AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 8 Enero  2004
España invertebrada
JAIME CAMPMANY ABC 8 Enero 2004

ETA, en horas bajas
Editorial La Razón  8 Enero 2004

Una insensata camarilla
Antonio Pérez Henares La Razón  8 Enero 2004

¿ETA, exangüe
Carmen Gurruchaga La Razón  8 Enero 2004

¿El final de ETA
Editorial Heraldo de Aragón  8 Enero 2004

El chollo de ser minoría
Iñaki Ezkerra La Razón  8 Enero 2004

La duquesa y el etíope
Faustino F. Álvarez La Razón  8 Enero 2004

Elecciones generales y modelo de Estado
Editorial ABC 8 Enero 2004

La familia que gobierna unida
M. MARTÍN FERRAND ABC 8 Enero 2004

El esqueleto y la Reina madre
Lorenzo Contreras La Razón  8 Enero 2004

 

España invertebrada
Por JAIME CAMPMANY ABC 8 Enero 2004

TENGO para mí que esta disparatada escalada que estamos sufriendo de todo eso que va desde el regionalismo al nacionalismo y al separatismo, todo eso que termina en propuestas enloquecidas que Rajoy, con las manos en la cabeza, califica de «disparates», quizá sea sólo una temeridad de la añagaza electoral, un farol de políticos en el juego de las elecciones, que es el juego del poder.

¿Pero de verdad existen entre nosotros un catalanismo y un bizcaitarrismo que aspiran a desgajar de España a Cataluña y al País Vasco? ¿Pero de verdad se encuentran entre los españoles unos locos de atar que quieren romper España y seguir solos mundo adelante? ¿No será que son ellos las primeras víctimas del nacionalismo, esa doctrina que obliga a no conformarse jamás con lo que se consigue y a presentarse siempre a las elecciones pidiendo más autogobierno, más autonomía, más soberanía, más independencia, más de todo? ¿Y no será que todos esos disparates que piden y que asombran a Rajoy: la Agencia Tributaria propia, el Tribunal Supremo propio, las Fuerzas Armadas propias, la Guardia Civil propia, el régimen fiscal propio, las relaciones internacionales propias, el referéndum propio, las leyes propias, y todos los demás etcéteras propios, se piden a sabiendas de que no pueden ser concedidos y nunca lo serán? ¿Pero de verdad hay vascos, como Arazallus y como Ibarreche, que aspiran a formar una Nación y un Estado con cuatro provincias españolas y tres francesas? ¿No será eso un señuelo para cazar votos halagando los sueños de desigualdad que florecen de manera especial y pujante en algunas regiones españolas?

Se dice que hay en España regiones o Comunidades que quieren ser diferentes de las otras. Bueno, también de la propia España se ha dicho que quiere ser diferente. «Spain is diferent». En realidad, se trata de ser desiguales, mejores que los demás, y quizá en algún caso más ricos. Éste de la desigualdad es un deseo común a todas las tierras de España, aunque sólo en algunas de ellas toma la forma demencial del separatismo. Quizá venga ese sentimiento del mismo proceso de formación de nuestra unidad, hecha a fuerza de guerras, conquistas y alianzas de unos reinos con otros, de matrimonios que enlazan y de herencias que dispersan, de reyezuelos y taifas, junto a sueños de integración y de incorporación.

Total, que esas dos ideas siempre están bailando dentro de la cabeza de algunos o de muchos españoles. Y a veces, terminamos por querer afirmar nuestra identidad en contra de la del vecino, poniendo de relieve nuestra desigualdad con él, buscando lo que nos distingue para hallar un pretexto de separación. Ya se sabe que uno de los placeres de los viejos es releer. Yo releo por viejo y leo por periodista. Releo, por ejemplo, la «España invertebrada» de Ortega y leo en los periódicos los «disparates» que preocupan a Rajoy a muchos otros españoles de acá y de allá, de esta orilla política o de la otra. Y observo que estamos en las mismas: deseando separarnos, pero juntos. Lo malo es que hay días en la Historia en que estando en esas ha llegado la sangre al río.

