AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 5 Enero  2004
MOVIMIENTO CONSTITUCIONAL SIN RUMBO
EDURNE URIARTE ABC 5 Enero 2004

Hablemos de terrorismo
Amando de Miguel La Razón  5 Enero 2004

La deriva del nacionalismo catalán
Pío Moa Libertad Digital 5 Enero 2004

El rito iniciático
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 5 Enero 2004

Nuevo año, preguntas urgentes
Luis González Seara La Razón 5 Enero 2004

Rajoy no debe esconderse tras las encuestas
EDITORIAL Libertad Digital 5 Enero 2004

El maltrato a España
Iñaki Ezkerra La Razón 5 Enero 2004

Mente de un fugado
Antonio García Trevijano La Razón 5 Enero 2004

Preocupación en las ikastolas
Cartas al Director ABC 5 Enero 2004

Minorías políticas
Cartas al Director ABC 5 Enero 2004

La televisión estatal china inicia su programación en español
Eduardo Juste - Pekín.- La Razón 5 Enero 2004
 

MOVIMIENTO CONSTITUCIONAL SIN RUMBO
POR EDURNE URIARTE Catedrática de Ciencia Política Universidad Rey Juan Carlos ABC 5 Enero 2004

HACE unos días Gregorio Peces-Barba (El País, 19 de diciembre, 2004) nos calificaba de «conservadores inmovilistas» a todos los que criticamos el renovado entusiasmo por la reforma constitucional que ha invadido últimamente, no ya a los nacionalistas, sino al Partido Socialista. Pues bien, yo acepto el calificativo en cuanto a Constitución se refiere, y muy especialmente en el asunto sobre el que se debate, la organización territorial del Estado. Los conservadores inmovilistas sabemos al menos lo que queremos conservar, el Estado de las Autonomías, y sabemos por qué.

Mucho me temo, sin embargo, que los progresistas movedizos que se nos oponen, ni saben por qué lo hacen, ni, sobre todo, saben hacia dónde van. Hasta el mismo Peces-Barba, que dedicaba medio artículo a descalificar a los críticos de la ola reformista, ocupaba, sin embargo, el otro medio en advertir a los socialistas catalanes que toda reforma del Estatuto que propugnen debe hacerse dentro de la Constitución, como si en el fondo no se fiara demasiado de todos esos compañeros de viaje del progresista club de reforma de los Estatutos y de la Constitución.

Lo novedoso de este debate constitucional no es la posición nacionalista que ya es bien sabida, sobre todo en sus intereses, exclusivos de los sectores nacionalistas de sus respectivas comunidades autónomas. Lo relevante ahora es que la izquierda, primero desde Cataluña, luego desde Ferraz, y más tarde desde Andalucía, se ha hecho fervorosa partidaria de las reformas de los Estatutos y de la Constitución. Porque esa izquierda es alternativa de Gobierno y, por lo tanto, su posición, fundamental para el futuro de nuestro sistema político.

La izquierda ha decidido que la defensa del Estado de las Autonomías tal como se pactó en la Transición es conservadora, inmovilista, poco dialogante y rechazable. Y en la medida en que ha adoptado esta posición tan radical, no sólo ha colocado a España ante un horizonte de una nueva redefinición de su articulación territorial, sino que está obligada a argumentar con solidez sus razones y los objetivos beneficiosos para nuestro país que espera conseguir con esas reformas.

Y el problema es que ni hay solidez de razones ni hay ningún objetivo beneficioso claro para España. La mayor evidencia de la debilidad de esas razones se asoma en el origen geográfico de los argumentos. Porque todo este renovado entusiasmo por la reforma de la Constitución se produce sobre todo bajo la influencia de Maragall y se redobla precisamente a partir del momento en que el líder catalán está en posición de formar Gobierno. El inspirador principal es el Partido Socialista de Cataluña y no el Partido Socialista Obrero Español lo que nos habla inevitablemente de la inconsistencia del liderazgo socialista desde el que se están propugnando cambios tan relevantes para nuestro país.

Al factor Maragall se le suman, desde luego, otros dos menos coyunturales. Por un lado, el elemento federal que está desde hace mucho tiempo en los programas socialistas y, por otro lado, el factor electoral de construcción de una alternativa a las propuestas populares. En cuanto al federalismo, su problema es que el PSOE nunca ha acabado de explicar qué significa exactamente eso de la alternativa federal. Y es que la explicación es harto difícil si tenemos en cuenta que el Estado de las Autonomías es un sistema federal. No existe una alternativa federal porque ésa ya es una realidad en nuestro país. Pero lo curioso es que esa falsa idea de su existencia ha alimentado la ficción de que hay un modelo alternativo al Estado de las Autonomías y que quienes lo proponen son los modernos frente a los antiguos que se empeñan en seguir llamando Estado de las Autonomías a nuestro sistema federal.

Pero, además de ficción, el entusiasmo por la reforma tiene unos elementos bastante más sólidos que son los electorales. La izquierda ha decidido que el Estado de las Autonomías puede ser un útil eje de diferenciación respecto al PP. Por tres razones: porque frente al empeño de mantenimiento de este modelo, la izquierda se presenta como adalid de la apertura, el cambio y el diálogo, porque hay un sector significativo de españoles que apoya en las encuestas las reformas constitucionales, y porque esta posición permite y permitirá los pactos con los nacionalistas cuando sea necesario.

