AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 15 Enero 2004
Claridad ante un futuro incierto
Pascual Tamburri  La Razón 15 Enero 2004

El PSOE piensa ya en el 15-M
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  15 Enero 2004

Maragall y Valencia
Editorial La Razón 15 Enero 2004

Fiscalidad solidaria
Editorial ABC 15 Enero 2004

La proposición de Ibarra
Jesús Neira La Razón 15 Enero 2004

Anasagasti y su guerra de la independencia
LUIS IGNACIO PARADA ABC 15 Enero 2004

Que te expulse Atutxa
Iñaki Ezkerra La Razón 15 Enero 2004

Ojo, que Mr. Bean nos quiere gobernar
Julián Lago La Razón 15 Enero 2004

Vendaval Ibarra
MANUEL MARLASCA La Voz 15 Enero 2004

Ibarra y el tumor inoperable
Lorenzo Contreras La Razón 15 Enero 2004

El incidente de Ibarra no se borra
Lorenzo Contreras Estrella Digital 15 Enero 2004

Cuando la bronca significa pluralidad
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 15 Enero 2004

Falta de cohesión
Cartas al Director ABC 15 Enero 2004

La propuesta de Ibarra
Cartas al Director ABC  15 Enero 2004

Idea apropiada en tiempos revueltos
Cartas al Director ABC 15 Enero 2004

Problemas de verdad
Cartas al Director El Correo  15 Enero 2004

El PP de Badalona exige que se retire un premio otorgado a la escritora Maruja Torres
Libertad Digital  15 Enero 2004

«No hablamos catalán, hablamos aragonés. Es una invasión para lograr la gran Cataluña que sueñan»
Marcos S. González - Madrid.- La Razón 15 Enero 2004

Valencia clama contra la ofensiva de Maragall
A. Martí - Valencia.- La Razón 15 Enero 2004

Procesados dos colaboradores de Al Qaeda por financiar la red a través de sus empresas
EFE Libertad Digital   15 Enero 2004

El PP atribuye al nacionalismo la marcha de 14.000 jóvenes de Bilbao
O. BARRIUSO BILBAO El Correo 15 Enero 2004

 

Claridad ante un futuro incierto
Pascual Tamburri es doctor en Historia y vicepresidente de la Fundación Leyre La Razón 15 Enero 2004

España ha vivido durante los últimos siglos condicionada por sus traumas colectivos. Un país ensimismado y dividido por conflictos civiles difícilmente puede representar un papel digno, y menos aún en el mundo de las libertades y de la democracia. España, y Navarra dentro de ella, vio pasar el siglo XIX a la sombra tenebrosa de la pérdida del imperio, de la Guerra de la Independencia y de las posteriores guerras civiles. Guerras civiles que, con otros matices pero mayor crueldad, llegaron hasta el siglo XX.

Sin embargo, el siglo XX ha terminado con una España diferente. Desde luego más rica, más satisfecha, con mayor bienestar material objetivo y relativo; opulenta incluso, o al menos perfectamente situada entre las sociedades europeas más desarrolladas. Pero el cambio ha sido sobre todo moral. La España ensimismada en sus odios, sus querellas y sus miserias ha desaparecido. Los españoles no se avergüenzan de serlo, y ya no hay ¬o casi no hay¬ «dos Españas». En este sentido, el país ha vuelto a ser un país normal, un gran país con voz propia y con intereses propios con los que se deben contar. El patriotismo, como adhesión a la nación y a su destino, ya no divide, sino que une.

Hay en esto un preocupante lastre de excepciones, de incomprensibles nostalgias de los siglos de fractura social y de guerra civil. Y la fuerza más notable en este terreno es el nacionalismo vasco. Frente a la Navarra que camina resueltamente en España hay una voluntad antihistórica, minoritaria pero nada despreciable, de volver atrás, de resucitar viejos fantasmas, de reabrir viejas heridas; porque hay fuerzas políticas cuya razón de ser son esas heridas, y si no existen deben crearlas, y si nunca existieron se acepta reescribir la historia.

Contra la lógica de nuestro siglo, contra los logros colectivos de las últimas décadas, contra la voluntad española de no ser nunca más un país de segunda o tercera fila por la división de sus ciudadanos, se alza el independentismo vasco. Sus argumentos no convencen, ni en el fondo quieren convencer. Pero su fuerza social es sólida, coherente y unívoca, cosa que no siempre puede decirse en otras latitudes. Y su proyecto político, aunque no esté basado en hechos del pasado ni del presente, sino más bien en una voluntad ciega, tiene la enorme virtud de trascender las siglas, los intereses personales y las banderías partidistas. Minoría social, minoría política, insustancialidad objetiva, pero enorme coherencia interna y firme voluntad comunitaria que suponen, en suma, un reto singular para la Navarra y la España de 2004.

La debilidad, división e incoherencia de un bando hace la fuerza de su adversario, si no comparte esas características, por mucha que sea la diferencia en votos. El independentismo, ciertamente en Navarra, es un solo sujeto político, y su mayor baza es precisamente su apariencia de debilidad y la división de sus rivales. Se avecinan para Navarra esos «tiempos recios» de los que ha hablado Víctor Manuel Arbeloa. Ante ellos, ante un abismo de conflicto civil sacado de otra época ¿qué hacer?

La cuestión es ¬guste o no¬ que un bloque cultural, social y político compacto plantea hoy una alternativa de ruptura y de confrontación, a la sombra de ETA y del poderoso PNV vasco. Y que frente a él está la mayoría de los navarros, pero políticamente divididos, culturalmente desarmados, socialmente fragmentados. La mayoría no siempre vence; se trata de dar a esa mayoría una razón de unidad, un proyecto común que impida un nuevo desastre nacional. Ese proyecto es España, y es la libertad. Tal vez sea hora de recordar a Mariano Ansó, republicano navarro de 1936, que habló de la libertad, «no menos tradicional en la tierra de los Mina que otras tradiciones acaparadoras del vocablo, sin mayor antigüedad, razón ni derecho».

Navarra, esencialmente española y esencialmente libre, puede exigir a sus políticos claridad. En el nombre de la Nación, la ha pedido Federico Jiménez Losantos. En nombre de las generaciones que fueron y de las que serán, de la historia y de la verdad, cabe pedirla. Incluso exigirla: los partidos y las personas que no compartan el proyecto independentista tienen el deber en los próximos meses de subordinar sus legítimos intereses y opiniones al interés general de la comunidad. Un siglo de dolor y de conquistas está en juego.

El PSOE piensa ya en el 15-M
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  15 Enero 2004

Ni el respaldo aparentemente sentimental de Bono a Ibarra, ni el súbito calentón antinacionalista del presidente extremeño, ni siquiera el arrebato autoritario de Zapatero impidiendo la mera presentación en el Comité Federal de la propuesta ibarresca parecen ajenos a una forma de actuar que va imponiéndose inexorablemente en el PSOE y que se encamina no a vencer el 14 de marzo sino a sobrevivir el 15; no a ganar al PP sino a impedir que dentro del PSOE los escombros de la derrota se lleven por delante a Zapatero y a los enemigos de Zapatero, a los que piensan que el nacionalismo es el peor enemigo del PSOE y de España y a los que piensan que lo de España es una abstracción derechista y que lo importante es la conciliación de intereses dentro de la izquierda plural. Más que plural: poliédrica, marabúntica, centrífuga y malcontenta.

Si los pasos electorales de Zapatero empiezan a repetir puntualmente los de Almunia en las elecciones de 2000, incluyendo sus ocurrencias sobre educación, sus especulaciones sobre el número dos de Madrid y otros fiascos pasados que se hacen presentes, no caben muchas dudas de su propósito esencial en esta campaña: preparar su supervivencia como candidato para 2008. Si hubiera aceptado el papel de Sagasta de Aznar, se habría acercado mucho en este mes de Marzo. Por sectarismo, ambición y falta de principios y de respeto a las reglas del juego quiso tomar el Poder por asalto en 2003 y tendrá serios problemas para seguir aspirando a él en 2005. La avaricia totalitaria rompe el saco democrático. Menos mal.

