AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 10 Enero  2004
Año negro para ETA
Editorial ABC 10 Enero 2004

Los presos de ETA
JUAN MANUEL DE PRADA ABC 10 Enero 2004

Concierto y desconcierto
Editorial La Razón 10 Enero 2004

De ignorante a ignorante
José Antonio Vera La Razón 10 Enero 2004

Entre Europa y las taifas
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 10 Enero 2004

Sin España, adiós economía española
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  10 Enero 2004

Adéu, Espanya
JAIME CAMPMANY ABC 10 Enero 2004

¿«Manos limpias» o «manos libres»
José Clemente La Razón 10 Enero 2004

Maragall, un notable de Chaves
EDITORIAL Libertad Digital  10 Enero 2004

Confusión fiscal
Alberto Recarte Libertad Digital  10 Enero 2004

Pueblos, constituciones y cultura cívica
JOSÉ IGNACIO CALLEJA El Correo  10 Enero 2004

Savater: «Es perverso llamar diálogo a lo que es negociación»
J. O. - Madrid.- La Razón 10 Enero 2004

Víctimas del Terrorismo califica de irracional la reunión de Benach con familiares de presos de ETA
Libertad Digital  10 Enero 2004

El Instituto Cervantes llega a China
Heraldo de Aragón  10 Enero 2004

 

Año negro para ETA
Editorial ABC 10 Enero 2004

EL balance de la lucha antiterrorista durante 2003 -y, en general, desde 1996- justificó que el ministro del Interior planteara la derrota policial de ETA como un objetivo asequible. La sensatez de Acebes hizo que sus palabras no fueran triunfalistas, porque si la banda no cometió más atentados durante 2003 no fue porque no lo intentara, sino porque las Fuerzas de Seguridad frustraron muchos de ellos, como la explosión de dos maletas bomba en la estación de Chamartín. Las estadísticas presentadas sí ofrecen un cambio de tendencia consolidado en la posición de superioridad e iniciativa del Estado frente a ETA. El triunfalismo sobra, pero tampoco hay ya razones para seguir pensando que no es posible derrotar a la banda. Todo lo contrario. Su debilitamiento es progresivo y constante, en todos los frentes de su actividad terrorista y en su estructura interna. Las cifras son contundentes y no sólo muestran la eficacia policial y la cooperación con Francia, sino también la calidad del rearme legislativo y político del Estado en la lucha contra ETA, que ha disipado muchos tópicos fatalistas. Los partidarios del «empate infinito» descartaban tanto la victoria del Estado sobre la banda como el derecho del Estado a desarrollar recursos legales que golpearan al terrorismo más allá de su estructura de «comandos».

La inercia de ese circuito cerrado de acción-reacción entre el Estado y ETA se rompió en el momento en que el Parlamento, impulsado por la decisión estratégica del Gobierno de no aceptar otro final que la derrota etarra, se sumó a la lucha antiterrorista ampliando el campo de acción de la Policía y de los Tribunales, con nuevas leyes penales, penitenciarias y políticas, como la de Partidos Políticos. Ninguna ha provocado crisis sociales ni «sombrías consecuencias», como se anunciaba, porque se ha impuesto la certeza de que ETA representa una amenaza para la democracia contra la que no caben soluciones intermedias.

Además, la implicación de la banda en el proyecto soberanista del nacionalismo concede al balance antiterrorista una dimensión política ineludible. ETA está presente en el Plan Ibarretxe como un acicate para la claudicación de los no nacionalistas y como factor de coerción política y moral sobre la sociedad española y sus instituciones. La reducción de ETA aminora la fuerza del plan secesionista y toda la política de confrontación con el Estado basada en el «conflicto». Por eso, no sería una sorpresa que esta tendencia exitosa del Estado sobre ETA obligara al nacionalismo a una revisión de su estrategia actual, en la que la banda sólo tendrá espacio si no es derrotada por el Estado, porque mientras éste sólo espera de ETA que entregue las armas, el nacionalismo persigue que le entregue los votos.

Los presos de ETA
Por JUAN MANUEL DE PRADA ABC 10 Enero 2004

LEO con estupor que Ernest Benach, presidente del Parlamento de Cataluña, ha concedido audiencia a un grupo de familiares de presos etarras. Quizá, entre tan reivindicativa legación, se contase algún padre o madre de quienes el 19 de junio de 1987 hicieron detonar una bomba de amonal en el sótano de los almacenes Hipercor de Barcelona, causando más de veinte muertos y medio centenar de heridos. Es posible que entre los beneficiarios de la hospitalidad de Benach se hallara también algún hermano o hermana de quienes el 29 de junio de 1991 perpetraron la matanza de la casa-cuartel de Vic, en la que perecieron nueve personas, entre ellas cuatro niñas de entre siete y catorce años. O algún hijo o hija de quienes el 15 de agosto de 1993 hicieron estallar en un restaurante del Puerto Olímpico un artefacto explosivo que provocó el aborto de una esperanzada madre. No sería tampoco extraño que entre los huéspedes de Benach figurase el suegro o suegra de quien el 21 de noviembre de 2000 asesinó a tiros al ex ministro socialista Ernest Lluch en el garaje de su domicilio. O el cuñado o cuñada de alguno de los angelitos que el 8 de diciembre de 1990 hicieron detonar en Sabadell un coche-bomba al paso de una furgoneta de la Policía Nacional, reduciendo a picadillo a los seis agentes que viajaban en ella. O los sobrinos o sobrinas de los valientes que el 13 de diciembre de 1991 tirotearon a otros dos policías nacionales en un comercio del distrito barcelonés de Les Corts. O los primos o primas de los machotes que el 16 de enero de 1992 ametrallaron a dos militares, en las proximidades del cuartel de El Bruch... Considerando que la ETA ha cercenado la vida a más de ochenta catalanes, oriundos o residentes, resultaría tan improbable como milagroso que entre la quejumbrosa legación recibida por Benach no figurase algún pariente de los sicarios que se han dedicado a diezmar a sus compatriotas.

