AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 6  Diciembre  2003
La Constitución Española, un cuento chino
Nota del Editor 6 Diciembre 2003

Vigencia constitucional
Editorial La Razón 6 Diciembre 2003

Constitución es libertad
ENRIQUE VILLAR MONTERO
El Correo  6 Diciembre 2003

Gana la Constitución
Editorial ABC 6 Diciembre 2003

Veinticinco años: Ni reforma ni autodeterminación
Gabriel CISNEROS La Razón 6 Diciembre 2003

Veinticinco años de todos
Ignacio Villa Libertad Digital  6 Diciembre 2003

Concordia y libertad
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 6 Diciembre 2003

Norma de convivencia
Editorial El Correo  6 Diciembre 2003

Horror terrorista
Editorial ABC 6 Diciembre 2003

El primer pago a ERC
Editorial ABC 6 Diciembre 2003

Maragall en la utopía de los independentistas
EDITORIAL Libertad Digital  6 Diciembre 2003

Señales
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  6 Diciembre 2003

Por la utopía independentista
VALENTÍ PUIG ABC 6 Diciembre 2003

«Susper» y los jueces
JAIME CAMPMANY ABC 6 Diciembre 2003

Cartelera de espectáculos
Juan Pablo Colmenarejo La Razón 6 Diciembre 2003

Cuestión de presión
TONIA ETXARRI El Correo 6 Diciembre 2003

Políticos, profesores, empresarios y víctimas reclaman un relevo constitucional en el País Vasco
EFE Libertad Digital  6 Diciembre 2003

El constitucionalismo vasco pide en el Palacio Euskalduna un «cambio por la libertad»
M. ALONSO ABC 6 Diciembre 2003

Atacan con cócteles molotov la vivienda de una concejal del PSE en Azpeitia
San Sebastián. Agencias ABC 6 Diciembre 2003

Pat Cox inaugurará en Madrid el primer Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo
ABC 6 Diciembre 2003

Constitución, política e identidad nacional
JOSÉ MARÍA BENEGAS
El Correo  6 Diciembre 2003
 



 

La Constitución Española, un cuento chino
Nota del Editor 6 Diciembre 2003

En general suelo escribir mis réplicas a continuación del recorte de prensa, pero hoy parece que todos están de acuerdo en alabar un papel que visto con un poco de sentido común es un cuento chino, papel mojado, confusa reglamentación sin credibilidad alguna.

En estas páginas he recortado algunos artículos que explican su nacimiento, como se ve, nada lógico, un verdadero aborto para satisfacer a los que participaron, invitados a dedo.

Pero me centraré en cuatro puntos:

Idioma común español: inexistente, lo que implica además que los ciudadanos hispanohablantes no pueden ejercer su ciudadanía en las autonomías con lengua propia (si Vd. cree que por vivir en una comunidad autónoma que no tiene lengua "propia", puede disfrutar del uso del idioma común español, está completamente equivocado, sólo tiene que echar un vistazo a un mapa de Fomento, ver el tiempo en la tele o salir de Madrid por la NVI para percatarse de su error).

Igualdad de todos ante la ley: inexistente, la clase política y la monarquía están exentas, y en las autonomías con lengua propia, los hispanohablantes son ciudadanos de segunda.

Autonomías-municipios-el poder cercano al ciudadano: el eterno big-bang, descentralizar, centralizar para optimizar, descentralizar y así sucesivamente, aumentando constantemente la nómina de políticos, funcionarios y su clientela; ante cualquier conflicto nos sueltan todo el armamento legal que encima pagamos nosotros (si ha  tenido algún pleito con alguna entidad pública ya sabe de que hablamos). Y para más cachondeo, la ley del suelo, para que además de pagar la caja A, paguemos también la B y la C.

Soberanía del pueblo español: inexistente, pues poder elegir la papeleta de cualquier partido político no es un acto de soberanía sino una broma; y encima la última palabra está corresponde a los tribunales de justicia y constitucional, en manos de funcionarios, afines a sus partidos políticos, que mayormente fallan lo que les conviene sin atender al espíritu ni letra de las leyes.

Así que menos celebraciones, que ya está bien de que encima de pagar la cuenta, pretendan tomarnos el pelo.

Vigencia constitucional
Editorial La Razón 6 Diciembre 2003

Hace hoy 25 años, España vivía momentos difíciles, de incertidumbre, pero también de esperanza. Estrenábamos ese día nuestra Constitución y, con ella, se abría un período de cambio y de avance social y económico sin precedentes, que difícilmente hubiera sido posible sin la disposición de la clase política o el consenso de los españoles para superar viejas heridas. Porque hay que recordar que eran tiempos de grandes dificultades, de un terrorismo en plena actividad (70 españoles murieron asesinados ese año a manos de ETA), de una extrema derecha en activo y de una profunda crisis económica a la que era incapaz de enfrentarse la vieja estructura heredada del régimen de Franco. El fruto de la Transición no es perfecto, pero sí ha resultado ejemplar para el mundo el meteórico progreso alcanzado por España desde entonces, que sin duda ha sido posible gracias a la consolidación de un sistema de libertades y, ante todo, a la asunción general del espíritu de solidaridad que representa la Carta Magna, hasta el punto de que hoy es simple historia aquel peligro de involución que tuvo su clímax con el golpe del 23-F. Fue la Corona, fue Don Juan Carlos, quien comprendió que la Monarquía de todos era el puente preciso, el único posible, para el tránsito democrático y quien supo capitanear con valor y acierto la defensa de la Constitución en aquella histórica encrucijada.

El aniversario es, justamente, motivo de celebración y de alegría, de reconocimiento debido a los impulsores de su nacimiento, que no debe ocultar que si la situación ha cambiado no siempre ha sido para bien, y que hay sombras que amenazan al Estado nacido hace 25 años. Si el Plan Ibarreche es, ciertamente, un ataque directo contra la Constitución, ayer, desde el recién constituido Parlamento autonómico catalán se lanzaban nuevos y peligrosos desafíos.

Es evidente que el peligro del nacionalismo secesionista se ha hecho realidad más que tangible y que se ha colado de rondón en nuestro Estado de Derecho desde las grietas abiertas por la deslealtad a la Constitución. Porque lo cierto es que el ataque se ha perpetrado desde dentro por quienes se han burlado del sistema de amplias libertades que los españoles votamos hace 25 años para socavar impunemente los principios de igualdad, de libertad y de unidad. Pocos pensaron entonces, cuando el desafío era articular el Estado moderno y democrático del que nunca habíamos podido disfrutar, que fuera necesario introducir en las leyes las salvaguardas que ahora se han revelado como imprescindibles, como ha sido el caso de la deslegalización de Batasuna.

El éxito de la nueva sociedad española, la evolución política o la integración en la Unión Europea, y no sólo en el desafío nacionalista, indican sin embargo que el texto es susceptible de mejoras, de adaptaciones que si hoy no son imprescindibles deberán hacerse en un futuro más o menos próximo so pena de anquilosar, y degradar, nuestra Ley de Leyes. Se habla, entre otros asuntos, de terminar con desigualdades como la discriminación de la mujer ante el hombre en la sucesión a la Corona, y ciertamente caben todos aquellos cambios que se propongan desde la lealtad y el sincero sentimiento de mejora de un texto que, con todo, es nuestra única garantía de paz y libertad. Hace un cuarto de siglo se logró un nivel de entendimiento que hoy es la marca mínima para poder acometer una reforma constitucional.

Constitución es libertad
ENRIQUE VILLAR MONTERO/DELEGADO DEL GOBIERNO EN LA C. A. DEL PAÍS VASCO
El Correo  6 Diciembre 2003

A lo largo de los últimos veinticinco años, tiempos de esperanzas, de tristezas, de ilusiones, de llanto por los compañeros que se fueron o que nos arrebataron... de tantas y tantas sensaciones y vivencias, sólo una parte de esta convulsa sociedad vasca ha celebrado, de una u otra manera, cada uno de los veinticinco últimos 6 de diciembre, el refrendo popular de la Constitución española. Ha celebrado no sólo la Constitución con mayúsculas, la de los expertos en leyes o la de las grandes ocasiones. Que también. Ha festejado, a su manera, la Constitución del día a día, la de andar por casa. La de los pueblos, la de las fiestas, la de los colegios, del deporte, de los niños... Ha celebrado, muchas veces con apuro, otras con una cierta pizca de temor, como mirando de reojo, la herramienta con la que, durante veinticinco años, hemos construido entre todos este magnífico edificio que es nuestra España de hoy. La España en libertad y de las libertades de la que podemos y debemos sentirnos tan justificadamente orgullosos.

Constitución, España y libertad son palabras difíciles en el País Vasco. La clase dirigente de nuestra comunidad autónoma ha sabido impregnar gran parte de la sociedad vasca con las esencias de un nacionalismo de andar por casa; con una ideología aldeana basada en dos o tres lugares comunes. Decir España en el País Vasco está mal visto; nombrar la Constitución es políticamente incorrecto; defender la libertad supone pagar con la vida o con la hacienda. El nacionalismo vasco, que busca el poder absoluto fagocitando a la izquierda abertzale y convenciendo a ETA, está ya en el camino de Euskal Herria, de la libre asociación y de la separación. Del vacío.

Son los que, representantes de una opción ideológica como es el nacionalismo vasco, han renegado, frente a los primeros, de una Constitución y de un Estatuto de Autonomía que, porque así se ha decidido democráticamente en las urnas, les han permitido gobernar y dirigir una comunidad autónoma rica, próspera y con unos niveles de autogobierno sin parangón en nuestro entorno.

Cuando el conjunto del nacionalismo decide quebrantar la propia Constitución española y el marco de convivencia que todos los españoles aprobamos hace hoy 25 años, la primera obligación democrática es saber superar las diferencias y hacer de la defensa del futuro de la sociedad española nuestra principal apuesta. Ante la desvergüenza de aquellos que quieren romper las reglas del juego con las que han estado viviendo holgadamente durante 25 años, ante quienes burlan sistemáticamente las decisiones judiciales y, en definitiva, ante los que ultrajan miserablemente con su conducta a tantas víctimas del terrorismo, sólo hay una actitud posible: firmeza en la aplicación de las leyes. Pero firmeza y prontitud.

