AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 19 Febrero 2004
Cabalgar una hiena
Aleix Vidal-Quadras La Razón  19 Febrero 2004

Terrorismo etarra y tibiezas
Andrés Montero Gómez La Razón  19 Febrero 2004

El verdadero rostro del separatismo
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 19 Febrero 2004

UN «APARTHEID» DE LA MUERTE
VALENTÍ PUIG ABC 19 Febrero 2004

Cuestion de estado
Editorial La Razón  19 Febrero 2004

ETA condena a Carod
Opinión El País  19 Febrero 2004

EL SOCIALISMO, ANTE UNA RESPONSABILIDAD INELUDIBLE
Editorial ABC 19 Febrero 2004

EL ARCO CATÓDICO
ÁLVARO MARTÍNEZ ABC 19 Febrero 2004

UNA TREGUA MUY OPORTUNISTA
M. MARTÍN FERRAND ABC 19 Febrero 2004

EL PACTO DE PERPIÑÁN
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 19 Febrero 2004

LOS TRES EN RAYA
Jaime CAMPMANY ABC 19 Febrero 2004

La indecencia se debe pagar en las urnas
EDITORIAL Libertad Digital  19 Febrero 2004

ETA: PROBLEMAS, SOLUCIONES Y DESENLACES
LUIS IGNACIO PARADA ABC 19 Febrero 2004

LA DIGNIDAD O EL PODER
BENIGNO PENDÁS ABC 19 Febrero 2004

El PSOE se parte en dos
Ignacio Villa Libertad Digital  19 Febrero 2004

De ranas y escorpiones
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  19 Febrero 2004

Govern a la deriva
Editorial Heraldo de Aragón  19 Febrero 2004

Un café con ETA
CHARO ZARZALEJOS ABC 19 Febrero 2004

Noticia bomba
Jorge Berlanga La Razón  19 Febrero 2004

Bomba de ETA en las urnas de marzo
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Febrero 2004

La tregua
Faustino F. Álvarez La Razón  19 Febrero 2004

Depurar responsabilidades
Editorial El Correo  19 Febrero 2004

El comunicado y un diván para dos
Julián Lago Libertad Digital  19 Febrero 2004

Cerrar frentes para mejorar la eficacia
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo  19 Febrero 2004

La complicidad de Zapatero y Maragall
Francisco Marhuenda La Razón  19 Febrero 2004

Sigan matando judíos
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 19 Febrero 2004

ETA se aprovecha
PABLO MOSQUERA La Voz 19 Febrero 2004

Carod no tenía una llave: tenía dos
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 19 Febrero 2004

ETA entra en la campaña electoral
Pablo Sebastián Estrella Digital 19 Febrero 2004

El único camino
Antonio Pérez Henares La Razón  19 Febrero 2004

No a su inmunidad
Cartas al Director ABC 19 Febrero 2004

Todas las treguas fueron «trampas»
R. L. V. - Madrid.- La Razón  19 Febrero 2004

La administración del terror
D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA ABC 19 Febrero 2004

La AVT pide a Cardenal que actúe con «contundencia» contra Carod-Rovira
ABC 19 Febrero 2004
 

Cabalgar una hiena
Aleix Vidal-Quadras La Razón  19 Febrero 2004

El extinto Ernest Lluch era partidario del diálogo con ETA y acostumbraba a visitar San Sebastián para participar en foros diversos a favor de la paz y el entendimiento. Su deseo de ayudar a la resolución negociada del conflicto vasco le llevó a hacerse miembro de Elkarri, un gesto de compromiso inequívoco con la causa de la prudente y matizada equidistancia entre la intransigencia del Gobierno del Partido Popular y la pulsión asesina de la banda que, como el propio Lluch, Odón Elorza, Patxi López, Miguel Herrero y otros conspicuos patriotas han explicado en diversas ocasiones. Son los dos polos extremos de un enfrentamiento condenado a durar eternamente si no se aplica su balsámica fórmula de buscar acuerdos civilizados sobre la base de la comprensión mutua entre las víctimas y sus verdugos. La obvia dificultad de que los hijos, los padres o las viudas de los tiroteados, mutilados o destrozados por el amonal se sitúen en la perspectiva de los que disparan u oprimen el detonador nunca ha arredrado a estos esforzados componedores, lo que da la medida de la magnitud de su buena voluntad.

Es fácil imaginar al erudito profesor de historia económica paseando por la amplia curva de La Concha mientras departía con otros angelicales y ponderados pacifistas lamentando la tozudez de los terroristas y la cerrazón de José María Aznar, ambos culpables de la lamentable situación que ellos trataban pacientemente de mejorar. También su correligionario Pasqual Maragall tiene sinuosas fórmulas originales para traer la armonía al conjunto de los pueblos de España. Su laborioso preparado de federalismo asimétrico, insolidaridad fiscal, reforma deconstructivista de la Constitución y aplicación al Estado español del modelo lingüístico helvético es, sin duda, una de las más notables contribuciones contemporáneas a la teoría política, cuyo evidente alambicamiento no resta méritos a su nula viabilidad.

El pasado mes de enero, en esta misma línea inspirada por el conocido dicho de que la gente hablando se entiende, el entonces «conseller en cap» del Ejecutivo catalán, Josep Lluis Carod-Rovira, puso en marcha en el ámbito territorial de su jurisdicción la estrategia del amansamiento. Como aperitivo, su subordinado, el presidente del Parlamento de Cataluña Ernest Benach, recibió cordialmente en su despacho a una delegación de familiares de etarras para simpatizar con su sufrimiento en un claro mensaje de equiparación con el dolor de las víctimas de los terroristas y de legitimación implícita de las acciones criminales de éstos. Una vez calentado el ambiente, todo quedaba a punto para la operación política más brillante jamás urdida y ejecutada a lo largo del cuarto de siglo de nuestra recuperada democracia: la entrevista clandestina con la cúpula de una organización mafiosa con el fin de establecer un pacto consistente en ofrecer apoyo a sus tesis repulsivas de colectivismo totalitario y racista a cambio de excluir al territorio del Principado de la esfera de actuación de los matarifes.

La espeluznante indignidad de este acuerdo es tal que su mismo autor, una vez consumado su éxito, niega haberlo promovido. Sin embargo, el siniestro cambalache de Perpignan, de rango y naturaleza análogos al de Estella, ha surtido su efecto. ETA ha declarado a Cataluña zona libre de atentados y a partir de este logro extraordinario de Esquerra Republicana sus ciudadanos podrán vivir físicamente tranquilos, aunque, eso sí, espiritualmente envilecidos. Porque la formación que lidera con tanto acierto Carod-Rovira ha contado en las últimas elecciones autonómicas con el dieciséis por ciento de los sufragios emitidos y un país de seis millones de habitantes en el que más de medio millón prestan su concurso para que un individuo que desciende premeditadamente a semejantes abismos disponga de una influencia decisiva sobre sus destinos, no parece que se halle en el nivel ético óptimo. El próximo catorce de marzo los catalanes, si no reaccionan, van a tener la oportunidad de insertar un clavo más en el ataúd de su reputación colectiva.

En cualquier caso, Ernest Lluch ya no está entre nosotros para iluminarnos con sus sabios consejos para rebajar tensiones particularistas, entre otras razones porque su doctrina demostró su ineficacia cuando dejaba su coche en el parking en la noche aciaga de su muerte a manos de los contertulios de Josep Lluis Carod-Rovira. En cuanto a Maragall, está siendo el siguiente beneficiario de la técnica del apaciguamiento buscado por el camino de la ambigüedad y la tibieza. Es curioso que a algunos les cueste tanto asimilar que la cobardía ante la violencia no sólo no la interrumpe sino que la incrementa, y que los que persiguen el poder a través del crimen no desisten de sus propósitos ante los que se humillan ante ellos, sino que por el contrario, después de acuchillarlos, los desprecian.

Carod-Rovira ha arrastrado a Maragall a la práctica del sucio deporte de cabalgar a lomos de una hiena tentándole con la posibilidad deslumbrante de domarla, asombrando así a la concurrencia que, maravillada ante su habilidad, se entregaría al aplauso frenético y a la aclamación incontenible. Por desgracia, las hienas no son domesticables y el destino de los que se acercan a acariciarlas es ser mordidos sin piedad. La multitud que en la plaza de Sant Jaume reclamaba abyectamente diálogo al día siguiente del asesinato de Lluch no supo verlo a pesar de la rotunda prueba suministrada por el cadáver aún caliente que velaban. El desorientado y vacilante sucesor de Jordi Pujol tampoco parece advertir que las fauces insaciables de la fiera se acercan a su cabeza y que el aullido hambriento que escuchó ayer en forma de delirante comunicado es el anuncio de que va a ser devorado sin remedio. Y es que la estupidez, rebasado un cierto nivel, se transforma indefectiblemente en inmoralidad.

Terrorismo etarra y tibiezas
Andrés Montero Gómez es presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia La Razón  19 Febrero 2004

Aparte de la adhesión activa y la membresía de un desnutrido reducto minoritario de la población vasca en ETA, la comprensión ignorante de otra parte de la ciudadanía hacia la violencia como instrumento de defensa de no se sabe qué ideas ha favorecido el terrorismo durante muchos años en España. El complejo postfranquista de culpas y heridas tuvo que ver en moldear esa conducta de interiorización de ETA como un colectivo que surge en la lucha contra la dictadura. Buena parte de ese complejo, podríamos decir sectario, ha barruntado la izquierda española de raíz marxista. A decir verdad, todavía reside en algunos de la denominada despectivamente «retroprogresía», progresistas que añoran modelos sociales ya demostrados retrógrados.

Digámoslo así no para entonar el mea culpa ante el terrorismo, sino para ser conscientes que determinadas conductas sociales han retardado la desaparición de ETA durante años y han facilitado su metástasis para extender el cáncer criminal por toda la carne bajo la piel de toro. De los asesinatos de ETA únicamente etarras, batasunos y adláteres participan en responsabilidad criminal, que quede claro. Y digámoslo así porque a plataformas cívicas como Basta Ya se las intenta enfangar con acusaciones de frentismo porque se plantan, desde la sociedad civil, ante la amenaza y ante el chantaje político y la excrescencia moral de planes ibarretxes en ausencia de pactos de Ajuria Enea.

Debilidad social
En ese ser conscientes de que ETA es un parásito oportunista que se nutre de cualquier debilidad social, cabe apuntar que al lado de los comprensivos con la criminalidad etarra, han abrevado quienes se han mostrado indiferentes ante los asesinatos de ETA. Cuando la muerte accionada por la banda etarra masacraba a la familia militar o a la policial, los indiferentes contemplaban el relato como si no fuera con ellos. Alguna parte de esa indiferencia, como en todas las indolencias, tiene su semilla en una deficitaria identificación del ciudadano con sus ejércitos y con sus fuerzas de seguridad, que en muchos casos de entonces, e incluso hoy en día, pueblan el imaginario colectivo como vecinos de segundo orden. También es ése, presiento, un lastre grasiento que todavía impregna a la joven democracia española, precisamente por joven. En Finlandia un agente de policía es un profesional como pudiera serlo en Dinamarca, o aquí debería serlo como un agente de comercio, un letrado o una charcutera. Son cosas de imaginarios colectivos y de fantasmas del pasado.

Tras terroristas, de los que asesinan con pistola o sin ella, e indiferentes, el tercer colectivo que más ha favorecido un invernadero social de riego por goteo para la pervivencia del terrorismo han sido los tibios. La tibieza de muchos ha reforzado el mensaje justificador que cada terrorista se autoadministra como una dosis de alucinógeno para apretar el gatillo embotado en sus causas de liberación desvariadas. Ante la duda de otro, el asesino terrorista siempre interpreta una validación de conducta, un resquicio por el que traducir que puesto que el otro duda sobre si merezco una condena quizás sea porque lo que hago (cavila el terrorista) no será tan reprobable o quizás cualquiera lo haría en mi lugar si tuviera redaños y fuera un gudari. La duda ante la violencia es oxígeno para el agresor. Por eso es tan valiosa una condena expresa, por todos, de cada asesinato. Por eso la no condena de ETA por Batasuna fue una prueba de cargo en su proceso de ilegalización, puesto que, por mucho que pese a ciertos puristas, la no condena activa de ETA es equivalente a la imprudencia dolosa con resultado de muerte.

Un cuarto agrupamiento más sangrante que los tibios, porque además se pretenden intelectuales muchos e incluso progresistas bastantes, son los equidistantes. La progresía de analizar a ETA como un agente político de supuesto ripio revolucionario es, aparte de una obscenidad de indecencia escatológica hacia las víctimas, inasimilable racional y visceralmente para mí, lo confieso. Pues Euskadi y todas las víctimas han venido padeciendo dos equidistancias lacerantes. La equidistancia de quienes consideran a ETA una expresión extremista del problema político de Euskadi, y que por tanto una vez se solucione la disfuncionalidad política, de talante fundamentalmente soberanista, ETA desaparecerá por sus fueros, nunca mejor traído lo de fueros.

Y la equidistancia de quienes ignoran consideran al pueblo vasco oprimido desde dos latitudes, la violencia asesina de ETA y el avasallamiento institucional y centralista del gobierno de Madrid. Ambos están habitando la falacia impenitente de que la ETA, aunque violenta, es un actor de naturaleza política. No han entendido que, en democracia, una banda de asesinos es un grupo criminal, horizonte de presidio, piensen o dejen de pensar en política, en religión o en cualquiera otra ideología de la que no son más que, repito, parásitos oportunistas.
Pues bueno, los equidistantes nacionalistas, la primera categoría de equidistantes, opinan que la violencia, desde luego, es inaceptable. Causalmente, la atribuyen a las raíces profundas del contencioso histórico de una Euskal Herria a la que se han negado sus derechos. Por tanto, una vez se alcance el marco político y social adecuado que repare las afrentas que ancestralmente han dilapidado Euskadi, ETA desaparecerá como lo hace la fiebre al cesar la infección.

Entre estos equidistantes están desde luego multitud de Batasunos que aceptan a ETA como mal necesario, algunos de la corriente independentista del PNV y, diría yo, colectivos como Elkarri. A ellos parecen estarse trasvasando, nariz tapada en el movimiento estratégico, una porción del peneuvismo nacionalista no necesariamente independentista del todo. La máxima exponente de tanta desorientación equidistante sería el plan Ibarretxe, que dibuja un escenario esencialista para el final, por agotamiento conceptual, de la ETA. En definitiva, todas gentes negadas a aceptar que es inadmisible un reducto asesino y que antes que cualquier plan está la extirpación del sarcoma terrorista.

Después están los equidistantes más cerriles, aquellos que confunden la velocidad con el tocino. Dicen que abjuran de la violencia venga de donde venga, generalizan el GAL a todo el aparato del Estado y a todos los tiempos y formas, y enderezan sin rubor en comparaciones dicotómicas al gobierno del Partido Popular y a los asesinos. Incluso llamaron asesinos a los populares con ocasión de la participación en la guerra de Iraq, ahora que recuerdo. En estos equidistantes retroprogresistas de última generación estarían Madrazo, que terciando sobre Canadá ha puesto por escrito la aludida comparación pidiendo que no se tomara como comparación, y diversos intelectuales cinegéticos que opinan que en Euskadi cada vez hay menos democracia debido a la acción autoritaria del PP. Es cierto que en el País Vasco existe carencia de libertades democráticas, pero es porque muchos de sus ciudadanos llevan escolta para que ETA no los fallezca.

