AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 4 Diciembre  2003
AMENAZANTE Y VICTIMISTA
Editorial ABC 4 Diciembre 2003

Si Arzalluz se vanagloria, el Estado de Derecho mucho más
EDITORIAL Libertad Digital  4 Diciembre 2003

Ni roja, ni rota, ni España
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  4 Diciembre 2003

LA LEY Y LAS CAMÁNDULAS DE ATUCHA
Luis Ignacio Parada ABC 4 Diciembre 2003

AMOTÍNESE USTED, HOMBRE
Jaime CAMPMANY ABC 4 Diciembre 2003

El imán de Toledo
Luis María ANSON  La Razón 4 Diciembre 2003

Iguales ante la ley
Editorial La Razón 4 Diciembre 2003

Atutxa y Arzalluz
Opinión El País  4 Diciembre 2003

La inquietud
David Gistau La Razón 4 Diciembre 2003

Indicios de rebelión vasca
FERNANDO ÓNEGA La Voz 4 Diciembre 2003

La legalidad del PNV
Editorial El Ideal Gallego 4 Diciembre 2003

Deterioro institucional
Editorial El Correo  4 Diciembre 2003

La unidad de España
Cartas al Director ABC 4 Diciembre 2003

Calle Sabino Arana
Iñaki Ezkerra La Razón 4 Diciembre 2003

Bono: «No podemos asistir indolentes a la pretensión de cuartear la Constitución»
LAURA L. CARO ABC 4 Diciembre 2003

Miguel Bernard: «No se puede jugar con las instituciones y atacar la unidad de España»
J. Arias Borque - Madrid.- La Razón 4 Diciembre 2003

Vida de maqueto, testimonio póstumo de Chumy Chúmez
FAX PRES. Madrid Heraldo de Aragón 4 Diciembre 2003

Ciudadanos de a pie tomarán parte en los debates de la Fundación para la Libertad
OLATZ BARRIUSO/BILBAO El Correo 4 Diciembre 2003

Miguel Sanz exige la máxima «prioridad» para erradicar el terrorismo
PAMPLONA El Correo 4 Diciembre 2003

El debate: volver al principio
JOSEBA ARREGI El Correo  4 Diciembre 2003

A un servidor, nunca le preguntan
Nota del Editor 4 Diciembre 2003
 

AMENAZANTE Y VICTIMISTA
Editorial ABC 4 Diciembre 2003

EN los momentos de mayor presión política, el nacionalismo vasco siempre recurre indistintamente a la prepotencia y al victimismo. Lo primero, avasallar a los discrepantes, es consecuencia de su sentimiento hegemónico tras veinte años de gobierno absoluto en el País Vasco y de control sobre todos los estamentos sociales, económicos y culturales de esta comunidad. Lo segundo, fingir un sufrimiento, expresa la necesidad primaria del nacionalismo vasco de afirmarse en una dialéctica continua de opresor-oprimido para justificar esa ofensa permanente en la que vive frente al resto de España.

En menos de veinticuatro horas el aún presidente del PNV, Xabier Arzalluz, ha hecho una exhibición de ambos recursos -prepotencia y victimismo- a cuenta de la declaración judicial como imputado que prestó ayer Juan María Atutxa ante la magistrada del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, por la querella presentada contra él y los representantes de EA e Izquierda Unida en la Mesa del Parlamento de Vitoria, por desobediencia al Tribunal Supremo. Según Arzalluz, el procesamiento de Atutxa iba a causar una «conmoción» social. Aclaró que no era una amenaza. Técnicamente podía no serlo, pero como mínimo era una advertencia coactiva, como se vio con las decenas de personas que acompañaron «espontáneamente» a los querellados hasta la puerta del Tribunal. El mensaje es claro: los jueces están más que advertidos, y desde luego avisados, como colofón de una campaña persistente de deslegitimación de la Justicia en el País Vasco. Al final, la culpa es de la víctima, sea quien sea, y, por eso, el apoyo organizado a Atutxa recuerda al «lendakari, aurrera» con el que los militantes del PNV rescataron a Ibarretxe en el funeral por Fernando Buesa. En todo caso, la rutina de las agresiones nacionalistas a los jueces en el País Vasco no debe traducirse en una privación del amparo institucional que merecen y que es responsabilidad principal del Consejo General del Poder Judicial.

El otro mensaje de Arzalluz no fue menos explícito, al anunciar que la condena de Atutxa sería para él «una gloria», porque significaría «un acto de opresión incalculable». Al margen de que una cosa es jugar con las hipótesis y otra muy distinta tener a Atutxa condenado e inhabilitado, es evidente que a estas alturas el argumento de Arzalluz está amortizado. La opinión pública y la clase política están ya inmunizadas frente a las trampas dialécticas del PNV. También anunciaron una crisis civil y un incremento del terrorismo si la Justicia condenaba a la Mesa Nacional de HB, si Garzón cerraba «Egin», si el Parlamento aprobaba la Ley de Partidos y si el Supremo disolvía al entramado Batasuna. Cumplidas las condiciones, ni ETA ni su entorno se han hecho más fuertes, sino todo lo contrario, ni nadie se ha creído que tales decisiones políticas y judiciales fueran actos de opresión. Desde luego no en Europa.

Incluso en las exageraciones hay que tener un mínimo fundamento creíble, que es de lo que carecen Arzalluz y el PNV. No hay opresión alguna en investigar a Atutxa, Knörr y Bilbao por un delito de desobediencia al Supremo. Sin embargo, no es la primera vez, ni será la última, que el PNV confunde el funcionamiento legítimo del Estado de Derecho con una persecución política. El problema, claro está, es del PNV, no del Estado de Derecho. Si Arzalluz habla de opresión sólo debería hacerlo para referirse a la que sufren los no nacionalistas. Todo lo demás es pura mentira.

Si Arzalluz se vanagloria, el Estado de Derecho mucho más
EDITORIAL Libertad Digital  4 Diciembre 2003

En un claro acto de apología del delito de desobediencia por el que —por fin— se juzga a Juan Maria Atutxa, Gorka Knorr y Conchi Bilbao por su negativa a disolver el grupo de la antigua Batasuna en la Cámara vasca, el presidente del PNV, Javier Arzalluz, ha manifestado que para su partido sería una “gloria” que el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco condenara al presidente y a los dos miembros de la mesa del Parlamento Vasco. “Será una más en nuestra historia que nos ayudará a seguir adelante luchando por la libertad y en contra de la opresión", aseveró Arzalluz quien tampoco dudó en lanzar la amenaza de decir que "la alarma social ahora es grande, pero si a nuestra gente, que es mayoría, le dicen que el lehendakari o el presidente del Parlamento van a la cárcel, va a ser algo más que una alarma social"...

Arzalluz ejerció de maestro de ceremonias ante una muchedumbre que aplaudía y acompañaba a los presuntos delincuentes hasta el Palacio de Justicia donde tenían que declarar, en un bochornoso espectáculo que tanto recuerda al episodio vivido cuando miembros del PSOE —con Felipe González al frente— acompañaron al ex ministro Barrionuevo hasta la cárcel de Guadalajara. Con la diferencia, sin embargo, de que mientras que los condenados del GAL —pese a todo— negaban su autoría, Arzalluz y su tropa, no sólo reconocen que los inculpados han violado la ley que prohíbe financiar y dar representación política a los partidarios del terrorismo, sino que se enorgullecen de ello, denigran esa ley como “opresiva” y se vanaglorian del supuesto respaldo popular a ese delito de desobediencia.

