AGLI

Recortes de Prensa     Martes 9 Diciembre  2003
Pujol, de la retirada a la desbandada
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 9 Diciembre 2003

El arriesgado órdago del socialismo catalán
Editorial ABC 9 Diciembre 2003

Respuesta civil al nacionalismo
Editorial La Razón 9 Diciembre 2003

El diluvio postpujolista
VALENTÍ PUIG ABC 9 Diciembre 2003

Ante una teoría racista
Iñaki Ezquerra La Razón 9 Diciembre 2003

Aprender de ERC
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  9 Diciembre 2003

Un olor a crisantemos
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 9 Diciembre 2003

Pacto de izquierdas en Cataluña
Editorial Heraldo de Aragón 9 Diciembre 2003

La Cataluña socialista
Editorial El Ideal Gallego 9 Diciembre 2003

Socialistes, al salón
JAIME CAMPMANY ABC 9 Diciembre 2003

Celedón en diciembre
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 9 Diciembre 2003

España como problema (todavía)
José María CARRASCAL La Razón 9 Diciembre 2003

El pacto Maragall-Carod es un armisticio
Lorenzo Contreras Estrella Digital 9 Diciembre 2003

¿Libertad de expresión
Cartas al Director ABC 9 Diciembre 2003

«No hay un conflicto entre el País Vasco y España; lo hay con el Plan Ibarreche»
Carmen GURRUCHAGA La Razón 9 Diciembre 2003

La Policía detiene en Francia a la cúpula militar de ETA
Bayona. Agencias ABC 9 Diciembre 2003

Basta Ya anuncia que se movilizará contra el Plan Ibarretxe todo el tiempo que haga falta
Libertad Digital 9 Diciembre 2003

ERC presiona al PSC para imponer una política lingüística con más celo sancionador
JANOT GUIL ABC 9 Diciembre 2003

LO QUE EL NACIONALISMO ES, Y ALGUNAS CONSECUENCIAS
ÍÑIGO SÁENZ DE MIERA ABC (Cataluña) 9 Diciembre 2003
 

Pujol, de la retirada a la desbandada
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 9 Diciembre 2003

Reconozco que yo era de los que no creían en que un bisoño Carod con apenas el 16% de los votos engañase como a un lactante al todopoderoso y experimentadísimo Jordi Pujol, pero así ha sido. Está claro que hasta la elección del Presidente del Parlamento de Cataluña, ERC ha estado jugando como el ratón listo con los dos gatazos ambiciosos, PSC y CiU, y que, finalmente, ha hecho Presidente de la Generalidad al que menos daño o menor sombra podía hacerle para el futuro, que evidentemente no es Artur Mas. Tras el éxito moral de las elecciones, Pujol ve cómo su retirada se convierte en desbandada. Porque ya veremos qué queda de aquí a tres años de esa coalición de intereses y sectarismos unida por dos factores y sólo dos: el liderazgo de Pujol y la argamasa del Presupuesto. Siete mil empleados públicos de la estricta confianza de CiU parece que no llegarán a comerse el turrón de estas Navidades. ¡Adéu, Pesebre, adéu!

Lo peor del “timo del patriota” del que ha hecho víctima el pícaro urbanita Carod al avaricioso paleto Pujol es que previamente se ha desactivado la previsible queja fundamental de los convergentes: que los separatistas de ERC le dan la Generalidad a quien no ha ganado las elecciones y además pertenece a “un partido de Madrid”. Como en estas semanas Mas ha multiplicado sus guiños, genuflexiones y humillaciones ante Carod, como ha cantado sus excelencias, las que tiene y las que no tiene, y hasta se ha ido a Vitoria a respaldar el Plan Ibarreche, porque es con el que se identifica Rovireche, Convergencia se ha quedado a solas con Unió... y con el PP. Al que no le viene mal en absoluto este Gobierno, ni para formarlo en Madrid ni, sobre todo, si está dispuesto a crecer como partido en Cataluña. Pronto lo veremos. En realidad, pronto vamos a ver muchísimas cosas, y casi ninguna buena. Pero, como bien dijo Mayor Oreja, ésta es la herencia de Pujol. Que cada vez tiene más cara de Cambó.

El arriesgado órdago del socialismo catalán
Editorial ABC 9 Diciembre 2003

DE nada le sirvió a Artur Mas desplazarse a Vitoria para escenificar, a los solos efectos de enviar un nítido mensaje a Esquerra Republicana, una inédita solidaridad con el lendakari Ibarretxe. CiU, a esas alturas, había perdido las bazas negociadoras que Jordi Pujol quiso recuperar en dos encuentros con Carod-Rovira. Ambos, inútiles. La gestión de la fase postelectoral, parecida en algunos tramos a un sistema de pujas para complacer las aspiraciones de ERC, fue más habilidosamente conducida por parte del PSC que de CiU, tanto en rapidez como en decoro político. Los republicanos, de fe independentista, llegaron a despreciar la extrema disponibilidad de los convergentes, mientras su líder limaba asperezas en Madrid y Barcelona con las fuerzas sociales, al tiempo que los negociadores avanzaban en sus acuerdos con los socialistas de Maragall.

El líder del PSC, confortado por el apoyo de la Ejecutiva del PSOE, consciente de que se jugaba su futuro y una crisis sin precedentes en su partido, enfrió los ánimos y sacó a pasear el pragmatismo de la financiación de Cataluña como argumento definitivo para convencer de que el autogobierno bien entendido comienza, justamente, en la más amplia y autónoma posibilidad económica de gastar y recaudar al modo del sistema de financiación de la Comunidad vasca y la Foral de Navarra. Un «nacionalismo de realidades» -en expresión textual de uno de los negociadores socialistas- frente a una formulación secesionista por vía de hecho al estilo del PNV que no conduce a parte alguna. La izquierda del PSC y de ERC se han encontrado en un punto de inflexión suficientemente discreto para los socialistas y convenientemente «rompedor» para los republicanos. El fondo del escenario se compone de un discurso según el cual CiU, tras veintitrés años de Gobierno, es el conservadurismo continuista y ramplón. Lo que tratan PSC y ERC es de ejecutar un «sorpaso», una sustitución del pujolismo, demostrando que sólo el Cid campeó después de muerto. O en otras palabras, que no hay posibilidad de pujolismo sin Jordi Pujol.

A la espera de los detalles del acuerdo de gobierno entre PSC, ERC e ICV, parece insoslayable que el socialismo catalán y, por consecuencia, el PSOE asume un enorme riesgo. Es verdad que los socialistas catalanes tienen algunas experiencias importantes de colaboración con ERC, pero el nivel que ahora se plantea es definitivo para unos y otros porque remite a un desenlace en el que habrá que valorar si el socialismo de Cataluña es capaz de atraer al constitucionalismo a los republicanos independentistas o éstos logran, en más o menos tiempo, imponer sus criterios más extremos. El nacionalismo catalán, incluso en sus formulaciones más radicales, es diferente al vasco. Pero el del PNV, no se olvide, ya se alió repetidamente con el PSE-EE en Vitoria y la experiencia acabó, tal y como ahora se revela, estéril, y no por mala fe de los socialistas, sino por la deslealtad de los peneuvistas.

El alcance de la coalición en Cataluña es de calibre. Porque abrirá una crisis de identidad en CiU, aglutinada en torno al poder, y repercutirá sensiblemente en la percepción del PSOE en el conjunto de la sociedad española, que en marzo debe pronunciarse en comicios generales. Y, por si fuera poco, si el nuevo Ejecutivo catalán plantea fórmulas de financiación mediante convenios, se enfrentará con emulación al País Vasco -celoso de su singularidad hacendística- y conmoverá a las autonomías menos autosuficientes. Por eso, los riesgos de este órdago socialista trascienden, de largo, a Cataluña y se convierten en riesgos de Estado.

Respuesta civil al nacionalismo
Editorial La Razón 9 Diciembre 2003

La plataforma «Basta Ya», con el apoyo de otros movimientos de defensa de los derechos civiles en el País Vasco, ha convocado para el próximo sábado una gran manifestación a favor el Estado de Derecho y en contra el Plan Ibarreche y el totalitarismo nacionalista. Se trata de una nueva iniciativa surgida dentro el socialismo vasco más activo en la defensa de las libertades, el que abanderan la europarlamentaria Rosa Díez o Nicolás Redondo Terreros; y, por lo mismo, alejado de los dirigentes más próximos al PNV como Jesús Eguiguren y, en especial, Odón Elorza, que incluso se ha pronunciado en contra de la marcha ciudadana.
 
La protesta tiene marcados objetivos tan claros como sencillos y trata de demostrar por la vía de los hechos, de la ocupación de los espacios públicos, que la sociedad puede abandonar su cárcel de silencio y decir en libertad que no está a favor del Plan Ibarreche. En entrevista con Carmen Gurruchaga, la eurodiputada socialista cree que este tipo de concentraciones son esenciales en la batalla a la preponderancia exclusiva del nacionalismo. Y considera además fundamental ganar esos espacios que el PNV, gracias a su extraordinario poder mediático, ha podido mantenerlo en exclusiva.

Acierta Rosa Díez cuando afirma que los éxitos en las concentraciones callejeras, en la multiplicación de actos de la sociedad civil en defensa de los valores constitucionales, en el suma y sigue de líderes de todos los sectores que se unen a estos movimientos de protestas, despiertan el temor y el recelo a partes iguales en el partido de Arzallus. Cada vez que un grupo de opinión evidencia que es lícito y normal reivindicar el derecho a ser vasco sin tener por ello que votar al PNV; que no existe un «conflicto» con Madrid, sino entre vascos, y que quien ataca las libertades es el Gobierno de Ibarreche, con el apoyo de Batasuna y de IU, y un plan antidemocrático e inmoral, se advierten nuevas grietas en el muro nacionalista. Así, la marcha del sábado tiene también entre sus fines el de ayudar a convencer a aquellos que sin ser nacionalistas votan al Partido Nacionalista Vasco por «seguridad» y porque «la cosa va bien si no te metes en política».

