AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 2 Febrero 2004
Dos actos
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  2 Febrero 2004

Alcaldes del PAR claman contra Iglesias por la imposición del catalán
M. S. González - Madrid.- La Razón  2 Febrero 2004

«No nos entienden» versión catalana
Iñaki Ezkerra La Razón  2 Febrero 2004

Política esperpéntica
Luis González Seara La Razón  2 Febrero 2004

La aberración
Luisa Palma La Razón  2 Febrero 2004

Clarísimo Bono
Luis María ANSON La Razón  2 Febrero 2004

Libertad de expresión para todos
Editorial La Razón  2 Febrero 2004

CATALUÑA Y LA MAYORÍA ABSOLUTA
Jorge TRIAS SAGNIER ABC 2 Febrero 2004

INVIABILIDAD DEL GOBIERNO TRIPARTITO
Editorial ABC 2 Febrero 2004

ESO SÓLO ES EL PRINCIPIO
Valentí PUIG ABC 2 Febrero 2004

Ingenuidad desleal
Antonio García Trevijano La Razón  2 Febrero 2004

Zapatero, ¿cómo Ruth Porta
Carlos Dávila ABC 2 Febrero 2004

Ambigüedad inaceptable
Cartas al Director ABC 2 Febrero 2004

Bono: «Los nacionalistas deben saber que preferimos la dignidad al gobierno»
FRANCISCA RAMÍREZ ABC 2 Febrero 2004

Los madrileños arropan al grito de ETA no la llegada de la caravana de la libertad
EFE Libertad Digital  2 Febrero 2004

Basta Ya pide a la sociedad «paciencia» en la «larga batalla» contra el terrorismo
J. V. MUÑOZ COLPISA. TOLEDO El Correo 2 Febrero 2004
 

Cataluña
Dos actos
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  2 Febrero 2004

La noche del viernes asistí a un acto en Barcelona; la noche del sábado presencié otro, celebrado en Madrid, por televisión. El del viernes contó con las intervenciones, entre otros, de Daniel Portero, portavoz de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, de la socialista Gotzone Mora y de los populares Alejo Vidal-Quadras y Carmelo Barrios, vicepresidentes respectivamente de los parlamentos europeo y vasco. En el del sábado hablaron Icíar Bollaín, Isabel Coixet, Mercedes Sampietro, Cayetana Guillén y muchos otros.

El viernes se celebraba la primera edición del premio Convivencia Cívica, que fue a parar a los responsables de la seguridad personal de los amenazados por ETA, los escoltas de los diversos cuerpos y fuerzas de seguridad, personas que se juegan la vida cada día para que siga siendo posible la libertad. El sábado se entregaban los premios Goya a las gentes del cine español, que se juegan una vida de glamour si se siguen reduciendo las subvenciones, habida cuenta de su incapacidad para vivir según las leyes del mercado por las que nos regimos todos los demás.

Me costará olvidar la sensación de rabia y de tristeza que me produjo comprobar el ambiente casi clandestino del acto de Convivencia Cívica Catalana, en la oscura soledad del Parque de la Ciudadela, junto al Zoo. Y en ese escondite, vestidos de gala, los representantes de la policía nacional, la guardia civil, la policía foral navarra, los mossos d’esquadra y la policía municipal de Barcelona. Pronto olvidé los bostezos que me provocó el acto de entrega de los Goya y la vergüenza ajena en la que, sabe Dios por qué, me hunden las bromitas de los guionistas de este suplicio anual que difunde la primera de TVE.

El viernes no hubo apenas entre el público representantes institucionales: sólo recuerdo a la delegada del gobierno en Cataluña. El sábado distinguí a una ministra y a un presidente autonómico. En el acto semiclandestino de Barcelona, restados los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad premiados y los escoltas de servicio que protegían a los presentadores, el público real lo formábamos apenas treinta personas; entre ellas, ningún representante de ningún partido político. La cobertura mediática fue inexistente. Lo del sábado estaba a rebosar, habría acudido medio Madrid si el aforo lo hubiera permitido; en todo caso, lo vio media España por la televisión pública. Extrañamente, todos reivindicaban en Madrid la libertad de expresión mientras que en Barcelona nadie se había quejado del aplastante silencio al que se somete a los amenazados de muerte.

Las víctimas del terrorismo, con toda lógica, quisieron aprovechar el eco fabuloso de los Goya para expresarse y para recabar el apoyo de actores y directores. No lo obtuvieron. En realidad, sólo la policía evitó que las víctimas del terrorismo fueran atacadas por una contramanifestación organizada por los simpáticos actores. Su calor y su apoyo lo reservaban para Julio Medem, que, según creo, no necesita escolta. Se supone que los actores viven de emocionarnos, pero la emoción que transmitieron Daniel Portero y Gotzone Mora a los cuatro gatos que nos reunimos en Barcelona la víspera de los Goya no la consiguen todos estos profesionales del sablazo en toda su vida.

Alcaldes del PAR claman contra Iglesias por la imposición del catalán
«Nuestro partido es el único que puede parar esto», asegura el vicepresidente de la formación en La Litera
No parece que los alcaldes del socio de Gobierno del socialista Marcelino Iglesias vayan a quedarse callados si éste lleva a cabo las reformas lingüísticas que pretende. Así lo ha constatado este periódico en numerosos municipios regidos por el Partido Aragonesista situados en la zona oriental de Aragón.
M. S. González - Madrid.- La Razón  2 Febrero 2004

L a reactivación de los planes de «catalanización» del Aragón oriental, anunciada recientemente por el propio jefe del Ejecutivo aragonés ante un medio de comunicación, no ha sentado nada bien entre los regidores de los municipios afectados que pertenecen al socio de Gobierno de éste, el PAR.

Así, el vicepresidente de la formación aragonesista en la comarca de La Litera, y concejal de Altorricón, Héctor Castro, quiso asegurar ante este periódico que «las bases del PAR tenemos claro que el catalán no es nuestra lengua». De hecho, afirmó que su partido es «el único que puede frenar esta situación, ya que parece que Iglesias va de la mano con Maragall» y «la Cha se ha constituido como valedora del catalán en Aragón».

