AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 19  Diciembre  2003
Carrera electoral
Editorial La Razón 19 Diciembre 2003

¿El pacifismo apolítico de Gesto
EMETRIO VELASCO
El Correo 19 Diciembre 2003

PSOE a la deriva
Antonio Jiménez La Razón  19 Diciembre 2003

EL ARREPENTIDO
Alfonso USSÍA ABC 19 Diciembre 2003

La puja autonómica
Aleix Vidal-Quadras La Razón 19 Diciembre 2003

El desmadre autonómico
Bernaldo de Quirós El Ideal Gallego 19 Diciembre 2003

Las palabras y la realidad
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 19 Diciembre 2003

España en porciones
ARTURO MANEIRO La Voz 19 Diciembre 2003

El «desvarío» del PSOE
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 19 Diciembre 2003

IRAQ: LA NEGOCIACIÓN PERPETUA
SERAFÍN FANJUL  ABC 19 Diciembre 2003

Garzón desvela que Batasuna se quedó con parte del «impuesto»
Josefa Rodríguez - Madrid.- La Razón 19 Diciembre 2003

Cristina Alberdi: «Quien está mandando en el tripartito catalán es Carod-Rovira»
Carmen Gurruchaga La Razón  19 Diciembre 2003

¡Basta Ya! felicita a los manifestantes del sábado
Cartas al Director ABC 19 Diciembre 2003

Aznar dice que los que quieren reformar la Carta Magna aspiran a otro «régimen» y a la «secesión»
Manuel Sotelino - Cádiz.- La Razón 19 Diciembre 2003

EL NUEVO PROVINCIALISMO
EDURNE URIARTE  ABC (Cataluña) 19 Diciembre 2003
 

Carrera electoral
Editorial La Razón 19 Diciembre 2003

El Congreso de los Diputados, con los votos del PP y el plante de la oposición, aprobó ayer la reforma urgente del Código Penal para que pueda ser sancionado quien financie a grupos ilegalizados, como los batasunos, o convoque un referéndum sin estar capacitado para ello. No ha sido, ciertamente, la mejor de todas la vía elegida por el Gobierno para impulsar una reforma, discutible, pero que pone contra las cuerdas a quienes han sabido hasta ahora aprovechar los huecos dejados en la legislación. Lo cierto es que el calendario parlamentario no dejaba otras posibilidades. A menos, claro está, que se considerase conveniente aparcar la reforma hasta después de las elecciones y la constitución de la nueva Cámara, lo que es tanto como conceder una prórroga y nueva capacidad de maniobra a quienes siguen aportando fondos públicos para las organizaciones que dependen los batasunos y para que Ibarreche pueda seguir adelante con su plan.

La actitud del PSOE, es sólo comprensible desde el punto de vista meramente electoralista, y en el final de la legislatura. Y lo mismo puede decirse de otros grupos de la oposición. El PP sufrió ya, al final de la anterior legislatura, un proceso similar de soledad en el Congreso, debido a la estrategia de campaña de los partidos. En este mismo proceso cabe considerar el actual discurso del PSOE, bronco y absolutamente negativo, orientado hacia la erosión del partido en el poder. Otra cosa es el resultado que para Rodríguez Zapatero tendrá su política de todos contra el PP; de pactos «baleares» y de reparto de parcelas de poder, con quien sea y al precio que sea; de insolidaridad territorial, y de reforma constitucional. Porque más parece que los mensajes no parten de Ferraz, de una estrategia diseñada por el PSOE, sino más bien como respuesta a las necesidades de sus pactos por el poder, y a una pura y dura concesión a los partidos nacionalistas.

Es una falacia hablar hoy de falta de consenso para oponerse a la reforma, cuando la izquierda ha firmado en Cataluña un pacto para excluir, expresamente, al PP del mapa político allá donde sea posible. Porque la verdad es que el espectáculo de ayer en el Congreso, con las manos en alto, pancartas y gritos de los diputados de la oposición, dice a las claras que ha comenzado ya la carrera hacia las urnas y que, a partir de ahora, habrá que examinar cada declaración, cada manifiesto de sectores profesionales o corporativos, con la precaución que aconseja la realidad de un proceso electoral.

Ayer quedó claro que no hay margen de maniobra alguno para consensuar proyectos de Estado con un partido en plena huida hacia adelante, el que prometió levantar un muro contra el Plan Ibarreche y ahora recurrirá ante el Constitucional la primera norma legal votada para hacer imposibles dos puntos básicos en ese plan: el referéndum ilegal y la financiación del brazo político de ETA

¿El pacifismo apolítico de Gesto?
EMETRIO VELASCO /DTOR. DEL DEPARTAMENTO DE TEORÍA SOCIOLÓGICA UNIV. DE DEUSTO
El Correo 19 Diciembre 2003

He tenido la oportunidad de debatir públicamente el llamado plan Ibarretxe, argumentando que carece de legitimidad democrática por numerosas razones que, ahora, no viene al caso explicitar. Solamente subrayaré una que es pertinente para la cuestión que nos ocupa. Me refiero al proyecto del nacionalismo de someter a la sociedad vasca a un intensivo proceso de nacionalización, mediante la aplicación de políticas identitarias, en las que se han invertido ingentes esfuerzos y recursos de todos, instrumentados desde el mismo Gobierno de la CAPV, que no ha dudado en utilizar sectariamente las mismas instituciones democráticas para tal empeño, y que ha mostrado tener un carácter disgregador y excluyente para la inmensa mayoría de la sociedad vasca no nacionalista. El plan Ibarretxe sería la última expresión de este proyecto.

El pasado sábado estuve en la manifestación convocada en San Sebastián por Basta Ya, porque creía que era una responsabilidad cívica ineludible el apoyar una iniciativa ciudadana exigiendo que se retire dicho plan. Ambas cosas, el debate y la participación en la manifestación, las he llevado a cabo sin tener que pagar peaje alguno a fidelidades partidistas, políticas o sociales. No pertenezco a partido político o foro social alguno y con mi actitud quisiera aportar lo que esté de mi parte a la pacificación de este país. Estoy convencido de que hacer frente al mencionado proyecto nacionalizador es una cuestión decisiva para dicho objetivo, porque aquél, además de tener demasiadas concomitancias con la deriva del nacionalismo radical, ha acabado convirtiendo la cuestión de las víctimas del terrorismo y la falta de libertades democráticas en un asunto más entre otros, que verá supeditada su solución a la de la deriva soberanista, y creo que esto es una perversión de la jerarquía de los derechos fundamentales del ser humano. Por eso, pensaba que era una obligación de la ciudadanía vasca responsable el sumarse a la manifestación de San Sebastián.

Por todo lo dicho, me han sorprendido desagradablemente las manifestaciones de uno de los portavoces oficiales de Gesto por la Paz, criticando por 'frentista' y contraria a la integración social la iniciativa de Basta Ya. Si no entendí mal, allí, en San Sebastián, se pidió explícitamente la unidad de todos en lo fundamental: la defensa de la vida y de las libertades de toda la ciudadanía vasca, sin excepción. Como he secundado durante mucho tiempo las convocatorias de Gesto por la Paz, creo que es mi deber hacer pública la razón de mi malestar, que me consta coincide con la de un número de gente que ahora no sabría cuantificar.

