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Recortes de Prensa     Lunes 12 Enero 2004
El problema no es la lengua
ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD ABC 12 Enero 2004

El socialista Marcelino Iglesias prepara una ley para declarar al catalán lengua cooficial en Aragón
ZARAGOZA. ROBERTO PÉREZ ABC 12 Enero 2004

España y Europa
JAIME CAMPMANY ABC 12 Enero 2004

Maragall y las rebajas fiscales
L. Bernaldo de Quiros La Razón 12 Enero 2004

La orgía del disparate
EDITORIAL Libertad Digital  12 Enero 2004

Como pisa el buey (1)
AURELIO ARTETA
El Correo  12 Enero 2004

La juez Marco y el TSJPV
Iñaki Ezkerra La Razón 12 Enero 2004

Concha Marco
Gotzone Mora La Razón 12 Enero 2004

¿Con qué drama nos amenaza
Pío Moa Libertad Digital  12 Enero 2004

Diferencias entre españoles
Cartas al Director ABC 12 Enero 2004

«Ante la violencia de ETA no cabe la neutralidad del educador»
LUIS SALA/BILBAO El Correo

Enrique Villar: «ETA dará coletazos como el Grapo antes de desaparecer»
ABC 12 Enero 2004

El director del Cervantes en Nueva York destaca que Internet conserva y expande el español en EEUU
EFE  Libertad Digital   12 Enero 2004

La cara hispana del dragón
FRANCISCO MARCOS MARÍN ABC 12 Enero 2004


 


 

El problema no es la lengua
Por ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD ABC 12 Enero 2004

QUE en Aragón hay una realidad multilingüística no es descubrir nada nuevo. Que en toda la Franja -Ribargoza o Ribagorça, La Litera, Bajo Cinca o Baix Cinca y Matarraña- que linda con Cataluña se habla con diversas variedades autóctonas es tan cierto como que esa realidad unos la quieren ver como el catalán normalizado y otros muchos pretenden preservarla como un activo cultural que no debe perderse en beneficio de no se sabe muy bien qué intereses políticos.

En muchos pueblos de Huesca, de Zaragoza y de Teruel se habla lo que se habla. Algo que puede parecerse al catalán pero que no es catalán y que coloquialmente se ha llamado siempre «chapurriau». Como en las tierras pirenaicas se habla el aragonés, fabla o altoaragonés -lo que los filológos definen como un conjunto de hablas del Alto Aragón-, o incluso en otras zonas aragonesas se entremezclan con el castellano vocablos del euskera y del francés.

En esas estamos, con la convivencia de estas variedades lingüísticas de una forma tan natural que meterse en batallas de oficializarlas puede provocar conflictos donde no los ha habido hasta ahora. Por eso, la lucha de hacer oficial el catalán en territorio aragonés es algo más que un problema meramente lingüístico. Si estamos de acuerdo en que existen variedades fragatinas, literanas o del Matarraña turolense, en el momento que alguien diga que todo esto es catalán, al día siguiente -con sólo aplicar la norma nacionalista que identifica lengua con territorio- se podrá decir ya que esos lugares son Cataluña. Una cosa es la defensa y protección por parte de la Administración de una realidad y una riqueza patrimonial, y otra es supeditar todas las modalidades propias de la zona oriental de Aragón al catalán que se habla en Barcelona.

Que precisamente ahora Marcelino Iglesias retome la necesidad de hacer cooficial el catalán nos lleva inevitablemente a pensar en Maragall, en su nueva Corona de Aragón o en aquello de los «Països Catalans». Aceptar el catalán como idioma oficial puede tomarse también como un paso más para cuestionar la identidad aragonesa y aceptar oscuras aspiraciones..., o cesiones.

El socialista Marcelino Iglesias prepara una ley para declarar al catalán lengua cooficial en Aragón
ZARAGOZA. ROBERTO PÉREZ ABC 12 Enero 2004

La Federación de Asociaciones Culturales del Aragón Oriental cree que, de prosperar, ayudará al nacionalismo catalán y a sus tesis expansionistas en suelo aragonés

El presidente del Gobierno aragonés, el socialista Marcelino Iglesias, está dispuesto a que una ley convierta al catalán en lengua cooficial en Aragón, por su supuesta presencia en las comarcas que limitan con Cataluña. Retomaría así las líneas que se apuntaron en las Cortes de Aragón en 1997, en el dictamen aprobado por una comisión que estudió la situación lingüística de esta Comunidad autónoma, en particular las comarcas de la Franja Oriental, el territorio que limita con Cataluña en las provincias de Huesca, Zaragoza y Teruel. El dictamen de la comisión generó cierto grado de consenso en las generalidades, salvo el voto particular sobre ciertos detalles que planteó el PP, formación que en el último año ha intensificado sus críticas al PSOE aragonés por su connivencia a las tesis nacionalistas de Maragall.

Además, aquel dictamen era sólo la antesala, que después se tiene que plasmar normativamente, y ahí aparece el conflicto. En 1997 se indicó que debía promoverse una ley de Lenguas de Aragón que reconociera las variedades lingüísticas propias -conocidas genéricamente como el «aragonés»- y también el catalán. De por sí, definir lo que se habla allí como catalán genera rechazo entre quienes insisten que se trata de una variedad lingüística propia, no catalán. Y, en segundo lugar, abre la delicada cuestión de «la territorialidad», de posibles aspiraciones catalanistas sobre esa parte de Aragón, dada la íntima fusión entre lengua y territorio que hace el nacionalismo.

El proyecto de ley se paralizó
Cuando, hace seis años, apareció un borrador de lo que podía ser esa ley saltó la polémica. Colectivos sociales de la Franja contrarios a la catalanización de este territorio recogieron varios miles de firmas contra lo que consideraron que era un intento por hacer del catalán una primera lengua en esas comarcas aragonesas. Y, al final, los políticos aragoneses dejaron el asunto paralizado.