La provocación es de tal envergadura que sobrepasa lo meramente partidario, afectando a cuestiones esenciales en la convivencia común de todos los españoles. Los derechos y las libertades están amenazados por iluminados que postulan en sus homilías de taberna y confesionario el odio y la exclusión, Quienes compartimos la convicción de unir nuestros esfuerzos, tenemos que ser capaces de estar a la altura de las circunstancias.

La Constitución de 1978 nació fruto del consenso y el diálogo, resultando un marco de convivencia e integración. El plan Ibarretxe, por el contrario, es la antítesis de la tolerancia y la lealtad institucional. El nacionalismo vasco, en una deriva hacia el abismo, ha decidido heredar el proyecto político de ETA. Desprecian a las víctimas del terrorismo, cuyo sufrimiento no significa políticamente nada a la hora de asegurar la hegemonía de sus objetivos. No es sólo una traición a las víctimas, sino que el nacionalismo vasco lleva a cabo la traición al pacto de convivencia constitucional y la traición a España y al propio País Vasco. Ese plan es la culminación de la mentira y del cinismo sobre el que basan toda la retahíla de mitos y falsos agravios históricos.

El Gobierno de España, al que he tenido el inmenso honor de representar durante los últimos ocho años en el País Vasco, se ha propuesto que este especial aniversario de la Carta Magna no pasara desapercibido. O que por lo menos tuviera un brillo especial. Y con tal fin ha desarrollado toda una serie de actos coordinados desde las más altas instancias del Gobierno. Y lo ha hecho desde la constatación de que son muchos los acontecimientos que han sucedido desde diciembre de 1978. Sin embargo, y al margen de las legítimas discrepancias sobre las formas de organización social, la valoración de sus problemas y el alcance de las soluciones, es un hecho constatable que la Constitución y el consenso generado en torno a su espíritu han impulsado cambios de enorme trascendencia para los españoles y el Estado social y democrático de Derecho en el que han decidido organizarse. Los españoles hemos asentado nuestra convivencia social sobre los sólidos cimientos de la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad y el respeto a la ley y a los derechos de los demás. Hemos construido un Estado de las autonomías con un grado tal de descentralización política que ha de servir, lo hace ya, de modelo para otras democracias.

La Constitución española ha significado democracia, libertad y convivencia y ha permitido que el País Vasco sea una de las comunidades con más nivel de autogobierno del mundo. Durante las dos últimas legislaturas se han firmado acuerdos de financiación con todas las comunidades autónomas, entre los que destacan los acuerdos de financiación local con ayuntamientos y la renovación definitiva del Concierto del País Vasco y de Navarra, además de haberse materializado el traspaso de competencias por un valor de tres billones de las antiguas pesetas.

Es hoy un día para la celebración. Hace 25 años, los españoles ratificamos en referéndum la Constitución. Lo cierto es que la Constitución de 1978 constituye un hecho único en la historia del constitucionalismo español, ya que por primera vez en nuestra historia puede hablarse de una norma fundamental aceptada por todos y elaborada prácticamente por todos, gracias a un espíritu de colaboración y consenso que refleja a la sociedad española y rige su convivencia.

Pero debe ser también un día de esperanza y de homenaje. De esperanza porque nuestra democracia es fuerte. Porque el Estado de Derecho va a ser inflexible con quienes pretendan por la vía de la ilegalidad romper nuestro marco de convivencia, intentando confundirnos con sus huecos llamamientos al diálogo y con su cínicamente atormentada cantinela. Y de homenaje. De homenaje a quienes, en nombre de esa falsa cantinela, fueron vilmente asesinados. A todas esas vidas truncadas por la dinamita o el plomo. ¿Pero qué tremenda injusticia! Al celebrar hoy el 25 aniversario de la Constitución española, mi recuerdo y mi palabra son para aquéllos que pagaron con su vida el triunfo de nuestra libertad.

Gana la Constitución
Editorial ABC 6 Diciembre 2003

HOY se cumple, en el ámbito decisivo de la legitimidad política, el vigésimo quinto aniversario de la Constitución, aprobada en referéndum por el pueblo español el día 6 de diciembre de 1978. Es opinión común que se trata de la mejor Constitución de nuestra Historia, pieza decisiva para la incorporación irreversible de España al mundo contemporáneo. Una Constitución que goza de notable arraigo social, aunque a algunos les cuesta admitirlo. En efecto, más allá de símbolos o retóricas oficiales, los electores optan siempre por votar a partidos serios y rigurosos en cuanto a ideología y capacidad de gestión. Ninguna ocurrencia transitoria ha prosperado a escala nacional y son irrelevantes en el conjunto de España los sufragios que obtienen los radicales y extremistas de uno o de otro signo. He aquí el reflejo de una sociedad madura, anclada en una fuerte clase media, que dota de estabilidad al conjunto y rechaza de forma rotunda las aventuras oportunistas. Ésta es una buena razón para el optimismo, derivado también de una prosperidad económica sin precedentes, que sitúa a nuestro país en la cercanía inmediata de los Estados más desarrollados, si atendemos al dato objetivo de las cifras macroeconómicas. Sólo los resentidos o los que se complacen en la mentira interesada pueden negar que la Constitución ha resuelto felizmente problemas muy graves que enturbiaban, hace poco tiempo, la convivencia entre los españoles. Así, asuntos tales como la vieja «cuestión agraria» o la propia «cuestión religiosa» se sitúan ya en el dominio de los historiadores y carecen de significado polémico para las generaciones jóvenes.

ESPAÑA cumple con holgura los requisitos más rigurosos del Estado constitucional. Pieza clave es, sin duda, la Corona, la mejor forma de gobierno en nuestra realidad histórico-política, en cuya configuración actual la figura de Don Juan Carlos I alcanza una dimensión extraordinaria. En la base del sistema se sitúa la soberanía nacional, que reside en el pueblo español y es fuente única y exclusiva de la legitimidad del poder. No es admisible, por ello, la invocación fraudulenta del derecho de autodeterminación o la invención de un hipotético sujeto constituyente, con el objeto de confundir la parte con el todo. Establece nuestra Ley de Leyes instituciones representativas derivadas del pluralismo político y la limpia confrontación electoral. Un pluralismo fortalecido gracias a la ilegalización de Batasuna, partido falso que no era sino un burdo disfraz de la banda terrorista ETA, como quedó acreditado en su día ante el órgano jurisdiccional competente. Funciona de manera razonable el principio de división de poderes, con especial incidencia en un Poder Judicial llamado a administrar la justicia que emana también del pueblo y que debe ser concebida como garantía de seguridad jurídica y recta aplicación de la Ley al caso concreto. En fin, los derechos fundamentales que reconoce el Título I están a la altura (a veces, muy por encima) de las más modernas declaraciones internacionales y cuentan con un sistema de garantía, en especial el recurso de amparo, que resiste con largueza la comparación respecto de cualquier ordenamiento jurídico contemporáneo. Toda obra humana es, por supuesto, perfectible, pero son sin duda muchas las virtudes que cabe atribuir a nuestra Carta Magna.

EL debate sobre una eventual reforma exige, en el contexto actual, algunas precisiones conceptuales. Hay quienes pretenden la «ruptura» de la Constitución, en nombre de un falso poder originario que trata -significativamente- de ocultarse bajo el manto generoso de los derechos históricos reconocidos por la disposición adicional primera. Sobre este punto no hay discusión posible. En rigor, las aventuras soberanistas dependen más de la conveniencia particular de ciertas elites nacionalistas que de una preocupación auténtica de los ciudadanos. Es notorio que la inmensa mayoría de los españoles se siente muy cómoda en un marco jurídico que permite manifestar con absoluta libertad cualquier opinión o preferencia territorial o cultural. Existe, eso sí, un límite infranqueable: el reconocimiento del Poder Constituyente único y el deber de lealtad respecto del proyecto común. Un objetivo muy distinto es el pretendido por quienes defienden ciertas reformas parciales, dignas sin duda de un debate sosegado que las circunstancias presentes no aconsejan. Las modificaciones que se plantean, referidas en especial al Senado, no van a solucionar problemas de fondo, aunque pueden contribuir a un mejor funcionamiento del complejo Estado autonómico. Por lo demás, el fortalecimiento del Senado como Cámara de representación territorial depende tanto y más de la voluntad política de los partidos que de su plasmación formal en el texto escrito de las normas. Hay que insistir en que el momento resulta especialmente inoportuno. Bien se dijo en la Declaración de Gredos, adoptada de común acuerdo por los siete ponentes constitucionales, que cualquier reforma futura requiere al menos el mismo grado de consenso que se alcanzó en su día. Tenemos una buena Constitución, que llega ahora a su plenitud. La España constitucional es la única forma posible de convivencia para la inmensa mayoría de nuestra sociedad, que desea desplegar su proyecto vital en una nación fuerte y sólida, moderna y plural, abierta al mundo contemporáneo, protagonista de su propio destino después de tantos esfuerzos para superar viejas querellas. Todo ello con la convicción y la determinación que se desprende de la expresión precisa y concluyente que abre el artículo 1.1 de nuestra norma fundamental: «España se constituye...».

Veinticinco años: Ni reforma ni autodeterminación
Gabriel CISNEROS La Razón 6 Diciembre 2003

A medida que los nacionalismos se radicalizan, dejan de interesarse por la reforma constitucional. Saben que sus proyectos exigirían una Constitución nueva y que, aunque pudieran caber en una Constitución reformada, nunca sería posible contar con el consenso necesario ni poner en marcha el procedimiento establecido para culminar tal tipo de reformas. Pero se resisten a aceptar que la contumacia en sus ensoñaciones excluyentes, encerradas en la más quimérica de las utopías y ajenas por completo a la realidad autonómica, española y europea del siglo XXI, es un viaje a ninguna parte.