En mi opinión, la postura de Gesto parece obedecer a la necesidad de tener que seguir justificando su vigencia social, para lo que cree imprescindible mantener el alcance de sus gestos en un nivel de explicitación 'digerible para todos', para no ser partidista. Supongo que esto se debe a que ya ha experimentado que, en la medida en que ha explicitado su concepción de las víctimas y su condena de la violencia de persecución y ha relativizado, con algunos juicios muy elementales, la posición del nacionalismo excluyente, y ha subrayado el carácter plural de la sociedad vasca, ha tenido que afrontar serias tensiones internas y ha visto cómo se facilitaba el camino a propuestas de signo muy diferente.

Desde que el hartazgo de la sociedad no nacionalista y la crueldad sin límites de ETA y su entorno generaron lo que se ha venido llamando el 'espíritu de Ermua', y desde que la manifestación clamorosa de la lucha por la paz provocó el nacimiento de otros grupos con una explicitación mayor del contenido democrático, como Basta Ya, la legitimidad de Gesto parece necesitar nuevos argumentos para seguir con la vigencia social de que venía disfrutando La discusión sobre cuál debe ser el papel de la sociedad civil, de su movilización frente a la violencia y a favor de la libertad y de la paz, es un tema complejo y no creo que pueda abordarse con la ligereza con que lo hace Gesto por la Paz, cuando califica de frentismo acontecimientos como la manifestación de San Sebastián. El levantar la voz contra la violencia etarra y contra el nacionalismo excluyente no creo que desdiga de una posición cabalmente pacificadora, a no ser que previamente se haya hecho una opción por mantenerse neutral entre quienes unilateralmente rompen las reglas de juego democráticas y quienes se defienden con medios tan legítimos como gritar públicamente que «prefieren la peligrosa libertad a la tranquila servidumbre».

Creo que Gesto por la Paz debería ser más autocrítico con su propia posición y no apresurarse a una autocomprensión, que creo peca de excesivamente celosa en la definición de su papel de cohesionador de la sociedad vasca. Quizá hemos llegado a una situación en la que es imposible mantenerse en un silencio omnicomprensivo y conciliador, con el que sientan conformes 'unos y otros'. En nuestra sociedad, ha habido demasiados silencios cómplices ante la deriva nacionalizadora mencionada, para que el silencio de Gesto no acabe estando también contaminado por dicha complicidad. Quizá es algo más que ingenuidad el pretender mantenerse en el estricto ámbito de la ética y no querer asumir que hay formas de hacer política, como la del plan Ibarretxe, en la que se están poniendo en cuestión derechos y libertades básicos, sin los que es imposible construir una sociedad pacífica.

En mi opinión, lo que dividirá, cada vez más, a los grupos sociales que se denominan pacifistas no es sólo ni principalmente la forma de expresar su rechazo a la violencia, sino, sobre todo, aquí y ahora, la forma en que se sitúen ante el proyecto nacionalizador de la sociedad vasca que el nacionalismo en el poder está dispuesto a llevar adelante, cueste lo que cueste. Mientras, para unos, dicho proyecto es legítimo e incluso prioritario para conseguir la paz, con tal de que no se justifique la violencia terrorista, para otros sigue siendo una de las causas fundamentales que impide la construcción de una sociedad vasca democrática, respetuosa del pluralismo y de los derechos y libertades de todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas vascas.

Si la actitud de Gesto por la Paz va a orientarse hacia la neutralidad ante dicho proceso, quizá muchos como yo nos preguntemos si lo que, durante un tiempo, ha sido un instrumento necesario y útil no ha empezado ya a convertirse en algo históricamente insuficiente.

PSOE a la deriva
Antonio Jiménez La Razón  19 Diciembre 2003

España tiene un problema grave y de consecuencias imprevisibles: la manifiesta debilidad del primer partido de la oposición. El PSOE es un partido descohesionado y sin rumbo. Nada de lo que ocurre en el País Vasco y Cataluña es ajeno a esa situación incierta por la que pasa la formación política que durante 14 años de gobierno lideraron con firmeza, González y Guerra. Zapatero es incapaz de armonizar el discurso político de los suyos que suena distinto y distante en función del compás que marcan los partidos de izquierdas y nacionalistas con los que pactan. Si tenía alguna posibilidad de llegar a la Moncloa en marzo, ésta se ha desvanecido con el acuerdo que «el compañero Pascual» ha suscrito en Cataluña. Por más que Montilla, Blanco y el propio Zapatero intenten convencernos de lo contrario, Maragall llega a la Generalitat de la mano de un independentista que no se siente a gusto en España, que reclama un Estado propio para Cataluña, que pretende dinamitar la Constitución con propuestas parecidas a las de Ibarreche y que se burla de Bono e Ibarra, advirtiéndoles que el modelo de España que defienden pasará a mejor vida tras su pacto con Maragall. Definitivamente, Rajoy está abocado a lidiar la legislatura más difícil de los últimos 20 años.

EL ARREPENTIDO
Por Alfonso USSÍA ABC 19 Diciembre 2003

RODRÍGUEZ Zapatero, el leonés errante -además de errado, sin la «h», claro-, puso especial empeño en eliminar a Nicolás Redondo del socialismo vasco. Redondo, para Zapatero, Caldera y Pepiño Blanco es un personaje intolerable, capaz de coincidir con el Partido Popular en la lucha contra el terrorismo y el nacionalismo excluyente. Redondo fue vencido por el poder de los tres caóticos y sustituido por Pachi López, gran admirador de Odón Elorza y partidario de ofrecer su retambufa, a discreción y sin ídem, a los nacionalistas. El Partido Socialista, ya se sabe, ha decidido que España es un concepto discutible y una nación negociable. Se van a enterar en las elecciones de marzo.

Pachi López acudió a la manifestación del pasado sábado en San Sebastián. Odón Elorza no pudo hacerlo porque le salieron unos granitos en los muslos y los médicos le aconsejaron guardar cama. Esos granos escuecen una barbaridad con los roces y se pasa mal. Así que Pachi López atendió a la convocatoria de «¡Basta Ya!» y se puso al frente de la multitudinaria y pacífica manifestación.

Pocos días después ha reconocido su decepción y mostrado su arrepentimiento. La justificación que ofrece no puede ser más miserable y cobarde. «Hubo una exaltación nacionalista española que no nos gustó». Es decir, que a Pachi López la manifestación libre de la españolidad en las Vascongadas no le gusta nada. Y para enredar y confundir usa de la misma terminología que los nacionalistas vascos al referirse al «nacionalismo español». A Pachi López no le gusta que los donostiarras defiendan sus sentimientos de Patria común, y enarbolen banderas de España entre las grímpolas autonómicas. A Pachi López le duele y molesta lo español, y ahí es consecuente porque pertenece al PSOE y es persona de confianza de Zapatero, Caldera y Blanco, que son los principales responsables de la desespañolización de un Partido Socialista que no había tenido hasta el momento dudas al respecto.

El trío caótico que se cargó a Redondo y apoyó a Pachi López, el que se disgusta cuando ve en San Sebastián los símbolos de España, es el mismo que ha pactado en Cataluña con los independentistas de la Izquierda Republicana y en Galicia con los zumbados del Bloque Nacionalista Gallego. Zapatero no es un irresponsable, sino un desastre. Era un diputado callado y cumplidor que hacía bien los deberes -no tenía ninguno-, y asistía con frecuencia a sus compromisos parlamentarios. Le ha venido muy grande el cargo, y se ha rodeado de licenciados en incompetencias tan avanzados como él. En Aragón atacan el Plan Hidrológico Nacional, y en Murcia lo defienden. En Cataluña gobiernan con los separatistas y promueven un nuevo Estatuto. En Vasconia han eliminado a los resistentes de la paz y coquetean un día sí y el otro también con los nacionalistas étnicos y excluyentes.

