AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 19 Enero 2004
PASCUALINGRADO
Jaime CAMPMANY ABC 19 Enero 2004

¿Quiere Zapatero tranquilizarnos o tranquilizarse
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  19 Enero 2004

IMAZ, SUMA Y SIGUE
Editorial ABC 19 Enero 2004

Zapatero no quiere una amarga victoria
EDITORIAL Libertad Digital  19 Enero 2004

Propuestas pesadilla
Luisa Palma La Razón 19 Enero 2004

HB
PABLO MOSQUERA La Voz 19 Enero 2004

La caja de Arzalluz
Iñaki Ezkerra La Razón 19 Enero 2004

Las amenazas de Carod-Rovira
L Bernaldo de Quirós La Razón 19 Enero 2004

Caciques enmascarados
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital  19 Enero 2004

Guiños de Imaz
Opinión El País  19 Enero 2004

Los retos de Imaz
El Correo  19 Enero 2004

El Foro Ermua dice que la propuesta del PNV le «acerca a su final»
Servimedia - Madrid.- La Razón 19 Enero 2004

 

PASCUALINGRADO
Por Jaime CAMPMANY ABC 19 Enero 2004

ESTE Maragall de nuestros pecados socialistas quiere convertir a Cataluña en Stalingrado. Apenas se ha visto sentado en el sillón del palacio de San Jaume, ha comenzado la peregrinación hacia la Momia, que ahora no sé dónde la tienen, y hacia el «socialismo real», que ahora sobrevive en la Cuba castrista de los chaperos y las jineteras y en poco más. Maragall viene de los socialistas prediluvianos, de los cromañones del socialismo. De antes todavía: es el socialista «erectus».

«Socialismo es libertad», decían entonces los socialistas, que acababan de dejar el hacha de silex y habían inventado la rueda. El eslogan era muy necesario. Hacía falta pregonar que habían bajado de la pared del despacho el retrato de don Carlos Marx y acababan de abrazar la socialdemocracia. O sea, que habían abandonado el entusiasmo por la dictadura del proletariado y lo habían cambiado por la exaltación de la urna. Bien es verdad que el socialismo y la libertad siempre se han tomado el chocolate de espaldas. Las libertades individuales, la libertad de empresa, la libertad de mercado o la libertad de prensa nunca han sido reivindicaciones sagradas del socialismo, al que siempre le sale por algún lado su pecado de origen, su carácter beligerante contra la doctrina liberal.

Ahora, las relaciones del socialismo con la libertad andaban razonablemente tranquilas. Alguna vez, desde luego, asoman los socialistas su pata de estatalismo y dirigismo. Ah, pero ahora aparece Maragall en la cumbre de la Generalitat, y de Cataluña nos llega un socialismo tribal y primitivo. Vamos a Pascualingrado. Maragall lleva ya ensartados una buena cantidad de disparates, pero el último es formidable. Manda huevos. O te collons, si preferimos la otra lengua. No quiere que los padres elijan la educación que se dé a los hijos, si en castellano o en catalán. O sea, que a los párvulos hay que enseñarles las matracas y la historia en la lengua que decida Pasqual Maragall. Aquí, catalán para todos y los hermanos, a cobrar.

Y además el Honorable razona el rechazo. Dice que eso sería un retroceso. Que el Estado, la Comunidad, el Ayuntamiento o cualquier otra institución política imponga en cual de las lenguas oficiales se ha de impartir la enseñanza en las escuelas es, en el pensamiento maragaliano, una señal de progreso. Que esa lengua la elijan y la señalen los padres, es un retroceso que no se comprende.

Maragall no se ha enterado de que hace años se derrumbó el Muro de Berlín. Recuerdo haber asistido en un viaje a Leningrado, en pleno estalinismo, a una conferencia sobre el sistema educativo soviético. El conferenciante explicaba las excelencias de aquel sistema. Un oyente quiso saber si cada estudiante elegía libremente su carrera, sin otras cortapisas que las originadas por sus calificaciones. No, no. Naturalmente, el conferenciante explicó que eso sería un «retroceso». El Estado señalaba a cada alumno la materia de estudio según la necesidad de profesiones que tuviera la sociedad. Coño, a lo mejor aquel conferenciante era un maestro de Maragall.

