AGLI

Recortes de Prensa     Martes 2 Marzo 2004
Raro, raro, raro
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  2 Marzo 2004

La lengua común une mucho
Amando de Miguel Libertad Digital 2 Marzo 2004

Los 5.000 de Barcelona
Iñaki Ezkerra La Razón  2 Marzo 2004

El cobarde nacionalismo
Agapito Maestre Libertad Digital  2 Marzo 2004

El derecho a elegir cómo acabar con ETA
EDITORIAL Libertad Digital  2 Marzo 2004

EL PSOE Y LA CAUSA PERDIDA DE ERC
Editorial ABC 2 Marzo 2004

Un ambiente enrarecido
Editorial El Ideal Gallego 2 Marzo 2004

Eta sigue mostrando los dientes
Lorenzo Contreras La Razón  2 Marzo 2004

CONGRATULACIONS, CAROD
Jaime CAMPMANY ABC 2 Marzo 2004

Maragall y el 14-M: ¿qué modelo territorial
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 2 Marzo 2004

500 kilos de «diálogo»
Cartas al Director ABC 2 Marzo 2004

Las chicas de Arafat
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  2 Marzo 2004

La Fiscalía del TSJ vasco carga contra el Plan Ibarreche por inconstitucional
Redacción - Bilbao.- La Razón  2 Marzo 2004

 
Catañuña
Raro, raro, raro
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  2 Marzo 2004

La reacción de la prensa catalana al reciente éxito policial que ha evitado una masacre sin precedentes da para una tesis. Quien no esté acostumbrado a esta diaria vejación del intelecto se sublevará ante los titulares torticeros, desfallecerá frente a tantas columnas de opinión como vienen a eludir lo importante, a silenciar el abrazo de Perpiñán y a señalar con el dedo al gobierno de España y a cuatro medios de comunicación. “La Brunete mediática”, los llaman. Nos llaman.

Lo de las dos ratas cazadas en Cuenca y la feliz frustración de la catástrofe que planeaban se presenta como un hecho de la naturaleza: ha nevado en Barcelona y se ha evitado que volaran un edificio en Madrid. No es que la racionalidad democrática, la lealtad a España y la defensa de los valores constitucionales no existan en Cataluña. Sí existen, pero casi no se nota porque un gran sector de esta sociedad no tiene voz.

El empresariado catalán suele adoptar posiciones atinadas, quizá porque valora en su justa medida la importancia de la estabilidad política en la marcha de la economía. Si alzaran un poquito más la voz, la gente se enteraría de lo que piensan del tripartito, de Carod, de la tregua parcial, del estilo de Maragall, de su amenazante conseller de industria, de las sanciones a la rotulación en castellano, de la ampliación de la inmersión lingüística y del poder institucional que inmerecidamente ostentan los independentistas. Pero prefieren susurrárselo al oído a los decisores políticos nacionales en cenas privadas y clubs selectos. Algunos individuos valientes consiguen hacerse oír cuando lo desean, y su credibilidad queda excepcionalmente a salvo, como es el caso de Albert Boadella, porque se pronuncian desde ámbitos alejados de la política y porque mantienen una relación directa y sin interferencias con su público.

Cualquier asociación que se enfrente al estado de cosas reinante organizando actos públicos o lanzando manifiestos conocerá uno de estos tres destinos: si es posible, el boicot; si no, el sofocamiento a base de subrayar su obediencia o proximidad al Partido Popular. Las víctimas del terrorismo en Cataluña son un caso paradigmático. Se las ignora en las convocatorias, se las descalifica en privado, se las estigmatiza como algo ajeno a nuestra peculiar forma de ser, como algo molesto y siempre inoportuno. Cuando no hay más remedio, se les da la mano y se contextualizan sus posiciones. Acaba pareciendo lógico lo que no es sino un insulto que se añade a su tragedia. A saber: haber sido víctima del terrorismo distorsiona su visión de las cosas.

Cuanto más se cierra en sí mismo un entorno, más razonables parecen las aberraciones. Está haciendo falta mucho aire fresco en Cataluña. Precisamente lo que prometió ERC al llegar al poder, inmediatamente antes de cerrar todas las puertas a cal y canto, ponerle travesaños a las ventanas y apagar la luz.

Errores y erratas
La lengua común une mucho
Amando de Miguel Libertad Digital 2 Marzo 2004

Una de las más agradables experiencias de esta seccioncilla es que me siento muy unido a muchos corresponsales, incluso aunque discrepemos. Desgraciadamente no me da tiempo (ni espacio) a recoger aquí más que una pequeña muestra de los comentarios que recibo.

Francesca Navarro Gabaldón, “catalana no nacionalista” se identifica con algunas apreciaciones que yo hice en un debate de TV-3. Me aporta un dato que yo intuía: en Cataluña la mayor parte de los periodistas están con el poder establecido y al tiempo se desviven por influir en Madrid. La tesis prevaleciente en ese ambiente es que todos los males de Cataluña vienen de Madrid. Después de todo en mi opinión esa es la esencia del nacionalismo, también del nacionalismo lingüístico.