Por eso defienden un pretendido derecho de autodeterminación, que, injustificadamente, goza de una apariencia de sublimación de las esencias democráticas y que, como consecuencia de la deliberada confusión conceptual que encierra, suscita menor rechazo que un secesionismo declarado. Expresiones como «derechos humanos de los pueblos» o «derecho de un pueblo a decidir su destino» parecen razonables. Sin embargo, para la efectividad de ese supuesto derecho, es necesario que alguien decida primero quienes conforman el pueblo. No es cuestión de poca monta, pero, en realidad, su planteamiento resulta superfluo, porque el concepto de derecho de autodeterminación aplicado en el ámbito de un Estado democrático es una pura falacia.

En el ámbito interno, resulta evidente la falta de respaldo jurídico de la autodeterminación, que nuestra Constitución rechaza, igual que el resto de las Constituciones democráticas. No podía ser de otra forma, porque oponer al principio de soberanía popular el de la soberanía de los pueblos supone quebrar las bases en que se funda una democracia representativa.

Quedaría el reducto del Derecho Internacional. Es cierto que la Carta de las Naciones Unidas de 26 de julio de 1945 y los Pactos Internacionales de 1966 incluyen el derecho de los pueblos a su autodeterminación. Pero en modo alguno se refieren a las minorías nacionales integrantes de un Estado, supuesto al que se intenta aplicar.
El documento explicativo publicado por la misma Conferencia que elaboró la Carta de 1945, aclaró expresamente que el principio de autodeterminación allí establecido no suponía un derecho de secesión de minorías, doctrina consagrada desde entonces y mantenida reiteradamente por la Asamblea General de las Naciones Unidas de forma tan inequívoca como ésta: «La ONU no puede aceptar y no aceptará jamás una secesión en cualquiera de los Estados miembros». La Resolución 1514, del 14 de diciembre de 1960, se refiere a «pueblos sujetos a una subyugación, dominación y explotación extranjera». El artículo 6 de esta misma resolución insiste en que «todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional o la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas».

Hoy prevalecen también los mismos criterios. El profesor de la universidad de Barcelona, Félix Ovejero Lucas, cuestiona que «pueda dotarse de algún sentido preciso al llamado derecho de autodeterminación», apoyándose en una opinión solvente, la de una publicación de la universidad de Oxford, en la que distintos especialistas en filosofía del derecho y teoría jurídica presentan el estado de su disciplina en el año 2002.

En esa publicación se puede leer: «De acuerdo con la opinión preponderante entre los investigadores, en el presente no hay un derecho legal a la secesión, excepto en dos circunstancias mas bien excepcionales: lo que podría llamarse casos clásicos de colonización (como las colonias de ultramar que quisieron librarse del control metropolitano) y, quizá, la reclamación de un territorio soberano que hubiera sido sometido a ocupación militar por una potencia extranjera mediante un acto de agresión».
 
¿Alguna de nuestras Comunidades Autónomas podría alegar el más remoto parecido con esas situaciones?

Veinticinco años de todos
Ignacio Villa Libertad Digital  6 Diciembre 2003

El vigésimo quinto aniversario de la Constitución española nos confirma una realidad: la clase política española es muy pobre en argumentos y mensajes, demuestra una notable carencia de iniciativas que de verdad interesen y afecten al bienestar de los ciudadanos e insiste en mirarse el ombligo. Los profesionales de la política mantienen discusiones eternas sobre la conveniencia o no de reformar la Constitución, cuando las preocupaciones de los españoles son otras muy diferentes, y así se van alejando cada vez más de los ciudadanos, aquellos a quienes se supone que están obligados a servir. En definitiva, este aniversario nos deja una evidencia: la gran mayoría de los políticos viven en una burbuja, rodeados por sus propios intereses y muy lejos de los españoles.

Sólo un ejemplo. ¿Alguien me puede explicar qué ha querido decir Rodríguez Zapatero cuando ha pedido este viernes al Gobierno que no "diseque" la Constitución? ¿Alguien puede diseccionar el fondo, si lo tuviera, de esta afirmación inequívocamente ridícula? ¿Ustedes creen que al español medio le interesa esta trascendente aportación del secretario general del PSOE? Pues, sinceramente, no. A la ciudadanía le preocupa el terrorismo, los objetivos secesionistas de Ibarretxe, la estabilidad en Cataluña, pero, sobre todo, le interesa lo que puede afectar directamente a su vida: el paro, los impuestos, la sanidad, la educación y la calidad de vida. Los votantes están cansados de los discursos vacíos e insustanciales de unos políticos que sólo velan por su propia supervivencia.

Sinceramente, este aniversario constitucional nos deja un mal sabor de boca. La clase política no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Pero sobre todo no se entiende la actitud del PSOE, un partido que ha estado trece años en el Gobierno, con vocación nacional y con una cierta tradición de seriedad, cuya actual dirección federal se dedica simplemente a enredar. El PSOE ha dejado de ser una referencia nacional en un momento en el que populares y socialistas deberían hacer frente unidos, sin complejos y con seriedad, a la ola nacionalista que se nos viene encima. Pero no, el señor Zapatero ha preferido lanzarse a una deriva sin sentido y sin dirección, peligrosa e irresponsable. El PSOE ha optado por soltar amarras del puerto del sentido común y boga mar adentro hacia ninguna parte.

El triunfo de estos primeros veinticinco años de Constitución se debe sobre todo a los ciudadanos. De los políticos y gobernantes, sólo merecen sumarse al éxito aquellos que han tomado medidas para permitir que sea la propia sociedad la que crezca, dejando hacer a los españoles, sin ponerles demasiadas trabas para impulsar el avance de España, que en estos veinticinco años ha dado pasos de gigante. Vivimos en un país estable, con un saludable crecimiento económico, con peso en los foros internacionales, con personalidad en el mundo. Es una España que progresa y lo hemos conseguido todos los españoles, al margen de nuestra clase política. Sin duda, España seguirá avanzando, mientras los políticos insistirán en sus egoísmos. Ellos a lo suyo, y los demás a lo nuestro. Desgraciadamente, esa es la solución.

Concordia y libertad
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 6 Diciembre 2003

DOS palabras, «concordia» y «libertad», condensan el sentido y el valor de la Constitución de 1978. Nació de la concordia y para la libertad. Sello jurídico de la reconciliación nacional de los españoles. Sin concordia la sociedad no existe y se abre el camino hacia la lucha civil. Sin libertad, al menos sin el sentimiento de ser libre, una sociedad se asemeja a un rebaño. Ni panacea ni tabú, sigue siendo hoy garantía de libertad y de concordia. Sus enemigos son los enemigos de éstas.

Tres aspectos podrían hoy recordarse: su naturaleza, sus éxitos y las amenazas que pesan sobre ella. De lo primero, ya queda dicho en el párrafo anterior lo que me parece fundamental. Si acaso, cabría añadir que el régimen político que establece es la democracia liberal, bajo la forma de la Monarquía parlamentaria. Y conviene no olvidar que el adjetivo «liberal» denota la garantía de los derechos de las personas (no de los colectivos, grupos o etnias), la limitación del poder (por muy democrático que sea ha de estar limitado) y la idea del ejercicio del poder en nombre y representación del pueblo (no el poder ejercido directamente por él).

Sus éxitos o, quizá, para ser más exacto, del espíritu de concordia y libertad que condujo a ella, son tan patentes que no es necesario detallarlos. Los últimos veinticinco años, con todos sus errores y deficiencias, componen el período más justo, estable y próspero de la historia contemporánea de España. La libertad política no produce inestabilidad. Por el contrario, sólo la libertad produce verdadera, no ficticia, estabilidad.

Y las amenazas. Son, si no me equivoco, dos: el nacionalismo separatista y el odio revanchista de un sector de la izquierda radical que, al parecer, identifica la reconciliación con la imposición de sus tesis, con aroma de naftalina y alcanfor, y el ejercicio de la memoria maniquea y selectiva. La democracia no es el triunfo del antifranquismo sino la superación del franquismo. Entre otras cosas, porque muchos antifranquistas, acaso la mayoría, no fueron demócratas. Pero la mayor amenaza no procede de estos reaccionarios nostálgicos sino del separatismo nacionalista. Cualquier opción por aberrante que sea puede ser defendida si se hace dentro de los límites del respeto a la Constitución. Ésta prevé incluso la reforma total. Lo malo de la actitud sediciosa del Gobierno regional vasco no es que aspire a la reforma de la Constitución o del Estatuto; es que pretende romper la Constitución por vía inconstitucional. Medios y fines coinciden, una vez más. No sólo es que quieran destruirla; quieren hacerlo también con los principios que la sirven de fundamento: la soberanía reside en el pueblo español y la Constitución se fundamenta en la unidad de España y no al revés.

ALTERAR el sujeto de la soberanía entraña un acto de sedición. Y es que algunas de las defensas que se hacen de la Constitución me parecen algo acomplejadas. No es sólo ella la que debe ser defendida. Por encima de la Constitución se encuentra la unidad de España, porque es ésta la que fundamenta y da sentido a aquélla. Por más que se les llene a muchos la boca con la expresión «la España plural», el sustantivo «España» proclama su superioridad sobre el adjetivo «plural». Por muy plural que sea, y no lo es tanto como se dice (basta viajar y alejarse un poco), es también y antes «una». La Constitución cumple veinticinco años. Ojalá cumpla siglos. Pero España tiene ya más de veinte siglos. Defender la Constitución es defender, al menos, tres cosas: la concordia, la libertad y la unidad de España.