¿Quiere Zapatero tranquilizarnos o tranquilizarse?
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  19 Enero 2004

Es difícil saber qué le da más miedo a Zapatero: la posibilidad de formar un gobierno de todos contra el PP, que es a lo que ha ido encaminada su estrategia hasta salirse de hecho del sistema constitucional, o que el voto del miedo al caos vaya en masa al PP, proporcionándole una victoria tan aplastante a Rajoy que supusiera el fin de su liderazgo, como sucediera con Almunia tras la mayoría absoluta de Aznar en 2000. ¿Quiere Zapatero tranquilizarnos o tranquilizarse? Es difícil saberlo y las posiblidades no son excluyentes. En cualquier caso, después de año y medio de pancarterismo y de golpismo callejero, después de pactar con cualquier partido separatista o radical con tal de arañar parcelas de poder, sorprende que Zapatero renuncie a la coronación lógica de esa estrategia, que es echar al PP del Gobierno, aunque sea mediante un Gobierno de Desintegración Nacional, porque llamarle de concentración sería un sarcasmo excesivo.

Tampoco tiene lógica predicar un cambio constitucional y renunciar a la única posibilidad razonable de forzarlo, que es impedir que el PP forme Gobierno. Si se dice que el PP es la negación de la democracia, que el PSOE es la garantiza la unidad nacional que, por lo visto, nadie pone en peligro, y hasta se piropea obscenamente al PNV del Plan Ibarreche como hizo esta misma semana en el Congreso Ramón Jáuregui con Anasagasti, que la víspera había comparado la estrategia de Ibarra con la de ETA, no se sabe muy bien a qué viene esta renuncia de Zapatero a formar Gobierno de la única forma que puede formarlo, salvo volquetazo tremendo de las encuestas. Si lo que quiere Zapatero es seguir confundiendo a la ciudadanía, lo ha vuelto a conseguir.

Pero es posible que lo único que pretenda Zapatero sea sobrevivir a su derrota y no romper cualquier posibilidad de volver a un consenso, aunque sea fingido, con el PP. En ese caso, no estaríamos ante una inconsecuencia más del político leonés sino ante la consecuencia lógica de una absoluta falta de escrúpulos. Hay que ponerse en lo peor.

IMAZ, SUMA Y SIGUE
Editorial ABC 19 Enero 2004

EL nuevo presidente del PNV, Josu Jon Imaz, se estrenó en el cargo apelando a la construcción de una nación vasca como objetivo de su mandato y reiterando la defensa del Plan Ibarretxe, al que ha venido sirviendo disciplinadamente desde su génesis. De respeto a la Constitución y al Estatuto no hizo mención alguna. De rectificar errores, tampoco. Pero para esperanza de los que creen en la existencia de moderados entre los dirigentes del PNV, Imaz habló de proyectos sin exclusiones, de un País Vasco con nacionalistas y no nacionalistas y reiteró aquello del diálogo con todos. Cabría decir que Imaz hizo ayer de sí mismo, consciente de que, sin separarse un ápice de la estrategia establecida en el Plan Ibarretxe ni expresar la más mínima discrepancia con la monolítica ponencia aprobada por la Asamblea del PNV, su imagen amable y su tono educado son capaces de seducir a ciertos sectores no nacionalistas. No tardarán en surgir entre éstos quienes digan que hay que apoyar a Imaz frente a los duros de su partido, lo que supondrá caer en el doble error de pensar que en el PNV hay dos vías y de presumir que Imaz es de los moderados.

En política, los juicios vienen dados por las trayectorias personales y no por las palabras. La trayectoria del nuevo presidente del Euskadi Buru Batzar es inequívoca. Imaz representa el Plan Ibarretxe desde su gestación, como el lendakari representó en su día la complacencia del nacionalismo con el Pacto de Estella. El discurso de Imaz es un clónico del de Ibarretxe, por tanto, inservible para alimentar cualquier esperanza de cambio, que no venga dada por una presión exterior al ejecutivo nacionalista, por una defraudación de las expectativas de su propuesta soberanista. En definitiva, por el riesgo de perder el poder, que es el único estímulo que realmente mueve al PNV. Tampoco anda Imaz sobrado de margen de maniobra para dirigir su partido con dosis innovadoras. No ha podido aceptar la herencia de Arzalluz a beneficio de inventario y por eso accederá a Sabin Etxea sólo con el 60 por ciento de los votos y con una ponencia política que el ex presidente del PNV ya le ha dicho que «es ley» para la nueva cúpula del partido. Egibar sigue acechando desde Guipúzcoa y las tensiones con EA a cuenta de las candidaturas, aunque solubles, resultan incómodas.

