AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 3 Diciembre  2003
Condolencias sin compromiso
Víctor Gago Libertad Digital  3 Diciembre 2003

Irak: El Gobierno ante una oposición de pancarta
EDITORIAL Libertad Digital 3 Diciembre 2003

Llamazares, Zapatero y los árabes
Germán Yanke Libertad Digital  3 Diciembre 2003

Cien años no es nada
TONIA ETXARRI El Correo 3 Diciembre 2003

La guerra como es
Lucrecio Libertad Digital  3 Diciembre 2003

La infección totalitaria
José Luis García Martín La Razón 3 Diciembre 2003

España sin historia
Joaquín Marco La Razón 3 Diciembre 2003

Mayor tenía razón
Román Cendoya La Razón 3 Diciembre 2003

Mayor tenía razón
Román Cendoya La Razón 3 Diciembre 2003

ERC y el pacto con el PSC
Francisco Marhuenda La Razón 3 Diciembre 2003

Constitución y ciudadanía
RAFAEL AGUIRRE El Correo  3 Diciembre 2003

¿Y lo de Cataluña
Libertad Digital  3 Diciembre 2003

Izquierda y nacionalismo
Cartas al Director ABC 3 Diciembre 2003

Así está el patio
ALFONSO USSÍA ABC 3 Diciembre 2003

Bono dice que en España no cabe más nacionalismo que el que cupo en la Constitución
Toledo. Agencias ABC 3 Diciembre 2003

El PP pide explicaciones a Ibarretxe sobre el libro para profesores que enaltece a etarras
Libertad Digital  3 Diciembre 2003

 
Carta de Canarias
Condolencias sin compromiso
Víctor Gago Libertad Digital  3 Diciembre 2003

El asesinato de siete militares del CNI a las afueras de Bagdad no concederá al Gobierno una sola compañía interior en su determinación legítima de defender nuestro modo de vida combatiendo el terror junto a otras naciones occidentales. Tampoco en este Archipiélago atlántico español, situado a menos de 200 kilómetros de la cabeza de puente del Islam, José María Aznar encontrará ahora palabras o gestos sinceros de aliento por la intervención de España en Irak. Aunque la soledad del presidente sigue siendo tan sideral en este asunto, que cualquier condolencia más o menos cínica le parecerá indicio suficiente de que estas muertes han abierto los ojos a quienes, hasta ahora, se han negado a ver.

El presidente de Canarias, el nacionalista Adán Pablo Martín Menis, comentó a la agencia Efe, cuatro horas después del atentado, que "es un momento muy doloroso para todo el país", expresó su condolencia a las familias y dedicó su afecto y comprensión a las Fuerzas Armadas y el Centro Nacional de Inteligencia; nada que no hubiesen dicho ya a esa hora Llamazares y Zapatero, pero ni una palabra de apoyo al Gobierno, que responde de los militares españoles en la zona, ni a la política nacional de Defensa, que necesita una verdadera unidad de las fuerzas políticas y civiles detrás del Gobierno, antes que declaraciones de patriotismo huero y acomodaticio como las del presidente canario.

Si de verdad la izquierda y los nacionalismos compartiesen el destino de los soldados españoles en Irak y sintiesen el dolor que dicen por las víctimas del terrorismo, se habrían apresurado a ofrecer su apoyo al Gobierno y le habrían brindado el compromiso de aparcar el electoralismo mezquino en cuestiones supremas como la política de Defensa y de Seguridad. Claro que, para ello, tendrían que darse algunas condiciones previas, como que a la izquierda de la pancarta y la consigna facilona le quedase una brizna de moderación y de respeto por la verdad, o que los regionalismos formasen una corriente ilustrada que juega limpio al servicio de una España todo lo rica y matizada que se quiera, pero fuerte y unida, en vez de vulgares clanes de extorsión y rapiña garrula contra el Estado, y focos de totalitarismo a pequeña escala.

Adán Martín o CC no pueden ser la respuesta a la llamada a la unidad lanzada por Aznar después del atentado, porque el presidente canario encabezaba las manifestaciones de febrero en contra del Gobierno, y porque otros dirigentes de su partido, CC (Coalición Canaria), se encapotaban con banderas de Irak y portaban pancartas en las que se calificaba a Aznar de asesino. El PP no esperará un sólo gesto de lealtad de un nacionalismo cuyo máximo dirigente, Paulino Rivero, dijo la pasada semana que su tratado con el PP tiene fecha de caducidad en las próximas generales, cuyos resultados indicarán a CC a quién cotizar sus tres o cuatro escaños en condiciones de auténtica usura.

A este nacionalismo le incomodan los debates ideológicos y los compromisos sobre política de Estado. La imposible heterogeneidad de sus once partidos (independientes, caciques agrarios, comunistas, independentistas, asamblearios, cristianos de base...) se realiza por el acuerdo interno de prescindir de la contienda ideológica (en la que ninguno de ellos sobreviviría) y dedicarse a perfeccionar los mecanismos de control del poder local y chantaje al poder central. La naturaleza de CC no es historicista o cultural, como reconoció Paulino Rivero en una reciente conferencia. Su único sentido en la política nacional es la ambición de un buen cheque del Estado para mantener satisfecha a su clientela y conservar los resortes del poder.

Por desgracia para los isleños, la Educación y la Prensa están perdidos para todo programa de organización social no nacionalista. Horas antes del atentado contra agentes del CNI, la SER difundía extractos de un coloquio entre el escritor José Saramago y el profesor de Filosofía Emilio Lledó, celebrado en un foro universitario de Tenerife y moderado por el periodista Fernando G. Delgado. Una de las intervenciones que más aplausos arrancó a los estudiantes fue el retrato de Bush por Saramago: "Ese imbécil, ese retrasado mental, ese criminal de guerra". A continuación, describió a Aznar como "una marioneta patética en manos del jefe del imperio, y un criminal de guerra como su amo". La conductora del programa radiofónico concluyó el resumen definiendo a Saramago como un "coloso de sabiduría".

Contra los que piensan que el asesinato de los siete militares ha templado el debate y despertado una elemental razón patriótica en las mentalidades, estoy convencido de que las opciones para el juego limpio de la razón y de la verdad siguen siendo igual de difíciles, también en Canarias. La desinformación, la demagogia y el amedrentamiento desplegados desde la preguerra por la izquierda y el nacionalismo, con el servicio propagandístico de la Prensa (toda, sin excepción, en el caso de los medios locales isleños) han causado tal estrago en la Opinión, que no queda una sola voz oficial, académica, farandulera o periodística dispuesta a reconocer la necesidad de revisar las consignas de las últimas agitaciones callejeras y decir abiertamente lo que hasta la ONU ha acabado comprendiendo: que no hay alternativa a esta guerra de supervivencia contra el terrorismo.

Irak: El Gobierno ante una oposición de pancarta
EDITORIAL Libertad Digital 3 Diciembre 2003

Vista la espléndida intervención de José María Aznar en el Congreso para informar acerca del asesinato de los siete agentes del servicio español de inteligencia en Irak, la única “rectificación” que cabría exigir a nuestro presidente de Gobierno es que no deje pasar tanto tiempo para comparecer ante el Parlamento para explicar y defender la presencia de nuestros soldados en Irak. Aznar, tras más de ocho meses sin rendir cuentas sobre Irak en la Cámara Baja, no sólo ha brindado un merecidísimo homenaje a nuestros militares asesinados, sino que ha desarrollado en el Parlamento una brillante labor pedagógica que justifica la intervención española en las labores de democratización de Irak y de combate al terrorismo.