La primera y tercera razón se han mostrado eficaces hasta ahora. Cataluña es un ejemplo de la utilidad de este discurso para los pactos con los nacionalistas, y en cuanto a la confrontación con el PP, la izquierda ha tenido un éxito notable en convencer a una buena parte de los españoles de que la defensa del Estado autonómico de la Constitución es centralista y significa poco menos que la reinvención de un nacionalismo español importado directamente del franquismo. El absurdo de la creencia es impresionante, pero lo importante es que bastantes españoles la han hecho suya.

Otra cosa es que la izquierda haya interpretado correctamente los deseos de los españoles que se muestran abiertos a las reformas constitucionales. ¿Quieren realmente reformas constitucionales que revisen en profundidad el modelo autonómico? ¿Esos españoles pueden coincidir con los planteamientos nacionalistas como los de Ezquerra de la misma forma en que lo hace el Partido Socialista? ¿O se trata más bien de una muy genérica apertura a la idea de la reforma que no necesariamente se va a plasmar en un apoyo a la revisión profunda del modelo actual?

Creo que la respuesta incluso de esos españoles abiertos a la reforma constitucional será negativa cuando hayamos logrado hacer un análisis bastante más riguroso de lo que se ha hecho hasta ahora de los beneficios que se esperan lograr con este inquieto movimiento de reforma constitucional. Porque ahí el rumbo desaparece completamente. Lo único que queda es la reforma por la reforma, la diferenciación respecto del PP. Pero, ¿para ir a dónde? El mensaje de la izquierda es que para ir a un consenso mayor que el logrado por la Constitución alrededor de nuestro modelo de organización territorial. Pero ellos saben, o deberían saber, que eso es falso, y que los principales insatisfechos con el actual modelo, es decir, los nacionalistas vascos y catalanes, seguirán igualmente insatisfechos con cualquier otro basado en la preeminencia de los intereses del conjunto de España. ¿A quién y a dónde se dirige, por lo tanto, este proceso de reformas que la izquierda quiere abrir? Ése es el problema, que no lo sabemos. Hay muchas autoafirmaciones de talante dialogante y progresismo, pero confusión de ideas, indefinición de objetivos y debilidad de liderazgo. Lo suficiente, quizá no para profetizar catástrofes, como denunciaba Gregorio Peces Barba, pero sí para estar justificadamente preocupados.

Hablemos de terrorismo
Amando de Miguel La Razón  5 Enero 2004

La captura de Sadam ha sido un hito en el tortuoso camino de la lucha contra el terrorismo internacional. En nombre del sátrapa de Iraq los terroristas siguen haciendo de las suyas. No son propiamente insurgentes porque matan de forma indiscriminada. Sadam no quiere hacerse cargo de la tal insurgencia. Ha demostrado ser cualquier cosa menos un caudillo, un señor de la guerra.

Todo el que no se compadece de sus matanzas es un cómplice potencial del terrorismo. Hay, incluso, el que se alegra. La conclusión es que la red terrorista está formada por muchos elementos; la mayor parte pasan por inocentes. Si los terroristas no encontraran ese apoyo difuso o indirecto, se evaporarían. Si permanecen y se reproducen en el tiempo y en el espacio, es porque se sienten protegidos por tantas personas, instituciones, incluso Estados. Los terroristas no son cuatro lunáticos; tampoco son un ejército de nada.

¿Por qué hay tantas personas que ¬casi sin darse cuenta de ello¬ apoyan a los terroristas? Muy sencillo. Una de las pasiones más generalizadas en este mundo es el odio. Puede darse en sus formas livianas como envida o resentimiento. Es difícil que una persona reconozca que vive dominada por esas pasiones. Hay mucha gente que odia lo que podríamos llamar el modo de vida occidental. Es la fórmula democrática que ha ido sentimentando durante siglos la historia de Europa. El alcaloide de ese precipitado es hoy los Estados Unidos de América. El odio a USA es la base de lo que llamamos terrorismo internacional, fundamentalmente islámico. Luego están los terrorismos locales, peor casi siempre con ese mismo desprecio a la fórmula democrática.

El terrorista, para poder dormir y vivir con suficiente tranquilidad, no necesita solo odiar sino prescindir totalmente del sentimiento de culpa. Me gustaría saber cómo se consigue ese lavado de conciencia. De momento lo ignoro.

Hay fuertes sospechas de que las bandas terroristas se apoyan todas entre sí. Por eso hablamos de su carácter internacional, o si lo prefieres, global. El problema es que los Estados democráticos no forman (ni de lejos) una unión internacional. La ONU no lo es, pues «une» poco y comprende tanto democracias como dictaduras, satrapías y despotismos de todas las especies. La Unión Europea sí es un club de países democráticos, pero con una simplicísima capacidad defensiva o de seguridad. La única forma de lograr que los Estados democráticos actúen solidarios y compenetrados contra el terrorismo es bajo la égida del más poderoso: USA. Esa es la fórmula que ha empezado a funcionar en Afganistán e Iraq. Hay que congratularse de que España haya estado con los aliados. Desde 1808 no nos tocaba ese papel y aun entonces tampoco es que fuera muy rentable. No todos los españoles están satisfechos con el nuevo papel que corresponde a España. Los españoles que odian a USA o no se alegran de la caza de los terroristas son los reticentes respecto a la intervención en Iraq, antes en Yugoslavia o en Afganistán. ¿Por qué no intervenir también en Colombia o en Corea del Norte?

