AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 7 Febrero 2004
La España plural
Jorge Vilches Libertad Digital 7 Febrero 2004

Entendiendo el habla de Carod
Pío Moa Libertad Digital 7 Febrero 2004

Locura española
Martín-Miguel Rubio Esteban La Razón  7 Febrero 2004

LA PESTE DEL SIGLO XXI
Editorial ABC 7 Febrero 2004

La segunda muerte de Pagaza
Fermín Bocos El Ideal Gallego  7 Febrero 2004

¿Otra vez
La Razón  7 Febrero 2004

Los jóvenes y los políticos
Luis María ANSON La Razón  7 Febrero 2004

El TSJPV anula los acuerdos de cuatro ayuntamientos que pretendían expedir un DNI vasco
Agencias Libertad Digital  7 Febrero 2004

Condenados a 83 años los etarras detenidos gracias a la acción de un «héroe» ciudadano
Agencias | Madrid La Voz de Galicia 7 Febrero 2004

Iglesias arropa el catalán
La Razón  7 Febrero 2004

Un centro filial de la Diputación socialista de Huesca pidió anexionar la «franja» a Cataluña
Marcos S. González - Madrid.- La Razón  7 Febrero 2004
 

PSOE y nacionalismos
La España plural
Jorge Vilches Libertad Digital 7 Febrero 2004       

La hispanofobia de tiempos pasados creó la imagen de una España negra, inquisitorial, de costumbres bárbaras, alimentada por un orgullo pueril y una hidalguía harapienta, trufada de panderetas y tricornios, bajo un sol abrasador. Era la España ahogada por la avasalladora Castilla. La guerra de 1898 renovó la hispanofobia, el “desastre” del país fracasado, y algunos españoles decidieron que su regeneración pasaba por inventar diferencias antropológicas, historias de identidad aldeana y singularidades lingüísticas que articularan un nación distinta de la española. Y la hispanofobia se convirtió en la base de su discurso político.

Los nacionalistas catalanes y vascos, básicamente, construyeron sus argumentos sobre dos pilares: la exaltación de un pasado que nunca existió, en referencia a un presente incómodo, y la desespañolización de su “territorio nacional”. Ya el historiador Rafael Altamira, comprometido con la izquierda, escribió en su libro Psicología del pueblo español, de 1902, que aquellos nacionalistas eran “ciertos grupos de españoles” que mostraban un denodado “afán de descargarse de responsabilidades históricas” alegando que habían vivido una “vida aparte de la mayoría del país y subordinada a éste”. La conclusión de Altamira, con más de cien años, está viva: “Se engañan a sí mismos los que creen que, de obtener la autonomía, se desvanecería la disociación que acusa el nacionalismo presente de catalanes, vascongados, etc. No se sienten éstos distintos de los demás españoles porque no gocen de autonomía, sino que piden la autonomía porque se sienten otros que los castellanos, leoneses, andaluces, etc.”. Esto es especialmente grave si entendemos que el ser español no es solamente la comunidad de historia, religión, idioma o proyecto que nos distingue, sino la convicción de serlo, que genera un sentimiento de unidad y solidaridad.

Son nacionalismos que niegan la existencia de lo mismo que quieren anular: el alma española, la nación española. El problema para este planteamiento excluyente surge cuando un grupo importante de sus propios “nacionales” posee un sentimiento de unidad y solidaridad con los individuos y cuerpos que forman España. Se rompe así esa conciencia de identidad única propia de una nación, pues sería impensable y paradójico, por ejemplo, que la mitad de nuestros compatriotas se sintiera tan española como francesa. ¿Cómo quieren los nacionalistas impedir esto? Señalan la apostasía, con un marcador rojigualda, y emprenden una doble tarea: la concienciación mediante la educación, y una concentración de poder tal que permita la identificación de la administración con el partido, la imbricación completa de éste en la sociedad civil. Pero esto no es la soberanía nacional, sino la soberanía de los nacionalistas.

El Estado de las Autonomías nació para satisfacer a estos grupos de españoles, y se han conseguido niveles de autogobierno inéditos en nuestra historia, equiparables a una confederación. Pero este Estado ha sido incómodo, insuficiente y pacato, incluso antipático, para partidos que, en el conjunto de España, no llegan al 1 % de los votos y, en el mejor de los casos, el de CiU, ni al 5 %. Ese sentimiento se debe a que estas minorías no creen que deba haber unidad ni solidaridad entre pueblos de distinto nivel; a lo más una buena relación de vecindad. El plan Ibarretxe o el de Carod-Rovira no son “soberanistas”, sino, como genuinos nacionalistas, tienen como objetivo evidente la independencia.

