AGLI

Recortes de Prensa     Martes 27 Enero 2004
Nos engañaron, pero no nos engañarán
Alberto Ballarín Marcial Estrella Digital 27 Enero 2004

¿También esto se va a tolerar
EDITORIAL LD 27 Enero 2004

La credibilidad de Zapatero
Editorial LR 27 Enero 2004

No
Juan Carlos Girauta LD 27 Enero 2004

Como los judíos bajo los nazis
Luis María ANSON LR 27 Enero 2004

Si esto hace ahora, ¿qué haría en La Moncloa
Federico Jiménez Losantos LD 27 Enero 2004

LA PRENSA Y EL PRECIO DEL DOLOR
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC 27 Enero 2004

QUIEN CON NECIOS SE ACUESTA...
M. MARTÍN FERRAND ABC 27 Enero 2004

LAS MALAS COMPAÑÍAS
Editorial ABC 27 Enero 2004

CAROD-ROVIRA NOS ODIA
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 27 Enero 2004

¡Ay!, aquella foto del balcón...
Ignacio Villa LD 27 Enero 2004

El imperio
Dalmacio Negro LR 27 Enero 2004

Mala semana
Iñaki Ezkerra LR 27 Enero 2004

Y a Mayor Oreja se lo comieron
Miguel Ángel Rodríguez LR 27 Enero 2004

Carod-Rovira dinamita el PSOE
Pablo Sebastián Estrella Digital 27 Enero 2004

Dialogando se entiende la gente
ALONSO DE LA VEGA La Voz 27 Enero 2004

La traición de Carod
Editorial El Ideal Gallego 27 Enero 2004

Apología de la estupidez
Editorial LD 27 Enero 2004

Carod-Rovira, una baza para ETA
Heraldo de Aragón  27 Enero 2004

Las amistades peligrosas de Carod-Rovira
Lorenzo Contreras Estrella Digital 27 Enero 2004

Carod, insuficiente
Opinión El País  27 Enero 2004

Grave irresponsabilidad
Editorial El Correo  27 Enero 2004

Pobre Cataluña
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 27 Enero 2004

Ibarretxe certifica el fracaso de su delirio
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  27 Enero 2004

El boicot
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  27 Enero 2004

El precio de un sillón
Cartas al Director ABC 27 Enero 2004

«Invitación a dialogar»
Cartas al Director ABC 27 Enero 2004

«Un acto de deslealtad intolerable»
LR 27 Enero 2004

El olvido, la esperanza y la denuncia
D. MARTÍNEZ ABC 27 Enero 2004

Las víctimas piden «rebeldía cívica» y rechazan que se pacte con ETA
D. M. ABC 27 Enero 2004

Los estadounidenses apoyan el inglés como lengua oficial
Redacción - Washington.- LR 27 Enero 2004
 
Nos engañaron, pero no nos engañarán
Alberto Ballarín Marcial Estrella Digital 27 Enero 2004

Vascos y catalanes, cuando hicimos la actual Constitución de 1978, nos engañaron a todos los que participamos en la operación, empezando por el presidente Suárez y acabando en los simples senadores y diputados que votamos aquel maravilloso texto, creyendo que tendría tanta vida, por lo menos, como la Constitución de Cánovas de 1876.

Dios quiera que me equivoque, pero este texto tan celebrado por el que nos han dado medallas de bronce a sus autores puede ser la Constitución más lamentable de nuestra historia, acusada de haber abierto la puerta a los separatismos nacionalistas.

El caso es que no lo hicimos con tal intención, ni mucho menos. Aplicamos en nuestro interior para tranquilizarnos aquella máxima de Alexis de Toqueville, formulada como conclusión de su luminoso estudio de las Causas de la Revolución francesa: “una reforma legal bien hecha y en tiempo oportuno puede evitar una revolución”. De este modo, creíamos nosotros —los ingenuos aragoneses, andaluces y extremeños, castellanos y demás— que configurando el Estado de las Autonomías, sin que nada tuviera que envidiar a los sistemas federales, dejaríamos resuelta para siempre la convivencia entre españoles de diversa cultura y origen. Yo formé parte de la Comisión Constitucional del Senado; allí nadie hablaba de independencia, ni de soberanía, ni amenazaba con referéndum. Todos parecían buenos españoles decididos a convivir por fin en paz, sobre la base de una Constitución consensuada, aprobada por la gran mayoría de los españoles.

Cuando en las cenas del Club Siglo XXI alguien le preguntaba a algún senador o diputado vasco por la independencia, se le contestaba con fórmulas evasivas y ambiguas para tranquilizarnos a todos los comendales, diciendo que ése era una ideal tan lejano y tan elevado que no aparecía en sus planes. Al mismo Arzalluz le oí decir en una ocasión que él no se reclamaba de Sabino Arana sino del Padre Larramendi, un jesuita del siglo XVII, autor de la primera gramática vasca, que tituló El imposible vencido. Según mis noticias, ese clérigo sostenía que existió un pacto entre los vascos y la Corona para integrarse aquellos en España y, con vistas al futuro, el P. Larramendi analizaba qué era lo más conveniente para sus paisanos; tras estudiar una eventual alianza con Inglaterra, Francia, etc., llegaba a la conclusión de recomendar la alianza con España. Debo confesar que esa cita de Arzalluz me tranquilizó totalmente respecto de lo que pudiéramos llamar su postura ante el independentismo. Pero ellos no pensaban realmente así, sino todo lo contrario: para vascos y catalanes, la idea de las autonomías territoriales no era más que un instrumento para descentralizar poco a poco el Estado, vaciándolo de contenido en la mayor medida de lo posible; su objetivo final era la independencia, esa palabra que es la más hermosa de los diccionarios, la que más sangre ha hecho correr en la historia, la que ha inspirado a más poetas, a más líderes, demagogos o grandes oradores, a más revolucionarios o reformadores sociales, una palabra que tiene más fuerza que ninguna otra palanca para mover los sentimientos y la acción de las minorías más selectas y de las muchedumbres mas enfervorizadas.

Si hubiéramos leído entonces la historia de España, habríamos aprendido lo que fueron los nacionalismos vasco y catalán en los años treinta y, por supuesto, en la Guerra Civil; no hicieron otra cosa que tratar de lograr la independencia de sus territorios a costa de lo que fuera preciso, incluida la deslealtad a la República. Sus ministros y sus embajadores querían aparecer en Europa como los muñidores de una pacífica terminación de la contienda en la que ellos cobrarían la recompensa de vivir por fin solos en su paisaje verde y entrañable, en medio de fronteras bien trazadas y de aduaneros con uniforme. No lo lograron, pero se reservaron para otra ocasión y ésta les parece haber llegado ahora. Jugando asimismo con las diferencias y la oposición entre los partidos políticos, especulando con la ambición personal de sus líderes, argumentando la belleza y la eficacia de lo pequeño, cuando consideran realizada en la escuela la mentalización de los jóvenes en ese sentido, gracias a la estúpida e incomprensible tolerancia estatal de sus libros de texto, totalmente trufados, vuelven, una vez más, a intentar la realización de su sueño rompedor y aguafiestas de las Españas.

Pero ahora no lo conseguirán tampoco. El pueblo español lo impedirá, como impidió la pretensión inicial de los Pujoles y de los Arzalluz, al final de los años 70, de ser ellos solos los autonómicos, lo que hubiera facilitado mucho sus planes.

El mismo pueblo que se echó a la calle y abarrotó las plazas públicas cuando el repugnante asesinato de Blanco les parará los pies. Ya ha empezado esta tarea acudiendo miles y miles de españoles de todas clases y de todo tipo a las manifestaciones de ¡Basta Ya!. Eso irá en aumento: será una auténtico clamor nacional que, cuando se produce de verdad, es invencible y arrasa. Fernando Savater lo logrará. Todos le vamos a ayudar porque el asunto nos concierne a todos y no sólo a ellos.

Están apareciendo ya nuevos medios de manifestar el enfado de los españoles ante tanta miseria política; yo tengo ya muchos amigos que no compran productos catalanes ni vascos; hay algunos que han jurado no pisar más esos países irredentos; si esta marea sube, no sabemos lo que puede llevarse por delante, pero los separatistas deben contar con ella.                * Presidente de la Academia de Doctores del Instituto de España

¿También esto se va a tolerar?
EDITORIAL LD 27 Enero 2004

Nuestro diario ha sido el único medio de comunicación que siempre se ha opuesto y se ha referido de forma crítica a cualquier clase de negociación con ETA, con independencia de cual fuera su finalidad y al margen de que la banda terrorista estuviera o no en tregua. Consideramos que los contactos que Aznar autorizó públicamente durante la tregua eran innecesarios y, por tanto, podían ser contraproducentes para constatar la posibilidad de que ETA, sin contrapartida a sus objetivos políticos, abandonara definitivamente las armas. Ahora bien, equiparar, como han hecho ahora algunos medios de comunicación, estos contactos y su finalidad con los que acaba de mantener clandestinamente el independentista Carod Rovira para que ETA excluya a Cataluña –como mucho, a los “Països Catalans”- de su actual actividad criminal, a cambio de dar cobertura política a los objetivos de la banda, es una bajeza casi tan repudiable como la perpetrada por el propio conseller en cap de la Generalitat Catalana.

Lo que fue, por parte de Aznar, un equivocado intento de atajo para lograr que ETA dejara de matar definitivamente sin que los terroristas consiguieran por ello los objetivos por los que venían asesinando desde hacía 30 años, en el caso de Carod Rovira, es un repugnante e intolerable acuerdo para lograr que ETA mate de forma selectiva y poder reclamar los objetivos por los que los terroristas seguirían matando fuera de Cataluña. Lo de Aznar fue un error –secundado por toda la oposición- que el presidente del Gobierno ha sabido enderezar con creces y que sólo perseguía el fin de los crímenes de ETA; lo de Carod Rovira es, simplemente, una canallada de quien es capaz de llegar a unos acuerdos con los terroristas en función del lugar en donde los perpetren.

Lo que no pude ser es que la pasada y generalizada condescendencia con las aristas de lo que se llamó “proceso de paz” sirva ahora para que los medios de comunicación quiten hierro -y las equiparen- a una bajeza moral como la perpetrada por los socios del PSC en el Gobierno catalán. No es de recibo que todos estos medios de comunicación, que respaldaron de forma entusiasta la marginación política del partido de Le Pen o incluso la de un partido democristiano como el que pactó en Austria con Haider, no pidan ahora de forma inmediata a Maragall que rompa sus acuerdos de gobierno o que presente su dimisión.

No estaría de más que a esta petición se sumara la Fundación Victimas del Terrorismo, con su presidente, Adolfo Suárez, a la cabeza, y declararan “persona non grata” al actual conseller en cap del Gobierno catalán. También sería oportuno una denuncia en el ámbito europeo. Como decía Julían Marías, “hay que reservar las «medias tintas» para los grados realmente intermedios, como sucede con la escala de Mohs, y no rehuir los extremos cuando es menester: una estimación tibia ante lo que merece entusiasmo es un error; un débil desagrado o mohín de displicencia ante lo repugnante es una cobardía”.

La credibilidad de Zapatero
Editorial LR 27 Enero 2004

Que el primer consejero del gobierno autónomo catalán, una institución del Estado español que representa a todos y cada uno de los ciudadanos que residen en la Comunidad, acuda a una cita clandestina con miembros de una banda terrorista y otorgue cualidad política a una pandilla de asesinos que cercena la libertad mediante el tiro en la nuca de los discrepantes, es mucho más que un «gravísimo error»; es un acto de deslealtad perfectamente previsible en el líder de un partido que comparte los fines últimos de los pistoleros, la disgregación de España, aunque en absoluto, y hay que recalcarlo, practique o justifique sus métodos.
Pero si la actitud de Carod-Rovira no debe sorprendernos, si nos parece muy preocupante la respuesta de sus socios de gobierno, en especial la del Partido Socialista de Cataluña, que han despachado el asunto con una simple nota de lamentaciones. Más aún, cuando el presidente de la Generalitat, Pacual Maragall, ni siquiera ha salido a dar la cara ante un comportamiento que compromete gravemente a su gobierno y, por ende, a todo el pueblo de Cataluña que, desde siempre, ha sido ejemplo de solidaridad y compromiso con las víctimas de la violencia, sin distinción de origen o lugar de residencia.

No hay que buscar, sin embargo, interpretaciones esotéricas a lo que está, por desgracia, meridianamente claro; y es que Pascual Maragall no puede sostenerse al frente del gobierno autónomo catalán sin los votos de ERC. Cualquier decisión que fuera más allá de lamentar el «gravísimo error» de su socio supondría un riesgo evidente de ruptura y de la pérdida del poder. Rehén de un pacto desigual, no queda otra que esperar a que amaine la tormenta.