Si el terrorismo es internacional, la lucha contra esa excrecencia debe plantearse hasta el fondo en esos mismos términos. Es decir, hay que poner todos los medios para cazar al tal Ben Laden y a sus secuaces. Para ello es imprescindible que trabajen en batería, en forma de red, los servicios de inteligencia de todos los Estados democráticos. El asunto es más de información que de carros de combate.

Un dato que se debe investigar. Los terroristas no viven con tranquilidad en cualquier parte del mundo. Si tienen la querencia a residir en algunos países es porque se sienten alentados por la población o el Estado respectivo, aunque sea indirectamente. Esa situación debería estar bajo escrutinio. Puede que lo esté, pero no me hago ilusiones.

La noria del terrorismo seguirá funcionando mientras fructifique la pasión del odio. Si los patriotas amaran verdaderamente a su país y no despreciaran al otro, no habría terrorismo. Terrorismo es ya quemar una bandera. Terrorismo es amenazar.

Ya sé que los nacionalistas no son terroristas, pero no es menos cierto que los terroristas se suelen apoyar en alguna forma de nacionalismo o irredentismo. Claro que hay nacionalismos sin lo que eufemísticamente se llama «violencia», pero, con ese tipo de nacionalismo, aunque sea socialista, puede haber «drama» en cualquier momento. Para el nacionalista verdadero lo que cuenta es el derecho colectivo de su pueblo; el derecho individual le interesa menos. El terrorista eleva ese mismo principio hasta la desmesura. El extremo de esa posición es el terrorista suicida, difícil de encontrar en una mentalidad mínimamente cristiana. El verdadero terrorista, el más abominable, es el que adoctrina y embelesa a los terroristas suicidas. En España (todavía) no tenemos individuos de ese pelaje. Pero es el mundo democrático entero el que debe sentirse amenazado. Si no se reconoce esa amenaza, mejor que no presuma uno de sensibilidad respecto a los problemas sociales o al sufrimiento humano. Somos muchos millones las víctimas indirectas del terrorismo. Algo podemos hacer al respecto: algo tan elemental como hablar, llamar a las cosas por su nombre.

La deriva del nacionalismo catalán
Pío Moa Libertad Digital 5 Enero 2004

Si Ibarreche se hubiera quedado solo con su plan no se atrevería, probablemente, a llevarlo muy lejos. Pero la situación ha experimentado un cambio importante: no está solo, sino que los nacionalistas catalanes y el PSOE van en la misma dirección que él, incluso más allá que él, y por lo tanto unos y otros van a sentirse, se están sintiendo ya, lo bastante fuertes como para dar un fuerte impulso a su plan conjunto de disgregar España. La cuestión es así de cruda y de simple.

Por lo tanto, iniciativas como las reformas penales para castigar a quienes convoquen referendums ilegales no van a arredrar a estos individuos, y van a ser de difícil aplicación, máxime cuando la ley ha sido vulnerada grave y sistemáticamente en el pasado por unos y por otros sin la menor consecuencia. Los nacionalistas vascos llevan meses desafiando al Tribunal Supremo y al gobierno, y no pasa nada. La unidad y la democracia españolas se van a ver sometidas al chantaje y puestas a dura prueba.

El nacionalismo vasco tenía en contra suya su descarada connivencia con el terrorismo, que, denunciada finalmente por el Gobierno y la derecha, aunque de modo incompleto, le ha debilitado en España y aislado en Europa. Pero el nacionalismo catalán se presenta con una máscara pacífica y democrática que ni el gobierno ni casi nadie en la derecha ha intentado nunca quitarle (al contrario, se la han confirmado generosamente en toda ocasión, y con pocas excepciones). Ello le da una fuerza considerable y dificulta la acción contra él.

Antes de seguir, conviene hacer algunas precisiones sobre el nacionalismo catalán. Su doctrina, elaborada principalmente por Prat de la Riba, se apoyaba en dos pilares: un exclusivismo extremo, según el cual los catalanes eran sólo catalanes y de ningún modo españoles (según él, no existía una nación española, sino, en todo caso, castellana); y un imperialismo: la nación catalana debería encabezar un “imperio ibérico” desde Lisboa al Ródano, con proyección sobre África.

Salta a la vista que el “imperio ibérico” era una forma disfrazada y extravagante de reconocer la españolidad de Cataluña, sustituyendo la primacía castellana (hacía mucho tiempo desaparecida) por la catalana. El proyecto, aparte de anacrónico, por no decir absurdo, resultaba peligroso, por los choques que auguraba con Portugal y Francia, y con otras potencias en un continente africano ya repartido.

En el pasado, el nacionalismo catalán ha sufrido la contradicción y el tirón opuesto del imperialismo y del exclusivismo. En Cambó terminó predominando la primera tendencia, que, combinada con el temor a la revolución social, fue relegando la segunda hasta dejar su nacionalismo en poco más que un regionalismo.