El edil no quiso desaprovechar la oportunidad de denunciar que fue la propia Chunta Aragonesista la que «catalanizó a traición» los nombres de la comarca de La Litera, ya que, según dijo, «tiene intereses con ERC».
«Creo y deseo que el PAR está por la labor de defender la lengua de Aragón y que apostará por la cooficialidad del Aragonés, con sus variantes, y el castellano», aseguró, y añadió que «estamos contra la invasión del catalán y los paisos catalan´s».

Por ello denunció «la falta de respuesta de las autoridades aragonesas» y que los que defienden la «fabla» se han aliado con los que quieren el catalán para «repartirse el pastel de manera artificial».

«No me gusta el catalán»
Pero Castro no es el único dirigente de la formación molesto con las palabras de Iglesias. Jaime de Salas, regidor de San Esteban de la Litera, otro de los municipios afectados por la imposición del catalán, afirmó que «a mí, personalmente, lo del catalán no me gusta nada». Según relató, en su municipio y en otros de la zona oriental de Aragón, han «sufrido una catalanización forzosa a través de la televisión» y otros medios que provocará que se pierdan sus señas de identidad.

«Acabará siendo todo catalán y es una pena», dijo De Salas, quien añadió que «pretenden que todo el mundo hable barceloní. En mi municipio se habla castellano, pero acabará hablándose catalán, lo tengo muy claro». Por todo ello concluyó de manera tajante: «¿El catalán, en la franja, no!».

Enrique Badía es otro de los alcaldes del PAR cuyo municipio, Fonz, se ve afectado por la reforma lingüística que pretende impulsar el Partido Socialista. Badía defiende que en su municipio se habla Ribagorzano, «que no es catalán». Según explicó, en esa zona, el idioma es más parecido «al castellano del Cid que a cualquier otro lenguaje» y aseguró que el idioma ha cambiado muy poco desde 1700. Por ello anunció que entre sus proyectos está el de crear un Instituto que defienda su idioma, el Ribagorzano, frente a las invasiones culturales y afirmó que «un Aragón trilingüe no puede salir adelante».

El alcalde de Ráfales, un municipio turolense de la zona oriental, Fernando Cavero, se mostró a su vez muy crítico con las medidas de política lingüística que se han tratado de llevar a cabo hasta la fecha, y dijo que «el Gobierno debería contar con los pueblos afectados por este tipo de medidas».

Según Cavero, «hasta la fecha no ha habido un debate serio sobre el tema, parece que tengan miedo a hacerlo». Tampoco Cavero ahorra en críticas a las ansias catalanizadoras y afirma que «si mal no recuerdo, la Corona de Aragón eran más de Cataluña, Baleares, Valencia, Aragón, Córcega... no entiendo por qué tenemos que adoptar nosotros su lengua». «Lo que peor me sienta -concluyó el regidor- es que se perderá el lenguaje autóctono de cada municipio, que es el que los padres enseñaron a los hijos, es decir, nuestra propia identidad».

«No nos entienden» versión catalana
Iñaki Ezkerra La Razón  2 Febrero 2004

En los años de la Transición los nacionalistas vascos consiguieron hacer popular una frase que se utilizaba como un comodín en medio de un debate político que entonces era un caótico rifirrafe transferencial adobado con los asesinatos de ETA: «Es que en Madrid no nos entienden a los vascos». Creo recordar un artículo de Savater en el que hablaba de este latiguillo que incluso llegó a cuajar en los sectores más democráticos de la Euskadi de entonces. Gentes del PSE y no digamos ya de Euskadiko Ezkerra la soltaban en cuanto surgía una polémica en los medios de comunicación en referencia al goteo competencial o a la incapacidad de la sociedad vasca para reaccionar contra el terrorismo. De algún modo triunfó aquella frase. Se impuso incluso en las tertulias radiofónicas de fuera del País Vasco. En toda España llegó a cuajar una suerte de miedo a ser acusado de no entender a los vascos y a no entenderlos realmente. Y, sin duda, donde más éxito tuvo esta frasecita recurrente fue en Madrid. No podía ser de otro modo.

Han pasado los años y ahora observo con perplejidad que aquella coletilla, aquel tópico vuelve pero esta vez en versión catalán y con las demandas de reforma estatutaria reclamadas con el mismo ímpetu en la última campaña para las autonómicas tanto por parte de Esquerra Republicana como de CiU. La nueva situación creada por el pacto del PSC con Esquerra Republicana lejos de sepultar esa tesis de la incomprensión que sufre el nacionalismo ha reeditado con más entusiasmo que nunca. En estas últimas semanas ha sido el propio Josep Piqué el que ha explicado a la cúpula de su partido que no debía criticar demasiado agriamente la alianza de Maragall con Carod-Rovira sino esperar a los hechos porque en Cataluña «se vivía ante esa situación una percepción distinta a la que podía tenerse desde Madrid».

Ahora ya hay hechos: la cita de Carod-Rovira con ETA. La clave está en esas dos palabras, «distinta percepción», que son una versión renovada del viejo «no nos entienden» de los nacionalistas vasco y ante la que nos debemos poner en guardia. Se pretende que renunciemos a toda crítica, que paralicemos el juicio en aras de algo que no es que no entendamos sino que nunca podremos entender porque no estamos intelectualmente dotados para ello por una extraña suerte de condicionamientos genéticos.

Deseo de verdad que ese «no nos entienden» y esas «percepciones distintas» que se oyen en Cataluña sean desenmascaradas a tiempo por la lógica, la sensatez y el deseo sincero de descifrar el presente, Y que no tengan dentro de un cuarto de siglo las mismas consecuencias que han tenido en Euskadi.

Política esperpéntica
Luis González Seara La Razón  2 Febrero 2004

Es inevitable que la política se halle y se vea emparentada con el teatro. La representación y el juego dramático se parecen mucho a la representación escenificada que se desarrolla en un parlamento o un tribunal de justicia. Algunas veces, la representación corresponde a las formas más profundas de la tragedia y del incierto destino de los individuos y los pueblos; y, a veces, se desliza por los parajes más superficiales de la comedia.

