AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 29 Diciembre  2003
¿Por dónde hay que agarrar al PSOE
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  29 Diciembre 2003

El Frente Popular ya está en marcha
EDITORIAL Libertad Digital 29 Diciembre 2003

Bono se rebela
JUAN MANUEL DE PRADA ABC 29 Diciembre 2003

Cantar contra ETA
Iñaki Ezkerra La Razón  29 Diciembre 2003

Contestación a ETA
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 29 Diciembre 2003

La falsedad vasca
Editorial El Ideal Gallego 29 Diciembre 2003

Rumbo a marzo a toda vela
Lorenzo Contreras Estrella Digital  29 Diciembre 2003

CC pone precio a su Agencia Tributaria
Víctor Gago Libertad Digital  29 Diciembre 2003

Manual de uso
Jorge Vilches Libertad Digital  29 Diciembre 2003

Proyecto individualista
Cartas al Director ABC 29 Diciembre 2003

Error jurídico y político
JAVIER GUEVARA ABC 29 Diciembre 2003

El mito de Maragall
GERMÁN YANKE ABC 29 Diciembre 2003

Siguen recogiendo
Cartas al Director El Correo  29 Diciembre 2003

Una lección del denostado españolismo del siglo XII
Juan José Valle La Razón  29 Diciembre 2003

El presidente alemán propone una reforma a fondo del sistema federal
BERLÍN. ROSALÍA SÁNCHEZ, SERVICIO ESPECIAL ABC 29 Diciembre 2003

Rodrigo Rato: «El terrorismo tiene una solución policial, no habrá solución política»
Inmaculada G. de Molina La Razón  29 Diciembre 2003


 

¿Por dónde hay que agarrar al PSOE?
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  29 Diciembre 2003

Hay que agradecerle a Carod Rovira, el nuevo caudillo del separatismo catalán, la cortesía intelectual de la claridad, al menos en los propósitos. El resto de sus aportaciones intelectuales se mueven entre la estafa y la trola, pero las intenciones son de una nitidez diamantina. Quizás lo único que requiere alguna precisión mayor es la frase que acaba de emitir en una de sus infinitas entrevistas acerca de la posibilidad de que el PP no obtuviera la mayoría absoluta o no lograra el apoyo de Coalición Canaria o CiU para la investidura de Rajoy: "sería la oportunidad de agarrar al PSOE por dónde hay que agarrarlo y hacer el cambio de régimen democrático en defensa de la democracia y de la plurinacionalidad".

Da la impresión de que lo que este infatuado personaje entiende por plurinacionalidad es que Cataluña es o debe ser un Estado nacionalísimo y monolingüe, mientras que los que lo rodean, llámense España, Francia o Unión Europea, no deben pasar de cáscaras estatales plurinacionales que al señor Carod le resulten "simpáticas", es decir, irrelevantes. Desconocemos si en la plurinacionalidad que preconiza ERC y a la que pretende asociar al PSOE cabe siquiera como hipótesis la existencia de la nación española y los derechos de los españoles de nación, empezando por los lingüísticos y culturales. Si es así, incluso descontando de la España actual y multisecular todas las nacionalidades que se le ocurran, vascas, gallegas y demás, el Estat Catalá de ERC deberá ir preparando la doble nacionalidad y los derechos lingüísticos para buena parte de la población, aunque tal vez se plantee un régimen de apartheid al modo surafricano. Estaría más cerca de su política y de la propia realidad autonómica heredada de Pujol, aunque sea difícilmente asumible por cualquier PSOE, por muy arruinado que esté.

La única incógnita que plantean las declaraciones de Carod es por dónde hay que "agarrar" al PSOE para "agarrarlo" realmente y hacerle asumir un "cambio de régimen" muy "democrático" pero en contra de la media España que vota al PP y que, de momento, parece que mantiene su intención de seguirlo votando. Metáforas genitales aparte, da la impresión que Carod entiende que al PSOE hay que agarrarlo por el Poder, por ese afán suyo de llegar al Poder como sea, con quien sea y a cambio de lo que sea. Y como tiene tan cercano el mecanismo de agarrar a Maragall, qué duda cabe de que no habla a humo de pajas. Despejada esa incógnita, y ya puestos a aclarar el futuro inmediato de cuarenta y dos millones y medio de españoles que andan insomnes y con la boca abierta esperando a ver qué piensa hacer con nosotros el medio millón de ERC, nuestros amos políticos, el estadista Carod debería aclararnos qué futuro tiene asignado a la Monarquía Española. Como hablando se entiende la gente, a ver si nos enteramos.

El Frente Popular ya está en marcha

EDITORIAL Libertad Digital 29 Diciembre 2003

Las dos legislaturas de gobiernos populares arrojan el balance más positivo de la historia moderna de España. Y en cualquier otra democracia homologable a la nuestra, un jefe de gobierno responsable de esos logros que, además, abandona el poder voluntariamente en la cima de su carrera política, habría recibido, cuando menos, una despedida cordial por parte de la oposición. La misma que, por cierto, le dedicó Maragall a Jordi Pujol cuando tomó posesión de la "herencia" del ex honorable. Sin embargo, la forma en que la oposición despidió a José María Aznar en su última intervención ante el Congreso no pudo ser más zafia ni más hostil. Y esto es un síntoma de varias realidades inquietantes.

La primera, que los partidos de la oposición, con el PSOE a la cabeza, han abandonado el terreno del debate político entre leales adversarios –como ya hicieron con ocasión del naufragio del Prestige y de la guerra contra Sadam– para declarar una guerra abierta al PP, por el sólo hecho de ocupar éste el Gobierno y con la intención de desalojarlo cuanto antes de las bancas azules. La segunda, que para lograr ese fin –en principio, completamente legítimo, siempre que transcurra por cauces democráticos–, el PSOE, IU y los nacionalistas carecen de un programa de gobierno alternativo que mejore o pueda equipararse al del PP. Y la tercera, que esa incapacidad para atender las necesidades y resolver los problemas que realmente preocupan a los ciudadanos, unida a la voluntad de llegar al poder a cualquier precio y lo antes posible, ha echado al PSOE en brazos de quienes necesitan y anhelan la ruptura del marco legal e institucional para lograr sus fines.

La firma del pacto de gobierno con ERC por parte de Maragall, y el posterior refrendo de Zapatero y de Chaves –quien, además de ser presidente de la Junta de Andalucía, es también presidente del PSOE– vienen a significar, como ya hemos dicho en alguna ocasión –y como también señaló Cristina Alberdi, quien afirmó que la responsabilidad de dirigir el segundo partido político de España les venía grande a Zapatero, a Blanco y a Caldera– la renuncia del PSOE a su vocación de partido nacional y español. Precisamente porque, en las circunstancias actuales, el PSOE de Zapatero es incapaz de llegar al gobierno en solitario con un programa de gobierno para España que pueda competir con el del PP. La única esperanza de Zapatero y su equipo de llegar a La Moncloa es que el PP no obtenga en las generales de marzo la mayoría suficiente para gobernar. Y, asimismo, la única esperanza de los nacionalistas vascos y catalanes –donde también hay que incluir a Maragall– de llevar a cabo sus planes con una apariencia de normalidad y legalidad es que el PP quede en minoría, aislado y marginado. Exactamente en los mismos términos excluyentes y antidemocráticos que prevé el pacto de gobierno entre Maragall, Carod y Saura.

Por otra parte, es fácil de comprender por qué Zapatero y Chaves se suman a las demandas de Maragall en lo que toca a la "autonomía" fiscal y a la conversión del Senado en una cámara de representación autonómica: si el PSOE no puede llegar al poder central por vía directa, puede intentar adquirirlo a través de las autonomías. El control de la recaudación de impuestos es una pieza clave, quizá la más importante, para el control del poder. Y en cuanto al Senado, el principal beneficiario de convertirlo en una cámara de veto autonómico sería el PSOE: no hay que olvidar que los socialistas gobiernan en Asturias, Cantabria, Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía, en Cataluña –nominalmente– y a punto estuvieron de hacerlo en Madrid y también en Baleares.

Si se tiene en cuenta todo esto, no es difícil aventurar cuáles serán los mensajes que el PSOE, los nacionalistas y sus aparatos mediáticos desplegarán en los próximos meses: el legado del PP es una España insegura, aislada en Europa, que no ofrece oportunidades a los jóvenes, crispada, dividida, aislada internacionalmente y en peligro de desmembración por culpa de la sumisión de Aznar a Bush y por su intransigencia con los nacionalismos democráticos. Sólo un nuevo modelo de Estado consensuado con los nacionalistas, una "nueva transición" pilotada por el PSOE, podrá hacer posible la convivencia pacífica y la estabilidad política e institucional quebrada por la intolerancia y la insensibilidad del PP. Sólo un gobierno de coalición de todas las fuerzas democráticas –salvo el PP– podrá devolver a una España plural la esperanza de futuro de progreso y de una democracia de calidad.

