AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 8 Febrero 2004
El «efecto Carod»
Editorial La Razón  8 Febrero 2004

En memoria de Joseba Pagazaurtundua
Antonio Beristain La Razón  8 Febrero 2004

Una tortillita en la granja de Orwell
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  8 Febrero 2004

SENSIBILIDAD
José Antonio ZARZALEJOS ABC 8 Febrero 2004

El final del terrorismo
Editorial El Ideal Gallego 8 Febrero 2004

Lo que el nacionalismo ha separado, que un puente entre las lenguas de España lo una
ROSA MARÍA ECHEVERRÍA y ANTONIO ASTORGA ABC 8 Febrero 2004

Agli
Nota del Editor 8 Febrero 2004

Los productores manifiestan su absoluto e inequívoco rechazo a ETA y califican los Goya de desafortunados
S. GAVIÑA ABC 8 Febrero 2004
 

El «efecto Carod»
Editorial La Razón  8 Febrero 2004

Los resultados de la encuesta sobre intención de voto que hoy publicamos, elaborada por «Celeste-Tel» para LA RAZÓN, recoge las primeras consecuencias para el PSOE de lo que podríamos denominar «efecto Carod». Así, si a primeros de enero el candidato socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, había conseguido recortar en tres puntos porcentuales la distancia con el PP; tras conocerse la entrevista del socio independentista catalán con la cúpula de ETA, Mariano Rajoy vuelve a repetir las mejores previsiones de diciembre y se quedaría a apenas un escaño de la mayoría absoluta.

El «efecto Carod» también pasa factura al nacionalismo moderado catalán de Convergencia i Unió, que podría perder hasta tres escaños sobre los obtenidos en las últimas elecciones generales, sin que ello suponga, sin embargo, un incremento notable de las expectativas de ERC: el plebiscito personal que propone su destituido líder, José Luis Carod-Rovira, a los ciudadanos de Cataluña se quedaría, de celebrarse hoy los comicios, en una modesta ganancia de un escaño. De cualquier forma, los republicanos catalanes son los únicos beneficiados del escándalo, aunque sólo sea porque mantienen las expectativas de voto.

La noticia más preocupante, sin duda, para el PSOE es que estos resultados de la encuesta se obtienen pese al descenso de la abstención declarada; descenso que, en principio, debía favorecer al candidato socialista. Zapatero no parece superar el techo electoral de Joaquín Almunia, aunque, por diversas razones técnicas, como los cambios en el censo, salga más favorecido que su antecesor en la atribución de escaños. El fracaso de su campaña electoral, desdibujada por el ruido de fondo del caso catalán y por las continuas intervenciones, algunas contradictorias, de los pesos pesados de su partido, es evidente. La prueba es que el político socialista más valorado, José Bono, es el único que aprueba y con casi un punto de ventaja sobre Zapatero.

Aunque es difícil a estas alturas del calendario que se produzcan grandes oscilaciones entre los votantes, tampoco Mariano Rajoy debería dar la batalla por ganada. Queda un largo mes de campaña y el sondeo demuestra que, pese a todos sus problemas, el PSOE mantiene la fidelidad de sus votantes, sin que se puedan apreciar grandes avances de Izquierda Unida. Además, los nuevos electores se decantan preferentemente por el candidato socialista. Tal vez, el mensaje popular no llega a los más jóvenes, que son los que sienten más directamente los problemas del primer empleo y el precio de la vivienda.

En memoria de Joseba Pagazaurtundua
Antonio Beristain es catedrático de Derecho Penal y director H. del Instituto Vasco de Criminología La Razón  8 Febrero 2004

Mañana conmemoramos el aniversario del vil asesinato de nuestro querido y admirado Joseba que tanto, y cada día más, lamentamos, pues su bondad, su valentía, su inteligencia, su generosidad, su afecto y su servicialidad gratuita hacia los demás... nos siguen guiando y animando a imitarle en todo, y especialmente en su talante de entrega para los otros.

Este rasgo fundamental suyo ¬de persona para los demás, persona excéntrica (en el sentido positivo, laudatorio, de Jacques Lacan)¬ es el que deseo comentar brevemente en estas líneas, ante la imposibilidad de asistir hoy al homenaje que se le ofrece en Andoain, pues salgo hacia México, para mañana iniciar un congreso internacional sobre el Derecho Penal del futuro, a la luz de la Sociedad Mundial de Criminología y de Victimología. Este rasgo tan suyo y de otras macrovíctimas del terrorismo es afortunadamente el que ya se está empezando a conocer y reconocer en el País Vasco y en el resto de España, sobre todo desde hace pocos días, con ocasión del I Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo, celebrado en Madrid los días 26 y 27 de enero.

