AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 8 Febrero 2004
Ni naciones ni regiones
Antonio García Trevijano La Razón  5 Febrero 2004

El odio y los goyas
Iñaki Ezkerra La Razón   5 Febrero 2004

DEFENSA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA  ABC  5 Febrero 2004

EL ALGUACIL ALGUACILADO
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  5 Febrero 2004

LA PASARELA
Jaime CAMPMANY ABC 5 Febrero 2004

El PSOE que sangra por la historia
Julián Lago La Razón  5 Febrero 2004

España en conflicto
Lorenzo Contreras La Razón  5 Febrero 2004

Rajoy y Zapatero
Francisco Marhuenda La Razón  5 Febrero 2004

El diálogo
Cartas al Director ABC 5 Febrero 2004

El PNV y el terrorismo
Cartas al Director ABC 5 Febrero 2004

Los nuevos nacionalismos
Ramón María Aller El Ideal Gallego 5 Febrero 2004

Mayor dice que el PNV está dispuesto a sentar a ETA en el Gobierno
J. J. S. ABC 5 Febrero 2004

1,8 MILLONES A FAVOR DE UN GRUPO DETERMINADO DE IKASTOLAS
EFE Libertad Digital 5 Febrero 2004

Ni naciones ni regiones
Antonio García Trevijano La Razón  5 Febrero 2004

Los gobernantes de Cataluña y País Vasco quieren tener voz y voto en la UE. Tal despropósito proviene necesariamente de ignorancia inexcusable o mala fe, tipificadas en el campo del fraude punible. La libertad de pensamiento y expresión elimina, en buena ley, el delito de opinión. Pero obtener votos premiados con fondos públicos mediante promesas electorales de cumplimiento objetivamente imposible, eso no es opinar, sino estafar al electorado por ánimo de lucro y ambición de poder.

Ningún político puede ignorar que la UE nace de un complejo proceso cuyo desarrollo se inspira en la estrategia de conciertos estatales inaugurada en la era postnapoleónica. Cooperación entre estados vecinos, de distinta capacidad, para establecer la paz europea sobre un equilibrio entre estados lejanos de similar potencia. Esta estrategia no cambió, en lo esencial, cuando el romanticismo hizo de las naciones entidades históricas independientes de la personalidad jurídica de los estados que las representaban.

Los nacionalistas Bismarck y Víctor Manuel practicaron, con principios diferentes al de la legitimidad, tan vinculado a la ideología de la Restauración, la misma diplomacia de equilibrio entre potencias que el Congreso de Viena había definido para los estados. Dicho de otro modo: la UE no ha seguido el modelo de las unificaciones estatales de una misma nacionalidad, ni el de la federación de soberanías nacionales en un Estado plurinacional, sino el de las uniones de librecambio y protección industrial en zonas sometidas a las soberanías separadas de varios estados. El mayor contenido económico, la voluntad de permanencia y el traspaso de competencias administrativas o financieras, desde los Estados asociados a los organismos comunes, no constituyen un nuevo estado plurinacional ni una supernación europea.

Pese a las síntesis ideológicas propuestas por los historiadores para hacer comprensibles o dotar de sentido a los cambios operados de siglo a siglo en las relaciones internacionales, nunca ha existido una Europa de las Naciones, como tampoco un organismo mundial cuya realidad corresponda al nombre de Sociedad de Naciones. Cualquier pensamiento o propósito sobre la Europa futura, si ha de ser sincero, debe partir de la constatación de la realidad actual: sólo existe, y sólo puede existir a no ser que se destruya lo existente, una Europa de los Estados. Para el porvenir de las regiones o nacionalidades, las consecuencias de esta única realidad son inexorables.

Sean regiones históricas o nacionalidades sin Estado propio, Cataluña y País Vasco no pueden actuar ni estar representadas en la UE. La acción y la representación del Estado español las incluye y les afecta del mismo modo que a Extremadura o Andalucía. Esta situación ni siquiera podría cambiarla la sustitución de la actual Monarquía por una hipotética República Federal. También entonces Cataluña y País Vasco tendrían que actuar y estar representadas en Europa a través del Estado español. Sólo en el caso de que se independizaran de España mediante una guerra civil, sin federarse luego de la victoria con el resto de España, podrían entrar en la UE, si la Francia de bretones, vascos y «rusilloneses» lo permitiera.

Dada la degradación de la vida política y cultural, no es inimaginable que, en busca del bolsón cada vez mayor de votantes tontos o ilusos, algún partido independentista prometa vasco-catalanizar el reino selenita, mediante un viaje autónomo a la Luna para hincar la ikurriña y la senyera, como el jerezano Núñez de Balboa clavó el pendón de Castilla a orillas del Pacífico. No es menor la fantasía, ni más perdonable el timo de obtener dinero público y poder nacionalista con la promesa electoral, a incautos soñadores, de integrar la encantadora Cataluña y el delicioso País Vasco en una UE que no asocia naciones ni regiones.

