AGLI

Recortes de Prensa     Martes 30 Diciembre  2003
Maragall paga
Editorial La Razón 30 Diciembre 2003

No somos simpáticos
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 30 Diciembre 2003

¿Cambio de rumbo
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 30 Diciembre 2003

Enfrentamiento personal
Pablo Mosquera  La Razón  30 Diciembre 2003

ETA sube la puja
Editorial ABC 30 Diciembre 2003

Los Presupuestos vascos y la candidatura nacionalista
EDITORIAL Libertad Digital  30 Diciembre 2003

Dos oportunidades y una incógnita
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  30 Diciembre 2003

Aznar, en deuda con Garzón
Lorenzo Contreras La Razón  30 Diciembre 2003

Sálvese quien pueda
Ignacio Villa Libertad Digital  30 Diciembre 2003

Chaves legitima a Maragall
Antonio Martín Beaumont La Razón  30 Diciembre 2003

Mentalidad aislacionista
Cartas al Director ABC 30 Diciembre 2003

ETA tiene prisa
Ramón Pi El Ideal Gallego 30 Diciembre 2003

La excepción como regla
Editorial El Correo  30 Diciembre 2003

Abismito
IÑAKI EZKERRA El Correo  30 Diciembre 2003

Cuentas suspendidas
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  30 Diciembre 2003

El lenguaje del silencio
ANTONIO ELORZA El Correo  30 Diciembre 2003

El TSJPV abre el plazo para que la Diputación de Álava demande al Gobierno vasco
EFE Libertad Digital   30 Diciembre 2003

 

Maragall paga
Editorial La Razón 30 Diciembre 2003

L a debilidad de Maragall como presidente de la Generalitat se confirma día a día, tanto en la forma como en el fondo de las primeras decisiones que ha adoptado el Gobierno catalán. La reducción de altos cargos se ha saldado, hasta el momento, con un incremento en tres departamentos y una presencia marginal de mujeres. La paridad ha quedado en un bonito «slogan» electoral que pone en evidencia, también, al PSOE ya que lo sucedido en Cataluña demuestra que sus propuestas resultan poco creíbles.

Maragall ha otorgado a independentistas y comunistas una presencia en el gobierno muy superior a los resultados obtenidos para pagarles su apoyo. Lo grave no es que ERC sea independentista, sino que el PSOE haya abdicado de su condición de partido nacional para conseguir la Presidencia de la Generalitat. Maragall compareció ayer ante la cámara catalana para informar sobre el nuevo Gobierno, pero la demostración de su debilidad quedó de manifiesto cuando la réplica a los grupos de la oposición correspondió al «conseller en cap», Josep Lluís Carod- Rovira. Mientras que los independentistas se han hecho con parcelas de poder tan importantes como educación, universidades, comercio o turismo; los comunistas controlan medio ambiente, vivienda y las relaciones institucional que incluyen la reforma del Estatuto de Autonomía. El terreno lingüístico es otra cesión muy importante, ya que ERC ha anunciado una mayor imposición del catalán.

No somos simpáticos
Por FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS, de la Real Academia Española ABC 30 Diciembre 2003

RESULTA que los catalanes, gracias a un tipo muy especial de democracia, ya tienen un Conseller en Cap que no han elegido. Dice que España es un estado que no es simpático y él quiere la independencia.

Notable. Si después de vencer al moro y descubrir América y luchar contra toda Europa, es un decir, y mil problemas y desgracias hubiéramos tenido que caer simpáticos a ese señor, sería demasiado. No llegamos a tanto. ¡Cuánta frivolidad en cuestiones serias!

Al menos, Carod-Rovira, aunque tiene dos nombres, tiene un solo pensamiento: independizarse de unos señores poco simpáticos. Mejor que Maragall, que tiene un solo nombre, pero dos (¿dos?) pensamientos. Es españolista porque saca a Zapatero al balcón. Y dice que España desea un estado federal, como los alemanes: se confunde de sujeto, lo desea él, no los demás. Luego dice «estiraremos la cuerda» y acusa a otros de tensarla. Amenaza con el drama que está servido. Halaga a los andaluces y murcianos de Cataluña (ignoro por qué le votan, quizá por viejos temas ya somatizados). Pero ni una gota de agua ni un euro de solidaridad.

¿Qué clase de socialismo es esa? Muchos pensamos que no se debe exigir privilegios. Pero parece que el dinero es más urgente que la independencia, esa vendrá después.

En fin, Maragall se queja de que no le entienden. ¿Pero quién sería capaz de entenderle? Había en Salamanca un catedrático de Filosofía, contaba don Miguel de Unamuno, que decía a sus alumnos: cuando yo hable y vosotros (ustedes mejor, era otro tiempo) no entendáis nada, es que hago Filosofía; pero cuando veáis que ni yo mismo me entiendo, es que hago Metafísica. ¿Qué hace Maragall, Filosofía o Metafísica? Que su primer objetivo, dentro de tanta inestabilidad, es el poder, es lo único claro.

Con Pujol, uno sabía, al menos, a qué atenerse. Tenía una línea, no la ocultaba y era, a la vez, duro e inteligente. Tenía prioridades y prudencia. Solo en un tema era intratable: en el tema de la lengua. Y aun en este, tengo para mí, si los sucesivos Gobiernos españoles desde el 78 no hubieran sido tan medrosos, se podría haber llegado a acuerdos razonables, en vez de capitular sin más.

Por otra parte, me produce congoja la situación del partido socialista, indispensable para la vertebración de España. Luchan por ella, a veces, cuando firman el pacto antiterrorista o desfilan en San Sebastián con «Basta Ya». Pero luego medio se disculpan y tienen dentro de sí a gentes cripto-PNV o cripto-ERC o se alían con comunistas nada cripto. ¿O es que «hacen lo que pueden», como me dijo alguien muy importante un día? Quizá.

La verdad, me preocupo, todo esto recuerda demasiado las alianzas de los años treinta, que salieron tan mal como sabemos todos. Felipe González prefirió evitarlo. Ahora encuentro demasiados activistas vociferantes que convierten en tema de política interna todo lo que encuentran. Pero los gritos no son argumentos y ni siquiera traen votos.

Luego se ha visto que de lo del Prestige no tuvo la culpa el Gobierno, a otro le habría pasado igual; y que en Irak, tras ciertos errores de EE.UU., la ONU se ha alineado con ellos. En fin, dejo esto. Pero insisto en que hay temas esenciales en los que hay que mantener una postura firme, aunque uno se eche encima a los demagogos y a los interesados.

Son temas más esenciales, a la larga, que ganar o perder unas elecciones. A los socialistas, esos señores a que aludo se las están poniendo difíciles.

Sobre todo: una elección perdida (si la pierden, lo que, por otra parte, les evitaría un buen lío) puede recuperarse luego. Más importante es evitar que España sea la que se pierda. Sería mal para todos, hasta para Llamazares. Y, por supuesto, para los separatistas. Disgregar es perder.

Y hay una cosa llamada democracia y hay otra cosa llamada Constitución. Demasiado ha sido bordeada ya. Se hizo para establecer un guión asumible por derechas e izquierdas (valga el tópico) y por España y las regiones.