Pero, por desgracia, determinados medios de comunicación, algunos políticos y algunos tratadistas desconocen todavía y tergiversan el perfil de las macrovíctimas de ETA pues ellos olvidan, omiten y silencian lo que buscan y piden principalmente las macrovíctimas directas e indirectas, activas y pasivas, con sus familiares: que se les reconozca como personas protagonistas axiológicas de la nueva convivencia en justicia y en paz, según proclaman las Naciones Unidas desde 1985, y con más insistencia y claridad desde la Resolución sobre «Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas de violaciones de las normas internacionales de derechos humanos y del derecho internacional humanitario a interponer recursos y obtener reparaciones», de 18 de enero de 2000.

Como amigo y admirador de Joseba y de cientos de víctimas cruentas e incruentas (que no debemos olvidar, pues su victimación, aunque incruenta, causa grandes dolores y sufrimientos), me permitiría discrepar de algunas manifestaciones del señor Julio Medem y de su opinión, expresada en algún diario. Según él, a las víctimas de ETA, «nada les da más razón política o ideológica». Decenas de eminentes especialistas se apartan de esta opinión y argumentan, como Ernesto Garzón Valdés (Universidad de Maguncia), que a las víctimas les debemos conceder su rol de agentes éticos en pro de la convivencia fraternal. El señor Medem añade que «mucho menos, les da licencia para insultar, calumniar ». Él puede tomar conciencia del ejemplar comportamiento de las macrovíctimas, privado y público, en favor de los demás. No, como indica, para calumniar Ni lo hacen, ni lo intentan. Nadie lo constata.

Puede recordar el señor Medem, de cuya buena voluntad no dudo, que la Antropología, la Psicología, la Política criminal, etc., formulan un axioma indiscutible: quien siente mucho odio (como él parece afirmar de algunos miembros de la AVT), lo manifestará con comportamientos violentos y delictivos. Afortunadamente, las macrovíctimas del terrorismo y los miembros de la AVT nunca han cometido, ni planeado cometer el delito tipificado en el artículo 455 del Código Penal español, «de la realización arbitraria del propio derecho». Este fenómeno real, muchos lo consideran como lo que vulgarmente -¬pero también inteligente y fundadamente¬ se llama «milagro heroico».

Apoyado en mi formación como catedrático de Derecho Penal, y sacerdote jesuita, cultivador de la justicia anamnésica, del recuerdo y la memoria, cum ira et studio (J. M. Mardones, J. B. Metz, J. Sobrino), me pregunto si ante la mayor extensión y gravedad del terrorismo internacional conviene tipificar un nuevo delito, que condene la «falta al respeto debido a la memoria de las macrovíctimas ». Porque éstas merecen mayor respeto que el resto de los ciudadanos. A las macrovíctimas, como a Maximiliam Kolbe, no debemos equipararlos a la mayoría de las personas. El legislador y el juez deben diferenciarlos en su tratamiento judicial. Considero que así lo proclaman los Derechos Humanos, y la Decisión Marco sobre el Estatuto de las Víctimas en el Proceso Penal, del Consejo de la Unión Europea, de 15 marzo de 2001. También la ética, desde el «Coro» de los ciudadanos de Atenas, varios siglos antes de Cristo, cuando juzgan y honran a Antígona, en la tragedia de Sófocles.

Por fin, aprovecho la ocasión para agradecer al insigne artista vasco e internacional Agustín Ibarrola por su generosa aportación, su monumento que se inaugura hoy, para honrar a Joseba Pagazaurtundua, semejante al bello monumento en Ermua... Estos homenajes se deben en estricta justicia ¬no sólo como solidaridad¬ a tenor de la ONU, en su citada Resolución.

Una tortillita en la granja de Orwell
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  8 Febrero 2004

Los productores más importantes del cine español han emitido una insípida nota en la que pretenden marcar distancias con la afrenta a las víctimas del terrorismo y el alarde antigubernamental de la Academia de Cine en la última gala de los antiguos Premios Goya, a los que en homenaje al pobrecito Medem podrían rebautizar Premios Ibarreche. Es difícil saber si los productores están avergonzados, si temen que el Gobierno tenga un ataque de dignidad y corte el grifo de las subvenciones o si barruntan que el público acabará pasándoles factura por los numeritos entre totalitarios y cretinoides del gremio titiritero. En todo caso, no han podido hacerlo peor. Para distanciarse acercándose tanto, para precisar de forma tan confusa, podrían haberse ahorrado el esfuerzo.

