AGLI

Recortes de Prensa     Martes 3 Febrero 2004
Carod, el interlocutor de ETA
Editorial La Razón  3 Febrero 2004

Seguro de traición
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  3 Febrero 2004

Carod-Rovira a ETA: si queréis atentar contra España, no lo hagáis contra Cataluña, que no es España
Luis María ANSON La Razón   3 Febrero 2004

El estado en España
Dalmacio Negro La Razón  3 Febrero 2004

Maragall, nostálgico de Rovira; Zapatero, del no a la guerra
EDITORIAL Libertad Digital   3 Febrero 2004

PSOE, CHOQUE FRONTAL DE «SENSIBILIDADES»
Editorial ABC 3 Febrero 2004

De propaganda política
Amando DE MIGUEL La Razón  3 Febrero 2004

Factura para un insolvente
Faustino F. Álvarez La Razón  3 Febrero 2004

Quiero ser madre
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 3 Febrero 2004

QUE LO CUENTE PÉREZ
Jaime CAMPMANY ABC 3 Febrero 2004

GENTECILLA
Alfonso USSÍA ABC 3 Febrero 2004

Quiebro a la democracia
Lorenzo Contreras La Razón  3 Febrero 2004

Carta abierta a Medem
Iñaki Ezkerra La Razón  3 Febrero 2004

Maragall y Carod-Rovira
Francisco Marhuenda La Razón  3 Febrero 2004

El PSOE y los tres frentes
Pablo Sebastián Estrella Digital  3 Febrero 2004

La incompetencia de Carod
Editorial Heraldo de Aragón  3 Febrero 2004

La gala del cine
Antonio Martín Beaumont La Razón  3 Febrero 2004

Los abertzales se unen en Navarra
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital  3 Febrero 2004

El líder de ERC y socio del PSOE, que dimitió ayer, se retrata en sus numerosos artículos periodísticos
La Razón 3 Febrero 2004
 
Carod, el interlocutor de ETA
Editorial La Razón  3 Febrero 2004

El escándalo desatado por el independentista Carod-Rovira no se cierra con el abandono, oficializado ayer, de su despacho de «conseller en cap», aunque sólo sea por el hecho de que su «president», el socialista Pascual Maragall, insiste en ningunear al candidato de su partido, José Luis Rodríguez Zapatero, y en decir a los cuatro vientos que «Carod tiene abiertas las puerta de la Generalitat» o, lo que es lo mismo, que puede regresar cuando quiera a ocupar un sillón en la mesa del Gobierno catalán.

El escándalo se mantiene activo por mucho más que las evidentes ventajas que pudiera ofrecer al PP en la campaña electoral; ante todo, es al propio Carod-Rovira a quien le conviene avivar el fuego de la polémica sobre el que basará su candidatura al Congreso de los Diputados. Así se explica que, en lugar de retractarse de una acción indigna, el interlocutor de ETA se mantenga en su trece e, incluso, aproveche para ofender la inteligencia del común de los ciudadanos con desplantes chulescos.

Pero tampoco deberían sorprender las barbaridades de este radical independentista, nacionalista de primera generación, en quien parece primar el odio a todo lo que huela a España y, por tanto, su inclinación a considerar como amigos a los enemigos de España. Desde justificar la violencia etarra por la ilegalización de Batasuna, hasta insultos a la bandera madrileña, pasando por «perlas» del estilo de «no es igual un inmigrante hombre que una inmigrante mujer», o la calificación de «franquistas» para los socialistas Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Paco Vázquez, hay todo un «ideario» terrible que podía anticipar esta última (por el momento) mascarada de Carod. LA RAZÓN recuerda hoy una parte significativa del «pensamiento» del líder de ERC, incluso su terrible pretensión, ya de sobra conocida, de pedir a ETA que «no mate en Cataluña» aunque pueda hacerlo en el resto de España.

Investido ahora a sí mismo como nuevo paladín del diálogo-trampa, Carod encuentra por desgracia apoyos en Maragall para apuntalar su imagen de «hombre de buenas intenciones» cuando la realidad le delata como producto de un siniestro cóctel de base racista con ingredientes tan incompatibles con la paz y la solidaridad, como el nacionalismo radical o el apoyo a una banda de asesinos. Pésimo perfil para un «conseller» que nunca se mereció la imagen de Cataluña. El líder de ERC, suma de provocación, locura y desprecio ensangretado de tintes racistas, era, por tanto, un peligro previsible para la estabilidad del Gobierno tripartido de Cataluña. Podía existir la certeza de que su extremismo independentista y radical haría saltar por los aires la estabilidad del Govern. La única duda residía en saber cuándo ocurriría. Quizás por eso Maragall se muestra tan comprensivo con quien le ha dado el sillón de la Generalitat, y con él al PSOE-PSC, y no ha digerido todavía la barbaridad que supone hablar con ETA sin otra cosa que ofrecer que apoyo político a la banda en sus horas más bajas..

Seguro de traición
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  3 Febrero 2004

El órdago de Zapatero a Maragall tras conocerse los contactos de Carod Rovira con ETA y contra toda legitimidad democrática, toda legalidad española y cualquier lealtad a sus socios mayoritarios del gobierno tripartito, el PSC, se ha saldado con un fracaso estrepitoso del secretario general del PSOE y aspirante a la Presidencia del Gobierno. Zapatero ha ido tragándose todas sus amenazas ante el inequívoco respaldo de Montilla a Maragall y ha debido transigir con los mohines, desvíos, inhibiciones y condiciones sucesivamente impuestos por el Presidente de la Generalidad de Cataluña para la “salida a plazos” de su consejero jefe. Se marcha por fin, pero con la vuelta inmediata al Gobierno asegurada, una vez haya protagonizado una campaña electoral que hará mucho daño a Convergència y Unió, aunque probablemente menos que al PSC y, sobre todo, al PSOE.

La debilidad de Zapatero no sólo debería indignar, por mucho los votantes socialistas así lo experimenten, sino preocupar a todos los españoles, voten lo que voten, porque es la prueba de hasta qué punto todo el sistema democrático español, que es un sistema de partidos políticos, ha abdicado de su responsabilidad nacional en Cataluña. Que un tío como Rovireche, que ha demostrado con los hechos y que sigue alardeando en público de su voluntad de negociar con ETA sin condiciones ni contrapartidas se vaya despacito, casi bajo palio, del Gobierno catalán y con la promesa de Maragall de guardarle el sitio hasta después de las elecciones generales es algo más que una ingenuidad, un error, una deslealtad e incluso una puñalada por la espalda. Es todas esas cosas, pero sobre todo es un seguro de traición a Cataluña y a España, a su legalidad y a su legitimidad. Y es también un seguro de que el asalto al Estado y el jaque mate a la Nación que sin duda emprenderán los nacionalistas y los comunistas después de las elecciones del 14 de marzo va a tener en el PSC un cómplice activo y en el PSOE un comparsa menos que pasivo, dejando absolutamente solo al PP. Con la gran mayoría de la opinión pública, sí, pero dramáticamente solo y ayuno de toda cobertura mediática y política que le permita ganar esta batalla, o, más bien, esta guerra.

Un seguro de traición es Carod Rovira; un seguro de inacción es Zapatero; y está por ver que, retirado Aznar, el PP de Rajoy y de Piqué sea un seguro de acción y determinación. Nunca como hoy ha estado tan comprometida la continuidad nacional de España. Nunca como mañana.