Supuso un avance de la izquierda y del regionalismo o nacionalismo. En el primer sector no ha habido mayor problema, aunque ahora hay una tensión artificial. En el segundo sí. Lo que para unos era una cesión, un nuevo límite más avanzado, para otros era un comienzo hacia una mayor disgregación.

Hoy la Constitución, que era una apertura, señala claramente un límite. El límite es España. Para evitar desastres mayores. «Por los comunes provechos, dejad los particulares», proponía ya, en nuestro siglo XV, el caballero y poeta Gómez Manrique.

Pero en Cataluña los socialistas «estiran la cuerda», como confiesa a ratos nuestro Maragall. Nada de esto hacen los Länder alemanes. Pero aquí es el deporte nacional, deporte peligroso. Lo inició Pujol, según lo confesaba en su discurso en el Colegio de Abogados de Madrid, en septiembre pasado: Cataluña había avanzado más que nunca en la Autonomía, optando por el gradualismo, decía, pero -añadía- había llegado el momento de llegar a un acuerdo global y definitivo. El ahora denostado Pujol resulta que era el Moisés que tratan de llevar más lejos estos nuevos Josués.

Pienso, simplemente, que la Constitución ofrecía ya un margen muy amplio, en ocasiones más que rebasado. Todos deben mantenerse dentro del límite que aceptaron. Europa está llena de ejemplos de lo que pasa cuando las tensiones van demasiado lejos.

Por otra parte, en democracia, hay los votos y hay las mayorías, que no deben ser demonizadas con eso del «rodillo» y demás. ¡Dicen que los de la mayoría absoluta «están solos»! Puede haber una negociación, ciertamente, un intercambio de argumentos. Pero hay un límite en el que los votos deciden dentro de las normas comunes y que debe ser aceptado.

Eso es la democracia: admitir la soberanía del pueblo español en su conjunto, así como las normas que se ha dado. Aceptar que al final se ceda ante los menos en cuestiones esenciales, no es democrático. Si por desgracias de la ley electoral se puede, con un dieciséis por ciento de los votos, ser Conseller en Cap en Cataluña, hasta ahí llega la cosa, no más allá.

Y yo, la verdad, me admiro de que, afirmando la Constitución la indisoluble unidad de la Nación española, el régimen monárquico y que los partídos políticos son libres «dentro del respeto a la Constitución y a la Ley», pueda existir un partido independentista y republicano. O puede una Autonomía, la vasca, proponer un referéndum independentista y desafiar cada día al Estado.

En fin, hay que esperar que todo acabará bien, llevamos quinientos años unidos, muchísimos más que los alemanes; unidos con los vascos, llevamos muchos más. No se percibe en Cataluña la famosa crispación: uno encuentra allí un país próspero y acogedor. No acaba uno de creerse lo que pasa. ¿Y qué decir del País Vasco, donde la crispación viene de allí mismo, no de Madrid?

En esta Navidad nos han amargado la vida a todos, a ellos mismos los primeros. Por un puro orgullo irracional, pura hambre de poder. Parece que no se resiste por mucho tiempo un estado de paz y de prosperidad: a muchos les tienta el renovar los conflictos. En realidad, tienta solo a unos pocos, que hacen lo que pueden para atraerse a la mayoría. Echan mano de halagos, semiverdades, resentimientos, egoísmos. Y al final todo nos afecta a todos, por más que todos pongamos el máximo empeño en conservar la normalidad y la serenidad. En hacer como que no vemos. En confiar en que todo volverá a sus cauces.

¿Cambio de rumbo?
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 30 Diciembre 2003

El rechazo de los presupuestos del gobierno vasco en el Parlamento de Vitoria era perfectamente previsible en el caso de que Ibarretxe se negara a pactar con los herederos de Batasuna el arreglo apetecido por éstos: aprobar las partidas más propicias para el nacionalismo radical -lógicamente, las de consejerías gobernadas por EA, sobre todo educación y justicia- y abstenerse en las demás. Sin duda ese arreglo va en la línea del Plan Ibarretxe, pero es dudoso que una línea tan clara y recta convenga al nacionalismo gobernante, más cómodo en las trayectorias reptilianas, confusas y enrevesadas. El pacto con la hueste de Otegi retrataría a un gobierno cautivo del frente parlamentario etarra, algo difícilmente justificable ante una parte de la clientela del PNV, digamos que la identificada con Imaz, aunque aceptable para el sector Egibar, que incluye a los votantes batasunos reconvertidos al realismo político. Y, desde luego, semejante pacto sería un regalo para las fuerzas constitucionalistas, especialmente para el PP.

Parece que Ibarretxe ha optado por amortizar la bronca presupuestaria con la vista puesta en el previsible adelanto electoral que tendrá por tema el plan secesionista. El asunto radicará en cambiar los términos y socios con que se presentará al electorado el famoso y nefasto Plan. El rechazo del pacto presupuestario con SA, a los pocos días de que Egibar muñera con ellos un acuerdo electoral de frente nacionalista, imposible por largo tiempo tras el intento de atentado etarra de Nochebuena -y seguramente innecesario ante el declive de ETA-, anticipa una propuesta bastante previsible: un nuevo pacto PNV-PSOE en base a la rebaja del Plan Ibarretxe. ¿En qué podría consistir la chapuza?: Probablemente, en acercarlo a los acuerdos entre PSC y ERC, en «maragallizarlo» y «rovirizarlo» un poco. Veremos si hay tiempo para esta operación, que implica un cambio -éste sí- del modelo tradicional, pues el nacionalismo catalán pasaría a marcar la pauta, en vez de seguir los avatares del vasco. Todo un relevo, pero en la misma dirección. Veremos si los socialistas desprecian o pican en el anzuelo tendido.

Enfrentamiento personal
Pablo Mosquera es presidente de Unidad Alavesa La Razón  30 Diciembre 2003

Ahora que ETA está peor que nunca. Ahora que Batasuna se debate entre la clandestinidad y la desaparición. Ahora que la comunidad internacional se ha tomado en serio el terrorismo del País Vasco. Ahora que hay una nueva generación, alejada de la Guerra Civil y del franquismo, en la política vasca. Ahora que se ha consolidado un Gobierno vasco que administra más poder que ningún otro, de región, en Europa. Ahora es cuando he visto las peores relaciones entre los políticos nacionalistas y no nacionalistas del País Vasco.
La política puede ser dura, sucia, insaciable, cainita. Pero nunca entenderé el odio entre personas que se diferencian en sus aspiraciones para el país, que debe ser el mejor posible para todos.

Precisamente, lo que no podíamos entender del llamado, por nuestra propia debilidad, «movimiento de liberación vasca» era su insensibilidad para con las personas con las que convivían en calles, pueblos e instituciones, en un pequeño país de algo más de dos millones de habitantes; hasta el punto de señalar al disidente con la doctrina nacional soberanista, para que los «valientes gudaris de la capucha» los neutralizaran, por lo criminal o por el terror.

Tal fundamentalismo, con mucho de paranoia, nos ha llevado, a toda la oposición, a tener que disfrutar de escolta permanente, debiendo renunciar a nuestro derecho a la intimidad, a la libertad de movimientos, a la espontaneidad, propias de sociedad civilizada y normal.

