AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 4 Febrero 2004
Patético
Luis María ANSON La Razón 4 Febrero 2004

La crisis sigue
Opinión  El País 4 Febrero 2004

EL PNV CATALÁN Y EL SÍNDROME DE VITORIA
MIQUEL PORTA PERALES ABC 4 Febrero 2004

Carod-Rovira
Juan Alberto BELLOCH La Razón  4 Febrero 2004

Adiós, Arzallus, adiós
Ernesto LADRÓN DE GUEVARA La Razón  4 Febrero 2004

EL HUEVO DE LA DISCORDIA
M. MARTÍN FERRAND ABC 4 Febrero 2004

LAS PERAS (Y PEROS) DEL OLMO
Ignacio RUIZ QUINTANO ABC 4 Febrero 2004

936 VELAS
Alfonso USSÍA ABC 4 Febrero 2004

Cuestión de preposiciones
Aleix Vidal-Quadras La Razón  4 Febrero 2004

A otra cosa mariposa
EDITORIAL Libertad Digital 4 Febrero 2004

A otra cosa mariposa
EDITORIAL Libertad Digital 4 Febrero 2004

La verdad terrorista
Agapito Maestre Libertad Digital 4 Febrero 2004

Tres errores, una mentira
José María Carrascal La Razón  4 Febrero 2004

Lo que pasa en la calle
Joaquín Marco La Razón  4 Febrero 2004

Sentido común y política
Cartas al Director ABC 4 Febrero 2004

Jesús Bastante, autor de «Los curas de ETA: la Iglesia vasca entre la cruz y la ikurriña» afirma que «los obispos vascos no han podido desembarazarse de Setién»
Madrid. J. P. ABC 4 Febrero 2004

El caso Carod, primera parte
CARLOS MARTÍNEZ-BUJÁN PÉREZ La Voz de Galicia 4 Febrero 2004

Montero deja la UPV entre elogios del PNV y críticas de los constitucionalistas
M. ALONSO ABC 4 Febrero 2004

Acebes denuncia una nueva campaña de extorsión de ETA mientras algunos ponen precio a la paz
EFE Libertad   Digital 4 Febrero 2004
 

Patético
Luis María ANSON La Razón 4 Febrero 2004
de la Real Academia Española

Un sector del partido socialista trata a la desesperada de desviar la atención sobre la catástrofe que para Zapatero ha supuesto la entrevista, posiblemente delictiva, de Carod-Rovira con Josu Ternera. Varios dirigentes del PSOE reiteran la cantinela de la responsabilidad del Gobierno en la filtración periodística con utilización de los servicios de inteligencia para fines partidistas y electoreros.

Aunque eso fuera así, se trataría de una cuestión menor ante la atrocidad de que el aliado y soporte del PSOE en el Gobierno de Cataluña, se haya entrevistado clandestinamente con Eta para implorar a Josu Ternera, ese hombre de Estado, que siga matando en toda España pero no en Cataluña, porque los catalanes no son españoles.

Resulta patético el aspaviento socialista para emborronar el desplante de Carod-Rovira a base de cortinas de humo que sólo sirven para acentuar el atropello cometido por el árbitro de la Generalidad, ante el que Maragall anda postrado de hinojos y babeando. A la opinión pública española le importa un bledo quién o quiénes filtraron la noticia. Lo que le importa es el hecho en sí mismo y por eso está abrumadoramente en contra del cinismo y la desfachatez del socio clave del PSOE en Cataluña.

La crisis sigue
Opinión  El País 4 Febrero 2004

El caso Carod, lejos de quedar zanjado, ha abierto visibles heridas en las filas del socialismo. Una semana después del estallido y de su supuesta resolución, dirigentes socialistas se cruzan ásperos reproches en los que está implícita una valoración divergente de la crisis y una percepción también distinta de sus consecuencias para el conjunto del partido socialista. El calibre de la deslealtad de Carod es distinto según se analiza desde la sede del PSC en Barcelona o desde la sede del PSOE en Madrid, y otro el orden de prioridades que se establece sobre el bien a preservar: en Cataluña parece ser el tripartito por encima de los resultados electorales de Zapatero, y lo contrario en la calle de Ferraz.

No se trata únicamente de divergencias internas. Lo que está en juego es algo que importa a todos. Una democracia necesita de un partido de oposición que represente una alternativa creíble y posible, capaz de disputar por el Gobierno en las urnas. Ni el mejor estratega de campaña del Partido Popular hubiera imaginado un espectáculo como el que protagonizan diversos dirigentes socialistas, hasta el punto de que la deslealtad del dimisionario Carod aparece como la ignición del explosivo que puede llevarse por delante los dos objetivos que los socialistas querían preservar: el tripartito y las posibilidades de éxito de Zapatero.

La formación del tripartito catalán y la presidencia de Pasqual Maragall no hubieran sido posibles sin la voluntad y el esfuerzo expresos de Rodríguez Zapatero y de su ejecutiva, concretados sobre todo en la declaración de Santillana. Esto les da todo el derecho a pedir una respuesta recíproca a la hora de facilitar una campaña con posibilidades de evitar al menos la mayoría absoluta del PP. La respuesta lenta y tortuosa de Maragall a la deslealtad de Carod, al que en un primer momento quiso mantener en el Gobierno como conseller en cap sin atribuciones de relaciones exteriores, llevó a Zapatero a exigirle públicamente su cese inmediato, algo que sentó muy mal en el socialismo catalán, pero que tenía como fundamento el daño irreversible que ocasionaría en la campaña del PSOE la mala gestión de la crisis.

Maragall se sacó de la manga una solución florentina que podía cerrar la crisis si se cumplía una condición: que todos se expresaran con lealtad y moderación y no se infligieran mutuamente nuevas heridas. El propio Maragall ha abierto de nuevo imprudentemente la crisis al insistir, en una entrevista en la SER, en que mantiene abierta la puerta a una reincorporación de Carod, recordarle a Zapatero que le debe su puesto de secretario general e invocar confusamente el drama civil de 1936 si no se avanza en el camino de la España plural. Es difícil que en tan poco tiempo alguien ponga en peligro más cosas, incluidos sus propios intereses.

Lo que hace posible el tripartito es la coincidencia en las políticas: no en la ideología o la gran política, sino en las prioridades de gestión en las que es fácil la coincidencia entre socialdemócratas y catalanistas de izquierdas. Carod rompió esa dinámica no sólo con su desgraciada iniciativa, sino con su posterior justificación y con el desafío de convertir su candidatura en un plebiscito contra quien le ha destituido y a favor de la deslealtad y de la libertad de acción en materia tan delicada como la del terrorismo.

En esas condiciones, a ese precio, el tripartito tiene una vida muy dificil. Su continuidad depende de que Maragall sea capaz de hacer comprender a los dirigentes de Esquerra que ya han perdido la doble llave que les permitiría gobernar con CiU y que la salida no provisional de Carod es condición para recomponer el pacto roto por el ex conseller en cap. También de la capacidad del Gobierno catalán de empezar a gobernar y desplegar políticas concretas, aplazando las decisiones que harían aflorar las divergencias ideológicas.

EL PNV CATALÁN Y EL SÍNDROME DE VITORIA
Por MIQUEL PORTA PERALESCrítico literario y ensayista ABC 4 Febrero 2004

SI Ludwig Feuerbach resucitase, vería confirmada su teoría de la alienación según la cual el ser humano inventa unos ídolos que se erigen en objeto de adoración. Esos ídolos, por seguir con la teoría que Ludwig Feuerbach formuló en La esencia del cristianismo (1841), acaban subyugando y dominando a quien los ha creado. Y a eso, precisamente, se llama alienación. Pues bien -como decía al inicio de estas líneas-, si el filósofo alemán resucitase, contemplaría con cierto regocijo que su teoría ha superado la prueba de los hechos en Cataluña. Y ello es así, porque una parte importante del nacionalismo catalán ha convertido en ídolo a un nacionalismo vasco -me refiero al PNV y a EA- al que atribuye toda clase de virtudes y posibilidades. Al respecto, añado un par de cosas.