Carod-Rovira a ETA: si queréis atentar contra España, no lo hagáis contra Cataluña, que no es España
Luis María ANSON La Razón   3 Febrero 2004
de la Real Academia Española

Acabo de leer con los vellos erizados el artículo de Carod-Rovira titulado «Eta, Kataluñatik kanpora!» y publicado el 31 de mayo de 1991 en el diario «Avui». Difícil asimilar hasta dónde puede llegar la bajeza moral de un hombre, convertido por obra y gracia de Maragall en el árbitro del Gobierno de Cataluña.

«A ver si de una puñetera vez, al margen de la dialéctica, por cierto tan española, de los puños y las pistolas ¬reprocha Carod-Rovira a la dirección de Eta con motivo de un atentado en Vic¬ sois capaces de entenderlo: los vascos no sois españoles. De acuerdo. Pero los catalanes tampoco. Y con acciones como ésta no hacéis más que españolizar Catalunya. Convertís los Països Catalans en tierra enemiga y a sus habitantes, en gente hostil. Y no lo somos». Así es que, consecuente con este planteamiento, Carod-Rovira concluye: «Ahora sólo me atrevo a pediros que cuando queráis atentar contra España, os situéis previamente en el mapa». Es decir, asesinad a quienes os venga en gana, murcianos, valencianos, baleares, andaluces, extremeños, castellanos, canarios, riojanos, aragoneses, gallegos, madrileños, navarros, cántabros, asturianos, vascos no nacionalistas, pero no toquéis un pelo de los catalanes.

En el artículo de referencia, Carod-Rovira reconoce haber celebrado una entrevista con la dirección de Eta: «Os los dije ya, hace medio año, en algún lugar de Euskadi, cuando en nombre de mi partido os pedí, formalmente, que no actuáseis más en mi país». En la reciente entrevista de Perpiñán, como Carod-Rovira era ya conseller en cap, no sólo pide, sino que ofrece a cambio de que los etarras maten a los demás españoles pero no a los catalanes, respaldar las posiciones de Eta con declaraciones institucionales. Do ut des.

El estado en España
Dalmacio Negro La Razón  3 Febrero 2004

En España el Estado plantea un problema histórico; es casi un enigma. El Estado es una palabra y una realidad de una época concreta y de una constelación política concreta: la época y la Europa moderna-contemporánea. Sin embargo, su concepto se suele emplear equívocamente para designar cualquier forma histórica política de Lo Político, lo que da lugar a muchas ambigüedades al condicionar metodológicamente la investigación y la teoría histórica y política. Pues el Estado es sólo uno de los tipos a los que cabe reducir las formas históricas políticas, siendo los otros tres la Ciudad, el Reino y el Imperio, que se consideran formas naturales en contraste con aquel, que es una forma artificial calculada para un fin concreto: la monopolización del poder y dar seguridad.

En el caso de España, la aparición del Estado, construido por los Reyes Católicos conforme al modelo aragonés, no al castellano, y a un êthos distinto al que conllevó su consolidación en otros países europeos, condicionó su naturaleza y su evolución, tanto más cuanto que España se convirtió en seguida en un Imperio. La Monarquía Hispánica, Católica o Monarquía de España fue una realidad imperial no estatal, universalista no particularista, descentralizada no centralizada, personalista no neutral u objetivada. Esto ha determinado sin duda tanto la debilidad congénita de la conciencia de lo público y lo estatal como la del sentimiento político de la Nación. Las consecuencias llegan hasta nuestros días, y muy agudamente con el problema de los separatismos.

La dinastía borbónica intentó tímidamente construir un Estado según el modelo francés, el prototipo de la estatalidad, pero chocó con la tendencia tradicional y en la guerra de la Independencia se demostró que no existía el Estado. Todos los esfuerzos de la política del siglo XIX, una vez perdida la parte sustancial del Imperio y liquidada formalmente la Monarquía de España por el Estatuto Real de 1834, se encaminaron a instituir la estatalidad como un Estado Nación acorde con los tiempos. Eso lo logró Cánovas en la I Restauración. Sin embargo, la estatalidad canovista no fue capaz de remover y superar los obstáculos «estructurales» y menos aún de enraizarse en la Nación, por lo que acabó fracasando, en parte también por el desarrollo de la sociedad que facilitó pero sin articularla estatalmente de la manera adecuada.

La Dictadura de Primo de Rivera dio un nuevo impulso a la Sociedad. Mas, autoconcebida con carácter provisional sine die, se limitó a apuntalar la Restauración sin percibir o afrontar en toda su radicalidad el trasfondo del problema: la necesidad de adecuar el Estado a la Sociedad y conectarlo en la Nación, como empezaron a advertir los intelectuales y regeneracionistas tras el «desastre» del 98, de modo que lo trasladó a la II República. Esta, casi sin otra idea que la de derribar la Monarquía, fue incapaz de abordarlo y por una acumulación de circunstancias conocidas que han explicado muy bien sobre todo Ricardo de la Cierva y Pío Moa, sobrevino la guerra civil. El hecho de la guerra civil prueba el déficit de Estado, ya que este es por definición, como decía Gianfranco Miglio, la antítesis de la guerra civil.

De la guerra civil surgió un nuevo Estado, prácticamente ex novo como Estado Nacional. De el procede el actual Estado de las Autonomías, que habiendo constitucionalizado los problemas regionales heredados de la vieja forma política imperial, singulariza o particulariza nuevamente a España entre las naciones europeas de manera parecida a como la Monarquía de España, una forma política muy peculiar, fue distinta a todas las demás formas políticas europeas durante la época moderna. Con la formación de la Unión Europea, España corre el riesgo de ser vista con recelo, si viese en su peculiar Estado un ejemplo capaz de despertar deseos de imitarlo entre las oligarquías de las numerosas regiones europeas, muchas de las cuáles pueden alegar con mucho más fundamento que las españolas una tradición nacional y estatal, aparte de otras diferencias linguísticas y raciales.

Maragall, nostálgico de Rovira; Zapatero, del "no a la guerra"
EDITORIAL Libertad Digital   3 Febrero 2004

Los "notables" de Zapatero y presidentes de Castilla-La Mancha y Extremadura, José Bono y Juan Carlos Rodríguez Ibarra, consideran que una vuelta de Carod-Rovira al gobierno catalán tras las elecciones generales constituiría una "burla" para Zapatero. Vistas sus lamentables expectativas electorales, está por ver que el actual candidato socialista a la presidencia del Gobierno esté para entonces al frente del PSOE. En todo caso, la "burla" a la que se refieren Bono e Ibarra ya se ha cometido, pero ha sido el "compañero" Pasqual Maragall quien la ha llevado a cabo.

Tras conocerse la noticia de los impresentables trapicheos de Carod Rovira con ETA, ha sido Maragall el que ha rechazado su dimisión, el que lo ha mantenido como miembro "sin cartera" de su gobierno, el que ha dicho que, respecto a ETA, prefiere al independentista antes que al que figura como socio de Zapatero en el Pacto Antiterrorista. Ha sido, por último, Maragall quien acaba de ofrecer al dirigente de ERC que vuelva tras las generales al gobierno catalán cuya permanencia en estos momentos es incompatible legalmente con su decisión de presentarse como candidato número uno de su partido por Barcelona. No será Carod-Rovira volviendo, sino que es Maragall diciéndole que tendrá las "puertas abiertas", quien se ha burlado de Zapatero. La única "condicional" que le ha impuesto Maragall al independentista para volver a tenerlo como consejero es que "sea respetuoso y leal con las instituciones"; sin embargo, vista la forma de reaccionar de Maragall cuando Rovira no ha sido ni lo uno ni lo otro, más que una condicional para el cargo que le espera lo es para que tenga adscrita una cartera.