Los productores asumen como cierta la burda excusa de los caciques progres de la Academia para negarse a llevar la pegatina que las víctimas del terrorismo ofrecían en la puerta. Por lo visto, piensan que somos imbéciles. A lo mejor creen que no nos damos cuenta de que la supuesta defensa de la libertad de expresión —que no está en peligro en España como propala el PSOE pero brilla por su ausencia en la Academia de Cine y sus saraos— era sino una defensa corporativista pero también ideológica de la repugnante equidistancia entre la ETA y sus víctimas que propugna el nacionalista vasco Medem, apoyado por la mafia progre que aterroriza el gremio del cine. Si es a esa mafia a la que se refieren con lo del indeseable control de algunas plataformas y la deseable libertad real de todas las tendencias, que lo digan. Y si no se atreven a decirlo, que se callen.

Que critiquen la gala mientras defienden el esfuerzo de la Academia y de su presidenta es otra prueba de cobardía ética y de desprecio a nuestra inteligencia. La presidenta, antes, durante y después de la gala, ha dicho que en España la libertad de expresión está en peligro. Si eso es cierto, los productores deberían respaldarla y denunciar tan horrible censura. Si es mentira, deberían pedir la inmediata dimisión de Sampietro y su cuadrilla, que con su politización totalitaria, su desprecio a las víctimas del terrorismo y su denuncia de una falta de libertad de expresión absolutamente imaginaria (que responde a una consigna de la izquierda y los separatistas) están asqueando y acabarán echando al público de cualquier cine español. Claro que los titiriprogres cuentan con Polanko, amo de Sogecable, productor de Medem; y, por lo visto, los productores, también. Se nota.

Si estos cinco respetables aunque no heroicos productores quieren hacer una tortillita a las finas hierbas subvencionadas sin romper ni un solo huevo de la granja de Orwell, van aviados. Si aún no se han dado cuenta de que la herida en la opinión pública es cada vez más honda y sangra demasiado, vale más que dejen las artes visuales y se dediquen a otra cosa. Siempre que no sea la literatura, claro. Ni la moral, por supuesto.

SENSIBILIDAD
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 8 Febrero 2004

Ignoro si Mercedes Sampietro ha vivido de cerca la tragedia de una víctima del terrorismo, aunque sospecho que no ha debido transitar por experiencia tan penosa. De lo contrario no es explicable la insensibilidad de esta magnífica actriz al suponer que algunas víctimas militan en un «pensamiento militarizado». Si hubiese asistido tres días antes de la entrega de los premios de la Academia del Cine al I Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo, celebrado en Madrid, habría podido empaparse de una enorme serenidad moral. Ésa que transmitían las viudas, los viudos, los hijos y los familiares de las víctimas de la banda terrorista ETA, que se han cuajado en una tragedia irreversible de la que extraen serenidad, capacidad de perdón, de resignación y, por supuesto, de denuncia. Piden justicia -¿qué menos?- pero jamás venganza. Ni uno sólo de los testimonios -algunos por completo inéditos- discurrió por el rencor, sino por la petición de justicia y la reivindicación de libertad. También de esa libertad de expresión que, sin saber a cuento de qué, la presidenta de la Academia del Cine reclamó solemnemente como si estuviese coartada o amenazada. La prueba de que nada ni nadie hostiga esa libertad de expresión la ofreció su propio discurso: desde la televisión pública y para toda España en un acto de gran simbolismo para la cinematografía española.

A determinadas personas que se mueven profesionalmente en el llamado mundo de la cultura parece motivarles -quizás sólo por razones escénicas- el cuerpo a cuerpo con buena parte de la sociedad, como con agudeza señaló Oti Rodríguez Marchante, crítico de ABC, el pasado lunes en estas páginas. Y padecen así una alarmante falta de empatía con lo que les rodea. Ni entienden ni son entendidos y la brecha se abre año a año, aunque la anegación de la opinión publicada en las pautas de lo políticamente correcto les presente una ciudadanía entregada a sus consignas, cuando en realidad las desoye y, lo que es peor, orilla a sus portadores. Los artistas son en el mundo occidental referencias, modelos, representantes de algo evanescente, sea el éxito, el esfuerzo, la excelencia, el dinero o la belleza. ¿Y en España? Me temo que no sucede del todo así y también ellos deberán reflexionar por qué. El cine español es irregular en su calidad, pero no valen las generalizaciones. Se emiten muy buenas películas y otras muchas perfectamente prescindibles, pero, buenas y malas, exitosas y fracasadas, prácticamente todas están subvencionadas por distintos niveles públicos. También éste es un dato para la reflexión. Si no son autosuficientes y si no son tan queridos como ellos suponen, si, en fin, carecen de esa empatía social y resultan siempre desabridos y a la contra, como si se tratase de un sector marginal y mísero ¿no les merecería la pena darle una seria pensada a lo que hacen y dicen institucionalmente?