Hasta ahora Imaz, como miembro del Gobierno de Vitoria, ha ofrecido a los no nacionalistas, y a la sociedad vasca en su conjunto, desobediencia civil, soberanismo rupturista y doble moral con Batasuna y ETA. Será una grata, pero improbable, sorpresa que como presidente del PNV haga algo distinto.

Zapatero no quiere una "amarga victoria"
EDITORIAL Libertad Digital  19 Enero 2004

Ha sido la obsesión por encontrar atajos en el camino hacia La Moncloa, cuya fecha de llegada, antes del chapapote y de la guerra de Irak, estaba prevista para 2008, lo que ha perdido al PSOE. Porque, por escasa que sea la cultura política de los colaboradores de Zapatero, en el PSOE tendrían que haber advertido, especialmente después del 25 de mayo, que el radicalismo en la oposición sólo tiene posibilidades de rendir frutos electorales cuando el Gobierno lo ha hecho rematadamente mal y cuando, al mismo tiempo, se presenta un programa alternativo suficientemente sensato y coherente, que aporte soluciones creíbles a los errores y carencias de quienes ejercen el poder.

Y en la actualidad, no se da ninguna de esas dos condiciones: en cuanto a la primera, hay que decir que los ocho años de Aznar serán recordados, probablemente, como una de las épocas más brillantes de la historia de España. Y en cuanto a la segunda, es obvio que el PSOE ha malgastado un tiempo y un esfuerzo preciosos en flirtear con las fuerzas políticas antisistema y en secundar las burdas campañas de demagogia y desprestigio del grupo PRISA. Tiempo y esfuerzo que el equipo de Zapatero tendría que haber empleado en elaborar un programa de gobierno creíble que, al menos, no pusiera en peligro los evidentes logros de la gestión del PP.

Tras el fracaso de la estrategia "anti-PP", acreditado por los resultados de las encuestas de intención de voto, Zapatero ha tenido que encargar de urgencia la elaboración de un programa político a colaboradores ajenos al partido, entre los que destaca Miguel Sebastián, antiguo jefe del servicio de estudios del BBVA, quien ha relegado a Jordi Sevilla al papel de mero espectador. Un programa que, aun a pesar de contener algunas propuestas atractivas como la rebaja del Impuesto de Sociedades y la reducción del número de tramos del IRPF, nace lastrado por las hipotecas políticas que irresponsablemente ha ido firmando Zapatero, especialmente en los últimos meses.

El "todo a 17" y la conversión del Senado en cámara de veto autonómico –una transferencia de soberanía desde los ciudadanos a las comunidades autónomas ajena al espíritu de la Constitución– siguen marcando la pauta de una amalgama de propuestas incompatibles entre sí que ha sido el signo distintivo de la política de Zapatero desde que abandonó la "oposición tranquila" y desde que renunció a ejercer el control de su partido. El electorado tiene muy presente la experiencia de Cataluña, donde ha podido verse que en el PSOE están dispuestos a renunciar a casi todo, incluido el carácter nacional del partido, con tal de llegar al poder.

Zapatero ha advertido, demasiado tarde, a dónde le han llevado a él y al PSOE su mal calculado oportunismo, su diletantismo, sus flirteos con los nacionalistas, su incoherencia sistemática y su falta de firmeza. Y, probablemente, también se ha dado cuenta de que, en un gobierno de coalición contra el PP junto a los nacionalistas e IU correría una suerte muy parecida a la de Maragall. Quizá esto, unido a las ruidosas críticas de algunos "notables" del PSOE –como Rodríguez Ibarra–, sea lo que mejor explique su sorprendente anuncio del domingo: que renunciará a formar gobierno si el PSOE no es el partido más votado en marzo. Precisamente lo contrario de lo que, a nivel autonómico, ha venido practicando, por ejemplo, en Cantabria y, sobre todo, en Cataluña.