Pero el temor a la revolución social ha desaparecido hoy, y también la ilusión imperialista, al no persistir aquella diferencia económica entre Cataluña y casi todo el resto de España, que alentaba las esperanzas hegemónicas del nacionalismo (esperanzas ya antaño ilusorias, por muchas razones). Por consiguiente, el nacionalismo actual no encuentra razones para la unidad española. Menos aún bajo la impresión de que España se va a diluir finalmente en Eurolandia. En tal situación, los Pujol-Mas, Carod o Maragall, alejados anímica y sentimentalmente de España, aspiran a la separación de Cataluña, cuanto antes mejor; el problema es sólo el modo.

Las diferencias entre ellos tienen sólo carácter político en el sentido más trivial del término. Todos comparten una visión negativa de España y un exclusivismo asombrosamente narcisista (y mutilado) de lo catalán. Quedan los lazos económicos, pero éstos, contra lo que algunos creen, han perdido toda relevancia cuando, liquidado el proteccionismo, la industria catalana no depende del resto del país al viejo modo, y se integra en unos circuitos europeos mucho más amplios.

El problema no sería serio si tales ideas y sentimientos no influyeran en amplias capas de la población catalana, incluso entre las originadas en otras regiones. Gran número de catalanes ha llegado a ver España como algo ajeno o, al menos, poco “interesante”. No es un fenómeno espontáneo, sino el resultado de un cuarto de siglo de auténtico lavado de cerebro por parte de los nacionalistas y la izquierda, en eso muy unidos, bajo la pasividad suicida y estúpida, cuando no colaboracionista, de quienes debieran haberse opuesto. Muchos catalanes se sienten alarmados por esta deriva, pero no encuentran la vía, la organización ni el liderazgo para salir al paso.

Desde luego, España tiene fuerzas sobradas para afrontar estas amenazas, a condición de verlas en su auténtica dimensión y peligro.

Cataluña
El rito iniciático
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 5 Enero 2004

Uno, que es ingenuo, esperaba encontrarse estos días con las azoradas disculpas de los viejos conocidos del PSC. Pasado el comprensible regocijo por la carambola electoral, había de llegar el momento en que se toparan con el fastidioso tipo que les mira a los ojos aguardando una explicación convincente. ¿Cómo renunciar al vano placer de su turbación mientras tratan de justifican la coyunda contra natura con los separatistas? Los socialistas catalanes saben que sus socios, precisamente porque detestan a España, se disponen a usarlos para imponer un intervencionismo social y cultural, una represión lingüística y un calendario político que, amén de dejar corto al denostado modelo convergente y abrir una larga etapa de inestabilidad, se da de bofetadas con los intereses del PSOE.

En realidad, en el PSC sólo algunos diletantes del entorno de Maragall comparten su querencia por la ingeniería social y su deseo de hacer de Cataluña una “nación plena”, dinamitar los fundamentos de la Constitución y lograr la soberanía del pueblo catalán. Son sujetos que no se enseñan por el partido, amigotes del presidente, niños bonitos de la más rancia burguesía que, entre la docencia excedente y el sobrevuelo de las fundaciones, se han hecho viejos sin dar un palo al agua. Nada en absoluto los une al militante medio, a las decenas de miles de trabajadores que la equívoca adscripción del PSC al PSOE moviliza cuando es necesario. Así que, fuera de la cuadrilla de haraganes que viene chuleándoles, parecía muy difícil que la militancia decente no se vinieran abajo a la hora de la verdad. En el incómodo encuentro, por ejemplo, con los que hace casi dos décadas saltamos de aquel barco pirata que Felipe González gobernaba ufano con los cadáveres del GAL en cubierta y el nauseabundo botín en el cofre.

“¿A qué demonios estáis jugando?”, les reprochamos hoy. Pero nada. Lo dicho, uno es un ingenuo. Por algo se quedaron en el barco a pesar del hedor insoportable. Ya esgrimen la oportuna consigna antes de que la conversación los aniquile, ya entonan la cantinela como un solo hombre a coro con sus socios. Ya nos espetan ofendidos: “¡parece mentira lo que estáis haciendo desde la prensa de Madrid!”

Y así el firmante se entera de que ya no es un antiguo compañero, ni un viejo conocido, ni siquiera un ciudadano más con todo el derecho a opinar; uno, aunque no se haya movido de la Barcelona donde nació, es parte de la prensa de Madrid, un agente de la maldita capital opresora que esquilma y sojuzga a la próspera, alegre, creativa, pacífica y mediterránea Cataluña. Han entrado en el juego que tanto reprocharon a Pujol: desnaturalizar al discrepante. Ellos sí son al fin catalanes sin tacha. Nadie puede dudarlo ahora que han superado, no sin dolor, el rito iniciático y Carod los ha puesto mirando a los Països Catalans.

Nuevo año, preguntas urgentes
Luis González Seara La Razón 5 Enero 2004

El nuevo año comienza como acabó el anterior: saturado y grávido de tiempo electoral. Sería una ocasión favorable para examinar con realismo y lucidez nuestra situación interna y externa, nuestros problemas y proyectos colectivos, nuestras metas conseguidas. Sin embargo, no hay que hacerse ilusiones. Nos aguarda un largo invierno de improvisaciones electoralistas y demagogias incumplibles, de manipulaciones mediáticas, acusaciones falseadas y olvidos mezquinos.