Para José Luis Rodríguez Zapatero, lo ocurrido llega en el peor momento. Que su partido mantenga el pacto de gobierno con con un individuo que ha intentado negociar con los terroristas una selección de víctimas por razón de origen, tiene una más que difícil justificación, independientemente de que nos encontremos en período electoral. El PSOE, firmante del pacto de Estado contra el terrorismo y cuyos militantes y representantes ciudadanos son víctimas frecuentes de los asesinos, no puede permitir que una actuación de este tipo quede sin consecuencias.

En política, como en otros órdenes de la vida, hay pactos imposibles, imperativos morales con los que no se puede transigir. Si Pascual Maragall se niega a destituir a Carod- Rovira, que negocia clandestinamente con terroristas y acude a las llamadas de los pistoleros, tendrá que ser la Ejecutiva Federal quien tome las decisiones. Todo, menos perder la legitimidad.

No
Juan Carlos Girauta LD 27 Enero 2004

No podemos admitir lo que ha hecho Carod porque si lo hacemos estaremos insultando a las víctimas que hoy se han reunido en Madrid y estaremos traicionando el pacto espontáneo y multitudinario que los españoles alcanzamos en las calles tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. El pacto para no ceder nunca un palmo más, para avanzar solamente en la lucha contra el terror y por la libertad. Por eso no se puede admitir esta indignidad, por mucho poder que ostente el primer ministrillo en su comunidad y por mucho ascendiente que tenga sobre el PSOE. Cada día que pase sin que sea destituido aumentará el deshonor de Maragall, el descrédito de Zapatero y la desorientación de su malhadado partido.

Dice el líder independentista que actuaba a título personal en ese encuentro infame e infamante. Tanto peor, porque si así fuera estaríamos ante un delincuente que llega a acuerdos mutuamente beneficiosos con un hatajo de asesinos. Pero no, claro que no actuaba a título personal. Actuaba representando, para empezar, a todos los que no digirieron la explosión de dignidad que supuso el espíritu de Ermua, lo que incluye, por desgracia, a varias formaciones políticas con representación parlamentaria.

En su oscura negociación, Carod estaba dispuesto a aceptar que se siguiera matando fuera de Cataluña, y también dentro si se trataba de objetivos señalados. Si esto no es cierto, que se desdiga de lo que todos hemos oído en televisión cuando confirmaba las informaciones aparecidas en ABC. ¿Cómo se atreve nadie a traficar con la muerte, a utilizarla como variable de negociación? ¿Cómo se atreve un representante público? Se atreve porque considera que sus fines son esencialmente buenos, aunque pasen por contribuir a la estrategia de los asesinos mediante pronunciamientos institucionales de no sé qué derechos a la autodeterminación. ¿Le cuesta mucho a Carod cumplir su parte del pacto? Vamos, hombre, eso lo habría hecho con o sin ETA. A los terroristas los sube a su carro –e, inevitablemente, él se sube al de ellos– para pasar por un benefactor que se sacrifica por la paz.

Antes de ser conseller en cap ya había hecho el hombre sus intentos de aproximación al club del tiro en la nuca. Descubierto y sin éxito, lanzó a ETA el mensaje de que antes de actuar en Cataluña deberían mirar un mapa. Con ello quería decir que Cataluña no es España, porque los mapas que maneja Carod se los ha pintado él con lápices de colores y luego se los ha creído. Pero imaginemos que tuviera razón y esta tierra desde la que escribo estuviera en el extranjero. Imaginemos que Cataluña fuera en realidad un país fronterizo, como Francia. Supongamos a continuación que el primer ministro francés alcanza acuerdos estratégicos de apoyo al programa político de ETA a cambio de no sufrir atentados en su territorio, salvo que las víctimas estuvieran previamente señaladas. ¿Qué opinaríamos de ese primer ministro? ¿Qué dirían la mayoría de españoles de él?

Como los judíos bajo los nazis
Luis María ANSON LR 27 Enero 2004
de la Real Academia Española

El Príncipe de Asturias inauguró ayer el Congreso sobre víctimas del terrorismo con palabras certeras. La denuncia de la situación en el País Vasco, acorralado bajo la dictadura del miedo, es un ejemplo significativo del vendaval terrorista internacional que sacude al mundo de un extremo a otro.

A Ibarreche debería caérsele la cara de vergüenza. Habla de democracia y libertad y todos los concejales del PSOE y del PP y su entorno en las provincias vascongadas viven en permanente zozobra, rodeados de escoltas y medidas de seguridad. Mientras no solucione esta situación, Ibarreche no tiene autoridad moral para proponer nada ni para decir nada, aunque se entienda con Carod-Rovira que se ha permitido hace unas semanas negociar solapadamente con los asesinos, disparando así un torpedo sobre la misma línea de flotación de Zapatero.

Maragall está en la obligación moral de romper la relación con su jefe de Gobierno, que ha negociado que se mate a unos ciudadanos, sí, y a unos ciudadanos, no, a cambio de hacer concesiones a ETA, a cambio de dar cobertura política a los terroristas. La bajeza moral de Carod-Rovira le excluye de cualquier alianza política decente.

Los concejales del PP y del PSOE y su entorno en el País Vasco padecen, cosa que sabe muy bien el conseller en cap de la Generalitat, una situación casi idéntica a la de los judíos bajo la opresión nazi. Se sienten acosados porque se les acosa. Viven amenazados, marginados, situados en la picota y en el punto de mira de Eta. En el resto de España no tenemos idea cabal de lo que está padeciendo una parte del pueblo vasco sometido a la opresión y a la vergüenza por no compartir las ideas del nazismo dominante. Cuando uno habla con un concejal vasco del PSOE, con una concejala del PP, se produce el anonadamiento por lo que cuentan, por lo que sufren, por lo que van a sufrir, por el trato social que reciben, igual que los judíos bajo el dominio nazi.

Con una cobardía moral y física deleznable, Ibarreche y sus cómplices hacen a los terroristas de Eta todas las concesiones necesarias para que los concejales del PNV no se sientan ni acosados ni amenazados ni marginados.

El «sálvese el que pueda» del Gobierno vasco es una de las páginas más miserables de la historia contemporánea de España. El amigo de Ibarreche, socio a la vez del PSOE catalán, Carod-Rovira, ha cometido una villanía paralela y ha tratado de pactar con ETA que mate a los vascos no nacionalistas, pero que no roce a los ciudadanos catalanes.

Si esto hace ahora, ¿qué haría en La Moncloa?
Federico Jiménez Losantos LD 27 Enero 2004

Zapatero ha dejado en manos de Maragall las medidas contra Carod Rovira por su pacto con ETA para que no mate en Cataluña, salvo a los amenazados del resto de España que quieran esconderse allí, porque tampoco se trata de convertirla en un refugio para las víctimas del terrorismo. Y Maragall ha actuado como cabía esperar: mandando a Iceta a atacar al PP. Es natural en quien ha firmado un acuerdo de Gobierno con ERC que, a cambio de la Presidencia de la Generalidad de Cataluña, compromete al PSOE a no pactar con el PP a escala municipal, autonómica y española. Por otra parte, no sabemos si la reanudación de las conversaciones de Carod con los terroristas etarras forma parte o no de ese mismo acuerdo antidemocrático y antiespañol de socialistas y separatistas catalanes. En cuanto empezaron a pelearse por TV3 nos enteramos de que el Pacto tenía unas cláusulas secretas para la elección de cargos políticos por consenso “tripartito”. ¿Por qué no ha de haber más cláusulas ocultas respaldando esa política permanente de ERC para que ETA mate lo que quiera pero no en Cataluña o los “Països Catalans”? Es lógico desde el punto de vista del separatismo. Lo es menos para un partido español, si es que todavía puede considerarse así al PSC ¿Lo es el PSOE? Cabe dudarlo. Y mucho.

Por supuesto, no cabe hablar de reuniones “a título personal” del Consejero Jefe o, como le gusta llamarse a él, Presidente del Gobierno Catalán. “A título personal”, “Antza” no se hubiera dignado recibirle, como de hecho no quiso en tres ocasiones anteriores. Lo que ofrece ahora Carod a la ETA es defenderla políticamente a cambio de considerar a Cataluña un país ajeno y enemigo de España. Y eso vale más desde que está en el poder que ayer, cuando no estaba. Pero su poder depende de Maragall. Y Zapatero depende de Maragall tanto o más que el propio Carod, de ahí que su héroe haya dejado de ser Don Quijote y se una al “Club Catalá de Fans de Poncio Pilatos”. Pero si esto hace el PSOE cuando está en la Oposición, ¿qué no haría en La Moncloa? Desde luego, como dice Iceta, no “obedecería las órdenes del PP”. Las de Ibarreche y Rovireche, sí. Y las de ETA, al paso que va, también.

LA PRENSA Y EL PRECIO DEL DOLOR
por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC 27 Enero 2004

DESDE que la humanidad se civilizó las colectividades han intentado encontrar procedimientos de reparación a la aflicción injusta practicada por unos hombres contra otros. El reproche penal ha sido y es la expresión más depurada de la repulsa social al crimen, que añadió a la condena una regla compensatoria material -el llamado «pretium doloris», el precio del dolor- que hasta tiempos muy recientes se ha considerado que liberaba la conciencia colectiva. Hablamos, pues, de penas y de indemnizaciones. Incluso las víctimas de los delitos han entendido que cualquier otra reparación que fuese más allá de esa ecuación sancionadora sobrepasaba las posibilidades reales del Estado y de la sociedad. Pero la irrupción de la delincuencia terrorista ha abierto una nueva sensación de desasosiego moral. Las víctimas del terrorismo no lo son por el designio de una dinámica humana y social históricamente permanente, sino por otro de distinta naturaleza, más perverso, calculado y lesivo y, desde luego, más sacrificial.

Las víctimas del terrorismo son, estrictamente consideradas, emblemas de una convivencia que se quiere destruir, de un orden que se pretende alterar, de unos valores que se intenta derrotar y de los que ellas son, de una manera o de otra, representantes. No importa a los efectos del terrorismo que el asesinado sea un general, un guardia civil, un policía, un cargo político, un periodista, un intelectual o un ciudadano sin relevancia pública. La víctima para el terrorismo, sea cual fuere, es un instrumento de opresión a la colectividad, un aspersor del miedo y la coacción, una vía de contagio del mal de la desesperanza. En su criminalidad valen todas las víctimas. Todas son útiles porque en último término todas ellas representan valores similares. Cada víctima es un golpe general y poco les importa a los victimarios su condición como no sea el de su carácter representativo que en una sociedad enfrentada a esa prácticas lo tienen todas sin excepción.

En estas circunstancias el debate de la reparación no puede discurrir sólo a través de la fórmula sancionadora y compensatoria, porque las víctimas del terrorismo están cualificadas, por serlo, de vanguardia de la defensa social. Este es el meollo de la cuestión: las víctimas del terrorismo adquieren en sus padres, esposas, maridos, hijos, hermanos, familiares, una legitimación activa específica que les dota de una capacidad de interlocución pública respecto de un conjunto de cuestiones por el que se sienten concernidas y reclaman, tanto desde el punto moral como desde el político, un nuevo protagonismo.

Podremos y debemos intentar fórmulas de reparación material y moral añadidas a las que ahora se articulan; pero serán insuficientes para satisfacer mínimamente el enorme precio del dolor que pagan las víctimas si su voz no se singulariza y se introduce como un instrumento más en el concierto de las referencias públicas de nuestra sociedad. Esa es, creo, una aproximación imprescindible a la consideración más completa del concepto de reparación que a tantos ciudadanos inquieta por su insuficiencia presente.

Cuando propugno que las víctimas del terrorismo, mediante fórmulas de asociación y organización varias, se incorporen al conjunto de referencias colectivas no trato en modo alguno de sugerir papeles sociales que en una democracia están ya asignados. Me refiero a que su criterio, su punto de vista, no se convierta en un aspecto marginal y prescindible en determinadas decisiones y orientaciones comunes. Las víctimas del terrorismo, a más de reclamar los derechos que les corresponden, sufren injustamente porque soportan sobre sus espaldas el embate contra el Estado y reviven en cada atentado su propio calvario. Las víctimas adquieren por eso el derecho a proyectar su sufrimiento y su experiencia sobre la convivencia para modular comportamientos, para orientar decisiones, para contrastar iniciativas y para denunciar las debilidades políticas, sociales, culturales o de otra naturaleza que sean incompatibles con el respeto a su sacrificio en beneficio común.

