AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 31 Enero 2004
Las víctimas del diálogo con ETA
EDITORIAL Libertad Digital  31 Enero 2004

«BASTA YA», EN MADRID
FRANCISCO GIMÉNEZ-ALEMÁN ABC 31 Enero 2004

Socios, amigos y cómplices
Ignacio Villa Libertad Digital  31 Enero 2004

MARAGALL «ABSUELVE»A CAROD-ROVIRA
Editorial ABC 31 Enero 2004

De Perpiñán a Madrid, pasando por TV3
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  31 Enero 2004

El circo del tripartito
José Antonio Vera La Razón  31 Enero 2004

ERRORES ENCADENADOS
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 31 Enero 2004

Carod, en deuda
Opinión EL PAÍS 31 Enero 2004

EL CASO CAROD
Juan Manuel DE PRADA ABC 31 Enero 2004

¿Información reservada
Cristina Losada Libertad Digital  31 Enero 2004

MATAR AL MENSAJERO
Jaime CAMPMANY ABC 31 Enero 2004

No pasarán
David Gistau La Razón  31 Enero 2004

Una mentira mil veces repetida
José Clemente La Razón  31 Enero 2004

Señoras y señores, la farsa continúa
Julián Lago La Razón  31 Enero 2004

Carod y Cataluña
ASSUMPTA ROURA La Voz 31 Enero 2004

Carod y la memoria herida
Lorenzo Contreras La Razón  31 Enero 2004

Zapatero debe estar aterrado
Miguel Ángel Rodríguez La Razón  31 Enero 2004

Carod se enroca
Editorial El Correo  31 Enero 2004

ETA necesitaba a Carod
TONIA ETXARRI El Correo  31 Enero 2004

Pactos a la catalana
Cartas al Director ABC 31 Enero 2004

Seis años no se olvidan
Francisco Velasco La Razón  31 Enero 2004

La generosidad incomprendida
Mª Enriqueta Benito Bengoa y Ernesto Ladrón de Guevara
La Razón  31 Enero 2004
 

Las víctimas del "diálogo" con ETA
EDITORIAL Libertad Digital  31 Enero 2004

En su comparecencia para justificar ante la Diputación Permanente del Parlamento catalán su reunión con ETA, el socio de gobierno de Maragall, Carod Rovira, ha vuelto con total desfachatez a prostituir el concepto de “diálogo” para referirse a su voluntad de llegar a acuerdos con una banda terrorista. El dirigente independentista también se ha quejado de que haya que pagar un “precio político y judicial por hablar”, cuando aquí los únicos que pagan por hablar -y además con sus vidas- son los que no comparten el ideario independentista que, tanto Carod como ETA, defienden.

Lo que ha llevado a cabo el dirigente de ERC no es un legítimo “diálogo” sino una repugnante disposición a ofrecer cobertura política a ETA a cambio de que atente fuera de Cataluña. Lo que ha hecho es recordar a los terroristas que él también reclama, precisamente, un "precio" político y judicial por el fin de la violencia. ¿O es que Carod Rovira ya no es partidario de que el fin de ETA tenga contrapartidas en el ámbito penal y en nuestro ordenamiento constitucional? ¿Acaso no denuncia él, como los terroristas,-y ahora Maragall- la “pasividad” del Gobierno español? ¿Qué “pasividad”, que no sea la de negarse a pagar un precio por la paz, puede reprocharse al PP, bajo cuyo gobierno se ha llevado a cabo una activísima y eficaz labor para combatir el terrorismo tanto en el ámbito político, legislativo, policial y judicial?

La única “pasividad” del PP ha sido la de no querer ceder al chantaje de ETA, ese que, tanto Carod como Maragall, encubren con el manto del “diálogo”. De ahí que nos haya resultado especialmente repugnante la forma de justificar ese “diálogo” con ETA “si sirve para evitar un solo muerto”.

Un solo muerto... que sea catalán, debía haber añadido el socio de Maragall, vista las limitaciones geográficas que hacen aun más indignantes sus acuerdos con los terroristas. Esto no es una apreciación subjetiva por nuestra parte, sino que lo reconocía el propio Carod Rovira en un articulo suyo publicado en Avui el 31 de mayo de 1991, dos días después de la matanza en la casa cuartel de Vic, en el que pedía a ETA que “cuando queráis atentar contra España, os situéis, previamente, en el mapa”.

Ya ven a qué grado de aberración llega este nacionalista cuando lo que tiene en cuenta no es la persona, sino el lugar en donde es asesinada. Y es que –en la línea de lo denunciado sobre la reunión de ahora- lo único que Carod Rovira le reprochaba entonces a ETA “Os lo dije ya, hace medio año, en algún lugar de Euskadi, cuando en nombre de mi partido os pedí, formalmente, que no actuaseis más en mi país”.

En esos casi seis meses anteriores a la matanza de Vic, ETA cometió 12 atentados- todos ellos fuera de Cataluña- en los que fueron asesinadas doce personas. Sin dar este dato, Carod Rovira se limita a decir a los terroristas que “habeis respetado mi petición durante seis meses”, para, a continuación, volverles a pedir que no vuelvan a cometer en Cataluña sus atentados.

Nos gustaría situar a Carod Rovira, no delante de ningún mapa, sino ante los nombres de aquellos doce asesinados, de sus rostros, de sus hijos, de sus padres, de sus amigos, del dolor que ETA causó en esos seis meses “respetando su petición”, la petición de quien es un mal nacido, con independencia, por supuesto, de donde lo haya hecho.

«BASTA YA», EN MADRID
Por FRANCISCO GIMÉNEZ-ALEMÁN ABC 31 Enero 2004

MEDIADOS los años noventa Sevilla comenzó a ser sacudida por la amenaza terrorista. Un comando de ETA que asentó sus reales en un piso de la calle José Laguillo, tras el fallido intento de volar el estacionamiento subterráneo más concurrido de la ciudad, el de la plaza de la Gavidia, pudo finalmente ser desarticulado por la Policía Nacional, no sin antes haber producido lesiones irreversibles a un número de la Guardia Civil que logró detener en Santi Ponce al encargado del transporte de la carga de explosivos que, de no mediar la heroica actuación del agente, a tiro limpio en el control de carretera, hubiera vestido de luto a la capital hispalense en aquella radiante primavera. ETA había puesto a Sevilla en el punto de mira. Luego vendrían los asesinatos del matrimonio Jiménez Becerril, a dos pasos de la Giralda, los atentados frustrados contra los periodistas Antonio Burgos y Carlos Herrera, el asesinato del doctor Muñoz Cariñanos, y un sinfin de casos de amenazas, felizmente desmontadas a tiempo por las Fuerzas de Seguridad del Estado, que sumieron a los sevillanos en un ambiente de terror fácilmente comprensible. En los papeles que la Policía ocupó en el registro del piso franco de los etarras se detallaban datos y se contenían recortes de prensa con retratos de una veintena de personalidades andaluzas, algunas de las cuales habían sido seguidas y cuyos itinerarios habituales constaban como información imprescindible para el tiro en la nuca. Recuerdo de manera especial la precisión con que se transcribían los datos de un conocido empresario, Rafael Álvarez Colunga, cuya oficina de farmacia está a la vuelta de la esquina del desmantelado domicilio terrorista.

Uno de los objetivos detectados por la Policía en aquellos meses era la sede de ABC de Sevilla, información que comunicó el Ministerio del Interior a la Dirección del periódico y que éste decidió no hacer pública para evitar la alarma de los vecinos del populoso barrio de Tabladilla, donde entonces estaba ubicado el diario, así como de los alumos del vecino colegio de religiosas y del personal sanitario de la residencia Virgen del Rocío que se levantan en la misma zona. El esfuerzo fue inútil: el edificio de ABC fue acordonado por llamativas barreras metálicas que impedían el estacionamiento de vehículos junto a las aceras y la Casa fue dotada de estrictas medidas de seguridad que evidenciaban que algo podía pasar. Los periodistas fuimos advertidos de la posibilidad de un atentado indiscriminado, y en ello estuvimos largos meses, algunos con discreta escolta, y todos bajo el nuevo síndrome de la amenaza del cobarde enemigo que nunca da la cara.

Fue entonces cuando comprendimos con meridiana claridad la situación de la vida diaria de cientos, de miles de ciudadanos en el País Vasco. Sevilla, tan alegre y confiada, tan lejos geográficamente de las provincias vascongadas, tan ajena en su propia carne, aunque no en las emociones, a los estragos del terrorismo, sentía entonces la cercanía de sus horrores, que por desgracia no dejarían de hacerse presentes en amigos tan inolvidables como Alberto, Ascensión, Antonio... Y fue entonces cuando comprobamos palmariamente el inconsciente lujo que representan las más mínimas libertades de la vida diaria: las de salir a la calle, pasear, ir al trabajo, tomar el aperitivo en una terraza e incluso dejarse caer los primeros viernes de mes en San Lorenzo a los pies del Señor del Gran Poder. Sencillamente eso. Algo tan simple como la normalidad de los ciudadanos anónimos que van de compras al centro o que pasean a su nieta por el parque de María Luisa. Por un tiempo la paz de Sevilla estuvo resquebrajada.

Y si en orden a la vida diaria esto era así, ¿qué decir en lo concerniente a los derechos políticos, a los derechos fundamentales de todo ciudadano en cualquier territorio de España? ¿Es posible, comentábamos en la Redacción a la hora del café, que los electores de Mondragón tengan la misma libertad de voto que los de Écija? ¿Se dan las mismas condiciones, las mismas garantías -el mismo día, a idénticas horas- en un colegio electoral de Andoáin que en otro gemelo de Aracena? ¿Existe la misma libertad de voto para bilbaínos y sevillanos, para vascos y andaluces? ¿Se puede llegar de la misma manera despreocupada a la mesa donde están las papeletas y coger la que se quiere depositar en la urna, a la vista de todos los presentes, en un colegio del Bulevar donostiarra o en su homólogo del sevillano Patio de Banderas? ¿Somos los mismos españoles, unos y otros, a la hora de votar? ¿Y a la hora nada más que de vivir?

