AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 1 Febrero 2004
Piden libertad
Miguel Ángel Rodríguez La Razón  1 Febrero 2004

VIENTO SUR EN CATALUÑA
José Antonio ZARZALEJOS ABC 1 Febrero 2004

Carod quiere votos a cualquier coste
Iñaki Zaragüeta La Razón  1 Febrero 2004

LA CRISIS CATALANA, DESDE MALLORCA
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 1 Febrero 2004

Pero no los asesinos
José María Carrascal La Razón  1 Febrero 2004

ERA UN CHISGARABÍS
Alfonso USSÍA ABC 1 Febrero 2004

FELIPE, A ESCENA
Jaime CAMPMANY ABC 1 Febrero 2004

De Largo Caballero a Corto Zapatero
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  1 Febrero 2004

CONTRA EL SENY
CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN ABC 1 Febrero 2004

Actitudes
ÁNGEL OLASO El Correo  1 Febrero 2004

Perdidos y muertos de miedo
EDUARDO MADINA El Correo 1 Febrero 2004

En memoria de Fernando Buesa
Cartas al Director ABC 1 Febrero 2004

Inversión autonómica en Sanidad
Editorial La Razón 1 Febrero 2004

Gesto por el pluralismo
EDITORIAL El Correo  1 Febrero 2004

Los empresarios, preocupados por la crisis del tripartito en Cataluña
BARCELONA. J. C. VALERO/ E. ARMORA ABC 1 Febrero 2004

Mayor denuncia el «silencio» del PSOE ante la «estrategia de ruptura» del nacionalismo
LABASTIDA EL CORREO 1 Febrero 2004

«No abdicaré ni abandonaré la política vasca»
Carmen Martínez Castro Madrid La Voz  1 Febrero 2004

Gallardón recibió al autobús de «¿Basta Ya!»
Redacción - San Sebastián Madrid.- La Razón  1 Febrero 2004
 

Piden libertad
Miguel Ángel Rodríguez La Razón  1 Febrero 2004

Las víctimas del terrorismo y las víctimas del «apartheid» del País Vasco han tomado fuerzas y han salido a la calle a decir «¿Basta ya!». Por vez primera, los progres que han vivido de mirar para otro lado, de argumentar que ellos están con «todas» las víctimas, que consideran iguales a asesinos que a asesinados, han sentido la vergüenza de no estar en el lado de la Libertad.

La frase «ETA no» se ha convertido en señal vergonzante para algunos de los que se dedican a darnos lecciones de ética. Quién les iba a decir a ellos que un día estarían en el mismo bando de los racistas y de los que pisotean el derecho a vivir tranquilamente y en paz.

Esta vez, a las víctimas no las han callado con el discurso de que es mejor enmudecer y «dialogar» porque son las primeras que han entendido que no se dialoga con quien dispara a matar. Y eso que durante la semana han sido muchos los que les han pedido que no se manifestaran porque la frase «ETA no» era una «utilización política».

Qué pocas palabras les quedan a los que no entienden que la lucha contra el terrorismo se hace todos los días, no sólo tras un atentado de cinco muertos. En esos momentos sí, entonces parece que son ellos la vanguardia de la Libertad. Luego recuperan su «espíritu de diálogo», aunque no sepan muy bien qué están dispuestos a ceder con su política.

Las víctimas salieron a la calle y algunos de los del «Guerra no» interpretaron que era un acto del PP. En su error llevan la culpa de sentarse a un lado del camino en este tiempo histórico. Por su parte, los de «¿Basta ya!» empezaron a recorrer España para contar cómo es la realidad de su vida en el País Vasco. Quizás tampoco los crean. Es mucho más progre figurar y aplaudir los documentales del «diálogo» que ayudar a que desaparezca el «apartheid». Pero antes la gente se callaba. Ayer se demostró que están dispuestos a seguir hablando.

VIENTO SUR EN CATALUÑA
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 1 Febrero 2004

CUANDO en Vizcaya y Guipúzcoa sopla el viento sur, la atmósfera se apelmaza, el calor se humedece y ahoga y en San Mamés los jugadores del Athletic deambulan con las piernas emplomadas. Los días de viento sur son tórridos y malhumoran de antiguo a los naturales, a tal punto que el sabio Fuero Viejo de Vizcaya amparaba con una atuante comprensiva al que perpetraba crimen de sangre en jornadas de climatología tan ríspida. De esos humores recoge con acierto Kepa Aulestia el título de uno de los mejores ensayos que se han escrito sobre «La violencia en Euskadi», subtítulo de «Días de viento sur» (1993), al que le sigue otro, igualmente aleccionador, «HB, crónica de un delirio», que hace del autor un analista cualificado de la situación vasca. Aulestia ha escrito ayer a propósito del «caso Carod-Rovira» unas acertadas reflexiones, siendo la más aguda, a mi juicio, la siguiente: «Cuando los más optimistas de entre los vascos esperaban de Catalunya un soplo de aire fresco que aliviara las tensiones en Euskadi, Carod-Rovira ha decidido emprender el camino inverso, importando hacia la vida política catalana un factor tan poderoso como incontrolable cual es la pretensión de un protagonismo propio en la interlocución con ETA. Un organismo extraño que prodría causar estragos en el ecosistema catalán».

Me temo que los estragos ya están causados, y sin remedio, en Cataluña. La insolvencia del secretario general de ERC, combinada con la temeridad del PSC y la debilidad del PSOE, ha conducido la situación del tripartito a un estado comatoso, vegetativo y crítico. No se recuperará la fórmula gubernamental catalana por mucho que, regurgitando el PSOE et allii la estrategia de la «trama inmobiliaria» que se inventó para cubrir la crisis de la FSM el pasado mes de junio en Madrid, intente otra vez enfatizar lo adjetivo en detrimento de lo sustancial. Pueden marear la pérdiz unos y otros -afectados aquéllos por el tremendo error de Carod-Rovira y éstos por los efectos competenciales de la información de ABC que desveló el asunto el pasado lunes-, pero lo cierto y verdad es la que es, lo diga Agamenón o su porquero. Carod-Rovira y el ralentizado Pasqual Maragall, que ha abducido a Rodríguez Zapatero, son responsables por acción y por omisión de conducir la habitualmente razonable y controlada dinámica política catalana a una torrentera de despropósitos como ha denunciado Jordi Pujol antes, mucho antes, de lo que el ex presidente de la Generalitat hubiese deseado.

La apuesta del socialismo catalán y del PSOE en forma de tripartito heterogéneo, dando forma a un combinado político que se resiste conceptualmente a una mínima cohesión, ha sido un fracaso a los cuarenta días de nacer como, por otra parte, era fácil prever. Desde 2001, en sucesivas reuniones, declaraciones y escritos, el secretario general de ERC ha sido transparente en sus propósitos: hablar con ETA para situarla «en el mapa de España» que no incluye a la particular Cataluña de la formación de Carod-Rovira. Se comportaba y se comporta este político excéntrico y aventado como todo nacionalista impermeable: con la creencia de que su dimensión moral, política y cultural es la propia de su país -Cataluña-, y tratando de forzar la realidad catalana y nacional a los estrechos márgenes de sus deseos y ensoñaciones. Se trata de un planteamiento visceral, voluntarista, egotista y sólo coherente y explicable desde una perspectiva de angular estrecho y ética laxa y oportunista. Lo grave no es que Carod-Rovira sea así y así se conduzca. Lo grave es que -pese a la deslealtad y el desafío que su conducta comporta- sus socios socialistas le amparen en detrimento de sus proclamados principios. Si Carod-Rovira quería -y acaso lo ha conseguido- que el viento sur cantábrico azote la mediterránea Cataluña, parecía de cajón que el PSC y el PSOE tratasen de erradicar con determinación y rapidez ese «organismo extraño» a Cataluña al que se refiere Aulestia y que es la banda terrorista ETA, que cuando se le cierra la puerta del País Vasco trata de abrir la ventana catalana para seguir respirando. Y el viento sur ha entrado en turbión allí donde nunca lo había hecho. De ello se cuidó Pujol y CiU, que supieron mantener con la denominada «izquierda abertzale» y con las expresiones más radicales del nacionalismo vasco, unas relaciones formalmente dialogantes pero, en el fondo, frías, distantes y, sobre todo, despectivas.