El próximo paso será el de apoyar el «Plan Ibarreche», porque el PSOE ya no puede medir sus pasos y es el viento de la descoordinación el que mueve sus zancadas. En Galicia se someten al nacionalismo gallego. En Valencia son partidarios de los «Paissos catalans», como en las Baleares. En Madrid hacen el ridículo y pierden el poder por entregarse a los comunistas. En Andalucía reclaman la «nacionalidad andaluza» y la agencia tributaria propia. Su asesor en política exterior, el nefasto embajador Cajal, defiende el abandono por parte de España de Ceuta y Melilla. ¿«Quo vadis», PSOE? En Europa, más parecen franceses que la oposición en España. Sólo falta que surjan los separatistas de Castilla para completar la mamarrachada. Ignoro qué añejos resentimientos orientan a estos individuos. Pero es grave que el señor López -¡coño, además López- muestre su disgusto por la exaltación del «nacionalismo español» en las calles de San Sebastián. Claro, que al lado de otros, va a parecer un patriota.

La puja autonómica
Aleix Vidal-Quadras La Razón 19 Diciembre 2003

El Estado de las Autonomías fue el gran invento de la transición para descentralizar administrativa y políticamente a nuestra plural nación y para apaciguar las reivindicaciones particularistas de los partidos nacionalistas. El primer objetivo se ha conseguido satisfactoriamente, pero el segundo por desgracia dista todavía mucho de haberse alcanzado. Dado que ahora la idea de moda, introducida por el tripartito maragalliano, es que la reclamación de mayor autogobierno se basa únicamente en el deseo de proporcionar a los ciudadanos un grado más elevado de bienestar y de llevar adelante políticas públicas más eficaces, sin connotación etno-identitaria alguna, conviene comprobar si cada medida que incrementa las atribuciones de las Comunidades Autónomas en detrimento de las competencias del Gobierno central contribuye efectivamente a tan loable propósito.

Así, cabe preguntarse si confiar la recaudación de los impuestos a una Agencia Tributaria estatal debidamente regionalizada con la posterior transferencia a las haciendas autonómicas de los tributos cedidos y de la parte que les corresponde de los impuestos generales es más ágil y más barato que multiplicar los órganos subestatales destinados a esta función. Tampoco resulta ocioso investigar si los intereses de las Comunidades Autónomas ante la Unión Europea están mejor defendidos por una delegación española en el Consejo comunitario, previa una armonización de posiciones en el seno del Consejo Sectorial correspondiente en España, o incrustando en nuestra representación ministerial en Bruselas a responsables autonómicos catalanes, vascos, gallegos, andaluces o riojanos, según convenga a la ocasión y al tema tratado.

En esta misma línea de reflexión aséptica y constructiva, no está de más analizar si el establecimiento de diecisiete Tribunales Supremos repartidos por nuestra variada geografía física y humana sirve más adecuadamente a la coherencia, la equidad, la objetividad y la independencia de la administración de justicia que la actual máxima instancia jurisdiccional con sede en la capital del Reino. Y, ya puestos, quizá una comparación entre las balanzas fiscales de las Comunidades de mayor renta per cápita con sus correspondientes balanzas comerciales con el resto del Estado ayudaría a arrojar cierta luz sobre los complejos mecanismos que mueven los flujos financieros a lo largo y ancho de la península, demostrando que lo que se va por un lado regresa por el otro en beneficio del supuesto donante.

Una vez situado el debate en estos términos racionales, desapasionados y cuantificables, seguramente la puja autonómica en la que está inmerso el Partido Socialista aparecería como lo que es, un desbarajuste conceptual fruto de las necesidades coyunturales para arañar algo de poder con el que cubrir las vergüenzas de un proyecto vacilante y deslavazado.

El desmadre autonómico
Bernaldo de Quirós El Ideal Gallego 19 Diciembre 2003

La subasta autonómica está lanzada. EL PNV quiere de facto la independencia del País Vasco, la coalición PSC-ERC-IC plantea un programa de máximos con difícil anclaje constitucional, Chaves pide la reforma del Estatuto de Andalucía y reclama la Agencia Tributaria... A finales de 2003, las tensiones centrífugas se intensifican en España y el espectro cantonalista sale de su tumba. Nadie, salvo el Gobierno parece defender el marco autonómico de la Constitución que se ha convertido en un cajón de sastre dentro del cual todo cabe, en un texto de mínimos del que todos intentan sacar tajada. Desde una óptica económica, las iniciativas centrífugas pueden poner en peligro el buen funcionamiento de la economía.

Por un lado, el Gobierno central tiene cada vez menos competencias para articular una política económica para el conjunto del territorio. La sanidad, la educación, la justicia, la legislación comercial etc. están en manos de las comunidades autónomas. Por otro, la potencial inestabilidad derivada de la rebatiña regional dañará seriamente las perspectivas del país si persiste. Un gobierno central débil sometido a presiones disgregadoras del resto del Estado es un antídoto contra la prosperidad. La fase expansiva de la economía española desde 1996 estará en peligro si los mercados y los agentes económicos perciben que el Estado es incapaz de cumplir con su tarea de coordinar la política económica nacional. Si esta situación se consolida habremos tirado por la ventana lo hecho estos años. No es una broma.

Las palabras y la realidad
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 19 Diciembre 2003

YA SABEMOS que las palabras no sólo sirven para describir la realidad, también la crean. Este aserto se comprueba ahora de manera fehaciente, quizá porque hay quien quiere explorar una nueva realidad y todavía no ha dado con la palabra exacta para crearla.

Así, nos encontramos con que los nacionalistas vascos no se atreven a decir frente nacional y hablan de bloque , que es una palabra inmóvil, sin matices, soviética, con vocación de no ofrecer fisuras, dispuesta siempre para que la pongan en cualquier camino y lo bloqueen, lo corten. Al mismo tiempo, Maragall -al que hay que dar pábulo durante al menos cien días- habla de «una nueva relación con España», y eso se entiende, pero, agrega, basada en «la libre declaración de interdependencia desde la libertad de decisión», y ahí pido pasapalabra .

Borrell dice que se va, y eso queda claro, mientras Chaves habla de una nueva Agencia Tributaria, y eso suena a envidia por los envidos del partido hermano catalán. Carod sostiene que es independentista, pero no nacionalista, y ahí uno no tiene más remedio que acudir, raudo y veloz, al María Moliner, porque sólo sé que no sé nada.

Chaves confunde los géneros de las palabras, como los caseros vascos euskaldunes cuando hablan español -con perdón-, y en su afán por imitar a su guiñol se diría que tiene vocación de caricatura. Fraga habla de pegar un cañonazo al que emule al barco del chapapote y, por desgracia, se le entiende toda su jerigonza autoritaria y antigua, que desdice el tópico del gallego como bípedo ambiguo.

En la comunidad vasca exportamos la palabra zulo hasta Irak, porque cuando los periodistas españoles ven el habitáculo en el que estaba el sátrapa, en decúbito supino, realizan una asociación lícita de ideas y, en ese ejercicio, es la primera palabra que encuentran. De la misma forma que, por la confusión de la realidad con el delirio en aquel país, parece que aún no hemos encontrado la palabra adecuada -para describir la realidad o para crearla-, y no sabemos todavía si decir terrorismo o resistencia .