Estos comentarios se concentran en la forma léxica por lo que a veces quedan orilladas algunas cuestiones de sustancia. Pido excusas por tales desvíos. Por ejemplo, Pilar Martínez Rodrigo, de Valencia, se queda sorprendida por mi alusión a que el señor Carod-Rovira (o como se llame) debería pasar por la cárcel modelo de Barcelona. La sorpresa es por alusión a que yo estuve en esa residencia “por mucho menos” de las tropelías cometidas por el republicano. Mi corresponsal se siente alarmada por mi pasado delictivo. No puedo resolverle aquí su duda. Le remito a un libro reciente, El final del franquismo. Testimonio personal (Marcial Pons editor) en el que cuento mi peripecia catalana y carcelaria. Me consuela que también Cervantes estuvo preso.

Ya que estamos a vueltas con los catalanes, veamos lo que dice Jordi Barri (“castellano hablante en Cataluña, que cada día se siente más cerca de hablar catalán por sus actitudes”). No queda claro si es por las actitudes de él o las mías. El hombre me pide que defienda también la lengua catalana: “¿O eso es pedir demasiado de usted y solo quieren de verdad una única lengua en el Estado?”. Mi misión no es la de defender ninguna lengua, ni siquiera la castellana, que es la que aquí trato por ser la común en España. Desde luego, nunca se me ha ocurrido sostener que debe haber una sola lengua en España, lo que mi amable corresponsal llama “el estado”. Sí me gustaría que se facilitara la obligación de conocer la lengua castellana que tienen todos los españoles según el mandato constitucional. Lo cual no quita para que se puedan conocer otras lenguas.

Lo anterior es casi lo contrario de la práctica que señala Daniel Guerrero, de Churriana de la Vega (Granada). Es el abuso de palabras en otra lengua que se introducen en el castellano. Por ejemplo: president o conseller en cap. Mi opinión es que de ese modo se hace un flaco favor a la lengua que así se considera respetada. Déjese esa práctica para las palabras realmente intraducibles o muy peculiares.

No voy a hacer caso a David Davidovich (un seudónimo, supongo), quien me ordena: “No hable más sobre Cataluña. Cada vez que lo hace, hace que me sonroje. Demuestra que no tiene ningún conocimiento sobre Cataluña ni su realidad”. El hombre concluye: “Charnegos como yo somos mayoría en Cataluña, somos los que votamos, somos los catalanes que usted avergüenza con sus tonterías llenas de malicia y de ignorancia. Le deseo lo peor”. He corregido del texto citado numerosas faltas de ortografías. Lo que no puedo eliminar es el resentimiento de mi corresponsal. ¿Por qué se molesta en escribir? ¿Habrá muchos como él? ¿Será un producto de la política lingüística llevada a cabo en Cataluña? Pena me da.

Los 5.000 de Barcelona
Iñaki Ezkerra La Razón  2 Marzo 2004

Lo tenían todo a su servicio: los aparatos de sus partidos, las instituciones catalanas, la adhesión del nacionalismo vasco y las instituciones que éste a su vez mangonea en Euskadi, el apoyo gratuito de todos los altavoces mediáticos autonómicos y nacionales Y, sin embargo, no reunieron en la Plaza de Sant Jaume a más de 5.000 personas si damos por buena esa cifra que los medios de comunicación les concedieron con una caridad y unanimidad sin precedentes. Hablo, naturalmente, de Maragall y Rovira y de la fallida concentración del jueves.

Ellos ahora temen que de ese histórico fracaso se haga una lectura favorecedora para el PP. No seré yo quien la haga porque sería injusta y el PP de Cataluña no se la merece. Lo que demostró ese batacazo no es que la sociedad catalana se muera por los huesos de Piqué sino que adolece de una espectacular ausencia de liderazgo. ¿Qué ha pasado para que el millón de ciudadanos que se manifestaron tras el asesinato de Lluch, y que -según interpretó en su día Maragall- pedían el diálogo con ETA, se reduzca a cinco millares ahora que ETA premia esa clase de interpretaciones? Pues pasa que tanto la interpretación de ETA como la de Maragall son erróneas. Pasa, sí, que ni ETA ni Maragall ni Rovira son hoy ni sus líderes ni sus intérpretes.

Hablar de ausencia de liderazgo en Cataluña es hablar de una evidente falta de sintonía de los dos partidos mayoritarios que representan a esa sociedad con sus electorados. La lectura menos interesada nos lleva a la conclusión de que quienes han votado al PSC y a CiU no respondieron a la llamada del jueves porque no se sentían interpretados correctamente por sus líderes en lo referente al comunicado de ETA. Pensando bien de ese electorado habrá que entender que fue la presencia de Rovira en el acto la que no les motivó para acudir a éste y no la lluvia ni la indiferencia ante el insulto-indulto de la banda terrorista. Otra cosa es el electorado de ERC, que ha crecido -según los sondeos- gracias a la cita de Rovira en Perpiñán precisamente. Ahí sí que no cabe otra lectura de la ausencia en la concentración que la mera indiferencia en lo que se refiere al comunicado cuando no la identificación con el contenido de aquel y la discrepancia con el gesto de disimulo de Rovira. No vieron siquiera necesario seguir a éste para hacer el paripé, es decir que rehusaron su convocatoria no por rechazo a él sino por fidelidad al «programa» que vende como señuelo electoral.