Las respuestas son tan obvias que a nadie se le pasaría por la imaginación, sino a Perogrullo, el mero ejercicio de formularlas. Pero, al mismo tiempo, es muy necesario que nos las hagamos cada día que amanece, por mucho que se quiera repetir el tópico de que amanece igual para todos los españoles. No amanece igual para el concejal socialista de un pueblo guipuzcoano que para su correligionario gaditano. Ni a la hora de afeitarse están pensando lo mismo dos militantes del PP, el uno en Érmua y el otro en Fuengirola. Porque aquel tiene muy presente la amenaza cierta de que puede ser secuestrado y asesinado al salir de casa y este otro, a lo sumo, se las estará ingeniando para que no lo descabalguen de las próximas listas electorales. Hay que ponerse en el pellejo de cada quién.

Esta reflexión viene a cuento del programa de actividades que la iniciativa ciudadana «Basta Ya» llevará a cabo estos días en las principales ciudades españolas, protagonizada por sus más destacados representantes, con el fin de informar a toda la sociedad de la falta de libertades en el País Vasco y de la quiebra que para la convivencia supondría la aplicación del Plan Ibarretxe. Su primera parada en este recorrido: el Patio de Cristales de la Casa de la Villa, que el alcalde Ruiz-Gallardón ofrece como símbolo de la solidaridad de todos los madrileños, de tantos y tantos que a lo largo de los años han sido cruelmente azotados por la banda terrorista ETA. Esta nueva empresa de «Basta Ya» que, como los cómicos de la legua, se hace a la carretera para dar testimonio de la realidad que se vive en el País Vasco, merece el aplauso de todo español bien nacido y el calor de la ciudadanía allí donde hagan parada y fonda. Porque, como en el caso de Sevilla que he referido, sólo la cercanía del problema narrado por quienes lo padecen directamente puede mentalizar al conjunto de la sociedad española sobre la degradación que se vive en el País Vasco. Ningún sistema democrático conocido en el mundo puede tolerar que la mitad de la ciudadanía sufra tan grave restricción de sus derechos como hoy sigue ocurriendo en una parte del territorio español. El mensaje de «Basta Ya», escanciado ahora desde la Casa de la Villa, debe llegar por igual a cuantos españoles estamos resueltamente decididos a que la Constitución se aplique del mismo modo en Rentería y en Puente Genil.

Socios, amigos y cómplices
Ignacio Villa Libertad Digital  31 Enero 2004

El balance político tras esta tormentosa semana en Cataluña nos lleva a concluir que, en esencia, estamos como estábamos el pasado lunes. Tras conocer las informaciones, confirmadas por el protagonista, que daban todo tipo de detalles sobre el encuentro de Carod Rovira con la cúpula de la banda terrorista ETA, aquí nadie rectifica. Lo único que se confirma definitivamente es que Zapatero ya es un sonámbulo político y su compañero Pascual Maragall, una marioneta de los intereses de Esquerra Republicana.

A cinco días vista del primer titular en el diario ABC, el líder republicano insiste en que no hizo nada malo al buscar un pacto con los terroristas. Además, ha dejado claro a todos que no rectifica y que, después de las elecciones de marzo, volverá al Gobierno catalán. ¿Hacen falta más pruebas para saber dónde está cada uno?

La verdadera situación interna del tripartito ha quedado en evidencia. Y es tan contumaz la actitud de todos los socios del Ejecutivo catalán que no se divisa ninguna solución real y creíble en el horizonte. Las afirmaciones de Carod Rovira en el Parlamento catalán son previsibles para un político como él, que ya se ha retratado: maneras fascistas, ideas dictatoriales y formas destructivas. Chulesco e insultante, el líder independentista catalán ha confirmado con creces todas las expectativas que se habían adelantado sobre él. Carod es una vergüenza para la política catalana; algo evidente para todos, menos para Pascual Maragall y para Rodríguez Zapatero.

Desde las filas socialistas intentan cerrar a toda prisa la crisis del Gobierno catalán, pero con escaso éxito. Maragall y Zapatero han salido tocados para siempre de esta crisis. El primero, porque ha demostrado ser un político inerte, sin personalidad ni principios. Ha agarrado al vuelo el sillón presidencial y no lo quiere soltar bajo ningún concepto. Va camino de la autodestrucción, algo que, por otra parte, a nadie puede sorprender. El segundo, a la deriva desde hace meses, acumula una larguísima lista de despropósitos políticos. Muy poco tiempo ha pasado para que Carod Rovira les diera a los dos el golpe definitivo.

Pero tiempo al tiempo, porque esta historia no ha hecho más que empezar. Esquerra Republicana se ha adueñado del PSOE y las dos partes lo saben. ERC da por hecho que puede decir lo que quiera y como quiera de los socialistas, porque no van a decir nada ni van a mover un dedo. El silencio socialista convierte a sus líderes en responsables directos de las barbaridades de Carod. Han borrado cualquier línea de separación y se han convertido en socios fieles de los republicanos, en amigos comprensivos y cómodos, en cómplices de sus desvaríos.

Así, con el PSOE en la misma barca que ERC, su situación no puede ser más grave, preocupante y decisiva para las elecciones generales.

MARAGALL «ABSUELVE»A CAROD-ROVIRA
Editorial ABC 31 Enero 2004

AUNQUE la sesión del Parlamento catalán estaba convocada para que Carod-Rovira explicara su encuentro con los jefes de ETA a principios de año, su desarrollo se convirtió, gracias a Pasqual Maragall y al propio Carod-Rovira, en una apología del diálogo con los terroristas, paralela a la rutinaria descalificación del inmovilismo del Gobierno de José María Aznar. Y no sólo pasó esto. Que Maragall aprovechara la ocasión para suavizar la situación de Carod-Rovira era algo previsible, pero no que utilizara su intervención para reivindicar y ejercer, en este momento y en estas circunstancias, la soberanía de su partido frente a la dirección nacional del PSOE. Cuando Maragall afirmó que Carod-Rovira tenía abiertas las puertas de su gobierno para volver más adelante -aunque primero tendrá que salir de él-; que algunos compañeros de su partido le habían presionado para tomar postura en esta crisis; y que se sentía más cerca de la ingenuidad de su aún conseller que de la «pasividad» del Gobierno de Aznar en la lucha contra el terrorismo, quien tuvo que sentirse desautorizado fue el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero. Desde que emitió su comunicado en la noche del pasado lunes, en el que exigía la salida de Carod-Rovira del Gobierno catalán, la evolución de los acontecimientos ha situado nuevamente a Zapatero por detrás del PSC, y a Maragall en la iniciativa de las decisiones que realmente se están cumpliendo, que no son las propuestas ni exigidas desde Ferraz. El resumen del discurso de Maragall es que Carod no ha hecho nada que merezca su exclusión definitiva del gobierno; que, como dijo Zapatero antes de arrepentirse, lo que pasa en Cataluña es cosa de Maragall y del PSC, y que frente a ETA prefiere la fórmula de Carod que la política del Gobierno de Aznar. Esto último, aparte de implicar una versión inverosímil del estado actual de la lucha antiterrorista, es una impugnación directa de la estrategia nacional del PSOE -la última que le queda, después de abdicar en Justicia y Hacienda-, pues la política antiterrorista del Gobierno está pactada con los socialistas desde diciembre de 2000 y ha producido unos resultados que Maragall parece desconocer con ignorancia inexcusable, dando una imagen peligrosamente desafecta con las prioridades de los españoles y con la percepción objetiva del terrorismo como una delincuencia innegociable.

Desde ayer, al escándalo de Carod-Rovira se suman los alarmantes mensajes deslizados por Maragall en la apología de su dialogante conseller. Al optar por Carod frente al Gobierno en materia antiterrorista y al reducir el reproche a una cuestión de formas y de oportunidad, Maragall se ha situado en un terreno que no es el de su partido. Lo más grave es que ha legitimado el discurso de fondo de Carod-Rovira sobre el diálogo con ETA, renovando el argumento más grato a la banda terrorista y desdeñando la certeza general de que el declive de ETA se debe, en exclusiva, a la acción policial y al aislamiento político de la izquierda abertzale. En todo caso, ya es una forma de abrir brecha en la unidad política antiterrorista, con unas consecuencias que son imprevisibles, y tanto más graves por la falta de autoridad interna en el PSOE, imprescindible para reconducir el rumbo de esta crisis. Quizás aquél sea el terreno en el que Maragall siempre se ha sentido cómodo, pero la posición institucional de su partido era otra y por eso Zapatero tiene la obligación, nuevamente, de aclarar dónde está el PSOE y con quién va estar en el futuro, porque cada vez son más evidentes las incompatibilidades de su estrategia de pactos con una definición nacional de su protagonismo político.

Pérez Carod-Rovira y ETA
De Perpiñán a Madrid, pasando por TV3
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  31 Enero 2004

En un alarde de manipulación, que recuerda los mejores congresos del Partido Comunista Rumano de Ceaucescu, TV3 nos ha venido a decir que el 92 % de los catalanes aprueba la entretenida merienda de Antza, Carod, Ternera y Renyer. El otro 8%, se infiere, son los que no la aprueban porque la consideran una ingenuidad de dos de los asistentes, gente de buena fe que, al fin y al cabo, sólo pretende acabar con la violencia. Los que no aprobamos la fiesta ni nos tragamos que el presidente en funciones de la Generalidad y el miembro de su Consejo Consultivo actuaran con ingenuidad, no debemos existir o no debemos ser catalanes. Y nosotros sin saberlo.