Hay más. Una viuda; en concreto, la viuda de José Luis López de Lacalle -seis años en las cárceles de Franco, ex militante del PCE, simpatizante socialista- se encuentra con una amiga que quiere reconfortarla -en serio, quiere reconfortarla-, y le dice la amiga: «¡Qué pena, la muerte de tu marido!». La viuda, a pesar del aturdimiento, le contesta, «hombre, muerte, no; fue un asesinato» y la amiga, con su mejor voluntad, claro, le dice: «Esa es tu opinión». (A José Luis López de Lacalle le metieron seis tiros con plena consciencia).

Son ya treinta años que Carrero murió, o sea, le asesinaron -en mi opinión-, y quizá en aquella anestesia moral respecto de víctimas que no eran las nuestras , y nunca nos, gustaron podemos rastrear lo que fue el comienzo del engorde de la bestia que hoy combatimos.

En fin, que en la comunidad autónoma vasca hay nacionalistas que siguen insultando a las víctimas; hay dirigentes nacionalistas que, para referirse a las gentes que peor lo pasan en el mundo, utilizan la palabra pobrerío , mientras piden otra de cocochas y vigilan el colesterol; y que, a pesar de todo ello, y de otras cosas mucho peores, hay un sector en el resto de España, que se tiene a sí mismo como progresista y moderno, y se derrite con ése partido nacionalista tan profundamente reaccionario, tan hirientemente xenófobo y que jerarquiza a las personas en función de su adhesión o no al tamtan de la tribu.

Ojalá las próximas palabras, pendientes de inventar, nos alumbren un futuro de libertad y convivencia pacífica entre distintos.

España en porciones
ARTURO MANEIRO La Voz 19 Diciembre 2003

LOGRAR una España como el queso en porciones servido en cajitas del que cada uno se lleva su ración. Eso es lo que se han propuesto algunos líderes políticos del País Vasco y de Cataluña. De Euskadi se puede esperar cualquier cosa, ya sabe todo el mundo lo que quieren ETA, PNV y EA con la ayuda de EB. Pero de Cataluña nadie esperaba que un conglomerado como Esquerra Republicana se hiciese con el poder de una forma tan contundente sin el apoyo de las urnas. La fusión en el poder PSC y de ERC es como la de Vía Digital con Canal Satélite: se trata de una absorción, una sustitución, una disolución, una frustración. Es tan fuerte que no lo ha aguantado ni Cristina Alberdi.

Algo similar está pasando con el PSOE: lo que era un partido compacto, que había gobernado España durante casi tres lustros manteniendo la unidad nacional, defendiendo la Constitución tal como fue pactada, todo eso se ha convertido también en un queso en porciones cuando no en un queso de gruyere. Cada uno tira de su trozo sin pensar en los demás, cada uno hace un hueco cada vez más grande dentro de la estructura socialista sin tener en cuenta el debilitamiento a que están sometiendo la organización.

Parece como si la consigna del PSOE en estos momentos fuese que cada comunidad autónoma gobernada por socialistas plantee el mayor conflicto posible de cohesión en España, que se desaten las fuerzas centrífugas, que el Gobierno del PP se vea rodeado de tensiones, que se pueda demostrar la incapacidad popular para mantener la cohesión del Estado.

Todo ello con la esperanza de que en el momento de la campaña electoral Zapatero pueda aparecer como la única solución a la unidad de España, como el único partido capaz de cohesionar descohesionando, como el único capaz de comprender a todos, de dialogar con todos, de repartir las instituciones del Estado entre todos. Se presentará entonces como el candidato a la presidencia de un Gobierno que proporcionará una Agencia Tributaria a cada comunidad autónoma, una Seguridad Social para cada autonomía, porque estará bien vista la caja única. Será la insolidaridad institucionalizada (ni una gota de agua para otros, según Maragall), la ley de la selva.

Quizá dentro de dos meses la mayor parte del electorado que no sea socialista incondicional ya no estará con el PSOE y se echarán en manos de un candidato a la presidencia del Gobierno que ofrezca seguridad y estabilidad a las instituciones del Estado, un candidato que no esté dispuesto a iniciar nuevas aventuras preconstitucionales. Y es que da la impresión de que algunos de los debates y propuestas que se oyen en estos días pertenecen al pasado, al último cuarto del siglo XX. Es como una vuelta atrás, como una involución, como el túnel del tiempo.

Ante este panorama, parece claro que la directiva del PSOE debería reconducir su estrategia y su táctica. El ciudadano español no está preocupado por las mayores cotas de autonomía, sino por las mayores cotas de estabilidad, de seguridad, de poder adquisitivo, de solidaridad entre los pueblos y las regiones de España. Y todo ello lo espera conseguir con unos partidos políticos nacionales fuertes, con criterios estables, con principios claros y con actitudes decididas. El PSOE debería esforzarse por responder a este perfil.

El «desvarío» del PSOE
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 19 Diciembre 2003

LA DIPUTADA y ex ministra socialista Cristina Alberdi, que, a diferencia de otros compañeros, proviene de la sociedad civil, y tiene su propia carrera profesional e independencia económica, acaba de denunciar, como el negro del famoso apólogo del conde Lucanor, que «el rey está desnudo». El PSOE desvaría, nos dice entre indignada y perpleja antes de irse. No sabemos si, de modo similar al comportamiento habitual de las sectas en estos casos, será ninguneada o desacreditada acusándola de no haber sido nunca «socialista». En efecto, por más que un Zapatero hipotecado trate de vender que el actual desnortamiento del PSOE es una hábil estrategia política controlada por su fina inteligencia y enérgica voluntad, la mayoría de la gente, que no es tonta, intuye mas bien que está intentando camuflar el desguace de su partido incapaz de mantener un mínimo de decencia solidaria, aunque sólo sea para tratar de mantener la ilusión de estar, ya que no ser, izquierda.

Pero lo que parece cada vez más claro es que sus dirigentes principales se muestran ayunos de ideales y sentido de Estado, o incluso de partido. Sus votantes ya tienen la mosca tras de la oreja y barruntan que les están tomando el pelo unos dirigentes sin rumbo fijo que sólo parecen preocuparse en esta incipiente pero oscura desbandada de poner a salvo su propia ínsula barataria, cueste lo que cueste. El colmo de la desvergüenza es la amenaza de Maragall, socio de un partido contraconstitucional de acreditada tradición golpista, de provocar «un drama» si no se cede a sus chantajes. Lamentablemente, tenemos el precedente histórico del PSOE y la Esquerra que en 1934 se sublevaron contra la legalidad republicana.

Cada vez se ve más preciso refundar el partido socialista para equilibrar democráticamente la política española y contribuir a defender a los trabajadores españoles de los abusos de la globalización.

IRAQ: LA NEGOCIACIÓN PERPETUA
por SERAFÍN FANJUL. Catedrático de Literatura Árabe U.A.M. ABC 19 Diciembre 2003

«QUIERO negociar» fueron las primeras palabras que oyó un soldado americano, quizás perplejo ante la pretensión del prisionero: la desproporción abismal entre la ilusoria declaración y la realidad cochambrosa del detenido sólo podría entenderse, en términos de lógica racional, como una humorada (que le honraría); o como el desvarío de alguien que, con el poder y la fuerza, ha perdido también el juicio. Sin embargo, no parece que el tirano loquee y menos aun que sea capaz de alcanzar la grandeza de conservar una chispa de humor y de distanciamiento de los sucesos ante el fin de su historial sangriento.