Quizás al PP le fallen las formas políticas, metiendo de rondón modificaciones al código penal por la puerta de atrás del Senado . pero los procedimientos democráticos abarcan que las mayorías absolutas se apliquen absolutistamente, aunque carezcan de estilo, y desde luego prevén el recurso, como ha hecho el PSOE, ante instancias de control al ejecutivo. Comparar el totalitarismo asesino de ETA con la falta de estilo del PP no por ser de un repugnante oportunismo político revela menos desbarro racional de quien emplea el engendro semántico. Los etarras tienen que prometérselas felices con semejantes muestras de acuerdo cuando alguien, fuera de la esfera del MLNV, afirma que en Euskadi flaquea la democracia por causa de Madrid. Es justo lo que ETA viene desvariando cuarenta años.

Ajuria Enea y Estella
Por último, el grupo más absurdo de quienes no prestan consciencia suficiente para poner coto a cualquier elemento facilitador del terrorismo etarra, son los partidos políticos. Los dos favores más grandes concedidos al grupo criminal del MLNV han sido la descomposición del Pacto de Ajuria Enea, primero, y la desgraciada firma del horripilante Pacto de Estella, después. Ambos execran a las víctimas del terrorismo. Algún día alguien tendrá que explicar porqué es tan difícil llegar a un acuerdo político contra ETA. Ningún votante de a pie lo entiende. Que lo expliquen. La desunión política sobre ETA retrasa el fin del terrorismo, aún a pesar de la eficacia policial y judicial. Por eso es triste que cuando un grupo ciudadano se pone de acuerdo por encima del miedo y superando ideologías para decir Basta Ya a la criminalidad etarra y a sus facilitadores, todavía haya intentos externos de politizar sus acciones, precisamente, para dinamitarlos desde la división. Para despolitizar al terrorismo, la política democrática tiene que desprenderse de partidismo y servir al Estado. Como si tomaran ejemplo del Rey.

El verdadero rostro del separatismo
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 19 Febrero 2004

Ya no hace falta preguntar, ni siquiera retóricamente, de qué hablaron Carod Rovira y los jefes de ETA en Perpiñán. Lo hemos leído. Tampoco falta mucho para que sepamos qué ofreció el secretario general de ERC a los etarras a cambio de no manchar de sangre las aceras de Cataluña: lo veremos inmediatamente después de las elecciones generales. No es preciso indagar hasta dónde está dispuesto a aguantar Maragall con tal de no perder el sillón: cualquier cosa, lo que sea, por muy vil que parezca. Y tampoco hay que aguardar ni un día más un ataque de vergüenza personal o política de Rodríguez Zapatero: si no se ha producido ahora, ya no se producirá jamás.

Zapatero ha tenido la última ocasión de reivindicarse como líder nacional español, urgiendo a Maragall a echar a ERC del Gobierno catalán so pena de romper toda relación con los actuales dirigentes del PSC y con el partido mismo mientras no cambie de política. No lo ha hecho, a la espera de que la SER le eche la culpa al PP de lo que hacen sus socios. Pero es inútil. ERC ha adoptado claramente a ETA como aliado estratégico. Mientras el PSC no rompa con ERC, comparte los dudosos beneficios de la discriminación en el crimen. Pero como ni Maragall ni Montilla creen en España, ni en nada parecido a un partido llamado PSOE, ni en el Pacto Antiterrorista, ni en nada parecido a una mínima fraternidad o solidaridad nacional, seguirán con Carod Rovira y acabarán vendiendo en voz baja el éxito del nacionalismo catalán de izquierdas que ha demostrado lo que puede el diálogo: que ETA mate en Huesca pero no en Lérida. Eso que le deberán a la eficacia de la Policía Nacional y la Guardia Civil.

La opinión pública española no ha podido ver con mayor claridad el verdadero rostro del separatismo: “que maten a éstos, que yo no tengo nada que ver con ellos”. O esta otra versión: “no tendré nada que ver con ellos, a ver si así no me matan”. Lo primero es el punto de partida del separatismo catalán. Lo segundo, el punto de llegada del separatismo vasco. Carod Rovira dijo en el Avui en 1999 que “si ETA quería atentar contra España, debería mirar primero el mapa”. Ya ha leído y oído a Carod; y ha obrado en consecuencia. Porque los etarras son consecuentes. Lo que no es consecuente es ir de demócratas del brazo de los criminales. Ni de socios de esos miserables. Pocas veces se ha visto con tan cegadora claridad cuál es el gran problema de España. Pocas veces se ha visto también cuántos políticos son incapaces de afrontarlo. Es de desear que los votantes obren en consecuencia y voten al único partido nacional y decente que nos queda. Pero no hay milagros: la verdadera batalla contra el separatismo, unido más que nunca tras los pistoleros etarras, empezará el 15 de marzo. Es decir: continuará.

UN «APARTHEID» DE LA MUERTE
Por VALENTÍ PUIG ABC 19 Febrero 2004

ETA ha proclamado unilateralmente el territorio de Cataluña como su protectorado, donde no matará mientras la gente se porte bien. En términos clásicos de esquizofrenia política, Carod-Rovira por su parte ayer proclamaba los males de ETA. Lo que no retrocede es el sentimentalismo del diálogo como solución del mal. El viaje de Carod a Perpiñán ha demostrado una vez más y por lo menos que insistir en que la solución negociada pudiera finiquitar el terrorismo es dar oxígeno al terror porque -como dijo Conor Cruise O´Brien- así se responsabiliza por igual a los terroristas y a quienes el terror trata de atemorizar: no de otro modo se concede respetabilidad al terrorista, animándole a perseverar en el terror.

En la mañana del día en que ABC publicaba la primicia sobre el encuentro de Carod-Rovira -entonces «conseller en cap» de la «Generalitat»- con dirigentes de la banda terrorista ETA, un conocido talibán de la radio autonómica catalana -«Catalunya Ràdio»- negaba de forma categórica y ofendida la posibilidad de que esa fuese una información cierta. En menos de una hora, el mismo Carod-Rovira confirmaba su conciliábulo con ETA. Así es como no pocas veces toma cuerpo la opinión pública catalana y es por procesos de esta índole que puede haber quien ahora aplauda la declaración de ETA. A pesar de que demos por hecho que la pusilanimidad y la antipolítica son costumbres de nuestros días, la consecuencia de tanta ligereza y deslealtad es poner en cuestión que el Estado tiene sus fuerzas para luchar contra ETA y vencerla -como está haciendo- de punta a punta del territorio de Cataluña y de toda España.

Ayer era un día especialmente indicado para estar unos minutos en silencio ante las tumbas de Hipercor, para reflexionar sobre los riesgos de la indiferencia y de la autosatisfacción, las flaquezas y los complejos de una sociedad propensa a mirar para otro lado siempre que crea que le conviene. A partir del 1 de enero, por poner una fecha convencional, ETA tolera la vida en Cataluña, a modo de recompensa por el 16 por ciento de votos independentistas que recabó «Esquerra Republicana». Evoquemos la libra de carne en «El mercader de Venecia». En realidad, ETA nunca había tenido un rehén tan populoso ni el zulo había sido de tales dimensiones.

Aunque las consecuencias políticas de esa tregua fraccionada de ETA sean difícilmente calculables, lo más evidente es que para nada serán positivas salvo para el sector de la opinión pública catalana que todavía quiera vivir en el limbo de la retórica del diálogo ultraplatónico o entregarse miméticamente a la práctica minoritaria de una violencia independentista y antisistema. Incluso así, el solidarismo y el buenismo tienen sus límites. En estos casos, el paso del tiempo pronto recalca las distancias entre lo que debiera ocurrir y lo que ocurra. A primera vista, Pasqual Maragall -presidente de la «Generalitat»- parece obligado a depurar las responsabilidades en su gobierno tripartito y a «Esquerra Republicana» le corresponde romper amarras con Carod-Rovira o dejar el gobierno autonómico. Los prágmáticos de «Esquerra» saben que a la larga saldrían ganando. Ante una contingencia tan próxima de descomposición de lo político y de descrédito institucional, Maragall nunca tendrá mejor escenario para deslindar la política de la indignidad. Si «Esquerra Republicana» no repudia a Carod-Rovira y convoca un congreso extraordinario a Pasqual Maragall se le ofrece la vía de constatar la caída del tripartito autonómico y recabar nuevos apoyos parlamentarios. Con mayor o menor interés, las ofertas no faltan. Tampoco se acabaría el mundo de convocarse nuevas elecciones al parlamento autonómico de Cataluña. Los viejos maestros indican que debe trazarse una línea entre normas cambiantes y procesos de descomposición.

Carod-Rovira ha introducido un elemento disolvente y perturbador en la idiosincrasia de un sistema político catalán avezado a los usos del victimismo pero no hasta tal degradación geopolítica que requiriera -pedido o no, sugerido o casi- un protectorado de ETA. Queda cuarteado el ya precario equilibrio de poderes y contrapoderes, la legitimidad institucional flota a la deriva y la opinión pública se ve a merced de los efectos colaterales. Ayer, inmediatamente después del anuncio de la tregua focalizada de ETA, se percibía -claro está que de forma aleatoria- una sociedad catalana aturdida y estupefacta, carente de liderazgos morales y de estados coherentes de opinión.

Para las elecciones generales, la bomba-lapa política que Carod-Rovira contribuyó a colocar en la panza de la cohesión general va a zarandear los dispositivos de la confrontación electoral, tal vez solo de forma transitoria. Seguramente será Rodríguez Zapatero quien se vea azotado el primero por la racha de este vendaval. Carod había asegurado recientemente que le apoyaría, en la hipótesis de un debate de investidura. Los vínculos entre PSOE y PSC habrán quedado bajo mínimos: el PSOE no tan no solo no puede ceder más, sino que ha de restablecer la cuota de autoridad que le corresponde ante un socio que tiene por prioridad la permanencia en la sede de la «Generalitat». A punto de iniciarse la campaña electoral, la hipoteca catalana grava patrimonialmente al PSOE como alternativa de gobierno y erosiona su liderazgo actual. Por supuesto, lo más grave es que ETA se haya inmiscuido en la campaña electoral, flanqueada por la «ikurriña» y por la «senyera» estelada del independentismo catalán.

En la apoteosis de la frivolidad megalómana y de la política intrínsecamente aviesa, ayer Carod-Rovira contaba en un artículo lírico su reciente escapada a Alghero -Alguer-, la pequeña ciudad de la isla de Cerdeña donde algunos habitantes de la tercera edad hablan un «patois» derivado del catalán. Carod-Rovira describía su emoción al compartir palabras - «fitora», «llisses», «nansa»- con unos pescadores, en términos de intercambio sincopado, equiparable al «Yo, Tarzán» y «Tú, Jane». Ese estriptís lingüístico resultaba indicativo de la podredumbre moral que puede acumular el reduccionismo fundamentalista al pasar de la recuperación de lo pretérito a la reivindicación de lo que nunca existió. Hay algo cumplidamente siniestro en el embeleso por los restos fósiles del catalán en Alghero mientras se es en buena parte responsable del intento de secuestro moral de Cataluña por ETA. Frente a la complejidad de lo vivo y mortal, Carod-Rovira prefiere el éxtasis de un paraíso étnico-lingüístico que le aleje drásticamente de las realidades de España. Por ejemplo, de que ETA puede matar mañana mismo en cualquier punto de España, menos en esa Cataluña que ha merecido el perdón etarra. Quizás Carod-Rovira crea que los ciudadanos catalanes le deben la vida cuando en realidad nos ha hecho perder el honor.

Cuestion de estado
Editorial La Razón  19 Febrero 2004

Se quejaba ayer Carod-Rovira de que se le diera más credibilidad a un comunicado de ETA que a su palabra. Pero aun cuando estaríamos en nuestro derecho de poner en duda las afirmaciones de un individuo que en 1991, tras un tremendo atentado terrorista en Vic, pidió a los etarras, por escrito, una «exención» para Cataluña, no se trata de discutir quién dice la verdad o quién miente. La cuestión es que, gracias al gravísimo error político y, a nuestro modo de ver, moral, cometido por el dirigente de ERC, la banda de asesinos ha podido hacerse presente en la campaña electoral con un comunicado que apunta directamente a la estabilidad constitucional del estado español. Ciertamente, nos gustaría creer en la ingenuidad de Carod-Rovira, pero sus motivaciones son, a estas alturas, inocuas y, además, no pueden ocultar la indignidad que supone haber acudido a la llamada de unos terroristas con los que el único diálogo posible es para acordar cuándo y dónde entregan las armas y pasan a disposición de la autoridad judicial.

El daño, pues, está hecho y los damnificados son, principalmente, los ciudadanos de Cataluña que tanto han sufrido el zarpazo del terror y han demostrado a lo largo de los últimos veinticinco años una posición inequívoca de solidaridad y unión con todos los demás españoles en la lucha por la paz, la democracia y la libertad. La burla de ETA es sangrante, más dolorosa si cabe por lo que tiene de cinismo desalmado en la provocación, que no tendrá éxito, de un envilecimiento moral de Cataluña.

Sí, el mal está hecho y Carod-Rovira tiene poco o nada que decir. Porque la responsabilidad de amortiguar el daño recae una vez más sobre el Partido Socialista Obrero Español. Su secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, no puede aceptar una nueva solución de componendas. La única salida digna en esta cuestión de Estado no puede ser otra que la ruptura del pacto de gobierno con ERC, aun cuando ello suponga que el gobierno de Maragall quede en minoría. Fue, salvando las distancias, lo que hicieron valientemente los socialistas vascos al romper sus acuerdos con el PNV tras el llamado «pacto de Estella».

Sin embargo, no está de más decir que comprendemos las dificultades por las que atraviesa el candidato Zapatero. Al fin y al cabo, los terroristas de ETA han sabido aprovecharse perfectamente de la delicada posición personal del presidente del Gobierno autonómico de Cataluña, a quien el pacto de gobierno con ERC había salvado in extremis el final de su carrera política. Sin esta debilidad objetiva de Pascual Maragall, la banda terrorista no hubiera podido manipular miserablemente al 16 por ciento del electorado catalán que se dice independentista, pero que abomina del fruto ensangrentado de las pistolas. Estremece recordar ahora el último desplante de Carod-Rovira cuando humillaba públicamente a su compañero de coalición recordándole que era él quien tenía la llave del gobierno y que le había salvado el puesto.

Pese a todo, no creemos que haya ningún riesgo de ruptura en el PSC, que es lo que parece buscar en última instancia ETA. Pero aunque así fuera, Rodríguez Zapatero no tiene más solución que convencer a Pascual Maragall de que debe romper los acuerdos con ERC. No es una cuestión electoral, sino una cuestión de Estado.

ETA condena a Carod
Opinión El País  19 Febrero 2004

Al comunicar que "suspende" sus atentados en Cataluña, ETA no está declarando una tregua, sino amenazando al resto de los españoles. Todos los partidos catalanes sin excepción rechazaron ayer esa amenaza implícita y exigieron a ETA que desaparezca. Sin embargo, no se pusieron de acuerdo sobre las consecuencias de esta auténtica carta-bomba -como la definió Maragall- en la que ETA confirma la interpretación más desfavorable para Carod del significado de su encuentro con los jefes de la banda en Perpiñán.

Carod había negado que hubiera alcanzado acuerdo alguno o que hubiera planteado una tregua circunscrita al territorio catalán. Volvió a hacerlo ayer. Según Carod, el hecho de que ETA diga que la tregua es efectiva desde el 1 de enero, días antes de su encuentro, probaría que la decisión de los terroristas es independiente de la entrevista. Es una explicación pueril, especialmente increíble a la vista del mes y medio que se habría tomado ETA para comunicar el hecho al pueblo catalán. Quien acepta entrevistarse por su cuenta con una banda terrorista asume el riesgo de la interpretación que sus interlocutores puedan hacer de sus palabras. En el caso de Carod hay además escritos y declaraciones suyos, remotos y recientes, en los que aceptaba esa lógica de tregua territorial.