Y en esto llega un PSOE debilitado, hambriento de poder inmediato, necesitado de apoyos locales para gobernar, ansioso de cargarse de razón contra un PP que le ha salido respondón. Zapatero, encorsetado por un partido que no sabe quién es, se lía a apretar manos, y a hacer suyas reivindicaciones ajenas al socialismo español de los últimos 25 años. El federalismo asimétrico, entelequia incomprensible, aparece sobre la mesa como un proyecto posible. Los gerifaltes del PSOE se reúnen en Santillana del Mar, y acuerdan que no han acordado nada, salvo, claro, crear un debate sobre una necesidad falsa, la de cambiar el Estado de las Autonomías. El cuadro que pintan es el de una “España singular”, la del PP, que no habla ni se entiende, frente a la “España plural”, la del PSOE, la de la incomodidad autonómica. Este debate sobre la inexistencia de lo que ha sido España desde sus orígenes, sólo puede responder a un desconocimiento alarmante de la Historia de nuestro país, a un deseo de votos mal entendido, o a la simple ambición del “reparto de destinos”, de ese nacionalista que piensa, como escribió Ramiro de Maeztu en su obra Hacia otra España, “Quiero la independencia de Cataluña para ser presidente de la república catalana”.

¿Alguien cree, de verdad, que Carod-Rovira quiere una “España plural”? ¿O que Ibarretxe ha pensado en algún momento en cómo puede encajar mejor el País Vasco en España? Los nacionalistas excluyentes no quieren una “España plural”, sino la independencia. Pero no hay que preocuparse. Dicen que, después de las elecciones del 14 de marzo, irán a Madrid a hacer “pedagogía”, a explicar a los brutos españoles que lo que importa no es la entrevista de Carod-Rovira con los etarras Antza y “Ternera”, o el pacto que haya podido firmar para que maten en cualquier sitio menos en Cataluña, sino que el CNI y el Gobierno Aznar lo filtraron a la prensa. Ya. Unos vemos la luna, y otros miran el dedo que señala a la luna.

Nacionalismos
Entendiendo el habla de Carod
Pío Moa Libertad Digital 7 Febrero 2004

El doble discurso ha sido siempre un rasgo típico de los nacionalistas vascos y catalanes. Y un error muy común al respecto ha sido no tomar en serio los disparates, que diría Azaña, de los líderes nacionalistas, creyéndolos bazofia para consumo de sus seguidores, pero sin repercusión política. Creen muchos, por decirlo de otro modo, que dichos líderes embaucan a su clientela, cuando en realidad es a “Madrid” a quien embaucan cuando le hablan en un tono más civilizado en apariencia. Pero incluso en este último caso, un observador cuidadoso percibe la verdad.

Así, Carod, de cuyo balcanismo sólo pueden dudar los ingenuos irreversibles, habló el verano pasado en el Círculo de Bellas Artes para exponer algunas de sus ideas. Le escuchaban, entre otros, Carrillo y Anasagasti, que salió encantado y cuyo resumen del acto sigo aquí. Según Carod, la actual Constitución viene de un pacto entre los demócratas antifranquistas y los franquistas moderados, para fundar un sistema de libertades, a cambio de lo cual el franquismo y sus atrocidades no fueran considerados delitos. El dudoso arreglo vendría impuesto en buena medida por “los poderes fácticos”. Cataluña habría aceptado la Constitución sólo porque los partidos hegemónicos en aquel momento, con ingenuo pragmatismo, la creyeron útil para “avanzar y salir del atolladero del franquismo, emplazando a la sociedad a una mejora posterior del texto”.

Sin embargo se habría impuesto una lectura centralista del marco legal, crecientemente regresiva y contraria a la “España plural”, y que habla de cosas como la “lengua común”, expresión inexistente en la Constitución o en el estatuto. Puso como ejemplo de abuso, el caso del vascuence en una etapa del Tour. “Si realmente España considera al idioma vasco como una lengua que debe ser objeto de especial respeto y protección, como asegura la Constitución, si considera al euskera como algo propio, debería haber sido el gobierno español, por ejemplo a través del Instituto Cervantes, que pagamos entre todos, catalanes y vascos incluidos, quien debería haber salido en defensa de esa lengua, también patrimonio cultural de España. ¿O no? En caso contrario, si no se percibe lo vasco como algo propio, ¿qué hace el estado español en Euskadi?, ¿de qué les sirve España a los contribuyentes y ciudadanos vascos, si ni dentro ni fuera de las fronteras del Estado defiende sus intereses, en este caso lingüísticos?”
Lo anterior basta para entender la imposibilidad de entenderse, si una de las partes rompe el marco que hace posible la comprensión, desvirtuando brutalmente la realidad histórica.