En el camino de la reparación, probablemente interminable, quedan muchos perdones por proferir públicamente. De eso habría que hablar y evito hacerlo hoy y ahora porque antes que reclamar el arrepentimiento de algunos es preciso perfilar los comportamientos de los que hemos tratado de enfrentarnos a nuestra conciencia en la búsqueda del deber para con las víctimas.

Desde la prensa, la contribución a la legitimación social de la interlocución pública y referencial de las víctimas no ofrece dudas: la decencia moral obliga a que los periódicos devolvamos a las víctimas lo que las víctimas nos han dado y les ofrezcamos aquello que podemos ofrecer: difusión, prevalencia, notoriedad, autoridad en sus juicios y opiniones. Se trata, en definitiva, de traducir esa legitimación social en algo corpóreo y que llegue, cuando deba, a ser determinante en el debate político y social de España. Es decir: las víctimas tienen que incorporarse más a los medios para que su testimonio y su proyección sea un elemento constitutivo de la convivencia, como lo han logrado en la nueva victimología penal y penitenciaria.

Para que este propósito se lleve a efecto, las víctimas deben mantener incólume y de forma permanente su percepción de serlo y de militar activamente en esa condición, no por motivos viscerales, sino para que el sacrificio infinito e irreversible de los que cayeron ignominiosamente no se diluya en el olvido que propicia el transcurrir del tiempo. Las víctimas son un banderín de enganche social con el poderoso imán de su sacrificio y de su entrega, de su testimonio rotundo. Su incrustación en la sociedad está requerido por el viejo dicho que advierte de que aquellos que olvidan la historia están condenados a repetirla.

Los distintos holocaustos que en el mundo han sido han ejercicio en las sociedades contemporáneas una función docente de extraordinaria importancia y ahora están incorporados a la memoria histórica de los pueblos que los padecieron. El holocausto que ha propiciado el terrorismo de ETA debe ser recordado y debe tener sus consecuencias en la conciencia moral de España. Más ahora cuando los terroristas parecen menos expertos y capaces para el asesinato y se corre el riesgo de que la distancia temporal de los actos criminales procure olvidos precoces.

No es venganza, no es rencor. Es justicia para con las víctimas y para con sus verdugos. Si queremos que así sea habrá que incorporar la realidad de las víctimas a la realidad social. Y ésta hoy, como tantas cosas, y aunque parezca un contrasentido, tiene un característica virtual: existe en la medida en que aparece en los medios. Tienen las víctimas derecho a estar en ellos; tienen derecho a ser escuchados; tienen derecho a desempeñar una función constructora y vertebradora de una sociedad libre a la que han rendido el más definitivo de los servicios. Tienen derecho, en fin, a que el precio de su inmenso dolor sea también el dolor y la esperanza de todos y a que desde las páginas de los periódicos cumplamos con esa labor de mediación social que nos corresponde y que debe estar al servicio de la excelencia de los que han dado su vida por la libertad.

QUIEN CON NECIOS SE ACUESTA...
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 27 Enero 2004

LA excursión francesa de Josep Lluis Carod-Rovira, ya revestido con la púrpura de conseller en cap de la Generalitat, para negociar con los dirigentes de ETA una suerte de «protección» en beneficio de los catalanes y con perjuicio para el resto de los ciudadanos españoles es algo que sobrepasa los límites de la acción política y, ya en los territorios del delito, define la bajeza moral de un personaje que, por caprichos de la aritmética electoral y con sólo un dieciséis por ciento de los votos emitidos en las últimas elecciones autonómicas, ha pasado a ser, gracias a la dejación de responsabilidad de Pasqual Maragall, un número dos teórico y un uno efectivo en la gobernación de Cataluña.

Carod-Rovira, en precipitada comparecencia pública, trató de justificar su comprometedora visita a Mikel Antza y otros jefes etarras «para buscar una salida al terrorismo» y eso, de por sí discutible, es, de serlo, sólo una parte de la verdad. Son varios los contactos y conversaciones que, a lo largo del tiempo, el Gobierno español ha mantenido con cabecillas de la banda terrorista, tanto en tiempos felipistas como aznaríes; pero lo que convierte en muy grave la actitud del conseller en cap es la insolidaridad humana, mucho más allá de la política, que comporta su gesto. Maten ustedes a otros, ha venido a decir Carod-Rovira, y a cambio nosotros, los catalanes, le daremos apoyo a ETA y proclamaremos el derecho de autodeterminación.

La conducta del líder de ERC se valora con su propio enunciado y, al hacerse pública, está reclamando una diáfana toma de postura de su protector, el president de la Generalitat y cabeza visible del socialismo catalán. Carod se lo ha puesto difícil a Maragall y, en vísperas electorales y de rebote, a José Luis Rodríguez Zapatero, que, todo hay que decirlo, se ha apresurado a descalificar la insólita, pero no inesperada, conducta del estrafalario filólogo que se siente «incómodo» en España. Aunque el portavoz del tripartito, el socialista Joaquím Nadal, no haya perdido un minuto en enfatizar que el problema «sólo compete a ERC», la coalición está ya tocada de muerte y su gravísima enfermedad irá tomando cuerpo, en coincidencia dolosa para el PSOE, en los cincuenta días que faltan para las elecciones.

Como enseña el refranero, no es bueno acostarse con niños para evitar sobresaltos al amanecer; pero, a juzgar por el caso catalán, es mucho más peligroso coligarse con necios desleales. Poco, muy poco, ha durado el encantamiento. El independentismo de Carod-Rovira, constitucionalmente soportable en su formulación teórica, pasa a ser un elemento disolvente a partir de su acción subversiva y demostrativa de un talante moral de imposible definición dentro del cuadro de la buena educación. Pretender el bien propio a costa del mal ajeno, aunque los ajenos estuvieran en las antípodas, no tiene justificación posible y Maragall no puede justificarlo dejándolo pasar, que es lo suyo.

LAS MALAS COMPAÑÍAS
Editorial ABC 27 Enero 2004

NADIE debería llamarse a engaño ni sentirse sorprendido porque Carod-Rovira, líder de Esquerra Republicana de Cataluña y conseller en cap de la Generalitat, se haya entrevistado con la cúpula de ETA, formada por Mikel Albizu «Antza» y José Antonio Urrutikoetxea, más conocido por «Josu Ternera», prófugo de la Justicia. Era un empeño personal que le llevó a reunirse en varias ocasiones, durante 2001 y 2002, con ex miembros de la banda terrorista y con dirigentes de Batasuna. Entonces como ahora, Carod-Rovira pretendía lo mismo: una tregua territorial, una zona exenta de terrorismo limitada a Cataluña, con el propósito de evitarle al independentismo catalán la incomodidad de los atentados en su territorio y facilitarle así su extensión a nuevos sectores de la izquierda catalana, operación que dio fruto en las últimas elecciones autonómicas.

La versión dulce de este episodio de interlocución normalizada con ETA, según la cual Carod-Rovira buscaba desinteresadamente la paz, no es verosímil ni por los antecedentes del propio líder republicano ni por la desafección radical de ERC con cualquier interés que afecte al conjunto de España. Por eso cabría preguntarse si la reincidencia de Carod-Rovira no emplaza a otros a analizar con más rigor y sinceridad la deriva de algunos nacionalismos y su participación en un proceso de imposible legitimación nacional de aspiraciones estrictamente nacionalistas. Dicho de otro modo, de Carod-Rovira no debería esperarse algo distinto de lo que ha hecho, porque ya lo intentó, lo reconoció y no hizo propósito alguno de enmienda. Sus contactos directos con ETA, su pacífica aceptación de la distribución territorial del terror y el brutal ejercicio de insolidaridad que encierra su conducta apelan directamente a la posición institucional que ocupa en el Gobierno catalán y, como efecto inevitable, a la responsabilidad que el Partido Socialista debe asumir en el desenlace de este lamentable episodio.

El rechazo unánime no es suficiente para depurar todo lo inadmisible, en lo ético y en lo político, que se desvela en la conducta de Carod-Rovira. Incluso en lo jurídico, pues la interlocución con ETA para negociar y planificar acciones concertadas que benefician políticamente a la banda terrorista y perpetúan su actividad delictiva pudiera interesar a los Tribunales de Justicia, que no harían nada extraño si preguntaran a Carod-Rovira sobre las circunstancias de su reunión con los jefes etarras. En el terreno de las ideas hasta ahora ha sido posible discutir con criterios de legalidad constitucional y oportunidad política propuestas relativas a la fiscalidad y a la Justicia, que, aunque no tienen más base que la satisfacción de los nacionalismos, actuales y potenciales aliados de gobierno, circulan entre los límites flexibles de la contradicción democrática. Pero ahora lo que se plantea es sumar a la lista de concesiones al nacionalismo la tolerancia con el terrorismo y es ahí donde el Partido Socialista se enfrenta a una encrucijada inevitable, que no es la de perder o no un socio de gobierno ni la de poner o no en riesgo un poder autonómico, sino la de frenar su desfiguración como izquierda nacional o seguir aceptando la consumición de sus energías por proyectos segregadores. La neutralización de la izquierda española es ya un horizonte que tanto el nacionalismo catalán radical como el vasco contemplan con satisfacción y cultivan con reclamos de poder y ofertas de alianza anti-PP. El desprecio de Carod hacia Maragall, al que ocultó su encuentro con ETA, sólo es comprensible desde la arrogancia y la certeza de quien se sabe asegurado tanto en la fortaleza de su posición como en la debilidad de sus socios. Que Maragall no aceptara ayer la renuncia de Carod resulta bastante clarificador.

Zapatero no podía endosar a Maragall el coste de las responsabilidades que ha producido su conseller en cap, pues de hacerlo no evitaría el suyo propio al no asumir, como líder nacional, una posición determinante ante un problema que es esencialmente nacional. A última hora de la noche -y tras haber dejado por la mañana cualquier decisión en el tejado del líder del PSC- el secretario general socialista rectificaba (otra vez) y emitía un comunicado exigiendo a Maragall que aceptase la dimisión de Carod. Aunque tarde, acertaba en el golpe de autoridad, si bien, vista con perspectiva, esta exigencia supone una desautorización de la política de delegación de decisiones que ha llevado a cabo él mismo.
Es más que probable que no baste únicamente con exigir a Maragall que se desprenda de Carod-Rovira. A estas alturas parece claro que el siguiente paso debe ser un giro en la estrategia, que ha de llevarle a replantearse su política pactista y a expresar con nitidez la tolerancia cero que Zapatero supo reflejar, de común acuerdo con el PP y con acierto histórico, en el Pacto Antiterrorista, cuyo preámbulo acoge un compromiso político de no pactar con quienes buscan beneficios del terrorismo.

Mientras el PSOE rumia el enésimo fracaso de su política de apaciguamiento del nacionalismo, por no haber sido exigente con sus socios nacionalistas en la lealtad constitucional, el PP se consolida definitivamente en ese sentido de la coherencia y de la claridad que Aznar ha sabido imprimir a los asuntos de Estado en sus ocho años de gobierno. Las contradicciones del PSOE y sus reiterados errores de percepción sobre las principales materias de lo que se da en llamar cuestión nacional, le han replegado de un espacio político, el de la idea de España, sin adjetivos, y de la sensatez constitucional, que debería compartir con el PP, mejor aliado para los intereses nacionales que los nacionalismos insolidarios.

CAROD-ROVIRA NOS ODIA
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 27 Enero 2004

EN 1907, en «El Mundo», escribió Pío Baroja una crónica sobre el clima de odio a todo lo español que había advertido en un viaje a Barcelona. En los encuentros que, en compañía de Azorín, había mantenido con algunos políticos y escritores le habían llamado la atención los sentimientos despectivos, excluyentes, a veces raciales. Entre las experiencias citaba la que había vivido con un liberal apellidado Junoy, según el cual los catalanes consideraban a los demás españoles como «gentes de raza inferior». Para Agulló, jefe de la Liga Regionalista, los estafadores, chulos y matones que había en Cataluña se reclutaban en medios «castellanos» y Brosa había escrito en un artículo publicado en una revista francesa que los españoles son unos «badulaques» incapaces de aportar algo a la cultura (¡el gran Brosa despreciando a Juan Ramón Jiménez, Galdós, Clarín, Unamuno, Azorín...!).

Después de relatar cada uno de los encuentros, don Pío terminaba concluyendo: «Esto es odio, nada más que odio».

