AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 8  Diciembre  2003

«Sólo nos quedará rezar»
Carlos Dávila La Razón 8 Diciembre 2003

Covíctimas del terrorismo
Andrés Montero Gómez El Correo 8 Diciembre 2003

Pactos y reforma constitucional
Editorial La Razón 8 Diciembre 2003

El único discurso razonable
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  8 Diciembre 2003

Cinismo elevado al cubo
Luis María ANSON La Razón 8 Diciembre 2003

La España «simpática»
JORGE TRÍAS SAGNIER ABC 8 Diciembre 2003

Amenaza a la Constitución
Antonio Pérez Henares El Ideal Gallego 8 Diciembre 2003

¿Viva la constitución!
Iñaki Ezkerra La Razón 8 Diciembre 2003

El cantar de la Constitución
Luis González Seara La Razón 8 Diciembre 2003

Órdago
PABLO MOSQUERA La Voz 8 Diciembre 2003

Cataluña, vista a la izquierda
Fernando González Urbaneja Estrella Digital 8 Diciembre 2003

El PNV pacta el modelo de universidad vasca con una militante de las juventudes de ETA
Libertad Digital  8 Diciembre 2003

Bravata de Arzalluz
Cartas al Director ABC 8 Diciembre 2003

Camps: «La Constitución está cada día más joven, más vigorosa y más dinámica»
JOSÉ LÓPEZ JARABA ABC 8 Diciembre 2003

 

«Sólo nos quedará rezar»
Carlos Dávila La Razón 8 Diciembre 2003

Efectivamente. Si esta semana, que es la última hábil, se cierra el pacto de Esquerra Republicana de Cataluña con el Partit dels Socialistes Catalans, al PSOE, según ha dicho uno de sus más significados (y votados) prohombres, sólo le quedará rezar. En Cataluña, hay quien sostiene que esta larga negociación en la que el rey del mambo, con un 16,4 por ciento, ya ha ganado hasta la Presidencia del Parlament, es un gran simulacro, una mentira, una añagaza de trilero, porque, desde el principio, ERC ya sabía que su pacto sería con el PSC. Lo mismo piensan en Madrid diversos miembros del Gobierno de Aznar, uno de los cuales se refirió a este «cantado» acuerdo con la siguiente frase: «Es un pacto bueno para el PP y malo para España».

El PSOE, una vez que Zapatero aceptó el órdago de Maragall, no sabe como arroparse para esconder los escalofríos que le produce la sola mención del Gobierno tripartito PSC-ERC-IC. O sea, con los independentistas, los comunistas y los verdes juntos. Y eso, a tres meses de las elecciones generales es un petardo explosivo en la pechera del debilísimo Zapatero al que, con encuestas que le sitúan a ¿once puntos! del PP, lo más que le conceden es esto:«Se trata de una buena persona». Una vez Zapatero, durante las algaradas de la Guerra de Irak, se saturó de micrófono y dijo ufano: «Estamos todos juntos: comunistas, socialistas, gays, lesbianas...». Aquel día empezó su marcha atrás, ahora, si el pacto de Barcelona se cumplimenta, esta semana, Zapatero podrá repetir: «Estamos todos juntos...».

Pero es que, además, no todo finaliza con el indeseable pacto. En un periódico de Barcelona se ha escrito ya que si se forma gobierno tripartito, el PSC se desmarcará nada menos que del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Eso se dice en Barcelona en un diario tan templado como el de Godó, que ha apostado por la continuidad de los convergentes en el poder, quizá porque si Maragall llega, a trancas y barrancas al Palau de Sant Jaume, el medio en cuestión tendrá que hacer otra reconversión estratégica para no quedar fuera de juego.

Eso es muy doloroso en un país como Cataluña en este momento preciso, en que directamente quince mil personas y otras muchas más del entorno, se pueden quedar sin trabajo. Las presiones son inmensas. Pujol no se está quieto, Gonzalez coincide con el todavía President en que otro tripartito distinto con CiU dentro sería lo más aceptable, y Zapatero, desde Madrid, las ve venir porque no ha sido capaz de soportar el envite desesperado de un político como Maragall que o entra esta vez en la Generalitat o se marcha definitivamente a casa.

Los líderes se forjan en los momentos complicados y, en estos, Zapatero no está dando la talla. Alguien aduce que si el secretario socialista se hubiera plantado ante Maragall, como González se plantó ante el marxismo, con puñetazo en la mesa incluido, habría salido propulsado a chorro hacia la Moncloa. Pero no ha sido capaz.

Ahora bien, «es impensable que a Maragall le entre un ataque de sensatez y permita la entrada en el Gobierno de CiU?. En Cataluña, donde la negociación es una filigrana y una costumbre que se transmite por el DNA, nada resulta tan definitivo hasta que lo es. Lo cierto es que, pase lo que pase, el Principado está siguiendo una corriente de radicalización creciente que proviene del enchufe que ajusta la ERC de Carod-Rovira. Toda España está aún atónita ante el espectáculo que se vivió el sábado an el Nou Camp: la entonación de «El Segadors», himno nacional de Cataluña, no puede hacerse en un campo de fútbol cuando juegan Barcelona y Real Madrid, como si éste fuera un equipo extranjero y como si Cataluña hubiera dejado de ser ya parte de España. Es un dislate provocador ocurrido, a mayor abundamiento, el mismo día de la Constitución. Zaplana y Matas todavía deben estar asombrados. Es un síntoma más de una extralimitación nacionalista que se está viviendo con preocupación y rechazo en toda España, y que va a aumentar con seguridad si el PSC demuestra que todo ha sido un engaño y que el Pacto con Esquerra estaba firmado de antemano. Entonces, «sólo nos quedará rezar».

Covíctimas del terrorismo
Andrés Montero Gómez es presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia El Correo 8 Diciembre 2003

Año 2003, sábado 13 de septiembre, comenzando la tarde, las víctimas del terrorismo nos convocan en San Sebastián a compartir entre todos una voz, con ellos y con ellas. Alguien declaró o escribió en determinada ocasión que las soluciones a las tensiones políticas de Euskadi no debían estar condicionadas por las víctimas de ETA. A mi modo de ver, ese alguien se equivocaba, pero no en su intención sino en el marco de referencia global desde donde partía el argumento. Estimo que llevamos muchos años equivocados en la aproximación al denominado contencioso de Euskadi precisamente por el condicionamiento, no de las víctimas, mas de la banda terrorista ETA.