De verdad, cuando veo las fotos de mi colección de diez años de Mesa de Ajuria Enea, recuerdo a toda la nómina de dirigentes: Aulestia, Bandrés, Arzalluz, Mayor, Jauregui, Oliveri, Gurruchaga, Redondo, Iturgaiz, Garaicoechea, Madrazo, Ardanza, Mosquera. Que coincidimos y convivimos, desde el Pacto para la pacificación y normalización de Euskadi, durante toda la década de los noventa, con nuestras profundas diferencias, con nuestros propios intereses electorales, y aun así, llegamos a tener una relación personal absolutamente correcta, que permitía desbloquear graves conflictos políticos, y que fue la seña de identidad del acercamiento entre nacionalistas y no nacionalistas, al punto de la no violencia y el Estatuto de Autonomía, no comprendo qué ha pasado para llegar a la ruptura total y personal que se ha instalado en la vida política y social del País Vasco del tercer milenio.

Creo que el asesinato de Fernando Buesa supuso el punto de inflexión. Quizá por la falta de capacidad de los nuevos dirigentes para buscar puntos de encuentro y fórmulas para el diálogo y la distensión.

Pero hoy, el Parlamento vasco da miedo; y no por los batasunos, que casi no pintan nada. El enfrentamiento está servido entre los representantes del acuerdo que sostiene al gobierno Ibarreche y los que se oponen a tal Gobierno.

Tengo dudas sobre la capacidad real de los que mandan en los partidos vascos para tomar decisiones que puedan ser consideradas, en los cenáculos de la política de Madrid, correctas y acordes con el pensamiento oficial sobre la cuestión vasca.

Tengo dudas sobre la propia intención del Plan Ibarreche, más allá de ser un programa para que en las próximas elecciones todos los partidos nacionalistas vascos vayan tras las siglas del PNV, y así lograr aquella mayoría absoluta del Parlamento del 84, antes del conflicto entre Arzalluz y Garaicoechea; ambos desaparecidos de las jefaturas de sus partidos.

Tengo dudas sobre la utilidad social de esta situación de enfrentamiento, de casi odio entre grupos, de casi total ruptura de relaciones entre el Estado y la Comunidad Autónoma vasca; pero sobre todo, sobre la percepción que tengan los ciudadanos vascos del momento, cada vez más largo, de falta de diálogo o de acercamiento, que debería comportar otros comportamientos de respeto a las personas y a las leyes.

En 1988 ETA iba por delante, algunos creían que sólo pactando con los terroristas se terminaría con la banda. Hoy, se piensa que entre medidas policiales y judiciales los terroristas están en las últimas.

Pero, ¿qué hacer con esa mitad del País Vasco que sigue a Ibarreche? ¿Cómo se consigue vertebrar un país para que quepan todos?

ETA sube la puja
Editorial ABC 30 Diciembre 2003

SI el desplante de Batasuna al Gobierno de Ibarretxe en la votación de los presupuestos de la Comunidad Autónoma vasca, acaecido ayer en el pleno celebrado en el Parlamento de Vitoria, hubiera sido el primero, tendría más valor como desencuentro entre nacionalistas que como simple -pero cierto- tira y afloja para medir fuerzas. Sin embargo, ninguno va a romper la baraja que ha empezado a repartirse, pues sucede que no es la primera vez que Batasuna aprovecha el debate presupuestario para recordar al PNV que la mayoría absoluta nacionalista sólo es posible con sus votos. Viene haciéndolo desde 2000 y no ha sido obstáculo para que las posiciones entre el nacionalismo gobernante y la izquierda proetarra estén más cerca que nunca, tanto en cuestión de objetivos como de procedimiento. ETA lo ha dejado muy claro y ha salido al quite para dar cobertura a Batasuna. El comunicado que anoche hizo público la banda terrorista a través del diario «Gara», avalando la propuesta de una candidatura única entre nacionalistas para las elecciones generales de 2004, supone la implicación pública e inequívoca de ETA en los consensos que ha provocado el Plan Ibarretxe. Haya o no candidatura conjunta, sin un horizonte de acuerdos con el PNV -y sin una valoración de su propia debilidad- no sería comprensible el ofrecimiento implícito de una tregua que la banda hace en su comunicado. Pero ETA sólo volverá a ofrecer un cese de la violencia no para lograr la paz sino para consolidar al nacionalismo.

En el tablero nacionalista, la derrota parlamentaria del Gobierno vasco a manos batasunas es una discrepancia digerible como peaje de unas negociaciones que se está desarrollando fuera de las instituciones, porque integran a ETA. Por eso, Batasuna arriesgó mucho menos de lo que parece con la oposición a los presupuestos. Nada sustancial ha cambiado. Ni su apremiante necesidad por afianzar un mínimo espacio político que amortigüe los efectos de su ilegalización y los indicios de colapso en la banda; ni la ecuación final del Plan Ibarretxe, que comprende la absorción de la izquierda proetarra a cambio de incorporar a la acción del nacionalismo gobernante los objetivos principales de ETA: soberanía, territorialidad y ámbito vasco de decisión. Otra cosa es que ni unos ni otros estén dispuestos a descubrir tan pronto sus carencias, pues sería una manera de devaluarse antes de perfilar acuerdos más concretos. No hay que confundir la táctica con la estrategia. Nada más eficaz que contemplar estas aparentes disensiones con perspectiva histórica y de futuro. Nunca antes como en los meses previos a los acuerdos de 1998 con ETA y con la izquierda abertzale, la banda había estado tan beligerante con el PNV. Y al final acabó pactando.

Los Presupuestos vascos y la candidatura nacionalista
EDITORIAL Libertad Digital  30 Diciembre 2003

Tras los infructuosos esfuerzos de su Gobierno por lograr el respaldo de los representantes de ETA en el Parlamento Vasco, la vicelehendakari y consejera de Hacienda, Idoia Zenarruzabeitia, ha cometido la insultante desfachatez de acusar al PP y al PSE de "pactar" con Sozialista Abertzaleak el voto en contra de los presupuestos vascos. Según la vicelehendakari, "estos tres partidos son aliados objetivos y estaban buscando una concertación de fuerzas para boicotear la acción del Gobierno vasco". Si no fuera porque la relación entre estos supuestos "aliados" no es otra que la que tienen las víctimas con sus verdugos, el grado de mezquindad y de hipocresía alcanzado por la vicelehendakari podría resultar hasta cómico. No lo es en absoluto y, por el contrario, debería ser objeto de una querella contra Zenarruzabeitia por parte de las dos formaciones constitucionalistas.

Es innecesario tener que decir a nuestros lectores que las razones por las que el PSE y el PP han votado en contra de los presupuestos vascos son diametralmente opuestas a los motivos por los cuales lo han hecho los parlamentarios de ETA. Mientras el PP y el PSE han rechazado justificadamente unos presupuestos cuyo objetivo primordial es la exclusión de los no nacionalistas inherente al secesionista "Plan Ibarretxe", el voto en contra de los etarras es el desenlace provisional de una serie de negociaciones –no concluidas todavía– que tienen como trasfondo el reparto de poder en la deriva secesionista y los prolegómenos de una candidatura conjunta única para las próximas elecciones generales entre la formación ilegalizada de Otegui y los partidos que componen el actual Gobierno vasco.

