AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 17 Enero 2004
El miedo y la complicidad con los presos de ETA
EDITORIAL Libertad Digital  17 Enero 2004

DECISIÓN CONSTITUYENTE
BENIGNO PENDÁS ABC 17 Enero 2004

PNV, INQUIETANTE FUTURO
Editorial ABC 17 Enero 2004

Una buena noticia
Editorial El Ideal Gallego 17 Enero 2004

El techo electoral de Ibarreche
Editorial La Razón 17 Enero 2004

Sí aprobaron la Constitución
José Antonio Vera La Razón 17 Enero 2004

Ilegal sin paliativos
Editorial Heraldo de Aragón 17 Enero 2004

LA RAZÓN DEL BELLOTARI
Jaime CAMPMANY ABC 17 Enero 2004

Matonismo en la Generalitat
José Clemente La Razón 17 Enero 2004

Zapatazo a la cultura
Pío Moa Libertad Digital  17 Enero 2004

¡Tiembla, Corea!
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  17 Enero 2004

El Constitucional avala por unanimidad al TC y confirma la deslegalización de Batasuna y HB
Josefa Rodríguez - Madrid.- La Razón 17 Enero 2004

Empresarios «afines» han pagado a ETA dos millones de euros en dinero y bienes
J. Rodríguez - Madrid.- La Razón 17 Enero 2004



 

El miedo y la complicidad con los presos de ETA
EDITORIAL Libertad Digital  17 Enero 2004

Que ETA provoque miedo, incluso entre los responsables del orden y la seguridad del Estado, es mera tautología. Ahora bien, cuando el miedo a los terroristas, en lugar de ser superado, lleva a la autoridad pública a sentirse esclavo o simplemente condicionado por él, sólo cabe una salida: la dimisión del cargo.

No parece esta, sin embargo, la vía escogida por el director de la Prisión de Villabona (Asturias), quien, según ha denunciado la Agrupación de los Cuerpos de Instituciones Penitenciarias (ACAIP), ha ordenado la retirada de un escudo de España del módulo de aislamiento del centro, a consecuencia de las “quejas” de los ocho presos de ETA que cumplen condena en el mismo. El escudo que tanto daña la “sensibilidad” de los etarras fue confeccionado a principios de año por algunos internos del taller de cerámica de la prisión como parte de sus tareas de rehabilitación. La “rehabilitación” de los etarras parece consistir en poder impedirlo.

Lo que añade gravedad al asunto es que, según la denuncia de ACAPI, la dirección del centro permite a los internos de ETA tener en sus celdas "todo tipo de símbolos y estandartes propios de su ideología". Habrá que investigar si entre ellos figuran anagramas de ETA u otros que justifiquen o enaltezcan su actividad, porque lo que ya sería el colmo es que, además del doble rasero, los etarras pudieran seguir en una cárcel perpetrando delitos de terrorismo —concretamente, los de apología contemplados en el artículo 578 del Código Penal— con el consentimiento del director del centro.

En cualquier caso, la actitud del director de la cárcel constituye uno de esos escandalosos ejemplos de cómo las víctimas del terrorismo pueden seguir sintiéndose ultrajadas por culpa del miedo que muchos tienen a sus verdugos. Otro repugnante ejemplo de agravio, lo constituye el artículo que ha publicado el consejero de Justicia vasco, Joseba Azcárraga, nada menos que en el diario Gara. Por si fuera poca advertencia aquella de McLuhan de que “el medio es el mensaje”, Azcárraga arremete a través del diario proetarra contra las asociaciones de víctimas del terrorismo, a las que acusa de ser “vengativas” y “sedicentes demócratas” por haber protestado contra la audiencia que el presidente del Parlamento catalán, el independentista Ernest Benach, ofreció a una asociación de presos de ETA.

Azcárraga también acusa a las víctimas de estar “conectadas a un interés electoral muy concreto que se empeña en querer identificar nacionalismo vasco con violencia”. Vamos, como si los etarras no fueran nacionalistas y no asesinaran en nombre del nacionalismo; como si no fuera el propio Azcárraga quien, en ese mismo artículo, habla reiteradamente de “presos vascos” y no “de ETA”

Cuando un director de prisiones se somete a las presiones de los presos y un consejero de Justicia sale en defensa de los mismos arremetiendo contra sus víctimas es síntoma de que algo no funciona. Y evidentemente no nos referimos a las cabezas de los etarras.

DECISIÓN CONSTITUYENTE
Por BENIGNO PENDÁSProfesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 17 Enero 2004

PASA algo raro. Vienen elecciones y conviene disimular: por eso todos los partidos, aunque a ritmo diferente, exhiben programas y anuncian ofertas. Pero la gente habla casi de un referéndum sobre la forma de organización territorial y la propia idea de España. Se intuye la inquietud sobre el futuro de la Constitución, oculta bajo una montaña de actos institucionales o de artículos (algunos muy buenos) que glosan sus virtudes. Se palpa la decepción, el pesimismo incluso. Condenados a soportar una carga abrumadora, los españoles nunca tenemos tiempo para disfrutar del éxito colectivo. Contamos con una Constitución más que aceptable, una fuerte sociedad de clases medias, una economía próspera. Rozamos ya la calidad de vida de los países más ricos. Ganamos a muchos de largo en infraestructuras modernas. Nada es suficiente. Los nacionalistas son cada día desleales y se adivina un nuevo ciclo de privilegios a cambio de que no rompan la baraja hasta la próxima generación. Ya se sabe que todo esfuerzo inútil conduce a la melancolía. Pero también a la irritación. ¿Qué más podemos hacer?, se pregunta mucha gente sin esperar respuesta razonable. ¿Qué hacemos con España? Habrá que hacer, como corresponde en democracia, lo que decida el poder constituyente.