ETA no forma parte ontológica, constituyente, del problema político de Euskadi y es más bien un parásito adherido a las tensiones nacionalistas, que sí representan el núcleo duro de las disfunciones sociales y políticas del País Vasco. Las víctimas del terrorismo son las principales afectadas, las personas que han sufrido en sus vidas y familias las secuelas de la conducta criminal organizada que es el terrorismo. ETA es un parásito ideológico que ha necesitado para su pervivencia recurrir a la adopción y posterior encapsulamiento de todo un argumentario irracional salpicado de postulados pseudopolíticos, que en su definición general coinciden con la versión ultranacionalista del ideario de Sabino Arana. Y ETA es por tanto un enquistado problema de seguridad pública, alojado por mimetismo en un esquema social de tensión identitaria y política que el País Vasco, al igual que Cataluña y en mucha menor medida Galicia, arrastran desde su encaje en la España de los hechos diferenciales.

Una eventual caracterización de ETA, una banda asesina, como sujeto político es siempre otorgada y nunca predeterminada. Cuando una persona nos insulta, por ejemplo, el valor a ese insulto se lo conferimos nosotros. Un improperio no tiene valor en sí mismo, de manera tal que si fuéramos capaces, nosotros y todos quienes tenemos alrededor, de ignorar el contenido del agravio, estaría vacío de efecto desde el mismo momento de ser pronunciado, y probablemente no volvería a serlo. Con ETA ocurre lo mismo. La banda terrorista vino siendo reconocida como agente de naturaleza política únicamente por la propia Batasuna, es decir, no era reconocida con capacidad política más allá del interior de sus propias demencias. ETA se travistió políticamente para asesinar y únicamente los asesinos que la componían y la integran validaban semejante despropósito.

Sin embargo, llegó el acuerdo de Estella-Lizarra, visto desde el prisma donde lo sitúo, una transgresión a la convivencia y a la democracia de una brutalidad conceptual tal que podría ser puesta como ejemplo de una prostitución en firme de los fundamentos del Estado de Derecho. El PNV, EA e IU reconocieron con su firma que ETA, repito, una banda terrorista, tenía algún tipo de identidad política. Validaron una macabra fantasía que únicamente ETA y satélites compartían y que está dedicada, en franquicia, a justificar cada asesinato.

Y para no inducir a interpretaciones equivocadas, cuando contemplo que ETA es un problema estrictamente criminal, que representa un reto de seguridad, no estoy postulando una solución excluyentemente policial. El terrorismo es un fenómeno criminológicamente complejo alimentado por factores de predisposición y mantenimiento, por ciertas prácticas sociales perversas, como la educación y determinadas socializaciones endogámicas, y por decisiones políticamente aberrantes (como Lizarra). De esta manera, el futuro desmembramiento de ETA, puesta a disposición de la justicia de sus integrantes y estrangulamiento de sus posibilidades de recomposición pasan primero por despolitizarla de una vez para siempre, por aplicar la vía policial y judicial sin titubeos, y por articular un humus social que, desde la educación primaria, entienda que incluso el nacionalismo más independentista es incompatible con la práctica criminal de cualquiera índole.

Respecto a la despolitización de ETA, el pacto de Ajuria Enea era la única garantía.

Por otra parte están las víctimas de ETA. Quien sugería que la solución al terrorismo no pasaba por condicionar las soluciones a los intereses de las víctimas estaba precisamente posicionándose desde el prisma del desconcierto conceptual en que hemos vivido ante el engaño de ETA. Cierto es que la lucha contra el terrorismo no debe ser deudora de una concepción revanchista, ni de planteamientos canalizados por la emoción, ni tampoco verse amancebada por torticerismos políticos. Mas también lo es que las víctimas del terrorismo deberían tener el umbral de reconocimiento que ahora está siendo tímidamente aproximado. Las víctimas del terrorismo componen esa porción dolorida de la ciudadanía, otrora humillada por nuestro miedo e indiferencia y ahora reconocida con nuestra adhesión y compromiso, violentada por bandas como ETA, el ya cadavérico Grapo, y agrupaciones criminales de ese calibre escondidas tras cualquier sigla.

No obstante y a pesar de que somos incapaces de aprehender una definición clara de qué es el terrorismo, sí tenemos meridianamente claro que una persona asesinada por un bandido de ETA es una figura instrumental para la organización criminal. A través de la víctima, el terrorista pretende transmitir terror a la sociedad y, dentro de ella, a los poderes públicos a quienes la intencionalidad coactiva del grupo terrorista va dirigida. ETA quiere cambiar Euskadi asesinando, amenazando y mutilando. La instrumentación de las víctimas por el terrorismo para que sean una vía social de transmisión del dolor las convierte es ejes de un trauma social y todos, en tanto supuestos destinatarios del mensaje terrorista, en covíctimas pasivas del crimen. El reto es convertir la pasividad de las covíctimas en actividad solidaria y mancomunada con las víctimas.

En tanto ciudadanos amenazados por ETA, todos deberíamos considerarnos covíctimas del terrorismo. Y somos covíctimas porque somos víctimas potenciales de ETA, cualquiera, y porque ETA quiere matar nuestra concepción de la convivencia. A quien no hayan asesinado, mutilado, amenazado o coaccionado en persona o en familia no tienen el empaque moral de llamarse víctima, pero estimo que la más adecuada regla ética que podemos asumir es situarnos junto a ellos y ellas, co-sentir su sufrimiento. Covíctimas junto a víctimas del terrorismo, San Sebastián, sábado 13 de abril de 2003.

