AGLI

Recortes de Prensa     Lunes  22 Diciembre  2003
Contra el terrorismo, convicción y firmeza
EDITORIAL Libertad Digital 22 Diciembre 2003

Carod-Rovira, sin tapujos
Editorial La Razón 22 Diciembre 2003

Efecto antidemocrático de la Ley
Luis María ANSON La Razón 22 Diciembre 2003

Relevo en Matrix
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 22 Diciembre 2003

¿Pueblos o pueblo
José María Carrascal La Razón 22 Diciembre 2003

Imaz, el poli bueno
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital 22 Diciembre 2003

Nuestra «llamazarización»
Iñaki Ezkerra La Razón 22 Diciembre 2003

El dilema del PSOE
Jorge Vilches Libertad Digital 22 Diciembre 2003

El esperpento está servido
Luis González Seara La Razón 22 Diciembre 2003

PNV
PABLO MOSQUERA La Voz 22 Diciembre 2003

Impotencia
Cartas al Director ABC 22 Diciembre 2003

Ezkerra: «Sabino Arana era un xenófobo, un racista, y el PNV quiere volver a esas raíces»
J. Ors - Madrid.- La Razón 22 Diciembre 2003

La «kale borroka» ha disminuido de forma drástica en los tres últimos años
N. C.MADRID. ABC 22 Diciembre 2003

El entorno familiar predispone a los menores de la «kale borroka» a cometer acciones terroristas
NIEVES COLLI. MADRID. ABC 22 Diciembre 2003
 
Contra el terrorismo, convicción y firmeza
EDITORIAL Libertad Digital 22 Diciembre 2003

Una de las especies propaladas por la izquierda que más hondo ha calado en la opinión pública es la de que la guerra contra el terrorismo, y contra las dictaduras que lo apoyan y lo financian, sólo servirá para exacerbar a los terroristas, para "animarlos" a perpetrar más masacres. La solución al "conflicto" que "provoca" el asesinato indiscriminado de inocentes ha de pasar, supuestamente, por "comprender" los motivos de los terroristas, su "desesperación" ante la "opresión" y las "injusticias" que dicen sufrir por culpa del mundo occidental capitalista. Los ideólogos biempensantes del pensamiento único "progresista" no se cansan de repetir que sólo el diálogo y la aceptación parcial o total de las exigencias de los terroristas podrá poner fin un "conflicto", provocado por la insensibilidad, el imperialismo y la prepotencia de Israel, EEUU y sus aliados.

Sin embargo, la experiencia demuestra más bien lo contrario: contemporizar y dialogar con los terroristas es la vía más segura para perpetuar un problema que, efectivamente, se halla profundamente enraizado en la intolerancia y en la falta de diálogo... de quienes quieren sojuzgar a naciones libres y democráticas con las pistolas, los coches-bomba o las armas de destrucción masiva que puedan caer en sus manos. Como ya hemos dicho muchas veces, cualquier muestra de buena voluntad con los terroristas, además de ser un insulto a sus víctimas y a los familiares de éstas, sólo sirve para reafirmarlos en su estrategia. Desde la lógica de los terroristas, cuando el "enemigo" pide negociar es que está próximo a derrumbarse. Por tanto, lo que "procede" es intensificar el terror y las masacres, obligar al "enemigo" a cometer errores –la célebre espiral acción-reacción– o provocar su hastío ante tanta sangre, hasta obtener la "victoria" final. El ejemplo clásico de esta estrategia terrorista es la Argelia francesa, que ha servido de modelo a todas las "guerras de liberación" que han tenido lugar en la segunda mitad del siglo XX.

Contra el terrorismo, lo hemos dicho muchas veces, sólo cabe hacer acopio de serenidad, de firmeza y, sobre todo, de razones. Pues rara vez se gana una guerra si no se está convencido de que se libra por causas justas. Y por ello, no es extraño que los detractores de EEUU y sus aliados pongan todo su empeño en convencer a la opinión pública de que la guerra contra el terrorismo, especialmente contra las dictaduras que lo amparan y lo financian, es una guerra injusta provocada por mezquinos afanes imperialistas o por oscuros intereses económicos.

Pero la mejor prueba de que sólo combatiendo a los terroristas y a quienes los jalean lograremos preservar nuestras libertades y nuestra prosperidad la tenemos, probablemente, en España. Las conversaciones de Argel, los contactos esporádicos con los jefes terroristas y la "tregua trampa" sólo sirvieron para fortalecer a los etarras y para poner en serio peligro la supervivencia del Estado de derecho. Fue en el momento en que se dejó de barajar una solución "política" y negociada al terrorismo nacionalista y se decidió emplear todos los recursos al alcance del Estado de derecho –y sólo los del Estado de derecho– para combatirlo cuando empezaron a disminuir drásticamente los atentados y la violencia callejera.

Otro tanto puede decirse del terrorismo internacional. Aunque la estrepitosa caída del régimen de Sadam y su posterior captura probablemente no hará desistir de la noche a la mañana a los fanáticos de Al Qaeda, sí ha hecho reflexionar a las dictaduras que los amparan y que les ofrecen bases y financiación: Siria ya se muestra menos beligerante contra Israel y los países occidentales, los ayatollas de Irán aceptan las inspecciones de armamento y el coronel Gadafi desvela voluntariamente sus armas de destrucción masiva ante los ojos de norteamericanos y británicos. Es una muestra de lo que la presión internacional, combinada con la demostración palmaria de lo que les ocurre a quienes no respetan el derecho internacional, puede conseguir; pues sólo la reliquia estalinista de Corea del Norte muestra todavía una actitud desafiante hacia las democracias occidentales.

Y, probablemente, esta es la única política a seguir con Arafat, quien ha despreciado todas las oportunidades que ha tenido de firmar la paz con Israel en condiciones ventajosas para su pueblo. Ayer mismo, Bush incidía en lo obvio: para lograr la paz es preciso deshacerse de Arafat, quien sigue apoyando y dirigiendo a quienes colocan bombas en autobuses, discotecas y restaurantes. Y bastaría, tan sólo, con que la Unión Europea cerrara el grifo de la financiación y retirara la cobertura diplomática al veterano e inveterado terrorista, que a ojos de los europeos todavía representa la imagen romántica del guerrillero que se rebela contra la injusticia y la opresión.