Primera: en Cataluña existe un PNV catalán, un singular movimiento virtual de carácter transversal en el que encontramos un amplio abanico de políticos e intelectuales de ideología diversa, pero cortados todos ellos por el patrón nacionalista.

Segunda: el PNV catalán padece lo que se podría denominar el síndrome de Vitoria, esto es, un conjunto de síntomas que, al modo del síndrome de Estocolmo clásico, hace -se trata de una metáfora, claro está- que el «secuestrado» manifieste una corriente de simpatía hacia el «secuestrador». Pero, en un mundo nada inocente como el nuestro, todo tiene su secreto. Y desvelar el secreto sirve para entender lo que hoy ocurre en la política catalana. Vayamos a ello.

¿Qué pretende el PNV catalán? Estamos ante un movimiento que crea un estado de opinión propicio a la ideología y la práctica del PNV auténtico. En este sentido, cada miembro del PNV catalán cumple su misión en el ámbito que le es propio. ¿Los políticos peneuvistas catalanes? Algunos firman declaraciones conjuntas con el PNV auténtico, otros defienden con entusiasmo el discurso peneuvista auténtico, hay quien firma documentos pidiendo la anulación de las elecciones en los municipios vascos donde las listas de AuB fueron prohibidas, no falta quien se emociona ante la visita del lehendakari al Parlament y grita «Gora Euskadi» y, en fin, también existen partidos -CiU y ERC- que mandan una representación oficial a la sesión del Parlamento Vasco en la que Ibarretxe presenta su plan de libre asociación.

Por su parte, el brazo intelectual del PNV catalán se encarga de generar una opinión favorable al PNV auténtico y desfavorable a sus críticos. Así -por poner sólo algún ejemplo-, no es extraño oír y leer opiniones que valoran positivamente el pacto de Estella, la pastoral de los obispos vascos, la negativa de Atutxa a disolver el sucedáneo de Batasuna, el plan Ibarretxe y, sobre todo, un diálogo -mucho diálogo- que da oxígeno a la banda, atenúa sus crímenes y le confiere un papel arbitral.

Y, por supuesto -se trata también de algunos ejemplos-, se valora negativamente el pacto por las libertades y contra el terrorismo, la ley de partidos, el cierre de Egunkaria, Garzón, Mayor Oreja, Redondo Terreros, Fernando Savater, ¡Basta Ya!, y la política inmovilista del Gobierno que cerraría las puertas a la resolución del conflicto. ¿Quizá se trata de una cuestión de libertad de expresión? De acuerdo. Pero, ¿acaso no resulta extraño el maniqueísmo que cuelga la etiqueta de bueno o malo en función del acuerdo o desacuerdo con la política del PNV? Uno sospecha, en fin, que estamos ante una suerte de movimiento que, como diría un estructuralista, se coordina automáticamente. Se trataría, en suma, de un proceso sin sujeto dirigente. Aunque sí con una cierta aureola espiritual, como lo demuestra -también al modo del nacionalismo vasco- el resurgir de la tradición nacionalcatólica que reivindica -¡vuelve el ius sanguinis!- aquello de «volem bisbes catalans».

Por cierto, hablando de aureola espiritual, pocos han analizado que Carod-Rovira, en la primera comparecencia tras la entrevista con ETA, estuviera acompañado por el ex abad de Montserrat. Y pocos han considerado el hecho que Carod-Rovira -al igual que Arzalluz- se formara en el seminario: ¿quizá el líder de ERC, investido de bondad y de fe, como si de un Mesías se tratara, propaga ahora su verdad a las masas nacionalistas?

Como decíamos más arriba, en este mundo nada es inocente y todo tiene su secreto. ¿Por qué surge el PNV catalán? Por una triple razón: sicológica, ideológica y estratégica. Hay sicología en un movimiento que se identifica y solidariza con otro -el nacionalismo vasco, en este caso-, porque considera que ambos están sojuzgados por un adversario/enemigo común llamado España. Hay ideología en un discurso mitificador y mistificador repleto de unas entelequias y falacias -identidad propia, pueblo, ámbito propio de decisión, reconstrucción nacional o autodeterminación- que también frecuenta el nacionalismo vasco.

Hay estrategia -mucha- en una política que busca la coordinación de los nacionalismos periféricos ante un eventual cese de la violencia del que aprovecharse. Y este indigno sacar tajada explica el síndrome de Vitoria -una relación casi enfermiza- del cual hablábamos antes: el PNV catalán ha sido seducido por un PNV auténtico que marcaría la línea correcta que seguir en el camino que conduce a la soberanía. Línea correcta que pasa por la producción del conflicto según el manual de uso diseñado por Ibarretxe: se trata de tensar la cuerda hasta provocar la reacción del Estado de derecho. Entonces, el nacionalismo saca a colación el conocido victimismo -«no nos entienden», «no nos dejan ser lo que queremos ser», «no nos quieren», «nos persiguen», «no habrá más remedio que marchar»- que justifica emocionalmente el proyecto soberanista. En esta estrategia, el nacionalismo vasco oficia de maestro y el catalán de aprendiz.

A lo largo de su historia, al nacionalismo catalán siempre le ha gustado jugar el papel de Ulises. Pero, a diferencia del clásico, nuestro Ulises siempre ha creído los cantos de sirena que le señalaban el camino. Primero fue la Hungría que surgió de la descomposición del Imperio de los Habsburgo, y luego vinieron, sucesivamente, los ejemplos de Creta, Finlandia, Noruega, Polonia, México, Albania, Argelia, Cuba, Irlanda, Québec, Lituania, Eslovenia, Croacia o Eslovaquia. De frustración en frustración, después de navegar durante más de un siglo por diversos mares y océanos, una parte importante del nacionalismo catalán ha atracado a orillas del Cantábrico, en el País Vasco. Un bello paraje, sí señor. Y una gente excelente. Pero, hay que saber escoger la compañía adecuada.

El PNV no es la buena compañía que hoy precisa Cataluña y los catalanes. Y añado: el nacionalismo vasco es también una mala compañía para un nacionalismo como el catalán que no es étnico, sino básicamente cívico. Pero, según se constata, hay quien está literalmente seducido por el aroma que se desprende del Euskadi Buru Batzar. ¡Qué diferencia entre el Jordi Pujol que critica Estella y advierte del riesgo de euskadización de Cataluña y quienes ríen las gracias del PNV! Y esta euskadización -que salpica negativamente el clima político y social catalán- que denuncia Pujol es uno de los peligros que hoy se ciernen sobre Cataluña. Me van a permitir que estas líneas, que empiezan con una cita de Ludwig Feuerbach, concluyan con una paráfrasis de Karl Marx, uno de sus «alumnos»: el nacionalismo vasco es el opio del irredentismo nacionalista catalán. Opio: sustancia opaca, amarga, de olor fuerte.

Carod-Rovira
Juan Alberto BELLOCH La Razón  4 Febrero 2004

Los expertos en temas electorales anda diciendo estos días que la conducta del ex conseller Carod-Rovira hará posible que Rajoy gane las elecciones y que lo haga por mayoría absoluta. En Cataluña la conclusión a la que llegan es que también se producirá un sensible crecimiento del voto «popular», del voto republicano y hasta del convergente todo ello en perjuicio, dicen, del voto socialista.

Dentro del caballo de Troya del tripartito anidaba, así pues, una peligrosísima víbora llamada Carod que, además, tenía la extraña particularidad de morder y ser únicamente mortal para el género socialista.