Aznar ha reaccionado ante el brutal zarpazo terrorista sufrido por nuestros compatriotas como lo debe hacer un presidente de Gobierno consciente de su responsabilidad: Reforzando su compromiso en no ceder al designio de esos fanáticos y comprometerse aun más en la tarea de colaborar en estabilizar, pacificar y fortalecer la transición democrática en Irak. El presidente del Gobierno no sólo ha recordado que ese ya no es sólo el compromiso de España y del resto de los países aliados sino también el de la propia ONU.

El presidente también ha señalado oportunamente algo que la oposición y la mayor parte de los medios de comunicación silencian sistemáticamente como son los avances en la reconstrucción que, pese a los zarpazos del terrorismo baazista, están llevando a cabo las tropas aliadas. El abastecimiento del agua, electricidad, puentes, carreteras, vías de ferrocarril se están rehabilitando al tiempo que se han abierto más de 1500 escuelas, las 22 universidades del país y las más de 40 escuelas técnicas.

No por ello, Aznar ha minimizado “lo mucho que queda por hacer” y los riesgos que nuestros soldados aun deben asumir, pero ha recordado que “sabiamos que era difícil y nunca se le presentó de otra forma a esta Cámara ni al pueblo español”. Frente a las expresiones cómplices que los describen como “fuerzas de liberación” o “resistentes”, Aznar ha insistido en el carácter “terrorista” de los que han acabado con la vida de nuestros compatriotas, al tiempo que ha señalado que, entre las víctimas de estas “bandas de asesinos”, se encuentran más iraquíes que extranjeros.

Frente al presidente del Gobierno, la mayor parte de la oposición —empezando por Zapatero— ha salido con el mismo discurso de pancarta de antes de la guerra como si el genocida de Sadam Hussein aún estuviera en el poder. El secretario general del PSOE ha vuelto a cuestionar las justificaciones de la guerra y a reprochar al presidente el seguidismo de nuestro Gobierno al “unilateralismo” de EE UU. Aunque Zapatero pueda aprovecharse de la labor de desinformación de nuestros medios de comunicación respecto a las conexiones del régimen de Sadam con Al Qaida, su financiación del terrorismo palestino, sus planes para dotarse de armamento de destrucción masiva o las fosas comunes donde estaban enterrados los centenares de miles iraquíes que Sadam había exterminado, el dirigente socialista debería explicar su oposición a unas labores que, tras el derrocamiento del dictador, tienen por objetivo algo de tanto valor estratégico para la población iraquí y la defensa occidental como es implantar un injerto democrático en Oriente Próximo. ¿Acaso da Zapatero más representatividad a los terroristas —que él dignifica llamándoles “resistentes”— que al Consejo de Gobierno iraquí que agrupa a todas las fuerzas opositoras a Sadam y respalda la presencia militar aliada?

Zapatero ha pretendido dar a su demagógica intervención un aire de responsabilidad mostrando al Gobierno una disposición retórica al “diálogo” y a la “unidad” en torno a la política exterior, pero lo cierto es que ha sido él y su partido el que la ha roto para desgastar al PP en este asunto. Por otra parte, ¿qué “consenso” en torno a una solución se puede esperar de quien se empeña en demostrar que no conoce el grave problema que constituía Sadam Hussein y está anclado en la misma irresponsable actitud que ya mostraba antes de que los aliados lo derrocaran? ¿Cómo tomarnos en serio al dirigente socialista si lo único novedoso que ha dicho ha sido el disparate de proponer que sean las dictaduras islamistas las que tutelen la democratización de Irak cuando lo que se pretende es que este país sea una alternativa precisamente a esos regímenes fabricantes de miseria y de fanatismo religioso?

Zapatero todavía a estas alturas balbucea un “mandato de la ONU”, como si no fuera las propias Naciones Unidas las que, a través de sus resoluciones 1583 y 1511, respaldaran —con retraso pero ya con total claridad— las labores de pacificación y democratización lideradas por las autoridades norteamericanas.

Zapatero ha vuelto a perder otra oportunidad para mostrarse como una alternativa seria y responsable de Gobierno, y de nuevo se ha comportado como una simple —aunque, esos sí, muy solemne— comparsa de Llamazares.

Respecto al dirigente de IU, albergábamos la esperanza de que sólo se contentara con agraviar a las víctimas de ETA, pero no ha dudado en hacerlo también con las que han caído en Irak a manos de los salvajes nostálgicos de Sadam. Pueden imaginarse los lectores lo que habrán sentido los familiares que lloran a sus muertos al oir a Llamazares denigrar a nuestros compatriotas en Irak como “fuerzas de ocupación” “hostiles” para el pueblo iraquí, mientras, al tiempo, se resiste a calificar de “terroristas” a sus asesinos.

Otro que se ha mostrado como digno miembro del Pacto de Estella, ha sido el portavoz del PNV, Iñaqui Anasagasti. Algún medio de comunicación nacional —además de haber servido de “plataforma” al discurso de estos fanáticos criminales— puede estar orgulloso de que su comparación con “los españoles que combatieron a las tropas de Napoleón” haya encontrado eco en este desquiciado heredero de don Sabino Arana...

El contraste del compromiso de nuestros militares y nuestro Gobierno no ha podido ser mayor respecto a la lamentable actitud de la oposición. Esta no pasa del “jo que tropa” que diría Romanones...

Llamazares, Zapatero y los árabes
Germán Yanke Libertad Digital  3 Diciembre 2003

“O los terroristas, como ustedes les llaman”. Al parecer, el líder de Izquierda Unida no llama así a los asesinos de los siete agentes españoles, ni a los que atentaron contra la sede de la ONU en Bagdad, o contra la Cruz Roja, o contra miembros de cualquiera de los ejércitos occidentales presentes en Irak. Para Gaspar Llamazares, los amigos de Sadam Husein, los que utilizan el dinero robado por el ex dictador para asesinar, los que se niegan violentamente a la democratización de Irak son “la resistencia”.

Llamazares es un ferviente partidario de Fidel Castro, apoya a Madrazo en el respaldo al Plan Ibarretxe (que implica, entre barbaridades no menores, el entendimiento con ETA), manipula desde la página de IU –como cuenta Libertad Digital– viejas imágenes de terrorismo palestino en Israel para tratar de presentar al ejército de ese país como torturador. El retrato totalitario de este líder comunista no hay modo de hacerlo presentable.

Anoto de nuevo estas obviedades porque, en circunstancias como esta, ni en el asunto de Irak, ni en Cataluña, ni en ningún otro lugar de España, el PSOE puede ir de la mano de este grupo de serviles de cualquier sátrapa y dictador con maquillaje de izquierdas. Si el partido de Rodríguez Zapatero quiere desembarazarse de lo impresentable, debe comenzar por esta desgracia nacional de Izquierda Unida.

En el pleno sobre Irak en el Congreso, afortunadamente, el tono de Rodríguez Zapatero fue distinto y, en buena parte, el contenido también. Pero al secretario general del PSOE le falta aún elaborar una doctrina coherente sobre la presencia española en aquel país y podría buscarla en provincias más cercanas a la socialdemocraia europea que a la antigualla totalitaria de Izquierda Unida. Convendría, por tanto, que dejara a un lado la cantinela de dejar la postguerra en manos de fuerzas de países árabes. Si quiere seguir apelando a la ONU, hágalo sin recato, trate de convencer a Anan de que abandone la cobardía en la que se instaló tras el atentado contra su sede. Pero busque, para cambiar Irak, a quienes puedan conducir el país a la libertad; no a quienes quieren sólo poner “orden”.