Carod-Rovira, sin tapujos
Editorial La Razón 22 Diciembre 2003

El líder de ERC (Esquerra Republicana de Catalunya), Josep Luis Carod-Rovira, no quiere engañar a nadie. Ni siquiera se apea de sus objetivos, resumidos en la independencia de Cataluña, cuando se apresta a comenzar su trabajo en el nuevo Gobierno catalán, tras su pacto con los socialistas del PSC de Maragall y con los verdes y comunistas de ICV. Así lo afirma en un entrevista con Carmen Gurruchaga que hoy publica LA RAZÓN, en la que el político republicano asegura que no engaña a nadie. Es decir, que cualquier modificación del Estatuto, incluso llegando a la solución propuesta por Ibarreche en su plan de «libre asociación», resultaría insuficiente. «Para ERC ¬insiste¬ el escenario definitivo es otro, es la independencia. Nosotros no engañamos a nadie y así nos declaramos».

Es conveniente recoger su visión actual de España que, según él, «aparece como poco amable con los catalanes porque te pone como sospechoso a cada instante; es un Estado antipático, poco atractivo, que no nos deja otra salida que tener un Estado propio». Esto se ha acentuado, sobre todo, en la etapa del señor Aznar». No hay, pues, trampa ni cartón en las intenciones del flamante «conseller en cap» del Gobierno de Pascual Maragall. Como no la hay a la hora de entender el concepto de que «la solidaridad bien entendida empieza por uno mismo», a la hora de intentar dinamitar el sistema de reequilibrio económico del Estado de las Autonomías y la intención de que el dinero de los impuesto de los catalanes se quede en Cataluña.

Tampoco oculta sus intenciones cuando afirma, en su proyecto de implantar aún más el catalán como lengua hegemónica, incluso entre los inmigrantes, o de discriminar, en lo que parece más un chantaje que otra cosa, a las empresas que suministran a la Generalitat («que es uno de los grandes centros de compra de este país»). Y lo confirma al explicar que, «en este caso, se va optar por aquellos productos o servicios que incorporen también el catalán en su cesta comercial».

En sus manos, en las de sus consejeros en el Gobierno catalán, y él así lo destaca, los socialistas han dejado «todo lo que son sistema educativos y de política social». Y lo han hecho con el público respaldo de Rodríguez Zapatero y el aplauso del presidente del PSOE, Manuel Chaves, que se apresura a pedir su propia Agencia Tributaria para la Comunidad andaluza que preside.

El Plan de Carod-Rovira es tan claro como la obligación que asume el PSOE. Porque si alguien dudaba de que el pacto que ha sentado a Maragall en la Generalitat lleva aparejada la correspondiente factura, el mismo Carod, en sus declaraciones a LA RAZÓN, despeja cualquier posibilidad: «Lo que nosotros sí exigimos, porque nos parece respeto al pueblo catalán, es que los partidos del Gobierno seamos leales al Gobierno. Y para serlo pactamos unos acuerdos determinados y una leyes concretas en el Parlamento catalán. Consecuentemente, los partidos que hemos suscrito este acuerdo vamos a votar lo mismo en el Parlamento catalán, en el español y en el europeo».

En este marco, con este lenguaje, se emitirán sin duda, las facturas que el PSOE tendrá que pagar por su pacto con los independentistas. Demasiado altas parecen a cambio de que Rodríguez Zapatero pueda insistir en su estrategia electoralista y poder decir con una sonrisa en los mítines: «¿Qué mal lleva el PP que haya un presidente socialista en Cataluña!», pero calle ante todo lo demás.

Efecto antidemocrático de la Ley
Luis María ANSON La Razón 22 Diciembre 2003
de la Real Academia Española

Lo que de verdad prima en nuestra mediocre ley electoral es el chantaje de los partidos bisagra. Hoy, en Cataluña, Carod-Rovira se convertirá en jefe de Gobierno y, con el 16 por ciento de los votos, se alzará con casi el 50 por ciento del poder.

Desde 1978, los pequeños partidos bisagra se han multiplicado como conejos, espoleados por nuestro sistema electoral, y han alterado la voluntad popular en Baleares, en Aragón, en Asturias, en Cantabria, en Madrid, así como en centenares de ayuntamientos.

Con una ley como la francesa hoy gobernaría en Cataluña Artur Mas, que ganó las elecciones. Con un sistema mayoritario a doble vuelta, tal vez correspondería a Maragall ese Gobierno pero sin hipotecas de independentistas y comunistas. Ante el espectáculo de la IV República francesa, que rozaba las fronteras de la desgobernabilidad, Charles De Gaulle estableció una ley electoral que, con algunos matices, no supimos adoptar en el comienzo de la Transición. Y ahí están los lodos derivados de la incompetencia, la ligereza y la pusilanimidad de los que no supieron establecer un sistema electoral moderno y democrático.

El chantaje en Baleares o Cantabria es lamentable pero no afecta a la estabilidad constitucional de España. El de Cataluña, sí. Esquerra Republicana se ha permitido poner de hinojos y babeando al PSOE y a Convergencia para repartir sus favores al antojo de Carod-Rovira, que se ha quedado con parcelas de poder para las que no le habían votado los catalanes. Las empleará sin contemplaciones para incrementar sus votos en las próximas elecciones, para lanzar un órdago a la Constitución lo antes que pueda. Hay precedentes en los años treinta.

Cataluña
Relevo en Matrix
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 22 Diciembre 2003

Se marcha al fin, entre el elogio unánime. Pero hay que estar aquí, conocer los códigos sutiles, el divorcio sociológico, el pesebre patriótico para hacerse una idea de la estela que deja. Veinticuatro años de clientelismo y un intervencionismo asfixiante han instalado el miedo reverencial y un estricto sentido de lo correcto.

No ha dejado de repartir certificados de catalanidad, ni de comprar o sentenciar a quien pudiera estorbar su idea de Cataluña, caprichosamente diseñada a la medida de su imaginación y de sus muchos complejos. En esa idea nunca cupo la ambigüedad o el matiz ni, muchísimo menos, la discrepancia respecto a ciertas señas de identidad, lo bastante simples como para facilitar el acceso a su Matrix particular a cualquiera que lo deseara. Esta facilidad de adscripción se ha confundido con la generosidad, pero basta con leer alguna obrita suya previa a la toma del poder para hacerse una idea exacta del desprecio que sentía por el inmigrante, a quien llegaba a negar incluso el alma. Como un dios oportuno, él se la iba a dar.

En Matrix impera la línea clara, y los grandes nombres catalanes cuya sombra podía revelar la engañifa fueron meticulosamente sometidos al olvido. Por diversas razones, no siempre fáciles de entender, le desagradaban Pla, Foix, Espriu, y el vacío se hizo sobre ellos. A pesar de haber dejado una obra en catalán homologable con cualquier gran literatura del mundo. El nombre de D’Ors le producía urticaria. Así que no defendía la cultura catalana sino la parte de ésta que encajaba en su cama de Procustro. Tampoco soportaba a Dalí, pero su condición de icono de masas le impedía borrarlo del programa. Cataluña, que tiene una indudable condición cosmopolita, se convertía en sus manos en la patria plana del Barça y el excursionismo.