La gran incógnita del PSOE empieza a ser su estrategia si el PP gana las elecciones y vuelve a formar Gobierno: ¿volverá a los principios de consenso nacional y constitucional del primer año zapateril o se atrincherará en la estrategia de desestabilización del sistema, que ya hemos vivido durante la crisis del “Prestige” y la guerra de Irak, que tiene su traslación en las alianzas con separatistas, comunistas y cualquier “ista” civilizado o caníbal siempre que sea contra el PP? ¿Seguirá siendo la sección parlamentaria de la SER o aspirará a ser alternativa de gobierno? Para ser una alternativa nacional hay que empezar por tener una cierta idea nacional, que es justamente lo que el PSOE ha renunciado a tener. ¿Entonces? ¿Qué va a pasar en la izquierda?

Eso es lo que quisieran saber ellos. Da la impresión de que, mientras se hunde el Titanic, la preocupación de los náufragos socialistas es ver a quién de entre ellos se le ha puesto cara de tiburón. De momento, todos calamares.

Maragall y Valencia
Editorial La Razón 15 Enero 2004

Es muy posible que haber pactado con los independentistas de ERC, y tener por ello que pagar una factura de proporciones aún desconocidas, sea una de las razones por las que el nuevo presidente socialista de la Generalitat catalana, Pascual Maragall, pidiese al presidente del Gobierno, José María Aznar, que las nuevas infraestructuras del Estado se volcasen en el eje Bilbao-Barcelona-Valencia, lo que supone cesar en los esfuerzos para incrementar la conexión entre la Comunidad Valenciana y el centro de la Península. La petición, que se hizo en el curso de la entrevista institucional que ambos mantuvieron recientemente en el Palacio de la Moncloa, ha ocasionado el lógico revuelo en Valencia, donde se clama contra Maragall y se interpreta, acertadamente, que acceder a sus peticiones sería tanto como situar a Valencia bajo una dependencia creciente de Cataluña y condicionar su crecimiento.

Hace bien el Gobierno en negarse a una petición impresentable que añade un nuevo foco para la división y, antes al contario, anunciar que se acelerará en lo posible la línea de alta velocidad entre Madrid y una Comunidad Valenciana que precisa de conexiones rápidas con el resto de España para que su puerto sea competitivo en el Mediterráneo. Valencia es, además, una tierra que ha demostrado un sorprendente y elogiable nivel de desarrollo en los últimos años. Y el hecho de que los grandes avances se hayan realizado precisamente bajo los sucesivos gobiernos regionales y nacionales del PP despierta más que recelos en el Ejecutivo valenciano. No en balde se recuerda que sólo tras la victoria de los populares se completó el cierre de la autovía N-III, y que sólo con el Gobierno popular se ha puesto en marcha de una vez un proyecto solidario de reparto del agua con el Plan Hidrológico Nacional que, por cierto, Maragall quiere detener.

Puede pensarse que el «honorable» Maragall hace bien en reclamar para Cataluña todo lo mejor, el mayor esfuerzo inversor posible del Estado. Pero eso es algo que nunca puede hacerse a costa de otros, y olvidar que el Gobierno de la Nación está obligado a velar por la cohesión interterritorial y a buscar el reequilibrio y la solidaridad entre las distintas Comunidades. Aunque si se tiene en cuenta que Maragall, y detrás de él el resto del PSOE, quiere precisamente acabar con este concepto de solidaridad, y exige para Cataluña una Agencia Tributaria propia y la parte del león de los ingresos generados por los impuestos que se destina a regiones más pobres, se entiende su apuesta por una política egoísta y nacionalista. Por otra parte, no deja de tener cierta coherencia que quien se apoya para gobernar en unos socios minoritarios que buscan la independencia, termine por compartir su estrategia de acumular riqueza antes de dar el salto. Los catalanes no merecen la torpeza de un Maragall que no hace más que despertar viejos recelos aldeanos y dar alas a quienes, desde los primeros planes de desarrollo de 1927, han visto una «mano negra catalana» en las actuaciones de un Estado que ha privilegiado a Cataluña.

Fiscalidad solidaria
Editorial ABC 15 Enero 2004

EL debate de las balanzas fiscales entre regiones está trufado de falacias y demagogia; se trata de una materia que requiere finura de análisis, acopio de datos, buen juicio y mejor intención; a falta de semejantes actitudes y aptitudes, y cuando se toman datos gruesos y burdos sazonados con prejuicios políticos, lo que sale es un bodrio. Esquerra Republicana ha montado su campaña política con la balanza fiscal al hombro y con el llanto por las cargas que soportan los catalanes a cambio de recibir muy poco. Y los demás partidos nacionalistas y el socialista han mordido el anzuelo y han entrado al mismo trapo. Tanto que han arrastrado al principal partido de la oposición a propuestas de rectificación del modelo de financiación autonómica que, cuando menos, son improvisadas, precipitadas y oportunistas.

Los datos disponibles sobre balanzas fiscales no son todo lo buenos que sería deseable, y desgraciadamente la información no abunda ni en cantidad ni en puntualidad. Esta semana hemos conocido las conclusiones del trabajo publicado por la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas) y dirigido por Julio Alcaide, uno de los economistas y estadísticos más reputados y con mayor conocimiento en esta materia. Para el año 2002 el trabajo considera las balanzas fiscales de todas las regiones y aprecia el efecto de solidaridad y reequilibrio de rentas que ha evitado que la sociedad española incurra en riesgos de dualización, tan dañinos en otras sociedades.

De los desequilibrios aparentes entre ingresos y gastos fiscales no se derivan perjuicios inmediatos para los que aportan y beneficios para los que reciben; ésa es una visión demasiado simple, incluso irresponsable. El reequilibrio de rentas beneficia a todos los componentes del sistema, sobre todo si redunda en un mayor crecimiento y en más estabilidad. Estimar como beneficio para los catalanes exclusivamente los gastos fiscales en su territorio es miope, porque otras infraestructuras cercanas también contribuyen a la prosperidad catalana. El trabajo de Funcas tiene la ventaja de aportar datos relevantes -no todos pero sí suficientes- para evitar algunas tonterías demagógicas.

El actual modelo de financiación, al margen de la singularidad foral, que incorpora elementos evidentes de insolidaridad por razones históricas, ha garantizado una eficaz cooperación interregional, fecunda para todos. Antes de tirar abajo el sistema merece la pena analizarlo con detalle y retocarlo con prudencia. Ésta no es materia para despacharla con lugares comunes y conclusiones tan apresuradas como poco fundadas.

La proposición de Ibarra
Jesús Neira es doctor en Ciencias Políticas La Razón 15 Enero 2004

Las tensiones del juego político al uso entre los partidos con frecuencia se combinan con posiciones relativas a aspectos centrales del sistema político actual. Ante un momento de un cierto estrés térmico propiciado por la proximidad de unas elecciones legislativas, cualquier reflexión u opinión respecto al funcionamiento del sistema electoral ¬como es el caso¬ traspasa el límite del objeto tratado para ser de inmediato piedra arrojadiza sobre quien haya tenido tal atrevimiento.

En el año 1997, en otoño, surgió un debate originado en torno a unas declaraciones de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidente de la Junta de Extremadura, y de Juan José Lucas, presidente de la Junta de Castilla y León. Ambos coincidieron, el domingo 19 de octubre, en declarar la necesidad de una reforma de la ley electoral con el objetivo de dificultar los resultados parlamentarios de los partidos nacionalistas. Ambas declaraciones venían inspiradas por el resultado del BNG en las elecciones gallegas.