Pero hay ocasiones de tan bajo tono vital o de tan acusada ramplonería política, que la representación exige la farsa como forma preferente para desarrollar la acción. Es lo que , en un determinado momento de la pasad historia española, Valle Inclán reflejó con su género bufo del esperpento. Fue un gran acierto. Cuando se camina por las varias sendas del mundo y se recala en un patio de vecindad, alterado por el griterío aldeano, lo mejor que pueden hacer los héroes clásicos es, efectivamente, ir a pasearse por el callejón del Gato y reflejarse, deformes, en sus espejos cóncavos.

El esperpento, aparte de sus excelencias estéticas, resulta el modelo ideal para encuadrar personajes tan pintorescos como Ibarreche o Carod-Rovira. De Ibarreche ya había materia suficiente para situarlo en la vanguardia de los personajes esperpénticos.

Carod-Rovira era mucho menos conocido, pero ahora marcha a situarse «en cap», a toda velocidad y con el impulso de ETA y otros dialogantes igual de pacíficos. Uno de los rasgos más esperpénticos de Rovira es su pretensión de separar su condición de conseller en cap de la Generalitat, de la Secretaría de Ezquerra, para endilgar a esta última la responsabilidad de la entrevista con los asesinos de ETA, sin decirle nada al presidente Maragall, que andaba de viaje por tierra de infieles.

Y aún es más esperpéntica su cita a ciegas con los etarras, conducido hacia un lugar desconocido como si fuera un mafioso poco de fiar, para verse las caras con interlocutores sin determinar, con el propósito de que prometieran no matar en Cataluña. La culminación del esperpento estaría en que, hecho el trato, a Rovira lo volaran los etarras en Zaragoza, como enviado de Maragall para la restauración de la Corona de Aragón.

Estos finales esperpénticos amenazan con anidar en el PSOE de Zapatero, sobre todo si se empeña en querer resolver sus problemas y meteduras de pata -como la del pacto con Carod-Rovira- echándole la culpa al PP, incluso de la surrealista entrevista de Carod con ETA y de la tomadura de pelo que Maragall y Rovira le hicieron a Zapatero y a su vibrante y desobedecida «exigencia».

Lo ocurrido a Zapatero se parece a un esperpento de Valle, donde el cornudo Friolera es emplazado por sus jefes para que borre la afrenta y se pegue un tiro. Recluido en un cuarto, dispara al aire por la ventana abierta y mata a un «voyeur», subido a una higuera para espiar los escarceos de una moza. En el caso Rovira, el derribado de la higuera resultó ser, según unos, Pepiño Blanco. Según otros, el propio Zapatero. Rovira sigue gozando de buena salud. No piensa suicidarse.

La aberración
Luisa Palma La Razón  2 Febrero 2004

El Gobierno del PP ha combatido a ETA dentro de la legalidad. Los gobiernos del PSOE no, recuérdese el GAL. Carod Rovira negocia con ETA, con la muerte, con los verdugos de unas víctimas atónitas ante tanta desvergüenza. Carod, socio de los socialistas, no es tonto, ni mesiánico, ni ingenuo como algunos quieren hacer creer. Lo ha hecho porque va contra el Estado y, además, no se arrepiente. A Carod no sólo no le ha pasado nada, sino que Maragall le ha permitido la salida de concurrir a las generales cuando debería haberlo fulminado. Encima le dice que tiene «la puerta abierta» para volver a su gobierno. En plena precampaña, el PSOE, consciente de que como partido se tambalea entero, piensa que su única salida es volver la tortilla contra el PP.

En el colmo del delirio, Maragall disculpa como «ingenuidad» la aberración de Carod y dice que la prefiere «a la pasividad del PP ante ETA». ¿Estamos locos? ¿Se puede tachar de «pasividad» al único Gobierno que ha conseguido acorralar contra las cuerdas a los terroristas, o acaso a su presidente, quien sufrió un atentado en sus carnes y salió vivo de milagro? Pero no, no hay locura en ello. Lo que hay es peor. Son intereses inconfesables los que llevan a restar importancia a la traición de Carod y a culpar al PP de que se haya conocido. Ése es el fondo y lo más grave. Otra cosa son las formas.

Clarísimo Bono
Luis María ANSON La Razón  2 Febrero 2004
de la Real Academia Española

«Hablando con los asesinos no se entiende la gente», ha dicho José Bono a la plataforma «¿Basta ya!». Y con esas certeras palabras no ha querido enmendar al Rey, sino aclarar lo que Juan Carlos I dijo a Ernest Benach en la reciente audiencia que concedió a este personaje menor, encaramado a la presidencia del Parlamento catalán. Hablando se entiende la gente con los partidos democráticos nacionales y nacionalistas, con los sindicatos, con los empresarios, con los grupos culturales y las asociaciones sociales, con todos, independentistas o nacionales, católicos o budistas, heterosexuales o gays, con todos los que no se sitúan fuera de la ley y utilizan la violencia, el crimen y el terrorismo como argumentos para dialogar.

Bien por Bono. Un diez para sus declaraciones de ayer en las que, tras exhibir su bien engrasada musculatura política, demuestra que es un hombre de Estado, que es un político en conexión con la opinión pública mayoritaria, que es un líder instalado en la moderación y el buen sentido.

«Hay que hablar con los nacionalistas pero haciéndoles saber que preferimos la dignidad al gobierno», afirmó ayer el presidente castellano manchego, para añadir una verdad tan grande como el edificio del nuevo Ayuntamiento de Gallardón: «A Carod le puede recibir Eta con los ojos tapados, a mí me recibiría con un tiro en la nuca». José Bono ha sabido alinearse con la España de vanguardia, la España joven unida a Europa, superadora de políticas aldeanas y de campanario, ajena a «la España arcaica, cañí y trabucaire en la que no sería difícil encontrar ideas de Arzallus y de algunos dirigentes de ERC».

Bono encarna el espíritu del gran PSOE, el que a partir de 1978 supo representar a la izquierda nacional, el PSOE que nuestro país necesita para hacer frente a los intentos de fractura de la unidad patria, para que no se fragilice nuestro armazón constitucional, para emprender en consenso con el otro gran partido democrático, como se hizo en 1978, las reformas imprescindibles y que podamos caminar todos juntos, discrepantes pero dialogantes, sin volver la vista atrás, hacia el viejo destino cainita de España, pues eso nos convertiría de nuevo, como a la mujer de Lot, en estatuas de sal.

