AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 24 Enero 2004
¿Lingüística o política
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 24 Enero 2004

Cosmética de campaña
Cristina Losada Libertad Digital  24 Enero 2004

Cultura y caradura
FERNANDO SAVATER El Correo 24 Enero 2004

De Cracovia a Vitoria
TONIA ETXARRI El Correo  24 Enero 2004

Gustavo Bueno critica desde la filosofía la democracia existente
EFE. Madrid Heraldo de Aragón 24 Enero 2004
 
Cataluña
¿Lingüística o política?
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 24 Enero 2004

Biel Mesquida, que además de un buen escritor es jefe de publicaciones de la Universitat de les Illes Balears, ha convertido un debate sobre la unidad del catalán en un grito de alarma. Estamos en Canal 33; ante la cómplice sonrisa del responsable de política lingüística de la Generalidad de Cataluña y el azarado silencio de sus homólogos valenciano y balear, Mesquida ha acusado a este último de provocar no sólo la alarma social sino una conmoción similar a la del 23 F o la guerra de Irak. “Una bomba lingüística” le parecen las tímidas medidas recientemente adoptadas por el gobierno balear: consultar a los padres de los alumnos las horas de clase que sus hijos deben recibir en catalán. Eso sí, a partir de un mínimo del 50 %. Es decir, que el catalán, despachadas las consultas, sólo puede superar al castellano.

Acosado, el responsable balear de la cosa ha invocado el bilingüismo, para matizar de inmediato que prefiere hablar de multilingüismo y comunicar que su gobierno se dispone a facilitar la enseñanza de diez lenguas. Toma Jeroma. Una profesora valenciana más catalanista que Carod ha expresado entonces un temor: los derechos individuales podrían acabar imponiéndose a los derechos colectivos. Un escalofrío ha recorrido la espalda de los presentes.

Pero, de repente, el director general del asunto en Valencia, presentado por el moderador como “valencianista” (que aquí es tanto como llamarle bellaco) los ha desbordado a todos con un emocionado canto al “derecho a desarrollar un discurso patriótico, tal como hace Cataluña”. Esa patria, claro, no es España. No es que el hombre pusiera en duda la unidad de la lengua. Más bien ha dejado claro todo lo contrario. Pero insistía en llamar “lengua valenciana” a lo suyo. Qué le vamos a hacer.

Mesquida, airado, ha criticado la reivindicación de modalidades insulares (de las cuales su discurso está lógicamente plagado), para él muestra de un peligroso provincianismo. Me he acordado de dos usos insulares que deberían ser erradicados por ofensivos: el término foraster, con el que se designa desde hace décadas a cualquier peninsular no catalán, y el secular residuo antisemita de seguir estigmatizando los apellidos chuetas. Mientras, el debate se amenizaba con una sucesión de insultos al PP en forma de espontáneos mensajes de la audiencia. Nadie ha pronunciado la palabra España.

Personalmente, no dudo de la unidad de la lengua que, junto con el castellano, se habla en Cataluña, Valencia, Mallorca y la llamada Franja de Aragón. Como tampoco dudo, porque la ingenuidad tiene un límite, de la naturaleza política de estas supuesta controversias lingüísticas, casualmente resucitadas desde que los defensores de los Països Catalans van en coche oficial. Estamos ante una pura y dura ofensiva pancatalanista cuya punta de lanza la forman, como aconsejan las más básicas nociones de estrategia, aragoneses, valencianos y baleares tan inteligentes como Mesquida. Kundera los llamaría “alegres amigos de sus sepultureros”.

El Gobierno vasco y las víctimas
Cosmética de campaña
Cristina Losada Libertad Digital  24 Enero 2004

Como usuaria habitual de la barra de labios, me ha desconcertado primero y repateado después, la campaña que ha lanzado el gobierno vasco para mostrar un tardío apoyo a las víctimas del terrorismo. Si el cartel de la bala y la barra, ambas en vertical y en paralelo, hubiera anunciado una película del 007, lo habría tomado como una señal de la decadencia de quienes otrora crearon imágenes sugerentes. No hay que explicar por qué me viene a las mientes James Bond al ver esos dos objetos y en tal posición, vulgaridad en la que no cayó la portada del libro de Matías Antolín Mujeres de ETA, que utiliza los mismos elementos, pero de otra manera y para otro fin.

Que los artífices de la campaña del gobierno vasco sacaran o no su idea de la portada de ese libro no es la gran cuestión, aunque tampoco sea baladí. La ignorancia, en cualquier caso, no los exculpa. La cuestión es que se está transmitiendo un mensaje acerca del terrorismo, es decir, del asesinato, con la imagen de una bala y un pintalabios, ambos en estado de pulcritud y erección admirables. Nada en esos objetos induce a imaginar la realidad brutal a la que supuestamente se refieren.