Tras las elecciones de mayo de 1999, el socialista Marcelino Iglesias ocupó la Presidencia del Gobierno aragonés en coalición con el PAR, que hasta entonces había sido aliado del PP en el gobierno. Pasó la legislatura 1999-2003 sin que se hablara de la ley de Lenguas. Pasaron las elecciones de mayo del año pasado, Iglesias venció en las urnas y se repitió gobierno de coalición. Es ahora cuando vuelve a hablar de esa posible ley de lenguas que permanece varada desde hace seis años. Lo ha hecho en una revista en catalán editada en Aragón, Temps de Franja, que recoge sensibilidades diversas, desde los que se definen como aragoneses catalano-parlantes, hasta las tesis separatistas de quienes defienden abiertamente que esta zona de Aragón es parte de los «Países Catalanes».

Maragall y los «Países Catalanes»
En el número de diciembre, se recogen unas declaraciones del presidente autonómico ragonés en las que asegura que retomará la cuestión lingüística, pero cuando pasen las elecciones generales de marzo. Según Iglesias, la ley que quiere promover «estará basada en el espíritu y los contenidos» del dictamen de las Cortes de Aragón en 1997, porque obtuvo «el consenso inicial de la totalidad de los grupos parlamentarios». Iglesias, en estas declaraciones, incide en el principio del consenso entre los partidos para impulsar la ley.

Sin embargo, desde la Federación Aragonesa de Asociaciones Culturales del Aragón Oriental (Facao), opuesta al catalanismo en estos territorios, se cree que el hecho de que ahora se retome la idea de la ley de Lenguas no es casual, con Maragall al frente de la Generalitat. Iglesias lleva meses de sintonía con el líder de los socialistas catalanes y de comprensión hacia sus ideas «macroterritoriales», con Cataluña como centro de una nueva macroregión, la antigua Corona de Aragón.

El presidente de la Federación de Asociaciones Culturales del Aragón Oriental, Ángel Hernández, insiste en declaraciones a ABC en que el trasfondo del asunto «no es lingüístico sino territorial», un medio para cumplir con las tesis nacionalistas catalanas y con su idea de los «Países Catalanes». Sería, a su juicio, allanar más el terreno a las aspiraciones expansionistas catalanas en un punto tan fundamental al nacionalismo como es la lengua.

Desde otras asociaciones de la Franja, entre ellas las que editan la propia revista Temps, se presenta el asunto como estrictamente lingüístico y cultural. Ellos afirman que allí se habla catalán, un catalán con ciertas peculiaridades propias a la zona. Y defienden que por eso ha de fomentarse legalmente el uso de esa lengua en esta parte de Aragón. Es una visión que no comparte la Facao, que niega que en estas comarcas se hable catalán, sino aragonés oriental, igual que rechazan la genérica denominación de Franja y defienden la de Aragón Oriental. La Facao acusa a esos movimientos de defender, con más o menos intensidad, los planteamientos del nacionalismo catalán y, en algunos casos, tesis favorables a que este territorio aragonés acabe siendo parte de Cataluña.

«Se abren las puertas a la anexión»
El presidente de la Facao lleva años de activismo contra lo que considera que es «la progresiva colonización catalana de parte de Aragón». Afirma que, en esa tarea, el nacionalismo catalán cuenta con apoyos dentro de Aragón y entre ellos incluye al propio presidente de la Comunidad, Marcelino Iglesias. Hernández destaca que CiU, durante su larga etapa de poder en la Generalitat, ha financiado con generosidad a entidades, actividades y grupos catalanistas en estas comarcas aragonesas. Y ahora, afirma, le toma el relevo el tripartito de Maragall y sus tesis compartidas con el nacionalismo de izquierdas. Según Hernández, si se declara cooficial el catalán en Aragón, «se favorecerá, en esta parte de Aragón, la construcción de lo que ellos llaman la Gran Cataluña; la lengua será el caballo de Troya, se abren las puertas a la anexión».

España y Europa
Por JAIME CAMPMANY ABC 12 Enero 2004

DICE el profesor García de Enterría en una entrevista publicada ayer en este periódico que la Unión Europea no aceptaría la fragmentación de España. ¡Toma, y además eso! Porque, en efecto, lo más probable es que Europa no acogiera en su seno un territorio desgajado del ser de España. Ni de España ni de ningún otro Estado de la Unión. Pero en Europa no se puede confiar demasiado. Europa es una vieja puta, como la llamaba Rafael García Serrano, y nunca se sabe si va a salir por soleares o por peteneras. Ha sufrido demasiados vaivenes y se ha mezclado en demasiados revoltijos.

Que Europa no va a aceptar a un País Vasco o a una Cataluña desgajadas del mapa de España parece suficientemente claro, y el profesor Enterría hace muy bien en subrayarlo. Pero más claro todavía me parece que quien no va a aceptar un disparate semejante y un suicidio histórico de esa naturaleza es la propia España. Ni siquiera los nacionalistas tranquilos de uno y otro lugar estarían de acuerdo y se acomodarían a una quiebra así y al consiguiente quebranto. Explica también García de Enterría que el nacionalismo es una ideología del siglo XIX que está en crisis en todo el mundo. Aquí, hay algunos españoles que todavía no se han percatado de esa crisis, y ahí estamos, haciendo a Ibarreche presidente del Gobierno vasco, y a Carod-Rovira conseller en cap y auténtico presidente de la Generalitat.

Sin embargo, para fragmentar España no son suficientes las bravatas ni bastan las provocaciones. Hace falta algo más. Ese audaz fragmentador de Esquerra Republicana está diciendo las cosas que dice respaldado solamente por el 16 por ciento de los votos de Cataluña, que suponen una cantidad irrisoria del censo total de España. Y el socialismo catalán, capitaneado ahora por Pasqual Maragall, sólo ha aceptado esa tesis de la fragmentación y sólo ha planteado la ruptura, tanto con España como con el pensamiento del propio Partido Socialista, cuando la voracidad por el poder lo ha puesto en la tentación de transigir con el disparate.