De momento, faltaría más, no hay que prestar oídos a ciertos histriones que dicen ser influyentes: ni el régimen de 1978 está «agotado» ni hay nada que negociar sobre el núcleo duro de la norma fundamental. Son tipos poco fiables estos agoreros que pasan por españolistas pero se ocupan de asegurar el puesto a cambio de concesiones. El egoísmo insaciable no se remedia con tibieza moral, sino con un mensaje rotundo de firmeza democrática. El político sensato debe tener en cuenta el hartazgo de la gran mayoría. El mensaje dice, en el mejor de los casos: «esto es lo que hay» y «hasta aquí hemos llegado». La España constitucional (moderna, abierta, tolerante, inserta con plenitud en el mundo contemporáneo) es producto de un milagro histórico-político que nadie nos va a estropear. Queremos ser libres bajo el imperio de la ley, compartir éxitos y fracasos con el Espíritu de la Época, disfrutar del mejor momento de nuestra historia desde hace siglos. España, sujeto constituyente único, tiene muy claro el futuro: el marco actual es más que suficiente para garantizar con holgura los derechos y las aspiraciones de todos. Escuchad a la gente. En voz alta o en voz baja, casi todos dicen lo mismo, sea cual sea su opción ideológica y -aunque parezca sorprendente- su lugar de residencia.

Nuestros nacionalistas domésticos mezclan sin pudor un conflicto «divisible» con otro «indivisible», términos al uso en la Teoría Política. Me explico. Los primeros son conflictos de intereses: aislados de su contexto, resultan propicios al acuerdo. Los segundos afectan a la identidad y no admiten solución por compromiso. Veamos el panorama. PNV y asociados, seguros del privilegio, buscan el choque frontal. Se llama Plan Ibarretxe y sobre este punto está dicho casi todo. Ahora juegan a ganar semanas, mientras colocan a los peones adecuados para la hora de negociar. Es la estrategia de moda. Palomas comen halcones. Tiempo para «moderados». Salida, más o menos digna, para «crispadores» y análogos. Por su parte, Esquerra Republicana lo mezcla todo: no quieren ser españoles (conflicto indivisible, aunque absurdo) pero se conforman con más dinero (asunto divisible y contable por naturaleza). ¿En qué quedamos? Importante la deriva de Convergencia i Unió. Cuidado con el «síndrome de Rusia Unida» y otros partidos que sólo existen para el poder. Cruel paradoja para la burguesía catalanista. Cuando se atizan rescoldos y esparcen semillas... gana el premio un «parvenu», en sentido literal. Estos republicanos son «gentes nuevas», ajenas al legado carolingio, la montaña mágica de Pujol y la empresa familiar. Todavía se sienten incómodos si la cita se concierta en el Ecuestre. Pero una vez en el cargo, la desazón dura poco. Lección de Sociología: léase el gran libro de R. Syme sobre la revolución social romana en la era de Augusto. Lección de sabiduría política, a cargo, cómo no, de Maquiavelo: «quien favorece el poder de otro, labra su propia ruina».

El Partido Popular ganará las elecciones, tal vez por mayoría absoluta. Motivo principal, no hay que engañarse: la defensa convincente del modelo constitucional en sus términos actuales. Todo partido serio debe contar con un programa riguroso pero no se debe magnificar su importancia a la hora de ganar adeptos. Hay más voto por sentimiento que por interés, aunque no guste a los «materialistas de todos los partidos», valga el remedo de Hayek. Ya decía Aristóteles que la clase media quiere un régimen estable. Ahora mucho más, porque a sus firmes valores de siempre añade una prosperidad desconocida. Su anclaje cívico y moral deriva de una cierta idea de España, un patriotismo sencillo y natural, a veces un poco primario para las mentes selectas. Parecía durante años que su expresión pública estaba mal vista. Pero está y estará vivo y latente, por la razón muy poderosa de que España no existiría sin ese sentimiento. Que no se equivoquen los analistas sesudos. No es fascismo, ni nostalgia del pasado, ni vale apelar al mito de la caverna. Existe en todas las naciones serias. Véase la clase media inglesa: Britania y utilitarismo. O la francesa: la República y su soberanía. O la de Estados Unidos: americanismo y democracia. Así todas. Al dirigir su mensaje a la clase moderada, los populares aciertan a renovar la Constitución histórica. Rajoy lo apuntaba con su genuina prudencia en algún discurso reciente. ¿Lo entienden los socialistas? Parece que no, al menos todavía. El secreto de la democracia consiste en construir mayorías y no en la yuxtaposición de minorías. Es lícito, puede incluso ser justo, atender reivindicaciones laterales. Pero el régimen constitucional se mide por la regla, aunque admita la excepción. Eso se llama ahora «la lucha por el centro». El PSOE lo acepta sin rodeos en su programa económico. Hace falta quizá un nuevo fracaso para que el mismo criterio se extienda a otros sectores, tanto y más sensibles a la hora del voto.