Carod-Rovira, como otros nacionalistas fanáticos de distintos lugares, saben ejercer de separatistas y de separadores. El secretario general de ERC, siguiendo modelos bien conocidos, necesita la ruptura espiritual y emocional de los catalanes con el resto de los españoles y crear el ambiente espeso, húmedo y emplomado de un viento sur que cuando se cuela -como ETA- se convierte en crónico. No sabe -¿o sí?- el daño que Carod-Rovira y quienes le secundan han causado a Cataluña. Cuando ETA tercie -que lo hará- quizás perciba que su viaje a Perpiñán lo fue hacia un error históricamente incalificable.

Carod quiere votos a cualquier coste
Iñaki Zaragüeta La Razón  1 Febrero 2004

Al ex conseller en cap Josep Lluis Carod Rovira le estalló en las manos la jugada «maestra» para las generales de marzo. No contó con que las explosiones se llevan por delante todo lo que pillan, sin distinguir el detalle. Su encuentro con dirigentes de ETA, nada menos que Mikel Antza y Josu Ternera, se revela como un disparate y ofrece lecturas que afectan al propio partido independentista, al PSC, al PSOE y al PP.

Para ERC la estrategia es clara. Abominable pero eficaz. Barrer para casa, mantener limpios sus aposentos sin importarle que la sangre siga derramándose en el vecindario. Lo demostró en 2001, aunque sólo accediera a interlocutores de Batasuna. Pretende recaudar votos de nacionalistas que, no sintiéndose españoles, apuesten por sus siglas en las urnas a cambio de que ETA no mate en Cataluña. No nos extrañemos. Lo escribió en 1991: «...Os lo dije ya hace medio año, en algún lugar de Euskadi, cuando en nombre de mi partido os pedí formalmente que no actuarais más en mi país.... Ahora sólo me atrevo a pediros que, cuando querais atentar contra España, os situéis previamente en el mapa».

El enroque de Carod, negando la mayor y aceptando tan sólo su negociación para buscar la paz, será vencido por la verdad. ¿Qué podía ofrecer a la organización terrorista? ¿En nombre de quién? Quizás la propia ETA desvele el contenido de la sesión. Será la metralla final, la de muerte para las ya pobres expectativas socialistas.
Y entro en la segunda derivada, la del PSOE, cuyo candidato José Luis Rodríguez Zapatero ha comprobado en propia carne el error de no haber intentado la decapitación política de Pasqual Maragall tras el fracaso en las autonómicas. Le escribí entonces la conveniencia de inducir a los socialistas catalanes, al margen de Maragall, hacia un Govern de coalición con Artur Mas, de CiU.

Hubiera obtenido el doble objetivo: participar en el Gobierno autonómico más importante de España y eliminar uno de los principales obstáculos para alcanzar el auténtico liderazgo en su partido y, con ello, empezar a tener perspectivas serias hacia la Moncloa. Así lo decían en privado algunos prebostes del PSOE.

Ahora, mientras Mariano Rajoy espera fumándose un puro, su problema es buscarse salida con dignidad el «día después».

LA CRISIS CATALANA, DESDE MALLORCA
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 1 Febrero 2004

SIGO desde Mallorca la última fase de la crisis del Gobierno catalán. Éste es, sin duda, el observatorio más adecuado. Aquí el Partido Socialista aplicó por vez primera la fórmula de «todos contra el PP». Por eso los tripartitos o pentapartitos, o lo que fuere necesario, se llaman pactos «a lo balear». Se trata de llegar al poder a costa de cualquier tipo de cesión, incluidas las más amenazadoras para la convivencia. Con esta filosofía, los socialistas despreciaron en Cataluña a Mas y Piqué por el republicano y guerracivilista Carod-Rovira y por Saura, que aliña una ensalada de ecologistas, leninistas y otros marginales. Así es Maragall. Así son los socialistas. No todos. Hoy, por ejemplo, he leído en «La Vanguardia» un artítulo de Francesc de Carreras muy crítico para con este vergonzoso cambalache. Los Maragall y los Zapatero justifican los pactos por coherencia de izquierdas. ¿Un pretexto? Sin duda. Un pacto con CiU no le habría dado la presidencia a Maragall ya que por votos le habría correspondido la presidencia a Mas. Un final muy humillante para quien siempre soñó con superar la obra de Pujol incluso por el lado del nacionalismo o de la aventura, como ésta que le proporciona Carod al pactar con ETA «la vía catalana a la independencia».

¿Y Zapatero? Dice desde Alicante que lo de Aznar con el tripartito es una obsesión, que siempre lo fue. Pasado el primer susto, considera que la actuación de Carod no ha pasado de ser un atrevimiento. Y es que Zapatero es capaz de pasearse con taparrabos por la calle mayor aunque caigan chuzos de punta.

LOS mallorquines -la mayoría, se entiende- siguen las noticias de la crisis catalana como quien tuvo un mal sueño. En las Islas se recupera la industria hostelera y el empleo. Ningún consejero viaja ya a Alemania para insultar a los turistas. Se va diluyendo la mala conciencia que les daba a muchos la creencia de haber convertido a Mallorca en una de las principales sedes de la mundialización del ocio. La «ecotasa» viaja a tierras aragonesas, ahora carcomidas por el pactismo. Pero no todo está asegurado: sigue al acecho aquel ridículo imperialismo que se inventó Prat de la Riba y que se llama pancatalanismo. Con la caída del pacto perdió el poder pero, desde la oposición, sigue haciendo la guerra al bilingüismo, esto es, a la libertad para elegir idioma, o intenta deslucir la inauguración del Museo Es Baluard porque rompe los esquemas del estatismo. Con razón dice Jaume Matas que hay que venir a las Islas para conocer bien al PSC y sus formas de trabajar.

La actitud de los socialistas catalanes en Mallorca es aún más descarada que en Valencia. Les resulta muy duro aceptar la realidad brillante de los territorios que consideran «hermanos», en realidad «suyos». La larga mano del PSC se advierte en el debate idológico que se ha levantado en torno al Museo Es Baluard. Si el edificio está bien defendido de los vientos del mar por los murallones, no lo está tanto del vendaval desatado por los detractores de lo privado. Pero el hecho es que esta colección de arte le dará al turismo de Mallorca un punto de calidad muy conveniente.

AYER recordé en Valldemosa las críticas de George Sand a la Mallorca de 1838. La de ahora no tiene nada que ver con aquélla. Después de tantos inviernos, de tanto integrismo, de tanta espesura mental, Mallorca sale a la universalidad y a la Ilustración. Queda atrás la noche y los pactos etnicistas, esa bestia del totalitarismo que se reviste retóricamente de progresismo. En cuanto termine de escribir estas líneas subiré al castillo de Bellver como homenaje a Jovellanos, victorioso al fin, y también, ¿por qué no decirlo?, para deleitar el ojo con las pinaradas que bajan hasta el mar.

Pero no los asesinos
José María Carrascal La Razón  1 Febrero 2004

«Hablando se entiende la gente», dice el Sr. Carod-Rovira, quedándose a mitad de la frase. Hablando se entiende la gente normal, decente. Con los asesinos, en cambio, no hay forma de entenderse. El asesino no usa la palabra como instrumento de diálogo. Usa la pistola, la bomba, la metralleta. El asesino no dice, como las personas normales, «exponme tus razones, que yo te expondré las mías». El asesino dice, si llega a decir, «esto es lo que quiero. Si no me lo das, te pego un tiro». Lo hemos comprobado no una vez, sino varias con ETA. Con ETA han intentado dialogar todos los gobiernos españoles de la democracia, los de UCD, los del PSOE, los del PP, a más de quienes más cerca la tienen, los del PNV. Sin obtener absolutamente nada. Y miren ustedes que estos últimos les ofrecieron cosas en Lizarra.