No han faltado analistas que de esa frase han inferido conclusiones políticas, deseo de cooperar siquiera para poner en cobro la vida, oferta de información de alguien que ya carece de otra cosa (y no es poco, tratándose de quien se trata). Todo eso entra en lo posible y hasta en lo deseable, mas por igual puede responder a algo mucho menos trascendente según la lógica que nos enseñaron pero, tal vez, de capital importancia para calibrar las perspectivas reales de Iraq y de todo Oriente Próximo: un regateo constante que ignora los hechos concretos (el lugar y el estado en que se encontraba ya bastaban para enmudecerle) y genera situaciones grotescas, hilarantes si no anduvieran comprometidas por medio la felicidad y la vida de muchas personas. No estamos hablando de cuentos de zoco, folklore malo para consumo en Occidente, sino de la interminable ringlera de ficciones, pactos para lunáticos, traiciones, incumplimientos, rupturas, olvidos, que presiden la vida política de Oriente Próximo en los últimos cincuenta años, tendencia bien resumida en la comedia de Tawfiq al-Hakim Bayna yawm wa-layla («De la noche a la mañana»). No es que por estos pagos occidentales no se cultive el género, pero aquí la inconsecuencia en lo prometido anida en la política, intentando guardar las formas y con la condena moral colectiva, en tanto allí es una constante social generalizada, una capacidad inagotable de desdecirse, de olvidar -o fingir que se olvidan- hechos gravísimos, para seguir produciendo amistades, alianzas, hermandades inquebrantables que no son tales sino un mero suma y sigue de futuras o inmediatas traiciones. Arafat abrazándose con Husein de Jordania unos días más tarde del Septiembre Negro ilustra bien esa enciclopedia de la ligereza y el engaño convertidos en forma de existir. El mismo Arafat que firmó los acuerdos de Oslo con Israel para enseguida negarse a llevarlos a la práctica.

En su siniestra biografía el déspota iraquí (por no salirnos del país y el personaje) no sólo acumuló asesinatos, represión y guerras, además jalonó su vida política con una cadena de pactos y transacciones trágicamente incumplidos (con Hasan al-Bakr, con los kurdos, los chiíes, los kuwaitíes) culminados con el asesinato de sus dos yernos en cuanto estos aceptaron el trato y el perdón, incomprensiblemente, conociendo el escenario y el actor, o tal vez por estar persuadidos, ellos también, de que el juego de regateos es eterno. Todo se puede pactar, todo se puede incumplir. Y si en las tierras del Talión el califa Omar estableció el precio de la sangre (indemnización) de un musulmán en cien camellas, o mil dinares, Sadam Husein podía traicionar el amán (seguro) concedido a los maridos de sus hijas sin cargo de conciencia alguno.

Lo que precede no es un preámbulo, constituye el teatro de operaciones psicológico en que se desarrolla todo el drama del Iraq y de Oriente Próximo. Se ha dicho, con razón, que la captura del dictador abrevia el conflicto y ahorrará muchas lágrimas, aunque todavía correrán demasiadas. Es cierto que con escaso y difícil apoyo exterior, sin financiación (alguna vez se agotarán los fondos saqueados por los baasistas y el clan de Tikrit) y circunscrito el terrorismo al área central sunní será más fácil cumplir los plazos para ir dotando al país de instituciones, equilibrio económico, seguridad y un incipiente bienestar social. Bienvenido sea todo ello: Gobierno provisional, elecciones, constitución, relaciones no agresivas con los vecinos y cooperación con los occidentales para estabilizar la región entera, de forma razonable y respetuosa con los Derechos Humanos y con el derecho a subsistir de todos los estados.

Todo ello es así y así debe proseguirse la política emprendida, por el bien de todos. Pero cualquier guerra -o confrontación de fuerza, como es el caso en su estadio actual- en esencia no es sino la pugna de dos poderes materiales y psicológicos contrapuestos (economía, acumulación de armas y materias primas, movilización de hombres y capacidad de resistencia moral por ambos bandos) y el que más aguanta el desgaste siempre termina ganando. Es ocioso aclarar cuál de los dos oponentes dispone de más medios en todos los órdenes y con diferencia abrumadora. No obstante, el derecho a disentir (base de nuestra legitimidad política) concede un plus de fuerza e influencia en nuestras sociedades a los tiranos tercermundistas, a los movimientos terroristas y a cualquier actitud retrógrada contraria a esa filosofía -que viene del mundo grecolatino- que sostiene y garantiza la existencia de las mismas discrepancias. Un peligro contra el que se lucha contra reloj y con una mano atada a la espalda, aunque no es insalvable. No se hagan ilusiones los de la pancarta: si los Estados Unidos perdieron la guerra de Vietnam no fue por incapacidad material para ganarla, sino por no querer conculcar en el frente interno los principios básicos de su ordenamiento jurídico y político, escrúpulo que no hubiera coartado a ninguna de las dictaduras habidas a lo largo del siglo XX, incluida la de Sadam Husein. Tal vez el recuerdo de Vietnam, o de Francia en Argelia y en el mismo Vietnam, o de la URSS en Afganistán, nubla la visión de terroristas e insurgentes de diversas latitudes y les induce a magnificar sus posibilidades de torcer el brazo de nuevo a los norteamericanos. Pero, como es sabido, el terrorismo está circunscrito prácticamente a las poblaciones árabes sunníes (20 por ciento del total), mientras los kurdos colaboran y los chiíes, por ahora, están a la mira.

Y volvemos a la teoría de la negociación. Para los chiíes del Iraq la situación es nueva por completo: por primera vez en la historia tienen al alcance de la mano ser los dueños del país. Durante muchos siglos se consolaron con la idea -para entendernos- de que su reino no era de este mundo, pese a considerarse los auténticos depositarios del mensaje profético heredado de Mahoma a través de su nieto Husein, razón por la cual llevan a cuestas casi catorce siglos de persecuciones con alguna excepción puntual. Pero ahora toca negociar con ellos y en serio, con garantías de que cumplan lo acordado. El Gobierno de Estados Unidos deberá hilar fino, pero también atar firme lo suscrito o aceptado implícitamente, de modo que no quede en papel mojado al día siguiente de la salida de las tropas norteamericanas.

Y no nos referimos a contratos comerciales, petrolíferos, inversiones en infraestructuras, que se sostendrán solos por el mucho interés que subsumen, sino a la suerte y el equilibrio de las minorías (por ejemplo, cristianos), cuyos derechos civiles y políticos y hasta su vida cotidiana pueden verse aplastados por el rigorismo y la exclusión revanchista de quienes siempre cargaron con lo peor del reparto. Los chiíes, como iraquíes que son, no ven con buenos ojos la ocupación militar, pero por el momento aguardan instrucciones de sus ayatollahs, los cuales asumen su papel de actores del islam político y es de suponer que intenten imponer un sistema de cuotas electorales por confesiones, trasunto del presente Consejo de Gobierno y antesala de futuras transgresiones de los derechos de las minorías, algo inaceptable si partimos del principio de respeto al individuo como tal, no como miembro de una comunidad religiosa o étnica, que es la práctica y el concepto habitual en el islam. Sólo resta saber si Estados Unidos está dispuesto a chocar con los chiíes, o a subirles la parada, por salvar a esas minorías, es decir, por mantener los principios democráticos. Queremos pensar que sí, pues de ello depende su credibilidad en Iraq y en todo Oriente Medio, por encima de las ventajas coyunturales que eso les proporcione.