Invito a una reflexión a ese cien por cien de la Cataluña en miniatura de TV3. ¿A nadie le extraña, ni que sea un poquito, que un intento de acabar con la violencia sea rechazado, y hasta considerado delito, por las víctimas de dicha violencia y por los representantes de quienes pueden llegar a serlo? Imaginemos que somos tan obtusos que no nos damos cuenta de la coincidencia de objetivos políticos entre ETA y ERC. Aun así, seguiría siendo obvio que los independentistas catalanes no están amenazados por los terroristas. Y sin embargo, esa Cataluña que TV3 se inventa a mayor gloria de su jefe concede a la supuesta estrategia pacificadora de Perpiñán más credibilidad que a las víctimas del terrorismo y a los representantes de los partidos que ponen los muertos, los mutilados, las viudas, los huérfanos, las lágrimas, el orfidal y el miedo.

El país de las maravillas de la televisión de la Generalidad debe considerar un auténtico mesías al líder separatista, que sabe lo que nos conviene mejor que nosotros mismos. Un mesías con bigote, frenillo, apellidos inesperados y traje de Antoni Miró, pero un mesías al fin que se sacrifica por nosotros. Porque auque fuera presidente en funciones, acudió al guateque a título personal, igual que el miembro del Consejo Consultivo. Si se hubiera llevado a Perpiñán cien mossos a caballo y una banda de música habrían ido todos a título personal.

Antes se iba mucho a Perpiñán a título personal para ver cómo Marlo Brando, en la escena de la mantequilla de El último tango en París, sodomizaba a Maria Schneider. Presiento que Pérez se ha crecido y quiere untar con mantequilla al Congreso de los Diputados entero. Siempre habrá alguno al que le guste, pero yo casi prefiero que antes le administren el bromuro de los artículos 576 y 451 del Código Penal. A título personal, claro.

El circo del tripartito
José Antonio Vera La Razón  31 Enero 2004

Menos mal. Este año también tenemos circo para sobrellevar el crudo invierno. Qué sería de nosotros, los pobres ciudadanos, sin este desfile de payasos, trapecistas, equilibristas, malabaristas y animales amaestrados que nos viene de Cataluña. Sabíamos que las elecciones se iban a calentar. Pero, la verdad, no tanto. Sabíamos que Zapatero iba a seguir dándonos lecciones de cómo dividir mejor a España en 17, con todo a 17: 17 países o 17 estados, 17 fronteras, 17 policías, y 17 gobiernos y 17 tribunales con 17 agencias tributarias. Esto lo sabíamos, y había casi dejado de sorprendernos la capacidad del socialismo para trocear una nación con más de quinientos años de historia y cuarenta millones de habitantes. Pero siempre hay más, lo reconozco. Siempre puede llegar el circo del tripartito catalán para mostrarnos lo que parecía imposible. Un payaso que es más payaso que ninguno de los payasos que habíamos antes conocido. Un funambulista suicida al que le gusta desafiar a todos haciendo numeritos en la cuerda floja. Un malabarista haciendo malabares fuera de lo común. Un ilusionista sacando y escondiendo cartas de la chistera. ¿Quién da más? Imposible superar tanto esperpento.

El tripartito catalán se parece cada vez más a los personajes distorsionados de los espejos cóncavos de Valle-Inclán. Nunca pudimos imaginar a un tipo como Carod, con su bigote, su supuesto apellido Pérez, su retranca y su descaro para decir como si nada las cosas más gordas o inauditas. Es lo contrario que Zapatero, que tiene la virtud de escenificar con gran solemnidad cualquier discursillo o mensaje de medio pelo. En su voz, todo parece gravísimo o importantísimo, mientras que puesto en boca de su aliado Carod se trata de naderías si importancia, cosas menores que uno hace porque sí, porque está aburrido y no tiene nada que hacer, porque le molesta estar en el despacho resolviendo papeles, porque estaba agobiado en la ciudad y necesita respirar el aire fresco de Perpiñán. Por favor, entendamos el problema. Carod estaba el hombre angustiado por las responsabilidades del gobierno y necesitaba tomarse unos chiquitos con los amigos de la ETA, charlar con ellos un rato e interesarse por su salud, saber si se sienten perseguidos por la Policía española y si necesitan alguna ayuda, algún zulo, alguna pistola, alguna bomba o cóctel molotov, algunas direcciones de empresarios con dinero, algunos nombres de concejales del pepé o del psóe, pero de esos que no colaboran o son críticos con el tripartito, of course.

Hay que entender a los pobres terroristas porque llevan un año muy malo y les falla todo: las pistolas, los temporizadores, las metralletas, los objetivos, hasta los coches bomba. ¿Pero, muchachos, qué os pasa? ¿Cómo es posible tanta desgracia? Carod es un gran tipo porque se preocupa hasta por los pequeños detalles. Aunque los terroristas no sean catalanes. Y es que conociendo el sentido de la solidaridad de Carod, entiende uno que no iba a dejar, de ninguna manera, que los terroristas se queden solos en sus escondrijos, sin nadie que les atienda o les ayude. Eso es lo que ha debido hacer Carod, digo yo. Habrá ido a apoyarles, a ponerse a su disposición, a atenderles en sus quejas y reivindicaciones.

Hay una injusticia histórica con relación a los terroristas. Los metemos en la cárcel después de matar a la gente y los tenemos entre rejas ¿hasta seis años seguidos!, como ha ocurrido ahora con Antxon. Qué barbaridad. Cuanta injusticia. Por eso Benach, el colega errecero de Carod, lo primero que hizo tras ser nombrado president del Parlament es llamar corriendo a los familiares de los terroristas e invitarlos a tomar algo en su despacho. Lo primero, porque era el tema que más preocupaba en ese momento a Cataluña. Y lo segundo, porque ya se sabe que los amigos son siempre los amigos. Conviene saber que Benach tiene fama de haber sido un gran agitador callejero. Juro que no sé si es verdad. Pero dicen en Cataluña que más de una vez le vieron entre los activistas del independentismo en la Diada insultando y tirando cosas a los dirigentes del pepé. Ahora entendemos mejor esta pasión de Benach y de su jefe Carod, suponemos que igualmente compartida por el hermano Apeles, por estos muchachos del País Vasco que lo único que han hecho es lo mismo que ellos contra el Partido Popular, sólo que con bombas y pistolas.

Es fascinante. El circo del triparto nos tiene fascinados porque nunca hubiéramos sido capaces de imaginar tal berenjenal en tan poco tiempo. En apenas un mes, José Luis Carod, o Pérez Carod, según se diga, ha pasado el hombre de la nada a ser primer ministro de la Generalidad con tan sólo el 16 por ciento de los votos, y de primer ministro a consejero sin cartera, y ahora a no consejero, o sea, a la nada otra vez. Eso sí, en este tiempo ha colocado a su hermano y a gran número de amigos en puestos muy bien remunerados para dejar claro que la solidaridad bien entendida empieza por uno mismo. También se ha entrevistado con ETA, que es su otra gran aportación a la gobernación de Cataluña. Aún no sabemos si lo que quería es contratar a Ternera como jefe de los Mossos o quizás pedirle un plan de asesoramiento sobre cómo cobrar mejor los impuestos a los malditos empresarios. Pero algo quería, seguro. Carod ha gobernado sólo un mes, pero nos ha parecido un siglo. Han sido tantos despropósitos, tanta tontería, tanto ridículo, tanta estupidez, tanta vergüenza, que su gestión sólo es superable por el entusiasmo que sienten algunos socialistas ante las excentricidades de semejante personaje. En fin.

ERRORES ENCADENADOS
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 31 Enero 2004

AL menos, tres, del PSOE y sólo relativos a la política de alianzas en Cataluña. El primero consistió en el pacto postelectoral con ERC e IU y la formación de un Ejecutivo tripartito. Un partido que quiere gobernar en España, además de aspirar a hacerlo sin mengua de la decencia política y de la fidelidad a la Constitución, no puede gobernar en una región en coalición con un partido separatista y radical de izquierdas. Está en su derecho de hacerlo, pero no puede entonces aspirar a encarnar las aspiraciones de la mayoría moderada. Este primer error se ve acompañado además de la circunstancia agravante de reincidencia, pues ya se ensayó en las Baleares, con los resultados vistos: el fracaso de la extravagante coalición y su sustitución por el gobierno del PP. No hay nada como aprender de los errores y enmendarse.

Era tan evidente el error que apenas ha sido necesario el transcurso de un mes para corroborarlo. El indecente viaje a Perpignan de Carod-Rovira es todo menos algo inimaginable. De hecho, hacía tiempo que había declarado sus deseos de entrevistarse con los dirigentes de la banda terrorista. Acaso obnubilado por un imprevisto éxito cifrado en el 16 por ciento de los votos e investido en su imaginación de la condición de estadista emprendió el viaje, inmoral y desleal para su socio y jefe de Gobierno. La reacción del PSOE a la entrevista traidora ha sido su segundo error encadenado. Lo que debió ser la inmediata destitución del viajero desleal y la ruptura del nefasto pacto se convirtió en un pulso entre Zapatero y Maragall que acabó con una solución, mejor una falta de solución, mala para éste y pésima para el secretario general y presunto candidato a la Presidencia del Gobierno de España. Ni destitución ni confirmación sino todo lo contrario. Peor que nada. El pacto sigue, Carod sigue en el Gobierno sin competencias, como aquellos ministros sin cartera del franquismo. Ha sido un curioso pulso en el que han perdido los dos contendientes. Claro que pierde más el que tiene más que perder: Zapatero.