Sin importarle lo más mínimo tan claros como reiterados antecedentes, Carod se metió en tal «diálogo» y pese a no haber obtenido de él otra cosa que unos cuantos titulares de periódico, dudoso honor en nuestros días, insiste en el mismo tema. «Hablando se entiende la gente», nos dice orgulloso y desafiante. La única explicación que se encuentra a tanta obstinación no es la ingenuidad que algunos le achacan ¬a ingenuidad, a partir de una determinada edad, sobre todo en un político, resulta más bien estulticia¬, sino a considerar a los de ETA gente normal, corriente, como usted y como yo. Cuando han demostrado, en la propia Cataluña, ser unos asesinos.
Albert Boadella ha dicho que Carod-Rovira es un «boy scout». Con toda la antigua admiración que siento por ese intelectual puro que es Boadella, pienso que, esta vez, se ha quedado corto. Los «boys scout» tienen un código de conducta un tanto trasnochado, pero aún válido. No pueden mentir, no pueden faltar a sus deberes, ni traicionar a nadie. Y Carod-Rovira ha traicionado a todos excepto a él mismo. Ha traicionado, de entrada, al Estado español que le ha permitido llegar a donde está, hacer lo que hace y decir lo que dice. Ha traicionado, alevosamente además, a sus compañeros de gobierno, que le habían hecho conseller en cap y tratado con toda clase de mimos. Ha traicionado al nacionalismo catalán, al involucrarle con una banda de asesinos, rompiendo con ellos su tradición democrática y pacífica. Y no digo que ha traicionado a la izquierda, porque no considero que ese señor sea de izquierdas. La izquierda es la piel con que se cubre para adelantar su nacionalismo agresivo.

En lo que estoy totalmente de acuerdo con Boadella es en que no merece una de sus magistrales parodias. Estamos ante un personaje de ínfima categoría, sin entidad propia, que se alimenta de cuantos viven en su torno. Algunos de ellos ya han sentido en sus carnes sus mordiscos.

ERA UN CHISGARABÍS
Por Alfonso USSÍA ABC 1 Febrero 2004

APENAS conozco a Pascual Maragall. Una noche coincidimos en un programa de la Televisión autonómica de Cataluña. Era alcalde de Barcelona. Me cayó bien y lo incluí en la relación de políticos simpáticos y bien educados. Después, el vacío. En alguna ocasión he creído verlo en Comillas, cántabra villa de los arzobispos, acompañado de marqueses y condes periféricos y praderas y aguilares mesetarios. Una ráfaga de conocimiento es desaconsejable para formar una opinión. Me atengo a sus palabras y actuaciones políticas difundidas por los medios de comunicación. Es muy socialista enterarse de las cosas por los periódicos. En ese aspecto soy bastante socialista. Me he enterado de cómo es Maragall por los periódicos, y lamento reconocer mi decepción. Sé que tiene un hermano enchufado en la Generalidad de Cataluña que se pelea con el hermano también enchufado de Carod-Rovira con estruendosos berridos que amargan la armonía de los naranjos que viven en los patios interiores del Palacio de San Jaime. Sé que es nieto del poeta Maragall, muy estimable por cierto. Sé que es socialista y monárquico del Reino de Aragón. Y no sé, pero lo intuyo, que es bastante chisgarabís. Hoy, en cambio, al leer los periódicos, me he visto dolorosamente obligado a cambiar de opinión endureciéndola. Es también un mentiroso y un cobarde.

«Prefiero la ingenuidad de Carod a la pasividad del Partido Popular ante ETA». Pregunte el chiquilicuatro a la ETA si el Partido Popular ha sido pasivo. Nunca, en treinta años, se ha luchado con más eficacia contra el terrorismo. No sólo desde la labor policial. La banda terrorista ha perdido prácticamente sus tradicionales apoyos en el exterior. Esa victoria es consecuencia de la política del Partido Popular. Maragall lo sabe y miente. Calificar la entrevista de Carod-Rovira con los dirigentes terrorista de «ingenuidad» es repugnante. Todo vale para mantener el sillón. En el fondo, Maragall es rehén de un socio indeseable que gobierna en Cataluña con el dieciséis por ciento de los votos. Pero al socio indeseable lo ha buscado Maragall, y ha pactado con él, y le ha dado más alas de las que, proporcionalmente, le correspondían, y a las primeras de cambio, le ha engañado y traicionado, y se ha sentado con los terroristas de la ETA para pedirles que, de asesinar, tengan mucho cuidado de que las víctimas no sean catalanas. Decenas de miles de votantes socialistas se han sentido insultados y heridos. Y Maragall los insulta y los hiere más aún desde su interesada pasividad. Sin Carod-Rovira pierde el sillón. Y hay que defenderlo a muerte, aunque sea mintiendo e interpretando una nauseabunda acción desde el cinismo y la demagogia. Era un chisgarabís. Ahora es destacado protagonista de una gran felonía. Claro, que la felonía la comparte con el apoyo incondicional de Madrid, de eso que los nacionalistas llaman Madrid. Como si Madrid tuviera la culpa de las gilipolleces de Rodríguez Zapatero, que también han dejado de serlo para convertirse en peligrosas deslealtades y apuntadas traiciones.

Maragall se ha descubierto a sí mismo. Era un abrazador de la nada, un frívolo sinfónico, un divertido contertulio de locuaces madrugadas. Era al menos lo que aparentaba ser. Pero el poder alcanzado con sus pactos sometidos le ha llevado a otros senderos. Camina ahora entre la cobardía, la mentira y la perversión. Está entregado. Se ha entregado. Siempre la entrega es un acto de mercadería. A cambio de algo, o de más, o de mucho. Prostitución se llama la figura. Prostitución institucional y partidista con Cataluña como moneda de cambio. Y Zapatero de cómplice. Se añora al chisgarabís.

FELIPE, A ESCENA
Por Jaime CAMPMANY ABC 1 Febrero 2004

CONTINÚA la representación de la tragicomedia catalana con la actuación estelar de los dos grandes actores de la escena política, Pasqual Maragall y Josep Lluís Carod-Rovira. (Carod-Rovira es el nombre artístico, porque le parece vulgar anunciarse en los carteles con el verdadero apellido, o sea, Pérez. Podríamos decir con Quevedo: «El Carod tú te lo pones, el Rovira no lo tienes, y así quitándote el Lluís, vienes a quedar Pepe Pérez»).

En la primera escena de la tragicomedia, el president del Parlament Catalá, Ernest Benach, un prohombre de Esquerra Republicana de Catalunya que no ha llegado a bachiller, abre la representación recibiendo en su despacho a los familiares de los presos de ETA. O sea, que desde el primer acto los izquierdos republicanos enseñaron la oreja proetarra. Era previsible. Ellos quieren partir y destrozar España, y quienes más han hecho hasta ahora para lograr el destrozo a golpe de crimen y a fuerza de sangre han sido los terroristas. De alguna manera tenían que demostrar enseguida sus simpatías por los asesinos que «mueven el árbol» en palabras de Arzalluz.

La representación de esta disparatada tragicomedia catalana tuvo su continuación con la entrevista clandestina de Carod-Rovira (el disfrazado Pepe Pérez) con los jefes etarras Mikel Antza y Josu Ternera en Perpiñán. La simpatía de los esquerros republicanos pasaba de la compasión y la complacencia a la alianza. Apoyo político a ETA por parte de la Generalitat y de Esquerra Republicana a cambio de dejar a Cataluña fuera de los planes del terrorismo. Do ut des. Los efectos escénicos fueron dispuestos con cuidado. Pasqual Maragall viajó al extranjero oportunamente. Se desechó el uso del coche oficial y se renunció a la compañía de los escoltas. Apeles Pérez, el otro Carod-Rovira, el hermano mamandurriero, prestó su coche particular. Nadie tarareó el Himno de Riego ni los consellers republicanos gritaron a coro «¡Gora Eta!».

La clandestinidad estaba asegurada. Sí, sí. Naranjas de la China y limón poncil. Al poco, la información estaba en el periódico y estallaba en los micrófonos y en las conversaciones de los contribuyentes, de los curritos, y de los votantes. Entre Pasqual Maragall y Carod-Rovira habían dejado a Zapatero con el pandero al aire y habían espantado de las urnas miles de votos socialistas. Había que inventar algo para sacudirse las culpas de una confabulación tan sórdida e intentar echarlas sobre la espalda de la derechona.