Los huéspedes de Benach protestan contra la «política de dispersión y alejamiento» de los presos etarras. Con este sintagma deben referirse a esa necesaria estrategia gubernativa que ha evitado que sanguinarios delincuentes se enseñoreen de las cárceles en las que se hallan recluidos. Su dispersión no ha evitado que sometan a los funcionarios que los custodian a un régimen inmisericorde de amenazas y chantajes; si se les agrupase, acabarían organizando farras en las que sus carceleros tendrían que oficiar de sirvientes. Por lo demás, los etarras nunca han mostrado empacho alguno en extender su apostolado de sangre a los cuatro puntos cardinales; Cataluña conoce sobradamente su «política de dispersión y alejamiento» de víctimas, como la conocen Castilla, Andalucía o Baleares. En justa retribución, se les confina en cárceles apartadas de sus lugares de origen; no logro atisbar en esta medida punitiva rastro alguno de inhumanidad. Sólo quienes han hecho de la perversión del sentimiento un signo distintivo pueden atender las reivindicaciones de los presos etarras y sus familiares. La compasión natural que el sufrimiento del delincuente nos inspira no puede oscurecer la finalidad primordial de la ley, que es la persecución del delito. Y cuando el delito es especialmente grave, la persecución debe ser especialmente aflictiva; sin ensañamiento ni crueldad, pero rigurosa sin desmayo. La coartada humanitaria -que, por lo demás, suelen esgrimir los mismos que niegan o racanean su consuelo a las víctimas-no sirve aquí: antes que en una celda, el etarra debe sentirse prisionero en su inmensa y sorda soledad.

Mientras a los familiares de los verdugos los hospeda el Parlamento catalán, a las víctimas las hospeda la tierra de los cementerios municipales.

Concierto y desconcierto
Editorial La Razón 10 Enero 2004

Mientras en Madrid una entidad privada pretendía dar un concierto con un grupo que se caracteriza por ser altavoz de las denuncias y acusaciones falsas de los terroristas detenidos, en Barcelona, el presidente de la Cámara regional catalana, Ernest Benach, recibía a una autodenominada «plataforma de familiares de presos de ETA». Ambas cuestiones, el concierto de los proetarras y el desconcierto del militante de ERC, han provocado la lógica indignación de las asociaciones de víctimas del terrorismo. En el caso madrileño, la cuestión ha quedado zanjada con la suspensión del recital, que iba ser objeto de movilizaciones populares y acciones de protesta; pero en Barcelona la ignominia se ha consumado.

No es de extrañar la actitud de un militante de ERC, formación independentista catalana que siempre se ha caracterizado por su escasa sensibilidad hacia las familias de las víctimas del terror, pero sí sorprende que Ernest Benach no haya comprendido aún que la presidencia del Parlamento de Cataluña, una institución que debe regirse desde el máximo respeto, no es la sede de su partido. Más aún cuando ha sido elegido con los votos de los socialistas catalanes que sí tienen muy claras cuáles son las prioridades en esta dolorosa cuestión.
Todo ello, sin extendernos en la inutilidad práctica de recibir a la plataforma de unos reclusos que no tienen ningún encarcelado en las prisiones de Cataluña y que, además, ya reciben trato de privilegio.

De ignorante a ignorante
José Antonio Vera La Razón 10 Enero 2004

Sí, señor Zapatero, nos ha llamado ignorantes a todos los que hemos criticado o no estamos de acuerdo con su propuesta de suprimir las facultades del Tribunal Supremo como última instancia judicial en favor de los 17 tribunales superiores de las autonomías. Nos llama ignorantes y puede que tenga razón, pues es verdad que no alcanzamos a entender muchas de sus propuestas. Somos ignorantes porque no calibramos el afán del psóe por dinamitar las estructuras del Estado para levantar en su lugar algo que no sabemos si será ya Estado. Somos ignorantes porque no nos entra en la cabeza que usted diga hoy con alegría lo contrario que ayer, aunque, eso sí, con la misma solemnidad de siempre. Somos ignorantes, tiene razón, porque no comprendemos lo de las 17 agencias tributarias ni lo de su pacto con los independentistas.

Somos ignorantes, es verdad. No concebimos lo que usted plantea ni cómo es posible que, a su edad y con lo que ya ha llovido en España, persista en ofertas disgregadoras claramente coincidentes con lo que ahora dicen Ibarreche y Carod-Rovira. ¿Cuál es el país que quiere, Zapatero?

Como somos ignorantes, aún no lo hemos podido deducir de sus palabras. No logramos percibir lo que su solemnidad nos quiere transmitir cuando habla de dividir el Estado (lo poco que queda de él) también en 17.

Las autonomías son Estado, nos dirá usted con esa solemnidad. De acuerdo, le contestaremos: pero siempre y cuando esas autonomías quieran ser Estado, quieran formar parte del Estado, se encuentren a gusto en el Estado, y no intenten dinamitarlo, como sospechamos que pretenden algunas. ¿O quizás no lo sabe? ¿O quizás no se quiere enterar? Es posible que no lo sepa o que no se quiera enterar, señor Zapatero, o también que nuestra imperdonable ignorancia se le esté contagiando. Tal vez lo suyo no sea ignorancia, sino más bien inocencia.