¿No es una burla que Maragall vuelva a pensar que un dirigente independentista y antisistema como Carod Rovira -que además no es la primera vez que trapichea con ETA y que se siente orgulloso de ello- vaya a convertirse tras las generales en alguien "respetuoso y leal con las instituciones"? ¿No es un acto de hipocresía que Maragall se lo demande cuando ha sido el propio presidente socialista catalán el que se ha mostrado dispuesto a no serlo, al amenazar con un "drama" y una ilegal convocatoria de referéndum en pro de una reforma estatutaria completamente inconstitucional?

Si de Zapatero ya se han burlado, también hay que recordar que ha sido el candidato socialista quien, al dictado nuevamente de Prisa, ha tenido que dar el visto bueno al caso omiso que le ha hecho. Tan satisfecho se ha mostrado como ya tuvo que hacerlo con Maragall cuando este, amenazando con "el drama" que nos esperaba a los españoles si las Cortes generales se opusieran en el futuro a su reforma estatutaria, daba implícita y públicamente por segura la victoria de Rajoy...

Si Zapatero ha tenido que respaldar a Maragall en todas estas humillaciones de las que ha sido objeto, es por la debilidad -no el masoquismo- de su liderazgo. Sin embargo, ambas cosas parecería que se unieran en el asunto que el candidato socialista ha elegido este lunes para desviar la atención de la opinión pública. Zapatero vuelve con el "no a la guerra". Al candidato socialista le van a venir bien para este propósito las manipulaciones en torno a la cuestión de las armas de destrucción masiva en Irak y la visita esta semana de Aznar a EE UU -efecto perverso, dicho sea de paso, en cuya enmienda Rajoy podría entretenerse-. Sin embargo, no deja de resultar patético que, para hacer olvidar a los electores la compañía de Maragall/Rovira, Zapatero, con su vuelta al "no a la guerra", esté dispuesto a recordarles la vivida con Llamazares.

Tal vez hubiera sido mejor que volviera a intentar convencernos de que con él a los impuestos les pasaría lo que nunca les ha pasado en ningún momento y lugar donde ha gobernado el PSOE: que bajen. Sin embargo, para colmo de males, este domingo ha salido el coordinador del Programa Económico del PSOE, Miguel Sebastián, con unas declaraciones -tan sinceras como inoportunas- en las que ha reconocido los logros económicos del PP y ha señalado, sin ambages, que el PSOE no va a bajar los impuestos ni las cotizaciones.

Visto el panorama, lo sorprendente es que Rajoy no quiera darle la puntilla a Zapatero en un debate televisado. ¿Será que el candidato popular quiere corresponder a tantos servicios que, desde el PSOE, le han prestado a su campaña?

PSOE, CHOQUE FRONTAL DE «SENSIBILIDADES»
Editorial ABC 3 Febrero 2004

EL PSOE se ha dado un respiro parcial con la salida del ex conseller en cap, Josep Lluís Carod-Rovira, del tripartito catalán. La efectividad de su cese como conseller cumple formalmente la exigencia impuesta por Rodríguez Zapatero al principio de la crisis y elimina de la primera línea un obstáculo insuperable para el discurso preelectoral de los socialistas, aunque este desenlace tiene más de tregua que de armisticio en el doble plano de la crisis. En el del tripartito, porque Carod-Rovira puede volver si se atiene a las condiciones que le ha fijado Pasqual Maragall. Y en el de las relaciones entre PSOE y PSC, porque la simple hipótesis del regreso de Carod-Rovira al tripartito después de las elecciones del 14 de marzo ya ha provocado tensiones no disimuladas, al pedir abiertamente Manuel Chaves, José Bono y Juan Carlos Rodríguez Ibarra que la salida del dirigente de ERC sea definitiva. El argumento de José Montilla, número 2 del PSC, a favor de la autonomía del presidente de la Generalitat para nombrar y destituir a sus consejeros, encierra un trato despectivo a «Mérida» y a «Toledo», es decir, a Rodríguez Ibarra y a Bono, a quienes condena a un silencio sobre el tripartito que no se les impuso cuando al PSC le interesaba el aval de la dirección nacional para sus pactos con independentistas y «ecocomunistas».

Tampoco cuando el PSOE asumió propuestas filofederalistas como parte de su programa en materia de Hacienda y Justicia. Será complicado que el PSOE mantenga indefinidamente el equilibrio entre sensibilidades tan distintas y tan llevadas hasta sus extremos. Rodríguez Zapatero tiene ahora a su favor el hueco que deja Carod en la imagen del PSOE y puede aprovecharlo con un discurso netamente electoral, es decir, de crítica al PP y a su candidato, Mariano Rajoy. La táctica es legítima y predecible ante el desfavorable horizonte que le auguran todas las encuestas sin excepción. Pero no será la única que deba desplegar Zapatero, pues su partido va a requerir dosis crecientes de contención interna. De todas formas, en política el resultado no siempre es determinante, porque también hay que saber transmitir a la opinión pública, y lo que ésta ha percibido en la crisis del socialismo catalán es que el control de los tiempos ha estado en manos de ERC y de Carod-Rovira, que se ha ido cuando ha querido para buscar su rehabilitación plebiscitaria y con reserva de plaza en el Gobierno catalán.

Rodríguez Zapatero no ha tardado en dar el relevo al caso Carod atacando frontalmente al PP y al Gobierno de Aznar, con argumentos algunos nuevos, como la poco verosímil deslealtad del Ejecutivo por el uso partidista de la política antiterrorista, y otros de segunda mano, como la guerra de Irak y la ausencia de armas de destrucción masiva, a caballo de la comisión de investigación que se va a constituir por decisión del presidente Bush. La guerra de Irak, arropada por el «Prestige», ya dio su medida electoral el pasado año, en las elecciones autonómicas y locales del mes de mayo, y puede decirse que quedó amortizada como factor de orientación del voto. No parece que existan ahora razones nuevas para capitalizar electoralmente un conflicto militar en cuya posguerra también están presentes el paulatino cambio de actitud de los países discrepantes con la intervención y un avance hacia la democratización del país. La recuperación de Irak como arma electoral frente al Gobierno del PP, siempre presto a declararse aforado por los informes de los inspectores de Naciones Unidas y las resolución de su Consejo de Seguridad, no dice gran cosa de la creatividad del mensaje electoral socialista.

De propaganda política
Amando DE MIGUEL La Razón  3 Febrero 2004

En Madrid todo el año es carnaval, escribió Larra. Ahora, en Madrid y en cualquier otro lugar, todo el año es campaña electoral. Es indiferente cuando se realiza la fiesta de la «pegada de carteles». Para entonces la campaña ya está muy adelantada. Alguien puede pensar que esa es buena señal, que así se fomenta la participación política. No estoy tan seguro de esa interpretación. Tanta insistencia en la propaganda política equivale a saturación del interés por la cosa pública necesariamente limitado.

Hay un error de comunicación que contribuye a esa desgana. Es la norma no escrita sobre la presencia obligada de los políticos en los medios, más o menos en proporción a los votos que obtienen. Tal reiteración puede llegar a producir hastío. Sería mucho más sensato que aparecieran solo en el caso de que tuvieran algo que decir, siempre que fuera interesante. Pero esa selección periodística se vería como partidismo, corrupción incluso. Es una lástima. El resultado es que muchos políticos aburren al electorado. No por aparecer más tiempo u ocupar más espacio en los medios, los políticos tienen más aceptación o más estima social. Si es para decir tonterías, cuanto menos se asomen a los medios, mejor. Es inútil lo que yo diga. Ellos están a su bola. Su negocio es más la vanidad que el poder.