Su sentido patrimonialista del poder ha permitido que florecieran la corrupción y el amiguismo sin tener que pagar un precio por ello. Ventajas de ir cubierto con la bandera. Todo parecía tan natural que nadie se escandalizó cuando él mismo dio la pista de los incontables negocios montados por su familia a la sombra de los naranjos. Si no se arredró ante el nepotismo, menos aún en el manejo de competencias (prisiones, por ejemplo) como un reyezuelo que administra o intercambia favores.

La normalización del independentismo en Cataluña, su actual penetración en ambientes universitarios, es el lógico resultado de su forma de entender la educación, que él jamás ha distinguido del adoctrinamiento. Tarradellas, hombre prudente, siempre desconfió de él. Nos deja una Cataluña ensimismada donde los no nacionalistas nos sentimos incómodos y frecuentemente insultados por los medios de comunicación bajo su control directo o indirecto, que son casi todos. Hasta el mismísimo Carod tiene una visión de la sociedad catalana más justa y objetiva que la suya.

Dice el diario de referencia de Matrix que sólo los mezquinos dejaremos de reconocerle su grandeza. Acaso a algunos nos haya vuelto mezquinos la larguísima tensión a que nos ha obligado el tener que mantenernos a salvo de su lógica de premios y castigos. Por fin se va. Puedo decir con satisfacción que ni un solo día en estos veinticuatro años ha logrado el brujo penetrar mi conciencia.

¿Pueblos o pueblo?
José María Carrascal La Razón 22 Diciembre 2003

Emotivo el mensaje de Pasqual Maragall al tomar posesión de la Presidencia de la Generalitat. Algunos lo considerarán incluso generoso. No tendría inconveniente en unirme a tales elogios si no fuese por un plural que convierte toda generosidad en rapacidad. Maragall ha ofrecido el apoyo catalán a «los pueblos» de España. ¿Es que no existe el pueblo español? Parece que, para él, como para bastantes otros, en efecto, no existe. El pueblo español es una entelequia, una ficción, un espejismo. Lo que de verdad existe es el pueblo catalán, el pueblo vasco, el pueblo castellano, el pueblo gallego, el pueblo andaluz, el pueblo asturiano, el pueblo canario, y así, hasta completar el variopinto mapa de nuestro Estado de las Autonomías. No se asusten, no se enfaden. Les hemos dado razones para pensar tal cosa. España, nos hemos cansado de decir, no es una nación, es una «nación de naciones», un conglomerado de ellas. Lo que da a entender que las verdaderas naciones son cada una de las partes que componen ese conglomerado, algunas de las cuales no tienen el menor rebozo en proclamarse naciones y en negar tal condición a España. Por el camino que vamos, pronto lo harán todas. Y si la nación española no existe, lo lógico es que no existan los españoles. Es de lo que se trata, de que volvamos a los tiempos en que la península Ibérica estaba formada por reinos perfectamente diferenciados y no demasiado amigos entre sí. No estoy haciendo ninguna gracia, la cosa no está para gracias. Figura en el programa de más de un partido político, alguno de ellos al frente de sus respectivas comunidades.

Que los nacionalistas nieguen que España sea una nación, que no reconozcan la existencia de los españoles como pueblo, no debe extrañarnos. A fin de cuentas, todo su andamiaje político se funda en ese supuesto. En el momento que reconocieran la existencia de la nación española se vendría abajo la nación particular que persiguen. Como en el momento que admitiesen la existencia de un pueblo español, lo único que podrían reclamar serían modalidades regionales de tal pueblo, todo lo diferenciadas que quisieran, pero nada más que variaciones de una personalidad común, forjada por la historia, la geografía, los usos, las costumbres, la sangre, la cultura, los cruces, las luchas, los hermanamientos, los éxitos y desgracias a lo largo de los siglos. Que los nacionalistas, repito, quieran negar la existencia de un pueblo español no debe extrañar en absoluto. Es su oficio. Lo malo es que lo niegue Pasqual Maragall. Y más grave todavía que, poco después, fuera José Luis Rodríguez Zapatero quien, en un alarde no sabemos si de desesperación o irresponsabilidad, se congratulase del apoyo que el nuevo presidente de la Generalitat ofrecía a «los pueblos» de España. La pregunta más inocente que, ante ello, se me ocurre es: ¿Qué ha sido del Partido Socialista Obrero Español?

PNV
Imaz, el "poli" bueno
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital 22 Diciembre 2003

La elección de Josu Jon Imaz para presidir el Euzkadi Buru Batzar (EBB) permitirá a los amigos del PNV hablar de las dos caras del partido, al igual que los kremlinólogos festejaban a cada nuevo secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética como aperturista. Y para reafirmar esta pintoresca opinión se mostrará a su adversario vencido, a Joseba Egibar, el burukide que dijo que España le daba más miedo que ETA y que ha sido uno de los enviados habituales del partido en las reuniones con los etarras. En consecuencia, añadirán quienes desean hacer méritos para recibir el premio de Amigo de los Vascos, Madrid debe olvidar su cerrazón mesetaria y tender una mano al nuevo dirigente.

La misma reacción se produjo cuando el PNV presentó por primera vez a Juan José Ibarretxe como candidato a lendakari. Entonces se dijo que Ibarretxe era un economista sin vocación política, más dúctil y comedido que Javier Arzallus. La juventud y la labor gubernamental de Imaz inducirá a más de uno a creerse que el nuevo presidente del EBB es un hombre dialogante. Probablemente, ni la terquedad de los hechos hagan cambiar de opinión a estos profetas. Imaz, que cumplió los 40 años en septiembre, ha ascendido tan deprisa en el PNV porque ha colaborado en la implantación de la línea separatista y la alianza con ETA planteada por Arzallus y Egibar. A la vez, ha apoyado el plan de Ibarretxe.

Pero la sustitución de Arzallus supone todo un relevo generacional en el PNV. A partir de ahora, los principales cargos en el partido y en la Administración que éste gobierna están desempeñados por una nueva generación. Aparte de Ibarretxe y de Imaz, están Íñigo Urkullu, presidente del Bizkai Buru Batzar, José Luis Bilbao, presidente de la Diputación de Vizcaya, y Andoni Ortuzar, director general de la televisión EITB. Todos ellos tienen en común su edad, entre los 40 y los 50 años, y sus orígenes. Son personas que han vivido en y del partido desde la adolescencia. Las cuadrillas de amigos, los bares de poteo, las novias, los trabajos... Todas sus relaciones sociales y laborales dependen del PNV, un partido-comunidad que acoge desde la cuna hasta la tumba.