Muchos no nos sentimos bien mientras veíamos la gala de entrega de los premios de la Academia. No tanto por lo que se decía, cuanto por la rudeza de sentimientos que se expresaba en el corporativismo y la indiferencia a los que fuera del recinto, bajo el agua y con frío, encendían 936 velas por cada una de las vidas arrebatadas por el terrorismo. Di en pensar que si Mercedes Sampietro hubiese salido al atrio y recabado su presencia un minuto en el escenario, en muestra de homenaje, la gala de los premios de la Academia del Cine español hubiese sido un éxito sin precedentes y hubiese reconciliado a todos con todos.

El final del terrorismo
Editorial El Ideal Gallego 8 Febrero 2004

Moscú se encuentra en una situación de máxima alerta desde la matanza que los terroristas perpetraron el viernes en el metro, sobre cuya cifra real de víctimas existe una gran confusión. Esa oscuridad contrasta con la claridad que demostró el presidente ruso al asegurar pocas horas después de atentado que no hay ninguna posibilidad de negociación con los asesinos, advertencia a la que añadió la promesa de continuar la lucha contra los terroristas hasta acabar con ellos.

Las intenciones de Vladimir Putin coinciden plenamente con la política que, amparada en el Pacto por las Libertades firmado por el PP y el PSOE, sigue el Gobierno español respecto a ETA. Los ejecutivos de ambos países saben que el principio clave para erradicar a las bandas de independentistas criminales es el rechazo total al diálogo, puesto que cualquier conversación sólo sirve para darles fuerza. Las vías policial y judicial son las únicas aptas para tratar a los terroristas, ya que sólo a través de ellas se consigue debilitarlos y conducirlos a la rendición. No estaría de más saber qué piensa Josep Lluís Carod-Rovira acerca de la postura de Putin y si sería capaz de sentarse a conversar con los autores de la masacre en la capital rusa, aunque tal vez, como el atentado se cometió muy lejos de Cataluña, al líder de ERC le dé igual porque no hay en juego vidas de “ciudadanos de primera”.

Lo que el nacionalismo ha separado, que un puente entre las lenguas de España lo una
ROSA MARÍA ECHEVERRÍA y ANTONIO ASTORGA ABC 8 Febrero 2004

MADRID. Los intelectuales y los artistas se han aislado en su propio universo creativo atosigados por las turbulencias políticas. Libros escritos en catalán, vasco o gallego, en muchos casos, no se publican en español. Resulta evidente que falta comunicación creativa y que se necesitan más puntos de encuentro que de desencuentro. ¿En qué situación se encuentra ese «Diálogo Peninsular», que rescata la revista «Ínsula», medio siglo después? Tras grandes tensiones y abundantes conflictos, en 1952 se celebró en Segovia un Congreso de Poesía que supuso un encuentro vital entre escritores de habla catalana y castellana, al que siguieron los de Salamanca y Compostela, impulsados por Dionisio Ridruejo y Carles Riba. Asistieron Caballero Bonald, Aleixandre, Gerardo Diego, Luis Rosales, Leopoldo de Luis, García Nieto, D´Ors, Eugenio Montes, Laín y Tovar, así como creadores europeos e hispanoaméricanos.

José Jiménez Lozano, premio Cervantes, se pregunta desde su prodigiosa sabiduría: «¿Tiene más valor la cultura de Cádiz que la de León? Se está creando un problema artificial y esto es absurdo. ¿Es que nos encontramos con un pensamiento autonómico? ¡Sería el colmo! Aunque quién sabe si llegaremos a eso... Esto de los conflictos entre escritores de distintas lenguas no creo que responda a la realidad».

Divergencias y enfrentamientos
Las divergencias y enfrentamientos políticos (como el escándalo Carod o el llamado Plan Ibarretxe), ¿puede afectar a ese entendimiento entre creadores de distintas lenguas? Enrique Badosa afirma tajante: «Por supuesto que sí, por lo menos en parte muy considerable». Para Gustavo Martín Garzo, los problemas políticos y nacionalistas «son una consecuencia y a la vez contribuyen a que el conflicto se haga más intenso. Y es curioso que suceda así, porque esos problemas no existen entre los escritores, como se demuestra en los Encuentros de Verines, donde la convivencia entre las distintas lenguas es grata y enriquecedora».