Los hechos y las palabras del dirigente republicano han sido descalificadas con un chaparrón de insultos inéditos por estos lares, al menos desde la última legislatura de Felipe González. Han vuelto en suma los pésimos viejos tiempos. El partido popular ha llevado en esta ocasión hasta sus últimas consecuencias la para ellos irresistible tentación de rentabilizar en términos electorales la política antiterrorista, desconociendo una vez más que en este terreno el pan de hoy es siempre hambre para mañana. Pero en este oficio no cabe engañarse. Era más que previsible para cualquiera que el descubrimiento de la entrevista de Carod con los etarras traería consigo estas consecuencias. Del dirigente republicano nadie ha dudado, hasta hoy, de que era enérgico, hábil e inteligente y, por tanto, es imposible imaginar que al actuar como lo hizo no conociera bien el alcance político de su conducta. De ahí que la única pregunta de la que me gustaría saber la respuesta es ¿por qué Carod-Rovira actuó así?

No resulta creíble la versión de Carod de que su entrevista era la continuidad de una apuesta de fondo por el diálogo como único camino para atajar el problema terrorista. El mantenimiento de tal estrategia en modo alguno pasaba por escenificar un encuentro de esa naturaleza precisamente en período electoral. Más bien al contrario exigía una conducta diametralmente opuesta aunque sólo fuera para evitar, una vez descubierto, producir el efecto de demonizar toda vía de diálogo como cabalmente ha ocurrido. Aunque uno se crea, que ya es creer, que «el hablando se entiende la gente» es aplicable a la gentuza terrorista (pecado en el que por cierto en el pasado incurrió sucesivamente toda la clase política española) lo que está fuera de toda duda es que la puesta en marcha, ya desde un Gobierno, de tal práctica política no era tan urgente que no pudiera esperar tiempos mejores.
Lo único que haría relativamente explicable el proceder de Carod-Rovira es que pensara que tal encuentro se iba a mantener en secreto y que, por lo tanto, su conducta iba a quedar impune en términos políticos. Si fuera posible creer tal hipótesis, el problema se reduciría a que nos explicara el líder republicano de qué modo el diálogo por él emprendido (o continuado) podía conducir a la paz o, por ser más precisos, qué podría él ofrecer a los terroristas para lograr lo que nunca lograron los legítimos representantes del Estado español que, en uno u otro momento histórico, confiaron en ese método de trabajo. Haría falta creer que, en su angelical inocencia, Carod piensa que a cambio de unas cuentas de cristal de tan escaso valor como un vago apoyo político, los terroristas podían estar dispuestos a vender una paz que tantas veces se intentó comprar y a precio de oro.

El problema es que la contrastada inteligencia de Carod-Rovira es incompatible con tal hipótesis. No es creíble que confiara en el «secreto» de sus conversaciones con los etarras. Y no lo es porque resulta impensable que un desplazamiento al sur de Francia de un líder político con responsabilidades de Gobierno pueda pasar desapercibido a los servicios de inteligencia o a las fuerzas y cuerpos de seguridad especializados en la lucha antiterrorista. Un mero examen desde fuera, y sin ningún conocimiento especializado de los crecientes y sucesivos éxitos policiales en este ámbito, evidencia que felizmente la organización terrorista es incapaz no ya de garantizar la confidencialidad de encuentros de esta naturaleza, si es que por cierto tuvieran en ello el más mínimo interés ¬que tampoco lo creo¬, sino que, al contrario, no es capaz siquiera de garantizar la impunidad de sus propios comandos de asesinos. Nuestros servicios cuentan hoy con buena y sólida información, incluso desde dentro de la propia organización. Carod-Rovira, por tanto, tenía que saber, salvo trastorno mental transitorio, que su encuentro con los terroristas iba a ser conocido más allá de toda duda. Y pese a ello consideró oportuno seguir adelante. ¿Por qué?

De igual modo tenía que saber que, desde su posición como partido, ERC no tiene nada serio que ofrecer a ETA para que abandone la lucha armada. Por tanto la razón de estos encuentros no puede ontológicamente tener nada que ver con una cívica iniciativa tendente a la búsqueda de la paz, como no se confirmase claramente, algo literalmente espeluznante, que únicamente buscase la declaración de Cataluña como zona exenta de acciones terroristas, lo que haría explicable la pretensión de controlar en ese marco territorial los servicios antiterroristas.

Su conducta es, por tanto, inaceptable no sólo por razones electorales sino por razones de fondo. Si está mal ser tan profundamente desleal a Pascual Maragall y, en general, al conjunto de socialistas españoles que apoyaron la opción del PSC para formar un tripartito en Cataluña, hasta el punto de no dudar en realizar un encuentro cuyo inevitable descubrimiento les iba a convertir en únicos perjudicados, es aún peor abordar un marco de relación política con los terroristas en el que de prosperar, las únicas víctimas seguras iban a ser los ciudadanos españoles que no tengan la suerte de residir en Cataluña. Por encima de coyunturas políticas, si se confirmase que ese es el propósito de los dirigentes de ERC, no tendría ningún sentido continuar gobernando con ellos. Ni en Cataluña, ni en ninguna parte.

Adiós, Arzallus, adiós
Ernesto LADRÓN DE GUEVARA La Razón  4 Febrero 2004

La retirada de la política en primera plana de Arzallus constituye una buena noticia para la democracia, independientemente de que Josu Jon Imaz tenga margen de maniobra personal, dado el legado demencial y rupturista que le han dejado.

Arzallus se ha caracterizado por una deslealtad política sin parangón en la historia, y por su colaboración en los fines, objetivos y, en determinados momentos, tácticas con los que practicaban una política mafiosa, típica de otras latitudes como sucede en Sicilia o en Nápoles.

ETA hubiera podido desaparecer hace tiempo si no hubiera existido el paradigma político de «la recogida de las nueces para lo que alguien tiene que menear el árbol» que ha significado Arzallus.

Arzallus ha hecho un mal irreparable a la convivencia política y a la estabilidad democrática en nuestra tierra, por ello los ciudadanos no le tenemos que agradecer absolutamente nada, más bien al contrario.

Otra cosa es lo que pueda hacer Imaz, ya que tiene tras de sí la sombra de Eguíbar que va a estar marcándole para que no se desvíe del redil que le han puesto.

Lamentablemente no se vislumbran cambios en el PNV a pesar del indudable talante dialogante y civilizado que tiene el nuevo «burukide». Los demócratas deberemos ayudarle, desde fuera del PNV, para que lleve al nacionalismo hacia posturas constructivas y de respeto a las reglas de juego democráticas. De lo contrario, la esperanza de regeneración de este País Vasco será muy escasa en términos democráticos.

EL HUEVO DE LA DISCORDIA
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 4 Febrero 2004

AL calor de las esperpénticas desavenencias entre José Luis Rodríguez Zapatero y Pasqual Maragall, bien aprovechadas con ánimo electoral por todos los partidos en presencia, se está incubando un huevo peligroso. Es el huevo de la discordia que, si llega a eclosionar, puede echar por tierra mucho de lo poco conseguido en estos últimos veinticinco años en lo que se refiere a la cohesión nacional. El huevo estaba ahí y la galladura es cosa de Josep Lluis Carod-Rovira, pero no nos servirá para mucho, especialmente a quienes no queremos ganar ninguna elección, el hacer un catálogo de los promotores y responsables de la situación.

Este pasado domingo, dentro del ritual separador en curso, TV3, la televisión autonómica que ahora manipula el tripartito, emitió un reportaje que ha conseguido soliviantar el ánimo de un buen número de catalanes. Los responsables de 30 minuts, un clásico de la cadena, presentaron a sus espectadores -el programa más visto en la noche del domingo- un mosaico con las opiniones que, en toda España, suscita el hecho catalán y sus aspiraciones de un mayor autogobierno. En su transcurso se escucharon voces recogidas en la calle -¿ingenuamente?- en las que se valoraba a Maragall como «piltrafa» y a Carod se le tildaba de «paleto y mequetrefe». Un coro de taxistas de Madrid aseguraba que «las listas de ERC están llenas de terroristas» y, suma y sigue, hasta completar media hora de improperios tan llenos de finura como la intervención de Curri Valenzuela, comentarista habitual de Radio Nacional de España, que define a Cataluña como un «vecino pesado».