La buena conciencia de Carod no reduce, por tanto, su responsabilidad. La que asumió dimitiendo como conseller en cap cuando se conoció el encuentro de Perpiñán, fue calificada de provisional. Y aunque finalmente tuvo también que dejar de ser conseller, Maragall se ha negado hasta ahora a cerrarla definitivamente. Esa provisionalidad sólo puede entenderse como una cautela a la espera de que se confirmase o no que, además de desleal e imprudente, la entrevista había sido causa de algún compromiso inconfesable. ETA ha tenido interés en confirmar esta última hipótesis.

Eso es lo que añade el comunicado de ayer a lo ya sabido: que ETA tiene interés en hacer ver que Carod fue a Perpiñán a pactar una tregua por separado. Sea verdad o no (o lo sea a medias), la responsabilidad del ex conseller en cap es ahora mayor, y lo provisional tendrá que convertirse en definitivo. Carod se ha cerrado ya la puerta del Gobierno y tiene un difícil futuro político. Si se resiste, habrá que convencer a su partido de que tiene que convencerle. ¿Y si ello no es posible? Zapatero dijo ayer que el comunicado de ETA debe tener consecuencias en ERC o en el tripartito. Seguramente es así, por este orden: primero, que ERC encuentre la forma de convencer a su secretario general de que debe llegar mucho más lejos a la hora de asumir la responsabilidad personal. Y si eso no es posible, no puede mantenerse la coalición.

Porque también es muy grave que un par de folios de ETA obliguen a modificar la composición de un Gobierno respaldado por 1,7 millones de catalanes, el 55% de los votantes. El PP ha ido demasiado deprisa tratando de aprovechar los efectos colaterales de la bomba de fragmentación soltada por ETA. Rajoy emplazó a Maragall a romper "de inmediato" el pacto de gobierno con ERC, opinión compartida por algún barón socialista. Y Aznar consideró incompatible esa alianza con el Pacto Antiterrorista firmado por el PSOE, a menos que Esquerra destituya a Carod o que Maragall disuelva el Gobierno tripartito.

Hay cosas demasiado importantes en juego. ETA está muy débil, y el oportunismo de Carod le ha permitido hacerse presente a su estilo: administrando la violencia y la amenaza de ejercerla de manera que divida a los demócratas y les lleve a cuestionar valores compartidos. El Pacto Antiterrorista se firmó, entre otras cosas, para evitar ese efecto; sería triste paradoja que el efecto de algo que socialistas y populares condenan con la misma energía fuera la ruptura del propio pacto. Sobre todo porque ha sido decisivo para legitimar la ofensiva del Estado de derecho que ha dejado a ETA al borde del colapso.

Los terroristas tratan ahora de capitalizar a su favor la torpeza de Carod intentando condicionar la campaña electoral. Condicionarla precisamente contra las expectativas de los socialistas, lo que sólo podrá sorprender a los ciegos voluntarios, como el propio Carod. Sus distingos sobre fondo y forma indicaron que seguía pensando que merecía una medalla, y no una censura, porque "alguien tenía que hacer" lo que hizo: buscar el diálogo para resolver "un problema que es político". Pasando por alto lo que más de 20 años de experiencia han enseñado: que el diálogo con ETA estimula la perpetuación del terrorismo; que sus crímenes encuentran un sentido en la medida en que sus amenazas selectivas "aceleran las contradicciones" del enemigo. O sea, de los demócratas.

EL SOCIALISMO, ANTE UNA RESPONSABILIDAD INELUDIBLE
Editorial ABC 19 Febrero 2004

ES indudable que, con tregua o sin tregua en Cataluña, el problema principal sigue siendo ETA. Tener clara esta prioridad ha de conducir a una administración sensata de las reacciones y de los reproches entre partidos, para no dar a la banda terrorista más vuelo que el que ha de merecer una organización de criminales. Pero tener la percepción despejada sobre lo que es ETA y el desvalor que ha de recibir su tregua en Cataluña es compatible con analizar políticamente la encrucijada de responsabilidades en la que se encuentra el PSOE y que estaba anunciada desde que ABC dio a conocer la reunión de Carod con los dirigentes de ETA en Perpiñán. En este contexto de confusión, el PP debe actuar con el rigor que se espera de un partido que tiene toda la autoridad moral para exigir coherencia y determinación frente a ETA. Desde la fuerza que le dan sus certezas históricas y su compromiso contra el terrorismo, el socialismo español se encuentra ante un reto ineludible, que obliga a su máximo dirigente, José Luis Rodríguez Zapatero, a exigir a Maragall que rompa definitivamente con un partido (ERC) que amenaza con causarle un daño de enormes proporciones y que hace peligrar el propio Pacto anti-ETA suscrito en el año 2000, que tan excelentes frutos ha deparado en la lucha contra el terror.

TRAS el comunicado de ETA, ha llegado el tiempo de las evidencias indiscutibles sobre la irremediable deslealtad de ERC hacia la democracia española, y esta conclusión ha de ser asumida por el socialismo con todas las consecuencias. La sociedad no merece más engaños sobre la responsabilidad del PSOE y del PSC. Son los socialistas, no los populares, los que tienen un pacto de gobierno con ERC. Es la autoridad de Rodríguez Zapatero, no la de Rajoy, la que está definitivamente en juego. La solución sólo puede ser una crisis, no más ejercicios de distracción ni de victimización que acaben transfiriendo al PP las responsabilidades que el PSOE aún no ha asumido. Una crisis cuyo desenlace no es la disyuntiva sugerida por Rodríguez Zapatero entre la ruptura del tripartito o el cese de Carod-Rovira como líder de ERC. Debe ser, en todo caso, lo primero, que es a lo que Rodríguez Zapatero no instó de manera imperativa ayer a Pasqual Maragall y lo que éste descartó, reafirmando que el pacto era «sólido y estable». Los ajustes de cuentas en el seno de ERC son cuestiones de segundo orden que no afectan a la estabilidad del sistema democrático. La inestabilidad casi endémica del PSOE sí afecta a la democracia española y emplaza a su dirección nacional a afrontar con decisión el problema que representa el PSC, agravado irresponsablemente por Maragall tras ratificar el pacto con ERC.

Ante la insolencia sangrienta de ETA no cabe rechazar ningún llamamiento a la unidad, pero siempre que no se haga a costa de ocultar la verdad ni de dar más impunidad a quienes, precisamente, han roto la solidaridad colectiva que, por fin, habían fraguado la sociedad española y los principales partidos para combatir a ETA. Por eso no es una treta electoralista la apelación al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, presente en las declaraciones del presidente del Gobierno, José María Aznar, y del candidato del PP, Mariano Rajoy. Es una oferta de reencuentro con el PSOE en un consenso de rango constitucional, que ha sido determinante para arrinconar a ETA; oferta a la que se une la disposición del PP a facilitar la estabilidad política de Cataluña. El PSOE tiene condiciones para resolver esta crisis con dignidad y ha de hacerlo sin demora. Tendrá que asumir costes y dar explicaciones, pero no serán más que las facturas de un error anunciado desde que Maragall decidió compartir mesa y gobierno con un partido independentista, que ya había intentado pactar con ETA. Carod no ha engañado a nadie. Sólo a los que se han dejado engañar.

EL socialismo español tiene ante sí varias lecciones que entrañan una autocrítica histórica y una renovación obligada. La principal es el fracaso de su política de apaciguamiento de los nacionalismos radicales. ERC fue en las pasadas elecciones autonómicas el usufructuario de la radicalización nacionalista del PSC y de CiU. El independentismo activo no es una opción política negociable en un Estado constitucional que declara la unidad nacional como principio constituyente. El poder que recibe siempre lo vuelve contra el Estado y las instituciones que lo legitiman, como así ha sucedido. También ha de aprender el PSOE que pactando con partidos como ERC se sitúa fuera de sus coordenadas como partido nacional, confunde a la izquierda española y siembra la discordia en su seno. La renuncia a los principios nunca es rentable, aunque produzca la efímera satisfacción de acceder a una cuota de poder sin perspectiva alguna. En efecto, no hay que confundirse. ETA es el enemigo común y nada debe interponerse entre el PP y el PSOE para mantener el consenso antiterrorista reflejado en el acuerdo de diciembre de 2000. Siempre será mejor para España que el PSOE se libere de un monstruo político inviable como el tripartito catalán que provocar el fracaso de un pacto que aglutinó a la inmensa mayoría de los españoles en torno a los mejores valores de la democracia.

EL ARCO CATÓDICO
ÁLVARO MARTÍNEZ ABC 19 Febrero 2004

Ninguno de ellos lo habría imaginado de otra manera. ETA volvió a elegir la televisión pública vasca para emitir uno de sus mensajes, si es que su abyecta producción declarativa pudiera así ser catalogada. Nadie puede, pues, caer en el desabrido territorio de la sorpresa, ya que casi siempre ocurre igual: la ETB abre el pasaje del terror y los encapuchados, envueltos en su terrible y espantosa parafernalia, no encuentran dificultad alguna para marcar el territorio de las tinieblas. Poco importaba que el marco del discurso se refiriera a un lugar alejado del País Vasco. El caso es que terminaron allí exponiendo sus intenciones sobre Cataluña, o lo que es lo mismo, y mirando el vaso de la otra manera, exponiendo sus intenciones para el resto de España.

Lo peor es que no habrá habido titubeo ético alguno, ni el más leve resquicio de duda sobre la oportunidad de ceder el «prime time» del mediodía a los sujetos de la boina, con fondo de hacha y serpiente. Si siempre han hablado allí, por qué no debían hacerlo esta vez.

El nacionalismo, director espiritual del ente televisivo, encuentra normal que aquellas ovejas descarriadas se expresen allí con su espantosa vestimenta. Por la vía de estos mensajes, que se vehiculan a través de los medios públicos vascos, parece como si se trataran de tender un puente que aglutinase los mensajes que han de recibir los «nacionalismos ibéricos». El arco catódico viajó ayer del Cantábrico al Mediterráneo, como bien pudiera hacerlo, cuando la ocasión y la estrategia así lo merezca, hasta el Atlántico. Se trata, en fin, de descodificar la señal del Estado, de apagar las luces del constitucionalismo y perjudicar a los partidos que lo vertebran. «Las grandes revelaciones que afectan al nacionalismo han de producirse en su «medio natural»», habrán pensado los dirigentes nacionalistas, mientras observaban la última cinta de vídeo que la banda les hizo llegar. Pero lo peor es lo del principio: que ninguno haya imaginado que podrían haber sido de otra manera. «Bienvenidos al mundo de las tinieblas. Hoy: el último vídeo de ETA».

UNA TREGUA MUY OPORTUNISTA
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 19 Febrero 2004

ACEPTANDO como valor constante la tortuosa maldad de ETA, acreditada en cerca de un millar de asesinatos, no pueden quedar a la zaga los movimientos torticeros de ERC y, muy especialmente, los de su máximo líder, Josep Lluis Carod-Rovira. Andaba la banda terrorista en el peor momento de su historia, medio descabezada, acorralada por un perseverante seguimiento policial y privada de su capacidad de movimiento y, por obra y consecuencia de una torpe y malvada visita de Carod, el monstruo sacó redaños para, de repente, interferir la campaña electoral en curso y adquirir un protagonismo político muy lejano del que le corresponde en razón de su fuerza real e infinitamente mayor del que podrían proporcionarle sus pistolas.

El anuncio de ETA, su renuncia a las «acciones armadas» en Cataluña, es una carga de profundidad que, además de enmascarar la debilidad presente de la banda, altera el ya alterado equilibrio de la política nacional. Por lo que respecta a Cataluña, además de poner en evidencia a Carod, le causa un grave daño a Esquerra, debilita notablemente a Pasqual Maragall, resquebraja el tripartito y establece unas preferencias que perjudican al preferido. ETA mata lo mismo con las bombas que con los afectos. Si ampliamos la contemplación y el análisis a toda España, el daño se amplifica al PSOE y señala a José Luis Rodríguez Zapatero que, sin comerlo ni beberlo, se convierte en elemento protector de una situación insostenible.

La salida de la situación creada por esta diabólica tregua parcial es de difícil pronostico. Salvo que ERC, muy solemnemente, procediera a la expulsión de Carod-Rovira del partido, cosa difícil de hacer contra un secretario general. El tripartito, haga y diga Maragall lo que quiera decir o hacer, está ya roto. Es sólo cuestión de tiempo su materialización y, al tiempo, el daño ya está hecho en lo que respecta a la integridad y fuerza del actual Govern. En el ámbito nacional, a poco más de veinte días de la apertura de las urnas, el PSOE se puede quedar grogui frente a una clientela electoral que lo es más por respuesta al PP que por la capacidad seductora de los socialistas.

Sin pretenderlo, el PP se convierte en beneficiario del esperpento etarra, que es, hay que reconocerlo, una pieza maestra del diseño político. Y eso sin que aparezca, que podría aparecer, un hipotético documento de solidaridad con los etarras suscrito por Carod, Antza y Otegui. Mucho ruido, demasiado, para las pocas nueces que caen del árbol separatista. Como, en estas fechas, la situación cuaja en traslados de votos de unas a otras formaciones, el fenómeno es difícil de mesurar. Ése es el más auténtico «efecto Carod», un caso claro de pardillo venido a más en aras de un giro nacionalista que se dice de izquierdas y republicano siendo insolidario con los otros pueblos de España. En política, más aún que en la química, no hay acción sin reacción.

EL PACTO DE PERPIÑÁN
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 19 Febrero 2004

CUANDO un partido carece de moral nacional se convierte en un peligro para las instituciones, para la estabilidad, para el sistema mismo, y si, además, sus dirigentes carecen de talento político, se llevarán por delante a su propia organización. Este es el caso del PSOE y de sus jefes. Zapatero y Maragall no solamente están demostrando una disposición a sacrificar los elementos básicos del Estado -desde la soberanía territorial a la unidad jurisdiccional-, sino a su propia organización. El PSOE se embarcó hace mucho tiempo en una aventura en la que no sólo pone en riesgo a la Nación sino a ellos mismos. Nunca han querido reconocer que el movimiento nacionalista tiene un referente que es ETA y que no deben compararse con los nacionalistas, ya que a éstos no les importa, en definitiva, responder a este impulso que estuvo en el origen y que estará en el final. ETA es alfa y omega, y el PSOE, una organización que morirá en la aventura. Lo malo es que, de paso, pone en peligro todo lo demás, el Estado, la Nación.

He dicho siempre que nuestra tragedia es la izquierda, no los movimientos nacionalistas. Que éstos, reducidos a su propio ser, aislados, enfrentados a los dos grandes partidos nacionales, serían una opción manejable y, por supuesto, ETA, un grupo a eliminar policialmente. Pero la desgracia es la dirección del PSOE. ETA y los nacionalistas conocen bien el paño de la izquierda, y ahora ETA y ERC han visto la extraordinaria oportunidad que se presentaba para llevar adelante una clarificación de los dos campos. Por un lado, el liderado por ellos (incluyendo al Partido Socialista) y, por otro, el dirigido por el PP. Y han dado el golpe. Sabían que no habría capacidad de respuesta, esto, de rectificación, y que, ciegos, irían a la derrota electoral con la gran compensación -eso sí- de colocar al enemigo en la diana. Todos contra el PP.

ETA y Carod-Rovira sabían hasta qué punto los socialistas están faltos de moral y por tanto están decididos a la traición de los viejos ideales nacionales. Y, ¿cómo no iban a conocer la inmoralidad con la que han actuado Maragall y Zapatero, quienes han sido favorecidos por ellos en el Gobierno de Cataluña?