La Constitución española no resultó de un pacto de demócratas antifranquistas que habrían hecho a los franquistas el favor de perdonarles a cambio de la democracia, aunque aceptando al mismo tiempo imposiciones de los “poderes fácticos”. Fue un acuerdo entre fuerzas que nunca habían sido democráticas (una derecha autoritaria y una izquierda totalitaria, fundamentalmente), para superar los enfrentamientos del pasado y abrir una convivencia en libertad. Si hubo favor, vino de la derecha, que hizo a las izquierdas y a los nacionalistas muchas más concesiones de las que éstos hubieran podido arrancar por la fuerza. Y buena parte de la izquierda aceptó las “libertades formales” o “burguesas”, sólo como un paso hacia los sistemas totalitarios que siempre habían defendido y con los que simpatizaban aún entonces.

Considerar la historia al modo como lo hace Carod, el PNV y buena parte de la izquierda, es someter el pacto que ha permitido la convivencia democrática a una permanente erosión, hacerlo inestable y provisional, propiciar los ataques contra él. El mismo terrorismo no dejaría de tener su justificación, considerando las intolerables presiones de los “poderes fácticos”. De esas distorsiones nacen los males y tensiones que nublan nuestro futuro. Estas gentes sólo han aceptado la Constitución como un instrumento a explotar, mientras no pudieran sustituir el pacto por su propia y completa hegemonía. Éste ha sido el gran pecado de las izquierdas españolas durante el siglo XX, y la raíz más gruesa de la guerra civil. Hay que repetir constantemente, pese a ser la evidencia misma, que la moderación política y la prosperidad económica, elementos que han dado estabilidad a la democracia, provienen básicamente del franquismo; y que los factores de amenaza a las libertades tienen casi todos el sello antifranquista, desde el terrorismo, en especial el nacionalista vasco, hasta la oleada de corrupción famosa, la corrosión de la independencia judicial o las demagogias balcanizantes.

Pocas cosas podían exponer mejor la mala fe, la ruindad y la provocación que nacen de tales concepciones, que el ejemplo del euskera en el Tour. Fingiendo lamentar la “incomprensión” de España, Carod, como Anasagasti y toda esa gente, manifiestan su complicidad con el terrorismo. El uso del vascuence en algunas etapas del Tour de Francia era una imposición de la ETA, doblada provocadoramente por el hecho de que la Vuelta ciclista a España hace muchos años que no pasa por las provincias vascas, debido, precisamente, al chantaje etarra. Si Carod y el PNV tuvieran un mínimo de respeto a la democracia y a la convivencia en paz, denunciarían la imposición de ETA y rechazarían de plano la identificación entre vascuence y terrorismo implícita en aquella reivindicación. Pero prefieren, como siempre, sacar rentas políticas del terror y ampliar el eco de éste. Con ello, revelan no tener ese mínimo de respeto a la libertad y la verdad exigible para hacer real el dicho de que “hablando se entiende la gente”.
No por eso debemos renunciar al diálogo. Pero este sólo puede fructificar con dos condiciones: que se desarrolle según la agenda de los demócratas, y para fortalecer la libertad, y no según las exigencias de los enemigos de la convivencia; y que, abandonando ingenuidades suicidas, nunca se olvide el carácter de los interlocutores, tan reiteradamente demostrado.

Locura española
Martín-Miguel Rubio Esteban La Razón  7 Febrero 2004

La España que atraviesa Don Quijote no está menos loca que lo que está el inteligente y valiente hidalgo de La Mancha. Es una España en la que, por ejemplo, sus pueblos entran en batallas cruentas porque no quieren perder la fama de ser quienes mejor rebuznan. Hoy oyendo a Maragall podemos afirmar que la cosa no ha variado mucho, la verdad.

Basándose en el elegante prosista Luciano de Samosata y en su deslumbrante «Ikaroménippos», el prelado inglés Francis Godwin escribió, precisamente por la época de elaboración de «El Quijote», «The Man in the Moon», novela filosófica que imitarían Jonathan Swift, «Cyrano de Bergerac» y, finalmente, «Julio Verne». Lo que nos interesa de la novela es que el «loco», el nuevo Ícaro que viaja a la Luna, es un hidalgo español que acomete siempre resoluto contra cualquier peligro, por grande y desaforado que sea.

Y es que los europeos de entonces nos veían sin duda a los españoles tocados por una especie de locura divina que posiblemente esté aún por diagnosticar. Lo que no cabe duda es que la España de Cervantes es también la España de Don Quijote. La locura de Don Quijote es la versión más extremada de la «normal» locura de España. La locura también suele caer en la rutina. Ya los antiguos, sobre todo Lucrecio, teniendo en común el rechazo de la ordenación o creencia dominante, reconocían a la normalidad como locura.