Y ¿qué explicaciones pudo encontrar Pío Baroja a los sentimientos antiespañoles de tantos catalanes, que, por otra parte, había ya advertido anteriormente en otros casos y concretamente en el joven D´Ors, partidario de la desaparición de Madrid en beneficio de Barcelona y Lisboa? Pío Baroja da con dos causas de muy distinta entidad. La principal es la conciencia de frustración nacional; la segunda -disparatada a mi entender- es «la influencia judía». El propio Baroja reconocía que ésta era muy contradictoria si se tenía en cuenta que los catalanes de la época tendían a considerar judíos a los demás y de modo muy especial a los castellanos.

HAN pasado cien años y las cosas no han mejorado. Habría que taparse los oídos y los ojos para no reconocer hoy la filiación del estado de ánimo que domina a una buena parte de las fuerzas políticas de Cataluña y que, como señalaba Baroja, toma forma de odio más que de independentismo político. Si analizamos la figura de Carod-Rovira es preciso convenir que éste es la encarnación agresiva de una frustración más agresiva que las de entonces y más eficaz en la medida que se perdona su condición separatista mientras se condena por «separadores» a los que le critican.

La lectura de la crónica de Baroja nos lleva a otra conclusión. Él se siente aludido como español y vasco por el odio que ve en Barcelona, ya que en esos momentos no existe en el País Vasco un clima parecido. Por entonces el nacionalismo emergente no había afectado al fortísimo sentimiento español, cuya expresión cultural, por ejemplo, podía reconocerse en el Lyon d´Or de Bilbao, donde «todos los días hablaba de España» Pedro Egillor ante tertulianos como Ramón de Basterra, Miquelarena, Zugazagoitia, Manuel Aznar, Sánchez Mazas, el doctor Areilza y, a veces, Unamuno, Maeztu y el propio Baroja...

ASÍ que la conquista de una parte de los vascos para el odio ha sido tardía pero más radical. Han hecho del crimen la expresión de aquél de tal modo que ha venido a disturbar las estrategias de aquellos catalanes que, compartiendo el odio, no quieren llevarlo por los mismos caminos políticos. Así que Carod-Rovira ha cruzado la frontera y ha acudido a las madrigueras de ETA para convencerlos de que no perjudiquen la vía pacífica de los independentistas catalanes cometiendo alguna atrocidad como aquélla del supermercado del año 87... No sería políticamente correcto asesinar en Cataluña. Si acaso, en la parte donde nació él mismo, en Aragón quiero decir, en una casa-cuartel de la Guardia Civil.
Zapatero

¡Ay!, aquella foto del balcón...
Ignacio Villa LD 27 Enero 2004

Ha pasado lo que tenía que pasar: Rodríguez Zapatero ha jugado con fuego y se ha quemado. A nadie puede sorprenderle lo que ha pasado. Los antecedentes que adornan la trayectoria política de Carod Rovira, que ya mantuvo contactos con el entorno de ETA, hacían previsible que esa comunicación volviera a repetirse, y así ha ocurrido. Esta actitud del líder republicano e independentista catalán responde a su historia, a sus ambiciones políticas, a sus exigencias para Cataluña y a todo ese juego de chantajes y amenazas con el que ha ido administrando los resultados que su partido obtuvo en las últimas elecciones autonómicas. No ha de sorprender, por tanto, lo ocurrido, tampoco en la reacción de Carod, ni en su negativa a dimitir, aunque Zapatero ponga cara de marciano despistado.

Al secretario general del PSOE habrá que recordarle –mire usted por dónde– que el dirigente que ha hablado a escondidas con los asesinos de ETA es el mismo que apareció con él, con el señor Zapatero, sonriente y satisfecho, en el balcón de la plaza de San Jaime, en Barcelona, asomados con Pasqual Maragall. A estas alturas, el líder socialista no puede renegar de lo que hemos visto todos. Y es que, al dar todas sus bendiciones al pacto PSC-ERC, ahora sólo tiene un camino para recoger velas.

Zapatero se ha equivocado gravemente y los hechos lo confirman. En esta ocasión no se puede seguir con declaraciones contundentes en las formas y vacías en los contenidos. Ahora sólo tiene una salida: romper el pacto del Gobierno catalán con los republicanos. Él solo se metió –sin hacer caso a los avisos– en la boca del lobo, y el lobo se lo ha comido. La comparecencia pública del líder del PSOE en la calle Ferraz ha sido patética. Nervioso, dubitativo, disperso y espeso. Un auténtico poema. Zapatero se ha caído con todo el equipo. Y en ese equipo incluimos a todos: Maragall, Blanco, Rubacalba, Caldera, Chacón y toda la corte que se está acomodando en la calle Ferraz. ¿Dónde está ese ruinoso comando de respuestas rápidas para contestar al PP? ¿Que dirá el flamante Comité de Notables?

Zapatero ha recibido un golpe duro, y posiblemente definitivo, en su línea de flotación. Zapatero ha recibido el golpe que venía buscando, se ha llevado el castigo que se merece un líder indolente, melifluo y sin carácter. Nos encontramos ante una crisis grave, seria y profunda en el Partido Socialista. Si Zapatero no reacciona y toma medidas, si el secretario general del PSOE cree que aguantando el chaparrón debajo del ala va a parar el golpe, está muy equivocado. Tiene que hacer algo, aunque la experiencia diga que eso es un imposible. El PSOE ha entrado ya en una senda de tal desorientación que, a este paso, los socialistas no necesitan un cambio de líder, pronto necesitarán una auténtica refundación.

El imperio
Dalmacio Negro LR 27 Enero 2004

Gustavo Bueno ha recordado, en su importante y sugestivo libro «España frente a Europa», el hecho demasiado olvidado de que España fue un Imperio en la época moderna, aunque la idea imperial es aquí mucho más antigua, pues proviene de la Edad Media, en la que ya algunos reyes, en primer lugar los asturianos y leoneses, se consideraban, emperadores de España, reflejando el sentimiento de los españoles medievales, desde los catalanes a los portugueses, de que Hispania era una unidad geográfica, histórica y política sin perjuicio de las divisiones internas. En realidad, iban más allá y a lo largo de la Reconquista no se perdió de vista que esta Hispania formaba una unidad con la Hispania Tingitana, tal como denominaron los romanos a la otra orilla del estrecho de Gibraltar.

El hecho de que en la época moderna creasen los Reyes Católicos el primer Estado en un gran territorio, unido al de que su heredero Carlos I fuese también emperador de Alemania ¬del Sacro Imperio Romano Germánico¬, ha desviado la atención de ese otro hecho de que, en realidad, España se constituyó en Imperio a partir del descubrimiento de América. Imperio Trasatlántico se lo ha denominado a veces, del que Felipe II era consciente cuando dudó si establecer la capital en Barcelona o en Lisboa, decidiéndose finalmente por Madrid. Sin embargo, ese Imperio mundial fue conocido como Monarquía hispánica, Monarquía católica o Monarquía de España y los monarcas no llevaron ningún título imperial, reservado a la otra rama de los Habsburgo asentada en Viena.

El Imperio subsistió con aquel nombre hasta que, perdida la mayor parte a consecuencia de la guerra de Independencia, el Estatuto Real de 1834, aunque la cosa venía de atrás, de las renuncias dinásticas de Bayona a favor de Napoleón y su hermano (José I de España), redujo con realismo la Monarquía Hispánica a la Península, de modo que la hija de Fernando VII, Isabel II, ya fue simplemente reina de España. Lo que restaba del Imperio ¬Cuba, Puerto Rico, Filipinas¬ se perdió en el «desastre» de 1898 y no es ninguna casualidad que en este momento surgieran con fuerza tendencias separatistas en las regiones industrialmente más adelantadas, Vascongadas y Cataluña. En cierto modo se empezaban a insertar así las mismas regiones españolas en el proceso de descomposición del Imperio, cuya capitanía había llevado ciertamente Castilla por su posición geopolítica central y por ser la más fuerte, al menos inicialmente, y la que, entre todas las regiones peninsulares, soportó principalmente las cargas del Imperio. En las tendencias separatistas, aparte de eso concurren, por supuesto, muchos factores; pero el decisivo para entenderlas es que en España, al haber sido Imperio, el sentimiento «político» nacional y el estatal son muy débiles, a diferencia de lo que ocurre en otros países europeos.

Por eso afirma Gustavo Bueno «la imposibilidad de reconstruir un concepto de unidad política utilizando las categorías políticas de nuestro actual Derecho Constitucional»: «no pueden, sin anacronismo, ser aplicadas a las sociedades políticas medievales, o incluso modernas, que se desenvolvieron en el territorio ibérico». Pues son categorías propias de la estatalidad, no del Imperio. Al respecto, quizá no está de más recordar con Pierre Manent que hay dos formas políticas típicas naturales, la Ciudad y el Imperio y dos artificiales el Reino y el Estado. En realidad, el Reino podría considerarse también natural aunque en Europa lo «inventaran» los reyes, pero no es este el lugar de discutirlo. Lo importante es que las categorías estatales dificultan ciertamente la comprensión del problema de la unidad española si no se tiene en cuenta que aquí prácticamente no hubo Estado en el sentido convencional hasta Cánovas del Castillo (el de la I Restauración, que tampoco fue Nacional, Estado-Nación), pues, la estatalidad de los Reyes Católicos no progresó mucho más allá del Barroco o, por poner un fecha, desde 1648 (paz de Westfalia).

El tema no sólo tiene un interés histórico, sino que es fundamental para entender y quizá resolver el problema de los nacionalismos.

Mala semana
Iñaki Ezkerra LR 27 Enero 2004

Ha sido una mala semana para uno y uno quiere contarlo y ponerse intimista en su columna. Ha sido una de esas semanas en las que uno siente que está harto de luchar quijotescamente por cosas que son elementales y básicas. Don Quijote quería ser un héroe de las novelas de caballerías y vencer a gigantes. Merecía caer derribado por las aspas de los molinos porque le pedía demasiado a la vida. Pero uno sólo quiere vivir de un modo digno y cabal en un país donde no lo quieran matar y no deba considerar cada día la posibilidad de hacer las maletas y no le digan que delira por decir quiénes son los culpables de eso. A uno le pasa al revés que a Don Quijote. Uno lucha todos los días con la frialdad y la suspicacia y el silencio ajenos por decir sólo que los gigantes no son tales sino putos molinos de viento que se mueven sin fuerza propia y según el viento sople.

Uno está harto de encontrarse con asnos que relativizan la gravedad del chantaje político, del odio etnicista y la amenaza secesionista, con profesorcillos que absuelven a Sabino Arana porque eso les parece políticamente correcto y ocultan sus colaboraciones con la Fundación que lleva ese nombre y pasan por constitucionalistas en un debate contigo en TVE, con tontos que te cortan la palabra y censores que te la quitan, con historiadores de broma que te plagian a la cara y ante las cámaras, que te discuten una cosa y la hacen suya dos minutos después, con periodistas que niegan lo obvio y se escandalizan porque no llamas demócratas a los que te hacen la vida imposible, con seres que hablan sin saber o te dejan con el culo al aire y te quieren hacer pasar por radical y extremista para buscarse un chollete laboral en la Euskadi cobarde y en la España confusa y pasar por conciliadores y moderados cuando nunca conciliaron ni a los suyos ni moderaron sus ambiciones. A uno le resulta asqueante toparse con personajillos viscosos que se pretenden objetivos y buscan matices en el rechazo al crimen y el amor a la libertad, matices blandengues, borrosos y mutantes que no aclaren nada sino que lo oscurezcan todo. Uno está harto de que le amordace esa gentuza y de que juegue con las palabras cuando tú te juegas la vida; de que siempre haya que explicarlo todo, de ser siempre sospechoso de algo, de tener que justificarse tanto y mostrar tantas credenciales.

La verdad es que uno se lo va buscando. Cómo se le ocurre rematar esa mala semana aceptando encima otro debate pero en la ETB y con María Antonia Iglesias. No vive ya uno bastante mal para que le vaya una bruja diciendo maravillas de Arzalluz y que en Madrid no entienden a los vascos cuando uno es el vasco y la víctima de Arzalluz precisamente y la bruja vive en Madrid de decir bobadas. Uno sólo ha tenido una mala semana pero sigue la lucha con los molinos y las «iglesias» de viento.

Y a Mayor Oreja se lo comieron
Miguel Ángel Rodríguez LR 27 Enero 2004

C uando Jaime Mayor Oreja advirtió que Esquerra Republicana era lo más cercano a Eta que había en el mapa político español después de Batasuna, todos los listos de este país salieron a decir que el ex ministro estaba paranoico, que veía terroristas por todas las esquinas y que el independentismo de Esquerra Republicana de Catalunya no era como el de los etarras. ¿Ja!

Le pasó lo mismo cuando algunos miembros del Gobierno creyeron que la banda actuaba de buena voluntad al declarar una tregua y él se aventuró a decir que era una «tregua trampa» y que no había nada que negociar con una pistola encima de la mesa. También pensaron que era demasiado duro con los terroristas y que no les ofrecía vías de escape. ¿Ja!