Garzón desvela que Batasuna se quedó con parte del «impuesto»
Josefa Rodríguez - Madrid.- La Razón 19 Diciembre 2003

Según los datos de los que dispone el juez Baltasar Garzón, la banda terrorista ETA delegó en Herri Batasuna la gestión y el cobro de las extorsiones económicas de la banda terrorista a empresarios. El magistrado señala que fueron varios los dirigente de HB que se encargaron de ese cometido y menciona, en concreto, a Felipe San Epi- fanio, «Pipe», José María Olarra Aguirano, «Eneko», Rufino Etxeberría Arbelaitz y Jokin Gorostidi Artola, «Harizta».

Este último participó directamente, según el juez, en el cobro de los pagos exigidos por la banda terrorista ETA al dueño de una de las empresas adjudicatarias de las obras de la autovía de Leizarán, Adolfo Sobrino Murias. Este empresario pagó, en 1991, 30 millones de pesetas como «impuesto revolucionario, que fueron entregados por un familiar a Juan José Arruti López en la sede de Herri Batasuna de San Sebastián. Posteriormente, Arruti entregó esa cantidad a Gorostidi.

Sin embargo, y según se sostiene en una resolución judicial, a manos de ETA sólo llegaron 5 millones de pesetas, lo que lleva al magistrado a señalar que «parece» que Gorostidi y Arruti «mostraron deslealtad con la organización, al hacerse con 25 millones de pesetas, ya que consta acreditada la entrega de 30 millones por las víctimas y sólo la recepción de 5 millones por la organización terrorista».

Gorostidi y Arruti detenidos el pasado martes, declararon ayer ante el juez Garzón. Según fuentes jurídicas, el primero negó las acusaciones, mientras que Arruti las reconoció en parte. El magistrado, que les imputa los delitos de pertenencia a banda armada, extorsión y allegamiento de fondos para organización terrorista, acordó su libertad bajo fianza de 18.000 euros.

Cristina Alberdi: «Quien está mandando en el tripartito catalán es Carod-Rovira»
Ex diputada del PSOE
El pacto del PSC con los republicanos catalanes ha sido la gota que ha colmado la paciencia de Alberdi. Tras muchos años de lucha por la libertad, no reconoce al actual PSOE
Carmen Gurruchaga La Razón  19 Diciembre 2003

Abogada de reconocido prestigio, histórica luchadora por los derechos de la mujer, ex ministra de uno de los gobiernos de González, afiliada al PSOE... ha abandonado hace unos días esta formación política porque le resulta imposible soportar la deriva que está tomando tras el acuerdo entre el PSC y ERC. No quiere ser cómplice, con su silencio, de lo que considera un desvarío político de la actual dirección de Ferraz.

¬Desde su ya ex partido, ¿podrían repetirse los ataques personales que recibió hace unos meses cuando criticó lo sucedido en la FSM, tales como que se va del PSOE porque no tenía un lugar en las listas, o porque está más cerca del PP...
¬Exactamente. A mí esto me parece muy miserable, de pequeño nivel y también ese viejo refrán español que dice que se cree el ladrón que todos son de su condición y que calle por no perder las prebendas, pero no es mí caso, ni lo ha sido nunca. Yo he sido una persona que ha dicho siempre lo que pensaba y, desde luego, nunca me he callado por cuestión de cargos. Yo soy una profesional liberal que me he ganado la vida como abogada y que he tenido siempre mi despacho profesional, al cual vuelvo ahora. Ya estoy dada de alta en el Colegio de Abogados de Madrid y, naturalmente, nunca he estado en la política por los cargos o por una serie de prebendas.

¬¿La formación del nuevo gobierno catalán ha sido la gota que ha colmado su paciencia?, porque usted ya tenía un expediente abierto desde lo de Madrid...
¬Yo ya venía haciendo un planteamiento de oposición a la deriva que está llevando a cabo la actual dirección del PSOE, que no el PSOE en términos generales. Hace unos meses el PSOE a nivel nacional no tenía estos planteamientos que aparecen en el momento que Zapatero asume las posiciones de Maragall y del pacto que se ha firmado con ERC, que llevan a la incorporación de reivindicaciones nacionalistas que nunca estaban en el programa clásico del PSOE. Esto significa un giro copernicano, un cambio a nivel nacional muy importante en el que yo no quiero estar. Yo pienso que es un suicidio político, un desvarío político, un error estratégico de primera magnitud, que el PSOE va a pagar en las elecciones de 2004.

¬¿Por qué cree que Zapatero acepta los planteamientos de Maragall?
¬Porque se ve abocado a ello. En su momento, Maragall le apoya para ser secretario general y ya entonces parece que hay algún planteamiento de posible asunción de alguna posición más radical. Zapatero gana la secretaría general frente a Bono por nueve votos, con el apoyo del PSC. Ahora, tiene que devolver ese favor.

¬También se ha comentado que, en cualquier caso, Maragall hubiera actuado por su cuenta.
¬Sí, Zapatero ha visto que si el PSOE nacional no acepta los planteamientos del PSC, Maragall actuaría por su cuenta, de forma autónoma. De hecho, tiene una posición en el ámbito federal del PSOE muy distinta de las de otras federaciones.

¬¿Qué no le gusta de lo que ha firmado Maragall con ERC?
¬Que ha cedido absolutamente territorio, posibilidades, competencias a ERC para gobernar. Me parece excesivo dar el nivel de jefe de Gobierno a Carod-Rovira, además de todas las competencias sobre inmigración, asuntos lingüísticos, educación y, en definitiva, todas las competencias políticas. Hay quien dice que Maragall se queda de Reina madre y un poco de personaje para los actos públicos, para el protocolo. En mi opinión, quien está mandando en ese tripartito es Carod-Rovira, que el otro día dijo que se encuentra incómodo en el Estado español, porque quiere un estado catalán dentro de la Unión Europea. Dice cosas muy fuertes y esto va a significar un cambio en el modelo de Estado.

¬¿Qué pretende conseguir con el abandono del partido, aparte de su propia satisfacción?
¬Yo creo que lo importante cuando se está en política es decir aquello con lo que no se está de acuerdo, si se trata de un asunto de enorme calado. Yo me considero estafada políticamente porque quien ha cambiado ha sido el PSOE, no yo. Yo entré en un PSOE que no tiene nada que ver con el actual, que está cambiando las reglas del juego sin avisar, porque no ha habido debate. Yo pedí en septiembre un congreso extraordinario que no se ha producido.

¬Pero se celebró la reunión de Santillana...
¬Gracias a Bono y algunos otros que intentaron modular y rebajar planteamientos. Se ve la carta que manda Bono, que es impresionante, es admirable, pero como él dice, citando a Cervantes: «No quiero que me excomulguen, pero yo soy español y defiendo España», y luego dice cuántos estómagos agradecidos, cuántas bocas silenciosas. Él conoce el PSOE mejor que yo y sé que cuando una persona dice lo que piensa en un partido como el PSOE, que es el que yo conozco, te excomulgan. Eso es «estalinismo». Cuando me abrieron expediente, los acusé de estalinistas. Es una burocracia formada por jóvenes intolerantes y que tienen los viejos modos estalinistas.

¬¿Es gratis que Bono haya escrito esa carta tan dura dirigida a Boadella, aunque en realidad era para Zapatero?
¬No es gratis. Él es un hombre muy reflexivo y cuando ha salido con esta carta es que está sufriendo. Él da un mensaje a la ciudadanía, a los votantes del PSOE, en el que dice que va en una dirección que es la que ha tenido siempre.