Aparte de que Cataluña no es un «vecino», y si lo es lo será para los franceses, este tipo de programas separadores, sembradores de discordia e impropios desde una televisión pública, no son nunca el fruto de una casualidad. Cataluña vive un momento difícil que, de salida del pujolismo, no parece encontrar en el Govern que preside Maragall la cuota de estabilidad que los catalanes quisieran y a todos conviene, pero ése es uno de los impuestos que establece el salutífero juego de la alternancia política. Echarle leña a ese fuego, desde el interés electoral de unos, la pasión electorera de otros o el sectarismo prográmatico de lo que debiera ser una institución, es altamente irresponsable.

El anacrónico fenómeno de los nacionalismos tiene sus razones históricas y sociales. Éstas se excitan sobremanera cuando algún elemento catalizador, un Carod-Rova, consigue estimular las pasiones que conducen al arrebatamiento y, por ese camino, algunos -¿muchos?- llegan al éxtasis separatista. El mal sólo tiene el antídoto del sentido común y, en los últimos tiempos, ése es un bien escaso. A la rabia centrífuga de algunos soberanistas se opone la saña centrípeta de los celosos guardianes de las esencias patrias y así, entre unos y otros, se sigue incubando el inquietante huevo de la discordia.

LAS PERAS (Y PEROS) DEL OLMO
Por Ignacio RUIZ QUINTANO ABC 4 Febrero 2004

LA libertad de expresión es un lujo exclusivamente liberal que se justifica sólo por la creencia en que la discusión conduce a la victoria de la opinión más acertada. Ninguno de los cineros que aprovecharon esa gala de los Goya que olía a pies para enviar onomatopeyas de cariño a sus coleguillas profesa la ideología liberal o burguesa, sino la de progreso, que es su contraria.

Gracias al marxismo, escribe Rorty, el término «cultura burguesa» se ha convertido en una manera de referirse a todo aquello que los intelectuales -en adelante, los cineros- desprecian. Actuar de ese modo es una forma de vincular la narración de autocreación de los cineros con el deseo de los trabajadores oprimidos de expropiar a sus expropiadores. Y tal vínculo ayuda a los cineros a asociarse con los ideales de democracia y solidaridad humana. Les permite, en definitiva, tener lo mejor de ambos mundos: la habilidad de combinar el desdén tradicional de los sabios por los muchos con la creencia de que la burguesía decadente mayoritaria está a punto de ser reemplazada por un nuevo y mejor tipo de mayoría, la clase obrera emancipada, los nuevos hombres y mujeres socialistas.

Una vez aquí, Rorty, que no tiene por qué saber lo brutos que pueden llegar a ser los cineros españoles, hace una educada invitación a la autocrítica: «Pero ahora no podemos seguir siendo leninistas, y debemos enfrentar algunas cuestiones que el leninismo nos ayudaba a eludir.» Esas cuestiones son:

-¿ESTAMOS más interesados en aliviar la miseria o en crear un mundo en el que los cineros fueran los guardianes del bienestar público? ¿Qué hay del sentimiento de pérdida que nos invade cuando nos vemos forzados a concluir que los Estados de bienestar democrático-burgueses son lo mejor que podemos prever? ¿Es tristeza porque pensamos que los pobres nunca conseguirán eludir estar bajo los ricos, porque nunca podremos alcanzar la solidaridad de una comunidad cooperativa? ¿O, más bien, es la tristeza de pensar que nosotros los cineros hemos resultado menos relevantes para el destino de la humanidad de lo que habíamos esperado? ¿Es nuestra sed de narraciones histórico-mundiales, de teorías profundas sobre profundas causas del cambio social, producida por nuestra preocupación por el sufrimiento humano? ¿O es, al menos en parte, producto del ansia por lograr un papel importante que jugar en todo esto?

EN la gala de los Goya, la que olía a pies, al pedir solidaridad a los cineros, las víctimas de Eta pedían peras al olmo del progreso, pues Eta es una fuerza (violenta) de progreso -otra partera de la historia-, y el progreso no admite peras sin peros. Es la pera que un profesional de la sensibilidad diga, acojonado por la presión social, «yo también estoy contra el terrorismo», mas corriendo añadirá un «pero». Así, lo que la Eta mata muere dos veces. Si la Eta te alcanza, algo habrás hecho. Una ministra negó una subvención a las víctimas del terrorismo por ser cosa de fachas. Y en la gala de los Goya, mientras en el salón se moqueaba por la libertad de expresión, las víctimas del progreso etarra estaban en la calle a dos velas.

¿Quién fue aquel ante quien, en Auschwitz, Dios calló?, ha sido la pregunta de toda la vida de Steiner.

«¿Por qué es posible tocar Schubert por la noche y marchar por la mañana a cumplir con sus obligaciones en el campo de concentración? El señor Gieseking tocó Debussy -de manera incomparable, parece- mientras se oían los gritos de quienes pasaban por las estaciones de Múnich rumbo a Dachau. Era en medio del campo de Buchenwald y allí, la famosa «Buche»: el árbol preferido de Goethe. Deliberado simbolismo nazi. Y los ejemplos se multiplican y multiplican...»

936 VELAS
Por Alfonso USSÍA ABC 4 Febrero 2004

LLORABA sobre la tarde de Madrid una lluvia fina del norte. En la tierra vasca es conocida por «sirimiri». Según don Ramón María de Azkue en su «Diccionario Vasco-Español-Francés», «sirimiri» significa trabajo pequeño, esfuerzo de poca monta. En verdad, las nubes que descargan su «sirimiri» no parece que trabajen en demasía. En La Montaña de Cantabria el «sirimiri» tiene dos nombres. El oriental de «calabobos» y el occidental de «orbayo», que es voz asturiana y también gallega. Sobre Madrid lloraban las nubes con su «sirimiri», su «orbayo» o su «calabobos». Pero no consiguió el llanto del cielo apagar ni una sola de las 936 velas encendidas por las víctimas del terrorismo en memoria de sus seres queridos asesinados. De esas llamas persistentes y firmes, más de treinta correspondían a recuerdos de niños a los que no permitieron crecer los criminales. Niños destrozados por las explosiones de los coches-bomba, uno de los más eficaces modos de matar en la que ellos -los canallas- denominan «lucha armada».

En Zaragoza, por orden de «Josu Ternera», el contertulio de Pérez o Carod-Rovira, siete niñas, hijas de guardias civiles, poderosamente armadas de carteras y mochilas con los libros del colegio, fueron masacradas. Y Luisito Delgado, y Fabio Moreno, y una relación dolorosísima de nombres que pertenecían a niños, y a los que la ráfaga asesina convirtió en menos de un segundo en tristeza y recuerdo. Ahí estaban ellos, entre las 936 velas que no conseguía apagar el llanto norteño del cielo de Madrid, mientras los familiares de las víctimas repartían pegatinas que eran despreciadas por los astros y estrellas del Cine español.

La presidenta de esa cosa que dice llamarse «Academia del Cine», una tal señora o señorita que firma Mercedes Sampietro, se ha permitido el placer, el desahogo y la ignominia de criticar con desprecio a las víctimas del terrorismo que hicieron uso de su callada y llameante libertad de expresión. La señora o señorita habla de «militarización del pensamiento» de las víctimas del terrorismo. No le gusta que le recuerden en la noche de su fiesta que preside una mierda pinchada en un palo. Porquería artística y, sobre todo, porquería humana. Allá la tunanta. Ella rechazó la pegatina de «No a la ETA» e ingresó en el lupanar de las vanidades mientras llovía sobre Madrid y el agua fracasaba con las llamas de 936 velas. Esas velas iluminaban infinitamente más que los focos del escenario de los farsantes.