A Mayor Oreja se lo comen los listos cada vez que anuncia lo que va a pasar. Lo malo es que pasa. Conoce a los terroristas como la palma de su mano y los huele a distancia.
Para estos listos que le sacaron por la puerta de atrás de la campaña catalana y que ahora lo silencian en la campaña nacional, a Mayor Oreja le salva su tono comedido cuando habla, pero les horroriza el contenido de lo que dice. Creen que, en el fondo, con los terroristas se podrá negociar. ¿Ja!

Pero, una vez más, la hemeroteca retrata quién tenía razón y quién no la tenía. El ex ministro no habló por hablar contra Esquerra Republicana en la campaña catalana buscando votos: dio información.

Lo que ocurrió es que otros estaban buscando votos que no les correspondían y fueron ellos los que se equivocaron.

Ahora tenemos un nuevo conflicto. ERC, además de republicana e independentista, cree que se puede negociar con la banda de asesinos. Están descubriendo el huevo de Colón. Pues, personalmente, prefiero aprender de Jaime Mayor Oreja. No sé otros a quién querrán escuchar.

Carod-Rovira dinamita el PSOE
Pablo Sebastián Estrella Digital 27 Enero 2004

La confirmación del encuentro del conseller en cap de la Generalitat, Josep-Lluís Carod-Rovira, con la cúpula de la banda terrorista ETA ha estallado en Cataluña y en toda España como si de una bomba política lanzada por ETA se tratara, causando estragos tanto en el Gobierno de la Generalitat como en la campaña electoral para las generales, donde esta noticia y sus consecuencias políticas pueden convertirse en el impulso final para que el PSOE pierda las elecciones y el PP consolide la mayoría absoluta.

La ausencia de Pasqual Maragall a lo largo del día de ayer ante tan graves hechos políticos resulta sorprendente e inquietante, salvo que el presidente esté a punto de tomar decisiones importantes que afecten a la presencia de Carod-Rovira en el puesto número 2 del Gobierno catalán. Retirarle las competencias en política exterior de la Generalitat no es asumir una responsabilidad suficiente. El cese o la dimision de Carod-Rovira, como lo ha pedido Zapatero con doce horas de retraso, es la primera medida o decisón importante que tiene que tomar Maragall. Si Maragall y Zapatero intentan echar tierra al asunto, el secretario general del PSOE no sólo habrá perdido las elecciones del 14 de marzo, sino que las perderá ampliamente y con su derrota acabará perdiendo la secretaría general del partido.

Hechas estas reflexiones, conviene mirar un poco hacia atrás para entender que Zapatero ha cometido un grave error en Cataluña: comprometerse a ciegas con el proyecto de Estatuto que apruebe el Parlamento catalán. Y posteriormente, segundo error, apoyar sin las suficientes garantías un Gobierno presidido por Maragall e integrado por la Esquerra, sabiendo los riesgos que incluía semejante pacto, como se está viendo en este momento. Y una reflexión al respecto: de buena se ha librado CiU a su pesar.

Sobre el fondo de la cuestión, la entrevista con ETA, hay que decir que Carod-Rovira no puede separar su condición de dirigente de Esquerra y de conseller en cap a la hora de entrevistarse con ETA salvo que previamente hubiera renunciado al cargo que ostenta en la Generalitat, y como no lo ha hecho ha incurrido en una responsabilidad política de primera magnitud. Además está por ver cuál ha sido el contenido de las conversaciones si, como dice el diario ABC, en ellas se ha pedido a ETA que no actúe en Cataluña, lo que en ese caso el comportamiento de Carod-Rovira podría tener connotaciones delictivas, como probablemente también las tiene el haberse entrevistado con ETA o con su jefe, y así lo dijeron ayer tanto José María Aznar como Mariano Rajoy, aunque en ese caso concreto, el de la entrevista en sí, también tendrían responsabilidades tanto el Gobierno de Aznar que habló con ETA como el Gobierno de González que lo hizo en su día en Argel.

Lo sorprendente de todo esto es que Carod-Rovira se haya metido él solo en ese jardín que no controla y de consecuencias imprevisibles y a espaldas del presidente de la Generalitat. Que lo haya hecho en plena campaña electoral y a tan sólo pocas semanas de haber ocupado tan alta responsabilidad en el Gobierno catalán. Lo que prueba que su talento político es cero. Y lo que añade es que Carod-Rovira ha encendido, desde que alcanzó un buen resultado en las elecciones autonómicas catalanas, una especie de traca que lo está destruyendo todo: primero CiU, ahora el PSC-PSOE y posiblemente la propia Esquerra Republicana, porque ya veremos cómo influyen estos hechos en los votos que la Esquerra piensa conseguir el 14 de marzo. Y si además Carod-Rovira es destituido por Maragall o finalmente dimite, su carrera política habrá resultado bastante breve, con un arranque de caballo y un frenazo de borrico.

En cuanto al PP, esta noticia le ha venido como anillo al dedo para completar y consolidar sus expectativas en la campaña electoral frente a un Zapatero dubitativo que acaba de recibir el golpe más duro de las últimas semanas, comparable o superior al de la pérdida de poder en la Asamblea de Madrid. Veremos qué pasa en las próximas horas, porque el PSOE tarde y mal ha empezado a dar marcha atrás, porque algo tiene que pasar. Y si no ocurre nada, lo que tenga que pasar llegará en la noche electoral.

Dialogando se entiende la gente
ALONSO DE LA VEGA La Voz 27 Enero 2004

AL ACTUAL conseller en cap catalán que, lamentablemente, representa a una institución constitucional española como es la Generalidad, le han pillado confraternizando clandestinamente con el mando etarra. No se sabe aún el contenido del acuerdo al que haya podido llegar.

Algunos creen que buscaba generosamente una tregua para la gente de pura raza catalana, generosa pues él es sólo híbrido de primera generación por parte de madre, de modo que pudieran seguir matando españoles incluso socialistas compañeros de gobierno, pero, eso sí, fuera del territorio de su taifa. Otros que se trataba de un simple brain storming , una tormenta de ideas para intercambiar experiencias

¿Qué puede ofrecer él a la ETA a cambio? ¿acaso contribuir también a la deseada destrucción de España desde su bien pagado puesto institucional de conseller ? Pero el escándalo no es sólo catalán, ni afecta únicamente a los pseudo republicanos separatistas y a la Generalidad de Maragall. Qué papelón el del promotor del liderazgo de Zapatero: de marido engañado, el último en enterarse.

A Zapatero le pierden las malas compañías. Me recuerda al Pinocho de Collodi. Sus buenos propósitos duran poco. Oportunamente liquidado Nicolás Redondo Terreros mientras Elorza y un tal López hacen méritos con Ibarreche, los pepitos grillo manchegos, extremeños o coruñeses le tratan de guiar por el buen camino pero nada. Puede que su hada madrina electoral al final logre convertirlo de tarugo travieso en niño bueno, pero es que no parece poner nada de su parte, y al final la paciencia se acaba.

Ni los ciudadanos catalanes, ni los involuntarios contribuyentes españoles de este tinglado se merecen esto.

La traición de Carod
Editorial El Ideal Gallego 27 Enero 2004

Las negociaciones previas a la formación del Gobierno catalán empezaron a dejar clara la catadura moral de Josep Lluís Carod-Rovira, puesto que cameló a CiU para que le diese su apoyo y Ernest Benach saliese elegido presidente del Parlamento autonómico, y después traicionó a Artur Mas aliándose con Pasqual Maragall para repartirse entre ambos la Generalitat, dejando unas migajas a Izquierda Unida. Sin embargo, esa falta de ética no fue más que la primera muestra del talante del presidente de ERC, que ha quedado claro con la reunión que ha mantenido con el jefe de ETA. Dice el refrán castellano (a Carod-Rovira seguro que le duele, pese a sus orígenes aragoneses, que una conseja “española” sea la mejor definición de su forma de ser) que quien hace un cesto hace ciento y el conseller en cap ha probado que es el mejor especialista en la artesanía de la canasta, puesto que sin el menor sonrojo actúa en beneficio de su interés “vendiendo” para ello a quien haga falta. Su entrevista con el máximo responsable de la banda terrorista supone una traición a todos los demócratas -entre los que se encuentran quienes votaron a su partido-, porque el único motivo de la conversación fue pedir a los asesinos que no matasen en Cataluña y que si lo hacían eligiesen blancos concretos, sin importarle lo más mínimo qué ocurriera más allá de la frontera de su comunidad autónoma. Por decencia, una virtud que Carod-Rovira ignora, tendría que dimitir y por esa misma decencia Maragall debería destituirlo y romper con ERC; no hacerlo supondrá dar un reconocimiento tácito a la perversión de su “primer ministro”.

"Apología de la estupidez"
Editorial LD 27 Enero 2004

Javier Cercas, autor del bestseller (más de 600.000 ejemplares vendidos) Soldados de Salamina, nacido en un pueblo de Cáceres, Ibahernando, residente satisfecho en Gerona, simpatizante, como mínimo, de Maragall y su socialismo catalanista, firma cada quince días una página de opinión en EPS (El País Semanal) en la que está poniendo de manifiesto unas dotes anticipatorias sobrecogedoras. Como le ocurre en el terreno comercial, pudiera ser incluso que hasta él mismo esté sorprendido por su éxito. Sus dones, en lo que llevamos de año, se están poniendo de manifiesto de modo sobrecogedor.

El artículo publicado en EPS del día once próximo pasado lo tituló Cercas “Inventores de problemas”. Daba en él su versión personal de un tópico convertido en el Principado casi en artículo de fe: Cataluña es una Arcadia, un estanque dorado, con Pujol antes y con Maragall-Carod ahora, y los problemas, cuando los hay, vienen de Madrid, todos. Desahogaba su ira hiperbólica en Zaplana y del mismo modo supravaloraba, ahora lo vemos, a Carod. Por ejemplo, decía: “ni Cataluña es el País Vasco ni ERC es Batasuna; al contrario: ERC es un partido de impecable ejecutoria democrática, que cuenta entre sus méritos el de haber contribuido decisivamente a la eliminación del terrorismo en Cataluña y que, para colmo de bienes, ha pasado del nacionalismo al independentismo” (sic/¿?). Remataba la faena diciendo que, comparado con el ministro del PP, el líder de Esquerra era un Pericles. Además, “suponiendo que fuera un peligro”, ¿quién tenía la culpa del crecimiento de ERC? El Gobierno del PP, por supuesto. En colofón, como una erupción volcánica, emergían sus portentosas capacidades anticipatorias. “lo mejor que podía pasar es lo que ha pasado. Para Cataluña y para España. Por eso en Cataluña abrigamos la esperanza (...) de no tener que hablar de política por algún tiempo”. Admirable, profético. Ignoraba Cercas que cuando las formas con su artículo manchaban el papel en las rotativas de Eurohueco, Carod ya había depositado su granito de arena en el reloj de la Historia. Este a su vez creía de buena fe que sólo se había enterado el abad de Montserrat y dos o tres benditos más.

Quienes leyeron el siguiente artículo de Cercas en su fecha, domingo 25 –se alterna con un ejecutivo de televisión asturiano apellidado Cueto–, no sospecharon de qué modo sus dones volvían a manifestarse. Puede incluso que pensaran que se trataba de una pieza ligera enmascarada de elogio a su socio cinematográfico, el más joven de los Trueba. Sólo quienes lo hemos leído el lunes y releído el martes hemos percibido lo que a buen seguro su proverbial modestia le impedirá reconocer, o sea, que, al modo en que él parangonaba a Carod con Pericles, siendo tacaños, hemos de remontarnos a Nostradamus y, si nos ponemos a su altura, a Casandra para encontrar artes anticipatorias semejantes.

“Apología de la estupidez”, lo titula y habla en él de los premios Darwin, que se conceden anualmente “a aquellas personas cuya estupidez terminal les ha llevado a eliminarse involuntariamente de este valle de lágrimas, contribuyendo así al bienestar general y la mejora de la especie”. Escuchando hoy a Josep Ramoneda en la SER, para quien la conducta de Carod era una mezcla de “ingenuidad, vanidad e incompetencia”, hemos visto claro que Cercas se refería a él en su artículo sin nombrarlo. Ocurra lo que ocurra hoy, lo que ha hecho Carod lo convierte en candidato imbatible a los próximos premios Darwin y le hace acreedor de un lugar de privilegio en la próxima edicion de la Enciclopedia de la Estupidez de Matthijs van Boxsel, citada en su artículo. Sostiene Cercas que para aceptar la razón que asiste a ese autor “no hay más que recordar la cantidad descomunal de gente que ha muerto y sigue muriendo por estupideces palmarias relacionadas con los embelecos de la raza, la nación o la religión”. Carod ha dado un paso más allá al actuar creyendo que él estaba llamado a recibir la rendición de los asesinos estúpidos que no han hecho méritos todavía para recibir el premio Darwin, pero ha terminado suicidándose políticamente él.