Es posible que usted esté convencido de que es bueno dividir España en 17 Tribunales Superiores, en 17 Agencias Tributarias, en 17 Guardias Civiles, 17 Policías Nacionales, 17 Ministerios de Exteriores, 17 Ministerios de Defensa, 17 Ejércitos y 17 Estados, en definitiva. Digo bien, 17 Estados. Porque eso que usted propone, señor Zapatero, no es un Estado, sino que son 17 Estados con mayúsculas con sus 17 poderes ejecutivos, legislativos, judiciales, económicos, fiscales, policiales, etc.

Ahora entiendo bien por qué nosotros los ignorantes, en nuestra lamentable indigencia intelectual y jurídica, no entendemos lo que nos quiere decir, Zapatero. Y es que usted quiere algo que la mayoría de los españoles no alcanzamos a entender. No nos llega la cabeza, vamos. No nos da para pensar que alguien a quien juzgamos serio y responsable, inteligente y listo, correcto y razonable, pueda llegar a decir las cosas que dice. Jamás llegamos a pensar que Zapatero sería partidario de dividir el Estado en 17 o de hacer 17 Estados dentro del Estado.

A eso, de toda la vida, señor Zapatero, se le ha llamado una Confederación de Estados. Y que sepamos, usted y su partido son federales, pero no confederales. O quizás es que también han cambiado en esto y somos unos ignorantes porque lo desconocíamos.

Pues bien, si usted es un convencido del federalismo sabrá o le habrán dicho que cualquier Estado federal que se precie de serlo debe contar con los mecanismos necesarios de coactividad jurídica con relación a sus miembros y con órganos centrales de integración en el ámbito económico, judicial, de seguridad y en todo lo demás. Eso son, en definitiva, el Tribunal Supremo y la Agencia Tributaria y la Policía Nacional, en tanto que Policía Federal. Son autoridades centrales que deben estar por encima de la Federación y tener autoridad en toda la Federación. Ocurre en todos los estados federales, desde Estados Unidos a Alemania.

Si usted transfiere también esos órganos unitarios de cohesión territorial, ¿con qué poderes jurídico-políticos piensa gobernar España y ordenar la economía si los gobiernos autónomos son los gestores absolutos de la economía? ¿Con qué instrumentos, si los instrumentos los va a ceder todos a las autonomías? Somos ignorantes, sí. Pero empieza uno a pensar que quizás usted también lo es, por desconocer que «la totalidad de los sistemas federales, por profunda que sea la autonomía que garantizan, reconocen en los poderes centrales las competencias precisas para evitar el fraccionamiento económico del país en microeconomías llamadas al estancamiento y la pobreza, además de a la confrontación y a la rivalidad devastadoras».

El entrecomillado, señor Zapatero, es del profesor García de Enterría, que probablemente también será un ignorante. Como lo será igual el profesor Solozábal Echevarría, por sostener que «incluso los Estados federales han demostrado ser capaces de generar una consciente integración entre unidades con tendencias centrífugas, pero dispuestos a aceptar una unidad superior en razón de intereses económicos, estratégicos o culturales». Esto, Zapatero, es el abecé del federalismo. Si usted suprime o vacía de competencias a los órganos centrales federales y se los da también a las autonomías, ya me dirá qué Estado piensa hacer y sobre quiénes piensa gobernar.

Es verdad, señor Zapatero, somos unos ignorantes porque no habíamos caído en lo grande que puede llegar a ser también su ignorancia. Por eso mismo, y con todo el cariño, de ignorante a ignorante le digo: no se altere usted tanto ni nos insulte tanto, pues va a llegar agotado a la campaña electoral. Y es que seremos ignorantes, pero no tontos. Créame, Zapatero.

Entre Europa y las taifas
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 10 Enero 2004

LOS nacionalistas, de palabra y de hecho (pues los hay también que lo son de hecho, por más que el partido bajo el que se presenten ostente la «E» de España en sus siglas), juegan a una Historia de plastilina, que modelan a su capricho y antojo. Con ellos se convierte en un género de la literatura de ficción y cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia; es, sencillamente, imposible. Ignoran tanto la historia que tienden a repetirla en el nombre de la innovación y del progreso. Corren velozmente hacia un pasado que, por ignorarlo, estiman nuevo. Así, sus sueños futuristas acaso fueron reales hace un milenio.

Los próximos meses son decisivos para la convivencia nacional, especialmente marzo. Lo que se ventila no es sólo el color político de la mayoría parlamentaria sino la opción entre Europa y las taifas, entre el siglo XXI y el XI. Los progresistas, naturalmente, son los que avanzan hacia el regreso. Para ellos el norte es siempre la dirección hacia la que apunta su nariz. El lema de la divisa de Saavedra Fajardo era una flecha con esta leyenda: «O sube o baja». El dilema ante el que estamos es: «O construye o destruye». O consolidamos España y construimos Europa o, en el nombre del progresismo y, sobre todo, del hambre atrasada de poder, la destruimos. No faltan quienes ponen la destrucción de España como condición de la supervivencia. Para que sobreviva sería necesario romperla y trocearla.

UNO acaba por temer que tan furibundos «movilistas» acaben por tachar de reaccionarios e inmovilistas a quienes defendieron la Constitución frente al «tejerazo». Que el movimiento se demuestra andando, aunque sea hacia el precipicio. Sienten horror no al vacío sino a la quietud. Detenerse, aunque sea para reflexionar, es morir. Ya no son los tiempos de Guerra. Ahora, quien se está quieto no sale en la foto progresista. Como una Penélope esquizofrénica, tejemos Europa y destejemos España, convertida por arte nacionalista en un concepto geográfico. Antaño fue nación, luego Estado. Ahora es península, pura geografía.