EL tercer error es la consecuencia del segundo. Cuando la reacción a la felonía consentida no es la correcta, no queda otro recurso que echar la culpa al Gobierno. Tampoco en esto innova el PSOE, sino que recupera la tradición fracasada en Madrid. Y se pone en marcha la unísona orquesta mediática. La culpa es del Gobierno que espía y filtra el resultado del espionaje en su beneficio propio. Naturalmente, sin pruebas, y acompañado de las infamias de quienes declaran que si ETA comete algún crimen, la responsabilidad será de Aznar por no haber detenido a la cúpula de la banda.

UNO no sabe si admirar más la indecencia o la tontería. ¿Cabría mejor baza para el Gobierno que la detención conjunta de la cúpula de ETA junto al republicano coherente y felón? ¿En qué le puede beneficiar al Gobierno evitar una detención que además de descabezar a ETA habría dejado en la misma evidencia o más a Carod y a Maragall? Por lo demás, la búsqueda de culpables, aunque sean falsos y sin pruebas, proclama la existencia del mal. Es como si el maltratador habitual de su cónyuge, al ser descubierto, pretendiera excusar su responsabilidad acusando a los vecinos, familiares y testigos de espionaje y de violación de su derecho a la intimidad. El PSOE vive prisionero de sus propios errores reiterados. Quizá ya nada pueda hacerse antes del 14 de marzo. Pero después parece inevitable una catarsis. Por el bien del partido, por el de los votantes moderados de izquierda y, sobre todo, por el de la democracia española.

Carod, en deuda
Opinión EL PAÍS 31 Enero 2004

El Gobierno catalán ha depurado las responsabilidades y ha pagado un elevado precio por el grave error político y flagrante acto de deslealtad cometido por su ex conseller en cap. Josep Lluís Carod Rovira ha pedido excusas, pero sólo por los aspectos formales del incidente, como si su deslealtad fuera la superficie del problema y la conversación con ETA el contenido del que no se arrepiente. Las cosas son exactamente al revés: el fondo de la crisis es precisamente su deslealtad al Gobierno del que formaba parte y al Estado de Derecho; y la forma que ha tomado esta deslealtad ha sido su contacto con ETA. Maragall anunció ayer la inmediata salida de Carod del Gobierno, pero esta renuncia no se había materializado anoche.

No ha sido a la velocidad y según el método indicados de forma perentoria por el Gobierno de Aznar, pero la crisis ha terminado como debía: con la comparecencia del presidente de la Generalitat y del propio Carod ante la Diputación permanente, y con el cese de este último. Las consecuencias futuras para la estabilidad del tripartito, el daño infligido colateralmente a Rodríguez Zapatero y las heridas que ha producido en la imagen y en el prestigio de la Generalitat de Catalunya no enturbian lo que ha sido un ejemplo de comportamiento democrático del Gobierno catalán, del parlamento y de todos sus grupos, empezando por la oposición, a la hora de reaccionar ante problemas de esta envergadura, que exigen explicaciones a los ciudadanos que les han votado.

Algo ha faltado, sin embargo, en este ejercicio parlamentario: una explicación pormenorizada del contenido del encuentro con los dirigentes de ETA, de lo que Carod no ha proporcionado ni un solo detalle. El ex conseller en cap sigue estando así en deuda con las instituciones a las que debía lealtad. Pasqual Maragall no ha descartado su futuro regreso al Gobierno si tiene un comportamiento leal con las instituciones. Esta reincorporación sería una burla si Carod no satisface a plenitud las exigencias que le ha planteado el propio Maragall: además de disculparse ante el Gobierno español, debe todas las explicaciones y valoraciones sobre el contenido de una reunión de varias hporas con la cúpula de ETA.

Pudo darlas ayer ante el parlamento catalán, que es también una institución del Estado, tal como aclaró un portavoz de ERC; pero no lo hizo y se limitó a ensalzar las obvias virtudes de la palabra frente a la violencia. Son muy pobres argumentos cuando se trata de aceptar la cita con la dirección de una banda terrorista que es la que impone los términos y condiciones de su reunión a su conveniencia. Carod puso en peligro muchas cosas, incluso su propia vida, pero probablemente para nada bueno, o en el mejor de los casos para nada. Pero de eso no dijo ni una palabra en el Parlament y habrá que esperar a que ETA difunda su habitual acta de la reunión para tener nuevos datos que podrían hacer sonrojar de nuevo al ex conseller en cap.

Otra parte de su intervención estuvo dedicada a desviar la atención de sus responsabilidades sobre el Gobierno de José María Aznar, algo que Carod debiera dejar para otros en vez de convertirlo en el leit motiv de su actuación política a partir de ahora, pues está en abierta contradicción con los buenos propósitos de su partido y del tripartito de evitar la vasquización de la política catalana. Y sin embargo, el Gobierno de José María Aznar debe a los ciudadanos una buena sarta de explicaciones sobre la filtración de un documento altamente sensible de sus servicios secretos y cuyos destinatarios están tasados. La crisis catalana está aparentemente cerrada; pero otra crisis, ésta sobre el uso abusivo de los servicios de información por parte del Gobierno, puede estar en ciernes.

EL CASO CAROD
Por Juan Manuel DE PRADA ABC 31 Enero 2004

ACEPTEMOS la hipótesis conspiratoria propugnada por la facción socialista. Aceptemos que la primicia desvelada por ABC no es fruto de las pesquisas de sus periodistas, sino aprovechamiento de una información confidencial suministrada por la facción gobernante, que así habría hecho un uso partidista de los servicios de espionaje. Aceptemos también, puestos a comulgar con ruedas de molino, que ABC no sea un periódico comprometido con el esclarecimiento de la verdad, sino un lacayo genuflexo de la facción gobernante que accede a divulgar una información explosiva, con el fin exclusivo de perjudicar a la facción socialista en sus aspiraciones electorales; aceptémoslo, aunque las fechas no casen, pues si de verdad ése hubiese sido el propósito del contubernio, habría resultado mucho más demoledor publicar la noticia a principios de marzo. Aceptemos, incluso, que la facción gobernante, en el colmo de la felonía, antepone la demolición del adversario a la persecución del terrorismo; aceptemos que supo de la reunión de Carod con los asesinos antes de su celebración, y que prefirió no frustrarla, con tal de dotarse de munición contra la facción socialista. Aceptémoslo, aunque, en honor a la verdad, podría haber prendido a los etarras mientras conversaban con Carod, con lo que habría matado dos pájaros de un tiro. Para aceptar todos estos extremos hace falta ser un atleta de la credulidad; pero, vale, admitamos que el desvelamiento de las trapacerías de Carod ha sido una maniobra maquiavélicamente calculada. ¿Acaso ese cálculo mitiga la abyección del comportamiento desvelado? La facción socialista pretende que la conducta de Carod sea considerada como una mera «torpeza» o «ingenuidad» magnificada por el cálculo de la facción gobernante. Así, suma al yerro de resistirse a calificar la conducta de su aliado el yerro de escamotear su calificación mediante la táctica del calamar, que tan funestos resultados le ha deparado en ocasiones recientes. La ideación de conjuras cósmicas comienza a convertirse en coartada frecuente para soslayar la asunción de responsabilidades. Por ese camino se llega al despeñadero.

Y sobre responsabilidades versa, precisamente, el otro aspecto del caso Carod que quisiera comentar. Hasta hoy, la hazaña de Carod se nos ha presentado como una -digámoslo pedantemente- «volición personal», como si Carod fuese alguien que actúa por libre, desvinculado del partido que acaudilla y, por supuesto, ajeno al Gobierno cuya jefatura en funciones ejercía en la fecha de la reunión. Sólo el candor puede inducirnos a pensar que Carod cruzó la frontera motu proprio, como quien se acerca a la tienda de la esquina a comprar una barra de pan; sólo la ceguera puede impulsarnos a considerar su conducta aislada de un contexto de conductas concordantes, como la reciente recepción que Benach ofreció en el Parlamento catalán a los familiares de presos etarras. Considerar que Carod actuó a impulsos de la impremeditación, llevado de un pronto, es, simple y llanamente, una mentecatez. A la cita en Perpignan acudió un cargo público, en representación de un partido que postula la segregación y que, entre los medios que acepta para la consecución de este fin, se cuenta la prestación de «cobertura política» a las vindicaciones etarras; que disienta de sus métodos criminales no mitiga la abyección de su conducta. Y con Carod, representante de un partido que presta apoyo anímico y político a los dispensadores de plomo, gobierna la facción socialista en Cataluña. Esa es la verdad, despojada de aderezos cosméticos y perifollos conspiratorios; lo otro es ponerse una venda en los ojos. Hay caminos que sólo conducen al despeñadero; recorrerlos a ciegas y levantando polvo no mitiga los efectos de la caída.


Pérez Carod-Rovira y ETA
¿Información reservada?
Cristina Losada Libertad Digital  31 Enero 2004

Así que se debería de haber hurtado a los ciudadanos el conocimiento de la reunión entre un presidente en funciones de la Generalidad y los jefes de los asesinos etarras. A esa conclusión conducen los argumentos que el PSOE, IU, PNV, ERC, y sus satélites mediáticos, manejan cual malabaristas también avezados en las artes de la prestidigitación. Su especialidad es el número de hacer desaparecer de escena la auténtica trama e introducir el macguffin, que siempre es el mismo, trátese de un accidente petrolero o de un par de tránsfugas: el PP de nuestro pecados, maquiavélica y pérfida máquina de enredar. Todos los calvarios de la oposición acaban siempre en el lugar donde la serpiente del bigote trama cómo conseguir que la izquierda muerda la manzana. No la de la sabiduría, sino la de la bruja de Blancanieves.