A diferencia de Arzallus, Garaikoetxea o Iñaki Anasagasti, los nuevos dirigentes del PNV no han vivido nunca en una sociedad en la que hayan sido minoría ni han tenido que convencer a los demás. Eran jóvenes cuando sus padres se adueñaron del País Vasco y ahora lo heredan. Son incluso más fanáticos que sus mayores; José Luis Bilbao, por ejemplo, llamó “guarros” a los miembros de ¡Basta Ya! que en diciembre de 2002 participaron en una manifestación contra ETA.

Por otro lado, desconocen completamente la realidad hasta el punto de que nunca han estado en paro; nada más terminar los estudios universitarios empezaron a trabajar en organismos oficiales o en empresas que contrataban con la Administración. Semejante aislamiento, común en todas las oligarquías partidistas, como las nomenklaturas comunistas y la dictadura iraquí, conduce a que cometan barbaridades con tal de mantenerse en el poder; en unos casos la invasión de Afganistán o la guerra contra Estados Unidos, y en éste el pacto con ETA.

Sin duda, los burikides creen que sus vecinos les están muy agradecidos por todo lo que hacen por Euzkadi, de la misma manera que creen que las empresas vascas exportan el 70% de su producción, como les indicó Arzallus en una célebre entrevista. Por eso, ellos, que no tratan con clientes de Madrid ni de Zaragoza, ni de Málaga, piensan que pueden desprenderse de Maketania. Cuanto más corren hacia una meta que adivinan cercana, más asustan a numerosos profesionales y empresarios; quizás éstos les pongan la zancadilla.

Nuestra «llamazarización»
Iñaki Ezkerra La Razón 22 Diciembre 2003

Está claro que en la política y en la vida en general no existe enemigo pequeño y que no hay que subestimar ni al que parece más tonto ni al que, de hecho, es más tonto pues cuando menos te lo esperas puede encontrar aliados y montártela parda. Uno siempre se había reído con las idioteces de Llamazares, con sus apreciaciones rabiosamente opuestas al sentido común, con sus alegorías desproporcionadas, sus incendiarias salidas de tono, y ahora resulta que ya se las imita medio Congreso de Diputados, incluido López Aguilar, que el jueves comparaba con Idi Amin a un Aznar que deja de forma voluntaria el poder y que sólo se quería ir a casa con su carterita y con los deberes bien hechos. Podían habérsele discutido a Aznar esos deberes suyos, sus retoques al Código Penal y el modo de traerlos, pero dejando claro que lo que se discutía era la eficacia frente a ese Plan Ibarretxe y a ese Plan Maragall que son las amenazas más graves que se han diseñado contra el invento democrático y nuestra convivencia.

Por mal que lo haya hecho el PP, el PSOE no podía dejarle solo y ponerse del lado de la demagogia de Izquierda Unida ni de los secesionismos vasco y catalán. No debía permitirse lo que se permitió en la que ha sido la sesión más rocambolesca, catastrófica y deprimente de toda la historia de nuestra joven democracia. La pancarta de Llamazares ¬«Todos a la cárcel»¬ definía perfectamente la situación. En efecto, Llamazares es un personaje escapado de una película de Berlanga y lo que logró Zapatero al sucumbir a la tentación de pegarse a esa pancarta fue escenificar una de aquellas bulliciosas y caóticas asambleas universitarias de los años setenta donde se aplaudían los gritos más absurdos a favor de la Dictadura del Proletariado, la Revolución Permanente y lo que hiciera falta. El debate político en España tiene hoy el tono de una asamblea universitaria de la Transición en la que se coreaba al camarada «que venía de luchar en la recogida del tomate» y se linchaba por «chivato» y «esquirol» al empollón que no quería la huelga.

Yo creo que la inmensa mayoría de la sociedad española no ha entendido este plante al PP y experimenta desconcierto ante una Oposición que lleva la felicidad a los batzokis y a los pisos francos de ETA, ante un PSOE que se opone al referéndum de Ibarretxe a la vez que celebra el de Maragall y Rovira imitando las erráticas incoherencias de IU, que dice que el Plan Ibarretxe no es su plan y conserva a Madrazo en el Gobierno vasco. La «llamazarización» de la vida española es un hecho irrebatible. Hoy Llamazares ya puede ser cualquiera, encarnarse en quien menos te lo esperas. López Aguilar ha dicho que Aznar es como Idi Amin. Lo siento, Aguilar, pero esa chorrada no es tuya. Una cosa así sólo se le ocurre a Llamazares.

Hoy como ayer
El dilema del PSOE
Jorge Vilches Libertad Digital 22 Diciembre 2003

Es preocupante. Cuando la izquierda española se ha encontrado en una encrucijada, en un dilema que ha afectado de forma vital a la vida política española, a su libertad o a su democracia, ha fallado. Entre defender o salvaguardar las instituciones, o dar un paso adelante para intentar derrotar a la derecha, sin reparar en medios y formas, la izquierda no ha dado un paso adelante, sino un salto olímpico. Repasemos.

Se trata de una constante en la izquierda española contemporánea. Los exaltados del Trienio Liberal (1820-1823) prefirieron la confrontación con el Rey y los absolutistas, con los moderados y la mayor parte de los españoles, antes que atender a las demandas que en España y desde algunos países europeos se hacían para templar el envite revanchista y el radicalismo. No lo hicieron, sino que apretaron las clavijas, y los españoles acompañaron a las tropas francesas en su persecución de los exaltados en 1823. Tampoco quedó contenta la izquierda con el Estatuto Real de 1834 y el talante liberal de María Cristina: asesinatos, insurrecciones, chantajes, conspiraciones... Finalmente, al ver que perdían las elecciones de julio de 1836 dieron un golpe de Estado, en La Granja, el conocido como “La sargentada”. El progresista Mendizábal compró a la tropa que guardaba el Real Sitio, y que obligó a punta de pistola a María Cristina a restablecer la Constitución y a nombrar un Gobierno progresista. Y en 1840, la izquierda liberal se levantó en armas contra la legalidad constitucional porque les disgustaba la Ley de Ayuntamientos. Si la legalidad no gusta, se rompe. Y Espartero, el Regente progresista, bombardeó la progresista Barcelona en 1842 y despreció a la progresista mayoría parlamentaria para formar Gobierno. Claro que, así acabó: huyendo en un barco mientras pesaba sobre él un decreto del progresista Gobierno López, para que el primero que le encontrara le fusilara por traidor. Y con Isabel II se inventaron la cantinela que la izquierda española ha tenido toda la vida: hay un poder oculto o fáctico, ajeno a los mecanismos legales, que impide a los “verdaderos representantes del pueblo” llegar al poder; es decir, a ellos. Antes era la “camarilla” y hoy es la “Brunete mediática”. Como cuando Felipe González perdió las elecciones en 1996, y le echaron la culpa a los medios de comunicación que habían aireado los casos de corrupción y el GAL. En fin, así entienden la libertad y la democracia.