Digan lo que digan los descalificadores de Carl Schmitt, la campaña electoral ha comenzado ya como un enfrentamiento implacable de amigo-enemigo, procurando reducir y arrastrar hacia el propio bando a la clientela electoral, sin propósito alguno de ilustrarla para que pueda emitir, en el día de los comicios, un voto reflexivo y responsable. Es cierto que la intoxicación informativa y la confusión mental de grandísima parte de la ciudadanía no son exclusivas del tiempo electoral, sino propias de nuestra sociedad narcisista, instalada en la continua queja y demanda de más derechos,con escasa percepción de sus deberes.

Tal y como dijera Cornelius Castoriadis, el problema de nuestra civilización es que dejó de interrogarse sobre las cuestiones fundamentales, y ninguna sociedad que olvide plantearse esas preguntas decisivas puede hallar soluciones y respuestas a los desafíos que le presenta su circunstancia histórica. Uno, claro está, siempre puede equivocarse cuando decide una respuesta al desafío planteado, pero no preguntar por las cuestiones importantes es la mayor equivocación de todas.

Y de nada sirve la cantinela del diálogo, si se empieza por no preguntar y responder lo que más interesa.

Así, en la apuesta por la independencia que algunos se disponen a efectuar en la carrera hacia la balcanización de España, habría que preguntar y responder algunas bagatelas: Si se está dispuesto o no, a plantear una reforma de la Constitución y los Estatutos de Autonomía, por la vía que ella indica; qué ocurriría si el Parlamento no la aprueba y alguien convoca un referéndum ilegal; cuándo tendrían que intervenir el Gobierno y el Parlamento para obligar a cumplir la legalidad; cuánto tiempo se cree que duraría la gresca, el dolor y la destrucción, si alguien se echara al monte.

Y habría igualmente que preguntar y responder por las cosas que le ocurrirían al nuevo país, nación, etnia, región o Condado de Treviño independientes: en qué condiciones quedarían los ciudadanos contrarios a la independencia; cuándo podría volver a ejercerse el derecho de autodeterminación; cómo se harían las cuentas y se disolvería la sociedad de gananciales; cuál sería la moneda a establecer, dado que la secesión de España implicaría la salida inmediata del segregado de la Unión Europea.

Hechas esas y otras preguntas, y dadas las respuestas, podría entonces llevarse a cabo un diálogo fructífero entre todas las partes concernidas. Hasta entonces, poco se puede dialogar con quienes acaban de erigir un monumento al racista Sabino Arana, mientras sus descendientes trataban de volar un tren para celebrar, a su modo identitario, la Navidad.

Rajoy no debe esconderse tras las encuestas
EDITORIAL Libertad Digital 5 Enero 2004

Las cifras que arrojan las encuestas de intención de voto reflejan tozudamente que el PP, lejos de haber sufrido el lógico desgaste asociado a las tareas de gobierno, mantiene e incluso incrementa ligeramente su intención de voto respecto de las últimas elecciones generales. Casi 11 puntos separan al PSOE del PP en intención de voto, según la encuesta publicada el domingo por El Mundo. Y esto es aún más llamativo si se tiene en cuenta que hace poco más de un año era el PSOE quien aventajaba en varios puntos al PP. Naturalmente, pueden hacerse varias lecturas de los resultados de las encuestas. Pero no cabe duda de que las cuestiones de fondo están razonablemente claras para cualquier analista.

En primer lugar, la pancarta y la alianza con los partidos antisistema –IU y nacionalismos separatistas– nunca ha sido la mejor forma de ganar al electorado de centro, la clave de todas las convocatorias electorales. Sobre todo cuando se carece de un programa de gobierno digno de tal nombre y cuando ya existía la experiencia de Almunia en 2000, donde el PSOE concurrió a los comicios en alianza tácita con Izquierda Unida y cosechó unos resultados, por cierto, muy similares a los que vaticinan las encuestas para marzo. El mediocre equipo de Zapatero no supo extraer las debidas lecciones de la convocatoria del 25 de mayo, corregidas y aumentadas en Madrid y Cataluña: el Prestige y el "no a la guerra" no forman parte de las preocupaciones prioritarias de la gran mayoría de los ciudadanos.

Y en segundo lugar, Zapatero, preso de sus hipotecas políticas y de sus ambiciones de poder a corto plazo, lejos de rectificar, insiste en huir hacia delante proponiendo nuevos modelos de Estado al calor de los desafíos nacionalistas, abdicando de las dos principales señas de identidad del socialismo español: la vocación nacional y la solidaridad. Especialmente en Cataluña, donde el pacto de gobierno entre el PSC y ERC ha sido calificado certeramente por Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid, como una adaptación de los postulados de la Liga Norte de Umberto Bossi, considerado tradicionalmente por los partidos de izquierda como un representante de la ultraderecha fascista.

En consecuencia, la situación de la que parte Rajoy para revalidar la mayoría absoluta del PP es, a primera vista, inmejorable: el electorado de centro y el votante socialista moderado no ven con buenos ojos la "segunda transición" que proponen Zapatero y su equipo para garantizarse hipotéticas alianzas de gobierno en el caso de que el PP quede en minoría parlamentaria. La torpeza de la actual ejecutiva del PSOE ha dejado al PP como único defensor del actual marco político e institucional. Y, esto, lejos de ser una rancia antigualla conservadora –como pretenden presentarla los estrategas electorales del PSOE– es en realidad un activo electoral que viene a sumarse a los logros en política económica, en política internacional y en materia antiterrorista. Como, por otra parte, reflejan claramente las encuestas.