Pactos y reforma constitucional
Editorial La Razón 8 Diciembre 2003

El candidato del Partido Popular a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy, resume la opinión de su partido en torno a la necesidad de una reforma de la Constitución cuando afirma, en una entrevista con José Antonio Vera, que «la unidad de España no corre peligro» porque está convencido de que la inmensa mayoría de los españoles defiende a su Constitución. Por eso mismo cree que esta «se puede reformar, pero hacerlo exige un consenso similar al de 1978». Rajoy, que no ve dificultad alguna para hacer cambios menores, aunque «sin prisas», coincidía ayer en este asunto con el presidente del Gobierno, José María Aznar, que también ha manifestado que pueden hacerse cambios de menor entidad en el texto, pero que en modo alguno deben afectarse elementos básicos, como la unidad de España, porque supondría abrir un conflicto político de imprevisibles consecuencias, y rompería los ejes básicos del consenso alcanzado en 1978, cuyos buenos resultados se advierten cuando han transcurrido ya 25 años.

El modelo que prefiere Rajoy, el hombre a quien los sondeos sitúan con insistencia como virtual ganador de las próximas Elecciones Generales de marzo, se inspira ante todo en el deseo de mantener un estilo negociador, que expresa en la necesidad de avanzar en cuestiones de Estado por medio de pactos en materias como la estructura territorial del Estado, la lucha antiterrorista o las reformas de los Estatutos, con la oposición. Y ello a pesar de que es muy consciente de la dificultad de alcanzar hoy acuerdos con el PSOE al estilo de los conseguidos al comienzo de la legislatura, sobre todo cuando no existen bases suficientes para establecer un mínimo punto de partida en asuntos tan elementales para acometer cambios constitucionales como la reforma del Senado o de la Ley Electoral.

El secretario general de los populares es igualmente consciente del riesgo que presenta el Plan Ibarreche, y considera que «es obligado pararlo con medidas jurídicas. Ningún estado puede abdicar de su responsabilidad cuando alguien viola la ley y es evidente que el Estado tiene que acudir a los Tribunales de Justicia para que se reponga la legalidad». Por eso para Rajoy, para quien hay que esforzarse para unir a todas las fuerzas que defienden la Constitución en un mismo escenario electoral vasco y ofrecer una alternativa viable, es imprescindible arbitrar reformas legales que eviten que pueda financiarse a los terroristas y poder llevar ante la Justicia a quien, desde una institución, se salte a la torera las decisiones de los Tribunales. «No hay mayor golpe a la democracia ¬asegura¬, que el incumplimiento de la legalidad por parte de quien está más obligado que nadie a hacerlo». Cuando ya no se puede negociar, cuando alguien asume el discurso político de ETA, vulnera la legalidad y ataca a la Constitución, no cabe otra posibilidad de diálogo que la de acudir a los Tribunales.

El único discurso razonable
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  8 Diciembre 2003

Mala cosa es que lo normal resulte extraño y peor aún que los conceptos claros y las opiniones lógicas parezcan actos de heroísmo intelectual. Sin embargo, es tal la crisis que padece España, sobre todo en su clase dirigente, que todo lo que no sea renunciar, rendirse sin saber por qué y abdicar sin saber ante quién semejan actitudes hercúleas, desafíos al peligro y retos a la muerte. Cosas de legionario, vamos.

Sin embargo, lo que ha dicho Aznar acerca de la Constitución es lo más razonable de cuanto hemos escuchado estos días, junto al buen discurso de Luisa Fernanda Rudi y, sobre todo, al acto de la Fundación para la Libertad en el Pabellón Euskalduna de Bilbao, sin duda el más emotivo y lleno de carga simbólica de cuantos se han celebrado a cuenta del XXV aniversario de la Constitución del 78.

Que nadie en su sano juicio democrático puede oponerse a las reformas de la Constitución que no afecten a lo esencial, que es la soberanía nacional de la que la misma Constitución emana, resulta tan absolutamente lógico que sorprende que se convierta en titular de prensa. Si eso sucede, tal vez sea porque las cosas que se han dicho o se han entendido en el discurso del Rey no han sido suficientemente claras e inequívocas. Pero todo lo que no afecte a la raíz de la legitimidad del Poder en España, que es la existencia misma de la nación española como sujeto político, puede reformarse; no hace falta decirlo. Lo que sí hay que decir, y está bien que lo diga el presidente del Gobierno, es que el Plan Ibarreche es un ataque frontal a esa raíz nacional de la Constitución y que como tal debe ser entendido, resistido, combatido y destruído.

Y es evidente que casi todos los que hablan de reformar la Constitución por algo más que pasar el rato o posar de progres ante un pasado poco presentable es para hacerla compatible con los planes de Ibarreches y Rovireches, algo sencillamente im-po-si-ble. Una de las grandes virtudes de Aznar es que se le entiende todo. Al menos todo lo fundamental. Y, en este caso, que tiene más razón que un santo. San Isidoro, por ejemplo.

Cinismo elevado al cubo
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 8 Diciembre 2003

El ayatolá Arzallus considera opresión que el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco cite a declarar a Atucha para que dé cuenta de su presunta desobediencia al Tribunal Supremo. Es decir, aquí los oprimidos son Arzallus, Atucha, Ibarreche y sus cómplices. La mitad de los diputados del Parlamento vasco que se ven obligados a custodiarse con escoltas para acudir a su trabajo no están oprimidos. Los concejales socialistas y populares de los municipios vascongados que malviven con el temor de que les destrocen la nuca de un disparo, ésos no están oprimidos. Los ciudadanos medios, el pueblo vasco, que padece la intoxicación constante en la ikastola, la universidad, los medios públicos de comunicación, ésos no están oprimidos.

Sólo el cinismo elevado al cubo de Arzallus y sus marionetas puede ignorar la realidad incontestable que hoy se vive en el País Vasco: la dictadura del miedo. La dictadura, en fin, que ejerce ETA, auxiliada por una parte del PNV, porque hay muchos nacionalistas moderados y dialogantes.

Es necesario tener, en fin, un tupé de proporciones descomunales para hablar de opresión porque se cite a un dirigente a declarar cuando al pueblo vasco se le han recortado las libertades, se le ha fracturado la tranquilidad, se le ha sometido al terror y se le zarandea de forma creciente por un partido con alarmantes adherencias totalitarias, que cada vez se parece más al PRI, y que reparte sus prebendas, sus subvenciones, sus ayudas, sus puestos de trabajo y sus licencias atendiendo sólo a los que ideológicamente piensan como su núcleo más cercano a los fines de terrorismo etarra.