Los parlamentarios etarras, Arnaldo Otegui y Fernando Barrena, de hecho, se felicitaban hace poco de "la gran receptividad que hemos encontrado" en la primera ronda de contactos mantenida hace unos días para sacar adelante la iniciativa. Entre los interlocutores "receptivos", Otegui citó al PNV, EA, Aralar y los sindicatos ELA, ESK, STEE e IRU.

No obstante, en el forcejeo entre las distintas ramas del nacionalismo, Otegui ha hecho pública una mayor proximidad con EA, al tiempo que se resiste a tener que repudiar a ETA para que el PNV pueda tranquilizar a los sectores más conservadores de su electorado. Con este trasfondo, Sozialista Abertzaleak anunció que en el Debate de los Presupuestos se abstendría en las partidas correspondientes a departamentos dirigidos por Eusko Alkartasuna, y que votaría en contra de los del PNV e IU, por lo que facilitaría una aprobación parcial. Sin embargo, el presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, ha decidido que se votara el dictamen en su conjunto, y no partida a partida, de modo que los proetarras han tenido que votar en contra de todo y los presupuestos han quedado rechazados.

Visto este desenlace, la vicelehendakari no ha hecho más que utilizar la conocida y totalitaria argucia de la "amalgama", que presenta como aliadas a formaciones rivales por la coincidencia en el sentido de un voto, pese a deberse a razones opuestas. Los españoles ya conocemos lo suficiente a los que "sacuden el árbol" y a los que "recogen las nueces" como para que sus controversias tácticas y sus desencuentros puntuales nos hagan olvidar ahora la coincidencia de sus objetivos secesionistas. Que el Gobierno vasco pretenda, encima, como prueba de cargo para emparejar en una "maniobra política conjunta", a los representantes de una banda de asesinos y a los representantes de sus víctimas, es el colmo del cinismo.

Agarrando al PSOE
Dos oportunidades y una incógnita
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  30 Diciembre 2003

El consejero jefe de un gobierno que se supone de todos los catalanes, pero que ha impuesto la exclusión del primer partido de España y quizás en marzo el segundo de Cataluña, ha detectado dos oportunidades desde el atalaya de su medio millón de votos. La primera la formula sin tapujos: “agarrar al PSOE por donde hay que agarrarlo”. La segunda la proclama sin vergüenza: “hacer el cambio de régimen democrático”. Ambas merecen comentario.

Que el señor Carod pueda referirse con tanto desparpajo al partido de su presidente es un síntoma inequívoco de que el PSOE no infunde el menor respeto a nadie, pero también de algo que todos sabemos desde hace tiempo: que Maragall no se considera parte del PSOE. Es más, seguramente está de acuerdo con su mano derecha en la conveniencia de aprovechar la debilidad de Zapatero para modelar el PSOE a la medida de sus pretensiones. El PSOE opera en Cataluña como una marca implícita, ya que Maragall hace mucho que no la exhibe. Se supone que está detrás, lo que sirve para arrastrar el voto del cinturón industrial de Barcelona. Lo mucho que vale este voto una vez emitido queda perfectamente reflejado en la ausencia de consellers nacidos fuera de Cataluña, lo que constituye, cuando menos, una anomalía en una tierra con la estructura sociológica de Cataluña. Cualquiera que conozca mínimamente el PSC sabe que su cúpula es nacionalista desde hace muchos años. Nacionalista es Maragall como lo eran Obiols y Raventós. El PSC tiene incluso su teórico particular de la independencia de Cataluña: Xavier Rubert de Ventós. Pero, claro, el charnego útil no ha leído “De la identidad a la independencia” (1999).

La segunda oportunidad que cita Carod, hacer el cambio de régimen democrático, es más preocupante, si cabe, que la primera porque refleja el ánimo frentepopulista de quienes sólo conciben la democracia si gobierna la izquierda. Ya advirtió Aznar que se trataba de cambiar el régimen, y ahora Carod, al reconocerlo, vuelve a demostrar que la única ventaja de la irrupción de ERC en la arena política es que no oculta sus intenciones. Se alinea así con Llamazares, que considera el derrocamiento del PP una cuestión de salud pública, expresión que nos retrotrae no ya a su querida revolución de daiquiris y mulatas sino a la mismísima revolución francesa. Para tener otro frente popular con el que abrir el siglo XXI colgados de la maldición de nuestra izquierda estúpida y traidora sólo falta un requisito: que el PSOE asuma el discurso del cambio de régimen y de la salud pública. Esta es hoy la principal incógnita, que podría despejarse muy pronto para bien si a Zapatero le queda un gramo de sensatez. O para mal si lleva hasta las últimas consecuencias el atinado aserto de Carod: “No es lo mismo el PP que el PSOE”.

Aznar, en deuda con Garzón
Lorenzo Contreras La Razón  30 Diciembre 2003

De vez en cuando se «percibe» algún comentario sobre lo positiva que ha sido la política de Aznar en lo que atañe a la lucha contra ETA. Desde luego, es difícil no reconocer que la banda terrorista lo está pasando peor de lo que esperaban sus dirigentes y sus simpatizantes. Y no parece descabellado suponer que esta circunstancia valdrá su peso en votos cuando lleguen las elecciones generales de marzo. La propaganda electoral del PP no perderá en su articulación, entre otros, este vital punto de apoyo. Sin embargo, como suele decirse, hasta el final nadie es dichoso. Y la indudable debilidad de ETA no debería interpretarse como la franquicia definitiva para su pronta derrota. Lo prudente es evitar un exceso de optimismo.

Precisamente cuando una organización de este jaez siente en grado más o menos extremo su acorralamiento es cuando deviene más peligrosa, aunque no sea más eficaz en sus objetivos políticos. Pocos días antes del conato de atentado en el Intercity Irún-Madrid, Europol advirtió del riesgo de acciones terroristas indiscriminadas. Ese tipo de crimen es el más fácil de cometer y su mejor represión sólo puede fundarse en la información que posean las Fuerzas de Seguridad del Estado. Por otra parte, las malas relaciones políticas con Francia no se han reflejado en la colaboración policial del país vecino. Es una pésima noticia para la banda que el «santuario» galo se vaya convirtiendo poco a poco en un simple recuerdo. ETA se está quedando sin cómplices pasivos, sin el disfrute de aquella tolerancia que tantas víctimas produjo. La Administración Aznar ha contribuido al término de esa situación.