El todavía presidente del PNV llegó incluso a animar a los concentrados a que entonasen el “himno del combatiente vasco”, escrito en 1936, pero que se canta en los entierros de los etarras y en el que se ensalza “a los combatientes que generosamente derraman la sangre por liberar Euskadi”. Conviene recordar —dicho sea de paso— que esta semana nos hemos enterado de que el PNV ha avalado un libro escolar que excluye entre los “Vascos ilustres” a autores como Unamuno, Baroja, Chillida o Caro Baroja, para incluir a diez asesinos de ETA, entre los que figuran “combatientes” de la talla de José Miguel Berañán “Argala”, “Txomin” o Javier Echevarrieta alias “Txavi” ...

Aunque todos estos hechos ya describen por sí solos la degradación y el encanallamiento de los nacionalistas vascos, conviene añadir algún comentario si tenemos presente que el drama que padece el País Vasco y España no solo atañe al sucio papel que los nacionalistas han desempeñado respecto al terror, sino también a las cesiones y complejos con los que hasta ahora le han hecho frente las formaciones constitucionalistas.

En primer lugar, hay que señalar que Atuxta y compañía no se enfrentan por ahora a penas de cárcel por financiar y no disolver a los partidarios de ETA, sino tan sólo a una multa y a seis meses de inhabilitación en el cargo. Los delitos que presuntamente han cometido son anteriores a la reforma penal que acaba de aprobar el PP en el Senado que — junto a la pena de entre tres y cinco años de cárcel con el que se castigará los referéndum ilegales— sanciona penalmente “la financiación con fondos públicos de partidos ilegalizados”.

Aunque Arzalluz diga que una condena sería una “gloria” para su partido —con la misma falsa chulería con la que se vanaglorian los etarras de sus proezas— hay que decir que la cobardía que denota el fanático dirigente nacionalista es casi la misma que la de quienes durante tantos años han sido incitados a agitar el árbol del que el PNV recogía las nueces.

Lo de Arzalluz vanagloriándose de la condena al tiempo que amenaza con una revuelta social, no es más que un farol que busca sacar partido a los temores y a los complejos de quienes durante tantos años les han permitido recoger las nueces. Tras décadas en las que le ha salido bien la jugada, el PNV advirtió de los grandes males que provocaría el Gobierno endureciendo las penas de los terroristas. En realidad nada, salvo la reducción de los atentados. Lo mismo dijeron cuando el Gobierno se atrevió a endurecer las penas que castigan la kale boroka, y sólo se produjo una inmensa disminución de los actos de terrorismo callejero. También los nacionalistas pronosticaron una violentísima revuelta popular si el Gobierno se atrevía a ilegalizar a un partido que como Batasuna “representa a centenares de miles de vascos”. Salvo alguna concentración de exaltados, nada de ello se produjo. Los nacionalistas, sin embargo, siempre han contado con la presuntuosa sensatez —más bien, candidez— de muchos constitucionalistas que en todo momento salen con la cantinela de no “criminalizar” a los nacionalistas y de que, en realidad, les hacemos un favor presentándoles como víctimas del opresivo Estado español. A estos últimos dirige su provocador anzuelo Arzalluz.

La cuestión, sin embargo, es si en nuestro Estado de Derecho la ley es igual para todos o bien Atutxa, por ser nacionalista o presidente del Parlamento Vasco, se la puede saltar a la torera. Si Arzalluz se enorgullece de la condena de Atutxa, nosotros nos vanagloriamos de que no queden impunes los delitos. Hay algo peor a que no exista una ley que prohíba a los etarras tener voz, voto y financiación pública. Que la haya y no se cumpla

Ni roja, ni rota, ni España
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  4 Diciembre 2003

Desde que Francisco Vázquez se echó al monte del oportunismo y la demagogia progre no dice más que insensateces. Esperemos que sea una erupción llamativa pero breve y que después de Navidad recupere el seso, por el bien de La Coruña, de España y hasta del PSOE. Le ayuda poco que sus líderes menos contaminados se muestren tan pochos.

Lo que dijo José Calvo Sotelo es exactamente lo contrario de lo que ha dado a entender Vázquez en TVE. Dijo que "prefería una España roja a una España rota", quizás porque el sentido nacional, a diferencia del PSOE, es algo que siempre ha calado muy hondo en la derecha, ayer y hoy. También hoy preferiríamos muchos liberales, o sea, derechistas abominables, una España roja a una España rota. Lo malo es que, como entonces, la España roja y la rota van de la mano. En el 34 se unieron los golpìstas del PSOE a los separatistas catalanes y hoy las cosas van por el mismo camino. Que sea presidente de Cataluña Maragall o Mas sólo les preocupa a los socialistas,
cuyo sectarismo les hace abrazar cualquier cosa que huela a poder y huir de todo lo que les aleje del Presupuesto. Pero es que Maragall prefiere a Carod Rovira antes que a Piqué. Españolistas que son.

El problema es que esta izquierda que sólo tiene de rojo ya el rubor que produce y la escarlatina económica que acarrea está dispuesta a abdicar de cualquier idea nacional con tal de tocar poder y no vacila en unirse a los
separatistas más desorejados con tal de no sentirse fuera del Poder. Una política que, por cierto, les está llevando a perderlo del todo. Si el PSOE quiere ser tan rojo como Vázquez, o sea, poco, pero luchar contra la España que tantos quieren romper, será la derecha la primera en aplaudir. Pero si ya no se deja aplaudir ni el alcalde de La Coruña, ¿dónde queda ese PSOE? ¿Cuál es su idea de España? La Derecha le compraría cualquiera, pero ya las ha malbaratado todas.

LA LEY Y LAS CAMÁNDULAS DE ATUCHA
Luis Ignacio Parada ABC 4 Diciembre 2003

EL mismo día que el presidente del Parlamento vasco declaraba ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco por la presunta comisión de un delito de desobediencia, la comisión de Justicia del Senado aprobaba una reforma del Código Penal, que convierte en delito la convocatoria de un referéndum sobre el plan a de Ibarretxe. Juan María Atutxa estuvo ayer más de cuatro horas dirigiéndose en vascuence a una magistrada de la Sala Civil y Penal, al no cumplir la orden del Tribunal Supremo de disolver a Sozialista Abertzaleakun. La Fiscalía considera que existe una abierta negativa, concluyente aunque enmascarada habilidosamente por Atutxa, a cumplir una resolución judicial clara y expresa, cuyo cumplimiento había sido reiterado, emanada de un órgano judicial competente. El delito está penado en el artículo 410 del Código Penal con multa de tres a 12 meses e inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis meses a dos años.

La decisión del Senado y la declaración de Atutxa han servido a los más exaltados del PNV para hacer una piña en torno a sus líderes y practicar, una vez más el victimismo. También han sido una oportunidad de oro para que el presidente del Parlamento vasco mostrara sus camándulas. Según las enciclopedias, tener muchas camándulas es tener mucha truhanería con apariencias idealistas, tomando un aspecto devoto, como de mártir, y usando un rosario de cuentas gordas. Inventado por el cura Miguel de Camándula, lo usan los monjes camandulenses, orden fundada en el siglo X y no aprobada hasta el XVIII por el Papa Alejandro II. De esa expresión se derivan camandulero, camandulería y camandular que se aplican a los hipócritas, fingidores y embaucadores que adoptan aires de santurrones. Una provocación más en el rosario de falsedades que desgranan los máximos responsables de un nacionalismo que, hasta ahora, ha desafiado la ley impunemente.