Había que lograr que lo verdaderamente importante fuese la filtración de la noticia y no la noticia misma, el hecho en sí, el increíble episodio de un presidente en funciones de la Generalidad de Cataluña visitando y pactando con los jefes etarras. Que los etarras dejen de matar en Cataluña a cambio de apoyo político para matar en el resto de España. Y entonces llaman a escena al primer actor Felipe González, el grande, el único, el dios de la escena. Y ahí tenemos al organizador del Gal y al virtuoso de las escuchas telefónicas del Cesid dando lecciones éticas acerca del uso partidista de los servicios del Estado. Un lobo que bala. Es sencillamente formidable. ¡Formidable!

La maldición del PSOE
De Largo Caballero a Corto Zapatero
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  1 Febrero 2004

Setenta años después, España vuelve a tropezarse con su particular maldición: el PSOE, único partido político que desde hace más de un siglo ha estado siempre dispuesto a cargarse el régimen cuando no alcanzaba el poder o perdía la esperanza de recuperarlo pronto. Nacido como sección española de la Internacional Obrera, en su adscripción marxista, el PSOE ha defendido durante décadas la dictadura del proletariado, ha provocado para conseguirla la guerra civil más atroz de nuestra historia, ha utilizado las urnas cuando le convenía y las ha roto cuando no le servían. Ha hecho del sectarismo su única ideología real y ha sido incapaz de lealtad para con la Nación y de respeto a la Constitución. Se ha servido de la República y de la Monarquía, de la dictadura y de la democracia, pero nunca le ha dado a España ni más libertad ni más prosperidad. La fuerza política más antigua es la más antigua de nuestras rémoras y la más actual de nuestras pesadillas.

En 2004, cuando España es uno de los países más prósperos de Europa y con mejor calidad de vida del mundo, José Luis Rodríguez Zapatero, un típico líder del PSOE, es decir, intelectualmente mediocre (en línea con su fundador Pablo Iglesias) y éticamente inexistente, (en una continuidad sin apenas excepción) , va camino de emular al obtuso y siniestro Francisco Largo Caballero, el “Lenin español”, quizás el dirigente político que más muertos y más miseria ha provocado desde Fernando VII. En 1934, tras perder las elecciones ante la Derecha en la II República, Largo consiguió la radicalización del partido y lo embarcó en una aventura golpista contra la República que estalló en Octubre de 1934, con los separatistas catalanes y vascos como compinches sediciosos.

El proceso de “bolchevización” del PSOE a manos del “largocaballerismo” fue denunciado mientras se producía por Julián Besteiro y sus seguidores, y ha tenido su actualización historiográfica más implacable y reciente en las obras de Pío Moa. Pero ni el propio PSOE ni la derecha española han guardado memoria de ese episodio que precipitó a España en la guerra y la larguísima dictadura franquista posterior. De ella salimos pacíficamente sólo a la muerte del dictador y a pesar, cómo no, del PSOE, que de la mano de un joven líder llamado Felipe González promovía la Ruptura frente a la Reforma preconizada por el Rey y secundada por casi toda la derecha política nacional.

Zapatero, un líder débil, con menos voluntad que principios, y sin demasiadas esperanzas de alcanzar el Poder por la vía democrática, ya intentó derribar al gobierno legítimo de la derecha durante el año 2003 y está respaldando de forma cada vez más clara un proyecto separatista catalán dirigido como en 1934 por Esquerra Republicana. Ya nadie puede dudar de que todos los compromisos del PSOE en defensa de la Nación y la Constitución contra el terrorismo y el separatismo son papel mojado. Nadie puede creer que guarde la menor lealtad al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, propuesto por el propio Zapatero hace tres años.

Nadie puede dejar de ver que la única esperanza que tiene el actual régimen constitucional español de sobrevivir es que este PSOE sea democráticamente derrotado en las urnas y su dirección política destruida. De aquel Largo Caballero a este Corto Zapatero, mucho ha cambiado España pero poco ha cambiado el PSOE. Ojalá los españoles sepan resistirlo hoy mejor que ayer. La nación, su libertad, su prosperidad, no sobrevivirían a su llegada al Poder. Esta vez, no.

CONTRA EL SENY
Por CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN ABC 1 Febrero 2004

No es disparatado concluir que la situación actual vulnera el clásico sentido común catalán, y ello de modo independiente de cualquier predilección política. Ante las Administraciones Públicas contemporáneas, de enormes posibilidades a la hora de determinar el curso de la actividad económica, las empresas no pueden darse el lujo de vivir de espaldas a la política, sea para conseguir beneficios gracias a ella, sea para evitar que les cause daño.

Si el intervencionismo habitual ya es costoso, y el nacionalismo añade además una cuota distorsionante de una economía aislada y paleta, mucho más grave para sindicatos y empresas es un gobierno imprevisible, que ante deslocalizaciones y cierres no puede ofrecer más que una gestión desconcertada o disparatada.

Hay algo sobre lo que los catalanes no necesitan recibir lecciones: cómo hacer negocios y comerciar. Lo que sí necesitan es que no los fastidien, y si los gobiernos anteriores de la Generalitat no fueron demasiado buenos, el actual parece incluso peor, y parece dedicado a desatender no sólo a las empresas multinacionales, sino también a las propias catalanas.

Un marco institucional seguro y predecible es el elemento fundamental sobre el que se apoya el crecimiento de la economía y el empleo. Cuanto más tiempo se prolongue esta situación tan hostil al seny catalán, peor.

Actitudes
ÁNGEL OLASO/MÉDICO El Correo  1 Febrero 2004

La actitud es una toma de posición. Es la evidencia de un modo de actuación ante una idea o una situación. Las variantes que representan la cultura de la civilización occidental, una vez asimiladas, constituyen unas claras actitudes, por ejemplo: el respeto a la dignidad de la persona, a determinada conducta ante la familia, una sensibilización social ante los cambios económicos que se originan con los impuestos y las pensiones, o ante la riqueza y su globalización, en definitiva, frente a todos los fenómenos sociales modernos.

Por todo eso, la sociedad actual no puede consentir por más tiempo la presencia de los descastadores de esta cultura, de las vidas y de los bienes de todos los que compartimos estos valores esenciales. Porque, de continuar así, con la coacción permanente (no sólo la del hierro homicida), estaremos coincidiendo con los desagradables tiempos históricos del siglo XVI que provocaron aquellas matanzas horribles, como las del sultán otomano Solimán el Magnífico durante la dominación de los mamelucos, las de toda la familia del zar de Rusia en el siglo pasado, o la feroz lucha del pueblo palestino, y sin que Europa nos sirva tampoco de espejo con el holocausto nazi o el genocidio de los albano-kosovares en Yugoslavia, o la exterminación del pueblo kurdo en Mesopotamia o la implacable guerra de ETA en España, sólo por citar unos ejemplos.

Había que liquidar entonces, en los períodos absolutistas, a las familias reinantes, en lucha, unos, contra los exagerados tributos expoliados injustamente, y otros, por diferencias raciales; los más, ciudadanos de bien comprometidos con los principios de la nueva sociedad civil, en oposición contra el capitalismo o en una utópica y nueva distribución territorial.

El concepto de nación, según las teorías de Marx y Engels, a las que siguieron las tesis de Lenin, se ha interiorizado en nuestro País Vasco como «una comunidad estable, de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología». Y los nacionalistas ávidos de una identidad muerden limpiamente el anzuelo de esta proclama primero de la Revolución rusa, después con el trágico Frente Popular de 1936, en la clandestinidad con el socialismo de la Internacional y ahora con la Izquierda Unida de Madrazo, porque piensan que con la revolución o con el federalismo vasquista o asimétrico el pueblo se puede convertir en nación.

Así que 'la autodeterminación por la independencia' es el objetivo principal del plan Ibarretxe, que supera el marco jurídico actual y nos dice que traerá la paz. No hay paz sin violencia, se repite. La violencia existe porque hay un conflicto. Puro sofisma. El conflicto es de los nacionalistas que tienen un doble conflicto: primero, entre ellos por su división, y luego por la no aplicación de los derechos históricos amparados por la Constitución. Una aplicación que no les interesa, ya que les rompe el concepto de nación.