Huelga decir que la realidad apenas tiene algún punto de contacto con este cuadro, cuyos primeros esbozos ya comienzan a aparecer en los medios de referencia de la izquierda (en este sentido, el título del editorial de El País del domingo es suficientemente revelador: "Comienza la campaña"). Porque se trata, ni más ni menos, de crear un nuevo "Frente Popular" político y mediático –cuyo primer ensayo tuvo lugar durante la guerra de Irak– que por medios legales o ilegales, legítimos o ilegítimos, mine a ojos de la opinión pública la credibilidad del Gobierno, niegue su legitimidad para ejercer el poder y presente al PSOE como la única alternativa posible para evitar la "tragedia" prometida por Maragall si no se atienden las demandas de sus socios de gobierno.

El audaz desafío de la oposición, especialmente en lo que toca al PSOE, no es más que un síntoma de su tremenda debilidad, una huída hacia adelante que poco o nada tiene que ver con los problemas y necesidades reales de los ciudadanos. Sin embargo, las habituales carencias del Gobierno y del PP en materia de comunicación dejan un peligroso margen de maniobra a quienes no les importa desmontar el marco institucional que ha garantizado las libertades y el progreso durante 25 años con tal de satisfacer sus ambiciones. Por ello, el Gobierno, Mariano Rajoy y su equipo tendrán que emplearse a fondo para superar su tradicional "afasia" informativa –que ya ha costado más de un disgusto a los populares y a sus votantes– y contrarrestar eficazmente las cortinas de humo de ese "Frente Popular" reconstituido. Esta vez, es muchísimo lo que está en juego. Mucho más que cuatro años en La Moncloa.

Bono se rebela
Por JUAN MANUEL DE PRADA ABC 29 Diciembre 2003

DICEN que el ejercicio del poder desgasta. Pero lo que de verdad desgasta, y desazona, y reconcome es no ejercerlo. El apartamiento del poder obliga a ensayar piruetas con riesgo de descalabradura, en un intento desesperado por recobrarlo. Esta tragedia del político metido a volatinero la representan hoy, con desconcertado patetismo, los mandos de la facción socialista. De la oposición pánfila pasaron a la oposición de pancarta; como ambas se mostraron inútiles se han decantado ahora por una estrategia dislocada de «política alternativa», que consiste en abrazarse a causas que a nadie representan, salvo a cuatro ventajistas que aprovechan para sacar tajada. El espectador imparcial contempla con una mezcla de perplejidad y pavor la deriva socialista, un continuo rodar y rodar que acabará con un mamporro morrocotudo. Uno tiene la impresión de que el socialismo español se hubiese subido a un vagón desenganchado del tren de la realidad; y que, mientras el vagón se embala (pues marcha cuesta abajo y sin frenos) y se desvía de su ruta, alguien repartiese vendas a sus ocupantes, para que disfruten del placer ebrio de la aceleración, sin reparar en el precipicio que se abre al final de la vía.

No puedo admitir que los mandos de la facción socialista ignoren los riesgos de su excursión. Pero creo que en ellos ha empezado a arraigar ese adagio insensato y derrotista que proclama: «De perdidos, al río». Y así, conscientes de su derrota, prosiguen su ruta extraviada, acogiéndose a un consuelo pírrico y más bien mezquino: «Tal vez nos hayamos equivocado; pero, al menos, mientras dura la equivocación, fastidiamos al adversario». Y es evidente que lo fastidian, pues aunque la facción gobernante llegue a la estación de destino (la victoria electoral de marzo) sobradísima y puntual, habrá perdido en el camino un vagón cuya recuperación resultará muy costosa, quién sabe si imposible. Seguramente, lo que hace más lamentable la deriva de los socialistas es que ha sido elegida a sabiendas de que contraría no sólo las expectativas de los ciudadanos, sino también los fundamentos ideológicos sobre los que históricamente se han asentado sus reivindicaciones. Desde hace algún tiempo, albergo la certeza de que Zapatero y sus allegados, más que jugar a ganar, han jugado a no perder: así se explica su enfermiza propensión a la política especulativa o de laboratorio, su apego a los sondeos, su pusilánime adhesión a las directrices que les marca cierto imperio mediático. En lugar de plantear una estrategia de oposición a la derecha desde las convicciones más firmes e inalienables de la izquierda, han adoptado una táctica zigzagueante que trataba de halagar a grupúsculos de diverso pelaje. Pero desde hace unos meses, esa estrategia de tímidos remiendos ha sido sustituida por una de franca claudicación: sólo así se entienden sus recientes concesiones al nacionalismo catalán, que afectan al meollo de su ideología. Pues, si no defiende la redistribución de la riqueza y la solidaridad entre regiones, ¿para qué demonios sirve el socialismo?

Afortunadamente, entre las filas socialistas se cuentan políticos que no padecen estos síntomas morbosos; políticos como Bono, a quienes el ejercicio del poder, lejos de desgastar, ha robustecido. Es cierto que a Bono, como a Rodríguez Ibarra, los utiliza la derecha para sembrar (aún más) la cizaña entre sus adversarios; pero esta actitud ladina no rendiría frutos si el socialismo no hubiese dimitido de sus ideales más arraigados. Bono no ha hecho otra cosa que enunciarlos nítidamente: «De la Constitución me interesa más la solidaridad que la autonomía, y estoy orgulloso de predicar la unidad de la riqueza nacional», acaba de decir. Eso es socialismo; lo otro, mandangas de diseño que sólo lograrán acelerar la caída del vagón en el precipicio. Y lo más triste es que España viaja en ese vagón.

Cantar contra ETA
Iñaki Ezkerra La Razón  29 Diciembre 2003

En una entrevista que le hacía ayer Victoria Prego en «El Mundo», el cantautor leonés Amancio Prada decía que «tal vez sea más peligroso cantar contra ETA que contra Franco». Eso explicaría el silencio que ha mantenido ese valiente gremio durante tres décadas frente al enemigo más insufrible y ominoso de nuestra convivencia y es a su vez un síntoma de la mordaza que sufren la sensibilidad, la cultura y la lírica democráticas frente a la subcultura, la sensiblería y la épica totalitarias de un nacionalismo de corte esencialista como el vasco. Dicho de otro modo, si cantar contra ETA es peligroso, más lo es cantar contra el nacionalismo, contra la imaginería etnicista y el impostado victimismo de la ideología que hay detrás de ETA y que es la del PNV. Al peligro de disgustar a la banda terrorista se añade el de irritar también a la parroquia progresista.

Durante la campaña de 13-M, en la que participé todo lo activamente que pude, tuve la oportunidad de notar una ausencia que no presagiaba el éxito. Fue una campaña sin canciones, sin cantautores, sin poetas y sin poemas. La Transición democrática tuvo canciones y versos para todos los gustos. Tuvo letras de Celaya y de Otero, de Machado y de Hernández en las melodías de Serrat y de Paco Ibáñez. Tuvo hasta un himno de campaña electoral apto para todos los públicos que no fueran exclusivamente de izquierdas. Me refiero a aquella «Libertad sin ira» que no exigía al ciudadano «salir a la calle porque ya era hora de pasearse a cuerpo» ni «perderlo todo menos la palabra» ni que «las dos Españas le helaran el corazón» ni dar «sus brazos y sus pies a los cirujanos». La ausencia de canciones y versos en la aplazada y ralentizada transición vasca es el indicio de una sentimentalidad democrática censurada y constreñida en su ser por la sentimentalidad totalitaria y sabiniana del nacionalismo. Es el hueco tangible de una explosión de sentimentalidad constitucionalista y aún pendiente que no ha tenido lugar todavía porque a la represión del miedo se añade la de nuestro propia autocensura y pudor colectivos.

Lo más repugnante de la película «La pelota vasca» de Julio Mierdem ¬y también lo más difícil de explicar por lo que tiene de sutil¬ es precisamente la obscenidad con la que se despliega en ella la imaginería sentimentaloide del nacionalismo más cripto-fascista y racista-aranista. Son esos gritos étnico-maquillados del cantante Mikel Laboa, esa impostación nacional-victimista, ese «manierismo del dolor falso» que tanto mola a la parroquia retro-progre y que oculta los gritos de las verdaderas víctimas, los silencios que éstas dejan en el sillón y en la cama que ocupaban. Decía Amancio Prada en su entrevista que tiene una canción contra el terrorismo que no ha grabado nunca porque le daba vergüenza y sentía «como que no hubiera necesidad de cantar eso». Pues sí hay necesidad. Eso es lo que nunca podrán cantar ni decir nuestros políticos.