Llama la atención la reiterada presión de los políticos socialistas y de sus hoplitas periodísticas para que Zapatero debata en la televisión con Rajoy. Tanta insistencia es un error para el socialista. Quien insiste en un debate de ese estilo, ya pierde, porque crea una gran expectativa de ganar. Si encima Zapatero resulta contradictorio, el resultado del debate resulta negativo para él a la hora del voto, que es lo que interesa.

Zapatero resulta contradictorio porque está atrapado en un callejón sin salida. Si el PSOE tuviera una alta probabilidad de ganar por mayoría absoluta, Zapatero no haría mal papel. Es una persona que inspira bondad y sinceridad, a pesar de lo mal que mueve los brazos. Pero el PSOE se debe a sus aliados: comunistas y secesionistas. Luego tiene que aguar su programa, cuando no adulterarlo, si quiere el voto útil. El resultado es dramático. Mucha gente considera que, si el PSOE gana las elecciones, España se podría disolver. Unos ¬la mayoría de los votantes¬ consideran que eso sería un desastre. Otros ¬los secesionistas¬ se sentirían satisfechos con la disolución de España. El drama personal de Zapatero es evidente: si pierde, tendría que retirarse de la política, sin haber llegado nunca a gobernar. En cambio, si pierde Rajoy, el gallego continuaría activo en política. Su gran ventaja es la notable experiencia de gobierno que ha acumulado desde concejal de su ciudad a vicepresidente del Gobierno. Será candidato, pero no cándido.

Otro error de comunicación muy general es la táctica del disfraz. Muchos partidos y personajes políticos se presentan como lo que no son. Por lo menos, se disfrazan con las etiquetas equivocadas. Los secesionistas (no quieren ser españoles) se manifiestan como nacionalistas o soberanistas. Los intervencionistas (más servicios públicos gratis) se muestran como progresistas. La derecha se presenta como centro. Los comunistas se disfrazan de verdes, iniciativas, izquierda unida. Los socialistas pasan por federalistas. ¿No sería mejor que cada uno apareciera con la etiqueta que razonablemente le corresponde?

A pesar de la fatiga con que se acogen las campañas electorales, es claro que cumplen funciones positivas. La fundamental es que dan moral a los militantes, votantes y candidatos del partido respectivo. Las campañas bien hechas consiguen arañar una fracción del voto indeciso, cuyo volumen no es tanto como dicen las encuestas. Aunque no precipiten muchos votos, las campañas todas sirven para que los electores comparen. Eso es bueno, por lo menos un mal necesario.

Hay una comparación difícil de ocultar. Las comunidades autónomas que han prosperado más durante los últimos ocho años han sido las que han estado gobernadas por el PP. Puede que la excepción sea Castilla-La Mancha, francamente dinámica, pero su progreso se debe sobre todo al efecto difusor de Madrid. Ya lo aseguró Zapatero: lo que ocurra en Madrid será un ejemplo para toda España.

La debilidad más notoria del PP puede convertirse en su ventaja decisiva. A saber, el hecho de que el PP solo puede gobernar si gana por mayoría absoluta. No tiene más remedio que ser coherente en todas las regiones.
Un error táctico de casi todos los contendientes en la campaña es que mencionan demasiadas veces a las fuerzas adversarias, incluso citando por sus nombres a los dirigentes del partido rival. Les puede más la soberbia que el cálculo racional.

Otra equivocación de las campañas es la de buscar obsesivamente los pequeños yacimientos de votos, a veces realmente diminutos. Sería mucho más rentable el dirigirse al grueso del electorado, constituido por personas estadísticamente normales, familias de tipo corriente.

La tentación de los candidatos, sobre todo los de la izquierda, es la de presentar presupuestos que supongan más gasto público. Muchas veces ese tipo de iniciativas son profundamente irresponsables. Lo que ahora se dé «gratis», lo tendrán que pagar los hijos o los nietos, si no los mismos «gratificados». ¿Cómo se puede sostener al mismo tiempo el «todo gratis» y el «desarrollo sostenible»? Mal. Por eso los verdes reciben tan pocos votos. Cada propuesta electoral debería acompañar el cálculo de lo que va a costar y quién lo va a pagar. El ahorro público más considerable es el que se puede hacer con una buena gestión. Atención a los debates. La pregunta que debe hacerse a cualquier candidato en campaña es si ha gestionado algo en su vida, especialmente con dinero público. Que nos cuente el resultado.

Factura para un insolvente
Faustino F. Álvarez La Razón  3 Febrero 2004

Algún país poco proclive a cooperar con España en la lucha contra ETA podrá guardarse de cualquier riesgo amparándose en la insensata reunión que mantuvo el señor Carod-Rovira con destacados terroristas en el sur de Francia. Si un gobernante español, a quien se le supone la condición de demócrata, y que además es el número dos del ejecutivo catalán se le ha cazado in fraganti en su café, copa y puro con los criminales, a cierta prensa francesa, o norteamericana o mexicana le están dando munición para alinearse con quienes insisten en que ETA es la víctima de una consolación contra su patriotismo, quizá exagerado a causa de la persecución, y que estos problemas entre españoles que los resuelvan ellos mismos sin necesidad de que agentes de otros países se jueguen la vida por la tranquilidad de los ciudadanos de un Estado soberano. Algo así le dijeron a Baltasar Garzón cuando acudió a México para interrogar a seis colaboradores de la banda del hacha y la serpiente. Alguna prensa mexicana calificó a los etarras que permanecen en sus cárceles de «paladines oprimidos de la libertad y la dignidad». El juez Garzón viajó a México con una comisión encargada de resolver ese aspecto del grave problema y se encontró con que los etarras allí presos se les presupone un alto valor y una entrega absoluta a causa tan atractiva como lograr la independencia de su comunidad histórica. Los servicios de información o la diplomacia española aún tienen sin aprobar la asignatura de la difusión de una versión reales sobre lo que ETA, mediante la extorsión, el secuestro o el tiro en la nuca, está buscando desde hace decenas de años.

Carod-Rovira y toda la polvareda montada a partir de su gravísimo error (tanto de forma como de fondo, que ya está bien de bizantinismos hipócritas) ha dado alas a los etarras para que se sigan presentando como víctimas de un Estado monolítico que les persigue en la misma proporción en que les resuIta ajeno y hasta extranjero. Pobres hombres, dirán algunos inmaduros entre la compasión y la estupidez. Y, mientras todo esto sucede, esos pobres hombres, que no son tales, aprovechan el tiempo para envenenar las descripciones más justas y desgarradoras de su identidad, y para volver al papel de mártires que tanto juego les ha dado. Si en estos momentos en que ETA está acorralada y en que el cerco ha levantado sus murallas, a costa de no pocos concesiones y de una infatigable labor por generalizar el concepto de terrorismo global se producen fisuras en la cooperación internacional, habría que pasarle la factura a Carod-Rovira y a sus palmeros. Pero lo malo es que son insolventes, política y moralmente, para hacerse cargo de estos perjuicios.

No sé si la mano se ha escondido, pero la piedra fue arrojada en un estanque de difíciles equilibrios, y muy sensible a cualquier disensión intestina de quienes solicitan auxilio. Ojalá los temidos pasos hacia atrás sean más un fruto de una fantasía cautelosa, y nunca lleguen a adquirir la estatura inadmisible de lo que al juez Garzón le ocurrió en México.

Quiero ser madre
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 3 Febrero 2004

Es un misterio, mi señor Zapatero, el porqué los actuales dirigentes del PSOE y la mayoría de sus diferentes marcas autonómicas nos tienen tanto paquete a los socialdemócratas. Es que no hay manera de que nos den ustedes una satisfacción política o intelectual, oiga. Después de la impresionante crisis catalana cuyos efectos no han terminado de verse, han vuelto ustedes por donde solían, a la brillante estrategia que emprendieron aquella mañana en que dos de sus diputados traicionaron a su grupo en la Asamblea de Madrid. Así les fue. Nuevamente, en lugar de depurar sus responsabilidades y las de su socio, vuelven a tirar por alto hacia un hipotético mal uso del CNI por el Gobierno, sobre el que no tienen ningún dato.