Maragall y Zapatero han demostrado además una absoluta falta de inteligencia. No sabían que se sentaban encima de un barril de pólvora al nombrar a Carod-Rovira conseller en cap. Orgullosos de lo que ellos llaman «respeto al pluralismo», oyeron complacidos el «visça Catalunya lliure» que dio Benach en el Parlamento catalán en la creencia de que era un mero gesto que no tendría consecuencias en la práctica. Si acaso el descoloque del PP, la humillación de los españolistas, de los partidarios de una España esencial. Zapatero y Maragall han creído, los pobrecillos, que el Gobierno tripartito de Cataluña iba a ser el adelanto de la experiencia confederal en la que se aseguraba la hegemonía para la izquierda: era la aportación del socialismo a la desestructuración de la España tradicional sin depender del terrorismo. Pobrecillos. Carod-Rovira les coló a ETA por la puerta de atrás. Carod-Rovira ha traído a ETA al proceso catalán en un acto de coherencia.

TORPES, los socialistas pusieron los mandos de la situación catalana en manos de un separatista al que con gran lucidez Jaime Mayor había emparentado con Batasuna, y no se les pasaba por la imaginación que éste pudiera actuar con la coherencia que le exigía su locura separatista. Y es que los que carecen de principios no quieren saber que los demás pueden llegar a tenerlos, incluso los criminales.

En definitiva, un terrible maridaje de inmoralidad y falta de talento.

LOS TRES EN RAYA
Por Jaime CAMPMANY ABC 19 Febrero 2004

VÁLGANME la Moreneta, sant Jordi y sant Cugat (o sea, san Cucufate) y la que ha organizado Pasqual Maragall con esas ganas frenéticas que le atosigaban de ser President de la Generalitat y de ocupar el sillón del Molt Honorable Pujol en el Palau de San Jaume. Ya podía haberle cogido por su cuenta el Patufet y habérselo llevado al Aneto para echarlo a volar desde su cumbre en el parapente de doña Marta Ferrusola, por ver si descendía a tierra con menos arrebatos de encumbramientos.

Porque aquí estamos ahora, liando y desliando las elecciones del 14-Marzo con la tregua de los etarras en exclusiva para Cataluña, el comunicado «nauseabundo en lo político e inmoral en lo ético», que dice el cínico redomado de Juan José Ibarreche, y las correndillas de los líderes políticos a los micrófonos de urgencia para hacer declaraciones de sálvese quien pueda. El problema que tienen ahora los españoles es averiguar quién es el más pardillo de los tres caballeros: Rovira, Maragall o Zapatero.

Carod-Rovira sale ahora por los cerros de Úbeda y, como aquel general tan valiente, tan valiente, que no se rendía ni ante la evidencia, afirma que él no negoció nada, que no prometió nada a cambio de la tregua, y que ya se dice en el comunicado que la tregua estaba decidida y en acto antes de sus conversaciones con los dos angelitos de la banda criminal. Vamos, que debemos creer que el esquerro-republicano se reunió en Perpiñán con el Mikel Antza y el Josu Ternera para jugar al tresillo o al pin-pin-margarín. ¿Hablar? Pues hablaron del tiempo, como los ingleses. Hablar de atentados y de muertos es una ordinariez.

Pasqual Maragall, como posee un lirismo heredado y una iluminación adquirida, calificó poéticamente el comunicado etarra (al fin y al cabo a quien beneficia es al PP) y no hizo mención al pacto tripartito. ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra?, se preguntará el votante socialista. Luego, acosado a preguntas, afirmó con mucha seguridad y firmeza que ni el comunicado de ETA ni los resultados del 14 de marzo lograrán romper el pacto tripartido. O sea, para expresarlo en cristiano: que él sigue. Contra viento y marea, contra comunicados y treguas, contra el pin-pin-margarín de Carod-Rovira, él sigue. Miren ustedes, Maragall no se ha sentado en el sillón de la presidencia de la Generalitat para levantarse a la primera dificultad. Sepan ustedes que el tripartito es, ahora más que nunca, una piña indestructible. Y hala, nois, a cantar lo de la Font del Gat y que gane el Barça en Valencia, collons.

¿Y Zapatero? ¡Oh, Zapatero! ZP dejó entrever, así entre elegantes brumas retóricas, que si no echan a Carod-Rovira de Esquerra Republicana, habrá que «tomar alguna medida» en el Gobierno catalán. Y cuando le preguntaron respondió que lo que había dicho, dicho estaba. ¿Y qué medidas pueden ser esas? Hombre, pues, por ejemplo, retrasar una semana más su incorporación al antiguo cargo de conseller en cap, yo qué sé.

O sea, que nos quedamos sin saber quién de estos tres en raya es más pardillo. Pero que tampoco lo serán tanto, porque los pájaros ya han dado en el trigo.

La indecencia se debe pagar en las urnas
EDITORIAL Libertad Digital  19 Febrero 2004

El comunicado de ETA no viene sino a confirmar la degradación moral de los independentistas catalanes y de todos aquellos que están dispuestos a tenerlos como socios de gobierno. Nos estamos refiriendo, tanto a Pascual Maragall, que ya gobierna en coalición con los independentistas, como a José Luis Rodríguez Zapatero, que no sólo ha aceptado ese pacto en Cataluña, sino que contempla el apoyo que Carod Rovira le ha ofrecido esta misma semana a su propia investidura en el caso de que el PSOE sea el partido más votado en las próximas elecciones generales.

La tregua terrorista restringida a Cataluña con el objetivo de respaldar el independentismo no es más que una repugnante y vieja aspiración de los socios de los socialistas catalanes. Que Carod Rovira es, literalmente, el padre ideológico de esta nueva estrategia criminal, no nos cabe la menor duda. Que ETA está haciendo ahora simplemente lo que el socio de Maragall quería desde hace tiempo que hiciera, es una convicción que, por nuestra parte, no necesita haber presenciado in situ sus trapicheos en su reciente entrevista con los dirigentes de la organización terrorista. Nos basta con leer el artículo que publicó el posible futuro socio de Zapatero en el diario Avui el 31 de mayo de 1991 tras el atentado de Vic y compararlo con lo que dicen ahora los etarras en su comunicado.

Rajoy no sólo debe proponerse batir a un Zapatero capaz de presentarse a las elecciones en semejante compañía de indeseables; debe a aspirar a hacerlo de tal forma que provoque el posterior cese de su contrincante como dirigente de la oposición. Almunia, desde luego, fue bastante menos merecedor de su destino dimisionario que el que se está labrando a pulso la debilidad moral y política de Zapatero. ¿Cómo no ambicionar y reclamar a Rajoy “más mayoría” ante este panorama? ¿Tan bajo creemos que es el perfil moral de los españoles?

ETA: PROBLEMAS, SOLUCIONES Y DESENLACES
LUIS IGNACIO PARADA ABC 19 Febrero 2004

SÓLO los tontos, los utópicos y los sectarios creen que hay soluciones fáciles para problemas difíciles. "Eso lo arreglaría yo de un plumazo" es su panacea favorita. Los demás mortales, si intentamos no caer en la tontería, la utopía o el sectarismo terminamos por reconocer que los problemas complejos no tienen soluciones simplistas y que la mayor dificultad que tienen es que cada cual los plantea de forma que el resultado sea el que él desea y no el que viene condicionado por los datos. Casi todas las reacciones a la mascarada del comunicado-bomba de ETA, incluida la que figura a continuación, cojean del mismo pie: apuntan hacia un desenlace deseable pero llevan a un resultado que nada tiene que ver con los datos del problema.

Tan errónea es la solución de Maragall para mantenerse en su dinamitada posición como la de Carod asegurando que no negoció una tregua con ETA. Y tan extemporáneo es decir que el comunicado es nauseabundo e inmoral, como ha hecho Ibarretxe que gobierna con un pacto al que le cuadran los dos adjetivos, como oportunista es que el PSOE quiera descabalgar a Maragall o el PP haga electoralismo desde el Gobierno en lugar de política de Estado. No se pueden resolver de un plumazo, desde la legítima ambición de poder de los partidos, asuntos tan delicados como el pacto antiterrorismo, los acuerdos de Gobierno, la argumentación anti independentista, la unidad constitucional de España y la batería de desastres que nos esperan si el PP no obtiene mayoría absoluta o si la obtiene. Seguramente todos tienen sus razones. Pero el hecho de tener muchas razones no significa que se tenga la razón. Cuando no se ha tenido la grandeza de suscribir una declaración común contra ETA, que sería al menos un desenlace, el problema añadido es que todos quieren resolver sus propios problemas. Y eso desvía la atención sobre el problema principal y lleva a soluciones erróneas.

LA DIGNIDAD O EL PODER
BENIGNO PENDÁS ABC 19 Febrero 2004

ACTORES en escena. ETA, marca del terror totalitario. Carod, farsante supremo. PNV y asociados, deslealtad hacia la Constitución de todos. Rodríguez Zapatero, víctima de su debilidad. Maragall, condenado a la miseria moral por causa de un afán insaciable de poder. El Partido Popular, enemigo a batir, porque expresa con firmeza la vertebración real de España. El pueblo español, perplejo e indignado, pero seguro de sí mismo ante el desafío.

Los nacionalismos vasco y catalán jugaban antes en escenarios diferentes. Eran tiempos de burguesías puritanas, unas con la etnia y el privilegio estamental, otras con la lengua y el proteccionismo comercial. Ni siquiera había simpatía recíproca. No han faltado, sin embargo, estrategias comunes contra el opresor imaginario, desde el bienio radical-cedista en la República a las Constituyentes de la Transición. Novedad histórica. Esta vez hay un horizonte conjunto: la destrucción de la España democrática. Rumbos convergentes. El PNV busca votos radicales. Esquerra circula desde la nada hasta el abismo, en busca del voto que se fuga de CiU, otro aprendiz de brujo. Pujol advirtió muy pronto dónde iba a terminar el prestigio de Cataluña en manos del tripartito.

El Gobierno catalán no puede continuar así ni un minuto más. Es inútil pedir a Zapatero un golpe de autoridad, pero debería hacer un gesto de dignidad. Maragall tiene que reflexionar sobre la infamia que va a dejar huella en su etiqueta de burgués heterodoxo y vocinglero. Imágenes superpuestas. La foto repugnante de los encapuchados. La conversación entre el lendakari y el «president». Los reproches malévolos de Imaz... No entienden (o no quieren entender) que la España constitucional es más fuerte que nunca. A partir de la reunión desvelada por ABC, Carod está descalificado para el ejercicio del noble arte de la política. Lección eterna: desde Antígona hasta las víctimas del terrorismo, las personas decentes otorgan siempre preferencia a la dignidad sobre el poder.

El PSOE se parte en dos
Ignacio Villa Libertad Digital  19 Febrero 2004

La negativa rotunda de Pascual Maragall a Rodríguez Zapatero rompe en dos al Partido Socialista. Con la respuesta del presidente catalán de que el tripartito es intocable tritura definitivamente la autoridad de Zapatero. El rostro demudado del secretario general del PSOE en su comparecencia pública del mediodía ha sido la señal más clara de la crisis interna que atraviesa el Partido Socialista. Desde luego, el anuncio de tregua de la banda terrorista ETA en Cataluña ha sido la evidencia de la verdadera traición de Carod Rovira a todos los demócratas españoles. Ha sido la confirmación de la torpeza e ineptitud de Rodríguez Zapatero en esta crisis y se ha convertido en la prueba más clara de la barbaridad que cometió Maragall dejándose investir presidente con los votos de Esquerra Republicana.

Precisamente, esta última cuestión es de una gravedad democrática incalculable. Pascual Maragall preside un Gobierno en el que tiene un protagonismo muy importante un partido político cuyo líder se ha sentado a negociar con la banda terrorista ETA. Maragall ha sido investido con los votos de los que se sientan a negociar con ETA a escondidas una tregua parcial para su territorio. La estabilidad política del Gobierno catalán depende de tal forma de ellos, que Pascual Maragall no puede permitir que su Ejecutivo se mantenga en pie un segundo más. Ya no hablamos del daño electoral que puede hacer al PSOE esta "inexplicable coalición", sino del daño que puede hacer a la estabilidad institucional. El Gobierno catalán no puede seguir con estos apoyos, por el bien de la democracia de todos.

Hablando en clave electoral, la tregua de los terroristas de ETA es el peor inicio posible de campaña para Rodríguez Zapatero. El secretario general de los socialistas inicia la recta final de las elecciones del 14 de marzo con la demostración, contante y sonante, de que el PSOE está dividido en dos. Sin dirección, sin autoridad, sin liderazgo y sin argumentos, Zapatero arranca la campaña absolutamente hundido. Si no consigue que el PSC rompa todos los lazos políticos con ERC, se convierte antes de pasar por las urnas en un político derrotado y a la deriva. El mal llamado líder socialista se queda descompuesto y sin horizonte de actuación. Si Maragall continúa gobernando con los independentistas catalanes, el presidente catalán está poniendo de "patitas en la calle" a Zapatero. Por cierto, Rodríguez Zapatero no tiene ninguna razón en su enfado con el PP. La coalición del PSC y ERC en Cataluña dinamita el Pacto contra el Terrorismo. Y lo demás son historias y pataletas.

PSOE
De ranas y escorpiones
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  19 Febrero 2004

Ni siquiera después de que Montilla le recordara que la Generalitat no se gobierna desde Mérida ha entendido Ibarra lo que nos estamos jugando ni qué papel desempeña cada cual en la minuciosa desconstrucción de España que planea su compañero Maragall. Unos desconstruyen para que otros puedan destruir, y si Carod es un escorpión subido a lomos de Maragall, eso no convierte al president en la rana de la historia. Carod viaja encima de otro escorpión con bigote y flotador, el del millón de votos del cinturón industrial. Por mucho que se piquen, muerdan e inoculen, ambos comparten veneno e intenciones. De vez en cuando, el escorpión abiertamente independentista abandona por un rato al escorpión veladamente independentista y navega por la charca ensangrentada a caballo del escorpión terrorista, que no se acaba de hundir porque camina sobre centenares de cadáveres. A ojos de los otros escorpiones, los muertos confieren un gran prestigio.

Y si esto les parece duro, ¿por qué defienden el diálogo con los asesinos que se pretenden soldados y no, por ejemplo, con los uxoricidas, los parricidas, los pederastas o los pirómanos? ¿Qué virtud reconocen a los que mataron a casi un millar de españoles para considerarlos dignos de sentarse a una mesa de negociación? En esta historia sólo hay escorpiones. La rana está en Madrid, se llama Zetapé y accedió a su jefatura batracia gracias a un par de escorpiones llamados Balbás... y Maragall.

Mal orientado va Ibarra si no se ha dado cuenta aún de quién es quién. No dudo del sentido patriótico del presidente extremeño, pero sí de su sagacidad. Debería ponerse unas gafas oscuras y un sombrero y darse un paseo por la calle Nicaragua de Barcelona para enterarse de una vez del profundo desprecio con que sus conmilitones catalanes se refieren a él, a sus palabras, a su persona, a lo que representa. Confundir al escorpión Maragall con la pobre rana de la fábula es ignorar que Maragall y Carod lo comparten todo. Puede que el republicano suene más osado, aunque las referencias a futuros dramas no son suyas, que yo recuerde.

Si ya fue peligroso para Zetapé convertirse en rey de los batracios socialistas gracias a un par de escorpiones, cifrar sus esperanzas de llegar a la Moncloa en la asistencia de un zoo de animales venenosos es simplemente suicida. Zetapé tiene todo el derecho del mundo a suicidarse por inoculación masiva de veneno, pero, ¿qué será de este país si la rana queda investida presidente merced a los variopintos portadores del rencor antiespañol? ¿Necesita Ibarra ver como acaba el cuento para aprender la evidente moraleja? Es urgente que alguien se lo explique, y que él haga lo propio con los muchos extremeños de Cataluña, a ver si nos ahorramos la catástrofe.