Libertad de expresión para todos
Editorial La Razón  2 Febrero 2004

El mundo del cine, representado en la gala de los Goya, no estuvo a la altura de las circunstancias y dejó pasar una magnífica ocasión para pronunciarse con fuerza y de forma inequívoca en contra de ETA y en favor de las libertades para todos, y especialmente para los que viven bajo la amenaza directa de la banda terrorista. Y la verdad es que no se pedía gran cosa a quienes parecían sentirse más amenazados por los ataques verbales de los miembros de las asociaciones de víctimas que por los pistoleros de la banda asesina. Es una primera interpretación que se desprende de intervenciones de los premiados y de la exhibición de pegatinas pidiendo libertad para expresarse.

La libertad de expresión es una garantía constitucional básica, que no puede quedar limitada, y por ello se debe asegurar que Medem pueda filmar, sin recortes a su capacidad de creación, un documental en el que exponer lo que quiera. De la misma forma, también los actores o el propio Medem deben soportar el ejercicio de libertad que supone la crítica, por más que resulte feroz, de las asociaciones de víctimas del terrorismo y, al menos, comprender el rechazo que para todos ellos supone la equiparación entre asesinados y asesinos, entre víctimas inocentes y verdugos sangrientos, como platos opuestos de una balanza miserable, en la que el fiel permanece en cómoda ambigüedad.

Si el mundo del cine se implicó tan intensamente contra la guerra de Iraq, no debía ahora quedarse al margen cuando un millar de españoles ha muerto asesinado y otros muchos más carecen de libertades básicas. Si alguien necesitaba esa noche defender la libertad de expresión no eran los actores, que saben perfectamente que pueden decir lo que quieran y cuando quieran, sobre todo contra el propio Gobierno que les subvenciona, sino las personas que afrontan persecución política, críticas e insultos y, además, pueden perder la vida sólo por atreverse a decir lo que piensan.

CATALUÑA Y LA MAYORÍA ABSOLUTA
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC 2 Febrero 2004

EL Director, ayer, escribía sobre el «viento sur», ese que apelmaza la atmósfera, que ha entrado con fuerza donde parecía imposible que lo hiciera: en la «sensata» Cataluña y con el soplo fuerte de este personaje de doble cara que es Carod-Rovira. Hay una idea bastante instalada en toda España que consiste en atribuir a Cataluña sensatez. Pero Cataluña lleva siglos empeñada en errar el camino. Sólo en las épocas de mayor centralismo, cuando sus bienes y haciendas han sido protegidas desde fuera, la economía catalana tuvo tasas de crecimiento imparables. Eso ocurrió en el siglo XVIII con la instalación de la monarquía borbónica y el Decreto de Nueva Planta; y más tarde con Franco -que suprimió la política- y dejó que la riqueza -y los inmigrantes andaluces- fluyese por el Principado a manos llenas. Seamos serios, señores: Cataluña es lo que es gracias, por supuesto, a su espíritu de trabajo, pero sobre todo gracias a España de cuyo proyecto democrático nacional forma parte necesaria.

Pero aunque parezca mentira, algunos torpedean ese proyecto que tan positivamente ha funcionado en Cataluña. Sí. Ese es el objetivo del partido de Carod y de buena parte de los seguidores de CiU: quieren torpedear el proyecto español y trasladar el diabólico debate independentista, instalado en el País Vasco, a Cataluña, tratando de bordear el terrorismo, aunque estigmatizando a la población que no piense en «nacionalista». Uno de los ideólogos de esta perversa forma de ver la política se llama Miquel Sellares, un tipo humanamente acogedor pero políticamente reprobable, que ahora campa libremente por la Generalitat de la mano de la Esquerra Republicana con el beneplácito socialista, como escribió hace poco Félix de Azúa en «El País», «buscando fachas por todas partes como sabuesos», junto a prehistóricos «ideólogos» como Rubert de Ventos y Oriol Bohigas «las cabezas independentistas del entorno de Maragall».

Ante esta dramática situación política y la patética actuación de personajes -siempre zancadilleando a sus propios socios, convergentes o populares- como Durán, el futuro del Partido Popular en Cataluña podría ser esplendoroso si Piqué y su muñidor Vendrell -en su día sepulturero de «Centristas de Cataluña»- no despreciasen tanto al núcleo duro -esencialmente constitucionalista- del PP catalán que son 500.000 votos seguros. La mayoría absoluta se la juega Rajoy en Cataluña y Jorge Fernández, un hombre dialogante pero de convicciones fuertes, emparejado por dos espléndidas candidatas -Dolors Nadal encabezando la candidatura y Julia García Valdecasas en el número tres de la lista por Barcelona- puede superar los resultados que Piqué obtuvo en el 2000. Personalmente echo de menos una presencia más activa, también, de Vidal Quadras. Vidal desenmascaró a Carod al día siguiente de las elecciones catalanas en su columna de «La Razón», pero Piqué prefiere un tono bajo y gris. No es consciente que a veces su tono es tan bajo, tan bajo y tan gris, que acaba confundiéndose con el de Durán. Deja, entonces, de ser una cuestión acústica para convertirse en un problema de partitura. Pues eso: en cómo sea la partitura popular catalana se juega España una mayoría absoluta que es ahora más necesaria que nunca para gobernar con claridad y eficacia frente al nacionalismo rampante.

INVIABILIDAD DEL GOBIERNO TRIPARTITO
Editorial ABC 2 Febrero 2004

OFICIALMENTE, Pasqual Maragall ha dado por cerrada la crisis que provocó su conseller en cap, Josep Lluís Carod-Rovira, tras reunirse con la dirección de ETA. En teoría, el saldo final debía consistir en la salida de Carod del gobierno tripartito. Pero el contumaz líder republicano sigue como conseller sin atribuciones, no ha pedido disculpas por lo que él llama la cuestión de «fondo» de su reunión con ETA y además le va a echar un pulso electoral a su socio socialista, aprovechando que Maragall le ha abierto la puerta para volver. Es evidente que los socialistas han dispuesto de todas las opciones que prevé el manual básico de la política democrática para depurar responsabilidades, dar fuerza a los partidos y estabilizar a los gobiernos. No han aprovechado ninguna.