En resumen: premio Darwin de enero en su modalidad política para Josep Lluis Carod Rovira y premio Nostradamus para Javier Cercas por los artículos que lleva escritos este 2004 en EPS.

Por lo demás, algunos confidenciales añaden algún argumento a lo que los periódicos impresos reflejan de manera unánime. Así El Confidencial cree saber que Miembros del gobierno vasco desaconsejaron a Carod el encuentro con ETA. El Confidencial digital se hace eco de una información de la COPE, según la cual, fue el CNI quien, dentro de sus tareas habituales de información sobre el grupo terrorista, se enteró de la entrevista e informó a Aznar. Alguien no muy lejano al presidente –quién sabe si incluso su propio hermano Javier– debió de ser quien hiciera llegar el regalo al director de ABC, pues la noticia apareció firmada con su seudónimo. Con el periódico en la calle, empezó el alud que no cesó en todo el día y que coloca a Carod como gran aspirante al premio Darwin 2004. Sólo tiene dos serios competidores: Maragall y Zapatero.

Carod-Rovira, una baza para ETA
Heraldo de Aragón  27 Enero 2004

LOS RECELOS que inspiraba la presencia del partido independentista catalán ERC en la Generalitat se concretaron ayer de forma inesperada. La alarmante reunión que el "conseller en cap" de Cataluña ha tenido con dirigentes de ETA pone a su socio político, que no conocía ese encuentro, en delicada posición. La dirección del PSOE y su secretario general, Rodríguez Zapatero, la han condenado de modo "rotundo" y, para salvar su propia situación, precisado que "todo lo que afecte al Gobierno catalán es algo que compete a la responsabilidad" de su presidente, Pasqual Maragall.

La fórmula es obligada, pero insatisfactoria y corta para quien aspira a gobernar España. Evidencia la situación en que todo el PSOE estará de forma continua por el personalismo imprudente de Carod-Rovira, incitado por el peso que el PSC ha asignado a sus escasos votos. Carod ignora de intento los pactos entre dos partidos que suman millones de votantes (también en Cataluña) sobre un grupo terrorista que mata a ciertos oponentes suyos (incluidos los del PSC) para vencer.

Hay partidos relevantes que han tenido contactos con ETA. Pero Carod lo ha hecho al margen del Gobierno central, del catalán y de un Estado al que representa como consejero jefe de una Comunidad Autónoma. Se supone que, como en ocasión anterior, para negociar una Cataluña libre de muertes a cambio de un precio político: lo que quiere ETA.

Carod abandona la decencia y pone a Maragall en el dilema de romper con él o sufrir las consecuencias de seguir asociado con alguien capaz de gestos tan deshonrosos para la imagen de Cataluña, que merece algo mejor. Maragall, aunque ha mostrado su desacuerdo y dicho que "nada se puede dialogar con los violentos", mantiene a Carod, que le ha ofrecido irse. Y se equivoca.

Víctimas del terrorismo
Mientras, ayer se abrió en Madrid el I Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo, cuyo desarrollo no ha estado exento de incidentes poco felices, pues la representación socialista no fue invitada a participar en la organización. Prudente, Rodríguez Zapatero -que se negó por eso a intervenir en la clausura- no ha querido polemizar y ha señalado que "todas las víctimas y, por supuesto, la Fundación de Víctimas del Terrorismo, tienen mi respaldo, apoyo, solidaridad y cariño". Tal es el espíritu que debe latir en reuniones de esta naturaleza. Relevantes figuras internacionales han compartido su experiencia con las víctimas del terror en España. Algo que Carod-Rovira parece ignorar. El inacabable dolor de sus allegados es, cada día, el de todos nosotros.

Las amistades peligrosas de Carod-Rovira
Lorenzo Contreras Estrella Digital 27 Enero 2004

En tiempo electoral son peligrosos los resbalones. El que le han descubierto a Carod-Rovira por sus contactos con dirigentes de ETA ha situado al conseller en cap de la Generalaitat en una posición políticamente incómoda, aunque tal vez la máxima incomodidad se derive no tanto para el “primer ministro” del presidente Maragall como para Maragall mismo. José María Aznar ha aprovechado rápidamente la oportunidad para pedir la dimisión del líder de ERC, un personaje que desde el primer momento de su pacto de Gobierno con el dirigente socialista catalán ha actuado con plena libertad de criterio, seguramente persuadido de que la clave de la coalición ERC-PSC está en sus manos. De todos modos, el definitivo perjudicado es o puede ser José Luis Rodríguez Zapatero, a quien en última instancia política podría dirigir sus reclamaciones y quejas el presidente del Gobierno. Naturalmente, si el tiempo que ahora se vive no fuese preelectoral, la repercusión política que los rivales del PSOE en las urnas están intentando sería lo que es o parece ser, es decir, el clásico clavo ardiendo que se aprovecha en toda su gama de posibilidades de escándalo. Y más ahora que se celebra en las afueras de Madrid esa convención de víctimas del terrorismo, capaz de trasladar a la opinión pública, en toda su crudeza, el sentimiento de los horrores vividos durante tantos años.

El intento de forzar la descalificación del dirigente del PSOE no dejaría de ser algo parecido a la clásica lluvia que cae sobre mojado. En realidad Zapatero, desde que ocupa la secretaría general del partido, ha mostrado una debilidad de liderazgo que trae causa de la crisis de la organización, reflejada en sus divisiones internas. Divisiones o discrepancias profundas y hasta radicales que los portavoces socialistas pretenden hacer pasar por la categoría de fecundos debates, traducción a su vez de su pluralidad democrática. Pero ése es un alegato que no convence a casi nadie. Cuando, en efecto, el partido actúa sin aparentes fisuras o incluso sin diversidad de puntos de vista, se pregona una orgullosa y ejemplarizante unidad. Son los momentos de “prietas las filas”, una línea de funcionamiento que, cuando quiebra o da al traste, se transforma automáticamente en modelo de virtud interna.

A la crítica contra Maragall, y no sólo contra Carod-Rovira, se ha sumado asimismo Duran i Lleida, para quien los años de postergación bajo el imperio pujolista han dado paso a una nueva posibilidad de rivalizar en el liderazgo de CiU. A fin de cuentas, Artur Mas, sucesor de Pujol, no es precisamente el antiguo jefe de filas en carácter y capacidad de mado. Y menos aún tras la derrota sufrida frente a un Maragall respaldado por la Esquerra Republicana de Carod. La perspectiva de una etapa parlamentaria central del líder de Unió Democrática de Catalunya, un político tantas veces cortejado por Aznar e invitado sin disimulos a incorporarse al Gobierno de España, puede robustecer su figura de líder catalán igualemnte cortejado en la época de Mariano Rajoy si, como parece, las urnas le son propicias a éste y logra llegar sin problemas excesivos a la Moncloa.

El objetivo de Duran, de todos modos, no es el Gobierno central, sino la Generalitat catalana. Los errores de Maragall, propios o derivados de su socio Carod, equivalen a regalos para Duran en un tiempo político de transición, no sólo para CiU, sino también para el PSC hipotecado y parasitado por el conseller en cap amigo de etarras.

Carod, insuficiente
Opinión El País  27 Enero 2004

Las explicaciones ofrecidas ayer por el conseller en cap del Gobierno catalán, Josep Lluís Carod Rovira, sobre sus contactos recientes con ETA son totalmente insuficientes. La mitad de los consejeros del Gobierno del que forma parte militan en un partido cuyas sedes y actos públicos en el País Vasco han sido considerados "objetivo militar" por ETA. Amenaza ya materializada contra varios concejales, e incluso un dirigente del PSC como Ernest Lluch. Si la iniciativa fue de ETA, como afirma, Carod debió rechazar el contacto. La idea de que "estaba en el ambiente" la posibilidad de una tregua desborda subjetivismo: el consejero vasco de Interior ha negado reiteradamente que haya indicios de tal cosa. Más bien podría pensarse que a Carod le pudo la vanidad; el deseo de materializar la aspiración que expresaba en octubre pasado en una entrevista publicada en la revista del movimiento Elkarri: "No he hablado nunca con ETA, aunque me gustaría mucho hacerlo, y hablar de política, claro".

Hablar de política con ETA no es un gesto inocuo, sin consecuencias; no estamos en el inicio de la transición, ni siquiera en el periodo anterior a la experiencia de Lizarra. El nuevo dirigente del PNV, Josu Jon Imaz, acaba de declarar que aquello es "irrepetible", y ha esbozado una autocrítica por la negociación que entonces mantuvo su partido con ETA. Tampoco estamos ante Terra Lliure, en cuya autodisolución, hace 12 años, Carod jugó un papel importante. Con lo que hoy se sabe respecto a ETA no caben gestos ingenuos, justificados con frases del tipo "hablando se entiende la gente": no cuando el interlocutor esgrime una pistola. Carod debe explicar de qué habló con ETA. La versión según la cual fue a pedir que no actuase en Cataluña, sin cuestionar que lo hiciera en el resto de España, es demasiado tremenda para resultar verosímil. Pero es el propio Carod quien le dio credibilidad con las explicaciones que ofreció en septiembre de 2002 sobre sus contactos con Otegi: que si se había limitado a pedirles que dejasen de actuar en Cataluña era porque él dirigía "un partido de ámbito catalán".

La excusa de que actuaba como secretario de su partido y no como conseller en cap suena a broma: ¿cómo separar ambas condiciones en una acción que era evidente que comprometía gravemente al tripartito? A ningún miembro del Gobierno vasco, por citar un ejemplo, se le ocurriría entrar en contacto con los jefes de la banda. Lo ha hecho el PNV, EA, incluso el propio Imaz cuando era eurodiputado. Pero nunca un vicelehendakari o siquiera un consejero de Interior. ¿Es posible que Carod Rovira ignorase las implicaciones de lo que hacía, incluyendo la utilización que ETA podía hacer en el futuro del asunto, las dificultades en que ponía a su partido, al que al parecer tampoco consultó, y no digamos a Maragall? ¿Ignoraba que el día en que la noticia se conociese, vía CNI o por filtraciones de la propia ETA, de lo que hay precedentes, el PP se encontraría con la mejor munición que podría soñar para la campaña electoral?

Si ignoraba todo esto, Carod es un incompetente que no merece ser el número dos del Gobierno catalán. Desposeerle de las competencias de relaciones exteriores, como ha hecho Pasqual Maragall tras desautorizar su encuentro con ETA, es una respuesta claramente insuficiente.

Grave irresponsabilidad
Editorial El Correo  27 Enero 2004

La entrevista mantenida por Josep Lluís Carod Rovira con ETA constituye un error y una irresponsabilidad inadmisibles en una persona que, además de la representación de ERC, ostenta la posición de 'conseller en cap' de la Generalitat. Pero dicho error y dicha irresponsabilidad se vuelven aún más graves cuando el propio Carod limita su autocrítica al hecho de haber involucrado al Gobierno presidido por Maragall en tal iniciativa, mientras proclama que «alguien debe hablar con quien mata para que deje de matar» e insiste una y otra vez en que «alguien debe hablar con ETA». La negación de todo diálogo con ETA no responde sólo a la actitud que el sistema democrático debe mantener para preservar su propia legitimidad frente al chantaje del terror. La negación de todo diálogo con ETA es la conclusión de décadas de experiencia en la búsqueda de la paz que han demostrado que cualquier aproximación a la banda se convierte inmediatamente en un estímulo para ésta. Las eximentes presentadas por Carod Rovira, alegando que el contacto tuvo lugar a iniciativa de ETA, que su decisión obedecía a las posibilidades de una tregua o que es necesario hablar con quien sea para evitar más muertes, no aligeran el peso que su reprochable proceder merece, sino todo lo contrario. Porque, lejos de allanar el camino de la paz, su temeridad ha contribuido a brindar a la banda el oxígeno que ésta no encontraba ya en la ingenuidad o en el oportunismo de determinados representantes públicos.