"Govern" a la deriva
Editorial Heraldo de Aragón  19 Febrero 2004

CAROD-ROVIRA es el único político conocido que se ha dejado manejar por ETA. Con ETA hay quien ha pactado. Y quien se ha servido de ella. Incluso tiene políticos a su servicio en el entramado que la banda forjó y que se está desmoronando. Pero nadie había sido tan imprudente y falto de talento como para convertirse en herramienta del grupo terrorista mientras pretendía lo contrario: usar de ETA para ganar terreno. Carod es un ejemplo acabado, y detestable, de aprendiz de brujo, porque quien paga las consecuencias de su ensoberbecida osadía son los demás. Afligido ahora por el oportunismo de los toscos jefes etarras -más ventajistas que él-, su tribulación no merece misericordia, sino dura penitencia. La fatuidad de Carod ha dañado gravemente al gobierno que contribuyó a constituir, a la campaña electoral en España, a la unidad de los demócratas y a la propia imagen de Cataluña, cuya bandera, con las barras que la hermanan a la antigua Corona, amañada con la estrella independentista tan cara al líder de Esquerra, han usado los siniestros encapuchados en su oferta contra España junto a un "Visca Catalunya lliure!". Si Carod creía tener algún don singular, ya ha conseguido averiguarlo: ser un irresponsable que, dispuesto a hablar con ETA a escondidas, aceptó entre tanto una jefatura de gobierno. Lo demostró ayer, de nuevo, al negar su intervención en el anuncio de la banda. Pero ésta, que tanto ha asesinado en Cataluña, no suelta presa fácilmente: el énfasis que Carod y ERC han dado al independentismo es lo que le mueve a actuar como actúa.

CAROD-ROVIRA no es un etarra, ni ERC es ETA, ni nadie lo insinúa. Pero no es posible borrar de las hemerotecas su ruego a la banda de que, antes de matar, comprobase en el mapa dónde acababa España. Carod no deseaba este final, pero, sin su insolidaria negligencia, ETA, arrinconada, sin soporte político ni representación legal, no hubiera logrado eco en las elecciones de la España democrática ni ser protagonista de la política catalana. Carod no acepta culpa ni responsabilidad: a lo sumo, un error, como si ello le excusase de cualquier otro efecto. Y aun ese error, en lugar de pagarlo en la desdichada extensión que desde ayer ha adquirido, lo remite con mezquindad al sufragio de marzo, mezclando así, en un nuevo gesto irresponsable, los valores que defiende su partido con su personalismo populista, lo que pone al votante de ERC en una disyuntiva moralmente perversa.

ETA, gracias a la democracia española, no cosechará tanto como espera de esta burda explotación de la estupidez ajena. Pero, entre tanto, perdemos todos. Cataluña y su Gobierno, contaminados de esta viscosidad indeseable, porque a su pasivo presidente, Pasqual Maragall, tanto Aznar y Rajoy como algún notable del PSOE le han exigido que rompa una alianza que se está demostrando perversa y que puede incluso poner en peligro el Pacto Antiterrorista que promovió el propio Rodríguez Zapatero. Éste no ha sido tan explícito, porque carece de fuerza bastante, aunque es el gran afectado, pues el egoísmo de Carod a quien más daña es a la izquierda autonomista. Juan José Ibarretxe ha tildado el anuncio de ETA de "nauseabundo" porque esgrime la muerte, pero, también, porque favorece al Partido Popular, declaración que revela la miopía moral del lendakari. Entre tanto, Maragall, preso de Carod y atrapado en la burda carambola etarra, ve sus proyectos desbaratados, en riesgo la unidad del socialismo y su liderazgo desbordado. Duran i Lleida le ha ofrecido el apoyo de CiU si rompe con los independentistas de Carod. Probablemente, no sería la única ayuda. Pero los dioses ciegan a quienes quieren perder y el "president" se mantendrá, erróneamente, en sus trece. No es una decisión grata: pero vincular hasta ese punto el destino de Cataluña al partido de Carod es una insensatez.

Un café con ETA
POR CHARO ZARZALEJOS ABC 19 Febrero 2004

Ibarretxe informó a Maragall y éste llamó a Carod-Rovira y Zapatero. Posteriormente, y tras reunirse con los portavoces del Parlamento catalán, telefoneó al presidente del Gobierno. El «mensaje bomba» comenzaba a hacer estragos

«Sácame a Piqué, sácame a Piqué», pidió ayer por la mañana la responsable de prensa del primer secretario del Partido Socialista de Cataluña, José Montilla. La cara angustiada de la peticionaria hizo temer a la responsable de prensa del portavoz del PP algo terrible. Contagiada por el agobio pidió a su jefe que abandonara el escaño sin pedir explicaciones. Un Montilla desencajado comunicó al portavoz popular la «jugada» de ETA de la que Ibarretxe tuvo conocimiento mientras el presidente de su partido, Josu Jon Imaz, citaba a Machado en el Fórum Europa. Ibarretxe informó a Maragall y éste llamó a Carod Rovira y a Rodriguez Zapatero. Más tarde llamaría a José María Aznar, que volaba hacia San Javier. «Mensaje bomba», dijo Maragall, con el que el Carod Rovira no contaba, demostrando así su profundo desconocimiento no de lo que ETA hace, sino de quién es ETA.

Probablemente, mientras la organización terrorista ultimaba su mensaje bomba, el líder de ERC declaraba que él no habia negociado nada y que en su encuentro con ETA se había limitado a exponer el programa, el ideario de ERC. Para demostrar que lo que decía era verdad se remitió al comunicado en el que ETA confirmaba su encuentro con Rovira. Dijo entonces ETA que se había hablado de las «relaciones entre los pueblos oprimidos», pero también dijo ETA en ese mismo comunicado que ampliaría información. Sólo aquellos que no saben o no quieren saber quién es ETA despreciaron aquel anuncio. Y sólo desde este desconocimiento se puede relativizar la invitación a café que ETA hizo a quien por entonces era el segundo de a bordo del Gobierno catalán. La falta de memoria ha hecho olvidar a algunos que ETA levanta acta de todo y de todos. De sus invitados y de sus muertos.

El «premio» de ETA
ETA no invita a café a cualquiera. ETA nunca ha llamado al último de la fila. Siempre lo ha hecho a quien ha tenido poder y en esta ocasión el invitado no era el secretario general de ERC, era, y por eso ETA le invitó, el «conseller en cap» del Gobierno catalán. ETA, que es tan terrorista como astuta, ha «premiado» no el ascenso del independentismo -500.000 votos sobre cinco millones- sino el hecho de que el independentismo esté en el Gobierno. Ha premiado la voluntad de Rovira de sacar a Cataluña de su condición de «pueblo oprimido» y ha premiado de manera especial la voluntad tantas veces declarada de no permitir injerencias ajenas a Cataluña. En el comunicado de setiembre del 98 ETA, al proclamar su tregua, habló del no pacto, del no acercamiento de los partidos españoles, de la no injerencia, de los no nacionalistas. Rovira no ha llegado a tanto pero no se ha quedado muy lejos porque su pacto con el PSC no es un pacto con afanes de «transversalidad».

Afanes de poder
Es un pacto con afanes de poder para llevar adelante determinados planteamientos. De esto habló Carod con ETA y a ETA le sonó bien. Cuando ETA invita a tomar café, al final paga el invitado, y no invita a cualquiera. Si Carod no hubiera estado en el Gobierno, para ETA esos 500.000 votos hubieran sido irrelevantes. Pensar que ETA se felicita «sólo» por el ascenso del independentismo es hacerse trampas en el solitario.

Carod ha dado aire a ETA. Carod se ha equivocado y además ha sido un desleal con ribetes chulescos hacia su propio socio -«yo tengo la llave del tripartito», gusta decir- pero muchos otros, por elevación, hacen, han hecho un inmenso favor a la organización terrorista cayendo en la más absoluta de las mezquindades políticas. ¿No tiene un punto de mezquindad decir, como dice Ibarretxe, que ETA ha querido desalojar al nacionalismo del poder cuando ETA ha desalojado de la vida a quienes se oponen a las tesis nacionalistas? ¿No tiene un punto de mezquindad decir como dice Madrazo que este comunicado es el regalo que ETA le hace a Aznar por no haber detenido a la cúpula de la organización terrorista? ¿Se puede decir sin sonrojo que «esto» beneficia al PP? Hace algunos años se decía en el País Vasco que al PP sus muertos le daban votos. Cuando a lo largo del tiempo el PP -también el PSOE-acumulaba muertos y seguían en la oposición, el argumento se desbarató.ETA está contenta con estas reacciones y está contenta , qué le vamos a hacer, no con el tripartito catalán y sí de la influencia en el mismo de quienes proclaman la «opresión» de Cataluña.

El siguiente, en forma de féretro
En política cada cual elige el terreno en el que quiere jugar y elige, por supuesto, a sus socios. Rovira no ha fascinado a ETA. A ETA le fascina el poder y Rovira lo tiene porque se lo han dado. A partir de aquí, mucha prudencia en las palabras porque el siguiente comunicado, y si pueden a no tardar, tendrá forma de féretro. Así ha sido siempre y así seguirá siendo mientras ETA invite a café y el invitado acuda.

Noticia bomba
Jorge Berlanga La Razón  19 Febrero 2004

E n el eterno debate de cómo se le puede dar juego al terrorismo, se plantea siempre la pregunta de si se les debe dar cancha a sus comunicados de propaganda en los medios de comunicación. Es un posicionamiento ético que supongo varía según por dónde vengan los vientos. El caso es que ahora que Eta parece debilitada militarmente, desconfiando de la gente que tiene en sus propias filas, con miedo a acercarse a la goma-2 por si les echan el guante, se permite, sin embargo, lanzar una bomba de fragmentación política y territorial desde los noticiarios, reventando el tablero de estrategias de la campaña electoral.

Lo triste es que se llegue a entrar al trapo y saltar ante el petardazo fatuo, colaborando a que se cumpla el objetivo de los bribones, que se deben regocijar con el éxito de su gamberrada, cuando con las treguas que ofrecen los fanfarrones deberían hacerse las catalanas y el resto de España tirabuzones, pues en pocas condiciones están de negociar nada si no es su rendición. El problema es que se las arreglan para disparar salvas a dar, a ver si cuelan los tiros y logran encender mechas de reacciones atávicas en la psicología simple de nuestros políticos democráticos, que deberían hacer caso omiso a los picotazos de una organización desesperada convertida en mosca cojonera que trata de inocular mensajes explosivos en la información.

El señor Carod Rovira, que como buen obtuso se llegó a creer su propia gloria de dos días, cumplió sobradamente su papel de tonto útil y ya no le queda más que lo paseen como pelele de Carnaval, pero no hay nada peor que los líderes de los que se espera cierta cabeza caigan en la trampa de la serpiente y se dejen enardecer cegados por su veneno, tirándose furibundos los trastos patrióticos a la cabeza, cuando deberían seguir racionalmente a lo suyo, en una educada rivalidad, que es tratar de ordenar el país con inteligencia. Y lo que digan los etarras, a la basura, que lo primero que tienen que hacer es poner paz en su propia casa. Mejor que no aparezcan dudas de quién utiliza a quién.

Bomba de ETA en las urnas de marzo
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Febrero 2004

Paulatinamente, pero de manera sensible, la idea de España y de su unidad se va imponiendo como tema de la campaña electoral en curso. Con notable habilidad, el PP fue introduciéndolo en el proceso como una cuña polémica mientras la izquierda, o lo que de ella queda, iba perdiendo sus opciones de utilizarla. Ahora, como a Drácula, le han clavado con el comunicado de ETA la estaca en el corazón, y el problema estriba para ella en que consiga arrancársela a tiempo y de modo viable. Al PSOE sólo le quedan oficialmente, en su mundo de dirección, algunos españoles egregios —ya se sabe, fuera de lo gregario—, tipo Bono y Rodríguez Ibarra, poco más, mientras a Zapatero le cortan los puentes de retorno al verdadero sentido de la “E” de las siglas PSOE, cortocircuitado por los socialismos o las “extensiones” periféricas del partido contaminadas de nacionalismo.

No vale de mucho que hayan recomendado o impuesto silencio temporal a Odón Elorza ni que la crítica contra el PNV, por ejemplo, suene con mayor claridad en las huestes del socialismo vasco. Lo que la opinión neutral retiene es la vergonzante relación de Maragall con Carod-Rovira, con quien no acaba de romper porque seguramente no puede estratégicamente hacerlo. O la situación desairada y marginal en que han dejado, desde Madrid y desde el País Vasco, a Nicolás Redondo Terreros y otros compañeros y compañeras mártires (tipo Rosa Díez), que no se resignaban ni se resignan a enterrar un “patriotismo de izquierda” perfectamente compatible con una visión progresista del futuro.

La recuperación del ideal español, que empieza a sonar sencillamente a español y no a españolista, cobrara poco a poco alguna virtualidad en el mundo de la izquierda como concepto de compañía o acaso de algo más, pero esa hipoteca no recae sólo sobre el PSOE y sus sucursales más o menos confesas, sino también sobre IU, esa izquierda confusa que, a semejanza del PSOE, interpreta su melodía según la partitura que le conviene en la España gloriosamente polivalente. A ver cómo reacciona IU, con su Madrazo metido en el lío, al comunicado en que ETA anuncia una tregua “para Cataluña”, en línea con lo que se dijo que habría sabido o negociado Carod-Rovira en su encuentro de Perpiñán. Vergüenza sobreañadida. Una tregua, sin duda tregua-trampa, que podría denominarse “tregua-separatista”, cuya consecuencia política no debería ser buena para Carod, “el pacificador” fragamentario. Maragall lo tiene diabólicamente difícil. Está condenado a no aceptar ese caramelo envenenado que es la exención de Cataluña frente a España. Aznar y Zapatero no tienen problema de interpretación, pero el segundo sí de capitanía socialista. Al “premiar” a Carod y dejar a Maragall fuera de juego, ETA pone una bomba en el 14 de marzo.

Ahora el problema no es lo que vayan diciendo unos y otros, incluido el ínclito Ibarretxe. El problema es lo que hagan en el inmediato futuro y cuál vaya a ser la repercusión electoral de esa bomba política. La banda se ha apoderado del 14 de marzo para sus particulares objetivos estratégicos. Y no le ha dejado a Carod ser el árbitro final. Será ella. Probablemente a lo bestia. No hay que descartarlo.

La tregua
Faustino F. Álvarez La Razón  19 Febrero 2004

Del mismo modo que anuncian que no cometerán atentados en Cataluña, los etarras también podrían haber prometido que, entre las veinticuatro horas que tiene el día, se comprometen a no descerrajar el seguro de sus pistolas entre las siete y las ocho de la mañana, medida por la que el amanecer no se sentiría honrado ni halagado. No hay terroristas según qué espacio o tiempo, como no hay medios embarazos ni bondades intermitentes. Lo de la tregua catalana es un cuento, si no fuese además una provocación, una piedad envenenada y un intento soez de meter cizaña en el mapa político en que algunos personajes como Carod-Rovira han allanado el camino de la perversidad con actuaciones perseguibles de oficio. Nunca un ciego guió a un malhechor con la estúpida precisión con que lo hizo el ex «conseller en cap», situación en que los melindrosos reproches de Maragall no han hecho más que complicar las cosas y poner a Zapatero, que es un leal militante en el pacto antiterrorista, a los pies de los caballos como no se merece en modo alguno.

Vivir es mantenerse despierto, como en una tregua, entre dos bordes de la nada. En principio, uno no puede estar en contra de las treguas, ya sean para tomar resuello en un combate deportivo, bien sean para aplazar una decisión hasta que los elementos de referencia estén más claros. Ya los monos de Darwin tenían experiencia en darse plazos para avanzar retrocediendo en una evolución que nunca fue una matemática marcha militar. La tregua y la duda son realidades que administran con sabio egoísmo los seres mejor dotados, los que practican todo lo contrario que la prisa ansiosa y que la certeza monolítica. De ahí que quien se tome un tiempo para decidir, adivinando cuál es el menos malo de los caminos posible, merezca respeto. Los pueblos laboriosos tienen su paréntesis de fiesta, que es una tregua para la convivencia informal, y recuperan los ritos de la tribu entre las hogueras o ante los tiovivos. Cualquier persona sensata pide un tiempo muerto, con el reloj helado, antes de una decisión que pueda comprometer a los demás, y en especial si los argumentos de que dispone le parecen insuficientes.