Robert Saladrigas está convencido de que «ciertos problemas políticos, ya sea el Plan Ibarretxe, el asunto Carod o el enrocamiento del Gobierno central, serían mucho menos ponzoñosos si se admitiera de una vez por todas que España es una entidad multicultural y plurilingüe, no endogámica, y estuviera dispuesta a beneficiarse de la disparidad cultural y a fomentar el trasvase de valores y conocimientos. Pero me temo que la ignorancia, la intransigencia y la crispación seguirán imponiéndose a la sensatez de la lógica».

Olvido García Valdés apunta que «el grado de encono, desconfianza y recelo ha crecido de tal modo que incluso una palabra tan de fiar como «diálogo» -y naturalmente las personas o instituciones que defienden una actitud de diálogo con y entre las distintas posiciones políticas e ideológicas que conforman el presente del país-, es vista como bandera o signo de oscuras connivencias».

Carme Riera sostiene, con rotundidad, que sí existe una clara incidencia: «Para entender al otro es necesario ponerse en su lugar. Y el posfranquismo fue un espacio privilegiado para ese entendimiento, que se desaprovechó». A Joan Margarit, los enfrentamientos políticos no le parecen un problema de comunicación, «si entendemos la cultura en el sentido profundo, no de entretenimiento. O sea, que una de las causas es la falta de cultura». La realidad demuestra que los escritores de la periferia, en muchos casos, no están traducido al castellano. ¿No hay comunicación entre las distintas Autonomías? Badosa responde que «falta esa comunicación cultural, y la traducción es un óptimo medio de comunicarse, siempre y cuando las obras traducidas no se queden en las librerías... Realizar tal comunicación no resulta fácil». Martín Garzo se suma a este planteamiento: «Desde luego. Creo que el desconocimiento que se tiene en las Autonomías en las que se habla el castellano de la literatura escrita en las otras lenguas de nuestro país es absoluto, y que, por tanto, los distintos gobiernos autonómicos no han hecho gran cosa por remediar esto. No sé lo que pasa en otras Autonomías, pero la literatura vasca, catalana y gallega apenas merece ni una mención en los libros de texto escritos en castellano. Claro que tampoco la escrita en castellano la merecerá, ya que la literatura casi ha desaparecido de los planes de enseñanza».

Saladrigas no tiene la menor duda: «Por supuesto que falla la comunicación. ¿Quién lee en gallego? ¿Quién lee en catalán? Es más: ¿quién lee a los autores catalanes traducidos? Yo soy uno de los privilegiados. Toda mi obra está traducida al castellano y de unos años a esta parte las ventas han disminuido. Eso nos ha ocurrido a todos los catalanes que hemos sido traducidos. Lo que no ocurre en Cataluña respecto a los autores en lengua castellana que siguen incidiendo positivamente y muy justamente en el lector catalán». Riera, en pocas palabras, es muy elocuente: «Ese es un gran fallo de la Transición». Margarit discrepa: «Por lo que sé, a quienes se han preocupado de que no fuese así, nadie les ha impedido, más bien lo contrario, entrar en el ámbito de la publicación en castellano».

Un mejor conocimiento
Hace medio siglo, y pese a lo que caía, había efervescencia cultural. ¿Se debería recuperar ese espíritu? ¿Sería positivo? A Margarit, la utilidad de este planteamiento se le antoja más aparente que real: «Lo que cada cual no haya hecho por sentirlo una necesidad propia, y más en un régimen de libertades como el que vivimos, no es de esperar que lo haga con empresas de este tipo». Y añade que sería positivo «siempre que la muestra de las distintas obras, es decir, la lectura, el recital, prive sobre mesas redondas, conferencias y otras zonas propias de los profesores». Martín Garzo dice que todo lo que «contribuya a un mejor conocimiento y difusión de la literatura escrita en las distintas lenguas peninsulares» es idea excelente y necesaria. Y mucho más en estos momentos en que prima un clima de abierta confrontación política entre las distintas Autonomías».

Olvido García Valdés tiene la impresión de que, en los últimos años, lo que se había conseguido no hace sino retroceder: «Hay en la política un creciente encono centralista o españolista que parece ir tiñendo también los otros campos. En este sentido, si en el terreno de la literatura, el arte, el pensamiento se pudiese dialogar, hablar con libertad, sin palabras proscritas e ideas inexpresables -sin despertar recelos y sospechas- supongo que se sanearía una atmósfera de crispación políica a mi juicio bien poco justificada».