ETA, en horas bajas
Editorial La Razón  8 Enero 2004

La información que hoy publica en exclusiva nuestro periódico, en la que se revela que los dos terroristas encargados de llevar a cabo el atentado frustrado del día de Nochebuena no habían podido recibir ningún tipo de apoyo económico por parte de la banda, coincide plenamente con el análisis que ayer efectuó el titular de Interior, Ángel Acebes, sobre la situación actual de ETA. El ministro afirma, y los datos le respaldan, que es posible la derrota total de la banda en un tiempo relativamente corto si se mantiene la triple presión de la investigación policial, la colaboración internacional y el acuerdo de las principales fuerzas políticas españolas.

Gracias a estos tres factores, el año que acaba de terminar ha supuesto un claro retroceso para la organización terrorista vasca como demuestra el hecho de que el número de asesinatos cometidos por sus pistoleros, tres, sea el más bajo desde 1973. Aunque la experiencia de tantos años de violencia y terror nos deben aconsejar prudencia, pues la capacidad de asesinar existe realmente mientras permanezca en libertad un solo terrorista decidido a matar. Hay, por otra parte, un riesgo real de que si ETA está en horas tan bajas, si se encuentra en un momento de especial debilidad y comienza a sentir que se genera el peligro de divisiones internas, reaccione con la mayor violencia posible, multiplique sus intentos de perpetrar los atentados más fáciles de ejecutar y los más indiscriminados precisamente para eliminar disensiones o sensación de debilidad. Pero aun con estas prevenciones, hay que alegrarse de los éxitos indiscutibles de nuestras Fuerzas de Seguridad que han conseguido en este año de 2003 la detención de 187 terroristas, entre ellos algunos de los principales responsables de la banda. También podemos destacar los buenos resultados de la aplicación de la Ley de Partidos, que supone entre otras ventajas, con la deslegalización de Batasuna, cortar una de las principales fuentes de financiación de los etarras. Y, por fin, destacar la gran colaboración de algunos países como Francia, México y Holanda, en lo que supone un paso adelante muy importante en el aislamiento internacional de estos asesinos.

El mal momento de ETA es una magnífica noticia para todos los demócratas y la mejor evidencia de que para acabar con la dictadura del miedo es imprescindible hacerlo desde el Estado de Derecho, con la colaboración internacional y atacando al terror policial y jurídicamente. Y es, también, el momento en el que el PNV queda en pública evidencia pues, si nunca como hoy se ha estado en mejores condiciones para acabar con una lacra como ETA, sería imperdonable que los nacionalistas, en lugar de apostar por su erradicación, cometieran el error de buscarle una salida política de cualquier tipo. La banda necesita oxígeno y lo fundamental es no dárselo.

Una insensata camarilla
Antonio Pérez Henares La Razón  8 Enero 2004

La llegada de Zapatero al liderazgo socialista levantó expectativas y sus primeros pasos esperanzas. La actual camarilla que dirige el PSOE y la delirante deriva de sus últimas propuestas causan espanto. La insensatez se ha apoderado de ellos. En una enloquecida huida hacia el abismo nos proponen, camuflados en esloganes retóricos, la barbaridad de 17 tribunales supremos, 17 ministros de interior y 17 agencias tributarias. Como no tenemos bastante con el desafío separatista de radicalismo nacionalista a estos aprendices de brujo sólo se les ocurre echarle gasolina al fuego, multiplicar por 17 el disparate y pregonar que es así como se arregla. Con ellos, con su irresponsable proceder, con sus temerarias ocurrencias, con su jugueteo enloquecido con la unidad de España, la izquierda política camina a una hecatombe electoral. Pero menos mal que camina hacia ahí. Porque es necesaria su derrota y su cambio inmediato por dirigentes que posean un mínimo de responsabilidad, de sentido común y de prudencia. Dirigentes de verdad, en y por la izquierda, con sentido del Estado y con raíz en las necesidades populares. Pues lo que llena ya de pavor es que esta insensata camarilla pudiera, pactando con todo el que se deje sin importar un solo principio ni otro fin que el poder, gobernar a España. ¿Quién me iba a decir que iba a echar de menos a González!