La España «simpática»
Por JORGE TRÍAS SAGNIER ABC 8 Diciembre 2003

A Carod-Rovira no le gusta la España antipática (sic) del PP. Se lo oí responder, con su voz pausada y convincente, a una pregunta de Luis del Olmo en «Onda Cero». Carod, sin duda, preferiría entendérselas con una España de pandereta que con la del rigor aznarí de inspector de Hacienda. De todas formas, no deberían errar el tiro los señores de la Esquerra -no lo erró Tarradellas que, al fin y al cabo, era del mismo partido -: su consolidación como alternativa de gobierno es muy probable que no dependa de Piqué, pero desde luego vendrá determinada por la capacidad de entendimiento que tengan con quienes gobiernan el Estado.

Si lo que quieren es la independencia, evidentemente no hay nada de lo que hablar, pero si lo que se pretende es una reforma pactada del Estatuto de Autonomía, unos y otros tendrían que esforzarse en ser más flexibles. Unos dialogando con los nacionalistas catalanes, como en 1978, es decir, con CiU, con la Esquerra y con los socialistas; y otros abordando esa reforma con lealtad, en el marco actual de la Constitución, con el compromiso de estabilidad y abandonando la utopía independentista.

Ahora bien, si de lo que hablamos no es de política, no es de construir un país en paz y concordia, no es de modificar la financiación para mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos; si de lo que estamos hablando es de esa particular y segregadora «simpatía» independentista, el desacuerdo será inevitable.

Conmemoramos estos días el XXV aniversario de la Constitución, el histórico acuerdo para superar antiguas discordias civiles que la inmensa mayoría de los españoles de hoy ni siquiera hemos vivido, aunque formen parte de nuestro imaginario. Hace unos días, una generación de políticos indocumentados, pretendió en el Congreso que se condenase unánimemente -afortunadamente los populares no se plegaron a esa farsa como en otras ocasiones- la represión franquista, homenajeando a sus víctimas, revolviendo y desenterrando los muertos de la Guerra Civil.

También en estos días, el nuevo presidente del Parlamento catalán se atrevió a gritar «¡Visca Catalunya lliure!», como si Cataluña no fuese libre todavía. Y yo pregunto: ¿las asonadas de Companys en la República o en nuestra época la de Ibarretxe o Atutxa son acaso libertad? ¿Quién va a homenajear a las decenas de miles de asesinados por el Frente Popular con la complacencia de Largo Caballero? ¿O es que acaso estos muertos ahora deben viajar en vagones de tercera? ¿Cómo vamos a condenar a nuestros mayores, de uno u otro bando? ¿A alguien le podría parecer de bien nacido la actitud de ese personaje que llegó a sostener que el culpable del asesinato de su padre y abuelo franquistas era el propio Franco por haberse sublevado? En fin, a la España o a la Cataluña «simpática», boba, ahistórica y «lliure» -desde luego sólo para algunos- que se pretende imponer, yo no me apunto. A la España de la concordia, la España constitucional, la España de la cultura del pacto, sí. A esa España por la que luchamos hace veinticinco años intentando cicatrizar definitivamente las heridas abiertas por el Frente Popular, por la Guerra Civil y por la Dictadura, sí. A esa España, que es la que sintetizó magistralmente el Rey en su alocución ante las Cortes Generales el sábado pasado, a esa sí que me apunto.

Amenaza a la Constitución
Antonio Pérez Henares El Ideal Gallego 8 Diciembre 2003

No es su reforma ninguna amenaza para la Constitución. Es prueba de su adaptabilidad a las necesidades ciudadanas. Pero no es su reforma la que hoy exige el nacionalismo radical sino su voladura. Porque el independentismo lo que quiere, dicho con claridad por parte de Rovira y con melifluo y untuoso frotarse de manos Ibarretxe, es irse de España. Quiere separarse. Y la España de hoy es su Constitución. La España de la democracia, de la libertad y de las autonomías, aunque sea eso lo que nieguen ver porque se quedan sin coartadas. Porque el nacionalismo que siembra enfrentamiento con la idea de España y lo español, que lo abona con odio, desprecio y resentimiento como principal alimento de su sentimiento, necesita transmitir no esa idea de España constitucional, libre, moderna, progresista y descentralizada sino un espantajo irreal de un estado extraído como siniestro mito de la Leyenda Negra. España para ellos, es una pesadilla histórica. Solo así pueden ir avanzando en sus tesis que están mucho más cerca de lo más reaccionario que en España ha sido.

Pero sin embargo se consideran y se sienten progresistas. Hasta el nacional fascivasquista Arzallus se considera todo un “progre” cuando tiene sus ubres en el racismo y en el aparheid. Y el nacionalismo catalán de ERC es ya el no va mas de la progresía.

Intelectualmente estos despropósitos serían tan fáciles de combatir como de desmontar. Pero topamos con el problema, con el verdadero asunto y lo que convierte la amenaza en preocupante y con posibilidades catastróficas. La izquierda, la que ha tenido el igualitarismo y la universalidad como principios y banderas, lleva cinco lustros prisionera de un complejo. La izquierda parece incapaz de rescatar la idea de España que es la suya, que es por la que tantas generaciones pelearon y de confrontar desde ella esas paletadas de y caverna reaccionaria de los nacionalismos. Pero no, la izquierda española, con una posición que dejaría a sus líderes de principios del siglo XX y a sus pensadores de siempre, absolutamente acongojados es incapaz hoy de hacer suyo el proyecto progresista de esta España constitucional que reclama a voces a sus verdaderos hijos: los de la democracia.

¿Viva la constitución!
Iñaki Ezkerra La Razón 8 Diciembre 2003

Con frecuencia quienes sufrimos en el País Vasco la presión antidemocrática del régimen nacionalista, incurrimos en una omisión que beneficia al nacionalismo totalitario de Ibarretxe y Otegi. A menudo, cuando hablamos de la dictadura nacionalista, nos olvidamos de hacer una puntualización básica: que, aunque, en efecto, tal dictadura existe incrustada en nuestra democracia, su realización no llega a las últimas consecuencias y posee grandes fisuras gracias a la vigencia ¬precaria pero efectiva¬ de la Constitución de 1978 cuyo vigésimo quinto aniversario ahora celebramos.