Según Robert Saladrigas, este tipo de iniciativas suelen ser recomendables, «siempre que partan de la premisa de que las circunstancias nos empujen, literalmente nos obligan, a establecer el diálogo porque al cabo de tantos años y pese a compartir un tronco cultural común, seguimos empeñados en no reconocernos en aquello que en verdad nos une e instalarnos en los egoísmos cavernarios que nos separan». Es verdad que se siguen celebrando congresos literarios, pero «en ninguno se debate seriamente una cuestión tan esencial como es la convivencia entre las diferentes literaturas que supuestamente integran la literatura española -denuncia Saladrigas-. Cuando a día de hoy se habla o se escribe de poesía o de narrativa española, los poetas y narradores de expresión no castellana son sistemáticamente excluidos. ¿Esto qué significa? ¿Cómo debe ser interpretado? ¿Cuál es la utilidad de esos congresos?». Badosa dice que el «Diálogo Peninsular» «sería positivo».

Superar actitudes enquistadas
Carme Riera subraya que tender puentes entre las diversas lenguas literarias de España «es muy positivo». En este terreno, cita los Encuentros de Verines, Sitges y Segovia, organizados por Cultura y la Generalitat.

¿Creen que sería deseable rescatar semanarios como «Revista» , que, desde Barcelona, se propuso favorecer el contacto entre los intelectuales de Barcelona y los de Madrid? Badosa es taxativo: «Repitamos la fórmula». Saladrigas entiende que «el diálogo de ahora mismo entre la cultura castellana y catalana necesita más que instrumentos -bienvenidos serían si los tuviéramos-, la voluntad de plantearlo en sus más diversos variantes con el sincero deseo de superar las actitudes más lamentablemente enquistadas. Lo peor de todo es que no veo en ninguna parte esa voluntad que creo indispensable». Martín Garzo concluye: «Cualquier fórmula que facilite ese diálogo real y que dé a conocer a los escritores de una lengua en las otras lenguas de España me parece no sólo una buena idea sino sumamente necesaria hoy».

CUESTIONES CANDENTES
Lo más destacado

1. ¿Se debe recuperar el «Diálogo Peninsular» de hace medio siglo?

2. Buena parte de escritores gallegos, catalanes y vascos no están traducidos al castellano. ¿Falta una comunicación cultural entre las distintas Autonomías?

3. Los problemas políticos y nacionalistas (léase el caso Carod o el Plan Ibarretxe), ¿pueden ser una consecuencia de la falta de entendimiento cultural?

4. ¿Sería positivo la recuperación de congresos literarios como los de poesía en Segovia, Salamanca y Santiago hace 50 años?

5. En España se han fundado semanarios como «Revista» (hace ya medio siglo) cuyo fin era favorecer el contacto entre intelectuales de Barcelona y de Madrid o el diálogo entre la cultura castellana y catalana. ¿Podría ser una buena fórmula este tipo de comunicación?

6. No sabemos lo que opinaban nuestros actores hace medio siglo (o si les dejaban opinar), pero los del siglo XXI se quejan de falta de «libertad de expresión». ¿Creen ustedes que hoy existe o no esa libertad de expresión?

JOSÉ M. CABALLERO BONALD

1. Pues no sé, a mí me parece que las condiciones son muy distintas. Hace 50 años, tenía mucho sentido aquel encuentro; era como abrir una ventana de un sótano. Ahora las cosas han cambiado sustancialmente en ese terreno.

2. Eso sí creo que hace falta, lo que no sé es cómo podría solventarse esa especie de incomunicación, que también es relativa. ¿Con traducciones razonadas, con intercambios culturales periódicos? La verdad es que, desde fuera, uno piensa que todo eso se produce de modo automático o no se produce de ninguna manera.

3. No creo que tenga nada que ver una cosa con la otra. Lo que pasa es que cada vez hay más gente que rechaza las soluciones dialogantes y se apunta a la sumisión.

4. Ya le digo que aquellos congresos tuvieron su razón de ser, fueron muy positivos. Y no sólo por lo que respecta a las literaturas catalana y castellana, sino a la gallega, a la vasca, a la portuguesa, incluso a la europea. Aquello estuvo muy bien promovido por gentes como Dionisio Ridruejo, Santos Torroella, Pérez Villanueva... Hubo sus encontronazos con la censura y todo eso, pero la cosa salió bastante bien. Yo asistí a los congresos de Segovia y Salamanca y me encontré allí con los mejores poetas catalanes, gallegos y portugueses de aquellos años, muchos de ellos poco menos que vetados por la policía franquista. Que yo recuerde, allí estaban Carles Riba, Foix, Marià Manent, Pere Quart, Ferreiro, Cunqueiro, Torga... Ah, y por ejemplo el italiano Ungaretti... Eso sería muy difícil de conseguir ahora, ni la moda ni el individualismo lo harían posible...