Carod podía ser uno de los inefables enanitos, a juzgar por lo que se lee y oye de él en medios de Madrid y Barcelona. Un ingenuo que cayó en la trampa montada por la derecha, una derecha con salakof, como corresponde al colonialista rapiñador de riqueza, que con la astucia del campesino castellano para la caza del conejo, lanzó hacia la capital catalana el olor de la ETA en celo y atrajo a Carod hasta Perpiñán, hasta la mesa misma donde se sentaban los jefes de la banda. Pobre Carod, embelesado con el olor de la paz, paz para Cataluña, claro, y aturdido por el odio a España, sentimiento que comparte con los pistoleros de la banda, no percibió el olor a muerte que desprendían ni vio la trampa. Pero su error se le disculpa, pues ha habido otros “menos ingenuos”, como dice El Periódico, señalando al gobierno español, el auténtico malvado.

En fin. Si yo votara en Cataluña querría saber, y querría saberlo antes de las elecciones generales, si el dirigente de uno de los partidos que concurren y que se sienta en el gobierno catalán, dialoga y negocia con una banda de asesinos. Querría saberlo en cualquier caso y pediría cuentas a los ministros y espías que hubieran ocultado esa información. Sólo hay un argumento, de todos los que se han expuesto, que justifica el secreto: que se ponga en peligro a una fuente de información por difundir el asunto con excesiva premura. Los que eso alegan dicen que la filtración persigue “réditos electorales”. Si esa fuera la finalidad, dado que para las elecciones falta mes y medio y las encuestas son ventajosas para el PP, el Maquiavelo de turno podía haber filtrado la nueva algo más tarde, sin peligro para nadie y con el mismo efecto. ¿O no?

Pero aunque esos detalles deban aclararse, la sustancia del argumento en que se han atrincherado el PSOE y su cáfila, tiene implicaciones alarmantes. Pues significa que ellos están dispuestos a ocultar los tejemanejes de un cargo público, sueldo público, con una banda de delincuentes y asesinos. Si ésa es la transparencia y la regeneración que los socialistas prometen en los días pares, abocados estamos, si ganan, a la oscuridad. Los ciudadanos tenemos el derecho de conocer los actos políticos de los cargos públicos, y no digamos si hay un intercambio de prestaciones, como en este caso. Claro que Carod debía de haber tenido la gallardía de anunciarlo de motu propio, en lugar del reconocimiento vergonzante que hubo de hacer a posteriori.

Tiene gracia que Maragall y otros genios de la lámpara se hagan lenguas del gran poder manipulador que tiene la derecha gracias a los medios de comunicación que controla. O sea, que los medios de la cuerda socialista son los líderes del pelotón cuando muestran el bíceps en el EGM, pero están a la cola cuando les retan a un pulso. Que en España aún haya gente que cree que el “diálogo” con la ETA es moralmente intachable y sirve para algo, demuestra que las Gemas Niergas tienen en la sociedad más influencia de la que le conviene (a la sociedad). Y que hay gente adoctrinada en la cesión al chantaje que encubre su íntimo y cobarde “sálvese quien pueda” con el ambiguo “hablando se entiende la gente”.

MATAR AL MENSAJERO
Por Jaime CAMPMANY ABC 31 Enero 2004

PARA los socialistas, a lo que se ve, lo más importante de la fornicación política entre los jefes de la banda etarra y el presidente en funciones de la Generalitat de Catalunya, no es lo que se dijo y lo que se pactó en esa reunión, sino conocer quién tuvo conocimiento de ella y cómo llegó esa información a nuestro periódico. Quieren saber nuestros socialistas quiénes fueron los espías y quiénes los autores de la filtración de la noticia. Se trata, naturalmente, de matar al mensajero.

Sherlock Holmes anotaría en su cuadernito de notas una lista de los posibles «filtradores». En primer lugar, hay que considerar como sospechosos a los recaderos o a los chivatos de las dos partes reunidas, o sea, personas del ámbito de la banda etarra o del entorno de Esquerra Republicana. Ahí quedan incluidos, por supuesto, ambos protagonistas de lo que podríamos llamar «el contubernio de Perpiñán», Rovira y los dos asesinos etarras, Mikel Albizu Antza y Josu Ternera. En segundo lugar, resultan sospechosos los mediadores y los cómplices: Otegui, que facilitó el contacto del visitante con los visitados; ese eurodiputado amigo de Carod, residente en Francia; el hermano Apeles, que prestó el vehículo para que el siniestro negociador se trasladara desde Barcelona a Perpiñán.

Sherlock Holmes habría incluido en la lista de sospechosos al propio Pasqual Maragall, que salió de España en aquellos días 3 y 4 de enero, como si hubiera dicho: «Escolta, noi, tú vas dónde quieras y hablas lo que quieras, pero yo estoy en Turquía o en la Conchinchina y no me entero de nada». Naturalmente, hay que sospechar con especial vehemencia de los miembros de los servicios de información franceses y del Centro de Inteligencia español que tienen como misión espiar los movimientos de los etarras. Luego, gracias a esas informaciones, las Fuerzas de Seguridad proceden a la detención de los terroristas en el momento oportuno. Podemos anotar igualmente a los periodistas franceses y españoles que anden ahora persiguiendo esa información. Y no despreciemos al pajarito. «¿Y cómo ha conocido usted esa noticia?». «Me la ha dado un pajarito».

Bueno, pues los voceros de los sociatas en las «terminales mediáticas» saben ya que el CNI espía, no a los terroristas, sino a los partidos políticos democráticos; que siguieron a Carod-Rovira y que han tenido congelada la noticia de la reunión hasta una fecha más cercana a las elecciones. Todo para fastidiar a Zapatero y sus muchachos. No sólo eso. El más nesciente y obtuso de los asiduos a la tertulia de María Teresa Campos sabe también que Carod-Rovira acudió a Perpiñán y habló y pactó con los terroristas «a título estrictamente personal». ¿Y para qué coño iban a querer los dos jefes etarras negociar y pactar con un maromo de Cambrils a título estrictamente personal? Más bien les interesaría, digo yo, pactar apoyo político con el presidente en funciones de la Generalitat de Catalunya y de Esquerra Republicana. Además, si Rovira estaba allí a título personal, ¿dónde quedaría el supuesto espionaje a los partidos políticos? Y el mensajero, hala, al paredón.

No pasarán
David Gistau La Razón  31 Enero 2004

El señor Carod-Rovira ha soltado un «No pasarán» que no acabo de comprender muy bien a qué se refiere. Habida cuenta de que lo ha expresado después de ser pillado en complicidad con Eta, tal vez esté intentando prestigiar a una banda de asesinos con el prestigio del resistente, insinuando por añadidura que no hay diferencia entre un gobierno legítimo y democrático que se esfuerza por reprimir el crimen y una conjura de golpistas.
Así pues, los que no han de pasar, según Carod, serían las fuerzas anti-terroristas que intentan salvar la vida de las víctimas potenciales de Eta.

O, si hemos de creer que él mismo, ignoro bajo la influencia de qué sustancias estupefacientes o de qué disfunción mental, cree estar librando todavía la Guerra Civil, entonces habremos de creer que lo que fue a pactar con Eta es la creación de una red de «checas», idénticas a las de las milicias comunistas durante la contienda, con la cual institucionalizar en Cataluña la limpieza étnica e ideológica que desde hace treinta años ya se viene ejecutando en el Norte. Así pues, el «No pasarán» de Carod-Rovira perpetuaría aquel otro de los paseos hasta el paredón y la fosa común en Paracuellos del Jarama.

O tal vez, como es costumbre en la izquierda resentida, secesionista o no, el «No pasarán» de Carod-Rovira es un intento éticamente artero de vincular con el fascismo a un partido conservador y liberal, homologable con cualquier otro del mismo espectro en Europa. O sea, volvemos a la manipulación de la memoria histórica y a esa coacción, recurrente en la izquierda, según la cual si usted vota a Rajoy está votando a los asesinos de Lorca.
No deja de ser cínico que normalmente esto lo digan los herederos de las «checas», que a día de hoy ni han pedido perdón ni han afrontado una revisión autocrítica de sus propios asesinatos, de los cuales los «paseos» de Eta son el último vestigio.

Una mentira mil veces repetida
José Clemente La Razón  31 Enero 2004

Ya sabíamos que la culpa de la crisis en la Asamblea de Madrid fue del PP y que Tamayo y Sáez se convirtieron en tránsfugas por idénticas razones, como lo es ahora que Carod-Rovira haya ido a pedir a los jefes de ETA que si atentan en Cataluña no lo hagan con los militantes de ERC. Nada malo ocurre es esta piel de toro, que decía Espriu, sin que aparezca el PP directamente relacionado con ello. Son peor que un dolor de muelas. La crisis del gobierno catalán, por supuesto, también es obra del PP, como lo habría sido el hipotético secuestro de Carod-Rovira, presidente de la Generalitat en el momento de producirse la entrevista de Perpiñán, si la banda terrorista hubiera decidido aprovechar la ocasión, por aquello de que las pintan calvas y quién sabe si con bigote. Ahora, para salir airosos del patético espectáculo y salvar el culo de Zapatero de cara a las generales, el tridente catalán vuelve a lanzar sus obuses contra el Gobierno de Aznar, también por aquello de que la mejor defensa siempre es un buen ataque. Ya lo dijo Carod: «No pasarán».