Algunas veces en la Historia se ha intentado fragmentar el ser esencial de España. Jamás se ha conseguido. Lo que se podía desmembrar ya quedó desmembrado cuando el imperio se vino abajo. Es difícil cometer en una nación tantos y tan graves errores como en España se han cometido, ni correr tantas aventuras como hemos emprendido, ni ensayar tantas vestiduras políticas como hemos ensayado, y de todo eso hemos salido siempre tal vez molidos y apaleados, pero enteros. En otra época de nacionalismos exacerbados, el asunto andaba, como ahora, hasta en viñetas de humoristas. Recuerdo una del gran Xaudaró en la que, tras un desfile de nacionalistas donde pregonaba cada cual la independencia de su tierra, aparecía un chuleta madrileño que gritaba: «¡Viva la Guindalera autóctona!».

Al final de este asunto tan serio aparece siempre la broma. Porque en definitiva los españoles estamos seguros de que ni por las buenas, ni por las malas, ni por las regulares, quiéralo o no lo quiera Europa, se intente desde fuera o se intente desde dentro, España no se rompe. Parece que se va a romper, pero dichosamente siempre se recompone.

Maragall y las rebajas fiscales
L. Bernaldo de Quiros La Razón 12 Enero 2004

Una de las falacias con mayores implicaciones políticas y económicas es la de la existencia de unas supuestas balanzas fiscales entre una o varias regiones y el resto de España, término del que el gobierno tripartito de la Generalitat ha hecho bandera.

Con independencia de la inexistencia de un criterio técnico para realizar ese cálculo, el planteamiento es tribal porque, en cualquier organización estatal digna de ese nombre, el destinatario último de los servicios públicos es el individuo con independencia del lugar del territorio en el que viva. De lo contrario se quiebra el principio de solidaridad y se introduce por la puerta de atrás un modelo de relación entre las distintas partes de España propio de las relaciones entre Estados independientes, lo que obviamente no es aceptable.

Por otro lado, es de un simplismo aterrador limitarse a explicar los costes y beneficios de una región española con relación a las demás basándose sólo en las relaciones fiscales. ¿Cuántos recursos y mano de obra importa Cataluña del resto de España? ¿Cuántos de los bienes producidos allí son consumidos por ciudadanos de Madrid, de Castilla-León, etc.?

Para decirlo con mayor claridad, la evolución de la economía catalana y el bienestar de los ciudadanos que viven en esa región están vinculados de manera directa a la marcha general de la economía española. España es el mercado relevante para Cataluña y ese es un dato que parece ignorar la coalición nacionalsocialista, lo que resultaría sorprendente si no fuese demagógico. En la práctica, los planteamientos de financiación autonómica propuestos por el gobierno de la Generalitat desbordan los límites de cualquier estructura federal y suponen de hecho la apuesta por un esquema de corte confederal, lo que equivale de iure a establecer la relación Cataluña-España en términos interestatales. Es el gradualismo del nacionalsocialismo catalán frente al maximalismo de Ibarreche, diferencias de grado que no de naturaleza.

La orgía del disparate
EDITORIAL Libertad Digital  12 Enero 2004

No sería muy exagerado afirmar que el actual sistema educativo que padecen alumnos, profesores y padres, diseñado por los gobiernos socialistas, se inspiró en muy gran medida en las doctrinas de Anton Makarenko, pedagogo bolchevique, y de Francisco Ferrer, terrorista con ínfulas de educador. Por ello, no es sorprendente que haya sido necesaria una Ley de Calidad en la educación, siquiera para frenar la acelerada degeneración en que se halla inmersa la enseñanza pública desde que se pusieron en práctica los experimentos pedagógicos del PSOE.

El fracaso del modelo de educación socialista ha sido tan rotundo que Zapatero no se ha atrevido a prometer lo mismo que prometieron Maravall, Solana, Rubalcaba y Álvaro Marchesi, el ideólogo de la LOGSE: una educación pública de calidad que hiciera efectiva la igualdad de oportunidades para todos. La situación actual es, por desgracia, más bien la contraria: la calidad de la educación en la mayoría de los centros públicos, que hace veinte años podía parangonarse e incluso superaba a la de no pocos centros privados y concertados, hoy está muy por debajo de la que éstos últimos ofrecen.

La indisimulada aversión de los pedagogos socialistas –más preocupados por la igualdad de resultados que por la igualdad de oportunidades– hacia la excelencia, el esfuerzo personal y la disciplina, así como su obsesión por la integración forzosa, casi han convertido a los colegios públicos en una especie de "centros de acogida" cuya principal misión parece ser evitar que niños y jóvenes deambulen por las calles mientras sus padres se ganan el sustento. Eso cabe deducir, al menos, de la oferta electoral de Zapatero: antes que reconocer sus errores y renunciar a sus nefastas doctrinas en materia de Educación, los socialistas sólo llegan a prometer, si llegan a formar gobierno, que mantendrán abiertos los colegios doce horas al día, siete días a la semana y once meses al año. Esto es, que la principal función de los colegios será servir de "aparcamiento vigilado" de niños y jóvenes.

Aparte de cómo iba a financiarse el monumental incremento del gasto que supondría tal medida –al que habría que añadir la gratuidad de los libros de texto y las becas al 40 por ciento de los bachilleres y universitarios–, habría que preguntar a Zapatero a qué se dedicarían niños y jóvenes en los centros educativos fuera de las horas y de los días lectivos. Tampoco estaría de más que aclarara cómo se garantizaría la seguridad, el orden y el cuidado de las instalaciones cuando, en horario lectivo, a los profesores ya les resulta francamente difícil. También tendría que explicar Zapatero cómo va a resolver el problema de la picaresca y de los agravios comparativos en la adjudicación de plazas escolares –uno de los principales motivos por los que los padres se ven obligados a recurrir a la enseñanza privada o concertada–, pues limitar a quince el número de alumnos por aula en "zonas desfavorecidas" –otra de sus propuestas– no contribuirá sino a agravar aún más la situación.