Ni qué decir tiene que, a dos meses vista de las elecciones y con los nueve puntos de diferencia en intención de voto que le separan del PP, es tanto como anunciar que prefiere esperar a 2008 para ganar tiempo e intentar poner orden en su partido. Para librarse de las ruinosas hipotecas políticas que hoy le atenazan y evitar un desastroso resultado electoral que le apartaría indefectiblemente de la jefatura del PSOE. Porque, con la vista puesta en el largo plazo, una victoria de los socialistas en coalición con los partidos antisistema podría ser mortal para el PSOE... y para España. Pero los cambios de opinión de Zapatero han sido tan numerosos y frecuentes que resulta francamente difícil creer en sus promesas. Sobre todo cuando lo que está en juego no es un Ayuntamiento o una Comunidad Autónoma, sino quién ocupará La Moncloa los próximos cuatro años.

Propuestas pesadilla
Luisa Palma La Razón 19 Enero 2004

Lo más divertido de la semana ha sido el episodio Ibarra con su propuesta, vista y no vista, sobre la cuota del 5 por ciento a los nacionalismos. Ibarra ha dicho una verdad que comparte el 95 por ciento de los españoles, al igual que su calificación de que los citados nacionalismos son una «pesadilla». El problema de su propuesta es que, tras cederles el brazo entero en la transición, ese remedio ya no se puede aplicar. Pero Ibarra le ha dado un susto a esta dirección del PSOE, que en Cataluña les ha entregado los dos brazos, los ojos y parte del hígado a los radicales. Ibarra siempre ha sido muy notable, aunque Bono no le va a la zaga. No ha hecho ninguna propuesta, pero su insulto al «premier» británico nos descubre que tiene otra cara menos «Bono» de lo que algunos creen. Mientras, estamos todos en ascuas sobre cuál será el siguiente «notable» en proponer, porque lo de la foto de Zapatero con Botín con pretensión de vender que su coincidencia quiere decir algo, sólo puede ser una broma, o una idea «sebastiana». Pero, en fin, el caso es que más que notables, estos chicos resultan «sobresalientes», en la plena acepción de la palabra, pues están que se salen. Se habla de si Rajoy es previsible o no previsible, que está muy de moda, pero lo más interesante de Rajoy es su dominio del «tempo». Él va a su paso, con serenidad, y anuncia sus propuestas cuando lo tiene previsto, sin alterarse por las palomitas de maíz que explotan en el PSOE.

HB
PABLO MOSQUERA La Voz 19 Enero 2004

ETA mátalos. Este grito acompañaba constantemente a los miembros y simpatizantes de Herri Batasuna en sus presencias callejeras frente a las concentraciones de las gentes que denunciaban la violencia habitual en el País Vasco.

ETA mátalos. Era la respuesta pública, a cara descubierta, de los cargos electos de HB cada vez que se les hacía frente para exigir la libertad de un secuestrado por la banda; no les importaba la presencia de la policía autónoma vasca, que, por cierto, en aquellas concentraciones de las plazas centrales de las poblaciones vascas eran los únicos presentes con la cara tapada.

ETA mátalos¿ ¡pim, pam, pum! Era el grito de muchos ultras deportivos hacia la policía nacional que guardaba el orden en los campos de fútbol.

Y así muchos años. Uno llegaba a acostumbrarse, si bien tuve que explicárselo a más de un amigo gallego que me fue a visitar a Vitoria, y se le pusieron los pelos de punta, de miedo, cuando escuchaba a la hinchada del Alavés cantar lo de: «Mosquera muérete, Mosquera pim, pam, pum», en mi etapa de diputado foral de Juventud y Deportes, en el Gobierno de Álava.

Nunca supimos, en cada momento, quién mandaba en quién. Pero sí que la juventud «alegre y combativa» de la que presumían los aberzales iniciaba la carrera en la kale borroka o en las gestoras pro amnistía, para irse enfrentando, por orden de Batasuna, con todo lo que olía a España, hasta que daban el salto al comando, de información y de ejecución.

El momento de máxima audiencia para HB se produce con el dúo Arnaldo Otegui y Josu Ternera. A este último, el actual lendakari le llamaba «el general».

Ellos controlan toda la organización y la llevan a Lizarra y a la tregua, que además sirve para reconstruir ETA.

HB era el interlocutor, el partido para distender y negociar la situación del conflicto vasco, en el que nunca hubo dos bandos como en Palestina o Irlanda. Había unos que mataban y otros que morían, sin más.

Hoy no les queda más salidas que integrarse en el PNV o tirarse a la clandestinidad, pero en esta última hace mucho frío y se pasa mucha hambre; nada que ver con los años de instalación cómoda en las instituciones de la democracia española. Quizá descubramos que no eran tan valientes, ni siquiera patriotas, ni mucho menos estaban dispuestos a jugarse el futuro en la cárcel, como cualquier otro preso común. Pero este será otro capítulo que les contaré otro día.