¿ETA, exangüe?
Carmen Gurruchaga La Razón  8 Enero 2004

Excelente cierre de 2003 en cuanto a lucha antiterrorista se refiere. Porque aunque la actividad asesina de ETA sea tan intrínsecamente perversa, tanto si realiza dos como diez acciones, la minoración de su actividad indica un claro descabezamiento de estructuras, flacidez de organización, impericia de sus desmedradas filas, sangría de su «cultura» de la seguridad y tantos otros factores debilitados por unas acciones policiales cada vez más eficaces. Además, ETA está internacionalmente cercada y nacionalmente hemorrágica. Las transfusiones a que se somete, o son de sangre vieja, oxidada en largos años de «exilio» en Iberoamérica, o de sangre joven, inexperta e intelectualmente nada formada. Mal material para reconstruir un entramado tan terrorífico como el de hace algunos años, con el agravante de un escenario legal y social de endurecido hostigamiento. ETA le ha dado mucho ¬¿todo?¬ al nacionalismo vasco. Es un topicazo recordar que sin la banda terrorista el PNV no sería lo que es hoy. Sería otra cosa, diferente. A estas alturas, la «baja intensidad» asesina o el simple hecho de «estar ahí», aparcada con escasas salidas y casi todas frustradas, molesta a los soberanistas en su intento de consagrar el «Plan Ibarretxe». Una ETA exangüe es una ETA viva, aunque cada vez más intermitente. Pero siempre punto de referencia en la convivencia vasca y pequeño cisma comprendido por la Iglesia de allá y los sabinianos.

Porque ETA estará todo lo enclenque que cada uno opine, pero mientras haya un concejal, profesor, o cualquier persona amenazada y con escolta, el País Vasco es un territorio necesitado de libertad, en el que el PNV sigue pactando con los amparadores de los terroristas. Ahora, además, amplía su confraternización a Navarra. La eficacia de la lucha antiterrorista en 2003 da más esperanza para erradicar una pandemia desparramada por España durante más de 35 años. Pero tanto tiempo proyecta, independientemente de su fuerza disminuida, una ETA a la que teme el empresario, que paga el impuesto revolucionario y que genera miedo a expresarse libremente porque se puede perder la vida. Mientras, los nacionalistas se pasean por barrios y pueblos sin necesidad de cuidado y jactándose de su ideología. Los actuales jefes de ETA serán pocos y de limitada competencia, los cuadros estarán escuálidos y la tropa será torpe por bisoña y mal entrenada. La colaboración de Francia con las Fuerzas de Seguridad del Estado español arroja brillantes resultados. Pero ETA, a través de tantos años sanguinarios, se ha corporeizado en una institución asesina que ha consolidado una «marca» de terror. Por eso, aunque los etarras cada vez sean menos y estén peor organizados, aprovechan su «marca» para seguir recibiendo dinero del empresariado y amedrentando a todo no nacionalista que tenga alguna proyección pública. Para beneficio propio, pero también del resto del nacionalismo. Como siempre. Y Dios quiera que hasta dentro de poco. En ese camino estamos.

¿El final de ETA?
Editorial Heraldo de Aragón  8 Enero 2004

La colaboración internacional, y específicamente la de Francia, junto a una decidida ofensiva del Gobierno, policial y diplomática, apoyada por los partidos más relevantes de la oposición, ha logrado notorios resultados. El ministro del Interior, Ángel Acebes, incluso cree posible la "derrota final" de ETA, deseo compartido por una aplastante mayoría ciudadana, incluida la vasca, aunque no se deben confundir deseos y realidad. La derrota política de ETA no ha llegado, pues acelerar la "construcción nacional" y la vía a la independencia de Euskadi o Euskal Herria (Navarra, la Comunidad vasca y los territorios vascofranceses) es ya objetivo formal de los nacionalistas vascos, que de forma pública le dieron fuerzas en 1998. La labor judicial y policial no debe detenerse por eso y esta última ha sido muy brillante: en 2003 se detuvo a 187 presuntos etarras -incluidos los jefes de los grupos armados- y se localizaron 3.571 kilos de explosivos y 184 inmuebles al servicio de la banda, cuyos asesinos mataron a tres ciudadanos: la cifra menor desde 1973, exceptuado el año de respiro que ETA obtuvo para fortalecerse de los negociadores de Lizarra. ETA está en mal momento. Pero en 1998 también lo estaba. Verdugo del pueblo vasco y vergüenza del independentismo, es éste quien todavía le concede, de forma directa o sesgada, protagonismo y audiencia. Con el aplauso de Otegi y los suyos, que hoy tienen más amparo en el parlamento vasco que los diputados "populares" y socialistas.