Cien años no es nada
TONIA ETXARRI El Correo 3 Diciembre 2003

Atutxa, Knörr y Bilbao comparecen hoy ante la Justicia vasca para explicar por qué se han negado reiteradamente a disolver el grupo de la ilegalizada Batasuna en el Parlamento. Los imputados se acogerán a la «ausencia de herramientas reglamentarias» para justificar el incumplimiento de la sentencia del Alto Tribunal. Esa es la excusa formal. Pero, a estas alturas, quienes siguieron las argucias parlamentarias empleadas por el PNV en sus actitudes contradictorias en la Mesa y la Junta de Portavoces saben que las razones son exclusivamente políticas. Y que tienen mucho que ver con los apoyos que necesita el lehendakari.

Como casi todo lo que ocurre últimamente en este país. Todos los caminos conducen al plan. Inaugura el diputado general de Vizcaya el corredor del Txorierri y lo compara con la autovía de la tolerancia «frente a quienes plantean que convocar una consulta sea delito castigado con cárcel» . ¿Han captado la sutileza? De la expresión de Arzalluz sobre lo bueno que resulta para el partido que el enemigo (no, no, que no se refiere a ETA) haga mal las cosas, no vale la pena extenderse salvo para anotar que a Atutxa se le habrá alterado el pulso al oír decir a su máximo líder que «casi me alegraba» (sic) en el hipotético caso de que tuviera problemas con la Justicia. Y es que los tiempos no están para sutilezas. Ni para disimulos.

En el PNV se ha desatado una loca carrera por ver quién es más 'sabiniano'. Y ahí tenemos a Anasagasti al que, desde que sabe que le retiran del Congreso, se le va pasando el arroz, buscando ripios de mal gusto - ¿con qué parte del cuerpo rima el apellido Gómez Angulo? - y, de repente, se declara «sabiniano a mucha honra». El catedrático Antonio Elorza le recuerda en un debate que Arzalluz llegó a decir que Savater no era vasco y él no rebatió semejante barbaridad.

Imaz, en plena carrera de sucesión, también se apunta al concurso. Y al inventor de la ikurriña le llama «joven publicista» y recuerda a Edurne y Gorka que deben sus nombres a su creatividad. Todo menos citar su pensamiento. Se diría que lo hace, como él mismo suele recriminar siempre al PP y PSE, para «tapar sus propias vergüenzas». ¿O no resulta vergonzoso que el fundador del PNV dejara escrito que «para el corazón de la Patria, cada vasco que no sabe euzkera es una espina; dos espinas cada vasco que lo sabe y no es patriota; tres, cada español que habla el euzkera»?

Pero así están ahora en el PNV. Han plantado la estatua de su fundador en pleno corazón de Bilbao y sin referéndum. Resulta curioso que, hasta en la simbólica Plaza de Jardines Albia tengamos ya dos estatuas. A quienes les dé rechazo esta escultura y piensan que, por ser partidista, debería estar en el interior del edificio del PNV, les queda el consuelo de admirar la del bardo Antonio Trueba. Tiene bemoles que los ciudadanos tengan que pronunciarse también sobre las estatuas. ¿A dónde estamos llegando!

Irak
La guerra como es
Lucrecio Libertad Digital  3 Diciembre 2003

No se inicia una guerra, si no es para ganarla. O si uno no se sabe en condiciones de pagar su precio. Precio en muerte. Por eso es tan obscena la retórica compasiva, por eso son tan letales los buenos sentimientos, cuando lo que está en juego es algo que mide sólo la dura matemática de tácticas y estrategias que, una vez puesto en marcha, debe ser conducido con la más fría de las inteligencias. Cuando Clausewitz asegura que no hay nada tan funesto —y, al final, más multiplicador de bajas— que el sentimentalismo aplicado a los choques militares, sabe muy bien de lo que está hablando.

Desde el instante mismo en que se iniciara la guerra en Irak —o, para ser precisos, desde el instante mismo en que se reiniciaron las hostilidades, porque el estado de guerra quedó restablecido automáticamente al ser formalmente violado por Sadam el armisticio del 91 mediante la expulsión de los inspectores de la ONU en 1998—, desde ese instante mismo, nadie podía no saber que la victoria frente a la dictadura baazista, de producirse, se pagaría en bajas, propias como adversas y como —es, sin duda, lo más duro en una guerra moderna— de población civil. Nadie podía tampoco dejar de saber lo que sucedería si la guerra no se desencadenase —o si se condujese lo bastante mal para acabar en victoria sadamista—. Los genocidios, en curso ya en Irak desde hace décadas, serían culminados. La población kurda, ya bárbaramente diezmada, sería pasada definitivamente a cuchillo o gas mostaza. Los chiíes se verían pasados por el más fino tamiz de las represalias que, desde la anterior guerra, habían dejado el territorio de Irak plagado de apocalípticas fosas comunes.

La rapidez de la fase convencional de la guerra —que tanto sorprendió, y aún más deprimió, a pacifistas, socialistas y neostalinianos españoles— tuvo un efecto engañoso. Bajo la euforia por ella desplegada, muchos olvidaron que una guerra no acaba de verdad hasta que el enemigo ha sido por completo destruido o por completo desarmado. Y que, en Irak, ni de las milicias baazistas ni del enorme arsenal por ellas acumulado había rastro fiable. Que, tras una derrota militar en todos los frentes, la guardia de acero de Sadam desplegara una red guerrillera, cuya logística había sido preparada desde el final de la anterior guerra, era de lógica elemental.

Ha sido, y va a seguir siendo, una fase particularmente hosca del conflicto. De una crueldad extrema, puesto que se produce en un punto en el cual no quedan ya líneas de negociación ni repliegue. Ante los milicianos del hitleriano Baaz —y sus circunstanciales aliados islamistas— no se abre más que una alternativa: o bien matar lo bastante deprisa y lo bastante indiferenciadamente como para que las tan pusilánimes opiniones públicas europeas lloriqueen acerca del retorno de sus soldados —Europa lleva demasiado tiempo soñando en guerras sin muertos—, o bien ser progresivamente aniquiladas por un adversario militarmente muy superior. Pero que nadie se engañe: un abandono militar ahora sería una catástrofe de dimensiones sin precedente desde la segunda guerra mundial. No sólo blindaría una de las dictaduras más asesinas del planeta. Daría, además de eso, una iniciativa irresistible al mayor riesgo para la paz mundial del último medio siglo: el islamismo, esa extraña regresión hacia las formas más arcaicamente bestiales de lo humano.

Y que nadie esconda su propia obscenidad tras de piadosas retóricas acerca de los militares muertos. Un militar lo es porque asume ese coste, en cuyo horizonte cifra precisamente su grandeza. Morir es verosímil parte de su oficio. Quien trata de arrebatarle la dimensión moral de su apuesta, no hace más que escupir sobre su tumba.

La infección totalitaria
José Luis García Martín La Razón 3 Diciembre 2003

Arthur Koestler llegó a Berlín el 14 de septiembre de 1930, el mismo día en que se celebraban las elecciones al Reichstag que multiplicaron casi por diez el voto nazi. Había sido nombrado director de la sección científica de la más importante cadena periodística alemana. Sus dueños eran los hermanos Ullstein, que defendían todo lo que pronto se iba a convertir en nefasto: cosmopolitismo, pacifismo, democracia, arte nuevo... Faltaban treinta meses para que Hitler llegara al poder, pero no le hizo falta llegar al poder para hacerse con el poder.