El odio y los goyas
Iñaki Ezkerra La Razón     

Me han contado que Massiel, Manel Fuentes, la gente de «UPA Dance» y otros invitados a la gala de los Goyas no tuvieron el menor problema en coger y ponerse la pegatina de «ETA no» que repartían en la puerta los miembros de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Yo creo que ése era el gesto valiente e importante en esa noche fría y lluviosa, no el de reivindicar la libertad de expresión que nadie le ha quitado ni le va a quitar a un tipo como Medem que vive en Madrid tan pimpante aunque ETA no le haya amenazado en el País Vasco y cuente con el patrocinio de la tele nacionalista, con el apoyo del «Gara» y con el aplauso de Otegi. No se puede tener a la vez el aplauso de Otegi y el de las víctimas de ETA. Eso es hallar la cuadratura del círculo y quien dice que pretende algo así no tiene la mirada limpia sino en todo caso vendada. O es un actor más que un director de cine o es un hombre tan bueno, tan bueno que es bueno de remate. Aceptando esta hipótesis, hay algo que no encaja.

No se puede ir de bueno por la vida y rechazar con rabia la pegatina de «ETA no» ante las víctimas de ETA. No se puede reclamar la libertad de expresión hasta para herir a esas víctimas y a la vez negarles a éstas el derecho a expresarse libremente sobre una película que las hiere; que las compara con sus verdugos y eleva el terrorismo a la categoría de deporte vasco; que defiende el etnicismo, el Plan Ibarretxe y la cesión al chantaje que predica Elkarri «desinteresadamente».

Pero, aunque uno creyera en la bondad de Medem y en la necesidad de protegerlo, ¿con quién se podía defender mejor la libertad de expresión y todas las demás libertades que con quienes han pagado un precio por ellas? Si somos hoy un poco libres es gracias a las víctimas y a que renunciaron a vengarse. Que no se les olvide esto ni por un momento a quienes dicen que éstas odian y se deben callar.

Entre quienes repartían esas pegatinas estaba José Alcaraz, quien perdió a un hermano de diecisiete años y a dos sobrinas que no pasaban de los cinco en la bomba de la casa-cuartel de Zaragoza. José Alcaraz y su mujer, Mamen Alvarez, son dos personas maravillosas que no odian a nadie y que tienen un sentido del humor que ya lo quisiera para sí el soso de Medem.

Quienes no dejaron pasar la oportunidad de pedirles una de esas pegatinas merecen respeto porque supieron ser realmente libres en ese momento, porque no tuvieron miedo a que les llamaran fascistas y porque les queda lo que es universal y siempre será reivindicable de la izquierda: la solidaridad con el que sufre porque se le niega la libertad y la dignidad. Patxi López ha dicho que la AVT se equivocó por estar allí esa noche emocionante en la que las víctimas tuvieron la frente bien alta, pero es el PSOE el que se equivocó con el odio de la guerra sucia y con aquel tipejo que robó a los huérfanos de la Guardia Civil. Eso es equivocarse.

DEFENSA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Catedrático de Filosofía del Derecho Universidad de La Coruña  ABC  5 Febrero 2004

VAYA por delante que no he visto la película documental de Julio Medem «La pelota vasca». Considerando las críticas y opiniones que me merecen crédito y las grandes obras maestras que me falta por leer, releer, ver o volver a ver, de momento tengo ocupaciones más urgentes. Tampoco vi la gala de entrega de los Goya hasta el final, aunque sí alcancé a escuchar el parlamento de la presidenta de la Academia de Cine (platónica denominación acaso desmesurada) y un poco más. Fue bastante y quizá demasiado. No hablaré, pues, de la película ni de los aspectos estéticos, si es que los hubo, de la fiesta. Sí de algunos aspectos de ella, más éticos que estéticos. Y no tengo noticia de que nada de lo que se vio y oyó después atempere la impresión de lo que vi y oí.

Al parecer, no es posible que la fiesta del cine evite el eslogan y la pegatina. El leitmotiv de este año era la defensa de la libertad de expresión. Está muy bien. También podía haber sido la defensa de la libertad de cátedra o del derecho a una vivienda digna, o la libertad en Cuba, o, por qué no, el derecho a la vida. Pero no se trataba de una mera profesión de fe liberal, no. De lo que se trataba, si no me equivoco, era de defender el derecho a la libertad de expresión de Julio Medem, al parecer amenazada por quienes criticaban la película y, especialmente, por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que se manifestó ante el Auditorio contra la cinta. No acabo de ver en esa exhibición pública otra cosa que su respectivo derecho a la libertad de expresión y de manifestación. Salvo que el cineasta tenga derecho a filmar lo que quiera, y la Asociación de Víctimas del Terrorismo, como cualquier persona u organización, no tenga derecho a decir lo que le plazca. ¿Acaso expresar desaprobación, disgusto o indignación es lo mismo que censurar o prohibir? ¿O tal vez la libertad de expresión sólo puede ser ejercida por la farándula y no por las víctimas del terror?