Sin embargo, la debilidad del equipo de Zapatero –que, según todos los indicios, está quemando su última etapa al frente del PSOE– no puede ser excusa para que el equipo de Rajoy se duerma en los laureles y se conforme con desarrollar una campaña de "perfil bajo", asumiendo pocos riesgos. Aparte de que la experiencia de la campaña de 1993 lo desaconseja –algunas encuestas daban la mayoría absoluta al PP–, la gravedad de los desafíos planteados por los nacionalistas vascos y catalanes –donde habría que incluir a Maragall, quien ha aceptado, en nombre del PSOE, excluir al PP de la vida política en la medida de lo posible– exige del nuevo líder del PP un discurso claro y contundente en defensa de la Constitución. Porque, como decíamos hace unos días, en marzo está en juego muchísimo más que cuatro años en La Moncloa.

No se trata de ceder a la tentación de hacer leña del árbol caído, que podría ser incluso contraproducente para el PP, habida cuenta del amplio apoyo mediático de que goza el PSOE. Se trata, más bien, de explicar a los ciudadanos con claridad que las propuestas del PSOE son, en su mayor parte, incompatibles con el modelo institucional que, con todos sus defectos, ha logrado garantizar la libertad y el progreso de los españoles durante los últimos 25 años; así como de señalar que la democracia española necesita una alternativa al PP que, hoy por hoy, el PSOE no está en condiciones de ofrecer. Y esa alternativa sólo puede construirse desde la oposición, con un equipo renovado y consciente de su responsabilidad, no desde un gobierno inestable, condicionado por quienes saben que sólo podrán lograr sus objetivos fragmentando al PSOE... y a España. En esta tarea, Rajoy y su equipo no pueden, ni deben, ahorrar esfuerzos.

El maltrato a España
Iñaki Ezkerra La Razón 5 Enero 2004

Cuando se cita a un autor hay que citarlo bien y máxime si se usa esa cita para tirársela a alguien a la cabeza como una pedrada, como «arma arrojadiza» que suele decirse. En un artículo que Rosa Regás publicaba hace unos días en la prensa vasca aseguraba que el PP ha incurrido en «furibundos ataques de una grosería política sin precedentes, manipulando la información, tergiversando palabras...» Y concluía, a renglón seguido, con unas palabras que competían, paradójicamente, con esa furia, esa grosería, esa manipulación, esa tergiversación denostadas. «Y es que siempre acaban teniendo razón los poetas ¬afirmaba Regás¬.

Recordemos una vez más el verso de Machado que creíamos ya superado: España, envuelta en harapos, desprecia cuanto ignora ».

El poema al que ese artículo se refería no dice «España» sino «Castilla» y fue escrito entre 1907 y 1917, o sea que sus versos aluden a una realidad que fue el lugar común del 98 y que, en efecto, se halla superada al margen de lo que pueda creer Rosa Regás. De este modo, la tergiversación no se quedaba en cambiar un topónimo por otro sino también una realidad actual por otra lejana que ella cree vigente pero que ya hace un siglo tenía mucho de tópico, como explica Fernando García de Cortázar en su libro recién publicado «Los mitos de la historia de España».

El artículo de Rosa Regás es un ejemplo de lo delirante que se ha vuelto el maltrato a España en ciertos ambientillos periféricos. ¿Qué odio artificial contra sus paisanos ha respirado esta buena mujer en los círculos que frecuenta para sentirse cómoda diciendo estas cosas increíbles de harapos, ignorancias y desprecios que te ponen la carne de gallina? ¿Qué fantástica afrenta se ha cometido contra Cataluña o el País Vasco para leer algo así o qué sensación de agravio han introducido ciertos políticos en esos lugares y en el momento más próspero y democrático que vive España curiosamente?

«Despreciar lo que se ignora» no es una afición inteligente, pero menos aún «ignorar lo que se aprecia» que es lo que hacía Regás al elogiar unos versos que no dicen lo que ella decía. Lo más interesante de su artículo es el salto cualitativo que da en el maltrato a España. Hasta hoy los detractores de esa palabra se limitaban a ningunearla pero ella va más lejos y propone el cambiazo degradante. De la omisión pasa a la ominosidad. El invento abre un gran abanico de posibilidades creativas. Imaginemos ejemplos prácticos con el refranero: «A España regalada no le mires el diente», «cree el ladrón que todos son de España», «en España el tuerto es el rey», etc.

¿Pero qué ha pasado en este país para que alguien hable de ese modo y se crea que da en el clavo de la crítica social y política? ¿Qué guerra civil hemos librado en el 2004 para que una señora mayor, burguesita y tranquilita que ni siquiera se declara nacionalista sino del PSC tergiverse palabras y conceptos de forma tan crispada? ¿Tiene el Gobierno la culpa de esto? Ese artículo de Regás es un buen baremo del nivel actual del debate político en España.