Rosa Díez, que forma parte de ese numerosísimo grupo de auténticos héroes capaces de enfrentarse al clima del miedo impuesto por ETA y sus amigos, que ofrece cada día una lección de moral, de ética política, con la esperanza de hacer llegar a sus conciudadanos de que para el futuro del País Vasco como ente autónomo es posible y deseable una victoria de los partidos constitucionalistas, y que la derrota de la coalición que dirige el PNV no supondría más que gozar de mayores cotas de libertad y de que todos, y no sólo los nacionalistas, pudieran disfrutar de las libertades y de los derechos que ampara la Constitución.

El diluvio postpujolista
Por VALENTÍ PUIG ABC 9 Diciembre 2003

EL sistema afectivo de la política catalana liquida la figura del padre y se entrega al brutal equilibrio del imperativo territorial de partidos, especialmente los que compartan el poder. Si se confirma un gobierno tripartito de la izquierda, el eje del poder se habrá trasladado de la supuesta centralidad de «Convergència i Unió» a una «Esquerra Republicana» que se abraza de forma consanguínea a los socialistas para irles arrebatando terreno con el objetivo de sustituirles a largo plazo en el sistema de alternancia. Por eso puede afirmarse que, en contradicción con su tan probable investidura como presidente de la «Generalitat», si Pasqual Maragall llega al «Palau» lo hará sin el apoyo afectivo y efectivo de lo que se definió como maragallismo. Más falta le hace marcar territorio en Cataluña a favor de Rodríguez Zapatero para que en marzo emprenda su ofensiva electoral con alguna opción.

A modo de director de un teatro de pantomima, Carod-Rovira había ido escenificando negociaciones para que el final, al retirarse el telón, todos los papeles estuviesen repartidos de antemano. Ya se sabe que el clan de Tarragona controla «Esquerra» en gran parte, con notorio arraigo moral y físico en el mundo sudoroso y fraterno de los «castellers». En pleno auge personal, Carod baraja dos argumentos: ir menoscabando el PSC-PSOE con un Maragall debilitado al frente o ver como finalmente reaparece un PSOE «sensu stricto». «Esquerra» pretende crecer por la izquierda y por el independentismo sin violencia, mientras los socialistas se quedan sin modelo catalanista de izquierda renovadora y los postcomunistas se concentran en el fundamentalismo ecologista, cuya exigencia de fiscalidad ecológica acoge los sermones de Porto Alegre y frena el crecimiento económico. Pujol queda para los manuales de Historia pero orillado del plinto de la política con malos modos, por las maneras bruscas del hijo que cobra la herencia en vida del padre y le priva de recursos.

Ha sido una consumación que, a partir de ese 16 por ciento de votos obtenidos por «ERC», conlleva una estrategia de apalancamiento simbólicamente violento. Presidirá un Maragall que ha presenciado la evaporación de ocho escaños socialistas después de que el alcalde Clos perdiera cinco concejales. Aún es pronto para saber quien ha enjaulado a quien. En verdad, la izquierda suele practicar sus mejores evoluciones estando en el poder y no es el momento de negarle posibilidades de coordinación neuromuscular a un gobierno tripartito que todavía no existe. Aún así, es previsible que en la intersección de los tres imperativos territoriales -especialmente por parte del PSC-PSOE y ERC- haya una fricción permanente y destacada que irá prescindiendo de la epidermis del maragallismo y del PSC para devenir un choque frontal entre PSOE y «ERC».

Ahí uno de los hombres clave es José Montilla, secretario general del PSC-PSOE, mentalizado para la doma paciente del socio republicano-independentista. Deberá intentar a la vez tener bajo control el individualismo institucional de Maragall y la aventura política de Carod, ambos dispuestos a ser quienes hablen con Ibarretxe para que el mundo funcione mucho mejor y porque en Madrid no saben. El tiempo dictaminará si este tripartito catalán es lo que más convenía a la consolidación de Rodríguez Zapatero. De entrada, después de los aplausos debidos, el socialismo entra en aguas procelosas, sin mapas definitivamente trazados. Todas las miradas buscan identificar el modelo territorial de España que vaya emergiendo. Lo más probable es que si en sectores notables del PSOE hasta ahora era difícil entender los planes del maragallismo, mucho menos inteligible les va a ser la suma tripartita, con Carod-Rovira en un papel tan principal. De la mayor o menor trascendencia que alcance esa fricción depende también la cuantía de votos que logre recabar el PP de Mariano Rajoy.

También pueden entrar en crisis algunos de los consensos no escritos de la sociedad catalana, especialmente su cómoda identificación con aquellas ambigüedades del pujolismo que permitían ir tirando. Eran ambigüedades que mantenían de forma integrada los cauces del tan traído y llevado encaje de Cataluña en España. Si va a los escaños de la oposición, a «Convergència i Unió» le queda tiempo para revituallarse ideológicamente, mejorar sus comunicaciones con el centro derecha que es el PP o bien invadir con gestos belicosos el territorio que Carod quiere quedarse para «Esquerra». Haber sido la lista ganadora llevará a «CiU» a un despecho inicial y a la descalificación de aquellos alevines capaces de cogerles votos y echarse a correr con Maragall. Aparentemente, Cataluña se instala en la bipolaridad derecha-izquierda, pero lo cierto es que esa izquierda tripartita a punto de gobernar está irregularmente impregnada de particularismo y de una cierta euforia rupturista cuya concepción equívoca del Estado aporta incógnitas.

A pesar de que los tres partidos que presumiblemente conformarán el nuevo ejecutivo autonómico catalán vienen gobernando desde hace tiempo en el ayuntamiento de Barcelona, es difícil ignorar que un cartapacio municipal no es lo mismo que una acción institucional que pueda desembocar en reformas estatutarias de naturaleza contradictoria. No es lo mismo la Barcelona de los Juegos Olímpicos que un panorama constitucional con el ruido de fondo del plan Ibarretxe. No es lo mismo la herencia de Indalecio Prieto que el legado de Lluís Companys.

Fino observador de tantas negociaciones históricas, Harold Nicolson advierte que en cualquier alianza o coalición constituida con el inmediato propósito de derrotar a un enemigo común los que la forman dudan y vacilan en precisar sus ambiciones con claridad anticipada. Es decir: si la victoria es completa, pueden pensar que han pedido demasiado poco y, si es incompleta, pueden suponer que han pedido demasiado. De la reforma de la financiación autonómica a la equiparación con el concierto vasco van trechos de largo alcance, del mismo modo que no es lo mismo buscar la reforma legal de los estatutos autonómicos que dejar el orden constitucional en la cuneta. Si el fetichismo de las reformas estatutarias incorpora no pocos efectos colaterales, el síndrome del revisionismo constitucional construye callejones sin salida.

Ya investido el nuevo presidente de la «Generalitat» se celebrará el reparto de poder. Después de veintitrés años de pujolismo, la apetencia de despacho es muy humana. Es un apego tal vez innato, como esos gansos que recién salidos del huevo siguen a cualquier objeto en movimiento, como seguirían a sus propios padres. Después de la Pompadour ha diluviado mucho, pero el poder no ha dejado de ser el poder.

Ante una teoría racista
Iñaki Ezquerra La Razón 9 Diciembre 2003

De la situación vasca lo que a uno le resulta más insoportable es ese odio que se ve en la mirada de una ama de casa o de un empleado de caja de ahorros, de gente aparentemente normal y apacible que en cualquier otro lugar sería incapaz de matar a una mosca. Sin ese injustificado odio que avala a ETA, ETA sería soportable. Su existencia seguiría siendo terrible pero quedaría claro que la sociedad la rechaza. El odio del que hablo es muy reciente. Nace de la radicalización nacionalista y la convicción de ser víctimas de una extraordinaria afrenta «estatal» que ha logrado inculcar el nacionalismo en las mismas clases medias. Ese odio es el que hoy veo en Cataluña y antes no veía. Es el que Pujol ha sembrado en su última campaña electoral y el que se veía venir desde los ofensivos aplausos en el parlamento catalán al Lehendakari que pactó con ETA. Es un odio que huele y me produce el mismo desasosiego en Bilbao que en Barcelona.

Los nacionalismos vasco y catalán buscan continuamente estrategias concomitantes, se apoyan de un modo cómplice que quedó explicitado en la Declaración de Barcelona, pero cuando, al hablar de esas relaciones, surge la espinosa cuestión de la violencia siempre hay quien pone el grito en el cielo y aclara que ambas situaciones no son comparables. Estamos, de este modo, ante una teoría crípticamente racista y solapadamente ofensiva. Según esa lógica, el terrorismo vasco sería terrorismo por vasco no por causas ideológicas y universales que pueden afectar a todas las autonomías del Globo. El nacionalismo sería en sí un fenómeno bueno, bello y verdadero, magnífico y beatífico ¬de ahí la calle barcelonesa que tiene el fundador del PNV¬, pero lo que sucede es que los vascos llevamos la violencia dentro de una forma connatural y nos empeñamos en asociarla a una doctrina que es impoluta y angelical por sí misma.

Sin embargo, por más que se insista en esta fantástica tesis, el terror en Euskadi surge del nacionalismo y este tiene en su interior unos componentes agresivos que lo hacen peligroso en partes aunque no se manifieste con la misma intensidad y en los mismos momentos. El odio es odio en todos lados y la aversión a lo español que lleva la tragedia a Euskadi no puede ser buena para Cataluña. Hay, sí, una teoría estrafalariamente racista en afirmar que el catalán puede ingerir las dosis de nacionalismo que desee sin que le hagan el menor daño. ¿El nacionalismo sólo hace daño a los vascos por vascos gracias a una suerte de disposición genética del oriundo de esa zona del planeta a usar la pistola, como teoriza Arzalluz? El odio tiene en todas partes malas consecuencias. No hay etnia blindada contra él ni pueblo que pueda respirarlo sin que se deteriore la convivencia. ¿Ya vale de hablar del seny, el alma fenicia y la burguesía ilustrada catalanas para conjurar el miedo que nos dan el Parlament y Els Segadors dirigidos por la batuta de un flipado de la Esquerra!