Este último desatino, que se suma al de las 17 agencias tributarias y los 17 tribunales supremos, parece indicar que, al igual que los desahuciados por los médicos, en el PSOE de Zapatero se han entregado a una auténtica orgía terminal donde el sentido común y el instinto de supervivencia han sido sustituidos por una sucesión de calaveradas y disparates propios de quienes, en su fuero interno, saben que ya les queda poco tiempo de vida... política. Por el bien de Zapatero y su equipo, por el del PSOE y por el de España, es preciso hacer un llamamiento a la cordura y al sentido común de quienes dirigen el segundo partido político de España. Pues de otro modo, sólo cabría desearles que su agonía –política– sea lo más corta y lo menos dolorosa posible: es decir, justo lo contrario de lo que desean los nacionalistas.

Como pisa el buey (1)
AURELIO ARTETA/CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA MORAL Y POLÍTICA DE LA UPV/EHU
El Correo  12 Enero 2004

Una cosa es pisar por donde pisa el buey, según gusta repetir nuestro lehendakari, y otra distinta pisar como el mismísimo buey, que tal parece el modo de avanzar político del propio lehendakari. Quiero decir: con obstinación bovina, desde luego, pero con semejante falta de razones también y sin cuidarse de los aplastados a su paso. Algo les distingue, con todo, y es que el buey ignora lo que es fingir y el señor Ibarretxe lo practica con notable aplomo. Para probarlo, repasemos una entrevista mantenida en vísperas de acabar el año y su mensaje para despedirlo.

Vamos a contar mentiras
Es de suponer que 'Basta Ya' no se cuenta entre las plataformas cívicas predilectas de nuestro presidente, pero éste debería controlar algo mejor su ojeriza. Ni la manifestación del día 13 de diciembre ni el manifiesto de su convocatoria expresaron esa barbaridad de que «la propuesta para la convivencia del Gobierno (...) se juzga más peligrosa que ETA», que él le atribuye. Cuidamos mucho las palabras. No se nos ocurre denunciar al señor Rodríguez Zapatero por acudir a esa «manifestación con el Partido Popular y con la Falange Española», como si fuera algo bochornoso, sino más bien a cuantos nacionalistas sedicentes demócratas chiquitean y desfilan a diario junto a los enemigos de todos.

Pero dejemos estas pequeñeces. Hete aquí que, con una serena firmeza, el entrevistado sostiene que «aceptamos y vamos a seguir aceptando (...) el Estado de Derecho y por tanto las decisiones de la Justicia». Habría que ver la cara que le quedó al entrevistador ante tamaña burla. Curiosa manera de mostrar ahora ese respeto, con el desafío de la mayoría del Parlamento a las más graves resoluciones judiciales, o hace un año clamando al cielo por la ilegalización de Batasuna. En definitiva, que si algo han mostrado en mucho tiempo -para resumir, cada vez que sus últimos consejeros de Justicia abren la boca- es su desprecio de la Justicia y de los tribunales españoles de justicia. Pero aceptar el Estado de Derecho no se reduce a obedecer las sentencias judiciales. Antes que eso, es acatar esa Constitución que el plan del lehendakari ataca de frente en lo sustancial. Y no podía ser de otro modo; porque, díganme, ¿cómo va a aceptar el Estado de Derecho quien se levanta contra el derecho mismo de ese Estado?

La desfachatez prosigue al añadir que el Pacto contra el Terrorismo, bien mirado, «es un pacto contra el nacionalismo vasco, contra el nacionalismo democrático». A ver, un poco de lógica. De acuerdo con sus estipulaciones, ¿no debía ese pacto contra el terrorismo enfrentarse a los partidos nacionalistas desde que en Estella pactaron con los terroristas? ¿O sea, desde que manifestaron a las claras que habían dejado de ser -si alguna vez lo fueron- un nacionalismo democrático?

Para partirnos por la mitad
A la objeción de que su plan divide a la sociedad vasca, nuestro hombre responde como si tal cosa que «una propuesta democrática y legítima no puede dividir nunca la sociedad». Pues claro que puede, y más todavía cuando semejante propuesta no hace sino recoger las pretensiones de una mitad de la sociedad frente a la otra. O, lo que es igual, esa propuesta divide a la sociedad precisamente porque no es legítima y viene a justificar y ahondar la división. ¿Alguien conoce pecado mayor en política?

Por eso, cuando el lehendakari se encampana y con gran empaque dice que «tenemos toda la legitimidad moral, política y democrática» para ofrecer ese proyecto, uno se teme que desconozca por completo el sentido de esos términos así como los argumentos en que apoya sus afirmaciones. Pues el caso es que, además de no tener la 'legalidad' de su parte, tampoco cuenta con una 'legitimación' política suficiente si miramos la exigua mayoría que avala su Gobierno. Pero, sobre todo, carece de toda 'legitimidad': la moral, porque su propuesta vulnera los derechos de una mitad de la ciudadanía; la democrática, porque sólo acierta a invocar razones etnicistas. De manera, en fin, que vuelve a equivocarse cuando concluye que «el que pueda haber mayoría o no (en el Parlamento vasco o en el español) no es un motivo para rechazar una propuesta». Al contrario, es un motivo capital. Aun suponiendo que tal propuesta fuera decente, una ética de la responsabilidad exige abandonarla cuando es seguro que de ella se seguirán efectos perversos.

Porque tampoco parece cierto que «lo que más daño hace a la violencia (debe decir 'terror') y a ETA es que en este país debatamos sobre proyectos políticos», como sugiere el ingenuo. Los hechos han probado hasta la hartura que a ETA, como a cualquier otro grupo de creyentes armados, no le roza la controversia de ideas y sólo le daña de veras su persecución policial y penal. Hacia la persecución policial, sin embargo, los nacionalistas siempre han sido francamente reticentes; y, en cuanto a la persecución penal de sus partidos hermanos, han procurado entorpecerla hasta el escándalo a lo largo de un pleito aún sin terminar. Quizá porque todos ellos, más allá de cuanto difieran en los medios, comparten los puntos de partida y llegada y, de paso, se disputan el mismo electorado.