Contestación a ETA
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 29 Diciembre 2003

Desde hace ya bastante tiempo viene sufriendo ETA una sucesión de operaciones policiales que han diezmado sus cuadros dirigentes y su militancia de base. Los acontecimientos de este mes de diciembre son ejemplos perfectos de esta situación. Los efectos de este rosario de caídas se manifiestan a través de la inactividad presente del grupo terrorista, de la reducción del número de atentados y de víctimas, del aumento de los etarras cautivos y de la crisis general de la banda.

En paralelo, se están produciendo otros fenómenos en la izquierda abertzale que amenazan con dejar a ETA sin futuro. Los datos del último Euskobarómetro presentados por el profesor Francisco J. Llera revelan cómo se va consolidando el distanciamiento de los votantes de la antigua Batasuna respecto a la violencia y cómo aumenta la crítica entre quienes hasta hace poco tiempo aplaudían incondicionalmente a ETA y la arropaban.

En otros sectores de la izquierda abertzale vinculados con el mundo del euskera y de la cultura vasca se ha extendido el convencimiento de que la persistencia de ETA ya no es una ventaja, como lo ha sido durante mucho tiempo, sino una clara rémora, una carga de la que quieren desprenderse cuanto antes porque condiciona su propio futuro. Son éstos, probablemente, los mismos sectores que en las autonómicas de 2001 se pasaron con sus votos a PNV-EA y por ello fueron criticados por ETA que se sintió dolida por la traición. Ahora expresan en público las razones del rechazo a ETA que han estado rumiando en silencio desde que empezaron a caer sobre ellos las consecuencias legales de la actividad de la banda terrorista.

Ante este escenario de contestación, algunos viejos dinosaurios han asumido el papel de guardianes del fuego sagrado de la violencia y han venido a aportar sus razones en defensa de la continuidad de ETA, pero sus palabras carecen de la capacidad de convicción que pudieron haber tenido en el pasado.

En el seno de lo que se ha conocido tradicionalmente como el entorno político de ETA hay mucha gente que todavía no ha entendido por qué Mikel Antza y sus compañeros de cuadrilla rompieron la tregua poniendo fin a la experiencia de unidad nacionalista con toda la carga simbólica que tenía.

ETA hizo un gran esfuerzo para explicarse y por culpar a otros, pero la mayoría de sus seguidores no lograron entender los motivos de la ruptura. Allí empezó a abrirse un foso entre ETA y su base social, foso que se ha agrandado con el tiempo.

La falsedad vasca
Editorial El Ideal Gallego 29 Diciembre 2003

Ni siquiera el hecho de que ayer, día de los Santos Inocentes, fuese la jornada elegida por el dirigente proetarra Pernando Barrena para hacer públicos los planes de Socialista Abertzaleak respecto a la candidatura única de los nacionalistas vascos para las elecciones generales de marzo puede llevar a pensar que se sumó a la fiesta y trató de engañar a todos con una broma. El parlamentario navarro anunció que el borrador de propuesta con el que trabaja su formación no incluye el rechazo a la violencia de ETA, condición que se daba por hecha, ya que contemplar tal extremo supondría autolesionarse, pues no se puede olvidar que Batasuna y la banda terrorista son lo mismo. Las líneas maestras del proyecto son idénticas a los postulados sobre los que se sustentaba el pacto de Estella, cuyo fin último no era otro que la autodeterminación del País Vasco, objetivo con el que coincide el plan Ibarretxe, cuyo autor, el lehendakari, también aprovechó el día de los Santos Inocentes para “confesar” una vez más que su propuesta está abierta al debate desde la primera hasta la última palabra. Tal vez de tanto repetir esa mentira el jefe del Gobierno vasco ha acabado por creérsela, porque hay que tener presente que desde la presentación del texto ha dicho que si las Cortes no dan el visto bueno a sus pretensiones actuará de forma unilateral y convocará el referéndum; no hay, por lo tanto, margen alguno para la discusión, sino sólo para dilucidar el grado de falsedad de Ibarretxe, tan alto como el de los protearras.

Rumbo a marzo a toda vela
Lorenzo Contreras Estrella Digital  29 Diciembre 2003

Juan José Ibarretxe, en declaraciones a El País, se ha puesto en Navidades la piel de cordero de lujo. Ha dicho que su plan está abierto “desde la primera hasta la última palabra”. Afirmar tal cosa de un proyecto como es el suyo es el más acabado ejemplo de cinismo que la política nacionalista vasca podía exhibir. Pretende hacer creer que su propuesta está abierta a debate y a la negociación con todos. Pero al mismo tiempo no se apea de su resolución de realizar una consulta inconstitucional entre vascos y sólo entre ellos. El concepto de diálogo encanja mal en ese planteamiento. Es como imponer la premisa principal, en el sentido de que se acepte el derecho de un pueblo de España —el vasco— a realizar su propia y privativa consulta de “libre asociación” con el Estado. El diálogo se convierte así en una especie de exigencia previa de rendición incondicional ajena para empezar a hablar precisamente de condiciones. Pero sin hablar de éstas no se concibe un verdadero diálogo de pacificación y mejora de relaciones. Y en el cuadro de los requisitos nacionalistas no entra retirar la idea de que un referéndum unilateral es ilegal. Si el lehendakari admitiera tal principio, todo estaría resuelto. Ahora bien, Ibarretxe ha quemado su naves. Ha ido demasiado lejos en su aventura. No puede ya reembarcarse hacia atrás. Y si lo hace se habrá quedado desnudo. No desearían otra cosa los nacionalistas de Egibar, es decir, de Arzalluz, que viene a ser lo mismo. Embarcarse en dirección contraria sin naves para hacerlo, porque previamente las ha quemado, significaría la autoderrota. Sencillamente, consumar el propio naufragio.

El frente está creado y todos los contendientes que se dibujan afilan sus armas para los sucesivos envites electorales. Las urnas de marzo, como los idus de César, se están concibiendo por todos como el gran desafío. Y los nacionalistas vascos no iban a ser menos. Iñaki Anasagasti lo indicó el pasado 25 diciembre a Radio Euskadi. En las elecciones generales, según él, el PNV alcanzará “un resultado histórico y nos vamos a sacar la espina”. Sacarse la espina no puede significar otra cosa que la obtención de un montón de diputados, ocho o diez por ejemplo, con lo cual la representación parlamentaria nacionalista en el Congreso de los Diputados se multiplicaría por dos como mínimo. No deja de ser sintomático que tanto para el PNV como para el PP las urnas de marzo vienen siendo concebidas como una especie de plebiscito o demostración de la solidez de las respectivas razones. Se trataría de tirarse recíprocamente los votos a la cabeza.

Claro está que quien dice PNV y PP tiene que decir también PSOE. A esa playa de marzo tienen que arribar también ventajosamente las naves del señor Zapatero. La campaña electoral, que ya viene estando en marcha, resulta en tales términos apasionante. Para Zapatero es la supervivencia política y los populares necesitan los votos, los votos de la mayoría absoluta, sin dependencias ajenas, para hacer valer sus razones. Razones y votos, que decía Manuel Azaña cuando concebía ese binomio como el arma suprema de la acción política. Los grandes instrumentos de la Constitución serían inservibles en la práctica si esa mayoría absoluta buscada por el PP no se lograra. No hace falta añadir que Zapatero juega en esa oportunidad a la ruleta rusa. Las circunstancias se han rodeado de tal manera que el futuro se convierte en futurible. O sea, qué ocurrirá si... Y en esas estamos. La incógnita se despejará dentro de dos meses. El año 2004 va a ser vital.

Carta de Canarias
CC pone precio a su Agencia Tributaria
Víctor Gago Libertad Digital  29 Diciembre 2003

La muy leal CC (Coalición Canaria) también quiere su chiringuito fiscal para despachar limonada al amigo y salmonella al desconocido. Son tan leales y ponen tanta seriedad en las cuestiones de Estado estas pirañas de compañía prohijadas por el PP, que no han tardado ni veinticuatro horas en propinar su machetazo en la campaña de desguace de la Agencia Tributaria, previa a la más ambiciosa de pasar a España por la picadora, emprendida por el presidente de la República Socialista del Reino de Aragón y replicada por el visir de Al Andalus.