Cataluña
Aprender de ERC
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  9 Diciembre 2003

Los nacionalistas de CiU se fueron de puente con la sonrisa de los ganadores y regresaron con la mueca de los estafados. Mas empezó a preguntarse por la calidad de la mercancía que le vendían sus informadores cuando vio a Maragall y a Carod juntitos en el fútbol. Todo había ocurrido a sus espaldas. Mientras Madrid celebraba el aniversario de la Constitución, Cataluña vivía una revolución súbita y silenciosa. Tan silenciosa que ha pasado por encima de los negociadores Pere Macias y Josep Antoni Durán Lleida sin que los arrollados se dieran ni cuenta. Son tiempos para los enérgicos, para los muy despiertos, tiempos que no perdonan el letargo ni la flojera de los incrustados en el presupuesto.

Mientras los observadores diseccionan los detalles, las consultas, reuniones y asambleas a la espera de la investidura del nuevo presidente de la Generalitat el próximo día 16, alcemos nosotros la vista y tratemos de comprender algunas de las claves de la nueva situación. De entrada, ya vemos cómo piensa vender Zapatero a la nación la alianza de su partido con la organización con más posibilidades de romper España que ha existido en el último siglo: para que no veamos lo evidente, trata el hombre de distraernos con la invocación de los Juegos Olímpicos de 1992, y con el orgullo que sentimos entonces “como españoles, catalanes y barceloneses”, gracias a Maragall. No sé, como español, catalán y barcelonés, lo único que yo sentía en el verano de 1992 era la tristeza de vivir en un país gobernado por una ristra de chorizos de Cantimpalo.

Se ponga como se ponga Zapatero, lo de Cataluña acaba con todas sus opciones en una carrera hacia la Moncloa que, de todos modos, tenía muy cuesta arriba. Dos asuntos estrechamente relacionados marcarán la vida política en el próximo año: la oferta de Rajoy al PSOE para alcanzar después de marzo grandes pactos sobre el modelo de estado y el desafío de Ibarreche, entre otros, y el incierto futuro de CiU. Es de esperar que cuando Convergència –pero sobre todo Unió– ayunos de presupuesto y completamente innecesarios en Barcelona y Madrid, vayan a llamar a la puerta del PP, Rajoy contenga su declarada disposición a ofrecerles ministerios y recuerde unas cuantas cosas: la estigmatización de sus partidarios en Cataluña, la condena de millones de ciudadanos a la diglosia, las diarias acusaciones de anticatalanismo a una parte de la población, la infecta propaganda sectaria de TV3, de Catalunya Ràdio y Avui durante todos estos años y, por último, el reciente, patético e inútil “sí a todo” a los independentistas.

Aprendamos de ERC, que ha dado una gran lección sobre cómo hay que tratar a CiU: que se arrepientan primero, que se desdigan, que entonen un inverso “sí a todo” y entonces y sólo entonces... tampoco hay que creerles. Sería una crueldad alargar su agonía.

Un olor a crisantemos
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 9 Diciembre 2003

EL latifundista y progresista Miusov habla del socialismo en «Los hermanos Karamazov» como si se tratara ya de una realidad que se estuviera viviendo y contrastando y no de un puro proyecto. Así, explica que el socialismo «es» la desaparición de las guerras, de los diplomáticos, de los bancos, de la injusticia...

Siendo grave este voluntarismo lo es menor que el que cometen quienes siguen hablando de socialismo como si éste no hubiera fracasado como alternativa al capitalismo. Al fin y al cabo el error de Piotr Alexandrovich Miusov consistía en que daba por hecha la utopía, pero ¿cómo deberíamos calificar a los que se niegan a reconocer la catástrofe, especialmente cuando ha sido tan abrumadora, tan espectacular, tan negra? En este caso sólo cabe hablar de una militancia clínica en el error. De mala fe.

Se puede disculpar la confusión entre la víspera y la fiesta, pero ¿cómo seguir celebrando ésta cuando lo lógico sería el duelo?

A pesar de la experiencia, el mito igualitario y justiciero sigue arrastrando voluntades, aunque es difícil saber si a causa de la religiosidad residual o de los intereses clientelares. En todo caso, a estas alturas de la historia a nadie se le oculta el cúmulo de contradicciones ideológicas y violaciones de los principios. Tomemos como ejemplo la guerra de Irak. La política de no ingerencia armada que ha mantenido la izquierda ha venido a chocar con su tradición. Para los comunistas y socialistas españoles, la política de «no intervención» de las potencias occidentales -Francia y Gran Bretaña, principalmente- constituyó una gran traición a la causa republicana.

SIGUIENDO el mismo esquema, ¿cómo podrían explicar su actitud contemplativa y neutral ante el régimen de Sadam Husein? Es evidente que han preferido las matanzas de chiíes y de kurdos, la humillación estructural de las mujeres... al rendimiento que la victoria pueda proporcionar al mundo capitalista representado por Estados Unidos, Gran Bretaña, España, etcétera. Así que al fracaso histórico de la izquierda viene a sumarse ahora la renuncia a uno de sus grandes principios, como es la lucha contra los regímenes opresores.

Otro ejemplo de desviación de los principios lo hemos vivido ya en las relaciones entre la izquierda y los nacionalismos etnicistas, que ahora se va a recrudecer en Cataluña con motivo de la posible coalición de socialistas y republicanos de izquierda. Se habla de «gobierno de izquierdas» pero más allá del rótulo ¿hay algo que pueda demostrar que el gobierno de Pasqual Maragall tiene el comportamiento propio de un partido socialista? De hecho las negociaciones entre los dos partidos tienen un carácter «territorial». Les importa la conquista del cupo económico, el distinto tratamiento fiscal, una representación cualificada en el Senado de las CC.AA. «históricas» frente a las convencionales... En definitiva, la institucionalización de la insolidaridad y el privilegio. Como se ve, el programa del PSC/ERC va a ser la continuación de lo que ha sido hasta ahora la historia de la izquierda, esto es, una justificación del poder mediante esa tapadera que en su día se presentó como una utopía y que aún conserva un perfume de tal a pesar de tantas concesiones al peor de los pragmatismos y a la negación de todas las propuestas idealistas de las que hablaban tantos millones de personas esperanzadas, como el personaje de Dostoievski.

UN perfume de utopía, digo, cuando en realidad debería decir un «olor a crisantemos», que es el título de la novela que escribió en el exilio Serrano Poncela, responsable formal, al parecer, de los fusilamientos de Paracuellos.

Pacto de izquierdas en Cataluña
Editorial Heraldo de Aragón 9 Diciembre 2003

EL CATALANISMO radical de ERC ha preferido pactar con los socialistas en vez de hacerlo con sus más próximos, nacionalistamente hablando, los de Convergencia i Unió, para gestionar la Generalitat catalana en estos próximos años. El elemento que une a PSC-PSOE y ERC tendría que ser esa adscripción izquierdista que este último lleva en su denominación, posición ideológica que ha de coexistir con las aspiraciones independentistas de la formación de Carod. Un consenso, en cualquier caso, por el que los socialistas deberán pagar un precio, pese a las triunfalistas declaraciones de José Luis Rodríguez Zapatero que ayer declaraba que esa unión de izquierdas era buena para Cataluña, para España, para el PSOE y para él mismo. Triunfalistas y peligrosas, pues en sectores socialistas no se va a entender muy bien que por acceder al poder, el PSOE catalán haya sellado ese pacto. Muy bien tendrá que ir para que no se deriven efectos colaterales que dañen más la imagen del PSOE a nivel estatal y la precaria cohesión interna, con los "barones", como Bono e Ibarra, alertas.

En cualquier caso, el pacto "de izquierdas" en Cataluña a quien va a dañar -y a doler- especialmente es a CiU, que durante lustros en el poder ha establecido una extensa y tupida red de intereses en todo el territorio catalán que los nuevos inquilinos del palacio de Sant Jaume van a desmontar y no con menguadas desgarraduras. CiU, tras la triunfal era Pujol, entra en la oposición, lo que trastoca sustancialmente todo el estatus del nacionalismo moderado catalán. La situación, por cierto, favorece al PP, hasta ahora apoyo de CiU en el Parlamento catalán, que podrá contar con un aliado en el parlamento del Estado. Es de esperar que el pacto izquierdista de Cataluña sirva, como presume Zapatero, para el bien de Cataluña y España. Y confiar en que el "seny" y la capacidad negociadora de los políticos catalanes. Para Aragón, es significativa la presencia de Maragall, dadas sus buenas relaciones con Marcelino Iglesias y su política, especialmente la oposición al trasvase del Ebro.

La Cataluña socialista
Editorial El Ideal Gallego 9 Diciembre 2003

El resultado de los comicios catalanes dibujó un curioso panorama cuyas consecuencias comenzarán a conocese a partir de hoy, si bien todo apunta a que, tras 23 años en el poder, CiU deberá dejar el bastón de mando en manos de Pasqual Maragall, merced al pacto entre los socialistas y Esquerra Republicana. Carod-Rovira tenía la llave y la ha introducido en la cerradura del PSC. Los independentistas han preferido un gobierno de izquierdas que un acuerdo con la otra facción nacionalista. Conviene seguir con atención los primeros pasos de este recién nacido. La maniobra coloca al Partido Socialista en una posición nada cómoda y delatora de la poca confianza en sí mismos que tienen los hombres de Zapatero.