Como es lógico, la respuesta nacionalista no se hizo esperar y, así, declaró Josep Antoni Durán Lleida que «los nacionalismos no se pueden eliminar por ley o por decreto» (21/10/97). La reacción fue en cadena. El presidente del Gobierno declaraba el día 20 que «el Gobierno no tiene ninguna previsión de hacer ningún cambio en la Ley Electoral» ( 21/10/97). El PSOE también especificaba su posición a través de su secretario general, quien en ese mismo día rechazaba «la posibilidad inmediata de proponer cambios en la Ley Electoral que hagan más difícil la representación de los nacionalistas» ( 21/10/97). También en aquel momento se publicaba la rectificación de Juan José Lucas al reconocer que había sido «fruto de una reflexión intelectual, nunca política, y mucho menos planteable en este momento» ( 21/10/97). Se volvía de esta forma a la situación anterior reflejada por las manifestaciones de José María Aznar y Francisco Álvarez Cascos, que tan sólo dos semanas antes habían rechazado una reforma de la Ley Electoral o de la Constitución por ser inoportuna (4/10/97). El asunto estaba cerrado aunque prosiguiesen apareciendo nuevas posiciones y ofrecimientos, como el que hacía tan sólo tres días después Alfonso Guerra (24/10/97) respecto de la Constitución y la Ley Electoral. Pero este tipo de manifestaciones no eran nuevas y se repiten con uno u otro alcance, con uno u otro instrumento, con insistencia desde que existe la situación de ausencia de mayoría absoluta.

Proposiciones de oferta de pacto para evitar las presiones de los socios nacionalistas, como las planteadas por José Bono, o reflexiones en torno a posibles reformas como las apuntadas por Alberto Ruiz-Gallardón, Luis Yañez o Diego López Garrido, en la primavera de 1997 (25/5/97), en las que se mostraban a favor de una reforma electoral tomando como norte el sistema mixto alemán.

Esta semana el presidente de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ha planteado de nuevo la conveniencia de efectuar un cambio en la Ley Electoral al objeto de evitar la presión de los partidos nacionalistas en el Congreso de los Diputados. Su propuesta apuntaba al establecimiento de un umbral del 5 por ciento en todo el territorio nacional para obtener representación en el Congreso. Esta iniciativa llegaba en tiempo de precampaña electoral, en período de tensión provocada por el Plan Ibarreche con su correspondiente respuesta del Gobierno a los nacionalismos, a las críticas contra el pacto de gobierno en Cataluña y a dos meses de unas elecciones donde puede presentarse un resultado que no alumbre una mayoría absoluta y en cuya circunstancia pudiesen ser decisivos los apoyos nacionalistas. En este marco político, la proposición de Ibarra ha provocado una multicolor crítica. Se puede objetar la oportunidad ¬principio propio de la acción política¬ cuando se puede llegar a depender de un partido nacionalista. También se podría señalar su incidencia sobre la crítica al pacto de Maragall con ERC. La oportunidad parece advertir un flanco débil, aunque el presidente extremeño ha explicado que se trataba de una iniciativa para debatir en la conferencia política. Sin embargo, la reflexión sobre la proposición de Ibarra empieza y acaba en la oportunidad. Se silencia de esa forma, no exenta de tosquedad, dosis demagógicas y falta de sensibilidad democrática en el fondo de la cuestión. El hecho de que un partido tras unas elecciones legislativas puede encontrarse sin la mayoría para gobernar y verse obligado a recurrir al concurso de los apoyos de partidos nacionalistas. La posibilidad ha sido una realidad ya conocida. Suárez en los setenta, González en 1993 y Aznar en 1996.

Quizá unas palabras puedan aclarar que Rodríguez Ibarra no es el único que haya mostrado preocupación por la influencia de los partidos nacionalistas sobre el Gobierno de España. Éstas por ejemplo: «Ha habido en ciento cincuenta años de historia más de ciento cincuenta cambios de jefe de Gobierno. Ése es el país que hemos recibido, ése. Un país cargado de inestabilidad, cuando vivía la libertad cargado de inestabilidad, y la inestabilidad no permite el progreso, no permite avanzar». Era una parte fundamental del discurso de Felipe González, cuando era presidente del Gobierno, en un mitin en la plaza de toros de Las Ventas el domingo 25 de octubre de 1992. Se trataba de un presidente del Gobierno en el ejercicio de su cargo y situado ante la perspectiva de la pérdida de la mayoría absoluta. Su advertencia y su opinión negativa sobre la posibilidad que se barajaba la volvía a reiterar públicamente. Aquel 25 de octubre se publicaba una entrevista en el diario «El País», realizada por Juan Luís Cebrián al entonces presidente del Gobierno, la entrevista que fue conocida como «El soliloquio». Pues bien, en ella afirmaba: «Debemos hacer una reflexión esencial, el elemento de complementación de mayorías que da solidez a un Gobierno no es sólo un factor de corrección de excesos del ego partidario, puede convertirse también en un elemento de desagregación territorial. En ese sentido atribuyo enorme importancia a las declaraciones de Pujol. ¿Cuánta disgregación puede producir la aceptación de un planteamiento como el suyo reciente? ¿Cuánta ingobernabilidad introduce, al margen de la aritmética de las mayorías? Si se habla de gobernabilidad hay que estar dispuestos a hacerlo por el Estado, no sólo por un territorio. El Gobierno ha de ser de España. (...) Tengo clara conciencia de que el único riesgo que el país vive no es de desagregación social, sino territorial».

Doce años nos contemplan y se prosigue en más de lo mismo. Para que no quepan dudas de que «la naturaleza de la política con frecuencia se impone sobre la razón», como apuntase Cicerón.

Rodríguez Ibarra ha dado en la razón, porque no es posible que una pequeña minoría se imponga sobre la mayoría. Ése es el núcleo del problema y no pequeñas e insignificantes razones aducidas para golpear al viento.

El problema central es el engarce entre la forma de gobierno parlamentaria (sobre base electoral proporcional) con la forma de Estado autonómica y sin límite constitucional por el art. 150.2 de la Constitución. Cuando no se posee la mayoría absoluta el precio de chantaje de la minoría nacionalista alcance el máximo. Ése es el problema que requiere solución.

No es adecuado imponer un límite a la representación nacionalista ¬ni a ninguna otra¬ en el Congreso, pero no es la cuestión decisiva. Puede efectuarse de tres maneras. Primera, por introducción de la división de poderes y elección directa del Gobierno (sistema presidencialista) que solventa de raíz todos esos problemas que observamos a diario. Segunda, por reforma de la Ley Electoral introduciendo el sistema uninominal por distrito (como en Inglaterra), manteniendo el parlamentarismo. Tercera, reforma del sistema electoral para introducir la doble vuelta (como en Francia). Las tres requieren reformar la Constitución. La fórmula Ibarra no es adecuada en los medios pero sí en el objetivo.

Que no se trata de eliminar ni reducir a los partidos nacionalistas, sino de impedir el uso antidemocrático del chantaje de la minoría a la mayoría para la elección del Gobierno. Las posibilidades de reforma permiten acabar con los problemas. Los hechos demuestran que lo que no existe es voluntad de solventar las dificultades. Tiene razón Ibarra, es un gran cinismo. Como dijese Juliano, «creo que los hechos tienen más poder de persuasión que las palabras».

Anasagasti y su guerra de la independencia
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 15 Enero 2004

DICEN los maliciosos que un país es independiente cuando sólo depende de los Estados Unidos. Existen ciertas almas cándidas que creen incluso en la

independencia de los Estados Unidos. Hay ciertos espíritus candorosos que creen en la independencia de los jueces, los auditores, los conductores de locomotoras de ferrocarril. Existen montones de ingenuos que están convencidos de la independencia de la juventud, de los filósofos, de los investigadores científicos. No faltan quienes sostienen que son independientes los banqueros, los homosexuales, los medios de comunicación. Por creer, hay quien cree en los horóscopos, los maleficios, las echadoras del tarot, el influjo de fetiches o el hechizo de los talismanes con la misma convicción con la que creen en el principio de Arquímedes, la ley de la gravedad, el teorema de Euclides, la velocidad del ADSL o la fecha de caducidad de los yogures.