Gotzone, amenazada
¬¿Considera que el acuerdo de Cataluña tiene algo que ver con lo sucedido en la comunidad autónoma vasca con Redondo Terreros?
¬Yo he hablado mucho con ellos, sobre todo con Gotzone Mora, una persona de una valía extraordinaria a la que están persiguiendo desde el propio PSOE con la amenaza de expulsarla. Todos vimos lo que le pasó a Redondo Terreros... Es inadmisible que a un secretario general de un partido y miembro de la comisión ejecutiva del PSOE a nivel nacional se le persiga hasta desde el punto de vista personal, en un intento de descalificarlo en todos los terrenos. En el PSOE del País Vasco hay de facto una ruptura, un grupo que está con Redondo Terreros, Gotzone Mora, Rosa Díez y con todas estas personas que están dando la cara, y hay otro grupo, que dirige el partido, que son Patxi López y el resto de militantes, y que no están en esa línea.

¬¿No piensa que yéndose ha hecho un favor al PSOE por aquello de que muerto el perro, se acabó la rabia?
¬No creo, porque a un partido político nunca le interesa que se vayan sus activos, personas que han desempeñado cargos y han tenido responsabilidades, personas con credibilidad. Eso no le interesa, porque significa que personas que han estado con responsabilidades ya no están de acuerdo con el planteamiento de su partido.

¬En su opinión, ¿qué futuro le espera al PSOE en las próximas elecciones si no cambia de rumbo?
¬En el final de la carta le pedía a Rodríguez Zapatero que cambie de rumbo por el bien de España y por el bien del propio PSOE, porque como siga por este camino está perdiendo su capacidad de ser alternativa al PP y, además, su capacidad de ser partido nacional y, por tanto, de vertebrar y cohesionar el país.

¡Basta Ya! felicita a los manifestantes del sábado
Carlos Martínez Gorriarán, portavoz de ¡Basta Ya! Vitoria. Cartas al Director ABC 19 Diciembre 2003

Iniciativa Ciudadana ¡Basta Ya! quiere agradecer su apoyo a todos los ciudadanos que acudieron el pasado día 13 a la manifestación contra el Plan Ibarretxe, así como la solidaridad mostrada por muchos que no pudieron estar presentes. La oportunidad de esta movilización ha sido confirmada por las caricaturas de que es objeto por todo tipo de extremistas.

Para algunos, el lema era demasiado blando y complaciente con Ibarretxe, y para otros es un ataque totalitario contra el nacionalismo. Lo cierto es que la manifestación demostró lo que muchos deseamos que se vea en la calle: que la sociedad vasca es plural, y que ciudadanos con ideas muy distintas en algunos asuntos no tienen inconveniente en mezclarse y manifestar su acuerdo en lo esencial, por ejemplo en que el Plan Ibarretxe es un chantaje político. Desgraciadamente, algunos no están a la altura del auténtico pluralismo de la sociedad vasca.

Ciertos dirigentes políticos que asistieron voluntariamente también pretenden ensuciar la imagen de un acto pacífico y colorido describiéndolo como una marcha de fascistas. Olvidan que la pequeña representación de Falange compartió la calle con el grupo no mucho mayor de Unificación Comunista.

¡Basta Ya! hace convocatorias abiertas, que sólo excluyen a los violentos. De lo único de lo que nos responsabilizamos es del lema oficial y de la cabecera de la manifestación. Quienes presentan una parte marginal por el todo, desprecian gravemente a las decenas de miles de vascos constitucionalistas que allí nos manifestamos, y en particular a los muchos centenares de personas amenazadas -populares, socialistas e independientes- y a los colectivos de víctimas del terrorismo que acudieron por primera vez unidos a un acto de estas características. Y si alguien es realmente tolerante y demócrata, ¿cómo puede arrepentirse de haber marchado por la calle con algunas de las personas más decentes, cívicas y generosas de este país?

Aznar dice que los que quieren reformar la Carta Magna aspiran a otro «régimen» y a la «secesión»
Zapatero señala que el camino pasa por las modificaciones y no por las amenazas de cárcel
El presidente del Gobierno, José María Aznar, aseguró ayer que abrir ahora cualquier reforma constitucional provocaría «inexorablemente» la «ruptura de la unidad nacional y del sistema autonómico». En este contexto enmarcó las peticiones de reforma de los estatutos de autonomía. Aznar utilizó la situación de Cataluña para arremeter contra el PSOE, un partido que, a su juicio, por «parcelitas de poder» hace «cualquier cosa». Por otra parte, José Luis Rodríguez Zapatero dijo que un «país se cohesiona avanzando en las autonomías, con reformas, y no con amenazas de cárcel».
Manuel Sotelino - Cádiz.- La Razón 19 Diciembre 2003

La mañana de ayer sirvió para que el presidente del Gobierno, José María Aznar, visitara de forma oficial la ciudad de Cádiz. La visita estaba ya prevista en la agenda del presidente para el pasado día 3 de diciembre, dentro de las celebraciones organizadas en conmemoración de los veinticinco años de la Constitución de 1978.
Sin embargo, el asesinato de los siete militares en Iraq obligó a cancelar el desplazamiento. A primera hora de la mañana el presidente se personaba en el Ayuntamiento para firmar en el libro de honor. Con posterioridad quiso estar en uno de los lugares de más importancia histórica de la ciudad como es el Oratorio San Felipe Neri, donde el 19 de mayo de 1812 se promulgaba la primera Constitución española, la afamada «Pepa».

Allí, abogó por seguir sentando las bases de libertad en la que está cimentada nuestra actual Carta Magna, y advirtió a aquellos que apuestan por una revisión que, con ello, sólo encontrarán «la ruptura». En este sentido, afirmó que «determinadas propuestas no conducen a una reforma sino a un cambio de régimen político».
A su juicio, los caminos «no buscan mejorar el texto constitucional, ni reformar unos determinados artículos, sino un cambio de régimen político», dar por «cancelada una idea de unidad nacional organizada en comunidades autónomas». Aznar cree que ninguna de las razones esgrimidas hasta ahora «justifica abrir el delicado mecanismo de la reforma constitucional». Aunque advirtió que su deber es expresar su opinión para mantener el consenso logrado en 1978. Dijo tener la seguridad de que abrir una reforma constitucional, «conduciría inexorablemente a la ruptura de la unidad nacional y el sistema autonómico».

En el otro acto que tuvo Aznar en Cádiz, un almuerzo con militantes del PP en Jerez de la Frontera, extrapoló sus reflexiones sobre la Constitución a la situación de la política catalana. Así, contrapuso al PP, «garantía» de estabilidad para España, con el PSOE, un partido capaz de hacer «cualquier cosa» con tal de obtener lo que llamó «parcelitas de poder», en referencia al acuerdo firmado por el PSC con ERC. José Luis Rodríguez Zapatero destacó la necesidad de «abrir una etapa de impulso autonómico» en España «que supone modificar y hacer reformas» en los estatutos de autonomía «después de muchos años de vigencia» de estas normativas, y «poner al día» la Constitución, informa Efe. Aseguró a los periodistas que «entendiendo el hecho autonómico y la España plural es como se cohesiona un país y no reformando códigos penales con amenaza de cárceles ni recordando el papel de las Fuerzas Armadas en un estado democrático».