¿Cuál es realmente la locura española? ¿En qué consiste? Pues se funda en vivir entre dos posiciones extremosas; por una parte, en imaginar que cruzamos la línea ecuatorial cuando vamos justamente a chocarnos contra las ruedas del molino de unas aceñas, y, por otra parte, en cruzar el ecuador con la misma conciencia que tenemos cuando cruzamos el Ebro.

Seguimos encantados. O agrandamos España con un nuevo continente, o hacemos una españita hermética con nuestra aldea. O tenemos la posibilidad histórica de conquistar la libertad política desde abajo, por nosotros mismos, y nos conformamos con la «libertatis umbra» que nos otorga un Rey nombrado por el último Dictador.

O se dice de boquilla, con todo el cinismo del mundo, defender la unidad de España, pero luego se conquista el poder asociándose con independentistas, enemigos fanáticos de España y contertulios de asesinos.

Nuestros «poetae damnati» son siempre nuestros mejores poetas, los únicos «laureati» de nuestros manuales de Literatura. A los amigos de la gran democracia americana se nos tilda ahora «de extrema derecha» por aquellos neodemócratas oportunistas de la antigua juventud falangista (no joseantoniana, claro). Y es que hay que tener mucho ojo con el antiamericanismo en España, porque si bien es cierto que no todo antiamericano es fascista, todo fascista es indefectiblemente antiamericano.

Aquí los cuerdos canonizan la locura del poder. La traición a España parece quedar siempre impune (Carod-Rovira).

Las víctimas del terrorismo poseen la grandeza casi imposible de perdonar, manteniéndose los mismos hijos de puta en el poder, con perdón de las adorables putas y las santas madres.

Nuestros duques de la Transición, como aquellos anfitriones de Don Quijote, son los directores del circo patrio, una comedia bufa no de peor gusto que «Crónicas Marcianas».

El gobierno tripartito de Cataluña tiene la rara virtud de recordarme al genial y españolísimo Sancho Panza cuando hablaba con la duquesa y las amigas de ésta: «yo he visto ir más de tres asnos a los gobiernos, y que llevase yo el mío no sería cosa nueva».
De boca de un demente aquí salen la razón, la previsión y el juicio.

Con toda esta locura institucional no es de extrañar que algunos españolines lleguen a despreciar la idea de España. Confunden su realidad milenaria (un milenio antes de los Reyes Católicos los españoles ya tenían plena conciencia del sagrado ámbito de España) con su miserable y mezquino régimen.

La nación española, como cualquier otra, tiene el legítimo derecho de sacudirse de encima el régimen que no garantice su bienestar y su supervivencia íntegra, máxime cuando ese régimen no es una Democracia, en la que debe tomar libremente su destino la entera ciudadanía que la compone. Todos y todas. Dicen los terapeutas que la esperanza del drogadicto comienza cuando ha tocado fondo.

LA PESTE DEL SIGLO XXI
Editorial ABC 7 Febrero 2004

EL terrorismo internacional existe. Desgraciadamente no es una artimaña propagandística ni tampoco una maquinación urdida por los servicios de espionaje occidentales. No, el terrorismo está ahí: acechante, dispuesto a golpear vilmente con todos los medios que puede tener a su alcance. Con saña brutal, los terroristas son fieles a sus obsesivos designios de muerte. Guiados por un fanatismo nihilista y resentido, tratan de sembrar el asesinato en cualquier rincón del planeta. Las pruebas de su existencia no son opinables. De hecho, tratan de acreditarlas siempre que pueden, maximizando el dolor que generan con sus acciones. Ayer lo hicieron de nuevo y con su acostumbrada brutalidad. Esta vez se valieron de un kilo de trilita explosionado en el interior de un vagón de Metro que circulaba en hora punta por el subsuelo de Moscú. El 11-S recurrieron a tres aviones de pasajeros secuestrados en los cielos de Estados Unidos y dirigidos contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington.

Erigido como una amenaza global, el terrorismo no admite compartimentos estancos nacionales. Sus objetivos son internacionales: quiere desestabilizar la expansión planetaria de las sociedades abiertas con el fin de sumirlas en una atmósfera de terror colectivo que deteriore y obstaculice la proyección universal de las libertades y la prosperidad de los países que propagan con su ejemplo la civilización occidental. Para conseguirlo el terrorismo internacional no respeta nada ni nadie.

Ayer, en Moscú lo demostraron nuevamente al dejar su despreciable rastro de «verdad»: más de cuarenta muertos y un centenar largo de heridos, ataque presuntamente perpetrado por terroristas chechenos. Con razón el presidente Putin ha repetido lo que otros líderes occidentales vienen diciendo desde mucho tiempo atrás: que el terrorismo es la peste del siglo XXI. El diagnóstico es preciso. Como lo es también la receta recomendada por Putin para su difícil curación: la unión de quienes padecen la violencia terrorista en su tejido social.