¿Debate o negocio?
«El debate no ha comenzado», reitera una y otra vez el lehendakari. ¿Acaso lo ha comenzado él, que urdió su propuesta en secreto y no la ha discutido abiertamente ni con su partido, ni con su Gobierno ni con las instituciones forales? Pero uno se pasma, además, porque nunca en la historia contemporánea de España se habrá suscitado debate político más concurrido e intenso. Charlatanes aparte, difícil será encontrar aquí una persona con opinión relevante en la materia que haya guardado silencio. Eso sí, hasta el momento, ese debate ha revelado más que nada el 'sinfundamento' e incoherencia, los fraudes y riesgos del proyecto secesionista. Como las voces críticas superan con creces en cantidad y calidad a las favorables, en verdad no ha comenzado el debate que a éstos les conviene. Como se prescinde de comparar la potencia de los argumentos en liza, por ser todos ellos legítimos y hasta «igual de legítimos» (según la aberrante letanía de este nihilista), lo que Ibarretxe denomina debate resulta más bien pura y dura negociación. Y en este negocia se busca que no cuenten las razones, sino el crédito otorgado por cada parte a los engaños, promesas o amenazas de la otra.

Con el mayor disimulo, se entiende. Ante la expresa resistencia del PP y del PSE a sus planes, el héroe de Ajuria-Enea dictamina: «No es aceptable que alguien afirme que no va a debatir (...); eso no es aceptable en democracia». Advirtamos enseguida a este paladín de la democracia no ya de lo mucho que nuestros regímenes defraudan su momento deliberativo, sino que con esa democracia convencional o sin ella es perfectamente aceptable que en ocasiones el interlocutor rehúse debatir. Por ejemplo, cuando faltan las condiciones elementales para su libre ejercicio, cuando la agenda del debate ha sido fijada unilateralmente, cuando están trucados sus términos y reglas, en fin, cuando su punto de partida resulta irracional o inicuo.

Todos estos defectos concurren hoy en la oferta del lehendakari. De suerte que no es que haya que diferir el ansiado referéndum hasta la «ausencia de violencia», sino que éste y otros requisitos habrán de estar presentes antes incluso de iniciar el debate de marras. Mientras eso no suceda, extender la idea de que «el debate no tiene vuelta atrás», igual que si fuera un proceso natural imparable, suena a trágala y chantaje. Uno diría más bien que denunciar ese debate no sólo es un derecho, sino un deber ciudadano y que tal denuncia forma parte del debate mismo.

El segundo y último capítulo, si me esperan, vendrá otro día.

La juez Marco y el TSJPV
Iñaki Ezkerra La Razón 12 Enero 2004

El miércoles se sabrá quién va a presidir el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. Por su trayectoria individual y el difícil contexto de ésta, la persona más idónea para ese cargo es Concepción Marco, actual presidenta de la Asociación Profesional de la Magistratura en el País Vasco y contra quien Arzalluz montó una campaña de señalamiento antes del verano por la ponencia de un seminario de FAES en la que la magistrada alertaba de la ofensiva nacionalista para lograr el control del poder judicial que luego explicitaría el Plan Ibarretxe.

Con triste frecuencia es el nacionalismo ¬antes que ciertos constitucionalistas¬ el primero en reconocer ¬aunque sea señalando¬ los méritos del que le hace frente y en esta ocasión ya ha habido quien se ha dedicado a vender entre los vocales del Consejo General del Poder Judicial «como un inconveniente y una mancha en su historial» ¬en vez de una garantía¬ esa beligerancia de la juez Marco y ha propuesto en su lugar a Fernando Ruiz Piñeiro, antecesor de ésta en la APM.

Conviene dejar claras ciertas cosas para que el lector se haga una idea de la jugada. Cuando en 2000 Fernando Ruiz Piñeiro apareció en unos papeles del comando Vizcaya solicitó un puesto fuera del País Vasco porque no podía superar la presión y el miedo. Han pasado cuatro años y ahora Ruiz Piñeiro sí puede superar el miedo y la presión a cambio de la Presidencia del TSJ. ¿Con qué argumentos se le hace valer más que a quien se quedó dando la cara y no sólo ha salido en los papeles del comando Vizcaya sino en todos los que después se han incautado a ETA, incluidos los hallados tras las últimas detenciones en Francia?

En un momento en el que esa banda tiene a los representantes de la Justicia como objetivo preferente y el nacionalismo emprende una campaña de deslegitimación sin precedentes contra éstos para lograr unos tribunales a la medida de sus intereses, los jueces del País Vasco necesitan más que nunca una persona que los arrope y haya probado su capacidad de resistencia.

El nacionalismo desea en ese cargo a alguien que haga un papel gris y descomprometido que le sea cómodo. ¿Es ese el perfil que también busca el CGPJ? Uno no tiene nada personal contra Ruiz Piñeiro pero a uno le parece que éste es un caso muy denotativo de una situación. De poco sirve pedir a la gente que aguante en el Norte si aguantar es un argumento en su contra, un carné para el olvido y la convalidación del estigma nacionalista. De nada sirve el sistema autonómico si perduran los vicios del centralismo más cortesano y más rancio; si a la hora de la verdad vale más hacer pasillos en Madrid que trabajar en Euskadi con coherencia. Una cosa es estar al pie del cañón y otra ser carne de cañón. La juez Marco no pone precio a quedarse en el País Vasco. Paga a gusto el precio de ello todos los días. Si no acaba presidiendo el TSJPV no pierde ella. Perdemos los vascos y perdemos todos. Ella no se va a ir de allí pero es triste que alguno le anime tanto

Concha Marco
Gotzone Mora La Razón 12 Enero 2004

Se baraja estos días la posibilidad de que la magistrada Concha Marco presida el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, en lo que previsiblemente va a ser el período más difícil para los jueces y magistrados que trabajan en esa comunidad autónoma, dada la estrategia frentista iniciada por el nacionalismo y expuesta por el Plan Ibarretxe de hacerse con el control del poder judicial y deslegitimar tanto a sus instituciones como a sus representanles. Para quienes pertenecemos a los movimientos cívicos surgidos de la sociedad vasca, la elección de Concha Marco reportaría una verdadera tranquilidad dada su intachable trayectoria personal y su integridad ética.

Su elección constituiría una garantía de que el amenazado mundo de los jueces iba a saber responder a esos embates justificadamente temidos por anunciados.