5. Quién sabe. La única buena fórmula consistiría sin duda en conocerse mejor, al margen de todo intervencionismo oficial. Todo lo que suene a oficial me parece, hoy por hoy, un lastre.

6. Tengo la convicción de que la lucha antiterrorista, basada en esa patraña geopolítica del eje del mal, está afectando a ciertas libertades privadas.

EDUARDO MENDOZA
1. No. Un diálogo organizado no suele producir más que reiteraciones programáticas. Además, estoy en contra de un diálogo que contraponga a los catalanes al resto de España. O hablamos todos con todos, de tú a tú, o mejor dejarlo estar.

2. Seguramente falta conocimiento de las lenguas minoritarias, pero no sé cómo se podría salvar esta brecha. Desde luego, no subvencionando unas traducciones que luego no interesen al lector. De cuando en cuando resurge la idea de integrar las lenguas periféricas en los programas de enseñanza estatales. La idea es interesante, pero dudo que prospere.

3. Las cosas que pasan son causa y efecto de las cosas que pasan, en efecto. También del uso que se hace de ellas, la forma en que se presentan y el debate que provocan. Singularizar un caso me parece tendencioso, aunque esto no excluya su valoración.

4. No tengo la menor idea.

5. Me remito a lo que he dicho antes. Ahora, mal no creo que hagan.

6. Cada cual ve las cosas según su experiencia. Personalmente, yo creo que, en términos generales, sí existe. Por supuesto, habría que definir qué es y cuáles son sus límites, etcétera. Pero todo esto es relativo cuando se la compara con la prohibición o la censura. Otra cosa es el precio de mercado del producto. Hoy está un poco más caro.

VALENTÍ PUIG
1.- Lo que me sorprende es que no sea un dato cotidiano, después de décadas de procesos autonómicos y de políticas de integración cultural. En cualquier caso, mejor tarde que nunca, sea de quien sea la culpa.

2.- Aunque sea inverosímil, esa es la situación. Y no tan solo es literaria. La educación medioambiental, por ejemplo, atiende a la abubilla o al piojo autonómico y descuida las aguilas o los microbios que toda España tiene en común.

3.- Carod o Ibarretxe son patologías políticas dificilmente achacables a la carencia de diálogo cultural. En parte, ahí la cuestión es de políticas educativas, por las cuales la «Esquerra» de los años treinta o el estreñimiento conceptual de Sabino Arana son expresiones épicas frente a la prosa de la convivencia.

4.- Con Internet y el puente aéreo, subirse a un autocar para hablar con otros poetas se asemeja a un arcaísmo pero a lo mejor resulta útil, como toda pausa en el tiempo acelerado para hablar, sonreir o comentar una lectura.

5.- Quizás estemos en otra fase mediática y ya haya que hablar de zapeo o de radiodifusión. En general, es una cuestión de voluntad. Se quiere hablar o no se quiere.

6.- La confusión entre la libertad y la «liberación del yo» es un dogma de nuestro tiempo. Son disimulos de la ignorancia. La libre expresión implica un cierto reconocimiento de las formas, de los derechos al tiempo que los deberes. La pegatina puede ser una modulación del ingenio o una constatación de la demagogia.

Agli

Nota del Editor 8 Febrero 2004

P1. ¿Se debe recuperar el «Diálogo Peninsular» de hace medio siglo?
R1.- En absoluto, hay que dejar tranquilas a las personas, sus lenguas y sus culturas.

P2. Buena parte de escritores gallegos, catalanes y vascos no están traducidos al castellano. ¿Falta una comunicación cultural entre las distintas Autonomías?

R2.- Los escritores utilizan el idioma que les conviene, así que allá ellos. Las autonomías con lengua "propia" han interpuesto, para mantener a su clientela beneficiada, en perjuicio de la mayoría, un muro de incomunicación infranqueable, y supone un despilfarro imperdonable que pagarán las generaciones sucesivas.

P3. Los problemas políticos y nacionalistas (léase el caso Carod o el Plan Ibarretxe), ¿pueden ser una consecuencia de la falta de entendimiento cultural?

R3.- No hay falta de entendimiento cultural, hay un muro de incomunicación creado por la imposición lingüística, base del nacionalismo para lavar el cerebro a su clientela.

P4. ¿Sería positivo la recuperación de congresos literarios como los de poesía en Segovia, Salamanca y Santiago hace 50 años?