AMOTÍNESE USTED, HOMBRE
Por Jaime CAMPMANY ABC 4 Diciembre 2003

ARZALLUZ está amotinado. Mejor dicho, decidido a amotinarse. Tiene el motín a punto de caramelo. Porque, bueno, primero se amohína y después se amotina. Arzalluz se dispone a amotinarse en cuanto los jueces procesen a Atucha por un delito de desobediencia. «Tú no cejes, Juanmari, que yo me amotino». Arzalluz va a sacar a la calle a sus nacionalistas, «estos son mis poderes», como el cardenal Cisneros y como José María Gil-Robles.

Don José María mostraba, desde la tribuna, asistentes a su mitin, y el cardenal enseñaba cañones desde la ventana del despacho. Arzalluz exhibirá nacionalistas y esperará que los etarras agiten el nogal. Los etarras, según los nacionalistas y el evangelio de Arzalluz, son heroicos gudaris, bravos e ilustres vascones, mientras el bilbaíno don Miguel de Unamuno y el donostiarra don Pío Baroja son unos desgraciados que no merecen figurar en el Olimpo de los grandes vascos.

Está claro que las leyes del Estado obligan sólo a los maketos, pueblo perezoso, miserable y blasfemo. Los nacionalistas de Arzalluz solamente están obligados a guardar los fueros, o sea, la Ley Vieja. Si alguien intenta aplicar leyes maketas en Euskal Herría, mátesele. Si entra en Vizcaya obispo maketo, mátesele. Si alguna toga maketa tiene la temeraria pretensión de procesar a Atucha, sométasele a motín, asonada o revuelta y aprovechando la confusión del momento, cápesele. La voz tronante de Javier Arzalluz se ha extendido por todo el País Vasco precisamente en el día de su santo patrono san Francisco Javier: «Vascos de todas las cumbres, de todos los valles, de todos los poblados: amotinaos. Amotínese usted, hombre, que van a procesar a Atucha. Nada menos que a Atucha, que desciende directamente de la pata de Sabino Arana».

Anasagasti recibió la orden y la cumplió a rajatabla. «Amotínate, Iñaki, y no acudas al funeral por los soldados muertos en Iraq. Esos no son nuestros muertos, que son muertos maketos, invasores indeseables». Iñaki no acudió. Se quedó en el hotel, peinándose, claro. «No voy a romper ahora mi costumbre. Al fin y al cabo, esos son funerales a víctimas del terrorismo», se dijo. Le llamó el ministro Trillo por teléfono, pero no se puso. «Lo están peinando», dijo el ayudante del peluquero. ¿Qué coño se le iba a poner él a un ministro maketo? Y además de Cartagena, o sea, cartaginés. Manda huevos.

A todo esto, llegó Madrazo. «Yo me amotino, jefe, pero no sólo contra los jueces. Yo estoy amotinado a todas horas contra la Monarquía». No es que sea republicano como Pilar Rahola, que se ha hecho monárquica de doña Letizia; es que está amotinado contra la Monarquía. Es un tipo curioso este Madrazo. Tiene la cara tierna e infantil de los tres cerditos, así que puede ser cualquiera de los tres. Está dispuesto a tener un comunismo sin reyes, y por eso le tiene tirria y no le hace caso a Gaspar Llamazares, porque tiene nombre de rey mago. Como a Melchor Miralles y a Baltasar Garzón, por lo mismo. Y a Ferrero, que se llama Juan Carlos. Y a González, que se llama Felipe. Y a Guerra, que se llama Alfonso. Y a mí, que me llamo Jaime. Toma nísperos.

El imán de Toledo
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 4 Diciembre 2003

Ha pasado casi desapercibida una noticia sustancial: la Justicia española ha extraditado al imán de Toledo. La Audiencia Nacional ha considerado que Tensamani Jad Hicham, acusado de tenencia de explosivos y de pertenecer a banda armada, puede formar parte del terrorismo islámico, sobre todo de la organización «Salafia Jihaidía». En consecuencia, nuestros jueces han decidido atender la petición de extradición de Marruecos y suministrar un delicado puntapié en el rabel del imán de la mezquita de Toledo para acomodarlo en una de las gentiles cárceles de Rabat.

Se trata de una punta menor del iceberg. El tejido del terrorismo fundamentalista se ha adensado de tal forma en España que asusta lo que algunos cuentan, por ejemplo, de la mezquita de Granada. Estamos cargando un polvorín que puede estallar en toda Europa. La libertad religiosa permite construir mezquitas en España, Francia o Italia, cosa admirable. Pero debería exigirse la reciprocidad. ¿Quiere el dictador de Arabia Saudí, ese rey sátrapa llamado Fahd, construir una mezquita en Marbella? Que lo haga, como lo ha hecho, por cierto. Pero a la recíproca. Que los cristianos ¬católicos, ortodoxos, protestantes¬ tengan derecho a edificar un templo en Riad.

España puede convertirse, si no lo es ya, en un campo de minas del terrorismo islámico. La política no consiste sólo en curar sino en prever. A tiempo estamos para investigar y tomar las medidas necesarias que eviten las consecuencias de enterrar la cabeza para no enterarse de las cosas negativas, política de avestruz que despierta un entusiasmo inextinguible en no pocos de los líderes españoles. La extradición del imán de Toledo ha sido una decisión esclarecedora que tal vez contribuya a aleccionar a nuestros gobernantes, tan radiantes ellos entre el fulgor del fasto y la suntuosa gloria.

Iguales ante la ley
Editorial La Razón 4 Diciembre 2003

España es un Estado de Derecho, lo que es tanto como decir que impera la división de poderes y la independencia de la Justicia y que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley y gozamos de derechos y obligaciones, recogidos en la Constitución y en las Leyes democráticamente votadas en las Cortes. Y esto, que debía ser un axioma asumido por todos, pero especialmente por una clase política que está obligada a cumplir y hacer cumplir las leyes de forma exquisita, no parece asumirse desde el nacionalismo vasco.

Que ayer el presidente de la Cámara regional de Vitoria y dos de los miembros de la mesa tuvieran que comparecer ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSPV) en calidad de querellados por desobediencia al Tribunal Supremo al haberse negado a disolver el grupo batasuno de la ilegalizada SA, es cosa lógica y en absoluto sorprendente. Es más, se trata de un muestra de salud democrática que refleja que los tribunales son capaces de actuar con clara independencia. Porque si las leyes están para cumplirse, si las resoluciones judiciales deben acatarse, lo normal es que quien se niegue a ello termine ante el juez pues las excusas o las artimañas de leguleyo no sirven más que para retrasar la llegada de la hora de la verdad.

Ni Atucha, ni Knörr, ni Bilbao gozan, por el hecho de ser nacionalistas, de patente de corso. Aunque su condición de aforados, como parlamentarios, les concede algún privilegio como no declarar ante un juez de instrucción ordinario, no son más que los navajeros que se saltan la ley al atracar a sus víctimas, ni más que los etarras que asesinan o extorsionan, ni tampoco son superiores al automovilista que provoca un accidente por imprudencia o al ciudadano que ve embargados sus bienes por falta de pago. Es obligación de los jueces restablecer la legalidad vulnerada, y eso es, ni más ni menos, de lo que se trata en este caso.

Es cierto que Atucha y sus colegas son reos de una «conspiración» política, pero sólo de la que ellos mismos participan en contra de la Constitución. Como es cierto que son víctimas de su propia soberbia y de un fallido cálculo de tiempo. Todavía están sujetos al imperio de la Ley por mucho «ámbito vasco de decisión» que autoproclamen. Por eso es doblemente lamentable el esperpento protagonizado por el nacionalismo al descalificar la acción judicial, con manifestación incluida ante el tribunal que tomaba declaración a los encartados. El mismo intento de presión sobre los jueces evidencia la actuación torticera de Atucha, envolviendo en la falsa bandera de la dignidad parlamentaria lo que no es más que un desacato y una traición a la legalidad constitucional y al Estatuto, donde reside su legitimidad.