Tengo que decirle que por unas horas albergué la esperanza de que usted iba a imponerse a la desaprensiva vanidad de Maragall para ordenarle que expulsara al «ingenuo» Carod del Ejecutivo catalán. Maragall, otro 'ingenuo' -¿más ingenuo que Abundio?- ha concedido a Carod dos meses de excedencia con reserva de plaza; ha tolerado que incumpla su orden de pedir disculpas a todo el mundo, Gobierno incluido; Carod, lejos de pedir perdón, ha ofendido al PSC y al PSOE en rueda de prensa; no ha dado ni una explicación de sus tratos con ETA; ahora va a hacer campaña contra ustedes y, si mejora sus resultados el 14-M, va a exigir su vuelta como 'conseller en cap' con más competencias. «Esto es la descojonación», que decía el gran Luis Ciges.

Mientras, Patxi López, nuestro aprendiz de Maragall, hacía gala de su personalidad proteica: «Quiero ser vasco, español, europeo, pero también mujer, homosexual, inmigrante, minusválido, joven, jubilado, laico o musulmán ». En una genial secuencia de 'La vida de Brian', un activista del Frente Popular de Judea decía: «Es el derecho inalienable de todo hombre » «O mujer», interrumpe un militante llamado Stan. « ser liberado», prosigue el ponente. «O liberada», replica Stan. «O liberada. Gracias hermano» dice el orador. «O hermana», interrumpe nuevamente Stan», a lo que Reg, (John Cleese), objeta: «¿Se puede saber qué fijación tienes con las mujeres, Stan? Nos estás distrayendo». «Es que yo quiero ser madre». «Tú no puedes parir», argumenta Reg. «No me oprimas». «No es que te oprima, Stan. Es que no tienes matriz. ¿Dónde vas a gestar el feto, en un baúl?»

Entonces tercia Judith, del sector feminista del FPJ: «Estamos de acuerdo en que no puede parir, pero sí puede tener derecho a parir. Aunque no tenga matriz, tiene derecho a ser madre. Nosotros tenemos que reivindicar ese derecho. Es un símbolo de nuestra lucha contra la opresión». «Es un símbolo de su lucha contra la realidad», murmuraba un Reg desalentado, sin que sus compañeros le hicieran ningún caso. Debía de pertenecer al sector redondista del partido.

QUE LO CUENTE PÉREZ
Por Jaime CAMPMANY ABC 3 Febrero 2004

ES natural que nuestros socialistas quieran conocer las circunstancias y los pormenores de la entrevista de Pérez con los etarras, lugar, fecha, hora, pelos y señales de los interlocutores, y, sobre todo, los términos de la conversación, posiciones del uno y de los otros, los acuerdos o el pacto, si los hubo, y en qué terminó la confabulación o el coito político entre la Generalitat, cuya representación ostentaba en aquel momento Pérez en ausencia de Maragall, y los jefes de la banda terrorista. Es lógico que nuestros sociatas quieran conocer todos esos puntos. Y que quieran saber además cómo y por dónde se filtró la noticia. ¡Toma, y yo! ¡Y todos los españoles!

Lo que sucede es que todo eso que quieren saber los sociatas se lo preguntan a Aznar en lugar de preguntárselo a Pérez. Pero, hombre, Zapatero, quien tiene que contar esa historia completa es Pérez. Aquí, mientras Pérez no diga cómo concertó la cita, quién hizo de intermediario, dónde se reunieron los confabulados, quiénes asistieron, qué hablaron, qué trataron, qué concertaron y a qué se comprometieron, estamos todos in albis. Y además de todo eso, lo que tiene que explicar Pérez es si el presidente nominal de la Generalitat, Pasqual Maragall, conocía o no conocía el viaje y los propósitos del viaje, y quién o quiénes, en su partido o fuera de su partido conocía la intención de Pérez, y si alguien o su propia conciencia le avisó de las probables connotaciones penales.

Lo que tiene que hacer Pérez es contarnos todo eso de pe a pa, desde el hilo hasta el pabilo, y explicarnos por qué no comunicó el viaje a las autoridades gubernativas. Y si el señor Pérez no reconoce autoridad ninguna gubernativa a la que tenga que dar cuenta de su cita con los jefes de la banda terrorista, paradero de los asesinos y lugar donde se haya concertado el encuentro, entonces harán muy bien el Centro Nacional de Inteligencia, la Policía y la Guardia Civil en no perderlo de ojo, porque ahí tenemos un amigo y visitante de etarras que en cualquier momento se puede convertir en cómplice, correo, encubridor o inspirador de terroristas.

Y si Pérez es jefe de un partido y ostenta un cargo político de alta responsabilidad, con mucho más motivo y con mucha más razón. Más alarmante, más peligroso, más grave el hecho, y, por tanto, necesita más estrecha vigilancia y que no escape de ella ni para ir al Camp Nou con el hermano mamandurriero, o sea, el Apeles. (Por cierto que desde que el hermano de Pérez ha puesto otra vez de moda el nombre, el cura Apeles ha reaparecido en la caja tonta. Hay nombres que salen enredados, como las cerezas). Cuando sepamos todo lo que debe contar Pérez, conocido por Carod-Rovira, podremos seguir la pista de la noticia, a ver de dónde salió y por dónde llegó a este periódico. Los caminos por donde una noticia llega a un periodista o a un periódico son tan inescrutables como los de la Divina Providencia y tan sorprendentes como inexplicables. Las «gargantas profundas» son un misterio. Y a veces, el confidente de los cuernos es el propio cornudo, Dios sabrá por qué.

GENTECILLA
Por Alfonso USSÍA ABC 3 Febrero 2004

SE inventaron unas pegatinas cínicas. Apenas se leía una tibia condena «al terrorismo» -ninguna referencia a la ETA- que se diluía aún más con una exigencia de libertad de expresión. ¿Acaso no la tienen plena? Sólo una veintena de personas aceptó la pegatina que ofrecían a la puerta del Palacio de Congresos las víctimas del terrorismo. En ellas se leía con clara rotundidad «No a la ETA». Pero ellos no están en contra de la ETA. Seamos claros. Ellos sólo quieren vivir de los impuestos, incluidos los que pagan las víctimas del terrorismo y sus familiares. En San Sebastián, días después de un atentado terrorista, ninguno defendió la vida y la libertad de las víctimas. Ese «No a la Guerra», tan legítimo y que tan bien mostraban Luis Tosar, la Watling, los cien Bardem, Mariano Barroso y demás patulea de farsantes, «era adecuado al momento». El «No a la ETA», según palabras de los que rechazaban el ofrecimiento de la pegatina, «se salía del contexto del acto».

Una agrupación de cómicos que se reúne bajo el lema «Cultura contra la guerra» ha dicho que «ETA no es su tema». «El terrorismo no es el coco», ha declarado un tal Vicente Cuesta, que dice ser actor. Aquella indignación volcánica de Tosar contra la guerra de Irak y los esputos del «Prestige» se convierte en plácida mansedumbre cuando se trata de denunciar a los terroristas. Escribe el estupendo Oti Rodríguez Marchante que crece una especie de afán entre la gente y los del cine de entrar en un cuerpo a cuerpo brutal. No es un afán. Es una reacción social contra la perversión y la mentira de un sector que, salvo honrosas y no escasas excepciones, se ha convertido en una plataforma política a cuenta del erario público. La ruptura va más allá. La gente no pasa por las taquillas donde se ofrece el cine español.