Los «idus» de marzo, novela excepcional de Th. Wilder, más apropiada que nunca: «¿qué significa esta posición para mí y qué requiere de mí?», se pregunta César al llegar su gran momento. Nunca se debe ignorar la voz del pueblo. Hay que aceptar el mandato del poder constituyente, esto es, la Nación española en uso de su soberanía. España necesita con urgencia abrir una ventana y que entre aire fresco. Renovada la voluntad del pueblo español en la elección-referéndum del 14 de marzo, los dos grandes partidos tienen que dar por cerrada «sine die» la estéril disputa sobre la vertebración territorial. Con seguridad en sí mismos, convicción y claridad de ideas. Sin ocurrencias extrañas, tales como excluir al adversario a base de porcentajes. También con sentido común y formas exquisitas para preservar el carácter dialógico de la política democrática. Pero basta, por favor, de la discusión eterna, porque el aire está enrarecido y nos podemos ahogar sin remedio. Esperan tareas apasionantes. Alta política internacional. Europa, ampliación y tratado constitucional. Consolidar el bienestar. Ordenar la inmigración. Rehacer la Universidad. Promover la investigación. Llegar a tiempo a las nuevas tecnologías. Actuar con decisión en materia de vivienda y de familia. Hacer una televisión digna. Atraer a los jóvenes hacia el arte y la cultura. Vivir. Sencillamente, vivir. Liberar a los mejores de la carga insufrible de contestar cada día a Ibarretxe o a Carod. En pocas palabras: llegar a ser lo que somos, siguiendo el consejo intemporal de Píndaro.

PNV, INQUIETANTE FUTURO
Editorial ABC 17 Enero 2004

ES posible que el nacionalismo vasco no midiera bien las fuerzas propias y ajenas cuando plantó al Estado con la propuesta soberanista de Ibarretxe. Incluso es posible y hasta probable que creyera erróneamente en la inmutabilidad de las condiciones políticas que le han asegurado durante años la hegemonía que ya le matizaron sensiblemente las urnas en 2001. Y, lo que es peor, es posible que pensara que la sociedad vasca estaba definitivamente aprisionada por el chantaje del terrorismo y dispuesta a ceder su diversidad al monolitismo nacionalista a cambio de un sucedáneo de paz. Todo esto posible a la vista del último sondeo del Euskobárometro, que refleja una imagen bien distinta de la que debían esperar los nacionalistas, pero tampoco totalmente inesperada. El sondeo traslada a las urnas el sentimiento de los vascos hacia el plan del lendakari y los efectos de la ilegalización de Batasuna, confirmada ayer mismo por sentencia del Tribunal Constitucional. Ninguna de estas variables acrece la posición nacionalista, pues el resumen final del sondeo coloca a los partidos no nacionalistas -PP y PSE, ninguno penalizado por su oposición al plan soberanista- a un escaño de la mayoría absoluta. La participación prevista sería del 70 por ciento, por debajo de las elecciones de 2001, pero significativa en una encuesta sin plazo electoral abierto. Por eso el nacionalismo sólo puede observar con preocupación que su propuesta de libre asociación no ha sumado adeptos nuevos, algo que ya sabía por otros sondeos previos, cuyo rigor nadie ha cuestionado, incluso por las elecciones locales de mayo pasado. Tampoco ha movilizado a una izquierda abertzale que se está moviendo entre la abstención -efecto de su derrota política y legal a manos del Estado- y el refugio en segundas marcas, como Aralar.

La ansiada mayoría absoluta en el Parlamento de Vitoria no aparece, y algún indicio habría de tener ya el nacionalismo gobernante tras los ímprobos esfuerzos realizados para convencer a la sociedad vasca de que su plan es la llave de la paz y de que no hay solución al conflicto que no sea aumentar la dosis nacionalista diaria. Pero al PNV siguen sin creerle los que no le creían y sus opciones siguen estando en el peor sitio: en manos de ETA y de Batasuna. La posible suspensión del proceso parlamentario del plan soberanista y la insistencia de ETA en forzar una candidatura abertzale conjunta para las generales del 14 de marzo -opción descartada por el PNV- mantienen la estrategia nacionalista vinculada a la izquierda proetarra. Primero, en el Parlamento, pues aunque el tripartito presidido por Ibarretxe transforme el plan en proposición de reforma estatutaria para regatear la suspensión que decida el TC, la mayoría absoluta siempre requerirá el concurso de los siete diputados del disuelto grupo Socialistas Abertzales. Después, también harán falta en las calles y en las urnas, pues el crecimiento electoral del nacionalismo sólo puede venir de los afluentes de ETA.

Hasta ahora, el PNV ha saldado sus fracasos y deslealtades con absoluta impunidad política, porque nadie le exigía responsabilidades y siempre había quien le salvara la cara. Si persiste en consumar el que ahora representa el plan Ibarretxe y no se repiten los mismos errores, es posible que el País Vasco ofrezca una oportunidad histórica a populares y socialistas, que sólo podrán aprovechar en común.

Una buena noticia
Editorial El Ideal Gallego 17 Enero 2004

No quedaban dudas, pero por si alguien las tenía, el Constitucional, por fin, ha actuado y, con el rechazo por unanimidad al recurso presentado por Batasuna contra su ilegalización, confirma que la decisión inicial encaja perfectamente en el marco jurídico español. Ahora a los radicales vascos les queda como última posibilidad acudir al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Es de suponer que no lo harán, puesto que el caso de Batasuna es similar al que se produce en todos los países de Europa con los partidos que dan cobertura ideológica a grupos terroristas y los asesinos jamás han despertado la simpatía de quien vela por los derechos fundamentales. Ésta es una buena noticia que, además, coincide con un gesto que demuestra la desesperación que padecen Otegi y los suyos. Los batasunos urgen a los nacionalistas para que formen una coalición electoral de cara a las generales. Se apoyan en la insistencia de ETA, que en un acto hasta ahora inédito, ha reenviado el comunicado en el que se mostraba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para que cristalizara la candidatura única de los vascos independentistas. Y, obedientes y en rápida respuesta a la voz de su amo, los integrantes de la disuelta Batasuna se aprestan a pedir la unión. Lo hacen, según sus palabras, para atender la demanda mayoritaria de la sociedad. Ignoran, seguramente de forma intencionada, el resultado del Euskobarómetro que señala que si mañana se celebran elecciones en el País Vasco Partido Popular y socialistas obtendrían la mayoría absoluta de los votos.