En este sentido, con apenas 48 horas de diferencia, se ha dicho prácticamente lo mismo en Moscú y en el Capitolio de Washington. Frente a esta amenaza únicamente cabe una respuesta sensata: la cooperación leal y responsable de los países que sufren esta lacra. Sobre todo porque en el escenario globalizado que vive la presente centuria las soluciones deben ser, también, globales. Para los terroristas, las fronteras de los Estados son un instrumento más al servicio de su odio contra la libertad. Como se vio con el régimen de los talibanes afganos, se valen de ellas y aprovechan el apoyo de gobiernos encanallados. Hoy en día, nadie está seguro frente a su voracidad asesina ya que están dispuestos a emplear toda clase de procedimientos y, también, de armamento: desde el tiro en la nuca hasta el atentado suicida con explosivos. Incluso -si las tuvieran a su disposición- harían uso de las armas de destrucción masiva; de ahí la necesidad de poner fin a su proliferación adoptando cuantas medidas sean necesarias por parte de la comunidad internacional.

En esta dura empresa llena de sacrificios colectivos no puede haber tibieza partidista ni ambigüedad. Los dobles lenguajes y la estrategia del avestruz no sólo constituyen un gravísimo error, sino que sumen a sus portavoces en una complicidad miserable con los asesinos. En España lo sabemos muy bien. Sin merma de la estructura de legalidad que rige la convivencia de las sociedades abiertas, los primeros destinatarios de las razones humanitarias deben ser las víctimas. En este sentido, no puede haber ni un ápice de ingenuidad política. Sobre todo porque las víctimas que sufren el terrorismo exigen justicia con su dolor. A un mes de las elecciones presidenciales, Putin por fin parece haber tomado buena nota.

La segunda muerte de Pagaza
Fermín Bocos El Ideal Gallego  7 Febrero 2004

Hacerse hombre o mujer supone tener una visión del mundo; saber lo que está bien y lo que está mal. Lo que se pude hacer y lo que no. Ésa es la base de lo que llamamos civilización. Todo lo exterior a ese concepto nos devuelve la imagen de la barbarie, de los estadios primitivos de la evolución del hombre. No es civilizado matar (ni ético, por supuesto) y por eso, el “no matarás” nos acompaña como tabú desde que dejamos atrás las cavernas. A quienes las hemos dejado y querido dejarlas porque hay que decirlo claro: no todos lo han conseguido. Hay individuos que aunque sepan navegar por la Red ignoran que, en términos de desarrollo de conciencia ética, siguen en el Neanderthal.

En las últimas horas hemos visto un ejemplo clamoroso. Ha sido en la localidad guipuzcoana de Andoain. Resulta que por iniciativa de los ediles del PSE y del PP se iba a conceder la medalla de oro de la villa a una de las últimas víctimas de la ETA, a Joseba Pagazaurtundua, “Pagaza”, (antiguo jefe de la Policía Municipal), pero dicha iniciativa se ha visto frustrada porque los concejales nacionalistas del PNV y de EA no estaban por la labor. “No se había consensuado”, ha dicho uno de ellos, uno que bien podría llamarse Pilatos.

Pagaza, que es como le llamaba todo el mundo, era un tío estupendo. Amigo de todos. Bueno hasta tirar de espaldas. Tuvo la premonición de que ETA iba a por él y pidió que lo trasladarán. Su petición no fue atendida. Su esposa y su hermana Mayte (dos mujeres de extraordinario coraje) aunque desoladas, han aguantado con estoicismo esta segunda muerte de Pagaza.

Los neanderthales que (por cobardía o dureza de alma) no apoyaron la concesión de la medalla han vuelto a mirar hacia otra lado como hicieron hace un año cuando Joseba fue asesinado. ¡Qué gran ocasión ha perdido Josu Jon Imaz, el nuevo presidente del PNV para expulsarlos del partido! Claro que todavía está a tiempo.

¿Otra vez?
Ángel Cristóbal Montes es catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Zaragoza La Razón  7 Febrero 2004