La Academia del Cine (platónica denominación, acaso desmesurada), por boca de su presidenta Mercedes Sampietro, también criticó al Gobierno en ejercicio, una vez más, de su libertad de expresión. Por cierto, nada amenazada, ni siquiera por la retirada de la confortable y salvífica subvención. Nada que oponer, salvo acaso la consideración de que la buena crianza recomienda el agradecimiento y, sin la ayuda pública, que aprueba el Gobierno y pagamos todos los ciudadanos, incluidas las víctimas del terrorismo, muchos de sus representados estarían en el paro o lejos de los nutricios emolumentos que perciben. Pero el agradecimiento, que podrían haber incorporado a sus críticas, no es una obligación legal sino sólo moral.

Ahora bien, puestos a defender la libertad de expresión, lo natural sería dirigirse contra ETA y el nacionalismo radical, la única amenaza seria a ella que padecemos en España. Hasta donde alcanzo a ver, la libertad de expresión de Julio Medem y sus compañeros no está amenazada. No es agradable recibir críticas negativas ni manifestaciones de rechazo, pero eso no constituye una amenaza a la libertad de expresión ni tiene nada que ver con la censura. Por lo demás, la Asociación de Víctimas del Terrorismo no es infalible pero posee una inmensa fuerza moral y todo el derecho del mundo a la atención y al respeto de la sociedad, incluida la cinematográfica. Al oponerse a la película de Medem no vulneran la libertad de expresión del cineasta sino que ejercen la suya.

Por mi parte, el asunto ofrece pocas dudas. El director tiene derecho a hacer y exhibir su película, y la Academia a nominarla y premiarla. La Asociación de Víctimas del Terrorismo, y cualquier ciudadano, tiene el derecho a criticarla, incluso a manifestarse contra ella. Por cierto, que la manifestación es también un derecho, del que han hecho uso generoso buena parte de las gentes del cine. Y no consta que haya cambiado su criterio. Mercedes Sampietro tiene derecho a decir lo que dijo. Y cualquiera, yo sin ir más lejos, también tiene el derecho de criticarlo. Si existe en algún caso violación de la Ley, está abierto el recurso a los tribunales. Mas, acaso, algunos olvidan que la libertad de expresión no consiste en el derecho a decir lo que a algunos les guste, ni siquiera a la mayoría, sino el derecho a decir lo que disgusta o se estima erróneo. En eso consiste la tolerancia.

No tengo constancia de que la Academia de Cine haya salido en defensa de la libertad de expresión del imán de Fuengirola o de algún neonazi desnortado. Y dejo a salvo los casos en los que más que de opinión quepa hablar de inducción a la comisión de un delito o de apología del terrorismo. Aquí, no hay más censura que la que ejercen los pistoleros de ETA y sus secuaces y cómplices. Y otra, tácita, incruenta y menor, que ejerce la corrección política. Como se ve, no les faltaba causa a los apóstoles de la libertad de expresión. Acaso erraron el destinatario de su diatriba. Sin abandonar el bando progresista, que sería pedir demasiado, podían tomar ejemplo de Rosa Díez, Nicolás Redondo Terreros, Fernando Savater, Rosa Aguilar y tantos otros. Por mi parte, mi presunción siempre estará a favor de las víctimas del terrorismo (es el privilegio del dolor), de «Basta ya», del Foro de Ermua y de todos los que luchan por la vida y la libertad (incluida la de expresión). Defender a Medem está muy bien. Pero para eso no hace falta valor ni coraje cívico. Sí hace falta, y a raudales, para oponerse a ETA y al nacionalismo radical, sobre todo en el País Vasco. Causa no falta. Lo que hace falta es tino en el destinatario de la denuncia. El gremialismo no es compañerismo sino su corrupción.

Las víctimas del terrorismo saben en carne propia que la vida es un valor más básico y más alto que la libertad de expresión. Sin vida hay poco que expresar y con miedo a perder la vida, la libertad de expresión deja de ser un derecho para convertirse en un acto heroico. Por mi parte, deseo larga vida, éxitos y reparto de estatuillas a diestro y siniestro, sobre todo a esto último, hasta casi la eternidad, a Medem y a la Academia del Cine. También les deseo un poco más de perspicacia moral y sabiduría para elegir pegatinas, si es que no queda más remedio que ponérselas. Y, en el ejercicio de mi libertad de expresión, tan gallardamente defendida en la noche de los Goya, declaro que el espectáculo me produjo algo que bien podría calificarse como náusea moral. Pido disculpas de antemano por las molestias que pueda ocasionar. Confío en encontrarme amparado por la libertad de expresión, que, como dijo el hidalgo cervantino de la libertad en general, es algo por lo que los hombres deben arriesgar sus vidas. Lo saben bien las víctimas del terrorismo.

EL ALGUACIL ALGUACILADO
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  5 Febrero 2004

-MAESTRO, ¿hay algo que caracterice de forma especial estas elecciones en relación con las anteriores?
-Lo hay pero no precisamente el que todo el mundo dé por segura la victoria de uno de los dos grandes partidos. Eso ya sucedió en 1982: nadie puso en duda la victoria arrolladora del PSOE.