Entre esas 936 velas que ignoraron y humillaron los que se dicen «representantes de la Cultura» volaba la pesadumbre de 936 vidas rotas por los criminales que no quieren denunciar los chulos de nuestro presumible Cine. Allí estaban todos, bien sentados, tratados y subvencionados, mientras en la puerta los familiares de las víctimas reunían las más de quinientas pegatinas con el mensaje «No a la ETA» que los «representantes de la Cultura» habían rechazado. Se pusieron otra, perfectamente estudiada para que no se leyera con nitidez y despersonalizada por un segundo mensaje rotundamente ridículo. Comparaban al terrorismo con la falta de libertad de expresión. ¿A quién coño le han prohibido expresarse libremente? Mientras la perversidad y el cinismo hortera cumplía con su cita anual, sobre Madrid insistía la lluvia y resistían las 936 velas del dolor y la memoria.

De aquella noche madrileña, que nos trajo tactos y olores del norte de España, pocos se acordarán, en unos años, del grupo de los comediantes. Pero siempre quedará la luz de aquellas 936 velas, firmes y silenciosas, que hablaron en nombre de los inocentes asesinados por el terrorismo, pronunciando tan sólo tres palabras. «Paz y libertad».

Noche de sirimiri.

Cuestión de preposiciones
Aleix Vidal-Quadras La Razón  4 Febrero 2004

El pobre Zapatero no da una. En un intento de desmentir el hecho de que la dirección socialista de Ferraz se planteó la posibilidad de romper su relación con el PSC y reconstruir la Federación Catalana del PSOE, soltó una frase terrible para oídos maragallianos: «El PSC ha sido, es, y será, el Partido Socialista en Cataluña» fueron sus palabras literales.

Habida cuenta de que el único partido socialista conocido hoy en España es el PSOE, lo que vino a decir el buenazo de su secretario general fue que «el PSC es el PSOE en Cataluña». Ninguna afirmación puede ser más hiriente para la muy catalanista cúpula del PSC que la que les identifica como la rama catalana del socialismo español. Ellos se ven a sí mismos como el Partido Socialista de Cataluña, nunca en Cataluña, y han llegado a creerlo con tal intensidad que hasta el andaluz José ¬o Josep para los iniciados¬ Montilla, ha advertido severamente a Pepiño, Jesús y Trini que las decisiones sobre política catalana no se toman en Mérida y en Toledo, sino en Barcelona y, más concretamente, en Sarriá-Sant Gervasi. Desde el exabrupto pujoliano sobre Cuenca, no se recordaba en el Principado una referencia más despectiva al resto de España, pero esta vez en boca de un oriundo de la bonita localidad cordobesa de Iznájar, lo que le presta un especial atractivo. La capacidad destructiva de los nacionalismos particularistas llega al punto de fabricar renegados de sus propios orígenes, que, una vez adoptada la nueva identidad, se ven obligados a escupir sobre la anterior con el fin de consolidarla.

El PSC es un fenómeno curiosísimo de sometimiento masoquista de un número ingente de castellano-hablantes, habitantes de barrios populares o de aglomeraciones-dormitorio de las periferias ciudadanas, a un reducido grupo de aprovechados nacidos entre sedas perfumadas y esbeltas pérgolas en los barrios altos, poseedores de un catalán pedantemente exquisito, que ejercen su mando sobre decenas de miles de personas de buena fe, que no tienen nada de nacionalistas, y que creen ingenuamente que han de estar agradecidos por la oportunidad que se les ha brindado de hacer de Cataluña la Comunidad próspera que es en la actualidad, cuando la verdad es que los agradecidos deberían ser los catalanes autóctonos que, sin esta valiosa aportación humana, probablemente vivirían sumidos en la mediocridad y el aislamiento.

Carod, además de legitimar el terrorismo en sus ratos libres, ha cebado la mecha del polvorín socialista catalán, porque por mucha paciencia y comprensión que le apliquen al asunto los honrados vecinos de Hospitalet de Llobregat, Badalona, Santa Coloma de Gramanet, Cornellá y Nou Barris, su capacidad de aguante tiene un límite, y el día que se harten de la preposición posesiva para instalarse en la locativa, Maragall y su elitista camarilla van a tener que salir por piernas con el federalismo asimétrico a cuestas.

A otra cosa mariposa
EDITORIAL Libertad Digital 4 Febrero 2004

El coordinador de IU, Gaspar Llamazares, después de arremeter contra Bono e Ibarra por oponerse a que Carod-Rovira vuelva en el futuro a ser Consejero de la Generalitad, ha aconsejado a los socialistas descontentos que se dejen de “masoquismos y dramatismos”, que la crisis catalana “está cerrada” y que pasen “a otra cosa, mariposa”. Es lógico que un dirigente como Llamazares considere “masoquista” el malestar que también en el seno del propio PSOE ha causado los pactos con los independentistas catalanes y los vergonzosos trapicheos de estos con ETA. Hay que recordar que Izquierda Unida es socio de gobierno de los independentistas vascos y firmante de ese inmenso acuerdo con ETA que supuso el Pacto de Estella. También es propio de la singular idea de la “España plural” que tiene Llamazares el que la considere “cada día menos compatible con gentes como Bono o Ibarra”, con un tono de exclusión equiparable al que dirige contra el PP, partido que parece que va a seguir siendo el que más españoles representa.

Es lógico que los candidatos de IU y del PSOE quieran pasar página a un asunto que, como el de Maragall, daña casi tanto a sus expectativas electorales como a la más elemental decencia moral y política. No lo parece tanto que Rajoy haga lo propio, cuando aún no ha llegado a denunciarlo personalmente tanto como debía. El caso, sin embargo, es que el candidato popular ha preferido dar a conocer este martes su propuesta de “mejorar” el tratamiento fiscal de las Sociedades y eliminar los trámites burocráticos en la creación de empresas. ¿Será que Rajoy considera más políticamente correcto referirse ahora como “mejora fiscal” a lo que siempre hemos entendido como “bajada de impuestos”? Esperemos que en el lenguaje centroreformista ambas cosas signifiquen lo mismo, como esperamos que el buen deseo manifestado por Rajoy de erradicar burocracia y trámites en la creación de empresas no la contradiga su propia propuesta de ampliar a 200 las oficinas de un organismo conocido como “la red de Puntos de Asesoramiento e Inicio de Tramitación”...

Entiéndasenos bien: no es que nos parezca mal el tono de esta propuesta fiscal de Rajoy como tampoco pretendemos que haga de la lucha contra la deriva independentista su único discurso. Lo que decimos es que si el candidato popular desvía la atención del público de Cataluña o el País Vasco, tal y como, por otra parte, desean sus opositores, al menos que lo haga puntualmente y para dar cabida a otras propuestas que tengan mayor claridad, beneficios y atractivos que un vago compromiso con “la mejora del tratamiento fiscal de las sociedades... Eso, sin olvidar que, si bien Rajoy puede no necesitar ya insistir en la deriva del PSOE y en la unidad de España para ganar las elecciones, no debería dudar que deberá referirse a ambas una vez que lo consiga. ¿O es eso precisamente lo que le da miedo en caso de no alcanzar la mayoría absoluta?

En todo caso, si la victoria del PP no es tan arrolladora como para, además de ser absoluta, hacer inexorable un relevo al frente del PSOE, ¿cree Rajoy que va a encontrar en un superviviente pero igualmente débil Zapatero, el aliado que todo presidente de Gobierno debería encontrar en el jefe de la oposición cuando al país se le presenta riesgos de fractura institucional, legal y política como las que se nos anuncia? Asumir ahora riesgos e incomodidades –que no deberían resultar tales para quien aspira a ganar, no a heredar, el Gobierno– puede resultar innecesario para que Rajoy alcance la mayoría. Haciéndolo, sin embargo, ahora como candidato, Rajoy puede evitarse tener que hacerlo como gobernante. Por el bien de España y de ambos partidos, Cánovas debe poner toda la carne en el asador para volver a encontrar a su Sagasta...