Ni una sola de las condiciones que revelan la independencia, según los diccionarios, se cumple en los países, las instituciones, las personas. De la falta de dependencia ponen como ejemplo: "Haré lo que considere oportuno con independencia de lo que piensen los demás; el coche me da independencia y facilidad de movimientos; las antiguas colonias consiguieron su independencia después de una larga guerra." ¿Quién no depende de lo que opinen los demás con respecto a su trabajo o de lo que voten en función de sus ideas? ¿Alguien cree hoy que el coche da independencia y libertad de movimientos? ¿No dependen las antiguas colonias de sus sátrapas, dictadores o precios de las materias primas que les quieran pagar las potencias de las que se independizaron?

El portavoz del PNV en el Congreso, Iñaki Anasagasti, dijo ayer: "Que nos den de una vez por todas la independencia y dejaremos de ser un dolor de cabeza para Ibarra". Nunca había dicho tan claro que "su independencia" depende de que se la demos.

Que te expulse Atutxa
Iñaki Ezkerra La Razón 15 Enero 2004

Hay un sueño que ya jamás podré ver cumplido en toda mi vida por más que ésta se alargue: ser expulsado del Parlamento vasco por Juan María Atutxa. Sólo por haber sido digno de ese honor yo habría vendido mi alma al diablo y habría cambiado mi mesa y mi biblioteca por un escaño constitucionalista en esa fea cámara. Que te expulse Atutxa de ese hemiciclo del que nunca se ha expulsado a Otegi, y en el que se sentó tranquilo «Josu Ternera» hasta que lo reclamó la propia Policía, a mí me parece que supone el reconocimiento más alto y emocionante que puede recibir un demócrata en el País Vasco. Me parece, sí, un privilegio y la culminación de una carrera pública cada una de esas gloriosas expulsiones que en los últimos tiempos han padecido el parlamentario popular Iturgaiz o el socialista Ares y que ya serán irrepetibles porque sencillamente Atutxa se larga como un cobarde de la política. Me parece que es una especie de diploma que se puede guardar con orgullo para toda la vida, una condecoración que podrán exhibir a los nietos cuando les hablen de que hubo una vez un tiempo increíble y ominoso en España en el que el presidente nacionalista de un parlamento autonómico podía hacer lo que le diera la gana, desde echarte de tu escaño arbitrariamente hasta desafiar al Tribunal Supremo con una impunidad eufórica y matona.


Yo creo que nuestros parlamentarios constitucionalistas se tenían que haber levantado en bloque para seguir a esos dos expulsados. Yo creo que no son conscientes de la belleza y la dignidad de un momento así. Creo que no tienen perspectiva histórica; que no se dan cuenta de que la Historia está de su lado; que no saben que sentándose cotidianamente frente a esos energúmenos de la prole de Arana están haciendo Historia contra la barbarie y que toda «esta soledad será poblada un día», como dice el verso de Cernuda. Si la rutina del escaño y de pulsar el botón y hacer corrillos no hubiera apagado su fe se habrían puesto en pie y habrían seguido a sus compañeros.

Atutxa se va después de quitarse la máscara y acaba con mi sueño, con mi fantasía de ser expulsado de esa cámara como cuando los curas franquistas me echaban de clase y ya en la galería oía el silbido de algún otro expulsado de otro aula y se me abría el cielo de la aventura y de la libertad, la ilusión de perpetrar otra fechoría, otra insurrección contra aquel orden tedioso del reloj que aplazaba consciente la hora de la salida. ¿Atutxa, no se vaya! Yo quiero que usted se quede para sacarme del pupitre y de ese aula en la que se cuece el aburrimiento de las Lizarras a la tentadora intemperie, para expulsarnos a todos los vascos que no hemos perdido algo de la insolencia y la rebeldía de la niñez. Quiero oír, sí, el silbido cómplice del compa también maltratado, sentir el aire fresco de la galería

Ojo, que Mr. Bean nos quiere gobernar
Julián Lago La Razón 15 Enero 2004

Bien que los tiene colocados Ibarra, el cual dice lo que piensa, que es por lo general lo que el personal no hace, a mayor gloria de los partidos, del suyo propio mayormente. Es decir, que a las primeras de cambio uno de los «diez notables» con los que Zapatero pretende su aval electoral va y disiente sobre la redefinición del Estado en que está embarcado el PSOE con tal de tocar poder tras el 14 de marzo. Desde luego, si Maragall no hubiera alcanzado el pacto con Carod tengan ustedes la certeza de que Zapatero nunca hubiera liado la que está liando, que no es sino fruto de su debilidad.

Así que el presidente extremeño, por supuesto más socialista que Zapatero de aquí a Lima por biografía y principios, no se corta un pelo cuando aspira a parar los pies al ventajismo con que vienen jugando los partidos vascos y catalanes merced a la prima otorgada por la actual Ley Electoral en su representación en el Congreso de los Diputados. Para que todos nos enteremos, que si durante el proceso constituyente tuvo sentido ceder para integrar en un proyecto común a los nacionalismos históricos, tal cual están ahora las cosas no parece lógico mantener unas reglas de juego que benefician a quienes aspiran a hacer rancho aparte con un proyecto diferenciado, amén de insolidario como se ve.

De momento, digan lo que digan los independistas vindicativos, el centralismo madrileño, tan denostado él, aporta más solidaridad regional que cualquier otra autonomía, por muy histórica que sea, miren ustedes por dónde. De forma que, aunque luego se haya visto obligado a retirar su propuesta de reforma de la ley electoral, Ibarra ha tenido la lucidez y la honradez política más allá de los intereses de su propio partido también, al prever los riesgos que supone el revisionismo constitucional, que no persigue que España funcione mejor, que es lo que argumentan, sino sencillamente que no funcione, que no exista, a poder ser.

Así que a Ibarra, desde la coherencia constitucional, le asiste toda la razón del mundo en su intento de proteger la cohesión territorial ante tanto desvarío de los propios. O sea, que frente al «todo a diecisiete» de Zapatero, que dice el vicepresidente Arenas, el constitucionalismo habría de articular mecanismos de autodefensa, el apuntado por Ibarra o el que fuere, para que unos listos no sigan comiéndose el pan y, además, cagándose en el morral, dicho sea con perdón.

«Un país con diecisiete precios distintos para la gasolina nunca podrá funcionar», confesó al regreso de un exilio sufriente y reflexivo el molt honorable Tarradellas, temiendo que el desarrollo de las autonomías derivara hacia fórmulas cantonalistas y desagregadoras del Estado, que es con lo que ahora anda jugando Zapatero, el cual por cierto cada día se parece más a Míster Bean, cosa que es para empezarnos a preocupar. Y nos preocupa.

Vendaval Ibarra
MANUEL MARLASCA La Voz 15 Enero 2004

EL PROBLEMA no es si el presidente extremeño, Rodríguez Ibarra, piensa lo que dice por más que esté acreditado que dice lo que piensa; el problema está en que ha desencadenado un vendaval con su casi nonata propuesta (su líder Rodríguez Zapatero le ha mandado callar y el presidente extremeño disciplinadamente lo ha hecho) de debatir qué hacer con los partidos nacionalistas para lo que él propone que sólo obtengan representación parlamentaria aquellas formaciones cuyo número de votos suponga un mínimo de un cinco por ciento del total de votantes en el territorio nacional, como ocurre, por ejemplo, en la federal Alemania. Mira también Ibarra a la reforma del Senado para que, de una vez por todas, deje de ser Cámara de segunda lectura y se convierta realmente en lo que dice al punto 1 del artículo 69 de la Constitución: «de representación territorial», y en donde tendrían una cabida más razonable esos partidos nacionalistas.

