AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 3 Enero  2004
La “complejidad técnica” de desnacionalizar España
EDITORIAL Libertad Digital 3 Enero 2004

Cada semana, un modelo de Estado (o dos)
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 3 Enero 2004

Lo que hay
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 3 Enero 2004

De Arana a Ibarretxe
JOSÉ LUIS DE LA GRANJA El Correo 3 Enero 2004

De Carod a Rovira, pasando por Sellarés
Lorenzo Contreras La Razón 3 Enero 2004

¿Colócanos a todos!
José Clemente La Razón 3 Enero 2004

Vázquez estudia cambiar el nombre de la ciudad para sólo usar La Coruña
María Figueiral/ Sonia Mella / A Coruña El Ideal Gallego 3 Enero 2004

La puerta falsa
Nota del Editor 3 Enero 2004

Mayor Oreja dice que Esquerra está siendo implicable con CiU al igual que Batasuna y ETA lo son con el PNV
EP Madrid Estrella Digital  3 Enero 2004
 

La “complejidad técnica” de desnacionalizar España
EDITORIAL Libertad Digital 3 Enero 2004

Los últimos anuncios del PSOE respecto a lo que va a ser su programa electoral, lejos de perfilar lo que será su oferta de gobierno, están sirviendo para generar incógnitas donde antes no existían. A escasas doce semanas de las elecciones generales, su portavoz Jesús Caldera nos ha salido con que su partido avalará “cualquier reforma estatutaria que propongan, dentro de la Constitución, los gobiernos autonómicos”. Lo primero que cabría preguntar al portavoz del PSOE es por qué la reforma del Estatuto catalán que propone Maragall sí puede exigir una reforma de nuestra Carta Magna y, sin embargo, las que pudieran proponer otros gobiernos autonómicos deben estar “dentro de la Constitución”. ¿Miente Maragall cuando advierte que su reforma estatutaria pasa por la reforma de la Constitución? ¿O es, más bien, Caldera el que falta a la verdad cuando dice que el PSOE sólo permitirá aquellos cambios de los Estatutos que sean compatibles con nuestra Carta Magna?

Lo que los socialistas catalanes de la mano de los independentistas de Esquerra Republicana pretenden hacer en Cataluña es abiertamente inconstitucional, pero sabemos de qué se trata. Los propios Maragall y Rovira han dejado claro para qué quieren dejar atrás la “transitoria” Constitución del 78: para pasar a definir estatutaria y legalmente a Cataluña como nación, para tener una Hacienda independiente y soberana, la definitiva y total erradicación del castellano en la enseñanza o un sistema judicial ajeno al español.

Sin embargo, respecto a la oferta de los socialistas para el resto de España, las últimas declaraciones de Zapatero y Caldera nos dejan en la duda. Sabemos que para quitar gravedad al secesionismo del gobierno catalán primero nos han dicho que, no sólo Cataluña, sino todas las autonomías podrán tener su propia Agencia Tributaria. Pero esto, para empezar, no está “dentro de la Constitución”. Con todo, si en el caso de Cataluña lo que se persigue con la Hacienda propia es dejar de ejercer la “solidaridad fiscal” con el resto de España, ¿qué pretende Chaves apuntándose al invento? ¿qué Andalucía se financie sólo con sus recursos propios? ¿Y qué pasaría con el resto de las Autonomías —gobernadas por cierto por el PSOE— que son beneficiarias de parte de lo que se recauda fuera de ellas? Bono e Ibarra, por la cuenta que les trae, han dado un paso al frente y han dicho que no cuenten con ellos. ¿Pero qué dice Zapatero? Bueno, el candidato socialista parece que con la entrada del año ha “modulado a la baja” la potestad fiscal de las 17 agencias tributarias autonómicas que proponía el día anterior, y ahora reconoce una “complejidad técnica” respecto a los impuestos estatales que antes parece que no veía.

Lo que no es una “complejidad” sino una imposibilidad metafísica es que unas autonomías se sigan beneficiando de parte de lo que se recauda en otras, si todas ellas pasan a ser soberanas de todo lo que se recauda en ellas. Y, si no es para disponer de todo lo que se recauda en cada autonomía, ¿para qué se quiere que cada autonomía disponga de una agencia tributaria propia? ¿Para dejar a deber más a todos? ¿Para multiplicar por 17 la burocracia que requiere su creación?