Hay películas españolas que han tenido un éxito rotundo, pero el Cine Español, como ente, es malo, reiterativo, denso y sobreactuado. No peligra la industria del cine. Lo que peligran son las remuneraciones fabulosas que perciben los mediocres provenientes de las arcas del Tesoro. Y la brecha se ha abierto aún más después de la horterísima farsa de los Goya. Lo más divertido, cuando se refieren a «La Academia» como si la tal cosita tuviera importancia. La ciudadanía es mucho más sabia de lo que creen los cineastas -por llamarlos de alguna manera-, partidarios del pensamiento único. Tan jóvenes en su mayoría, y tan trasnochados estalinistas. ¿Cómo puede estar un estalinista en contra de la ETA y a favor de sus víctimas? Ahí está el meollo del asunto. Sucede que no es políticamente correcto recordarlo. Además de coraje, además de civismo, además de sentido de la justicia, a estos «cinecidas» les hace falta convicción para ponerse una pegatina con el «No a la ETA». Una ETA que intentara de nuevo asesinar a José María Aznar les caería muy bien. Además, un «No a la ETA» les puede suponer no pasar una temporada, también de gorra, en el Hotel María Cristina de Sen Sebastián. Y eso es sagrado, ¿verdad, Tosar; verdad, Bardem; verdad, Barroso; verdad, Bollaín; verdad, De la Iglesia; verdad, Watling?

La historia es muy sencilla. La supuesta Academia del Cine Español celebraba su gala anual de autobombos y falsas sonrisas. Ha sido utilizada dicha gala, en ediciones anteriores, para hacer política. Las víctimas del terrorismo pedían a los más famosos actores, actrices y directores que en esta ocasión se acordaran del dolor de los inocentes y de la angustia de los que no pueden exponer sus opiniones sin poner en riesgo sus vidas. Sólo eso y nada más que eso. Pues no. Ése no es su tema. Ése no es su coco. El tema es el dinero público para vivir de la farsa. El coco, el público que no pasa por la taquilla. El enemigo, el cine americano, que es infinitamente mejor. La finalidad, obligarnos a todos a pagar por ver sus bodrios y sus tostones. Como artistas, una desgracia. Como personas, gentecilla, gentezuela, gentuza.

Quiebro a la democracia
Lorenzo Contreras La Razón  3 Febrero 2004

Carod-Rovira, que entra en una nueva semana de actualidad imparable, se ha instalado ya en un proceso que conduce inexorablemente a un desafío contra la democracia. Va a probar fortuna plebiscitaria en las urnas del 14 de marzo, pervirtiendo la función de éstas, instrumentándolas para un objetivo que no es el suyo específico.

Parece que a Carod no le repugna constituir en el Congreso de los Diputados, gracias a la renta de los votos que busca donde, por supuesto, él no figuraría, ya que su destino político natural sigue siendo Cataluña. Correría, pues con su renuncia al acta, la lista de electos republicanos, alguien ocuparía su lugar en el Parlamento español, y la maniobra habría dado sus frutos. Será algo lejanamente parecido a una nueva «operación Roca», donde el jefe de filas pretende una victoria parlamentaria virtual, aunque, a diferencia del antiguo número dos de Pujol, será hasta la consumación de este quiebro a la democracia, cabecera de cartel. La diferencia esencial estribará en que Roca, como jefe ausente de un fantásmagórico partido de ámbito nacional, fue penalizado por los electores ¬los que no tuvo¬, pero en cambio Carod-Rovira ¬que tiene partido¬ puede «legitimar» la deslealtad que perpetra contra su socio del PSC al, tiempo que compite en las urnas con los propios socialistas y, por supuesto, también con Durán Lleida, el cabeza de lista de CiU, cuya pregunta en la Diputación Permanente del Parlamento catalán, «¿pero quién se ha creído usted que es?», dirigida a Carod, va a recibir la respuesta política más cínica que podría haber imaginado antes de que el embrollo surgiera.

Con su ingeniosa pirueta electoral, el hasta ahora líder de Esquerra Republicana de Catalunya, burla en la práctica aunque no en la forma, la Ley Electoral, desnaturalizando su espíritu. Pero esta circunstancia, que perjudica al propio sistema, apenas se comenta o simplemente no se comenta en absoluto. Tiene todo el aspecto de ser un sacrosanto derecho que un ciudadano ejerce con plena libertad. A este paso, cualquier osado puede formar un grupo o partido, obtener unos votos sin verdadera finalidad específica confesada y dotarse de un cartel de una notoriedad pública torticeramente aprovechable.

Cabría pensar que si alguna vez se reformara la Ley Electoral se abordara este tipo de supuestos posibles, que en el caso de Carod se ha concretado o va a concretarse bajo la forma de una utilización prostituyente. Durán Lleida supo denunciar la jugada sobre ETA y lo dijo a su modo. Otros probablemente también lo vieron con nitidez, pero no dijeron nada ni insinuaron cosa alguna sobre el aprovechamiento que tal actitud implicaba. Carod, patente de corso. Y en cuanto a los «donantes» de votos, sarna con gusto...

Carta abierta a Medem
Iñaki Ezkerra La Razón  3 Febrero 2004

Siento de veras que no te hayan dado ese Goya que dabas por hecho y no bromeo. Me hubiera gustado que te lo dieran porque eso habría evidenciado el clima de estupidez y tergiversación de valores que hoy se ha impuesto en el propio debate político de todos los días y que se expresa, como una consecuencia, en la astracanada anual de esa gala goyesca. Cuando Gotzone Mora y yo te pedimos que nos sacaras de tu película hubo quien dijo que eso serviría para llamar la atención sobre ella y para que te beneficiaras económicamente. Pero a mí no me preocupaba que tú ganaras dinero si eso servía para denunciar la mentira. Ya ves que no te odio y que no me importa que te den dinero ni premios si eso sirve para dejar un testimonio de la injusticia y la confusión de esta época, para que el tiempo aclare las cosas y muestre cómo hubo gente capaz de premiar una obra mediocre que hería a las víctimas del terrorismo por eso mismo, porque herirlas le parecía un derecho democrático.

Creo que en esos premios se terminó imponiendo un criterio de calidad. Tu «pelota» es mala y sus escenas más alabadas, esas imágenes torpemente alegóricas de los deportes vascos o los carneros que chocan sus osamentas y exponen tu relativizadora tesis de la violencia son un plagio de otro documental que se hizo hace años sobre el boxeador Urtain y que tampoco era gran cosa. Tu película plagia, en fin, a otra mediocre y con no premiarte los Goya ganan en credibilidad, pero -como te digo- yo hubiera preferido que perdieran premiándote para levantar acta así de la confusa realidad que vivimos. Yo sé que, al margen de premios, sigue ahí esa gente que se solidarizaba contigo y apartaba la mirada de las verdaderas víctimas. A mí no se me van a olvidar las tonterías que he oído estos días.

Ya se ha visto cómo está el patio, el del manicomio y el de butacas. ¿Tanto nos hemos embrutecido que no nos hiere quien mezcla la imagen de unas piernas segadas en un atentado con una escena de arrastre de bueyes? ¿Tan difícil de entender es que eso nos duela a Gotzone Mora y a mí? Ni tu coartada artística justifica eso. Tu cinta no es ficción. Es un documental. Lo que ahí se ve es sangre de verdad, no salsa de tomate. No está hecha con actores que cobran sino con personas que pagaron un caro precio por la libertad de todos, de la tuya también. Tú tenías todo el derecho a hacer un panfleto contra el PP pero no involucrando a las víctimas y a los amenazados o negando el derecho a salir de ese panfleto. La editorial que ha publicado las entrevistas de tu película respetó la voluntad de Gotzone y la mía de no estar en ese libro y no nos ha llamado censores ni fascistas. ¿No te da ni un poco de vergüenza poner esas caritas estudiadas de víctima ante las víctimas auténticas con las que no has querido compartir ni una puta pegatina de «No a ETA»?