En rigor, los insularistas ya incluyeron la creación de una Agencia Tributaria Canaria en su programa electoral de las autonómicas de 1999, y relanzaron la ocurrencia con ocasión de las del pasado 25 de mayo. CC sostiene esta pretensión, por supuesto, en la coartada de la desventaja de Canarias por su lejanía, aislamiento y todo ese rollo de la doctrina ultraperiférica. Una posición competitiva tan lamentable que atrae a doce millones de turistas al año. El Archipiélago es una potencia turística global, quizá la única región española que puede permitirse el liderazgo mundial en el sector servicios. Pese a esta evidencia, que aconseja fomentar la inversión en infraestructuras de comunicaciones y telecomunicaciones y mantener el fuero histórico de Canarias como territorio libre de trabas comerciales y fiscalmente laxo, la doctrina nacionalista de la ultraperiferia ha conseguido conmover hondamente al señor Giscard y demás redactores de la propuesta de Constitución europea, dispuestos a equiparar Canarias con Martinica en un común estatus de blindaje para sus incompetentes productos, privilegios para sus atrasadas empresas y subsidios para su ineficiente agricultura.

La visión de CC sobre una agencia tributaria autonómica no pasa de la categoría de bosquejo. Los insularistas pretenden que la nueva oficina recaude e inspeccione los tributos propios del Régimen Económico Fiscal: IGIC (el IVA canario) y AIEM (arancel a las manufacturas y materias primas importadas que compiten con la diminuta industria local) y también los propios de la Administración general del Estado. El primer bloque ya lo gestiona directamente la Administración de la Comunidad Autónoma, a través de la Dirección General de Tributos de la Consejería de Economía y Hacienda. Bastaría con que el Gobierno regional retocase sus competencias, facultándola, por ejemplo, para contratar directamente bienes y servicios, para que funcionase, de hecho, como una agencia tributaria autónoma. ¿Qué ambiciona CC, entonces, al pedir también la gestión del paquete de impuestos del Estado? La respuesta es sencilla: el control político pleno y directo de la Inspección, una potentísima policía para la administración de premios y castigos entre la clientela, un temible aparato de información e intimidación que podrá tan flexible o implacable como el grado de "cooperación" del contribuyente con la causa nacionalista lo permita.

El ministro Cristóbal Montoro, antes de las pasadas elecciones autonómicas, avisó a los insularistas de que pierdan toda esperanza para sus planes sobre un cuartelillo fiscal. El rechazo del ministro al despiece de la agencia tributaria se razona con un argumento de lo más sensato: la lucha contra el fraude es y tiene que seguir siendo una política de Estado y la Agencia Tributaria, aunque creada en parte para la promoción política de allegados, está dando resultados bastante satisfactorios en este campo. CC tendió su agencia tributaria en el mercadillo de su renovada alianza con el PP y no tardó en desprenderse de ella, como también de la promesa de un cuerpo de policía autónoma, a cambio de un talón al portador extendido por el propio Montoro (a su pesar, por cierto, ya que sólo la intercesión de Rajoy invitó al ministro a ceder al chantaje de estas mascotas parásitas tan bien alimentadas por la Dirección del PP) .Ya sabemos el importe del nuevo sablazo en los Presupuestos del Estado: más de 100 millones de euros.

Ha bastado que Maragall lance su envite de una agencia tributaria catalana para que CC reincida en su juego favorito, la extorsión. Es natural en CC trapichear con la estabilidad del sistema. El negocio de sus dirigentes (negocio de poder y en metálico) está en la crisis permanente de las reglas de juego. A diferencia de otros nacionalismos, esta variante subtropical no sólo acepta mercadear con los principios, sino que no sabe conservar el poder de otra manera. Cuando promete que creará un cuerpo de policía o una agencia tributaria, coincidiendo habitualmente con situaciones de tensión política propiciadas por otros nacionalismos, en realidad lo que pone sobre la mesa es el chantaje de estabilidad a cambio de más dinero y más control sobre la finca y sobre sus rehenes, los ciudadanos.

IU
Manual de uso
Jorge Vilches Libertad Digital  29 Diciembre 2003

“¿Para qué sirve IU?”. Esta era la pregunta que se hacían muchos electores hace unos años, que no veían en esta formación más que buenas, o locas, intenciones. El papel de IU ha cambiado bastante en esta última legislatura. Es un elemento a contar a la hora de formar Gobierno para socialistas y nacionalistas. IU gobierna en coalición en el País Vasco y en Cataluña, y estuvo en un tris de hacerlo en Madrid. La razón del cambio es que la dimensión política crucial que se está ventilando en las elecciones ya no es la social o la nacional, sino la constitucional. Ya no se trata de gobiernos de izquierda, derecha, nacionalistas o no nacionalistas. La unión para gobernar se realiza en torno a la idea de mantener, cambiar o desmontar la Constitución, y con ello España.

El PSOE de Felipe González se construyó sobre la atracción del elector cívico; esto es, del ciudadano moderado que concede su confianza a la opción política que cree más oportuna para él y su país, y que es capaz de cambiar de voto sin mudar su pensamiento. El PSOE consiguió este voto templando su discurso socialista con el abandono del marxismo y del republicanismo. La moderación del PSOE no provocó que el elector izquierdista se marchara al PCE, sino todo lo contrario: el votante comunista vio en el partido socialista una opción de gobierno, y lo demostró en las urnas. La preponderancia de electores cívicos es la señal de que se vive en un país satisfecho con su democracia. A la crisis del PCE le puso freno la creación de Izquierda Unida en 1986, animada por el frente antiOTAN. Y Julio Anguita le dio una impronta propia: el PSOE no era la izquierda por sus siglas, sino por el programa; y pretendió recoger el voto de la “verdadera izquierda”. La consecuencia de esto fue el encadenamiento de denuncias contra el PSOE por los casos de corrupción, y por una política que consideraban de derechas, a la que contestaron secundando el duro control parlamentario del PP y las huelgas generales de los sindicatos. A pesar de la recuperación electoral de IU, el PSOE de González se mantuvo en su moderación.

Joaquín Almunia recogió un PSOE derrotado en las urnas por la derecha. Creyó que la victoria pasaba por resucitar el pretendido sentimiento izquierdista de los españoles. Aún se podía oir aquello de: “España es un país de centro izquierda”. Ya. Almunia abandonó la moderación para acercarse a la IU de Paco Frutos, sucesor mediocre de Anguita, y volvieron a perder, con unos resultados electorales peores. Zapatero, en su primera versión, parecía la vuelta a la moderación, al proyecto propio, cívico, realista y moderado; pero en su segunda etapa, la “almuniana”, ha elegido una fraseología izquierdista –aunque aquí no hay Lenin ni Kautsky– de la que sólo se beneficia IU. El PSOE de Zapatero le hace la campaña, la justificación y le monta la timba a IU. No hay que ser un experto en mercadeo electoral para verlo.

Los nacionalistas, por otro lado, han encontrado en IU el aliado comprensivo y disponible. Coinciden en los medios –quebrar la Constitución– aunque no en los objetivos, pues los primeros quieren su Estado particular, e IU se conforma con reconstruir el país sobre la base de la República federal. Nacionalistas e izquierdistas reconocen el llamado “derecho de autodeterminación”, no en vano estuvo en los manuales soviéticos, allá por los años 60, para el adoctrinamiento de los independentistas metidos en la descolonización. De esta manera, IU parece la opción dialogante ante los constitucionales, pretendidamente inmovilistas, y crece en las elecciones.

La estrategia de Gaspar Llamazares es unir a todos contra el PP, como ha demostrado su propuesta de hacer listas conjuntas para el Senado. Únicamente así puede pintar algo IU, significándose como la izquierda que quiere “otro Estado español”. Alimentada por socialistas y nacionalistas, IU ha encontrado su uso: ser el partido muleta de cualquiera que rechace al PP y quiera cambiar la Constitución sobre la base de una nueva, abierta y desconocida ordenación territorial. Llamazares ha trocado la política positiva de Anguita, llena de propuestas –aún se recuerdan sus 70 puntos programáticos, en aquel discurso sobre el Estado de la Nación– y purista –jamás habría pactado con la derecha xenófoba y racista del PNV. Y a cambio, Llamazares ha implantado la negación, el frentismo sin contenido y el revival político de brocha gorda. Así, Anguita ha desaparecido del vídeo de IU en la Asamblea federal; como en aquellas fotos de Stalin en las que, al estilo de Agatha Christie, iban borrándose los “diez negritos”.