Comenta Miguel Herrero de Miñón en su excelente libro «El valor de la Constitución» que hacia los años 1980-81, la izquierda, «ante las dudas, entonces más que razonables, de poder ganar las siguientes elecciones generales y conquistar el Estado, optó por trocearlo cuanto fuera posible y, al menos, quedarse así con los despojos». Severas, pero correctas palabras. En la primera reunión del nuevo grupo parlamentario tras las elecciones generales de marzo de 1979, que el PSOE perdió ostensiblemente ante UCD, Felipe González asumió, de manera dramática y escasamente profética, «compañeros, hemos tocado techo, nunca ganaremos unas elecciones a UCD». Tres años después, tras desangrarse este partido en crueles enfrentamientos internos, el PSOE se alzaba con el triunfo e iniciaba la larga hégira socialista. Ahora han transcurrido más de veinte años, y la vida política española continúa girando en torno a un PSOE que lleva ocho apartado del poder central y un PP, en buena medida heredero de UCD, que ha logrado crear una plataforma política en la derecha que nunca antes había existido con tanta fortaleza, moderación y disciplina. Las urnas están de nuevo a punto de pronunciarse, y el PSOE lleva tiempo receloso ante las mismas, sin acabar de resolver los graves problemas del período gubernamental anterior, con fallos en su liderazgo y con una peligrosa tendencia a apostar por el poder en autonomías concretas, como si renunciase de nuevo a gobernar el Estado.

¿Otra vez ante la misma dejación y la misma falta de grandeza política? El PSOE está generando en la opinión pública española, desde hace tiempo, la imagen de que da por perdidas las elecciones generales de 2004 y tan sólo aspira y se conforma con gobernar concretos bastiones territoriales: Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y poco más. En 1999 plasmó esta idea en las singulares coaliciones de Baleares y Aragón, y en 2003 la reproduce en Cantabria y, sobre todo, en Cataluña, donde acaba de abrir una interrogante que puede causarle quebrantos y costes enormes. Parecería como si, en aras de mantener o conquistar algunas autonomías, el PSOE prescindiera de gobernar España o no fuera capaz de sacar las oportunas consecuencias estratégicas de sus peculiares pactos locales.

Parece no darse cuenta de que en la medida que está dispuesto a pagar cualquier precio y a realizar cualquier renuncia para acceder al poder autonómico-municipal, en esa misma medida genera sospechas y prevenciones en el cuerpo electoral español, que se reflejan ineludiblemente en su contra en los comicios generales. Y es que nuestra democracia, que tiene una base política-sociológica-económica similar a la de las demás democracias occidentales, conoce-padece una peculiaridad que está provocando ya muchos problemas y va a causar más y mayores en el futuro inmediato: la de la existencia, crecimiento y poder decisorio en buena parte de la geografía española de fuerzas nacionalistas territoriales. Un conjunto de partidos nacionalistas-tribales, día a día más atrevidos, radicales y rupturistas, están sentando su ley cada vez con más fuerza en la política española, y el PSOE, en lugar de enfrentarse, se pliega a ellos en cuanto tiene ocasión.

¿Puede extrañar, en consecuencia, que tal circunstancia preocupe seriamente a buena parte del electorado español? Y el PSOE parece no darse cuenta de que la providencia política no va a jugar otra vez a su favor como ocurrió en 1982. El regalo de una UCD saltando en pedazos y obligando a sus votantes a refugiarse en la única fuerza nacional que ofrecía algunas garantías no se va a producir en esta ocasión, porque los ocho años de Gobierno Aznar no han producido el fraccionamiento suicida del PP, sino más bien lo contrario, hasta el punto de que el PP goza hoy de una fortaleza y de una posibilidad de reclamo electoral con las que no contaba ni en 1996 ni en 2000. En esta ocasión, el que está corriendo semejante riesgo es el PSOE.

Los jóvenes y los políticos
Luis María ANSON La Razón  7 Febrero 2004
de la Real Academia Española

El dato más significativo del estudio realizado por la Universidad Complutense sobre «sentido, valores y creencias en los jóvenes» es éste: el 90 por ciento, es decir, nueve de cada diez, desconfía del Parlamento, del Gobierno y de los partidos políticos. La muestra de 2.500 personas entre 15 y 29 años comprende a toda España y refleja el hartazgo de la juventud por la política de campanario en la que el interés partidista predomina sobre el interés general.

Casi el 70 por ciento de los españoles jóvenes valora de forma sobresaliente a las ONG y el 72 por ciento considera muy importante el bienestar espiritual y manifiesta su creencia en lo trascendente aunque eso no pasa obligadamente por la Iglesia.

La oligarquía de los partidos, su organización interna antidemocrática, el número demasiado elevado de mangantes y corruptos en los Ayuntamientos, Autonomías y Administración Central, la falta de coherencia ideológica, el oportunismo desmedido, la ambición deshuesada del poder por el poder, el amiguismo, el enchufismo, el nepotismo, la tentación totalitaria, la tendencia al fasto y a la corrupción, el despilfarro creciente a cargo de los impuestos, todo eso y otras muchas realidades que galopan tantas veces desbocadas han conducido a los jóvenes españoles a un escepticismo cada vez mayor sobre nuestra clase política. En plena campaña electoral valdría la pena que algunos reflexionaran sobre esa España mayoritariamente ajena a los fuegos artificiales de los dirigentes de los partidos.