Maragall está dispuesto a ir a la guerra contra el Gobierno. El inminente “president” ha aceptado la creación de una especie de agencia tributaria catalana cuyo objetivo es lograr un sistema de financiación similar al vasco. En menos de cuatro meses las urnas determinarán quién es el contrincante que se sienta al otro lado del tablero. ¿Y si fuera Zapatero? No parece que los socialistas nororientales confíen en una victoria en las generales. Es más, si alguna esperanza persistía en la capacidad del PSOE para derrotar al PP, el acuerdo con los republicanos es el golpe de gracia. Nadie en su sano juicio puede albergar dudas de que la maquinaria de campaña de Rajoy se sentará a esperar pacientemente cualquier excusa para presentar el pacto de la Generalitat como la prueba del nueve de la incapacidad socialista. Maragall se retira a disfrutar de su botín y deja a Zapatero más solo si cabe.

Socialistes, al salón
Por JAIME CAMPMANY ABC 9 Diciembre 2003

YA se sabe que, como dicen los ingleses y repite Manuel Fraga, la política hace extraños compañeros de cama. Con tal de alcanzar el poder, aunque sea compartiéndolo o tocándolo, los políticos se suben al catre con quien se presente, y así se producen los emparejamientos contra natura y se encaloman individuos de especies o familias diferentes. De vez en cuando, en política, el caballo monta a la burra, la burra se empreña y sale un asno, o la gallina empolla un huevo de pata y le sale un pollo que se le zambulle en la acequia.

Pasqual Maragall, que es socialista y por tanto milita en la oposición al nacionalismo, está muy dispuesto a meterse en la cama con Carod-Rovira, republicano y separatista, más nacionalista que los nacionalistas genuinos, y además, entre los dos, le van a hacer un hueco a los comunistas de Iniciativa y a los Verdes de la ecología y de la capa de ozono, que eso ya no será una cópula contra natura ni una pareja de extraños compañeros de cama, sino una cama redonda en la que no se sabe quién se levantará más jodido, ni por dónde, ni quién se quedará más pronto preñado.

Con tanto entusiasmo ha abrazado Maragall el independentismo, que quiere comenzar por hacerse independiente de su partido y tener grupo propio en el Congreso de los Diputados para votar allí, no lo que diga Zapatero, sino lo que a él le salga del níspero. O sea y por ejemplo, la Agencia Tributaria Catalana que se le ha ocurrido al esquerro republicano. La pela es la pela, y por ahí debe empezarse el melón de la independencia. En el fondo de muchos problemas políticos, lo que más claramente aparece no es una cuestión de ciudadanos más o menos libres, sino de contribuyentes y de recaudadores.

Si Maragall logra realizar su proyecto, una cosa será el Partido Socialista Obrero Español y otra cosa distinta será el Partit dels Socialistes Catalans. Ya han visto ustedes cómo las encuestas sobre la intención de voto, tan desemejantes entre ellas, se ponen de acuerdo sólo en un punto: en que el Partido Socialista pierde fuerza y se desinfla por momentos. Bueno, pues en cuanto Maragall se meta en la cama con los de Esquerra Republicana, los socialistas se desploman. Al pobre Zapatero se le ha ido el partido de las manos, no sostiene las riendas y aquello es el juego de Antón Pirulero.

En poco tiempo, casi en un decir ¡Jesús!, Pasqual Maragall ha inventado el «Federalismo Asimétrico», o sea, la Primera República con escarpaduras, para unos la cumbre y para otros el barranco; después, el retorno a la Corona de Aragón, incluido el Rosellón, etcétera, y ahora la Catalunya republicana y lliure. En estos momentos históricos, los votantes del nieto del poeta de la «Oda a España» no saben si van a aclamar a Pi i Margall, si van a ser súbditos de Jaime I el Conquistador o si van a resucitar a Françesc Maciá para que proclame otra vez la República Catalana Independiente. No quisiera dar la impresión de que me dejo vencer por el pesimismo, pero les juro que algunos días me levanto por la mañana y no sé si vamos a los Estados Unidos de Europa o estamos empezando la Reconquista.

Celedón en diciembre
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 9 Diciembre 2003

Aún no he salido de la perplejidad en que me sumieron las gentes de su partido, lehendakari, con su manifestación ante el Tribunal Superior de Justicia. Le confieso que al ver a Arzalluz entonar el 'Eusko Gudariak' y dirigir el coro con paraguas, pensé: «¿qué raro! Celedón en Bilbao y ni siquiera es La Blanca».

Era el 3 de diciembre, lehendakari. Se cumplían ese día 33 años del comienzo del Consejo de Guerra Sumarísimo 31/69, más conocido como 'el proceso de Burgos'. La representación de aquel disparate judicial fue abortada tal día como hoy por uno de los procesados, un chico de 22 años que al término de su declaración entonó el 'Eusko Gudariak', seguido por sus compañeros de banquillo, mientras el capitán Troncoso de Castro desenvainaba el sable y el coronel Ordovás suspendía la vista pública.

Aquel chico se llamaba Mario Onaindia. El viernes pasado le fue concedida por el Consejo de Ministros la Medalla de la Orden del Mérito Constitucional a título póstumo. Arzalluz, que no perdió ninguna ocasión de 'zumbarle' (por usar su propia terminología) en vida, le rendía un homenaje tardío tres meses después de su muerte.

El Gran Timonel quería ser Mario. Pero lo que hace 33 años era la imagen épica de un joven que se enfrentaba a la pena de muerte y al sable de Troncoso a cuerpo limpio, era la semana pasada una estampa algo esperpéntica de doscientos jeltzales cantando un himno de guerra contra el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, ya sabe lo que dijo Marx sobre la inevitable repetición de la tragedia en forma de farsa.

Que los afiliados a su partido, en vez de cantar el 'Gora ta Gora', entonasen (mal) el 'Eusko Gudariak', abre perspectivas musicales insospechadas. La cúpula de Confebask cantará 'La Internacional' puño en alto, el Partido Popular entonará 'La Varsoviana' en sus congresos y 'Bandiera Rossa' será a partir de ahora el himno de la Conferencia Episcopal. La letra de la canción de José María Gárate hablaba de la predisposición a dar la propia sangre por la causa, -gerturik daukagu odola-, y tenía sentido en las circunstancias dramáticas del proceso de Burgos, pero queda grotesca al recibir a un señor que se baja del coche oficial para declarar ante una jueza.

Cosas más raras se han visto. Uno de sus viceconsejeros de Justicia participó en una manifestación que inutilizó a su paso las cerraduras de los juzgados donostiarras. Usted es el único presidente de un gobierno que se ha sumado a una huelga general. ¿Veremos a los constructores y comisionistas del partido-guía marchando hacia las barricadas en sus Audis al grito de «Acordaros de Santoña» («Gogoratu Santoña»)? La clave es el paraguas. Arzalluz se consideraba Gene Kelly en 'Cantando bajo la lluvia' y no era más que un arlote con el paraguas a la espalda, colgado por el mango del cuello del kaiku.

España como problema (todavía)
José María CARRASCAL La Razón 9 Diciembre 2003

Uno de los temas más socorridos, e inútiles como veremos luego, en nuestras discusiones es qué nacionalismo resulta más temible para la nación española, el vasco o el catalán. Piensan unos que por su componente violento, su radicalismo y las ventajas, sobre todo económicas, que le otorga su estatuto, el vasco constituye la mayor amenaza. Los 800 muertos de ETA, junto al abierto desafío lanzado por al gobierno y a las instituciones españolas por el lehendakari Ibarretxe con su plan, parecen confirmarlo. Opinan otros, sin embargo, que el nacionalismo catalán, con su lengua, su cultura, su europeísmo, por su «hecho diferencial», que una hábil política del gobierno de la Generalitat ha tratado de acentuar en todos los terrenos, le convierten en un reto mucho mayor para la nación española. Algo que avala los avances hechos por el nacionalismo en Cataluña, con un ala izquierda y otra derecha, dispuestas a conseguir el objetivo de ambas: una nación catalana con todos los atributos de Estado, aunque conservase ciertos lazos con el español. Lazos que Bruselas se encargará de ir disolviendo en la cazuela común de la Comunidad Europea.

En este debate, son muchos los que conceden especial importancia a la idiosincrasia de ambos pueblos, empezando por ellos mismos. En Cataluña no hay terrorismo ¬el que hubo fue la excepción que confirma la regla¬, mientras en el país Vasco sí lo hay. Arzallus lo atribuye a la forma de ser de los vascos, y los nacionalistas catalanes, al modo de ser suyo. En esto y otras muchas cosas, los vascos están más cerca de lo que ha venido considerándose español típico, famoso no precisamente por su templanza. Lo que obedece a una realidad no suficientemente estudiada y recalcada. Lo vasco aparece al fondo de todo lo español desde las Crónicas Emilianenses, el primer documento escrito en castellano, hasta la creación de la industria y de la banca, pasando por los descubrimientos, las batallas, la diplomacia tanto desde la aparición de España en la escena internacional. Y aparece no en papeles secundarios, sino relevantes, lo que si por una parte desmonta la alegación nacionalista de ser un pueblo sometido, por la otra demuestra su grado de parentesco con el pueblo español, hasta el punto de ser uno de sus principales representantes. El perfil psicológico no puede ser más próximo. Sus vicios son nuestros vicios, sus virtudes, nuestras virtudes, mucho les pese a sus nacionalistas. «Lo vasco es el alcaloide de lo español», decía Baroja, al que por cierto han quitado de la lista de vascos ilustres en uno de los rasgos más típicamente españoles: negar la existencia del que no piensa como nosotros. Pero ese estrecho parentesco, en vez de facilitar la solución del problema, lo agudiza: ¿cómo oponerse a alguien que es la esencia de uno mismo?

Los catalanes, en cambio, pueden alegar, y lo hacen bien alto, un «hecho diferencial»: su lengua, su tendencia al compromiso, su cosmopolitismo, su sentido comercial, características que no suelen considerarse típicamente españolas, que incluso son vistas con prevención, sarcasmo o rechazo en el resto de España. En este sentido, existe un «hecho diferencial» catalán, alimentado por ambas partes. Pero tampoco crean los catalanes que es el único en España. Hay hechos diferenciales en Galicia, en Andalucía, en Canarias, en Aragón, en Baleares, en todas las comunidades, como sabemos todos, más o menos marcados, pero con un perfil perfectamente definido.
Lo que me lleva a decir que plantear la cuestión nacional en los términos con que empecé este artículo ¬¿qué nacionalismo, el catalán o el vasco, es más peligroso para España?¬ no es sólo un error, sino que puede ser parte del problema, el origen del problema incluso.