El caso es que, a la espera de nuevos cambios, sabemos que la propuesta del PSOE será que las nuevas agencias tributarias puedan gestionar, inspeccionar, recaudar y liquidar los impuestos propios y cedidos, y los compartidos en “régimen de consorcio” con una Agencia Tributaria Central que finalmente no desparece, con lo que la “complejidad” de la que huía Zapatero va a palidecer comparada con la que resulte de este tinglado.
Otra cosa ciertamente “compleja” sería la definición de España en la nueva Constitución que estuviera en sintonía y diera cobertura legal al nuevo Estatuto que impulsa Maragall y que define, en sus primeros artículos, a Cataluña como nación. Poco importaría que las otras reformas estatutarias —que desde ayer también avala por adelantado el PSOE— renunciaran a calificar como tales a sus respectivas autonomías. Imaginemos por un momento que al margen de la Historia, del Tribunal Constitucional o de los votantes, el señor Zapatero pudiera redactar el cambio constitucional que le viniera en gana. La actual Constitución sólo reconoce a España como nación, por lo que habría que preguntar a los socialistas qué “naciones” junto a la de Maragall integrarían España en el nuevo texto Constitucional, o bien cuantas naciones junto a la española formarían parte del Estado. Esta cuestión tan simple, y al tiempo tan radical, sigue sin encontrar respuesta en un candidato a la presidencia del Gobierno... Y es que no hay nada más “complejo” que hacer un programa coherente de una contradicción permanente.

Cada semana, un modelo de Estado (o dos)
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 3 Enero 2004

En menos de una semana, el PSOE ha anunciado que estaba dispuesto a crear Agencias Tributarias capaces de recaudar todos los tributos en todas las Comunidades Autónomas y que no pensaba hacerlo, por “problemas técnicos” en los que al parecer no había pensado al proponer la liquidación del Estado Español como marco del pago de impuestos. También ha dicho que estaba dispuesto a aceptar, junto a la ya anunciada del Estatuto de Cataluña, la reforma de todos los demás estatutos de Autonomía y luego ha dicho que sólo respaldará las reformas que estén dentro de la Constitución, lo cual contradice a su vez y radicalmente las afirmaciones de Maragall, que ha declarado que su reforma estatutaria exige la de la Constitución, ya que parte de la liquidación de la nación española como “única e indivisible”. Es decir, que tanto el marco legal en que se desarrolla la vida española como el sistema tributario en su legitimidad y ejercicio han sido declarados reformables e incluso liquidables para ser poco después defendidos en su integridad. Si esto son capaces de hacer —y deshacer— en siete días, ¿qué no harían —y desharían— en cuatro años de Gobierno?

Y si el PSOE, como es público y notorio, no tiene una idea clara de la nación, de las leyes que de ella emanan legítimamente a través de las instituciones representativas y de los impuestos que constituyen la médula económica que permite el diario funcionamiento del Estado, ¿cabe pensar que la tenga de la Educación, la Seguridad, la Sanidad o las Pensiones? En realidad, aunque la tuviera, daría igual. Un sistema de pensiones como el nuestro, basado en el reparto y no en la capitalización, dependiente por tanto cada año de los Presupuestos Generales del Estado, queda automáticamente disuelto cuando se prescinde de la unidad fiscal. Cada autonomía debería garantizar la totalidad de las pensiones de los que en ella viven —y no limitarse a los aguinaldos electorales— si las diecisiete Agencias Tributarias que prevé el modelo socialista llegan a implantarse. Claro que para ello habría que derogar el artículo 133 de la Constitución que, como recordaba Fernando Serra en un artículo reciente, dice con toda claridad: “la potestad originaria para establecer los tributos corresponde exclusivamente al Estado, mediante Ley”. Y como el PSOE ha dicho también al terminar la semana que sólo pondrá en marcha los cambios de los Estatutos que quepan dentro de la Constitución, a lo mejor resulta que después de anunciar que lo cambia todo resulta que no cambia nada. ¿Nada? ¿Todo? ¿Algo? ¿Qué? ¿Qué propone realmente Zapatero?