Aplicar la ley, que funcione el Estado de Derecho, nunca puede ser catastrófico, como amenaza un enardecido Arzallus a quien sólo le falta ya no reconocer al tribunal, como hacen los etarras. Ni fue catastrófica la ilegalización de Batasuna, ni lo sería una condena contra Atucha o contra cualquier otro que perpetrase un delito tipificado en los códigos.

Atutxa y Arzalluz
Opinión El País  4 Diciembre 2003

La imagen de Juan María Atutxa, presidente del Parlamento vasco, interrogado por la fiscal del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco sobre un supuesto delito de desobediencia es "poco edificante", como dijo ayer un dirigente socialista; tan poco edificante como ver a ese mismo presidente desafiando reiteradamente las órdenes del Tribunal Supremo. Y no sólo poco edificante, sino patética, resulta la imagen de Xabier Arzalluz, presidente desde hace más de veinte años de un partido que lleva 23 gobernando en Euskadi, entonando a la puerta del tribunal una canción de guerra cuya primera estrofa proclama que "somos soldados vascos", y declarando que el eventual procesamiento y condena de Atutxa sería "una gloria", porque permitiría a los vascos "seguir luchando contra la opresión".

El Tribunal Supremo aclaró en un auto que la disolución de Batasuna implicaba la de su grupo parlamentario, y que lo único que tenía que hacer el Parlamento vasco era comunicárselo a los parlamentarios de ese grupo y encuadrarlos en el Grupo Mixto. Atutxa insistió ayer, sin embargo, en su argumento de que el Parlamento no puede disolver un grupo porque su reglamento no contempla esa posibilidad. Algunos juristas han venido apoyando esa posición, aunque los propios servicios de la Cámara vasca, que la compartían, aconsejaron acatar en todo caso la resolución. El Tribunal Superior del País Vasco tendrá que pronunciarse al respecto.

El contexto político en que lo hará no puede ser más inquietante. Por una parte, con un PP dispuesto a forzar los procedimientos parlamentarios para aprobar reformas ad hoc del Código Penal como la votada ayer en el Senado -contra la opinión de todos los demás grupos-, que permitirían encarcelar al lehendakari si convocase el referéndum que figura en su plan; por otra, con un nacionalismo vasco embarcado en un pulso contra el poder judicial que le lleva a movilizarse en la calle para presionar a los tribunales.

Si Atutxa fuera procesado, estaríamos ante un gravísimo problema político. ¿Pero qué margen le queda a la justicia tras haber agotado todas las vías de convencimiento, incluyendo las advertencias de los efectos legales de la desobediencia? No puede ignorar la existencia de un precepto legal que expresamente considera delito la "negativa abierta" por parte de autoridades públicas a dar "cumplimiento a resoluciones judiciales". La estrategia del nacionalismo se basa en la hipótesis de que el temor a las graves consecuencias políticas de una intervención penal contra los desafíos de sus cargos públicos hará desistir al Estado de derecho de aplicar ese precepto. Con el añadido de que, si no se produce ese desistimiento, el resultado servirá de todas formas para alimentar el enfrentamiento en un momento en que una de las reclamaciones esenciales del plan Ibarretxe es la de un Poder Judicial propio. Arzalluz se hizo ayer portavoz de ese doble desafío a costa de Atutxa.

La inquietud
David Gistau La Razón 4 Diciembre 2003

Conmueve constatar la repentina inquietud del nacionalismo vasco por la suerte que puedan correr esos mismos militares españoles que jamás les han importado una mierda cuando han sido abatidos, en emboscadas todavía más arteras que la de Iraq, por el brazo armado de su proyecto xenófobo, Eta: soltad a los perros. Pregúntenle a Arzallus si Eta es terrorismo o resistencia ¬de paso, pregúntenle dónde esconde las armas y dónde sueña con cavar fosas de españoles¬, y ya veremos según lo que conteste hasta qué punto es cínico, inmoral y repugnante que el nacionalismo vasco finja por interés político una repentina inquietud por la suerte que puedan correr los militares españoles. Conviene no olvidar que nuestro triángulo suní no está donde a Bush se le antoje, sino al norte de Burgos. Ahí es donde «debemos estar», de donde no hay que irse.

También conmueve constatar la repentina inquietud del neo-comunismo por la suerte que puedan correr los militares españoles. Me refiero a ese neo-comunismo que hasta hace nada brindaba con champán cuando caía un guardia civil porque, como bien se encargaban de recordarle sus trovadores tipo Joaquín Sabina, Eta gozaba de todo el romanticismo que merece quien se ampare en la coartada del anti-franquismo y además, qué coño, cualquiera que lleve una bandera española cosida en la manga es un facha.

A los prejuicios neo-comunistas acuñados durante la Transición se debe el ninguneo social, el desprecio colectivo que ha sufrido el militar español, siempre digno en su aislamiento. Esos mismos prejuicios que, en realidad, y propagados desde la periferia ¬Vázquez Montalbán y demás cofrades de La Secta- trataban de convertir en virtud intelectual el desprecio por folclórico/facha de lo español, ya se tratara de los toros, la bandera o la cabra de la Legión. Es por tanto cínico, inmoral y repugnante que el neo-comunismo finja por interés político una repentina inquietud por la suerte que puedan correr los militares españoles.

Indicios de rebelión vasca
FERNANDO ÓNEGA La Voz 4 Diciembre 2003

¡LO QUE cambia la vida! Y, sobre todo, ¡lo que cambia la política! Hace pocos años, Juan María Atutxa era Consejero de Interior del Gobierno vasco. Estaba amenazado por ETA. Mostraba vídeos donde se podía ver cómo iban a acabar con su vida en un coche que saltaba por los aires. Le coreábamos porque era una especie de héroe contra el terrorismo. Y ayer, el mismo Juan María Atutxa, no otro, llegaba al Tribunal Superior de Justicia del País Vasco e hizo lo mismo que esos etarras que le querían matar: quiso declarar en euskera y hubo que pedir un traductor. Y algo más: era llamado a declarar por la protección que había otorgado a una formación política que el Tribunal Supremo identifica con ETA. ¡Cómo cambia la vida!

Entre una escena y otra han pasado pocos años; pero la política vasca ha dado el giro más importante desde que Sabino Arana fundó el PNV. El poder político vasco ha dejado de perseguir a ETA y se ha convertido en defensor de su brazo político. Se ha creado tal identidad entre ambos, que se defienden mutuamente. Y los antiguos perseguidores de la banda armada tienen que pasar ahora por los tribunales porque se niegan a cumplir una sentencia del Supremo contra ese brazo político del terrorismo. Sólo con contemplar esta diferencia, podríamos obtener la conclusión de que, si existe una guerra de los violentos con el Estado, son los violentos los que van ganando en adhesiones políticas y sociales.

Pero hay detalles todavía peores en el espectáculo visto a las puertas del Tribunal Superior. El primero, el gesto mismo de los diputados que le acompañaron e hicieron el pasillo: en condiciones normales, sería una presión sobre los jueces difícilmente tolerable. El segundo, lo que ha declarado Arzalluz en el sentido de que echará la gente a la calle si Atutxa es procesado. ¿No es eso un chantaje a la Justicia? ¿No existe ninguna tipificación de esas palabras como delito? Y el tercero, la declaración del propio Atutxa a los periodistas: se considera «apoyado por la mayoría de este pueblo».