Ante la catástrofe que tal vez auguren las urnas, el PSOE se pone la venda antes de la herida electoral y presume de lo que carece. Así parece que cabe entender el Comité de Notables que se ha inventado Zapatero, a la mayor gloria de su Ejecutiva: un poco de barniz académico, tampoco hay que exagerar, una dosis de cuota femenina y «barones» españolistas a discreción. Agítese y cualquier parecido de la mezcla con el brebaje de Maragall-Carod sólo podrá ser percibido por los paladares políticos más sutiles. A este paso, el documento más apasionante e inútil del tiempo que viene será el programa electoral del PSOE. El socialismo español está inventando la política total: liberal y socialista; constitucional y anticonstitucional; españolista y separatista. Se trata de levantar un gran bazar en el que cada quien encuentre el producto que desea. En un buen programa electoral tiene que haber de todo, como en botica. Es la política a la carta, interactiva. Cada cual se prepara su menú.

LO que está en juego es claro: Europa o las taifas. Hay sólo una pequeña diferencia de diez siglos. El PSOE, o su dirección actual, ha cambiado de bando o quiere estar en los dos a la vez. No ha explicado por qué, aunque hay cosas que quedan aún peor si se explican. Algún nostálgico mal pensado sospechará que quizá prefieren una España rota antes que gobernada por «la derecha». La dirección del PSOE parece una taifa.

Sin España, adiós economía española
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  10 Enero 2004

Rodrigo Rato, que sigue exhibiendo un admirable estado de forma político tras la designación de Rajoy, ha presentado un balance y una perspectiva de la economía española para el año que viene que, siendo prudentes, resultan notables, y en la coyuntura europea e internacional, sobresalientes por no decir milagrosos. Pero acaso lo más importante de su mensaje ha sido el aviso de que la actual prosperidad de la economía nacional, sin precedentes ni parangón en nuestra Historia, se iría al garete si triunfasen los proyectos de liquidar el edificio institucional que la izquierda y los separatistas sostienen sin embozo. Para los liberales es un axioma indiscutible que la base de la prosperidad son las instituciones sólidas, en lo jurídico y en lo político, sin las cuales el negocio deviene mafia y el lucro oscila entre la picaresca y el atraco. Sólo en un Estado de Derecho digno de tal nombre puede desarrollarse una economía de mercado. Y lo que Zapatero, los ibarreches y los rovireches quieren cargarse son las dos cosas: el Estado y el Derecho.

Conviene que Rato insista en este mensaje. No porque el mundo de los negocios de Cataluña o el País Vasco vaya a caer en la cuenta del proyecto de ruina separatista con el que conviven tan contentos, sino para que la gente del común y el común de la gente sepan que, además de la liquidación de la idea de España, la alternativa social-comunista-separatista al PP supondría el malbaratamiento de nuestra economía, el fin de nuestro crédito internacional, el frenazo a la confianza interna y el cortocircuito de ese círculo virtuoso que ha hecho de nuestro país en los últimos ocho años un verdadero oasis dentro del páramo económico europeo. Con muchas reformas y liberalizaciones pendientes, que los liberales somos los primeros en reclamar, pero una maravilla si lo comparamos con los fangosos piélagos deficitarios de Francia, Alemania o Italia. La gente normal suele ser menos estúpida y menos suicida que ciertas burguesías más atentas a la subvención y las fidelidades tribales que a la lógica del beneficio dentro de la ley. Y es a esa gente normal, a la que paga impuestos y por eso mismo ha votado a Aznar, a la que debe convencer el PP de que, además de una obligación moral, defender la continuidad de España es una inversión de futuro, a la larga la más rentable de todas.

Sin España no habrá economía española, no hay futuro económico que no sea luctuoso y balcánico, y esa es una parte del mensaje de Rajoy que Rato puede explicar mejor que nadie. Además del gesto de buen perdedor, es también una inversión en su propio futuro político, si quiere tenerlo, y en todo caso una aportación casi tan importante como la de Aznar, de las que marcan la diferencia entre un partido y una partida, de las que, en el orden moral y material, deberían marcar la diferencia entre la Derecha y la Izquierda. Una diferencia tan absoluta como la mayoría que necesita el PP. Y España, claro.

Adéu, Espanya
Por JAIME CAMPMANY ABC 10 Enero 2004

VAMOS a dejar a un lado que el «tripartito catalán» llame «delincuentes políticos» a los gobernantes y dirigentes del PP, y vamos a olvidarnos también de que hayan manifestado su propósito firme de rechazar cualquier acuerdo o entendimiento en cualquier ámbito y sobre cualquier materia. Ni siquiera merece la pena molestarse en calificar esta actitud política, que se califica por sí sola, ni tampoco es necesario subrayar que toda conversación entre las partes («tripartito catalán» y Gobierno de España) resultará perfectamente inútil.

En todo caso, ese cruce de palabras, por muy educadas y correctas que sean en la forma, sólo servirá para conocer las posiciones de ambos interlocutores, y si esas posiciones son irreductibles en uno, al otro no le queda sino ceder del todo o responder con un «no» rotundo y terminante. Se mire por donde se mire, esto es lo que ha sucedido en la entrevista de José María Aznar con Pasqual Maragall, es decir, si queremos considerar la importancia del hecho, del presidente del Gobierno español con el presidente de la Generalidad de Cataluña. Ha dicho Maragall al terminar la entrevista que ha sido «un buen final para un mal principio». Más bien me parece «un mal final para un principio peor». Al fin y al cabo, en el salón de La Moncloa no se ha oído la palabra «delincuente».