Por esta semana, no hay más propuestas y contrapropuestas. La que viene, traerá sin duda más motivos de sorpresa, temor, duda, tranquilidad relativa y desorientación absoluta. Sólo tiene una ventaja esta política del PSOE de ofrecernos un modelo de Estado cada semana, a veces dos, y es que para las elecciones generales ya sólo faltan tres meses, doce semanas, trece como máximo. Después... el diluvio.
Cataluña

Lo que hay
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 3 Enero 2004

Como el año se presenta difícil para los que defendemos la idea de España en la irritada periferia, no sería mala idea sentar algunas premisas para saber a qué atenernos. Por preocupante que resulte el cuadro final.

En primer lugar, nos enfrentamos a amenazas serias de grupos con grandes cuotas de poder y muchas posibilidades de ganar. El país estaba más o menos preparado para enfrentarse a la fuerza centrífuga vasca y el principal desafío nacional hasta hace un mes era cómo gestionar los hechos consumados del plan Ibarreche. Nadie parecía contar con un desafío mayor en Cataluña, con la normalización social y mediática del secesionismo a partir de un proyecto planteado desde la legalidad de las urnas y la legitimidad del rechazo a la violencia y al discurso del miedo. Y mucho menos se esperaba que ese proyecto lo encabezaran nominalmente los socialistas a través del hombre con mayor ascendiente sobre Zapatero.

En segundo lugar, constatamos que el proyecto del tripartito ha provocado inmediatamente una marea de esperanza e ilusión en Cataluña que dice muy poco acerca de nuestro supuesto seny. La euforia, más allá de adscripciones políticas, de la sociedad catalana ajena a la tarta pujolista, o cansada de su viejo sabor, es evidente en despachos, restaurantes y reuniones de amigos. Votantes independentistas, socialistas y neocomunistas, pero ojo, también populares, están disfrutando de lo lindo con la desairada salida del poder de los incrustados de Mas y Durán. Tanta alegría ciudadana ha cogido por sorpresa a los medios de comunicación catalanes, que a trompicones están adaptándose a la realidad de la calle.

Tercer punto: los independentistas están ganando la batalla del lenguaje en Cataluña y empiezan a ser tomados por modelo en el País Vasco. Discursos y consignas propias de un pequeño partido marginal por el que nadie daba un duro han sido incorporados por sus socios de gobierno, donde ya existía un caldo de cultivo que nadie quería reconocer en el independentismo de salón del círculo íntimo de Maragall. Se están imponiendo mensajes que obligarán a Madrid a una puesta al día en el discurso: ellos no son nacionalistas; los nacionalistas son los de CiU; en la Cataluña independiente se respetará el castellano, etc. A todo esto, es muy difícil negar su pretensión de ser un gobierno para todos cuando representan desde lo más radical del antiespañolismo hasta lo más tradicional del viejo obrerismo del PSOE en el cinturón industrial.

Por fin, su proyecto aprovechará minuciosamente todas las vías legales dirigidas a un cambio del marco institucional español. Las tres formaciones, con su holgada mayoría absoluta en Cataluña, se disponen a explotar todos los resortes del poder autonómico, que son muchos, pero también su capacidad de presión sobre el PSOE, al que ya han comenzado a escorar hacia sus objetivos, el más importante de los cuales, el decisivo, es la aceptación de que el pueblo catalán es un sujeto jurídico-político que puede decidir su futuro. Es decir, la negación no ya de la Constitución sino de España, fundamento de aquella.

Esto es lo que hay, nos guste o no, y dibuja un escenario ciertamente extraño en el cual ni siquiera resultará decisivo lo que haga un gobierno del PP con mayoría absoluta. Es el PSOE el que se ha salido del sistema y a él corresponde volver.

De Arana a Ibarretxe
JOSÉ LUIS DE LA GRANJA/CATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA UPV/EHU
El Correo 3 Enero 2004

Al cabo de un mes de publicar mi artículo 'El retorno de Sabino Arana' (EL CORREO, 25-11-03), me ha sorprendido que el profesor Ramón Zallo tenga la deferencia de dedicar todo un artículo a intentar rebatirlo ('La crítica rutinaria al nacionalismo vasco', 23-12-03). De él lo primero que llama la atención es que utiliza mi escrito como pretexto para contestar a otros críticos, sean historiadores o periodistas, a quienes no se atreve a nombrar expresamente: «En la Prensa y en la historiografía -y esto no va por De la Granja- suelen tener mejor suerte los conservadores». «Un efecto del antinacionalismo militante impermeable y visceral -y no es el caso de De la Granja, que es un historiador serio- es que impide a los críticos renovar el repertorio», etcétera.