Esta confesión, aunque respondiese a la realidad, supone enfrentar al pueblo con la Justicia. Es más: supone que la razón popular, expresada en votos, en encuestas o en sentimientos, es una razón superior a la razón del Derecho y de la Ley. Supone, por tanto, que si hubiese una decisión de procesamiento, estaría justificada la sublevación popular, y el Partido Nacionalista estaría legitimado para incitar a esa rebelión. Sublime, ¿verdad? Más que nada, increíble. Pero eso es lo que dicen los acontecimientos de ayer. Cada crónica que se escribe de la actualidad vasca es un poco más grave que la anterior. Y más suave que la siguiente.

La legalidad del PNV
Editorial El Ideal Gallego 4 Diciembre 2003

Alguien tendría que explicarle a los responsables del PNV que la legalidad no se mide por el apoyo popular a una decisión y que la Ley es igual para todos, independientemente de cual sea su cargo o sensibilidad política.

Por eso, no deja de ser pasmosa la justificación aportada por Atutxa para explicar las razones que le llevaron a no ilegalizar a Batasuna. Para el presidente del Parlamento vasco, el simple hecho de que la mayoría de los diputados le respalden es suficiente para saltarse a la torera las leyes. Y mientras Atutxa declaraba esto en el interior del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, el cada día más desnortado Arzalluz se atrevía a amenazar a todos los españoles, al tiempo que afirmaba que procesar al responsable de la asamblea legislativa sería un acto de “opresión incalculable”.

Pero lo peor es que a nadie puede sorprender la reacción de los nacionalistas. El propio Ibarretxe ya anunció que su plan se llevará hasta el final pase lo que pase, sin detenerse en premisas como la de ajustarse a la legalidad. El problema ya no es que el PNV se haya tirado al monte, hace años que adoptó esa postura. Lo más grave es que con su insistencia en incumplir lo que marca la Ley termina por dar, una vez más, cobertura a los terroristas, de quienes, ya no queda ninguna duda, se ha convertido en cómplice ideológico. Pero más allá de los calificativos, es particularmente preocupante que un gobierno pueda mantener un comportamiento semejante: aprovechar el sistema legal vigente cuando interesa y favorece y repudiarlo y violarlo cuando su dictamen no resulta tan positivo.

Deterioro institucional
Editorial El Correo  4 Diciembre 2003

Las imágenes del presidente y otros dos miembros del órgano de gobierno del Parlamento vasco acudiendo ayer a declarar ante la juez Nekane Bolado, en calidad de imputados en un posible delito de desobediencia, reflejan el momento de mayor deterioro que ha alcanzado hasta la fecha la vida institucional en Euskadi. Con su postura, Juan María Atutxa dice defender la dignidad de la Cámara, pero es su actitud la que precipita hacia la indignidad a la institución representativa de la voluntad política de los vascos. Acatar y obrar en consecuencia con la resolución del Tribunal Supremo habría supuesto, en todo caso, un daño menor al Parlamento que el que está causando la resistencia de sus responsables a cumplir la sentencia de disolución del grupo Sozialista Abertzaleak.

En todo este tiempo los declarantes han alegado que su actitud no puede considerarse un acto de desobediencia, sino la expresión de su convicción de que el Tribunal Supremo no está facultado para inmiscuirse en la organización interna del Parlamento. Lo que semejante argumentación olvida es que en un sistema democrático no puede prevalecer ningún criterio jurídico contrario a aquél que en su caso establezca el más alto tribunal. Juan María Atutxa, Gorka Knörr y Kontxi Bilbao han situado el informe de los servicios jurídicos y su propia conciencia personal por encima de una sentencia firme e inapelable del Supremo. El presidente del Parlamento se escuda tras una imprevisión reglamentaria para diluir su responsabilidad, al tiempo que justifica su actitud desde un posicionamiento netamente político. Una resolución judicial dirigida a llevar hasta sus últimas consecuencias la ilegalización de Batasuna se ha convertido, para el nacionalismo gobernante, en una fuente inagotable con la que exacerbar su victimismo y abrir así una causa general contra el sistema democrático constitucional.

Puede resultar comprensible que los correligionarios de los llamados a declarar ante la juez expresen su sentimiento solidario hacia ellos frente al tribunal. Pero la presencia de electos, de parlamentarios y de los máximos responsables institucionales de PNV, EA y EB-IU y las advertencias dirigidas por Arzalluz ante el eventual procesamiento de Atutxa, Knörr y Bilbao representan la traslación del conflicto suscitado con la negativa al cumplimiento de la sentencia del Supremo al conjunto de la instituciones gobernadas por los nacionalistas y una llamada al desacato a la propia comunidad nacionalista. Y, lo que no es menos grave, suponen una presión inadmisible sobre quien tiene el mandato democrático de administrar la justicia. La interpretación, por iniciativa de Arzalluz, del 'Eusko gudariak' ante el edificio que alberga el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco es un gesto inconcebible en quienes tienen la obligación de velar por la convivencia y ejercer una función moderadora y pedagógica respecto al papel de las instituciones en una sociedad democrática.

La unidad de España
Cartas al Director ABC 4 Diciembre 2003

Entre la clase media se habla, se dice, se comenta: «¿para esto hemos creado la democracia en España, para volver a los reinos de taifas?». Otros dicen: «La unidad de España está en peligro». Hay que acabar con esta situación pues, si la Carta Magna es la que consagra la unidad de los españoles y la soberanía reside en el pueblo, ¿por qué todo esto?

Algunos manifiestan que Ibarreche es un simple golpista que no utiliza directamente las armas al querer la independencia, camuflado en el eufemismo irritante del soberanismo. Los leñadores políticos disfrutan en España haciendo astillas del árbol caído. Unos quieren cambiar la Constitución, otros sus Estatutos, algunos desean volver a la Edad Media. Me pregunto por qué se ha llegado a esta situación. ¿Dónde vamos a ir a parar? Con estas actuaciones, los políticos nos están enseñando que sólo sirven a sus intereses y que pactan -sin escrúpulos- con tal de conseguir el poder.

Espero que mi pregunta encuentre eco en aquéllos que desean el bien de mi patria. ¿Por qué los que defienden la Constitución no se unen para acabar con esta situación? Don Quijote dijo a Sancho Panza: «No quería hacer más pragmáticas, pues si no se cumplen, es mejor no hacerlas».   A. Ramírez Díaz.   La Granja de Torrehermosa (Badajoz).

Calle Sabino Arana
Iñaki Ezkerra La Razón 4 Diciembre 2003

Fue a las doce del mediodía del 25 de noviembre, centenario de la muerte de Sabino Arana. Mientras Antonio Basagoiti, jefe de la oposición al nacionalismo en el Ayuntamiento de Bilbao, leía un manifiesto «contra la legitimación» de ese precursor de Hitler en el centro de la Villa del Nervión ¬en ese centro donde el PNV le ha puesto a su fundador una estatua¬, Francisco Caja, catedrático de la Universidad de Barcelona y presidente de Convivencia Cívica Catalana, leía dicho texto en la calle que Arana tiene dedicada en la Ciudad Condal y donde por cierto ha habido hasta hace muy poco tiempo un célebre frenopático.