En uno de los más fascinantes capítulos de su autobiografía cuenta Koestler cómo se derrumbó aquel fabuloso imperio informativo, el más importante de Alemania, alojado todo él en un laberíntico edificio de la Kochstrasse, casi otro ministerio.

Para aplacar a los nuevos amos, que todavía no eran los nuevos amos, a la fuerza ascendente que parecía gozar del aplauso de la mayoría, y que ganaba elección tras elección, el tono de los periódicos fue cambiando imperceptiblemente: empezaron a aparecer noticias sobre las minorías alemanas, al cosmopolitismo sucedió el pangermanismo, a la crítica razonada al tratado de Versalles la furibunda indignación; los editoriales se volvieron más y más patrioteros, de combatir la pena de muerte se pasó a defenderla.

Antes de que transcurrieran treinta meses, el Vossische Zeitung, el más importante diario del país, la Biblia del liberalismo alemán, se había transformado. Los dueños eran progresistas y judíos, pero poco a poco, sin que nadie les obligara, los periodistas progresistas o judíos iban siendo despedidos para ser sustituidos por arios y nacionalistas. Cada intento de aplacar a la bestia, aumentaba su apetito. Acabaría tratando de tragarse al mundo entero.

La bestia, antes de ser bestia, fue un buen patriota, alguien a quien sólo le preocupaba acabar con el paro, el caos y la corrupción, engrandecer Alemania. Quien no estaba con ellos, estaba no contra ellos, sino contra la Nación.

No sé por qué, leyendo algunos periódicos, escuchando a algunos políticos, he recordado aquellos últimos meses de la república de Weimar, cuando nadie fue capaz de resistir al encanto de la alegre muchachada parda, cuando todos (menos los radicales de costumbre) se sintieron fascinados por su patriotismo y su eficacia. No sé por qué. O sí. ¿Cuánto tardará el Gobierno en reformar el Código Penal para convertir en delito hacer una consulta popular, tener ideas independentistas, pedir la reforma de la Constitución? La infección totalitaria comienza con la perversión del lenguaje. Si a la ocupación de un país a sangre y fuego (los siete muertos españoles han de multiplicarse por cien o por mil para llegar al número de muertos iraquíes, también seres humanos con familiares y amigos) se le llama operación humanitaria, cualquier cosa es posible.

España sin historia
Joaquín Marco La Razón 3 Diciembre 2003

Como auguraba el poeta Jaime Gil de Biedma, ¿termina mal la historia de España? Lo cierto es que con la llegada de los fríos y las incertidumbres de los nacionalismos en Cataluña y la certidumbre de la situación en el País Vasco una vez más cabría preguntarse si la historia de España consiste en una entelequia capaz de deslumbrar a autores tan disímiles en sus planteamientos como Jaume Vicens Vives, mi maestro, a Ferràn Soldevila (ambos catalanes), a Domínguez Ortiz o a Pierre Vilar, entre una multitud.

Por otra parte, hay ciudadanos que consideran que el pasado debe ser no sólo olvidado, sino clausurado con siete llaves, como se decía de la tumba del Cid. De pronto, se dejan oír aún los franquistas de antaño que firmaron la Constitución sub conditione; es decir, que ésta significara olvido, perdón y gabelas por lo que el antiguo régimen hizo y significó desde el alzamiento antirrepublicano hasta la aprobación, en referéndum, de la Constitución. De este modo, una parte de la historia viva quedaría desaparecida, olvidada. Pero la historia, de existir, supone la objetivación del pasado. La historia de España es también lo que no nos gusta de ella, lo que desearíamos que no hubiera acaecido. Lo que unos desean que suceda y otros no, ya no es cuestión histórica, aunque tenga que ver con ella.

En su última etapa, Vicens Vives intuía la importancia que para el análisis histórico suponía la mentalidad colectiva y, en efecto, podemos hoy descubrir historiadores que se han ocupado de la evolución de las mentalidades. Sin embargo, un estudio en profundidad de esta evolución nos ofrecería claves de los nacionalismos que conviven en la piel de toro, comenzando por el español.

Escuchaba hace poco a una ex ministra socialista, hoy en clara heterodoxia, en una encendida defensa del nacionalismo español, que debe sustentarse en un sentimiento profundo que merece respeto, aunque la letra de la Constitución admite la existencia de nacionalidades y regiones en convivencia en el seno de españa. No deja de ser curiosa que esta defensa provenga de filas socialistas, puesto que el Partido Popular ha dispuesto una batería de reformas legislativas (alguna discutible) para defender la llamada unidad de España, obligación de cualquier Gobierno.

La duda que puede plantearse es qué concepto de España se sostiene, porque los nacionalismos pueden acabar siendo excluyentes. Las posiciones se enconan y el Gobierno no aparece como el necesario elemento integrador. ¿Cómo hacerlo con nacionalismos que tienden a la diáspora? ¿A través de otro nacionalismo? Mucho me temo que lo que falte aquí sean conocimientos históricos, análisis de mentalidades, tolerancia, distensión, una desdramatización que ilumine la comedia de enredo que se esconde tras las máscaras trágicas de los protagonistas.

Mayor tenía razón
Román Cendoya La Razón 3 Diciembre 2003

Cada vez que Jaime Mayor advierte públicamente sobre las actitudes políticas de los nacionalismos, que atacan al Estado o quiebran la unidad de España, tiene que pagar un importante coste político y personal. Cada uno de sus diagnósticos recibe la respuesta discrepante de los tácticos de la política que llenan titulares y llegan incluso a la descalificación.

Lamentablemente, el tiempo siempre le da la razón, pero la descalificación y el desgaste quedan. Cuando ETA declaró la tregua él fue quien la tildó de trampa y todos se le echaron encima. ETA le dio la razón que menos deseó tener.

Se pasó la primavera anunciando que el Plan Ibarretxe tenía fecha y que el objetivo era romper España y atacar a la Constitución. Ibarretxe, en fecha y forma, le dio la razón.

Hace un mes Mayor Oreja anunciaba que ERC iba a heredar a CiU. Las urnas le dieron la razón.

Mayor también denunció la estrategia común de los nacionalismos disgregadores. Muchos le acusaron de obsesionado y equivocado. Lamentablemente, Artur Mas se ha presentado en Vitoria para respaldar al lendakari y Carod plantea un referéndum, como insurrección compartida con Ibarretxe, a la modificación que el Gobierno ha planteado del Código Penal.

Por todo esto, es de justicia reivindicar y agradecer a Jaime Mayor su talante, su compromiso y sus diagnósticos.

ERC y el pacto con el PSC
Francisco Marhuenda La Razón 3 Diciembre 2003

Todo parece indicar que el pacto de izquierdas es inminente. A pesar de la reunión de Pujol con Carod, que era el último cartucho, la realidad es que la opción nacionalista ha perdido enteros, si es que alguna vez tuvo una oportunidad. No es algo que el líder independentista esté improvisando, porque las encuestas preelectorales anunciaban una victoria, que no se produjo, de los socialistas. El clima conducía a esta opción y ahora sólo estamos asistiendo a la puesta en escena de un pacto que tendrá consecuencias letales para Zapatero y abrirá un clima de inestabilidad en Cataluña a medio plazo, sobre todo si Rajoy revalida la mayoría absoluta. No dudo que éste sea el resultado, pero si le faltara algún diputado podrá contar con CiU, que entonces estará muy indignada con el PSOE.