-Pues, entonces, ¿qué es lo que distingue esta ocasión de otras?
-La singularidad de estas elecciones no viene tanto por la victoria sino por la forma en que se va a producir la derrota; por el hecho de que ésta no va a ser la mayor desgracia que va a sobrevenirle al perdedor.

-Pero, ¿es que hay algún mal mayor que una gran derrota electoral?
-Por supuesto: la hondura y la complejidad de la crisis que le espera al partido después de las elecciones.

-De hecho esto es de lo que está hablando todo el mundo. Más incluso que de los resultados que indican los sondeos. Hasta el punto de que se especula ya con la posible dimisión de Zapatero.

-Pero aun eso ha ocurrido en otras convocatorias aunque nunca -es cierto- con tanta intensidad como en este caso. Lo verdaderamente nuevo, lo que singulariza estas elecciones, es la impredictibilidad de la salida de la crisis creada por aquéllas. Después del 14 de marzo se abre una situación verdaderamente grave, no sólo para Zapatero, sino para el propio Partido Socialista. Las elecciones últimas llevaron a la dimisión de Almunia, pero no a una crisis tan grande al PSOE.

-Me insinúa que ahora ni siquiera la sustitución de Zapatero resolvería la crisis socialista.
-Por supuesto. Hasta ese punto es dramática la situación del PSOE. En estos momentos a la extrema escasez de figuras se suman unas contradicciones políticas tan fuertes que terminan por hacer inviable cualquier posible liderazgo.

-Se refiere a las contradicciones en relación con el futuro del Estado.
-QUIERO decir que éstas impiden que pueda prosperar cualquier tipo de propuesta. Veamos el caso de Bono, por ejemplo. Éste podría contar con el respaldo de una buena parte del partido, pero se le opondrían de forma radical las direcciones del Partido Socialista del País Vasco y de Aragón, y, desde luego, supondría la ruptura con el PSC.

-Bono sería la guerra.
-Tendría que dar una tremenda batalla para ganarse al electorado socialista en Cataluña. Recuperar las bases tradicionales del Partido Socialista, de la vieja federación sobre las que se montaron Reventós, Maragall, Serra... Una operación de altísimo riesgo. Hoy por hoy, impensable.

-Por lo mismo, la imposibilidad de encontrar una salida hace que Zapatero sea insustituible.
-En principio, sí.

-Irá trampeando, como lo viene haciendo estos últimos tiempos. ¿Acaso puede sucederle algo más humillante que la prueba a que le han sometido Maragall y Carod-Rovira?
-Por supuesto, y con mayor frecuencia. El tancredismo tiene un límite.

-ME gustaría, maestro, que hiciera una prospección, aun con todos los riesgos de error que estas predicciones acarrean.
-Parece claro que en cuanto pasen las elecciones, Maragall se lanzará a la modificación del Estado catalán en los términos que le exija Carod-Rovira desde el tripartito y Artur Mas desde la oposición. Parece evidente que Zapatero apoyará esta aventura, pero cabe preguntarse si también la aceptarán los llamados barones, o éstos, al fin, querrán comportarse como varones. Y en el País Vasco, ¿hasta dónde llegará el pluralismo de Zapatero y su capacidad para dialogar con Imaz?

-Yo espero que en esa situación salte una parte del partido, ésa que ahora ha quedado abrumada por el acercamiento de Carod-Rovira a ETA.
-El «pluralismo» romperá el partido. Zapatero será el alguacil alguacilado.

LA PASARELA
Por Jaime CAMPMANY ABC 5 Febrero 2004

ANDO preocupado con eso que ha dicho Mercedes Sampietro, presidenta de la Academia de Cine acerca de la «militarización del pensamiento». Dios mío, ¿tendré yo el pensamiento militarizado?, ¿habrá por ahí algún cabo primero, sargento o similar que quiera militarizarme este pensamiento mío, que yo creía libre hasta ahora?

Me disponía hoy a afirmar en mi columna que España es una pasarela plural donde cada diseñador o cada modista hace desfilar un modelo original: un modelo fiscal o pedagógico, un modelo regional o comunitario, incluso un modelo de Estado, y en donde a veces irrumpe en el desfile un streaker en pelota o en taparrabos como ese que ha amenizado la pasarela Gaudí, un sujeto en bolas que unas veces puede llamarse Ibarreche y otras Rovira, yo qué sé. Y enseguida me entra la tortura mental: ¿será esto que he dicho producto de la militarización de mi pensamiento?