Teniendo en cuenta los años de desprecio que el gobierno vasco ha infligido a las víctimas del terrorismo, la imagen elegida no puede atribuirse sólo a un mal día. La asepsia del cartel encaja perfectamente con la actitud que ha tenido el nacionalismo vasco ante al terrorismo y sus víctimas. Ahí están la distancia, la trivialización y la ocultación del horror que han practicado. La imagen no molesta, del mismo modo que siempre han procurado no molestar a los cómplices de los asesinos. El gobierno vasco no quiere que la gente se sienta recriminada. Tampoco se sentirá conmovida.

Cuando silencian una voz, nos callan a todos. Que no sellen tus labios es el gran lema. El eufemismo cabalga sobre el engaño. No se trata, que sepamos, de una campaña por la libertad de expresión. No se silencia una voz, se mata. Y si el gobierno vasco pretende, como dice, arrancar la costra de silencio bajo la que vive una parte de la sociedad, primero tendrá que llamar a las cosas por su nombre. Dejarse de trucos de maquillaje. Pero la campaña hace lo que dice que no hay que hacer.

La manida metáfora del maquillaje, leve y superficial como el maquillaje mismo, es la madre del cordero, el concepto. Sólo el que ve el terrorismo como un grano que desluce el cutis puede abordar desde esa idea lo que ocurre en la sociedad vasca. La cosmética, como bien se advierte en todas las cremas, se limita a las capas superiores de la epidermis. La indiferencia hacia las víctimas hunde sus raíces más en la profundidad, donde están los surcos que los nacionalistas vascos llevan arando desde hace mucho tiempo.

Hay quienes celebran, y quizá tengan razón, que con todo y pese a todo, el gobierno vasco haya cambiado de registro. Dados los antecedentes y el estilo de salida, esta mudanza recuerda a los tratamientos que se hacen para estar de buen ver en fechas señaladas. La campaña del Plan Ibarreche y las generales bien se merecen un pase por el instituto de belleza. Y, por cierto, que les está dando resultado y se oye por ahí que se les ve mejor. Ahora bien, y puesto que se han empeñado en explicar la condenada imagen, conviene que sepan que los labios no se pintan para taparlos, sino para que resalten.

Cultura y caradura
FERNANDO SAVATER El Correo 24 Enero 2004

Entre otros vicios más notorios, me aqueja el de repasar cada mes de diciembre los resúmenes que suelen sacar los periódicos sobre «lo más notable del año» en los distintos géneros intelectuales y artísticos. El mes pasado lo hice con especial interés, porque en 2003 se han publicado ensayos polémicos y valiosos que he leído con mucho provecho: el de Patxo Unzueta y José Luis Barbería, el de Iñaki Ezkerra, el de Mikel Azurmendi, el de José Mari Calleja, el de Edurne Uriarte, el de José Luis de la Granja... Seguro que por culpa del incipiente «Alfeízar» (como dice un amigo), me olvido de algún otro no menos importante. Y aunque no lo sean en el mismo grado, yo mismo he cometido la imprudencia de publicar dos libros.

Me refiero solamente a autores vascos y que han escrito -directa o indirectamente- sobre las cuestiones de nuestra actualidad que más pueden preocuparnos a todos. Como en este país no siempre es cómodo tratar ciertos temas, poner en cuestión determinadas ideas o denunciar algunos comportamientos, además de su valor intrínseco estas obras tienen el valor añadido de los inconvenientes y animadversiones a que sus autores se exponen publicándolas. Aun quienes no estén de acuerdo con sus razonamientos parece que deberían agradecer al menos el servicio cívico que supone plantearlos y animar a discutir lo que tantos tienen por indiscutible. Sin embargo, salvo que se me haya escapado la mención, ninguna de esas obras ha merecido ser considerada como algo digno de figurar entre lo más notable producido este año en los susodichos resúmenes de la prensa.

Tampoco recuerdo que quienes las firman hayan sido muy requeridos por nuestras televisiones y radios autonómicas para comentar los puntos de vista expuestos en ellas. Por lo visto los problemas de nuestra convivencia son muy preocupantes pero hablar de ellos -al menos en cierto sentido- resulta más preocupante todavía y hasta parece de mal gusto. Entonces... ¿para qué coño -con perdón- sirve la dichosa cultura?

