionalismo vasco".

"La desfachatez es tal que incluso se llega" a decir que "cuando acabó la I Guerra Carlista, Hego Euskal Herria parecía un campo de concentración nazi", añadió la plataforma ciudadana, que aseguró que el libro "intenta disimular las opciones liberales" o el apoyo a "los gobiernos españoles de los pocos personajes no reaccionarios o nacionalistas que se han colado entre sus páginas".

También "evita deliberadamente cualquier crítica a ETA, incluso la más leve" con lo que a los miembros de la organización terrorista, que conforman el "grupo más numeroso de los 'personajes', se les presenta siempre bajo la calificación de luchadores, con un aura de personas respetables, cuando no mártires", agregó Basta Ya. Además de etarras como José Miguel Beñarán, "Argala", Txomin Iturbe y Mikel Kastillo, en el libro aparecen numerosas reseñas dedicadas a miembros destacados de Batasuna, del PNV o a carlistas del siglo XIX.

Ni Unamundo ni Baroja
Agregó que aunque aparecen varios bertsolaris, entre las cien reseñas no figuran ni el ensayista Miguel de Unamuno, ni el poeta Gabriel Aresti, ni el escritor Pío Baroja, ni el antropólogo Julio Caro, ni el lingüista Koldo Mitxelena, todos ellos conocedores de la lengua vasca. Basta Ya precisó asimismo que esta obra es del historiador navarro Erlantz Urtasun Antzano y la colección en la que se enmarca está dirigida por Alicia Stürtze, conocida dirigente de la ilegalizada Batasuna.

"Según aparece en su interior fue aprobado por el departamento de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno vasco el 8 de julio de 2002 y posteriormente fue adjudicada una subvención de 3.645 euros", concluyó. Fuentes del departamento vasco de Educación, por su parte, aseguraron que ya se han comenzado los "trámites pertinentes para determinar posibles responsabilidades".

Precisaron que es la editorial del volumen la que recibe las subvenciones y no el libro en particular, y reiteraron su intención de retirar estas ayudas si se confirma esta información. Aseguraron, por último, que este departamento "rechaza todos los contenidos que no se ajusten a los principios y valores democráticos y al respeto escrupuloso de los derechos fundamentales de las personas".

«El plan Ibarretxe puede fracturar familia y amigos», advierte Pagazaurtundua
La edil socialista apela a la comunicación «entre nacionalistas y no nacionalistas»
F. GÓNGORA/VITORIA  El Correo 2 Diciembre 2003

«El plan Ibarretxe nos ha fracturado. Ahora esa división es política, pero puede llegar a ser entre hermanos, familiares y amigos». Éste fue el dramático análisis que expuso ayer la concejala socialista de Urnieta Maite Pagazaurtundua, en la apertura en Vitoria de la Escuela de Formación Tomás y Valiente. La propuesta de nuevo Estatuto lanzada por el Gobierno vasco centró las intervenciones del coloquio organizado por el PSE-EE en el salón de actos de un centro comercial de la capital vasca. Intervinieron también el ex diputado general de Álava Emilio Guevara y el diputado Ramón Jáuregui.

La hermana del jefe de la Policía local de Andoain asesinado en febrero pasado por ETA se fundamentó en las conclusiones de la última encuesta publicada el domingo por este periódico para constatar que la división se produce en primer lugar «políticamente», pero luego «se infiltra en los diferentes estamentos sociales». «Los que estamos en política -añadió- ya lo hemos conocido, hemos perdido a muchos amigos, a antiguos compañeros nacionalistas en este camino, desde que el PNV pactó con ETA en secreto e inició la vía de Lizarra».

A pesar de dibujar el peor marco de convivencia posible entre vascos si el plan Ibarretxe sigue adelante, Maite Pagazaurtundua apeló a «la comunicación entre nacionalistas y no nacionalistas» para conseguir estabilidad y progreso y reivindicó la recuperación de dos espíritus: el de Ajuria Enea, basado en la ética por encima de las ideologías, y el del humanista Julio Caro Baroja en su obra 'El laberinto vasco', que habla de la identidad como un elemento «de amor a nuestras costumbres pero también al que es distinto a nosotros. Pensar que en dos días parte de los ciudadanos puende ser extranjeros es una aberración histórica», agregó.

«Irresponsabilidad»
Por su parte, el ex diputado general de Álava Emilio Guevara se mostró contrario a la reforma del Código Penal para contratacar el plan Ibarretxe, pero consideró que si hace 20 años se hubiera legislado para inhabilitar a los que convocan referendos ilegales, «a todos nos hubiera parecido bien. Pero entonces nadie previó que habría alguien con tal grado de irresponsabilidad democrática como para empezar lo que se ha iniciado», concluyó el ahora juntero del PSE.

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