Las discrepancias entre el tripartito y el Gobierno no son salvables. Maragall, aleccionado convenientemente por el republicano independentista Carod-Rovira pide la reforma de la Constitución y del Estatuto para llegar a la Agencia Tributaria exclusiva, al Tribunal Supremo de Cataluña, al mando de las Fuerzas de Seguridad que operen en territorio catalán, y en definitiva a un modo de soberanía de la Comunidad catalana separada e independiente de la soberanía global, entera y verdadera, del pueblo español. Maragall no quiere respetar las decisiones del Parlamento de España y anuncia la celebración de una consulta, adopte o no la forma de referéndum, acerca del Estatuto si su reforma no es aprobada por las Cortes.

En definitiva el nuevo Honorable President de la Generalitat no quiere la Constitución de España, ni las Cortes de España, ni el Gobierno de España, ni el Sistema Fiscal de España, ni las Fuerzas de Seguridad de España, ni el ordenamiento jurídico de España. Y puesto a no querer, tampoco quiere la Historia de España. Hasta ahora, la Historia de España la han escrito los historiadores libremente. A lo mejor, lo que Maragall quiere es que ya no se escriba la Historia de España, sino que en cada aldea, municipio, región y Comunidad se escriba una Historia local al margen de la Historia de sus vecinos. Que cada cual escriba la Historia por su lado, pero nada de Historia de España. O sea, Isabel que se quede sola en Castilla, Fernando que se conforme con Aragón y Cataluña que se haga grande con Françesc Maciá, Lluís Companys y Carod-Rovira. Vamos, que Maragall no quiere que exista España. Quiere empezar su mandato con el final de la «Oda a Espanya» de su abuelo el poeta: «Adéu, Espanya». Lo que pasa es que España no se va.

¿«Manos limpias» o «manos libres»?
José Clemente La Razón 10 Enero 2004

A los nacionalistas catalanes les perdía su irrefrenable tendencia a patrimonializar el poder por la vía del enchufismo de sus hijos. Jordi Pujol y tres de sus vástagos, incluida también su esposa, Marta Ferrusola, fueron durísimamente criticados e investigados hasta debajo del felpudo por la izquierda que ahora gobierna, una izquierda que, al igual que le sucedía a CiU, también fue asaeteada por la irrefrenable tendencia a colocar a sus parientes más próximos, es decir, los hermanos, cuñados, tíos, primos y los amigos de todos ellos. Y también por eso, al igual que le sucedía a Pujol, la izquierda sufrió implacables ataques por el caso de los hermanos Guerra.

La semana pasada explicaba en esta misma columna que Barcelona vivía bajo el síndrome del «Maragall, colócanos a todos». A la mañana siguiente saltaban las primeras chispas en el tripartito catalán por el reparto de cargos en la Generalitat. Y, de nuevo, descubrimos esa irrefrenable tendencia de la izquierda a colocar a los hermanos. Tan irrefrenable, digo, que ni reparan en las similitudes y cargas simbólicas de algunos nombramientos, como el del hermano de Carod-Rovira, Apel.les, para el mismo puesto que ocupó años atrás Oriol Pujol Ferrusola. Y la cosa no queda ahí, pues también el hermano del conseller de Política Territorial y Obras Públicas y portavoz del Gobierno catalán, Manel Nadal, o el hermano de Maragall, Ernest, han sido colocados en cargos de gran responsabilidad en la Generalitat.

Carod-Rovira realizó su campaña electoral al grito de «Manos limpias» en el nuevo gobierno de izquierdas de la Generalitat, ahora sabemos de verdad lo que quería decir o pensaba. Pero insisto, todo esto no ha hecho más que empezar, pues más que «Manos limpias» Carod-Rovira lo que quiso decir en realidad fue «Manos libres», para quitar a unos y poner a los nuestros, es decir, los hermanos. Y lo peor no es que no se les caiga la cara de vergüenza sino que, encima, intenten justificarlo.

Maragall, un "notable" de Chaves
EDITORIAL Libertad Digital  10 Enero 2004

El ministro portavoz del Gobierno, Eduardo Zaplana, ha anunciado, tras la reunión del Consejo de Ministros, que las elecciones generales tendrán lugar el próximo 14 de marzo, día que también ha sido escogido por el presidente Manuel Chaves para que se celebren los comicios autonómicos andaluces. Si el pacto de gobierno de los socialistas con los independentistas catalanes está afectando muy negativamente las expectativas de Zapatero, no menor perjuicio debería producir en la campaña electoral del presidente socialista andaluz.

La debilidad de su liderazgo frente a la apuesta, determinadamente rupturista, del nuevo Gobierno social-independentista catalán, ha llevado a Zapatero a emprender una huida hacia delante en la que esa propuesta de Maragall pasa a ser ofrecida por él a todas las autonomías. Como esta proliferación no ha logrado disimular el error inicial ante la opinión pública española -más bien al contrario-, la última ocurrencia de Zapatero ha sido la de crear un "comité de notables" cuyo perfil contrarreste y maquille la afrenta que para la Constitución y la unidad de España constituye el "programa de gobierno" del PSOE.

Creemos que esta operación de marketing no servirá a su propósito y sólo servirá para poner aun más de manifiesto las contradicciones insalvables en las que Zapatero se ha metido sin resistirse. Prueba de ello es que José Bono, uno de los dirigentes que ha aceptado ser uno de los "notables" de Zapatero, ha manifestado que "no se pueden pedir ayudas a Europa y luego actuar entre nosotros como vecinos envidiosos". Esto, más que un intento de salvar la candidatura de Zapatero, muestra un deseo de no querer esperar a que se suicide para enterrarlo.