Pero es que además Rodríguez Ibarra, con lo que unos llaman desparpajo aunque no es otra cosa que sinceridad -especie difícil de encontrar en un político-, cuenta, como diputado constituyente que fue, el acuerdo alcanzado para la redacción del artículo 68-2 de la Constitución: «La circunscripción electoral es la provincia», argumento definitivo para quienes huyen del debate y condenan sin más la propuesta del presidente extremeño. En aquellas inolvidables Cortes (1977/1978), en las que, además de Rodríguez Ibarra, también estaba -entre otros muchos- Xavier Arzalluz, se llegó al acuerdo de la provincia como circunscripción a condición de que los territorios históricos -fundamentalmente Euskadi y Cataluña- no reivindicaran el derecho a su autodeterminación. Y Arzalluz, por cierto, votó en contra de una propuesta del también diputado vasco Letamendía que pretendía incluir la autodeterminación de Euzkadi. «Quien ha traicionado ese acuerdo -decía ayer Ibarra a la cadena Ser- ha sido el plan Ibarretxe».

El problema sería entonces concluir si, en términos vulgares, tendrían que pagar justos por pecadores . Pero es que el presidente extremeño llega más lejos y pone el dedo en la llaga al recordar que todo ello ha desencadenado la aparición de partidos nacionalistas que acuden a las elecciones con el fin exclusivo de mercadear su voto para la investidura de un presidente del Gobierno de España, con lo que sacan provecho para sus respectivos territorios que, naturalmente, se traduce en un mayor apoyo en las siguientes elecciones y así sucesivamente.

Nadie duda de la contribución que a la gobernación del Estado han supuesto los apoyos en determinadas legislaturas de CiU y PNV -éste en menor medida que los catalanes-; pero nadie puede dudar tampoco que a cambio de ello han sacado importantes tajadas que, de alguna forma, alteran la solidaridad entre nacionalidades y regiones que integran la Nación española y que también es un mandato constitucional (artículo 2). Y no hace falta recordar lo que ha ocurrido en Canarias, Aragón e incluso Cantabria, que no son territorios con veleidades nacionalistas precisamente.

El vendaval está desencadenado, por más que Rodríguez Zapatero intente sofocarlo con silencios; mira por dónde pudiera resultar que el Parlamento que salga de las elecciones del 14 de marzo acabe teniendo algo de constituyente porque, con la que está cayendo por todos los lados, quizás haya que ir pensando en abordar la reforma de la Carta Magna, sin alterar ni un ápice la integridad de su artículo 2 que, antes de referirse a la solidaridad que he escrito en el anterior párrafo, dice que «la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles».

Ibarra y el tumor inoperable
Lorenzo Contreras La Razón 15 Enero 2004

Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha propuesto intempestivamente la extirpación de un tumor inoperable: el nacionalismo incrustado en el sistema, alimentándose de él mientras lo debilita, reduce sus defensas, desorienta su comportamiento y lo conduce inexorablemente a la confusión y la pérdida de su identidad. Gracias a ese tumor España, en nombre de un falso pluralismo, convierte su innegable diversidad en lastimosa dispersión, tantea tambaleantemente sus rumbos con un salvoconducto cada día menos válido llamado Constitución, anda por los desiertos interiores preguntándose y preguntando quién es ella misma, si España o algo que un día todavía no lejano se llamó así.

Esto lo han pensado y lo están pensando bastantes españoles, pero ya se sabe que cuando la madre está enferma, y enferma de cuidado, nadie habla de la enfermedad en voz alta. Procura que la noticia no llegue con demasiada claridad a los oídos de quien la sufre directamente. Pero puede ocurrir, y ha ocurrido, que haya un Jaimito dispuesto a descubrir lo que estaba descubierto. El indiscreto argumenta en el consejo de familia, a voz en grito, que es necesario operar. Entonces el jefe de la casa coge por el brazo al impertinente o inoportuno, lo lleva a un apartado salón y le revela, por si el indiscreto lo ignoraba, que no hay nada que hacer, que la cosa no tiene remedio, que el médico ya no acude a las llamadas y que ha aconsejado simplemente cuidados paliativos, mientras la enferma se extenúa.

El indiscreto impertinente, posiblemente el que mayor afecto le dedica, se modera, pero no se resigna. Todavía se atreve a proponer, ya en voz baja, remedios alternativos en los que nadie cree. Algunos aducen que la paciente es muy vieja, tiene siglos de edad, y en ese caso el progreso del cáncer es lento y además conviene que ella dure en ese estado porque hay asuntos familiares que ultimar y en los que su concurso es conveniente o indispensable.

Cuando la herencia se reparta ya habrá ocasión de rearmar el «puzzle», al menos según los optimistas. El impertinente de la familia, mientras tanto, murmura y maldice porque le consta que en la casa hay quienes piensan como él pero prefieren guardarse sus opiniones. Son los que él llama hipócritas. Tal vez necesita, como en muchos dramas domésticos, del psicólogo, cuyo consejo suele ser convivir con la desdicha. Y con la desdichada. El mayor psicólogo en los trances sin salida fue el torero que consideró imposible lo que no podía ser. El señor Ibarra, nuestro indiscreto nacional, no ha tenido en cuenta ese gran principio paliativo que es el diálogo, lo único posible que va quedando a mano, no porque se entienda la gente, sino porque se desencuentra con exquisita cortesía.

El incidente de Ibarra no se borra
Lorenzo Contreras Estrella Digital 15 Enero 2004

La falsa contricción de Rodríguez Ibarra, que no se ha arrepentido de lo que dijo cuando propuso la fórmula electoral para eliminar la presencia parlamentaria central de los partidos nacionalistas, sino que más bien ha actuado por atracción política, es decir, por miedo a reducir las posibilidades del PSOE ante las elecciones generales de marzo, sigue inspirando comentarios y suscitando estupefacción en los medios políticos. Los socialistas contaban con haber recuperado iniciativa en la precampaña electoral y, de pronto, como bien se sabe, el presidente de Extremadura apeló a la conciencia española —otros dicen españolista— del partido frente a la contaminación causada en el seno de la propia formación por los acuerdos de Maragall con el separatista Carod-Rovira y su vecino ideológico, Saura, constituyéndose así el “tripartito” gobernante de la Generalitat. Todo parecía haberse arreglado con la incorporación de Manuel Chaves, presidente del PSOE, a los postulados del PSC sobre la reforma estatutaria de las autonomías más o menos diferenciales, con la multiplicación de agencias tributarias y otros distanciamientos del poder central. Pero esta actitud de la Andalucía de Chaves, en plan de bombero de Zapatero por la vía de asumir un poco la línea de Maragall, a fin de cuentas socialista teórico, no había convencido a Rodríguez Ibarra, cuya incorporación al equipo de apoyo electoral del líder no le curó de sus actitudes antinacionalistas. El resultado ya se sabe cuál ha sido: en el seno de la opinión pública interesada por la política no se destierra fácilmente la sensación de que el PSOE está dividido y su briosa ofensiva de las últimas semanas ha quedado debilitada. La precampaña empezaba a prometer una mejora de la imagen socialista en punto a promesas electorales, sin tanto recuerdo de su contaminación nacionalista por vía catalana, cuando el presidente de Extremadura lanzó su famosa propuesta.

La situación ahora mismo es ambigua. Zapatero ha precurado silenciar a Rodríguez Ibarra y en parte lo ha conseguido. Sólo en parte. Luego, con la incorporación de Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo al puesto número 2 de la lista electoral de Madrid, ha procurado extender una cortina de humo sobre las divisiones del PSOE. La señora Cabrera, profesora de pensamiento político, es ilustre por sus saberes, pero es una ilustre desconocida, que no por su aportación, todavía no valorable, es capaz de distraer a la clientela socialista o al electorado indeciso del que hablan las encuestas. Zapatero ha cerrado una brecha en la lista de Madrid, donde ninguna mujer aceptaba la oferta para el segundo puesto. El líder estaba obsesionado por reservar a una fémina esta “colocación” y, finalmente, lo ha logrado muy a última hora, cuando lógicamente los observadores políticos se preguntaban qué ocurría con tanta dificultad para cubrir el hueco misteriosamente reservado a no se sabía quién.