Si los nacionalistas vascos, catalanes, gallegos y de otras comunidades autonómicas se empeñan en resaltar su «hecho diferencial», allá ellos. Es su oficio y beneficio. Quienes no podemos hacerlo somos los españoles sin riesgo de disparar no ya contra nuestro pie, sino contra nuestro pecho. España no es otra cosa que la suma de todos esos hechos diferenciales, y tan español es, o debería ser, el espíritu comercial catalán, como la ambigüedad gallega, como la franqueza aragonesa, como la dulzura canaria, como la chispa andaluza, como la sobriedad castellana y tantos otros rasgos peculiares dentro de España. Es verdad que durante siglos prevaleció en ella el modelo castellano. Pero fue un camino que nos llevó a un callejón sin salida: un imperio, no una nación. Ortega lo dijo con una de esas frases lapidarias que gastaba: «Castilla hizo España y la deshizo».

Perdimos el imperio, como acaban perdiéndose todos, y nos encontramos sin nación. O, mejor dicho, convertidos en «nación de naciones», sucedáneo de la misma, pues sugiere un conglomerado de pueblos, tradiciones, valores. costumbres, idiosincrasias y formas de vida distintas. Y así sigue a la hora de hoy, aquejada por la fiebre nacionalista, localista, casticista declarada a la sombra del Estado de las Autonomías. Sin que desde éstas ni desde el gobierno central acabe de encontrársele solución. Al revés, acentuándose las peculiaridades, inflando las diferencias, buscando con lupa las disimilitudes, que es en lo que gastan buena parte de su presupuesto las comunidades autónomas. Cuando la realidad es que hay más cosas comunes entre los españoles que diferentes. Pregunten a un extranjero y se lo dirá.

El fallo puede estar en nosotros mismos, en nuestra miopía, en nuestra falta de perspectiva. Mientras todos los españoles no consideremos lo catalán, lo vasco, lo gallego, lo andaluz, y demás «hechos diferenciales» como algo intrínseco a nosotros mismos, como parte esencial de nuestro modo de ser, va a ser muy difícil, por no decir imposible, resolver ese problema llamado España.

El pacto Maragall-Carod es un armisticio
Lorenzo Contreras Estrella Digital 9 Diciembre 2003

El práctico entendimiento entre el PSC y ERC para gobernar Cataluña, con Pasqual Maragall en la presidencia de la Generalitat y el republicano Carod-Rovira en el puesto de conseller en cap, que es tanto como convertirle en hombre fuerte de la situación creada por las elecciones autonómicas catalanas, es un hecho —no hace falta descubrirlo— de extraordinaria importancia. Cuando Maragall, aquella noche electoral, anunció que era la nit del canvi, no profetizaba, sino que anticipaba lo que ya tenía conversado con el líder de ERC. La combinación ha sido perfeta. El poder se reparte en los términos ya descritos, y encima el señor Benach, mano derecha de Carod-Rovira, se transforma nada menos que en president del Parlament. O sea, para CiU no han quedado ni los restos. Artur Mas, sucesor de Pujol al frente del partido y de la coalición de Convergencia con la Unión Demócrata Cristiana de Durán i Lleida, se ha diluido en la nada. Prometía mucho, pero no se ha visto confirmado por sus propios pronósticos y los de sus patrocinadores.

Tampoco hace falta aclarar que el gran ganador de este desenlace político ha sido Carod-Rovira. Un personaje bastante inteligente que además no tiene prisa. Se puede permitir ahora levantar el pie del acelerador, crear confianza y tranquilidad en torno a su persona, pensar en las elecciones generales de marzo e ir, si las cosas le ruedan un poco bien
—como parece probable—, preparando la gradual sustitución de CiU, su inexorable desplazamiento hacia la insignificancia política. De momento, como todo tiende a indicar, busca la confianza del empresariado y le da lecciones de maestría al delirante Beiras, el líder del BNG, el famoso bloque gallego.

Ahora quien tiene que cuidarse ya no es Pujol ni, por supuesto, Artur Mas, sino quien suceda a Mas, si es que los nacionalistas catalanes no cometen el error de mantener al frente de sus filas al descalabrado delfín del hasta hoy molt honorable. Carod-Rovira buscará implacablemente los votos de CiU, primero en marzo, cuando las elecciones generales como queda dicho, y más adelante, dentro de cuatro años, la presidencia de la Generalitat.

Esto significa que otro personaje que debe empezar a tentarse la ropa es el propio Maragall. El pacto que ha firmado con Rovira para el inmediato reparto del poder de Cataluña es un simple armisticio. Tiene forzosamente fecha de caducidad. La marca de Maragall suena a PSOE y, por tanto, a Madrid, por más que don Pasqual intente alejar esa sombra de su inmediaciones políticas. En cambio, la marca de Carod-Rovira suena exactamente a lo que tiene que sonar, es decir, al viejo partido de Lluís de Companys y de Josep Tarradellas.

Seguramente han sonado ya, donde tiene que hacerlo, los timbres de alarma. Maragall necesita preservar sus posibilidades después de haber salvado in extremis sus propias posaderas ante el sillón del Palau de Sant Jaume. El logro de este objetivo pasa por un distanciamiento de Zapatero, que está destinado a pasar su propio calvario político, primero en las elecciones de marzo y después, si el resultado no le inhabilita del todo, en el difícil camino de la supervivencia dentro de su partido, rodeado de buitres y otras aves rapaces. Maragall intentará no dejarse rebasar por Carod-Rovira. Necesitará cuidar, por tanto, frente a Zapatero el flanco nacionalista. Rovira tiene ya la izquierda consigo y su tarea es rentabilizarla. El nacionalismo forma parte de su patrimonio.

¿Libertad de expresión?
Cartas al Director ABC 9 Diciembre 2003

Cataluña se diferencia del País Vasco en algo esencial: la ausencia de violencia terrorista. Sin embargo, cuando nos adentramos en el ámbito universitario, podemos observar ciertas coincidencias.

Aquí, en Cataluña, también es delito no estar de acuerdo con los independentistas. También lo es el honrar a la Constitución con una bandera española y una catalana, así como el intentar que alguien del Partido Popular dé una charla con motivo de las elecciones. Aunque los que se empeñan en coartar nuestra libertad de expresión son una minoría, la mayoría sigue permaneciendo en silencio. La forma de no tener problemas: estar callado.

Yo me niego a obedecer esa orden por respeto a mis compañeros vascos. Y mientras tanto, nosotros somos los fascistas. Unos tienen la fama y otros cardan la lana. Juan Rivadulla Granero.   Sant Boi (Barcelona).

«No hay un conflicto entre el País Vasco y España; lo hay con el Plan Ibarreche»
ROSA DÍEZ, Europarlamentaria socialista
El próximo sábado se manifestará con «¿Basta Ya!» contra el Plan Ibarreche, el cual, dice, trata de institucionalizar la discriminación. A PP y PSOE les pide altura de miras
Carmen GURRUCHAGA La Razón 9 Diciembre 2003

Europarlamentaria del PSOE y líder dentro del socialismo vasco o, por lo menos, de un sector de ese socialismo. Concretamente, el más próximo a Nicolás Redondo Terreros y el más activo contra el totalitarismo nacionalista vasco dentro de movimientos como la Plataforma por la Libertad o «¿Basta Ya!». Esta última organización ha convocado una manifestación para este sábado en San Sebastián.

¬ ¿Es la cuarta manifestación que convoca «¿Basta Ya!»?
¬ Sí, de las importantes, es la cuarta. En este caso, con un lema muy concreto y muy directo contra el chantaje que supone el Plan Ibarreche, porque en el País Vasco hay violencia y no hay libertad. En este caso, hay un objetivo fundamental y es la amenaza del nacionalismo, precisamente, contra los derechos y libertades. Esta manifestación no es sino el inicio de una serie de movilizaciones.

¬ ¿Consideran que una manera de ganar al nacionalismo es ir ocupando espacios como la calle que hasta ahora eran de«ellos»?
¬Sí, sí. Yo creo que eso es clave. Es decir, que el PNV, como tiene todos los medios de comunicación y está introducido en toda la sociedad, se empeña siempre en hacer un discurso en el que reconoce que los políticos están en contra de las iniciativas del nacionalismo y en el que, sin embargo, defiende que la sociedad está a favor. En ese sentido, hay una constante manipulación de la opinión pública, porque lo cierto es que los partidos políticos constitucionalistas están en contra, el Estado de derecho, representado por sus instituciones, también, porque tiene la obligación de defendernos a todos y, por tanto, de actuar. Pero también los ciudadanos tienen que salir a la calle a movilizarse y a expresar su opinión.

¬ ¿Por eso le preocupan tanto al PNV estas manifestaciones?
¬ Porque su discurso frente a Madrid o frente a los políticos es un discurso que ese partido maneja muy bien, pero que la gente salga a la calle a defender su país en un sentido plural, en un sentido de para todos, le preocupa porque no lo tiene controlado, porque no lo esperaba. El nacionalismo vasco nunca ha esperado la capacidad de «¿Basta Ya!» para movilizar a 100. 000 personas cada vez que hay una manifestación como la del próximo sábado contra el Plan Ibarreche. No se lo esperaba y le molestamos muchísimo, porque quienes salimos a la concentración no sólo nos juntamos para ayudar, sino también para reír, para buscar nuestras complicidades, para encontrarnos, para sentirnos mayoría.