La debilidad endémica de la dirección nacional no ha permitido a Zapatero sobreponerse al egocentrismo de Maragall y la precariedad del PSC, proporcional a la ansiedad acumulada durante 23 años de oposición, le ha privado de la dignidad necesaria para zafarse de un socio que resultaría repelente en cualquier escenario democrático normalizado. La gestión de estas convulsas jornadas ha sido tan torpe que la situación resultante aboca a nuevas crisis y de mayor calado en el seno del socialismo español y, en especial, en el catalán. La continuidad de Carod, aun en el régimen de fijo discontinuo que le ha ofrecido Pasqual Maragall, hace inviable el gobierno tripartito, que sólo se aguanta a sí mismo por lo mucho que ha costado a socialistas, independentistas y «eco-comunistas» llegar a la Generalitat. La deslealtad impune de Carod y la tendencia declarada de su partido, Esquerra Republicana de Cataluña, a conjugar su posición institucional con resabios de formación marginal, han minado la autoridad de Maragall y condicionan su relación con las restantes Administraciones del Estado, incluidas las que están bajo control de su propio partido, como ayer dejó claro José Bono, presidente de Castilla-La Mancha. Una situación inédita para la Generalitat, que dejó en herencia Jordi Pujol e insostenible para una sociedad acostumbrada a la estabilidad y al buen entendimiento.

LA autocomplacencia de Zapatero con el curso de los acontecimientos sólo disfraza su resignación ante el descontrol sobre la política de Maragall, pero no le exime de la obligación de analizar con rigor los perjuicios que está causando para su partido y para Cataluña la alianza con ERC. El gobierno tripartito no se aguanta a sí mismo, ni el PSOE puede convivir con la rémora que supone el caos presidido por Maragall. Puede que la crisis de Carod esté cerrada, pero entonces el PSOE y el PSC deben abrir otra, la que necesitan para rectificar un rumbo equivocado, aunque conlleve no sólo la ruptura del tripartito, sino también la revisión de los postulados federalistas que hubo de pagar Zapatero para dar coartada al pacto con Esquerra. El sentido común aconseja una crisis que lleve al PSC a ofrecer a los catalanes un gobierno de coalición con Convergencia i Unió, partido mayoritario de la Cámara catalana, con el apoyo externo del PP, tal y como les ha sido ofrecido públicamente por su principal dirigente en Cataluña, Josep Piqué. Ni la necesidad política ni la legitimidad democrática de esta alternativa es cuestionable y siempre será más responsable que una nueva convocatoria de elecciones, para la que debe transcurrir un año desde los últimos comicios. En mes y medio ERC ya ha dado su medida como partido sin hechuras institucionales, sin vocación de gobierno. El cortejo a una banda terrorista no permite interpretaciones conciliables sobre el talante de una formación política, pues la responsabilidad de Carod es la de su partido. Por eso resulta sorprendente que Maragall espere que Carod se porte bien para que vuelva al gobierno tripartito. La ingenuidad de Maragall es peligrosa, porque confunde el ser y el estar de un independentista que ha expresado su confusión moral con el terrorismo. También por eso, la crisis del Gobierno catalán, inevitable y urgente, no puede ser liderada por Pasqual Maragall, definitivamente amortizado tras esta crisis y cuya sustitución al frente del socialismo catalán es otro episodio ya escrito, que aguarda momento y escenario.

PARA el PSOE es inevitable enfrentarse a esta situación antes de que Carod acabe con Maragall y éste con Zapatero. La cúpula socialista no puede seguir contemplando con pasividad su camino hacia el colapso sólo por no contrariar lo que siempre fue la temeraria apuesta de Zapatero por Maragall.

ESO SÓLO ES EL PRINCIPIO
Por Valentí PUIG ABC 2 Febrero 2004

EL departamento de control de daños del Gobierno tripartito catalán hace lo que es debido cuando afirma que la crisis concluyó y que únicamente ha durado treinta y seis horas, pero lo más probable es que eso tan sólo haya comenzado. Ya es cuestión más de cronómetro que de calendario. Surgen varias inminencias de orden político: una crisis de autoridad en el Ejecutivo catalán que afecta directamente a la personalidad de Pasqual Maragall, una crisis de representación institucional en ciernes que dañaría la propia naturaleza del tripartito y un efecto de perjuicio incalculable respecto a la entidad histórica del catalanismo tal como hasta ahora conocíamos. Las tres inminencias van a ir coincidiendo en el tiempo, con el impacto final de asteroide político fuera de control.

En sus recuerdos de 1848, Tocqueville dice que hay que haber vivido en medio de los partidos y dentro del torbellino mismo en que ellos se mueven para comprender hasta qué punto los hombres se empujan mutuamente más allá de sus propios designios y cómo el destino de este mundo marcha por efecto -pero, muchas veces, a contrapelo- de los deseos de todos los que lo forjan, como la cometa que se eleva por la acción contraria del viento y de la cuerda. Aquí quien ha procurado el descontrol de la cometa es Carod-Rovira y en su rosa de los vientos no consta la ingenuidad. En virtud de las desproporciones entre su precario dominio territorial, su bajo porcentaje de votos y su anacrónica concepción asamblearia de la democracia, Carod-Rovira salta en marcha del tren del catalanismo político al convoy de las demagogias emergentes.

ALGO de eso estaba en el sistema genético de su partido -de Macià a Companys- pero aquella gestualidad rupturista correspondía a otra sociedad: a inicios del siglo XXI, Carod, en cambio, toma el atajo del plebiscito, del «nacional-populismo», por la vía de apalancar al socio mayor hasta auparse como tótem. Ahí no se divisa candor alguno, salvo en la desmesura del «ego» político que se enfrenta a parte de su propio partido, a sus socios de gobierno, al «Establishment» del nacionalismo catalán y al cauce constitucional.