El fin de la recién creada Plataforma Basagoiti-Convivencia Cívica era no dejar que pasara impune esa celebración ominosa, objetivo que se está consiguiendo pese al escaso y regateado apoyo de los medios de comunicación. Por una inercia general de tres décadas, esos medios son propensos a informar de cualquier pedo que se tira el último de la fila nacionalista, pero a la vez se muestran refractarios a la menor reacción ideológica que esa clase de exteriorizaciones político-fisiológicas suscitan en la ciudadanía constitucionalista. Tal rechazo, que pertenece a los atavismos de nuestra democracia, es especialmente grave porque la verdadera derrota de los delirios nacionalistas que hoy amenizan la vida española ha de ser ideológica o no será. Sin una ofensiva ideológica será inevitable la respuesta de los tres poderes del Estado al reto de Ibarretxe. A lo cual hay que añadir que ni esa respuesta, si se diera con 155 incluido, será suficiente mientras la ofensiva ideológica no la acompañe.

La ofensiva ideológica es lo que no ha existido hasta ahora en Euskadi y lo que ya es muy difícil que exista en Cataluña tras el 16-N. No sé si el reciente cierre del frenopático de la calle Sabino Arana y la consiguiente peregrinación de sus pacientes en busca de un nuevo espacio vital puede servir para explicar el ascenso de Esquerra Republicana en estas municipales. Dejo la cuestión para los especialistas en sociología electoral. Lo que sí sé es que construir una ofensiva ideológica que responda a la demagogia victimista de nuestros nacionalismos pasa por actos incontestables desde la lógica democrática como el citado de rechazo a la legitimación de un legado racista que evoca los capítulos más negros del siglo XX. Actos como el que, contra la apatía de nuestros «mass media», llevó a cabo simultáneamente en dos ciudades la Plataforma-Basagoiti-Convivencia Cívica y a los que asistieron gentes de otros colectivos como la Plataforma Fuera Calle Sabino Arana, que lleva tiempo luchando contra los muros del silencio en Barcelona. No se puede dejar que pase alegremente Sabino por la puerta grande de la democracia y luego cabecear cuando vuelvan los atentados de ETA.

Bono: «No podemos asistir indolentes a la pretensión de cuartear la Constitución»
LAURA L. CARO ABC 4 Diciembre 2003

En el acto oficial por el XXV aniversario de la Carta Magna, dijo que «no podemos consentir» que el nacionalismo insolidario avance en la construcción de fronteras

TOLEDO. Una defensa cerrada de la unidad, de España y del texto constitucional como garante de una Nación reconciliada, por fin, consigo misma. El presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, José Bono, aprovechó ayer el discurso pronunciado en Toledo con motivo del XXV Aniversario de la Carta Magna para reivindicar la vigencia y la solidez de la Constitución y condenar los movimientos secesionistas que plantean su ruptura, con inequívoca referencia al plan Ibarretxe. Festejó con pasión el hecho constitucional y, más allá, hizo un llamamiento a la acción en contra de quienes pretenden «cuartear ilícitamente la Constitución». «No podemos asistir impasibles, indolentes», invocó, «no podemos consentir el propósito de que se avance en la construcción de fronteras entre los españoles, a base de levantar otra frontera mucho más detestable que la física, que es la que el nacionalismo insolidario trata de fortificar». «En nuestro texto constitucional no caben soberanías compartidas ni ámbitos de decisión soberana distintos a los del pueblo español», añadiría más tarde.

Detener la hemorragia
Y después, ante los más de tres centenares de invitados al acto institucional con el que el Gobierno castellano-manchego conmemoró ayer la efeméride de la Constitución -que contó con la presencia de Gregorio Peces-Barba-, Bono advirtió que ha llegado el momento de «defender sin complejos que no cabe más nacionalismo, ni en España ni en el País Vasco, que el que cupo en la Constitución española», y también la hora de «detener la hemorragia contaminante» de los que abanderan la insolidaridad disfrazándola de autodeterminación.

«España es solidaria o no es»
Y es que, echando mano de un mensaje ya habitual en sus intervenciones, Bono parafraseó un documento de la Conferencia Episcopal para reiterar que la autodeterminación es «inmoral», «que quien quiere apartarse a comer de la mesa común es porque quiere comer más», reflexión sobre la que volvería más tarde para subrayar que «España es solidaria o no es» y que «pagar más impuestos no da más derechos». «No estamos unidos para llevar a cabo un negocio, ni por meros intereses de comerciantes fenicios. España no es un almacén de saldos para compras de ocasión».

Inmerso en las alusiones al plan Ibarretxe, tachó de «inadmisible» el debate propuesto por el Gobierno vasco sobre la secesión «que llaman sereno, cuando en el País Vasco solamente están serenos y tranquilos, sin miedo a la muerte, los que aceptan el principio de que España es la madrastra de la que deben separarse».

En contra de esta lectura de España como corsé y como trampa, José Bono recordó que se trata de un país dotado de una Constitución que supuso «la victoria de una España abierta sobre la España cerrada, el triunfo de las libertades sobre el autoritarismo», y que además «brinda libertad a todos los ciudadanos y garantiza unas cotas de autogobierno superiores a la mayoría de los Estados federales del planeta». Dicho esto, proclamó «el amor a Castilla-La Mancha y a España. Amor a esta Nación donde nadie tiene que renunciar a nada de lo que le identifica con su tierra o con su historia», donde todo es posible con «dosis importantes de respeto y de tolerancia» menos la insolidaridad.

Para finalizar, el presidente castellano-manchego quiso rendir un homenaje a las Fuerzas Armadas españolas, con especial mención a los militares, a los que reconoció haber sabido «cambiar el juramento a un régimen por el juramento a favor de los españoles en la nueva etapa democrática». Tuvo palabras de recuerdo para los últimos asesinados en Irak, para concluir agradeciendo su labor «a la Guardia Civil, a la Policía, al Ejército» y a tantos uniformados a los que dijo «si no hubiera hombres como vosotros, habría que inventarlos».

Miguel Bernard: «No se puede jugar con las instituciones y atacar la unidad de España»
J. Arias Borque - Madrid.- La Razón 4 Diciembre 2003

Miguel Bernard es el secretario general del sindicato de funcionarios y movimiento ciudadano Manos Limpias, colectivo que ha presentado la querella contra Atucha, Knörr y Bilbao que les obligó ayer a comparecer ante el TSJPV, y también de un recurso contencioso-administrativo contra el Plan Ibarreche.

¬ ¿Qué motivaciones ha tenido Manos Limpias para presentar la querella?
¬ Estamos en un Estado de Derecho y todos debemos acatar la Constitución española, porque para ello fue votada la mayoría de las instituciones. Cuando alguien ataca a las instituciones y se está jugando con la unidad de España tiene que haber una respuesta, en este caso de un grupo de ciudadanos que quieren defender al Estado de Derecho y a la Constitución.

¬ ¿Qué esperan conseguir con esta querella? ¿Creen que con ella se disolverá a SA?
¬ Las leyes son para todos y además son las instituciones públicas las primeras en dar ejemplo. No se puede permitir que se estén rompiendo todos los esquemas del Estado de Derecho. Estamos convencidos de que el final, por los testimonios que hemos podido ver en la sala, será la condena por desobediencia y la desaparición de Sozialista Abertzaleak.

¬ ¿Cree que va a haber presiones desde el Gobierno vasco y otras instituciones controladas por los secesionistas?
¬ Las presiones a nivel de calle y de políticos han sido evidentes. Sólo hay que ver la concentración que se ha formado frente al TSJPV. Además, cuentan con ERC y BNG. Pero por encima de cualquier presión debe estar la independencia del Poder Judicial y nosotros confiamos en él.