Maragall y Carod-Rovira
Francisco Marhuenda La Razón  3 Febrero 2004

Los dirigentes de ERC pasan de las bravuconadas de un Maragall en horas bajas. No sólo Carod-Rovira ha hecho lo que le ha venido en gana, sino que se ha ido cuando ha querido y volverá después de las elecciones generales si le sale bien el delirante «plebiscito». Maragall manda sólo sobre una parcela del Gobierno catalán, la del PSC y siempre que Montilla le deje, mientras que Saura y Carod lo hacen sobre las de ICV y ERC.

Estamos ante compartimentos estancos, aunque protocolariamente la Presidencia de la Generalitat corresponde al dirigente socialista. En el resto de asuntos, por más que se empeñen desde el PSC en hacer ver lo contrario, Maragall no pinta nada. Es algo comprensible, además, si se tiene en cuenta la génesis del pacto.

La situación quizá hubiera sido distinta si los socialistas hubieran ganado las elecciones y contarán con un mayor número de diputados en el Parlament. El resultado les dejó en una situación de debilidad que ha conducido a una situación de manifiesta ingobernabilidad, porque no parece que la dimisión del «conseller en cap» sea, precisamente, una muestra de estabilidad. En un mes ha habido enredos de todo tipo y la crisis no sólo no está cerrada, sino que está más abierta que nunca y latente hasta el 14-M. Las declaraciones de Maragall imponiendo condiciones para el regreso de Carod suenan a chiste, porque los independentistas eligen al «conseller en cap».
El tripartito ha conseguido un grado de desprestigio institucional en un mes que será muy difícil de remontar y que, por más que se empeñen, es sólo responsabilidad suya. Ni el PP ni el Gobierno tienen nada que ver, sino la desfachatez de los dirigentes de ERC a la hora de administrar la crisis provocada por la deslealtad de su líder. La realidad final es que los socialistas mantienen un pacto con una formación que defiende el diálogo con ETA. Es difícil encontrar una muestra de mayor incoherencia.

El PSOE y los tres frentes
Pablo Sebastián Estrella Digital  3 Febrero 2004

La campaña electoral mantiene abierto el frente catalán de la crisis de Carod-Rovira y de sus consecuencias en el debate nacional y en el interior del PSOE. Los esfuerzos del jefe de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero, por poner un punto y aparte y darle la vuelta a esta crisis acusando al Gobierno de utilizar el Centro Nacional de Inteligencia para influir en la campaña electoral no parecen dar mucho resultado. Una y otra vez reaparece el fondo de la cuestión, el encuentro de Josep-Lluís Carod-Rovira con los jefes de ETA, y a partir de ahí la discusión vuelve a su punto de partida.

Zapatero también ha intentado que el Congreso de los Diputados investigue la actuación del CNI en la filtración de la noticia y en la investigación del encuentro de Carod con ETA, pero como era de esperar el PP, con su mayoría absoluta, ha impedido una investigación en el Parlamento o una sesión informativa de urgencia a la Diputación permanente. Este bloqueo del PP aumenta las sospechas sobre la utilización partidaria de la información del CNI en la campaña electoral, pero no rebaja un ápice la gravedad de la crisis catalana y de las consecuencias que tiene en el debate nacional y dentro del PSOE.

En el debate nacional porque Mariano Rajoy le ha pedido ayer a Zapatero que Carod-Rovira informe a la Policía sobre sus conexiones para llegar a la entrevista con los dirigentes de ETA y sobre los detalles de la conversación, a la vez que le interrogaba sobre la vigencia del pacto por las libertades y antiterrorista, a la vista de las últimas declaraciones de Pasqual Maragall en relación con la política del Gobierno de Aznar en esta materia.

A la vez Zapatero, y agarrándose a la iniciativas de los gobiernos de Washington y Londres, que han aprobado sendas comisiones para investigar los informes de sus propios servicios secretos sobre las presuntas armas de destrucción masiva de Sadam Husein, que ahora no aparecen, le ha pedido a Rajoy que explique la posición del Gobierno y las pruebas que éste tenía para apoyar la guerra sobre la base y presunta existencia de dichas armas.

Zapatero intenta recuperar la iniciativa en el caso del CNI y con la guerra de Iraq, pero la entrevista de Carod con ETA sigue causando estragos en su campaña y dentro del PSOE. Ayer mismo Pasqual Maragall declaraba por enésima vez que Carod-Rovira tiene abierta la puerta del Gobierno de la Generalitat para regresar a él si informa a la Policía del contenido de la entrevista y promete ser leal a las instituciones catalanas. Y eso lo decía Pasqual Maragall mientras otros dirigentes del Partido Socialista como Juan Carlos Rodríguez Ibarra declaraban públicamente que Carod-Rovira no puede volver al Gobierno de la Generalitat, a lo que contestaba el número dos de Maragall, José Montilla, que en Cataluña no se aceptan presiones ni órdenes de nadie a la hora de tomar las decisiones de su Gobierno.

Las heridas que ha causado en el cuerpo del PSOE la formación del gobierno tripartito se han aumentado y están sangrantes con la crisis de Carod, y lejos de cerrarse, amenazan con dejar inane el cuerpo político del PSOE. Un Partido Socialista que no sólo tiene que hacer frente al PP, sino también a los compromisos políticos de Maragall y a su propia crisis interna, tres frentes demasiado importantes y absorbentes para un José Luis Rodríguez Zapatero que no pierde la sonrisa aunque, no nos cabe duda, por dentro llevará una trágica procesión por lo que está pasando, lo que está sufriendo y lo que puede pasar en la noche del 14 de marzo.

La incompetencia de Carod
Editorial Heraldo de Aragón  3 Febrero 2004

Esa indecisión y mantenerlo en el Gobierno han sido síntomas muy inquietantes de que el líder del socialismo catalán y presidente de Cataluña o no acaba de entender la gravedad de lo ocurrido, o desea marcar distancias con el socialismo español, o quiere acentuar su costado catalanista, o, en fin, es prisionero de ERC. El presidente extremeño Rodríguez Ibarra ya había pedido que Carod se marchase sin más. Bono indica que no es justo que se tengan más derechos por pagar más impuestos. Y el catalanismo vinculado a ese "seny" traicionado por la "rauxa" se pregunta cómo es posible plantearse, en las condiciones actuales del "Govern", la reforma del Estatuto.

La irresponsabilidad de Carod ha creado un clima de alta tensión entre PSC y PSOE -previsible para todos en precampaña, salvo para el PSOE-, y eso dañará no poco las aspiraciones electorales del partido socialista, cuyo líder, Rodríguez Zapatero, tampoco ha podido exhibir contundencia ante el PSC. Si alguien debe dar explicaciones sobre la reunión de ERC con ETA son ERC y Maragall. El perjuicio a Cataluña, como ha dicho el ex-presidente Pujol, es evidente y quizá favorezca, de rechazo, a CiU el 14 de marzo. En cualquier caso, habrá que ver qué hacen los votantes catalanes con ERC, en una lista que lleva a Carod por cabecera. Un problema que no debió existir y con el que el imprudente líder de ERC ha demostrado su nivel de incompetencia.