Cataluña necesita líderes pero ese vacío no lo va a llenar Piqué distanciándose de un acto contra ETA convocado por la AVT como el que luego tendría lugar el viernes porque «si no había ido a la concentración del jueves debía ser consecuente y no acudir tampoco a esa otra cita». Piqué, en fin, no fue a oír a Irene Villa por la misma razón por la que no fue a colocarse junto a Rovira. Me limitaré a desearle por su bien que no actúe con ese mismo criterio el electorado catalán el 14 de marzo.

Asuntos internos
El cobarde nacionalismo
Agapito Maestre Libertad Digital  2 Marzo 2004

Por la feliz acción de la Guardia Civil la prueba del pacto de Carod con ETA fue abortada antes de consumarse en Madrid. Los terroristas de ETA fueron detenidos, pero los independentistas catalanes dirán que la cosa no iba con ellos. Porque el nacionalismo catalán es estructuralmente cobarde, incluso felicitarán hipócritamente a las Fuerzas de Seguridad del Estado por la detención de los asesinos de ETA. El nacionalismo catalán es tan cínico como cobarde. Cínico, porque condena los medios de ETA, aunque comparte los mismos fines que la banda terrorista, y cobarde, porque hace pactos políticos con ETA, aunque luego los niegue en público con justificaciones demagógicas. Su ambigüedad es criminal. Ayer aplaudió que la Guardia Civil detuviera a los criminales de ETA, que iban a atentar contra ciudadanos españoles en Madrid, pero sigue defendiendo el diálogo con los terroristas y, por supuesto, persiste en justificar la negociación de Carod con ETA. El nacionalismo catalán es así de salvaje y paleto, pero cree que aún puede engañarnos con su mamarrachada de que “hablando se entiende la gente”. ¡Majaderos!

Sin embargo, nadie puede dudar de que el nacionalismo y el socialismo catalán han logrado un cierto éxito. No sólo han conseguido que toda la izquierda se haga nacionalista, sino que ha infectado al cuerpo político de los ciudadanos españoles de Cataluña con su patraña independentista. Sin embargo, nada de eso garantiza la existencia de la nación catalana. Esa es su gran cruz. ¡ Y es que Nación de verdad sólo hay una, las otras son juego de nacionalistas y asesinos! Si alguien no se había percatado, analice la manifestación del jueves y verá el fracaso de la idea independentista. En efecto, el fracaso de la manifestación era la expresión de las diferencias insalvables entre los políticos independentistas por un lado, y la distancia abismal entre las elites nacionalistas y sus votantes por otro. ¿Dónde estaba la “nación catalana” el jueves pasado cuando fue llamada a manifestarse en la Plaza de San Jaime? Los 5.000 funcionarios que allí estaban eran la ridícula representación de la “nación catalana”. ¡Un fracaso!

Los independentistas, o sea, Maragall, Carod, los dos de CiU y los arrastrados comunistas convocaron a los súbditos de la “nación catalana” a que manifestaran su apoyo a los acuerdo de Carod con ETA, pero sólo asistieron los funcionarios de una administración falsamente independentista, pues sus presupuestos dependen del gobierno de España. Los viejos socialistas y comunistas no fueron. Sabían que era una treta para engañar al resto de España. Seguro que dijeron: los votamos, pero no tragamos los cambalaches a favor de los independentistas de Carod. Los votantes de Pujol tampoco asistieron, porque no soportaban estar al lado de quienes les había sustraído el poder. ¡Cualquier cosa, dirían los viejos administradores de CiU, menos apoyar al traidor de Carod! En fin, allí sólo estaban los obscuros “funcionarios” de la pobre idea de “nación catalana”, pero la nación no podía estar allí, sencillamente porque no existe. O sea, podrían conseguir la independencia de España, pero siempre habría millones de ciudadanos dispuestos a rebelarse. Catalanes que sólo se considerarían ciudadanos de la nación española. El ciudadano no traga. Los ideólogos del PSC lo saben y están que rabian. Los ideólogos de Maragall, o sea, quienes piden más democracia rompiendo España, han sido derrotados el jueves pasado. Los ciudadanos no asistieron a la Plaza de San Jaime porque intuyeron que Pujol y sus discípulos, o sea casi todos, son unos botarates al lado de España y la democracia realmente existente.

El derecho a elegir cómo acabar con ETA
EDITORIAL Libertad Digital  2 Marzo 2004

No nos caben muchas dudas de que la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles no es, ni ha sido nunca, partidaria de apaciguar a ETA, sino de combatirla legislativa y policialmente hasta que pierda la esperanza. Lo que también creemos es que nuestra clase política jamás ha reflejado ese consenso en la firmeza en ninguno de sus muchos acuerdos, pactos, mesas y demás mascaradas que han venido sucediéndose desde la Transición, donde más que abrir, parecería que nos han cerrado las puertas. El consenso entre las élites políticas siempre se ha cobrado el precio de relajar el ánimo combativo frente a ETA de la inmensa mayoría de los ciudadanos en pro de una falsa, laxa y efímera unidad de sus representantes políticos. Prueba de esa relajación que han exigido los denominadores comunes de nuestros representantes son las muchas décadas en las que en nuestro país se ha estado financiando y dando cobertura política a los terroristas, o lo que se ha tardado en endurecer y garantizar el cumplimiento integro de las penas.