Y podríamos seguir con lo que hizo la izquierda en el Sexenio revolucionario (1868-1874): los republicanos se insurreccionaron contra la primera Constitución democrática de España, la de 1869, y la más avanzada de Europa; y los progresistas amenazaron en 1872 a Amadeo I de Saboya con levantarse en armas, porque, constitucionalmente y siguiendo la mayoría parlamentaria, había encargado a los conservadores que formaran Gobierno, y no dudaron en forzar su renuncia al Trono en febrero del año siguiente. ¿Y para qué hablar del desastre absoluto de la República de 1873? Y el PSOE, nacido en 1879, en plena Restauración, ese régimen “autoritario” y “clerical”, defendiendo la “dictadura del proletariado” en su programa máximo casi hasta la muerte de Franco. Pero ya se sabe, la “dictadura del proletariado” y la libertad… primos hermanos. Luego vienen los hombres del 98, que crearon la memez de la España trágica y fracasada que aún hoy sufrimos, y de la que se alimentan los nacionalismos periféricos. El siglo XX es el momento en el que la izquierda inauguró su particular santoral “cremallera”, de un socialista, un republicano, y esto sin citar a la sacrosanta Institución Libre de Enseñanza. Al frente del sanedrín San Manuel Azaña, poeta excelso, político inmerecido, que para algunos es como Gardel, cada día pronuncia mejores discursos. Sí, pero golpista, y desleal, y falso.

El gran ejemplo histórico es la intentona revolucionaria de 1934 contra la segunda República. El PSOE y ERC, hoy socios en Cataluña, qué casualidad, se levantaron contra el Gobierno legítimo y constitucional del Partido Radical y la CEDA. Porque no hay democracia ni libertad si la izquierda no gobierna y, por tanto, se debe hacer lo posible, y pactar con quien sea para lograrlo. Los socialistas, como los progresistas antes y luego los federales, creían que la República era su gobierno exclusivo; que el que otro partido estuviera en el poder era una usurpación. No importaba provocar una guerra civil, incluso alguno jugaba con ella, como Largo Caballero.

El PP se presenta como un muro difícil de franquear por su fortaleza organizativa, su unidad discursiva y su previsibilidad, cosas que agradece el electorado. La respuesta del PSOE, consciente de su debilidad, es la que ha tenido siempre la izquierda española: no hay ley, institución o pacto que limite las propuestas y el comportamiento necesarios para acceder al poder y derrotar a su adversario. Si creen que pueden ganar algo planteando la ruptura de la Constitución y del Estado de las Autonomías, aunque con ello se trunque nuestra democracia, lo harán; de hecho, alguno lo está proponiendo.

El esperpento está servido
Luis González Seara La Razón 22 Diciembre 2003

Al perecer, en la política española no caben intervalos prolongados de lucidez. En cuanto se alcanza un aceptable nivel de racionalidad y bienestar, como el que actualmente hemos conseguido, se dispara un impulso destructivo, capaz de movilizar unas energías muy superiores a las desplegadas en el trabajo creador. Se trata, una vez más, de oponer la fe a la razón, aunque la fe que ahora alborota las conciencias es la del nacionalismo sanchopancesco y aldeano, y no la del quijotismo utópico.

Todavía en el PNV, como el privilegio feudal del concierto les proporciona ya notables ventajas económicas, caben alusiones pseudo-románticas a las praderas primigenias de la tribu y programas de limpieza animal y étnica, empezando por la gallina vasca. Pero en el nacionalismo catalán, incluido el propio PSOE, la meta más inmediata es la nacionalización de todas las agencias, huchas y cepillos, con el santo propósito de que ni un solo euro traspase las fronteras de Cataluña. Ni un solo euro, ni una sola gota del agua del Ebro para el conjunto de españolistas y charnegos varios que habitan extramuros de la gran fortaleza progresista que Maragall quiere levantar, resulta ser el más extraordinario programa socialista que se pudiera imaginar.

Yo no sé muy bien cómo Zapatero va a conciliar tales medidas del socialismo nacional maragalliano con su retórica de la solidaridad y la cohesión. Jamás se ha visto que un proyecto tan reaccionario como el social-nacional de Ezquerra y el PSC pueda encajar en la democracia avanzada y el Estado redistribuidor que define una ideología de izquierdas. Claro que el disparate se incrementa con la idea de Chaves de su propia Agencia autonómica para Andalucía. España entera ha contribuido a pagar el PER, que mantiene al PSOE en el poder andaluz desde los días de la Santa Transición.

Ahora Chaves aspira a lo mismo que Maragall, pero se olvida de que el PER y otras gabelas vienen de fuera, especialmente de Madrid, Comunidad Autónoma. De modo que, si el modelo prospera, y todos se atrincheran en el numantinismo financiero de una Agencia Tributaria que monopoliza los ingresos propios y no cede nada al vecino, podemos derogar tranquilamente la Constitución en todo lo que se refiere a la democracia avanzada y la remoción de obstáculos para avanzar en la igualdad y la solidaridad. Maragall ha dicho que si, en Madrid, no siguen su gran proyecto innovador, el drama está servido. Todavía no sabemos si el drama hay que entenderlo como una tragedia o una comedia.

En realidad, los españoles hemos sobresalido más en la comedia que en la tragedia, y tal vez nuestro género dramático preferido haya sido la tragicomedia, desde La Celestina acá. Sin embargo, en este caso, tal como han empezado a representar y moverse los protagonistas en el escenario ibérico, tal y como se está disparando la insensatez de buena parte de la clase política, lo que está servido es un esperpento. Y que nos perdone Valle Inclán.

PNV
PABLO MOSQUERA La Voz 22 Diciembre 2003

ES MÁS que un partido. Es el partido vasco que representa la historia política del pueblo vasco, derechos, diáspora y conflictos con los Estados.