El diálogo por la independencia del País Vasco, que no la conversación, concierne a todos los ciudadanos de la nación española, porque es un derecho inherente de todos ellos, propio, que no se les puede hurtar ya que, como todo el mundo sabe, el País Vasco es España.

Por eso hay que decir, una y mil veces, que 'la autodeterminación es para el autogobierno'. Éste es el verdadero diálogo, el del 'ámbito de decisión vasco', recogido en el Estatuto y aprobado mayoritariamente por todos los ciudadanos vascos porque colma las aspiraciones de esa mayoría, al mantenerse en él el espíritu y la letra del foralismo del siglo XXI.

Por ello, extraña mucho que no se recuerde nunca la situación de Álava y Navarra, que no perdieron su régimen foral porque muchos eligieron en los momentos de zozobra estar con Franco, y José Antonio Agirre mantuvo entonces sus grandes dudas. En cambio, Guipúzcoa y Vizcaya siguieran los pasos de la República, lo que hace inexplicable que se nos manifieste que somos los únicos herederos de Franco, circunstancia que, por su falta de rigor, nos haría sonreír.

Pero siempre se busca otra vez algo con que salpicarnos. Ocurrió con la prórroga del Concierto Económico, cuando un titular de EL CORREO (6 de enero de 2002) decía: «Aznar, el Gamazo de nuestro tiempo», y donde figuraban unas declaraciones de la vicelehendakari Idoia Zenarruzabeitia en las que desviaba la atención del asunto sobre la renovación del Concierto (aprobado definitivamente en el Senado el 87 de mayo de 2002), y a cuyo origen en Navarra, en 1893, se denominó la Gamazada, porque consistió en un aumento mayor de la fiscalidad ordenada por el ministro de Hacienda, Germán Gamazo, durante la regencia y que apenas tuvo incidencia en Guipúzcoa salvando la solidaridad con el pueblo navarro.

Se silenció lo que sucedió de verdad. Ante la pavorosa crisis económica de la provincia, en vez de reconocer la implicación de la Diputación de Navarra por una simple mala gestión, los nacionalistas convirtieron la intención del ministro -que pretendía disminuir los gastos generales de la nación, que siempre están por encima de los intereses particulares- en un instrumento de legitimación de la lucha de poder entre la Diputación y el Estado. El gamacismo, en unas ocasiones, el franquismo en otras, y el fascismo, o ahora el españolismo les sirven de útiles comodines para exculparse de sus graves errores. La actitud de Aznar, por eso, ha sido y sigue siendo siempre impecable en estas políticas.

Sin embargo, Ibarretxe afirma que el «talante autoritario» de Aznar «está alejando a Euskadi de España», por la sencilla razón de que hace un uso coherente del programa electoral apoyado por diez millones de votos de españoles de todas las clases sociales y consigue además la ilegalización de un grupo político que practica la coacción. No se trata, por tanto, de ningún frente, ni de ir contra nada ni contra nadie, sino del ejercicio cabal de una democracia real (no sólo en su aspecto formal), sino con el mayor respeto del mundo a todas las personas, sin intimidación alguna. Es, en definitiva, lo que se plantea: la alternativa de un proyecto democrático no nacionalista, sin instituciones ni Estados de derecho paralelos, que no den lugar, como hasta ahora, a ningún resquicio totalitario.

Perdidos y muertos de miedo
EDUARDO MADINA/SECRET. GRAL. DE LAS JUVENTUDES SOCIALISTAS DE EUSKADI El Correo 1 Febrero 2004

En el Paraíso de la 'Divina Comedia', Borges decía de Dante que estaba perdido y muerto de miedo. Hoy algunos de nosotros nos preguntamos cómo estará Carod Rovira en el infierno de este país tantas veces incomprensible. No podemos sino verle como Borges a Dante, también perdido y muerto de miedo. Perdido por hablar de cosas de las que no sabe, porque Euskadi es un país demasiado complejo para todo el mundo, y también para él, aunque todavía no lo sepa.

Carod miró el ascenso electoral de ERC, creyó distinguir entre algunas nieblas políticas vientos de tregua y pensó, en las horas trágicas de su encuentro con los asesinos, que podría fiscalizar electoralmente una coyuntural tregua de ETA. Carod no sabe que legitimó políticamente a los terroristas, cuando es tan evidente que ETA no es un agente político sino sólo un grupo de desalmados que asesinan a gente inocente que no llegamos a comprender cómo alguien con tan poca inteligencia ha podido convencer a tantos para que le voten.

Hoy, Carod se agarra, en su naufragio, a la tabla fácil del diálogo. Y no sabe que haciéndolo se ríe, como tantas veces lo han hecho el PNV por acción y el PP por omisión, del necesario instrumento que el concepto de diálogo representa en materia de resolución de conflictos. En el difícil sendero hacia la libertad que Euskadi y España tendrán que afrontar más pronto que tarde existen diferentes fases donde el diálogo juega un papel instrumental. No es un fin en sí mismo, es un medio.

Un medio en una primera fase de diálogo entre los partidos políticos y en las instituciones, para dibujar un itinerario y una estrategia, compartida por todos, hacia la libertad y hacia el fin del terrorismo. Diálogo, como medio en una segunda fase, entre las instituciones y la ciudadanía en el refrendo social de las decisiones que van adoptando nuestros representantes políticos. Diálogo también como medio, en una tercera fase, entre los interlocutores gubernamentales y los de ETA para fijar los plazos de la entrega de las armas y las condiciones de la reinserción de los presos. Diálogo, en una cuarta fase, entre la propia ciudadanía y con el apoyo director de los grupos pacifistas para que, en materia de educación para la paz, orienten en la difícil tarea de la normalización y la reconciliación social.

Y diálogo también, en una quinta fase intergeneracional, para mantener viva la memoria de ese lago de la sangre donde una vez nos ahogamos y del que tan bien habló Imanol Zubero en esa película de Medem que siguen tratando de censurar. La memoria como instrumento para evitar caer en el futuro en las mismas trampas de exclusión y violencia identitaria.

Casi sin querer, en la demostración de todos sus miedos, Carod Rovira coincidió plenamente con esos otros que también están muertos de miedo ante la posibilidad de perder las instituciones centrales en la convocatoria electoral de marzo. Entre quienes conocían la infantil entrevista en Perpiñán y quienes lo publicaron, Carod actúo como correa de transmisión. Sirvió de instrumento para curar el miedo de quienes nos gobiernan, para demostrar que, a veces, nacionalismos y miedos de uno y otro signo pueden coincidir en una misma estrategia. Para conformar, entre ambos, una dialéctica binaria, aparentemente enfrentada pero colaboracionista en su fondo.

De estos encuentros en una confusa e insultante tercera fase adelantada, Carod sacó ridículos argumentos para plebiscitar los encuentros con ETA en los próximos comicios. Idus de marzo ante los que el PP no duda en traicionar al PSOE gestionando electoralmente informaciones privilegiadas. No es difícil distinguir una traición a los fundamentos del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo cuando un periódico se entera antes de los movimientos de ETA que los propios co-firmantes del Pacto.

Y, entretanto, cómo se va diluyendo la calidad democrática de este país, entre encuentros con asesinos y filtraciones interesadas. Cómo demuestran, unos y otros, sus miedos y cómo subyace, tras todo esto, una profunda gangrena de nuestro joven sistema democrático.

Se ha visto dañada la ilusión de los que creíamos que Cataluña crecería, con la izquierda, a partir de la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos catalanes y no a partir de ensoñaciones con teorías anticiudadanas de supuestas soberanías originarias e ilimitadas de las naciones. Se jugó electoralmente con la tragedia de un país incompleto por la falta de libertad de miles de vascos y murió, una vez más, la necesidad que todos tenemos de meter al ciudadano en el centro del debate, sacando para siempre conceptos patrióticos utilizados por gobernantes llenos de miedo ante el necesario debate social.

Así, Carod en su entrevista y el Gobierno en su filtración demostraron estar perdidos y muertos de miedo. Como Dante en el Paraíso de la 'Divina Comedia', como todos los que, también perdidos y muertos de miedo, se manifestaron en la ceremonia de los Goya contra la libertad de expresión.