La gala del cine
Antonio Martín Beaumont La Razón  3 Febrero 2004

El mundo del cine anda revuelto, y con razón. La gala anual del cine se ha convertido este año, y ya van dos, en un espectáculo político y muy poco artístico. La izquierda cultural, que se considera la única creadora de cultura, y en definitiva la propietaria de todas las manifestaciones de la cultura española, ha mostrado otra vez su rostro más antipático. El documental «La pelota vasca» de Julio Medem ha sido sólo una excusa para escenificar la manipulación de la realidad.

La libertad de expresión es un principio constitucional que no corre riesgo en España, salvo precisamente allí donde el totalitarismo nacionalista impera. No es la libertad de expresión de Julio Medem la que ha estado y está en peligro, sino la de la mitad de los vascos y la de mil asesinados por ETA, miles de heridos, decenas de miles de perseguidos y refugiados políticos, con sus familias. Que ni a Medem ni a sus portavoces les preocupan en absoluto por lo que se vio.

Deben entender que la verdadera y única libertad de expresión es la suya propia y no han caído en la cuenta de que cuando de terrorismo se trata no es posible colocarse en la equidistancia sin caer en la aberración moral.
George Orwell dijo, a propósito e una situación similar, que la cobardía intelectual es el peor enemigo al que han de hacer frente los periodistas y escritores en general. Cuando Orwell escribía, los Menem de turno vivían ilusionados la experiencia estalinista, paradigma como bien se sabe de libertades y de progreso.

Ha faltado vergüenza y sentido del ridículo en la gala anual del cine español, porque abusando de la libertad de expresión se negaba la de las víctimas. Han sobrado complejos para denunciar el escándalo. ¿En nombre de qué pueden unos pocos arrogarse la representación de todo el mundo del cine, y por extensión de la cultura, y emplearse a fondo en ataques a la verdad?

Además, ¿en nombre de qué cine? Porque esta industria vive hoy de las subvenciones que concede generosamente el mismo Gobierno al que vituperan, y no consigue llevar a los espectadores a las salas para ver sus películas ni a la fuerza.

Nafarroa Bai
Los "abertzales" se unen en Navarra
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital  3 Febrero 2004

En marzo, los abertzales nos pueden dar el disgusto de obtener un diputado por Navarra. Lo que no han sido capaces de hacer en las vecinas Vascongadas, lo han conseguido los nacionalistas. Se han arrancado sus etiquetas de moderados, progresistas, izquierdistas, soberanistas y autonomistas, y se han unido para presentar sendas listas al Congreso y al Senado bajo la denominación de Nafarroa Bai.

Hasta ahora, el reparto de diputados vasconavarros favorecía a los partidos nacionales. Los partidarios de la unidad de España sumaban 11 en la comunidad vasca y 5 en la navarra: 7 para el PP (3 por Vizcaya, 2 por Guipúzcoa y 2 por Álava), 6 para el PSOE (2 por Vizcaya, 2 por Navarra, 1 por Álava y 1 por Guipúzcoa) y 3 para UPN. El bloque abertzale se quedaba en 8: 7 para el PNV (4 por Vizcaya, 2 por Guipúzcoa y 1 por Álava) y 1 para EA (por Guipúzcoa). Recuérdese que HB en 2000 no se presentó.

No es probable que la distribución varíe en Vizcaya ni en Álava. En Guipúzcoa puede ocurrir, debido a que por los seis escaños compiten cuatro partidos, con lo que una pequeña alteración puede causar que una fuerza gane o pierda un diputado. Sin embargo, la novedad más sorprendente puede darse en Navarra. De las ocho elecciones generales registradas desde 1977, en cinco, los diputados se distribuyeron entre dos partidos, mientras que en las de 1979, 1986 y 1996, la asignación fue entre tres.

El nacionalismo vasco tuvo representación por Navarra en la Restauración y en la II República. En la Monarquía de Juan Carlos I sólo ha ocurrido dos veces. En 1979, el PSOE y el PNV pactaron una lista conjunta al Senado, llamada Frente Autonómico, que llevó a la Cámara Alta, entre otros, al peneuvista Manuel Irujo, que, como ministro de Justicia en los gobiernos del Frente Popular, toleró con su presencia la persecución de los católicos. En 1986, Herri Batasuna obtuvo un acta de diputado.

Como ha demostrado Josep Lluis Pérez Carod, los nacionalistas nunca se están quietos; siempre están maquinando algo. A fin de atenuar la probable victoria por mayoría absoluta del PP, se han unido, al menos, en Navarra. Eusko Alkartasuna ha preferido presentarse sola en Vascongadas (por primera vez en cuatro años, acude separada del PNV a unas elecciones) para resistirse a la absorción por el PNV.

Los participantes en Nafarroa Bai son EA, Aralar (grupo escindido de HB y dirigido por Patxi Zabaleta), Batzarre y PNV. En las pasadas elecciones al Parlamento autonómico, sus listas tuvieron los siguientes resultados: Aralar, 23.697 papeletas; EA/PNV, 22.727; y Batzarre, 7.897. En total, 54.321. De repetirse los datos de las elecciones de 2000, Nafarroa Bai sacaría el escaño sin necesidad de pactar con los restos de Batasuna. El acta la perdería el PSOE, lo que sería un triste consuelo para el PP y la UPN, pues los abertzales demostrarían a los socialistas que únicamente pueden ocupar el Ejecutivo autonomico si se alían con ellos.

Merece la pena describir a la candidata de Nafarroa Bai al Congreso. Se trata de la periodista Uxue Barkos, corresponsal de la cadena pública ETB en Madrid. Su presencia denota el carácter sectario de esa televisión. Como ya dijo hace años Iñaki Zarraoa (actual alcalde de Guecho) cuando fue director general del ente: “ETB es un proyecto abertzale hecho por abertzales para abertzales”; aunque con las frecuencias del Estado español y los impuestos de los vascos no abertzales. ¿Qué dirían Iñaki Anasagasti y Javier Arzallus si Alfredo Urdaci se presentase como cabeza de la lista del PP por Guipúzcoa?

El líder de ERC y socio del PSOE, que dimitió ayer, se retrata en sus numerosos artículos periodísticos
La Razón 3 Febrero 2004

«La bandera de España es la de los cuarteles, las comisarías y los gobiernos civiles» (Avui, 9 octubre 2003)
«No es igual un inmigrante hombre que una inmigrante mujer» (Avui, 29 mayo 2001)
«Si a todos los batasunos se les deja sin instrumento político, no les queda otro instrumento que la violencia, es decir, ETA...» (Avui, 28 agosto 2001)

«Madrid se inventó una bandera propia en quince días probablemente subvencionada por la marca de cervezas Mahou» (Avui, 10 abril 2002)
«Pertenecer a España nos cuesta demasiado caro y no nos conviene: es una ruina. Que no nos condenen a ser una triste comunidad autónoma del reino de España» (Avui, 13 marzo 2002)
Carod, a ETA : «Cataluña no es España. Si queréis atentar contra España mirad antes en el mapa»

«En esta borrachera españolista y políticamente tan irresponsable han tenido a su lado, con una docilidad y seguidismo increíbles, al PSOE» (Avui, 28 agosto 2002)

«Aspiramos a ser un nuevo Estado miembro de la Unión» (Avui, 13 marzo 2002)
«Este nuevo franquismo cuenta con portavoces como Rodríguez Ibarra. Y su correligionario Paco Vázquez ha defendido que se prohíba la oficialidad del catalán, el gallego y el vasco» (Avui, 5 marzo 2003)

«El PSOE ha formado al lado de Aznar, desfilando desacomplejadamente al son del himno nacional español y al glorioso grito de ¿Viva España!» (Avui, 28 agosto 2001)
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