Norma de convivencia
Editorial El Correo  6 Diciembre 2003

La Constitución de 1978 representa el período democrático más estable y próspero de cuantos ha conocido la historia de España. Veinticinco años después de la aprobación en referéndum de la Carta Magna, la sociedad española tiene ante sí retos e incertidumbres que no pueden ser soslayados; pero ninguno de ellos podría compararse con los peligros que acecharon a las anteriores etapas democráticas de nuestra historia común. Los problemas del presente y los retos del futuro inmediato resultan más sutiles y, quizá por eso mismo, más complejos en su resolución. La Constitución constituye sobre todo un compromiso de convivencia entre los ciudadanos de la España democrática; de convivencia entre las diversas nacionalidades y regiones a que se refiere el artículo 2º de su Título Preliminar. Pero esa convivencia no podría sustentarse en la mera voluntad de quienes en su día labraron el consenso constitucional si el texto fundacional de nuestra democracia no contuviera las normas precisas que la garantizan.

El unánime reconocimiento del marco de libertades que la Constitución ha brindado al progreso de los españoles contrasta con las dificultades que presenta el engarce de las comunidades históricas en un futuro compartido y solidario. La tramitación parlamentaria del denominado plan Ibarretxe, así como los proyectos de reforma estatutaria y constitucional que subyacen a la conformación de la próxima mayoría de gobierno en Cataluña son sus dos ejemplos más palpables. La propia Constitución contempla la posibilidad de su reforma y perfeccionamiento. De igual manera que su articulado permite una interpretación que acomode un amplio abanico de demandas y aspiraciones. Pero toda inclinación a valorar la Constitución en aquello que es modificable en ella incurre en una torpe e injusta lectura respecto a lo que de verdad representa como compromiso no inmutable pero duradero. Ninguna pieza esencial de nuestro ordenamiento jurídico podría experimentar cambios sin que ello conmueva el conjunto de la distribución del poder político en España. Desde ese punto de vista, la apertura de vías unilaterales como la pretendida por el soberanismo de libre asociación constituye, en su irresponsable obcecación, un serio peligro para la concordia entre los propios vascos y entre éstos y el resto de los españoles.

En 1978, el nacionalismo vasco cifró su actitud frente a la Constitución en la mutabilidad de ésta. Del mismo modo que veinticinco años después contempla el proceso constituyente de la Unión Europea con la confianza de quien está persuadido de que lo que hoy no es posible podrá serlo mañana. La abstención preconizada por el PNV en el referéndum constitucional ha sido explotada durante todo este tiempo como un argumento inagotable que permitía a dicho partido dotarse y dotar a la autonomía vasca de atribuciones y competencias, sin que ello supusiera la rúbrica de compromiso alguno por parte del nacionalismo gobernante. Es cierto que en este cuarto de siglo la Constitución podía haber sido desarrollada de forma más favorable al Estado de las autonomías y, en concreto, al autogobierno de los vascos. Pero inferir de tal constatación que se han incumplido los acuerdos que dieron inicio a la democracia y a la autonomía en Euskadi constituye, sencillamente, una falacia que sólo puede explicarse por el afán que el nacionalismo tiene en estos momentos por desentenderse de aquellos mismos acuerdos.

La necesaria reconducción de la tensión autonómica protagonizada desde Euskadi o desde Cataluña hacia cauces constitucionales exige que los poderes del Estado velen por la defensa escrupulosa de los mismos frente a cualquier tentación de violentar abierta o veladamente la letra y el espíritu de la Constitución en aras a un bien presuntamente superior. Nuestro sistema democrático descansa en una división de poderes más trascendente que la representada por la distribución territorial del poder: la que concierne a la independencia del Ejecutivo, del Legislativo y del Judicial. La contención constitucional frente a los intentos de desbordamiento soberanista del ordenamiento vigente exige el exquisito sometimiento de las decisiones que adopten por separado esos tres poderes a ese mismo ordenamiento y su aconsejable adecuación a la jurisprudencia que hasta hoy ha procurado la convivencia entre los españoles.

Dicha convivencia no será más confortable y sólida por el hecho de que el ordenamiento legal se vea colmado con nuevos tipos delictivos o con nuevas cautelas judiciales si éstas no obedecen a una necesidad perentoria, o si su promulgación no responde a un consenso amplio. Del mismo modo, el recurso al poder judicial para que dirima conflictos de naturaleza política ha de ser administrado con la moderación de quien ha de saber que la solidez del sistema democrático depende de que cada ámbito institucional se responsabilice de cuanto le compete, así como de que los propios ciudadanos sean capaces de exigir cuentas a quienes administran en su nombre el poder de legislar y de gobernar en un Estado constitucional.

Horror terrorista
Editorial ABC 6 Diciembre 2003

POR desgracia, la brutalidad terrorista comienza a ser un dato cotidiano. El milenio continúa su andadura flanqueado por la percepción colectiva del Terror globalizado. El 11-S ha inaugurado un escenario de violencia terrorista a escala planetaria en el que el fanatismo emerge con frecuencia inusitada. Las sociedades abiertas, o en vías de serlo, padecen su acoso constante. A los ojos febriles de esos fanáticos -ya sean religiosos o nacionalistas-, la libertad es una amenaza que debe ser frenada como sea. Para conseguir este objetivo vale todo, incluso la muerte sacrifical de sus seguidores. En este sentido, su saña no tiene límites. Sobre todo cuando la alimentan minorías exaltadas por la furia totalitaria de un desprecio cuya única esperanza de victoria es conseguir que sus enemigos vivan instalados en el miedo permanente de saberse víctimas potenciales de sus ataques.

El futuro inmediato no es halagüeño. Manifestar lo contrario sería iluso. La expansión global de los principios sobre los que se asienta la civilización liberal irrita a quienes abominan de ellos. Tal es así que los seguidores del odio terrorista son capaces de autoinmolarse por la causa totalitaria a la que sirven. Con fanáticos así no es difícil augurar que la inseguridad seguirá creciendo. En pocas semanas varios países -entre ellos España- han padecido el horror que practica el terrorismo. El atentado sufrido en el sur de Rusia constata que nadie está libre de él ya que acecha en un tren de pasajeros que circula con destino a una ciudad balneario; en una carretera en los alrededores de Bagdad mientras se lleva a cabo una misión de ayuda humanitaria o en una sinagoga apartada en un barrio de Estambul.

El terrorismo quiere provocar el horror y hoy, desgraciadamente, es relativamente fácil conseguirlo. Su ganancia simbólica es la maximización de la inseguridad y la desestabilización de las sociedades abiertas. El atentado checheno ha dejado tras de sí 40 muertos y a una Rusia herida en su orgullo, justo cuando tiene un proceso electoral en ciernes. Los terroristas han elegido bien su objetivo. Como se vio semanas atrás, Rusia avanza hacia un nacionalismo populista que puede comprometer el avance de su débil democracia si cede ante el deseo de vengar sus muertos siguiendo las pautas violentas que otras veces ha observado en su lucha contra el terrorismo checheno. El fortalecimiento del autoritarismo ruso es el fin buscado. Por eso, y a pesar de la justicia de su indignación, Rusia no puede caer en la trampa de la involución antiterrorista. La entereza ante el golpe sufrido exige de un país que aspira a su homologación occidental que responda a la amenaza integrista con la proporcionalidad que preside la represión del terrorismo en una sociedad democrática. El terror es cosa de los integristas, no de los demócratas.

El primer pago a ERC
Editorial La Razón 6 Diciembre 2003

La elección de Ernest Benach, el candidato de ERC, como presidente del Parlamento catalán se interpreta como el primer pago a este grupo en su calidad de partido bisagra del nuevo arco político capaz de llevar al poder tanto al PCS como a CiU. El grupo republicano e independentista de Carod Rovira no ha necesitado mucho tiempo para demostrar cuáles son sus verdaderas intenciones y, en las primeras palabras del flamante presidente de la Cámara, se advierte ya que están dispuestos a que la nueva legislatura sea un verdadero período «constituyente». Es decir, que ERC está dispuesto a utilizar su poder como contrapeso político para redactar un nuevo Estatuto de Autonomía que, por el «Viva Cataluña libre» gritado por el propio Benach, augura que estará más en la línea del Plan Ibarreche que en la del respeto a la Constitución.

ERC es, ciertamente, un partido bisagra, pero en modo alguno representa a una parte significativa de la sociedad. Por el contrario, su mensaje obtuvo en las urnas el 16 por ciento de los votos. Por eso debemos insistir en que quienes han obtenido el respaldo mayoritario de los ciudadanos no han sido, precisamente, los independentistas, sino los dos grandes partidos catalanes, CiU y el PSC. A ellos corresponde articular un Gobierno estable para Cataluña. Y a ellos se les debe exigir responsabilidades al haber dado carta de grandeza, por mero cálculo partidario y avidez de poder, a un grupo minoritario que hoy busca imponer el fraude de una Cámara «constituyente».

Maragall en la "utopía" de los independentistas
EDITORIAL Libertad Digital  6 Diciembre 2003

Cuando el PSC pactó con ERC en el Ayuntamiento de Barcelona, no faltaron voces que aseguraban que con esa implicación en las instituciones y en las responsabilidades del gobierno municipal, los socialistas lograrían moderar a los independentistas y hacerles asumir unas dosis de realismo que les llevaría a abandonar los maximalismos de su nacionalismo secesionista. La verdad es que, lejos de este cándido pronóstico, lo que ha ocurrido en estos años es que las huestes de Carod Rovira no sólo han mantenido vivos sus objetivos máximos —que ahora creen más próximos— sino que han sido los socialistas los que han proseguido en su deriva nacionalista hasta el punto de ser Maragall quien ha planteado una reforma del Estatuto catalán que otorga el carácter de nación a Cataluña y entra abiertamente en colisión con la Constitución Española.

Bien es verdad que en esa deriva nacionalista del PSC contribuyó durante un tiempo el amordazamiento de la critica a los nacionalistas del PP tras la decapitación política de Vidal-Quadras, que permitió a los socialistas presentarse como única alternativa a la hegemonía de CiU. El PP ha empezado tímidamente a recuperar ese discurso que jamás debió perder y a recuperar también parte de aquellos votantes que decidieron, tras la defenestración de Vidal-Quadras, abstenerse o votar a Maragall como mal menor.