La crisis que se abrirá en el PSOE provocará la caída de su secretario general y es bastante improbable que su sucesor puede mantener los compromisos que se habrán adquirido con ERC. La política incoherente política del todo vale será un pesado lastre para los socialistas, tanto en Cataluña como en el resto de España. Carod nunca ha escondido su independentismo, algo que desde la discrepancia hay que respetar porque no ha actuado con la doblez del PNV, y es un político tan inteligente como posibilista, porque sabe que ahora comienza un camino, delirante y desastroso, que busca un encaje confederal o la secesión.

ERC prefiere el pacto de izquierdas porque le dejará manos libres para ocupar consejerías sin tener que asumir los 23 años de pujolismo. No es lo mismo entrar sin ningún compromiso, que pactar con quien ha estado en el poder durante ese largo período. Por otra parte, podrá competir por el electorado nacionalista con CiU en la oposición, que se encontrará sin la poderosa maquinaria que es el gobierno, sin sus medios de comunicación y con miles de altos cargos buscando trabajo. El pacto impedirá que un PSC en la oposición forme un frente , aunque sea inconsciente, con el PP para hacer frente a sus planteamientos soberanistas. Los errores del PSC y CiU han otorgado a ERC un protagonismo superior a sus resultados, algo que ahora pagarán. Lo que olvida Carod es que tampoco el PSC podrá cumplir todos sus compromisos.

Constitución y ciudadanía
RAFAEL AGUIRRE El Correo  3 Diciembre 2003

A diferencia de las pertenencias tribales, la condición de ciudadano es una difícil conquista que implica una doble exigencia. La primera afecta a la sociedad, que tiene que constituirse como tal, es decir, construir un ámbito de libertad y de derechos en el que todas las personas puedan ser reconocidas como tales y puedan participar en pie de igualdad, por encima de identidades étnicas, opciones ideológicas o intereses económicos. La segunda afecta a cada individuo, porque la asunción de la condición de ciudadanos no es algo instintivo ni natural, y requiere un proceso educativo para aceptar las reglas y valores en que se basa la igualdad de los seres humanos y que tiene como contrapartida el respeto de las diversidades.

La elaboración de la Constitución de 1978 fue, por esto, un difícil y complejo proceso de ingeniería jurídica y de pacto político, pero supuso también un aprendizaje en el arte de la ciudadanía por parte de la población española a la que estaba destinada. La perspectiva de los 25 años transcurridos nos ilustra sobre cómo se realizó esta complicada tarea y hasta qué punto arribó a buen puerto. Ninguna dictadura propicia en absoluto la educación en los valores ciudadanos. En primer lugar porque hay un sector de la población que interioriza los valores propios de la dictadura vigente o tiene sus intereses personales vinculados a su permanencia, de modo que se adhieren positivamente al líder y al régimen autocrático. Después están unas muy amplias capas sociales que se desinteresan de la cosa pública, que no se rebelan porque se les usurpe su condición de ciudadanos y se conforman con 'el pan y circo' que reparte el poder. Por fin está un confuso, minoritario y agitado sector que no acepta la dictadura y la combate; pero esta lucha propicia la rigidez ideológica, los comportamientos autoritarios y los mesianismos políticos, o sea, los ideales maximalistas y poco dados a la transacción. En la noche de la oposición al franquismo todos los gatos podían parecer pardos, pero luego salieron a la luz las diferencias y se descubrieron auténticos monstruos.

La elaboración de la Constitución y la misma composición de la comisión que la redactó tuvo un valor pedagógico para crear ciudadanía entre la población. En efecto, los siete componentes de dicha comisión eran juristas solventes, pero de procedencias políticas diversas y, en algunos casos, radicalmente enfrentadas. Todos renunciaron a sus ideales máximos, contaron con las posibilidades que la realidad ofrecía, visibilizaron la capacidad de acuerdo y la aceptación de unas reglas democráticas de juego. La Constitución fue hecha por quienes no temieron aceptar a los diferentes, abrazarse con los rivales, renunciar a prejuicios seculares. ¿Faltó generosidad e inteligencia para sumar al PNV? ¿O el PNV no podía sumarse por incapacidad de desprenderse del antiespañolismo visceral de Arana, cuyo legado se reivindica con fuerza renovada en nuestros días? Insisto en que el proceso constituyente tuvo un efecto educativo para reconciliar a una sociedad que no se había repuesto del trauma de la Guerra Civil (la dictadura cultivó sectariamente la herida) y también para educar en el valor de la ciudadanía.

Permítaseme que simplifique. ¿Qué sucedió en la derecha? Que algunos pasaron por donde decían que jamás pasarían y así, contando también con el buen sentido de las gentes, un amplísmo sector de la población despolitizada o sociológicamente franquista aceptó la Constitución y empezó a asumir los valores de la ciudadanía. Me alegro mucho de que Aznar defienda hoy la Constitución, aunque me molesta, porque lo considero pésimo para la democracia, que, a veces, lo haga como el neoconverso que la patrimonializa y la convierte en arma arrojadiza.

En la izquierda, y sigo simplificando, las cosas fueron muy distintas. En su seno hubo quienes tras haber perdido la guerra y haber sufrido mucho durante años proponían 'la reconciliación nacional'. ¿Lo decían por generosidad y altruismo? ¿Por mero realismo político? ¿Para ocultar también una parte oscura de su pasado? De todo habría. Yo viví siete años en Roma, en un momento en que esta ciudad era un hervidero eclesial (el Vaticano II), político (entrada de los socialistas en el gobierno y la propuesta del 'compromiso histórico' de Berlinguer y Moro), pero también de antifranquismo. Las iniciativas de solidaridad con la resistencia española se multiplicaban por todas partes. Allí conocí a gentes de diversos partidos españoles, incluido el PNV (entonces miembro de la Internacional Democristiana), que iban a asambleas y cursillos. En Roma vivía Rafael Alberti, que tenía una intensa proyección pública, y pasaban largas estancias algunos políticos españoles, entre ellos Santiago Carrillo y Manolo Azcárate. Eran los años del diálogo cristianismo-marxismo, en los que participaban muy activamente José María Díez Alegría y José María González Ruiz. Recuerdo muy bien que, políticamente, Manolo Azcárate y Santiago Carrillo eran la voz de la moderación respecto a otros, normalmente más jóvenes e inexpertos, algunos clérigos, para los que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Había mucho militante contra la dictadura muy poco demócrata y tenían que ser educados en la ciudadanía muchos activistas movidos por pulsiones mesiánicas y maximalismos ideológicos. El añorado Mario Onaindía ha sido un caso excepcional de compatibilizar una intensa actividad política con una reflexión intelectual rigurosa, libre e, incluso, académicamente acreditada por dos tesis doctorales. Pues bien, estos días, hojeando su obra 'La construcción de la nación española' me parecía que Mario es el caso emblemático del activista que primero rechazó la Constitución, después la fue aceptando como fruto de una evolución política e intelectual, que se refleja en el libro mencionado y que, al final, la convirtió en el eje de su visión del socialismo y de la nación vasca. Mario es muy representativo de una generación, perdedora pero decisiva en la historia reciente del País Vasco, y junto a Joseba Arregi (¿su libro 'La nación vasca posible'!), quizá los que, de forma muy diferente, más han intentado regenerar la ideología nacionalista a la luz del concepto de ciudadanía.