En memoria de Fernando Buesa
Cartas al Director ABC 1 Febrero 2004

El dibujo de Mingote que publicaba ayer ABC me ha emocionado y agradezco su acierto. Los socialistas que han sido víctimas del terrorismo no dicen ahora nada porque, con su vida, ETA les arrebató también la voz. Pero su palabra todavía resuena en la cabeza de los que, estando vivos, aún mantenemos el dedo en el gatillo de la memoria. Mi hermano Fernando Buesa, unos meses antes de ser asesinado, dijo ante las Juntas Generales alavesas: «A nosotros nos guían las ideas, nos guía la política. Porque nos guía la política hemos dicho que en este país constitucionales y estatutarios tenemos que formar gobierno. Y como soy un hombre que acostumbra a comprometerse y a decir las cosas en voz alta, he dicho que si yo obtenía la confianza, no haría un gobierno con nacionalistas. A nadie he engañado».

Somos muchos los que deseamos que la actual dirección del Partido Socialista, honrando su memoria, retome el ejemplo de quien fue su secretario general en Álava. Entonces su sacrificio no habrá sido sólo desolación, su muerte no habrá sido vana.     Mikel Buesa.    Vitoria.

Inversión autonómica en Sanidad
Editorial La Razón 1 Febrero 2004

La gestión de un servicio público imprescindible, como es el caso de la Sanidad Pública, es un buen método para medir la verdadera capacidad de las Administraciones. Un examen, desapasionado, de la contabilidad regional permite hacerse una idea de cuál política sanitaria funciona dentro lo razonable y cuál otra resulta a todas luces desastrosa para los ciudadanos y, lejos de aportar mejor calidad asistencial, lastra las cuentas pública y endeuda al sistema sanitario.

Los datos hablan por sí mismos y, como hoy informa LA RAZÓN, se sabe que las regiones dirigidas por Gobiernos de partidos nacionalistas y socialistas siguen gastando a manos llenas en el capítulo de Sanidad pero figuran en los puestos de cola en cuanto a inversiones. No es lo mismo gastar que invertir y, por eso, cuando se decide destinar la parte del león del dinero público en aumentar por encima de la media nacional el sueldo del personal sanitario que depende directamente de los gobernantes autonómicos, en una política que tiene todos los ingredientes para poder ser calificada de clientelista y de cultivo del voto, no hay que extrañarse de que luego no queden fondos suficientes para invertir en mejora de la asistencia y que los niveles de eficacia no resistan comparación.

Este año, el País Vasco sólo destinará a inversión el 0,4 por ciento de su presupuesto para Sanidad; Cataluña invertirá el 1,8 por ciento y Andalucía el 2,7. Cifras que están demasiado lejos de la media nacional, situada en el 4,12 por ciento, y a años luz de distancia de Comunidades como La Rioja, gobernada por el PP, con el 12,9; o Cantabria, que lo fue también por los populares hasta el año pasado, que destinará el 14,6 a inversiones.
Las consecuencias de esta política de gasto clientelar y provinciano, las sufren luego los ciudadanos que disponen del personal sanitario mejor pagado, pero reciben asistencia ante la falta de medios. Y es que existe una relación directa entre las inversiones, destinadas a compras de nuevos materiales y equipos y mejoras de centros sanitarios, y la eficacia en la asistencia que reciben los enfermos, como se desprende de los estudios efectuados por el Sistema Nacional de Salud.

La garantía del derecho de todos los españoles a la Sanidad Pública, y a recibir las mismas prestaciones independientemente del lugar donde residan, pasa necesariamente por acabar con estas grandes diferencias y aplicar los mismos criterios en todas la Comunidades. La defensa de un sistema público sanitario verdaderamente eficaz, con vocación de mejorar en el futuro y mantener su elevado nivel internacional, precisa no sólo de esfuerzos presupuestarios e inversiones inteligentes, sino de un pacto de Estado por la Sanidad que, sin restar competencias a las respectivas Autonomías, sirva para reequilibrar el sistema y garantizar los derechos de todos los ciudadanos.

Gesto por el pluralismo
EDITORIAL El Correo  1 Febrero 2004

La manifestación que todos los años convoca Gesto por la Paz coincidiendo con el aniversario de la muerte de Gandhi se convirtió ayer en una modesta pero significativa movilización por el pluralismo y la convivencia. La moderación propia de la más veterana de las organizaciones cívicas que en Euskadi trabajan por la paz puede explicar la reducida afluencia ciudadana a su convocatoria. Pero el hecho de que a ella acudieran dirigentes y cargos electos de todos los partidos democráticos con representación parlamentaria representa la excepción que destacó la cita de ayer en Bilbao respecto a cuantas manifestaciones se producen en el País Vasco frente al terrorismo. Gesto ha tratado siempre de subrayar los valores de pacifismo y tolerancia determinantes para la recuperación de la convivencia en una sociedad que en demasiadas ocasiones se ha mostrado indiferente o impasible ante la extrema injusticia. Desde su nacimiento, este colectivo ha contribuido a que miles de ciudadanos vascos hayan acabado comprendiendo que la violencia y la coacción no pueden ser interpretadas ni mucho menos justificadas bajo la coartada de la persistencia de esos otros problemas de orden político que tienen sus cauces de resolución en el ámbito de la democracia y las instituciones. Lejos de toda ingenuidad fingida, el propio comportamiento de Gesto ha hecho realidad el principio de que sólo la paz puede conducirnos hacia la paz. La paz de Gesto es una paz sin adjetivos, aditamentos ni trueques, convertida en un fin en sí misma en igual medida en que el terrorismo es un problema en sí mismo.

La manifestación de ayer reflejó en buena medida la pluralidad que reclamaban sus convocantes. Pero la concurrencia de tan diversas opciones políticas en un mismo recorrido no puede obviar el hecho de que sus proyectos -los que albergan el nacionalismo y el no nacionalismo- se encuentran tan distantes que continúan amenazando con la división aun en la eventualidad de que el terrorismo desapareciera de Euskadi. La paz es un fin en sí misma. Pero la ausencia de violencia no garantizaría, sin más, la convivencia social sin imposiciones ni exclusiones. Especialmente si para la desaparición del terror la mitad de la sociedad ha de pagar un peaje de concesiones políticas que coincidan con las aspiraciones de la otra mitad. Es eso y no otra cosa lo que significan el diálogo y la negociación con ETA, supuesto que desgraciadamente han reverdecido en el ánimo de algunos dirigentes del nacionalismo vasco a raíz del encuentro entre Carod Rovira y la banda terrorista. Si a las rotundas desavenencias políticas que sobre el futuro del autogobierno separan al nacionalismo gobernante y al constitucionalismo se le uniera ahora la más vaga tentación de incorporar nuevamente a ETA como factótum de la discusión, las esperanzas de pluralismo y convivencia quedarían rotas por una involución que devolvería a Euskadi a los peores momentos del pasado reciente y concedería al terror el sustento que el Estado de Derecho le ha arrebatado en los últimos años.

Los empresarios, preocupados por la crisis del tripartito en Cataluña
BARCELONA. J. C. VALERO/ E. ARMORA ABC 1 Febrero 2004

La CECA ha detectado «desasosiego» entre los responsables de cajas catalanas que ven con honda preocupación la situación creada por el ejecutivo

Mientras Pasqual Maragall y sus socios del tripartito aseguran que la crisis desatada por la entrevista entre Carod-Rovira y ETA está totalmente «zanjada» -la cuarta en el seno del nuevo ejecutivo catalán en menos de 40 días-, entre los agentes sociales aumenta la intranquilidad. Patronales y sindicatos catalanes observan con preocupación cómo se tambalean los cimientos del Gobierno autonómico y temen que la crisis salpique a las empresas, si no de inmediato, sí en un futuro próximo.

En plena efervescencia de deslocalizaciones y despidos, sindicatos y empresarios reclaman al Ejecutivo una estrategia de consenso para gestionar las crisis actuales y prevenir otras nuevas, aunque la Generalitat, inmersa en sus conflictos internos, prima la agenda política. La Administración reconoce que las decisiones se han paralizado y prefiere no pronunciarse respecto al tiempo en que el motor del Ejecutivo permanecerá en punto muerto.