Leo en la portada de este mismo periódico que Maragall propugna una segunda fase constitucional para lograr la España plural. ¿Más plural todavía? Pero, hombre, si ya tenemos la pasarela. Pasen, pasen, señores, pasen y vean los modelos que exhiben, siempre dentro de la propuesta socialista, Chaves por el sur, Maragall por el noreste, Ibarra por poniente, Bono por el centro, Simancas por Madrid, Iglesias por Aragón y López por Vasconia. Y eso sin salirnos de la línea Zapatero. ¿Y dónde ha ido a parar aquella unidad férrea de la moda comunista? Ahora, van Llamazares por un lado, Frutos por otro, Madrazo por Ajuria Enea y María Rosa Aguilar por el califato. Pero a lo mejor esta reflexión es producto de la militarización de mi pensamiento.

Pues, ¿y cuándo pasan jueces? Comienzan a desfilar ropones, todos con sus togas y sus puñetas, pero luego se dan la vuelta y llevan el culo al aire, el tafanario a la intemperie, esa es la moda última, el último grito en togas, y se enzarzan a sentencias, condenas y recursos, autos, providencias y demás armas de destrucción masiva. Así andan todavía, enfrentados a comunicados y bombardeándose con competencias, Jiménez de Parga, presidente del Tribunal Constitucional, y Francisco Hernando, presidente del Tribunal Supremo, como si Naomí Campbell y Claudia Schiffer se tiraran en pleno desfile los trapitos a la cabeza. Aquí, desde luego, no hay duda. Este deseo de uniformidad y de disciplina en los altos magistrados tiene que estar dictado por un espíritu cuartelero.

De Estados Unidos llega la noticia de que el presidente Bush está despeñándose encuestas abajo, y que a Janet Jackson le han destapado una teta. La oposición en Inglaterra y en España todavía están dándole vueltas al asunto de las armas iraquíes de destrucción masiva. Se me ocurre comentar lo de la gripe del pollo, o lo de la salud de hierro de Berlusconi, o que el PSOE ha llamado a Lázaro Carreter para que diga lo que tiene que hacer TVE con Urdaci, o el rifirrafe entre la ministra de Cultura, Pilar del Castillo, y Mercedes Sampietro, presidenta de la Academia de Cine. Pero todo eso sería militarización del pensamiento. Me voy con los poetas, Rubén, por ejemplo. «De las epidemias, de horribles blasfemias, de las Academias, ¡líbranos, Señor!».

El PSOE que sangra por la historia
Julián Lago La Razón  5 Febrero 2004

Así que ahora Maragall recuerda a Zapatero, por si lo había olvidado, que es secretario general del PSOE gracias a él, descalifica a Bono e Ibarra por sus intromisiones en la crisis del gobierno tripartito y resucita, de paso, el fantasma del 36, que ya sabemos todos en que acabó la historia aquella. Es decir, que lo de Carod ha puesto el dedo en la llaga de una herida no cicatrizada sino cerrada en falso dentro del socialismo. O, mejor, dentro de los socialismos varios que en Cataluña, que es a lo que nos referimos, han convivido desde la Transición para acá como si fuera un solo socialismo cuando no lo es, ciertamente.

Ya en los estertores del franquismo en Cataluña confluyeron en escena el viejo socialismo, el de Prieto, Largo Caballero y Besteiro, vamos, el de toda la vida, junto a otros socialismos de nuevo cuño que colisionaban por sus distintos orígenes con el PSOE. Para aquellos socialismos emergentes González, lo recordamos perfectamente, representaba el socialismo españolista, renovado, eso sí, a través de la Federación del PSOE, residual y bastante descabezada a decir verdad, con Joaquín Jou de agitador y dos gatos más de comparsas.

De modo y manera que, frente a aquel socialismo españolista de González tan denostado, se habían ido nucleando en la clandestinidad dos versiones de socialismo a la catalana, aunque también existiera algún otro grupo minoritario, verbigracia el del PSP de Tierno Galván, cuya presencia en Cataluña tuvo un papel testimonial. Aclarado el particular, los socialismos autóctonos que entonces allí contaban eran el PSC-Reagrupament de Josep Pallach, un viejo militante del POUM devenido en posiciones socialdemócratas, y el PSC-Congrés de Joan Reventós, en torno al cual se concitaron universitarios, intelectuales y escritores, todos ellos sociológicamente pertenecientes a la pequeña burguesía, en una suerte de nacionalismo de izquierdas y laicista versus al nacionalismo de derechas y clerical de Pujol.

En vísperas de las primeras elecciones democráticas se produjo un acercamiento, por pura necesidad, entre el PSOE y ambos dos socialismos catalanes. La argamasa de urgencia que fundió los intereses electorales de los tres partidos no fue sino el hiperliderazgo de González, cuyo próximo acceso al poder parecía, como así fue, inevitable. Es decir, que lo que ahora acontece en el desencuentro socialista no es más que el regreso a un pasado no clausurado del todo. Dicho lo dicho, el episodio de Carod con su encuentro con ETA, la mano tendida de Maragall al ex «conceller en cap» para su vuelta al gobierno de la Generalitat y las ulteriores reacciones de Ferraz contra el President evidencian que Zapatero no es González, ni de coña. O sea, que el socialismo sangra ahora por la herida de su propia historia, sin más.