Proyecto individualista
Cartas al Director ABC 29 Diciembre 2003

El Plan Ibarretxe se plantea como un proyecto deseado por una Comunidad que pretende decidir libremente sobre su futuro. Los nacionalistas pretenden abolir el derecho de todos los españoles para decidir sobre cada centímetro cuadrado de la nación. Sin embargo, sí que pretenden que el cuerpo electoral vasco decida sobre cada rincón de la Comunidad Autónoma vasca. Esto me sugiere que si la delirante idea del actual lendakari saliera adelante, pronto los alaveses pedirían decidir por su cuenta, al margen del resto de los vascos. Pero no terminaría ahí el dilema, porque los ciudadanos de Vitoria o de cualquier otra localidad harían lo propio. Siguiendo con este proceso, determinados barrios de San Sebastián también podrían seguir su camino. Así, hasta llegar al individuo. Hagamos ahora una analogía con la idea de crear una Agencia Tributaria para cada Comunidad Autónoma, en la que, por cierto, están también embarcados destacadísimos líderes del PSOE («S» de socialista), con el objeto de gestionar sus propios presupuestos al margen de España. Es fácil deducir que pronto las provincias y después los Ayuntamientos pedirían su Agencia Tributaria provincial y local respectivamente. Y en esta deriva perversamente egoísta, habiendo descendido en la escala social a la persona física, acabaríamos por no pagar impuestos. Los conceptos de sociedad y ciudadanía dejarían paso al de individualismo cavernícola con la neurosis paranoide colectiva de que los vecinos pudieran quitarnos algo de nuestra propiedad. Por cierto, ¿no será ésta la verdadera raíz de los nacionalismos vasco y catalán?   Vicente Planells Fons.   Tavernes de Valldigna (Valencia).

Error jurídico y político
Por JAVIER GUEVARA. Diputado Foral de Presidencia de la Diputación de Álava ABC 29 Diciembre 2003

Han sido muchas, y de gran interés, las opiniones jurídicas que se han venido publicando en relación al nuevo Estatuto Político promovido por el lendakari Ibarretxe y a la pertinencia, o no, de los recursos planteados contra dicha iniciativa por el Gobierno y por la Diputación Foral de Álava ante el tribunal Constitucional y el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, respectivamente. La última, del catedrático de la Universidad Autónoma Manuel Aragón, me parece especialmente interesante pues encuentra y razona el verdadero motivo de ilegalidad del proceso seguido (inicio de una reforma constitucional a instancia de órgano manifiestamente incompetente), indica el procedimiento que debería haberse observado y, de paso, desmonta los argumentos políticos vertidos en contra de la interposición de los recursos, en especial aquel que denuncia el pretendido intento de hurtar el debate político.

En efecto, el acuerdo del Consejo de Gobierno vasco del pasado 25 de octubre encierra un flagrante y manifiesto fraude jurídico. Bajo la apariencia de un simple acto de trámite para el inicio de un proceso de reforma estatutaria, se disfraza la aprobación de un proyecto de ley que implica una profunda reforma constitucional (yo iría más lejos: lo que se propone es una especie de Constitución paralela, para un nuevo Estado todavía en embrión). El Gobierno vasco se empeña en afirmar que su acuerdo no es más que un acto político, desprovisto de efectos jurídicos, y protesta por el hecho de que se planteen ante los Tribunales, y se admitan por éstos, recursos contra la propuesta. Pero, su «habilidad» dialéctica no logra esconder la verdadera naturaleza de su actuación. Si fuere verdad aquello de que por la boca muere el pez, sólo tenemos que acudir al Diario de Sesiones del Parlamento Vasco, concretamente a la del día 26 de septiembre último, y leer la intervención del lendakari presentando su plan: «En todo caso, deseo anunciarles que todos los aspectos y contenidos que de forma nítida y clara se recogen en esta propuesta se plasmarán posteriormente en un texto articulado de un nuevo estatuto político vasco, que será aprobado en el seno del Consejo de Gobierno del próximo 25 de octubre, como proyecto de ley de reforma del estatuto actualmente vigente, y posteriormente será depositado en esta Cámara, señor presidente, para su conocimiento, estudio, debate y votación». Más adelante, Ibarretxe dice: «El nuevo estatuto será aprobado el próximo 25 de octubre en una sesión extraordinaria del Consejo de Gobierno, y remitido a este Parlamento como proyecto de ley de reforma del Estatuto de Gernika».

Más claro, agua. Si las palabras son claras respecto a la intención de las partes, habrá que estar al tenor literal de las mismas. No parece haber margen a la interpretación. Lo que el día 25 de octubre de 2003 aprueba el Consejo de Gobierno, y presenta ante el Parlamento vasco, es un proyecto de ley. Y resulta evidente que: primero, ese proyecto de ley no es una mera reforma estatutaria, sino una auténtica, verdadera y profunda reforma de la Constitución de 1978; y, segundo, el Gobierno vasco no tiene capacidad, es un órgano incompetente para promover un proceso de reforma constitucional. En consecuencia, mi opinión no puede ser otra que la procedencia y la pertinencia del recurso planteado por el Gobierno de España ante el TC, tanto contra el acuerdo adoptado por el Consejo de Gobierno como contra cualesquiera otros de trámite que se deriven de él.

El lendakari, si hubiera estado bien asesorado o fuera capaz de despojarse por un momento de su condición de persona elegida por el destino para traer la libertad al pueblo vasco, podía haber evitado estos obstáculos jurídicos, podía haber «blindado» su propuesta. Bastaba con que la misma se hubiera presentado ante el Parlamento a iniciativa de los Grupos que apoyan su Gobierno. Porque -estoy de acuerdo con la opinión del profesor Aragón- aquí no se niega la legitimidad de plantear una reforma de la Carta Magna; lo que se rechaza es que dicho planteamiento se haga en fraude de Ley, prescindiendo total y absolutamente del procedimiento, burlando el trámite establecido. Las formas, y más en Derecho, son importantes, son garantía de legalidad. El reproche al señor Ibarretxe no es sólo jurídico, es también de contenido político.

Su propuesta no debía ni podía ser el motor del debate parlamentario, sino, al revés y en todo caso, el resultado de ese debate previo, instado por quien tiene legitimidad política y legitimación jurídica. Ibarretxe no ha actuado como lendakari de todos los vascos, sino, haciendo un mal uso de su cargo, como representante de un movimiento político que representa a sólo una parte de los ciudadanos sobre los que se extiende su jurisdicción.

La pregunta es: ¿a qué se debe su manifiesto error jurídico, y su reprochable actuación política? ¿falta de rigor? ¿mal asesoramiento? ¿exceso o afán de personalismo, quizá? Cualquier explicación sería válida. Pero, en todo caso, lo relevante es que estamos ante un proyecto que está llamado al fracaso, porque ha nacido viciado en origen, porque no responde a una voluntad social mayoritaria, y porque en un Estado democrático el voluntarismo político, por llamarlo de una forma benévola, no puede nunca caminar fuera de la senda del Derecho.

El mito de Maragall
Por GERMÁN YANKE ABC 29 Diciembre 2003

La persistencia de algunos mitos en la política española contemporánea resulta sorprendente. El nuevo Gobierno de Cataluña, y los partidos que lo apoyan, colocan uno de los más significativos en el centro de su programa -el «déficit fiscal», la aportación «de Cataluña» al resto de España- ya que de él se deduce la necesidad de modificar la financiación autonómica y, con ella -aunque no sólo- la premura de la reforma del Estatuto y de la Constitución.

Los expertos y algunos políticos (como Josep Piqué en la propia Cataluña y José Bono en el seno del partido del presidente de la Generalitat) han explicado hasta la sociedad que los impuestos los pagan los ciudadanos y no las comunidades autónomas -menos sus gobiernos- y que la parte de solidaridad que tiene el sistema fiscal es, por tanto, entre ellos: los que más tienen, más pagan, estén en Cataluña o en Extremadura, y los que menos tienen, más reciben. Quien paga impuestos en Andalucía ayuda al catalán que precisa protección social. Es una verdad elemental que se suma a otra: incluso desde el punto de vista estadístico, es decir, estableciendo de modo meramente formal, el grupo de «contribuyentes de Cataluña», es muy difícil establecer el balance fiscal.