El incidente provocado por Rodríguez Ibarra queda flotando en el ambiente socialista y electoral, del mismo modo que operan perjudicialmente para el partido y para Zapatero las alianzas de Maragall, las veleidades de Odón Elorza en el País Vasco y los elocuentes silencios de José Bono, ideológicamente primo hermano de Ibarra.

Cuando la bronca significa pluralidad
Miguel Ángel Rodríguez La Razón 15 Enero 2004

Dice Zapatero que el PSOE se parece a España por su «patriotismo, pluralidad y capacidad de consenso y de dialogo». Extraño modo de no llamar a las cosas por su nombre: la sensación que transmiten es que son patriotas de ninguna patria (o 17 regiones); tienen un lío interno que supera la definición de pluralismo; su capacidad de consenso se confunde con entreguismo, y el diálogo, por lo visto, consiste en llamar a Rodríguez Ibarra para ordenarle que retire una propuesta anunciada veinte horas antes. La bronca de los socialistas no es pluralidad: es lo peor que le puede pasar a un partido a dos meses de unas elecciones.

El ciudadano está dispuesto a votar quimeras, pero no divisiones. Si los primeros pasos del gobierno catalán están envueltos en discrepancia unida a contratos de familiares y amiguetes, y el mismo día de la presentación de las listas hay que defenderse de los ataques propios, mal sendero elegido por el PSOE. «Aquí no hay quien viva» ha sido una serie de televisión con mucho éxito, pero no queda mal de eslogan electoral. O, al menos, de definición de una suerte de camarote de los Hermanos Max, donde los responsables del diseño económico no se hablan, los del autonómico prefieren no discutir en público para no cambiarse de partido, la número 2 por Madrid podría ser igual la número 22, al cabeza de lista de Cantabria le reciben a puñaladas, los socios de gobierno en Cataluña dan peor trato a las víctimas del terrorismo que a los cómplices Y todo ha ocurrido de lunes a miércoles. Dos meses así puede ser mundial, a pesar de que tengan al PP escogiendo día del mes para presentar sus propuestas tan displicentemente como quien elige los calcetines por la mañana.

Falta de cohesión
Cartas al Director ABC 15 Enero 2004

Las declaraciones del presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ponen de manifiesto, una vez más, la falta de cohesión y unidad que sufre el PSOE.

La idea que expresaba el pasado lunes el presidente extremeño no debería ser considerada descabellada, ni una locura, como la han calificado los partidos nacionalistas, pues trata de situar a las formaciones nacionalistas o regionalistas en el lugar que les corresponde, es decir, en un Senado que sea cámara de representación autonómica, cosa que ahora no lo es. Tardó muy poco tiempo el señor Rodríguez Zapatero en criticar las declaraciones de su compañero de partido y anunciar que dicha propuesta no tiene cabida en el programa electoral socialista.

Pero de todo esto me quedo con las declaraciones de Rodríguez Ibarra al anunciar que retiraba su propuesta: «cuando alguien diga que el nacionalismo es un problema, le diré: usted es un hipócrita». Y es que son muchos los que piensan en el PSOE que no se puede criticar a los distintos nacionalismos existentes en España si luego se pacta con ellos para acceder al Gobierno de la Generalitat, o si se entienden con formaciones nacionalistas o cercanas al entramado de ETA para lograr Alcaldías en Navarra.

La postura del PSOE, además de ambigua e ilógica, es criticada de un modo indirecto por altos representantes de su partido, y muchos militantes socialistas piensan que, a estas alturas, sólo un milagro les puede salvar de otra debacle electoral.   Juan Ignacio Medina Muñoz.   Madrid.

La propuesta de Ibarra
Cartas al Director ABC 15 Enero 2004

En días pasados el presidente de la Comunidad extremeña y miembro del «Comité de Notables del PSOE» propuso y retiró, después de escuchar a compañeros del partido, una enmienda para que ninguna formación política que obtenga menos del 5 por ciento del censo electoral de toda la nación española pueda obtener diputados en el Congreso. Escuchando opiniones emitidas por la radio y leyendo las que publican los periódicos, se apuntaba que era «una barbaridad», que «así se eliminarían de golpe muchos partidos», y que era «un atentado contra las minorías».

Sin embargo, las encuestas de urgencia demostraron que una inmensa mayoría de los españoles sintonizaba en el fondo con el espíritu de la propuesta de Rodríguez Ibarra.La actual situación favorece de modo tan notable a quien se presenta sólo en algunas circunscripciones electorales que, con la mitad de votos, puede llegar a obtener el doble de escaños que otro partido de alcance nacional. Y no es cierto que, exigiendo alcanzar un mínimo del total del censo de electores en toda España, se eliminen los partidos minoritarios y regionalistas. Simplemente se verán obligados a agruparse en coaliciones con otros partidos regionales que se presenten en otras circunscripciones. Así conseguiríamos fomentar de algún modo la relación interterritorial entre estas formaciones centrífugas, que no es poco en el clima que se ha creado últimamente. No sé si mis reflexiones agradarán a quienes no quieren ser españoles, pero no es a ellos a quienes las dirijo.    Germán Suárez Blanco. 
Oviedo.

Idea apropiada en tiempos revueltos
Cartas al Director ABC 15 Enero 2004

Estoy seguro que la idea que propone el señor Juan Carlos Rodríguez Ibarra lleva dando vueltas en las cabezas de muchos españoles desde hace décadas en nuestra joven democracia.

El calado político de esta propuesta es innegable y sus consecuencias, profundas. A pesar de que muchos estaríamos de acuerdo con una medida similar para alejar del Parlamento nacional a los que quieren asesinar a España, no se nos escapa que la sociedad española no está aún preparada para una medida que, aplicada en tiempos revueltos para la democracia española, y no contando con una reflexión mínima y la adhesión generalizada de los dos partidos nacionales, no tiene visos de ser un éxito.

Interesante propuesta, aunque controvertida en el partido de las incoherencias. ¡Cuánto ganaría la tranquilidad de España sin intermediarios nacionalistas!  Javier García Fernández.  Madrid.

Problemas de verdad
Dan Gardner/Sunyvale. Estados Unidos Cartas al Director El Correo  15 Enero 2004

El año pasado, por motivos de trabajo, viví cuatro meses en Bilbao y cinco semanas en Barcelona. En las conversaciones que mantuve entonces con mis compañeros de trabajo, amigos y con el público en general percibí muchos de los asuntos que preocupaban a la gente: falta de viviendas asequibles, falta de trabajo para los universitarios, accidentes de tráfico, carencia de aparcamiento en casi todas las ciudades, delincuencia y un sinfín de otros problemas. Ni una sola vez, ni vascos ni catalanes mencionaron, en mi presencia, la necesidad de más autonomía, más libertad o más independencia. Y en ninguna ocasión oí hablar de la opresión del Estado español hacia las dos regiones. Por eso no salgo de mi asombro con los políticos nacionalistas, cuyo único discurso consiste en hablar de opresión o agravios y en exigir más competencias, incluso la autodeterminación y la independencia.

Yo me hago varias preguntas: ¿en qué mundo viven estos políticos que no se identifican ni tratan los problemas que de verdad preocupan a los ciudadanos? ¿Qué motiva que escojan estos asuntos? En caso de conseguir la independencia, ¿de qué manera resolvería eso los problemas que de verdad preocupan a la gente?


LLAMÓ "HIJOS DE PUTA" A LOS VOTANTES POPULARES
El PP de Badalona exige que se retire un premio otorgado a la escritora Maruja Torres
El ayuntamiento de Badalona ha concedido el premio "Ciutat de Badalona de Comunicació" a la escritora y periodista Maruja Torres. La decisión tomada por la alcaldesa del PSC, Maite Arqué, ha indignado al grupo municipal del PP que ha recordado una entrevista de la escritora en una con el Diario el Barcelonés, el pasado 30 de mayo, en la que calificaba a los votantes del PP de "hijos de puta que callan sabiendo que iban a votar a Aznar".
Libertad Digital  15 Enero 2004

Todo ocurrió cinco días después de las elecciones municipales y autonómicas del 25 de mayo. Los resultados demostraron que la guerra de Irak y las manifestaciones no habían mermado la bolsa de votantes del PP. La escritora y columnista de El País no lo soportó.