Dije que ganaría Imaz, que Arzalluz se iba, que llegaba la generación de Ibarretxe. Digo que Imaz garantiza el control de Ibarretxe sobre todos los resortes del poder. Que no habrá crisis en el PNV. Que el plan de soberanía es el punto de encuentro para que toda la familia nacionalista concurra a las próximas elecciones bajo las siglas del PNV. Que el PNV puede ganar por mayoría absoluta y lograr recuperar el espacio que tuvo Garaicoetxea, quien rompió con el PNV precisamente por lo que ha logrado Ibarretxe. Partido y Gobierno bajo la autoridad del lendakari.

No seamos optimistas. Imaz no será, ni más ni menos, proclive al diálogo. Hará lo que Ibarretxe mande. Lo mismo que lo hace Atutxa. Hoy, aquel alcalde de Llodio, que Ardanza rescató para la política vasca, para que Eguibar no se hiciera el amo del futuro, con un perfil de «chico de los recados» se ha convertido en el guía del pueblo vasco, tras ganar unas elecciones que parecían perdidas. A partir de esa fecha del 2001, la estrella de Oreja se apagó y la estrella de Ibarretxe se puso a lucir con fuerza creciente.

El PNV es lugar para la tradición de un pueblo conservador, tradicionalista, religioso practicante, romántico, capaz de cambiar la historia por el mito. Dado a resolver sus problemas vecinales por la tremenda. Emprendedor y cooperativista.

Arzalluz ha perdido las elecciones en el seno de «su partido». A pesar de haber apostado, sin la habitual ambigüedad, por un guipuzcoano que era el heredero de una manera de ser nacionalista, y la autoría del pacto de Lizarra con el mundo batasuno.

¿Quiere decir esto que Ibarretxe-Imaz, no harán pactos con Batasuna? En absoluto, pero de otra manera. A los batasunos no les queda más remedio que apostar por el plan de Ibarretxe, tras los sucesos que han puesto a toda la comunidad internacional colaborando para terminar con el terrorismo, que era la vanguardia del soberanismo.

Importante la entrevista entre Maragall e Ibarretxe. Traerá cola en los acuerdos entre PP y PSOE, por la influencia que tendrá en la política del PSOE nacional con respecto a las modificaciones del bloque constitucional. Mientras CIU pierde poder e influencia en Cataluña, el PNV está ante una nueva etapa que dará mucho juego y esperanzas.

Impotencia
Cartas al Director ABC 22 Diciembre 2003

Tuve la suerte de ser testigo, cuatro de los cinco días, del juicio a Ibon Muñoa, uno de los asesinos de Miguel Ángel Blanco -y pongo un énfasis especial en esto de «asesino»-, y durante todas las sesiones sentí una tremenda impotencia. Impotencia por tener a un asesino a menos de dos metros y no poder decirle nada, impotencia por tener sentado a mi lado a algún familiar o amigo de ese asesino, a la madre y a la hermana de Miguel Ángel Blanco y no poder hacer nada por calmar su dolor y su rabia. Impotencia es la palabra. Tanto es así que aplaudí como el que más cuando el padre de Miguel Ángel, en un acto más que humano, no pudo contener su rabia y llamó a Ibon Muñoa por su verdadero nombre: asesino. Y encima, luego, Miguel, que así se llama el padre, tenía cargo de conciencia por decir lo que dijo: una gran verdad.

La impotencia antes citada se vio incrementada el último día del juicio oral cuando, al finalizar, haciendo uso de su última palabra, este asesino leyó un comunicado en el que, entre otras muchas barbaridades dijo, y cito textualmente: «Comprendo que los familiares de Miguel Ángel Blanco quieran que me pase el resto de mi existencia en la cárcel, porque esa sensación también la he sentido yo cuando morían compañeros y compañeras por el conflicto».

¿Cómo se puede comparar la muerte de unos asesinos con la muerte de un inocente cuyo único delito era el pertenecer a un partido democrático y el de defender la libertad? ¿Es comparable una muerte con otra? En fin, esta gente es así.Pero, gracias a Dios, me quedo con lo bueno de esos duros días, que es el haber podido conocer a la familia de Miguel Ángel Blanco, y muy en especial a Mari Mar, su hermana. Fue para mí y para los que asistimos a la Audiencia Nacional un ejemplo de entereza y fortaleza.

Espero no tener que asistir a más juicios como éste, porque eso significara que ha triunfado la coherencia, y lo que es más importante, la libertad.      Diego Carril Rodríguez-Casanova.    Madrid.

Ezkerra: «Sabino Arana era un xenófobo, un racista, y el PNV quiere volver a esas raíces»
El escritor indaga en un libro sobre la raíz totalitaria del ideólogo del nacionalismo vasco
Desde hace tiempo, el escritor Iñaki Ezkerra tenía ganas de estudiar en profundidad el legado de Sabino Arana, ideólogo del nacionalismo vasco. «Siempre me había parecido un desconocido», afirma Ezkerra en esta entrevista. Curiosamente, resalta, «al PNV no le interesa difundir su obra». Una obra, añade, de la que «no hay nada salvable». Así se puede leer en el libro «Sabino Arana o la sentimentalidad totalitaria», un documento polémico y clarificador que denuncia cómo el País Vasco lleva recogiendo durante más de tres décadas lo que Arana empezó a sembrar hace más de cien años.
J. Ors - Madrid.- La Razón 22 Diciembre 2003

El origen de «Sabino Arana o la sentimentalidad totalitaria», editado por Belacqva, está en una tertulia a la que había acudido José Antonio Ardanza. Allí, el periodista y escritor Iñaki Ezkerra (Bilbao, 1957) le escuchó decir que «el nacionalismo no era una cosa de ideas, sino de sentimientos». Ése fue el impulso que Ezkerra necesitaba para escribir una biografía sobre el padre del nacionalismo vasco. «Creen que ellos son los únicos que tienen sentimientos, y no reparan en que también hay malos sentimientos, y eso es lo que hay que reprimir», declara el ensayista, quien intenta penetrar en su libro en el pensamiento de Arana, en sus tintes nacionalistas, en cuál es la herencia que ha dejado al País Vasco y en algunos membretes que caracterizan el comportamiento del Partido Nacionalista Vasco.

-¿Por qué ahora la vida de Sabino Arana?
-Tenía ganas de encararme con él. Siempre me había parecido un desconocido. Al PNV no le interesa difundir su obra. Arana ha quedado protegido. Se oculta su legado y se difunde su figura. Quería saber si hay algo bueno en él, como escritor o como ciudadano. Si había algo salvable.

-¿Cómo era?
-Estaba lleno de odio y xenofobia. El PNV debería habeme pagado por ahorrar al lector el sufrimiento de la lectura de sus obras... Tragarme ese rollo. Es difícil decirlo de alguien, pero en él no hay nada salvable. Él no sabía amar al País Vasco sino odiando a un enemigo imaginario. Sólo imaginando que se lo querían quitar unos fantasmales enemigos.