Mi condición de profesora de Sociología de la Universidad del País Vasco no debería situarme en principio cerca del mundo judicial.

Pero ese acercamiento se ha producido inevitablemente por el amparo mutuo que los constitucionalistas necesitamos en la irregular situación que vive el País Vasco, incluida la propia Universidad, y que nos ha colocado a ambas en la diana de la banda terrorista ETA y de los linchamientos del nacionalismo.

Con Concha Marco llevo muchos años coincidiendo en concentraciones y manifestaciones, pidiéndole asesoramiento y viéndola participar en todas las iniciativas cívicas en la medida en que se lo permitían los lógicos límites de su profesión.

Por esa razón me permito opinar sobre su idoneidad para ese cargo en el Tribunal Superior de Justicia en un momento en el que no está el horno para bollos ni para equivocaciones.

En Concha Marco se mezclan la valentía con la prudencia, el carácter estable con el compromiso ético.
Es una mujer con la que se puede contar en el día a día y que no ha usado su situación para un buen desembarco en Madrid.

Es uno de esos ejemplos que en una situación tan dada al desánimo como la vasca te animan a seguir adelante.

Maragall
¿Con qué drama nos amenaza?
Pío Moa Libertad Digital  12 Enero 2004

El PSC ha llamado a los dirigentes del PP “delincuentes políticos”. Como puede verse, no se cortan un pelo. Y el jefe de ellos, Maragall, cuya falta de claridad es proverbial, ha hablado de montar “un drama” si el país no se pliega a sus exigencias. Este lenguaje, un tanto gangsteril, califica perfectamente a quienes, para gobernar, no han vacilado en corromper la democracia dando un poder desmesurado, no querido por los electores, a un partido menor y extremista, haciendo lo que les falló en Madrid (el mismo PSC se ha vuelto tan extremista como la Esquerra). Desde ese momento, cada gesto suyo y de sus socios ha sido una provocación, culminada momentáneamente en su apoyo moral a la ETA.

Nos hallamos ante una ofensiva, dispuesta incluso a acciones “dramáticas”, contra la unidad y la solidaridad de España. Pero es también una ofensiva sin fundamento serio, basada en “esa audacia tan semejante a la impudicia, que suele paralizar a los candorosos, dándoles la impresión de una fuerza de choque”. Si el gobierno, como es su deber, dice simplemente NO a las exigencias de todos ellos, ¿qué pasaría? ¿Provocarían Maragall, Carod e Ibarreche algo así como la desobediencia civil, o disturbios? Esto crearía graves problemas a la población en Cataluña y Vascongadas, de los cuales serían directamente responsables sus promotores. ¿Utilizarían a las policías regionales para imponer sus designios? No cabe ni pensarlo. Ante un gobierno medianamente enérgico, cualesquiera medidas unilaterales de agresión se volverían contra sus autores, y sólo podrían conducir a la suspensión y renegociación de los estatutos autonómicos.

Los gobiernos españoles han jugado durante largos años con unas ideas falsas acerca de la cuestión. Han pensado que la prosperidad e integración económicas del conjunto del país diluiría los nacionalismos. Han creído que cediendo ante ellos encontrarían una generosidad recíproca y se llegaría a un acuerdo integrador que calmase sus exigencias. Han imaginado que la desaparición o la vejación constante de los símbolos y las ideas de unidad española en Cataluña y Vascongadas no eran nada grave, y que ya se cansarían. No han calculado ni remotamente el daño que a la larga podía hacer una enseñanza en manos de los separatistas.

El fruto de estos errores han sido que, durante más de dos décadas, los vascos y los catalanes han recibido un verdadero lavado de cerebro secesionista, y que en ambas comunidades el nivel de las libertades y del respeto a los derechos ciudadanos es muy inferior al del resto de España (en las Vascongadas prácticamente no existe democracia).

Tal vez la Constitución y los estatutos deban ser cambiados, pero eso no puede ocurrir por la presión de quienes más inquietud y ataques a las libertades han protagonizado en estos dos decenios largos. Frente a un supuesto diálogo que daña a la democracia y aspira a la insolidaridad y la desintegración nacionales, sólo cabe un diálogo que plantee exactamente lo contrario, denunciando sin tregua los efectos negativos de los nacionalismos, tanto para el país en conjunto como para las propias comunidades a las que éstos dicen defender. Si así se hace, con tranquilidad y energía, rechazando con razones claramente explicadas las pretensiones contrarias, no habrá drama ninguno, y las acciones unilaterales que emprendan los extremistas, sus “audacias tan semejantes a la impudicia”, les llevarán a cocerse en su propia salsa.

El drama, al contrario de lo que sugiere Maragall, no estaría en rechazar unas exigencias que en el fondo y la forma resultan indigestas, sino, precisamente, en ceder a ellas. Las cesiones y retrocesos han de tener un límite, más allá del cual las consecuencias se vuelven imprevisibles.

Diferencias entre españoles
Cartas al Director ABC 12 Enero 2004

Hace unos días tuve ocasión de ver en La 2 de televisión una entrevista a Manuel Chaves y, en un momento de ésta, hablaba Chaves de las diferencias que existen entre un catalán, un andaluz, un madrileño, un extremeño, etcétera. Y me puse a recordar a todas las personas de las diferentes Comunidades Autónomas que conozco y, la verdad, no encuentro muchas diferencias sustanciales, por no decir ninguna, entre ellas y conmigo mismo.

Por razones profesionales he conocido y he trabajado con ciudadanos suecos, noruegos, holandeses, franceses, italianos y alemanes. Y dejando aparte el tipismo local de cada uno de ellos y las cuestiones idiomáticas, me han parecido muy similares a los españoles, en sus aficiones, en sus problemas, en su forma de vivir, en su cultura política. Por eso me da la sensación de que en España, de una forma artificial, se está creando un clima que nos hace vernos a los españoles muy distintos culturalmente a medida que cruzamos los límites de nuestras regiones. Y puede que ese clima diferenciador se promueva por algunos partidos políticos que, quizás cegados por las ideas que constituyen su razón de ser, machaconamente nos intentan convencer de lo diferentes que somos. Y de la necesidad de separar nuestras economías, nuestras políticas y nuestra cultura. Me pregunto: aparte de que algunos beban sidra y otros fino, de que unos bailen sardanas y otros chotis, de que unos hablen vasco y otros gallego, ¿somos tan diferentes los españoles según hayamos nacido en una región o en otra?   Roberto Menchén del Cerro.    Tres Cantos (Madrid).