En cualquier caso, nada ha evitado esa deriva en el PSC, y hoy hemos presenciado cómo el diputado independentista, Ernest Bernach, era proclamado presidente del Parlamento Catalán gracias al apoyo tanto de CiU como del PSC. El discurso de investidura de Benach ha sido una nueva muestra del escaso sentido de “moderación” que muestra Esquerra Republicana cuando toca poder institucional, aunque sea en un puesto tan ajeno en las formas al sectarismo como debía ser la presidencia de un parlamento. El diputado independentista ha invitado a la Cámara Catalana a “iniciar un camino sin retorno hacia una nación plena” y empezar “a escribir el guión de la utopía”. Para concluir su encendido discurso lanzó un reivindicativo “Visca Catalunya lliure”, como si no lo fuera desde hace tanto tiempo como lo es el resto de España.

No hay que olvidar, a este respecto, que la felicitación de la que más orgulloso se mostró Carod Rovira al conocerse que su partido tendría la llave del Gobierno en Cataluña, fue la que recibió del lehendakari Ibarretxe, de cuyo plan secesionista se ha mostrado siempre un ardoroso partidario. Aunque el líder de ERC se mostró favorable a incluir en la Mesa del Parlamento al PP, concediendo que los populares “también representan a Cataluña”, lo cierto es que este gesto sólo trata de camuflar el carácter excluyente de ese “guión utópico” que pretende escribir con la ayuda de Mas, de Maragall o de ambos. También los nacionalistas vascos tienen la desfachatez de invitar a los constitucionalistas a un consenso en torno a un plan que excluye a los no nacionalistas.

Carod Rovira dejó muy claro en la campaña que “Maragall debería elegir entre Cataluña o el PSOE de Madrid”. Lo cierto es que el dirigente socialista catalán ha dejado patente desde el primer momento su indiferencia ante los efectos que pueda tener en su partido, el PSOE, su descarada voluntad de llegar a un acuerdo con los independentistas. Zapatero no sólo no ha ejercido presión alguna sobre el candidato catalán, sino que suicidamente ha supeditado todo el partido a ese entendimiento con ERC, como ilustra clamorosamente el bochornoso episodio vivido en la FEMP, donde los socialistas —incluido Vázquez— rechazaron condenar el plan Ibarretxe por no desairar a los deseados socios de Maragall.

Mientras tanto, los mandos del PSOE —es decir, Prisa— ya se ha puesto manos a la obra para convencernos de que la mayoría de los españoles nos mostramos en los sondeos partidarios de modificar la Constitución... No sabemos si el “guión” con el que quieren reformarla será tan “utópico” como el que pretende escribir el nuevo presidente del parlamento catalán. Pero seguro que no será el más adecuado para conmemorar el 25 aniversario de nuestra Carta Magna.

Señales
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  6 Diciembre 2003

Es una buena señal que el flamante presidente de la Cámara catalana, Ernest Benach, le haya puesto la etiqueta de utopía a su proyecto. Ya sabemos ahora que los fines de ERC no están, literalmente, en ningún sitio, y que, en concreto, no están en el calendario. Ni para el 2007, como aseguró Carod, ni para nunca. Tranquilos quedamos.

Curiosa señal es la que envía el PP al hacer vicepresidente primero del Parlament al socialista Clotas. Piqué prefiere PSC a CiU, lo que confirma la ruptura absoluta de Génova con los nacionalistas desde la negativa convergente a aprobar los Presupuestos, una irresponsabilidad y una traición a quienes siempre cumplieron a rajatabla su pacto de gobernabilidad en Barcelona.

Otras señales sutiles exigen interpretación. A principios de semana dijo Carod que el PP no podía quedar fuera de la Mesa del Parlament y ayer sostuvo que Cataluña era más que la suma de los nacionalistas: “también es, por ejemplo, el PP”. ¿Qué le está pasando al líder de los independentistas? Según alguien muy próximo a él, cuyo nombre no revelaré, está empezando a ajustarse a las necesidades de su próximo socio de gobierno, Pasqual Maragall: el PSOE no puede permitirse bajo ningún concepto aparecer ligado (¡en plena precampaña!) a la exclusión de los populares de la vida política en Cataluña.

Según esta fuente, CiU nunca ha tenido ninguna posibilidad. ERC y PSC se entienden desde hace años a la perfección; Carod no olvida que los socialistas fueron los primeros en cederles verdaderas áreas de poder en un Ayuntamiento tan importante en presupuesto y en notoriedad como el de Barcelona. Y lo hicieron cuando no necesitaban sus votos, siguiendo probablemente una estrategia a largo plazo que perseguía lo que la próxima semana será un hecho: el desalojo de CiU tras décadas de frustración socialista.

La noche del 16 N Carod se llevó un susto morrocotudo al saber que había obtenido dos diputados más de lo que preveían las prospecciones más favorables. Esto, unido a la caída de escaños del PSC, ha obligado a un simulacro de negociación paralela con la coalición que había ganado las elecciones.

Ya se ha cifrado el número de cargos de confianza de CiU que saltarán: ¡siete mil! No puedo evitar imaginarme a esos nacionalistas destetados con el aspecto del malo de Matrix, el que se replica sin cesar: una tropa clónica vagando desorientada por las calles.

Mientras tanto Durán manda sus señales inútiles a esa parte de la ciudadanía que se cree ganadora y a la que aguarda una enorme frustración: todo va maravillosamente, les dice, y el acuerdo está prácticamente alcanzado. Puros ejercicios de autosugestión de un hombre en la cuerda floja: Carod promete auditorías de infarto, y no hay nada que apeste más en Cataluña que la Conselleria de Treball, siempre en manos de UDC, y de donde ha trincado hasta el apuntador. ¡Lo que le espera a Durán si Carod es de los que cumplen sus promesas!

Por la utopía independentista
Por VALENTÍ PUIG ABC 6 Diciembre 2003

EL nuevo presidente del Parlamento autonómico de Cataluña abrochó ayer con un «¡Visca Catalunya lliure!» un primer discurso que comenzó siendo de pausado tono institucional y concluyó con una apuesta por la utopía del independentismo en manos de una generación política que ocupa escaños por primera vez. Sopesada la trayectoria de Esquerra Republicana, los elementos de arcaismo identitario y de izquierdismo asambleario pesan bastante más que la capacidad de renovar la semántica política. Incluso el efecto escenográfico de las negociaciones para el pacto de gobierno en Cataluña ostenta un mechón caduco, de crisis a la vieja usanza italiana, con rumorosos diálogos y trueques a la sombra de la Historia reescrita desde la perspectiva de que unos catalanes lo son más que otros.

La euforia de ERC tiene arrebatos de juvenilismo político y de tanteo a ciegas en el cofre histórico de las esencias de Macià y Companys, dos personalidades escasamente propensas a la ecuanimidad y al pactismo. Representaron más bien la tradición del todo o nada, una de las torpezas estratégicas más tangibles del catalanismo político. Al modo de esos remolinos que aceleran el movimiento de las aguas en un desagüe, Esquerra Republicana ha logrado ocupar el eje vertiginoso de las negociaciones. En otros tiempos, los sastres de Madrid tenían en oferta un rayadillo Maciá o un terno cruzado como los de don Niceto Alcalá Zamora. Ahora tenemos el pintoresco conjunto de corbata y camisa que ha exhibido el nuevo presidente del Parlamento autonómico catalán, el señor Benach, perfectamente a sus anchas, utópicamente osado en la retórica inaugural, pletóricamente feliz en su sillón institucional con solo un 16 por ciento de los votos. El sillón no es inevitablemente incómodo aunque Carod-Rovira diga que «es absolutamente imposible una evolución del Estado español en la cual Cataluña pueda sentirse cómoda». Estamos en fase de prólogo.

«Susper» y los jueces
Por JAIME CAMPMANY ABC 6 Diciembre 2003

QUIERO enviar desde aquí mi más sentida condolencia y la expresión más solidaria de mi pésame a don Xavier Arzallus, alias el «Jesuitón», a don Juan José Ibarretxe, alias el «Suave», a don Juan María Atutxa, alias el «Rebelde», y a don Iñaki Anasagasti, alias el «Ensaimada», por la nueva detención del ilustre vasco don Ibón Fernández Iradi, alias «Susper». Las Policías francesa y española no cejan en su persecución de los heroicos asesinos etarras, que tanto han hecho por mandar al cielo a cientos de vascos y maketos, por llevar a Euskal Herría a la pobreza, a la inseguridad y al terror, y por instalar al PNV en el Gobierno de Ajuria Enea.

Ya se escapó una vez el insigne «Susper» de las garras de la bofia gabacha, reptando como una culebra, o sea, como lo que es, por los tubos de ventilación de la comisaría de Bayona. El día de su fuga, el Jesuitón, el Suave, el Rebelde y el Ensaimada expresaron su alivio y alegría con líticas memorias poéticas: «¡Ay, amor, que se fue y no vino! ¡Ay, amor, que se fue por el aire!». Por el aire se fue Susper, pero los maderos franceses, enemigos encarnizados del pueblo vasco, han vuelto a trincarlo sin piedad. Y los lectores habrán comprobado por la fotografía que han reproducido los periódicos que durante sus años de libertad se han acentuado en el rostro de Susper los rasgos de intelectual que ya le caracterizaban y distinguían.

El triste acontecimiento ha dejado desolados a los peneuvistas de pata negra, porque con la detención de Susper la cuadrilla de vareadores del nogal se queda sin jefe para seguir agitando el árbol y que Arzallus recoja las nueces. Menos mal que queda en libertad por ahora Gorka Palacios y se espera que él se haga cargo de dirigir a los vareadores. Pero esta detención es una gaita, porque cada vez van quedando menos heroicos asesinos etarras con el carácter, la experiencia y la saña necesarias para dirigir la cuadrilla. Porque si al final no quedaran vareadores que agiten el árbol, no van a ponerse Arzallus, Ibarretxe, Atutxa y Anasagasti, o sea, el Jesuitón, el Suave, el Rebelde y el Ensaimada, a mover el árbol con sus manos y a echar las nueces al santo suelo, es decir a enviar prójimos a la tumba.