El chollo de ser minoría
Iñaki Ezkerra La Razón  8 Enero 2004

A uno le pasa en la política y en todas las cosas de la vida. Nunca ha disfrutado del privilegio, de la ventaja, del chollo de ser minoría. Eso siempre queda para otros. Los nacionalismos han ido ganando terreno en España gracias a la cantinela de que había que respetar a las minorías, pero en cuanto éstos logran ser una mayoría exigua a base de explotar ese lema publicitario ya no se acuerdan de las minorías ajenas aunque sean minorías bastante mayoritarias. Entonces hacen valer esa leve diferencia de votos con la mayor prepotencia y con una autoridad que antes le discutían a la mayoría mayoritaria que no era la suya.

Pero ya digo que no sólo pasa con la política. Pasa con todo. Lo que a uno más le indigna del famoso criterio televisivo de los índices de audiencia, o sea del sagrado respeto a la tele-basura porque es lo que gusta a las mayorías, es que ese criterio sólo se aplica precisamente a la televisión y en detrimento de la cultura, de los programas sobre teatro, danza, libros o artes plásticas porque éstos son minoritarios en efecto según esos dichosos índices que me merecen todas las sospechas. El enigma es por qué ése mismo criterio sólo se aplica a la televisión y no se aplica también a la moda ni a la banca ni a la hostelería ni a la gastronomía. Un programa televisivo de música barroca que goza de escaso público está mal visto y hay que ir a por él, hay que cargárselo como sea, pero no ocurre lo mismo con una marca cara de ropa ni con una cuenta corriente millonaria ni con un hotel de cinco estrellas ni con el kilo de angulas.

Nadie se siente culpable por acceder minoritariamente a los lujos materiales. Nadie propone hacer desaparecer esos lujos porque no tengan acceso a éstos las mayorías sino todo lo contrario. A la gente le gusta mucho sentirse minoría cuando consigue acceder a uno de ellos. ¿Por qué, sin embargo, los bienes culturales deben pedir perdón por ser consumidos? ¿Por qué alguien no puede sentirse satisfactoriamente minoría ante un programa televisivo dedicado a la Escuela Flamenca? ¿Por qué ni siquiera existe en la televisión un programa semejante para que alguien ejerza el derecho de disfrutar sintiéndose todo lo minoría que quiera? Si las minorías son siempre políticamente correctas ¬al menos en teoría y sobre todo si son nacionalistas¬, ¿por qué no han se ser también correctas culturalmente? Más que un problema de minorías o mayorías, yo creo que es que algunos siempre escogemos el bando equivocado, el que no merece respeto ni siendo minoritario ni siendo mayoritario. Decía Octavio Paz que «las minorías de hoy son las mayorías de mañana» dándole una versión laica y civil a la promesa cristiana de que «en el cielo los primeros serán los últimos». Pero no es así. Cuando los primeros pasan en el cielo a ser los últimos invierten el orden jerárquico y se sacan de la manga la teoría de que el chollo es estar al final de la cola.

La duquesa y el etíope
Faustino F. Álvarez La Razón  8 Enero 2004

Optimistas que ignoran tan grata condición se refieren con alarma a las diecisiete Españas, cuando en realidad hay cuarenta millones y pico de Españas, tantas como ciudadanos contemporáneos que viven en un mismo territorio que registra en su historia disgregaciones y unidades, como ocurre en cualquier lugar del mundo. La coexistencia es siempre un concierto desafinado, y no hay por qué forzar vertebraciones y unanimidades. La biología, la zoología y la antropología son previas a cualquier bandera y a cualquier amurallamiento del terruño.