El presidente de Castilla-La Mancha, como el también socialista y presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra –otro de los nuevos "notables"-, hace ya tiempo que salió a la palestra para poner toda clase de "peros" a la propuesta de Maragall de crea una agencia tributaria propia con el objetivo de que Cataluña eluda sus actual "solidaridad fiscal" con el resto de España. Una actitud perfectamente lógica, por cuanto ambos dirigentes socialistas presiden dos de las comunidades más beneficiadas por la "solidaridad" del resto.

Otra de las comunidades más beneficiadas es Andalucía. Sin embargo, Chaves animado por la misma pulsión suicida de Zapatero, respaldó a Maragall e hizo suya la propuesta de crear una agencia tributaria propia en Andalucía.

Chaves debería explicar de dónde piensa extraer los miles de millones que la comunidad andaluza dejaría de recibir. ¿O es que piensa, como Maragall, que ya va siendo hora de que las autonomías se emancipen y pasen a ser soberanas y dependientes exclusivamente de sus recursos? Si esa autosuficiencia es un objetivo a perseguir, ¿por qué, ni uno ni otro, la predican de los individuos, de los ciudadanos concretos, cuando son ellos, en realidad, los que se benefician o se perjudican de la falta de neutralidad del fisco?

Si Chaves no lo explica, bien podría preguntárselo Teófila Martínez, que ya está bien de que en el PP nadie crea que haga falta ganarse la herencia de Aznar.

Confusión fiscal
Alberto Recarte Libertad Digital  10 Enero 2004

Maragall sigue hablando de transferencias fiscales y Esperanza Aguirre, imagino que para poner de relieve que el caso de Cataluña no es excepcional, también. La tercera autonomía que más transfiere es Baleares. El resto, teóricamente, recibe transferencias netas.

La demagogia, que hace tiempo comenzó, se extiende. La inició el PNV, y logró un acuerdo teóricamente favorable para el País Vasco, que ratificaron todos los partidos con la vana intención de que sirviera para que aceptaran el orden constitucional. Convergencia i Unió habló de que pagaban más impuestos, pero sus análisis internos determinaron que la cifra que podía reclamarse no era significativa. Rodríguez Ibarra, en lugar de analizar la balanza fiscal de Extremadura, llegó a la conclusión de que lo que de verdad importaba era la diferencia entre los depósitos bancarios de los residentes en Extremadura y las inversiones y créditos concedidos a empresas y personas en su territorio y penalizó con una tasa a las instituciones financieras que “esquilmaban” a los pobres extremeños llevándose sus ahorros e invirtiéndolos en otra parte. Por su parte, Chaves decidió subir las pensiones no contributivas de los andaluces.

Esquerra eleva, ahora, las transferencias de Cataluña a dos billones de pesetas y Maragall se suma a esas cuentas. Mientras, el PSOE propone que Cataluña pague menos, pero que todas la autonomías tengan lo mismo que antes para gastar. Una propuesta tan imposible que sólo puede habérsele ocurrido a Zapatero y su equipo habitual.

Pueblos, constituciones y 'cultura cívica'
JOSÉ IGNACIO CALLEJA/PROFESOR DE TEOLOGÍA El Correo  10 Enero 2004

El debate sobre la actual Constitución española representa un problema político muy serio, pero tiene más al fondo un problema de cultura. De cultura democrática y de cultura sin adjetivos, la cultura de quien vive con calma y libertad las diferencias que no son injusticia, sino natural y legítima diversidad, en el mundo y en la propia comunidad o pueblo. Hay mucha gente que aprecia el valor de este menú, pero no son pocos quienes lo degustan con prevención, desprecio y hasta repugnancia. Algunos medios y muchos políticos fomentan a veces que esa normalidad sea imposible. Al parecer, lo encuentran muy rentable.

Estamos, por tanto, ante una oportunidad para la cultura. Si todavía no es posible resolver un problema político, o vuelve a plantearse de un modo muy agudo, pongamos la cultura a su servicio. Amor por la cultura en las formas y procedimientos para abordar un conflicto; amor por la cultura que es cultivo de la palabra, del criterio, de la escucha, del talante civilizado, que es autocontrol, inteligencia y discernimiento para señalar los excesos ajenos y no repetirlos en la repuesta. Más todavía, amor por la cultura que es reconocimiento de la diversidad dentro de nuestros pueblos y ciudades, de la diversidad que nos obliga a debatir y pactar no sólo cada propuesta, sino el modo de llegar a una propuesta y hacer de ella 'la propuesta' de todos. Cuando se habla del marco constitucional, la propuesta siempre tiene que ser, en lo sustancial, de todos. El marco fundamental de convivencia de un pueblo, se llame Constitución o Estatuto de Libre Adhesión, tiene que ser compartido por todos los ciudadanos, y compartido desde su nacimiento, en su crecimiento y hasta su madurez. El punto más débil de la propuesta de Ibarretxe es, precisamente, que en su nacimiento no ha podido, sabido o querido contar con todos. El precio a pagar es que su aportación pacificadora pende de un hilo quebradizo: el cansancio de mucha gente más que la convicción; el cansancio de esa gente, que sumada a los convencidos por la propuesta, habrían de componer una notable mayoría.

Pero, en fin, llegados a esta concreción nos adentramos, sin duda, en la política como estrategia, cosa para la que no siento especial competencia. A ella, a la política concreta, la ética sólo puede pedirle que sea civilizada en sus medios y fines, y que respete a la gente, el protagonismo de toda la gente, tal y como ella es, con su identidad diversa y mestiza, y que lo haga siempre, en su inicio, desarrollo y resultado. Esto es lo que aporta la cultura democrática a la política del mismo signo: capacidad de dialogar desde el reconocimiento de los otros como conciudadanos, legítimamente, distintos y libres. ¿Con ellos hay que hacer política, y 'propuestas', y constituciones y autodeterminación! Con ellos y, sobre todo, desde ellos y para ellos. Ésta es la cuestión.