También estuvo vedada en nombre de la sacrosanta y manipuladora “unidad de los demócratas” la crítica política a los objetivos secesionistas de los terroristas, ya que eso era “criminalizar” a los partidos nacionalistas que los compartían. Lo del “diálogo político para acabar con la violencia” es un deseo de Otegui pero también era una cláusula del Pacto de Ajuria Enea, como lo era también –tal y como el PNV reclamó nada más conocerse la tregua del 98– la excarcelación de etarras, incluidos los penados por delitos de sangre. Y eso que, para entonces, el PNV ya se había quitado la mascara en Estella.

Aznar, tras el fin de la tregua, decidió poner al Estado de Derecho a toda máquina contra el terror de ETA, asumiendo ya que los nacionalistas no eran la solución, sino parte del problema. Zapatero corrió a proponerle un pacto, en parte, porque todavía no era el monigote que es ahora en manos de los nacionalistas, pero, sobre todo, por no querer aparecer al margen del estreno de una política que tanto podía agradar a los electores, incluidos los de su partido. Hay que recordar, además, que Zapatero acaba de llegar a la dirección de un partido que venía de acusar sistemáticamente a Aznar de ser “cicatero en sus gestos” a ETA durante el “proceso de paz”; el recién llegado secretario general del PSOE no podía correr el riesgo de que Aznar se lo reprochara ante la ciudadanía.

La posibilidad de recurrir y apelar electoralmente a los ciudadanos en caso de incumplimiento del “contrato”, fue vedada por el que lo propuso, quien, por el contrario, logró que esa imposibilidad figurara como primera condición de ese pacto. Sin embargo, “eliminar de la legítima confrontación política o electoral las políticas para acabar con el terrorismo”, es una condición completamente innecesaria y absurda si los firmantes se están comprometiendo a defender, no distintas, sino la misma política.

Comprometerse en la fidelidad es incompatible con el compromiso de no airear en público las infidelidades. Pero eso es lo que se firmó, y ahora asistimos al patético espectáculo de ver a Rajoy y a Zapatero denunciándose mutuamente el fragrante incumplimiento de un pacto que, pese a todo, ambos consideran vigente, sin que ninguno de los dos nos explique porqué sería peor que no lo estuviera.

EL PSOE Y LA CAUSA PERDIDA DE ERC
Editorial ABC 2 Marzo 2004

LAS críticas del PSOE al ministro del Interior, Ángel Acebes, abundan en la descolocación del discurso socialista sobre el compromiso político antiterrorista que suscribió con el Gobierno en el acuerdo de diciembre de 2000. La ocasión merecía un cierre de filas absoluto en torno al éxito de la Guardia Civil y del Ministerio del Interior, porque no todos los días se detiene una furgoneta con media tonelada de explosivos a las puertas de Madrid para ser detonados de forma inmediata. La ocasión, ciertamente, merecía que el PSOE no se hubiera metido en el charco de criticar a Ángel Acebes porque éste a su vez criticara no a los socialistas, sino a Carod-Rovira. Y éste es un efecto muy grave de la coalición de gobierno y electoral que mantienen socialistas y republicanos, que hace que el PSOE se sienta obligado a defender la causa perdida de Carod-Rovira y a ERC, ampliando la distancia con su aliado natural frente a ETA, que es el PP.

Ángel Acebes, intachable en su trayectoria política y ejemplar en la dirección del Ministerio del Interior, tiró de la retórica emotiva -basada en hechos- que entiende y comparte la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles, los mismos a los que el PSOE venía diciendo desde hace años que no se puede contemporizar con ETA, hasta que Carod-Rovira lo hizo con publicidad; entonces el PSOE aguantó y dañó gravemente su mensaje y su crédito. Nada dijo Ángel Acebes que no fuera sustancialmente verdad, al margen de cómo lo dijera. Tampoco nada sustancialmente distinto de lo que en muchas ocasiones, y en campañas electorales de toda clase, han dicho muchos socialistas vascos sobre el PNV -a quien la banda terrorista protege con una tregua explícita desde 1999- tras sus acuerdos con ETA y el entramado batasuno. Antes de lanzarse en picado contra el ministro del Interior, sus implacables detractores habrían de preguntarse si Carod-Rovira ha proclamado o no a los cuatro vientos que desde hace años intenta convencer a ETA de que no atente en Cataluña. Ahora que este contumaz pacificador ha conseguido su premio, el reproche lo merecen quienes se limitan a recordarlo.