Si el 'conseller en cap' cree que «alguien debe hablar con ETA», la Generalitat tiene un grave problema, porque esta cuestión no puede ser tratada como un tema opinable de táctica política, y menos como un asunto intrascendente. Si el 'conseller en cap' del Gobierno catalán insiste en defender que «alguien debe hablar con ETA», y lo hace cuando ésta no ha mostrado otro propósito que la perpetuación de su terror, sus palabras erosionan la cohesión mínima que el Estado de Derecho requiere para seguir enfrentándose con éxito a los terroristas. El comunicado emitido por la Presidencia de la Generalitat tras la confirmación de la entrevista con ETA por parte de su primer consejero y, sobre todo, tras su alegato a favor del diálogo con la banda no sólo resulta inútil para aliviar la crisis suscitada en el tripartito, sino que traslada al ámbito de la confrontación preelectoral en el conjunto de España una polémica que Maragall más que nadie debe contribuir a zanjar. Así lo ha entendido también Zapatero, que ha exigido a Maragall que acepte la dimisión de Carod. Porque hay un bien superior al legítimo y comprensible esfuerzo en el que PSC, ERC y ICV están empeñados para dotar de estabilidad a su gobierno: es la solidez que el sistema democrático en su conjunto requiere para posponer sin equívocos cualquier diálogo con «los que matan» a su previa renuncia al terror y al juicio de sus actos ante los tribunales.

Pobre Cataluña
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 27 Enero 2004

CUANDO SE ESCRIBA la historia de estos años de plomo, en los que el irredentismo periférico logró embridar las conciencias hasta el fanatismo, y se haga balance del daño causado a las regiones en las que asentó su hegemonía, no tengo la menor duda de que el diagnóstico a toro pasado apuntará a la incapacidad de los nacionalistas para vivir en su tiempo junto con la acomplejada pusilanimidad del PP y PSOE para aplicarles la medicina que toda Europa receta en esos casos, verbigracia, el 5% famoso.

Por si aún fuera necesario confirmar lo desfasados que están los nacionalismos que restan (los hay que suman), hace algunos días fuimos pasivos testigos de dos deslocalizaciones que generaron reacciones paradigmáticas en cuanto al realismo, en un caso, y anacronismo, en otro, de las respectivas gestiones encaradas por las autoridades económicas de los territorios, San Francisco y Barcelona, en las que se asentaban las plantas. La empresa Levi Strauss ha cerrado las últimas fábricas que le quedaban en EE.?UU. Tal como cabía esperar, a pesar del significado emblemático de los jeans , apenas ha habido conmoción, pues los americanos entienden que la época de globalización que les ha tocado vivir no permite que en San Francisco se paguen salarios horarios de 11 dólares para producir un bien que puede obtenerse en Asia o Sudamérica con menor coste. Casi simultáneamente, supimos que Samsung deslocalizaba sus plantas de Barcelona a China y Eslovaquia. Y aquí sí que presenciamos, asimismo como cabía esperar, los niveles de incompetencia -¡pobre Cataluña!- que puede alcanzar el nacionalismo, en solvente compañía socialista. Carod-Rovira y Josep Maria Rañé exigieron por la tremenda un plan social de recolocaciones para todos los trabajadores afectados, bajo amenaza, que cumplieron, de pedir un boicot a los productos de la empresa coreana. Inútil aspaviento ultranacionalista, además de contraproducente, pues Samsung sólo vendía en Cataluña el 3% de la producción local.

Las personas de buena fe son conscientes de que la finalidad del empresario, responsable ante el accionariado, no es crear empleo sino obtener beneficios. Tal como demuestra el deslumbrante libro de Guillermo de la Dehesa Globalización, desigualdad y pobreza , las autoridades territoriales que violen o entorpezcan este principio básico, por sanas que sean sus intenciones, estarán lastrando las posibilidades de crecimiento futuro al desanimar la inversión. Toda vez que en una época en la que los territorios compiten entre sí buscando el marchamo de la flexibilidad, como cimbel de atractividad, los costes irrecuperables de salida se computan con mayor ponderación aunque los de entrada: antes de implantarse, las empresas quieren saber si en caso de deslocalización les pondrán dificultades. Frente a la hemorragia empresarial, la incompetencia e irresponsabilidad del Govern es tanta que medio planeta debe estar ya al corriente de que cuando una planta abandona Cataluña las autoridades decretan el boicot de productos. Conclusión: para que, llegado el caso, no se les acuse de derelinquir, los estrategas económicos excluyen desde ahora a Cataluña de sus planes.

Queda, no obstante, una enseñanza que sí debemos a las soflamas de Carod. Sabedores de que Cataluña goza de una balanza comercial excedentaria con el resto de España, ¿qué devendría su economía si en caso de secesión o insolidaridad fiscal decretáramos un boicot contra los productos catalanes?

Ibarretxe certifica el fracaso de su delirio
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  27 Enero 2004

El catálogo de calificativos laudatorios difundidos por los periodistas del batzoki mediático respecto del nuevo presidente del PNV tiene al menos la ventaja de reflejar su opinión verdadera sobre el anterior presidente de este partido, no expuesta hasta ahora. Así, cuando en plena efervescencia peloteril califican al nuevo máximo dirigente del PNV, y a su proyecto político, como «constructivo», «moderno», «abierto» y cosas semejantes no queda más remedio que considerar que para estos mismos miembros del 'establishment' mediático nacionalista la anterior dirección del PNV debería ser 'destructiva', 'antigua' y 'cerrada'. Es una pena que no lo hayan dicho antes, pero algunos de ellos son expertos en calificar los hechos y a las personas incluso con veinte o treinta años de retraso, cuando hacerlo no comporta, desde luego, el menor riesgo que eventualmente podrían haber corrido de haberse pronunciado a tiempo.

Hay un dato de la realidad que constituye un nuevo síntoma de que el terrorismo ha entrado en fase terminal y que traduce el desprestigio social creciente de la actividad criminal: incluso aquellos dirigentes políticos caracterizados durante años por su flagrante ausencia de piedad, cristiana y política, con las víctimas del terrorismo y sus familiares -cuando aquéllas eran asesinadas- sienten hoy la necesidad publicitaria, dos meses antes de la urnas, de decir que están con las víctimas del terrorismo. Es cierto que en este gesto, como en otros, demuestran ser de lenta digestión intelectual, toda vez que confiesan, 'motu proprio', que tomaron las riendas del asunto en el año 2000, lo que quiere decir que han tardado nada menos que cuatro años en empezar a poner a limpio los resultados de aquella ya de por sí tardía decisión.

Resulta, en cualquier caso, imposible de compatibilizar el afán por hacer que se está con la víctimas con los hechos concretos que demuestran cómo estos adalides sobrevenidos de las víctimas salen en defensa de los que apoyan a los victimarios: apoyos parlamentarios, negativa a cumplir resoluciones judiciales que ordenan la desarticulación de la trama civil, presencia de uno de los máximos tenores del terrorismo en una sede del partido guía, etcétera.

Tiene bemoles democráticos que haya que saludar como noticia las palabras de un dirigente nacionalista cuando dice que todos los vascos caben en la CAV, y quizá el que haya que comentar con alborozo tamaña obviedad es otro síntoma del clima político que durante demasiados años ha propiciado el atropello político, ético y social que sufren y han sufrido las víctimas del terrorismo. Decir que ahora cabemos todos significa reconocer implícitamente que antes no cabíamos y pone a las claras la política de exterminio que padecen y han padecido las personas y partidos que defienden en la CAV la Constitución española y el Estatuto de Autonomía de Gernika. Ningún dirigente político en ninguna parte de Europa tiene que explicar que todos los censados en un determinado territorio tienen derecho a vivir en él, va de suyo democrático que así sea sin que haya que celebrarlo.

Por otra parte, resulta muy expresivo del talante de los actuales dirigentes del PNV el último documento por ellos alumbrado, en el que se pueden ver los planes de intento de anexión de Navarra avanzados con frases que no tienen desperdicio, que rezuman autoritarismo envuelto en victimismo. Así, cuando se dice que en Navarra se esta cometiendo un «genocidio identitario» (sic) y que en aquella comunidad foral los vascos viven en un «gueto» no sólo se está mintiendo, no sólo se están sembrando nuevos odios que surgirán como producto de esa gigantesca mentira, es que además se pone en evidencia la penuria democrática que guía al partido guía. Llegados hasta aquí, es pertinente recordar que uno de los miembros del grupo terrorista ETA que tenía previsto realizar una matanza, en las pasadas Navidades, en la estación de Chamartin, en Madrid, ejercía como profesor en una ikastola sita en la Comunidad Foral Navarra; es decir, un asesino enseñaba a niños, lo cual quizá sí tenga que ver con un genocidio más o menos cultural -y, desde luego, con una masacre felizmente abortada por la Policía española- y no las mentiras agitadas sin fundamento alguno por los que quieren presentarse como víctimas cuando en realidad pactan con los victimarios.

Además, decir que los vascos están perseguidos en Navarra es una forma implícita de reconocer que los navarros no son vascos, cosa que ya sabíamos antes, pero que el PNV parece descubrir ahora. Resulta como mínimo chocante que esa artillería verbal, de muy grueso calibre, se aplique por el PNV para hablar de su inferioridad política en Navarra -a la que no es ajena alguna de las drásticas decisiones tomadas en su día por el entonces máximo dirigente del PNV-, y no se emplee, por ejemplo, para definir la certeza de que el terrorismo nacionalista ha asesinado a casi mil personas, cuatrocientas más que las que perdieron la vida a manos de los nazis con el bombardeo de Gernika.

Anda Ibarretxe atareado en maquillar el fracaso de su plan crispador. Acaba de comer, les doy la noticia, con gentes varias residentes en Madrid: alguno de ellos experto recalificador de fincas del dictador Francisco Franco, otros políticos en paro y ese andaluz progresista con calcetines blancos que sube la bilirrubina al nacionalismo reaccionario. Bien; les reclama Ibarretxe que hagan 'lobby', quiere que presionen los comensales a los socialistas, que les convenzan de que entren a debatir el delirio aunque luego se opongan a él. Este hecho certifica el fracaso de un plan crispador que pronto se verá como tal fracaso por la inmensa mayoría de los vascos.

Huele a elecciones, y el PNV necesita decir que está con las víctimas del terrorismo, lo cual tiene la parte positiva del reconocimiento implícito de la justeza de su causa y del horror que supone la muerte. Huele a elecciones y el PNV comprueba cómo a pesar de tener un potente batzoki mediático -tanto en la CAV como en la capital de España-, a pesar de controlar desde hace un cuarto de siglo el presupuesto, de haber tenido todos los medios para crear un país a su imagen y semejanza, a pesar de crear una red clientelar, de presentarse como la víctima, no consigue que su plan crispador sea aceptado, no logra que su delirio se trague sin más por los vascos, quienes, al menos en la mitad de los casos, no quieren saber nada del disparate que se trata de imponer haciendo oídos sordos de todas las propuestas discrepantes, negándose a dialogar sobre los problemas más urgentes del país, que no son los problemas más urgentes de algunos dirigentes políticos ensimismados de la CAV.

Nos queda por ver cómo será la política vasca cuando desaparezca, más pronto que tarde, la violencia terrorista, el exterminio a tiros del contrario; nos queda por ver cómo se ventila el fracaso del plan crispador cuando definitivamente no se asesine al discrepante de los principios fundamentales del movimiento etarra; nos queda por saber el caso que se le hará por buena parte de los vascos al catálogo de disparates contenidos en semejante plan el día que se haya clausurado el actual estado de excepción. El verdadero cambio en la política vasca será el que se produzca cuando el terror no mate las libertades y a quienes las defienden.

El boicot
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  27 Enero 2004

Somos la luz que ilumina al mundo, lehendakari. Según sus propias palabras, su campaña a favor de las víctimas del terrorismo es «un referente no sólo para el Estado, sino para otros países, pese a que no trascienda en el ámbito público». La gente es mala y envidiosa. Por eso le plagian en la intimidad, para que no trascienda.

El caso es que fue usted a Madrid a presentar la campaña y uno, qué quiere que le diga, no le acaba de pillar el punto. Así, al pronto, la foto remite a la portada del libro 'Mujeres de ETA'. El papel de la bala y el pintalabios está claro en este caso, pero no se acaba de entender en el anuncio. Podría recordar aquella célebre disyuntiva de las víctimas en opinión del anterior presidente de su partido: «entonces, de ETA, ¿qué les molesta, la finalidad o el tiro?». El pintalabios, digo yo, será la finalidad.

Son ustedes primerizos en esto y no iban a acertar a la primera, pero es mucho mejor ver este anuncio en su televisión que aquella parodia de Amuriza sobre escoltas y amenazados o que la negativa de ETB a emitir un anuncio de la Fundación de Víctimas. Reciba por ello mi más cordial enhorabuena y mi aliento para seguir por esta vía.