Política con ellos y para ellos, siempre. El que sueñe con ganar unas elecciones o un referéndum de autodeterminación y, desde ahí, construir la nación 'contra mucha gente', o como obligación de una gente frente a otra, es un bárbaro política y éticamente hablando. Esto es así, en todos los pueblos y Estados que en el mundo son. ¿Que nadie escape del examen por el atajo de los hechos consumados! ¿Que nadie coloque este listón sólo para los nuevos aspirantes! La política cotidiana es un arte para dar con salidas a problemas que no tienen una solución determinada y, por ende, única; pero salidas civilizadas en el respeto de los protagonismos y las identidades, lejos de títulos esencialistas que, al cabo, pesan como fardos y trituran como 'ruedas de molino'.

Responder a quiénes somos como pueblo es un acto de la memoria, la razón y los afectos, cuyo resultado en la conciencia de cada uno es indelegable. Decidir como ciudadanos, desde la identidad peculiar y propia que nos reconocemos, es el más indelegable de todos los derechos personales. Hacer política y vida cívica desde este derecho, y desde su correspondiente deber de posibilitarlo para todos, es el quicio moral de una vida pública democrática. El ámbito territorial, lingüístico y poblacional es algo que viene después de fijar este hecho moral de identidad civilizatoria.

España tiene, hoy, un problema político muy grave. En la perspectiva del pueblo vasco, cabe decir lo mismo. Mucha gente lo destaca a diario. Y España, los pueblos de España tienen, más profundamente, un problema de cultura democrática, ética y, quizá, antropológica. A veces parece que se quiere resolver comprando arte, construyendo auditorios, promoviendo cursos de verano, pero la cultura es otra cosa y hacerla vida pública, talante cívico, es lo más necesario y difícil. Por el contrario, esta resistencia a representar la diversidad de nuestros pueblos, sobrevalorando el contento de los próximos, ¿puede aportarnos otra cosa que frustración y nuevas injusticias? No. Por tanto, si queremos entendernos, hablemos también de la cultura como cultivo del talante civilizado en todos, como respeto indelegable de la diferencia y mezcla que son perceptibles en los nuestros y en nosotros, y aceptemos que esto precede a constituciones, pactos, naciones, identidades y hasta religiones.

¿Y la violencia política, el terrorismo? Ésa es una barbaridad que merece su propio rechazo. ¿Que nadie esconda sus artimañas a la sombra de tal monstruo!

Savater: «Es perverso llamar diálogo a lo que es negociación»
J. O. - Madrid.- La Razón 10 Enero 2004

Ahora que la derecha es de «centro», las guerras son «preventivas» y «humanitarias», y las víctimas, «daños colaterales», no está demás que alguien se haya decidido a entablar un debate entorno a la manipulación del lenguaje. El poder, que siempre medra entre las sinuosidades de sus intereses, conoce la importancia que posee el idioma para amansar los espíritus críticos y tranquilizar las conciencias puntillosas. Todos los demás, el interés que tiene en este empeño. Por eso, el Centro Cultural de Círculo de Lectores ha organizado el seminario interdisciplinar «La perversión del lenguaje», un ciclo coordinado por el profesor de filosofía de la Universidad Complutense José Luis Pardo. Consiste en una serie de mesas redondas que se irán celebrando a lo largo de 2004 y que comenzó ayer con «La violencia y la verdad: amores imposibles», en la que intervinieron el filósofo Fernando Savater, el poeta Eduardo Milán y el periodista Llàtzer Moix.

Savater comenzó recordando que «para nosotros la fuerza de la palabra significa más que la realidad siempre que se diga con pertinencia». Recordó que en ocasiones las personas buscan las fórmulas eufemísticas «para hacer más soportable la realidad» y añadió que «los políticos muchas veces mienten buscando la complicidad del que escucha». Pero su ponencia se centró en una distinción que alude a la situación en el País Vasco: la diferencia entre diálogo y negociación. «Es perverso llamar en el País Vasco diálogo a lo que es una negociación. La base definitiva de un diálogo es que no hay violencia, mientras la negociación se puede lograr mediante consenso o chantaje». No obstante, reconoció que la palabra diálogo «despierta atracción y mejora la relación del alma con una realidad que no puede mejorar». El periodista de Llàtzer Moix insistió en la responsabilidad que tienen los medios de comunicación en desenmascarar estas trampas y afirmó que «el lenguaje es para el poder otro territorio que dominar».

NO HAY RECLUSOS ETARRAS EN CATALUÑA
Víctimas del Terrorismo califica de irracional la reunión de Benach con familiares de presos de ETA
En el año 2002, el líder de Esquerra Republicana de Cataluña, Josep Lluis Carod Rovira, se reunió con el batasuno Arnaldo Otegi para pedirle que ETA dejara de matar en Cataluña. Ahora, tras las elecciones de noviembre, su partido empieza a demostrar cómo actuará en lo referente a la banda asesina desde los cargos de responsabilidad que ha conseguido gracias a los pactos con el PSC.
Libertad Digital  10 Enero 2004

El presidente del Parlamento catalán, Ernest Benach, se reunió este viernes con hasta treinta familiares de presos etarras que llevan a cabo una huelga de hambre en la plaza de la Virreina de Barcelona. El Foro de Ermua y la Asociación de Víctimas del Terrorismo han calificado este encuentro de "irracional e insolidario".