Aun así, hay que afinar las críticas y evitar el desbordamiento. Sería una vileza absoluta decir o insinuar -Acebes no lo hizo- que el PSOE practica la tolerancia con el terrorismo, pero los socialistas tienen que asumir la realidad de que comparten gobierno y candidaturas electorales con quienes han buscado rentabilizar la violencia terrorista. La táctica del PSOE de envolverse en el Acuerdo Antiterrorista no es lícita y sólo daña este gran pacto. Rodríguez Zapatero se equivoca si en cada mitin electoral busca purificar su condescendencia con ERC apelando a dicho acuerdo, porque sólo consigue aumentar la flagrancia de su incumplimiento. También se equivoca si pretende callar al candidato popular, Mariano Rajoy, acusándole de utilizar el terrorismo como arma electoral. ¿Acaso no tiene el PP, en relación con el terrorismo, autoridad moral y política para denunciar a ERC y a Carod-Rovira? ¿Tampoco para pedir claridad de ideas al PSOE? El terrorismo está metido en la campaña electoral porque es un problema principal de España y porque el socialismo español mantiene una coalición de gobierno y electoral con un partido que ha tratado a ETA como un interlocutor político legítimo. Más que electoralismo, es la contradictoria realidad en la que vive hoy instalado el PSOE, quien nunca habría criticado al ministro del Interior si no fuera porque ERC es hoy socio de gobierno y papeleta. Entre Ángel Acebes y Carod-Rovira, el PSOE ha elegido la opción que no debía.

Un ambiente enrarecido
Editorial El Ideal Gallego 2 Marzo 2004

La campaña electoral está enrareciendo el ambiente nacional y lo que pasaría por ser una gran noticia para todos -cualquier persona tiene que alegrarse de que se logre impedir que ETA haga explotar una furgoneta cargada con media tonelada de explosivos- se ha convertido, por obra y gracia de los políticos, en un nuevo motivo de controversia y de ataques.

Hasta Carod-Rovira, presunto delincuente que obstruye la acción de la Justicia contra los etarras con sus negativas constantes, reiteradas y hasta chulescas a explicar cómo contactó con los miembros de la cúpula terrorista y qué temas trató y pactó con ellos, se atreve a terciar en las disputas cuando mejor estaría callado o hablando ante el juez.

Por otra parte, que se recuerde, los ministros siempre han participado en las campañas electorales. Es más, por el conocimiento que tienen los ciudadanos de ellos, lo normal es que se conviertan en las grandes estrellas de los mítines, en los únicos capaces de movilizar a la población.

Por ello, las críticas del PSOE contra Acebes no son más que la pataleta de quien sabe perfectamente que su socio en Cataluña le está restando votos y que la acción del Gobierno contra ETA jamás fue tan efectiva. Por ello, mejor sería que se planteara el seguir participando coaligado, en las listas al Senado, con los independentistas catalanes.

Porque el mensaje no es el mismo si proviene de las huestes de Maragall que si lo pronuncian Vázquez, Bono o Ibarra. Eso sí, las insinuaciones del Gobierno vasco intentando enmierdar el éxito policial e insinuando que la operación que evitó una masacre fue todo un montaje también son de juzgado de guardia.

Eta sigue mostrando los dientes
Lorenzo Contreras La Razón  2 Marzo 2004

Una ETA casi liquidada, según ciertas versiones circulantes, no reúne 536 kilos de explosivos y se planta por carreteras secundarias cerca de Madrid con las peores intenciones, las que ya se conocen o se calculan.

Tampoco la repetición de los casos de interceptación de estas incursiones deja de ser un factor estimulante para el moderado optimismo. La banda no acaba de morir y el contraterrorismo no deja de neutralizar sus actividades criminales. No es que exista un empate de posibilidades entre dos enemigos, pero conviene relativizar euforias a la hora de «elevar a definitivas» las conclusiones del diagnóstico elaborado desde el frente constitucional y democrático.

En el nuevo episodio, con su punto culminante en la localidad conquense de Cañaveras, han jugado al menos circunstancias alentadoras. Es difícil creer que los etarras fueron sorprendidos en un control rutinario. Lo razonable es pensar en la existencia eficaz de un seguimiento que repite el éxito de la acción policial, en este caso de la Guardia Civil, contra determinadas «caravanas de la muerte».

Todo esto significa que la cooperación internacional, concretamente la de Francia de modo distinguido, funciona, de idéntica manera que brinda muy positivos resultados la más que supuesta infiltración de agentes de los servicios secretos en las filas de la organización terrorista. ETA sabe que no puede estar tranquila ni que tiene la impunidad ¬no ya sólo por inefectividad judicial¬ garantizada. Lejos de ello, necesita precaverse y recurrir cada vez más a argucias políticas, como la practicada con lo que podríamos llamar «operación Cataluña», en la que Carod-Rovira se convirtió, por imbecilidad o por complicidad, o ambas cosas, en valioso auxiliar de la banda para crear la sensación de que más vale la claudicación política que la tragedia sistemática y la inseguridad permanente.

La complementariedad que se ha establecido entre el mensaje de las «exenciones geográficas» y la amenaza indudable del atentado «a la libanesa», como antes se decía, plantea el riesgo de alterar el cuadro de la situación. Carod-Rovira ha rendido un impagable servicio a ETA o a lo que de ella queda, que todavía es bastante aunque lógicamente se especule con su extrema debilidad. No puede extrañar que sobre el ex «conseller en cap» recaigan ahora, a la vista de la intentona etarra, toda clase de denuestos. A la banda se le ha regalado, a pesar del último fracaso, una prima de moral y una prórroga de su importancia. De ahí que hoy, más que nunca, sea imprescindible un Gobierno libre de hipotecas nacionalistas.      El 14-M tiene la palabra.