¬ ¿Por qué la confrontación con Madrid vende bien y estas movilizaciones hacen patente que el problema no viene de Madrid sino que lo tienen los propios vascos?
¬ No sólo porque en la calle los vascos no nacionalistas reivindicamos nuestro derecho a ser vascos como nos dé la gana, sino porque le recordamos al PNV y, particularmente al lendakari Ibarreche, que quien nos plantea el problema y quien nos discrimina es él, su Gobierno y el PNV. Le explicitamos que no tenemos un problema con Madrid, que no hay un conflicto entre el País Vasco y el resto de España, que lo que tenemos es un conflicto los vascos no nacionalistas con nuestro Gobierno, que nos discrimina desde hace mucho tiempo.

¬ ¿Los no nacionalistas se sienten especialmente discriminados con este Plan?
¬ Muchas de las actitudes del nacionalismo ya nos han venido discriminando a lo largo de los años, pero el Plan Ibarreche trata de institucionalizar la discriminación. Esa es la clave. El Plan Ibarreche es antidemocrático, porque discrimina a una parte de los vascos; e inmoral, porque utiliza la existencia de ETA.

¬ Los partidos constitucionalistas deben trabajar juntos para ganar democráticamente al nacionalismo en las urnas, y, sin embargo, ahora aparecen bastante desunidos....
¬ Tampoco los nacionalistas separados son mayoría. La cuestión es que los nacionalistas han sabido toda la vida que separados no son mayoría. De hecho, salvo la primera época con Garaikoechea, nunca han tenido mayoría absoluta. Ahora mismo, no la tiene si no es con la suma de IU y de Herri Batasuna, le llamemos como le llamemos. El nacionalismo lo sabe bien y requiere de la permanencia de ETA, precisamente, para aglutinarse y para tratar de chantajear a la sociedad en su conjunto, por la existencia de la violencia y por la falta de libertad. Eso es así. Los constitucionalistas juntos también somos mayoría, pero tenemos que ser no sólo mayoría social sino también mayoría electoral.

¬ En las últimas elecciones les faltaron poco más de 20. 000 votos conseguir esa mayoría.
¬ Por eso yo creo que está al alcance de la mano conseguir una mayoría electoral que permita tener en Euskadi un Gobierno constitucionalista para que la Constitución la disfruten todos y no sólo los nacionalistas. Porque la gran paradoja del País Vasco es que los constitucionalistas, los no nacionalistas, reivin- dicamos la Constitución para que se cumpla, pero quienes la disfrutan son los nacionalistas. Bien, pues queremos un Gobierno constitucionalista para que todos, nacionalistas y no nacionalistas, podamos disfrutar de los derechos que la Constitución nos reconoce.

Unidad de acción
¬ ¿No cree que la imagen de división que están dando los constitucionalistas es mala para aglutinar al electorado?
¬ Creo que la unidad de acción entre los constitucionalistas es clave para aglutinar a un montón de gente que no siendo nacionalista sigue votando al PNV, porque los que son nacionalistas le seguirán votando toda la vida, pero esta gente que sigue votando al PNV porque le da seguridad, porque se vive bien si no te metes en política, el día que se visualice que la alternativa es posible, va a optar por más libertad, por el cambio. De todos modos, quiero resaltar que el País Vasco es el único ejemplo del mundo en el que pervive el terrorismo junto la opulencia.

¬ La unidad de acción de los constitucionalistas podría gestionarse desde una organización como Plataforma por la Libertad, en lugar de en torno a PP y PSOE?
¬No. Yo creo que las elecciones las ganan los partidos políticos. Plantear la posibilidad de que haya una alternativa al nacionalismo que no resida en los partidos es absurdo e irreal y, además, no contaría con los militantes de los partidos políticos.

¬ ¿Está segura de que si PP y PSOE sumaran mayoría en la Comunidad Autónoma Vasca, el Gobierno sería constitucionalista?
¬ Sin ninguna duda. El día que los constitucionalistas, electoralmente, seamos mayoría, habrá un Gobierno constitucionalista.

¬ Si es así, ¿por qué el PNV tiene siempre la sensación de que puede engatusar a una parte de su partido?
¬ Yo creo que sabe que no; ha perdido esa esperanza. Lo que pasa es que hace ese discurso porque para su propio electorado, que no para sus militantes, es un discurso atractivo, porque si la gente cree que en el País Vasco, inevitablemente, seguirá gobernando el PNV, muchos votarán PNV, porque a la gente le gusta votar a lo que va a ganar. El problema es que eso no es así. El problema, para ellos, es que el PNV tienen fecha de caducidad desde el punto de vista electoral, también en el País Vasco. Un Gobierno constitucionalista en el País Vasco será la garantía de que habrá siempre un nacionalismo y un constitucionalismo vasco que competirán en igualdad de condiciones.

¬ Y a ese discurso del nacionalismo le ayuda gente de su partido como Odón Elorza, Jesús Eguiguren...
¬ Sí, le ayuda una gente de mi partido y otras gentes del PP. Cuando el PP acusa a los socialistas de complicidad con el PNV, está haciendo el discurso del PNV. Yo creo que los partidos políticos y los dirigentes políticos, en esta materia, tienen que tener más altura de miras. En esta materia, deberíamos tener en cuenta que cada vez que discutimos en público. Hay mucha gente que se siente desprotegida y desesperanzada.

Reforma del Código Penal
¬ Para evitar que el PNV desafíe al Estado de Derecho, el Gobierno propuso modificar el Código Penal y castigar a quien convoque un referéndum. ¿Por qué su partido se mostró contrario a esta modificación?
¬ Yo creo que el Partido Socialista ha dicho con mucha claridad lo que pensaba de esa iniciativa del Gobierno, sobre todo por la forma. La decisión del Gobierno de España de decidir modificar, unilateralmente, en un Consejo de Ministros, el Código Penal, sin tratar de llegar un acuerdo con el PSOE en el marco del Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, es una irresponsabilidad.

¬ ¿Por qué?
¬ Porque tenemos un pacto en materia de lucha contra el terrorismo y porque el Gobierno tiene la obligación de tratar de encontrar un acuerdo con nosotros. Si luego no hay acuerdo tiene el derecho, e incluso, el deber, de promover las iniciativas que considere oportunas. Pero cuando se empeña en tomar una decisión unilateral, a mí me parece que está persiguiendo que el PSOE no se sume al consenso, y el procedimiento determina el final de esta historia. A mí me parece gravísimo, una irresponsabilidad del Gobierno que produce un efecto extraordinariamente negativo en el País Vasco.

¬ Pero parece obvio que la Ley debe castigar a quien la incumple.
¬ El procedimiento seguido hace imposible explicarle a la gente algo tam importante y tan sencillo como que no puede haber espacios para la impunidad, que todos los ciudadanos deben ser tratados de igual manera ante la Ley y que a los jueces hay que darles instrumentos para hacer seguir a quienes la vulneran. Si un ciudadano la vulnera en nombre de una institución o es una institución la que la vulnera, los Tribunales también tienen que tener instrumentos para perseguirlo.

¬ ¿Tras el telón de fondo de todos estos problemas aparece ETA y la inacción del PNV para acabar con la organización terrorista?
¬ El PNV no ha hecho todo lo necesario para acabar con ETA, pero hace ya bastante tiempo que lo sabemos. Concretamente, desde el Pacto de Lizarra. Sabemos que no sólo no hace lo que tiene que hacer para terminar con ETA, sino que es un problema, porque, ahora mismo, el PNV es un impedimento para terminar con la organización terrorista y eso lo hemos ido descubriendo a lo largo de los últimos dos años. No es que esté en contra de todas las iniciativas que se toman para terminar con ETA, ya sea a nivel judicial, a nivel político, a nivel institucional y de todas las que se toman en el conjunto de las instituciones europeas, sino que con su actitud de protección a los terroristas y a sus socios políticos, se ha convertido en un verdadero impedimento para terminar con ETA y más ahora con la aspiración a que se produzca un cambio.

¬ ¿Cree que los constitucionalistas ganarían si pudieran votar todos los vascos que se han visto obligados a abandonar Euskadi?
¬ Y si también lo hiciera mucha gente que siguió votando al PNV, precisamente porque creía que era darle una oportunidad a Ibarreche. Si esa gente se hubiera dado cuenta que hay otra forma de gobernar, otra posibilidad de hacer las cosas en el País Vasco, otra manera de vivir allí cambiara el voto y podrían ganarse las elecciones.

La Policía detiene en Francia a la cúpula militar de ETA
Bayona. Agencias ABC 9 Diciembre 2003

La Policía francesa ha detenido al jefe del aparato militar de ETA, Gorka Palacios Alday junto a Juan Luis Rubenach, responsable de la «logística operativa» de la banda, Iñigo Vallejo, huido desde junio de 2002 cuando preparaba una campaña de atentados y José María Lizarbe Oses.

La Policía francesa ha detenido hoy al jefe del aparato militar de ETA, Gorka Palacios Alday, en las proximidades de la localidad de Pau, en el sur del país, según informaron a Europa Press en fuentes de la lucha antiterrorista. Gorka Palacios Alday fue detenido esta mañana por la Policía francesa junto a otras tres personas, todos ellos con responsabilidad en el aparato militar de la banda terrorista, según informaron fuentes de la lucha antiterrorista.

Los presuntos etarras Juan Luis Rubenach e Iñigo Vallejo figuran entre los cuatro detenidos en la operación de hoy en las próximidades de Pau, de acuerdo con las citadas fuentes. A falta del cotejo de las huellas dactilares, el tercer identificado sería Gorka Palacios Alday, presunto jefe del aparato militar de la banda. El cuarto detenido en la operación antiterrorista contra la cúpula militar de ETA desarrollada hoy cerca de Pau podría ser José María Lizarbe Oses, a falta de confirmación decadactilar, según informaron a Europa Press fuentes de la investigación.

La operación sigue abierta y en estos momentos los agentes registran el piso de las afueras de Pau donde fueron detenidos los presuntos etarras. Allí, los agentes se han incautado de abundante documentación, armas y han localizado algún coche en las próximidades, que estarían utilizando los terroristas.