La gira del colectivo "Exterat" por varias ciudades europeas ha deparado más sorpresas de las habituales a su paso por Barcelona. La primera, que un presidente de una Cámara Autonómica reciba a los que piden el acercamiento de presos de ETA a las cárceles vascas cuando en Cataluña no hay un solo recluso de la banda. La segunda, la tibieza de Piqué al ser preguntado por ello.

El líder del PPC dice que Benach, presidente del Parlamento catalán, "es libre de reunirse con quien quiera", en referencia al apoyo que ha mostrado este viernes al colectivo "Etxerat", familiares de presos de ETA. Josep Piqué sólo lamenta que "no haya tenido tiempo de reunirse con las víctimas del terrorismo".

La ausencia de presos etarras en Cataluña también ha sido recordada el presidente de la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas, Roberto Manrique. El propio Manrique se ha preguntado que "pasaría si familiares de violadores" fuera el colectivo que pidiera audiencia a Benach.

El presidente de esta asociación recordó a ERC que "hay un bando de gente que mata y otro de asesinados" y dijo que espera "que los derechos de las víctimas estén siempre por encima de los asesinos, cosa que hasta ahora no pasa".

El Instituto Cervantes llega a China
La ministra de Educación, Cultura y Deporte, Pilar del Castillo, anunció la apertura este año del Instituto Cervantes, tras alcanzar un principio de acuerdo con su homólogo chino, Zhou Ji.
Heraldo de Aragón  10 Enero 2004

EFE. Pekín | "China tendrá Instituto Cervantes en breve. Hemos encontrado una gran disposición por parte de las autoridades chinas", aseguró la ministra españolade Cultura, Pilar del Castillo, que llegó el jueves a China en visita oficial de seis días. Este anuncio se produce después de que los profesores de español en China pidieran al unísono en la reunión que mantuvieron con la ministra la apertura de un Instituto de Cervantes en este país. A juicio de Pilar del Castillo, "el Cervantes contribuirá, como es tradición, a difundir la lengua y cultura españolas. Confiamos en que el instituto satisfaga las necesidades de una ciudad como Pekín".

Aunque, no se han solventado todos los problemas administrativos adscritos a la apertura del Cervantes, la voluntad política mostrada por ambos Gobiernos es un aval fundamental, confirmaron fuentes del Ministerio.

La próxima apertura del Instituto Cervantes en Pekín se suma a la inauguración en 1995 de un instituto en Manila y los planes de abrir otra sucursal en Seúl, mientras se descarta, por el momento, la opción de Tokio, debido al alto coste. Ambos ministros suscribieron hoy un convenio de cooperación para el desarrollo de programas de formación, perfeccionamiento y actualización de conocimiento de postgraduados y profesorado universitario, y de movilidad de profesores e investigadores.

Programa de becas y ayudas
Este programa se desarrollará a través de convocatorias bilaterales de becas y ayudas con el objetivo de impulsar el perfeccionamiento de los sistemas de formación e investigación universitaria en ambos países, con programas conjuntos e intercambio de expertos, publicaciones y documentación. Las solicitudes de becas para estudiantes y profesores de ambos países serán gestionadas por la Dirección General de Universidades (DGU) y el Consejo de Becas de China, mientras que la financiación ascenderá a 360.000 euros anuales.

"España desea incorporar la enseñanza del español en las escuelas secundarias con la creación de secciones bilingües", señaló la ministra, que aludió a Rusia, Polonia, República Checa y Rumanía, países que ya cuentan con secciones bilingües de español en su sistema educativo. Con este objetivo, añadió, "tenemos intención de colaborar en la formación del profesorado chino, con la concesión de becas y ayudas, y el préstamo de material docente".

Intercambio culturals
Los Gobiernos de España y China firmaron también un Memorando de Entendimiento en materia educativa, que tiene por objetivo promover los intercambios de profesores, la celebración de encuentros y la constitución de un grupo mixto de trabajo.

Por otra parte, el Ministerio de Educación ha ofrecido a las autoridades chinas la colaboración en materia de formación profesional -"indicador excelente del desarrollo de un país", según la ministra- y en la evaluación de la calidad de la enseñanza universitaria.

Unos 1.200 universitarios chinos estudian español como primera opción y otros 1.000 lo escogieron como segunda lengua, mientras que hoy sólo 100 profesores de español, 25 de ellos becados por la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI).

El Gobierno español está decidido -desde que ambos países firmaron en marzo del 2002 una declaración conjunta en materia educativa- a promocionar el estudio del español en este país, donde la lengua de Cervantes aún no ha conseguido desbancar al francés como segundo idioma extranjero. Además, el Ministerio abrirá este año una Consejería de Educación en Pekín -que se sumará a las 19 ya existentes en todo el mundo- para fomentar el estudio de la lengua, y está previsto que la Universidad Menéndez Pelayo imparta cursos específicos para profesores de español en China.

La ministra de Cultura abordó con su homólogo chino, Sun Jiazheng, la próxima celebración del Año Cultural de España en China, encuentro que se compone de un amplio abanico de actividades como ciclos de cine, exposiciones de arte y encuentros literarios. Hispanistas chinos han manifestado su interés en que el Año Cultural de España en China se celebre en el 2006, año en que se conmemora el 500 aniversario de la muerte de San Francisco Javier, figura pionera en la promoción de las relaciones entre ambos países.

La ministra de Cultura, que permanecerá en este país hasta el próximo 13 de enero, se reunirá el lunes en Shanghai con los responsables del Festival de Cine de esta metrópoli, que desean dedicar a España la edición del 2004.
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