El 30 de mayo se publicó una entrevista en el Diario el Barcelonés. El periodista buscaba un titular pero quizá no lo esperaba tan contundente. El hecho de que los electores no castigaran al PP de Aznar incomodaba a Maruja Torres: "Estoy un poco revulsiva, lo que me molesta mucho es que la gente haya votado a Ana Botella", dijo.

Y refiriéndose a las manifestaciones contra la guerra, llegó la frase: "Al salir a la calle hemos demostrado que por cada millón de personas que se manifestaba existían cuatro millones de hijos de puta que callaban sabiendo que iban a votar a Aznar".

Ahora, tras la concesión de este premio, el presidente del Grupo Municipal del PP en Badalona, García Albiol, recuerda que la escritora ha faltado gravemente al respeto a los votantes del PP y exige que le sea retirado. Según un comunicado de este grupo, la decisión "es un hecho muy grave y provocativo que pone de manifiesto la poca talla política y moral de los integrantes de Badalona Comunicació, en especial de su presidenta, la alcaldesa de Badalona Maite Arqué. Por ello, exigimos a la alcaldesa que retire el premio y cese inmediatamente al gerente de la empresa municipal por higiene profesional".

La nota aclara también que "desde el PP no hemos criticado nunca a las personas premiadas y no nos ha importado su ideología política, pero esta vez nos sentimos insultados y menospreciados". El razonamiento con el que concluye la nota explica la reacción del PP de García Albiol: "Si yo fuera el alcalde de Badalona no permitirá nunca que el Ayuntamiento o una empresa pública otorgaran un premio a alguien que hubiera calificado de hijos de puta a los votantes del PSC-PSOE".

«No hablamos catalán, hablamos aragonés. Es una invasión para lograr la gran Cataluña que sueñan»
El presidente de la Federación de Asociaciones Culturales de Aragón rechaza el catalanismo de Iglesias
«No se es consciente en el resto de España y en el resto de Aragón de la presión catalanista que tenemos aquí. Son unos vecinos incordiantes. Verdaderamente es una invasión». Así de rotundo se muestra el presidente de la Federación de Asociaciones Culturales de Aragón Oriental, Ángel Hernández. El dirigente de la Federación explicó a LA RAZÓN la situación de acoso pro-catalanista que se vive en la «mal llamada franja oriental» de Aragón, principal perjudicada por la última iniciativa que retomó Marcelino Iglesias días atrás con la que pretende el que el catalán sea co-oficial en la zona.
Marcos S. González - Madrid.- La Razón 15 Enero 2004

El acoso pro-catalanista que se vive en municipios aragoneses como Fraga, fronterizos con Cataluña, generalmente queda eclipsado por la dramática situación que se vive en el País Vasco. Ello no impide que los ciudadanos se sientan totalmente desprotegidos ante la «invasión» que viven diariamente en pro de la catalanización artificial de su tierra.

La última iniciativa, partió del propio Gobierno socialista de Aragón, que aseguró a un medio que reactivará su antigua pretensión de hacer co-oficial el catalán en la «franja». Según explicó ayer a este periódico el presidente de la Facao, un organismo creado para «defenderse» de la «invasión», «nosotros no somos anti-catalanes, pero vivir en Fraga y sentir cómo te van presionando lentamente y con engaños para avanzar hacia los llamados países catalanes , es una jugada indecente».

Hernández aseguró que «aquí no hay catalano-parlantes. No hablamos catalán, hablamos aragonés», y afirmó que «están usando la lengua como herramienta para potenciar el concepto de Paises catalanes, que no es más que la gran cataluña que siempre han soñado».

Al ser preguntado por la influencia que ejerce el recién nombrado presidente de la Generalitat sobre estas políticas, aseguró que «en términos medievales, actualmente Marcelino Iglesias es vasallo de Maragall. Además, se preguntó «por qué el PSOE ha apostado por esos países catalanes que van contra la unidad de España ¿Simplemente por oponerse al PP?»

Por otro lado, el presidente de Facao explicó que «Aragón no puede pagar la cooficialidad de tres lenguas» y subrayó que «lo peor es que están apoyados por la Chunta, que para salvar su aragonés, (que hablan 3.000 personas en la montaña) está defendiendo el catalán en Aragón, lo que es el colmo de los colmos y constituye una auténtica traición». A pesar de todo, Hernández aseguró que «la gente aquí vive muy feliz como tierra de frontera, porque en realidad nunca hemos tenido fronteras. Las fronteras nos las están levantando los polítcos».
Asimismo, relató las técnicas «catalanizadoras» que al uso en la zona oriental de Aragón: «Vienen unos cuantos mercenarios de Cataluña asegurando que el aragonés es catalán y que hay que catalanizarse. Ahora estamos invadidos de «Casal´s» y asociaciones culturales que fomentan ese catalanismo». Y para demostrar las ambiciones catalanas, un ejemplo: «En la Enciclopedia oficial de Cataluña, pagada por la Generalitat, se dice que Fraga es Cataluña». «Empiezo a creer ¬concluyó Hernández¬ que a Iglesias nos lo han colocado desde ahí».

Valencia clama contra la ofensiva de Maragall
El presidente catalán pretende relegar la línea de alta velocidad Madrid-Comunidad Valenciana para adelantar la que uniría Bilbao con Barcelona y Valencia Zaplana se niega a aceptar los planes del socialista y rechaza la idea
El portavoz del Gobierno, Eduardo Zaplana salió en defensa de la línea de alta velocidad que unirá la Comunidad Valenciana con Madrid y aseguró que es una prioridad para el Gobierno del Partido Popular. Como presidente del PP en la Comunidad Valenciana, criticó la actitud del presidente Maragall ya que pretende que se retrase esta línea ferroviaria para dar preferencia a una, que ni siquiera aparece aún en los planes del Ministerio de Fomento, que servirá para comunicar Bilbao con Barcelona y Valencia. Las organizaciones empresariales valencianas también criticaron la postura del presidente catalán puesto que la Comunidad Valenciana sigue siendo el principal puerto de la capital de España.
A. Martí - Valencia.- La Razón 15 Enero 2004

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Pasqual Maragall, empeñado en fomentar todos los ejes ferroviarios de comunicación excepto los radiales, declaró tras la entrevista que mantuvo con el presidente del Gobierno, su deseo fomentar una línea Bilbao- Barcelona- Valencia en lugar de la alta velocidad entre Madrid y la Comunidad Valencia para acabar con lo que él denominó «un mapa de España centrípeto» y fomentar mediante la alta de velocidad el eje mediterráneo y el enlace con el Cantábrico mediante el eje del Ebro.

Fuentes consultadas por LA RAZÓN confirmaron que el propósito de Maragall es que el Gobierno retrase la construcción del AVE Madrid- Comunidad Valenciana, que ya se está construyendo, y que desvíe la inversión al que comunicará Barcelona con Valencia y Bilbao. La línea que pide Maragall ni siquiera está diseñada en el Plan de Infraestructuras del Ministerio de Fomento que tiene como horizonte el 2007. La red ferroviaria de alta velocidad conectará Tarragona con Pamplona y Logroño, pero no llega hasta Cantabria ni hasta el País Vasco. Estas indicaciones expresadas ante José María Aznar por parte del presidente de la Generalitat de Cataluña, han provocado la reacción de Eduardo Zaplana, en su doble condición de miembro del Gobierno y de presidente del Partido Popular en la Comunidad Valenciana.

El Gobierno seguirá un ritmo acelerado para la entrada en funcionamiento del Tren de Alta Velocidad entre Madrid y la Comunidad Valenciana, según afirmó el pasado martes con rotundidad su portavoz, Eduardo Zaplana, durante la Convención del PPCV «Ocho años de trabajo bien hecho» en Mislata. Zaplana añadió que el presidente de la Generalitat de Cataluña, Pascual Maragall, no logrará su objetivo de frenar ese proyecto a favor de otras líneas y recordó que era en época de los gobiernos socialistas cuando se discriminaba a otras comunidades, entre ellas a la Comunidad Valenciana.