Por otro lado, resulta que el director de Creación y Difusión Cultural del Gobierno vasco, junto a la consejera de Cultura y no se cuánta buena gente más, están muy preocupados por la campaña de «boicot y censura» contra ciertos grupos musicales vascos. A su juicio supone nada menos que «acciones violentas contra elementos culturales», equiparables a los destrozos vandálicos de algunas obras de Agustín Ibarrola o los intentos de censura y boicot contra la última película de Julio Medem. Sinceramente, no conozco ningún acto 'violento' contra ninguno de esos grupos musicales... al menos en el sentido de violencia que han padecido las esculturas de Ibarrola. Desde luego, algunas asociaciones de víctimas y otras organizaciones sociales se han pronunciado contra sus conciertos, contra la letra de sus canciones y contra la utilización de locales municipales para sus exhibiciones. Se sienten ofendidos por expresiones de apoyo a la violencia o de menosprecio a quienes la sufren, lo cual no es una reacción tan rara salvo entre comunidades de resignación franciscana. Aún recordamos algunos recitales de Fermín Muguruza en los que dedicaba cualquiera de sus piezas menos suaves «al españolazo de José Mari Calleja» y otros pacientes. Ninguna autoridad vasca, que yo sepa, ha dicho nada contra quienes sembraron esas tempestades aunque ahora se quejen de ver la cosecha obtenida. En cuanto a la película de Julio Medem, se ha proyectado en todas partes sin especiales dificultades y desde luego sin repercusiones personales tan desagradables para él como las que ha sufrido Iñaki Arteta por su silenciado cortometraje 'Sin libertad'.

No dudo de que, como señalan con interesado pragmatismo algunas casas discográficas, esas muestras públicas de repudio puedan perjudicar económicamente a algunos. Pero supongo que es un riesgo lógico que corren quienes se dan el gustazo de insultar a los que ellos llaman despectivamente 'españoles' pero no renuncian al buen dinerito que pueden obtener actuando ante tal público y vendiéndole sus productos. Tampoco esos boicots son algo tan 'violento', por lo menos no más violento que el que piden los nacionalistas catalanes contra Samsung o Philips por querer llevarse sus industrias fuera del territorio catalán. O se procura hacerse amigos o no se queja uno de que aparezcan enemigos. Unos han puesto de moda el lema 'no en mi nombre' y otros lo parafrasean diciendo 'no con mi dinero': son reacciones que más allá de la pataleta momentánea deberían hacer reflexionar de cara al futuro, porque hay gente que se ha cansado de mostrar complejos políticamente correctos. Un viejo chiste establecía que «las chicas buenas van al cielo, pero las chicas malas van a todas partes». Pero los tiempos cambian y parece inevitable que ciertos 'chicos malos' vayan a terminar abocados a quedarse en casita.

De Cracovia a Vitoria
TONIA ETXARRI El Correo  24 Enero 2004

Las acusaciones del consejero Azkarraga contra el nuevo presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, Ruiz Piñeiro, de despreciar la lengua vasca, forman parte del plan de deslegitimación del Poder Judicial que desde algunas instancias del Gobierno vasco están llevando a cabo para vestir de argumentos el plan Ibarretxe que tan escaso consenso está logrando. La clave está en encontrar razones que justifiquen que no hay organismo o institución enraizada en el marco español que pueda interesar a Euskadi. A la Euskadi nacionalista, se entiende. Y si el magistrado que ejerció durante 14 años en Vizcaya y conoce (seguramente mejor que algunos consejeros del Ejecutivo de Vitoria) las entretelas de la Judicatura vasca, se limita a citar la normativa jurídica para explicar, con el rigor que le caracteriza, que para ejercer como juez en Euskadi se necesita saber Derecho pero no euskera, el consejero más 'euskeldun' del equipo de Ibarretxe habla de «desprecio» a los ciudadanos vascos. Y para ilustrar el concepto que, desde su txoko, tiene de un juez español, o vasco pero que no sepa euskera (que ése fue el delito señalado por Arzalluz no hace demasiado tiempo) lo compara con uno de Cracovia aterrizado en la Audiencia Nacional. Un ejemplo acertado; y sobre todo, próximo.Y sigue el plan.

De las palabras de Ruiz Piñeiro el consejero deduce que existe «la imperiosa necesidad» de reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial. Que el conocimiento del euskera deje de ser un mérito y se convierta en requisito para ocupar plaza de juez en el País Vasco. Eso sí, que el nivel de exigencia de conocimiento de la lengua vasca vaya en función de las zonas. No es lo mismo su entorno alavés, el de Azkarraga, que el guipuzcoano de María San Gil o de Jesús Eguiguren, por ejemplo.