CONGRATULACIONS, CAROD
Por Jaime CAMPMANY ABC 2 Marzo 2004

QUIERO extremar hoy mi compasión hacia ese pobre ser humano, embutido de ambición, de insolidaridad, de estupidez y de torpeza, que no quiere llamarse Pérez y se presenta en las luchas políticas bajo el nombre de Josep Lluís Carod-Rovira. Y por compasión adelanto que creo sinceramente en su declarado deseo de que la banda etarra no mate en Cataluña ni en el resto de España, ni en Francia, ni en ninguna otra parte. Y lo creo sinceramente, a pesar de que esa declaración la hace Carod-Rovira cuando ha quedado al descubierto su negociación con ETA para cambiar apoyo político contra una tregua en Cataluña, circunstancia que hace más difícil, casi heroica, la compasión que hoy le tengo.

Porque el objetivo principal, si no único, que empuja al separatista Carod a viajar a Perpiñán y entrevistarse con los etarras es lograr de ellos una tregua para Cataluña y no la cesación total del terror y el abandono de las armas. Y eso es lo que pide a los asesinos de ETA, a cambio de darles su apoyo político, desde su cargo de presidente en funciones de la Generalitat. Es lógico, porque él es catalán, y punto. La tregua para Cataluña es lo que pide y es lo que logra, porque a los pocos días de su visita a Perpiñán y de su conversación con Josu Ternera y con Mikel Albizu, ETA anuncia públicamente la tregua solicitada, y promete no atentar en Cataluña. Más claro, agua. En el intento ingenuo de salvar la responsabilidad de su interlocutor, el comunicado de los etarras afirma que esa decisión estaba tomada antes de la conversación de Perpiñán, y a esa explicación quieren asirse Carod y sus separatistas, y Maragall y sus sociatas, pero eso no se lo creen ni los Santos Inocentes. Además, sería lo mismo. ETA concede lo que Carod le ha pedido. Y lo demás son coplas de Calaínos.

Este episodio del viaje y la conversación de Carod tiene una continuación tan terrífica como previsible: la escenificación en Madrid y en vísperas electorales de un gran atentado, un drama estremecedor y espantable. En efecto, la Guardia Civil (¿pero por qué querrá Zapatero que se una a otras fuerzas y desaparezca?) detiene en Cañaveras, provincia de Cuenca, a dos etarras que traen desde Francia una furgoneta cargada con quinientos cuarenta kilos de explosivos. La carga mortífera estaba destinada a estallar en un algún punto de Madrid, quizás en dirección a Alcalá de Henares, según la señal marcada en una plano de los dos asesinos de la furgoneta.

Y este es el momento en que el ministro Acebes dice que habrá que felicitar al líder de Esquerra Republicana de Cataluña, que debe de estar muy satisfecho porque el objetivo del atentado era Madrid y no Cataluña. La felicitación es obligada. «Señor Carod: la tregua para Cataluña se ha cumplido. Su ofrecimiento ha sido aceptado. El buen éxito de su propuesta ha sido redondo, y ahora ascenderá como la espuma el número de solicitudes para ingresar en Esquerra Republicana. El nombre de Carod-Rovira será exaltado por una punta de agradecidos separatistas en la creencia miserable de que una tregua etarra en estas condiciones es un bien para Cataluña. Congratulacions, senyoria»

Maragall y el 14-M: ¿qué modelo territorial?
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 2 Marzo 2004

LA CIENCIA regional es una disciplina de síntesis aunque consolidada y autónoma dentro de la ciencia económica, y haberla rebautizado como nueva geografía económica o economía espacial no desvirtúa su finalidad: encontrar las leyes fundamentales de la lógica de localización de actividades económicas. A su vez, la ordenación o fomento territorial surge como la aplicación razonada de una justicia espacial necesaria a fin de subsanar las disfuncionalidades territoriales que genera la desigual distribución de actividades. Pues bien, siento auténtica vergüenza ajena al comprobar que ningún economista catalán ha salido a la palestra para recordar que, a día de hoy, la ciencia regional no ampara empírica o teóricamente la España en red que pretende imponer Maragall -léase, Cataluña a lo suyo y a Galicia que la zurzan- ni hay prueba de que el policentrismo decisorio a ultranza sea más eficaz que el modelo vigente. Hablando en plata, ni la escala europea ni la regional ofrecen en el presente la suficiente solvencia regulativa capaz de paliar los desarreglos o las desventajas, históricas o fortuitas, que subsana el Estado. Para un observador objetivo, el caso del Prestige lo confirma. Si además de objetivo el observador es lúcidamente honesto tendrá que concluir que la nivelación de poderes -por ejemplo, entre Maragall y Zapatero, o entre Barcelona y Madrid- sólo puede llevar al conflicto. De hecho, ya nos está llevando.