España en conflicto
Lorenzo Contreras La Razón  5 Febrero 2004

A los veinticinco años de la Constitución, España se está convirtiendo en un puro conflicto, mientras la sociedad mayoritariamente, de manera indiscutible, exhibe asombrada su neutralidad, mera espectadora de lo que ocurre ante sus ojos. Seguramente se reserva, eso sí, esa palabra que cada cuatro años le conceden las urnas. El 14 de marzo tiene su oportunidad de hablar, abrumada de promesas partidarias de «todo gratis», «todo a diecisiete», asistencia geriátrica domiciliaria, cobertura odontológica, etcétera en una especie de subasta nacional de señal reducida que garantiza la recuperación final del paraíso perdido.

El Tribunal Supremo entra en colisión con el Tribunal Constitucional y éste con aquél, cuando uno y otro se ponen verdes con exquisita formulación. No así ¬por el vocabulario¬ los socialistas, en plena guerra civil incruenta, con José Bono actuando de supremo censor doctrinario e intérprete de lo que debe entenderse por diálogo imposible en el pleito de Carod y su aventura vasca, o con Rodríguez Ibarra poniendo de vuelta y media a Maragall, el tacaño que invita y no paga las comidas, en una singular modalidad de denuncia extremeña de la falta de seriedad del nuevo «molt honorable», todo ello enmarcado en un clima de patio de vecindad político. Y nada digamos del propio rifirrafe catalán, donde Maragall, con los papeles perdidos, hace perder también los suyos a Zapatero, entregado éste frenéticamente a la tarea de crear «comités de sabios», mientras Carod-Rovira especula con su posible salvación política siempre que no le dejen cocerse en la salsa de sus propios errores y se empeñen unos y otros en facilitarle la salida victimista, esa «redención» o purgatorio que reblandece el corazón tanto como el cerebro de las clientelas, de los simpatizantes e incluso de los desalentados, pero recuperables para la causa.

A ver qué hace Zapatero con los consejos de su «equipo de notables», llamados a consulta de emergencia electoral. Emergencia que no se confiesa, crisis que no se menciona, impotencia que no se describe. Ahora quiere que le ilustren sobre un modelo potable de televisión pública. Ha entrado en un alquiler de criterios ajenos, desvaneciendo paulatinamente la misión teóricamente encargada a sus colaboradores «naturales», que deben deambuIar por los pasillos de Ferraz con cara de postergados.

Lo dicho: el electorado tiene la palabra para corregir, si es que puede hacerlo y no contribuye aún más al desbarajuste en curso. Los intereses creados, pero desconcertados, están alborotando lo que Benavente llamaba «el tinglado de la antigua farsa», ese teatrillo de la cosa pública donde hoy por hoy no se escenifica ninguna historia ejemplar.

Rajoy y Zapatero
Francisco Marhuenda La Razón  5 Febrero 2004

Con Felipe González nunca hubiera sucedido. Ni a Maragall se le hubiera ocurrido hacer lo que le viene en gana, ni a los barones se les pasaría por la cabeza discrepar de las decisiones del secretario general. La debilidad del liderazgo de Zapatero está en el origen de todos los males, que son muchos, que aquejan al socialismo español. Un partido tiene que gobernarse con rigor y coherencia. No debe ser una mera estructura funcionarial en la que triunfen los mediocres. En todos los partidos hay arribistas sin escrúpulos, trepas dispuestos a mostrar su adhesión inquebrantable al que le garantice un cargo y funcionarios que se hacen del PP, como en su día lo fueron del PSOE, para conseguir una promoción. Frente a personas de gran valía encontramos esa recua de corifeos y sicarios que nutren las listas.

El problema del PSOE es que no consigue levantar cabeza. En Rajoy coincide que es un político afortunado, algo de lo que me alegro porque se lo merece, con una sólida trayectoria y formación. No tiene un adversario sino un colosal guirigay. El votar a Zapatero es un acto de auténtico heroísmo ideológico y hay que hacerlo tapándose la nariz. No por el candidato, por supuesto, sino por las huestes que encabeza y la incoherencia de su proyecto. El secretario general del PSOE ha llegado demasiado pronto al cargo y los barones se lo merendarán una vez que tenga el revolcón en las urnas. La verdad es que es un leonés agradable y noblote, pero sería una catástrofe que llegara al gobierno con la tropa que le rodea. Lo que ha sucedido con Maragall y el desleal Carod reuniéndose con ETA, no se sabe muy bien para qué, es una muestra de que el PSOE necesita un secretario general fuerte.

Las razones de la fantochada de Carod son un auténtico arcano y una muestra de la osadía que caracteriza a un político que se creyó que había ganado las autonómicas catalanas. Creer que él sólo podía resolver o pactar algo demuestra que la soberbia le cegó. Las generales no le irán mal, porque el voto nacionalista es proclive a la negociación con los asesinos de ETA. Hay quien se cree que eso de «hablando se entiende la gente» se puede aplicar a esas alimañas y Carod aprovechará ese sentimiento para dar rienda suelta a su ego inconmensurable. El problema no está en él, porque nunca ha engañado sobre cuáles son sus objetivos, sino en ese monumento a la incoherencia en que se ha convertido el socialismo español.