El techo electoral de Ibarreche
Editorial La Razón 17 Enero 2004

La radiografía de intención de voto en el País Vasco mostrada por el último «euskobarómetro», el sondeo independiente que elabora un equipo dirigido por el catedrático de la UPV Francisco J. Llera, indica que el nacionalismo vasco ha topado ya con su techo electoral y que la suma de PNV-EA, ni siquiera con los batasunos fuera del panorama electoral y el miedo aún falsificando la intención de voto, son capaces de alcanzar la mayoría absoluta en las urnas.

El sondeo pronostica además el crecimiento de la bolsa electoral del PP y UA, que obtendría tres escaños más. Prácticamente los mismos crecería el PSE, aunque con algún escaño en duda con el PP o IU, según las zonas. Para IU-EB se pronostican tres o cuatro escaños, mientras que el voto proetarra que supuestamente se acogería en las listas de Aralar, dado el origen batasuno, aunque escindido, de su líder, se reduciría a un simple escaño. Hay, sin embargo, que tener muy en cuenta que los responsables del sondeo de la Universidad del País Vasco expresan «las especiales dificultades» con que se han topado sus encuestadores y que les llevan a considerar que, por el tipo de respuestas recogidas, la intención de voto declarada tiene un sesgo favorable al nacionalismo y hace pensar en la existencia de un gran voto oculto para los constitucionalistas.

En cualquier caso, los datos de que pueda disponer el Gobierno vasco no deben diferir de los obtenidos por la Universidad, y así se entiende mucho mejor que el PNV no quiera ni hablar ahora de una candidatura única como la que proponen los etarras, que en el mejor de los casos podría beneficiarle con algún escaño por la izquierda, pero perder mucho más por el ala moderada de su electorado. Y hay otro análisis que se desprende de este «euskobarómetro», la oportunidad que puede esperar a PP y PSOE, si es que son capaces de tranquilizar e ilusionar al electorado. Todo ello suponiendo que los largos dedos del PNV no estén detrás de la operación para justificar determinadas alianzas.

Sí aprobaron la Constitución
José Antonio Vera La Razón 17 Enero 2004

Hay mentiras que a fuerza de repetirse acaban calando en los ciudadanos como grandes verdades. Tal es el caso de la falacia extendida por el nacionalismo mediante la frase «los vascos no aprobaron la Constitución». La han propalado tanto, que la mayoría de los españoles entiende que se trata de una verdad establecida, cuando lo cierto es que es uno de los muchos engaños del nacionalismo vasco. Hay que leer la separata 122 de la Revista de Estudios Políticos, editada por el Centro de Estudios Constitucionales el pasado mes de diciembre, y firmada por los catedráticos Pedro Fernández Barbadillo y Carlos Ruiz Miguel, para tener una idea clara del asunto.

Suelen decir los nacionalistas que, dado que la abstención registrada en las tres provincias vascas (859.427 personas) en el referéndum de la Constitución fue superior a la participación (693.310), y casi el doble que los votos afirmativos (479.205), la Carta Magna carece de validez en las provincias vascongadas. En una interpretación abusiva, los separatistas no sólo se apropiaron de toda la abstención, sino también de los votos en blanco y del «no», con lo que concluyeron que la Constitución de 1978 fue rechazada por 1.073.532 vascos, frente a la exigua cifra de votos afirmativos.

Los profesores Barbadillo y Ruiz Miguel hacen un pormenorizado análisis de estos datos para poner en evidencia los excesos cometidos por los nacionalistas. El primero es apropiarse de la voluntad de los abstencionistas y los contrarios a la Constitución. En aquella consulta, el PNV jugó con ventaja para ganar en cualquier caso. A la abstención técnica o antisistema sumaba los votos propios. Ellos dicen que lograron el rechazo de un millón de vascos, afirmación que se cae por sí sola si se tiene en cuenta que en las elecciones autonómicas en las que ha habido mayor participación (autonómicas de mayo de 2001) el voto nacionalista (PNV, EA y EH) rondó los 750.000 sufragios. ¿Acaso es que el voto abertzale ha caído en 250.000 seguidores desde 1978? Es evidente que no, porque lo que ocurrió es que el PNV sumó todo lo que pudo para presentar los resultados de manera que parecieran su gran victoria.