Rubenach era considerado el responsable de la ´logística operativa´ de la banda, por lo que parece confirmarse que todos los detenidos pertenecen a la cúpula del aparto militar de la organización terrorista.

Colaboración hispano francesa
Las colaboración policial hispano francesa ha permitido detener, con el último golpe asestado hoy cerca e Pau a la cúpula de ETA, a los sucesivos jefes del aparato militar de la banda terrorista ETA en
cuatro ocasiones desde el final de la tregua, la vez anterior fue en
septiembre de 2002 con el arresto de Juan Antonio Olarra Guridi en la
localidad gala de Talance.

La captura de Gorka Palacios esta mañana cerca de Pau y la de Ibon
Fernández Iradi "Susper", el pasado jueves, han vuelto a dejar sin dirección a los comandos operativos de la organización terrorista por cuarta vez consecutiva desde que en septiembre de 2000 cayera en Bidart el considerado como máximo dirigente de la banda, Ignacio Gracia Arregui, "Iñaki de Rentería". "Iñaki de Rentería" ocupaba la máxima responsabilidad del aparato militar de la organización desde que la anterior dirección fuera desmantelada el 29 de marzo de 1992 en una operación de la Policía francesa con la información de la Guardia Civil.

Así, el arresto de Gracia Arregi desencadenó una amplia redada que concluyó con el desmantelamiento del "aparato de logística" de la banda. Cinco meses después, el 22 de febrero de 2001 fue detenido en Anglet el considerado responsable del aparato militar de ETA, Francisco Javier García Gaztelu, "Txapote". Además, la Policía arrestó a destacados dirigentes del denominado "aparato de mugas" --paso de fronteras--, del "político" y "de cursillos" así como de la logística etarra, como Asier Oyarzábal y Vicente Goikoetxea, "Willy" y José Ramón Karasatorre Aldaz, "Zapata".

Duante el 2002, después de varias operaciones contra la infraestructura de la organización terrorista, fueron arrestados en mayo Javier Abaunza, considerado como el "número tres" del aparato militar de la banda, y sus más directos colaboradores, entre otros varios miembros del "comando Madrid".

Las Fuerzas de Seguridad volvieron frustar la continuidad de los relevos en la cadena de mando con la captura en septiembre de 2002 del sustituto de "Txapote", Juan Antonio Olarra Guridi, y a su compañera Ainhoa Múgica Goñi, supuesta codirigente de los comandos terroristas, en la localidad de Talence. Olarra Guridi y Múgica Goñi fueron a su vez sustituidos en la máxima responsabilidad del aparato militar de la banda por Ibon Fernández Iradi "Súsper" y Ainhoa García Montero.

Tres meses después, el 19 de diciembre, "Súsper" fue detenido en Bayona, y dos días después de su detención se fugó a través de un conducto de refrigeración de la comisaría. Sin embargo, fue nuevamente arrestado el pasado jueves cuando se disponía a entregar a un comando armas y objetivos con datos muy detallados para empezar a atentar en el País Vasco esas Navidades.

Con anterioridad a la tregua, ETA consiguió renovar su cúpula militar tras la caída en Bidart en marzo de 1992 de los entonces tres máximos dirigentes de la banda Francisco Múgica Garmendia, "Pakito",
José Luis Álvarez Santacristina, "Txelis" y José María Arregui Erostarbe, "Fiti", que formaban el colectivo "Artapalo".

No obstante, en noviembre de 1994 la policía francesa apresó al nuevo "número dos" de ETA, Félix López de la Calle, "Mobutu", en Toulon (Costa Azul), y en julio de 1996 era su sustituto, Julián Atxurra Egurola, "Pototo", el siguiente dirigente etarra detenido.

Finalmente, durante la tregua de la banda terrorista, entre septiembre de 1998 y diciembre de 1999, la policía gala arrestó en París a seis etarras, entre ellos el presunto jefe de los comandos José Javier Arizkuren Ruiz, "Kantauri".

PRIMERA CITA: SÁBADO A LAS 17h EN SAN SEBASTIÁN
Basta Ya anuncia que se movilizará contra el Plan Ibarretxe "todo el tiempo que haga falta"
El próximo sábado en San Sebastián se celebrará la convocada por Basta Ya para el próximo sábado en San Sebastián, bajo el lema Con violencia no es plan sino chantaje: Estatuto y Constitución. El filósofo y portavoz de este colectivo, Fernando Savater, ha explicado que éste "es el comienzo de una serie de movilizaciones" que realizarán el próximo año para mostrar su "reacción ante la imposición del Plan Ibarretxe" y que se llevarán a cabo "a lo largo de todo el tiempo que haga falta".
Libertad Digital 9 Diciembre 2003

La manifestación que la iniciativa ciudadana Basta Ya celebrará el sábado en San Sebastián para expresar su oposición al Plan Ibarretxe no es, según aseguraron sus organizadores, una movilización contra el nacionalismo, "sino contra una manera perversa de entender la política".

Este acto comenzará a las cinco de la tarde y recorrerá las calles céntricas de la ciudad bajo el lema "Con violencia no es plan, sino chantaje. Estatuto y Constitución". El filósofo Fernando Savater, los profesores universitarios Carlos Martínez Gorriarán y Francisco Llera, la edil socialista Maite Pagazaurtundua, el senador del PP Gonzalo Quiroga, la portavoz de la Asociación de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (Covite), Cristina Cuesta, y el ex miembro del PNV y juntero del grupo socialista, Emilio guevara, fueron algunos de los asistentes a esta comparecencia.

"No es fácil imaginar cómo una propuesta tan inequívocamente partidista puede ayudar a la convivencia en una sociedad plural en la que el nacionalismo sabiniano no es sino un proyecto político entre otros. Según parece, el lehendakari llama convivencia a la aceptación sumisa por los no nacionalistas del núcleo esencial del nacionalismo", destaca el manifiesto que Basta Ya ha hecho público con motivo de la marcha del día 13. El texto añade que si el lehendakari y quienes le secundan desean realmente la convivencia, "deben en primer lugar concentrarse en lograr por todos los medios jurídicos, policiales, políticos y sociales el final del terrorismo, la derrota de ETA, su abolición y pleno desarme".

El dramaturgo Albert Boadella, la catedrática Victoria Camps, el diplomático Emilio Cassinello, el periodista Luis del Olmo o el escritor Félix de Azúa son algunos de los nombres que ya se han adherido a este manifiesto, en el que se afirma que "no hay proyecto democrático posible si se aprovecha con ventajismo descarado el chantaje de la violencia". Además de las ya anunciadas presencias de los dirigentes del PP y el PSOE Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero o de responsables de UGT y CCOO, Cristina Cuesta indicó que también desfilarán por San Sebastián representantes de las tres asociaciones de víctimas del terrorismo que hay en España, la AVT, la andaluza y Covite, tras una pancarta con la frase "Víctimas del terrorismo contra ETA y sus cómplices políticos".

ERC presiona al PSC para imponer una política lingüística con más celo sancionador
Los negociadores de ERC, Joan Puigcercós y Ernest Benach.ELENA CARRERAS
JANOT GUIL ABC 9 Diciembre 2003

BARCELONA. A la espera de que hoy el verbo se haga carne y tome cuerpo el acuerdo para formar gobierno entre PSC, ERC e ICV-EUiA, las negociaciones de los últimos días entre los tres partidos ya han servido para esbozar el programa de gobierno que llevaría bajo el brazo un futurible tripartito de izquierdas que mandara en la Generalitat. Como no podía ser de otra manera, los grandes temas de debate entre socialistas y republicanos han sido la reforma de Estatuto, que ambos persiguen, pero con niveles de ambición distintos, y la consecución de un nuevo modelo de financiación.

Sin embargo, más allá de estos ítems quedan aún otros flecos pendientes que deberán resolverse antes de poner negro sobre blanco el programa de gobierno. Un asunto de capital importancia para ERC, y que supone uno de los escollos a salvar antes de abrazarse a los socialistas, es la defensa de la lengua catalana. Durante la campaña electoral, los republicanos censuraron a CiU por no aplicar con rigor la actual Ley de política lingüística, especialmente en lo que a la aplicación de sanciones se refiere. De resultas, ERC quiere aprovechar ahora la coyuntura de pactos para arrancar un acuerdo de gobierno que contemple un mayor celo a la hora de sancionar a aquellas empresas que no respetan las cuotas de presencia del catalán en industrias culturales como la del doblaje de cine, y en los medios de comunicación. También exige Esquerra un mayor compromiso a la hora de promover y supervisar la aplicación de las normativas relacionadas con el etiquetaje de productos. Esta postura firme ha despertado por ahora cierto rechazo en los socialistas.

Reparto de consellerias
Las negociaciones entre PSC, ERC e ICV-EUiA han arribado ya a la fase del reparto de cargos, en este caso de consellerías, cuyo número total podría ser entre 12 y el máximo, 15 (actualmente hay 14). En un principio, el PSC ostentaría siete, además, claro está, de la presidencia del gobierno. ICV baraja tener entre dos y tres y ERC, por su parte, podría quedarse hasta con seis, incluido el cargo de «conseller en cap» (consejero jefe), cuyo titular sería Josep Lluís Carod-Rovira. No obstante, tanto socialistas como republicanos quieren cambiar la nomenclatura de este cargo -que aglutinaría las funciones tradicionales de la conselleria de Presidencia-, ya que los primeros hablan de consejero primero, mientras que ERC pide que se le denomine jefe de gobierno. Además, queda por dirimir qué competencias ostentará este cargo.

La concreción de los nombres de consellerías asignadas está sujeta a una reestructuración previa del organigrama de gobierno, puesto que hay macro departamentos condenados a disgregarse. El caso paradigmático es el de la consellería de Turismo, Industria, Comercio y Trabajo. Otro ejemplo: la consellería de Interior y Justicia.