La caja de Arzalluz
Iñaki Ezkerra La Razón 19 Enero 2004

Arzalluz se va del trono del PNV y ha metido sus cositas, sus papeles y oropeles en una caja cutre de cartón que es la caja negra del poder, del régimen, de este cuarto de siglo que nos ha dado ¬y que sinceramente no nos merecíamos¬ de accidentado trayecto aéreo-político, de tormentas y baches de aire, de amenazas con secuestrar a la tripulación o hacer estallar la avioneta, de gritos en la cabina o broncas a azafatas y viajeros, de falsos avisos de bomba o de aterrizajes forzosos, de todo lo que conlleva, en fin, tener a un piloto chalado.

En su caja Arzalluz lo ha metido todo: el Espíritu del Arriaga, el Pacto de Ajuria Enea, el Plan Ardanza, las dos Lizarras, el certificado del Rh negativo Yo creo que es el momento de incautarle esa caja y hacer público su contenido, de proceder a una revisión rigurosa de lo que ha sido esa trayectoria y ese trayecto oscuros en la etapa reciente de este país. En la última manifa del «Basta ya» en San Sebastián oí gritos de «Arzalluz al Tribunal Penal Internacional». Ya sé que eso es mucho pedir, pero un «Nuremberg moral» sí se impone ante este personaje al que le salió todo gratis y ante el que perdían peso legal todas las imputaciones graves que ganaban peso mediático. Arzalluz ha sido ante todo un líder carismático y un misterio jurídico. Y lo segundo se ha debido a lo primero. Es el gran inventor de la impunidad del PNV, el que supo ver las posibilidades que el nacionalismo tenía de torear a la democracia española como a una vieja de batzoki y las puso en práctica. Ante Arzalluz no sólo se han inhibido el comentarista lúcido y el político del PSOE o el PP que se volvían idiotas de pronto y creían descubrir en él lo que nadie había descubierto sino también los jueces. Llamo «líder carismático» al que logra que la masa le mire a él antes que a una meta política y que cuando mire a esa meta lo haga con su mirada, al que tiene la facultad de hacer que los adultos se porten ante él como críos, al que inhibe e hipnotiza no sólo a los suyos sino de modo humillante al enemigo.

Hoy los diarios recopilan sus frases contradictorias, pero lo que interesa de esa caja es lo que nos compromete a todos, las pasiones insospechadas que desató y los delitos por los que no fue juzgado, desde sus exigencias a ETA pm de que siguiera matando hasta su desafío ridículo pero impune a la Audiencia de Bilbao dirigiendo el «Eusko Guadariak» o «La Traviata» con el paraguas como una «majorette» vieja de la Quinta Avenida. Es ese impresentable material el que vale de la caja de cartón que le sostenía Anasagasti con el cariño de uno de esos criados que a base de años son mucho más que criados. Ese Anasagasti melancólico intuye el error que comete el PNV jubilando a Arzalluz. Muerto el perro se acabó la rabia. Jubilado el perro, la rabia sigue pero se la tragarán sus nietos o sus enfermeras.

Las amenazas de Carod-Rovira
L Bernaldo de Quirós La Razón 19 Enero 2004

La salida de Samsung no es novedad ni un episodio coyuntural. Desde hace una década, la inversión extranjera directa en Cataluña ha perdido peso en relación a la recibida por otras partes de España y algunas compañías multinacionales han abandonado esa región española y otras se muestran dispuestas a hacerlo. Esta situación obedece en parte a la competencia procedente de otras áreas geográficas, que tienen unos costes laborales más bajos, unos impuestos más reducidos, etc.., pero también a una serie de fenómenos internos a la realidad política catalana que han deteriorado y deterioran el atractivo de esa comunidad.

En este marco, los nacionalistas de todos los partidos han creado un clima de provincianismo que es incompatible con la realidad de un mundo cada vez más globalizado y cosmopolita. Por eso no es de extrañar que las dos autonomías gobernadas por el nacionalismo, las más ricas de España al finalizar el franquismo, hayan entrado en un proceso de declive económico relativo, agudizado en el caso vasco por la presencia del terrorismo.