Poco después de la aprobación de la Constitución vino lo que se llamó el 'desencanto', la constatación de que las expectativas puestas en el sistema democrático quedaban muy lejos de cumplirse. No se mantenían promesas simbólicas, como la no entrada en la OTAN, aumentaba el terrorismo que contagió a los aparatos del Estado, vinieron casos escandalosos de corrupción... No hay ni un ápice de tolerancia con estos hechos si afirmo que el famoso 'desencanto' provenía de una comprensión inmadura que sobrevaloraba las posibilidades y la función social de la política. Lo bueno de la política democrática es que saca a la luz las miserias y permite corregirlas. Pero la política, por sí misma, no cambia los corazones humanos y, en la actualidad -como en puridad debiera- no es capaz ni de controlar otros centros de poder decisivos y nada democráticos. No corresponde a la política proporcionar la felicidad y la salvación de los ciudadanos. Cuando se propone tales metas se vuelve proyecto totalitario. Sus pretensiones son más modestas, pero muy importantes: asegurar los mismos derechos a todos, lo que es, por cierto, una tarea bien ardua e inacabable. Lo propio de la política democrática es la transacción, el argumento para convencer, considerar más valioso el acuerdo con el diferente que el aferramiento a la formulación máxima de los propios principios.

La Constitución española de 1978 fue un logro enorme y abrió un período de democracia sin precedentes en nuestra historia. Fue un acuerdo entre personas y bandos enfrascados en enfrentamientos fraticidas durante más de siglo y medio. Minusvalorar este logro es ignorancia o mezquindad. Pero obviamente esta tarea tuvo limitaciones; pienso, por ejemplo, que la sociedad española tiene que saldar cuentas con su memoria histórica, administrando, con prudencia y sinceridad, olvidos y recuerdos, porque la amnistía no es sinónimo de amnesia. La mejor forma de honrar la Constitución es cumplirla. El mandato constitucional de «remover los obstáculos» que se oponen a la libertad y la igualdad entre los ciudadanos o que impiden que todos puedan disfrutar de los derechos que se enuncian en el título I es una tarea pendiente, exigente y que debe traducirse en medidas sociales, que serían el mejor baremo del cacareado patriotismo constitucional. ¿Y la reforma de la Constitución? Las instituciones que permanecen son las que saben cambiar. El que algunos agredan vilmente a la Constitución no debe impedir amplios acuerdos de sus defensores para introducir mejoras, algunas de las cuales son fácilmente consensuables. Pero toda constitución exige ciudadanos y defraudará siempre a quienes buscan la plasmación de sus ensoñaciones míticas o de sus aspiraciones mesiánicas.

Rumores en la red
¿Y lo de Cataluña?
Libertad Digital  3 Diciembre 2003

Si en estos momentos quisieran saber en breve cómo va lo de Cataluña nos pondrían en un aprieto. Veamos.

Como es sabido, el lunes pasado almorzaron juntos el señor Pujol y el señor Carod. ¿Cómo fue la cosa? Según fuentes de CiU, cuenta e-notocies, mal, no se entendieron. Otras fuentes, de las que nada más se nos dice, matizaron, sin embargo, que no había ido tan mal, pero que no parecía conveniente decir que la cosa había ido bien. Entendido, ¿no?

En esa misma página se nos informa de que el diario Avui, prácticamente un apéndice parásito de la Generalidad de Cataluña por la relación de dependencia financiera que mantiene con ella, apostaba ayer martes editorialmente por un pacto entre CiU y ERC. Desde el punto de vista económico –los succionadores de rentas siempre aspiran a mejorar el statu quo– procede el diario catalán con la máxima racionalidad. Al parecer, está preocupado y lo dice con una lengua de madera digna de ser observada: “estos días las presiones han aumentado de una manera mucho más constatable mediáticamente a favor del denominado gobierno de progreso”. Tras asegurar que Esquerra se iba a desgastar hiciera lo que hiciera, pero más si su decisión “impide que gobierne este país el partido que ha ganado las elecciones”, le hacía ver a los izquierdistas que la federación nacionalista –que es como en e-noticies se llama a la coalición en la que militan Pujol, Mas y Durán, la que ha asegurado en sus 20 años de gobierno la supervivencia económica del diario Avui– “no ha dado ningún motivo a Esquerra para que rechace la oferta”. Está claro, ¿no?

Si nos asomamos al Periódico –de Catalunya aparece muy pequeñito– sorprende que ninguno de sus temas de portada en la red se refiere al asunto, aunque en la de papel la cosa se formula de este modo: “Pujol redobla las presiones sobre Esquerra para que pacte con Mas”. En la tercera reunión entre ERC y CiU los negociadores encontraron escollos en temas de educación, política medioambiental (Plan Hidrológico), planificación territorial y lucha contra la corrupción, lo cual debía estar en el guión. Pujol ha hecho un comunicado y, tras recordarles que su electorado lo que quiere es más nacionalismo y más catalanismo (se sobretiende que no más izquierdismo), ante la obstinación de ERC de formar un gobierno en el que esté también el PSC, les dice que estupendo, pero que son ellos (ERC) quienes han de convencerles. Y les da una salida: ¿No quieren ahora? No hay problema. Gobernemos CiU y ERC, pero con la puerta abierta, siempre, para que si quieren se incorporen los socialistas catalanes. Volverán a verse mañana jueves.

La sibilina sugerencia de Pujol (si sigue así se van a molestar) es lo que destaca La Vanguardia: CiU propone a ERC formar un Govern abierto a la incorporación del PSC. A renglón seguido, lo explica por si había alguna duda: “Pujol pide a los republicanos que convenzan a los socialistas para lograr el tripartito”. Respondieron los izquierdistas aludidos, se nos dice, “sin mojarse más de lo estrictamente necesario”. El señor Benach aclaró sus intenciones impermeables: "que nadie se ofenda y que no se presuponga nada de entrada". Ni de salida. Para fomentar su fama de negociador sutil dijo: “No descartamos el tripartito CiU-PSC-ERC mientras sea aritméticamente posible”. Recuerda este diario la buenísima disposición que hay en estas reuniones por parte de los convergentes Duran y Macias –la frase que más repiten es: “no tiene por qué haber problemas”– , pero los izquierdistas Benach y Puigcercós no se fían y piden más y más documentación y que todo conste por escrito. Trabajo de desgaste, aunque con Duran lo tienen difícil. Ayer les propuso un referendo previo a proponer la reforma del Estatuto. Tampoco rechazaron de entrada crear una agencia anticorrupción, aunque CiU preferiría llamarla de control presupuestario y estuvieron de acuerdo en aspirar a una mayor transparencia de la gestión pública. Que no se diga que no hay buenas intenciones.

Pero empieza a extenderse la sensación de que los rituales preliminares al acoplamiento entre las fuerzas políticas catalanas están durando demasiado. Los de Convergencia y Unión no se explican por qué Izquierda Republicana no consuma el pacto. Pero para superar el dolor de testículos, que puede prolongarse, sólo se sugieren ejercicios de yoga y entrenamiento zen. Carod es un serio aspirante al título de mayor calientabraguetas (políticas) de Cataluña.

En resumen, la pregunta es si acabará acertando Piqué. La misma noche electoral dijo que la solución menos mala sería un gobierno en minoría de Convergencia hasta las elecciones generales, que están a la vuelta de la esquina. De momento, el jueves nueva reunión y el viernes a constituir el Parlamento autonómico.

Para los que aprecian los ejercicios de comprensión sin apriorismos ni digestión asegurada, pueden adentrarse en la lectura de La racionalidad de ERC, artículo firmado por Xavier Sala i Martín en La Vanguardia. Como se puede comprobar en su página, se trata de un profesor de economía liberal, en el sentido europeo del término, y catalanista. Sala parece ser, al menos en parte, el autor intelectual de la propuesta de un régimen fiscal para Cataluña similar al concierto vasco. Dice: “Hace muchos años que ERC entiende que el problema del déficit fiscal de Catalunya con España es la principal lacra económica que sufre nuestro país. Yo mismo he colaborado con ellos en algunos estudios (...). El sistema fiscal español extrae entre un 8 y un 10% de las rentas de los catalanes y lo reparte entre otras comunidades del Estado. (...) El déficit fiscal se perpetúa y, con él, se limita nuestra prosperidad.”