Dejando a un lado los agravios comparativos, lo que parece claro es que la propaganda sobre el plan por romper el principio de unidad jurisdiccional no ha hecho más que empezar. El lehendakari necesita tiempo. Por eso quiere que no paremos de debatir, al margen de las sentencias judiciales, su plan soberanista durante quince meses. Los magistrados vascos que ya en su día manifestaron que el proyecto de Ibarretxe les demostraba que los nacionalistas gobernantes no les consideraban «sus» jueces, arrojan un dato irrefutable sobre la situación de la Judicatura en la comunidad vasca. De los doscientos jueces que ejercen en el País Vasco, tan sólo tres tienen acreditado el perfil lingüístico que quieren exigir desde el Gobierno de Ajuria Enea. Es decir: que si sólo se contara con aquéllos que conocen la lengua vasca, los ciudadanos nos quedaríamos atendidos por tres jueces. Eso sí; euskaldunes. Un dato demoledor. Cabe esperar que los sueños de Azkarraga se queden por Cracovia. O en Babia. Porque, si se hacen realidad, con estos planteamientos de limpieza lingüística, saldrían perdiendo los ciudadanos en general.

FILOSOFÍA
Gustavo Bueno critica desde la filosofía la democracia existente
El filósofo Gustavo Bueno critica en su libro "Panfleto contra la democracia realmente existente" las democracias fundamentalistas y, sobre todo, la idea que tienen sobre la esencia de la democracia, pues los sistemas políticos que ahora se llaman así consideran que "realmente existe".
EFE. Madrid Heraldo de Aragón 24 Enero 2004

El filósofo Gustavo Bueno critica en su libro "Panfleto contra la democracia realmente existente" las democracias fundamentalistas y, sobre todo, la idea que tienen sobre la esencia de la democracia, pues los sistemas políticos que ahora se llaman así consideran que "realmente existe". El libro es el segundo volumen de la nueva colección de ensayo de La Esfera, que dirige Gabriel Albiac, en la que inaugura la subsección dedicada a los "panfletos" en el sentido filosófico del término, es decir, un "opúsculo en que la filosofía incida en los terrenos de combate".

Reflexiona Bueno sobre el concepto de democracia como sistema político puro, sobre lo que significa vivir en un estado democrático, sobre el origen de la teoría de los tres poderes o sobre si la tolerancia o la libertad son virtudes específicas de la democracia.

Tras un minucioso análisis de las raíces atenienses, explica una a una las contradicciones de la democracia, los conflictos entre el poder ejecutivo y el legislativo, la estructura tributaria, la falta de igualdad ante la ley, las "aristocracias políticas" o la pena de muerte. El libro cierra un ciclo del filósofo, que tras haber abordado el mito cultural y el de la izquierda, se enfrenta ahora a "destruir los lugares comunes y a triturarlos, reflexionando sin considerar que eso implique una opinión directa, porque "Platón prohibió opinar a los filósofos".

"Tolerar es ofender"
Arremete contra lo que se llama "democracia tolerante", porque, en su opinión, la "tolerancia" no es una virtud democrática, sino todo lo contrario, pues si se tiene en cuenta a Goethe, "tolerar es ofender"; Santo Tomás de Aquino la consideraba un vicio, mientras que llevar a la gente a la hoguera era un acto de caridad.

La tolerancia es, en buena ley, según Bueno, consentir una desigualdad para evitar un mal mayor y, en este sentido, el político es tolerante porque suspende la posibilidad de reprimir. En lo que se llaman democracias actualmente, no existe, según Bueno, "la igualdad ante la ley", pues es evidente, por ejemplo, la desigualdad de los profesores de enseñanza media que no pueden optar a concurrir a otras comunidades autónomas en razón del idioma, de modo que, en su opinión, las posturas de Ibarretxe y Rovira no representan una "democracia real" y "restan grados de democracia al país.

"Según la tradición clásica de la política -dijo Gustavo Bueno- Ibarretxe es un sedicioso y, en opinión de Kant y Hegel, habría que fusilarlo por ello". Desde el punto de vista filosófico del escritor, la pena de muerte, es decir, la ejecución, debería estar en la democracia, porque "no se trata de que la gente se reinserte" ni de que el que ha realizado algo contra la ley "se reinserte".

Lo que realmente existe en España, según Bueno, es una "partitocracia", que interviene de vez en cuando en una ceremonia cuando la esencia de la democracia es la libertad de arbitrio. La iglesia católica, por ejemplo, es, según Bueno, "antidemocrática", pues su estructura jerárquica es nombrada por un jefe sin que exista control democrático.

Gabriel Albiac, director de la colección en la que aparece el libro de Gustavo Bueno, precisó que el "panfleto" y la "erudición" molestan siempre, porque "piensan contra lo aceptado y contra lo que realmente agradaría". Para Albiac, Gustavo Bueno es el continuador de la filosofía intransigente, el maestro de la intervención de la realidad y en poner "patas arriba" lo que se muestra.

En su opinión, el estudio de Gustavo Bueno, "Panfleto contra la democracia realmente existente", es la mejor obra de teoría política editada en castellano desde hace muchos años.

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