Así pues, Aznar se lleva ese botín en su mochila política. Pero sería injusto no reconocer que ha tenido, y con él los ministros de Interior, un valiosísimo auxiliar, no a sus órdenes, pero sí a su lado, en el juez Baltasar Garzón. Cuando este juez, titular del Juzgado número cinco de la Audiencia Nacional, se planteó el objetivo de ser con Felipe González ministro de Justicia e Interior, se orientaba en la dirección más adecuada para sus posibilidades. En el fondo ha sido, aparte de magistrado, un auténtico sabueso contra variedad de delitos. La policía judicial ha funcionado y funciona a sus órdenes con una eficacia y contundencia que ha creado escuela. Para la banda etarra, Garzón ha sido el azote más indicado. No consiguió la cartera de Interior, que era la más ajustada a sus características, pero sus líneas de investigación se hicieron sentir en la trayectoria del departamento. La repercusión internacional de su figura le sitúa, incluso con ventaja, en un plano de notoriedad bastante merecida. Sin Garzón, ETA lo habría pasado mejor y los españoles proporcionalmente menos bien desde el punto de vista de su seguridad.

Sálvese quien pueda
Ignacio Villa Libertad Digital  30 Diciembre 2003

La presencia en Madrid de José Bono, que ha acudido a la capital de España para reunirse con la presidenta Esperanza Aguirre, ha vuelto a dejar en evidencia la grave crisis interna que atraviesa el PSOE. De nuevo, Bono ha puesto sobre la mesa las muchas deficiencias de su secretario general. Especialmente ha vuelto a señalar la incapacidad de Zapatero para imponer el más mínimo orden interno. El presidente manchego no ataca a nadie, se limita a recordar la "doctrina política" del PSOE cuando era una partido nacional. Y es un recordatorio más que suficiente para sacar los colores a Rodríguez Zapatero, Pascual Maragall, Manuel Chaves y unos cuantos más que llevan meses dilapidando cualquier vestigio de sentido común.

José Bono, a su paso por Madrid, ha recordado cuestiones que no deberían suponer ningún problema interno para el Partido Socialista, como sus afirmaciones sobre financiación autonómica, política fiscal, criterios de solidaridad y cohesión nacional. Son asuntos básicos que articulan el Estado y que en ningún caso deberían utilizarse como salvavidas de políticos que recurren a la demagogia fácil para sobrevivir a los errores personales. El secretario general del PSOE dejó abierta la espita del desbarajuste hace mucho tiempo y su partido se ha convertido en un circo ambulante en el que cada vez tienen una mayor presencia las comunidades autónomas en las que gobiernan.

En el PSOE viven y trabajan con los ojos vendados, negando evidencias como la del fracaso del Gobierno "a la balear" y buscan supuestas fórmulas nuevas que no son sino una burda copia de lo ocurrido en las Islas Baleares. Bono ha recordado que si la situación de reproches y recriminaciones entre comunidades autónomas se mantiene a propósito de la fiscalidad se estará dejando la puerta abierta a la "ley de la selva". Posiblemente será cierto, pero habrá que recordar a todos que los que han permitido esa peligrosa "ley de la selva" son los propios socialistas. Zapatero sin autoridad, sin orden y sin concierto; Maragall vendiendo todo principio a cambio de gobernar; Chaves subiéndose al carro de las reformas estatutarias como un "jovencillo" con zapatos nuevos; el PSE en un peligrosa deriva hacia el Plan Ibarretxe y un Jesús Caldera patético, diciendo sin decir, convertido en el mejor aliado del adversario político.

Eso sí que es la "ley de la selva", una "ley" perniciosa y terrible para el PSOE que ha echado por la borda cualquier referencia de partido nacional. Bono tiene razón y en el socialismo español empieza a escucharse el "sálvese quien pueda". Triste final.

Chaves legitima a Maragall
Antonio Martín Beaumont La Razón  30 Diciembre 2003

En el circo socialista todo es posible en este 2003 que agoniza. Junto a defensas válidas y ortodoxas de la unidad española hay un amplio muestrario de deslealtades. Hay socialistas vascos de la mano de Ibarretxe. Hay socialistas catalanes de la mano de Carod-Rovira. Y ahora, a modo de sainete, el presidente de la Junta de Andalucía presenta su propio plan de secesión fiscal.

No es cosa de broma, aunque lo parezca. Que Chaves no sea un político de gran envergadura, como no lo es, no hace aceptable un gesto que como mínimo puede definirse de inconcebible y absurdo. Chaves es consciente de que los andaluces ni comparten su postura ni tienen nada que ganar con ella. Pero todos, incluso el preclaro Chaves, somos conscientes de que su salida de tono legitima el pacto contra natura de Maragall y los futuros chalaneos de Vitoria.

Hay quien opina que todo este desorden en las filas socialistas se debe a la cercanía de marzo de 2004, cuando se pondrá en juego La Moncloa, y en el mejor de los casos Zapatero sólo podría hacerse un puesto al sol con apoyos comunistas y nacionalistas; apoyos que de alguna manera deberían ser recompensados, y que deben irse preparando con gestos como en de Chaves.

En realidad, si hay que pensar en 2004 en términos socialistas, es más bien por las derrotas que pueden venir. Y así, tanto el razonamiento de Maragall, como el de una parte creciente del PSE y ahora el de Chaves no van encaminados a cimentar la conquista del poder central, sino más bien a prever una derrota de Zapatero. Piensan muchos dirigentes del PSOE, a lo que se ve, que si el PP renueva sus responsabilidades de Gobierno es mejor concentrar poder en la periferia. Poco importa la deriva secesionista así fomentada, porque no hay sentido del Estado.

Lamentablemente esto no es una novedad en nuestra democracia. En la Transición la UCD gestionó el poder con la misma mentalidad, anteponiendo objetivos políticos de partido y de regate corto a los intereses generales de España. Algunos defectos de nuestro sistema autonómico vienen de esta mentalidad y de esta política de cabotaje, practicada hoy por Chaves, pero iniciada por Adolfo Suárez.

Mentalidad aislacionista
Cartas al Director ABC 30 Diciembre 2003

Tanto en el País Vasco como en Cataluña se está evidenciando que el nacionalismo constituye actualmente un sucedáneo de doctrina política en el que los programas de actuación y gestión son sustituidos por una continua generación de situaciones conflictivas que, aún con altísimos costes de mercado, permiten distraer la atención de sus votantes.

Previsiblemente este fenómeno se acentuará en una Unión Europea en la que realidades nacionales de honda y extensa relevancia han renunciado y renunciarán a parcelas sustanciales de soberanía integrándose económica y socialmente en una nueva entidad supranacional. La esquizofrenia nacionalista les obliga a acentuar su mentalidad aislacionista con respecto a su integración nacional primigenia en España mientras aplauden bobaliconamente una Unión Europea en la que sus líderes prometen falazmente tener una representación individualizada perfecta y exactamente incompatible con ella. Ignorados por la Unión Europea y tan desdeñosos como arrogantes hacia el resto de los españoles, irrespetuosos con las leyes y dotados de una grosería intelectual y una patente carencia de instrucción en materias fundamentales, los nacionalismos constituyen hoy tan solo un anacrónico refugio para políticos de épocas y circunstancias ya pasadas.   J. C. Nárdiz.  Madrid.