De las negociaciones de estos días se deduce que ICV podría quedarse con las carteras de Medio Ambiente, y quizás Enseñanza, Sanidad o Trabajo. También se apunta a la posibilidad de que ERC asuma Cultura, Agricultura y Bienestar y Familia, lo que se podría completar con los departamentos de Gobernación, Universidades y Comercio y Turismo.

Educación Resta, pues, mucho por decidir entre los tres socios de izquierdas que podrían formar gobierno, pero, a su vez, existe una gran sintonía en aspectos programáticos de relieve. Destaca sobremanera el rechazo al PHN, con matices de intensidad, y la voluntad de garantizar un sistema educativo que evite «las trampas» que reconoció Pujol a la hora de favorecer a las escuelas privadas concertadas. En este sentido, PSC y ERC apuestan por crear una oficina única de matriculación y por otorgar a los ayuntamientos competencias en esta materia. Todo ello para evitar la marginación de colectivos como el de los inmigrantes.

Socialistas, republicanos y ecosocialistas también coinciden en reclamar transparencia y «manos limpias» en la gestión de la Generalitat, salpicada por algunos casos de presuntas irregularidades que están aún «sub judice». Para la nueva legislatura, se anuncian comisiones de investigación que supervisen los contratos ya firmados, e incluso ERC propugna una Oficina Anticorrupción.

LO QUE EL NACIONALISMO ES, Y ALGUNAS CONSECUENCIAS
ÍÑIGO SÁENZ DE MIERA Sociólogo ABC (Cataluña) 9 Diciembre 2003

CONOCER la naturaleza de las cosas es necesario para entenderlas. En los análisis que diariamente se hacen sobre la situación en el País Vasco y en Cataluña, demasiado a menudo se obvia o se desconoce lo que el nacionalismo es. Recordando su esencia, podremos descubrir más de una clave que nos ayudará en la tarea de entender qué está pasando y sobre todo qué puede pasar en España, en el País Vasco, y en Cataluña.

El nacionalismo (según Anthony Smith, uno de los autores que mejor ha entendido el concepto de nación) es, sencillamente, un principio político. Un principio político -por cierto, bastante nuevo-que dice que las fronteras políticas y nacionales deben coincidir. El sentimiento nacionalista, de acuerdo con esta definición, sería el sentimiento de descontento por la violación de dicho principio y un movimiento o partido nacionalista es aquél que, inspirado en ese sentimiento, repito, de descontento por el no cumplimiento del principio, trabaja por hacer que se cumpla.

Aunque no es el tema que nos interesa ahora, nótese la enorme contradicción: el nacionalismo pretende justificarse en la necesidad de dotar de un Estado a una nación preexistente, cuando está de sobra demostrado que es el propio nacionalismo, desde el poder (desde el Estado normalmente), el creador de esa nación. Buena prueba de ello es la diferencia que existe entre el país vasco francés y el español: siendo en teoría partes de la misma nación vasca, en una zona esa: nación existe realmente y en la otra sólo en las mentes de quienes para sí la quisieran.

Para descubrir si un determinado grupo humano es una nación -o para convertirlo en nación, según se quiera- deberemos fijamos en dos tipos de elementos: objetivos y subjetivos. Los primeros son más fáciles de estudiar: la existencia de un gentilicio que lo designe, una lengua y una cultura de masas común, recuerdos históricos compartidos, derechos y deberes iguales para sus miembros..., nos dan una idea sobre si algo es o no es una nación.

Pero la esencia de la nación, lo que de verdad la hace ser lo que es, es la conciencia que cada una de las personas de ese grupo humano tenga de la existencia de esa nación, y sobre todo de su pertenencia a ella. Es lo que normalmente se llama identidad nacional.

¿Y de qué está hecha esa identidad nacional? Básicamente, al margen de otros elementos en los que ahora no entraremos, de dos conceptos indispensables sin los cuales nada de esto puede existir: el nosotros y el ellos. Para que una nación exista, lo primero que tiene que estar claro es quién forma parte de ella y quién no. Sin ambos conceptos, y por supuesto sin una frontera clara que los separe, no hay nación que valga, y cuanto mejor definidos estén más “real” será la nación y, por tanto, más fuerza tendrá el nacionalismo que pretenda defenderla.

Por eso el nacionalismo, todo nacionalismo, y por su misma naturaleza, siempre crea diferencias, además de las que ya por sí tenemos los hombres, necesarias para acabar de definir los nosotros y los ellos. Basándose en esas diferencias preexistentes refuerza, crea o inventa grupos humanos cada vez más distintos y con más conciencia de serlo, grupos que en un momento dado pueden llegar a enfrentarse, grupos que sin el nacionalismo no habrían tenido siquiera conciencia de su existencia como tal, y por tanto nunca se habrían podido enfrentar.

Así son los partidos nacionalistas que en España siguen cosechando éxitos. Partidos que «compran» el principio político, que se quejan de que no se cumple y que intentan «arreglar» esta situación de dos formas: intentando marcar más claramente las fronteras políticas por un lado, y construyendo nación por otro, tanto en lo que tiene de objetivo, homogeneizando la sociedad, como de subjetivo, promoviendo la identidad nacional entre los habitantes de las zonas que gobiernan.

No somos pocos los que pensamos, a la luz de lo dicho hasta ahora, que el nacionalismo -sea del tipo que sea- es, en sí mismo y en principio, algo poco deseable para nuestras sociedades, y que creemos que es bueno para ellas que lo combatamos con todas las herramientas que la política nos proporcione. Y de lo que el nacionalismo es pueden sacarse algunas lecciones muy valiosas a la hora de decidir qué estrategias utilizar para frenar su avance o promover su retroceso. Estas lecciones pueden ser por razones obvias, hoy y en España, más valiosas que nunca.

Intentando simplificar la foto lo más posible, las estrategias que el gobierno central puede utilizar, y de hecho ha utilizado, en la lucha política contra el nacionalismo separatista son tres: 1) la cesión de poder, soberanía, competencias,... para aplacarlo, 2) la creación de bloques «constitucionalistas» o «españolistas» para hacerle frente y 3) la aplicación de la ley para recortar su poder cuando es utilizado de forma ilegal. Analicémoslas, para ver qué consecuencias puede provocar cada una de ellas.

Dar al nacionalismo el poder que reclama, para contentar lo, como casi literalmente decía Zapatero en la Universidad Autónoma hace unos días, es un error gravísimo. Sólo basta recordar lo que decíamos más arriba: un partido nacionalista se inspira en el sentimiento de violación del principio de coincidencia de las fronteras nacionales y políticas. No es el que el nacionalista siempre pida más «por vicio», como muchos piensan. Siempre pide más, porque si no lo hace no le queda otra que desaparecer, habiendo desaparecido el motivo principal de su existencia. Si admitiera que la situación es la que debe ser, tendría que empezar a hablar de empleo, sanidad, vivienda... dejaría de ser nacionalista, dejaría de ser. Si le damos al nacionalismo la parte de poder que reclama, le estamos forzando a que eleve el listón de sus reclamaciones y a que radicalice su discurso. Siempre. No le dejamos otra salida.

Crear bloques para hacer frente al separatismo, uniendo a partidos que sólo coinciden en su rechazo al nacionalismo gobernante es, antes que nada, un ejercicio admirable de decencia política. Demuestra un grado importante de valentía y una honestidad fuera de lo común, pero desde el punto de vista estratégico -y sólo desde ese punto de vista- es un error. Porque no hace más que reforzar el nosotros y el ellos, porque sirve para marcar las diferencias y no las similitudes. En fin, porque lo que hace es fortalecer la identidad nacional, la auténtica levadura de la nación y la mejor herramienta del nacionalismo. La experiencia, en este caso muy reciente, así lo demuestra.

Así pues, nos queda la tercera. La aplicación de todos los medios que nos proporcione la política y la ley para impedir que el nacionalismo continúe inventando, fortaleciendo o reforzando el nosotros y el ellos. Esta es la que de verdad funciona. Porque es la nación la que en última instancia justifica el enfrentamiento, la violencia, la muerte. Y si esa nación se construye desde el poder nacionalista, sólo se podrá poner fin al problema impidiendo que ése poder se extralimite. En el peor de los casos, poniendo coto a su manipulación, y al menos sujetándola a la legalidad vigente. En el mejor, logrando que ponga el acento más en lo que nos une -que es mucho- que en lo que nos separa -que no es tanto y además es muy relativo-. Pero claro, eso ya no es nacionalismo.

Y sucede, para sorpresa de muchos que nos esperábamos lo contrario, que cuando así se ha hecho no ha pasado nada de lo que temíamos. Cuando se ilegalizó HB o cerró Egin, no pasó nada. Cuando el juez Garzón encarceló a la cúpula de HB, no pasó nada. Ni cuando la Justicia la puso de nuevo en la calle. No pasará nada tampoco, por mucho que se empeñe Xavier Arzalluz, si los jueces deciden que el señor Atutxa tiene que ir a la cárcel.

Perdamos el miedo a utilizar la ley y hagámoslo, extremando las precauciones para utilizarla bien, y no dediquemos tanto esfuerzo a construir bloques políticos enfrentados. La única forma de acabar con la violencia que emana o puede emanar de la identidad nacional es cortando el paso al nacionalista que la crea. El principio del fin del problema nacionalista sólo llegará cuando los vascos y los catalanes elijan gobiernos que no se preocupen tanto por Cataluña o el País Vasco, y sí por los propios vascos y catalanes, que son quienes les votan y a quienes se deben. Aunque pueda parecerlo, no es un matiz. Ni mucho menos. Pero eso será difícil que suceda si el nacionalismo se siente con patente de corso para manipular a su antojo sin ni siquiera cumplir la ley, si cediendo a sus demandas le obligamos a radicalizarse, radicalizando consigo las sociedades a las que gobierna o si, aunque sea de forma inconsciente, colaborando en la definición de su ellos le ayudamos a seguir inventando su nosotros.

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