Dicho de otra modo, en un momento tan difícil como el de esta ofensiva terrorista y política del nacionalismo sabiniano, la Constitución ¬aún no siendo plena su realización en Euskadi¬ nos sigue protegiendo a los vascos. Viva, sí, esta Constitución que nos protege a los vascos constitucionalistas de los nacionalistas que «la rechazan como ajena» y que protege a su vez también a los nacionalistas de sí mismos.

Es preciso dejar muy clara esta puntualización porque, de lo contrario, acabamos, sin proponérnoslo, coincidiendo con ese nacionalismo totalitario en la negación del Estado de Derecho en el País Vaco y en la tesis que ese nacionalismo sostiene permanentemente de que «Euskadi vive un nuevo franquismo», afirmación que sólo es propia de quien no vivió la Dictadura o se ha olvidado de ella, del joven radicalizado sin experiencia o del político interesado sin memoria, de la España amnésica que ha rebajado el debate político a una altura de pelea de tasca.

No y mil veces no. Quienes sí recordamos lo que fue el franquismo no podemos comparar con él a la España de hoy ni siquiera a esa Euskadi sin libertad que nos ha traído el imbécil de Arzalluz con ese paraguas ridículo que blandía el otro dia frente al Palacio de justicia de Bilbao para cantar el mismo Eusko Guadariak que no tuvo huevos de cantar en la época de Franco y cuando lo cantábamos hasta los chavales de trece años en las verbenas.

Quienes sí recordamos lo que era el franquismo y no estuvimos en Venezuela, como el cobardón de Anasagasti, sabemos que lo peor de aquella época, la esencia de aquel régimen, no son las boinas rojas y las camisas azules que casi no se veían pasada la posguerra. Lo peor es aquella sensación de tedio vespertino y sin esperanza, aquella rutina de tarde inmóvil, como colgada de la eternidad, en la que parecía que no podría pasar nada que tuviera un poca de emoción, de verdad y de vida. Esa tarde «pragmática y dulzona» que profetizó Machado y que está en las páginas de Martín Santos, Ferlosio y Aldecoa. Lo digo con el corazón: yo no cambiaría un sólo día de mi presente de constitucionalista con miedo y escolta en Euskadi por un día de aquellos tediosos y grises en los que no había un periódico que pudiera publicarme estas líneas.

El cantar de la Constitución
Luis González Seara La Razón 8 Diciembre 2003

Cuando una época histórica genera un aluvión de individuos de ambos sexos, cuyos máximos esfuerzos estriban en desconstruir el pasado, poca esperanza existe respecto del acierto de los proyectos colectivos que se pongan en marcha. La vida avanza hacia delante y se construye por quienes la viven, paso a paso. ¿Dónde está la canción antes de ser cantada?, preguntaba el pensador y revolucionario ruso Alejandro Herzen. En ninguna parte, responde Isaiah Berlin. La canción se crea al cantarla, al componerla. Y hay quien canta, o quiere cantar, para todos, y quien lo hace sólo para una cofradía dada.

Estos días se conmemora el vigésimo quinto aniversario de la Constitución española de 1978, compuesta y cantada con voluntad de llegar a todos los españoles, de integrar a unos y otros en un vuelo libre hacia una sociedad abierta, tolerante y solidaria. Y somos aún muchos los que participamos en aquel canto inicial de vida y esperanza, y que deseamos seguir entonándolo en estrecha compañía de todas las gentes nuevas que vienen a enriquecer, continuar y mudar el continuo fluir del proceso histórico.

La renovación y el cambio son valores inherentes a una sociedad pluralista. Pero si el pluralismo quiere ser un concepto válido ha de partir del respeto escrupuloso de los sistemas de valores en liza, sin la hostilidad intransigente o el odio obcecado que caracterizan a los fundamentalismos monistas y los extremismos de toda laya. El fanatismo es lo que subyace detrás del insidioso asalto nacionalista contra la Constitución, y el sectarismo es lo que aflora en muchas propuestas fragmentarias de su reforma, procedentes de lo que Harold Bloom llama «la caterva del Resentimiento», cuyo lema puede ser el de Groucho Marx: «Sea lo que sea, estoy en contra».

Una reforma constitucional consensuada ¬no hay otra posible¬ ha de partir de una visión global de los resultados que ha producido en la vida española. En los debates de las Cortes Constituyentes de 1931, decía Ortega y Gasset: la Constitución es su totalidad. Por eso, propiamente no cabe hablar de aciertos parciales en una Constitución: si su sistema general no rinde aproximadamente la finalidad pretendida, de nada valen sus maravillas particulares». Eso es así. Pero, en sentido inverso, si una Constitución cumple las finalidades básicas, que permiten un eficaz funcionamiento de las instituciones y los sistemas sociales, no puede ser cuestionada porque no dé una respuesta rápida a ciertos problemas parciales o coyunturales, y menos aún a reivindicaciones descabelladas o interpretaciones utópicas de la realidad. Ni los fanáticos, ni los sectarios resentidos ¬maestros en el arte de destruir lo construido con una visión pluralista y abierta de las cosas¬ son buenos compañeros del coro constitucional. Al final, si persisten en sus egoísmos, deslealtades y falacias, habrá que darles la respuesta que dio el marinero del romance del conde Arnaldos: «Yo no digo ni canción / sino a quien conmigo va». Que es una nutrida compañía.

Órdago
PABLO MOSQUERA La Voz 8 Diciembre 2003

LOS VASCOS presumen de ser buenos jugadores de mus. Hace poco escuché en una tertulia política del País Vasco que, para los nacionalistas, el conflicto con el Estado español era como una partida de mus. Otros opinaban que para algunos dirigentes del Gobierno central, el problema había que tratarlo como una «carlistada más». Lo cierto es que, coincidiendo con las bodas de plata de la Constitución, la situación vasca es mala y sin esperanza de diálogo, con la peor de las devertebraciones sociales, al estar la comunidad de ciudadanos de Euskadi prácticamente dividida al 50%. Aquí sí que podemos decir que cualquier tiempo pasado fue mejor.