Hay, sin embargo, que pulir algunas expresiones para que Europa entera pierda los complejos y nos imite descarada, voluptuosamente. Un suponer, cuando su portavoz denuncia el boicot a que se somete en España a artistas vascos con una desdichada analogía entre los ataques a la obra de Ibarrola y las críticas a la película de Medem o el hecho de que Fermín Muguruza haya perdido algunas actuaciones. Es comprensible que un ayuntamiento del PP se negara a contratarle para actuar en un polideportivo que lleva el nombre de una víctima, para cantar, por ejemplo, 'Sucio dinero español', uno de sus temas que es un sarcasmo: «billetes que huelen a carne quemada./Bala, bala, bala, ¿bang! ¿bang!».

Verá, boicot es lo que llevó al cantante Imanol a irse de Euskadi por haber condenado el asesinato de Yoyes. Boicot es el que declaró su partido a este periódico hace unos años, sin que el Gobierno vasco dijera ni mú. Ataques vandálicos a la libertad de expresión fueron los destrozos en el bosque de Oma y la quincena de asaltos que sufrió la librería Lagun, acompañados ambos de una sobrecogedora falta de piedad por dirigentes de su partido. Boicot rotundo fue el de la Diputación de Vizcaya a Iñaki Arteta, que perdió su puesto de trabajo después de trece años por haber hecho un conmovedor documental sobre las víctimas del terrorismo. Ahí tienen usted y su portavoz un bonito reto: muevan su influencia para que Arteta vuelva a trabajar donde solía. Mientras, usted comprenderá que el personal administre su entusiasmo y pondere su nueva actitud solidaria también en la intimidad.

El precio de un sillón
Cartas al Director ABC 27 Enero 2004

Leíamos ayer en ABC que «Carod-Rovira ultima un pacto con ETA para que no perpetre atentados en Calaluña». Lo de Carod-Rovira, independentista radical que reniega de verse obligado a vivir en la «antipática» España, es consecuencia lógica de sus ideas y propósitos, de sus filias y de sus fobias. Pero... ¿lo del presidente constitucional de la Generalitat de Cataluña? ¿Cuál es el precio que ha pagado y que está dispuesto a pagar o seguir pagando por el anhelado sillón de president? Entendíamos que la connivencia con el terrorismo ya está fuera de la ley: para un partido con posibilidades de gobierno en la España de todos... ¿cabe mirar hacia otro lado ante tamaña desfachatez, cuando no delito perseguible de oficio?; ¿bastan para la réplica actitudes como, por ejemplo, la bonhomía de Bono? Como españoles que no renuncian a serlo, esperamos su reacción, Zapatero.
                      Antonio Fernández Benayas.     Madrid.

«Invitación a dialogar»
Cartas al Director ABC 27 Enero 2004

Escucho la noticia en la radio y no me lo puedo creer. Carod-Rovira, actual «conseller en cap» del Gobierno catalán, se ha entrevistado con ETA, como adelantó ABC. Según sus palabras, «hubiera sido un error no responder a su invitación a dialogar». ¡Cómo saben los asesinos a quién tienen que dirigirse! Se han dirigido a aquél que lleva coqueteando con ellos mucho tiempo y que, por el ansia de poder de Maragall, está amargando la existencia a la inmensa mayoría de los españoles, aun con su insignificante representación parlamentaria.

Pero aún nos la puede amargar más porque, a cambio de algo que no se ha atrevido a revelarnos, los indeseables terroristas se comprometían a no atentar contra los catalanes y los otros habitantes de los «países catalanes»; no sé por qué ahora se llaman así a los valencianos y baleares. A todo el resto de los españoles (riojanos, cántabros, madrileños, canarios, etcétera) se nos puede matar impunemente. Mientras no sea un catalán el que muera o se quede parapléjico o vea su casa destrozadas por un coche bomba, Carod-Rovira dormirá muy tranquilo, porque ya habrá pagado su particular impuesto revolucionario para comprar su tranquilidad y la de sus miserables aspiraciones.

Cada vez nos cuesta más trabajo mantener la tranquilidad y la cabeza fría para seguir creyendo en la unidad de España. Esperemos que sean los mismos catalanes los que nos ayuden a conseguirlo.     Elena María Vegué.  Madrid.

«Un acto de deslealtad intolerable»
LR 27 Enero 2004

El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, tras comunicarse de nuevo con Pasqual Maragall ayer por la tarde, le exigió que aceptase la dimisión del «conseller en cap», Josep Lluís Carod-Rovira. Fuentes del PSC y de ERC no quisieron dar detalles de la respuesta del presidente de la Generalitat y se remitieron a la comparecencia pública que éste ofrecerá hoy. Por su interés, a continuación reproducimos el comunicado que el secretario general del PSOE envió a los medios de comunicación ayer por la noche:

«1.- En la mañana de hoy, el Sr. Carod-Rovira ha reconocido su participación en una reunión con dirigentes de la banda terrorista ETA. Este hecho merece mi más firme rechazo.

2.- El Partido Socialista se reafirma una vez más en que no cabe negociación política alguna con la banda terrorista. La lucha antiterrorista debe ser una política de Estado enmarcada en los principios y valores recogidos en el Pacto por las Libertades y contra el terrorismo.

3.- El Sr. Carod-Rovira ha actuado sin el conocimiento del Presidente de la Generalidad, lo que constituye un acto de deslealtad intolerable en quien ocupa un cargo de responsabilidad en el Gobierno de Cataluña.

4.- Por todo ello, como secretario general del Partido Socialista Obrero Español, he transmitido en la tarde de hoy a Pasqual Maragall, en su condición de presidente del Partido de los Socialistas de Cataluña, la necesidad de que el Sr. Carod-Rovira asuma sus responsabilidades políticas y se le acepte la dimisión presentada, cesando como miembro del Gobierno de Cataluña».

El olvido, la esperanza y la denuncia
D. MARTÍNEZ ABC 27 Enero 2004

Las víctimas del terrorismo destacan cómo en los últimos años ha crecido la solidaridad hacia ellas, al tiempo que señalan que aún quedan muchas cosas por hacer. Esperan que sus reivindicaciones no caigan en saco roto
MADRID. El olvido, la esperanza y la denuncia tienen tres nombres propios:el de Evangelina, madre de un policía asesinado por ETA en 1981 cuando en España no era extraño oír «algo habrá hecho»; el de Joseph Pfeifer, jefe de los Bomberos de Nueva York durante el 11-S, por su confianza en «la solidaridad como arma eficaz para combatir a los terroristas», y el de la argelina Saida Benhabylef, por acusar a Europa de tener no sólo en el olvido a las víctimas de su país sino también por no haber incluido en el listado de organizaciones terroristas a los grupos que atentan en Argelia.

Evangelina, que viste su menudo cuerpo de negro y lo adorna con una pequeña fotografía de ella y su marido, a duras penas puede contener las lágrimas cuando recuerda el día en que ETA le arrebató a su hijo, de 33 años. Han pasado 23 años y esta mujer, nacida en la provincia de León, no se ha podido desprender del dolor. Durante este tiempo ha comprobado cómo ha ido cambiando el trato hacia las víctimas del terrorismo: desde el olvido que había en los años 70 y 80 a las «atenciones que hay ahora, aunque es evidente que aún tienen muchas cosas por hacer». Pero por encima de las medidas que en favor de los afectados han ido adoptando Administración e instituciones, Evangelina destaca el cambio de los ciudadanos. «Antes nuestro dolor lo teníamos que llevar en silencio, ahora lo podemos expresar sin tanto miedo». Ella no sabe evaluar cuáles son los beneficios que puede obtener del I Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo -al que acude sólo como asistente-, pero se conforma con que no caigan en saco rotos las reivindicaciones que se expongan.

El testimonio de Evangelina es el del olvido, el de Josep Pfeifer es el de la esperanza. El jefe de los bomberos de Nueva York durante el 11-S intervino en una mesa redonda en la que también participaron personas que han sido víctimas del terrorismo fuera de nuestras fronteras.

Las siluetas de los bomberos
Pfeifer contó con detalle cómo fue el atentado y expresó cado uno de sus sentimientos en aquel momento. «Contemplamos las torres, contemplamos nuestras almas y decidimos entrar. Fue una demostración de amor de los bomberos. Muchos murieron, pero también había un rayo de luz: la siluetas de los bomberos rescatando a personas. Gracias a aquel desgarro, hoy podemos tejer la solidaridad, porque aquel ataque no sólo fue contra Nueva York sino contra todo el mundo. El terrorismo -dijo- es un crimen contra la Humanidad y la solidaridad es un buen arma para combatirlo. Un discurso de denuncia fue el que pronuncio la argelina Saida Benhabylef. Primero reprochó al presidente del Parlamento Europeo, Pat Cox, que en su intervención no hubiera dedicado ni una sola palabra a las víctimas del terrorismo en Argelia, que las cifra en 4.000. Y en segundo lugar, criticó a Europa por no haber incluido a los grupos que atentan en su país en el listado de organizaciones terroristas. Con tono enérgico afirmó que el aislamiento internacional que padece en la lucha contra el terrorismo «ha ayudado a los que lo ejercen». Y recordó cómo desde Argelia, con el visto bueno internacional, salieron miles de jóvenes para luchar en Afganistán contra la ocupación soviética y cómo ahora muchos de ellos son activistas de Al-Qaeda. Saida Benhabylef alzó la voz para decir que su país necesita ayuda. «El dinero no es nada -dijo- si no viene acompañado de apoyo moral y comprensión».

El soldado mutilado
Expresaron también su trágica experiencia un joven soldado colombiano mutilado de piernas y un brazo por la explosión de una mina colocada por las FAR; el padre de un joven asesinado en Omag por el IRA auténtico, que reveló que, a raíz de este atentado, se había trasladado a Estados Unidos para pedir a George Bush que incluyera a esta organización en el listado de grupos terroristas, y el padre de una niña de 15 años muerta en Jerusalén, en 2001, en una ataque suicida.

Los participantes subrayaron el mensaje del jefe de los Bomberos de Nueva York: la solidaridad es un arma eficaz para combatir el terror. Con solidaridad ha sido como Natividad Rodríguez, viuda de Fernando Buesa, ha ido cubriendo la ausencia de su marido.

Las víctimas piden «rebeldía cívica» y rechazan que se pacte con ETA
D. M. ABC 27 Enero 2004

MADRID. Rebeldía cívica y no llegar a ningún pacto con los terroristas. Estas son dos reivindicaciones que hicieron las víctimas de ETA representadas por Maite Pagazaurtundua, Cristina Cuesta, Concepción Martín y Luis Portero, que participaron en una mesa redonda en la que se analizó la situación en la que viven los afectados por la barbarie terrorista.

En su intervención firme y emocionada, Pagazaurtundua recordó el consejo que hace unos días le dio otra víctima del terrorismo: «No dejes que te manipulen, Maitu». «Con estas palabras esta persona me demostró que había renunciado a decir lo que piensa, yo no». La hermana del jefe de Policía Municipal de Andona quiso resaltar con este hecho la importancia de poder hablar sin miedo, así como la necesidad de que se hagan pequeños actos de rebeldía cívica. Dijo Pagazaurtundua que contra el terrorismo no caben «atajos» y denunció la existencia de pactos como el de Farol Rivera con ETA porque suponen «una miseria humana, moral y política».

Luis Portero, presidente de la AVE, tras afirmar que para resolver el problema del terrorismo no hay más vehículos que la Constitución y el Estatuto de Guarnece, destacó los avances que ha habido para el reconocimiento del derecho de las víctimas así como los registrados en la lucha antiterrorista desde los frentes judicial y policial.

Al igual que Pagazaurtundua, Cristina Cuesta, hija del delegado de la telefónica en San Sebastián asesinado por ETA, destacó el valor de la «rebeldía social» y también rechazó cualquier tipo de negociación con los terroristas, ya que, en su opinión, «negociar es traficar con el dolor de las víctimas».

Por su parte, Concepción Martín, viuda del teniente coronel Blanco, dio un toque de atención al sistema judicial y criticó su lentitud.

Los estadounidenses apoyan el inglés como lengua oficial
Redacción - Washington.- LR 27 Enero 2004

Cuatro de cada cinco estadounidenses son partidarios de que el inglés sea adoptado como el idioma oficial de EE UU, según un sondeo difundido ayer por «US English», grupo que defiende una iniciativa legislativa en este sentido. El sondeo, elaborado por el instituto Zogby International, muestra que el 82 por ciento de la población está a favor del inglés como única lengua oficial del país y que la medida es apoyada de manera homogénea al margen de raza, sexo, religión o ingresos. Incluso entre la población de origen hispano, la minoría más numerosa del país, la mayoría de personas apoyan esta medida.
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