En Cataluña, esa dinámica se va a acelerar si los agentes económicos perciben que la coalición PSC-ERC-IC acentúa las presiones centrífugas y mantiene un proyecto nacionalista. Ante este panorama, las amenazas de Carod-Rovira contra los «tránsfugas» empresariales combinan una imbatible mezcla de ingenuidad e ignorancia con una visión autárquica, cuyos efectos sobre los potenciales inversores nacionales y extranjeros en Cataluña pueden ser letales. Si el Gobierno catalán no es capaz de eliminar las desventajas competitivas de su economía y además alimenta dudas sobre la libertad de entrada y de salida de las inversiones, Cataluña perderá su ya deteriorado atractivo para localizar actividades productivas.

Corrupción
Caciques enmascarados
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital  19 Enero 2004

El diario El Mundo ha llevado a su portada del viernes 16 un asunto del que nos ocupamos el martes en una columna: las sospechas de favoritismo en el servicio de Inspección del departamento de Hacienda de la Diputación Foral de Vizcaya. Por fin, un escándalo de corrupción local se difunde en la prensa nacional.

El Estado de las Autonomías ha tenido la paradoja, quizás deseada, quizás no, de hacer desaparecer casi toda la información regional de los medios de comunicación nacionales, a los que se tilda como los de Madrid. Las páginas de los diarios locales se nutren, por lo general, de declaraciones de los consejeros de turno, señores además, de enormes presupuestos publicitarios, y de apasionantes reportajes sobre el ganado indígena o los baches de las calles. La información que llega de las otras regiones se limita a los sucesos delictivos y al politiqueo.

Algo similar ocurre en los medios elaborados en Madrid. En ellos escasean las referencias a la vida o a los acontecimientos de ámbito regional, a no ser que tengan un efecto nacional. Por ejemplo, las vulneraciones de las normas urbanísticas promovidas por políticos locales se producen en comunidades tan distantes como Cantabria y Canarias y las mafias del narcotráfico corrompen a funcionarios y gobernantes en Galicia y Andalucía, pero para los ciudadanos es muy difícil enterarse de todo ello, aunque vivan en la misma comunidad. Los medios provinciales no suelen hablar de estos asuntos y a los de ámbito nacional no les interesan, salvo cuando adquieren una magnitud multimillonaria. La consecuencia es que los caciques se sienten cada vez más impunes.

Los diversos escándalos de corrupción producidos en el oasis catalán, donde resulta de mal gusto señalar con el dedo o hablar de ilegalidades, se han conocido en toda España gracias a los medios nacionales, y eso que en Barcelona hay dos grandes grupos de comunicación.

Los caciques locales, que antes sólo tenían dinero, ahora disponen de partidos políticos, de presupuestos públicos, de inspectores de hacienda y, sobre todo, del discurso del agravio para acallar a cualquiera que investigue sus trapos sucios. Jordi Pujol desarmó la investigación del hundimiento de Banca Catalana (en cuyo rescate se emplearon impuestos de todos los españoles) al gritar que se trataba de un ataque a Cataluña.

Si hay suerte, el escándalo en cuestión aparecerá en un diario; los políticos de la oposición harán declaraciones indignados y se producirán debates en el parlamento autonómico; un juez admitirá una demanda y empezarán a moverse los abogados, que enterrarán el asunto en papeles. Pasado un tiempo, la trifulca pasará como pasan las tormentas. Y en las redacciones de Madrid se dirá que la sospecha de un pago de 100.000 euros por una recalificación urbanística en una capital de provincia a 300 kilómetros no merece más que un breve.

Y uno de los últimos breves de la sección de Economía es lo que el diario El País en su edición de Madrid dedicó el mismo viernes a la noticia de la Hacienda vizcaína. Si es por algunos, el telón nunca se izaría y la obra se representaría sólo para los actores.

Guiños de Imaz
Opinión El País  19 Enero 2004

Con la proclamación ayer de Josu Jon Imaz como nuevo presidente de su Ejecutiva Nacional, el PNV entra en una etapa inédita en su historia centenaria. No sólo porque Imaz va a relevar a un líder, Xabier Arzalluz, que ha marcado el nacionalismo vasco durante un cuarto de siglo, sino porque le toca hacerlo en unas circunstancias singulares. La apuesta de Lizarra, redoblada en la ponencia política que aprobó la Asamblea General, ha resquebrajado el principio de la bicefalia que regía en el PNV. El partido ha depositado su liderazgo en el lehendakari Ibarretxe con el beneplácito de Arzalluz. Ahora, el nuevo presidente del PNV debe compartir el timón con el jefe del Gobierno vasco, del que ha sido consejero y portavoz. Y, por el momento, no podrá establecer su propio rumbo, ya que éste le viene marcado por el plan soberanista de Ibarretxe y la ponencia política elaborada a modo de testamento por Arzalluz y su frustrado delfín, Joseba Egibar.