Precisamente, como historiador dedicado desde hace décadas al estudio del nacionalismo vasco, he constatado en los últimos años que el PNV (así como el conjunto del movimiento nacionalista) ha retornado a la doctrina de su fundador, al aranismo. Ésta es una de las tesis de mi reciente libro 'El siglo de Euskadi' (Tecnos), en cuyo prólogo señalo tres dogmas de Sabino Arana que continúan vigentes en el nacionalismo de nuestros días: la visión mitificada de la historia del pueblo vasco, el antagonismo maniqueo Euskadi/España y la concepción esencialista y patrimonial de Euskadi. A ellos añadía en el artículo mencionado la permanencia en cierta medida del etnicismo.

Este análisis histórico del momento político actual por el que atraviesa dicho movimiento, ¿resulta erróneo o rutinario? Zallo no lo demuestra en absoluto en su artículo, a pesar de que escribe que «la crítica de De la Granja -por otra parte tan común en la historiografía progresista- no funciona del todo bien por dos razones. Una, por olvido del contrapeso y otra, por adelgazamiento». Y desarrolla tales razones, que cabe resumir así: las derechas e izquierdas españolas incurren en esos mismos rasgos y, además, no es para tanto en el caso del nacionalismo vasco.

Centrándonos, en aras de la brevedad, en el 'adelgazamiento', Zallo no sólo no refuta mis tesis sobre el legado sabiniano, sino que las acaba ratificando 'malgré lui'. «El etnicismo está en el origen del nacionalismo defensivo vasco, pero parece superarse en buena medida en lo público. Otra cosa -escribe- son las actitudes de más difícil erradicación que se constatan en el ámbito privado de sectores de base». Así pues, al cabo de un siglo de historia, Zallo corrobora que el etnicismo persiste en la base nacionalista. Más aún, su artículo va más lejos que el mío al apuntar la 'desidia' de los nacionalistas por «no haber educado en nuevos valores, los del patriotismo cívico y democrático, de singular éxito en Cataluña». Incluso indica la subsistencia de otro rasgo característico del nacionalismo vasco que yo no citaba en mi artículo, pero que varios historiadores hemos analizado en la doctrina de Sabino Arana: «cierto agonismo». Por tanto, mi referencia al etnicismo no parece que deba 'adelgazarse', sino más bien todo lo contrario.

En segundo lugar, la visión mítica de la historia vasca «se ha superado, en parte, por razón de la homogeneización universitaria metodológica y de fuentes», según Zallo, pero «su traslado al núcleo de la ideología es más lento». Dicho más claramente, el desarrollo alcanzado en los últimos decenios por la nueva historiografía vasca ha permitido superar tal visión mítica; empero, sigue perviviendo en la ideología nacionalista. Me alegro de que Zallo coincida así con otra de las tesis que mantengo desde hace tiempo, aunque eso implique reconocer la gran distancia que separa la historia real demostrada por la historiografía vasca académica de la historia inventada o imaginada por Sabino Arana y sus herederos ideológicos.

En tercer lugar, el antagonismo Euskadi/España «no puede dejar de existir mientras el Estado no quiera resolverlo plurinacionalmente». Zallo se limita a corroborar este punto, si bien añade un elemento nuevo que no comparten muchos nacionalistas: la existencia del «conflicto interno, entre vascos», porque Euskadi es una sociedad plural. Entonces, ¿cabría también la posibilidad de resolver éste plurinacionalmente?

Del último rasgo, Zallo afirma que «el 'esencialismo' está en desgaste en los nacionalismos», pero en modo alguno niega su supervivencia en el caso vasco. En suma, su réplica a «la crítica rutinaria al nacionalismo vasco», lejos de rebatirla, viene a confirmar que dicha crítica se corresponde con la realidad actual.