Lo que ha dictado la banda terrorista ETA ayer es muy distinto: ni siquiera es un tiempo para la reflexión, para la incertidumbre o para reformar los cimientos de su vileza. Quieren jugar a la política en las cercanas elecciones generales, y como sus tradicionales socios en las urnas han sido apartados de la limpia contienda democrática, han buscado el atajo de perdonarles la vida, o algo así, a los catalanes, a cambio de redoblar la amenaza sobre el resto de los españoles. A partir del mediodía de ayer, la reacción automática a la provocación terrorista fue esperanzadora: la inmensa mayoría del pueblo catalán no se ha sentido aliviado por la bellaquería, sino que hoy, más que nunca, todos somos compatriotas de idéntico dolor, de un mismo asco.

Depurar responsabilidades
Editorial El Correo  19 Febrero 2004

El anuncio por parte de ETA de que no atentará en Cataluña debido al cambio político experimentado en dicha comunidad ha contribuido a avivar la abierta indignación que el chantaje terrorista suscita en la inmensa mayoría de los ciudadanos. La irrupción de la banda terrorista en vísperas de la campaña electoral obedece sin duda a su necesidad de hacerse valer en momentos de extrema debilidad. La oportunidad que el secretario general de ERC brindara a ETA mediante el encuentro de Perpiñán afloró ayer dejando en evidencia la grave irresponsabilidad en la que Carod Rovira incurrió al atender a la llamada de los emisarios del terror.

Resulta inútil que ERC y sus socios en el Gobierno de Cataluña traten de deslindar el comunicado de ETA del encuentro que sus dirigentes Albizu y Urrutikoetxea mantuvieron con Carod Rovira a principios de enero. Está claro que la declaración de una tregua limitada territorialmente a Cataluña responde al clima de complicidad que ETA quiso labrar en sus contactos con el máximo representante del independentismo catalán. Además, la deslealtad manifiesta del secretario general de ERC hacia las instituciones de la Generalitat ha sido palpable cuando, tras actuar a espaldas de sus socios de gobierno y del propio Maragall, y a pesar de cesar en su puesto como 'conseller en cap', ha reivindicado la valía moral de su conducta. La indiferencia con que Carod Rovira ha contemplado los efectos políticos que su conducta comportaba a la «mayoría catalanista y de izquierdas» y su actitud esquiva hacia los requerimientos del president Maragall para que transmitiera al Gobierno central toda la información sobre sus contactos con la banda terrorista han desvelado el talante de un dirigente político resuelto a hacer valer el peso de la representatividad alcanzada por su partido en las autonómicas catalanas a un coste imposible de asumir para la democracia.

Lo acontecido demuestra que la crisis política desatada en la Generalitat tras la revelación de la reunión entre Carod Rovira y los citados dirigentes de ETA había quedado cerrada en falso. Por eso mismo, resulta incomprensible que Pasqual Maragall tratara ayer de eludir semejante evidencia haciendo un llamamiento a la unidad frente al terrorismo cuando es la posición de su socio ERC, favorable al diálogo con ETA, la postura que más puede distanciarse de un deseable común denominador entre las fuerzas democráticas. Las críticas vertidas por Maragall y Carod al anuncio de ETA resultaban necesarias pero en ningún caso suficientes. Porque el comunicado terrorista se asienta en la impasibilidad con la que uno y otro han tratado de superar la mencionada crisis. Las instituciones catalanas han de asumir un compromiso respecto a sus ciudadanos y al resto de los españoles que no es otro que el de repudiar sin ambages la diabólica jugada del terror. Pero para que dicho repudio resulte creíble es necesario que sea previamente depurada la responsabilidad política que ha coadyuvado a que los acontecimientos desembocaran en tan abominable situación.

Tanto el presidente Aznar como Rodríguez Zapatero se refirieron ayer, más o menos veladamente, a las condiciones que entendían necesarias para superar la crisis: la dimisión de Carod Rovira como secretario general de ERC o, en caso contrario, la salida de este partido de la coalición que gobierna en Cataluña. Es probable que una parte de la opinión pública catalana y de su representación política perciba tales condiciones como si se tratara de una imposición ajena o contraria a los intereses de Cataluña. Pero dado que la grave irresponsabilidad en la que había incurrido el que fue 'conseller en cap' no ha sido reconocida por éste, sino todo lo contrario, y a tenor del riesgo de inestabilidad que pudiera derivarse de la próxima trayectoria de ETA, parece no sólo necesario sino prudente y acorde con los intereses de la Cataluña cívica y armoniosa que la respuesta de sus representantes e instituciones vaya más allá de una mera declaración de principios sin consecuencias políticas.

Lo ocurrido demuestra hasta qué punto la unidad democrática frente al terrorismo ha de basarse en la firme negación de un eventual diálogo con ETA. Y no sólo porque ésta no cuenta con legitimidad alguna para sentarse en una mesa de negociaciones con quienes están acreditados como representantes de la voluntad ciudadana. También porque ha dado muestras suficientes de que para el terrorismo el diálogo no es más que un recurso apropiado para apuntalar la sistematización de su chantaje. Las palabras del lehendakari Ibarretxe, denunciando el nauseabundo propósito de la banda terrorista, debieran conducir a una actitud más consecuente por parte de los dirigentes nacionalistas que, una vez conocido el encuentro entre Carod Rovira y la cúpula etarra, corrieron a saludar la iniciativa con los parabienes que el terrorismo necesita periódicamente para justificar su propia existencia.

El comunicado y un diván para dos
Julián Lago Libertad Digital  19 Febrero 2004

Así que, tras sus vacaciones, ha vuelto Carod, que es como si volviera la marabunta, ahora que no ruge, o apenas, su colega Arzallus. En este caso para armar la de Dios es Cristo con el comunicado etarra de tregua selectiva para Cataluña, el cual retrata al exconseller en cap como un canalla, por si Maragall no se había enterado, todavía. Bueno, a Maragall ya le había recordado días atrás que, si está donde está, es decir, en la presidencia de la Generalitat catalana, es porque a él le sale de las napias, que las tiene amorcilladas, un punto como el actor Gene Hackman pero sin bigote adosado.

Desde luego, narices se necesitan, por no decir poca vergüenza, para conferir al Crimen Organizado licencia para matar allá donde no gobierne el pacto tripartito. ¿En nombre de qué puede Maragall mantener en su gabinete a un partido cuyo líder negocia con la banda la exclusión de Cataluña de los escenarios posibles del terrorismo? A ver qué piensan ahora los deudos de la masacre de Hipercor, de Barcelona, por ejemplo. Eso, o qué opinan sobre un dirigente que, en entrevista con Gabilondo, define a Eta como «organización política que practica la lucha armada», cosa que de entrada confiere a la banda una honorabilidad de la que carece, obviamente.

De forma que Carod, al sentirse muy crecidito con los siete escaños que las encuestas dan para el Congreso de los Diputados a Esquerra Republicana de Cataluña, se pasa por el arco del triunfo la lealtad institucional a que se debe y los principios democráticos, más que nada. En caso contrario resultaría difícil de sostener que Eta no asesina, no secuestra, no extorsiona, vamos, que sólo practica la lucha armada, lo mismo que podría practicar el golf, el vuelo sin motor o la astrología mismamente.

Dicho lo dicho, el secretario general de ERC sigue erre que erre, o mejor errecé que errecé, sin apearse del burro tras su reunión con los jefes etarras en Perpiñán. Precisamente, y no por casualidad, Perpiñán figuraba junto a Bagdad y Jerusalén en las pegatinas de ERC de la última manifestación por la paz en Barna, que no es sino un intento de tercermundizar la violencia etarra, como pretende el PNV desde hace tiempo.

De siempre el nacionalismo ha incorporado el eufemismo a su discurso identitario, con cuanto ello supone de riesgo de contagio generalizado. No vaya a ser que ahora el metalenguaje de Carod sobre Eta también envilezca moralmente a la sociedad catalana como ya ha ocurrido con la sociedad vasca, y si no ahí está Arzallus cuando se refería angelicalmente a los pobres chicos de la gasolina, por si lo habíamos olvidado. O sea, que lo de Carod habría que explicarlo en clave freudiana, que no en balde creció en una Casa-Cuartel como hijo del Cuerpo, trayectoria vital esta muy similar a la de Arzallus, cuyo padre, carlistón recalcitrante, capitaneó el asalto del cuartel de la Benemérita de Azpeitia, para que se sumara al alzamiento de Franco, manda eso.

Cerrar frentes para mejorar la eficacia
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo  19 Febrero 2004

Una de las decisiones que ETA adoptó en el debate interno celebrado a caballo entre los años 2002 y 2003 fue la de considerar la posibilidad de «cerrar frentes» sectoriales o geográficos con el objetivo de «multiplicar la eficacia de la lucha armada», según reflejaba la propia banda en el boletín interno en el que se recogían las conclusiones de ese debate. Ayer, ETA aplicó el acuerdo de hace un año y anunció el cierre del 'frente de Cataluña'.

Se pueden buscar análisis rebuscados de la decisión de ETA, pero los medios empleados son muy tradicionales: el palo y la zanahoria. ETA ofreció hace poco más de un mes una zanahoria de tregua a los nacionalistas vascos si constituían listas conjuntas con Batasuna. Como la rechazaron, se quedaron sin la hortaliza. Ese rechazo dejó a la organización terrorista y a su entorno aislados políticamente. La frustración sufrida por la falta de atención a su iniciativa fue patente y para sacarse la espina ha movido pieza en el tablero catalán.

La atención que ETA no había obtenido entre los nacionalistas vascos la consiguió en la izquierda republicana de Cataluña, cuyo líder fue a hablar con los dirigentes de la banda a principios de enero. Y hablaron de atentar o no en territorio catalán, a pesar de los desmentidos de Carod, como la propia ETA dejó claro en su comunicado del 4 de febrero. Ahora, ETA le ha dado a Carod lo que éste había pedido públicamente varios años atrás: que si querían atentar contra España no lo hicieran en Cataluña. ETA le ha dado una zanahoria al líder de ERC para poner los dientes largos de envidia a los nacionalistas vascos, aunque es posible que sea una zanahoria envenenada.

Los jefes de ETA se han aprovechado de la atracción fatal que el conflicto vasco ejerce sobre algunos sectores políticos catalanes dispuestos a conseguir en una tarde con su 'seny' la paz que no han conseguido en 25 años los políticos de Madrid y Vitoria. Gracias a esos sectores, ETA ha conseguido convertirse en agente desestabilizador de la campaña electoral, causando estragos en la propia política catalana que carece de anticuerpos ante los virus rampantes de la estrategia terrorista. Carod se ha comportado como el aprendiz de brujo al que le ha reventado el laboratorio en las manos.

La banda etarra, que no ha conseguido cometer un atentado en Cataluña desde hace treinta meses, convierte la necesidad en virtud y renuncia a perpetrar unas acciones que tanto esfuerzo le cuestan. Al mismo tiempo, compensa con ese gesto su incapacidad para hacerse presente mediante la actividad terrorista.

La complicidad de Zapatero y Maragall
Francisco Marhuenda La Razón  19 Febrero 2004

Los acontecimientos son persistentes a la hora de poner de manifiesto la profunda deslealtad del secretario general de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira. Con los aspavientos a los que nos tienen acostumbrados los independentistas, en su día negó que en su reunión con los asesinos de ETA hubieran pactado que no cometieran atentados en Cataluña. Ahora, tan sólo 23 días desde que trascendió su reunión del 4 de enero, hemos tenido la confirmación por medio de un comunicado de esa organización mafiosa por el que anuncia la suspensión de todas sus «acciones armadas» en esta comunidad autónoma. El desprestigio del gobierno tripartito ha alcanzado unos límites inimaginables. Las alimañas de ETA tienen su propia lógica y dinámica, por lo que no les ha importado poner en evidencia a su «aliado» Carod.

A una banda que desprecia la vida humana y cuya estructura es puramente mafiosa, poco le importan las alianzas porque lo instrumentaliza todo. Es posible que en su delirio, el líder de ERC se creyera un nuevo Gandhi, pero ahora sabemos que sólo fue un aprovechado y un tonto útil. No sólo cometió la indignidad de reunirse con asesinos de la peor calaña y fue arrogante y soberbio, sino que fue desleal con las victimas, con sus socios de coalición y con sus compañeros de ERC que se enteraron por la Prensa. Carod es un político acabado y desprestigiado, una rémora para su partido y Maragall. No obstante, lo peor es que los socialistas mantengan el pacto de coalición. Si fue vergonzoso que no rompieran cuando se supo la reunión y que Carod se carcajeara del presidente de la Generalitat, lo sucedido muestra los aspectos más indignos y tenebrosos del culebrón.

Zapatero se plegó a las exigencias del PSC. Fue la renuncia de los principios, en un penoso mercadeo, para conseguir cotas de poder. Ahora paga las consecuencias de su incoherencia. La única salida, aunque sólo sea por un postrer intento de salvaguardar los jirones, pasa porque Maragall rompa con ERC si sus líderes no destituyen a Carod de la secretaría general. No hacerlo le haría cómplice, con Zapatero, de tamaña indignidad.

Sigan matando judíos
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 19 Febrero 2004

EL GRUPO terrorista ETA podrá asesinar a partir de ahora en cualquier parte de España excepto en Cataluña. Este es el éxito triunfal, progresista, solidario, de izquierda, que un político impar -digo, único-, Josep Lluis Carod Rovira, ha conseguido. Ahora se entiende todo, ahora queda claro cuán injustos hemos sido quienes hemos criticado a este hombre, preñado de buena voluntad, por ir a hablar con los criminales en plenas Navidades. Este es el diálogo que quiere ERC, esta es la nueva forma de hacer política, esta es la vía para resolver los problemas, así, así, sin aflojar.

Bueno, bromas aparte. Lo cierto es que el grupo terrorista ha vestido su terminal debilidad con el falso manto de la generosidad. ETA no puede asesinar como le gustaría y, en vez de reconocerlo, se adorna con el anuncio de una tregua mediopensionista. Los criminales de ETA han sido detenidos con las manos en la masa en los últimos intentos de matar que han protagonizado y para velar esa impotencia dicen ahora que no matarán en Cataluña. No iban a matar en ningún caso. (La última tregua la declararon también porque se ahogaban, para reorganizarse).

¿Qué consiguen con esta patética declaración los criminales? Pues premiar a quien ha querido sacarlos del aislamiento, vender la mentira de que hablando como ellos quieren se arreglan los problemas y certificar la apertura de un frente nacional, configurado por nacionalistas vascos y nacionalistas catalanes, todos unidos contra el sistema de convivencia constitucional.

Pero claro, lo hacen de una forma tan propia de ellos que dicen: matar, pero sólo un poquito; asesinar, pero por orden; tiros en la nuca, pero según el lugar de residencia de la víctima... En definitiva: nos anuncian que se podrá seguir matando judíos, pero a los que se acaba de poner el cartel de alemanes, ni tocarlos. No sé, me imagino que cualquier ciudadano que viva en Cataluña y tenga una pizca de dignidad habrá saltado como un resorte al oír esta barbaridad. Estoy seguro de que la inmensa mayoría de los habitantes de aquella comunidad se habrán sentido heridos, dolidos y humillados.