¬ Si finalmente la querella prospera, ¿cree que puede haber consecuencias políticas?
¬ La principal de ellas debe ser la inhabilitación. Sería el triunfo, no de nosotros, sino del Estado de Derecho y de la Constitución. La victoria sería saber que en este país se respetan las leyes y que la justicia trata a todos por igual sin tener en cuenta su categoría.

"Vida de maqueto", testimonio póstumo de Chumy Chúmez
El humorista desvela públicamente sus pensamientos sobre el nacionalismo vasco en un libro -"Vida de maqueto"-, que acabó pocos días antes de morir el pasado abril.
FAX PRES. Madrid Heraldo de Aragón 4 Diciembre 2003

El dibujante, humorista, escritor y director de cine José María González Castillo, conocido como Chumy Chúmez, finalizó su último libro, "Vida de maqueto", pocos días antes de morir el pasado abril, en el que desvela públicamente sus pensamientos sobre el nacionalismo vasco. La obra sale ahora publicada tras haber conseguido el I Premio Algaba de Biografía, Autobiografía y Memorias.

El autor, donostiarra de nacimiento, envió un comunicado a la editorial antes de su fallecimiento calificando su novela como "inédita y que no ha sido presentada a ningún otro concurso". "Al final de su vida se convenció que necesitaba hablar de lo que se había silenciado tanto tiempo, y lo hizo con el último suspiro de su existencia", señaló su sobrina, Mercedes Bermejo, durante la presentación del libro y la entrega del premio.

La sobrina del maestro del humor negro comentó que, a su juicio, "cuando Chumy escribió la obra ya sabía que se iba a morir y lo hace para saldar una deuda con la ideología nacionalista que siempre le consideró una persona de segunda".

Un "maqueto"
A través de relatos cortos, el fundador del semanario de humor "Hermano Lobo", expresa cómo a lo largo de toda su vida se sintió considerado como un maqueto (término que los nacionalistas vascos emplean para calificar a los inmigrantes españoles). "Siempre se quejaba de el poco respeto que tenían los de su tierra a su persona y a su obra", indicó Bermejo.

El mismo muestra en su novela como se sintió un maqueto de esos que Euskadi había visto crecer y morir. "Muchos se volvieron a sus pueblos de la nostalgia, otros envejecieron mirando el mar hipnotizados como el primer día que lo vieron. Otros murieron y fueron enterrados en Euskadi con su sudario de pana".

Su sobrina contó que cada vez que Chumy Chúmez volvía a su tierra notaba más silencios, un clima más espeso, envuelto por el miedo, "que es el que se respira hoy en Euskadi. Los vascos sufrimos día a día con las armas de ETA, lo que hoy se ha convertido en el Plan Ibarretxe", subrayó.

Ciudadanos de a pie tomarán parte en los debates de la Fundación para la Libertad
OLATZ BARRIUSO/BILBAO El Correo 4 Diciembre 2003

La sociedad civil será la protagonista de la conferencia que la Fundación para la Libertad celebrará mañana en el Palacio Euskalduna de Bilbao para poner de relieve la necesidad de relevar al nacionalismo al frente del Gobierno vasco y de «perder el miedo» al cambio político en Euskadi. Empresarios, ertzainas, personas que por distintos motivos han abandonado el País Vasco y profesionales liberales tomarán la palabra para hablar en favor de «la paz y la libertad» y «exigir responsabilidades» al Ejecutivo de Ibarretxe, según explicó ayer en Bilbao el coordinador de la convención y ex secretario general del PSE Nicolás Redondo.

La presentación del acto correrá a cargo de Maite Pagazaurtundua y continuará con unas palabras de la presidenta de la Fundación, Edurne Uriarte. A continuación, se dará paso a los testimonios, entre los que habrá «sorpresas». Redondo hizo especial mención a los representantes del empresariado que, dijo, darán mañana «un paso adelante» al significarse contra el plan Ibarretxe a pesar del «miedo al nacionalismo que existe en este país».

El turno de intervenciones incluirá también el testimonio de Carlos Martínez Gorriarán -que, en representación de Basta Ya, glosará el papel de los movimientos sociales y aprovechará para animar a acudir a la manifestación del día 13 en San Sebastián- y el de Conchita Martín, viuda del teniente coronel Pedro Antonio Blanco, en nombre de las víctimas. El coordinador destacó el especial «significado político» de esta intervención, al tratarse del primer asesinato de ETA «después de la tregua trampa», que, según Redondo, señaló el inicio de un ciclo marcado por la «crispación generada por los nacionalistas».

La jornada continuará con la discusión de cuatro ponencias, centradas en el plano socieconómico, la educación, el papel de los movimientos sociales y el de los profesionales frente al «corporativismo nacionalista». Tras el debate, los moderadores expondrán las conclusiones de cada una de las áreas y José María Muguruza leerá una «propuesta» de la Fundación al PP y al PSOE, que hará «un hincapié especialísimo en la idea del cambio» y con la que pretenden «ayudar» a ambos partidos españoles a «trabajar» por la alternancia.

Redondo subrayó que el PNV no ha sido capaz de solucionar «los dos principales problemas del país, el terrorismo y las relaciones con el resto de España», por lo que «merece» pasar a la oposición, la única manera, en su opinión, de «terminar definitivamente con ETA».

Miguel Sanz exige la máxima «prioridad» para erradicar el terrorismo
PAMPLONA El Correo 4 Diciembre 2003

El presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, abogó ayer por la «unidad de acción y de criterio» para combatir la violencia terrorista «considerándola al margen de cualquier planteamiento político y otorgándole la prioridad que los ciudadanos exigen para erradicarla definitivamente».

En el discurso pronunciado durante la recepción oficial a las autoridades con motivo del Día de Navarra, Sanz defendió «la validez» de la Constitución en su 25 aniversario y volvió a arremeter, sin citarlo, contra el plan Ibarretxe. «Nadie debe entrar en el juego perverso de complacer los planteamientos de los terroristas con la excusa de que así propicia su desaparición. Nadie debe sacar provecho político de un fenómeno que asesina, destruye y extorsiona. Nadie está moralmente legitimado para hacer planteamientos idílicos, y por ello, absurdos, como si no existiera una banda terrorista que destroza familias, que amenaza y provoca siempre que puede. Garantizar la libertad de todos los ciudadanos debe ser la principal tarea de todo responsable político», afirmó.

Por otra parte, el arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, señaló en la homilía pronunciada con motivo de la festividad de San Francisco de Javier, que la conciencia cristiana obliga a los dirigentes políticos a buscar el bien común de la sociedad «con honestidad y verdad, no anteponiendo objetivos partidistas a los bienes irrenunciables de la seguridad y la libertad de los ciudadanos».

El debate: volver al principio
JOSEBA ARREGI El Correo  4 Diciembre 2003

Este último fin de semana EL CORREO y 'El Diario Vasco' han publicado una encuesta en torno al plan Ibarretxe. El resultado indica una división de la sociedad en dos mitades. Una división que no es una cualquiera, sino una división que afecta a la manera de entenderse a sí mismos los ciudadanos vascos, a la manera de concebir y entender la propia sociedad vasca. Para muchos este resultado es la confirmación de algo sabido: la sociedad vasca sólo se puede constituir como sujeto político mediante el pacto entre esas dos mitades, y no mediante la mayoría, bien exigua, de una de las mitades sobre la otra. Pero el verdadero valor del resultado de esa encuesta radica, a mi entender, en algo distinto. Ese resultado muestra con claridad cuál es, cuál debe ser el lugar del debate que tanto nos ocupa. Muestra dónde debe ser ubicado ese debate para que sea real, cuáles son las condiciones de posibilidad del debate.