El diálogo
Cartas al Director ABC 5 Febrero 2004

Bonita palabra cuando no lleva matizaciones; por ello se va imponiendo en el lenguaje, incluso podría crearse el Nobel para el mejor dialogante, en cuyo caso sería un firme candidato el señor Rovira.

Se puede dialogar con golfos, con sinvergüenzas, con maleantes, con cualquiera; pero con una banda cuya única actividad es el vil asesinato a inocentes y con un currículum de cientos de víctimas a sus espaldas, no hay palabras que valgan. ¿De qué se habla o se negocia? ¿Hay rebajas de crímenes y a un precio? ¿De qué ciudad, nación o pueblo tienen que ser los próximos? Esto es como si un atracador entra en un banco, le pega dos tiros al cajero y luego nos dice que no hubo diálogo.

Lo verdaderamente lamentable es que nuestro dialogador de turno no es un pobre loco que sale de una esquina; es ni más ni menos que un alto representante de esa gran Autonomía española que es Cataluña, y que no puede llegar a menos, ni él a más.

Señor Rovira, sabemos que España no le es «simpática». A mí sí, y en estos momentos lo único que da asco y me avergüenza de ser español es tener compatriotas como usted.    Jesús Martínez Martín.    Miguel Esteban (Toledo).

El PNV y el terrorismo
Cartas al Director ABC 5 Febrero 2004

El clima opresivo impuesto en la Autonomía vasca no ha nacido sólo del nacionalismo terrorista, sino también del que se dice democrático y moderado. Éste pretende que la violencia nace de un insuficiente autogobierno, y que la democracia no demuestra su «calidad» si no da a los terroristas las máximas facilidades y cede a sus exigencias. El nacionalismo supuestamente moderado finge situarse en la equidistancia, éticamente imposible, entre los asesinos y sus víctimas. Esto supone una connivencia y cobertura práctica del crimen. No una cobertura como la de Batasuna, pero sí una complicidad intelectual, moral y política. El PNV nunca ha dejado de actuar al lado de la rama «política» de ETA, en pactos y alianzas con ella. Las subvenciones del Gobierno autónomo siguen afluyendo a organismos tapadera vinculados a ETA.

La Policía autonómica es manejada como policía de partido por el PNV. Las derrotas y el debilitamiento del pistolerismo vienen, con muy pocas excepciones, de las Fuerzas de Seguridad del Estado. El clima de amenaza contra los no nacionalistas jamás ha sido reprimido por las autoridades del PNV, y tampoco las exaltaciones y homenajes a los pistoleros en decenas de localidades. Las víctimas reciben, en el mejor de los casos, una fría e insincera «solidaridad», a veces más repugnante, en su hipocresía, que la hostilidad abierta de los terroristas. ¿Qué pesan, al lado de estos hechos indudables, las condenas puramente verbales del PNV a ETA, con las que el primero quiere «probar» su democratismo y moderación? Lo visto y sufrido en estos años sólo sería el preludio de lo que vendría si los nacionalistas llegaran a alcanzar sus objetivos.    Juan Carlos Urrutia Aranguren.   Pamplona.

Los nuevos nacionalismos
Ramón María Aller El Ideal Gallego 5 Febrero 2004

El nuevo ultranacionalismo catalán produce una inquietud mayor que la que en tiempos casi paleohistóricos provocaban políticos nacionalistas como Sagaseta en Canarias o Heribert Barrera en Cataluña, porque algunos vascos siempre han ido por otros caminos que más que inquietud provocan auténtico terror.

El nuevo ultranacionalismo catalán tiene un nombre: el de Carod Rovira que ofrece una imagen con facetas de nacionalismo, de populismo y de izquierdismo difuso, un cóctel pintoresco para una persona inteligente con un perfil batallador y que sigue teniendo la llave del Gobierno de Cataluña. Quizá su reunión con dirigentes etarras hubiera sido menos trascendente si no se hubiera conocido en precampaña electoral, pero lo que importa es el trasfondo y habrá que esperar al resultado de las generales para medir su trascendencia.

La política trata de armonizar intereses en conflicto. Y este arranque pesimista obliga a Maragall a un esfuerzo complicado cuando hay que armonizar incluso intereses anti-sistema. Siempre que no se haya invalidado una información para la lucha antiterrorista por su filtración, es normal que el PP haga sangre electoral de las actividades de Carod Rovira, pero no ha sido sólo el PP el que ha tensado las cuerdas: en el propio PSOE se escucharon voces críticas contra el tripartito y la reunión en Francia que ha provocado una crisis interna que, además, se ha cerrado en falso.