El «guerracivilismo» de la izquierda siempre aparece cuando hay elecciones a la vista. Es parte de una vieja y conocida estrategia, aquella que se inventó Goebbels y que consiste en repetir mil veces la misma mentira hasta hacerla parecer una verdad. Eso proyectan hacer ahora con el «caso Carod». Dirán que la culpa es del Gobierno, que los Servicios de Inteligencia siguieron al republicano para cogerle in fraganti o, lo que es peor, ¿por qué Aznar envia al CNI a seguir los pasos de un político demócrata, que sólo habla con ETA para que maten donde quieran menos en Cataluña? Ayer, el tridente se quedó cojo con la salida de la Generalitat del dirigente de ERC, aunque Maragall ya advirtió que por poco tiempo, pues la izquierda planea tenerle de nuevo como «conseller en cap» tras las elecciones del 14-M, lo que les permitirá reponer a Carod en su antiguo puesto con solo aguantar un pequeño chaparrón mediático. Y si eso no sucediera ¿de quién creen ustedes que sería la culpa?

Señoras y señores, la farsa continúa
Julián Lago La Razón  31 Enero 2004

Sale a escena, chachachánnn, Carod-Rovira, todo un artista, ante la Diputación Permanente del Parlament catalán, y se envuelve en la senyera, gesto este que moviliza los más primigenios sentimientos nacionalistas, y no con poco éxito. Ahí está, sino, recuérdenlo, lo acontecido con Pujol cuando lo de la Banca Catalana, cuyos fiscales Mena y Villarejo parecían dispuestos a «meterle en la cárcel», o sea que la cosa emotiva, victimista y tal funciona «da buten» con los nacionalismos.

Así que se repite la farsa, en este caso interpretada por ese gran comediante que es Carod, cuyas condiciones para el teatro para sí quisiera el mismísimo Boadella. Sin que se le moviera el bigote, mintió a Durán i Lleida con las negociaciones postelectorales que dejaron colgado de la brocha al pobre Mas, mintió por omisión a su socio Maragall al ocultarle la reunión con ETA previamente acordada a sus espaldas y ha mentido, incluso, a los compañeros de Esquerra Republicana, los cuales comprueban que su egocentrismo inhabilita la estrategia global de los acuerdos apalabrados con el Partido Socialista para las legislativas de marzo.

Dicho lo dicho, Carod nada tiene de hermanita de la caridad cuya buena fe resulta ser el fruto de una ingenuidad política de la que carece. No vamos aquí a escudriñar en su mente, que no somos siquiatras, pero sí a subrayar la falacia de su pretendido intento pacifista. Más que nada porque para negociar con ETA una tregua territorial, el cese de la violencia, lo que sea, sólo sería creíble para la banda si el interlocutor representara algún poder del Estado y Carod, por confesión de parte, sólo representaba a su partido en Perpiñán. Vamos, otra bola más que no cuela.

De modo y manera que Carod nos ha salido más falso que los duros sevillanos, por cuanto siempre ha ido a la suya, y la suya no es precisamente los intereses de Cataluña, diga lo que diga, sino los suyos propios antes, durante y después. Verbigracia ahora mismo, que anuncia que por defender Cataluña montará la mundial en el Congreso de los Diputados, cuando ya ha anunciado que, tras el 14-M, volverá a ser «conseller en cap», lo cual una de dos, o es mentira o, lo que sería más grave, es una tomadura electoral de pelo, un fraude de ley en suma. Cuestión distinta será lo que obtenga con su montaje-espectáculo en Madrid, que esa es otra, y más con Carod de farsante, el cual entre otros descontentos atrae el voto radical contra Aznar, contra el sistema, contra todo Dios, vamos. Situación esta que preocupa, y con razón, a CiU, que teme que con tanta dosis de demagogia su electorado sufra un bocado el 14-M. Osease, atentos a la pantalla, que puede ocurrir incluso que, para curarse en salud, CiU presente antes una moción de censura contra Maragall. Y Zapatero, ¿qué? Bueno, pues Zapatero mirando al dedo que apunta a la Luna, es decir a los servicios de inteligencia, pobre.

Carod y Cataluña
ASSUMPTA ROURA La Voz 31 Enero 2004

EL ASUNTO Carod y su entrevista con ETA sólo es comprensible desde la observación rigurosa de las ambiciones políticas del dirigente republicano, formalizadas ahora gracias a la debilidad de PSOE, la fragilidad misma del PSC y la falsa visión del resto de España sobre la compleja realidad actual de Cataluña. Si los catalanes hemos sido durante años ejemplo de innovación sabiendo cómo rentabilizar nuestra riqueza en el ámbito empresarial, cultural o de creación de empleo, ya no es así. Cataluña tiene síntomas de una depresión que sin ser profunda requiere de tratamiento rápido y eficaz. Si bien es cierto que los veintitrés años de pujolismo pusieron en marcha algunas políticas necesarias para adecentar el país y ponerlo al día tras el franquismo, también lo es que se entretuvo demasiado con los símbolos patrióticos convirtiéndolos en caricatura del hecho diferencial catalán. Resultado: una endogamia asfixiante en la que ha crecido una burocracia monumental encargada de fundir los plomos cuando los escándalos financieros abrumaban por doquier -recordemos sólo el caso Banca Catalana-,y volver a dar la luz por el método de todo por la patria. Si en la Cataluña ensimismada escaseaban las inversiones de todo tipo y se desmantelaban empresas tradicionales de gran envergadura, la capital, Barcelona, tras el éxito de los JJ. OO., se entregaba exclusivamente a la industria turística, cada año de peor calidad, sin control alguno y sin medir las correspondientes consecuencias como son las caprichosas oscilaciones de dicha industria.

Esta improvisación del disparate además de verse apoyada por la patriotera burocracia contó con : 1) la complicidad, por omisión, de un PSC perdedor en cada elección, sin proyectos innovadores ante los nuevos tiempos de globalización y con otro muro de burocracia propia para sostener la fidelidad de los suyos, 2) los reveses del PSOE entregado a los escándalos, a la corrupción y a las divisiones internas que siempre avergonzaron en Cataluña; 3) el emerger de una derecha española temida y aborrecida por las llamadas izquierdas catalanas que nunca supieron tomarle la medida al potencial del adversario ni con la vara de medir de una guerra o del chapapote; y 4) esa espesa niebla tras la que nos mira España que propicia una idealización que nos aísla.

Es en este contexto que emerge Carod como figura clave en la política catalana. Maragall perdió de nuevo las pasadas elecciones y el PSC a punto estuvo de cerrar por defunción dadas las fisuras internas en su propio partido cansado de esperar un poder que no llegaba, agravadas ahora por ese añadido imperfecto que es la formación Ciudadanos para el Cambio -invento del propio Maragall- con no pocos desacuerdos. Carod no esperaba tantos votos y esa realidad nueva puso de manifiesto su desmesurada ambición política. El nuevo líder, lejos de ponerse a disposición de un nuevo proyecto político necesario, se preparó para ensalzarse como héroe, salvapatrias y salvapartidos que en su delirio negocia por libre con ETA en nombre de «la paz y el diálogo que ni UCD ni PSOE ni PP pudieron conseguir».

La crisis está servida si se aplaude su vocación de héroe en estos tiempos en que se hace imprescindible un buen trabajo de equipo. Su heroicidad -él lo llama coraje-, costará cara a un Zapatero, obligado por las circunstancias a presentar un partido cohesionado con el zurcido catalán que maneja el héroe que, ahora como nunca, va a vender independentismo pacifista y su concepción de libertad mientras la mayoría de catalanes nos veremos secuestrados por una crispación pacífica que no queremos. Cataluña ha de volver a encontrarse a sí misma y recuperar la confianza perdida por su propio bien y por el bien del resto de España en estos momentos complejos de mundialización. Al héroe Carod lo hemos parido desde nuestra debilidad y no desde un justo juego democrático y no conviene dejarle crecer en lo que todo héroe tiene de tirano.

Maragall ha de saberlo y poner los puntos sobre las íes desde su condición de president, por debilitada que esté. PSOE, CIU y PP están en condiciones de ver Cataluña en su justa dimensión actual, su justa singularidad y potencial en lugar de contemplarla como un caso aparte.

Carod y la memoria herida
Lorenzo Contreras La Razón  31 Enero 2004

Carod-Rovira no ha convencido a nadie, pero ha cumplido con un rito político y parlamentario. Ha comparecido ante la Diputación Permanente de la Cámara autonómica, precedido por Pasqual Maragall en el papel de presentador y casi de telonero para la escenificación de unas excusas en beneficio de su ex «conseller en cap». El presidente de la Generalitat le ha exonerado de haber obrado con mala fe. Es como si en lenguaje jurídico hubiese atribuido a la famosa entrevista de Carod con la cúpula de ETA la cualidad de acción no dolosa, meramente culposa, casi perdonable o digna de un castigo menor.

Eso sí, el «jefe» le ha ordenado que pida perdón al Parlament y al Govern y prometa no volver a las andadas. Para obtener la completa indulgencia, el hasta ahora líder de Esquerra Republicana de Catalunya, en cuanto figura de la coalición gobernante en la Comunidad catalana, ha tenido en alguna medida que ofrecer garantía de ser en adelante buen chico. Nada de travesuras ni novillos con ETA, ausentándose sin permiso, o sin aviso, de su área de influencia natural. La escenificación ha resultado en el fondo penosa. Cabe pensar que en realidad no será «indultado». La oposición, incluyendo en ella a CiU y no sólo a los populares de Piqué, no soltará el bocado. Se trata de una pieza demasiado suculenta y provechosa para la nutrición política y electoral de los podencos lanzados sobre la liebre en fuga y ya herida sin remedio.