El resultado de la encuesta publicada pone de manifiesto que para que haya debate real es preciso que éste comience por el principio. Y comenzar por el principio significa que el debate no puede responder exclusivamente a las necesidades tácticas de un nacionalismo cuya apuesta de Estella/Lizarra ha fracasado. Comenzar el debate por el principio, ubicarlo de manera adecuada, implica que el debate no puede responder a la necesidad del nacionalismo vasco de digerir el fracaso de su apuesta por la negociación con ETA, apuesta que fracasa trágicamente -especialmente para los no nacionalistas- con el fracaso de la tregua de ETA. Comenzar por el principio significa que el debate no puede estar supeditado a la voluntad del nacionalismo de hacer de la captación de votos del mundo de Batasuna que se produce en la últimas elecciones autonómicas una táctica para consolidar ese mismo flujo electoral, blanqueando al mismo tiempo la conciencia de su fracaso.

Por todas esas consideraciones el comienzo del debate no puede venir de una propuesta unilateral, ni mucho menos de un texto articulado unilateralmente y presentado a aprobación en el Parlamento vasco con toda solemnidad. Para que realmente exista debate es preciso que éste parta de una valoración conjunta, en la que participen todos los partidos democráticos, de la situación política, social y cultural actual de Euskadi. Es decir: para que el debate sea efectivo y serio es preciso que se parta de una puesta en común de lo que han dado de sí todos estos años de vivir como actores políticos con el Estatuto de Gernika, gracias al Estatuto de Gernika.

Planteado el debate en ese lugar, ubicado de forma adecuada el debate, en su contexto unos podrán mostrar su frustración con el Estatuto de Gernika, podrán poner de manifiesto su frustración por el grado de desarrollo alcanzado, su malestar por la falta de cumplimiento de las previsiones obligadas -diferenciándolas bien a las claras de las previsiones potenciales, pero nunca obligatorias- por parte de todos los gobiernos centrales, su enfado porque la historia de las transferencias ha sido una historia de pelear constante contra la voluntad centralista de todos los gobiernos centrales. Podrán mostrar esos mismos incluso su deseo de ir más allá de lo previsto en el Estatuto de Gernika, sea obligatorio o simplemente posible; de ir más allá del mismo Estatuto de Gernika, apostando por una nueva situación, por una forma distinta de constituir el sujeto político Euskadi, sociedad vasca, para lo cual tendrán que presentar argumentos de 'bien común', como gusta decir a los obispos de Euskadi, y demostrar que no se trata sólo de aspiraciones particulares, partidistas.

Otros, sin embargo, y en el marco del mismo debate bien ubicado, podrán poner de manifiesto su frustración porque no se ha cumplido la esperanza-promesa de que con el Estatuto de Gernika iba a desaparecer la violencia terrorista. Podrán manifestar su malestar porque con el Estatuto de Gernika, lejos de acomodar al nacionalismo en el Estado, parece que se han favorecido sus aspiraciones a no darse por sartisfecho nunca. E incluso podrán plantearse que el desarrollo del Estatuto de Gernika a veces ha servido para promover una idea de sociedad vasca unilateral, no compartida. Y además podrán plantear que el nacionalismo, desde el interior del Estatuto, ha aprovechado la 'ventaja' concedida por todos los gobiernos centrales desde el inicio de la democracia, por todos los partidos responsables de ellos, de ser el elemento crucial en quien se descarga la responsabilidad de definir cómo se acaba con ETA y cómo se engarza Euskadi en el Estado, para pactar con los que se situaron desde el principio y voluntariamente fuera del Estatuto, con los que lo quisieron derrotar justificando el uso de la violencia, llegando hasta a proclamar la imposible acomodación de los no nacionalistas en la Euskadi definida por el conjunto de los nacionalistas.

Planteado en ese punto el debate, la situación cambiaría probablemente de forma radical. No se trataría de un debate en el que unos -los nacionalistas vascos- piden, y otros -los no nacionalistas vascos- están obligados a dar, como el debate está planteado actualmente. No se trataría de un debate en el que sólo unos tienen interés, mientras que otros lo soportan como algo impuesto. No se trataría de un debate en el que unos, los nacionalistas vascos, parten con ventaja.

Se trataría de acordar primero y de forma mancomunada los términos mismos del debate. Ahora es una de las partes la que ha acordado los términos del debate, mientras que los otros están abocados a oponerse simplemente a él, porque se trata de un debate cuyos términos no han sido acordados. Se trataría de establecer un equilibrio en el punto de partida. Un equilibrio que viene obligado además y sobremanera por la situación de amenazados en su libertad y en sus derechos básicos de los que son la parte que ha sido marginada en la definición de las condiciones del debate.

Mirado desde esta perspectiva, se trataría de renovar el espíritu de pacto que dio nacimiento al Estatuto de Gernika. Y nada mejor para renovar dicho pacto que el analizar y valorar conjuntamente, no de forma unilateral, lo que dicho pacto ha dado de sí, cuáles han sido los desarrollos menos aceptables para todas las partes que sellaron aquel pacto, no sólo para una de las partes, y acordar las correcciones oportunas en ambas direcciones para que el pacto pueda tener futuro.

Porque, si es verdad que puede existir la apariencia de que unos, los llamados constitucionalistas, se oponen a entrar en el debate planteado por los nacionalistas, siendo tildados por ello de opuestos al diálogo, no menos verdad es que este debate planteado en estos términos por los nacionalistas vascos oculta la falta de disposición de éstos a debatir el fracaso de la apuesta del nacionalismo en Estella/Lizarra, en la negociación con ETA, en la exclusión de los no nacionalistas vascos en la institucionalización de la sociedad vasca, y todo ello además en nombre de la paz, de cuya ausencia son víctimas fundamentalmente estos últimos, los no nacionalistas.

Porque en la situación actual de Euskadi, y si no queremos tirar por la borda la memoria de nuestra historia reciente, no se puede decir que sólo unos se niegan al debate: todos se niegan al debate que les afecta. Nunca mejor dicho que en la Euskadi de hoy un debate sirve para ocultar otros debates, que detrás de la negativa a un debate es preciso ver otras negativas a otros debates. Y mientras todo eso no aflore a la superficie, andaremos mutilados, andaremos mutilando la sociedad vasca.

¿No llama la atención que en las fechas en las que se celebra el centenario de la muerte del fundador del nacionalismo vasco, Sabino Arana, todo sea debatible para el nacionalismo fundado por él, los marcos jurídicos, las instituciones democráticas, las reglas y procedimientos acordados, los pactos sellados, todo, menos la formulación del nacionalismo mismo, cuando todas las ideologías y todas las formulaciones políticas se han sometido durante ese tiempo a profundas transformaciones y cambios?

A un servidor, nunca le preguntan
Nota del Editor 4 Diciembre 2003

Esto de que cuando hay un cincuenta por ciento más o menos a cada lado de la raya, da derecho a que se pueda negociar cualquier cosa, demuestra un talante particularista tremendo.

Porque yo me pregunto qué derechos se podrían reclamar si en vez de al cincuenta por ciento, el reparto fuera cuarenta-sesenta,  o en mi caso, 0,000001-99,999999 (en un lado estoy yo y en el otro todos los demás (si los medios no me silenciasen, seguro que seríamos más en algunos asuntos importantes)).

Si hacemos una lista de todos los temas que rodean a todas las personas, la probabilidad de que haya dos que compartan la misma opinión en todos ellos es bastante pequeñita, así que menos debates y más sentido común.

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