Carod-Rovira tenía diseñada la sustitución del pujolismo sin dejar al mismo tiempo que el maragallismo tuviese el oxígeno necesario para manifestarse -para bien o para mal- como revitalización del catalanismo, por vía que se definía como laica y no identitaria. Carod arrumba esos despojos de la Historia y los sustituye por la pura y simple ruptura. Si se supuso que Carod daba por legitimado su nacionalismo e iba a reafirmarse por la izquierda, el objetivo real era ganarle incluso la partida al Plan Ibarretxe y dejar a todo el mundo con un palmo de narices mientras se abrazaba a los «gudaris» del terrorismo etarra y les firmaba un finiquito comprensivo.

LA batalla política de las próximas semanas será inusualmente feroz, pero lo que de verdad importa es saber cómo responde la opinión pública de la sociedad catalana, comprobar cuáles son sus resortes, sus flaquezas, sus instintos y sus indiferencias. Ahí se plantea mucho más que la ocupación de los despachos de la «Generalitat». Se trata de comprobar hasta qué punto una opinión pública se resiste a la capacidad intensamente turbadora de una demagogia. En nombre del nacional-populismo catalán, Carod-Rovira convoca a la tribu para que reunida junto al fuego vote a mano alzada. El voto consiste en que ni los partidos ni las instituciones ni los sistemas son útiles para el diálogo: sólo Carod dialoga. Apropiarse a la vez de la univocidad del diálogo y de la representación de Cataluña hace trizas cualquier cometa.    vpuig@abc.es

Ingenuidad desleal
Antonio García Trevijano La Razón  2 Febrero 2004

Dos conflictos institucionales acaparan la atención. Los dos derivan de la incoherencia en los preceptos constitucionales que regulan la relación entre los poderes del Estado de Partidos. Uno de ellos enfrenta de nuevo al TS con el TC a propósito de una sentencia de aquél contra éste, que pone en juego la supremacía jurisdiccional, no resuelta en la Constitución. Sin la intervención de un poder constituyente que la reforme, este asunto escapa de la mutua lealtad o buena voluntad a que recurren las malas constituciones. Diderot lo explicó.

El otro enfrenta la Generalitat al Gobierno español, por la entrevista en suelo francés del consejero en «cap» con dirigentes de ETA. La falta de cultura política enfoca equivocadamente el tema desde un punto de vista moral. Como si hablar con un terrorista, sobre la renuncia a la sangre y a la coacción de las conciencias a cambio de un apoyo activo de Cataluña al Plan Ibarreche (única baza del «cap de la Generalitat»), fuera una ilicitud descartada de la acción política. Las precedentes negociaciones de los gobiernos españoles deberían bastar, puesto que nadie sano puede compartir la inmoralidad del terror, para situar la deslealtad del Sr. Rovira en la órbita de la inmensa ingenuidad política donde se ha manifestado.

El Sr. Rovira se ha hecho acreedor, por supuesto, a la crítica política, pero no a su descalificación moral. Esa crítica debe extenderse, por reacción inadecuada, al desconcierto del presidente de la Generalitat y del secretario general del PSOE, como también, por maniqueísmo puritano, a la precipitada destemplanza de Aznar, Rajoy y PP. ¿No hay una última y secreta legitimidad en la iniciativa de Ezquerra Republicana? ¿Se hubiera atrevido a emprenderla sin el ánimo independentista que le insufla la Constitución de las nacionalidades? ¿No ha realizado la hazaña nacionalista que sus socios de gobierno deseaban y no osaban ejecutar? Hipocresía de aliados. Demagogia de adversarios.

Se acusa a Rovira de un pecado capital de inmoralidad cuando lo asombroso es precisamente la candidez de su triple ingenuidad. Era pueril imaginar que su acción permanecería secreta y no sería estimada, con razón, como una deslealtad a su partido, al gobierno del que forma parte, al de España y al de Francia. Era infantil negociar con ETA sin hablar en nombre de los poderes efectivos que tienen la responsabilidad de combatirla. Era quimérica la esperanza de obtener alguna rentabilidad catalana de tan impopular atrevimiento.

Porque soy republicano me parece mal que un partido se apodere de la palabra, como si él solo pudiera encarnar ese ideal, y me río del republicanismo de los partidos que sostienen la Monarquía sin haber tenido libertad constituyente. Porque soy demócrata no apruebo a ningún grupo político que esté incorporado al Estado de Partidos, financiado con fondos públicos y no sea representativo de la sociedad civil. Como nunca tuve sueños restauradores de la República parlamentaria y siempre identifiqué la democracia política con la República Constitucional (que se instaurará cuando se haga históricamente necesaria), vivo un ideal objetivado donde no se respeta más ni se juzga peor a ER que a CiU, PNV, PP, PSOE o IU.

La torpe acción de Rovira no debe justificarse con su posible buena voluntad, pues entonces cabría preguntarse si ineptitud en política equivale a bribonería en moral. Los partidos y sus votantes se fascinan con los ineptos fantásticos. Menos mal que no suelen ser diligentes. Gramsci ilustró el peligroso activismo del «tonto-granuja» con el caso del «inteligente que puede fingirse tonto y conseguir que lo tomen por tal», frente al «tonto que no puede hacerse pasar por inteligente, a menos que encuentre gente más tonta que él, lo que nunca es difícil». Las elecciones situarán al «romántico cap» en una de esas categorías mixtas.

Zapatero, ¿cómo Ruth Porta?
Carlos Dávila ABC 2 Febrero 2004

«Han convertido al terrorismo en el centro de la campaña electoral». La denuncia de Pedro Arriola, uno de los sociólogos que más saben precisamente de campañas, guarda más de lamento que de referencia política. En un país en que se había acordado la no ingerencia del etarrismo en la contienda bipartidista, el dislate de Carod ha traído este efecto pernicioso a tal punto que hoy mismo se duda de la supervivencia del Pacto que trabajosamente suscribieron el PP y el PSOE. Y, llegados a este punto, la responsabilidad de Zapatero es máxima: o desautoriza la penúltima fechoría de Maragall ("Prefiero la ingenuidad de Carod a la pasividad de Aznar contra ETA"), o coloca en riesgo de muerte un texto que consagra la unidad de todos frente al enemigo común. Es posible que esta enésima estupidez de Maragall se defienda como una muestra más de ejercicio de la libertad de expresión, pero sus consecuencias son horribles, tan nefastas que han puesto la lucha contra el terror boca abajo.