-Usted se queja de que su figura haya sido acogida en la democracia sin ningún reparo.
-Sabino Arana se ha beneficiado de la persecución del franquismo, pero no quiere decir que no sea dogmático. Creo que en la Transición se temía la inestabilidad y se creía que esa amenaza partiría de los partidos de signo obrero. Por eso se pactó llevarse bien con el PCE y el PSOE; esos partidos hicieron una revisión de su pasado. Al PNV no se le exigió porque era un partido burgués y católico, y se pensaba que no iba a traer problemas. Pero como decía Hannah Arendt, el fascismo es la radicalización de la burguesía, que es lo que está sucediendo en el País Vasco. La gente sin conciencia política está siendo movilizada. Hay una militarización de la vida diaria que alcanza hasta las actividades lúdicas.

-¿Cómo percibe este centenario?
-En una sociedad normal nadie reivindica el racismo. Se ha celebrado este centenario colocando una estatua en el País Vasco. Hay un regreso a Sabino Arana. Una reivindicación de él que no es inocente. Se quiere volver a esos orígenes. La carga de odio de Sabino Arana ya explica ETA. Él era un racista y un xenófobo. Era un defensor de la lucha armada, un integrista.

-¿Dónde queda el liberalismo en el PNV, si se han vuelto a los postulados de Arana?
-El PNV nunca ha sido liberal. Lo que sobrevive en el PNV es el integrismo puro y duro. Dios y leyes viejas es el lema del PNV, el partido de Dios. Es un Hezbollah. Para el PNV y Sabino Arana, la democracia es una estrategia para alcanzar la independencia.

-¿Por qué en este tipo de reivindicaciones políticas siempre se apela a postulados antropológicos?
-Los antropólogos son muy peligrosos para el País Vasco. El nacionalismo es el primer interesado en llegar a la antropología. Se aprovecha del desdén intelectual hacia estos principios y no se preocupa de la ideología. Se sustrae de las ideas y pasa a la antropología. Lo que pretende es ver si se puede ser primero nacionalista, y luego todo lo demás, como si fuera una base para todas las demás posturas políticas. El «pensamiento» político del nacionalismo es grotesco y grosero. Es la peor herencia del integrismo español. Hay que enterrarlo. Nopuede ser que los demás renunciemos a ciertos sueños y el nacionalismo vasco no.

-¿Qué opina del arrepentimiento final de Arana?
-No existe semejante arrepentimiento. Cree que van a ilegalizar el PNV. No está arrepentido. El PNV de la Transición admite todo y luego se rebela. Es una estrategia, una mentira. La táctica es sobrevivir políticamente. Sabino se echó para atrás porque si no moría.

La «kale borroka» ha disminuido de forma drástica en los tres últimos años
N. C.MADRID. ABC 22 Diciembre 2003

Las medidas de internamiento junto con el cobro a los padres de la responsabilidad civil por los daños que causan sus hijos son las herramientas más eficaces

Las memorias anuales elaboradas por la Fiscalía de la Audiencia Nacional ponen de manifiesto el importante descenso en los últimos años de las acciones de terrorismo callejero. Según los datos estadísticos que manejan Ministerio del Interior y Fiscalía, de las 581 acciones de «kale borroka» registradas en 2000 -año de mayor intensidad de este fenómeno-, se pasó a 552 en 2001, tendencia a la baja que se mantuvo en los años siguientes: 448 en 2002; y 142 entre el 1 de enero y el 30 de noviembre de 2003.

En cuanto al número de detenidos, ya sean mayores o menores de edad, las cifras que maneja Interior hablan de un total de 159 jóvenes de la «kale borroka» detenidos en 2002; de 185 al año siguiente; y de 54 hasta el 30 de noviembre de 2003. La mayor parte de ellos actuaban en Guipúzcoa, que es también la provincia más castigada por el terrorismo callejero, y su captura se produjo sobre todo a manos de la Ertzaintza.

Así, en 2001 en Guipúzcoa hubo 54 detenciones, frente a las 72 de 2002, y a las 18 de 2003. En Vizcaya, fueron 37 los jóvenes detenidos en 2001; 55 en 2002 y 28 en 2003; en Álava, 25 en 2001; 12 al año siguiente y 3 este año. En Navarra fueron 39 los terroristas urbanos detenidos en 2001; 22 los capturados en 2002 y 4 en 2003. También se produjeron detenciones en Madrid: 4 en 2001; 24 en 2002 y una hasta el 30 de noviembre de 2003.

En la actualidad, y volviendo a centrar las cifras en los menores de edad, en el centro de internamiento «Los Rosales» (Madrid), destinado a los jóvenes acusados de delitos graves (como son los de terrorismo), sólo hay cuatro internos ya condenados por acciones de «kale borroka».

Una ley eficaz
Tanto las memorias de la Fiscalía de la Audiencia Nacional como fuentes de su sección de menores coinciden al atribuir en parte el descenso a la efectividad de las medidas establecidas en la ley del Menor. Hay que decir que esta norma específica se aplica también a aquellos jóvenes que, siendo ya mayores de edad penal (es decir, mayores de 18 años) en el momento de su detención, cometieron los hechos cuando aún eran menores. Otro factor importante es la propia estrategia que marque la dirección de ETA, que ha hecho uso de la «kale borroka» en función de sus necesidades y objetivos.

Pero, volviendo a la efectividad de las normas en vigor, los expertos están convencidos del éxito de la ley del Menor como herramienta de prevención del delito. Al hacer este análisis, vuelven a incidir en el fundamental papel que juegan los padres.

El año 2001, el de la puesta en marcha de la sección de menores en la Fiscalía de la Audiencia Nacional, fue uno de los que registró un mayor número de actos de «kale borroka». Al año siguiente, 2002, la disminución fue «drástica». Los expertos están convencidos de que los padres han empezado a ejercer un control mucho más férreo sobre sus hijos desde el momento en el que han comprobado cómo los Tribunales les reclaman el pago de las responsabilidades civiles, es decir, el reembolso de los daños provocados por sus hijos con la quema de cajeros automáticos, cabinas de teléfono, concesionarios de automóviles, autobuses urbanos o con el lanzamiento de «cócteles molotov» contra las viviendas de concejales no nacionalistas o la sede de los partidos políticos en los que militan.