Cuestiones a tener en cuenta.
En las generales de 1977 la abstención fue de 310.406 personas. Como dicen los autores del ensayo, éste podría ser el mínimo abstencionista, pero hay que desecharlo porque esas elecciones se realizaron año y medio antes del referéndum constitucional, y en ellas sólo votaron los mayores de 21 años. Por tanto, es más adecuado comparar la abstención del referéndum de diciembre de 1978 con las consultas celebradas a lo largo de 1979, que fueron las generales de marzo, las municipales de abril y el referéndum sobre el Estatuto de Guernica de noviembre, todas con un censo similar y más parecido al de la consulta de la Constitución, de diciembre de 1978. Pues bien, en las generales de 1979 se abstuvieron 526.679 personas, en las municipales, 587.663, y en el referéndum de noviembre, 644.105. Por tanto, la abstención técnica del País Vasco en aquel momento estaba entre las 526.000 de las elecciones generales y los 644.000 del referéndum del estatuto. En todas esas consultas, el PNV combatió la abstención, pues bien defendió el «sí» (caso del estatuto) o pidió el voto para sus candidaturas (generales y municipales). Procede entonces hacer la resta entre los abstencionistas del referéndum de la Constitución de diciembre (859.427) y los de las consultas del año 79 (526.292 votos de las generales de marzo, por coger, de las tres posibles, la cifra más cercana y más pequeña de abstenciones). El resultado da 332.748 personas, lo cual quiere decir que si el PNV en marzo recibió 275.292 votos, los abstencionistas de la Constitución logrados de verdad por el PNV fueron esos 275.000 votantes del PNV y 50.000 más. El resto, hasta los 859.000 totales, eran abstención técnica. Hay que tener en cuenta, por lo demás, que la abstención de las provincias vascas en el referéndum de la Constitución no fue la más alta de las logradas en España. En Orense, por ejemplo, la abstención fue del 59,4, superior al 56,5 de Guipúzcoa. En Lugo fue el 56,4, por encima del 56 de Vizcaya. Y en La Coruña, Pontevedra y Tenerife, fue del 45,5, 44,7 y 42,3, las tres por encima del 40,7 de Álava.

Tampoco es adecuada la apropiación de la cifra del «no», pues es verdad que fue propugnado por la izquierda abertzale, pero también lo defendió la ultraderecha franquista nostálgica, que en las elecciones de marzo cosechó 11.000 votos en Euskadi.

Luego el número de votos a favor de la Constitución (479.205) fue superior a la abstención real propiciada por el PNV (332.748, una vez restada la abstención técnica). Y tampoco el «no» debe atribuirse en exclusiva a la izquierda abertzale, pues había otros colectivos que también pedían el «no» y además su cifra fue muy poco superior a la que se registró en provincias como Toledo, Palencia, Guadalajara y Burgos.

En cualquier caso, como ha escrito Jaime Ignacio del Burgo, y reflejan Barbadillo y Ruiz Miguel, «la Constitución fue aprobada en el País Vasco por mayoría simple de los votos válidos emitidos, quórum que es el mismo que bastaría con arreglo a la disposición cuarta del texto constitucional para legitimar la integración de Navarra en Euskadi». Si no consideran legítima la Constitución, tampoco habría que considerar legítimos a los gobiernos autonómicos que han estado en manos de los nacionalistas, pues no representaron a la mayoría absoluta de los ciudadanos, como ellos exigen para la Constitución, sino sólo a un 22 por ciento del censo, que es el peso electoral que tiene de verdad el PNV.

Ilegal sin paliativos
Editorial Heraldo de Aragón 17 Enero 2004

Así lo ha establecido el Tribunal Constitucional, por unanimidad de los seis magistrados de la Sala Segunda, que han decidido acerca del recurso de amparo que presentó, en su día, Batasuna. La decisión clarifica, además, la situación de los partidos que concurren a las elecciones en el País Vasco. Con el fallo del Constitucional, no hay ni un resquicio de duda: los sucesores de Batasuna no pueden concurrir a las urnas. La noticia se ha conocido el mismo día en que ETA, a través del diario Gara, ha insistido en la necesidad de que las formaciones nacionalistas presenten candidaturas unificadas. La propuesta, que ya ha sido rechazada por los partidos nacionalistas legales, sería beneficiosa para los cada vez más debilitados seguidores de Otegi. También hoy se han conocido otras 42.000 "razones" para celebrar el retroceso de ETA y sus acólitos políticos: ése es el número de personas amenazadas directamente por el terror y sus colaboradores, según calcula el Gobierno vasco y, por fin, osa decir. Cifra que causa espanto y que incita a seguir en la lucha política, judicial y policial contra ETA y los suyos.

LA RAZÓN DEL BELLOTARI
Por Jaime CAMPMANY ABC 17 Enero 2004

YA sé yo que la propuesta de Rodríguez Ibarra era políticamente incorrecta y además inoportuna. A ver quién era el guapo que la iba a apadrinar o simplemente a aplaudir en vísperas de elecciones generales. No iban a ser los nacionalismos, que prácticamente quedarían borrados del Congreso de los Diputados. Tampoco los grandes partidos, temerosos de unos resultados electorales sin mayoría absoluta, y que por tanto traerían una situación de matemática parlamentaria en la que serían necesarias las ayudas de los partidos pequeños para formar gobierno.

O sea, era una propuesta destinada al fracaso. Sólo José Bono, en una prueba de amistad casi aquea, se atrevió a defender al bellotari, como le llamaba el cachondo y múltiple Vizcaíno Casas: lehendakari, chuletari, bellotari, panochari. Y efectivamente, en el fracaso fue enterrada la propuesta. Zapatero hizo, por primera vez en su vida política, un acto de autoridad, y Anasagasti dijo aquello de que les dieran de una vez la independencia a los vascos para que a Ibarra se le pasara el dolor de cabeza. Rodríguez Ibarra retiró su propuesta aunque insistiendo en ella («y sin embargo se mueve») y supongo que al bellotari se le habrá ocurrido enviarle a Anasagasti un presente de bellotas.