R4.- Cada cual es libre de hacer lo que le convenga con su tiempo y dinero

P5. En España se han fundado semanarios como «Revista» (hace ya medio siglo) cuyo fin era favorecer el contacto entre intelectuales de Barcelona y de Madrid o el diálogo entre la cultura castellana y catalana. ¿Podría ser una buena fórmula este tipo de comunicación?

R5.- Internet es más rápido, más barato y global, hasta se puede establecer contacto utilizando el silbo gomero,

P6. No sabemos lo que opinaban nuestros actores hace medio siglo (o si les dejaban opinar), pero los del siglo XXI se quejan de falta de «libertad de expresión». ¿Creen ustedes que hoy existe o no esa libertad de expresión?

R6.- Se confunde libertad de expresión con posibilidad de difusión. Poder expresar cualquier cosa, sin tener posibilidad de difundirla, no es libertad de expresión.
Los medios publican lo que les interesa, no nuestra expresión, por tanto la libertad de expresión es una falacia.
El poder y el dinero sí tienen libertad de difusión.

Los productores manifiestan su absoluto e inequívoco rechazo a ETA y califican los Goya de desafortunados
S. GAVIÑA ABC 8 Febrero 2004

MADRID. Andrés Vicente Gómez, presidente de la Asociación de Productores del mundo, que el día de la gala de los Goya no se puso la pegatina de rechazo a ETA, «porque no me fue fácil el acceso a ella», reconoce que hoy «sí me la pondría». El motivo que le ha hecho dar este giro es «la decepción que hemos causado a las familias de las víctimas del terrorrismo». De esta manera se expresaba ayer a ABC tras ser remitido a todos los medios de comunicación un manifiesto rubricado por cinco importantes productores españoles: Eduardo Campoy, César Benítez, Enrique Cerezo, Francisco Ramos y el mencionado Andrés Vicente Gómez, responsables de títulos como «Belle Epoque», «La niña de tus ojos», «Juana la loca» o «Planta cuarta», entre otros.

La «desafortunada» gala de los Goya ha sido el detonante para que por primera vez los productores se reúnan y firmen un manifiesto público, y lo han hecho, «ante la reacción que ha habido a la gala de los Goya y su entorno, sobre todo en los medios de comunicación», en los que según Andrés Vicente Gómez se ha acusado al cine español de «ensombrecer el rechazo a ETA con la defensa de la libertad de expresión y se nos ha tratado de mojigatos. Llegando en muchos de estos medios incluso hasta el insulto». Para el presidente de los Productores del mundo, lo más grave es que «se ha responsabilizado al cine español de algo que son manifestaciones individuales», lo que ha motivado que desde distintos foros se pida que no se acuda a ver el cine nacional, algo que el productor considera del todo «injusto», y así se expresa en el comunicado. «El prestigio de nuestro cine, tan duramente conseguido, no puede venirse abajo por una burda manipulación de la opinión pública». Cree Andrés Vicente Gómez, sin embargo, que tal vez el error estribe en no haber mostrado su rechazo a ETA de una manera más «contundente» el día de la gala y por ello ahora, y a través de este manifiesto, con el que quieren «satisfacer a la opinión pública -que es la que va a ver nuestro cine- y sobre todo a las víctimas del terrorismo», se refieren al dolor de éstas, «que debería haber pesado más en las manifestaciones de todos. Pudo más, en muchos casos, la defensa de un derecho fundamental, la libertad de expresión, que el rechazo -que se supone obvio- a ETA. Ese es el malentendido que hay que subsanar», reza el comunicado.

En esta misma línea se expresaba ayer Eduardo Campoy, quien subrayó que «las presiones de las plataformas ideológicas no deben cebarse con la fiesta de los Goya». Para el ex presidente de la Fapae, el hecho de que la Academia de Cine el año pasado se sumara a las reivindicaciones de la Plataforma de la Cultura contra la Guerra, «ha abierto una puerta al índice de actualidad y a las reivindicaciones sociales y políticas que este año han intentado utilizar las víctimas del terrorismo. Si antes se reivindicó el «No a la guerra» por qué no hacer ahora lo mismo con el «No a ETA»». En su opinión, la Academia «se ha escondido cobardemente detrás de la campaña de defensa de la libertad de expresión, afirmando que se estaba atentando contra un creador». Los productores no están dispuestos a que les metan en el mismo saco, «porque no todos somos los mismos», refiriéndose al hecho de que se trata de manifestaciones individuales. Sobre si con esta nueva polémica se reabre la herida entre la Academia de Cine y los productores, Campoy tan sólo afirmó que es «enriquecedor» que existan distintos foros de discusión.
Recortes de Prensa   Página Inicial