No necesitan a estos salvapatrias. Pero no descarten que habrá gentes, como las que apoyan a Carod, que habrán leído la declaración xenófoba, reaccionaria y criminal de ETA como un gesto de solidaridad entre nacionalistas, como un guiño cómplice entre quienes no deben de pisarse la manguera, como el resultado fructífero de la que ellos, violando las palabras, llaman vía de diálogo.

Espero que todos los que nos sacaron la piel a tiras a quienes decíamos que Carod había pactado aquella infamia -no matar en Cataluña- ahora reconozcan cuán equivocados estaban y, sobre todo, no vuelvan a confiar en gente como Carod: profundamente insolidario, completamente reaccionario. En fin, el disparate llega al nivel de caricatura patética cuando los asesinos dicen que su tregua tiene un efecto retroactivo y que no matarán desde primeros de enero pasado, cuando se produjo la reunión entre los criminales y Carod. ¿Qué más barbaridades hacen falta para que todo el mundo, sin excepción, se dé cuenta de que estamos ante una banda que demanda su entrada urgente el frenopático?

Hace tiempo que algunos, muy pocos, hemos dicho que ETA estaba en fase terminal gracias, entre otras cosas, a la eficacia de la policía española. La afirmación sigue siendo válida y quienes traten de acercarse ahora, en plan Carod, a los criminales podrán tener un minuto de gloria, pero están condenados a la eternidad de la ignomia.

ETA se aprovecha
PABLO MOSQUERA La Voz 19 Febrero 2004

COMO de costumbre. A pesar de no tener a sus correligionarios de HB, a pesar de tenerlo muy complicado para asesinar y poder hacer el correspondiente comunicado-soflama, tuvo suerte y encontró al tonto útil de turno que puso lo necesario para que pudiera haber noticia de ETA en la campaña electoral.

Pero la pedrada lanzada por Ternera Jaunak y compañía ha dado en varias cejas¿ La del PNV y su lendakari. Si ustedes leen el comunicado de la banda y repasan los motivos por los que se exonera al pueblo catalán de las ekintzas de los comandos, verán que hace mucho, se dan en el País Vasco de Arzalluz y Setién: Voto independentista. Naciones similares en contencioso con España. Empuje de las fuerzas políticas comprometidas con el derecho de autodeterminación.

¿Qué estará pensando el EBB sobre la discriminación que hacen los chicos de ETA entre el pueblo catalán y el vasco? Porque no quiero pensar, que alguien haya evitado que ETA aplicara la misma generosidad en el País Vasco que con carácter retroactivo, desde el 1 de enero, se aplica en Cataluña. La de Maragall que hace el don Tancredo, pero que tiene contentos a los varones del PSOE. Y que se puede encontrar con una reacción de la sociedad civil catalana, avergonzada por la posición en que les dejan los acontecimientos. La del pobre José Luis Rodríguez Zapatero, que sale de una y se mete en otra peor.

ETA es una organización antisistema. Por lo tanto, cuanto peor, mejor para sus intereses. ETA siempre termina por volverse contra quienes le tienden la mano; es más, los que hemos vivido la política vasca, en lo público y en lo discreto, sabemos que si algún día ETA logra una Euskadi nación-Estado, seguirán la lucha, contra el PNV, a quien desprecian por ser de derechas y católico-tradicional. Hasta Telesforo Monzón, que era de los intelectuales de la organización, dijo que el modelo romántico por el que luchaban se parecía a la república socialista de Albania.

Han conseguido lo máximo a lo que en el momento actual podían aspirar: ser noticia central en la campaña donde no se presentan, lograr la máxima inestabilidad en una comunidad en la que siempre, desde Tarradellas, hubo seny y estabilidad, incluso para prestársela a los gobiernos centrales. Y, lo más grave, lograr que lo que tanto costó esté apunto de quebrar: el acuerdo de Estado para el problema de Estado, del terrorismo y su doctrina.

Al final, tenía razón el lendakari Ibarreche, cuando se refería al entonces parlamentario batasuno Urruticoechea (Ternera) y le llamaba «el general». Claro que para que los generales triunfen en batallas, tiene que haber personajes de opereta como José Luis Carod-Rovira, que va de victoria en victoria, hasta la derrota final.

Carod no tenía una llave: tenía dos
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 19 Febrero 2004

CAROD-ROVIRA se ha atrevido -ahora lo sabemos- a lo que ni siquiera el PNV se atrevió cuando firmó con ETA el vergonzoso pacto de Lizarra: a negociar una tregua reducida a una parte del territorio nacional. Eso es lo único que resulta relevante del repugnante comunicado que ayer hicieron público los encapuchados de la banda terrorista: que el representante de un gobierno democrático ha tenido el cuajo de pactar con ETA dónde deben matar, secuestrar o extorsionar sus pistoleros... y dónde no: en las cuatro provincias catalanas.

Carod-Rovira asume así una responsabilidad histórica que lo inhabilita por completo para seguir en el futuro haciendo política democrática en España. Desde ayer ya no podrá el líder de ERC contarnos más patrañas, ni echar pecho como si él fuera el único que desea en este castigado país el final de la violencia terrorista, ni pedir a los electores que refrenden con su voto el acuerdo más escandaloso al que ha llegado nunca un político español en las últimas tres décadas.

El asunto tiene tanta gravedad, afecta de modo tan central al núcleo de la convivencia en paz y en libertad entre los ciudadanos españoles, que ya nadie puede mirar para otro lado, esperando que un nuevo equilibrio florentino permita evitar, de una tacada, las dos únicas decisiones que, tras el comunicado de ETA, pueden restaurar la decencia democrática: o la de que Esquerra Republicana de Cataluña rompa con Carod o, en caso de no producirse esa ruptura, la de que el PSC rompa con Esquerra.

La expulsión de Carod de su partido permitiría al gobierno tripartito catalán salvar los muebles, aunque es cierto que a trancas y a barrancas, pues esa expulsión pondría de relieve que el partido con el que hoy está coaligado Maragall rechaza de forma tajante y radical un pacto de inmunidad territorial que es ofensivo para todos los ciudadanos catalanes, víctimas propiciatorias inocentes de la enloquecida vanidad de un visionario, tan inmoral como soberbio.

Ahora bien, si esa expulsión no llegara a producirse, el PSC tendría que romper indefectiblemente -y mejor mañana que pasado- con un partido que asume como propio un acuerdo, por abyecto, absolutamente intolerable. Esas son las reglas del juego en cualquier sistema democrático. Y desconocerlas ahora traería la ruina, primero a Maragall y, después, a Zapatero.

Con un aire chulesco, impropio de quien ha sido cogido en falta imperdonable, Carod-Rovira enseñaba hace unos días a los periodistas una llave, que era, según él, la del gobierno tripartito catalán. No sabíamos entonces que, además de esa, Carod se guardaba otra llave en el bolsillo: la de la funeraria terrorista.

ETA entra en la campaña electoral
Pablo Sebastián Estrella Digital 19 Febrero 2004

La anunciada tregua de ETA en favor del territorio de Cataluña constituye una decisión indecente de la banda terrorista que ha estallado en Cataluña y en toda España como una bomba de imprevisible alcance político tanto dentro del Gobierno de la Generalitat (y veremos si también en ERC), como en el interior del PSOE y de la campaña electoral en curso.

La iniciativa de la banda constituye una malvada jugada política, con la que ETA intenta paliar sus dificultades internas ante el acoso policial y, a la vez, asumir protagonismo en la campaña electoral en curso, ampliando el eco que tuvo su anterior entrevista con el líder de ERC, Carod-Rovira, que queda en entredicho por esta decisión de la banda por cuanto negó que, en su conversación con ETA, se hablara de una tregua exclusiva para Cataluña. La decisión de la banda desmiente a Carod y da la razón a quienes desde la Moncloa filtraron al diario ABC la noticia del encuentro de Carod con ETA y su contenido, donde ya se citaba la idea de la tregua exclusiva para Cataluña.

Una tregua general de ETA habría tenido, sin lugar a dudas, otros efectos en la vida nacional y en el proceso electoral, pero la tregua catalana va a poner, de nuevo, en entredicho al PSOE y a su Gobierno tripartito catalán porque complica, más si cabe, la situación de Carod y pretende transmitir a la opinión pública española que ERC, partido socio del Gobierno de Maragall, quiere que ETA no mate en Cataluña y que allá la banda con todo lo que haga en el resto del territorio español, lo que ya ha provocado una oleada de protestas sociales y políticas.

Y por muchos desmentidos y condenas que hagan Zapatero y Maragall, e incluso ERC, sobre este modelo de tregua parcial (que se parece en mucho a la inmunidad que reciben los que pagan el impuesto revolucionario), lo cierto es que el PP y el Gobierno de Aznar, que ha exigido al PSOE la ruptura de su pacto de gobierno con ERC y de la candidatura conjunta al Senado (donde también está ICV), saldrá beneficiado electoralmente y en toda lógica política de la iniciativa de ETA, que siempre actúa en pos del peor escenario posible (“el cuanto peor, mejor”), en favor de la mayor desestabilización política.

Sabiendo que, de esta manera, en vez de ayudar desestabiliza el Gobierno catalán y lo deja al borde de la ruptura. Una ruptura que rechaza de plano, y por el momento, Maragall, y que habría solicitado Zapatero si ERC no tomaba medidas internas en contra de su propio líder, Carod-Rovira.

Una vez más se vuelve a repetir la escena de los pasados días, cuando Zapatero pedía la cabeza de Carod y Maragall se negaba para finalmente aceptar su salida de la Generalitat en una confusa maniobra en la que dejaba abierta la puerta para el regreso de Carod. Mientras, el jefe de ERC se alzaba con la candidatura de ERC a las elecciones del 14 de marzo que las encuestas han acogido de una manera positiva en Cataluña, aplaudiendo con ello el gesto negociador de Carod con ETA.

Sin embargo, la tregua de ETA a Cataluña que condena a muerte al resto de los españoles ha creado una situación mucho más tensa y pone en evidencia el contenido de la negociación de ETA con Carod y las sospechas de que se estaba pactando la inmunidad catalana a costa del resto de los españoles.

De momento, Maragall ha dicho que no está dispuesto a que este escándalo condicione el gobierno de la Generalitat, a pesar de todas las ofertas que ha tenido de CiU —muy ambiguos frente a ERC— y del PP para que ERC salga de su gabinete. Y ello deja en muy mala, o pésima, situación a Zapatero, a quien desde distintos frentes de su partido se pide contundencia y la ruptura del Gobierno catalán, como lo propuso Rodríguez Ibarra.

A la vez, Manuel Chaves, el presidente del PSOE en plena campaña autonómica andaluza, ya está recibiendo presiones de la oposición, y aquí incluido su socio de gobierno, el PA, que por boca de Rojas Marcos le ha dicho a Chaves que el PSOE no puede gobernar con ERC en Cataluña y con el PA en Andalucía, que ante esta crisis podría salirse del Gobierno andaluz a tan sólo pocas semanas de las elecciones.

No cabe la menor duda sobre la infamia de ETA a la hora de “indultar”, en su código brutal de pena de muerte a todos los españoles, a los ciudadanos de Cataluña. Ni tampoco sobre la habilidad de entrar, de nuevo en tromba, en la campaña electoral y en la crisis del PSOE y del Gobierno de Maragall, pillado en una trampa facilitada por la imprudencia de Carod, que sigue en sus trece. Incluso más allá de las posiciones del Gobierno del País Vasco, donde el lehendakari Ibarretxe condenó la iniciativa de ETA de manera contundente.

Desde su difícil y confusa situación, Zapatero ha denunciado el uso electoral que el Gobierno y el PP están haciendo de la tregua parcial de ETA, pero el líder del PSOE no puede ignorar las graves consecuencias y la alarma social que todo ello incluye. Quizás Zapatero habría actuado con más contundencia y fuerza si ya no se hubiera cerrado el plazo para la presentación electoral de candidatos al Congreso y al Senado amenazando con listas del PSOE alternativas a las del PSC. Pero ya tuvo en su día la tentación de separarse del PSC y ERC y no lo hizo. Y es demasiado tarde, a no ser que el PP y resto de las fuerzas democráticas, a la vista de la intromisión de ETA en la campaña, aceptaran una ampliación del plazo de propuesta de candidatos por la Junta Electoral Central. Una iniciativa de ese calibre daría al PP la oportunidad de salir de la acusación de electoralismo y dejaría a Zapatero y al PSOE ante una histórica responsabilidad, reforzando, de paso, la unidad del pacto antiterrorista y por la libertad, que a fin de cuentas es lo esencial.

Y en este sentido tampoco convendría echar en saco roto la propuesta de Maragall y de otros partidos en favor de la ampliación del pacto por las libertades y antiterrorista, a ver si a ETA le sale definitivamente mal su calculada entrada, sobre los errores de Carod, en la campaña electoral. Aprovechando no sólo la crisis que se acaba de abrir sino la última oferta de diálogo, sin condiciones, presentada por el líder del PNV, Jon Josu Imaz.

El único camino
Antonio Pérez Henares La Razón  19 Febrero 2004

L a izquierda española se dio de bruces ayer con la encrucijada, con el auténtico atolladero en el que lleva metida desde la transición. O es de verdad izquierda , esto es: pone el acento en la igualdad de todos los españoles o prisionera de «síndrome de estocolmo» que desde entonces arrastra, se convertirá definitivamente en esclava y rehén de los nacionalismos, que en sus mas desaforados extremos le acaban llevando a verse mezclada en los terroríficos juegos de ETA.

Eso pasó ayer. Pero «eso» era la crónica de un suceso previsible y anunciado, ya con meridiana claridad, desde que el PSOE se asomo al balcón de Generalitat abrazado con alborozo a Carod Rovira.

Mas allá del roto terrible que pueda hacerles en las próximas elecciones, que se lo va a hacer, la izquierda ha de tener la valentía de enfrentarse a su deber para con sus gentes y su propio futuro. Y eso pasa por retornar a los principios y marcar su propio rumbo. Sera doloroso y hasta puede que traumático, pero empieza a ser ya y sin ningún remedio el único camino. Porque pretender ser en esencia lo que es por esencia lo contrario a la idea de izquierda solo conduce al caos . Y el nacionalismo, por mucho que algunos lo proclamen en siglas, es lo mas contrario a una idea de izquierdas . Ayer la confusión de intereses con quienes ponen siempre su afán en la división , el enfrentamiento y a los enfrentamientos por territorio, lengua, riqueza o no se que inventados RH, debía haber llegado a su final . Y sino lo hace ahora se vera abocada a tenerlo que afrontar mas tarde , en peores condiciones y de manera aun mas dramática.

Y eso no significa negar el dialogo y pacto con el nacionalismo moderado y no excluyente. En absoluto. Pero sabiendo quien es cada uno y no pretender la suplantación. Un socialista no es nacionalista. Es su antípoda ideológica. Así de simple. Acordar puntos de encuentro no esta reñido, sino al contrario,con saber donde esta cada uno.Y unos están la confrontación por territorio, por lengua, por riqueza o por no se que extraños RH. Y ahí no puede estar jamas la izquierda

Así que el PSOE o nos dice de una manera clara precisa y demuestra con hechos que es un partido de y para todos los españoles o ya se puede ir olvidando para muchos años de pretender gobernarlos. Y si el PSC no es el PSOE pues que se sepa y se actúe y se vote en consecuencia.

No a su inmunidad
Cartas al Director ABC 19 Febrero 2004

Soy catalán. En Cataluña vivo, trabajo y pago mis impuestos (esto último, de especial relevancia para el ideario nacionalista). Pero también soy español, y como tal no anhelo ventajas ni inmunidades frente al resto de los españoles por el hecho de haber nacido en una determinada región de España. No soy muy distinto a un andaluz, a un madrileño, a un vasco o a un asturiano, por mucho que algunos se empeñen en atizar el fuego de la diferenciación, amparándose en unos pretendidos derechos medievales o del Antiguo Régimen. Gracias a Dios, España, y con ella todos sus pueblos, evolucionó hacia un país moderno y democrático, lejos de imaginados paraísos feudales en los que el pueblo (y el catalán especialmente) vivía oprimido por oligarquías ávidas de prerrogativas e inmunidades.