Herida sin remedio porque va a ser muy difícil que Carod vuelva a ser el Carod de los pasados días triunfales. No sólo él ha quedado herido. Está también herida la memoria de una sociedad que padeció allí, en el corazón de Cataluña y en la propia Barcelona, el gran zarpazo de ETA. Y además varias veces, entre ellas la abominable acción de Hipercor, cuyo diseñador o, como suele decirse, autor «intelectual», fue el mismísimo José Antonio Urruticoechea, alias «Josu Ternera», interlocutor del ex «conseller en cap» durante las seis horas compartidas en presencia del dirigente supremo de la banda, Mikel Albizu o «Mikel Antza».

Son muchas las caras que se han perdido. Y el primero que ha perdido la cara, definitivamente, pese a su comparecencia parlamentaria en plan de jubileo político, con indulgencia incluida, ha sido el señor Carod. Desde el punto de vista del interés político habrá que atenerse a los negativos efectos de una comparecencia ¬la de Carod Rovira¬ que ha arrastrado consigo en sus resultados el déficit de prestigio consiguiente. Ha sido una sesión parlamentaria cargada de consecuencias negativas para quienes intentaban convertirla en tabla de salvación.

Zapatero debe estar aterrado
Miguel Ángel Rodríguez La Razón  31 Enero 2004

Cada vez que Carod Rovira da una nueva explicación sobre sus contactos con ETA, el candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno debe palidecer. El líder de un partido pequeñito que ha conseguido voz en la opinión pública porque aupó a las alturas a Maragall está dispuesto a hacer saltar por los aires el pacto antiterrorista y el acuerdo común de que hay una raya diferenciadora entre los asesinos y las víctimas.

No se sabe si es por inspiración divina, el independentista ha decidido que él es el único que tiene razón en su visión del terrorismo y que tiene la solución al alcance de la mano. Todos los gobiernos, todos los partidos y todos los ministros del Interior que han empleado su mejor saber en buscar remedios estaban equivocados. Carod dice que hablando con Eta se terminaría la pesadilla y confía que aún haya gente que se lo crea. Es más: insulta a los que no se lo creen a pesar de que nada de lo que ha pasado en las últimas décadas le da la razón.
Dice Carod, y con él el PSOE, que todo este embrollo no se ha montado por su culpa, sino por la utilización partidista por parte del PP de los informes de los Servicios de Inteligencia. Han elevado el bochorno de una actuación política antiética al colmo del cinismo. Les han pillado en mala postura y la culpa es de quien publica las fotos. Increíble. Con esa mentalidad, se entiende por qué la corrupción creció y creció bajo su gobierno: no les importa que hagan las cosas mal mientras que no se sepa.

Carod buscó su arma electoral en Campaña Electoral: la promesa de que Cataluña no sería atacada por ETA gracias a su gestión. Pero se encontró con que todo el mundo le dijo que eso era indigno. Luego se ha montado su propio espectáculo de victimismo, apoyado por el PSOE y su entorno. A partir de hoy, el independentista empieza su propia Campaña Electoral: Zapatero debe estar aterrado.

Carod se enroca
Editorial El Correo  31 Enero 2004

El pasado martes, Pasqual Maragall exigió a Josep Lluís Carod Rovira ofrecer en la Diputación Permanente del Parlamento de Cataluña una explicación detallada sobre su irresponsable iniciativa de entrevistarse con la cúpula de ETA, cuando ya era 'conseller en cap' de la Generalitat, en un intento de cerrar la crisis abierta en el Gobierno tripartito. La comparecencia de ayer del líder de Esquerra Republicana de Cataluña en sede parlamentaria defraudó las expectativas de una rectificación convincente que ayudase a reconducir la situación. El presidente Maragall, en una imprevista comparecencia reclamada por CiU y el PP, instó a Carod a pedir disculpas ante el Gobierno catalán y los ciudadanos de la comunidad, así como a valorar sus conversaciones con ETA ante el Ejecutivo de Madrid, que representa al pueblo que ha sufrido los embates del terrorismo y «ha puesto los muertos». En un intento de buscar un equilibrio voluntarista llegó a dejar la puerta abierta para el futuro regreso del ex 'conseller en cap' al Gobierno. Pero Carod Rovira hizo oídos sordos a las reclamaciones de su presidente y, «con la cabeza bien alta», se enrocó en la defensa del diálogo con ETA y apenas reconoció haberse equivocado «en la forma como 'conseller en cap' pero no en el fondo como secretario general» de su partido. Una resistencia a las demandas de Maragall que se puso de manifiesto en su reticencia a cumplir el emplazamiento del presidente para que abandonara el Gobierno de forma inmediata.

En su rueda de prensa del pasado martes, Carod Rovira ya vertió duras acusaciones contra los dos grandes partidos estatales, PP y PSOE, por la condena que formularon ambos a su disparatada iniciativa de entrevistarse con dirigentes de ETA, sin que el PSC se diera por aludido. Es previsible, sin embargo, que en la campaña electoral que se avecina el discurso de Carod se endurezca todavía más, sobre todo si persiste en su idea de deslegitimar el Pacto Antiterrorista y de seguir apostando por la negociación con ETA, algo que hiere profundamente a la sociedad española y que ni siquiera propugna ya el nacionalismo vasco. Así las cosas, y a pesar de la complacencia de Maragall, el futuro del 'tripartito' no está ni mucho menos asegurado. Ni el PSOE federal puede tolerar que el PSC condescienda lo más mínimo con la radicalización de Carod Rovira, ni el propio PSC podría mantener un pacto de gobierno que desnaturalizase todo su ideario. La crisis, en fin, no puede darse en absoluto por concluida. Antes bien, todo parece indicar que después del 14-M es probable que haya que plantear íntegramente y desde el principio la gobernabilidad de la autonomía de Cataluña.

ETA necesitaba a Carod
TONIA ETXARRI El Correo  31 Enero 2004

Si durante tres años el dirigente independentista catalán mendigaba una entrevista con la cúpula de ETA, y no había forma de que la consiguiese a pesar de los oficios de Batasuna, ¿por qué ahora, justamente después de que Carod Rovira se hubiese confirmado como el 'hombre clave' de la nueva Generalitat, 'Antza' y 'Ternera' acceden a que se produzca el encuentro? Esta es una pregunta que, en la maraña política, no se ha llegado a formular porque los principales perjudicados han preferido desviar la atención de lo fundamental, que no es otra cosa que la crisis provocada por el líder de ERC y sólo por él, en el tripartito catalán. A ver si con un poco de suerte se nos emborrona el paisaje y acabamos creyendo que Frankestein era un monstruo en vez de su creador. Que si nos dejamos llevar por la pérdida de papeles de quienes quieren ahora jugar a policías y ladrones, habiendo permanecido autistas frente al modo de instrumentalización del diálogo por parte de ETA durante los últimos años, podríamos acabar pensando que la culpa de que Carod se haya reunido con ETA la tiene, ni más ni menos, Aznar.

Estamos en período electoral y cuando las ganas de enredar aprietan, ni los datos fríos respetan. Y los datos cantan. Carod consiguió su sueño. Y acudió a la cita creyendo que iba a ser el portador del notición de la tregua. Ésa, vanidades aparte, puede que fuese una de sus intenciones, pero lo que importa son las intenciones de ETA. Y no hace falta doctorarse en euskera para saber que ahora que la banda pasa por sus horas más bajas, que su brazo político Batasuna no va a poder presentarse como tal por estar ilegalizado y que el PNV y EA le han dado calabazas para ir en listas conjuntas, necesita apoyos; pero no en forma de adhesiones sino de aliados para presionar sobre la política nacionalista vasca, que es lo que verdaderamente les importa.

La historia está escrita. ETA, con el señuelo del diálogo y la toma de temperatura ha instrumentalizado a premios Nobel de la Paz, obispos bienintencionados, sindicalistas de izquierda y hasta algunos prebostes del Ministerio de Interior de turno. ¿Cómo, si no, se puede entender la insistencia en reunirse con Pat Cox, presidente del Parlamento europeo y, cuando éste rehusó recibirles, le enviaran cartas amenazantes? Pero Carod picó. Y Maragall se queja de la presión que ha recibido de sus compañeros (aunque él no los llama así sino «algunos líderes del socialismo español») y espera el retorno de Carod con los brazos abiertos, en cuanto pase la marejada electoral. Y mientras tanto, Zapatero repite: «He dado mi apoyo a Maragall». Vaya lío. Porque si respalda a un gobierno integrado por un partido que apoyó la ilegalización de Batasuna y su socio (ERC) está en contra; si el PSC es contrario al plan Ibarretxe y ERC, a favor... la nueva Generalitat tiene un verdadero caos. Ahora bien, si Maragall prefiere preguntar a qué se dedica el CNI.

Pactos a la catalana
Cartas al Director ABC 31 Enero 2004

Hay algunos que se sorprenden de la reunión de Carod-Rovira con ETA, pero los que sepan qué es y qué quiere ERC no se asombrarán tanto. ERC nunca ha escondido su ideología nacionalista y su idea sobre el futuro de Cataluña que, según ellos, no es España. Tampoco es el primer gesto hacia los terroristas de este partido, ya que el presidente del Parlamento catalán se reunió no hace mucho con familiares de terroristas, y sólo después, y por puro trámite, con víctimas del terrorismo.

Lo que sí nos debe preocupar es que el PSOE, un partido que quiere gobernar España, que tiene a numerosísimos concejales y simpatizantes asesinados y amenazados, no le haga ascos a pactar con partidos que mantienen actitudes como ERC. El PSOE debe mantener una actitud mucho más seria y, sobre todo, moral hacia las víctimas del terrorismo. Maragall no sólo debe cesar a Carod sino que debería hacer una rueda de prensa después para pedir perdón a las víctimas del terrorismo, empezando por las de su propio partido. El secretario general del PSOE no puede sentirse satisfecho por esta actitud de su partido en Cataluña. Un partido serio, que tenga una política antiterrorista clara, no puede tener pactos tan vergonzantes como el pacto tripartito catalán. Se puede pactar, pero hay que mirar con quién. Hoy las víctimas que tuvieron que vivir la barbarie de los asesinos con los que se ha sentado Carod-Rovira se sienten engañadas, ultrajadas. Estos pactos a la catalana son políticos, pero no son morales. Las víctimas se merecen una explicación y el presidente de la Generalitat se la debe dar.      Álvaro Lodares.             Madrid.