XABIER ETXEBERRIA, PROFESOR DE ÉTICA DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO
«Ante la violencia de ETA no cabe la neutralidad del educador»
El experto en educación para la paz reconoce que la escuela sola se ve «impotente» ante los alumnos fanatizados
LUIS SALA/BILBAO El Correo

«ETA ha sembrado semillas»
«Debemos haber sido educados en cierto modo desde jóvenes para poder alegrarnos y dolernos como es debido, pues en eso radica la buena educación». La cita es de Aristóteles, pero Xabier Etxeberria suele aplicarla al caso vasco para explicar la enorme dificultad de educar para la paz en un lugar donde la conexión afectiva con la violencia de ETA de quienes viven en la órbita radical es de tal naturaleza que tiende a bloquear toda posibilidad de intervención desde el exterior. Lejos de desanimarse ante el reto, este profesor de Ética de la Universidad de Deusto y fundador de Bakeaz sigue dedicado a una labor en la que, admite, «aún queda mucho por hacer».

-¿Se habla a los escolares vascos del terrorismo de ETA?
-En general, en nuestras aulas se ha hablado muy poco de la violencia concreta de ETA.

-¿Por qué?
-Es un tema difícil pedagógicamente. No está sólo el miedo que todos podemos sentir cuando trabajamos este tipo de temas. También, que es una fuente de muy notable conflictividad, porque en las aulas se reproduce la diversidad de opiniones respecto a este asunto que hay en la sociedad. Hay que ser un educador especialmente afinado y competente para poder abordar este tema en clase.

-¿Están los profesores vascos suficientemente preparados para hacerlo?
-En general, ellos mismos manifiestan que necesitan apoyo y recursos. Los demandan.

-Entonces, en estos 25 años de democracia, se ha perdido un tiempo precioso para educar en una cultura de paz.
-Sí, se ha perdido un tiempo precioso. No es que no se haya hecho nada, pero, en el tema específico de ETA, se ha trabajado poco y también con retraso. Además, no se ha entendido adecuadamente el asunto de la no implicación valorativa del educador.

-¿A qué se refiere?
-A que se entendía que el profesor podía ser una especie de persona neutra frente a los valores de los alumnos. Y ante la violencia de ETA y su entorno, no cabe la neutralidad del educador. Todos teníamos que haber estado firmes desde el principio en decir que el terrorismo es inasumible.

-¿Se ha sido neutral en exceso?
-Sí, y no pronunciarse sobre este tema supone renunciar a realizar una dimensión fundamental de la labor educativa. La tolerancia tiene el límite de lo intolerable.

-Quizá muchos profesores han podido encontrarse solos a la hora de meterse en este lío...
-Probablemente. También entre los educadores ha habido diversas sensibilidades respecto a este tema. En sus orígenes, por esa especie de despiste en torno a lo que significaba la neutralidad, no supimos organizarnos de una manera adecuada, y aún queda mucho por hacer.

-¿Por dónde se puede empezar?
-Las iniciativas concretas dependen de muchos factores: de la edad de los alumnos, de la materia que imparta el profesor, de las circunstancias concretas que se den en el aula...

-¿Sería interesante, por ejemplo, que los alumnos escuchen el testimonio de la viuda de un guardia civil o de un ertzaina?
-Es muy importante que se acerquen a las víctimas. Habría que ver el momento, el lugar y el cómo, pero uno de los temas que hemos descuidado es el protagonismo de las víctimas a la hora de educar para la paz.

-¿No han estado en primer plano?
-No de forma generalizada, aunque yo conozco algún caso puntual. También se pueden hacer cosas como centro.

-¿Por ejemplo?
-Tomas de postura públicas, actos significativos y jornadas en las que se implique toda la comunidad educativa. Desde concentraciones hasta exposiciones, mesas redondas, ese tipo de cosas...

-¿Incluso colocar en las escuelas esos carteles de 'ETA ez' o 'Necesitamos paz' que vemos en algunos edificios oficiales?
-Personalmente, creo que aquellos símbolos que van a favor de los derechos humanos no sólo no hay que inhibirlos sino que, cuando llega el caso, hay que potenciarlos. Por contra, los que de una manera manifiesta y clara van en contra de los derechos humanos, habría que prohibirlos. Y luego hay otros símbolos que expresan opciones particulares en torno a los sentimientos nacionales o las creencias religiosas que hay que plantearse los lugares en los que es conveniente que aparezcan.

-¿Y qué hacemos con un alumno que directamente justifica el terrorismo?
-Ante un fanático, es muy complicado actuar. En nuestro país, desgraciadamente, hay una cierta socialización de la cultura de la violencia y, en estos casos, la escuela sola se ve realmente impotente. Tendrá que hacer su labor, pero también tendrán que hacerla los padres, los medios de comunicación y, sobre todo, los grupos de amigos, que es quizá la dificultad mayor. A pesar de todo, por ser optimista, diré que incluso las socializaciones más marcadas tienen grietas, y hay que saber buscarlas.

Enrique Villar: «ETA dará coletazos como el Grapo antes de desaparecer»
ABC 12 Enero 2004

Enrique Villar abandona, entre triste y aliviado, el cargo de delegado del Gobierno en el País Vasco. Deja cosas muy queridas en esta tierra: amigos, familia y recuerdos

BILBAO. Sus gestos, en ocasiones rudos, pero siempre claros en defensa de los intereses de los españoles, han sido objeto de crítica permanente por parte de los nacionalistas. Ha sido sustituido en el cargo por Carlos Urquijo.

-¿Con qué sensaciones se despide del País Vasco?
-Con dolor, a pesar de que he vivido momentos muy duros, porque llevo 39 años en el País Vasco y mi corazón está en esta tierra. Soy riojano y no renuncio a mis lares, pero dejo dos nietos, nacidos aquí, y a mi hija mayor.