¿Qué cartas hay en las manos de los nacionalistas? El victimismo, al grito de «vienen a por nosotros». Capaz de unirlos y hacerles ganar las próximas elecciones al Parlamento vasco por mayoría absoluta. Con la extensión, a otros lugares del país, de la sospecha sobre la prohibición de mover la Constitución y los Estatutos, ni consultar a los ciudadanos más allá de los procesos electorales al uso.

¿Qué capacidad tienen para jugar al farol? Supongo que hasta donde Atucha e Ibarreche estén dispuestos a aguantar una previsible condena por desacato; o la provocación que lleve a los más duros del Estado a justificar la suspensión de la Autonomía.

¿Y el Estado? Depende del resultado de las próximas elecciones generales, aunque alguien puede estar pensando que ser duro en Euskadi da la mayoría absoluta en España, y obliga a los socialistas a retratarse , primero en Cataluña y después en el resto de España.

¿Y los espectadores? Los ciudadanos, primero los vascos, deben estar muy preocupados con lo que se les viene encima, pues nadie se puede creer que los vascos se van a conformar con una actuación sobre el lendakari y el presidente del Parlamento Vasco. ¿Cómo mostrarán su disconformidad? Y tras la suspensión de la autonomía, ¿cómo se gobierna la Comunidad, y hasta cuándo el castigo? Sigo siendo un nostálgico de la Mesa de Ajuria Enea, y echando de menos a personas como Jáuregui y Ardanza. La calidad del sistema no depende de la Carta Magna, sino de la calidad de las personas. La aplicación de los preceptos constitucionales y su extensión a los Estatutos tienen mucho que ver con la propia capacidad de los partidos para despegar del centro y hacerse periféricos.

Cataluña, vista a la izquierda
Fernando González Urbaneja Estrella Digital 8 Diciembre 2003

Los nacionalistas catalanes de Convergencia tratan por todos los medios de conservar el poder, al menos buena parte del mismo. Sólo les queda ofrecer la presidencia de la Generalitat a Carot, a Esquerra, para consumir hasta los posos el cáliz de la coalición, pero ni con eso están seguros de que sus hermanos adversarios les den el sí para una alianza.

Esta nueva Esquerra Republicana de Cataluña pretende recuperar la posición dominante en el nacionalismo que tuvieron décadas atrás y su protagonismo en aquel Estado catalán. Para ello tiene que integrar a los militantes, simpatizantes y votantes de Convergencia por la vía de los hechos y no por la de la coalición. Un joven partido como Convergencia (apenas tiene 25 años) en la oposición parece presa potencial de crisis internas que engorden Esquerra hasta conducirla al liderazgo. Ésa es la apuesta de los actuales dirigentes de Esquerra, y para consumar el objetivo prefieren una alianza a la izquierda que la opción nacionalista. Con los convergentes les fue muy mal en 1980, les borraron del mapa. Con los socialistas les ha ido mejor en los ayuntamientos, donde han mantenido y mejorado posiciones.

Quienes hace unos días daban por segura la alianza CiU-Esquerra acreditaban soberana ignorancia de la sociedad catalana y de sus clases dirigentes. En Cataluña las líneas de puntos, por encima y por debajo de los discursos oficiales y de las apariencias, son profundas y ricas en matices. Cuando una persona como Isidre Fainé, director general de La Caixa, invita a Carot para hablar en Madrid deja muy claro que Esquerra tiene madera de gobierno aunque muchos en el Partido Popular y en el Gobierno de Madrid no lo entiendan. Hay que ir con más frecuencia a Cataluña con maleta, no de avión a avión, para pasar unos días y convivir y compartir.

El martes se despejará el panorama y por los datos e impresiones disponibles la opción del tripartito, con Maragall presidiendo un Gobierno complejo y, probablemente, inestable cuenta con más probabilidades. Un Gobierno que abrirá en canal el periodo anterior al estilo catalán, con prudencia aunque con decisión, para borrar del mapa al adversario. A todos va a interesar pasar por encima de Convergencia, incluso a los del PP, que esperan también pescar votos en ese estanque.

Los socialistas catalanes conocen bien a los de Esquerra, gobiernan juntos no pocos ayuntamientos, incluido el de Barcelona. Estos días han negociado a fondo el programa de gobierno, por encima de la mesa (Montilla y Maragall) y por debajo (Iceta y Castell). La financiación autonómica ha sido asunto central (para eso estaba Castell) y por ahora sabemos poco de lo que les une y lo que pretenden. En la calle Ferraz de Madrid, Rodríguez Zapatero se ha mostrado muy confiado en que Maragall gobernará y que sus colegas catalanes saben bien cuáles son los límites que no pueden sobrepasar. El líder socialista español se ha posicionado claramente en la reforma constitucional para articular la España autonómica después de la experiencia de estos 25 años. Otra cuestión es que su estrategia sea compartida por todo el partido y además explicada a la ciudadanía y a los votantes y entendida por éstos.

Para sus adversarios del Partido Popular, con Rajoy a la cabeza, la estrategia electoral para marzo está clara: unidad de España y coherencia constitucional, un mensaje que será machacón y sin matices. Así están las cartas repartidas y así se van a jugar; el desenlace, en marzo. Mientras, Convergencia experimentará en carne propia, si finalmente no consigue mantenerse en el Gobierno, lo que desgasta la oposición. FG.urbaneja@terra.es

PROCESADA POR AMENAZAS A UN DECANO
El PNV pacta el modelo de universidad vasca con una militante de las juventudes de ETA
Los socios de Ibarretxe vuelven a apoyarse en Batasuna para tramitar la Ley de Universidades. El grupo ilegal ha pactado hasta 50 enmiendas con el PNV entre ellas, que los profesores que hablan euskera cobren más y que los presos etarras vuelvan a estudiar en la UPV. Pero además, la negociadora de esta formación es Araitz Zubimendi, militante de las juventudes de ETA , procesada por el TSJPV tras amenazar a un decano de la UPV. Fue también responsable de la quema de la bandera de España junto a Otegi.
Libertad Digital  8 Diciembre 2003

Mientras el grupo Socialistas Abertzales no es disuelto en cumplimiento de una sentencia del Tribunal Supremo, su colaboración parlamentaria sigue sacando adelante iniciativas legales patrocinadas por PNV y EA. Pero en este caso, además, la encargada de canjear su apoyo por una avalancha de enmiendas –hasta 50 de forma directa – es bien conocida en la Universidad pública del País Vasco.