Ocurre, sin embargo, que entre esos millones de nacionalistas de sí mismos los hay con miras más anchas desde la terraza de su supervivencia sentimental, mientras que otros no les reconocen a los demás otra identidad que la del infierno, traduciendo mal la sentencia de Sartre. Tengo menos que ver, por muchas batallas que me cuenten, con la duquesa de Alba que con un mecanógrafo etíope, y a estas alturas del discurso políticamente correcto cuando hablan de vertebración pienso en los dinosaurios, y cuando escucho eso de enriquecerse mutuamente me pongo a buscar a los ladrones. No somos tan masoquistas como para renunciar a un analgésico cuando nos duele España, ni tan pervertidos como para reconocer que amamos a este país porque no nos gusta. En la infancia fuimos incapaces de establecer una relación de gratitud o de erotismo con el aceite de hígado de bacalao, pese a sus más que pregonadas virtudes.

Más que entonar himnos y ponerse medallas, lo que importa es que el personal sea decente, que trabaje y que eche una mano a los que más lo necesitan sin pedirles el carnet de identidad ni grabar sus huellas en la oficina policial de los aeropuertos.

Cuando un pueblo se mira obsesivamente el ombligo de su identidad, está perdiendo un tiempo hermoso para construir puentes o para terminar con el Sida. Un alto dirigente de la UE comentó que entendía, cuando le llegaban a su oficina, los conflictos italo-germánicos, o las disensiones franco-británicas, o las divergencias belga-luxemburguesas, pero que estaba harto de los perennes pleitos y querellas y líos hispano-españoles...

«Cuidate, España, de tu propia España», clamaba César Vallejo, lo que en versión celtibérica se traduce como «todos al suelo, que vienen los nuestros», o aquéllo de «el enemigo está en casa, disparad sobre nosotros». Ya está bien, en fin, de anarquistas Rh negativos, o de católicos a machamartillo de don Marcelino, o de patriotas de pata negra, o de expendurías de españolidades como si se tratase de tabaco negro. Cada español, desde el horizonte moral de su incertidumbre, alcanzará la legitimidad en la aventura con el sudor de su frente, y echando una mano a los demás, y alejándose de los monoteísmos patrioteros, y sabiendo que, ya sea pequeño o grande el territorio, el corazón es grande e indivisible, y lo mismo da que palpite en gregoriano que en desgarro. Qué bien que seamos tantos y tan diferentes.

Elecciones generales y modelo de Estado
Editorial ABC 8 Enero 2004

CUANDO faltan apenas dos meses para las elecciones, el debate sobre el modelo de Estado marca la pauta de la confrontación entre los partidos nacionales. Todo gira en torno a la forma de organización territorial y no, como sería lógico, alrededor de los programas de gobierno y la orientación de las principales políticas públicas. No es buena noticia para la estabilidad constitucional. Parece que los nacionalismos extremistas han logrado imponer su «agenda», cuestión decisiva -como es notorio- en la moderna democracia mediática. El feliz aniversario de la Constitución se diluye entre propuestas de reforma y opciones semiconstituyentes, que alteran el compromiso alcanzado en su día. El Estado de las Autonomías puede ser mejorable en términos abstractos, pero hoy día responde con holgura a las expectativas de la mayoría social en cuanto al equilibrio entre unidad y diversidad. Al cuestionar el modelo vigente, se ha convertido a los comicios de marzo en una suerte de referéndum indirecto. Es un grave error desde el punto de vista del interés nacional, pero también desde la estrategia partidista del PSOE, como demuestran todas las encuestas sin variaciones sensibles.