El que Imaz vea definida su hoja de ruta por el sector derrotado en la contienda electoral interna es ilustrativo de las peculiaridades del PNV. Del mismo modo que no se entiende el encarnizamiento que se ha registrado en el proceso de sustitución de Arzalluz -y el que se anuncia para la renovación de las ejecutivas regionales-, cuando los dos sectores enfrentados dicen abrazar como único credo el plan de Ibarretxe. Quizás haya que esperar al momento en que encalle la propuesta de nuevo Estatuto del lehendakari para comprobar cómo funciona la experiencia iniciada ayer.

De momento, se apunta un cambio de discurso, a tono con el talante más conciliador de Imaz. Las palabras que éste pronunció ante la Asamblea, apostando por una "nación cívica" vasca en la que quepan desde el independentista al centralista y sus llamamientos a la negociación y el diálogo, no las habría expresado Egibar de haber ganado, ni tampoco el Arzalluz de los últimos años. También resulta significativo que Imaz aclarara que el proyecto de ETA no es el del PNV y que subrayara la herencia de dos de los dirigentes históricos menos sectarios del partido, José Antonio Agirre y Manuel de Irujo, y el espíritu abierto e integrador de un intelectual como Koldo Mitxelena.

Sin embargo, las palabras no son lo esencial en política. El nuevo presidente peneuvista va a tener que demostrar con hechos cómo se concilia la construcción de esa nación abierta y plural, hecha por y para los ciudadanos, con los enunciados de la ponencia política de su partido y del propio plan Ibarretxe. Porque en ambos textos lo que se propugna es una nación concebida por y para los abertzales, que orilla a la mitad de la población vasca que no comulga con el nacionalismo. Tampoco lo va a tener fácil Imaz para restaurar los puentes rotos con las fuerzas no nacionalistas. Tender la mano en esa dirección resulta incompatible con la estrategia de unidad nacionalista que más entiende el PNV como medio para perpetuarse en el poder. Aunque es sabido que en la historia del PNV han resultado más decisivas las personas, y su talante, que los documentos programáticos.

La deriva de los seis últimos años ha impregnado profundamente todas las estructuras del PNV, arrinconando su alma más liberal y humanista, la que precisamente representaron Agirre, Irujo y Mitxelena. El nuevo presidente ha hecho un guiño en esa dirección, pero los pies y el programa los tiene todavía en Lizarra. El tiempo, y sus actos, evidenciarán si Imaz es capaz de abordar la renovación ideológica del nacionalismo.

Los retos de Imaz
El Correo  19 Enero 2004

La elección de Josu Jon Imaz como nuevo presidente del EBB del PNV cierra la larga etapa en la que la formación jeltzale ha tenido a Xabier Arzalluz como su figura más visible e influyente. Sin embargo, tanto el desarrollo de la IV Asamblea General como las palabras con las que Imaz asumió su nueva responsabilidad permiten albergar serias dudas sobre si el recambio al frente del PNV supondrá novedad alguna respecto a la trayectoria que dicho partido ha trazado en los últimos años. Es indudable que el gusto provocador de Arzalluz da paso a la cordialidad con la que Imaz ha sabido conciliar sus posiciones políticas con su disposición a la comunicación con quienes podían situarse en las antípodas de su pensamiento. Como parece evidente que lo ocurrido responde a una tensión largamente contenida entre distintos sectores del PNV que, al final, ha desembocado en una batalla que ha adoptado la apariencia de un relevo generacional ineludible. Pero lo que a la sociedad vasca en su conjunto interesa es saber si, en lo que al PNV respecta, todo va a seguir como hasta ahora o se vislumbran cambios que puedan adquirir alguna significación fuera de las puertas de Sabin Etxea.