ETA tiene prisa
Ramón Pi El Ideal Gallego 30 Diciembre 2003

El grupo ilegal Sozialista Abertzaleak, el de los amigos de ETA, ha votado junto al Partido Popular y el Partido Socialista de Euskadi contra los Presupuestos autonómicos vascos para 2004. Los diputados de Arnaldo Otegi exigieron votar partida por partida, con objeto de aprobar las que dependen de la gestión de Eusko Alkartasuna, y Juan María Atutxa, que es del PNV, no lo consintió. ETA no se fía del PNV. Apuesta por el plan Ibarretxe, pero no deja de presionar al partido de Xabier Arzalluz, que será muy pronto el partido de Josu Jon Imaz. Se conoce que los terroristas habrían preferido a Joseba Egibar para presidir el principal partido nacionalista vasco.

No es que el PNV, con Xabier Arzalluz, con Joseba Egibar o con Josu Jon Imaz, vaya a modificar su estrategia. Lo que ocurre es que el tiempo apremia, y el brazo político de ETA no quiere quedarse fuera de las elecciones generales del mes de marzo, ni de las próximas autonómicas del País Vasco. Ha de aprovechar este tiempo que le queda en las instituciones para que la ruptura sea un hecho y al Gobierno no le quede más remedio que reprimir el separatismo por la fuerza. La banda terrorista ETA necesita todo esto y, además, lo necesita ya. Cualquier otra hipótesis es muy perjudicial para sus intereses, y quién sabe si para su propia supervivencia.

De momento, en mi condición de observador de la política, yo trabajo con esta hipótesis: el PNV, partido burgués de derechas donde los haya, sabe que sólo puede medrar si mantiene la llama del enfrentamiento permanente con el Estado; pero también tiene necesidad de que la economía funcione, para lo cual es necesario no llevarse definitivamente mal con el Estado. Difícil posición, que trata de mantener con gestos díscolos, pero en la esperanza secreta de que eso que llaman “Madrid” garantiza la no separación. Pues bien, nada de esto gusta un pelo a la banda terrorista ETA. Y el voto en contra de los presupuestos es una especie de aviso.   ramon.pi@sistelcom.com

La excepción como regla
Editorial El Correo  30 Diciembre 2003

La ineludible prórroga de los Presupuestos de 2003 para el próximo ejercicio se ha convertido en el enésimo ejemplo de cómo los gobiernos presididos por Ibarretxe durante las dos últimas legislaturas han acabado transformando la excepción en regla. Las reiteradas prórrogas presupuestarias, la forzada interpretación del Reglamento y del uso parlamentario, la aprobación para 2002 de los retazos de unas Cuentas recurridas ante los tribunales, o la consecución gracias a una significativa ausencia del vigente Presupuesto han jalonado la trayectoria última del nacionalismo en el Gobierno. El funcionamiento efectivo de las democracias representativas se basa en la existencia de mayorías capaces de garantizar la gobernabilidad, comenzando por la producción legislativa necesaria y, fundamentalmente, por la aprobación anual de las Cuentas públicas. No existe en todo nuestro entorno democrático un caso semejante al que durante tanto tiempo están viviendo las instituciones de la autonomía vasca, con un Gobierno que sortea los sucesivos ejercicios presupuestarios con la única seguridad de que la oposición (PP, PSE-EE y la izquierda abertzale) no articulará una moción de censura constructiva.

La lectura que la vicelehendakari Idoia Zenarruzabeitia hizo ayer de lo ocurrido en el Parlamento representó un intento absurdo por acusar a los partidos de la oposición democrática de connivencia con Sozialista Abertzaleak, cuyo protagonismo parlamentario favorece el propio Gobierno. El proyecto soberanista que alberga ha permitido al nacionalismo liderado por Ibarretxe soslayar su primera obligación: la gobernación de Euskadi desde una mayoría suficiente. En ese sentido, las aspiraciones del nacionalismo, convertidas en actualidad permanente por parte de los promotores del plan Ibarretxe, han acabado siendo un perfecto subterfugio para disimular las carencias parlamentarias del Gobierno vasco. Pero lo que ya resulta inadmisible es que un Ejecutivo que culminará su trayectoria con tal cúmulo de anomalías en el ejercicio de su función institucional eluda su responsabilidad respecto a una administración de los dineros públicos basada en el respaldo mayoritario del Parlamento. La prórroga presupuestaria es la metáfora de toda una política orientada a buscar la confrontación, la espiral ascendente que lleva al nacionalismo a hacerse con la mayoría absoluta. Pero, incluso si alcanzara ese objetivo, el mismo quedaría contaminado por la empecinada estrategia que ha situado los fines unilaterales del nacionalismo por encima de los medios y procedimientos más convenientes al correcto funcionamiento de la democracia parlamentaria.

Abismito
IÑAKI EZKERRA El Correo  30 Diciembre 2003

Tengo un amigo que me criticaba hace poco en privado por usar en un artículo la palabra 'abismo' en referencia al lugar donde nos quiere llevar Ibarretxe con su plan. A mi amigo ese término no le gustaba ni desde el punto de vista estilístico ni desde el semántico, esto es, ni por la teatralidad con la que suena ni por el significado alarmista que tiene. De lo segundo me defendí fácilmente. Le expliqué que, aunque resulten un poco teatrales cuando se les mienta, los abismos existen en la vida real como existen la ruina y la muerte. Basta ver los telediarios llenos de guerras, huracanes y terremotos o de gente que mata a su familia porque se le ha cruzado un cable. Todo eso demuestra que los abismos, tanto los exteriores como los interiores, no son un cuento chino. Hay momentos en la vida en que uno le ve los cuernos al lobo -o las orejas al toro- y reacciona y se aparta del abismo. Los telediarios son de este mundo aunque copien al Apocalipsis. Como me pareció que mi amigo no reaccionaba y acusaba los golpes quise rematarlo pasando a casos de ruina económica y muerte prematura que conocíamos. Eran ejemplos de cómo el abismo está a la vuelta de la esquina y llega sin avisar. Todos los casos de empresas que se van al carajo y de gene que la palma joven -le dije- tienen en común que suscitan la misma incredulidad, el comentario de 'cómo es posible'.

Si el 'abismo' es exagerado, la ruina no pasa de ser unb contratiempo y toda muerte una 'muertilla', algo que se queda en uno. Lo dijo Guillén: «Morir es sólo triste». Creí que lo había dejado k.o. pero mi amigo me atizó un golpe bajo volviendo a la cuestión estética: «Hay dos tipos de articulistas: los que saben criticar el plan Ibarretxe sin citar el abismo y los que no pueden evitar citarlo». Entonces pensé que no toda pero alguna razón tenía. La palabra 'abismo' es demasiado tópica y facilona. Se le va la fuerza por la boca de lo abismal precisamente. Me acordé de los cursis que usan la palabra 'paisito' para hablar del País Vasco y entendí que la solución estaba en el diminutivo. A mi amigo debía enseñarle el abismo del plan Ibarretxe en pequeñas cucharadas como a los críos. Tenía que hablarle del 'abismito', de algo entre temible y entrañable que pudiera digerir sin arcadas. Tenía que decirle 'ésta por mamá, ésta por papá, ésta por el tío...' Quizá, después de todo, el 'abismito' sea más exacto para lo que nos traemos entre manos y más peligroso que el abismo mismo. El trompazo es igual pero parece una pocholada.