Menos mal que si una puerta se cierra, otra se abre. De Madrid llega a Ajuria Enea la noticia de que los señores magistrados del Tribunal Constitucional han dado con admirable habilidad una larga cambiada al toro del recurso del Gobierno contra el Plan Ibarretxe. No hay recurso mejor para la justicia que darle tiempo al tiempo. Dar largas es un recurso judicial muy socorrido. Siempre es bueno dejar que se enfríe el pastel. Que aleguen de nuevo las partes, y dentro de cien años, todos calvos. El tiempo todo lo resuelve. Acaba con todos los planes, con Ibarretxe, con el Gobierno vasco, con Aznar, con el Gobierno de Madrid y con los propios magistrados del Tribunal Constitucional. Mañana siempre es otro día. Y lo peor es que esos heroicos asesinos etarras tienen la mala costumbre de adelantar la sentencia inexorable del tiempo cuando alguien no les cae bien.

Cartelera de espectáculos
Juan Pablo Colmenarejo La Razón 6 Diciembre 2003

Ha sido una semana de numeritos. Dejemos a un lado el quiebro de Ronaldo a Simeone, era como si el «gordito» patinara sobre hielo, dijo «el mono» Burgos, y pongamos en otro el centro de Beckham a Raúl. Espectáculo, por cierto, contemplado por una ensimismada defensa del Atleti en primera fila. Sólo 16 segundos de sufrimiento para unos, de gloria para otros y a dormir que hace frío.

Horas antes de estos gestos, hubo otro quiebro. Algunos tienen claro que no todos somos iguales ante la ley. El número del paseo por Bilbao de los imputados Atutxa, Knorr y «Kontxi de Llamazares» así lo demuestra. Si cualquier ciudadano tiene la ocurrencia de no pagar a Hacienda porque le parece que sus impuestos se emplean mal, sólo le espera el infierno de las inspecciones y ataques sobre la cuenta corriente. ¿Se atreve alguien a desafiar al fisco porque no está de acuerdo con los presupuestos asignados a la sanidad? El valiente que lo intente que se atenga a las consecuencias.

Salvo que seas presidente de un parlamento, vicepresidente o secretaria de la mesa. En ese supuesto puedes desobedecer al Supremo si no te gusta la sentencia de disolución de Batasuna. Haz lo que te dé la gana que te acompañará Arzallus hasta el juzgado. Cantará contigo el himno del soldado vasco, gritará contra la opresión y se irá a comer tan pancho un «pintxo». La escena del miércoles fue un espectáculo de desafío que a algunos les recordó el viaje a la cárcel de la Guadalajara del felipismo sin poder del 98.

Ya quisieran los oprimidos de verdad tener el nivel de renta de los concentrados ante la sede del TSJPV. Menos mal que no apareció Rafael Riego. No se hubiera entendido que un liberal entonara cánticos con los nacionalistas. Riego defendió la Constitución de 1812 frente al absolutismo. Aquel texto proclamaba la unida del fuero. Una sola ley para los españoles, por lo que no tiene sentido que Anasagasti cite a Riego. Lo que pasa es que al portavoz del PNV le ha dado por copiar lo que otros han escrito y saltarse la Historia de tal forma que mezcla a Arana, defensor de la supremacía de una raza, con los liberales del XIX que pedían la igualdad y la eliminación de todo privilegio. ¿Se habrá leído Anasagasti la Constitución de Cádiz? Da la impresión de que alguien le pasó una copia falsa.

Cuestión de presión
TONIA ETXARRI El Correo 6 Diciembre 2003

Aquí todo menos aburrirnos. Desde que empezó el desafío de Atutxa y sus socios a la Justicia, al mantener una abierta negativa, «hábilmente enmascarada» según la Fiscalía, a cumplir con la obligada disolución de Batasuna como grupo parlamentario, se ha desatado un intercambio de descalificaciones en torno a la presión, que no tiene desperdicio. Si hasta ahora estaban todos liados con la crispación, («¿no crispéis!» que diría 'Caperu', en tono socarrón, en el cuento de Mario Onaindia), una vez demostrado que el plan Ibarretxe está dividiendo, cada vez más, a la sociedad vasca, hemos pasado a la fase de la presión. Una fase que debería entenderse, por ser más precisos, por los intentos de coacción. Cuando dice Arzalluz que aquí va a pasar algo gordo «si Atutxa va a la cárcel», unos se lo toman como una amenaza; pero los que se molestan en leer saben que no pasa de ser una consigna. Porque en el caso de que hubiera condena por un delito de desobediencia a una resolución judicial, se sabe que el presidente del Parlamento no iría a la cárcel sino que se le inhabilitaría para ejercer su cargo durante seis meses a dos años. La frase del dirigente nacionalista fue un 'guiño-cañí' para la afición. Pero todo vale para hacer ruido y por eso el PNV, además de recuperar el 'Eusko Gudariak' (¿qué cantará ahora Otegi?) le ha arrebatado a Batasuna su lema preferido: «cuanto peor, mejor».

Del espectáculo frente al Palacio de Justicia ha quedado un poso de amargura y de indignación en el mundo de la Judicatura. No sólo porque los imputados de honor entrasen y saliesen por la puerta noble del edificio, como si fueran magistrados, mientras un impaciente Arzalluz hacía las veces de portero. Unos jueces que todavía guardan el recuerdo fresco de su compañero Lidón en su memoria y aguantan más de lo que parece: el dirigente del PNV les dijo que estaban haciendo las veces de la Guardia Civil de antes y despreció a los que no saben euskera; y el lehendakari con su plan demuestra que no les considera suyos, según Juan Luis Ibarra. Pero los jueces no quieren pasar por alto la denuncia del intento de coacción de los nacionalistas mientras declaraban ante la juez los tres imputados. A Imaz le parece, sin embargo, que es Aznar quien presiona a los jueces. Quizás esté condicionado, y es comprensible, por la reforma del Código Penal que quiere volver a hacer el PP. Pero él no se aplica el cuento. Y presiona (¿o se dice 'emplaza'?) para que los socialistas rompan de una vez el Pacto Antiterrorista con el PP.

Se conmemoran los 25 años de Constitución y seguimos pendientes de la acomodación de los nacionalismos. Del derecho a la libertad individual sólo se acuerdan los colectivos que cuentan en sus filas con el mayor número de víctimas del terrorismo y los partidos constitucionalistas. Ellos siguen viviendo coaccionados. Pero de su presión, y ése es su principal reproche, sólo se acuerdan en el Gobierno vasco cuando ocurre una desgracia.

25 ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCIÓN
Políticos, profesores, empresarios y víctimas reclaman un relevo constitucional en el País Vasco
Un acto convocado por la Fundación para la Libertad en el Palacio Euskalduna de Bilbao ha sido quizá el más significativo de los celebrados por las bodas de plata de la Constitución Española. Allí no se debatió la conveniencia de reformar la Carta Magna sino la violación a la que se la somete en el País Vasco. Construir una alternativa al nacionalismo fue el objetivo de esta conferencia coordinada por Nicolás Redondo Terreros bajo el lema "Cambiar para la Libertad".
EFE Libertad Digital  6 Diciembre 2003

Los ponentes de la Conferencia "Cambiar para la Libertad" que se ha desarrollado este viernes en Bilbao defendieron en sus conclusiones la necesidad de elaborar una estrategia de las formaciones constitucionalistas para ganar al nacionalismo en las próximas elecciones y cambiar el Gobierno Vasco. El acto fue coordinado por Nicolás Redondo Terrreros y convocado por la Fundación para la Libertad.

"Nos sobran los argumentos para combatir el Plan Ibarretxe, pero nos falta diseñar un lenguaje para esa parte de la sociedad que tienen secuestrada y que aún no sabe que sus actuales representantes van a empeorar su bienestar", explicó el catedrático de Economía Aplicada de la UPV, Felipe Serrano. En relación al Plan Ibarretxe, Serrano vaticinó que "no se van a ir sólo al desempleo los constitucionalistas, sino también los que votan al PNV" y resaltó que los pensionistas vascos "ya reciben la solidaridad y ayuda de los trabajadores del resto de España". El director del Euskobarómetro, Francisco Llera, ponente de la Comisión de Educación y Cultura ofreció un diagnóstico de "monopolio nacionalista en la Educación, que ha corrompido la ética cívica y que ha destruido la sociedad por la tribu". Frente a ello, sin embargo, contrapuso el ejemplo de los jóvenes del PP y PSE, que subieron al estrado y cuya portavoz, Cristina Ibarrola, edil del PP de Durango, afirmó: "Hacedlo vosotros (el cambio político). De no ser así, lo haremos nosotros y lo veréis todos".

El ertzaina Teo Santos, que inició su discurso con la afirmación de que "todas las policías del Estado juramos la Constitución", insistió en la necesidad de elaborar una "estrategia moderada" para el cambio político y caminar hacia "una España potente que Euskadi fortalece".

El coordinador de la Conferencia, Nicolás Redondo Terreros, lamentó que "lo peor de la España cainita, de las dos Españas de Machado, sigue residiendo por desgracia en el País Vasco", y prometió que un eventual cambio político "no es para que ellos (los nacionalistas) estén como nosotros estamos ahora". El abogado José María Muguruza aseguró que "estamos defendiendo lo que en su día fue el objeto del consenso de todos", explicó, por lo que realizó en nombre de la Fundación un llamamiento a los partidos constitucionalistas para "abrir de inmediato un proceso de reflexiones y contactos para una formulación política adecuada" que pueda "afrontar el cambio".