Claro está que esa desproporción brutal entre el número de votos necesario para sacar un diputado nacional y otro nacionalista es uno de los disparates que se metieron a puñetazos en la Constitución. Entre Fernando Abril Martorell y Alfonso Guerra, delante del famoso plato de angulas, llegaron a ese acuerdo. Y seguramente hicieron bien en acordarse porque de otra manera los nacionalismos, envalentonados y rotas sus cadenas, no hubiesen entrado por el aro constitucional. Pero pasado un cuarto de siglo, se ha demostrado que los nacionalismos, engordados con la baratura en votos de sus diputados, pueden conducirnos a una situación de ingobernabilidad.

No es justo que al PNV o a CiU se les obligue a obtener un número de votos en proporción al censo de su Comunidad, y cualquier partido nacional tenga que obtener un porcentaje sobre la totalidad del censo. Y encima, el diputado de la Comunidad X de un partido nacionalista acude al Congreso a defender frente a todos los demás las ventajas y consideraciones para su tierra, mientras los otros están allí para defender el bien común, vengan de la tierra que vengan.

Juan Carlos Rodríguez Ibarra lo habrá dicho de una manera ingrata o descarnada, es decir, a lo bestia y por directo, pero es absolutamente cierto que a veces los partidos nacionalistas venden sus votos en el Congreso a cambio de favores del Gobierno hacia su Comunidad. Eso no hay que explicarlo demasiado a quien como yo ha sido cronista parlamentario durante años. Es un hecho repetido y una negociación parlamentaria absolutamente consabida. Se puede mirar hacia otra parte, pero no ignorar algo que está a la vista de manera tan evidente. Puestos a reformar la Constitución como ahora piden algunos nacionalismos, no estaría mal reformar también aquel acuerdo de urgencia entre Abril y Guerra para lograr sacar adelante a la Niña Bonita.

Matonismo en la Generalitat
José Clemente La Razón 17 Enero 2004

Era de esperar. Era de esperar que la presunta honradez de ERC se perdiera en este «menage a trois» que es el tripartito catalán. ¿Vaya espectáculo están dando! Sin duda, llevan camino de inscribir el pacto en el libro Guiness por la cantidad de disparates dimes y diretes que son capaces de decirse en tan corto espacio de tiempo. Un solo mes le ha bastado a la izquierda catalana para demostrar que pueden llegar a ser, no tan corruptos como los que desalojaron del poder, sino más todavía.

Llegaron al grito de «manos limpias» y ya han enchufado a los hermanísimos con sueldos de presidente de Gobierno. Hablaron de un nuevo estilo de hacer política y protagonizan ante una opinión pública alucinada una pelea tabernaria por la presidencia de la Corporación Catalana de Radio y Televisión, que al final se decidió digitalmente, como en los mejores tiempos de viejo régimen. Se refirieron a Filesa como el pasado, pero son capaces de colocar al secretario de esa empresa como secretario de Justicia. ¿Toma nísperos!

Y, para rematar la jugada, llega el matonismo político. Sí, matonismo, como el que precedió a la dictadura de Primo de Rivera y que costó la vida a Salvador Seguí, el «Noi del sucre» y graves heridas a Ángel Pestaña, líderes ámbos de la primera CNT. Porque Maragall y su sanedrín de la izquierda, como en su momento Franklin Delano Roosevelt, llegaron prometiendo una reedición del «New Deal» y acabaron instalando en la sociedad del libre mercado el matonismo sindical. Me cuentan algunos empresarios catalanes amigos que las multinacionales están haciendo las maletas, antes de que sea demasiado tarde. Me hablan del miedo a significarse, a decir lo que se piensa. ¿Les recuerda esto a alguna otra zona de España? Malos síntomas para la libertad y la seguridad, piezas fundamentales del crecimiento económico de todo país. No sólo son los casos de Philips o Samsung, porque multinacionales en Cataluña hay doscientas, sino del precedente que el tripartito está sembrando.

PSOE
Zapatazo a la cultura
Pío Moa Libertad Digital  17 Enero 2004

El equipo de Zapatero, aspirante a gobernar a los españoles (con la excepción de los catalanes y los vascos, de momento), tiene un serio problema: no puede disimular su apoyo y alianza con quienes abiertamente trabajan por descuartizar España. Y eso, por mucha palabrería que le echen encima, no acaba de convencer a los ciudadanos, ni siquiera a muchos de su propio partido. En consecuencia ha optado por un truco de ilusionismo, tratando de desviar la atención hacia la educación y la cultura, un campo en que es fácil desbarrar e impresionar a los ilusos.

El señor Zapatero es hombre educado y de buenos modales, y tuvo al principio iniciativas plausibles, por más que luego, como pancartero, amparase desmanes y conductas violentas. Ahora dice promover la cultura, no la suya sino la de los españoles. Pero ¿es culto el señor Zapatero? No da esa impresión. Reiteradamente ha demostrado lo precario de sus conocimientos de historia de España y de su propio partido, y otro tanto cabe decir de la economía o el pensamiento político. Claro que la cultura no se manifiesta sólo, ni principalmente, en conocimientos específicos. Todos hemos conocido a personas sin apenas estudios pero con un criterio y una comprensión de la vida más serios que los de muchos intelectuales. Los buenos modos de Zapatero indicaban algo de eso, pero hemos visto con decepción que no había tal. Su criterio se compone de un rosario de tópicos y adjetivos hueros, destinados a provocar el reflejo condicionado (“progresista”, “autoritario”, “retrógrado”, etc.). En muchos sentidos trae a la memoria la desesperada crítica de Azaña a sus propios seguidores: “No saben qué decir, no saben argumentar, no se ha visto más notable encarnación de la necedad”.