Cuentas suspendidas
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  30 Diciembre 2003

No fue relevante que el Parlamento le rechazara ayer el Presupuesto, lehendakari. Esta legislatura no va a llegar a las próximas navidades y para estos meses se puede tirar de prórroga presupuestaria. De ahí que Atutxa, nuestro gran 'bricoleur' parlamentario, se haya negado a someter a votación por partidas la ley, justo lo que hizo hace dos años, cuando sí necesitaban el voto batasuno y éste no era tan discriminatorio a favor de EA como se anunciaba ayer. Tampoco echó de la Cámara al par de parlamentarios de la oposición que le sobran para aprobar así las Cuentas, luego dirán que hay juego limpio. El único interés del tema era mejorar un poco el ratio legislativo de su Gobierno, que está hecho una braga, con perdón. Haber aprobado seis leyes de 36 es un balance desolador, lo mire como lo mire.

En cambio, estuvo usted rotundo, lehendakari, durante el copetín navideño a las fuerzas vivas, y aun a las despiertas, de la sociedad vasca en el pórtico de la Navidad, al augurar: «Presiento que el fin de quienes quieren matar y extorsionar está próximo». Cinco días más tarde, la Policía evitaba que dos maletas de 'titadyne' hicieran explosión la tarde de Nochebuena en la estación de Chamartín. ¿Era su vaticinio de la semana anterior una expresión de confianza en las Fuerzas de Seguridad del Estado? Aun así no habría estado de más dar las gracias, aunque sólo fuera por el papelón que le ahorraron aquella tarde.

Fue un suceso extraordinario, pero nadie de su Gobierno felicitó a la Policía por esa operación. Su televisión perdió la ocasión de sacar aquella noche o al día siguiente al consejero de Interior, al portavoz, a la vicelehendakari o a usted mismo como portavoces cualificados de una sociedad estremecida por la noticia. El ente autorreferente estaba ocupado en su ya clásico juego de estas fechas; el Teleberri-2 de Nochebuena dio parca noticia del discurso del Rey: un minuto y veinte segundos en el minuto 25 del informativo. Al día siguiente, la ronda de reacciones al minusvalorado discurso era primera noticia en titulares y ocupaba cinco minutos. ¿Sabe qué es lo peor de todo? Que la rara estrategia informativa de ETB condena a abertzales ejemplares a sintonizar cadenas españolas en Nochebuena para poder hacer los deberes en Navidad. Lástima que ya puestos, no aprovecharan la ronda para preguntar a Permach y los demás por la operación policial de la víspera.

Tampoco se entendían sus últimas declaraciones a 'El País', por mucho que se publicaran el día de los Santos Inocentes: «Lo que más daño hace a la violencia y a ETA es que en este país debatamos sobre proyectos políticos». No es por amargarle el turrón, lehendakari, pero parece que más daño les hace lo de Nochebuena. Y lo de 'Susper'. ¿Por qué no le dejan escapar otra vez en Nochevieja? Feliz año.

El lenguaje del silencio
ANTONIO ELORZA/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE  El Correo  30 Diciembre 2003

En el discurso político, los silencios están con frecuencia cargados de significación. Entre nosotros, el más elocuente es aquél que ha venido produciéndose en la argumentación política del Gobierno vasco y del PNV cada vez que tenía lugar un atentado terrorista de ETA: una vez emitido el mensaje de condena y de condolencia hacia las víctimas, nunca se extraía del luctuoso episodio la menor consecuencia política, y en todo caso, ese silencio sólo era roto para condenar con dureza a quienes llamaban a la unión de los demócratas contra el terror. Para nuestros nacionalistas, extraer la lección de un atentado de ETA equivalía a vulnerar el recinto sagrado de la muerte. Fue además un cinismo rentable. Como supo intuir Arzalluz al ser asesinado Fernando Buesa en Vitoria, gracias a un silencio planteado a tiempo, sólo con aplazar la emisión del comunicado de condena, resultó posible no sólo evitar un frente contra ETA, sino incluso cerrar el círculo acusando a los correligionarios de las víctimas de agredir al nacionalismo democrático. El resultado fue la famosa manifestación triunfal al grito de '¿Lehendakari aurrera!', que precedió al cortejo fúnebre. No es cosa del pasado. A pesar de la macabra tarjeta de Navidad que intentó enviar ETA en el tren Irún-Madrid, el PNV seguirá ignorando la inserción en la trama terrorista de Batasuna (hoy SA) para mantener a Atutxa como héroe de la resistencia vasca, adscrito a la curiosa tarea de amparar la supervivencia parlamentaria del crimen político. En vez de pavo, nuestros burukides deben de consumir en estas fiestas avestruz.

Mucho de eso hay en la traída y llevada 'Pelota vasca' de Julio Medem, tanto cuando se presentó en las salas de proyección como ahora al ser publicada en forma de libro. Una y otra vez, Medem cuenta lo que le interesa y calla lo que no le conviene. La negativa a colaborar de algunos intelectuales vino bien para legitimar su equidistancia: si hay desequilibrio en el documental, es porque Savater y otros no quisieron colaborar. Pero ahora, con el libro, resulta útil proporcionar la apariencia de que por fin el lector tiene ante sí la información completa, y en consecuencia el autor prefiere no informar de que algunos participantes en el filme, como el que ahora escribe o el politólogo Fernando Reinares, prefirieron retirar sus testimonios del libro en curso de una publicación que nunca les fue notificada y que conocieron por azar. Y si en la película tuvo lugar la modulación del contenido truncando unas intervenciones, silenciando aspectos de otras y omitiendo datos imprescindibles, como los que hubieran hecho saltar por los aires la comparación en el dolor entre la viuda del ertzaina y la compañera del etarra encarcelado lejos de casa, ahora en el libro la mutilación llega por un camino mucho más simple, al omitir en el texto las preguntas planteadas a cada participante por el cineasta. Merced a ese discreto silencio, da la impresión de que asistimos a la emisión de una cascada de discursos libres, donde cada cual cuenta lo que quiere sobre la realidad vasca. Si yo, por ejemplo, critico al PP y nada digo del plan Ibarretxe, será porque nada tengo que objetar a los hallazgos prehistórico-políticos de Ibarretxe, nuevo Moisés para el siglo XXI de ese pueblo vasco que viene en línea recta del Mesolítico. La verdad es otra: las declaraciones de cada uno son respuestas a unas preguntas concretas que orientan, impulsan o impiden que el entrevistado aborde un determinado tema. Y las preguntas han sido borradas. La trampa es sutil, pero pone nuevamente en entredicho la pretensión de objetividad de esta txapela lanzada al centro de la cancha, tal vez con una piedra dentro.