Amenazados, víctimas y empresarios
El médico neurólogo Diego García Borreguero, se definió como "uno de los 250.000 vascos que viven fuera de aquí", y matizó: "no por amenazas directas, como otros que estáis aquí, sino por dificultades de adaptación a un entorno opresor". En el mismo tono advirtió a los nacionalistas de "que nos se olviden de que podemos volver 250.000 vascos a votar y no creo que ellos vayan a traer de Albacete a votantes nacionalistas".

Entre los empresarios que hablaron durante la conferencia, Miguel Ángel Artiach aludió a que "el 80 por ciento de la producción vasca se consume en el conjunto de España. No conozco ningún director comercial que se permita molestar al 80 por ciento de sus clientes", señaló. Otro empresario vasco, Ricardo Benedí, auguró, por su parte, un "escenario económico inquietante" y consideró que "una hipotética desvinculación de España y en consecuencia de la UE, solo traerá paro y desinversión".

Al inicio de la conferencia, su presentadora, la concejal socialista Maite Pagazaurtundua, a cuyo hermano asesinó ETA, aseguró que "la tragedia de este país consiste en que sus gobernantes quieren monopolizar la identidad vasca con agresividad, en lugar de contemplar la pluralidad vasca como una riqueza; no quieren aceptar a la sociedad vasca tal y como es". Entre los testimonios, Concha Martínez, viuda del Teniente Coronel Blanco, el primer asesinado por ETA tras la tregua, afirmó que "pueden matar a la persona, pero no la misión; cuando se produce una muerte, se cubre esa vacante", a la vez que resaltó que "mantener el terror erigido en sistema es una prueba de debilidad".

A la conferencia, celebrada en el 25 aniversario de la Constitución, asistieron, además de políticos del País Vasco, los ministros Rodrigo Rato y José María Michavila. Se echó de menos más presencia de la Ejecutiva regional del PSE, siempre recelosos de los actos en los que interviene Nicolás Redondo Terreros.

El constitucionalismo vasco pide en el Palacio Euskalduna un «cambio por la libertad»
M. ALONSO ABC 6 Diciembre 2003

Ricardo Benedí, finalista al Mejor Empresario Vasco en 2001, o Gloria Castresana, promotora de las casas vascas en EE.UU., abogan por el relevo en Ajuria Enea

BILBAO. El movimiento social por la alternancia política en el País Vasco dio ayer un paso de gigante al incorporar a las voces que llevan años denunciando la falta de libertad en la que se mueve la mitad de la sociedad vasca no nacionalista a personas como el empresario Ricardo Benedí, quien, al frente de trescientos trabajadores, representa un ejemplo de la fortaleza del tejido industrial vasco de la que se enorgullece el Gobierno de Juan José Ibarretxe.

Organizada por la Fundación por la Libertad, se celebró ayer en el Palacio Euskalduna de Bilbao una conferencia bajo el lema «Cambiar para la libertad», en la que se expusieron las ventajas que quienes no comparten el ideario nacionalista consideran que tendría un relevo en el Gobierno vasco frente a la opción que ofrece a la sociedad vasca el lendakari Juan José Ibarretxe, con un plan secesionista con el que sólo está de acuerdo una parte de los vascos y que excluye a la otra parte.

Dos ministros del Gobierno, Rodrigo Rato por la mañana y José María Michavilla por la tarde, acompañaron a los vascos que tuvieron ayer el valor de subirse al escenario del Palacio Euskalduna de Bilbao para que todo el mundo sepa que el Gobierno de Juan José Ibarretxe no habla en nombre del conjunto de la sociedad vasca cuando asegura que el plan secesionista que propugna es el reflejo de la voluntad de los vascos. El empresario Ricardo Benedí, quien fue premio Pedro Gangoiti al mejor empresario de la margen izquierda en 2000 y finalista, en 2001, del premio al Mejor Empresario vasco, expresó su preocupación por el futuro del País Vasco si los partidos nacionalistas consiguen sacar adelante el «plan Ibarretxe».

Benedí reconoció que mantiene muy buenas relaciones con el Gobierno vasco e incluso alabó su labor, desde el punto de vista económico e industrial, pero lamentó que la prosperidad de la Comunidad autónoma y de sus ciudadanos fuera a ponerse en peligro por un plan de ruptura con España, «su gran fuente de financiación, el gran pacto económico que supone el Concierto económico», según destacó el empresario. «Es como si se echara de la Sala de Juntas al principal accionista por ser español y no vasco», explicó gráficamente.

«¿Dónde están los moderados?»
Benedí habló como un vasco no nacionalista que ama «entrañablemente» su tierra y que está invirtiendo en estos momentos en nuevos proyectos en ella, después de haber tomado el testigo de su padre en una empresa de la industria auxiliar del automóvil fundada en 1945.

Benedí se preguntó dónde están los nacionalistas moderados «que respetaron a España desde su orgullo de ser vascos» y lamentó que el nacionalismo actual considerara de forma despectiva a lo español y actuara de forma «brutalmente imprudente» al desobedecer a los tribunales de justicia.

Al escenario del Palacio Euskalduna subieron también Gloria Castresana, promotora de las casas vascas en Estados Unidos, quien denunció los filtros que los nacionalistas ponen a las iniciativas vascas en el extranjero, de forma que cualquier movimiento que ellos no controlen es materialmente asfixiado; Inma Castilla de Cortázar, miembro del Foro Ermua, quien explicó que tras las últimas elecciones autonómicas vascas el objetivo prioritario del Gobierno Ibarretxe no fue acabar con ETA, sino eliminar al Foro Ermua y a Basta ya; Vidal de Nicolás, presidente del Foro Ermua, quien, en clave de humor, se refirió a Xabier Arzalluz como el «jefe de la tribu» que rompe la tradición coral del pueblo vasco con la forma de entonar canciones bélicas ante el Palacio de justicia de Bilbao, y Javier Barrondo, quien expuso su innumerable lista de apellidos vascos para reclamar «tolerancia y comprensión de las ideas ajenas» a los nacionalistas y para denunciar que le quieren «echar de su tierra».

Los oradores fueron presentados por Maite Pagazaurtundua y sus intervenciones enmarcadas por la presidenta de la Fundación por la Libertad, Edurne Uriarte, quien señaló que son muchos los ciudadanos que quieren cambiar el rumbo del País Vasco. En el patio de butacas, dirigentes del PP como Jaime Mayor Oreja, del PSE, como Rosa Díez, algunos empresarios vascos, profesores universitarios y jóvenes comprometidos con las asociaciones ciudadanas que luchan en el País Vasco contra el nacionalismo obligatorio.

Propuesta de pacto no nacionalista
Al finalizar la conferencia, la Fundación para la Libertad realizó una propuesta en la que se propugna «el relevo democrático en la dirección política de las instituciones vascas para sustituir al nacionalismo al frente de las mismas», para lo cual entiende que es necesaria «una fuerte movilización social y una formulación política adecuada». Para esta última, la Fundación para la Libertad propone abrir «de inmediato un proceso de reflexiones y contactos entre los partidos políticos constitucionalistas».

Las conclusiones de la conferencia incluyen también la reafirmación de la validez de la Constitución española y del Estatuto de Guernica y el rechazo al proyecto nacionalista para un nuevo estatus político aprobado por el Gobierno vasco.

Atacan con cócteles molotov la vivienda de una concejal del PSE en Azpeitia
San Sebastián. Agencias ABC 6 Diciembre 2003

Un grupo de desconocidos arrojaron hoy un cóctel molotov contra la vivienda de la concejal socialista en Azpeitia, Manuela Uranga, lo que originó un pequeño incendio que no causó daños materiales de importancia, informó el departamento vasco de Interior y el PSE/EE.

El ataque se registró sobre las 00.15 horas, cuando un artefacto incendiario impactó contra la ventana del domicilio en el que vive la víctima, que al parecer no se encontraba en la casa.

El cóctel causó un pequeño incendio que fue sofocado por agentes de la Policía Municipal de este municipio, por lo que los daños se han reducido al ennegrecimiento de la persiana y de parte de la fachada, indicó Interior.

Fuentes del PSE/EE precisaron a Efe que esta concejal, que cumple su primer mandato, ha recibido varios ataques y amenazas anteriormente, incluso en la legislatura pasada, cuando el PSE/EE no tenía representación en el Ayuntamiento de Azpeitia.

Pat Cox inaugurará en Madrid el primer Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo
ABC 6 Diciembre 2003

MADRID. Para dignificar a las víctimas del terrorismo y realzar su valiosa aportación a la sociedad, se celebrará en Madrid, como ya adelantó ABC, los próximos días 26 y 27 de enero, el I Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo. Será la primera vez que en un país europeo tiene lugar un evento de estas características.

Organizado por la Fundación Víctimas del Terrorismo y la Universidad San Pablo CEU, el Congreso será inaugurado por el presidente del Parlamento Europeo, Pat Cox, quien recientemente recibió una carta amenazante del «comité ejecutivo» de ETA. La clausura correrá a cargo del presidente del Gobierno, José María Aznar. Asimismo, participarán personas que han sido víctimas del terrorismo en Estados Unidos, Irlanda, Francia, Colombia, Argelia y España, además del presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y el dirigente del Partido Unionista del Ulster y premio Nobel de la Paz, David Trimble. Según los organizadores, el Congreso tiene como objetivo dignificar el papel de las víctimas y realzar su valiosa aportación a la sociedad. Se analizarán, entre otras cuestiones, la situación en la que viven los que han sufrido y sufren, directa o indirectamente, los atentados terroristas y el apoyo que reciben de las instituciones, de los organismos públicos y de la sociedad en general.

Testimonio de los afectados
Durante el I Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo se celebrarán cuatro mesas redondas. En dos de ellas participarán personas azotadas por la barbarie terrorista en España, Estados Unidos, Irlanda, Francia, Colombia y Argelia. Las víctimas de la banda criminal ETA estarán representadas por Maite Pagazaurtundua, Cristina Cuesta, Conchita Martín, Rubén Múgica y Luis Portero.