No en vano esas cuatro características sustanciales del nacionalismo sabiniano figuran también en el sustrato ideológico del plan Ibarretxe, en cuya elaboración algo ha tenido que ver Zallo desde su cargo de asesor del Gobierno vasco. En su defensa del plan, llega a hacerlo similar a la «etapa españolista» de Sabino Arana. Esto demuestra que no la conoce bien, porque su «evolución españolista» implicaba la renuncia expresa a la independencia de Euskadi, cosa que no aparece por ningún lado en el plan del lehendakari. Es cierto que éste no es la independencia, pero también lo es que se trata de una vía gradual (precisa de una generación) hacia la independencia de Euskadi, propuesta después de que fracasase la vía rápida del Pacto de Estella, antecedente inmediato del plan Ibarretxe.

Con este plan el nacionalismo no sólo cuestiona sino que liquida el Estatuto de Gernika, el marco de convivencia que aprobamos democráticamente la gran mayoría de los vascos hace casi un cuarto de siglo. Sin embargo, el nacionalismo es incapaz de revisar críticamente la doctrina elaborada a finales del siglo XIX por Sabino Arana, en cuyos dogmas continúa anclado a principios del siglo XXI. Por ello, no es válida la comparación que hace Zallo con el socialismo español: «Nadie le juzga al de hoy por el Pablo Iglesias o el Largo Caballero de ayer». Es obvio, sencillamente porque ningún dirigente actual del PSOE se declara 'pablista' o 'caballerista', ni mucho menos pretende implantar en España el programa fundacional de Pablo Iglesias.

En cambio, con motivo del reciente centenario de Sabino Arana, Xabier Arzalluz y otros dirigentes del PNV se han definido 'sabinianos', dispuestos a llevar a cabo el programa de Arana, hasta el punto de que su diputado Iñaki Anasagasti ha llegado a afirmar que «el plan Ibarretxe es el plan Sabino Arana». De esta forma ratifican la tesis contenida en mi artículo 'El retorno de Sabino Arana', y con ello mi análisis histórico, lejos de ser rutinario, tiene plena vigencia.

De Carod a Rovira, pasando por Sellarés
Lorenzo Contreras La Razón 3 Enero 2004

El federalismo asimétrico de Pasqual Maragall, modulado por el vigilante Carod-Rovira, vela sus armas con la mirada puesta en el 7 de marzo, día de las elecciones generales. Es la fecha en que se dibujará el mapa de las fuerzas políticas. El propio Ibarreche ya piensa en aumentar el tamaño del poder nacionalista vasco en el futuro Congreso, posiblemente con apelaciones a la conciencia política de los suyos, dispersos en Madrid. De todos modos, conocido el mundo intencional del PNV, es la Cataluña de Carod, más que la de Maragall, lo que interesa primordialmente. Sin Pujol, Cataluña es una complicación mayor que antes. Por mucho que Zapatero silbe y mire al techo, la realidad ha quedado instalada con todos sus perfiles dentro del perímetro de España, esa «entidad» en revisión desde la periferia, menesterosa de definición en los nuevos ensayos de «desagregación» que diría José Bono.

Carod imanta una notable dosis de atención política. Hijo de un aragonés llamado Apeles, un «padre Apeles» en cuya casa casi no se hablaba catalán, Carod podría ser un modelo de radicalismo nacionalista por impregnación, inmersión o como se le quiera llamar a este fenómeno de contagio. El caso es que el hijo de Apeles acabó siendo más Rovira que Carod. Y ahora puede ser menos federalista que Maragall, si es que don Pasquale insiste en aclimatar su proyecto. A fin de cuentas, el Estado federal siempre inspira recelos. Pero no sólo a los españoles unitarios que olvidan la cantidad de poder que acumula un Estado federal bien entendido, sino a los propios federalistas «asimétricos» que sueñan en principio con una Confederación provisional basada en una supuesta lealtad a la Corona.

Carod no ha tardado, como «conseller en cap», en demostrar su voluntad de poder. Ahora piensa en fortalecerlo gracias a un marco de fidelidades nacionalistas ¬la verdadera lealtad que entiende¬ configurando su propio y específico núcleo de influencia interna. Cuenta, por ejemplo, con Miquel Sellarés, ex director general de Seguridad con Jordi Pujol, para responsabilizarlo de los medios públicos de comunicación. Una nueva modalidad de control que no desmerecería del estilo pujolista, tan absorbente de los medios durante veintitrés años. El antiguo jefe de los «mossos d Esquadra», pasado de policía a «ministro de Información». Los medios públicos van a ser menos públicos que nunca, más privados, en el sentido de privativos, que jamás lo fueron. Ya veremos qué ocurre con «Avui», en crisis endémica. La publicidad institucional tendrá la palabra. El clientelismo político hallará su oportunidad en la nueva Cataluña de las eternas libertades prometidas. La radicalización mediática en la etapa de Carod, con el Rovira vigorizado, está a la espera.