Por el momento, nadie nos ha explicado qué cuota del IVA recaudado allí grava a ciudadanos de otras comunidades o qué parte del impuesto de sociedad es atribuible, se pague donde se pague, a inversores de otros lugares. A pesar de todo, el mito se acrecienta, se subraya, fundamenta los programas, justifica, en palabras de Maragall, que se tense la cuerda. Aún más, su atrabiliaria formulación desencadena otras propuestas de reforma, nuevos programas, palabras altisonantes sobre el «inmovilismo» de quienes, muy tranquilamente, constatan la falsedad del mito.

Habrá quien piense que, en política, todo vale y que, si con una falsedad se suman unos cuantos votos o se simula la dignidad de una propuesta, se utiliza sin más. Quienes la enarbolan pretenden darle apariencia racional, científica, aunque no se aporte un argumento. Así, cuando Esperanza Aguirre recuerda que, siempre estadística y vaporosamente, los madrileños aportan más que los catalanes, Maragall responde que ni las matemáticas ni la economía son el fuerte de la presidenta madrileña. Y con esta boutade no hay, al parecer, que decir más.

Pero a mi entender se trata de algo más que una falsedad: es un mito, es decir, incluye algo dentro de la carcasa con que se presenta, aunque lo que haya dentro sea tan falso como lo de fuera. Maragall y los suyos -no ahora, tras el pacto con Carod-Rovira, sino desde antaño- diluyen al ciudadano en una suerte de «pueblo». Los catalanes no son tanto ciudadanos o contribuyentes, sino el sustento -junto a un territorio- de una entidad que es, en definitiva, el sujeto de los verdaderos derechos. No se les promete a los catalanes que su dinero será mejor administrado, o que se disminuirán sus impuestos, sino que el dinero «de Cataluña» quedará en Cataluña.

Si Maragall viaja a ver a Ibarretxe antes que a los socialistas presidentes de comunidades autónomas es, en definitiva, porque tiene que apoyarse en quienes, como él, creen en las esencias de «pueblos» más allá de sus ciudadanos, en quienes pretenden que algunos de esos «pueblos» tienen un espíritu particular y una personalidad por encima de otros. Serán, naturalmente, esas características las que proporcionarían a aquellos «pueblos» una capacidad que la soberanía -la que reside en todos los españoles- no puede contradecir a riesgo de sumirnos a todos en «un drama». Es el contenido del mito: la concepción del Estado como una suerte de producto de una Historia -inventada como maquinaria inapelable- y no de los ciudadanos, la perpetuación de los «pueblos» -de los que se decide su existencia arbitrariamente- contra la igualdad y la razón. A veces las falsedades, como la del déficit fiscal, no son sólo mentiras. Son también reaccionarias, aunque las aventen los que se dicen de izquierdas.

Siguen recogiendo
Manuel Lezón Fernández-Hontoria/Mungia-Vizcaya Cartas al Director El Correo  29 Diciembre 2003

Resulta que quienes llevan gobernando Euskadi desde la llegada de la democracia acusan al Gobierno español de ejercer una brutal persecución contra el nacionalismo vasco. Resulta que aquellos que, por ejemplo, permiten que Otegi y compañía sigan sentándose en sus butacas parlamentarias, y cobrando su milloncito mensual para invertir en vete a saber qué, denuncian la instrumentalización de la justicia española para fulminar al nacionalismo. Resulta que los mismos que nos presentan su plan 'por bemoles', anteponiendo la prioridad de satisfacer los deseos identitarios de un pueblo a la de lograr el fin de ETA, protestan por la manipulación que la 'brunete mediática española' lleva a cabo en su contra. Y resulta... que el lehendakari 'de todos' se dirige ciego hacia un referéndum, mientras miles de ciudadanos se van de Euskadi o aguantan en su tierra escoltados hasta las cejas.

Resulta que, como si no pasara nada, como si todos estuvieran en igual situación, el nacionalismo continúa empeñado en reivindicar lo mismo que ETA, en construir su país. Y resulta, entre tantas exasperantes cosas, que, a la vez que engorda su pesebre, el nacionalismo vasco continúa mirando hacia otro lado. Sigue recogiendo nueces. Que son muchas y muy ricas.

Una lección del denostado españolismo del siglo XII
Juan José Valle es investigador arabista La Razón  29 Diciembre 2003

Loado sea Dios, que dispuso que quien hable con orgullo de España, de la península de al-Andalus, pueda hacerlo a toda boca, infatuándose cuanto quiera, sin encontrar quien le contradiga, ni le estorbe en su propósito. Porque al día no se le llama oscuro, ni a la cara bonita se le puede llamar fea».
Cuando paró de hablar Al-Saqundi, se escuchó la voz del gobernador de Ceuta, el emir Abu Yahya ibn Zakariya ben Al-Mumin que dijo:

¬¿Ancho campo tienes para hablar, habla!
Y la voz orgullosa del poeta dijo al hablar de España:
¬Yo alabo a Dios porque me hizo nacer en España y me concedió la gracia de ser uno de sus hijos. Mi brazo puede alzarse con orgullo y la nobleza de mi condición me impulsa a hacer acciones meritorias. Y ruego por nuestro señor Mahoma, su excelso profeta, y por sus inmaculados familiares y compañeros y les envío mi saludo.

Tras esta impresionante introducción, empezó con el ataque directo a los que ponían sus ciudades por encima de las de las de España, con un ataque frontal al escritor y poeta tangerino Al-Tany, diciendo:
¬Y, digo: alguien que discutía la superioridad de España, de al-Andalus, me ha movido cuando estaba quieto y me ha llenado estando vacío, obligándome a salir con repugnancia de mis casillas para contradecir y refutar su opinión.

Y mirando directamente al tangerino añadió:
¬Pretendía éste tal romper la opinión unánime de las gentes y venirnos con algo que no aceptan ojos ni oídos, pues todo el que ve y oye no puede pasar por semejante cosa ni dejarse arrastrar por quien vagabundea en esos andurriales.
¬Querer como él quiere, ensalzar a Berbería sobre al-Andalus es querer ensalzar la izquierda sobre la derecha y decir que la noche es más clara que el día. ¿Cosa asombrosa! ¿Cómo puede comparar las puntas de las lanzas con los regatones y taladrar la roca con el vidrio? ¿Cómo podrás multiplicar lo que Dios ha hecho escaso y ennoblecer lo que Dios dispuso que fuese ruin? ¿Qué intolerable mentira es esta? ¿Cómo puede comparecer un vejestorio delante de una muchacha? Vuelve los ojos al rostro que reverencias y presta oídos a la voz que respetas.

Como el tangerino intervino para defender su postura hablando de las excelencias de su país, de sus grandes montañas, de sus universidades Al-Saqundi le contestó:
¬No pierdas la vergüenza, ¿Oh, tú que intentas gorjear con sollozos, peinarte sin pelo y enamorar a las mujeres honestas con canas teñidas! ¿Dónde ha ido a parar tu juicio?
¬¿Qué se ha hecho de tu talento y de tu lucidez? ¿Se ha apoderado el prejuicio patriótico de tu corazón, hasta el punto de cegar las luces de tus ojos y de tu entendimiento?

La discusión entre ambos duró varias horas, y dio lugar a una de las descripciones más hermosas de España. En dicha discusión, el poeta cordobés fue enumerando una por una las ciudades más importantes mientras la asamblea permanecía callada; maravillada de tantos conocimientos.

Cuando Al-Saqundi hizo la descripción de Málaga y habló de su vino, el gobernador reprimió el aplauso de los presentes. Vinieron luego las descripciones de Córdoba y Granada, diciendo de esta última que una de sus bellezas era por ser la ciudad que había dado más poetisas. Después, cuando hablaba de Sevilla, el soberano estalló en una carcajada coreada por todos al contar el poeta la historia de aquel borrachín que estaba muriéndose, y cuando fueron a decirle que pidiera perdón a Dios por sus pecados, porque no podría ir al paraíso, él, elevando los ojos al cielo dijo: ¿Oh, Señor! De todo lo que hay en el paraíso no te pido más que vino de Málaga y pasas de Sevilla.

Luego el poeta cordobés hizo la descripción de Valencia y su Ruzafa, de Almería y de otras ciudades españolas, y al terminar de recitar añadió una frase de tipo profético que decía:
«No hay que desear jamás ayuda, más que de aquel que tiene la espada por amigo intimo».
De Abú-al l-Walid al-Saqundi (Risala fi fadl, al-andalus)

Leer esto en el momento en que algunos personajes políticos nos intentan llevar a otros reinos de Tayfas emociona, pero llena de indignación por la falta de solidaridad actual. A esto nos ha llevado tantas quejas insolidarias, y tanta permisividad en el falseo de la historia. ¿Acaso no sabían nuestros gobernantes que una cerilla recién encendida la apaga un soplo, pero cuando se prende la llama el mismo soplo aviva y propaga el fuego? ¿Y ahora qué?