Estamos en un sistema fuertemente descentralizado. Los números no engañan y tanto las competencias de las Comunidades Autónomas como su nivel de recursos humanos y materiales superan de largo al modelo federal, más allá de cualquier nominalismo. En la legislatura que termina ha culminado el proceso de transferencias en materias relevantes como educación y sanidad. El respeto por el pluralismo territorial y por los símbolos propios de cada Autonomía forma parte indiscutible de la cultura política de la España democrática. Dentro de sus límites razonables, la organización autonómica ha reforzado la personalidad propia e incluso la autoestima de muchos territorios, sin merma del sentimiento, muy mayoritario, respecto de la unidad nacional. Porque España, sujeto constituyente único, es una realidad histórica que sólo puede ser discutida desde la ignorancia o la malevolencia. Sobre este punto, la coincidencia es muy notable.

Se equivocan Zapatero y su equipo si pretenden reeditar un sedicente «bloque constitucional» con los nacionalistas. Saben también en Ferraz que la opción elegida limita sus posibilidades. Los votantes sensatos no desean ver fragmentado el Poder Judicial ni multiplicada la Agencia Tributaria en un contexto donde se plantean aventuras soberanistas muy definidas. Es cierto que han fracasado, tal vez por la propia torpeza, otras alternativas de oposición: el «Prestige» y el «no a la guerra» son hoy día argumentos anacrónicos. Las elecciones de mayo dictaron al respecto una sentencia inapelable. Sólo queda el alivio del gobierno tripartito en Cataluña, construido con material inflamable. En este punto, se han confirmado los peores augurios: la derrota de Maragall era un fracaso grave; su éxito ha sido peor todavía para las expectativas socialistas. El PSOE no ofrece ahora ningún modelo coherente: ni Estado autonómico, ni federal, ni siquiera confederal. Se trata simplemente de una huida hacia ninguna parte. De este modo, el Partido Popular se encuentra con la campaña casi hecha. Le basta reiterar la firmeza de sus convicciones y golpear con precisión de vez en cuando en el flanco débil del adversario. Las acusaciones de centralismo por defender el sistema autonómico actual se sitúan a medio camino entre el absurdo y el ridículo. Buenas noticias para el interés legítimo del PP, pero causa de seria preocupación para la gran mayoría social que opta por la plena vigencia de los principios que establece la Constitución de 1978.

La familia que gobierna unida
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 8 Enero 2004

NO creo que existan muchas personas dispuestas a negar la gracia y el encanto del miriñaque. Sus refajos, aros y almidones forman parte, más que de la historia de la moda, de la de la belleza femenina y al miriñaque debemos versos apasionados, amores incontenibles y requiebros felices. Otra cosa es su vigencia. Está tan pasado de moda como la levita o el paletó. Incluso más, porque el frío sigue siendo lo mismo que siempre fue y la silueta femenina, entre el erotismo y la anorexia, ha cambiado de proporciones. Algo parecido ocurre con el caciquismo. Sin la presencia de los caciques, locales y comarcales, se explicaría mal la historia política del XIX español, especialmente desde la llegada del sufragio universal.

Los nacionalistas, eso que tanto apasiona a algunos y tanto nos fatiga a los demás, vienen a ser un brote anacrónico del caciquismo tradicional. Su uso sigue siendo electoral; pero, en aras del avance de los tiempos, se reviste de ropajes identitarios y afirmaciones culturales. Su esencia es la de influir en el entorno, doblegar voluntades y formar clientelas de diversos usos. Aquí, a diferencia de los inventores del género -los pueblos americanos precolombinos-, los caciques no lo son por el mérito o la elección y, según avanza el tiempo, puede comprobarse su naturaleza hereditaria.

Cuando Jordi Pujol, va para ocho años, nombró a su hijo Oriol secretario de Afers Interdepartamentals, impreciso cargo de rótulo sonoro, sus opositores de entonces, los mismos que hoy integran el tripartito de Govern, pusieron el grito en el cielo y, no sin razón, hablaron de la patrimonialización del poder -gran síntoma caciquil- de que hacía gala CiU. Apenas un suspiro en el tiempo y ya tenemos a un hermano de Josep Lluis Carod-Rovira, Apel.les, presto a tomar posesión del mismo cargo que ostentó -¿detentó?- el hijo de Pujol y, para que se advierta el equilibrio de poder que se traen en la nueva Generalitat, Ernest Maragall, hermano de Pasqual, ya es secretario de Govern al igual que Manel Nadal ejercerá como secretario general de la Consellería de Política Territorial y Obres Públiques que regenta su hermano Joaquim. Salvo que Joan Saura sea huerfanito, todavía falta algún pariente en ese Govern que se formó, entre otras, con la promesa formal de reducir en una cuarta parte el número de altos cargos de la Generalitat.