CORRESPONDE AL ESTADO
El TSJPV anula los acuerdos de cuatro ayuntamientos que pretendían expedir un "DNI vasco"
Los acuerdos fueron adoptados en abril de 2001 y aprobaron una normativa municipal para dar luz verde a un documento de identidad nacionalista vasco. Se trata de los ayuntamientos de Arratzu, en Vizcaya y los de Anoeta, Lizartza y Ezkio-Itsaso, en Guipúzcoa. A instancias de la Delegación del Gobierno se plantearon los correspondientes recursos que ahora han sido estimados porque "se incumple la legislación vigente" que otorga al Estado la facultad exclusiva en materia de nacionalidad.
Agencias Libertad Digital  7 Febrero 2004

En abril de 2001, los ayuntamientos citados aprobaron una normativa municipal que permitía la expedición de lo que denominan "documento de declaración de la nacionalidad vasca", una ficción que no tiene amparo legal alguno.

Según informa la agencia Europa Press, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco ha anulado los acuerdos porque "incumplen la legislación vigente y atentan contra el propio reparto competencial consagrado tanto en la Constitución, que atribuye al Estado la facultad exclusiva en materia de nacionalidad, como en el propio Estatuto de Autonomía del País Vasco, cuyo artículo decimoséptimo le considera igualmente competente, a través de sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, en la expedición de pasaportes y documentos de identidad". Los recursos ahora estimados, fueron planteados a instancias de la Delegación del Gobierno.

El Estado tiene presentados recursos de las mismas características contra varios ayuntamientos vascos que han decidido expedir este "DNI vasco" como es el caso, por ejemplo, de Gatika, Legutiano-Villarreal, Zaldibia, Oyarzun, Aulesti, Ondarroa o Zizurkil.

Además, el TSJPV ha estimado también otro recurso contra el ayuntamiento de Ezkio-Itsaso por el que se impugna un acuerdo plenario del 10 de octubre de 2000, favorable a su adhesión a la llamada Mancomunidad de Municipios Euskaldunes (UEMA).

Condenados a 83 años los etarras detenidos gracias a la acción de un «héroe» ciudadano
Agencias | Madrid La Voz de Galicia 7 Febrero 2004

La Audiencia Nacional condenó ayer a 83 años de prisión a los presuntos miembros del comando Madrid de ETA Ana Belén Egües y Aitor García Aliaga por la muerte, el 10 de julio del 2001, del policía nacional Luis Ortiz de la Rosa, fallecido al hacer explosión un coche-bomba que habían colocado en el barrio de Aluche.

Egües y García Aliaga fueron detenidos el 6 de noviembre de ese año, minutos después de un atentado frustrado con coche-bomba contra el subsecretario de Política Científica, Juan Junquera, gracias a un ciudadano que sospechó de ellos y les siguió en su vehículo desde el lugar en el que había explotado el automóvil, en Chamartín, hasta Ciudad Lineal, donde varios policías arrestaron a los terroristas. Esta acción tuvo gran repercusión en los medios de comunicación, que intentaron sin éxito averiguar la identidad del héroe anónimo. Para protegerlo, la Fiscalía de la Audiencia Nacional descartó solicitar su citación como testigo en el juicio, porque «procesalmente no existe».

Niña herida
La sentencia notificada ayer considera que Egües y García Aliaga recibieron de la dirección de ETA la orden de atentar «con el ánimo de causar el mayor número de muertes de personas, así como de producir daños materiales». El agente Luis Ortiz de la Rosa pereció cuando trataba de inspeccionar el coche- bomba, depués de que los terroristas avisaran de su colocación mediante una llamada telefónica. La explosión causó heridas de diversa consideración a una veintena de personas, entre ellas una niña de dos años.

Iglesias arropa el catalán
La Razón  7 Febrero 2004

El apoyo del presidente de la Comunidad de Aragón, Marcelino Iglesias, a cualquier manifestación de la cultura catalana en su tierra, así como a que se implante el idioma en sí mismo como lengua co-oficial en su autonomía, es público y notorio.

En los dos últimos números de la revista «Temps de Franja», una publicación pancatalanista que recibe numerosas publicidades del «Instituto de Estudios Altoaragoneses», organismo de la Diputación de Huesca, el propio presidente defendía las medidas que ha tomado para defender el catalán en la «franja» oriental.

De hecho, en el número de diciembre, confirma la información que adelantó LA RAZÓN, y asegura que basará su futura Ley de Lenguas en el anteproyecto que trató de sacar adelante en la pasada legislatura. Asimismo, recuerda, que el «Instituto de Estudios del Bajo Cinca» continúa con un centro de adultos que da clases de catalán en Fraga que, «al no aumentar el profesorado, mantiene la subvención de un módulo como en anteriores años».