Mente de un fugado
Antonio García Trevijano La Razón 5 Enero 2004

Desde las primeras conversaciones a que alcanza mi memoria he hablado con miles de personas de toda condición social. Pero si el tema versaba sobre política, costumbres o estética sólo he podido entender cabalmente lo que decían menos de un centenar. Oral o escrita, la palabra no era, en estas materias, un medio de comunicación. La prensa española comencé a leerla como una adivinanza, y continúo leyéndola entre líneas para descubrir entre tanta paja de propaganda, adulación o difamación dónde está el grano de verdad. Comprendí desde el bachillerato la ofuscación ideológica del lenguaje. Pero sigo sin entender por qué desde la guerra civil las preferencias morales o estéticas han de apoyarse en lisas mentiras sobre hechos patentes.

Las generaciones que crecieron bajo la intoxicadora propaganda de la dictadura y las que se asomaron al mundo desde la consensuada ventana de esta monarquía de partidos, no han respirado el vivificador aroma de la verdad. No, por supuesto, el de la dichosa veracidad del espíritu, inevitablemente perfumada con los olores de las ideologías, sino el del sano efluvio que desprende la patencia de los hechos incontestables. Cultos o incultos, los españoles viven y mueren en incubadoras de la mentira. Fuera de los ámbitos científicos o tecnológicos, se desvanece toda esperanza de oír o leer algo verídico que, siendo de interés público, responda a las evidencias de la realidad física o moral. La dictadura de la mentira en el discurso público o privado hace ingenua la de la fuerza bruta.

Lo exclusivo de las dictaduras no es su crueldad sobre los cuerpos adversos. Eso lo comparten con las catástrofes naturales, las guerras, la delincuencia y los accidentes laborales o de tráfico. La monarquía libró a los españoles de ese tipo de crueldad física. Lo peor de las dictaduras tampoco es su implacable represión contra las almas que se rebelan contra ellas. Eso lo comparten con la extrema ignorancia de los miserables que pretenden alzarse contra la miseria sin otras armas que las de la miseria. La liberalidad de la monarquía nos ha librado también de este castigo moral.

Lo peor de la dictadura, que heredó esta monarquía de partidos, es la desesperanza de ver reconocidas por los demás las evidencias físicas y morales que hacen posible la comprensión de las divergencias políticas y un diálogo inteligible entre adversarios. Desesperanza que en mí no ha producido la resignación de los presos audaces, cuando comprenden que no podrán escapar de una cárcel de alta seguridad sin la colaboración de los demás prisioneros. Hace medio siglo que vivo con la mente de un fugado.

En la dictadura y la monarquía se toman en serio, como si fueran hechos verídicos, las elecciones de los súbditos, siendo evidente que los diputados los designaban entonces los jefes de los clanes del dictador y ahora los jefes de los partidos estatales. El pueblo sólo ratifica su preferencia por alguna de las listas de partido. La sociedad civil no interviene en el proceso. Las Leyes Fundamentales del Reino y la constitución de la monarquía fueron aprobadas en referéndum, sin que las precediera una libertad constituyente ni existiera la menor posibilidad de elegir otro Régimen.

Bajo Franco se decía con verdad que había unidad de poder y separación de funciones. Ahora se dice con mentira que hay separación de poderes, cuando es evidente que el poder ejecutivo no sólo está unido al legislativo sino que lo controla férreamente con votaciones de partido sometidas a mandato imperativo (prohibido por el papel mojado de la Constitución). Entonces era Franco quien nos dio las libertades del orden. Ahora es el pueblo quien ha «conquistado» el orden de las libertades. Con el bloque de la Constitución, el pueblo plebiscitó cosas tan heterogéneas como Monarquía, Autonomías y Derechos ciudadanos. Y se dice que las hemos elegido singularmente. ¿Cómo ser digno sin fugarse de esta farsa?

Preocupación en las ikastolas
Cartas al Director ABC 5 Enero 2004

Primero, establecer el obligado, más que necesario, beneficio de la duda o, como jurídicamente diríamos, la presunción de inocencia.

Ahora bien, yo empezaría a preocuparme seriamente sobre la educación que pueden estar recibiendo los niños en las escuelas en euskera, también llamadas ikastolas. Que un tutor de niños y niñas de cuatro años sea detenido como presunto asesino que pretende atentar en la tarde de la Nochebuena de manera indiscriminada, como es habitual en los terroristas, contra cientos de personas que tienen puesta su ilusión en pasar una Navidad con su seres queridos; y que éste, llamémosle profesor, se haga cargo de unos niños, es terriblemente preocupante.

Ovejas negras hay en todas las casas, o puede haberlas, pero es más fácil que broten al cobijo de ideas que ponen de enemigos a los que no son sino vecinos, que tildan de ejército enemigo a quienes constituyen las Fuerzas de Seguridad, lleven el uniforme del color que lo lleven; que tachan de enemigos a quienes simplemente piensan diferente. Sólo se puede preguntar qué ideal de solidaridad, cooperación, de paz, puede transmitir alguien que pretende sembrar de sangre la Nochebuena.

Yo, si mi hijo estudiase en una ikastola me empezaría a preocupar, pero muy seriamente.   José Javier Solabre Heras.   Pamplona.