Dado el universo económico y tecnológico en el que estamos inmersos -designado de forma resuntiva como globalización - el modelo federal asimétrico de desarrollo , que con argumentos más asertivos que probatorios pretende sustituir al de ordenación descentralizada del territorio , adopta la sutilmente manipulada apariencia de la necesaria respuesta de ciertas regiones a la globalización, bien sea en el marco mundial o europeo. Esta deslegitimación de la prevalencia de la escala estatal arraiga al calor del tribalismo y de las alianzas electoralistas y la melopea de los perennes agravios comparativos, y generaría a la postre, de llegar a aplicarse, numerosas frustraciones y desilusiones. Si esta concepción se impusiese, muy cainita políticamente al tiempo que poco fundamentada económicamente, se perdería la capacidad de regular la equidad territorial, necesitada de un proyecto centralizador redistributivo imposible de alcanzar espontáneamente por el simple juego del mercado y la competencia entre los territorios que sufren efectos perversos asentados en, y parcialmente estimulados por, los mecanismos acumulativos de carácter histórico (despegue inicial virtuoso constantemente retroactivado en otras regiones, parcialmente a expensas de las menos desarrolladas) o técnico (rendimientos crecientes y externalidades pecuniarias).

Ideología aparte, a muchos nos gustaría que los líderes políticos asumieran posiciones claras y vinculantes respecto a la articulación pública entre lo regional y lo global toda vez que no cabe ignorar que Cataluña siente la tentación de tomar iniciativas particularistas, gravemente lesivas para Galicia, cuestionando con oportunista insolidaridad las transferencias estatales impuestas por la coordinación fiscal. La conclusión, según me permito suponer, es contundente: el PSC ha sucumbido a la tentación de un protagonismo insolidario cuyo objetivo final es prescindir de las restricciones institucionales nacionales tendentes a reequilibrar el territorio. De momento, no hay visos de viabilidad de un sistema así (des)articulado si no se basa en la compatibilidad regional (y desconcentración horizontal y vertical autonómica) más que en la descentralización federal, tal como enseña la moderna teoría de redes y la evidencia empírica disponible, incapaz de probar que las (con)federaciones respondan al sistema de descentralización económica óptima. En nuestro entorno, sólo el Estado, en mayor medida que Bruselas y que el poder autonómico, es el garante de la susodicha compatibilidad al acotar la pugna por la atractividad local, e impedir que degenere en un juego a suma negativa, activando simultáneamente las sinergias regionales dentro de cada Estado. ¿Es que alguien en su sano juicio puede creer que Bretaña obtendría más ventajas negociando sola en Bruselas que apoyada por el Estado francés? No. Bueno, pues lo mismo sirve para Galicia, Andalucía o Cataluña.

500 kilos de «diálogo»
Cartas al Director ABC 2 Marzo 2004

Joseba Azkarraga, hablando sobre las detenciones de ayer, dice tener el convencimiento de que al PP le interesa más la lucha contra ETA como arma arrojadiza contra los abertzales que la desaparición de ETA. Habla luego de «dudas sobre la operación» (que si fue «curiosamente» en Cuenca), habla de su «preocupación y necesidad de aclarar algunos extremos», de la «utilización abusiva de la violencia y de la lucha contra ETA», de que «se cargan las tintas contra ERC, partido hermano de EA»... Total, que uno lee todo esto y llega a la conclusión de que no le ha hecho ninguna ilusión la detención de los que llevaban a Madrid más de 500 kilos de «diálogo».

Claro que hablar de la «utilización electoral del terrorismo» cuando su partido no tiene bajas y el PP ha puesto un montón encima de la mesa, empieza a chocar, pues no tiene más que luchar contra ETA como hacen el PP y el PSOE para dejar de estar en desventaja. Al fin y al cabo, Aznar es una víctima de ETA, y supongo que algún derecho tendrá a estar un poco molesto y quejarse de ETA, de los que apoyan a ETA, y de los que apoyan a los que apoyan a ETA, aunque lo hagan más o menos disimuladamente, como Azkarraga. Y yo creo que lo que de verdad le molesta a don Joseba es que Carod, Maragall, ZP y hasta la propia ETA se hayan compinchado para hacerse del PP, de tapadillo, y ayudar a Aznar a ganar las elecciones. Y es que uno ya no se puede fiar de nadie, ni siquiera de Josu Ternera, con todo lo que hicieron por él. Hay que ver qué tiempos corren, Ternera en el PP. ¡Antes todo era más facil!      Joseba Aldecoa Urízar. Guecho (Vizcaya).

Las chicas de Arafat
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  2 Marzo 2004

Pocas fotografías tan grotescas y, por ello mismo, tan reveladoras del extremo de descerebramiento involuntario o de voluntaria complicidad con el totalitarismo al que ha llegado el gremio titiritero en España como la protagonizada en la contraportada de El País por un nutrido grupo de mujeres artistas, famosas por sus trinos, sus trenos o sus actuaciones. Aparecen todas ataviadas con el pañuelito palestino a modo de mantón, que es, por cierto, el uniforme habitual de todos los encapuchados de la “kale borroka” y de la guerrilla urbana antiglobalización, esa en la que cualquier imbécil se cree con derecho a romper escaparates o la cabeza del prójimo, sea transeúnte o policía. Y todas rodean a Arafat, que por visto es para ellas un ídolo, un admirable símbolo político.