-Usted ha hablado de una Comunidad autónoma hostil.
-La comunidad es una maravilla, como también mucha de su gente -no toda-, su paisaje, cultura, gastronomía y lengua. Pero su clase política dominante es hostil, no conmigo, sino con todo lo no nacionalista.

-¿Cree que esa situación puede cambiar a corto plazo?
-Tengo esperanza, porque las guerras no duran siempre, y creo que tenemos que llegar a una concordia, aunque no sé cuándo, ni cómo. De momento, el panorama se presenta oscuro, con el plan Ibarretxe en el horizonte.

-¿Deja un País Vasco más dividido que cuando aceptó la responsabilidad de ser delegado del Gobierno?
-Sí, pero no me siento culpable. El culpable ha sido el nacionalismo democrático, porque se ha radicalizado y ha dividido a la sociedad. El plan Ibarretxe predispone a los vascos a enfrentarse entre sí.

--La lucha contra el terrorismo, sin embargo, ha avanzado mucho.
-ETA está prácticamente desmantelada y desmoronada y le queda una vida activa muy corta. Lo que ocurre es que todavía tiene capacidad para matar, entre otras cosas porque matar es muy fácil y su actividad puede prolongarse en el tiempo con coletazos como los de los GRAPO.

-Si declarara una tregua, ¿no cree que volvería a reorganizarse, como ha hecho otras veces?
-La tregua sería una trampa y el Gobierno, que tiene mucha experiencia en este tema, no va a ceder ni un solo punto en el tema del terrorismo. En eso estoy tranquilo y pueden estar tranquilos todos los españoles.

-¿Cree que Rajoy continuaría, de salir elegido presidente, la política de Aznar en este campo?
-Aznar lo ha hecho bien y lo que ha hecho mejor ha sido su sustitución. Estoy seguro que no habrá rectificación en los aciertos.

-¿Llegará a conocer un País Vasco sin ETA?
-Estoy convencido de que, a no ser que se me llame pronto a la otra vida, voy a ver la práctica desaparición de la banda terrorista.

-En el PP vasco se está hablando de sucesión.
-En el País Vasco la sucesión no puede ser frívola y estoy seguro de que no habrá batallas, sino unidad.

-¿Una unidad forzada quizás por el enemigo externo?
-En esta comunidad hay temor, pero también amor. Hay compañeros a los que quiero como hermanos, aunque con otros tengo diferencias, porque nosotros no somos uniformes, ni pregonamos la uniformidad.

-¿Cuál será su futuro profesional?
-En un país extranjero, del que no hablaré, por motivos de seguridad, ayudaré, en mi pequeña medida, a que España sea lo que es e incluso mejore.

JUNTO CON LA RADIO Y LA TELEVISIÓN
El director del Cervantes en Nueva York destaca que Internet conserva y expande el español en EEUU
Internet, junto con los medios de comunicación audiovisuales, pueden permitir al idioma español alcanzar una "estabilidad" en EEUU frente al "peligro" de su pérdida en la "tercera generación", según ha dicho el director del Instituto Cervantes en Nueva York, Antonio Garrido. La Red, la radio y la televisión contribuyen a una "situación estable" de esta lengua.
EFE  Libertad Digital   12 Enero 2004

Durante su estancia en Málaga, donde fue concejal de Cultura, Garrido ha dicho: "El español tiene algo que no tuvo en su momento ninguna otra lengua, que es Internet, la televisión y la radio". El director del Instituto Cervantes en la ciudad de los rascacielos ha puesto como ejemplo que "el programa más oído en Nueva York no es en inglés, sino uno en español llamado El vacilón".

Por ello, se puede llegar "a una situación estable, en un país que es de lengua inglesa, y debe ser así, y con millones de personas que conservan y extienden el español con una presencia cultural importante", dentro de un concepto de la cultura "amplio", en el que están incluidos "la moda, la cocina, la danza o la música", ha añadido este miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. En este panorama, existe la "luz enorme" de esta importante presencia del idioma frente a la "sombra de los movimientos de reticencia y de miedo, entre comillas, que es absurdo, ante el crecimiento del español".

El Instituto Cervantes desarrollará numerosas actividades durante los próximos meses desde su sede de Nueva York, inaugurada el pasado 10 de octubre por el Príncipe de Asturias en una antigua casa de postas de la diligencia de Boston, del siglo XVIII, declarada Monumento Histórico, y que fue completamente rehabilitada.
No tendríamos ningún inconveniente en aplaudir todas estas promesas si no fuera porque el día anterior, sábado, nos habían prometido una bajada de impuestos, con reducción significativa de los tramos más altos del IRPF. Los brindis al sol son baratos y, si se quiere, efectistas. Pero los programas de gobierno son otra cosa muy distinta.

La cara hispana del dragón
Por FRANCISCO MARCOS MARÍN. Catedrático de Lingüística de la UAM ABC 12 Enero 2004

En China el dragón es, sobre todo, un símbolo de fortuna y festivo, muy adecuado para felicitarse por la implantación del Instituto Cervantes. El interés de la orilla oeste del Pacífico se dirige principalmente a la orilla americana. España es catalizador de las reacciones culturales iberoamericanas y puede coordinar también algo tan importante como la formación de profesores.

La televisión ha mostrado que ésa es la petición principal de los hispanistas chinos. En las cifras hay datos contundentes, la enseñanza oficial sólo atiende a uno de cada sesenta interesados en estudiar español en la Universidad.

Llevar el plan a la enseñanza secundaria implica un esfuerzo que sólo se puede hacer, como en el caso de Brasil, en estrecha colaboración con las instituciones latinoamericanas. Aplicarse a los dos focos de la elipse del español: formación de profesores y fuerte presencia de la cultura en español daría resultados en muy corto plazo. No se parte de cero. Desde el año 1981 se desarrolla una actividad continua de enseñanza del español con fuertes apoyos en varias instituciones chinas y españolas. Ahora debe reforzarse.
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