Como en un remedo del padre Payton, el apóstol del rezo doméstico del rosario, los líderes del tripartito catalán entienden que la familia que gobierna unida, unida permanece. Contra viento y marea. Sin oposición ni perro que la ladre. De ahí, de lo endogámico, viene buena parte de la fuerza de los nacionalismos. Es el hoy por ti y mañana por mí que, en un caldo de cercanías, prescinde de la excelencia y el mérito en bien de la afinidad y la bicoca. Los miriñaques han quedado para los museos.

El esqueleto y la Reina madre
Lorenzo Contreras La Razón  8 Enero 2004

Estábamos inmersos en el lío de las agencias tributarias, las seguridades sociales y demás elementos amenazantes de la llamada unidad nacional que la Ley de Leyes consagra y que comprometen esa vertebración nacional que Aznar llama tétricamente «el esqueleto» de España, y de pronto estalla con toda su capacidad explosiva el asunto de los tribunales superiores de Justicia autonómicos como sustitutos del Tribunal Supremo a los efectos de la última instancia. Hace, pues, explosión la polémica y, cuando parece que el disparate es evidente, resulta que una diversidad de cerebros jurídicos pensantes discrepan en sus respectivas posiciones. Es decir, a varios de ellos, entre los más conspicuos y consultados, no se les antoja que haya tanto dislate en la propuesta socialista del nuevo modelo judicial, que sugiere convertir al Supremo en una especie de órgano consultivo al que nadie consultaría técnicamente hablando para que procediese a la «unificación de doctrina».

Si esto se materializara por obra de la demencia política, ¿qué podría hacer el esqueleto? De España, valga la metáfora, no quedarían ni los huesos. Cualquiera puede imaginar diecisiete tribunales superiores expeliendo en sus respectivas sentencias doctrinas que un Supremo fantasmal tendría que unificar si es que le dejaran. Habría no sólo diecisiete tribunales superiores, sino, por qué no, diecisiete Audiencias Nacionales que no podrían, lógicamente, llamarse nacionales. Y entre las preguntas que los atónitos españoles, considerados insolventes o «indigentes jurídicos» por el muy docto señor Caldera, tendrían que hacerse, tal vez habría alguna que dijera: ¿y quién es el guapo tribunal superior que, en medio de un avispero de presiones, pasiones e intereses fallaría con imparcialidad en un caso que afectara a las entrañas de ese volcán?

El Tribunal Supremo, convertido en reina madre de un reino judicial desmadrado, sería la coronación del desbarajuste originado por una Constitución abierta, susceptible de ser abierta en canal, y supeditada al albur de las ambiciones comarcales dispuestas a hacer almoneda del nunca suficientemente vituperado título VIII de la llamada Carta Magna, sospechosa de poder ser «Carta Mínima» al cumplir sus hermosos primeros veinticinco años.

Es probable que, a la vista de este espectáculo, el PP se sienta, más que alarmado, feliz. Le han regalado, desde las filas zapateriles, coincidiendo con la fecha de los Reyes Magos, un espléndido disparate. Muchas de las dolencias políticas que venía arrastrando el partido gobernante pueden beneficiarse de las virtudes curativas de los errores ajenos. Los terribles indigentes descubiertos por el doctor Caldera se sienten premiados.

BALANCE ANTITERRORISTA 2003
Acebes dice que el Gobierno "cree posible la derrota final de ETA" gracias a la eficacia policial
El ministro del Interior, Ángel Acebes, ha presentado el balance de la lucha antiterrorista en 2003. Ha sido el año con menos muertos a manos de la banda y uno de los mejores en cuanto a detenciones, hasta 187. Pese al alentador panorama, el ministro insistió en que ETA mata siempre que puede y que el terrorismo será la prioridad del Gobierno hasta su erradicación.
EFE Libertad Digital   8 Enero 2004

Así lo manifestó el titular de Interior en una conferencia de prensa para hacer balance de la actividad antiterrorista durante el pasado año, en el que fueron detenidos 187 etarras –entre ellos, la cúpula de los pistoleros–, se han incautado a la banda 3.571 kilos de explosivos y se han desmantelado 184 inmuebles usados por los terroristas.