Un ministro solvente y ponderado como Acebes, titular de Interior, se quejaba textualmente así: «Me importa un pimiento la rentabilidad política de la desfachatez de Carod, lo que me importa es que se puede cargar todo un trabajo de años». Y es que así, durante años, se ha construido una estrategia de acoso a ETA que ha dejado a la banda al borde mismo de la extinción, una estrategia que ha demostrado que con buena Policía y excelente colaboración internacional, se puede terminar con el crimen. Eso es lo que ha podido cargarse Carod; lo suyo ni es una bobadita que solo admite una «colleja», en frase del inefable Llamazares, ni una ingenuidad que es la doctrina oficial que permite al PSOE seguir gobernando con Esquerrra en Cataluña.

Por eso, la pregunta irresistible es ésta: ¿quiere el PSOE poner el riesgo el Pacto contra el terrorismo? «Zapatero es tan torpe que no aprende ni a golpes», decía al cronista un antiguo amigo del secretario, el José Luis Balbás que le aupó a la dirección del partido. Y así parece que es. La repetición de la «táctica Simancas» no le está reportando ni un solo rédito electoral, a pesar de que, increiblemente, Pepe Blanco, esté ufano ¬proclaman los afectos¬ porque la villanía de Carod «sólo» le ha quitado a su partido un dos por ciento de los votos. Pero, ¿qué encuestas lee este hombre? Un dos por ciento significa agrandar aún más la distancia que aleja al zapatismo agónico de cualquier posibilidad de victoria?

La «táctica Simancas», que está repitiendo ahora fielmente el PSOE, consiste en culpar al PP de los errores, de las fallas, del PSOE. Zapatero, convertido en el Ruth Porta del caso, quizá debería caer en la cuenta de cuál ha sido el destino final de aquella mujer iracunda que encandiló nuestro veranos. Su destino ha sido pelearse a muerte no con Esperanza Aguirre, que la ignora, sino con sus vecinos de la Federación Socialista Madrileña. Cuando acabe el proceso electoral, y cuando se conozcan los resultados finales, Zapatero puede terminar a golpes con los propios si, como parece, de las urnas le salen más lagartos que gorriones. Remedar la «táctica Simancas» destrozando el Pacto contra el terror no la da gusto más que a su boca de mitin, no a los votantes que se le escapan por la grieta del caso Carod-Maragall.

El susto de muerte que se dará Zapatero el día que se conozca la macroencuesta del CIS le llegará sin haber rectificado, porque no lo rectificará, el tiro por la culata de esta estúpida y peligrosa táctica. Y quizá eso sea lo de menos, porque la suerte de un partido está muy por debajo del interés de Estado que encierra el consenso contra la barbarie. Ese Josu Ternera, miserable asesino de guardias civiles que se ha dado el morro en Perpiñán con el hijo de un guardia civil, está en su escondrijo francés contento con el rifirrafe que se ha organizado en España a cuenta de sus seis horas de entrevista con el hijo del Cuerpo, aunque su algarabía le puede durar un instante cuando su fuga termine en breve plazo.

Pero el mal está hecho, Carod, con el auxilio zafio de Maragall, y la penosa táctica de Zapatero, ha vuelto a situar a ETA en la política, al punto que incluso el sensato Artur Más ha caído en la trampa. Una desgracia. Por todo, si el secretario aspira a zanjar la crisis que no está cerrada no puede seguir viajando en el tren abismal que conducen los que, como Madrazo a Azkárraga, imputan al Partido Popular la culpabilidad del próximo asesinato de ETA. Solo un gesto de cordura, la ratificación del Pacto contra el terrorismo, aún plena campaña electoral, puede devolver a Zapatero el crédito que se le ha escapado a chorros. Lo otro, la repetición de la «táctica Simancas» le deja como un feroz sí, pero inconveniente para el público en general, Ruth Porta.

Ambigüedad inaceptable
Cartas al Director ABC 2 Febrero 2004

Lo que ocurrió ayer en los premios Goya no tiene nombre. «Libertad de expresión», ¡ja! Libertad es lo que trata de quitarnos ETA a toda costa. Cómo es posible que, después del numerito que montaron el año pasado con el «no a la guerra», no sean capaces de decir «no» al grupo terrorista que mata españoles inocentes.

Es increíble también que ninguno de los presentes en la entrega de premios de la Academia haya siquiera mencionado la lucha contra el terrorismo y el numeroso grupo de españoles que se manifestaba a las puertas de su gloria.

Señores, recapacitemos. El cine español acaba de destaparse. Su intención cuando dijeron «no a la guerra» no era la de evitar las muertes y la violencia, sino la de politizar el sector y hacer ruido para que prestásemos más atención a un cine que, salvo honrosas excepciones, presenta una decadencia que va in crescendo. Porque si realmente les preocuparan las injusticias, las muertes de inocentes, la violencia absurda y la demagogia insolente, habrían gritado con voz clara «no a ETA»; no a ese grupo de españoles que dicen no serlo y que por eso nos quieren matar; no a los políticos que quieren facilitar que los sueños de los violentos se hagan realidad; no a los asesinatos que tratan de enmudecer al pueblo español.

Aplaudo la declaración que se ha hecho en los Goya: sí a la libertad de expresión, pero se les ha olvidado matizarlo. ¿La libertad de expresión de los asesinos o de sus víctimas? Esta ambigüedad es inaceptable.

¡Posiciónense en el tema del terrorismo como lo han hecho con la guerra de Irak! Si no, pensaré que les preocupa más hacer política que la defensa de las libertades.    Paloma Colás Aparicio.    Madrid.

Bono: «Los nacionalistas deben saber que preferimos la dignidad al gobierno»
FRANCISCA RAMÍREZ ABC 2 Febrero 2004

TOLEDO. El presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, José Bono, manifestó ayer en Toledo, donde recibió a los miembros de la plataforma «¡Basta Ya!» que recorre España en autobús, que «hablando con los asesinos no se entiende la gente, con quienes mataron a Miguel Ángel Blanco, a Ernest Lluch y tantos ciudadanos. Lo diga quien lo diga, con esa casta de miserables ni hay que hablar ni hay que entenderse».