ETA y sus ideólogos
La verdad terrorista
Agapito Maestre Libertad Digital 4 Febrero 2004

Mientras el PSOE quiere amortizar rápidamente el problema de Cataluña para volver al asunto de la guerra de Irak, bueno es ilustrar que su táctica para gestionar la crisis del tripartito es similar al comportamiento de la Academia del cine español: culpan de sus perversas actuaciones a quienes se atreven a criticarlos. ¡No admiten la crítica, la posibilidad de salir de su minoría de edad a través del uso público de la razón! Que las victimas de los terroristas critican la película de Médem, los del cine defienden la libertad de expresión del barbián. Que los ciudadanos critican la entrevista de Rovira con los criminales de ETA, pues aparecen sus socios en el gobierno de Cataluña y ocultan el problema porque, según su propaganda, ha sido filtrada por el Gobierno de la nación para desprestigiar al PSOE en la campaña electoral.

La verdad terrorista, sin embargo, descalifica ese obsceno procedimiento ideológico. El terrorista no miente. Cuando avisa que asesinará, no duden de que cumplirá lo dicho. En eso reside su fuerza. El día que mienta sobre su afán de matar, ciertamente, habrán perdido todo su crédito para aterrorizar. El terrorismo siempre dice la verdad sobre sus objetivos. Incluso, como sabía Robespierre, el terrorista se considera un hombre virtuoso. ¡Y de palabra! Otra cosa son sus seguidores, sus ideólogos, que tienen que enarbolar consignas para persuadir a las personas normales de que los terroristas son buenos. Es la diferencia entre Josu Ternera y Julio Médem. El primero siempre será implacable, procurará decir públicamente y sin tapujos su verdad; y si se ha reunido con Rovira, será el primero en pregonarlo. ¡De ninguna manera puede mentir, ocultar esa reunión, porque es la base de su poder! El segundo, por el contrario, mostrará vacilaciones a la hora de discutir sus maldades, incluso se mentirá a sí mismo para protegerse de su propia maldad. El terrorista es salvaje. El ideólogo del terrorismo es cobarde. Ternera mata y huye. Médem hace una película a favor de ETA y se esconde bajo las mentiras de la manada para espetarnos: “Estoy contra ETA, pero no me pongo la pegatina porque me han calumniado las víctimas de ETA”. ¡Cuánta mala fe contienen estas palabras!

En fin, porque el terrorista jamás argumenta, sino que mata bajo anuncio previo, es el primer interesado de avisarnos públicamente de su putrefacta “verdad”. ETA es la primera interesada en filtrar la negociación con Rovira para asustarnos: porque seguimos matando nos visitan quienes tienen nuestro mismo objetivo, la destrucción de España, aunque les falte vileza para asesinar. La verdad terrorista ha dejado sin táctica al PSOE y a los pobres actores del cine español.

Apuntes
Cataluña y el mal gobierno
Alberto Recarte Libertad Digital 4 Febrero 2004

Los residentes en Cataluña, otrora la región más rica de España, no paran de recibir malas noticias. Se encuentran con un gobierno de izquierdas y nacionalista que habla de subir los impuestos –nunca de bajarlos, diga lo que confusamente diga un día, para desdecirse el siguiente, el PSOE en Madrid. Algunas industrias, aún con beneficios, deciden irse a otros lares –nada extraño, pues el fenómeno afecta a toda España, como ha puesto de manifiesto la última encuesta de población activa– pero allí les amenazan con boicots oficiales, lo que sin duda acelerará el proceso de migración. El “conseller en cap”, el Sr. Carod Rovira, colabora con los terroristas y tiene que irse, pero se queda.

El gobierno tripartito denuncia que transfieren una enormidad de ingresos fiscales al resto de España. Lo que provoca es un análisis de las balanzas fiscales de unas y otras autonomías del que se deduce que, en el caso de que pudieran confeccionarse –que no se puede–, la suma de balanzas fiscales históricas muestra una transferencia de recursos hacia los residentes en Cataluña, a la que habría que sumar el coste de las políticas económicas que históricamente también les han favorecido desde el siglo XIX.

La economía catalana es parte integrante y fundamental de la española. Su pésimo gobierno es una mala noticia para los residentes en su autonomía y para el resto de los españoles. Los disparates de los dirigentes nacionalistas y socialistas nos perjudican a todos. Lo único positivo es el efecto vacuna que puede provocar en muchos españoles que han votado al PSC en las últimas elecciones.


Tres errores, una mentira
José María Carrascal La Razón  4 Febrero 2004

Al PP le están haciendo gratis la campaña electoral sus rivales. Primero fue la entrevista con ETA de Carod-Rovira, auténtico torpedo en la línea de flotación del Gobierno del que formaba parte. Luego, el anuncio de su posible vuelta a ese Gobierno, que ponía en duda su marcha. Por último, de momento, la invocación del 36, hecha por Maragall, algo así como citar la soga en casa del ahorcado. Tres errores que se resumen en uno: la incapacidad de reconocer que se equivocaron al pactar con un partido con objetivos muy distintos a los suyos.

El principal objetivo de ER no es «izquierdizar» Cataluña. Es hacerla independiente. Se me dirá que ER no es Carod-Rovira. Contestaré que, de momento, lo es. Y con Carod-Rovira, los sustos que se han llevado Maragall y Zapatero hasta ahora, se repetirán cada lunes y cada martes. Deberían saberlo, pero era tal su prisa, su ansia de gobernar en Cataluña que no vacilaron sellar el pacto. Y cuando ha ocurrido lo que tenía que ocurrir, en vez de reconocer el error, lo único que saben es empecinarse en él. No consiguiendo otra cosa que hacer el error cada vez más grande. A estas alturas, lo único que han logrado es extender el pulso a todos los ámbitos. Ya no pelean sólo PP y PSOE. Pelea el PSOE y el PSC. El PSC y ER. Y por si todo ello fuera poco, va Maragall y suelta lo del 36, coreando el «No pasarán» de Carod.

¿Tan desesperados están? ¿Tan faltos de argumentos andan? ¿Tan poca imaginación tienen? ¿Tan tontos creen a los españoles? Pues si creen que desenterrando viejos fantasmas van a hacer olvidar la cadena de errores que han cometido están muy equivocados. El español y española de 2004 saben perfectamente que no estamos en 1936. Que el país es otro. Que la situación es distinta. Que tenemos problemas graves, pero que, a diferencia de entonces, la inmensa mayoría no está dispuesta a solventarlos con las armas. Los únicos que matan hoy en España pertenecen a una banda de asesinos.

Y quienes agiten el fantasma de la Guerra Civil para ocultar sus carencias hacen un flaco favor a los demás, pero, sobre todo, se lo hacen a sí mismos. Como si creen que enarbolando la filtración de la entrevista Carod-ETA van a hacer olvidar la entrevista misma. Filtraciones de este tipo, en una democracia, hay a miles, y seguirá habiéndolas, pues por eso son democracias. Es importante que se descubran. Pero lo verdaderamente importante es lo que descubren. Y lo que ésta descubre es que el socialismo español, el tripartito catalán, Maragall, Zapatero, están tocados. No es una buena noticia para Cataluña ni para España. Pero la culpa es suya y sólo suya. Primero, por haberse metido en la cama con un señor que ni era leal ni compartía sus metas. Luego, por empecinarse en el error, tratando de echar la culpa a los demás, como los niños. A veces, lo parecen.

Lo que pasa en la calle
Joaquín Marco La Razón  4 Febrero 2004

Algunos amigos residentes fuera de Cataluña e, incluso, fuera de España, se interesan y me preguntan por el «tripartito». No entienden ni lo que se proponen los que lo integran ni lo que buscan los que se oponen con tanta furia a su política. Por el momento, salvo subir el precio de las autopistas y planear un plan de señalización de las carreteras poco más podemos decir de una acción de gobierno que se ha centrado en Carod-Rovira y su malhadado viaje. Pero nada hace suponer que la vida cotidiana en Cataluña haya cambiado o vaya a cambiar en un futuro inmediato. Ni se han producido movilizaciones, ni hay violencia alguna contra personas o instituciones.