Según recordó el pasado jueves, en declaraciones a la agencia Europa Press, el portavoz del grupo popular vasco en Educación, Iñaki Ortega, Araitz Zubimendi está procesada por amenazar a un decano de la universidad vasca. En la denuncia, formulada en 2002 por la propia universidad, se detallaba cómo un grupo de radicales irrumpió en una sala donde se estaban celebrando elecciones al claustro para reventar el acto impidiendo a los alumnos que votaran.

Para el entorno estudiantil de ETA, este tipo de elecciones se consideran gravemente españolas por lo que la tónica general es reventarlas. Zubimendi, como recuerda Iñaki Ortega en declaraciones a Libertad Digital, acostumbra a expresar su opinión en este tipo de procesos quemando urnas, rompiéndolas, llevándoselas a cuestas o poniendo silicona en la ranura por la que deberían entrar las papeletas. Sabe que la Policía no puede entrar en la Universidad si no es avisada por el Rector, algo que en el País Vasco, sólo se hace si la situación es ya de extrema gravedad como cuando estalló una bomba que iba dirigida a la profesora Edurne Uriarte, presidenta de la Fundación para la Libertad.

Francisco Javier Ezquiaga, decano de la facultad de Derecho, trató de impedir que los saboteadores de las elecciones llenaran esta vez las urnas de pintura. Pero la propia Araitz Zubimendi le impidió que se acercara. Entonces el decano llamó a los servicios de seguridad de la Universidad. Zubimendi, señalándole en el pecho dijo que "tomaba nota" y lanzó su amenaza, al más puro estilo mafioso, diciéndole algo así como "te vas a enterar cuando salgas de aquí". Al día siguiente, Ezquiaga recibió una misiva con un claro "Viva ETA", escrito en euskera, que le conminaba a abandonar la universidad.

Por poner otro ejemplo, fuera ya de la UPV, a finales de septiembre, la Sala de lo Civil y Penal del TSJPV interpuso una querella contra Arnaldo Otegi y Araitz Zubimendi (ambos parlamentarios de SA) por una manifestación con el lema "No apartheid" que escondía "la finalidad de convertirse en un acto homenaje a Arkaitz Otazua, miembro de la banda terrorista ETA, que había fallecido el domingo anterior, 14 de septiembre, en el curso de un tiroteo cuando trataba de asesinar a dos agentes de la Ertzaintza en el alto de Herrera (Álava)". Otro episodio: la quema de la bandera de España en San Sebastián, en agosto de 2003. Pese a que Arnaldo Otegi trató de desvincularse, reía y se quejaba del "mal olor" de la bandera al arder. El acto, según Garzón, estaba organizado directamente por el propio Otegi y Zubimendi.

Más sueldo si se habla euskera y vuelta de los presos etarras
Con esta representante de un grupo parlamentario ilegal, militante de las juventudes de ETA, es con la que ha pactado el PNV medio centenar de enmiendas a una Ley de Universidades que pretende, entre otras cosas, que los presos etarras puedan volver a estudiar en la UPV en situación de privilegio (aprueban sin exámenes y se les costean desde la matrícula hasta las fotocopias) y que los profesores que hablen euskera cobren más que los que lo hacen en castellano.

En cuanto a la primera medida, va directamente en contra de la nueva Ley General de Régimen Penitenciario, reformada precisamente para terminar con los privilegios y que los presos se limiten a estudiar, cuando lo soliciten, en la UNED. La segunda, impedir que se aplique la Ley Orgánica de Universidades. El apoyo legislativo está garantizado y, en cuanto a su ejecución, basta ver los métodos de Zubimendi para suponer que el que ose oponerse recibirá la consabida amenaza.

Bravata de Arzalluz
Cartas al Director ABC 8 Diciembre 2003

Arzalluz es un especialista en bravatas, para avisar de «grandes males» si se toman decisiones para fortalecer el Estado de Derecho. Cuando se aprobó el endurecimiento de las penas por violencia callejera, señaló que su efecto sería el contrario al deseado, y cuando se aprobó la Ley de Partidos, afirmó que probablemente habría más muertos. Sin embargo, no se han producido tales calamidades y, en cambio, la violencia ha disminuido. Ahora ya tenemos la última bravata de Arzalluz respecto a las recientes modificaciones del Código Penal: «Entonces sí pasará algo». De momento, en caso de una hipotética condena de Atutxa, los etarras no tendrán ni voz ni voto ni financiación con dinero público.  Francisco Aguirre.   Vitoria (Álava).

Camps: «La Constitución está cada día más joven, más vigorosa y más dinámica»
JOSÉ LÓPEZ JARABA ABC 8 Diciembre 2003

Representante principal de una nueva promoción de políticos de la cantera del PP, Camps reitera que, después de 25 años, el modelo constitucional está empezando a dar sus mejores frutos

VALENCIA. Francisco Camps (Valencia, 1962) encara su primera legislatura en el Palau de la Generalitat con dos hitos en el horizonte que pondrán a prueba la fortaleza del PP local y la capacidad de su Gabinete: proveer a Rajoy de un buen botín de votos y la gestión de la Copa América, un acontecimiento que ha levantado unas expectativas que, bien lo sabe el presidente, tienen que ser satisfechas.

-¿Se halla la España constitucional en la antesala de una crisis institucional a causa de las tensiones nacionalistas?
-España está mas fuerte que nunca. La Constitución nos ha situado en el mejor momento de nuestra historia. Lo que está ocurriendo en el País Vasco es una demostración de insolidaridad, trufada además de una tensión política desleal con planteamientos ilegítimos. El Gobierno, estoy seguro, hará uso de los mecanismos que le proporciona el Estado de Derecho para abortar unos planes que nada tienen que ver con la libertad, ni con la democracia, ni con la convivencia.