Por otra parte, la coordinadora de Organización del PP, Ana Mato, se ha dirigido al secretario de Organización del PSOE, José Blanco, para ofrecerle acudir juntos, por voz de sus presidentes autonómicos, al Comité de Regiones de la UE con una proposición en la que se deja claro que el Plan Ibarreche es incompatible con el proyecto de Constitución europea. La dirección socialista ha rechazado este planteamiento, lo que desde el PP se atribuye a la «imposibilidad» de unir a todos sus «barones» ni siquiera en un asunto como éste, informa C. Morodo.

EL NUEVO PROVINCIALISMO
EDURNE URIARTE Catedrática de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos ABC (Cataluña) 19 Diciembre 2003

Tras las elecciones catalanas y en plena vorágine de construcción de pactos, no me interesa tanto valorar si ha ganado el nacionalismo o la izquierda, o quién gobernará con quién, sino destacar la percepción de decadencia que he comenzado a asociar con Cataluña. Todos nos hemos empeñado en los últimos meses en diferenciar País Vasco y Cataluña, y sí, es cierto, hay importantes diferencias. Pero también hay un rasgo en común; lo que he llamado el nuevo provincialismo; el nuevo provincialismo del País Vasco, pero también el de la moderna, sofisticada y cosmopolita Cataluña.
Nadie tiene ya dudas de que el País Vasco vive cada día más de espaldas a la modernidad, obsesionado por la búsqueda de raíces y la construcción de una reserva de la «raza vasca» aislada de España y de la contaminación exterior. Pero, ¿y Cataluña? Pues me temo que está cada día más embarcada en un comparable provincialismo reñido con la modernidad, con la sociedad abierta y con la globalización y que ya ha comenzado a tener efectos en su economía y en el vigor de su cultura y sociedad.
Algunos catalanes se molestan en los últimos tiempos cuando advierten que su economía ya no avanza con la misma pujanza que el conjunto de la española, o cuando se comparan con Madrid y observan el esplendor de esa capital a la que siempre habían mirado por encima del hombro. Y esos catalanes buscan explicaciones en los demás, en los «privilegios» de Madrid, en la supuesta balanza negativa de las relaciones de Cataluña con el resto de España. Y probablemente también se indignarán con esta teoría del nuevo provincialismo. Y es que Cataluña está demasiado acostumbrada a ser ensalzada y a ser envidiada y, a diferencia del País Vasco, parece no mostrar ninguna inquietud sobre su futuro.
Y la falta de preocupación, o esa alegría comparativa respecto al País Vasco, no está tan justificada. Y ni mucho menos la trampa de la búsqueda de enemigos exteriores. Cataluña debería esforzarse en mirar dentro, en la propia sociedad catalana, en esa obsesión por construir la singularidad, la diferencia, y en su descuido de la apertura y la relación con el exterior. Porque es ahí donde anida el nuevo provincialismo, la actitud de una sociedad desarrollada, democrática, culta, avanzada en todos los campos, que decide anteponer la obsesión por la identidad al impulso de la modernización. La prioridad es «ser catalanes», realizar la «catalanidad», diferenciarse del exterior, construir una identidad cultural local.
No nos engañemos, es imposible el equilibrio entre la construcción de la identidad particular y la continuación de la marcha en el camino de la modernidad. Los nacionalistas catalanes pretenden constantemente ese equilibrio: se trataría de «ser catalanes» en la sociedad postindustrial. Pero es que la sociedad postindustrial y globalizada se define precisamente por la ruptura de las fronteras de la identidad, por la apertura casi ilimitada hacia el exterior, por la pérdida de identidades locales a favor de la identidad global. Y esta segunda no es peor que la primera. Es simplemente la propia de las sociedades más desarrolladas. Y quienes no deseen incorporarse a ellas se quedan detrás, pierden posiciones a favor de aquellas más abiertas al exterior.
Eso es precisamente lo que está diferenciando Barcelona de Madrid. No hay fantasmas ni conspiraciones centralistas. Se trata de la capacidad de adaptación a las tendencias de la modernidad. Los empresarios de este mundo globalizado prefieren invertir en una sociedad plenamente abierta al exterior como Madrid que en una sociedad deseosa de encerrase en sí misma como Cataluña. Los ciudadanos del mundo, no sólo los de España que quieren desarrollarse profesionalmente se sienten atraídos por capitales del mundo, las capitales de todos, no por las capitales de las comunidades singulares.
El proceso anterior ya ha comenzado a producirse; lentamente, pero ya está aquí. Y no sólo por la responsabilidad de algunos catalanes, sino por la de todos los españoles. Porque toda esta obsesión por la identidad ha sido alimentada entre todos, de una forma o de otra. Y, lo que es mucho peor la incongruencia española es que hemos equiparado la obsesión por la identidad con la modernidad. Si Cataluña y el País Vasco llevan años dedicando esfuerzos a desarrollar la fórmula para ser más «auténticamente» catalanes y vascos y no para ser ciudadanos del nuevo mundo globalizado es porque entre todos se les ha dicho que eso es lo moderno y sofisticado.
La historia es bien conocida, los efectos del franquismo y la equiparación del localismo y de la diferencia con la democracia y el progreso. Llevamos casi treinta años de loas al cultivo de las identidades locales. Es curioso, tanta crítica al provincialismo de nuestra anterior sociedad tradicional, tanto lamento por el aldeanismo de una sociedad de mentalidad rural, y ahora resulta que parecemos encantados con esta construcción del nuevo aldeanismo del siglo XXI. Modernos, aparentemente, pero obsesionados por nuestra aldea, por nuestras costumbres, por hacer las cosas «como siempre se hicieron aquí», concentrados en la reproducción del pasado, real o supuesto, y no en la adaptación al futuro.
Pensemos en la campaña electoral de las elecciones catalanas y en el encantamiento colectivo que, como siempre, han suscitado. Todos preocupados por subrayar que no podemos comparar Cataluña con el País Vasco, que el nacionalismo catalán es democrático y, sobre todo, moderno. Tal ha sido, y sigue siendo, el embelesamiento colectivo que entre todos hemos subido a los altares a Carod Rovira, aparentemente y a tenor de los retratos periodísticos, modelo de líder del siglo XXI; carismático, inteligente, progresista, simpático. ¿Hay alguien que haya deducido otra cosa? Pues bien, estamos ante un líder que ante la pregunta de cómo se define ideológicamente, contesta, que “soy catalán”. Una respuesta de semejante nivel intelectual, y de semejante tufillo populista y excluyente, hubiera suscitado un enorme rechazo en cualquier otro líder o partido. Pero no con ERC, no con el moderno nacionalismo catalán.
Y es que hemos otorgado certificado de progresismo y modernidad a este nuevo provincialismo que define su proyecto político y social en torno a ese objetivo, ”soy catalán”. Es cierto que el nacionalismo catalán tiene diferencias sustanciales con el vasco, sobre todo, el terrorismo. Pero tiene algunos problemas semejantes a éste, como la ausencia de una puesta en cuestión de sus esencias y de su proyecto. Los partidos nacionales no han hecho más que renovarse desde el principio de la Transición, han vivido en el cuestionamiento y en la fragilidad. Eso puede ser duro y angustioso pero también permite la adaptación y la transformación. Protegido y mimado por todos, el nacionalismo catalán parece no haber sentido esa necesidad. Vive encerrado en sí mismo de la misma forma que la sociedad que se esfuerza en moldear. Los efectos se notan. Y no, los culpables no proceden del exterior.
 

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