¿Colócanos a todos!
José Clemente La Razón 3 Enero 2004

Maragall sucedió a Serra al frente de Barcelona en 1982 con el sano propósito de reducir el número de funcionarios y altos cargos de la administración municipal, que en apenas tres años de mandato socialista ya se había convertido en una oficina de colocación de afines a la causa felipista. El mensaje de Maragall gustó, pero se trataba en realidad de un pequeño truco semántico, porque esa reducción se refería a todos aquellos que no comulgaban con el socialismo hegemónico.

En pocos años, el Ayuntamiento de Barcelona se convirtió en un vivero de militantes y afines al PSC, que bajo el lema «¿Maragall, colócanos a todos!» hizo de la corporación municipal barcelonesa una auténtica ETT con carnet en la sede de Nicaragua, mientras los funcionarios y cargos municipales no próximos a las tesis socialistas fueron desplazados sin miramiento alguno.

Ahora, recién aterrizado en la Generalitat, Maragall desempolva su viejo discurso y vuelve a anunciar una nueva reducción de cargos en el gobierno catalán. Entre las filas convergentes ha empezado a cundir el pánico, pues saben que Maragall lo que quiere hacer es quitar a unos para poner a otros, en este caso, barrer a los de CiU para colocar a los del PSC. La cosa en esta ocasión se agrava dado que se ha aumentado en tres el número de consejerías y, además, se tendrán que repartir los «enchufes» entre PSC, ERC e ICV. Se calcula en unos 20.000 el número de altos cargos del gobierno catalán y que, al concluir la reducción prevista por Maragall, podrían ser unos 30.000, un buen número de estómagos agradecidos con los que los socialistas tratarían de retener la Generalitat en legislaturas venideras.

La fiebre de la colocación ha llevado a los diputados de esquerra a cambiar sus lugares de reunión para sortear a los buscadores de empleo que les persiguen donde quiera que vayan. Habrá que ver cuanta gente pierde sus puestos en la Generalitat para que, al multiplicarlo por dos, sepamos el número de recolocados de Maragall.

Vázquez estudia cambiar el nombre de la ciudad para sólo usar La Coruña
María Figueiral/ Sonia Mella / A Coruña El Ideal Gallego 3 Enero 2004

Vázquez puede valerse de la mayoría absoluta para alterar al topónimo oficial de la ciudad / Pedro Puig
Francisco Vázquez no descarta cambiar el nombre de la ciudad para que, tanto en gallego como en castellano, siempre sea La Coruña.
Para implantar la “L”, el alcalde puede tomar como aliado la Ley de Grandes Ciudades, normativa que ayer entró en vigor y que da potestad a los ayuntamientos para alterar el topónimo de los municipios, siempre que cuenten con el respaldo de la mayoría absoluta, requisito que los socialistas cumplen al tener 14 de los 27 ediles que dan forma a la corporación municipal.

Vázquez explicó ayer a este periódico que todavía quedan por delante seis meses de plazo para acogerse al artículo 47 de la nueva normativa y añadió que el gobierno local “aplicará lo que haga falta aplicar”, dejando así una puerta abierta al cambio de denominación.

El alcalde podría, con la ley en la mano, conseguir lo que hasta ahora le han negado todos los tribunales de Justicia: que el único topónimo oficial de la ciudad sea La Coruña.


“Versión” en castellano
La Ley de Grandes Ciudades entra en escena año y medio después de que el Tribunal Constitucional desestimase el recurso presentado por el Ayuntamiento para utilizar el nombre “tradicional” de la ciudad -después de que el Supremo le instara a usar A Coruña como único topónimo oficial-.

Vázquez ya advertía entonces de que iba a seguir con su particular política lingüística. “Nadie prohíbe, excluye o impide la cooficialidad de lenguas, el uso del nombre histórico de la ciudad”, sentenciaba en un encuentro con los periodistas, no sin antes atacar a la Mesa pola Normalización Lingüística al comparar sus criterios con los del franquismo: “Unos intentaron prohibir el gallego, mientras que otros quieren suprimir el uso del español. Ambos comportamientos -aseguraba el alcalde- son iguales”.