El resto del artículo lo dedica a disuadir a ERC de que puedan conseguir sus aspiraciones fiscales de mejora pactando con un PSC-PSOE al que pertenecen dos de los presidente de las comunidades que más perciben de lo que se le detrae a Cataluña: Extremadura y Castilla-La Mancha. Tras la firma del pacto de Santillana del Mar, sinónimo de la reespañolización del PSOE, dice Sala, Maragall no puede hacer nada en ese sentido. A Bono lo llama “uno de los mejores profesionales de la neoespañolidad centralista y solidaria”. En resumen, el señor Sala tiene la receta para Cataluña: “lo mejor para ERC es consolidar su voto nacionalista e intentar atraer el voto socialista catalanista que pronto se verá desencantado por el giro españolista que realizará el PSOE. Y así quizá tendremos un país normal, con una derecha (CiU) y una izquierda (ERC) nacionalistas que dominan el panorama electoral, y dos partidos satélites (PP y PSOE) que miran el espectáculo desde el gallinero”. Como es liberal, en el sentido europeo del término, el nacionalista señor Sala no manda al PP y al PSOE al gulag, le basta con que se queden en los pisos altos, a ser posible calladitos y sin molestar. Conviene leerlo porque así terminaremos conociéndonos todos.

Izquierda y nacionalismo
Cartas al Director ABC 3 Diciembre 2003

Estos días, la izquierda mediática se está rasgando las vestiduras por culpa de las reformas en el Código Penal que el Gobierno quiere aprobar. Y es que esta decisión de un Gobierno español de defender a los españoles del sistemático acoso a que los nacionalismos le someten desde hace lustros, y con las leyes en la mano, es algo nuevo en la democracia española.

Ningún país de la Unión Europea consentiría ni la mitad de lo que están consintiendo los Gobiernos españoles desde hace venticinco años, pero eso no importa: para la izquierda, los españoles debemos aceptar sumisamente que nuestros derechos constitucionales se vulneren, y abstenernos de recurrir al Estado de Derecho para defendernos.

La idea de España como nación sigue siendo repulsiva para la izquierda doméstica, y si la nación española puede servir como moneda de cambio para alcanzar el poder, la izquierda la entregará a los nacionalismos sin ningún género de dudas, hoy igual que hace setenta años. El viejo tándem nacionalismos-izquierda en España tiene una vigencia de décadas, y está perfectamente actualizado en 2003: una victoria insuficiente del PP en las próximas generales entregará el Gobierno de la Nación a una izquierda inane y sin proyecto nacional (Zapatero, Chaves), que dará lo que sea a los nacionalismos con tal de alcanzar el poder. Este es el desafío a que los españoles nos enfrentamos.  Mónica Rodríguez Fernández.  Pozuelo de Alarcón (Madrid).

Así está el patio
Por ALFONSO USSÍA ABC 3 Diciembre 2003

EL Athletic de Bilbao era un club querido y admirado en toda España. No es del todo cierto que sus jugadores sean exclusivamente vascos. En el Athletic han participado futbolistas navarros y riojanos, y recientemente un francés, Lizarazu, que ahora juega en el Bayern de Múnich y ha sido seleccionado por Francia en muchas ocasiones. No obstante, el club que ha respetado más la singularidad de su región y ha aportado futbolistas fundamentales a la Selección Nacional durante cien años ha sido el Athletic de Bilbao. Y puede afirmarse que los aficionados al fútbol tuvieron, hasta hace pocos años, dos equipos favoritos. El de su ciudad y el Athletic de Bilbao. Escribo del pasado.

Hoy, el Athletic es el club simbólico del nacionalismo. No así la Real Sociedad de San Sebastián, por su origen monárquico y su diferente idiosincrasia. Menos aún el Deportivo Alavés, que representa a la provincia vascongada despreciada por los nacionalistas, Álava. A los alaveses Arzallus los ha calificado de «pitufos» recientemente. Sabino Arana, el tonto con monumento, pensaba que Álava era más castellana que vasca, más maqueta que pura, más burgalesa y riojana que digna de pertenecer al vizcaitarrismo. Los vitorianos en particular y los alaveses en general conocen esa impresión, la han padecido y saben con quiénes se la están jugando. El Athletic tiene decenas de miles de seguidores que no son nacionalistas, pero ese dato nada le afecta a los descendientes de Sabino Arana. El club está en sus manos y en los procesos electorales influye más «Sabin Echea» que el pobre San Mamés, que en paz descanse desde el año 253 de nuestra era, cuando murió a manos de un gladiador en la arena del anfiteatro de Cesárea de Capadocia, su lugar de nacimiento, fruto del amor entre sus padres, Santa Rufina y San Teodoto. Resumo sus elementales datos biográficos para que no crean los bilbaínos que San Mamés nació en Guernica.

Esa influencia de la mala política en el aire limpio de un club como el Athletic mucho le ha perjudicado. Y más aún, cuando la mala política se viste de repugnante cinismo. El pasado domingo, el Athletic fue el único equipo que no mostró su pesar por la muerte en «execrable acto terrorista» (Juan Pablo II dixit) de siete militares españoles en Iraq. El presidente del Athletic de Bilbao, Ignacio Ugarteche, se ha justificado con una majadería. Ha dicho que llevar brazaletes negros en las camisetas es «hacer política». No se atreven a reconocer lo que sienten. No se atreven a manifestar públicamente que ellos no se ponen de luto para cumplir el expediente. Que al fin y al cabo -es duro, pero la verdad duele-, la muerte de siete militares españoles nada les entristece, sino todo lo contrario.

Con esa podredumbre moral no se puede presidir ni una comunidad de propietarios. Menos aún al Athletic de Bilbao, del que tantos españoles, no sólo vascos, siguen sintiéndose anímicamente vinculados. Claro, que todo es consecuencia de una degradación en los valores cívicos que parece no tener fondo. El mismo día del desprecio a la memoria de nuestros compatriotas asesinados en Bagdad, la consejera de Educación del Gobierno vasco -Madrazo y Llamazares tan contentos- edita un libro escolar para los alumnos de Secundaria en el que califica como «personalidades vascas» a diez terroristas de la ETA. Entre los diez, y en el apartado de «artistas», al autor del anagrama del hacha y la serpiente, símbolo de la banda asesina. Por supuesto que ni don Miguel de Unamuno ni don Pío Baroja figuran en la imprescindible relación de «personalidades vascas». Claro, que la tía esa, Ángeles Iztueta, es la misma que ha calificado de «inmigrantes» a los niños españoles no vascos que estudian en Vizcaya, Guipúzcoa o Álava.

Así está el patio, y esto es lo que hay.

Bono dice que en España no cabe más nacionalismo que el que cupo en la Constitución
Toledo. Agencias ABC 3 Diciembre 2003

El presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, aseguró hoy que en España no cabe más nacionalismo que el que cupo en la Constitución de 1978, cuyo aniversario, dijo, debe poner fin a la "hemorragia contaminante de quienes agitan derechos divinos o preconstitucionales para defender la insolidaridad que, a veces, califican de autodeterminación".