Por otra parte, en el número de enero de la misma publicación, aparece una entrevista a doble página con el jefe del Ejecutivo aragonés en la que se le pregunta sobre si el Gobierno de Aragón «participará en el Instituto Ramón Llull de proyección exterior de la lengua y cultura catalana.

Iglesias contesta que no participará porque «nosotros estamos en un debate anterior»: el del reconocimiento del aragonés y el catalán. Por ello, afirma que «hemos de dar salida primero a la demanda del Estatuto y lo hemos de hacer en esta Legislatura que hemos comenzado, con una Ley de Lenguas que reconozca como un hecho positivo la diversidad lingüística que tenemos en la Comunidad».

Un centro filial de la Diputación socialista de Huesca pidió anexionar la «franja» a Cataluña
El Institut d´Estudis del Baix Cinca firmó el texto pancatalanista y reculó por temor a un escándalo
El Institut d´Estudis del Baix Cinca, centro filial de la Diputación de Huesca, se sumó a un manifiesto en el que se convocaba a «todos los habitantes de la Cataluña del Norte, de la franja de poniente (Aragón), de las Islas Baleares y Pitiusas, del País Valenciano, del Principado de Andorra y del Principado de Cataluña», con una «única finalidad»: «La proclamación de nuestra independencia como pueblo soberano, dentro de Europa, en la línea de las declaraciones de los derechos de los pueblos de la ONU, en su singularidad y en igualdad fraternal con el resto de pueblos».
Marcos S. González - Madrid.- La Razón  7 Febrero 2004

El Institut d´Estudis del Baix Cinca se adhirió en el año 2000 al manifiesto «CRIDA -2000. PAÏSOS CATALANS», en el que se proclamaba la independencia «como pueblo soberano, dentro de Europa» de dichos países, dentro de los cuales engloba a «Cataluña del Norte, de la franja de poniente (Aragón), de las Islas Baleares y Pitiusas, del País Valenciano, del Principado de Andorra y del Principado de Cataluña».
Para ello, el promotor del manifiesto, Luis M. Xirinacs, realizó un llamamiento a «todos los habitantes» de esas poblaciones, «sean de la procedencia que sean», que tengan conciencia de pertenecer a una nación «que anhela la responsabilidad de su futuro».

Contra Francia y España
Además, el texto afirma que «nosotros hemos mantenido el poder de los estados español y francés» y que «nuestra fuerza como pueblo» no se alimenta de «los imperialismos políticos, religiosos, militares, económicos o culturales». «Ahora es el momento de que nuestros partidos, sindicatos e instituciones escuchen nuestra voz», continúa el manifiesto, «ahora es el momento de satisfacer nuestra ansia de solidarizarnos con los desposeídos de nuestra tierra y con las naciones explotadas y oprimidas del mundo».

Por todo ello, se invita a toda persona «que se sienta catalana» y que quiera «la independencia de los Països catalans», a comprometerse públicamente con su causa y apoyar la creación de una red de Asambleas que potencien y fomenten la independencia. Así, Xirinacs pide a los que se sumen a su iniciativa que «se inscriba en la Asamblea de su territorio o, en su caso, crearla».

En el plan, esas asambleas territoriales se unirán a otras «cada vez más generales», con el fin de constituir la Asamblea de los Països catalans». «La fuerza de nuestro pueblo reside en la consistencia de esta Asamblea de Asambleas», continúa el manifiesto, y concluye afirmando que «el pueblo catalán es el sujeto colectivo activo de la soberanía nacional. Este llamamiento, más que un emplazamiento a los estados español y francés, es una propuesta dirigida al pueblo catalán».

Según informó la Federación de Asociaciones Culturales de Aragón Oriental a LA RAZÓN, el Institut se sumó al texto en principio a dicho manifiesto, pero luego, ante la denuncia de dicha asociación y la amenaza de un escándalo en los medios, reculó y retiró su apoyo al manifiesto y a la «Asamblea de Països Catalans».

Dicho texto, firmado por el ya citado organismo, centro filial de la Diputación oscense, fue además avalado por los «Casals Jaume I», entidades instaladas en Aragón con el objetivo de salvaguardar la lengua y cultura catalanas en la zona.

«Lenguas minoritarias»
El Institut d´Estudis del Baix Cinca es un centro filial del Instituto de Estudios Altoaragoneses, creado en 1977 para es la defensa, estudio, investigación y divulgación de la cultura y recursos de la provincia de Huesca. Según afirma la entidad de la Diputación, su finalidad es «potenciar la cultura en el marco de la comarca del Bajo Cinca mediante la realización de actos culturales, la edición de trabajos de investigación y la convocatoria de Becas». Además, en su página web añade que dicha asociación está «comprometida» y es «sensible» con el «problema de las lenguas minoritarias de Aragón».

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