La foto se publica el mismo día en que hemos conocido que sólo por la actuación de la Guardia Civil se ha evitado una masacre terrorista en Madrid, de esa misma ETA que durante años se entrenó con los terroristas de Arafat en el valle libanés de la Bekaa. No sabemos si ese pequeño dato lo conocían las visitadoras de Arafat o es una gota más en el océano de su vastísima ignorancia. Pero se puede ser ignorante y malvado. Cernuda lo dijo en unas frases desabridas pero certeras: “lo cretino en ti / no excluye lo ruin”. Pero, por supuesto, no se refería a las artistas españolas de estos comienzos del siglo XXI, que no son ni una cosa ni la otra. Ni tampoco la de más allá.

Por no ser, por no tener, por carecer, estas artistas arafatianas ni siquiera se han enterado por la prensa española de las últimas investigaciones sobre la corrupción de Arafat y su entorno en general y de su señora en particular, que gasta los millones de euros de ayuda internacional para el sufrido pueblo palestino en vivir como una reina en París. No parecen haberse enterado tampoco de que Arafat no ha sido otra cosa en la vida que un terrorista, cuyas víctimas se cuentan por millares, que se ha negado siempre a las más generosas ofertas de paz de Israel como la de Ehud Barak en Camp David, y que tiene en los llamados Mártires del al-Aksa su propia escuadra de suicidas criminales para mantener esa Intifada con la que respondió al ya citado plan de paz. Tampoco han reparado estas valerosas viajeras en la sumisión de la mujer en el mundo musulmán, sin duda inferior a la que padecen ellas en los Goya y sus homólogas en los Oscar. De otra forma, protestarían. Como contra la guerra de Irak, aunque no tanto contra la ETA y, mucho menos, contra Arafat. Ahora, a por la foto con Fidel Castro. ¡Ánimo, valientes!

La Fiscalía del TSJ vasco carga contra el Plan Ibarreche por inconstitucional
Dice que usa «una estrategia jurídica de camuflaje» para desbordar la Carta Magna
La Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) asegura en informe que el plan Ibarreche «es una verdadera reforma constitucional» que el Gobierno de Vitoria pretende imponer haciendo un «uso fraudulento de sus facultades legales» y apartándose deliberadamente del procedimiento que establece la Constitución. Este informe ha sido presentado ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que debe resolver la impugnación del plan secesionista presentada por el colectivo «Manos Limpias».
Redacción - Bilbao.- La Razón  2 Marzo 2004

La Fiscalía vasca considera que la propuesta de nuevo Estatuto Político para la Comunidad de Euskadi, conocida como plan Ibarreche, «es la más genuina expresión de una estrategia jurídica de camuflaje» y añade que, «bajo la apariencia formal de una iniciativa política de modificación estatutaria», el Gobierno de Vitoria «oculta un verdadero objetivo de desbordamiento del sistema constitucional y de ruptura con la legitimidad estatutaria hasta ahora vigente».

El escrito rebate la opinión del Gobierno vasco de que ese tribunal no debe tramitar el recurso presentado por el sindicato de funcionario «Manos Limpias». A este respecto, señala que «sostener que el orden jurisdiccional contencioso-administrativo ha de permanecer al margen de tan flagrante vulneración de los principios estructurales del sistema constitucional, supondría propugnar una inadmisible concepción del papel de los tribunales de Justicia en un Estado democrático»

Asimismo, indica que «es suficiente» leer el artículo II, referido a «los poderes en la Comunidad de Euskadi», o el IV, sobre «el poder público en la Comunidad de Euskadi», del proyecto secesionista impulsado por el lendakari, para comprobar que «nos hallamos ante una verdadera reforma constitucional».

Nulidad
Además, subraya que el Gobierno vasco «pretende imponer» esta modificación de la Constitución «haciendo un uso fraudulento de sus facultades legales y apartándose, de forma deliberada, del procedimiento descrito en los artículos 166 a 169 de la Constitución».

Para la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV), la «incompatibilidad manifiesta con la Constitución Española de 1978» implica la nulidad de pleno derecho de la propuesta soberanista, y señala que ésta entra también en «oposición frontal con otras normas jurídicas del Estado que integran el bloque de constitucionalidad».

Entre ellas, cita, «sin afán exhaustivo», la Ley Orgánica del Poder Judicial, la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, la del Tribunal de Cuentas, la de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el propio Estatuto del Ministerio Fiscal.

Asimismo, recuerda, según Europa Press, que «el sistema constitucional, en su conjunto, proporciona una estabilidad normativa-institucional que puede verse erosionada con la aprobación» de la iniciativa del Gobierno de Ibarreche.

Por ello, considera que, apuntar, como viene a señalar el propio Ejecutivo vasco, que se trata de un acto «inimpugnable», resulta «incompatible con la legítima capacidad del Estado de Derecho para hacer frente a extralimitaciones competenciales tan clamorosamente ofensivas a valores constitucionales como la jerarquía normativa, la seguridad jurídica o la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos».

Por último, solicita que se declare la jurisdicción del orden contencioso-administrativo para el control del acuerdo del Gobierno vasco sobre el plan Ibarreche y la competencia de esta Sala del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco para analizar el recurso interpuesto por el colectivo de funcionarios «Manos Limpias» contra él.

En ese sentido, precisa que ese plan «no nace al mundo jurídico blindado frente a los naturales mecanismos de control del Estado de Derecho».

Recortes de Prensa   Página Inicial