Desgraciadamente esos personajes parecen desconocedores de lo que ocurrió en la España musulmana del siglo X, cuando siendo nuestro país un emporio de cultura y riqueza se disolvió en doce pequeños principados.

También su incultura no les permite saber lo ocurrido en el siglo XVII, cuando la España del Siglo de Oro se desgajó en diversos países, costando su incompleta unión un río de sangre. Y parece que han olvidado (aunque no creo que lo conocieran) la sangre derramada y los problemas surgidos con las guerras civiles y las carlistadas del siglo XIX, cuyo colofón fue la ciudad de Cartagena declarándose independientes.

Desgraciadamente un país que desconoce su historia esta condenada a repetirla, y ¿cómo es posible que tras lo ocurrido en Yugoslavia, Kosovo, Macedonia, intenten una oculta segregación? ¿Cuáles son las ocultas razones de los dirigentes de estas insolidarias autonomías ricas para intentar variar la Constitución? Está claro derogar enseguida el artículo VIII, pues para conseguir sus propósitos es necesario que este artículo no exista.

¿Qué grande es el hombre que acepta un cargo consciente que es un medio para hacer el bien a su pueblo, no para su propio bien! ¿Qué grande es el pueblo que produce semejantes hombres!

El presidente alemán propone una reforma a fondo del sistema federal
Johannes Rau propuso ayer la revisión a fondo del sistema federal alemán J. DE DOMINGO
BERLÍN. ROSALÍA SÁNCHEZ, SERVICIO ESPECIAL ABC 29 Diciembre 2003

El presidente de Alemania, Johannes Rau, presenta a los medios un balance pesimista del año 2003 con grandes cuestiones de fondo sin resolver

Con la contundente afirmación de que «catorce campañas electorales y catorce elecciones son demasiado», en el más pesimista balance anual, el presidente alemán, Johannes Rau, se introducía ayer en el intocable tema de la reforma del federalismo alemán, cuyo debate se resume en que el federalismo falla en tres líneas: las excesivas competencias que los Länder han ido acumulando, la creciente confusión de las tareas, ingresos y gastos de la federación y de los Estados federados, así como la maraña financiera entre las catorce administraciones.

El presidente de Alemania se manifestó a favor de la reforma del sistema federal. Habló claramente de la necesidad de reducir el número de citas electorales, que desvirtúa el sentido de la Ley Fundamental alemana, y de su preferencia por la elección directa del cargo que ocupa, la Presidencia Federal, para el que los partidos alemanes buscan ya sucesor. También consideró más apropiada una Presidencia de, como máximo, siete años porque «la posibilidad actual de dos veces cinco años puede dar más pie al populismo».

El balance anual que hizo ayer Johannes Rau fue más que pesimista. Uno de los saldos más negativos con que cierra el año Alemania, a juicio de su jefe de Estado, sería la situación de desconfianza en que quedan los socios de la UE. «Tras el fracaso en la negociación sobre la Constitución europea en la cumbre de Bruselas, la Unión termina 2003 sumida en una grave crisis y arrastra un pesado lastre para 2004».

Irak al fondo
Rau evitó comentar las diferencias respecto a la guerra de Irak y trató de dar a su visión un toque esperanzador. «Espero que la Presidencia irlandesa sepa aprovechar esta crisis y darle la forma de una oportunidad», aunque desestimó la posibilidad de que el Gobierno irlandés pueda poner sobre la mesa una propuesta capaz de reformular el reparto de poder en la Unión y desbloquear el desacuerdo entre Francia y Alemania y España y Polonia.

Desde la jefatura del Estado cae, además, un buen rapapolvo sobre los protagonistas de la política alemana, «en la que hay demasiado show y alboroto». En un tono ligeramente más encendido que el que suele utilizar, pidió un ejercicio de reflexión interna sobre la vida parlamentaria, lamentando que «lleguen a ser más importantes los «talkshows» televisivos que las comisiones parlamentarias».

Rodrigo Rato: «El terrorismo tiene una solución policial, no habrá solución política»
Vicepresidente primero del Gobierno
Cree que el «plan Ibarreche» se combate políticamente y que el gran cambio de los ocho años de Gobierno de Aznar es que todos saben cómo, y cómo no, se acaba con el terrorismo
Inmaculada G. de Molina La Razón  29 Diciembre 2003

Fue, junto con Jaime Mayor, el único en dar un paso al frente y confesar sus aspiraciones políticas: sustituir a José María Aznar. Cuatro meses después de encajar que el elegido sea otro, se le ve bien. Es el de siempre: un político de raza. Rápido y ágil en las respuestas. Prefiere pasar de puntillas sobre su futuro inmediato. Por supuesto, no despeja la incógnita de si se presentará o no a las elecciones generales. Eso sí, como siempre, está a disposición de su partido y de lo que decida el candidato a presidente del Gobierno. Tampoco aclara si será de nuevo vicepresidente, pero con Mariano Rajoy, o si se marchará fuera de España. En marzo, se verá.

¬¿Cuáles han sido los peores y mejores momentos de esta legislatura?
¬Los peores, sin duda, están relacionados con los asesinatos de compatriotas dentro y fuera de nuestras fronteras. Recuerdo el tremendo verano del 2000. Cada quince días, se asesinaban concejales del PP y del PSOE. Recuerdo también a nuestros compatriotas asesinados recientemente en Iraq por grupos terroristas. Cuando Ibarreche y Atucha se enteran de que ETA está dispuesta a poner una bomba en una estación de ferrocarril, no piensan en hacer un esfuerzo para que no le llegue ninguna financiación.

¬¿Y los momentos más dulces?
¬Cuando las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado evitaron la catástrofe en Nochebuena, la detención de la cúpula de ETA... El Gobierno se enfrentó en 2002 a actitudes muy extremas de la oposición en temas como Iraq o el «Prestige», donde se unificó la teoría de que lo que no daban las urnas, una mayoría parlamentaria, había que conseguirlo con una presión en la calle.

El error de Zapatero
¬¿Y?
¬Este ha sido el mayor error de Zapatero. Lo que para nosotros pudo ser un momento difícil, fue uno de los mayores errores de la oposición. No sé si alguna vez recuperará su prestigio y credibilidad, después de intentar en la calle acabar con gobiernos democráticos como el de la Xunta de Galicia y el de la Nación.

¬¿Cuál ha sido el mayor error del Gobierno central?
¬Me referiré a los de mi área económica, como cuando aceptamos la financiación autonómica de la sanidad con impuestos indirectos. Deberíamos haberle dado una vuelta más por su impacto en la inflación.

¬¿Y aciertos?
¬En estos cuatro años, la política económica ha superado la dura prueba de una crisis.

¬¿Con estos antecedentes, Rajoy revalidará la mayoría absoluta de Aznar? ¿Qué ocurrirá en el PP si no es así?
¬Los sondeos internos y externos dicen que el PP puede ganar bien. Pero no está logrado. No caeremos en la trampa de creer que los comicios ya se han celebrado.

¬Una de las promesas de Rajoy es el pleno empleo. ¿Habrá que acometer una reforma laboral en la que se abarate el coste del despido?
¬Los próximos años exigirán reformas en aéreas muy concretas: en formación para hacerla más efectiva; en el control del fraude de algunas prestaciones sociales, como seguro de desempleo e incapacidad temporal, y en costes de negociación colectiva para conseguir una más moderna, descentralizada y adaptada a las necesidades de cada sector y empresa. Además, tenemos problemas para incorporar a la mujer al mercado laboral.

¬¿Además?
¬Las nuevas economías industriales, como las nuevas democracias del Este, y los países emergentes en Asia constituyen uno de los grandes problemas de la economía española. Hay que adaptar nuestros costes.

¬¿Incluido el del despido para que el mercado sea más competitivo?
¬Nuestras empresas son competitivas. El debate sobre la reducción de la temporalidad tiene que abordarse desde varios puntos de vista. Hay que hacer más atractivo el contrato fijo a tiempo parcial, que en España no acaba de funcionar bien. Además. cuando una persona contrata también piensa cuál será el coste de romper esa relación. Ese coste, el del despido, tiene que formar parte del debate sobre la reducción de la temporalidad bajo los mismos principios que en la reforma del 97 pactada con sindicatos.

¬¿Qué medidas incluirá el programa del PP para combatir la especulación inmobiliaria?
¬La situación de la vivienda en España es cara, pero mejor que hace 10 años. Es cierto que su precio se acelera demasiado deprisa. Subidas del 14% o el 15% no son positivas.