En este sentido, el presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), Juan Ramón Quintás, asegura que ha detectado «desconcierto en Cataluña» como consecuencia de las circunstancias políticas que atraviesa el gobierno autonómico. Quintás, que visitó Barcelona para pronunciar una conferencia en la Fundación Caixa Sabadell, recuerda que, históricamente, lo que ha sido bueno para Cataluña lo ha sido también para el resto de España y viceversa, «pero con lo malo ocurre lo mismo». El presidente de la CECA reconoce que colegas suyos de cajas catalanas han manifestado su desasosiego por la situación, lo que a su juicio «resulta preocupante, porque Cataluña siempre ha proporcionado sentido común a España».

«Todo está paralizado» «Todo está paralizado y las decisiones se toman a cuentagotas», confesaba a ABC un alto cargo de la Generalitat que prefiere mantenerse en el anonimato.

Muchas empresas e instituciones locales asisten «desconcertadas» a la agenda política a la que se ve sometido el ejecutivo catalán y reconocen, más o menos abiertamente, su preocupación por la situación planteada por el «caso Carod» y sus repercusiones en el resto de España. Mientras, la Generalitat intenta calmar los ánimos y asegura que la crisis no afectará a la imagen exterior de Cataluña. «Los cambios que se están produciendo en el Gobierno no causan intranquilidad de ningún tipo ni en el terreno económico ni en la calle», afirmaba el viernes el consejero de Comercio y Turismo de la Generalitat, Pere Esteve.

Los empresarios confían en que el paréntesis «dure poco» y que la Administración autonómica recupere en breve el equilibrio interno y se ponga manos a la obra. De lo contrario, según las patronales, la imagen de Cataluña podría resultar dañada y también la salud de la economía. El secretario general de Fomento del Trabajo, Joan Pujol, insiste en la necesidad de que la tormenta institucional se aplaque lo antes posible para que Govern y agentes sociales se reencuentren definitivamente y avancen de la mano en la búsqueda de una estrategia que permita «afrontar de una manera global el problema de las deslocalizaciones».

«Philips y Samsung decidieron instalarse aquí hace unos años porque había unas condiciones, no sólo salariales, sino más bien estructurales, que les resultaban sumamente propicias. La imagen que reflejaba Cataluña en aquel entonces era atractiva. Si la crisis no se resuelve en breve, corremos el riesgo de que perder esa imagen, lo que frenaría posibles inversiones extranjeras y repercutiría negativamente en la economía», indicó a ABC el secretario general de Fomento.

Pujol se resiste, sin embargo, a ser pesimista del todo. «Cabe esperar que el nuevo Gobierno se restablezca y que pongan en práctica lo que han anunciado», afirma Pujol. El secretario general de Fomento rompe una lanza a favor del tripartito y asegura que «no tenemos argumentos para pensar que no va a ser un gobierno pro-economía».

«Efectos impredecibles» El presidente de Pimec-Sefes, Josep González, coincide con el responsable de Fomento en que si el «parón» de la Administración se prolonga los efectos sobre la empresa y la economía catalana «son imprecedibles». González se muestra cauto a la hora de valorar la actuación del nuevo Ejecutivo, ya que, según apunta, «todavía no ha cerrado la fase de reestructuración interna». Destaca, no obstante, que es vital que en un corto espacio de tiempo el Gabinete de Maragall se active «si no queremos perder posiciones en el escenario internacional». Según González, «es vital una reflexión general y más profunda sobre el problema, que analice cómo se pueden evitar las fugas empresariales y cómo, a su vez, se puede atraer más inversión extranjera». Por su parte, el presidente de la patronal Cecot, Eusebi Cima, insiste también en la necesidad de que la Administración se siente con los agentes sociales para reflexionar sobre las deslocalizaciones.

Al igual que Pujol y González, el responsable de la patronal egarense hace hincapié en que si la crisis se prolonga, los efectos sobre el tejido empresarial catalán serán sin duda negativos. Cima prefiere no precipitarse tampoco al juzgar al nuevo gobierno de izquierdas. «Todavía están calentando motores», apunta. Las fuerzas sindicales hacen un análisis parecido de la situación. Fuentes sindicales expresan a ABC su preocupación por los posibles efectos de este desequilibrio institucional, aunque aseguran que «no hay alarma, sólo una preocupación lógica».

Jaume Collboni, secretario y portavoz de Relaciones Institucionales del sindicato UGT de Cataluña admite que la actual tormenta institucional «no es positiva ni para la economía ni para la imagen de Cataluña». Descarta, sin embargo, cualquier relación causa-efecto entre las deslocalizaciones y la coyuntura política. Con respecto a la actitud del gobierno tripartito, apunta que «aunque es pronto para juzgar, está claro que la crisis ha ralentizado el despegue del nuevo ejecutivo catalán». Desde la oposición, el Partido Popular se recrimina también al ejecutivo de Maragall el «inoportuno parón» y le advierte de los posibles efectos del mismo en la economía. Dolors Nadal, cabeza de lista del partido en Barcelona para las próximas generales, aseguraba ayer que «no hay peor crisis económica que la política».

La Caixa, la compañía catalana de mayor peso y proyección observa la tormenta política desde la barrera y con cierta tranquilidad. La entidad no cree que la onda expansiva de la crisis política le alcance. La Caixa se ha convertido en un titán de la economía española gracias al extraordinario crecimiento que ha realizado en los últimos años fuera de Cataluña y Baleares, donde tiene nada menos que 2.639 oficinas, lo que supone el 57 por ciento del total de su red. La magnitud de La Caixa fuera de su comunidad de origen la convierten en un referente de la imagen de Cataluña en el resto de España.

La Caixa, a salvo de la tormenta A juicio del presidente de la entidad, Ricardo Fornesa, la crisis que sacude la política catalana y nacional por el «caso Carod» «no desencadenará ningún tipo de anticatalanismo». Fornesa niega en cualquier caso que «nos vaya a afectar a nosotros, que tenemos un nombre tan expresivamente catalán, sobre todo porque «focalizamos» nuestra atención exclusivamente hacia el cliente, y nos hemos mantenido invariables en todas las situaciones políticas y ante cualquier presión». Para ilustrar sus argumentos, Fornesa desliza la «anécdota» de una carta que recibió en 2003 de un cliente de Ciudad Real «preocupado» por «manifestaciones de independentismo» en el nuevo gobierno catalán. El presidente de La Caixa respondió personalmente la misiva para decirle que «el nexo con nuestros clientes es intocable y no influenciable por ninguna gestión política».

Mayor denuncia el «silencio» del PSOE ante la «estrategia de ruptura» del nacionalismo
LABASTIDA EL CORREO 1 Febrero 2004

Jaime Mayor Oreja criticó ayer el «silencio confuso» del PSOE frente a la «grave estrategia de ruptura» que, en su opinión, han puesto en marcha el PNV, ERC y ETA. Además, denunció que el nacionalismo está tratando de «sustituir la vanguardia del terrorismo a favor de un proyecto de ruptura democrática en España», con un «guión que ya está escrito: el plan Ibarretxe y el plan de Carod Rovira».

El líder del PP vasco y candidato por Álava al Congreso de los Diputados hizo estas declaraciones en la localidad alavesa de Labastida, donde participó en una comida junto a unos 300 interventores y apoderados de la formación popular. Al acto asistieron, entre otros, el diputado general, Ramón Rabanera, el alcalde Alfonso Alonso, el delegado del Gobierno en Euskadi, Carlos Urquijo, y la vicepresidenta de la Comisión Europea, Loyola de Palacio.

Mayor insistió ante los presentes en que «el guión de la ruptura está escrito» y consideró que «los actores son el PNV, ERC y ETA», mientras que «los productores y motores» del filme serían «los gobiernos vasco y catalán», este último, con el «arbitraje de ERC».

«Tenemos que atrevernos a decir que no a lo que algunas minorías, arropadas por ETA, pretenden para el futuro de nuestra tierra y para el conjunto de España», señaló. En este sentido, fijó como una obligación de los populares vascos ganar las próximas elecciones generales en Álava y en España para «decir sí a la Constitución, sí a la autonomía y sí a la libertad y no a la ruptura y al plan Ibarretxe».