Bono se refirió a los «tibios», definidos como colectivo que está entre los que están dispuestos a matar y los que están dispuestos a vivir con dignidad «a costa de su vida». «Son un enemigo más irresistible que las pistolas», porque son los indiferentes, los indignos y «los que miran hacia otro lado». En referencia a los nacionalistas, agregó que «con los que tenemos que hablar, los que no son asesinos, hay que decirles, sin sumisión, que preferimos la dignidad al gobierno, y que aspiramos a gobernar sin comprar contaminadas mercancías de egoísmo como la que se esconde en esa afirmación de que pagar más impuestos da más derechos».

Bono, que fue el encargado de clausurar el acto de «¡Basta Ya!» en Toledo ante más de 500 personas, aludió veladamente al encuentro de Carod-Rovira con miembros de ETA al señalar que «vosotros y nosotros no podemos ver a ETA, entre otras cosas, porque a nosotros no nos taparían los ojos para recibirnos en su guarida, sencillamente nos recibiría con un tiro en la nuca».

También apuntó Bono que el acto de ayer era una ocasión histórica para ser solidarios con todos aquellas personas que sufren, y manifestó su afecto a todos aquellos ciudadanos, de un signo político u otro, que deben llevar escolta. En esta línea, el jefe del Ejecutivo autonómico señaló que ya está bien de «tanta postiza prudencia bien pagada: sea en votos, en protagonismo mediático, en dinero o en reconocimiento social de quienes -agregó- creen que dialogar con los asesinos es una hazaña o una necesidad».

Insistió que el Gobierno de Ibarretxe ha vuelto a sus raíces reaccionarias y a su «antiespañolismo» más pobre y se están dedicando diariamente a construir fronteras de intolerancia. Indicó que el terror, el miedo, y la tibieza se han «confabulado» en el País Vasco, produciéndose hasta una corrupción del lenguaje, porque, aseguró, hasta palabras como diálogo, paz o libertad de expresión «están contaminadas».

Por ello, recordó su lealtad a España y que no le importa que «sea un sospechoso» porque «diga que sólo pueden trabajar por la España constitucional los que creen en ella», y dijo sentirse «hijo de una España que no es madrastra, que es madre de muchos pueblos».

EXPLICA SU POSTURA CONTRA EL PLAN IBARRETXE
Los madrileños arropan al grito de "ETA no" la llegada de la "caravana de la libertad"
Cientos de madrileños dieron su apoyo en la Puerta del Sol a los concejales de PP y PSOE integrantes de la Plataforma ¡Basta Ya! que viajan por España para dar a conocer la razones de su causa en defensa de la libertad y contra el "Plan Ibarretxe".
EFE Libertad Digital  2 Febrero 2004

A pesar de la intensa lluvia, el "autobús de la libertad", como lo han definido los integrantes de ¡Basta Ya! realizó a las 18.15 horas su parada en la capital española para explicar a la ciudadanía su oposición a los planes secesionistas del lehendakari y reclamar la solidaridad de los madrileños.

Con gritos de "ETA no" y "basta ya", una gran mayoría de los madrileños que acudieron a la Puerta del Sol pidieron firmar en los folios de apoyo que transporta el autobús, en cuyo exterior se puede leer el lema "Necesitamos libertad. Basta Ya". "Tenemos una doble amenaza", dijo el concejal del PP en San Sebastián Ramón Gómez, para explicar que "además de la falta de libertad a la que nos vemos sometidos, el Plan Ibarretxe es también una amenaza".

Afirmó que este plan está diseñado "por y para los nacionalistas" y criticó al lehendakari, Juan José Ibarretxe, por "preocuparse más de sacar su plan adelante que por conseguir la igualdad y la libertad para todos los ciudadanos". Por su parte la dirigente socialista Rosa Díez declaró que "en este autobús viaja el partido de la libertad, que busca no sólo la solidaridad, sino también la concienciación de la ciudadanía contra el fascismo y el totalitarismo".

Basta Ya repartirá la jornada del domingo entre Madrid y Toledo, tras lo cual se desplazarán el lunes a Córdoba y Sevilla para finalizar un día después su recorrido en Cádiz con un acto en la iglesia de San Felipe Neri, donde se proclamó la Constitución de 1812.

Caravana
Basta Ya pide a la sociedad «paciencia» en la «larga batalla» contra el terrorismo
Savater recuerda en Toledo que ETA es un problema que «afecta a la libertad de todos los españoles»
J. V. MUÑOZ/COLPISA. TOLEDO El Correo 2 Febrero 2004

La caravana de la plataforma Basta ya, que el pasado sábado partió de San Sebastián con destino a Cádiz para expresar su frontal oposición al plan Ibarretxe y defender los valores de la Constitución, llegó ayer a Toledo, donde tuvieron lugar dos actos cargados de simbolismo. A su llegada, los viajeros del 'autobús de la libertad' fueron saludados por el alcalde de Toledo, José Manuel Molina, en la Puerta de Bisagra, situada a la entrada del casco antiguo, donde, desde hace siglos, las autoridades locales reciben a las altas personalidades.

Posteriormente, acudieron a un acto público en el convento dominico de San Pedro Mártir, antiguo cuartel general de los inquisidores toledanos y convertido hoy en sede de la Universidad de Castilla-La Mancha.

En un acto en el que también estuvo presente el presidente de de la comunidad autónoma, el socialista José Bono, el filósofo Fernando Savater reiteró que el problema de la violencia y el terrorismo «no está circunscrito sólo al País Vasco, ya que todos somos conciudadanos de un Estado de derecho y creemos que la defensa de las libertades es la defensa de todos los españoles». En este sentido, Savater señaló que los que se oponen al terrorismo deben tener «paciencia, porque son batallas muy largas».

«Idiota moral»
Antes de desplazarse hasta Toledo, el autobús de Basta Ya recaló en la localidad madrileña de Alcobendas, en la que se reunieron con el secretario general de la Federación Socialista Madrileña, Rafael Simancas, y alcaldes socialistas y populares de la Comunidad de Madrid. En el encuentro, el periodista José María Calleja recalcó que la propuesta del lehendakari, al que tildó de «idiota moral», es «un plan crispador».

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