¬¿Es una burbuja...?
¬No es una burbuja. No hay un coste irreal. Veremos una moderación en su precio. Estamos en el 84% de propiedad. En los próximos años hay que profundizar en el alquiler como alternativa para los que acaban de llegar al mercado laboral.

¬Otra promesa electoral es la tercera bajada del IRPF. ¿Cuánto caerá y cuándo se producirá?
¬Las líneas son claras. Hemos hecho dos reformas del IRPF encaminadas a mejorar las rentas de las familias, las salariales y las más bajas. Estos tres principios serán los que primen en la próxima rebaja.

¬La financiación autonómica ocupará parte de esta campaña electoral. ¿Qué le parece la propuesta de Zapatero de Agencias Tributarias en consorcio con Hacienda?
¬Por primera vez en nuestra histórica, hay un sistema de financiación autonómica que no necesita renovación y que ha sido votado por todas las autonomías. Cuando gobernaba el PSOE ni siquiera lo votaban las socialistas. Es un auténtico desatino cambiarlo para imponer un cheque Thatcher.

¬¿Entonces?
¬Mañana por la mañana, las autonomías pueden crear perfectamente sus agencias tributarias sobre sus tributos. Los que quieran que lo hagan. Otra cosa distinta es que los tributos que recauda el Estado los fraccionáramos y no tuviéramos una Agencia única. Es un disparate decir que las devoluciones se realicen en cada territorio español de manera distinta... en un momento en el que tratamos de hacer un mercado europeo de la electricidad.

¬Matas también quiere para Baleares lo que obtenga Maragall para Cataluña, ¿si Rajoy convoca el CPFF, se reabrirá el modelo de financiación?
¬Quien quiera cambiar el sistema tendrá que venir a todas las autonomías y explicar para qué. La Generalitat de Cataluña tiene recursos suficientes para afrontar sus problemas. Me sorprende que quien llega al gobierno opine tanto sobre el presupuesto de una Administración y no tenga una propuesta sobre el propio.

Debate innecesario
¬Otro gran tema a debate en estas elecciones será la Constitución. ¿Si se reforma, peligra la unidad España?
¬La Constitución fue fruto de un consenso en el que nadie impuso sus teorías. Es un gravísimo error reformarla para que la parte del consenso del 78 que a un sector o grupo político no le gustó ahora se corrija. Sería meternos en un debate innecesario. La Constitución funciona muy bien. Es una muestra de inmadurez hacer propuestas, como la de Maragall, sobre leyes que necesitan una reforma constitucional y, por tanto, que están fuera del consenso, creyendo que los demás las aceptarán.

¬¿Se podría modificar para imponer la igualdad de sexos en la sucesión de la Corona?
¬No sé si comenzaría un proceso de reforma constitucional por ese tema.
¬¿Pero si se reforma, peligra la unidad de España?
¬Depende de la reforma. La Constitución fue fruto del consenso. Todo el mundo cedió y nadie impuso su visión de España. Ese es su gran éxito y por eso funciona. Si lo tocamos, volveremos al 78. ¿Qué necesidad hay?
¬¿Sin cambiar la Constitución, qué se puede hacer con el Senado para que sirva de algo más?
¬Es una Cámara de segunda lectura. Su utilidad es más que obvia. No sirve de mucho cuando hay la misma mayoría en los dos sitios, pero sí cuando hay una diferente. Las modificaciones que se planteen tienen que ser por consenso.

¬¿La propuesta de Maragall cuestiona la unidad de España?
¬Es difícil encontrar una propuesta más disgregadora que la de la gestión de la Hacienda, la jurisprudencia del Supremo, la inversión pública y un cheque Thatcher de las autonomías más ricas sobre el territorio nacional. Manda... que el PSOE diga que el PP tiene la culpa de propuestas disgregadoras. A esto se suma Zapatero diciendo que aprobará cualquier Estatuto que salga de Cataluña y que cada presidente autonómico tiene libertad para proponer lo que quiera sobre financiación autonómica. Las propuestas y actitudes disgregadoras las tiene el PSOE.

¬¿Si va más allá, se podrá aplicar a Maragall el nuevo Código Penal?
¬No hay que plantear las cosas en esos términos. La reforma tiene por objetivo garantizar que los grupos terroristas no reciban financiación pública y que no se convoquen referéndum ilegales. Es de cajón, pero hemos tenido que llegar al punto de tener que hacer un recordatorio sobre esta cuestión. Hay grupos políticos que se creen que tienen derecho a hacer lo que quieran por haber ganado unas elecciones.

¬¿Favorecerá las relaciones entre el PSOE y el PNV el gobierno tripartito de Cataluña?
¬El PSE colabora en la oposición constitucionalista. Muchos de sus dirigentes, como del PP, arriesgan su vida por la democracia en el País Vasco. Aunque hay algunos que no, como Odón Elorza. Esto no lo cambiará Maragall por hacerse más o menos una foto. Los miembros del PSE no cambiarán de posición sobre el «plan Ibarreche». Eso sí, no ayudará a la confianza de esas personas en su propio partido.

¬El PSOE resalta la soledad del PP.
¬A final de legislatura siempre se produce una cierta unión de la oposición para debilitar al Gobierno. No me parece muy llamativo.
¬También le acusa de dividir más al país y de ser una máquina de hacer nacionalistas.
¬El PSOE no está haciendo muchas cosas para evitar fuerzas disgregadoras en el país. Nosotros, sí. Primero, tenemos el mismo discurso. En financiación, el PSOE ha pasado del de Santillana al de hoy. Si hay fuerzas disgregadoras en la sociedad, lamentablemente muchas están en el PSOE.

¬¿Zapatero podría gobernar en 2004 con el apoyo de PNV, CiU y ERC?
¬Eso no lo cree nadie. Zapatero dio su talla el año pasado. No es capaz de tener propuestas económicas, de política internacional solvente...
¬¿Influirá en el voto el nuevo equipo que prepara con la incorporación de consejeros de Andalucía y Bono?
¬El PSOE llega a final de legislatura con una gran mayoría de españoles decepcionados por su oposición. Los próximos tres meses serán muy intensos. Pero la credibilidad se tiene o no por lo que se ha hecho. No cabe duda de que esta legislatura se salva muy a favor del PP, que entra con un nivel de aceptación y sale prácticamente con el mismo. Los que confiaron en el PP en 2000 lo seguirán haciendo.
¬¿Y en el supuesto de que todos no lo hagan, cómo se retomará las relaciones con CiU?
¬Vamos a trabajar para ganar de manera amplia estas elecciones y lo haremos con toda contundencia.

Solución policial
¬Imaz habla de diálogo con nacionalistas y no nacionalistas.
¬La mesa de un Parlamento está dispuesta a que la lleven a los tribunales por mantener la financiación de un grupo ilegal por su vinculación al terrorismo. Sin embargo, está dispuesta a expulsar de la Cámara a los políticos de la oposición. ¿Qué tiene que pasar para que Atucha deje de pagar a los amigos de ETA? Habrá que ver ese diálogo que promete Imaz.

¬Rajoy habla también de diálogo. ¿Se puede hablar con el PNV? ¿Si gana, recibirá a Ibarreche?
¬Lo primero que tienen que hacer el PNV y el Gobierno vasco es cortar cualquier financiación a grupos políticos cercanos a ETA.
¬¿Con el nuevo Código Penal, Atucha irá en 2004 a la cárcel?
¬Espero que en 2004 veamos a todos los terroristas en la cárcel y a Atucha colaborando activamente en esto.
¬¿Hay que aplicar el artículo 155 de la Constitución al País Vasco?
¬El «plan Ibarreche» hay que combatirlo políticamente. Otra cosa son las consultas populares.

¬ETA está más débil que nunca. ¿Será posible acabar con ella en la próxima legislatura?
¬Ahora todo el mundo sabe que tiene solución policial. Desde el punto de vista político, ha dejado de ser útil a los que lo usaban. No habrá solución política. Se ha demostrado que la vía policial y judicial es la solución. Los terroristas ya saben que su único destino es la cárcel. No van a cambiar ni una coma de la situación política en España. Este es el gran cambio de los ocho años de Aznar.
¬¿Se presentará a las generales? ¿Seguirá siendo vicepresidente del Gobierno, pero con Rajoy?
¬Lo sabremos el año que viene. Estoy a disposición de mi partido y de Rajoy. Haré lo mejor para mi partido y lo que plantee Rajoy.
¬¿Personalmente que le apetece?
¬Eso.

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