El que los precios de los artículos de consumo se haya incrementado algo más del 2,6 por ciento es algo que todo el mundo asume ya con resignación, porque bolsillos y estadísticas nunca acaban de conjugarse, que se pierdan puestos de trabajo o pretenda cerrarse algún centro resulta indicativo y de ello valdría la pena ocuparse más extensamente en otra oportunidad. Puesto que los medios nos invaden con referencias constantes a los problemas internos de Esquerra, del PSC e, incluso, de IC; los de todos entre sí y los del conjunto con el Gobierno central, el ciudadano catalán se pregunta también qué está pasando o qué futuro se atisba. Multitud de profetas atienden a este reclamo y se ha convertido en tema social de conversación. Tras preguntar por la salud de la parienta y los niños, ya acostumbra a añadirse: «Y sobre el tripartito, ¿qué?». Se ha convertido, pues, en un tópico social neutro antes de iniciar una relación sentimental o algún trato comercial.

A mis amigos de dentro y de fuera poco puedo aclararles. En la vida política lo conveniente es aplicar aquella máxima evangélica: «Por sus obras los conoceréis», porque de palabrería política en las vísperas electorales generales andamos ya sobrados.

La algarabía es considerable y, por consiguiente, conviene recomendar el retorno a lo que en ciencia se llamó positivismo, que consiste en atenerse antes que nada a los hechos probados. La acciones humanas pueden enjuiciarse de modo contradictorio. ¿Qué no va a suceder con la palabra que sólo resulta esencial en el ámbito minoritario de la poesía? Poco puede enjuiciarse de un Gobierno a quien no se le respetaron los civilizados cien días. Y la salida de Carod-Rovira, ya un hecho, parece hablar por sí sola. Bien es verdad que dicen haberse doblado las afiliaciones a Esquerra desde que se abrió el escándalo melonar; pero tampoco son tantas, de momento, como para inquietar a nadie. Habrá que seguir con atención las iniciativas que pueda tomar la muy honorable oposición. Pese a la referencia de Maragall, este país poco tiene que ver con el de 1936; ni siquiera los idearios políticos que mantienen sus nombres. El socialismo de los Nadal no es el de Largo Caballero y todos los partícipes son partidarios de la paz interior y hasta de la armonía de los astros.

Sentido común y política
Cartas al Director ABC 4 Febrero 2004

La coherencia es elemento básico del sentido común. Analizando la coherencia de sus postulados podemos valorar el sentido común de cada posición política. ¿Es coherente defender la integración de los pueblos de España proponiendo medidas desintegradoras? No, sólo sería coherente, como se hizo en la Constitución, si se definen las Autonomías de forma compatible con la unidad de España, y para ello hay que fijar el punto final. Sin él, la continua evolución autonómica lleva, inexorablemente, a la secesión.

En otro orden de cosas, ¿es coherente afirmar que es peor no haber evitado que la ciudadanía se entere de la reunión del conseller en cap con los terroristas que haber celebrado, sigilosamente, dicha reunión? ¡Pobre coherencia! El que negó transparencia en el GAL y los fondos reservados se queja sin prueba de que se haya filtrado una noticia que los ciudadanos tenemos derecho a conocer.

¿Es coherente acusar de crear crispación al que defiende la Constitución y tratar como dialogante al que amenaza con imponer su reforma? No, no hay coherencia. Tampoco es coherente haber amputado el Código Penal con la reforma Belloch, mermando su efectividad contra la delincuencia, y luego culpar por el aumento de ésta al partido político que, en su día, advirtió de este riesgo.

¿Es coherente culpar al Gobierno del hundimiento del «Prestige» y afirmar que el del «Mar Egeo» fue inevitable?

Pues bien, nos toca ahora a los ciudadanos tener sentido común. Lo importante es que sepamos actuar totalmente libres, liberados de los prejuicios y fanatismos que, en uno y otro sentido, intentan secuestrar indefinidamente nuestro voto.   Jesús T. Fernández-Mazarambroz.

Jesús Bastante, autor de «Los curas de ETA: la Iglesia vasca entre la cruz y la ikurriña» afirma que «los obispos vascos no han podido desembarazarse de Setién»
Madrid. J. P. ABC 4 Febrero 2004

El colaborador de ABC analiza en su libro las complicidades de una parte del clero nacionalista con el entramado terrorista, aunque también se cita el caso de sacerdotes obligados a llevar escoltas porque están amenazados por la banda terrorista

-El libro «Los curas de ETA» ¿da la razón a quienes argumentan que hay complicidades entre un sector del clero vasco y la banda?
-En efecto, se analiza a la «Coordinadora de Sacerdotes de Euskal Herria», al colectivo «Herria 200 Eliza», de orientación abertzale, así como algunos de sus documentos en los que se justifica la violencia terrorista. Por ejemplo, el libro recoge una entrevista a Félix Placer, cura abertzale que sostiene que ETA es una consecuencia y, por tanto, primero hay que erradicar la violencia que supuestamente practica el Estado. Pero se trata de un análisis más abierto, porque también regoge la experiencia de tres sacerdotes vascos, Larrínaga, Carcía de Cortázar y Beristain, forzados a llevar escoltas porque están amenazados por ETA. Además, hay referencias a la situación en la que se encuentran los cinco curas que en las pasadas elecciones fueron en las listas del PP y PSE.

-¿La mayoría del clero vasco, entonces, sigue sumisa al nacionalismo?
-El 80 por ciento de los sacerdotes en el País Vasco se declaran fuertemente nacionalistas. El 10 por ciento se considera abertzale y el el 10 por ciento restante se define no nacionalista.

-¿Cuál es la actitud de los obispos vascos en la era post Setién?
-Mantienen la equidistancia. Condenan a ETA, pero en el párrafo siguiente apelan al diálogo con la banda.

-¿Sigue Setién gobernando en la sombra?
-Cuando fracasó la tregua, él sabía que su cabeza estaba cortada. Intentó meter a su vicario, José Antonio Pagola. No pudo y, entonces, apostó por Uriarte. Los obispos vascos no han podido desembarazarse de la curia que dejó Setién. La sombra de Setién es muy alargada, y no sólo en Guipúzcoa, sino en el conjunto del País Vasco. Desde que no está al frente de la Diócesis de San Sebastián, es más radical en sus pronunciamientos, por ejemplo, contra la instrucción pastoral que elaboró la Conferencia Episcopal contra el terrorismo y los nacionalismos exacerbados. Se siente más libre y más nacionalista.

-Si no hubiera sido por el apoyo de un sector del clero vasco, ¿ETA hubiera desaparecido, o sobreviría ahora pero como un grupúsculo residual?
-ETA, evidentemente, no nació en un seminario, como alguien ha dicho. Pero sí es cierto que, a finales de los años sesenta, la plana mayor de esta trama terrorista estaba formada por siete seminaristas. Tres o cuatro años después, hubo una desbandada en el seminario de San Sebastián y, después, en el de Bilbao. Hay un componente ideológico en el entramado terrorista que tiene sus raíces en un sector del clero vasco. Todavía hay curas que justifican el terrorismo, aunque cada vez menos.

El caso Carod, primera parte
CARLOS MARTÍNEZ-BUJÁN PÉREZ La Voz de Galicia 4 Febrero 2004

RAJOY fue el primero en afirmarlo: la reunión de Carod con los dirigentes de ETA puede ser una conducta delictiva.

Aunque sé que Rajoy no recibió, desde luego, las mejores enseñanzas sobre la Parte Especial del Derecho Penal en la Universidad de Santiago, me consta que sí aprendió debidamente al menos los principios básicos de la Parte General, el más elemental de los cuales es el principio de legalidad, que en su vertiente de garantía de legalidad criminal (nullum crimen sine lege) significa que una conducta, por muy reprobable e inmoral que nos parezca, no puede calificarse como delito si no encaja perfectamente en un precepto contenido en la ley penal.

De ahí que, como buen jurista que es (aparte de contar con numerosos asesores), Rajoy debería habernos indicado cuál es, en su opinión, la figura delictiva definida en el Código español que podría haber cometido indiciariamente Carod.