Durante el acto de homenaje a los 25 años de la Carta Magna celebrado en la iglesia de San Pedro Mártir de Toledo, Bono afirmó que, aunque la Constitución no es sagrada ni eterna, "no podemos asistir impasibles, indolentes, ante la pretensión", de aquellos que gobiernan a su amparo, "de cuartearla ilícitamente".

Agregó que en el texto constitucional no caben soberanías compartidas ni más fronteras de soberanía que las que se comparten con Francia, Portugal y Marruecos, y subrayó que, una vez superadas las fronteras en la Unión Europea, no se puede consentir que se avance en la construcción de otras entre los españoles.

"España es más que un Estado. España no es un pacto de coyuntura ni un acuerdo provisional que permanentemente tengamos que revisar ante el discurso de cualquier integrista", añadió el presidente regional, ante el rector de la Carlos III y miembro de la ponencia encargada de elaborar la Constitución de 1978, Gregorio Peces-Barba.

José Bono recordó que la Constitución que ahora se conmemora supuso la victoria de una España abierta sobre otra cerrada, e insistió en que precisamente los valores colectivos que motivaron el surgimiento de la Carta Magna son los que se necesitan actualmente, especialmente el respeto, la tolerancia y la solidaridad, pues España, dijo, "es solidaria o no es" y el futuro "hay que construirlo juntos o no hay futuro".

El presidente autonómico finalizó su intervención apuntando que la España que queremos también es la de los militares que no tienen méritos individuales sino colectivos, recordando a los siete agentes españoles del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) asesinados en Irak el pasado fin de semana. "Si no hubiera españoles como vosotros --dijo refiriéndose a todos los "hombres uniformados" que sirven a su país-- habría que inventarlos".

Gran esfuerzo
Previamente, el rector de la Universidad Carlos III, Gregorio Peces-Barba habló de las dificultades con las que nació la "aventura" de la Constitución, en un contexto, dijo, hostil con las instituciones pero amistoso por parte de la sociedad civil, y en el que se hizo un "gran esfuerzo" por conseguir el consenso. Peces-Barba consideró "chocante" que coincidiendo con el XXV Aniversario de la Constitución se resalten las "dimensiones negativas" de la Carta Magna, abogando, ante los que hablan de modificarla, por ver primero lo que está bien.

Declaró que el texto constitucional "no es intocable" y precisó que, de reformarse, debería seguirse el procedimiento establecido en la Constitución y no permitirse ninguna reforma sin un consenso entre el Partido Popular y el PSOE. En cualquier caso, indicó que la única cosa que se debería reformar es el Senado, porque las comunidades autónomas necesitan representación para resolver sus problemas con el Estado.

También habló el rector de la Universidad Carlos III de la reforma de los Estatutos planteada por algunos sectores, ante lo que refirió que todas las comunidades autónomas tienen un nivel de igualdad en sus competencias, y que cualquier reforma que se pudiera hacer, además de tener como límite la Constitución, debería ser generalizada.

Gregorio Peces-Barba aludió al Plan Ibarretxe considerando que "hacer movimientos para que el sistema se destruya es una deslealtad y una indignidad" si previamente un Gobierno se ha beneficiado de los resultados de un sistema y un Estatuto de Autonomía que se deriva de la Constitución.

El mejor homenaje
Adelantó que, a su juicio, el Plan Ibarretxe es "el mejor homenaje" que se puede hacer a la Constitución española en su aniversario, ya que la Carta Magna es "capaz de resistir eso y mucho más", y abogó, en el futuro, por "huir de los profetas catastrofistas" y vivir la Constitución sin sacralizarla "y mantenerla recordando al pasado y como por ella hemos salido de una situación de gran oscuridad".

El acto conmemorativo de la Carta Magna, al que asistieron más de 400 personas, se inició con la proyección de un video, tras el cual tres jóvenes de 25, 20 y 21 años de la región relataron --como licenciada en Bellas Artes, agricultor y trabajadora de la Junta, respectivamente-- sus experiencias vitales aparejadas a la Carta Magna.

Entre los presentes en el acto, además del presidente y el Gobierno regional en pleno, asistieron el presidente de las Cortes, Fernando López Carrasco; la delegada del Gobierno en la región, Encarnación Naharro; el arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares; el alcalde de la capital regional, José Manuel Molina, y el presidente del Tribunal Superior de Justicia de la región, Emilio Frías, junto a una representación de los sectores sindicales, políticos, empresariales y sociales de Castilla-La Mancha.

"PERSONAJES DE EUSKAL HERRIA"
El PP pide explicaciones a Ibarretxe sobre el libro para profesores que enaltece a etarras
Muchos maestros de secundaria del País Vasco cuentan como apoyo con el libro "Personajes de Euskal Herria", subvencionado por la consejería de Educación, en el que diez terroristas e ideólogos de ETA aparecen como ejemplos históricos. El PP ha exigido al Gobierno Vasco que ofrezca detalles al respecto y explique por qué no aparece un solo dato de "personalidades como Unamuno, Baroja o Aresti". Por su parte, el Delegado del Gobierno, Enrique Villar, considera que es "colaboración más" del PNV con Batasuna.
Libertad Digital  3 Diciembre 2003

Tal y como informó este lunes Libertad Digital, haciéndose eco de una denuncia del colectivo Basta Ya, en las escuelas de secundaria del País Vasco circula un libro de apoyo o consulta para los maestros en el que la historia de "Euskal Herria" se asienta sobre personajes como Txomin Iturbe Abasolo, ex jefe absoluto de ETA a finales de los años 80, o Felix Likiniano, diseñador del logotipo del hacha y la serpiente que la banda estampa en sus comunicados y en sus cartas de extorsión.

Hasta diez etarras de los llamados "históricos", todos ellos fallecidos, son parte de los cien personajes más influyentes para la Consejería de Educación del Gobierno Vasco –la misma que cataloga como inmigrantes a los estudiantes no vascos– y que merecen ser tenidos en cuenta por el profesorado a la hora de explicar la evolución y defensa del euskera o la historia que se estudia en sus aulas.

Tras la denuncia, el PP ha tramitado una interpelación parlamentaria al Gobierno Vasco para que la responda, en sesión plenaria, la consejera Anjeles Iztueta. Se trata de conocer las razones por las que se incluye este libro –"Personajes de Euskal Herria"– subvencionado con fondos públicos y que responda "qué opinión le merece la inclusión de esos personajes y que no aparezcan por ningún lado personalidades como Unamuno, Baroja o Aresti".

Villar recuerda otros libros que jalean a ETA
Por otra parte, según informa la agencia EFE, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, dijo este martes que el libro es una "colaboración más" del PNV con la antigua Batasuna. Villar realizó estas declaraciones a preguntas de periodistas, tras presentar los actos preparados para conmemorar el 25 aniversario de la Constitución.

En su opinión, es "un pequeño detalle dentro de un mare mágnum de cosas que estos señores (PNV) están haciendo". Villar, sin embargo, no está sorprendido por este nuevo episodio: "¿Cómo nos puede extrañar que subvencionen un libro en el que sale la vida de etarras, si no cumplen una orden del Tribunal Supremo diciendo que los batasunos son colaboradores de ETA y que tienen que eliminarlos en el sentido político?. No nos tiene que extrañar que tengan esa colaboración y muchas más", dijo.

Además, Villar denunció que en libros de texto de escuelas vascas "se siguen diciendo las mismas burradas que se decían". Como ejemplo, se refirió a un libro dirigido a estudiantes de entre 17 y 18 años, editado por Erein, en el que se define a ETA como "movimiento vasco de liberación nacional, creado en la resistencia patriótica, e independiente de otro partido, organización u organismo".

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