Con tal bagaje, no pueden extrañar los cambios de criterio, o de no criterio, según sople el viento, y así un día se nos presenta el líder socialista como libertario, al siguiente como conservador, como partidario de aumentar el gasto público o de contenerlo, etc. Y ha llegado últimamente a proponer las dos cosas simultáneamente: más gasto y menos impuestos. Mejor dicho, muchos menos impuestos, pues serían las autonomías las que los acaparasen. Pero estas contradicciones no parecen importarle: nada es imposible en el inculto mundo de la palabrería y el ilusionismo político.

Educación y cultura ya fueron consignas empleadas a troche y moche por los socialistas cuando mandaban, y sin embargo fue en su época cuando los españoles se volvieron menos educados, y el estilo macarra se universalizó; cuando la cultura popular quedó barrida y sustituida por el trío de fútbol, pornografía y música más o menos roquera que hoy la componen; cuando los cuantiosos medios dedicados a la enseñanza empezaron a producir masas de estudiantes desmotivados, maleducados y apenas capaces de expresarse a un nivel primario, tanto oral como escrito; cuando la televisión, principal transmisora de la “cultura” sociata, se convirtió en simple basura; y así sucesivamente.

Es un problema profundo y tan envenenado por los propios socialistas, que no tiene fácil solución. Un problema de concepciones y valores en primer lugar, es decir, un problema de calidad. Y contra la calidad los socialistas tienen las cosas bien claras, como se vio en su cerril oposición a las tímidas reformas lentísimamente aplicadas por el gobierno del PP. Para Zapatero y los suyos, el problema se reduce a más burocracia, más dinero (sin explicar de dónde vendría), más ordenadores y más inglés. Sobre esto último, nada que oponer, salvo que la absoluta inanidad cultural del PSOE (la abandonada concepción marxista nunca fue sustituida) y su constante desvalorización de la cultura española, llevarían fatalmente a una total satelización de la cultura española a la useña.

Unos personajes tan cerradamente incultos en todos los sentidos posibles de la palabra pretenden velar por la cultura de los españoles. Son ciegos empeñados en guiar a aquellos a quienes ya han dejado tuertos.

Cataluña
¡Tiembla, Corea!
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  17 Enero 2004

Demasiados ridículos en un mes. Por si no bastara con las muestras de improvisación, nepotismo, desprecio al marco institucional, agravios a otras comunidades, falta de coherencia entre departamentos, oscurantismo, visión sectaria de la sociedad, afán manipulador, discriminación por razón de lengua o de opción política y gusto por la ingeniería social, el gobierno de la Generalidad acaba de rizar el rizo llamando al boicot comercial a una multinacional.

El mejorable Rañé, conseller de Trabajo e Industria, azote de Samsung y temor de Corea, puede que simplemente haya tenido un calentón: “¡agarradme, ujieres, que me pierdo!”. Quizá la varia jerarquía del Palau no acabe de aprobar el uso del ladrido como la forma más eficaz de enfrentarse a la imparable transferencia de los procesos industriales a los países con menores costes laborales (pero pareja cualificación, cuando menos, de la mano de obra). ¿Ha oído hablar Rañé de la paulatina especialización del “primer mundo” en los procesos que concentran mayor creación de valor, es decir, los que no tienen lugar en una planta sino en estudios y despachos, frente a ordenadores, no frente a cadenas de montaje?

La terciarización de nuestras economías no es algo que debamos lamentar sino todo lo contrario. Otra cosa es que toda transformación en la estructura económica lleve aparejadas muchas situaciones de temor ante la incertidumbre, algo descontado por los millones de autónomos que no hemos conocido más que la incertidumbre en nuestra vida. Pero si ha existido un contexto en el que la reasignación de los recursos humanos pueda conllevar rápidas mejoras individuales y colectivas, ese contexto es el de la España de principios del siglo XXI.

Un país lo bastante dinámico para culminar con éxito ese proceso que tanto cuesta entender. Escribe Peter Drucker: "Les resulta sencillamente incomprensible que la producción industrial aumente mientras los puestos de trabajo disminuyen, y no sólo a los sindicalistas, sino también a los políticos, periodistas, economistas y al público en general (...) Les resulta enormemente difícil aceptar que, por primera vez en la historia, la sociedad y la economía ya no están dominadas por el trabajo manual y que un país puede alimentarse, alojarse y vestirse con sólo una pequeña minoría de su población ocupada en ese trabajo." (La empresa en la sociedad que viene, 2002).

Que socialistas y comunistas no entiendan esto no es una novedad. Lo sabe cualquiera que haya ojeado los informes que perpetran, y que sostienen, por ejemplo, que Cataluña sólo podrá crear más empleo en el sector industrial. Pero una cosa es equivocarse, o no haber vuelto a abrir un libro desde que superaron el último examen de sus improbables carreras, y otra enfrentarse a los hechos con estúpidas, contraproducentes e increíbles bravuconadas.