Minorías políticas
Cartas al Director ABC 5 Enero 2004

Da la sensación de que estamos viviendo una situación política dirigida por las minorías. Lo vivimos en Madrid, cuando IU, con una representación parlamentaria mínima, reclamaba la gestión de Consejerías y anunciaba lo que serían sus políticas en materias importantes para los ciudadanos. Lo estamos viendo en Cataluña, con ERC, que siendo la tercera fuerza política de Cataluña, a gran distancia de las dos primeras, tiene un «conseller en cap» y varias Consejerías. Y su líder, Carod-Rovira, no se cansa de dar consejos al PSOE sobre cuál debe ser su política para España, y parece que busca «fórmulas imaginativas» para obviar las leyes que aprueba el Parlamento estatal y hacer una política «nacional», no nacionalista, para Cataluña. Algo que, por otra parte, no trata de disimular; cada vez que tiene la oportunidad declara que él no es nacionalista, es independentista. Y también tenemos al PNV que, aunque sí es mayoritario en el País Vasco, idea un plan para cambiar nada menos que la organización política territorial del Estado. Creo que el PSOE, en su afán por desbancar al PP y conseguir el poder político, está favoreciendo esta situación. Lo hace en nombre de un gobierno de «progreso». El PSOE debería tener personalidad propia, ceñirse a su propia ideología y pactar, si lo considera conveniente, con otras fuerzas políticas, pero nunca repartirse el poder político sólo para poder participar en ese poder. Me cuesta creer que haya mucha afinidad política entre un votante del PSOE extremeño, gallego o andaluz y un votante de ERC. Aunque, ¿quién sabe? Quizás dentro de poco tengamos a Carod-Rovira como vicepresidente del Gobierno y a Llamazares como ministro de Economía.    Roberto Menchén del Cerro. Tres Cantos (Madrid).

La televisión estatal china inicia su programación en español
Eduardo Juste - Pekín.- La Razón 5 Enero 2004

La televisión estatal de China (CCTV) comenzó el pasado día 1 la emisión de programación en español, con el propósito de mostrar la cultura china en los países de habla hispana y a la vez difundir la lengua de Cervantes en el gigante asiático. Aunque el día 27 de diciembre ya se empezaron a emitir varios espacios en español, en periodo de prueba, el primer programa en castellano, oficialmente hablando, apareció en las pantallas chinas con el título «Observando el Mundo». La productora ejecutiva de la programación en español, Ye Lulu, asegura que el objetivo de este «mini-canal», que por ahora sólo emite cuatro horas diarias, es «algo tan simple como permitir a la gente de habla hispana conocer China, y a la vez que nuestro país conozca al resto del mundo».

En los próximos meses, estos programas serán sólo una parte del canal internacional de la Televisión Central China, que hasta ahora emitía íntegramente en inglés, pero se espera que ya en octubre de este año el español tenga un canal propio en China. De la misma forma, los programas que se emitirán en esta primera andadura son traducciones al castellano de otros espacios en inglés o en chino mandarín, pero también en el próximo otoño se confía en tener producciones propias, más centradas en lo que le pueda interesar a España y Latinoamérica.

Ye destacó que en el futuro la televisión china pretende emitir en todos los idiomas más hablados del mundo, como el francés, el ruso o el árabe, pero que de momento se ha optado por el español «porque es uno de los idiomas más hablados en el planeta, y es usado por más de 300 millones de personas». La responsable de programas también destacó que otra razón para primar el español ha sido la presencia de una cada vez mayor comunidad de hispanohablantes en Pekín, lo que ha facilitado la contratación de periodistas, traductores y otros profesionales cuyo idioma nativo es el castellano. En la nueva televisión china en español ejercen ya como «expertos» (palabra con la que en China se designa a los extranjeros que trabajan para el Estado) unos 25 hispanohablantes de Argentina, Colombia, España, Estados Unidos, México y Perú. Sin olvidarse de España, el nuevo «canal» español pone sus miras especialmente en Latinoamérica, donde muchos países mantienen fuertes lazos culturales con China, como Cuba, Perú o Venezuela.

Cimadevilla también resalta la gran oportunidad de trabajo que el nuevo canal puede suponer para periodistas de España o América Latina, "ya que el programa va a necesitar cada vez más profesionales de los medios, a medida que se consolide". La periodista anima a los jóvenes españoles y latinoamericanos a que sigan su ejemplo y den el gran salto adelante a las pantallas chinas, ya que "vivir en este país es una interesante experiencia, a la que se le une el poder entrar en el mundo de la televisión". Por ahora, la sugerente idea de ver en el extranjero programas en español procedentes de China está aún a medio hacer, pues la Administración Estatal de Radio y Televisión todavía tiene que firmar acuerdos con sus homólogas en el mundo de habla hispana para que la nueva programación esté al alcance de los hispanoamericanos. Sin olvidarse de España, el nuevo "canal" español pone sus miras especialmente en Latinoamérica, donde muchos países mantienen fuertes lazos culturales con China (caso de Cuba, o de México) o tienen una importante población que es descendiente de inmigrantes chinos (Perú, Venezuela, etc). Por ello, se ha escogido la franja horaria de entre las 8 y las 12 de la mañana (hora china), que equivale a la madrugada en España pero que en América Latina coincide con los momentos de mayor audiencia, en la tarde-noche.
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