La Ley de Grandes Ciudades podría convulsionar la actual política lingüística de la Xunta y permitir que el conflicto del topónimo acabe en el salón de plenos de María Pita para que los 14 ediles socialistas aprueben, en solitario, que la ciudad sólo se llame La Coruña.

La puerta falsa
Nota del Editor 3 Enero 2004

A la mayoría de los políticos en la nómina de España les resulta muy fácil ir contracorriente de una normativa autonómica sabiendo que hay pocas posibilidades de ganar la batalla, porque en el fondo, lo que les interesa es mantenerse en el poder, y las dos opciones que tiene presentan serias dificultades: puede optar por aprobar el cambio, en contra de los normalizadores, o puede dejar que caduque el plazo con cualquier triquiñuela, con lo
que todo seguirá como hasta ahora. Ojalá nos equivoquemos y volvamos a ver por todas partes La Coruña, pero dado el apoyo que Agli ha recibido del alcalde (absoluta indiferencia), son vanas esperanzas.

Lo grave, es que en caso de que opte por aprobar La Coruñal, habrá sido una salida por la puerta falsa
en vez de haberlo hecho por la puerta grande de la Constitución, que claramente determina que el único idioma que se tiene obligación de conocer es el idioma español, por lo que los topónimos en lenguas "propias", en caso alguno pueden imponerse a la ciudadanía.

Mayor Oreja dice que Esquerra está siendo ''implicable'' con CiU al igual que Batasuna y ETA lo son con el PNV
"El PNV, lamentablemente, no podrá soltarse del abrazo de ETA. Primero habrá listas conjuntas y luego reparto del Gobierno"
"El PP está solo junto a una mayoría social de españoles, porque no podemos esperar que el PSOE nos ayude frente a los nacionalistas"
EP Madrid Estrella Digital  3 Enero 2004

El presidente del Grupo Popular en el Parlamento, Jaime Mayor Oreja, volvió a comparar a Esquerra Republicana de Catalunya con Batasuna y con ETA al asegurar en una entrevista que Carod y los republicanos ''maltratan'' a CiU al como los abertzales al PNV. A su juicio, los nacionalismos radicales están ganando la batalla política a los naciolistas moderados, y lideran un frente anticonstitucional tanto en Cataluña como en el País Vasco. Según Mayor Oreja, El PNV "no podrá soltarse del abrazo de ETA", un 'abrazo' que se concretará, en su opinión, en listas conjuntas del nacionalismo vasco para, en un futuro, realizar un reparto de poder en el seno del Gobierno vasco.

En una entrevista concedida a Europa Press, y sobre la relación entre la banda terrorista y el PNV, Mayor Oreja advirtió que ETA ha "heredado la cultura del maltrato", y que, fundamentalmente, sabe maltratar a los peneuvistas. "En general, todos los nacionalismos radicales acaban siendo implacables con los nacionalistas moderados: Si Carod Rovira y ERC están siendo implacables con CiU, la maldad de Batasuna y de ETA, acrecentada por el terror, maltratará también al PNV", apostilló.

En cualquier caso, el vicesecretario general del PP consideró que la "hoja de ruta" del nacionalismo vasco está ya establecida en el 'Plan Ibarretxe', es decir, que habrá un esfuerzo de reagrupamiento de todo el nacionalismo, especialmente de PNV y ETA. Para Mayor Oreja, votaciones como las que se produjeron el pasado lunes en el Parlamento de Vitoria, en la que Batasuna impidió que el gobierno sacara adelante sus presupuestos y una ley de universidades, muestran "un pulso como preludio de una negociación política, y la confirmación de que ETA y Batasuna negocian a cara de perro, con dureza e implacablemente".

"El PNV, lamentablemente, no pondrá soltarse del abrazo de ETA. Ojalá sea lo contrario de lo que estoy diciendo, pero me parece un camino irreversible, y los años últimos confirman que ETA ha ganado en el proyecto político del PNV", puntualizó.

En cuanto a la forma en que podría desarrollarse ese supuesto proceso de negociación entre nacionalistas y ETA, Mayor vaticinó que en la primera fase se buscarán y encontrarán al menos en plataformas conjuntas, para, en un futuro y tras unas elecciones autonómicas, intentar administrar el reparto del poder político en el gobierno vasco.