El entorno familiar predispone a los menores de la «kale borroka» a cometer acciones terroristas
NIEVES COLLI. MADRID. ABC 22 Diciembre 2003

Los progenitores no les animan a sumarse a la «kale borroka» pero tampoco se manifiestan en contra. Así, atentados y sabotajes se convierten en algo normal

Han quemado cajeros, lanzado «cócteles molotov» contra establecimientos públicos y privados así como al interior de la vivienda de más de un concejal no nacionalista, han hecho arder autobuses, coches... y, los que menos, han participado en manifestaciones de apoyo a los presos de ETA o de homenaje a algún pistolero fallecido. Y todo ello, en un número de casos mayor de lo deseable, lo han hecho antes de cumplir los 18 años. Son los menores de la «kale borroka», un fenómeno terrorista que en los últimos años ha provocado daños por valor de varios millones de euros .

Pero, ¿cómo son esos jóvenes? ¿Cómo es su entorno familiar? ¿Por qué cometen este tipo de delitos? La respuesta a todas estas preguntas no es fácil, pero sí se puede dibujar un perfil más que fiable del menor y de su familia a través de las memorias de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, que recogen los informes elaborados por los profesionales (educadores, trabajadores sociales y psicólogos) que integran el equipo técnico adscrito a su sección de menores. Ésta, desde su creación en el año 2001, impulsa los procedimientos abiertos a jóvenes de edades comprendidas entre los 14 y los 18 años implicados en delitos de terrorismo.

Los expertos aseguran que estos jóvenes no tienen nada que ver con el menor delincuente habitual. «Son chicos muy distintos», explican, pues, lejos de la situación de carencia afectiva y económica de aquéllos o de la dependencia a las drogas, el terrorista urbano procede de un entorno familiar estructurado, con un nivel socioeconómico medio-alto, no es adicto a las drogas ni sufre marginación, está bien integrado en la escuela (en el cien por cien de los casos cursa sus estudios en ikastolas) y su índice de fracaso escolar no supera las cifras consideradas normales. Algunos han cursado estudios universitarios. Los padres, ya vivan juntos o estén divorciados, no descuidan la educación de sus hijos -tarea que comparten al cincuenta por ciento- y, en su mayoría, se inclinan por un modelo permisivo y basado en el diálogo y la comunicación.

¿Dónde está entonces el problema? Los expertos consultados creen que, si bien las familias no incitan a estos jóvenes a cometer actos de «kale borroka», tampoco les enseñan abiertamente a rechazar el terrorismo en ninguna de sus múltiples manifestaciones. Hay una actitud muy ambigua respecto de las acciones de la banda terrorista ETA y de su entorno, de tal manera que no son aplaudidas, pero tampoco son objeto de crítica o de rechazo.

Este problema preocupa desde hace algunos años a los fiscales de la Audiencia Nacional. Y así se refleja en sus Memorias. La última, de 2002, afirma que «sólo en el diez por ciento de los casos explorados hay una actitud clara y sin ambigüedades en los criterios educativos, mantenida incluso tras los hechos , por parte de los padres de reprobación del hecho terrorista y de la violencia callejera en la que participan menores y jóvenes».

Esta actitud provoca una situación paradójica. En un 70 por ciento de los casos, estas familias «constituyen un entorno válido para el desarrollo y evolución de los menores», pues existe buen grado de integración social y familiar del menor así como una relación de «dependencia afectiva». Sin embargo, «sólo en un tercio, el entorno familiar estudiado es claramente válido para contener y controlar conductas disociales en relación con el tema de violencia y terrorismo que nos ocupa», concluye el informe de la Fiscalía.

Familiares presos
Se trata de familias de marcadas convicciones nacionalistas, muy probablemente simpatizantes de la ilegalizada Batasuna, en las que los menores crecen viendo como algo normal los atentados, las manifestaciones de apoyo a ETA o la violencia callejera. En muchos casos, esos chicos tienen algún familiar preso por su actividad como miembro de la banda armada. «No existe una línea divisoria clara entre lo que está bien y lo que está mal en este asunto», comentan los expertos, hecho que, unido a la enorme politización de la vida en el País Vasco, puede arrastrar a los jóvenes a manifestar este tipo de comportamientos violentos.

La Memoria de 2001 ya advertía que «la conducta delictiva no encontraría explicación alguna si no tuviéramos en cuenta la politización que alcanza a todos los ámbitos sociales y la convivencia ideológica de sectores que aprueban o no condenan con rotundidad conductas y actos delictivos. Estos factores ejercen su influencia en el proceso de aprendizaje y desarrollo de los menores dificultando la capacidad de inclinarse por conductas socialmente aceptadas».

Etarras en potencia
Pero el problema no se queda ahí. De hecho, estos menores no son capaces de ver -y así lo ponen de manifiesto en muchos casos a lo largo del proceso judicial- por qué su comportamiento no es correcto ni son tampoco capaces de asumir su responsabilidad. No es difícil que alguno de ellos, cumplidas las medidas que se le impongan por los actos de terrorismo urbano y de vuelta a su entorno habitual, decidan dar un paso más, cruzar la frontera con Francia e integrarse en las filas de ETA.

Es importante tener en cuenta, además, que el acoso policial y las numerosas detenciones practicadas en los últimos años viene desde hace tiempo obligando a ETA a reclutar pistoleros cada vez más jóvenes. Los miembros del «aparato militar» detenidos a lo largo de 2003, por ejemplo, tienen en su mayoría edades que oscilan entre los 20 y los 25 años.

Asunción de responsabilidades
Los informes recogidos en la Memoria de la Fiscalía de la Audiencia Nacional destaca también cómo en el 79 por ciento de los casos los menores detenidos por delitos de terrorismo «no ha reflexionado sobre el carácter antisocial de la conducta», aunque sí lo hacen (en un 90 por ciento de los casos) «sobre los efectos que pueden tener en su vida las repercusiones legales» de su comportamiento. Una vez más sirven de referente sus manifestaciones a lo largo del proceso judicial. Tanto los chicos como sus padres temen lo que pueda ocurrir y procuran mostrar una actitud que evite lo más posible la adopción de medidas de internamiento en centros específicos, pues comporta la separación temporal del menor de su familia.

De la falta de reflexión de los hijos son responsables los padres, que, en un porcentaje muy alto de los casos analizados, les exculpan y no buscan en ellos las causas de su actitud.

Lo habitual, explican los expertos consultados, es que no crean que los chicos hayan cometido acciones de terrorismo urbano, hechos que, por sí mismos, ni siquiera les escandalizan. Y, en cualquier caso, muestran una actitud exculpatoria hacia los hijos y responsabilizan al sistema, a la sociedad o a la policía del comportamiento violento de los menores. «No sabéis lo que es aquello», dicen padres y madres con frecuencia para referirse a la vida en el País Vasco, donde, según ellos, la policía atosiga a los jóvenes y les empuja a ser violentos.
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