El Constitucional avala por unanimidad al TC y confirma la deslegalización de Batasuna y HB
Los magistrados sostienen que no condenar la violencia terrorista es lo mismo que apoyarla
El Tribunal Constitucional avaló ayer la deslegalización de Batasuna y de HB, acordada por el Tribunal Supremo, en una sentencia adoptada por unanimidad de los seis magistrados que componen la Sala Segunda del Alto Tribunal. Con esta decisión, el TC rechaza los recursos de amparo presentados por ambas formaciones y determina que la deslegalización por su «identidad real» con ETA se ajusta plenamente a la Constitución. El Tribunal considera como una muestra de la vinculación de Batasuna y HB con la banda terrorista que no hayan condenado nunca sus atentados.
La formación de Otegui se ha apresurado a anunciar un recurso en Estrasburgo
Josefa Rodríguez - Madrid.- La Razón 17 Enero 2004

El Tribunal Constitucional notificó a última hora de la tarde de ayer su decisión de ratificar íntegramente la sentencia por la que la Sala Especial del Tribunal Supremo deslegalizó Batasuna el pasado mes de marzo. Sin embargo, el contenido íntegro de su resolución no será dado a conocer hasta principios de la próxima semana.
En medios próximos al Tribunal se afirma, no obstante, que la decisión, de la que ha sido ponente el magistrado Vicente Conde Martín de Hijas es extremadamente minuciosa a la hora de argumentar la constitucionalidad de la sentencia dictada por el Tribunal Supremo, dada la trascendencia de la decisión, que supone la primera deslegalización de un partido político en los últimos 25 años.

Se trata, en realidad de dos sentencias. En una de ellas se avala la deslegalización de Batasuna y en la segunda la de HB, la formación que la precedió. La argumentación es idéntica, y sólo difieren en uno de los fundamentos jurídicos.

Identidad con ETA
Según esos medios, en ambas resoluciones se rebaten los argumentos de los recursos de amparo y se concluye que la deslegalización de las dos formaciones por su «identidad real» con la banda terrorista ETA es proporcional y plenamente constitucional, por cuanto persigue proteger la democracia, el pluralismo y los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Uno de los pilares en los que se basa la argumentación de los magistrados del Constitucional es el relacionado con el hecho de que ni Batasuna ni HB han condenado nunca los atentados cometidos por ETA, lo que, en su opinión equivale a respaldar la violencia terrorista como instrumento político. Destacan que un partido político no puede permanecer callado ante un hecho tan brutal que afecta a la convivencia de la sociedad como son los asesinatos terroristas y señalan que cuando ese silencio procede de una entidad, que como los partidos políticos tienen la misión de conformar la voluntad política de los ciudadanos, la falta de condena equivale a apoyar esos crímenes.

Rechazan, asimismo, las alegaciones de Batasuna en la que se sostenía que su deslegalización no fue acordada por un tribunal imparcial, en alusión al hecho de que el ponente de la resolución del Supremo, su presidente, Francisco Hernando, había emitido previamente, como presidente del Consejo General del Poder Judicial, un informe favorable a le ley de partidos políticos. Frente a esas alegaciones, el Constitucional, que invoca la doctrina creada por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, afirma que no existe esa falta de imparcialidad, ya que informar un borrador de proyecto de ley no guarda relación alguna con aplicar posteriormente en una sentencia lo dispuesto en esa norma.

También avalan la valoración de la prueba realizada por el Supremo, en concreto el carácter pericial de un informe de la Guardia Civil sobre las relaciones de Batasuna y HB con ETA, y rechazan las alegaciones de esas dos formaciones en el sentido de que sus actuaciones y manifestaciones han sido tergiversadas por los medios de comunicación.

Peligro para la democracia
La decisión del Constitucional reitera la doctrina emitida ya en la sentencia por la que avaló la ley de partidos políticos, en el sentido de que la existencia de un partido que colabore o apoye la violencia terrorista pone en peligro el orden constitucional y que frente a ese peligro sólo cabe la disolución.

Las reacciones de los partidos políticos no se han hechos esperar. El portavoz del Gobierno, Eduardo Zaplana, señaló que esta sentencia «permitirá que el mundo del terror ya no pueda beneficiarse de ninguna ayuda pública y ya no puedan utilizar las instituciones ni para financiarse, ni para lanzar sus mensajes y sus llamadas a la violencia». Mientras, el vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de la Presidencia, Javier Arenas, destacó que «Batasuna nunca más se podrá presentar como un partido democrático porque no es más que parte de ETA».

El secretario de Libertades Públicas del PSOE, Juan Fernando López Aguilar, aseguró que la decisión del TC demuestra que la deslegalización se debe no a ser «un partido nacionalista radical, sino a que nunca haya condenado la violencia como instrumento político».
Por el contrario, PNV, EA y EB-IU, han criticado la decisión del TC. Batasuna ha anunciado que recurrirá a Estrasburgo.

Empresarios «afines» han pagado a ETA dos millones de euros en dinero y bienes
J. Rodríguez - Madrid.- La Razón 17 Enero 2004

La banda terrorista ETA ha recaudado desde el año 2000 un total de dos millones de euros en efectivo y en bienes destinados a sus presos, que han sido pagados por empresarios «sensibles con la organización», según han asegurado fuentes jurídicas.

La investigación sobre esos pagos ha permitido constatar que en el año 2000 la banda terrorista envió un total de 650 cartas dirigidas a empresarios que consideraban afines al mundo abertzale en las que les exigía el pago de determinadas cantidades. ETA les hacía saber que podían efectuar los pagos bien en metálico o en bienes destinados a los presos.

Esas entregas figuraban en la documentación etarra como «contribuciones voluntarias». Entre los empresarios que recibieron esas cartas se encuentra el industrial José Luis Areizaga, detenido el pasado miércoles en Tolosa, que quedó ayer en libertad sin medidas cautelares tras prestar declaración ante el juez Baltasar Garzón, que mantiene su imputación por un delito de colaboración con banda armada.

Areizaga afirmó que ETA le reclamó cuatro millones de pesetas y que, tras alegar que no podía pagar esa cantidad, entregó a la banda medio millon en metálico y más de un millón y medio en material deportivo para los presos en tres años. Según explicó, lo hizo por miedo a represalias y a la «kale borroka».

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