Por ello, como catalán, rechazo la ominosa tregua declarada por ETA en mi Comunidad, tras el «fructífero diálogo» de ERC con los asesinos de Hipercor. Porque, como catalán, no me considero diferente a los españoles que viven, trabajan y pagan sus impuestos en otras regiones. Porque, como catalán, no quiero tener más derechos ni privilegios que el resto de los ciudadanos de España. Porque la Historia de los pueblos que forjaron España no puede esgrimirse para reclamar «hechos diferenciales» o «federalismos asimétricos». Frente a ETA yo soy ciudadano de España.     David Miranda Riera. Barcelona.

Todas las treguas fueron «trampas»
Los terroristas han concedido doce altos el fuego en su historia, pero nunca uno que se aplicase para un solo territorio de España
Con el alto el fuego para Cataluña anunciado ayer, ETA ha declarado doce treguas a lo largo de sus más de 30 años de actividad armada, aunque nunca lo había hecho para un solo territorio. La mayoría de los ceses de atentados han sido el preludio de posteriores conversaciones con los distintos gobiernos que han ocupado La Moncloa y que han acabado siempre sin acuerdo alguno sobre el fin de la actividad terrorista.
R. L. V. - Madrid.- La Razón  19 Febrero 2004

El más reciente de estos ceses de atentados se produjo el 16 de septiembre de 1998. Aquel día, los pistoleros anunciaron una tregua unilateral, indefinida y sin condiciones que comenzaría dos días después. Un mes más tarde, los terroristas insistían anta las cámaras de la BBC británica en la seriedad del proceso que habían iniciado. La tregua era consecuencia del acuerdo alcanzado por ETA con los nacionalistas vascos, PNV y EA, en agosto, tras haberse puesto en contacto meses antes con el ahora presidente del Partido Nacionalista Vasco, Josu Jon Imaz, en Bruselas. En un documento secreto, ambas formaciones se comprometían ante la banda a romper con el Estado y a formar un bloque común con los abertzales para caminar, unidos de la mano, hacia la autodeterminación.

El acuerdo desembocó en la firma de todos los nacionalistas vascos del pacto de Estella, favorable a la autodeterminación, el 12 de septiembre, tan sólo cuatro días antes del anuncio de la tregua. El ambiente de optimismo generado por el silencio de las armas reportó unos tremendos réditos electorales a las formaciones nacionalistas en las elecciones de octubre, en las que Ibarreche barrió a los constitucionalistas formando después gobierno con EA y HB.

«Tregua trampa»
El Gobierno acogió el anuncio de la tregua con escepticismo. El ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, la calificó de «tregua trampa», puesto que, a su entender, no era más que una burda estratagema de los terroristas para reorganizarse, dado que atravesaban una etapa de extrema debilidad. El presidente del Ejecutivo, José María Aznar, y los dirigentes del PSOE exigieron a ETA pruebas inequívocas de la voluntad de cumplir su anuncio que fueran más allá de una simple declaración. El Gobierno mostró su disposición a dialogar con representantes de la banda y durante el mes de mayo de 1999 se celebró un encuentro en una ciudad suiza entre ambas partes. A lo largo de la tregua, Interior decidió el acercamiento escalonado de más de un centenar de reclusos de la banda a prisiones del País Vasco.

El contacto mantenido por los representantes del Gobierno y de ETA con la mediación del obispo Juan María Uriarte no sólo no registró ningún acercamiento en las posturas de ambas partes, sino que también fue el último que celebraron. El 26 de agosto de 1999, ETA señaló en un comunicado que el diálogo de paz se hallaba bloqueado y la comunicación con el Gobierno, rota. Tres meses más tarde anunció que el 3 de diciembre finalizaba la tregua. En diciembre envió a Madrid dos furgonetas con más de 1.600 kilos de explosivos, que fueron descubiertas por la Guardia Civil, y perpetró su primer atentado el 21 de enero del año 2000, cuando acabó con la vida del militar Pedro Antonio Blanco.

ETA achacó la ruptura del alto el fuego al incumplimiento de los nacionalistas del pacto secreto de agosto de 1998. Según los terroristas, PNV y EA no habían roto con el Estado, como era su deseo. El primer alto el fuego de los terroristas se remonta a julio de 1979, cuando se produjo una «tregua» tácita que fue rota el día 29 porque el Gobierno no había cumplido lo pactado tras dar por concluida la campaña «Con el Estatuto, los presos a casa» iniciada en junio.

El 27 de febrero de 1981, cuatro días después del 23-F, ETA-pm comunicó una tregua de un año que se prolongó hasta agosto de 1982, que no fue asumida por la rama militar de ETA, y que fue posible gracias a las negociaciones con el ministro del Interior Juan José Rosón. Estas negociaciones culminaron con el plan de reinserción social de etarras.

«Poderes reales»
El 5 de septiembre del año 1987, ETA difundió un comunicado a través de «Egin» en el que rechazaba la tregua solicitada por el Ejecutivo socialista y exigía negociar con los «poderes reales». Meses después, en enero de 1988, la banda ofreció al Gobierno de Felipe González un alto el fuego de 60 días para reanudar el diálogo y el 19 febrero el Ejecutivo anunció la apertura de negociaciones al comprobar que no hubo atentados desde que se produjo la oferta, si bien el secuestro de Emiliano Revilla, el 24 de mazo, y otros atentados imposibilitaron el diálogo. Tras la liberación de Revilla, ETA hizo pública, el 2 de noviembre, una nueva oferta de interrupción de la violencia, pero condicionada a la negociación de la «alternativa KAS». El 8 de enero de 1989, anunció una «tregua unilateral» de 15 días para demostrar «su buena voluntad» negociadora, decisión que fue acogida con cautela y escepticismo por las fuerzas políticas. Seis días más tarde, Rafael Vera y Eugenio Etxebeste volvieron a encontrarse en Argel, siendo éste el primer paso de un proceso de diálogo repartido en tres fases. Este alto el fuego fue prorrogado hasta el 26 de marzo con el fin de continuar el diálogo de Argel. Al día siguiente de expirar la tregua se prorrogó hasta el 24 de junio, pero la banda terminó con ella el 4 de abril.

A comienzos de 1990, el PNV consideró que ETA había iniciado una tregua tácita como antesala de unas conversaciones. El alto el fuego formaba parte de un calendario establecido por los terroristas y el Gobierno antes de las elecciones legislativas y del atentado que costó la vida al dirigente de HB Josu Muguruza. En diciembre de 1991, ETA ofrecuió otra tregua de dos meses para retomar el diálogo, a cambio de que Vera se trasladase a Santo Domingo para contactar con «Antxon» y, más tarde, a un país neutral. La banda exigía un «compromiso formal» de incorporación de otros representantes.

A comienzos de febrero de 1992, ETA ofreció otra tregua para continuar con el diálogo. Otra, se produjo el 23 de junio de 1996 por medio de «Egin» y comprendía una semana de cese de las acciones. Los firmantes del Pacto de Ajuria Enea se comprometieron a iniciar el diálogo con ETA si liberaban al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. El 23 de junio de 1998, ETA anunció en un comunicado publicado en «Egin» el fin de una tregua a la Ertzaintza que supuestamente había comenzado siete meses antes y que no se había hecho pública. En 1997 había declarado otra tregua sectorial para los funcionarios de prisiones.

La administración del terror
D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA ABC 19 Febrero 2004

ETA ha utilizado sus treguas para salir del acoso policial y reorganizarse. Pero también ha salido de ellas con cierto desgaste, porque algunos de sus simpatizantes han encontrado en el alto el fuego el caldo de cultivo para desertar

MADRID. Las treguas o «paradas técnicas» -alrededor de una docena- que ha anunciado o amagado ETA a lo largo de sus más de 40 años de siniestra historia tenían como objetivo la reorganización de su capacidad operativa cuando el acoso policial la había puesto contra las cuerdas. Pero la banda también ha empleado la «suspensión de su accionar armado» para atribuirse un rango de interlocutor político -cuando el alto el fuego ha ido acompañado de un proceso de negociaciones- y para provocar fisuras en el consenso antiterrorista -por ejemplo, cuando firmó el pacto de Estella o ahora, tras la entrevista con Carod-. Los precedentes se resumen en un dato incuestionable: Los «atajos» nunca sirvieron para acercar el fin del terror. Pero también es cierto que las treguas han supuesto un desgaste para la banda, ya que crean falsas ilusiones entre los simpatizantes que han dado muestras de cansancio y porque algunos, sin la presión de las pistolas, han encontrado el caldo de cultivo para desertar -en el «zulo», el explosivo caduca, las pistolas se oxidan y luego es más difícil que vuelvan a funcionar-.

Con todo, se trata de la primera ocasión en la que la banda circunscribe la tregua a una comunidad autónoma. Antes, sin embargo, había aplicado un alto el fuego limitado a dos colectivos concretos: en noviembre de 1997, llegó a un pacto secreto con el sindicato ELA, próximo al PNV, por el que excluía a la Ertzaintza entre sus objetivos. La propia banda destapó el escándalo cuando anunció en junio de 1998 que ponía a los agentes en su punto de mira. Días antes, la etarra Ignacia Ceberio había muerto en un tiroteo con la Policía vasca. Después, en noviembre de 1997, los etarras anunciaron, esta vez públicamente, una tregua para los funcionarios de prisiones.

Balón de oxígeno
Los expertos antiterroristas consideran que con el «gope de efecto» dado ayer, la banda se propone, entre otros objetivos, lanzar un «balón de oxígeno» a la izquierda abertzale -más aislada e ignorada que nunca-, ya que ahora ERC puede verse obligada a echarle una mano para defender su proyecto independentista. Los terroristas también buscan estar presentes en la campaña electoral y abrir «vías de agua» en el pacto antiterrorista PP-PSOE. Pero, por el contexto en el que se produce, con una banda más acosada que nunca, los expertos antiterroristas ven en esta decisión una muestra más de debilidad. La última vez que los etarras atentaron en Cataluña fue en 2001. Desde entonces no han conseguido introducir «comandos», pese a que lo han intentado. La Policía adivina el final de ETA no muy lejano en el tiempo. Una derrota que estará camuflada, también, en el anuncio de una tregua, aunque ya definitiva.

Salir del cerco policial fue el objetivo que se propuso ETA cuando anunció su anterior tregua -la que se prolongó entre septiembre de 1998 y diciembre de 1999-. Por ello, durante el supuesto alto el fuego no dejó de reorganizarse -por ejemplo, formó un nuevo «comando Donosti» y robó la dinamita de Plévin. Mientras se aprovisionaba, firmó un acuerdo con el PNV y EA, roto después porque los nacionalistas querían que el proceso hacia la independencia tuviera un ritmo más lento que el que querían imprimir los terroristas.
En mayo de 1999, representantes del Gobierno mantuvieron una reunión con los cabecillas para aclararles que la paz no tiene precio político. Cuando consideró que había recobrado oxígeno, la banda rompió la tregua y lo quiso hacer colocando durante las Navidades dos furgonetas bomba, con más de 1.600 kilos de explosivos, en Madrid.

La excepción de los «polimilis»
Tras una tregua muy breve y varios amagos dados a conocer a finales de los setenta, en un intento de imponer su Alternativa KAS, ETA pm anunció el 27 de febrero de 1981, cuatro días después de la intentona golpista de Tejero, una tregua que desembocó en el abandono definitivo de las armas por parte de un sector de los «polimilis». Otro sector, que se autodenominó «milikis», entre los que figuraba el hoy portavoz de la ilegalizada Batasuna Arnaldo Otegi, se incorporó a ETAm.

El 29 de enero de 1988, la banda anunció una tregua de dos meses con vistas a forzar una mesa de negociaciones con el Gobierno de Felipe González. El 19 febrero el Ejecutivo admitió la apertura de conversaciones que se rompieron después de que los etarras secuestraran el 24 de marzo a Emiliano Revilla. Una vez que éste fue liberado, la banda se mostró dispuesta a negociar y, el 8 de enero de 1989, anunció una tregua de 15 días. Seis días más tarde comenzaron las negociaciones de Argel, rotas en abril por la banda. Durante la tregua, la Guardia Civil «siguió en directo» la reorganización del «comando Eibar», la prueba de cargo de que los etarras utilizaban la inactividad para rearmarse.

A principios de los noventa hubo una serie de amagos e incluso «paradas téncnicas» de la banda, hasta que en 1996, tras la llegada del PP al Gobierno, anunció un alto el fuego de siete días. Los firmantes del Pacto de Ajuria Enea se comprometieron a iniciar el diálogo con ETA si liberaban al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara y si suspendía de manera definitivamente el terror.

La AVT pide a Cardenal que actúe con «contundencia» contra Carod-Rovira
ABC 19 Febrero 2004

Las víctimas trasladaron ayer al Supremo la querella que ya presentaron en la Audiencia Nacional por presunta colaboración con banda armada y encubrimiento

MADRID. La respuesta de las víctimas de ETA al comunicado de la banda fue inmediata y paralelas las críticas al líder de ERC. La Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) solicitó al fiscal general del Estado que actúe contra Josep Lluis Carod-Rovira, cuya «hipocresía, falsedad hacia las víctimas y el encubrimiento y colaboración con banda armada ha quedado demostrada» con la tregua planteada para Cataluña.

La AVT indicó en un comunicado que «no hay palabras que definan este juego macabro al que nos está sometiendo la banda terrorista y sus cómplices políticos» y denuncia a ERC porque la «supuesta complicidad» de su líder con la banda terrorista ha quedado «manifiesta y claramente demostrada». La asociación pide «públicamente» al fiscal general del Estado que actúe con «contundencia» contra Rovira y recuerda que ayer trasladó al Tribunal Supremo la querella que ya presentó en la Audiencia Nacional contra este político por presunta colaboración con banda armada y encubrimiento.

Pedir oxígeno a Cataluña
«La poca vergüenza y la gran bajeza moral que este señor ha demostrado con las víctimas del terrorismo de toda España se hace hoy palpable en una tregua en la que una banda de desalmados está pidiendo oxígeno con todo el descaro a Cataluña», según recoge el comunicado.

La AVT se pregunta si lo que pretenden la banda y sus cómplices «es que todos emigremos a Cataluña para que no nos maten». El presidente de la asociación, Luis Portero, consideró que cuando menos existen «pruebas indiciarias del acuerdo entre Rovira y la banda terrorista» y manifestó que «es un hecho gravísimo que confirma la existencia de la reunión entre Carod-Rovira y la dirección de ETA.

Portero aclaró que se han puesto los hechos «en conocimiento del Tribunal Supremo, que es el órgano competente para conocer de este asunto debido a la condición de aforado de Carod como parlamentario catalán, y espero que se admita a trámite la querella interpuesta ante el Supremo» tras recordar que reclamaron también que se cite a declarar a Carod para que explique su versión de estos hechos.

Por su parte, la Fundación de Víctimas del Terrorismo, que preside Adolfo Suárez , acusó a ETA de «burlarse de los españoles» y pidió a Carod-Rovira que explique el contenido de la reunión que mantuvo con la dirección de la banda. En su comunicado apunta que «ETA incrementa su crueldad, si cabe, al seleccionar a las víctimas, según sea su lugar de residencia, como si unos ciudadanos fueran inocentes o los otros culpables».

A juicio de Covite, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco, le corresponde al PSOE la «responsabilidad de asumir que no se puede gobernar con quienes pactan con los asesinos», al tiempo que acusó a Rovira de comprar la libertad y tranquilidad de Cataluña y exigió «una explicación a los que negocian con nuestro sufrimiento».
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