Lo realizado por las instituciones españolas en favor de las víctimas del terrorismo se tratará en otra mesa redonda en la que participarán Jaime Mayor Oreja, en su calidad de ex ministro de Interior; Enrique Múgica, defensor del Pueblo; Eduardo Fungairiño, fiscal jefe de la Audiencia Nacional; y Ana María Vidal-Abarca, vicepresidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo.

A su vez, el cometido de los medios de comunicación con respecto a las víctimas del terrorismo se abordará en una mesa redonda en la que intervendrán el director de ABC, José Antonio Zarzalejos; el director general de Radio Televisión Española, José Antonio Sánchez; y la decana de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad «Sergio Arboleda» de Colombia, Diana Sofía Giraldo de Melo.

Por último, durante la clausura del Congreso tendrá lugar el acto «Todos con las Víctimas», en el que participarán personas del mundo de la cultura, del espectáculo y del deporte.

Constitución, política e identidad nacional
JOSÉ MARÍA BENEGAS/DIPUTADO POR VIZCAYA Y MIEMBRO DEL COMITÉ FEDERAL DEL PSOE
El Correo  6 Diciembre 2003

Con motivo del 25 aniversario de la Constitución española leo dos frases que se sitúan en el centro del debate político, suscitándome algunas reflexiones. Una pertenece al ex presidente del Tribunal Constitucional, Álvaro Rodríguez Bereijo, quien en una entrevista señala: «Lamentablemente seguimos sin tener una idea común y realmente compartida de lo que es España». La otra es de Fernando Savater: «La nación de los nacionalistas centralistas o separatistas pretende legitimar la sociedad del presente merced a raíces que se hunden en el pasado, mientras que la nación constitucional apuesta por defenderse y justificarse por las normas que encauzarán el futuro».

Desde mi perspectiva, tener una «idea común de España» como añora el ex presidente del Tribunal Constitucional no es posible salvo que caigamos en el esencialismo que tanto criticamos a los nacionalistas. Si ya es difícil, por no decir imposible, definir qué es ser español, vasco o catalán, todavía lo es más tener una idea común de España. Los pueblos no tienen esencias, tienen historia compartida, creo recordar señalaba el profesor Juan Pablo Fusi. Es la historia compartida la que va dejando un poso identitario difícil de definir pero imposible de negar.

Historia compartida no quiere decir ni mucho menos historia sentida unívocamente, sino vivida comunmente a lo largo del tiempo. Es evidente, por ejemplo, que a los bandos enfrentados durante la Guerra Civil y la dictadura franquista no se les puede exigir que compartan una misma interpretación de la historia, pero sí se puede concluir en que de aquel dramático episodio quedó un poso común mayoritariamente compartido. 'Nunca más una guerra civil' era el sentimiento de los contendientes de ambos bandos y de los que vivimos sus consecuencias.

Las generaciones que hicieron posible la Constitución de 1978, marcadas por ese sedimento histórico, fueron las que decidieron que su aportación trascendente consistía en rectificar la historia de nuestro país, superando las dos Españas, dibujando un campo de juego compartido en el que las reglas establecidas tenían como prioridad evitar la repetición de períodos tan dramáticos para nuestro país.

La Constitución de 1978 es fruto del aprendizaje de nuestra historia y del triunfo de la Política sobre otras formas de conducir el destino de los pueblos. Si algo se hizo desde la muerte de Franco hasta el referéndum Constitucional del 6 de diciembre de 1978 fue Política, con mayúsculas, algo que al menos quien escribe estas líneas añora con rabia contenida en nuestra situación actual. Puede recurrirse a multitud de definiciones de la política, pero lo que se hizo en aquel momento estuvo marcado por las siguientes orientaciones:

1. Conocer con claridad lo que se pretende, persigue o se quiere en cada momento.

2. Entender que en una sociedad democrática existe lo que se denomina 'correlación de fuerzas'.

3. Ser consciente de los límites que no pueden sobrepasar los demás actores políticos y, por tanto, entender sus condicionamientos y ataduras.

4. Desarrollar todas nuestras habilidades y capacidades para que el adversario acepte nuestros planteamientos o una buena parte de ellos.

Esto fue lo que se hizo y así se produjo el llamado milagro español, 'la Transición modélica' que culminó con la Constitución de 1978. La derecha autoritaria sabía que el régimen sin Franco era insostenible, mientras que la izquierda quería la libertad asentada de una vez por todas y de manera irreversible en España. La izquierda fue capaz de entender los límites de la derecha y realizó dos concesiones de una enorme generosidad: renunciar a un modelo de Estado republicano frente al monárquico y renunciar también a exigir responsabilidades por lo sucedido durante cuarenta años de dictadura, aceptando una Ley de amnistía en octubre de 1977 que respondía a esa realidad.

Aquel proceso fue también posible porque hombres que provenían del régimen autoritario como Adolfo Suárez entendieron lo que eran objetivos básicos de la izquierda y, en el caso vasco, la necesidad de restaurar los conciertos económicos de Vizcaya y Guipúzcoa y la viabilidad constitucional del autogobierno estatuario, reconociendo además los llamados derechos históricos del pueblo vasco.

Veinticinco años después de aprobada la Constitución española, la situación es, sin lugar a dudas, muy preocupante. En este país no se hace Política, se confronta a través de los medios de comunicación; no se pretende resolver problemas o pactar un método para su encauzamiento; se persigue más bien asentar posiciones entre los correligionarios 'zurrándole' en la cara al adversario para enardecer los ánimos partidarios y así obtener una rentabilidad electoral.

Aznar se va y el legado que deja tras de sí no es muy aleccionador. No quiero comparar nuestra situación en Europa hace unos años con la de ahora, ni voy a detenerme en nuestra absurda participación en una guerra como la de Irak; me limitaré a subrayar que en lo que se refiere a la estructuración territorial del Estado, el problema se le ha ido de las manos a la derecha gobernante, y el actual presidente deja la situación bastante peor en relación a como la recibió de Felipe González. Se me dirá que critico al PP y no a los nacionalistas, principales responsables de la situación. Es cierto que lo son, pero la responsabilidad de gobernar España es de quien es, y no resulta transferible.

Dicho esto, añadiré que en relación con la definición de Política resumida en líneas anteriores, Ibarretxe merece un tremendo suspenso en los puntos 2 y 3, es decir, en cuanto a saber lo que es la 'correlación de fuerzas' y sobre todo entender los límites que no pueden sobrepasar los demás. Su plan contiene planteamientos imposibles de aceptar por los partidos constitucionales, y algo tiene que ver esto con la correlación de fuerzas. Si esto es conocido, lo que está haciendo es llevar a su pueblo, el nuestro, a un callejón sin salida que puede desatar las peores intenciones sobre nuestra autonomía, lo que, entre otras cosas, no es un ejemplo de responsabilidad.

Fernando Savater plantea un tema que me resulta enormemente sugerente y al que ya he dedicado alguna reflexión Las identidades no deben construirse sobre el pasado, sino sobre el futuro. Introduce lo que podemos denominar el concepto de 'identidad dinámica': En un mundo de cambios vertiginosos e impensables hasta hace poco tiempo, en el que las ideas, los productos, las cosas se quedan viejos y obsoletos con velocidad imparable, me inclino por formular un concepto de identidad nuevo, dinámico, no definido de antemano, creativo, que encare el futuro, que lo asuma y le confiera el rostro más humano posible. (Benegas, 'Una propuesta de paz').

La misma idea puede hallarse en Julio Caro Baroja: «Pese al interés que nos producen todas estas tendencias a buscar la 'identidad vasca' ( ) pienso que hay que abordar el tema aplicando otro método para esclarecer aspectos fundamentales de la misma cuestión. Las ideas que he enumerado en síntesis se resumen en esto: Toda identidad es dinámica. Es decir, variable» ('El laberinto vasco').

La identidad siempre se busca en el pasado y se le atribuye un carácter permanente, inmutable. La identidad así concebida resulta contraria al sentido actual de la historia. Propongo que decidamos que los vascos no tenemos una identidad preestablecida, sí una historia compartida. Nuestra nueva identidad (creo que esto es más interesante que el plan Ibarretxe) debería residir en nuestra capacidad de innovación y de asimilación de los valores que dotan de dignidad al ser humano. Por ejemplo, que cuando nos identifiquen digan de nosotros que allí en aquel trozo de tierra que se llama País Vasco, Vascongadas, Euskadi o Euskal Herria, como se prefiera, convive un pueblo ampliamente plural que puede exhibirse como modelo de solidaridad, educación, civismo, fraternidad, igualdad y progreso, y que, junto con el castellano, se expresan en una lengua rara, cuyos orígenes se desconocen y sólo ellos hablan en el mundo, el euskera.

Fui diputado constituyente y la experiencia me indica que tenemos que rectificar con rapidez. Después de veinticinco años se hace necesario recuperar la Política, la posibilidad del pacto y del diálogo verdadero que es aquél que tiene capacidad para entender las limitaciones de los demás y así para definir los principios sobre los cuales asentar una nueva identidad para nuestro pueblo. Debemos pasar de las disputas territoriales y soberanistas (plan Ibarretxe) al pacto sobre los valores en que debe asentarse una nueva sociedad vasca (formamos parte de un Estado y de la Unión Europea) y, para ello, tengo la convicción de que el proyecto, más que de afirmación territorial, debe ser de civilización.

Esta confrontación ideológica no se gana con recursos ante los tribunales ni con reformas del Código Penal. Todo tiene su 'tempus'. El de hoy es el de sumar adeptos en la misma sociedad vasca, mediante el razonamiento fundamentado y no hiriente, para la idea de que el plan del impulsivo lehendakari Ibarretxe constituye un proyecto seriamente equivocado y que, además, hoy ya todos sabemos que no conducirá a nada bueno para nuestro pueblo; tan sólo acabará por lograrse aquello que alguien llamó 'la socialización del sufrimiento'.

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