Mayor dice que el PNV está dispuesto a sentar a ETA en el Gobierno
J. J. S. ABC 5 Febrero 2004

El político popular, que presentó en Álava las candidaturas de PP en el País Vasco, afirma que los nacionalistas persiguen reagrupar las «fuerzas abertzales»

VITORIA. El presidente del grupo vasco del PP, Jaime Mayor Oreja, que encabezará la lista del PP al Congreso por Álava, afirmó en Vitoria que las elecciones del 14 de marzo son «una oportunidad trascendental» para frenar el plan Ibarretxe, y para «desmontar los planes rupturistas» puestos en marcha por el nacionalismo, y que «tienen a ETA como garante», aseguró.

El dirigente popular -que estuvo arropado por el diputado general de Álava, Ramón Rabanera, y el resto de candidatos al Congreso y al Senado, entre ellos, el número uno a la Cámara Baja, José Manuel Barquero- afirmó que el nacionalismo «está hoy disfrazado», por lo que pidió no caer en la «amnesia». Es como «si ya no existiera el plan Ibarretxe y sólo existiese Carod-Rovira al frente del nacionalismo», indicó Mayor, que hizo hincapié en que el PNV «no cambiará» de hoja de ruta tras las elecciones generales, sino todo lo contrario.

Tras afirmar que «el grueso del nacionalismo, el vasco y el catalán, ha sustituido a ETA en la vanguardia de la ruptura», advirtió que, después de los comicios de marzo, «habrá un antes y un después». El nacionalismo pondrá en marcha «una segunda fase», que culminará en las próximas elecciones autonómicas y que tendrá como objetivo el reagrupamiento de las fuerzas abertzales, según manifestó. «De momento, ETA ha impuesto un proyecto de ruptura en el seno del nacionalismo vasco, en esa segunda fase de lo que se trata es ver de qué manera reagrupan sus efectivos para que, al final, los hombres de ETA puedan estar también en el Gobierno vasco», señaló.

«Superar los miedos el 14-M»
Así, subrayó que el 14-M es «la oportunidad de desmontar este desafío» para lo que emplazó a superar «nuestros propios miedos». A su juicio, no estamos en estas elecciones «ante un debate entre izquierdas o derechas», sino ante la oportunidad de articular una mayoría suficiente para impedir que, como quieren los nacionalistas, «una minoría imponga su proyecto a una mayoría». También pidió «valentía» para atreverse «a decir no» y mostrar el 14-M que el plan Ibarretxe es «ya un fracaso en la sociedad vasca y alavesa». Por último, emplazó a los alaveses a liderar el cambio, pues Álava es «el termómetro de lo que pasa en España».

1,8 MILLONES A FAVOR DE UN GRUPO DETERMINADO DE IKASTOLAS
El Tribunal de Cuentas denuncia las irregularidades cometidas por Ibarretxe en los presupuestos 2001
El Gobierno Vasco incumplió la obligación legal de presentación al Parlamento Vasco del Proyecto de Presupuestos Generales de la Comunidad autónoma en el ejercicio de 2001, según el informe de fiscalización del Tribunal Vasco de Cuentas Públicas referido a ese año, hecho público este jueves.
EFE Libertad Digital 5 Febrero 2004

En mayo de dicho año se celebraron las últimas elecciones autonómicas y el Gobierno vasco funcionó con el presupuesto del año anterior prorrogado.

El Tribunal destaca que en el presupuesto prorrogado se incluyeron indebidamente partidas para créditos del ejercicio y para ejercicios futuros por importe de 75 y 16 millones de euros, respectivamente, y que el inventario de bienes y derechos no contiene detalle individualizado de bienes por importe de 770 millones de euros, incumpliéndose la Ley de Patrimonio de País Vasco.

El informe agrega que el Gobierno Vasco convalidó operaciones por 10 millones de euros, que previamente habían sido informadas negativamente por la Oficina de Control Económico, y que se concedió una subvención directa a la Fundación de investigación pesquera AZTI por importe de 1,1 millones de euros sin que fuese aprobada por Consejo de Gobierno como era preceptivo. Además, se concedieron 1,8 millones de euros para implantación de un proyecto de enseñanza plurilingüe a favor de un grupo de ikastolas, sin que esté justificada la falta de concurrencia para todo el sector educativo. La implantación con carácter general de estas ayudas se ha realizado en 2003.

También el órgano fiscalizador ha detectado diversos errores de contabilización y aplicación de criterios contables que no comparte, estableciendo el remanente de tesorería disponible en 190,9 millones de euros. Las cuentas del Gobierno tampoco incluyeron en 2001, al igual que en ejercicios anteriores, los compromisos de inversión del Consorcio de Transportes de Vizcaya a financiar por el propio Gobierno por importe de 207,4 millones de euros. En el aspecto financiero el informe de fiscalización señala el incremento de los gastos corrientes con respecto a los ingresos corrientes, a pesar de lo cual se mantiene una financiación adecuada de las inversiones y una saneada situación financiera, que permitirá afrontar niveles de inversión superiores a los actuales.

Recortes de Prensa   Página Inicial