En cuanto a los detenidos, Acebes detalló que126 de ellos lo fueron en España, 46 en Francia, once en México, uno en Holanda, otro en Venezuela, otro en Alemania y otro en Chile. Acebes resaltó esta alta cifra de arrestos, mientras que valoró la reducción del número de atentados de ETA, 26 el pasado año frente a las 33 del ejercicio anterior, los 59 de 2001 y los 70 de 2000.

De hecho, 2003 ha sido el año con menor número de fallecidos desde 1973, a excepción de 1999, año de la tregua-trampa. Pese a los buenos resultados en la lucha antiterrorista, Acebes quiso dejar claro que ETA seguirá matando mientras pueda y que el terrorismo continuará siendo la principal amenaza al Estado de Derecho, por lo que la erradicación de la banda será la máxima prioridad del Gobierno hasta "su derrota final", que "creemos posible".

Cae la cúpula y desaparece el terrorismo callejero
El ministro considera que el único camino correcto para acabar con ETA es la eficacia policial, la cooperación internacional y las medidas legales del Estado de Derecho y "no otros caminos, ni atajos, ni negociación, ni un precio", ni tampoco, agregó, con planes "separatistas e inconstitucionales" como el del lehendakari, Juan José Ibarretxe.

La actividad antiterrorista supuso la desarticulación del del grupo de pistoleros a sueldo de ETA denominado "Irunberri" (el nuevo "Nafarroa"), de otro grupo de miembros no fichados en Guipúzcoa, de cinco redes de captación e infraestructura y de cuatro ramas civiles.

Además de la incautación de explosivos a la banda, que ascendió a 3.571 kilogramos, 1.208 más que en 2002, en 2003, la fuerzas de seguridad se incautaron de 93 armas (69 cortas y 24 largas) y han desmantelado 184 inmuebles usados por los terroristas como viviendas o depósito de armas, lo que supone 29 más que en 2002, cuando se hallaron 155 inmuebles, 66 en 2001, 28 en 2000 y diez en 1999.

Acebes se refirió también al notable descenso de los actos de terrorismo callejero, que fueron 150 el año pasado frente a los 448 de 2002 o los 552 de 2001. Como dato significativo, el ministro recordó que en octubre no se produjo ningún atentado de este tipo. Por otra parte, en 2003 fueron entregados a España dieciséis supuestos terroristas, once de ellos por Francia, que extraditó a seis, expulsó a uno y entregó de forma temporal a cuatro.

Además de estos datos, Acebes hizo especial hincapié en los aspectos cualitativos de la lucha contra ETA y, entre ellos, mencionó la desarticulación del aparato de atentados con la detención, en diciembre, de los jefes Ibon Fernández Iradi "Susper", Gorka Palacios, Iñigo Vallejo y Juan Luis Rubenach, y en mayo de Ainhoa García Montero. Al arresto de la cúpula operativa, el ministro sumó las operaciones contra los aparatos de logística y captación de la banda, así como los golpes al entramado económico-financiero y al organizativo. Así, resaltó la ilegalización de Batasuna y las medidas que han permitido, "por primera vez en la democracia", que "no haya alcaldes ni concejales" de esa formación.

El Gobierno, según Acebes, continuará el camino en su lucha para la derrota total y definitiva de ETA desde la vía policial y la cooperación internacional", si bien el ministro reconoció que la banda persistirá en su "actividad criminal" como demostró en Nochebuena con el atentado frustrado en la estación madrileña de Chamartín. Los atentados de ETA provocaron la muerte el año pasado del jefe de la Policía Municipal de Andoain (Guipúzcoa), Joseba Pagazaurtundua, y de los agentes de la Policía Nacional Bonifacio Martín y Julián Embid en Pamplona.

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