Entrevista | Jaime Mayor Oreja
«No abdicaré ni abandonaré la política vasca»
Carmen Martínez Castro Madrid La Voz  1 Febrero 2004

Jaime Mayor Oreja fue el ministro mejor valorado los ejecutivos de Aznar. Abandonó el gobierno para articular una alternativa al nacionalismo vasco y en esa guerra perdió la batalla por el liderazgo de su partido. Admite que sus profecías, habitualmente sombrías, no gustan ni a sus compañeros de partido. La penúltima ocasión en que llovió azufre sobre su cabeza fue hace tres meses, cuando, en plena campaña electoral, predijo que los herederos de Pujol acabarían en contacto con los herederos de ETA. Esta semana hemos sabido que Carod Rovira se entrevistó durante seis horas con el máximo responsable de la banda terrorista.

-Lo de menos es lo que yo pudiera decir. El escandaloso episodio de la entrevista arroja tres sencillas conclusiones.

Primera: Batasuna y ETA son lo mismo. Mikel Antza, responsable máximo del aparato político de ETA va de la mano de Josu Ternera, representante de Batasuna, a entrevistarse con Carod.

Segunda: cuando los partidos nacionalistas se radicalizan o están en un proyecto de ruptura necesitan hablar con ETA. Lo hizo el PNV en Estella y lo acaba de hacer ERC en Perpiñán.

Tercera: la estrategia actual del PSOE, la "maragalización", facilita el desafío nacionalista. Es una excusa más para la radicalización.

-La filtración de la entrevista, ¿ha puesto en riesgo la seguridad o la eficacia de los servicios de inteligencia?
-Ese argumento es una excusa, una cortina de humo. El PSOE recurre a todo para no aceptar que cometió un grave error.

-Hablemos de otro asunto polémico. El famoso artículo 155 de la Constitución que contempla la posibilidad de suspender una autonomía. Usted insiste en la conveniencia tener previsto su desarrollo; pero también en esta cuestión parece haberse quedado en minoría dentro de su partido.
-La próxima legislatura se va a caracterizar por el intento de ruptura de dos gobiernos: el vasco y el catalán. Ante esta situación debemos facilitar al Gobierno de España todos los instrumentos políticos, legales y constitucionales para hacer frente a ese desafío.

-Pero esas reformas no se pueden llevar a cabo sin el concurso y la colaboración del partido socialista.
-Todo debería hacerse con el PSOE, pero el PSOE ha pactado en Cataluña con un partido independentista que se entrevista con ETA. Después de las elecciones generales el PSOE tiene que coincidir con nosotros, no ya en el desarrollo del artículo 155, sino en el diagnóstico de la situación.

-Dijo usted en su día que el plan Ibarretxe era la herencia de ETA y Carod la herencia de Pujol. ¿Cuál es la herencia de Aznar? ¿Una España tensionada, como asegura la oposición?
-No, la herencia de Aznar es una España con ETA en el peor momento de su historia. Lo que sucede es que, además de la violencia terrorista, hay otros asuntos no resueltos. Los crímenes de ETA han enmascarado y ocultado los problemas territoriales de España. Cuando el terrorismo disminuye, aflora el problema del nacionalismo y, sin ETA, es más fácil el entendimiento entre el nacionalismo catalán y el vasco -Josu Jon Imaz acaba de ser elegido presidente del PNV frente al candidato de Arzalluz. Esta circunstancia y su estilo más dialogante han suscitado ciertas esperanzas.

¿Comparte usted ese optimismo?
-Imaz no va a cambiar nada en el nacionalismo vasco. La hoja de ruta está absolutamente trazada y pasa por la destrucción y la fractura del marco constitucional como primera etapa. El plan Ibarretxe puede morir por desavenencias internas y ya se están produciendo síntomas en esa dirección. Pero, fundamentalmente, puede morir porque sea derrotado en las urnas.

-Después de una larga reflexión usted ha aceptado la oferta de Mariano Rajoy de volver a la política nacional y encabeza la candidatura del PP a las generales por la provincia de Álava. ¿Significa ese movimiento una renuncia a seguir al frente del PP vasco?
-Esa decisión aún no está tomada. Primero hay que ver qué decimos los vascos el 14 de marzo; en función de ese resultado veremos si se produce una renovación del PP vasco y si conviene designar ya un candidado. Todo está abierto, pero yo estaré presente, de un modo u otro, en el papel que me corresponda. No abdicaré, ni abandonaré la política vasca.

-¿Ha renunciado a su idea de buscar un candidato independiente que pueda aglutinar el voto de los partidos constitucionales en las próximas elecciones autonómica vascas?
-Vamos a ver qué sucede en las elecciones. Luego decidiremos la oferta vamos a plantear a los ciudadanos y, en último lugar, qué persona puede encarnarla. Esa posible unión constitucional no puede ser un ensayo de laboratorio. Además es muy importante la opinión y la decisión que adopten los movimientos sociales de defensa del constitucionalismo que han surgido a lo largo de estos meses, Foro de Ermua, Basta Ya, Fundación para la Libertad, etc.

-¿Conseguirá Rajoy una nueva mayoría absoluta del PP?
-Mariano Rajoy debe ser presidente por una mayoría clara. Pensando en España más que en el PP o que en el propio Rajoy. Siempre he creído que es un error pedir la mayoría absoluta en la campaña electoral, pero en esta ocasión pido la mayoría absoluta para Mariano Rajoy porque después de 25 años de vigencia de la Constitución estamos ante su primer desafío político serio. Va a ser la legislatura del gran reto nacionalista. Más que nunca es el debate de una mayoría frente a las minorías nacionalistas.

Gallardón recibió al autobús de «¿Basta Ya!»
Redacción - San Sebastián/Madrid.- La Razón  1 Febrero 2004

Cientos de madrileños dieron su apoyo ayer por la tarde en la Puerta del Sol a los concejales de PP y PSE integrantes de la Plataforma «¿Basta Ya!» que viajan por España para dar a conocer la razones de su causa en defensa de la libertad. A pesar de la intensa lluvia, el «autobús de la libertad», como lo han bautizado los integrantes de la plataforma, realizó a las 18:15 horas su parada en la capital española para explicar a la ciudadanía su oposición al Plan Ibarreche y reclamar la solidaridad de los madrileños. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y el vicepresidente de la Comunidad Autónoma, Ignacio González, recibieron a la caravana.

Con gritos de «ETA no» y «basta ya», una gran mayoría de los madrileños que acudieron a la Puerta del Sol pidieron firmar en los folios de apoyo que transporta el autobús, en cuyo exterior se puede leer el lema «Necesitamos libertad. Basta Ya». «Tenemos una doble amenaza», dijo a Efe el concejal del PP en San Sebastián Ramón Gómez, para explicar que «además de la falta de libertad a la que nos vemos sometidos el Plan Ibarreche es también una amenaza». Afirmó que este plan está diseñado «por y para los nacionalistas» y criticó al «lendakari», Juan José Ibarreche, por «preocuparse más de sacar su plan adelante que por conseguir la igualdad y la libertad para todos los ciudadanos».

Por su parte, la dirigente socialista Rosa Díez manifestó que «en este autobús viaja el partido de la libertad, que busca no sólo la solidaridad, sino también la concienciación de la ciudadanía contra el fascismo y el totalitarismo».

La llegada a la Puerta del Sol de la caravana de «¿Basta Ya!», que salió ayer por la mañana de San Sebastián para recorrer diversas ciudades españolas, coincidió con una concentración por la regularización de los inmigrantes convocada por la Red Ciudadana por la Igualdad que congregó a varios centenares de personas, que se fundieron con los recién llegados.

La plataforma «¿Basta Ya!» repartirá la jornada de hoy entre Madrid y Toledo ¬después de haber pasado por Burgos ayer en su viaje a Madrid¬, tras lo cual se desplazarán el lunes a Córdoba y Sevilla, para finalizar un día después su recorrido en Cádiz con un acto en la Iglesia de San Felipe Neri, donde se proclamó la Constitución de 1812.
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