Xabier Arzalluz asumió ayer su nueva condición de «afiliado de a pie» sin renunciar a la pose retadora con la que durante todos estos años ha tratado de presentar sus invectivas como la defensa más idónea de los intereses de los vascos. Con su obligada retirada, la política y la sociedad vasca se libran de la acción disolvente de un líder que durante más de dos décadas ha sido capaz de atronar en la escena pública con afirmaciones que resultarían inadmisibles para cualquier otro representante político en cualquiera de las demás democracias del planeta. Aunque él se jacte de haber sido víctima de la inquina ajena, la verdad es que en su papel de tribuno ha estado ungido de una extraña bula que le ha permitido, semana tras semana, llevar hasta el paroxismo la legítima discrepancia política. Es cierto que en determinados momentos de su dilatada carrera Arzalluz contribuyó a incorporar al nacionalismo al concierto de los esfuerzos por restablecer en el País Vasco y en España un clima de concordia y un sistema de libertades duradero. Ésa fue, a diferencia de otros dirigentes nacionalistas, su actitud en el proceso constituyente. Ésa fue su aportación a la gobernabilidad de la autonomía vasca durante la segunda mitad de los ochenta y la primera de los noventa. Como fue su compromiso con la unidad democrática frente al terrorismo plasmada en el Pacto de Ajuria Enea. Pero ha sido el propio Arzalluz quien ha denostado esa faceta suya, afirmando que el nacionalismo vasco jamás podría aceptar una Constitución española, o calificando el período de entendimiento democrático como «tiempo muerto». El balance más justo de la trayectoria de un dirigente se halla en su propio testamento político. Y resulta indudable que su legado dista mucho de contribuir a la recuperación del consenso en Euskadi.

A la espera de que se dilucide definitivamente la disputa por el poder interno en el PNV, la sombra de su antecesor amenaza con contagiar el discurso más sereno y argumentado de Imaz. Pero lo que al futuro de Euskadi importa es si el nuevo presidente del EBB puede y quiere realizar su propio inventario del legado recibido. En su discurso de toma de posesión Imaz hizo un llamamiento a los 31.000 afiliados del PNV para que activen su solidaridad hacia todas las personas amenazadas. Pero lo que no dejó claro es si a su entender el partido cuya presidencia asume ha sido hasta ahora lo solidario que debía frente a la persecución de sus propios adversarios. Imaz habló de la «nación cívica», de la «patria abierta e integradora». Pero lo que es el verdadero motivo de inquietud para centenares de miles de vascos es que la llamada a la construcción de Euskadi entre todos obvie el hecho de que se trata de la Euskadi previamente diseñada por los nacionalistas.

Que en la Europa occidental un dirigente político inicie su andadura al frente del primer partido del país defendiendo la idea de que «todos los ciudadanos tengan los mismos derechos políticos y civiles» constituye un reflejo significativo de la situación por la que atraviesa Euskadi. Al margen de cualquier retórica bienintencionada, lo que el buen sentido de la democracia demanda en el País Vasco es la participación de todos -nacionalistas y no nacionalistas- en el diseño de su futuro sin que una eventual mayoría abertzale establezca los cimientos inamovibles de un proceso soberanista que desatienda el requisito primordial de la convivencia: la búsqueda constante del común denominador. Ésa es también la norma por la que habrá de ser juzgada la actuación de la nueva dirección jeltzale. Pero si ésta asume como única ley la literalidad de la ponencia aprobada por la IV Asamblea General del PNV, la sociedad vasca no podrá esperar otra cosa que más de lo mismo.

El Foro Ermua dice que la propuesta del PNV le «acerca a su final»
Servimedia - Madrid.- La Razón 19 Enero 2004

El Foro Ermua considera que la decisión del PNV de profundizar en la vía del soberanismo «le acerca a su final», y que «lo que tenemos que desear es que éste no sea el final de toda la sociedad vasca».

En declaraciones a Servimedia, el portavoz del Foro, Rubén Múgica, opinó que la formación nacionalista «sigue en su deriva y en su delirio nacionalista», en referencia a la asamblea general de este partido celebrada este fin de semana, donde ha sido elegido Josu Jon Imaz como nuevo presidente. Rubén Múgica considera que la estrategia de Imaz en la Presidencia del partido será la misma que la de Joseba Eguibar, portavoz peneuvista, a pesar de que éste sea del «modelo Atapuerca» y el nuevo presidente del PNV del «modelo Harvard».

El portavoz del Foro hizo estas declaraciones después de que la formación peneuvista eligiera su nuevo presidente y fijara como objetivos, dentro de su estrategia soberanista, aumentar los vínculos con Navarra y constituir un consejo de partidos para construir la «nación vasca».
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