Seis años no se olvidan
Francisco Velasco La Razón  31 Enero 2004

Noche del 29 al 30 de enero de 1998. Un concejal del Ayuntamiento de Sevilla, de nombre Alberto Jiménez Becerril, regresaba a su domicilio acompañado de su esposa, Ascensión García. Allí les esperaban sus tres retoños. Caminaban por esas calles maravillosas cercanas a nuestra Catedral cuando dos miserables terroristas, sin otro calificativo que pura calaña, decidieron que aquellos pequeños no volverían a ver jamás a sus queridos padres. Unos disparos a cortísima distancia y por la espalda, como hacen los auténticos gudaris valientes, sesgaron las vidas de un joven matrimonio, de un concejal y una procuradora, dos profesionales dedicados a los demás, a la sociedad sevillana. La calle Don Remondo, esquina Cardenal Sanz y Forés, escuchó el sonido seco de los disparos de los asesinos.

Han pasado ya seis años, pero Sevilla no olvida. Extraño es el día que no haya un ramo de flores en el lugar donde quedaron sus cuerpos; flores de ciudadanos anónimos que no olvidan lo que ocurrió, que no quieren olvidar y que no pueden olvidar. Seis años desde que toda Sevilla quedase conmocionada con lo sucedido, sin distinción de colores políticos, sociales o económicos; seis años desde que miembros de una banda terrorista miserable acabasen con las ilusiones de toda una familia.

José Luis Barrios y Mikel Azurmendi Peñagaricano. Estos son los nombres de los dos miserables que asesinaron a Alberto y a Ascensión. Dos cobardes asesinos que, no contentos con acabar la vida del joven edil, dispararon a su mujer cuando ésta intentaba asistir a su marido, quien yacía en el suelo. Hoy están en la cárcel y problablemente no hubieran ni siquiera recordado que ayer hizo seis años desde que mancharon de sangre nuestra ciudad y llenaron de dolor el corazón de todos los sevillanos. La venganza no es solución para nada, pero la Justicia, sí. Que cumplan sus condenas ¬30 años cada uno¬ es lo mínimo que se puede exigir, por mucha informática que aprendan...

La generosidad incomprendida
Mª Enriqueta Benito Bengoa es secretaria general de Unidad Alavesa y Ernesto Ladrón de Guevara
es portavoz de UA La Razón  31 Enero 2004

Sin duda Unidad Alavesa no disfruta de muchos compañeros de viaje. Son muchos los que aspiran, y no solamente los nacionalistas, a su desaparición.

Si existiera un criterio ecuánime en los analistas políticos se hubiera hecho justicia con Unidad Alavesa, reconociendo aquel gesto de no presentarse en solitario a las elecciones autonómicas del 13 de mayo de 2000. En aquel tiempo Unidad Alavesa consideró que era mucho más importante arrebatar el gobierno a los nacionalistas después de la barbaridad del Pacto de Estella, que fue un acuerdo del nacionalismo con ETA, y la serie concatenada de barbaridades que siguió a aquel acuerdo, como cierta permisividad complaciente con el movimiento callejero de los «chicos de la gasolina» para la recogida de las nueces del Sr. Arzallus y su corte de acólitos; y ahora con los restos de Batasuna.

El tiempo pasa rápido y la memoria cada vez es más frágil. Parece que aquello fue pasado ya lejano, y sucedió casi ayer. Pues bien, Unidad Alavesa no se presentó por generosidad, incorporando a dos de sus máximos dirigentes en las listas del PP, sin más aspiraciones que derrotar al nacionalismo. Sólo obtuvo representación uno de los dos candidatos de UA y se fracasó en el intento, quizás por dos errores de campeonato del candidato número uno del PP; como eran el alimentar en exceso las expectativas y haber provocado unas elecciones autonómicas anticipadas sin dejar al nacionalismo ser pasto de sus propios fracasos y deslegitimación moral, que hubieran desgastado fuertemente sus posibilidades electorales. Lejos de conseguirlo lo que se alcanzó tras esas elecciones fue un fortalecimiento del PNV.

Esa generosidad del partido alavesista fue interpretada en clave de desaparición del mismo, y desde entonces no hemos dejado de sufrir las opas hostiles del Partido Popular y de sus instrumentos de propaganda.

Y llega, en este momento, la convocatoria de elecciones generales que nos va a traer un enfrentamiento descarnado y despiadado entre dos partidos que aspiran, uno a seguir en La Moncloa y el otro a ocuparla. Mientras tanto, una parte de los vascos sufrimos ¬en lo que se puede calificar ya como un mal endémico¬ una serie de problemas y necesidades que son cosas accesorias para ellos, pues o bien se instrumentalizan para sumar argumentos en otras regiones de España o simplemente, por parte de otros, se articula un juego sutil de alianzas con quienes han sido los herederos del caciquismo canovista en clave de represión de los derechos individuales de aquellos ciudadanos vascos que están en una órbita nada coincidente con la pretensión independentista. Pero pasa el tiempo y no vemos soluciones en clave política. Lo que nos pase a los vascos no nacionalistas les resbala en el fondo. No les interesa otra cosa que el poder en España.

Pues bien, otra vez nos toca a Unidad Alavesa el sacrificio y la generosidad en aras a la razón de Estado.
Nos han llovido insinuaciones de que si nos presentábamos a estas elecciones perjudicábamos al bloque constitucionalista. Y es verdad, pues en ningún caso es previsible que Unidad Alavesa pueda obtener los más de veinte mil votos necesarios para obtener escaño en Álava. Y ello podría posibilitar que el PNV accediera a dos diputados y tres senadores, correlación típica del efecto electoral en la provincia en Álava en todas las elecciones generales. Es evidente que ni somos ciegos ni irresponsables. Y esa hipotética posibilidad nos aterra, pues supondría un cambio de tendencia histórico que dejaría a Álava al pie de los caballos en futuros retos electorales. Y eso no podemos permitir que suceda. ¿Y por qué manejamos ese escenario? Pues porque en las últimas elecciones forales obtuvimos en Álava 6.300 votos que podrían quedarse en un montón de papeletas sin representación, descontadas del cómputo general para que el PP o el PSOE obtengan el resultado habitual en este tipo de confrontaciones electorales en Álava. En beneficio del tercer partido en liza: el PNV por el efecto de la ley D Hont electoral.

No hemos querido correr el riesgo ni sufrir la carga de agresividad contra Unidad Alavesa por parte de los medios adictos al poder político en España que hubiera seguido a ese efecto electoral en el supuesto de producirse. ¿Se lo imaginan? Y por otra parte, porque somos un partido con una enorme carga de responsabilidad y visión de Estado.

Pero ello no nos impide formular las razones que hubieran aconsejado en otras circunstancias la presentación de Unidad Alavesa a estas elecciones al Congreso y al Senado.

En primer lugar, pensamos que España necesita un meneo en el sentido de abandonar la senda de irresponsabilidad política que supuso consagrar el modelo de la España Asimétrica que divide hasta hacer irreconocible el artículo 14 de la Constitución Española, que establece la esencial igualdad de todos los españoles ante la ley. No nos gusta la España de los nacionalismos que tenemos. Aspiramos a la España de las regiones, profundamente descentralizada en autonomías pero igualmente profundamente cohesionada.
En segundo lugar, porque creemos que hay que devolver al ciudadano lo que le corresponde, que es la participación política y el control de sus representantes. No nos gusta la oligarquización de la política ni el alejamiento de los ciudadanos respecto a la cosa pública mediante la burocratización en cúpulas partidarias que hacen y deshacen a espaldas de las aspiraciones ciudadanas; desprestigiando y produciendo desafecto hacia la noble tarea de la política y de los asuntos colectivos. En este sentido queríamos trabajar ¬aunque por el momento lo tenemos que aplazar¬ por la reforma electoral para establecer listas abiertas, dependencia de los cargos públicos de la circunscripción que les ha elegido, limitación de mandatos en el ejercicio de la actividad política y un largo etc. De ser esto así, los ciudadanos separarían de sus responsabilidades a los protagonistas de casos tan execrables como lo acontecido estos días en Cataluña con el independentista flamante consejero de la Generalitat ¬por obra y gracia del Sr. Maragall¬ que contacta con ETA con impunidad y desparpajo, como si fuera una cosa tan normal y estupenda.

En tercer lugar, porque se necesitan terceros espacios y regenerar la vida pública atacando conductas que rayan con la corrupción, como es la política de la vivienda que tiene esclavizados a miles de ciudadanos en toda España, por el juego de intereses que algún día conoceremos suficientemente. Y en todo caso porque el pluralismo es un valor a preservar y vamos hacia un monopolio peligroso para que pueda haber aire fresco en la política española.

En cuarto lugar, porque los medios de comunicación dan apoyo sólo a los grandes partidos y competir los pequeños con ellos mediáticamente es prácticamente imposible porque nuestros mensajes sociales y políticos no llegarían al conjunto de la ciudadanía.

Pero por esta vez tendremos que esperar. Por ahora hay cuestiones de valor más prioritario, como erradicar la lacra del nacionalismo, que pesa para la mitad de la sociedad vasca como una losa.

Quizás en la próxima convocatoria de elecciones generales podamos presentarnos. El tiempo y las circunstancias marcarán la pauta.

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