-¿Por qué este pulso nacionalista?
-Ha sido una constante a lo largo de estos años, pero la Constitución que cuestionan perdurará durante muchas décadas. Ese gran acuerdo entre los españoles nos ha dado la época de mayor estabilidad política, social y económica. España se ha convertido en un referente mundial como país en libertad y prosperidad, en todas sus manifestaciones. Eso es lo que preocupa a los nacionalistas: saber que España es cada día más fuerte, más sólida, con más presencia en el mundo y que sus instituciones democráticas son un ejemplo para muchas sociedades.

-¿Admite reformas la Constitución, quizás consensuadas en un futuro político menos agitado?
-No hace falta ningún tipo de reforma, no veo ni un sólo motivo. Esta Constitución, en la defensa de los derechos individuales, en la defensa de los derechos colectivos y en la política territorial, es perfecta. Está dando los mejores frutos, incluso más de los soñados cuando fue aprobada.

-La polifonía socialista sobre el modelo de Estado, ¿hasta qué punto infiere en su cuestionamiento?
-Sobre este asunto ha surgido un ejemplo, uno más, muy cercano y grave para nosotros, que pone en duda la capacidad de liderazgo de Zapatero. Y es que Ferraz permite y apoya la eurorregión planteada por Maragall en unos términos inadmisibles, que cuestionan el modelo constitucional y de territorio basándose en planteamientos absurdos y anti históricos. Esto choca contra toda coherencia exigible a un partido que debería tener un discurso político territorial coherente en toda España. En marzo, los españoles nos jugamos mucho y, entre otras cosas, que exista un discurso coherente, serio y responsable para toda España. El mismo problema, la misma polifonía, se reproduce con el PHN. Cada federación socialista dice una cosa en cada sitio. El proyecto del PSOE no sirve por igual a todos los españoles.

-Los socialistas hablan de «adaptación» en lugar de «reforma» constitucional. ¿Aceptaría «adaptación»?
-Lo voy a decir con toda contundencia y claridad: la Constitución no necesita reforma alguna, ni adaptación, ni adecuación, ni matización. Cada día está más joven, más vigorosa y más dinámica y, por lo tanto, no admito ningún eufemismo que pueda dar pie a una deriva hacia no sé qué cosa. Este país es joven y fuerte y está dando sus mejores resultados precisamente ahora. El modelo territorial que mejor se ajusta a España es el modelo autonómico, que es perfecto. Hay que seguir trabajando con la tranquilidad que nos da una Constitución que nos permite estabilidad política y social y, en consecuencia, poder económico. Es decir, Constitución equivale a futuro próspero.

-El futuro Gobierno catalán será más nacionalista, sea quien sea quien ocupe el Palau de la Generalitat. ¿Surge otro polo de tensión en la política nacional?
-Quien saldrá realmente perjudicada si se produce este giro será la propia Cataluña. Defender la singularidad y los intereses propios no está reñido con la centralidad y la moderación.

-Pero todo apunta a futuras tensiones, por ejemplo con el PHN.
-El Gobierno cumplirá la ley, y el PHN es una ley estatal votada en Cortes. Y se desarrollará con total tranquilidad en los próximos meses. Ya se están licitando tramos en varias Comunidades y muy pronto empezarán las obras de un proyecto del que nos beneficiamos todos, Aragón y Cataluña incluidos. Existen muchas dosis de electoralismo e intereses coyunturales a propósito del PHN. Algunos prefieren cierta rentabilidad electoral a corto plazo incluso a costa de hurtar a sus ciudadanos una gran infraestructura vital para el progreso económico. Y es evidente que incurren en una insolidaridad muy grave con el resto de España por intentar que no haya financiación europea.

-Siendo la Valenciana una Comunidad histórica, ¿por qué no conoce tensiones nacionalistas?
-Porque el mensaje está clarísimo. Nunca hemos conocido tanto bienestar, que los ciudadanos relacionan con el modelo constitucional, con la lealtad a un esquema que les ha proporcionado tranquilidad para trabajar y prosperar. Un modelo que, además, reconoce a los valencianos un nivel de autogobierno que sólo les hace mirar a un futuro que pasa indefectiblemente por la lealtad a España. Porque España, en especial durante el Gobierno Aznar, ha ejecutado un nivel de inversiones que han contribuido de forma definitiva a respaldar sin fisuras un modelo de convivencia y unidad. El camino está perfectamente diseñado: el camino se llama Constitución.

-Algunos sectores acusan al PP de hacer una interpretación «restrictiva» de la Constitución, germen de determinadas tensiones.
-Yo he sido secretario de Estado de Política Autonómica y ha sido precisamente durante los Gobiernos del PP cuando se ha producido el mayor volumen de transferencias de toda la historia, que hacen que en este momento España sea el país más descentralizado de Europa. Por tanto, en términos cualitativos y cuantitativos, al PP nadie lo puede catalogar de otra cosa que no sea de haber sido leal con la Constitución y con el desarrollo del país.

-¿Quieren cobrarse ahora facturas pendientes desde aquel consenso constitucional de 1978?
-La sociedad española está viviendo un momento excepcional en todos los sentidos. Y la sociedad quiere que continuemos con este camino. Otra cosa es que otras personas y otros grupos políticos estén diciendo lo que están diciendo. La realidad de las cosas es la realidad de las cosas y no hay nada ni nadie capaz de frenar esta marcha. Somos además un modelo a seguir en toda Europa; España es un país de referencia por su modelo de crecimiento y de bienestar, y ello gracias al modelo constitucional. Nosotros no nos perdemos en discursos del pasado. El PP, que ahora encarna Rajoy, es la única opción reconocible con un discurso de futuro, del siglo XXI, frente a otros pequeños discursos del siglo pasado.

-¿Cómo vislumbra las generales tras una campaña que sin duda pivotará en torno al modelo de Estado?
-Preveo que en la Comunidad Valenciana, como mínimo, repetiremos los resultados de 2000 y que Rajoy va a ser presidente del Gobierno con un impresionante caudal de votos desde nuestra Comunidad. Y la campaña, aunque algunos la hagan girar en torno al cuestionamiento del modelo constitucional, o incluso sobre Irak, servirá para que los ciudadanos valoren, como en el 25-M, la calidad de vida que han alcanzado durante estos ocho años.

Recortes de Prensa   Página Inicial