Por su parte, el fiscal general del Estado, a pesar de que en un principio declaró que no observaba indicios de delito, posteriormente nos reveló con gran solemnidad que había emprendido una acción procesal que, como tal, sinceramente yo desconocía: el anuncio de que pretendía estudiar (con gran atención, según ha confesado) el contenido de la reunión de Perpiñán para saber si después decidía abrir diligencias previas.

Además de la satisfacción que me produce que el fiscal Cardenal decida estudiar los casos antes de abrir diligencias, hay que agradecer que nos anticipe ya cuál es el delito presuntamente cometido: el de colaboración con banda armada. Eso sí, con tanto anuncio solemne de estudio existe el riesgo de que el ciudadano no especialista crea que analizar unos indicios de delito es tan complicado como redactar el proyecto del AVE entre Galicia y Madrid.

Evidentemente la cosa no es tan difícil en este caso, y menos para el nutrido grupo de fiscales que Cardenal tiene a su disposición, puesto que cualquiera de ellos, tras una simple lectura del artículo 576 del Código Penal, está en condiciones de concluir que, a la vista de los datos que conocemos, la conducta de Carod no encaja en este delito.

Podrá convenirse en que, aparte de incurrir en un grave error político, Carod ha actuado con enorme deslealtad hacia el Gobierno catalán y hacia el Gobierno español, y podrá afirmarse también que su reunión con ETA es indigna, inmoral y un sinfín de calificativos que cada uno, de acuerdo con sus propias convicciones éticas y políticas pueda añadir, pero de ahí no cabe colegir que se haya cometido el delito del artículo 576.

En este precepto se señala que la colaboración con banda armada (sancionada con prisión de cinco a diez años, o sea, la misma pena con que se castiga al cómplice de un homicidio doloso) tiene que producirse a través de determinados actos de gravedad como, en esencia, son: ocultar a personas vinculadas a la banda, informar o vigilar a personas o bienes, organizar prácticas de entrenamiento o construir o ceder alojamientos o depósitos.

Es cierto que el artículo 576 cierra esta enumeración con una cláusula analógica, que extiende la conducta delictiva a «cualquier otra forma equivalente de cooperación». Sin embargo, esta criticable cláusula debe ser interpretada de forma restrictiva, según indican doctrina y jurisprudencia, en el sentido de que incluya exclusivamente actos de favorecimiento material de gravedad equiparable a los actos citados, y que además sean objetivamente idóneos para la realización de posteriores actividades delictivas de la banda.

Cuestión diferente es que apareciesen nuevos datos que acreditasen el propósito de Carod de comprometerse a llevar a cabo en el futuro alguno de los mencionados actos de colaboración con banda armada, lo que de momento es entrar en el terreno de la pura (y a mi juicio inverosímil) especulación. Con todo, aun en esta hipótesis, la conducta de Carod no sería más que un acto preparatorio de una futura colaboración con la banda. Este acto sólo podría ser castigado a través de otro delito diferente (y menos grave), el del artículo 579, siempre que concurriesen los requisitos de una conspiración o una proposición para delinquir.

Ahora bien, como los hechos sucedieron en Francia, la ley penal española sólo podría ser aplicada si la conspiración o proposición para una futura cooperación con banda armada fuese también delito en el país vecino.

Montero deja la UPV entre elogios del PNV y críticas de los constitucionalistas
M. ALONSO ABC 4 Febrero 2004

BILBAO. La decisión del rector de la Universidad del País Vasco de no presentarse a la reelección por el «hartazgo» de las amenazas de ETA y las críticas de los partidos constitucionalistas a su gestión, ha abierto la carrera por la sucesión de una institución situada en el ojo del huracán de la política vasca.

Si Montero ganó las elecciones apoyado por los constitucionalistas, muchos de los cuales le han retirado su respaldo, no está claro cuál será el perfil de su sucesor, ya que no hay dos bloques en la comunidad universitaria, sino múltiples sectores. Como posibles candidatos se habla de Juan Ignacio Pérez, profesor de Biología Animal que elaboró el proyecto de euskaldunización de la Universidad; Javier Muniozguren, que fue viceconsejero de Universidades cuando Ignacio Oliveri, de EA, estuvo al frente de la consejería de Educación; Marisol Esteban, que fue la secretaria general de la UPV durante la primera mitad del periodo de Manuel Montero, y Francisco Doñate, catedrático de Medicina, vinculado a sectores de Comisiones Obreras que tienen un gran peso en la UPV.

Reacciones dispares
Los comentarios de los partidos políticos tras anunciar Montero su retirada reflejan las contradicciones de una gestión que empezó con los discursos más duros contra ETA que se habían pronunciado en la Universidad del País Vasco y terminó defendiendo unos expedientes académicos conseguidos por terroristas mientras se encontraban huidos de la Justicia. Después de que el Departamento de Educación del Gobierno vasco le escamoteara su apoyo durante todo su mandato, desde el PNV Xabier Ormaetxea manifestaba que «ha sido honesto en la defensa de la UPV frente a los violentos y la derecha española».

Por su parte, el presidente del PP del País Vasco, Carlos Iturgaiz, lamentó «que las personas que dirigen muchas instituciones de este país al final tengan el hartazgo y la desazón de tener que marcharse por amenazas y por planteamientos que no deberían existir en ninguna democracia del siglo XXI». En el socialismo vasco no ha habido un único criterio respecto a la gestión de Montero. Mientras Isabel Celá consideraba que «ha realizado una magnífica labor en un momento difícil», Gotzone Mora adoptaba una posición crítica.

Como peor momento de su mandato, Montero apuntó el atentado frustrado de ETA contra la profesora Edurne Uriarte, en diciembre de 2000, y como época de «cansancio emocional», cuando la UPV se convirtió, según sus palabras, en un «pim, pam, pum» cuando se descubrieron las facilidades para aprobar a los presos de ETA que se habían matriculado en sus facultades.

CONTRA INTERESES "DE CATALUÑA Y DEL RESTO DE ESPAÑA"
Acebes denuncia una nueva campaña de extorsión de ETA "mientras algunos" ponen precio a la paz
El ministro del Interior, Ángel Acebes, ha denunciado la puesta en marcha por parte de la banda terrorista ETA de una campaña de extorsión contra intereses turísticos españoles similar a la que realizó a comienzos de 2003. Acebes, en alusión a Carod Rovira, denunció que esta situación se produce "mientras algunos quieren poner un precio político para la paz y hablan".
EFE Libertad   Digital 4 Febrero 2004

Ángel Acebes señaló que ETA ha enviado cartas con "amenazas" contra intereses turísticos "de Cataluña y del resto de España" y denunció que esta situación se produce "mientras algunos quieren poner un precio político para la paz y hablan" con la organización terrorista, en alusión a la entrevista que mantuvo con el líder de ERC, Josep Lluis Carod Rovira.

En rueda de prensa, el ministro apuntó que ETA "no atenta más porque no puede, pero permanentemente amenaza, extorsiona, coacciona y pretende extender el terror contra los interesas de España, incluidos los de Cataluña, mientras se reúne con Carod Rovira". En cuanto al comunicado difundido por la organización terrorista, Acebes subrayó que "el único que interesa a los españoles" será aquel en el que ETA anuncie su disolución, la entrega de las armas y el abandono de su actividad criminal.

Asimismo, indicó que la postura manifestada por la banda terrorista confirma que ésta "iba a sacar partido a la entrevista" con Cardo Rovira y subrayó que "cuando alguien está dispuesto a hablar con ETA debería saber que ETA le va a sacar partido". "Ya lo ha hecho y anuncia además que va a seguir haciéndolo y que dará su opinión de la entrevista con Carod Rovira volviendo a poner sobre la mesa la vía de negociación y del precio político para la paz, lo cual es intolerable y demuestra el gravísimo error y el perjuicio a la lucha antiterrorista que ha hecho" el ex consejero en jefe de la Generalidad, indicó Acebes.

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