El ministro criticó a Maragall por proponer proyectos que influyen negativamente en otras regiones que no sean la catalana y aseguró que «nosotros siempre hemos defendido el progresos de todos, y muy especialmente de Cataluña».

En este sentido, advirtió que mientras los socialistas tenían un modelo en todos los ámbitos, como específicamente había explicado Maragall, que consiste en primar a unos territorios sobre otros, el modelo de infraestructuras del PP es un Plan que vertebra y trata de forma equitativa a todos los territorios por igual. Insistió en que «si sigue gobernando el Partido Popular el AVE a Valencia seguirá siendo una prioridad», algo que no parece tan seguro si es el PSOE quien accede al Gobierno, ya que parece que «Rodríguez Zapatero está en la estrategia de decir y hacer todo aquello que le propone el señor Maragall».

El ministro portavoz añadió que también otro plan solidario y que vertebra, el Plan Hidrológico Nacional, es una prioridad para el Gobierno del PP. «Y Maragall no podrá parar una infraestructura solidaria que beneficia a todos y no perjudica a nadie».

Silencio en el PSPV
En este sentido, el ministro portavoz mostró también su insatisfacción por el silencio de los socialistas valencianos y de su jefe, Joan Ignasi Pla, que parece necesitar el permiso de su correligionario catalán para actuar a favor de los intereses valencianos y subrayó que «así lo ha demostrado con su oposición al Plan Hidrológico Nacional, su apoyo a la idea de la euroregión bajo control catalán y ahora su mutismo en el asunto del AVE».

Los empresarios valencianos, a través de la Confederación de Organizaciones Empresariales de la Comunidad Valenciana, aseguraron que defienden las dos líneas por igual, ya que todas son importantes para la Comunidad. Más contundente fue el presidente del Consejo de Cámaras de Comercio de la Comunidad Valenciana, Arturo Virosque, quien calificó de «provinciana» la política de Maragall en contraposición con la «cada vez más internacional de nuestra autonomía». A juicio de Virosque, la propuesta de los socialistas catalanes intenta paralizar el desarrollo de la Comunidad Valenciana. «La única manera de pararnos es hacernos la vida imposible porque en el fondo nos tienen miedo. Ven cómo los empresarios catalanes se están trasladando aquí y por eso piden tonterías como la de retrasar el AVE a Valencia y por eso son cada vez más provincianos».

DETENIDOS EN VALENCIA Y LA RIOJA
Procesados dos colaboradores de Al Qaeda por financiar la red a través de sus empresas
El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno ha procesado a dos presuntos colaboradores de Al Qaeda detenidos el pasado marzo en Valencia y Logroño, Enrique Cerdá y Ahmed Rukhsar. En el auto se explica que a través de sus empresas en España, los procesados financiaban a la organización terrorista.
EFE Libertad Digital   15 Enero 2004

Según informaron fuentes jurídicas, el magistrado también ha procesado por colaboración con banda armada al huido Essa Ismail Muhamad, alías "Isa de Karachi" y "Mohamed Essa", contacto del considerado número 3 de Al Qaeda, Khalid Sheik Mohamed, arrestado el 1 de marzo del pasado año en Pakistán.

El juez comunicó este miércoles a Cerdá y Rukhsar su procesamiento en una comparecencia en la que ambos negaron todos los hechos que se les imputan.

El auto de procesamiento señala que Cerdá, a través de su empresa "Hispania de Calcomanías", dedicada a la fabricación de baldosas, "mantenía relaciones financieras con el militante Essa Ismail Muhamad", quien de este modo percibiría dinero del empresario valenciano en efectivo, talones, cheques o pagarés en blanco.

La existencia de "Isa de Karachi" fue conocida después de que se encontrara una carta suya en poder de Walid Nawar, hermano del terrorista suicida que el 11 de abril de 2003 perpetró un atentado en la sinagoga de Yerba (Túnez) y que fue detenido a principios de noviembre de ese mismo año en Lyon (Francia). La misiva iba dirigida al "kamikaze", Nizar Nawar, y en ella le decía que pidiera 5.000 euros a Cerdá.

La relación directa con "Isa de Karachi" llevó supuestamente a Cerdá a mantener una relación indirecta con el presunto número tres de Al Qaeda, quien presuntamente dio instrucciones a Nizar Nawar para que estableciera contactos telefónicos con el empresario valenciano, lo que, al parecer, hizo a través de su hermano Walid en repetidas ocasiones.

A Khalid Sheik Mohamed le fueron intervenidos tras su detención los números de teléfono de Cerdá, Karachi, los hermanos Nawar y de Daniel Morgengg, estos tres últimos presuntamente implicados en el atentado de Yerba en el que cerca de una veintena de personas perdieron la vida.

Respecto al detenido en Logroño, Ahmed Rukhsar, el juez destaca que regentaba el locutorio "New Lagpal", cuyos movimientos económicos ascienden a 2.677.097 euros parte de los cuales podrían haber sido enviados a Al Qaeda para su financiación.

En este mismo auto, el juez exculpa de la imputación de colaboración con banda armada a la hermana de Cerdá, María Dolores, administradora única de la empresa familiar "Hispania de Calcomanías".

Las detenciones de procesados fueron practicadas en el marco de una comisión rogatoria cursada por el juez antiterrorista francés Jean Louis Bruguiere al parecer los nombres de alguno de ellos entre la documentación incautada a ocho personas detenidas en Francia por su presunta relación con el atentado de Yerba, entre ellos Walid Nawar, su tío Mohamed Fethi Nawar y un amigo de la familia, Tarek Hdia. Gran parte de los indicios que existen contra Cerdá y Rukshar han sido obtenidos por la Guardia Civil a través de diversas intervenciones telefónicas.

El PP atribuye al nacionalismo la marcha de 14.000 jóvenes de Bilbao
O. BARRIUSO/BILBAO El Correo 15 Enero 2004

El PP alertó ayer de las consecuencias negativas que el plan Ibarretxe podría tener para Bilbao e ilustró su advertencia con un dato tomado del Instituto Nacional de Estadística: en los últimos cinco años, ya antes de la aplicación del proyecto del lehendakari, se han marchado de la capital vizcaína un total de 14.332 jóvenes con edades comprendidas entre los 25 y los 34 años.

El portavoz popular en el Ayuntamiento bilbaíno, Antonio Basagoiti, lamentó que esté abandonando la ciudad la juventud «mejor preparada», ya que las cifras del INE indican que el 44% de los bilbaínos que se han dado de baja en el padrón -no se especifica su destino- tenían el bachiller o un título superior. En su opinión, este dato es revelador de la «preocupante» situación económica de Bilbao, que, según dijo, es «susceptible de empeorar» si finalmente se aprueba el plan. «Más jóvenes pueden irse y puede haber más paro», alertó.

«Fuga» de bilbaínos
Basagoiti está convencido de que esta «fuga» de bilbaínos no debe atribuirse sólo a los problemas de vivienda y empleo, sino también al rumbo marcado por el nacionalismo en los últimos tiempos. Según subrayó para apuntalar esta teoría, ninguna otra ciudad española registra un porcentaje similar de bajas en el padrón juvenil, que en Bilbao se incrementaron en un 30% en 2002 respecto a los cuatro años anteriores.

Los populares consideran que el Consistorio bilbaíno no puede seguir «mirando hacia otro lado» ante esta situación, por lo que presentarán una moción ante el Pleno en la que le instan a debatir «el alto coste económico y social» del plan Ibarretxe para Bilbao. Según su análisis, es la ciudad vasca «más afectada» por la iniciativa, ya que allí se ubican «las principales empresas vascas y algunas españolas», a las que el proyecto «ahuyentaría».

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