En otro orden de cosas más trascendente, los silencios voluntarios están afectando a los debates cada vez más intensos en torno a una deseable reforma constitucional. Vaya por delante que, en muchos aspectos, y olvidándose del contexto actual, la reforma es más que pertinente y debiera marcar la orientación federal que falta en la Constitución de 1978 para resolver los conflictos entre comunidades y representar a éstas. Los artículos sobre las autonomías precisan nueva redacción, sin olvidar ese artículo 2º, excelente en su día al introducir el juego de 'nación' y 'nacionalidades' pero que hoy podría reflejar más adecuadamente la composición plurinacional del Estado. La igualdad de sexos debe prevalecer en el tema de la sucesión y la regencia, en caso de muerte del rey y minoría de edad del heredero, ha de quedar sustraída al azar de que la viuda o el viudo sean o no personas presentables; basta con encomendar a las Cortes la designación en el caso citado de un regente

La lista de cambios razonables es bien extensa y en sí misma no plantea graves problemas. Lo que olvidan los apasionados reformadores, de la Constitución o de los estatutos, y muchas veces de manera interesada, es que la desconfianza no nace para algunos de un fundamentalismo constitucional, como se ha llegado a escribir, sino del temor a abrir la 'caja de Pandora' en un tiempo de inseguridad para el propio sistema democrático. Dicho de forma tosca pero gráfica, pedir un crédito a un banco está bien, pero no es bueno hacerlo mientras tiene lugar un atraco. Y el plan Ibarretxe representa un auténtico jaque al rey. De ahí que sorprenda la actitud de destacados intelectuales y constitucionalistas que parten de una condena sin paliativos del mismo, en tanto que 'brutal necedad' o 'despropósito legal', y una vez pronunciado tal juicio prosiguen tan tranquilos con su argumentación sobre la urgente reforma. «Silencio, ¿para qué?», habría preguntado Lenin.

Lo cierto es que el tema de la reforma, abordado en los términos aludidos o similares por la mayoría de nuestros constitucionalistas, silencia cuidadosamente la circunstancia en que la discusión se ha iniciado. No nos encontramos ante un torneo de ideas en un país que por fin ve consolidado después de un cuarto de siglo su Estado democrático, sino frente a una serie de demandas que amenazan el orden constitucional. El texto socialista aprobado en Santillana representa todo lo contrario. En cambio, el nuevo Estatuto catalán resultaría de difícil encaje si la ERC de Carod actúa según es previsible como minoría hegemónica del Gobierno catalán para impulsar «un camino sin retorno», en el cual se incluyen como primeros pasos el autogobierno pleno en los órdenes fiscal y judicial, así como esa amenaza de «consulta popular» para el caso de que las Cortes de Madrid rechacen o modifiquen en algo sustancial el texto emanado de Cataluña. El portavoz populista de esa «Cataluña que paga y calla» respalda con entusiasmo el plan Ibarretxe y Maragall nada dice. Es un silencio que anuncia inseguridad.

Claro que siempre es mejor el silencio que la falsedad. A este respecto, las declaraciones hechas por Ibarretxe a 'Le Monde' merecen figurar en una antología del engaño político. Resulta que su propuesta tiene como primer objetivo «expulsar a ETA» (para lo cual tiene lógicamente que defender con uñas y dientes a Batasuna). Sus aspiraciones son modestas: que Euskadi sea una región más de las setenta y cuatro de Europa, como Baviera (¿ya!). De ahí que le llamen 'españolista' (sin comentarios). En cuanto a relaciones con Iparralde, «culturales y lingüísticas» (s.c). Su 'pueblo vasco' nada tiene que ver con el pasado y se basa en la igualdad «de todos los que viven y trabajan aquí» (por eso introduce la distinción a desarrollar entre nacionalidad y ciudadanía). En cuanto a la imputación de que el plan «va hacia la independencia», nada de eso: al buscar el consenso con España, «se sitúa en la línea del Estatuto de Gernika que rige actualmente nuestra autonomía». Hitzak ederrak.

Lo peor del caso es que la combinación de enmascaramiento y mensajes múltiples está resultando eficaz. Frente al tosco Egibar, Imaz es el hombre adecuado para sostener ese doble juego. El último Euskobarómetro prueba que el plan Ibarretxe avanza en la opinión pública vasca, sobre un fondo de confusión generalizada que disocia su contenido de una eventual independencia, y en este punto insiste siempre Imaz, al mismo tiempo que presenta su estrategia de ruptura como un gesto defensivo de la voluntad de los vascos frente a la presión agresiva del Gobierno de Madrid. La identidad dual y el apoyo minoritario a la independencia no cambian, tampoco se enteran mucho los vascos de qué supone su futuro Estatuto/Constitución, pero están dispuestos a participar en un referéndum aunque sea ilegal, respaldan a Atutxa y siguen rechazando la ilegalización de Batasuna. Mientras los partidos constitucionalistas andan a la greña y no van más allá de un no primario (PP) o ambivalente (PSE), el soberanismo ocupa el terreno a su retaguardia. Será absurdo y necio, pero puede ganar.

CONTRA EL "PLAN IBARRETXE"
El TSJPV abre el plazo para que la Diputación de Álava demande al Gobierno vasco
El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco ha denegado el incidente de nulidad pedido por las Diputaciones de Vizcaya y Guipúzcoa contra la admisión a trámite del recurso contencioso-administrativo presentado por la Diputación de Álava contra el "Plan Ibarretxe". En la misma providencia, el Tribunal da veinte días a la Diputación de Alava para que presente la demanda contra el acto del Gobierno Vasco en el que se aprobó el "Plan Ibarretxe".
EFE Libertad Digital   30 Diciembre 2003

El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) admitió a trámite en noviembre el recurso de Álava, gobernada por el PP, contra la aprobación por parte del Consejo de Gobierno Vasco de la propuesta de reforma del Estatuto que plasmó el "Plan Ibarretxe".

Tras la admisión de este recurso, las Diputaciones de Guipúzcoa y de Vizcaya, gobernadas por el PNV, presentaron un incidente de nulidad contra esta admisión a trámite, y anunciaron que se personarían en el procedimiento judicial abierto por la institución foral alavesa contra el "Plan Ibarretxe".

Ahora, según una providencia del Tribunal a la que ha tenido acceso Efe, el Tribunal ha denegado la nulidad pedida por Vizcaya y Guipúzcoa, por lo que el recurso sigue adelante. El Tribunal deniega la nulidad porque considera que no se incumple, como decía Guipúzcoa, el artículo 51 de la ley de la jurisdicción contencioso-administrativo. Una vez denegada la nulidad, el Tribunal admite como personadas en el recurso a las dos diputaciones de Vizcaya y Guipúzcoa.

La Diputación alavesa presentó el recurso el 28 de octubre. Los motivos que alegó fueron que la propuesta aprobada supone una modificación de la Constitución, que requeriría una aplicación de la artículo 168 de la Carta Magna, así como que faltaba el "trámite de audiencia" de Álava, con la consiguiente "indefensión". El criterio mayoritario del Tribunal admitió el recurso al considerar que el artículo 2 de la ley que regula lo contencioso-administrativo indica que los tribunales de esta clase pueden intervenir en los actos de los Gobiernos de las autonomías.

Por otra parte, según fuentes personadas en el caso, todavía no ha llegado al Tribunal Superior la documentación que se le pidió al Gobierno vasco sobre la aprobación de la propuesta de reforma del Estatuto. El Tribunal solicitó que, si la había, se le remitiera la documentación adjunta a la propuesta aprobada. En el caso de los proyectos de ley éstos deben adjuntar un informe sobre la necesidad y oportunidad del mismo, así como una memoria económica del coste al que dará lugar, aunque el Gobierno vasco no lo aprobó como proyecto de ley.
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