En lo que respecta a la composición de esas hipotéticas listas conjuntas para las elecciones generales -tal y como ha pedido Batasuna y ha respaldado ETA-, Mayor Oreja piensa que Batasuna y los nacionalistas vascos buscarán la fórmula para que no haya 'ilegalizados' en las mismas. "Los detalles los resolverán ellos. No se van a meter, evidentemente, los principales responsables de Batasuna, Herri Batasuna o Euskal Herritarrok. Tratarán de introducir personas que no contaminen legalmente esas listas y que, al mismo tiempo, sepan representar razonablemente al mundo de ETA. Eso es lo que negocian unos y otros", adujo.

Semejanzas entre el País Vasco y Cataluña
A continuación, Mayor Oreja destacó que existen más que semejanzas, en su opinión, entre los planes nacionalistas de Cataluña y del País Vasco. "El 'plan Ibarretxe' en el País Vasco es un plan hermano del de ERC en Cataluña, y significan hoy las dos vanguardias de esta ofensiva nacionalista".

En clave catalana, Jaime Mayor dijo que, en estos momentos, el "arbitraje" en Cataluña está en manos de Carod Rovira, ya que ERC, esto es, el "nacionalismo más radical" ha conseguido desplazar al nacionalismo moderado de CiU, al que pretende "hacer el mayor daño posible, porque querrá sustituirlo y laminarlo en la medida de sus posiblidades". "No ha ganado Pasqual Maragall las elecciones; lo que ha ganado es, dentro del nacionalismo, la parte más radical", insistió, y Carod Rovira arbitra hoy la política en Cataluña y en el gobierno catalán", insistió.

Para el líder del PP vasco, los nacionalistas catalanes y vascos están exclusivamente en la fractura de la Constitución, ya que estiman que la primera Transición, es decir, la que trajo la Constitución española y los Estatutos de autonomía, fue "un empate provisional", por lo que buscan ahora "la estrategia del desempate". "Aquello era el descanso intermedio y ahora están en el desempate democrático o, en caso del País Vasco, antidemocrático, con la garantía de ETA y su proyecto respecto al conjunto de España", dijo.

Frente a ello, Jaime Mayor Oreja aseguró que el Gobierno de España, del PP, tiene la tarea política "de primera magnitud" de no ceder a "la anestesia" que pretende el nacionalismo busca: "La anestesia consiste en la banalización, en la trivialización, en la sensación de que no está sucediendo nada, y están sucediendo cosas", advirtió. "El terrorismo ha enmascarado muchas veces los problemas territoriales de España -continuó- y en estos momentos, cuando el terrorismo está en una situación más difícil, el grueso del nacionalismo sustituye al fenómeno terrorista en lo que significa el estandarte y la vanguardia, de los problemas territoriales de España".

La soledad del PP
Mayor Oreja agregó que al PP le corresponde, en el programa y fuera del programa electoral, poner el énfasis en "decir la verdad" de lo que sucede en España, y atreverse a decir 'no' democráticamente ante los planteamientos de ruptura constitucional que puedan venir desde el gobierno vasco y catalán.

De cara al futuro, hizo hincapié en que, según sus cálculos, esta situación se prolongará en el tiempo, al igual que el fenómeno terrorista ha durado 25 años. "Lo que sustituyen hoy al fénomeno terrorista y los problemas territoriales de España no van a ser derrotados en uno o dos o tres años", avisó.

En cuanto a la posición que adoptará el PSOE, aseveró que los socialistas están en una deriva "muy complicada", puesto que han dejado de ser un partido que defiende España para apostar, dijo, por la vertebración de cada una de las comunidades en función de lo que le interese. "Es evidente que el PSOE está en un momento en el que no podemos esperar que nos ayude en esta tarea de saber hacer frente a lo que significa una ofensiva nacionalista como la que hoy tenemos en España", dijo.

"En el PP tenemos que pensar en nosotros mismos, en nuestra responsabilidad y en saber articular una mayoría clara de españoles que entiendan el conflicto que tenemos por delante, porque es cierto que estamos solos, pero con una mayoría social de españoles", concluyó.

Recortes de Prensa   Página Inicial